La Comunicación con nuestros hijos (IV)

Algunos consejos truquillos para controlar la ira o el enfado y no actuar de manera que luego nos arrepentiremos.

 Si el niño está realizando una clara llamada de atención, con amenazas no conseguimos nada, pues estaremos reforzando su conducta. El niño percibe que con esa actitud consigue la atención del adulto que es lo que iba buscando. En estos casos lo mejor es utilizar la extinción. (Consideramos refuerzo a cualquier consecuencia positiva, y ojo, no lo equivoquemos con premios materiales, el mejor refuerzo para los niños puede salirnos muy barato, es la atención de sus padres. Se trata de aprender a reforzarles cuando estén realizando las conductas que queremos instaurar, es decir, esté con ellos y refuerce y premie al niño mientras se porta bien, y no le preste más atención cuando está realizando las conductas disruptivas que queremos que desaparezcan, esto es lo que se llama extinción).

La Comunicación con nuestros hijos (III)

¿Qué hacer cuando los hijos agotan nuestra paciencia?

 Es verdad que en ocasiones los niños se pueden poner muy pesados, en esos casos, por mucho que intentemos razonar con ellos no lo conseguimos, por lo que va a ser más efectivo utilizar el lenguaje no verbal. Ser muy contundentes con el gesto y con la mirada, nos va a ser mucho más efectivo que entrar en su provocación pues podemos terminar diciendo cosas de las que luego nos vayamos a arrepentir.

Con una mirada a tiempo el niño entenderá  perfectamente que es lo que no tiene que hacer.

La Comunicación con nuestros hijos (II)

¿Qué hacemos si el niño nos cuenta que su profesor le ha dicho que es muy torpe o sus amigos que se han reído de él porque “llora como una niña”?

Debemos de tener cuidado con no sacar de contexto las frases que nos cuenta el niño porque se pueden malinterpretar. Las cosas de los niños (siempre y cuando sean de la misma edad) las tienen que resolver entre ellos y cuando los adultos se meten de por medio, pueden empeorar, a no ser que detectemos que es un hecho repetitivo y que está afectando de forma seria al niño. Respecto al profesor, lo mejor es conseguir otra versión de los hechos, pero no debemos nunca quitarle la autoridad.

La Comunicación con nuestros hijos (I)

Cuidemos el lenguaje con nuestros hijos

 Las palabras dañinas tienen un efecto negativo en los niños, y más si vienen pronunciadas por parte de sus padres que son sus principales adultos de referencia y la fuente de su seguridad. Los padres tienen que procurar hacer a sus hijos lo más seguros y autónomos posibles, y con frases negativas realizaremos justo todo lo contrario.

 La autoestima y la seguridad del niño van muy relacionadas en un primer momento con las valoraciones que recibe del exterior. Hasta que se desarrolla el lenguaje interior, la principal fuente de seguridad del niño son los mensajes de sus padres y demás adultos que le rodean. Si le damos frases negativas, la seguridad y la autoestima del niño se pueden ver resentidas.

             En la revista Guía del Niño, bajo el título “Cuida tus palabras, sin querer puedes haer mucho daño“, la periodista Beatriz García, recoge algunos de los consejos que propondremos a lo largo de estas semanas.

Peleas de hemanos VI

Entonces…. ¿les castigamos cuando se pelean?

 Si previamente hemos observado la conducta de nuestros hijos y qué es lo que la motiva, nos daremos cuenta que en ocasiones los niños van buscando llamar nuestra atención, aunque sea de forma negativa, quieren que el adulto se pare, deje lo que está haciendo y les de atención extra, y si encima se dirigen a mí solo mejor. 

Es por eso que en estos casos lo mejor es utilizar la extinción.

Consideramos refuerzo a cualquier consecuencia positiva, y ojo, no lo equivoquemos con premios materiales, el mejor refuerzo para los niños, es la atención de sus padres. Se trata de aprender a reforzarles cuando estén realizando las conductas que queremos instaurar, cuando no estén peleando, estemos con ellos y reforcemos y premiémosles mientras juegan juntos tranquilamente, comparten sus cosas…,

Y no prestemos más atención cuando se empiecen a pelear, a insultar… pues estas conductas son las que queremos que desaparezcan, esto es lo que se llama extinción.

Peleas de hermanos V

¿Qué hacemos cuando se pelean?

Los hermanos tienen que aprender a estar juntos y a no pelearse, les quedan muchos años de convivencia, así que cuanto antes aprendan mejor. Los padres pueden favorecer ese aprendizaje. Así les tendremos que explicar que no se pueden pelear, y que tienen que aprender a arreglar las cosas ellos solos.
Estableceremos el momento de entrar los padres en escena cuando empiecen a gritar a pegarse o a insultar, pero ahí no hay que intentar saber qué es lo que ha pasado, pues de esa forma entramos a formar parte de su pelea, y siguen con la misma actitud pero con un actor más; si no decirles que como habíamos quedado que no se peleaba que ya no queremos saber que ha pasado y que les vamos a separar un ratito (el tiempo dependerá de la edad de los niños, con los más pequeños, cinco minutos pueden bastar), porque nos han demostrado que no saben estar juntos. Cuando hayan pasado los cinco minutos establecidos, les dejamos que reinicien el juego o la actividad que estaban realizando, para darles la oportunidad de volver a portarse bien y estar juntos.

Pelas entre hermanos IV

¿Cómo pueden corregir los padres esta conducta?

 Primero de todo, parémonos a observar, tanto a los hijos, para ver qué están haciendo, como a nosotros mismos, cómo actuamos como padres. Nos va a dar muchas pistas, y nos daremos cuenta que las cosas no son blancas o negras y que no hay un hijo bueno y un hijo malo, sino que en unas ocasiones empieza uno la pelea y en otras otro, aunque es cierto que hay niños más movidos o más agresivos, que inician más riñas, no puedo dar por sentado que el 100% de las veces sean ellos los culpables, tenemos que darles la oportunidad de portarse bien.

Peleas entre hermanos III

Los padres suelen dar por hecho que hay uno siempre que empieza, que es más malo, es decir, tienden a etiquetar a los hijos en buenos y malos. ¿Es esto una equivocación?

 No cometamos el error de “etiquetar” a los niños, como si el ser malo fuese algo inherente en el niño y que no se puede cambiar, de esta forma sólo conseguiremos que el niño se habitúe al adjetivo y que lo viva como “yo soy así, y por tanto no lo voy a cambiar”. Debemos dejar bien claro que en este momento te estás portando mal, no que seas malo, y por supuesto decírselo a todos los hijos por igual. Por mucho que yo crea que un hermano es el bueno y que no tiene la culpa, cuando se esté portando mal se lo tengo que decir.

 Los niños funcionan mal con las etiquetas, pero lo que todavía es más nocivo es decidir que un hermano  es siempre el bueno, y que hay otro que siempre es malo y que tiene la culpa de las peleas. No le estamos dando la oportunidad al niño de que cambie su conducta y de demostrar que se puede portar bien.

Family Doctor: Cómo educar a nuestros hijos potenciando su felicidad

Ya está colgado en la página del programa Family Doctor de Intereconomía un fragmento del programa sobre la felicidad de los niños, os dejo el enlace:

Peleas entre hermanos II

¿El hecho de que dos hermanos se peleen significa que uno sea bueno y otro malo?

 En absoluto, es muy raro que uno sea siempre el bueno y el otro siempre el malo. Aunque hay niños más problemáticos que otros, lo habitual es que las riñas vengan por parte de los dos y que se estén chinchando  mutuamente.