5 actos que a nosotros nos facilitan la vida, pero que a nuestros hijos se la dificultan. En Faro de Vigo.

Darles el teléfono móvil cuando tienen emociones desagradables o no promover que ellos se resuelvan sus problemas son algunos de estos actos

Por María Dotor

Muchas de las cosas que hacemos en nuestro día a día van encaminadas a facilitarnos la vida. Es lógico, tenemos que compaginar el trabajo con la vida familiar, con las tareas domésticas, con nuestra vida social, en pareja… No hay horas en el día, y si no desarrollamos estrategias para facilitarnos esa cotidianidad, es imposible que lleguemos a todo, pero… ¿nos hemos parado a pensar en las consecuencias que tienen algunos de esos actos para nuestros hijos? Aunque, a corto plazo, puedan resultar beneficiosos, no lo son en absoluto a la larga. Lo entenderemos mejor viendo ejemplos:

1. Darles de comer, vestirles…

Te voy a proponer que realices un ejercicio utilizando Google imágenes. Se trata de que pongas en el buscador “niños autónomos” y le des a buscar. ¿Qué fotos te muestra? Sí, efectivamente, nos muestra fotos de niños de tan solo cuatro años comiendo perfectamente, sin marcharse o preparando un pastel solos, sin ayuda de sus padres…

También aparecen niños jugando con su tren mientras, al fondo, sus padres leen tranquilamente. Y ahora os pregunto: ¿estas fotos se corresponden con la realidad? El psicólogo Alberto Soler hizo este mismo ejercicio al inicio de una ponencia titulada ‘Educar niños autónomos’. Las risas entre el público no se hicieron esperar.

En realidad, matizaba Alberto, eso “no tiene mucho que ver con la autonomía. La autonomía se parece mucho más a un niño que está hasta arriba de espaguetis con tomate. Ese niño autónomo al que sus padres le han permitido comer solo, con sus manos, ponerse hasta las trancas de salsa de tomate”.

Puedo ver vuestras caras imaginándoos todo el tomate por el suelo. Sus manos, su cara, la mesa…toda la cocina manchada de tomate. Nuestro instinto nos lleva, inmediatamente a pensar: ¿qué necesidad tengo yo de esto? Mañana le doy yo de comer que, además, acabamos antes. ¿Es así? 

Sí, y es porque tenemos la falsa creencia de que la autonomía de los más pequeños implica una mayor comodidad para los padres, que cuando nuestros hijos sean autónomos podremos estar tranquilamente leyendo mientras nuestro hijo prepara bizcochos en la cocina sin manchar nada.

Pensamos que los niños autónomos se levantan solos, se preparan solitos el desayuno, se cepillan los dientes, se visten solos, mientras nosotros hacemos otra cosa. En realidad, aclara Alberto, “fomentar la autonomía de los niños implica lograr prácticamente lo mismo que lograríamos haciendo por ellos las cosas pero invirtiendo mucho más tiempo y esfuerzo”.

Es algo que a corto plazo no parece que nos sea rentable, pero que a medio y largo plazo sale mucho a cuenta. Si estamos dispuestos a fomentar la autonomía de nuestros hijos, al principio tendremos que limpiar mucho tomate. En definitiva, tendremos que dejar a un lado nuestra comodidad de darles nosotros de comer, asegurándonos que no manchan nada.

Lo mismo ocurre con otras actividades como vestirles. Es más fácil que lo hagas tú. En 3 minutos le habrás puesto el pantalón, la camiseta, los zapatos y te habrá sobrado tiempo para peinarle, pero… ¿qué estamos consiguiendo con esto, más allá de facilitarnos a nosotros la existencia? Nuestros hijos no aprender a vestirse si siempre les vestimos nosotros. Si queremos niños autónomos es esencial dejarles hacer.

2. Calmarles con elementos externos

Solo hay que ir a un restaurante a comer un sábado para ver un ejemplo. Niños sentados en la mesa entreteniéndose con un móvil o una tableta que le han dejado sus padres para que les deje comer a ellos tranquilos. Sí, es entendible, necesitamos un rato de paz, de conversación con nuestra pareja o amigos, y nuestro hijo no aguanta dos horas sentado en una silla sin moverse, en la misma posición, lo cual es más lógico aún. Cuando ha llorado ya un par de veces, le damos el móvil, que sabemos que le calma, y todos tranquilos.

El psicólogo Rafa Guerrero, en este sentido, habla de los dispositivos como “chupetes emocionales” para nuestros hijos. Y lo explica así:

“Creemos, de manera bien intencionada e inconscientemente, que dándole a nuestro hijo el móvil para no prolongar más su rabieta o tristeza le estamos haciendo un gran favor. Y desde luego que no es así. Si cada vez que tiene un mal día o siente una emoción desagradable, le doy el móvil o la tableta, le estoy anestesiando emocionalmente. Estamos perdido una gran oportunidad para que conecte con lo desagradable que es sentir miedo o tristeza, o incluso aburrirse y desarrolle elementos internos para calmarse”.

Rafa relaciona la calma que le proporcionamos a nuestros hijos con elementos externos, en este caso los dispositivos, con la adicción. Si nuestros hijos no aprender a calmarse por sí mismos, siempre buscarán la calma fuera, en otros elementos, que en este ejemplo puede ser un dispositivo, pero mañana podrían ser las drogas, la comida…

3. Restringir sus movimientos

¿Recuerdas cuando eras pequeña el parque de juegos en el que te metían tus padres? Era una especie de cuadrilátero del que no podías escaparte. Cuando estábamos allí, nuestros padres estaban tranquilos, podían, incluso, irse a otra habitación a hacer tareas domésticas. Pero ¿qué pasaba contigo? Te estaban restringiendo tu capacidad de movimiento, de explorar.

Bien, dicho esto, es lógico que, a veces, necesitemos dejar a nuestros niños en algún sitio “seguro” mientras nosotros hacemos otras cosas, pero no podemos convertir esto en la norma. Los niños necesitan movimiento para su correcto desarrollo psicomotriz.

Emmi Pikler fue una conocida pediatra nacida en Viena que ejerció en Budapest en los años 30. Creía en la importancia de que el niño fuera lo más autónomo posible y pensaba que era importante dejarles libertad para que resolvieran las situaciones por sí solos.

Una de las cosas que hacía era retirar todos los equipamientos que animaban la pasividad de los bebés, como los asientos o los andadores. “Si el niño está en una trona no puede jugar por su cuenta. Si algo se cae, no puede cogerlo y tiene que depender de que la madre lo rescate. Tiene que pedir ayuda en lugar de aprender cómo resolver un problema. Un niño limitado o confinado se convertirá en un niño pasivo o enfadado”, decía Emmi.

Así, dice su hija, «enseñaba cómo un niño pequeño, movido por su propia iniciativa, es capaz de estar activo, moviéndose continuamente, para explorar. A los padres les animaba a respetar la necesidad de los hijos de espacio y de su propio ritmo: Cada hito del desarrollo motor es alcanzado por la propia iniciativa del bebé como resultado de sus propios esfuerzos”.

4. No pensar en sus “tiempos”

Dejemos atrás el verano, volvamos a la época escolar, cuando teníamos que madrugar para llevar a los niños al cole y luego irnos nosotros al trabajo. Bien, cuando ponías el despertador, ¿cómo calculabas el tiempo que necesitabas para hacer todo y salir a tiempo de casa? La mayoría calculamos el tiempo pensando en lo que tardamos nosotros, los adultos, olvidándonos que el tiempo de los niños es mayor.

No tienen ni la misma destreza del adulto, ni la misma capacidad para hacer las tareas, y, además, los niños se distraen con una gran facilidad, y aunque reciban una orden muy clara, como por ejemplo vístete, basta que se encuentren un juguete o un hilito en la alfombra para ponerse a jugar con él.

Por ello, la psicóloga Silvia Álava nos recomienda “pensar en el tiempo que nuestro hijo necesita para realizar una determinada tarea en función de su edad, de su grado de autonomía y sus características, no lo que nosotros necesitamos, ni el tiempo en el que nosotros creemos que tendría que hacerlo”.

De esta forma, no tendremos que acabar haciendo nosotros tareas para las que ya están preparados ellos, como ducharse o prepararse la mochila y no les llevaremos siempre con prisas. Empezar el día agobiados no le gusta a nadie.

5. Adelantarnos a sus problemas

Decía la experta en talento y liderazgo Noelia López-Cheda en esta ponencia que “si resolvemos todos sus problemas de nuestros hijos, nosotros somos el problema” y nos contaba una anécdota que nos ha pasado a muchos.

Un día, su hija Emma le dijo a la llega del cole: “mamá, se me ha olvidado la hoja de los ejercicios de matemáticas, ¿lo dices en el grupo y que te lo manden?”. Ella, se dispuso a hacerlo mientras «dejaba las llaves en la entrada, soltaba el bolso en la silla, sacaba el teléfono del bolsillo y dejaba la bolsa de la compra en el suelo». Entonces, se dió cuenta. Y pensó: «pero ¿qué narices estoy haciendo? Y así se lo hizo saber a su hija.

  • Emma cariño, no es mi responsabilidad que se te hayan olvidado los deberes, es la tuya, por lo tanto, mañana dices a la profesora que no los llevas porque se te olvidaron y que la próxima no se te olvidarán.
  • Pero ¡¡¡mamá!!!! ¡¡me pondrán mala nota!!!!!
  • No pasa nada, la próxima seguro que ya no te la pone.
  • Y ¿por qué no lo pides al grupo, CON LO FÁCIL QUE ES?
  • Pues precisamente porque ese grupo no está para ser el paralelo de tu agenda sino para cosas urgentes del colegio. Tú no debes confiar en que el móvil de tu madre responda a tus olvidos ya que, es tu responsabilidad traer tu agenda con tus ejercicios. Yo tengo mi agenda y no te pido a ti que me recuerdes si tengo que responder a un cliente, si tengo que preparar un material….así que cada uno debe asumir su parte.

Y como esto, más cosas. Les metemos el bocata en la mochila para que no se les olvide y “pasen hambre” en el recreo, les recordamos que hoy es el último día para llevar el papel de la excursión… Y todo porque no soportamos la idea de que nuestros hijos fracasen, se equivoquen, sufran… y nos adelantamos a sus problemas.

Como dice la psicóloga Begoña Ibarrola “a nuestros hijos no les podemos quitar las piedras del camino para que no tropiecen, les tenemos que enseñar a saltarlas”. No lo olvidemos.

FUENTE: FaroDeVigo.es

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Haz click en la imagen para ver el vídeo:

https://www.internetseguro.vodafone.es/#!/zoom/-la-hiperconectividad-nos-hace-m-s-eficaces-/3f66b7037b58dcbd0ce6cc66f8f3a6ee

Debate en redes sobre las normas de clase: ¿Es aceptable castigar a los alumnos sin Educación Física?

Una tabla de normas y consecuencias ha desatado un debate en redes sobre el concepto de los castigos en el aula y la psicóloga especializada en educación, Silvia Alava explica la importancia de las consecuencias lógicas y coherentes en la docencia.

Por Y. Derbyshire

¡Si no haces x, estás castigado sin y!’

De pequeños, muchos niños son criados e incluso, educados bajo la filosofía del ‘¡si no haces x, estás castigado sin y!’, ya sea por hablar en clase o por no poner la mesa. Algunos temen el castigo, otros la bronca pero suelen venir ambos en un ‘pack’ 2 por 1. La fórmula del castigo suele variar dependiendo de la gravedad del ‘delito’, pero ¿hasta qué punto son efectivas estás técnicas en el aula y la crianza de un niño?, y ¿es posible qué estos métodos sean contraproducentes?.

Este jueves, un tuit con una imagen de una tabla de normas ha provocado un debate animado en redes sobre las consecuencias impuestas en el aula por su incumplimiento. No está claro el grupo de edad de la clase, ni el centro, algunos incluso sospechan su falsedad pero lo que sí que está claro es que un gran número de usuarios se oponen rotundamente al concepto de castigos. El castigo de la lista que más indignación ha generado es que en el caso de no realizar las tareas, el alumno se quedaría un día sin una clase de Educación Física y si llegase a gritar o pegar en clase, este castigo sin educación física aumentaría a una semana.

¡La salud física es tan importante como la salud mental!

Algunos de los usuarios se han burlado de la medida haciendo el chascarrillo de que «me pones esto estando yo en el colegio y me vuelvo más macarra que el cojo manteca» y otros han criticado como está medida infravalora totalmente la asignatura curricular que es educación física. Una usuaria recalcó que era una muestra «de que la Educación Física no se trata como el resto de asignaturas. Muchas veces las clases de EF se toman para dar charlas o cualquier otro acto, porque claro, tienen menos valor que otras» haciendo hincapié en que «¡La salud física es tan importante como la salud mental!

Por otro lado muchos usuarios cuestionaron el método disciplinario de los castigos con algún que otro usuario reclamando que los castigos en el aula se deberían eliminar totalmente. A raíz de este debate, El Confidencial se ha puesto en contacto con una psicóloga especializada en educación, Silvia Alava, del Colegio de Psicólogos de Madrid para que esclareciese algunas de las cuestiones que se han tocado en esta discusión.

Educar desde la alegría y calma

Castigar o no castigar, esa es la cuestión. Tal y como explica, Alava, los castigos y específicamente las ‘consecuencias’ destacadas en la tabla del tuit, no son coherentes con el incumplimiento de la norma y que a nivel global, resultan ser contraproducentes para el alumnado. En este sentido, explica que es necesario crear consecuencias coherentes y que «la docencia y la educación autoritaria o desde el terror no suelen funcionar, ya que el miedo bloquea el aprendizaje«. Su punto de vista de la educación está centrado en educar desde la alegría, la calma y el diálogo. Además, haciendo referencia directamente a la norma más polémica del tuit, expresa la importancia que tiene la educación física y los descansos del recreo, ya que ayudan el desarrollo físico y personal de los alumnos y por ello, castigar sin atender una clase que es, además, luego es evaluada no es nada recomendable.

Democratizar el aula

En el colegio no solo se aprenden los contenidos escolares a nivel cognitivo, sino que los niños también aprenden a desarrollar su interacción social. Tal y como explica la experta en psicología infantil, establecer un buen «clima emocional» en el aula es clave y esto se consigue «decidiendo entre todos cuáles van a ser las normas de la clase». Recomienda que los profesores sean los que establezcan las normas y que luego se puede entablar una conversación con los alumnos para que ellos también opinen sobre las reglas y lo que a ellos les pueden parecer formas correctas de reparar el incumplimiento de esas normas «democratizar el aula».

Consecuencias coherentes y lógicas

A diferencia de la tabla que se hizo viral, Alava recalca la importancia de establecer consecuencias que sean lógicas y coherentes que faciliten «reparar los daños producidos». Por ejemplo, si un niño interrumpe una clase y hablando, una consecuencia coherente, en este caso, sería pedir disculpas al resto de compañeros a los que haya molestado o entorpecido su aprendizaje. Según Alava, este tipo de métodos enseñan a los niños que «nuestros actos provocan emociones en los demás y consecuencias y es importante que los alumnos sepan cuáles son las consecuencias lógicas». Además, explica que esto prepara a los jóvenes para el futuro porque las consecuencias «tienen que ser las mismas que plantea la sociedad, y no aquellas que no tienen nada que ver con la norma establecida».

Refuerzo positivo

La educación del refuerzo y la alegría y la calma es otro de los puntos que resalta la psicóloga, es decir, en vez de invertir tanto tiempo en resaltar los errores, dedicarle más tiempo al refuerzo positivo del alumno cuando hace las cosas bien o cumple las normas. Incluso, en el caso de un alumno hablador, si hace el esfuerzo de atender en clase y reducir sus charletas en el aula, puede ser favorable reconocer ese esfuerzo con un guiño o un comentario positivo y Silvia hace hincapié en «lo importante que es este giro en la enseñanza».

En respuesta a estos métodos, muchas personas creen que estamos ante una generación sobre protegida pero Alava recalca que el objetivo no es crear una generación mimada, y que muchos profesores también caen en esa trampa. Por lo contrario, el fin es establecer un ambiente, democrático y participativo dónde los niños sepan capaces de manejar y entender que a lo largo de toda su vida sus actos tendrán consecuencias pero recalca una última vez que estas «deben ser lógicas y justas».

FUENTE: elcinfidencial.com

¿Cómo puede ayudarte la hidratación a combatir la depresión vacacional?

Todo el año esperando disfrutar de tus merecidas vacaciones y… ¡ay qué ver qué rápido se pasan! Al comenzar la vuelta al trabajo es cuando te das cuenta de lo “duro” que es el día a día. Por eso, es común hablar durante este periodo de la famosa “depresión postvacacional”, provocada por el rápido cambio de ritmo, de la tranquilidad al estrés, de manera brusca, algo que puede incluso llegar a afectar a nuestro estado de ánimo. Evitarlo es posible y beber agua puede ayudarte bastante a ello, ¿quieres saber cómo?

 Cansancio generalizado, apatía, falta de sueño, dolores musculares, falta de concentración, irritabilidad, tristeza, aumento de la tasa cardiaca, sudoración excesiva, hiperventilación… ¿te suenan estos síntomas? Según la psicóloga Silvia Álava, experta del Comité Científico del Instituto de Investigación Agua y Salud (IIAS), son patologías comunes al comienzo de la vuelta al trabajo. No obstante “lo habitual es que desaparezcan pasados los primeros días, tras los que nuestro cuerpo ya se ha habituado a la nueva rutina de trabajo, pero si persisten pasados 15 días es bueno pedir ayuda profesional”, añade.

Si, además de esto, añadimos una deficitaria ingesta de agua en nuestra vuelta al trabajo, podemos sufrir una reducción en nuestro rendimiento cognitivo. En concreto, según el informe científico “Rendimiento cognitivo, hidratación y agua mineral”, del Instituto de Investigación Agua y Salud,” la deshidratación puede provocar una reducción de la capacidad de concentración en un 15% y una disminución de la memoria a corto plazo del 10%.

¿Cuándo y cómo hidratarse?

Según explica la psicóloga Silvia Álava, existe suficiente evidencia científica que demuestra que con niveles de deshidratación muy bajos, en torno al 1 ó 2%, ya pueden aparecer problemas en la atención, en la capacidad de memorización, incluso en la resolución de problemas o en la velocidad de procesado, “se produce una especie de enlentecimiento cognitivo y vamos más despacio al resolver las tareas”. No hay que olvidar que el cerebro está constituido por un 85% por agua, de ahí que sea especialmente sensible a un mínimo nivel de deshidratación.

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¿Cómo trabajar el respeto en las redes sociales?

Por desgracia los insultos, las malas formas e incluso los haters están a la orden del día en las redes sociales, y esto es aún más peligroso cuando los usuarios de estas son adolescentes. ¿Cómo trabajar el respeto en las redes sociales? En este vídeo te contamos cómo trabajar el respeto en Internet para una sociedad más justa, más humana y donde la paz y el diálogo puedan estar presentes también en las redes sociales.

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Continúa viendo la Parte II.

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