Este verano, asegúrate de que tus hijos se aburran. Colaboración con El Diario de Córdoba

En los meses de verano, sin extraescolares ni colegio, aumentan las posibilidades de aburrimiento

MARÍA DOTOR
29/06/2020

«Mamá, papá, me aburro». Esta es quizá una de las frases que más miedo nos da escuchar de la boca de nuestros hijos. Y ahora que vienen tres meses de verano, sabemos que la van a pronunciar muchas veces. No tienen colegio, ni extraescolares… Las horas libres abundan y las posibilidades de aburrimiento se multiplican.

Como dice Kim John Payne, de Simplicity Parenting, vivimos que nuestros hijos se aburran como «un fracaso personal», tal vez porque nos encontramos en una sociedad obsesionada por hacer y no parar.

¿Cómo? ¿Qué ya tienes una lista hecha de actividades para anticiparte a este problema? Ni hablar, olvídate de convertirte este verano en animadora sociocultural de tus hijos, porque el aburrimiento, como nos dice Álvaro Bilbao, es «la madre de la creatividad. Hace que el niño se fije, observe… En definitiva, que mate ese aburrimiento tirando de imaginación».

Pero no solo él le otorga cualidades positivas al aburrimiento, muchos otros expertos destacan lo maravilloso que es que nuestros hijos se aburran.

Silvia Álava: «Los niños tienen que tener tiempo para aburrirse»

La psicóloga infantil Silvia Álava lamenta que «en ocasiones carguemos a los niños con tal cantidad de actividades que luego no tienen tiempo libre para disfrutar». Por eso, nos recuerda que «los niños tienen que tener tiempo para estar ellos solos, para aburrirse, para fomentar su creatividad, tiempo sin estar constantemente con un adulto que le esté dirigiendo».

Heike Freire: «El aburrimiento es un momento de creatividad»

La experta en innovación educativa nos propone educar en verde, es decir, en contacto con la naturaleza. Pero es consciente de que en el campo «nuestros hijos se quejan más que nunca de que están aburridos». ¿Nos hemos planteado por qué? Quizá, en el día a día les ofrecemos tantos dispositivos externos para entretenerse que hemos atrofiado su capacidad de inventiva.

Eva Millet: «En esta carrera por lograr el súper-hijo nos cargamos la infancia y el tiempo para aburrrirse»

Nuestro miedo al aburrimiento de nuestros hijos tiene mucho de sobreprotección y de persecución de un ideal de perfección en la educación de nuestros hijos, tal como lo ve la periodista y autora de Hiperpaternidad: «En esta carrera por lograr el súper-hijo nos cargamos la infancia: el tiempo para jugar y para aburrirse y la adquisición de otras habilidades que también son básicas en la vida». Y es que, nos decía Eva, «la educación no solo es la adquisición de conocimientos puros y duros, también es la formación de un carácter para implementarlos (que incluye aprender a tener paciencia, capacidad de esfuerzo, empatía, curiosidad, tolerancia a la frustración…)», y, claro, también aprender a aburrirse.

Bei Muñoz, de Tigriteando: «Nuestros hijos no tienen tiempo de aburrirse y organizar su tiempo»

Cuando le preguntamos a Bei Muñoz cuál podría ser el reto educativo principal de las familias hoy en día, la autora de Tigriteando lo tuvo claro: la falta de tiempo. «No tenemos tiempo, es un ritmo de vida frenético el que llevamos, es prácticamente imposible dedicarnos a observar, simplemente observar, lo que hacen nuestros hijos, muchas veces no tienen si quiera tiempo de aburrirse y organizar su tiempo». Y es que nuestras prisas y «los horarios rígidos chocan con las necesidades de los niños, que realmente son bastante parecidos al primer Homo Sapiens que pisó la Tierra», es decir, que las prisas y el estrés «van en contra de la naturaleza, y cuando luchas contra ella siempre tienes las de perder».

Kim John Payne: «El aburrimiento es un regalo»

Payne es el creador de Simplicity Parenting (Parentalidad Sencilla), un movimiento que aboga por volver a los básicos al educar y evitar la sobreestimulación, la sobreprotección y el exceso de actividades dirigidas. Con la idea de que «menos es más», Payne no duda en afirmar que «el aburrimiento es un regalo, el puente entre no hacer nada y el juego profundamente creativo». Para Payne, los padres deberíamos desear que «nuestros hijos se aburran y así tengan que pensar qué hacer con ese aburrimiento, sin pantallas y sin nuestra ayuda».

Muchos expertos insisten en esta misma idea de Payne: «El precursor de la creatividad es el aburrimiento. Cuando los niños se aburran, hay que evitar las pantallas, en donde ven la creatividad de otras personas». Sin embargo, en una cultura en la que se ensalza el estar continuamente ocupado como un valor, «nos hemos acostumbrado a ver el aburrimiento de nuestros hijos como un fracaso personal».

Alberto Soler: «A veces proyectamos en los niños nuestra intolerancia al aburrimiento»

El conocido psicólogo afirma en una de sus Píldoras de Psicología que «a menudo los padres tenemos miedo al aburrimiento de los niños. Pensamos que si no les damos algo que hacer y les tenemos entretenidos nos la van a liar… ¡y puede que sea verdad! Pero… ¿es bueno evitarles siempre el aburrimiento a los niños?», se pregunta. Y es que «a algunos padres les agobia tanto el aburrimiento de sus hijos que se acaba convirtiendo en un parque de atracciones ambulante: les organizan juegos en el parque, contratan animadores en el cumple…».

Rescatar a nuestros hijos del aburrimiento no es bueno, porque «no les estamos dando la oportunidad de pensar ellos solitos cómo llenar ese vacío. Si nunca pueden decidir qué hacer con su tiempo libre, ¿cómo van a aprender a gestionarlo?». Alberto considera que somos los adultos «los que proyectamos en ellos nuestra intolerancia al aburrimiento. Esa intolerancia se ha agudizado desde que tenemos el telefonito inteligente. Nos ha invadido un horror al vacío en el que no podemos estar más de medio minuto sin estar ocupados en algo», como cuando sacamos el móvil mientras esperamos el autobús, por ejemplo.

Javier Urra: «Nuestros hijos tienen que aprender a aburrirse»

El primer Defensor del Menor advierte de la tendencia de los padres y madres a buscar la felicidad y la alegría de los hijos por encima de todo: «Educar para que mañana los niños sean felices no es real, no es verdad. Las pérdidas y las incomprensiones son parte de la existencia. Nuestros niños tienen que aprender a aburrirse, a manejarse en la soledad. Creo que esta sociedad exige a la vida mucho más de lo que la vida le puede dar».

Claves para gestionar el aburrimiento de nuestros hijos

1. No sacar el salvavidas: nadie muere de aburrimiento y no es muy positivo que les rescates de esa sensación. Y por salvavidas nos referimos a tus dotes de animador sociocultural, tu catálogo de soluciones o incluso las pantallas.

2. Ver el lado positivo del aburrimiento. Si vivimos el aburrimiento como un problema o como una pesadez o tenemos miedo, como dice Alberto, de que nos la líen, tal vez nuestros hijos verán el aburrimiento como un problema difícil de solucionar. Sin embargo, si les transmitimos que el aburrimiento es una oportunidad para pararse y pensar qué quiero y puedo hacer con mi tiempo, seguramente lo verán de otro modo.

3. Transmitir confianza en que podrán encontrar algo interesante que hacer. Muchas veces vivimos el aburrimiento de nuestros hijos como la obligación de sacarlos de ahí y, por lo tanto, los sobreprotegemos. Pero si pensamos que son ellos los que saben, mejor que nadie, qué hacer con ese tiempo y cómo divertirse, si les transmitimos el mensaje de que ellos pueden gestionar su tiempo, seguro que sentiremos menos presión y haremos a nuestros hijos más autónomos.

4. Vivirlo como una oportunidad para conectar y ser creativos. La unión hace la fuerza, y también contra el aburrimiento. Seguro que juntos se os ocurren muchos juegos, muchas actividades que realizar juntos o mucho por inventar.

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FUENTE: diariodecordoba.com

El foco de los expertos, sobre jóvenes y reuniones de amigos: «Es absurdo, creen que el virus no puede venir del familiar» Colaboración con 20minutos

Por LOLITA BELENGUER

Imagen de una terraza llena de jóvenes en Madrid, en la fase 2 de la desescalada.
Imagen de una terraza llena de jóvenes en Madrid, en la fase 2 de la desescalada.

«La nueva normalidad no tiene nada de normalidad», asegura el epidemiólogo Salvador Macip, que advierte de que estamos «en un momento muy frágil». Tanto es así que el segundo día de la llamada ‘nueva normalidad’ tres comarcas oscenses han retrocedido a la fase 2 de la desescalada por los brotes de Covid originados en la provincia, donde este lunes se registraron 33 nuevos contagios.Un botellón juvenil podría ser el origen de los contagios del nuevo brote de coronavirus en Huesca

Los focos se ubican en las localidades de Zaidín, Fraga, Monzón y Binéfar. El alcalde de Zaidín, Marcos Ibarz, ha señalado en COPE que el brote detectado en su localidad, vinculado a una empresa hortofrutícola, podría venir de un botellón al que acudieron varios trabajadores agrícolas

Durante el estado de alarma, las fiestas privadas en domicilios y las reuniones en parques para ingerir alcohol fueron objeto de multitud de sanciones -400 intervenciones y 97 multas solo en Madrid durante el primer fin de semana que se permitieron las salidas a los adultos-. Una vez iniciada la desescaladaen las terrazas se comenzó a observar relajación en las medidas de prevención contra el coronavirus, sobre todo entre la juventud«Es sin duda el sector de la población que toma menos medidas. A muchos les vemos en la calle abrazados, sin mascarilla y fumando», afirma el profesor de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) y psicoanalista, José Ramón Ubieto. 

Esta actitud frente al virus y la menor percepción del riesgo tiene una explicación. Ubieto, que pide «no caer en la criminalización de la juventud», explica que esta etapa vital se caracteriza por una sensación de «invulnerabilidad» y «omnipotencia» que lleva a los jóvenes a «transgredir como forma de autoafirmación«. «Las conductas de riesgo están muy presentes en la adolescencia, tienen que ver con ponerse a prueba, para ver si damos o no la talla» ante el grupo de amistades.

El profesor de Psicología expone además otro factor: «Los jóvenes necesitan mucho el contacto con el otro, su identidad y estilo de vida depende mucho de la continua reafirmación del otro, y eso pasa por el contacto físico porque el cuerpo es un elemento fundamental del adolescente».

«Los jóvenes necesitan mucho el contacto con el otro, su identidad y estilo de vida depende mucho de la continua reafirmación del otro»

La doctora en psicología del Centro Álava Reyes, Silvia Álava, añade que si los jóvenes perciben un menor riesgo frente a la Covid-19 es porque «la zona del cerebro que evalúa el peligro -el lóbulo frontal- no termina de madurar hasta los 25 años«.

Además, «son mucho más sensibles a la presión grupal porque no han madurado la función ejecutiva caliente, que es la que regula las emociones. Esto significa que cuando van solos son tan cautos como un adulto, pero en grupo adoptan muchas más conductas de riesgo», abunda Álava. 

Aviso sobre las reuniones familiares

Ubieto apunta también como «elemento colateral», mensajes públicos que restan peligro a la pandemia como las «ideas negacionistas del virus» difundidas por mandatarios como el presidente de EE UUDonald Trump, o de BrasilJair Bolsonaro, los dos países más afectados por el virus a nivel mundial. 

El experto señala asimismo la idea «irracional» pero presente en el ser humano de que «lo familiar está preservado del virus». Ubieto advierte de la relajación de las medidas de distancia social y mascarilla entre familiares y amigos. «El «pensamiento inconsciente es que el virus no podría venir de un familiar y eso es absurdo, pero es que el humano no es racional».

La gente «se confía», se reúne con la familia «porque no ha habido ningún caso», pero una celebración puede favorecer los contagios

A este respecto, el presidente del Colegio Oficial de Médicos de la provincia de Huesca, José Borrel, apeló este martes a la responsabilidad ciudadana para evitar contagios del SARS-CoV-2 y alertó de que «el gran problema son las concentraciones de personas». 

Borrel indicó que se están realizando celebraciones familiares porque los ciudadanos «se confían», se reúnen con la familia «porque no ha habido ningún caso», pero advirtió de que una celebración puede favorecer los contagios. En su opinión, «la gente está teniendo mucha prisa por juntarse y celebrar» y «las medidas de protección brillan por su ausencia», indicando que «no hay que tener tanta prisa».

«Momento muy frágil»

Por su parte, el epidemiólogo Salvador Macip, autor de Las grandes epidemias modernas: La lucha de la humanidad contra los enemigos invisibles (Destino, 2020), indica que «el problema con la gente joven es que piensan que este virus no les afecta. Lo cierto es que los casos más graves se han dado mayoritariamente en mayores, pero también ha habido algunos jóvenes». Y, añade, al llegar a sus casas pueden contagiar a los familiares más edad como padres o abuelos.

En opinión de Macip, «esto se junta con lo mal que se está explicando esta etapa, la ‘nueva normalidad‘ no tienen nada de normalidad. La normalidad significa que vamos a tener que seguir con precauciones».

El médico recalca que esta etapa de la pandemia es «un momento muy frágil» en el que además detecta un «efecto rebote» del confinamiento, que en España se ha cumplido, dice, muy bien. A ello, también «se suma que estamos en verano«.

«Vamos a correr riesgos para intentar salvar la economía, hay que ser más conscientes que nunca»

Con todo, Macip concluye que «no se ha explicado bien que este momento es muy frágil y que si se están relajando las medidas de control es por motivos económicos, por que si no no se abrirían las fronteras, vamos a correr riesgos para intentar salvar la economía, que depende en gran medida del turismo, y por tanto hay que ser conscientes de que hay riesgos, de que vamos a aumentar las situaciones de peligro y hay que ser más conscientes que nunca», avisa.

Macip recuerda que, aunque lo peor ya haya pasado en Europa, la pandemia está «en el momento más alto en América» y recalca que «si abrimos la movilidad, el virus va a volver, igual que le ha pasado a China y a Nueva Zelanda«, que han tenido que volver a adoptar medidas de contención tras detectar casos importados. «Así funciona una pandemia. La pandemia es un problema global, no nacional», zanja.

FUENTE: 20minutos.es

¿Cómo actuar cuando nuestros hijos tienen ansiedad? Colaboración con la Fundación Bertín Osborne

Durante estos meses, muchos niños y niñas han estado más irritables, irascibles y con estrés. ¿Qué podemos hacer para que nuestros hijos e hijas estén lo mejor posible?

Os damos algunas claves, recomendaciones y estrategias para ayudar a calmar esa ansiedad.

#Vídeo. Redes sociales: ¿el problema real? Colaboración con Vodafone

Las redes sociales nos dan un gran poder, pero ello exige cierta responsabilidad.

En ocasiones nos resulta más fácil echarles la culpa de algunos de nuestros problemas, en lugar de pensar en nuestra forma de uso.:

  • Planifica el tiempo que pasas en ellas.
  • Cuida y entrena tu autoestima, no te compares…
  • ¿Y para el caso de los niños? Ofrezcámosles alternativas y seamos su modelo para seguir.

Pincha en la imagen para ver el vídeo:

Hablamos de «tiempo de calidad» en Guiainfantil

¿Qué hacer para fortalecer el vínculo entre padres e hijos? A través del juego se puede conseguir reforzar el vínculo familiar desde la infancia. Para ello, Silvia Álava, doctora en psicología, propone varias actividades para hacer estos días en casa todos juntos. ¡Prueba estos divertidos juegos para pasar tiempo de calidad en familia!

  • Tiempo de calidad con los hijos: qué es y cómo conseguirlo. (00:12)
  • ¿Cómo crear momentos a partir de juegos de mesa? (00:48)
  • ¿Qué actividades podemos hacer para conocernos más los unos a los otros? (01:40)

Guiainfantil es una revista digital y un canal de vídeos con contenidos exclusivos para padres e hijos, tanto educativos como de entretenimiento. Embarazo, Bebés, Salud, Educación, Ocio, Alimentación y Recetas. Creemos en la familia y que juntos podemos formar a niños y padres más felices.

Cómo escapar del secuestro emocional y poner a sus autores en el lugar que merecen. Colaboración con Buena Vida, de El País

Por si no te suena, las emociones sin control no sirven de nada

Por MANUELA SANOJA

¿Reprimir tus emociones no va contigo? ¿Tampoco negarte a lidiar con ellas? ¿Nunca las has empujado disimuladamente debajo de la alfombra, como si así fueran a desaparecer? ¿No? Admítelo, tú también lo has hecho. Sigues haciéndolo. Y hay malas noticias: no desaparecerán. Aún peores: un día vendrán a por ti, como si la alfombra te explotara en la cara. Pero aún hay esperanza. Aprende a gestionarlas y te ahorrarás un sinfín de disgustos, desde bochornosas pérdidas de control hasta serios problemas de salud, y no solo mental. Respira. Y recibe la buena noticia: existen técnicas científicamente respaldadas para conseguirlo.

Pero antes de convertirte en un maestro zen del dominio emocional, vale la pena describir el terreno en el que se librará la batalla. Hay que saber que todo lo que nos ocurre genera emociones y que, en muchas ocasiones, ellas mismas se autorregulan. El combate no va a ser tan frenético. Pero no siempre es así. Es entonces cuando hay que pararse a pensar, respirar y darnos un poco de tiempo para entenderlas. Hazlo o arriésgate a sufrir lo que el psicólogo estadounidense Daniel Goleman denominó “el secuestro de la amígdala” en su superventas La Inteligencia Emocional: ¿Por qué puede importar más que el IQ? La amígdala es una zona región central del cerebro que funciona como un núcleo de control de todas nuestras emociones y sentimientos, y que también se hace responsable de cómo respondemos a ellos. “Cuando sentimos algo muy fuertemente, se activa demasiado e impide que el cerebro funcione y puedas razonar más allá”, explica la psicóloga Silvia Álava.

En ese momento se produce el nefasto rapto de una de las tres dimensiones fundamentales de un ser humano, el pensamiento. Es como si un robo en el banco central de nuestro ser nos dejase únicamente dos opciones: sentir y actuar. Y, en estas condiciones, las actuaciones no suelen estar entre las más memorables… Según Álava, el secuestro suele ocurrir porque solemos tener una educación emocional nefasta: “No sabemos identificar, expresar ni gestionar las emociones. Se ve claramente cuando nos preguntan cómo estamos y respondemos con un ‘bien’ o ‘mal’. Es un uso completamente vacío y superficial del lenguaje, que no quiere decir nada”, explica su colega Elena Dapra. Que tire la primera piedra el que no se haya salido de sus casillas con un enfado, no se haya paralizado por el miedo a algo o no haya llorado desconsoladamente y sin poder parar durante horas después de una ruptura. ¡Guarda esa china!

Aprender a identificar las emociones conlleva conseguir expresarlas mejor. Y, como en toda buena comunicación, la clave está en la asertividad.

Para reconocerlas “debemos pararnos y ver dónde las sentimos en el cuerpo, observar si es agradable o desagradable y si tenemos una energía alta o baja”, aclara Álava. La alegría, por ejemplo, se refleja en nuestra cara a través de una sonrisa y sus consecuentes patas de gallo en los ojos; con el enfado fruncimos el ceño, se tensan nuestros músculos y aumenta nuestra energía; y el asco nos revuelve la tripa. Todas se expresan físicamente y a todas se les puede, se les debe, poner un nombre. ¿Que no logras discernir la emoción original? “Hay que buscar la clave del asunto. Para ello debemos retroceder hasta el último momento en el que nos sentimos a gusto y, a partir de ahí, ir hacia adelante, analizando paso a paso lo que ha ido ocurriendo hasta llegar al momento en el que estamos”, explica González. Olvídate de encontrar una respuesta espectacular, esto no es CSI y tú no eres Gil Grissom: la avalancha de emociones se puede haber generado de algo tan simple como haber visto una película que te haya puesto de bajón.

Al final, todo se resume en aprender a escucharnos a nosotros mismos, dicen las expertas. “Las emociones son información sobre lo que nos ocurre”, aclara Álava. Una vez las sentimos toca reflexionar sobre ellas y la situación que las ha generado, preguntarnos qué nos estamos diciendo a nosotros mismos y cómo interpretamos cada una de esas emociones. Para esto también hay técnicas.

Aprender a identificar las emociones conlleva conseguir expresarlas mejor. Y, como en toda buena comunicación, la clave está en la asertividad. Es la historia de siempre: no poner la culpa en el otro, sino hablar desde uno mismo. “No decir ‘me estás cabreando’ porque la otra persona no es la que te enfada, sino ‘yo me siento enfadado por…’. Y si en determinado momento no queremos o podemos hablarlo, también es válido. Toca dar un paso atrás y reflexionar sobre lo que ocurre.

Y a pesar de todo el esfuerzo, fracasarás. Tranquilidad, le ocurre hasta a las expertas: “A todos se nos va la olla a veces”, asegura Dapra, quien añade que no por ello hay que tirar la toalla. Al contrario, es necesario seguir haciéndolo para evitar que ocurra y acabemos gritándole barbaridades a nuestra pareja, a un amigo, a un compañero de trabajo o a la jefa. Quizá ellos no serán tan comprensivos como las especialistas…

PUEDES LEER EL ARTÍCULO COMPLETO EN: elPais.com

Claves para alcanzar una nueva normalidad (con niños). En ElPeriodico.com

De cara a esta nueva normalidad, es importante plantearnos como propósito fundamental: respetar el tiempo de los niños

Por María Dotor

Si de algo nos dimos cuenta al parar en seco nuestra actividad a causa de la Covid-19 es de lo rápido que vivíamos. Las prisas nos acompañaban siempre y, en consecuencia, a nuestros hijos.

Ahora, párate a pensar y contesta a la siguiente pregunta: ¿Cuántas veces vestías tú a tus hijos porque si les dejabas hacerlo a ellos solos saldrías de casa cinco minutos más tarde? Y así con otras tantas tareas: lavarse los dientes, peinarse€etc. E aquí la primera consecuencia negativa de las prisas, más allá del estado de estrés que producen, estamos impidiendo que nuestros hijos se conviertan en individuos autónomos.

Por eso es tan importante, de cara a esta nueva normalidad, plantearnos como propósito fundamental: respetar sus tiempos, no ir siempre con prisas.

Respetar los tiempos de nuestros hijos

Un error muy habitual que cometemos es no calcular bien los tiempos necesarios para llevar a cabo las actividades del día a día. Tendemos a calcular el tiempo en función de lo que el adulto necesita, olvidándonos que el tiempo de los niños es mayor. No tienen ni la misma destreza del adulto, ni la misma capacidad para hacer las tareas, y, además, los niños se distraen con una gran facilidad, basta que se encuentren un juguete o un hilito en la alfombra para que se pongan a jugar con él.

Por tanto, el primer paso es tener en cuenta los tiempos de nuestros hijos, no los nuestros. Pero, ¿qué más podemos hacer? La psicóloga infantil Silvia Álava nos da las claves:

1. Las órdenes de una en una. En ocasiones mandamos a los niños varias cosas a la vez: quítate los zapatos, coloca la mochila, lávate las manos y a merendar€ y no nos damos cuenta que sin quererlo estamos saturando la memoria de trabajo del niño. Mejor decirles las cosas de una en una y darles el tiempo necesario para que lo realicen.

2. Cronometrar el tiempo que tardan en hacer las tareas. Puede ser una herramienta de motivación para los niños, pero siempre utilizada para motivar al niño a que cada vez lo hagan más rápido y mejor, no para estresarlo.

3. Planifícate bien. Nos da mucha pena despertar a los niños pronto por la mañana pensando que así dormirán más. Párate a pensar, ¿no será mejor acostarse un poco antes para no suprimir horas de sueño y así que por la mañana tengan el tiempo suficiente para poder hacer las cosas ellos solos, sin prisas ni estrés?

4. Busca tus fugas de tiempo. Hemos hablado que sería conveniente que los niños se acostasen antes para así, por la mañana, puedan despertarse con tiempo para favorecer su autonomía. Párate y observa que hacéis por la tarde-noche, seguro que hay alguna actividad como ver la televisión, la tablet… de la que se pueden reducir esos minutos tan necesarios por la mañana acostando a los niños antes.

5. El aprendizaje requiere tiempo. Todos, cuando estamos aprendiendo, cometemos errores que tenemos que solventar. Los niños también. Por eso es importante que reserves el tiempo necesario para poder solucionar los imprevistos que puedan surgir. Por ejemplo, en el desayuno y las comidas, cuando los niños son pequeños, es probable que se les caiga algo. Tienen que aprender. Si vamos con prisas, en lugar de enseñarles la forma correcta de hacerlo y que nos ayuden con una sonrisa a limpiarlo, lo más probable es que haya un bufido por parte de los adultos porque ya vamos tarde.

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FUENTE: elperiodico.com

Efectos del confinamiento en tus hijos (y cómo sobrellevar juntos esta etapa). Colaboración con Consumer

Estudiar, jugar y hacer ejercicio dentro de casa ha podido tener consecuencias negativas en nuestros hijos. Conoce cuáles son, cómo llevar esta situación y qué aprender de ella juntos

Por E. Sánchez 

Adaptarse a un confinamiento como el que hemos tenido que vivir para evitar la expansión del coronavirus ha exigido reorganizar la vida en familia. Para los niños ha resultado y resulta —aún no han vuelto al cole— especialmente difícil: la obligación de estudiar, jugar y hacer ejercicio dentro de casa ha podido desestabilizar la armonía doméstica y tener efectos negativos en el terreno emocional, que analizamos a continuación. Pero de esta inédita circunstancia cabe extraer lecciones que ayuden de cara al futuro, como también lo vemos en estas líneas.

Efectos psicológicos del confinamiento en los niños

En el plano emocional, el confinamiento puede producir estrés causado por un cambio tan fuerte en su entorno, como advertían investigadores chinos en un artículo publicado en The Lancet también en marzo de 2020. Durante el encierro, “es posible que se den alteraciones de sueño, episodios de rebeldía, rabietas, cambios de humor y peleas entre hermanos”, pone de relieve Silvia Álava.

Tras la cuarentena, en estos días pueden manifestarse secuelas: “A nivel emocional, algunos niños pueden experimentar más ansiedad, miedo, trastornos obsesivos o depresivos”, advierte Álava. “En el plano de la conducta pueden volverse retadores, tener pataletas o regresiones: por ejemplo, vuelven a hacerse pis en la cama cuando lo habían superado”. Son indicadores de que alguna pequeña factura les ha pasado. Si vemos que no concilian bien el sueño, tienen miedo, pierden el apetito o tienen un hambre voraz, hacen llamadas de atención… “Quizá es momento de pedir ayuda profesional”.

Cómo establecer rutinas y no caer en los castigos

Estos conflictos derivan en gran medida del caos que ha suscitado la nueva realidad. Álava subraya la importancia de establecer horarios y rutinas en los pequeños, pues “les da seguridad”. También lo afirma Carmen de Andrés, doctora en Ciencias de la Educación y profesora de Facultad de Formación del Profesorado y Educación de la Universidad Autónoma de Madrid: “Todos necesitamos esas rutinas, también los mayores. Es primordial establecerlas, para que los pequeños sepan cuándo es tiempo de estudiar, de jugar, de comer, de hacer ejercicio o de dormir”. Cuanto más organizada esté la jornada como en una situación normal, menos probabilidades habrá de que se produzcan los problemas antes citados.

De cara a lograr la deseable armonía, nunca es tarde para elaborar en familia un cuadro de horarios “donde programemos qué hacemos cara hora”, señala Silvia Álava. “Al hacerles partícipes de la planificación, los niños no la han visto como una imposición, sino resultado de su propia iniciativa, y será más fácil que la cumplan”.

Sofocar insurrecciones es posible sin recurrir a regañinas o castigos, que elevarán la tensión en una atmósfera poco relajada de por sí. “Cuando surgen conductas disruptivas que queremos que desaparezcan, lo mejor es dejar de prestarles atención”, explica la psicóloga. “Por el contrario, debemos premiar y alentar aquellas acciones que queremos perpetuar”. Coincide UNICEF, que recomienda usar lenguaje positivo para decir a los niños lo que deben hacer. “Por favor, recoge tu ropa”, en vez de: “No lo dejes todo hecho un lío”.

El colegio en casa: ¿es home-schooling?

Lee el artículo completo en Consumer.es

«Madrileños, go home», el grito de guerra de los territorios libres de virus en la desescalada. Colaboración con ABC

Érika Montañés

«Hemos cambiado de fase. Es lo que en Psicología Social se llama abandonar la meta común de grupo, superordenada (o en el sentido de clan), dejarla aparte y volver a la lucha individual de cada uno». En el caso de la pandemia, tras la explosión de casos y su embestida más que importante en territorios como Madrid y Cataluña, el salto ha sido de «sobrevivir» en comunión, deshaciéndonos en balcones y aplausos, al «desmembramiento» por comunidades autónomas o zonas, la división entre infectados y no infectados, de una forma paralela al avance que ha tenido cada una de ellas en el plan de la desescalada aprobado por el Gobierno.

Este análisis social parte de psicólogos como Silvia Álava y Enrique García Huete. Ambos certifican «el sentido de estigmatización» que abunda en ciertos lugares de España a los recién llegados de zonas donde la pandemia ha golpeado con mayor contundencia. Sean turistas, o nacidos en el pueblo que regresan por alguno de los cinco motivos que permite el actual estado de alarma (laboral, o sanitario, entre otros), la recepción no es una ovación cerrada. De hecho, es tal la profusión de estas acciones de cuestionado civismo que, a comienzos del pasado mes de abril, el Defensor del Pueblo emitió un comunicado en el que se constataba que tenía conocimiento de «que algunas autoridades locales han autorizado nuevas restricciones a las ya impuestas por el decreto que establece el estado de alarma», por lo que la institución, tal y como recuerdan fuentes de la misma a ABC, insta a esas entidades locales y corporaciones municipales a eliminar cualquier bando o comunicado en el que se recojan mayores limitaciones a la libertad y movilidad de las personas a las ya contempladas en el Real Decreto para garantizar la igualdad de trato a la ciudadanía en todo el territorio nacional.

Pero lo que se ha dado en llamar «cañifobia» o «madrileñofobia» (sobre todo por la mayor acumulación de contagios de Covid-19 en Madrid), aunque asalta ya a otros territorios como La Rioja y Cataluña, se sigue produciendo en diversas zonas de España, tal y como ha podido comprobar este diario. Sigue siendo un grito de guerra en pleno desconfinamiento, tras un encierro prolongado que muchos no quieren ver peligrar ahora por la llegada de «exiliados».

Son muestras de esta ola de fobia una pintada de «Madrileños, go home» en un pueblo de Murcia; un bando municipal en la Mariña lucense a cargo de un regidor que pide a sus vecinos «que denuncien (¡Denunciade!)» si se acerca algún ciudadano proveniente de los epicentros del coronavirus en España; un pregón que circula entre los WhatsApp de los vecinos de municipios de Teruel aislados del virus y en el que no se impone, pero se «ruega» a turistas y descendientes del pueblo que se «mantengan en cuarentena» 14 días después de llegar a su segunda residencia, si es el caso, un extremo que Pedro Sánchez tanteó para los turistas internacionales que llegasen del extranjero al país a partir de julio y que luego, visto el resultado y el desagrado que cundió entre los países remitentes de ese turismo, levantó sin restricciones. En otros lugares, se «llama» a la población a «avisar» si llega un madrileño, una recreación de la «vieja del visillo» pos-coronavirus.

«Son medidas incívicas, indignantes y absurdas. Hay que abundar en la generalización de la incidencia en todo el país y en que todos somos población con riesgo de contagio y de contagiar, así que hay que mantener las medidas de distancia social y el resto de peticiones que nos recomiendan las autoridades sanitarias, pero respecto a todos, no solo a unos cuantos, o por barrios», dice García Huete, director de Quality Psicólogos. «Peligro y duda dan como resultado el rechazo, por ejemplo, la madrileñofobia. Se cae en la exclusión y el estereotipo, como, salvando las distancias, ocurría cuando se marcaba con un punto rojo a los drogodependientes o personas con VIH», equipara el también profesor de la Universidad Cardenal Cisneros de Madrid.

Algunos barrios y vecindarios se convierten en verdaderas fuentes de «rastreo» de contagiadores, algo que, según Álava, da vida a lo «peor de esta pandemia». «Ya hemos vivido lo mejor, con unión, acciones de solidaridad y remar juntos para salir, pero aunque no hayamos salido», en este momento en que parece diluido el embate y el virus está más controlado, «ya no somos una piña y habría que empatizar con las circunstancias de esa persona que vuelve al pueblo donde nació, por qué lo hace, si tiene unos motivos médicos o emocionales para hacerlo», por ejemplo, añade.

Empujados por el miedo

Por su parte, para el profesor de la Universidad Autónoma de Madrid, Miguel Hierro, no hay riesgo de «guerracivilismo» o división en dos Españas, entre los infectados o con riesgo, y las zonas «libres de virus». «Este tipo de reacciones y mensajes no son extraños en este tipo de circunstancias. Surgen desde el miedo y la necesidad de reaccionar para protegernos de un riesgo. Lo que sucede es que el riesgo tiene un componente subjetivo muy elevado, de manera que la percepción de cada persona no tiene por qué obedecer a información objetiva». Arguye: «Cuando nos sentimos amenazados, la necesidad de sentirnos parte de un grupo que nos ofrezca protección aumenta. Todo esto genera esas reacciones adversas, con mensajes, como “los madrileños traen la infección: no les dejemos venir” nos sentimos más seguros teniéndoles lejos», completa este especialista en Salud Mental en HM Hospitales. «A esto podemos añadir que la comunicación dentro del grupo de referencia se vuelve muy sesgada (como todos hablan de que la infección viene de Madrid y nadie se plantea si, quizás, eso no es exacto, la información que se comparte, crece y se fortalece es que la infección viene de Madrid)».

Con todo, dice Hierro, se comete un «flaco favor a la oportunidad de colaboración y generosidad» que ha facilitado el coronavirus para que las personas queramos ayudarnos y no alejarnos. Un poco más.

«Son tan responsables los que van como los que los reciben»

Hasta la «nueva normalidad», tras la fase 3, el Ministerio de Sanidad recuerda que no se recuperarán los viajes interprovinciales. Así que, para los psicólogos, en ese cruce de fobias y reacciones, «tendríamos que buscar responsabilidades en ambos lados: la persona que vuelve a un lugar y la persona que lo recibe, porque lo que se demanda en este momento es responsabilidad en los desplazamientos» para evitar la propagación sin sentido de virus y entre territorios.

Eso sí, completa Silvia Álava, del centro Álava Reyes, «no se debe nunca caer en discursos que fomentan el odio, hay que pararse, analizar y no dejar de autorregularnos. Ciertos comentarios, como esos bandos municipales que desacreditan al que llega son lesivos, hieren los sentimientos de los demás, y buscan lo que se ha hecho mal en una persona externa, cuando esto es cosa de todos. No hay que meter a todo el mundo en el mismo saco, aunque el ideal sería que no se viajase». Los psicólogos tampoco desdeñan el componente de irratibilidad que ha provocado el encierro dilatado. «Estamos irascibles, a la que salta, pero no hay que olvidar otro elemento: los sistemas de salud están dimensionados para la población que abarcan, tampoco es muy responsable saturarlos con la llegada masiva de olas de turistas. Se debe ser más responsable que nunca», añaden.

FUENTE: Diario ABC

4 claves para ayudar a los niños a vencer el miedo a salir de casa. Colaboración con Gestionando Hijos

La situación actual ha provocado que los niños hayan recibido información sesgada de la realidad

Ya hace varias semanas que las medidas de confinamiento empezaron a relajarse progresivamente y los niños y niñas españoles pudieron salir a la calle. Sin embargo, en muchos hogares se repite una misma estampa: hay niños que no quieren salir, prefieren quedarse en casa.

Ante esta situación cabe preguntarse: ¿Qué está ocurriendo con estos niños?

Es fundamental averiguar el porqué, dado que no es lo mismo que el motivo sea que están a gusto y cómodos en casa jugando, a que sea porque les da pereza o porque tienen miedo a salir a la calle y contagiarse», dice la psicóloga infantil Silvia Álava.

Lo cierto es que la situación actual ha hecho que los niños y niñas reciban información sesgada de la realidad (lo que escuchan de nosotros, fragmentos de los informativos€). Además, los estímulos que reciben hacen que la sensación de inseguridad e intranquilidad aumente. Por estos motivos, entre otros, nuestros hijos puede que hayan desarrollado cierto miedo a salir a la calle, a contagiarse o simplemente porque perciben el exterior como un lugar inseguro y, por lo tanto, su casa como el espacio donde se mantienen a salvo.

Cómo ayudarles a superar este miedo a salir de casa

  • Ofréceles información: «Los padres deberíamos, de una forma tranquila y transmitiéndole mucha calma, explicarles qué puede pasar si se da esta situación, el contagio. La información debe ser verídica, adaptada a su edad y filtrada» nos aconseja la psicóloga Úrsula Perona, porque si conocen la información (según su edad) e interiorizan las medidas de seguridad que deben llevar a cabo, se sentirán mucho más seguros.
  • Valida sus emociones: «Decirle ‘no tengas miedo’ no es un buen comienzo, no se sentirá comprendido» asegura Silvia Álava . «Un buen inicio para comenzar el acercamiento y abrir un punto de encuentro podría ser: entiendo que tengas miedo. Es normal tener miedo, porque llevamos mucho tiempo escuchando que hay que tener mucho cuidado con el coronavirus y que nos podemos infectar o contagiar a los demás. Sin embargo, si salimos con cuidado, con mascarilla, no tocamos nada€ no nos va a pasar nada», apunta Silvia
  • Ayúdate de recursos. Los cuentos pueden convertirse en nuestros grandes aliados. Ayudan a los niños a comprender mucho mejor la realidad que les rodea. Cristina Gutiérrez, autora de Entrénalo para la vida, nos ofrece un recurso maravilloso por si tenemos esta situación en casa. Se trata del cuento ‘El nuevo virus de la valentía’: Un cuento escrito e ilustrado por ella misma para la vuelta de los niños a la calle. «Probablemente estamos sintiendo, como sociedad, como familia y como persona, más miedos que nunca. Por este motivo necesitamos un nuevo y potente virus, la valentía, para contrarrestarlo» nos dice Cristina. En este enlace os lo podéis descargar en pdf de forma totalmente gratuita.
  • Respeta sus ritmos: «Si un día al fin se decide, ve poco a poco. Al principio solo daremos una vuelta a la manzana» nos recomienda Silvia. Mañana ya serán dos vueltas en vez de una y, en menos de lo que nos esperamos, volverá a pedirnos salir como hacía antes.

Accede al portal Gestionando Hijos y disfruta de más consejos y claves de nuestros expertos.

FUENTE: ElDia.es