¿Cómo elegir el mejor colegio para tus hijos?

Llega el momento de elegir colegio y muchas familias tienen dudas sobre cómo podemos acertar a la hora de elegir colegio.

¿Cuándo y cómo elegir colegio?

Muchos padres se agobian a la hora de elegir el colegio de sus hijos. El tiempo pasa volando y los niños con tres años ya están edad escolar. Por eso hay que empezar pronto la elección, pero tampoco es necesario hacerlo desde que es un bebé. En el caso del colegio, conviene empezar a mirarlo cuando el niño tiene dos años de edad, pues además de que existen centros donde les admiten con esa edad, hay que tener tiempo para informarse de la línea educativa del colegio, del lugar donde se ubica, de los horarios, de las combinaciones para poder llevar y recoger al niño, las actividades extraescolares que ofrecen… y todo eso sin saltarse los plazos que marca la administración. Plantearse tener el colegio decidido el enero antes de que el niño comience, puede ser un plazo razonable, para poder realizar todos los trámites necesarios sin agobios ni prisas.

Será fundamental poner especial cuidado en la elección de este, pues la etapa escolar es fundamental de la vida del niño, abarca un periodo muy largo de tiempo y conviene que el niño esté feliz, a gusto y con ganas tanto de aprender como de disfrutar de su colegio.

¿Cuál es la clave para acertar?

La clave es saber que: no hay colegios buenos ni malos. Los colegios son buenos o malos, en función de si se adaptan o no a las necesidades específicas de cada niño. No te pierdas todos los consejos en este nuevo vídeo del espacio Paz Mental.

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¿Conoces la emoción que más se relaciona con la felicidad?

Para fomentar la felicidad en los más pequeños proponemos un modelo de crianza con menos bienes materiales, más límites y sin sobreprotección.

Flavia Tomaello Para el diadio LA NACION

Se habla de la felicidad con facilidad. Está en el podio de los deseos. Cada vez que se le pregunta a un padre sobre el futuro de los hijos, en todo tipo de crianzas, estratos sociales y edades, emerge: “Que sea feliz”. A este particular punto ha dedicado gran parte de su trabajo Silvia Álava Sordo, doctora y licenciada en Psicología nacida en Valladolid, pero instalada en Madrid hace más de dos décadas. Ha publicado siete libros, y casi como una constante aparecen en ellos una idea que los atraviesa: ¿Por qué no soy feliz?, Queremos que crezcan felices y Queremos hijos felices, son algunos de sus títulos.

Pero suele ser un concepto abstracto y volátil, que se construye individualmente. Álava Sordo, en una charla exclusiva con LA NACION, aporta claridad para entender cómo criar hijos felices.

¿Qué es la felicidad?

Es muy importante que definamos muy bien qué es porque la sociedad ha confundido la emoción de la alegría, que es una sensación que a todos nos gusta sentir, es agradable y en la que sube nuestra energía, con la felicidad, que no es solo sentir esa emoción agradable de gozo. Cuando hablamos de felicidad nos introducimos en un estado en el que cambian todas las emociones. Tanto las agradables como las desagradables. Si para ser feliz hay que estar todo el día sintiendo alegría, haciendo cosas que nos gustan o divertidas, lo que va a pasar es que absolutamente nadie en el planeta va a poder serlo. Por eso es importante que entendamos que la felicidad es un estado donde van a caber emociones amables y no tanto, y que no nos quedemos solamente con la parte hedónica de hacer cosas para el placer y para el disfrute. Cuestión que está muy bien y para la que hay que reservar esos espacios. Sino que también trabajemos desde la perspectiva de la felicidad eudaimónica, más relacionada con el crecimiento personal, con sentir que somos capaces de resolver con éxito esas situaciones de nuestro día a día.

Para ser feliz hay que sentir que se es capaz de resolver con éxito las situaciones del día a día

¿Es compatible la crianza en felicidad con la educación de los niños y los límites?

Pensamos que poner límites no se condiciona con la felicidad. Como psicóloga, trabajo en un centro en Madrid, y me gusta, al terminar la primera sesión en la que se presentan los adultos a cargo, sin los niños, preguntar: ¿Qué es lo que quieres conseguir para tu hijo o para tu hija? La respuesta que más me encuentro siempre es “que sea feliz”. ¿Cuál es el problema? Que muchos en ese pensamiento nos equivocamos. Y, por ejemplo, los inundamos para que tengan un montón de cosas. Cuando no hay ninguna evidencia científica, ningún estudio que nos diga que tener más juguetes los va a hacer más felices. O nos da miedo ponerles límites. Y es todo lo contrario, porque las normas les dan seguridad, les dan confianza, les muestran el camino que tienen que seguir. Y además, cuando evitamos la sobreprotección, también vamos a conseguir que sean más seguros, que se sientan con una mayor capacidad para desenvolver con éxito su día a día. Eso al final va a traducirse en que nuestros hijos sean más felices. No poniendo límites lo más habitual es que sean muchísimo más infelices.

¿Podrías darnos algunas claves para proteger la salud mental familiar puertas adentro de la casa?

Es cierto que parece que ahora hablamos mucho más, sobre todo desde la pandemia. La Asociación Española de Pediatría dice que se han incrementado un 47 por ciento los problemas de salud mental en población infantojuvenil. Las familias e incluso los profesores tienen un papel activo a la hora de criar a los niños y jóvenes con salud mental. Para ello es importante ver qué estamos haciendo, por ejemplo, estamos permitiendo ventilar las emociones, nos estamos convirtiendo en esa figura de referencia a la que nos pueda contar y además nosotros lo validamos, es decir, no juzgándolo, no diciéndole lo que tiene que hacer. Este sería uno de los pasos muy importantes. Necesitan que estemos ahí para darles ese apoyo emocional, para que podamos ser un vínculo de seguridad. Eso son factores de la salud mental. También es muy importante que trabajemos con ellos y que aprendan habilidades de la inteligencia emocional. Que sean conscientes de percibir la emoción que están sintiendo. Tanto de ellos mismos como de los demás. Y ayudarlos a aprender a expresarla de una forma correcta. A mí me gusta mucho Quino y esa frase de Mafalda sobre que la vida es bonita, pero difícil. Los adultos tenemos que dar herramientas y muchas de ellas son de la inteligencia emocional.

«No hay ninguna evidencia científica, ningún estudio que nos diga que tener más juguetes los va a hacer más felices», Silvia Álava Sordo, psicóloga

¿Cuánto de la sociedad hiperconectada afecta nuestra felicidad?

Esto es algo bastante interesante. ¿Realmente nos hacen más felices las pantallas? Los psicólogos decimos que tenemos que tener cuidado para poder utilizar las pantallas correctamente de tal forma que no interfieran en nuestra salud mental. Y que tampoco lo hagan en el bienestar emocional. Estamos observando que ante un problema o una emoción desagradable, recurren a las pantallas, porque tienen mucho miedo de mirar hacia dentro y ver qué pasa. Recurren a algo muy fácil para taparlo: la pantalla o las redes sociales. No es una buena idea, porque al final no estoy mirando lo que me pasa y no estoy afrontando el problema. Además, tienen un efecto que potencian la comparación social que nos hace infelices. Nos da la sensación de que nuestras comidas no son tan ricas como las que pone la gente en las redes o que nuestra vida no es tan interesante. Y muchas veces se nos olvida que las redes están hechas para aparentar, que no son la realidad y que es la vidriera donde cada persona cuelga su mejor versión.

¿Cómo trabajamos la felicidad en nuestros hijos adolescentes?

La felicidad se empieza a trabajar desde bien pequeñito. No se puede pretender no hacer los deberes y presuponer que todo emergerá en la adolescencia porque hay muchas bases que no van a estar bien sentadas. Lo mejor siempre es aportar mucho afecto físico: beso, mimo, caricia, fomentar los vínculos de seguridad. Y con los adolescentes hay que seguir trabajando. Durante la adolescencia el cerebro se reorganiza, se reconfigura. Y ese proceso es superimportante porque permite transformarlo en un órgano más potente para llegar a hacer operaciones y razonamientos tan complicados como los que hace un adulto. El proceso se hace de atrás hacia adelante. La última zona que termina de madurar es el lóbulo prefrontal, la parte de adelante de todo, que es precisamente donde se regulan las emociones. Por eso tengo que entender que al adolescente con el que convivo le puede costar mucho controlarlas y canalizarlas, porque la parte del cerebro que siente las emociones, el sistema mesolímbico, está muy sobreactivado por toda la producción de hormonas y eso hace que todo lo sientan con una intensidad muy alta. Entendiendo esto podemos evitar tomarnos de modo personal ciertas actitudes y entender si es un suceso de una dimensión real o es parte de su proceso madurativo. También es tiempo de fomentar que puedan estar con un grupo de iguales, porque en esta etapa también se configura la personalidad. Ya no se hace solamente a través de la familia, que de todos modos seguirá ahí presente y alerta, sino a través del grupo de iguales. Me refiero a grupos de carne y hueso. Amigos con los que poder salir, dar un paseo, estar en el parque, compartir una actividad.

¿Qué errores crees que cometemos al trabajar la felicidad en la crianza?

Muchos, como la sobreprotección, ese mal entender el amor maternal o paternal y decir: “ay, no me cuesta nada…” Con esa actitud se está generando un niño o niña con escasos recursos, con pocas habilidades. Eso no le va a ayudar a ser más feliz. O hiperestimularlos de tal forma que apenas tengan tiempo libre. Es muy bueno que hagan deporte o que aprendan o toquen instrumentos musicales. Pero no pueden hacer todo a la vez. Necesitan tiempo libre para jugar, porque de esa forma van a desarrollar su función ejecutiva, la capacidad de orientarse hacia las metas, la de dirigir su propia conducta. Hay niños que están tan sobreestimulados, que están siempre en cosas de adultos.

¿Por qué mucha gente dice que no puede ser feliz? ¿Qué nos pasa con la felicidad?

Nos hemos creído muchos de los mitos sobre la felicidad, que significa vivir sin problemas. Ser felices implica que tengo las herramientas para poder solventar con éxito mis situaciones del día a día. Que cuando tengo una complicación, pongo el foco en resolverla. Y que cuando ya no soy capaz porque es un problema de los que no tiene solución, acepto esa situación y en lugar de poner mi energía en intentar cambiar algo que ya no se puede modificar, la uso para regular esas emociones desagradables que me genera esta situación que no puedo cambiar. La felicidad es algo que está dentro de nosotros. Que no hay que buscarla fuera. Que no tiene tanto que ver con las cosas que tenemos o que conseguimos. Y que la emoción que más se relaciona con la felicidad es la serenidad, no tanto la alegría. Y que es muy complicado ser felices si no vivimos alineados con nuestros principios y con nuestros valores.

Algunas personas prefieren la serenidad a la felicidad. ¿Qué opina?

Es que han entendido bien lo que es la felicidad. Tiene más que ver con sentir que mi vida tiene un sentido, que encuentro por qué estoy aquí. Si entendemos así la felicidad, desde luego que la emoción con la que más nos vamos a sentir identificados es con esa calma. Esto no significa que no tengamos que potenciar emociones agradables o que no haya que hacer cosas divertidas. En absoluto es así.

Es difícil pensar en la felicidad cuando las demandas son tantas y debemos cumplir con muchas cosas

Es cierto que es complicado, porque vivimos en una sociedad de consumo que nos insta a tener y mostrar. Es importante poder parar y pensar en lo que creo que es importante para mí. No vivimos en una sociedad en la que, por ejemplo, sea fácil conciliar. Es complicado. Pero el secreto está en ir encontrando pequeñas estrategias para incrementar nuestro bienestar emocional intentando en todo momento cambiar el foco. Con los niños hay que tener cuidado con las expectativas que ponemos en ellos. Se ven muchos papás y mamás que en lugar de realizarse a través de ellos mismos, lo intentan hacer a través de sus hijos. Les colgamos una mochila emocional y una responsabilidad tan grande que no han de ser capaces de gestionarla. Démosles la libertad para que sean como son.

FUENTE: lanacion.com.ar

¿Cómo dejar de sentir culpa en la maternidad?

Sentir culpa cuando eres madre es muy común, a las mamás se les exige más en la sociedad para cumplir metas que sin ayuda o un círculo cercano de personas serían imposibles satisfacer. Aquí te compartimos una guía sobre este tema donde hablaremos cómo superar ese sentimiento.

¡Lo estás haciendo bien mamá!

https://youtu.be/8HkChal_Kz4?si=8syNqpX-6EesR8Be

¿Cómo superar los golpes de la vida?

La resiliencia es un término que viene de la física de los materiales: es la capacidad de un material mecanismo o sistema para recuperar su estado inicial cuando ha cesado la perturbación a la que había estado sometido. Cuando nos referimos a los humanos, la resiliencia es la capacidad de un ser vivo frente a un agente perturbador o un estado de situación adversos.

Sabemos que hay personas que, ante situaciones adversas, ante los golpes de la vida, adoptan una actitud de víctimas, buscan los culpables y no hacen por salir de la situación. Sin embargo, otras optan por una postura más resiliente, es decir, buscan la forma de crecer ante la adversidad e incluso sacan lo mejor de sí mismas. Lo interesante es que se han estudiado los mecanismos de resiliencia y podemos a enseñar a las personas a crecer y a superarse ante la adversidad. Y sabemos que el victimismo es enemigo de la resiliencia.

No te pierdas este podcast del espacio Paz Mental para saber cómo hacernos más resilientes.

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Psicología en las aulas: puntos a tener en cuenta en las distintas edades del alumnado

La escuela es un buen espacio para cuidar la salud mental de los estudiantes y detectar problemas.

Por A. V.

En noviembre de 2023, la VI Convención del Consejo General de la Psicología dedicó una de sus jornadas a la psicología educativa, con la prevención como factor esencial en esta disciplina, que atiende a una etapa decisiva en el desarrollo de la salud mental de las personas. De hecho, la institución prepara el proyecto PSICE para avisar sobre la importancia de este desempeño.

En el caso de la OCDE, su informe ‘Un nuevo punto de referencia para los sistemas de salud mental. Abordar los costes sociales y económicos de los problemas de salud mental’ indica cómo «los niños y los jóvenes son un objetivo diana en la promoción de la buena salud mental y la prevención de los problemas de salud mental. Países como Finlandia e Islandia se han centrado en la enseñanza de habilidades socioemocionales en las escuelas, mientras que otros como Australia, Noruega y Holanda cuentan programas online para apoyar la salud mental de los jóvenes».

Alumnado, profesorado y familias

Forman los eslabones de una cadena -en ocasiones frágil- en los que hay que estar alerta desde el principio… y hasta bien superada la adolescencia, como señala Silvia Álava, psicóloga sanitaria y educativa y autora de libros como ‘El arte de educar jugando’, ‘¿Por qué no soy feliz? Vive y disfruta sin complicarte la vida’, etc.: «Tenemos que tener en cuenta que tratamos con cerebros que están en formación, que no terminan de hacerlo como tal hasta los 25 años. El reto es coordinar los procesos cognitivos y emocionales durante todo el desarrollo». Un camino aún más difícil en tiempos de pospandemia, de excesos de la ‘cultura del móvil’, etc.

Las edades del alumnado

Como repaso a las ‘edades del alumnado’, Álava destaca la importancia de «trabajar en Infantil con la autonomía y la función ejecutiva, introduciendo la ‘inteligencia emocional’. Ya en el paso de Infantil a Primaria -cambio que se suele acusar-, hay que insistir en fomentar esa capacidad ejecutiva y hay que ayudar a regular las emociones». Una combinación de conocimientos y emociones que, en el caso de la ESO y más allá «se debe cuidar especialmente la inteligencia emocional para potenciar el pensamiento crítico sin descuidar el respeto a los demás».

Ámbito educativo y relaciones sociales

En este entorno descrito por la especialista, trastornos como el TDAH (Trastorno por déficit de atención con hiperactividad) o el TDA (sin hiperactividad), no sólo incumben al ámbito educativo, también a las relaciones sociales. Como destaca Pilar Gil Díaz, directora del Gabinete de Psicología ‘Terapia y emoción’, es esencial afrontar «un tratamiento multidisciplinar, ya que el TDAH no solamente abarca el sistema escolar, sino también el social, familiar, individual de la propia persona etc., y hay que poner el foco en cuidar de la autoestima».

Díaz añade la importancia (en esta y otras incidencias que ‘vigila’ la psicología educativa) de aunar terapia individual y familiar «con actividades como deporte, contacto con la naturaleza, talleres de habilidades sociales, etc.». Y destaca la importancia de la coordinación entre los profesionales académicos y los de la psicología -en el propio centro o externos- «y en aplicar adaptaciones en el día a día, como en el caso de los sistemas de evaluación, así como en ponernos todos los implicados en la piel de la persona».

De lo particular a lo general, las especialistas coinciden en subrayar la importancia de que lo que ya se está percibiendo en los centros educativos a la hora de contar con profesionales de la psicología educativa -más allá de los centros de orientación o del sentido común y buenas intenciones del profesorado- sea una tendencia al alza. Con más oportunidades para vidas más felices, preparadas para afrontar los desafíos cotidianos.

La psicóloga Silvia Álava aporta algunas claves en el proceso de formación personal:

Para familias y profesionales: Hay que pararse y observar, para reforzar la actuación en positivo. Mayor atención, mejores resultados.

  • En su justa medida: Sobreproteger implica #el peligro de educar a personas con riesgo de ser más infelices y, por lo tanto, menos protegidas.
  • Educar jugando: La ‘gamificación’ sirve para trabajar la memoria, la planificación, para fomentar la curiosidad… sin descuidar la cultura del esfuerzo.
  • No bajar la guardia: Para las familias y profesionales: hay que pararse y observar para reforzar la actuación en positivo. mayor atención, mejores resultados.
  • Psicología para profes: El 38,4% de los docentes cumple criterios diagnósticos de depresión (Estudio de Éxito educativo, Educar es todo y Udima).

FUENTE: ABC.es

¿Qué es el Síndrome del «Momento Perfecto»?

Las mujeres somos más propensas a la comparación social, lo que provoca que disfrutemos menos de lo que tenemos y nos fijemos más en lo que muestran los demás, esta sensación tiene un nombre.

A poco que se pasen unos minutos viendo Instagram o TikTok, aparecen en la pantalla del móvil familias felices haciendo viajes inolvidables con hijos sonrientes (a veces incluso adolescentes); personas cocinando sin que se les pase la cebolla; grupos de amigas, siempre guapas y vestidas muy a la moda, riéndose a carcajadas y cenando en restaurantes monísimos; parejas de novios que se demuestran acaramelados su mutuo amor, fiestas de cumpleaños con una maravillosa decoración…. Se trata de escaparates difíciles de superar… y fáciles de comparar con la vida que uno realmente tiene.

Un persistente estado de insatisfacción

Pues bien, pasar tiempo comprobando que los demás, aparentemente, son más felices que quienes escrutan la pantalla con tanto interés es una labor de la que no todo el mundo sale indemne. Hay personas a quienes afecta hasta el punto de provocarles lo que se ha dado en llamar síndrome del ‘Momento Perfecto’ y que les supone un persistente estado de insatisfacción.

Aunque lo primero que hay que dejar claro es que no está incluido en el manual de trastornos psiquiátricos (DSM 5), y que apenas hay estudios sobre ello, los expertos sí han observado un aumento de este tipo de expectativas de lo que significa ser feliz. Lo que Pilar Conde, psicóloga y directora técnica de Clínicas Origen, denomina «creencias vinculadas a las expectativas asociadas a los ideales de la felicidad por alcanzar». Es decir, las personas piensan que van a encontrar la felicidad cuando vivan esos momentos perfectos que contemplan en redes sociales.

Ansiedad, frustración, tristeza…

La realidad es que, continúa Conde, «esas expectativas creadas distan de la realidad cotidiana de las personas». Lo que provoca «altos niveles de frustración» al tiempo que «se pierde el disfrute de las experiencias reales que sí vivimos». Silvia Álava, doctora en Psicología y experta en salud y educación, incide en este último asunto: «En lugar de fijarnos en lo que sí tenemos, estamos fijándonos en lo que no tenemos, y eso nos impide disfrutar del momento. Esto sucede a pesar de que sabemos que el bienestar emocional está muy ligado a disfrutar de las pequeñas cosas del día a día, y no a los grandes acontecimientos que se salen de lo cotidiano. Esta es la razón de que el síndrome del momento perfecto pueda generar emociones desagradables de ansiedad, frustración y tristeza».

La psicóloga Silvia Álava, autora del libro '¿Por qué no soy feliz?'

Cierto que este tipo de emociones, lo que se llama comparación social, ha existido siempre. Pero con la llegada de las redes se ha incrementado en cantidad e intensidad porque «nos pone esa comparación social en bandeja. A través de Instagram o TikTok nos están mostrando continuamente lo que tienen y hacen los demás. Con el agravante de que no muestran la realidad, muestran lo que el dueño del perfil quiere proyectar. Vende el escaparate de su vida, su mejor producto y su mejor versión», afirma Silvia Álava. «Tú tienes toda la información de tu vida, los momentos buenos, los malos y los regulares. Sin embargo de la vida de los demás solo tienes la información que ellos quieren transmitir y que es siempre positiva»: el momento perfecto, ese que ellos tienen y tú no.

Adolescentes y jóvenes

Hay dos perfiles especialmente vulnerables a caer en esa continua insatisfacción. Por un lado los adolescentes y los jóvenes «debido al momento evolutivo en el que se encuentran, en el que tienen que construir su propia identidad personal, tomar conciencia de sus capacidades, sus fortalezas y sentirse seguros con ellas. Y la exposición de los ideales a la que se ven sometidos es un factor de riesgo», asegura Pilar Conde. Pero también lo son las mujeres, por varias razones: «Nos encontramos en un momento social en el que a la mujer se le exige éxito laboral, belleza, maternidad… Todo eso ejerce un sistema de presión significativo si no se gestiona de manera adecuada». 

En este sentido, Silvia Álava añade: «Las mujeres somos más sensibles a la comparación social. No solo nos comparamos más, sino porque tenemos una mayor presión por hacerlo todo bien, lucir perfectas, tener un buen cuerpo, no envejecer… Todo esto nos hace pensar que lo que tenemos no es todo lo perfecto que nos gustaría».

Sí, esta insatisfacción se puede prevenir

Seamos sinceras, hoy en día es complicado no caer en la trampa de mirar (en realidad cotillear, pero con permiso) lo que hacen los y las demás a través de Instagram. A pesar de ello, las expertas recomiendan controlar el tiempo que se le dedica y, sobre todo, «reducir la exposición a vidas idílicas», dice Pilar Conde. «Vivir el presente experimentando lo que nos va sucediendo, sin juzgarlo, simplemente viviéndolo de manera consciente. Abandonando los deberías y las auto exigencias», concluye la directora técnica de Clínicas Origen.

Silvia Álava insiste en la importancia de «poner el foco en lo que sí tenemos y agradecerlo, porque está demostrado que es uno de los mejores proyectores de la felicidad y que nos ayuda a mejorar nuestro bienestar emocional. Tratar de valorar lo que tenemos, de ser auto referentes. Es decir, ser conscientes de que no me hace falta lo que tienen los demás porque yo soy consciente de lo que yo tengo, de lo que yo valgo. No se puede vincular el estado emocional ni la felicidad a lo que se tiene». Y añade: «También es clave trabajar la flexibilidad para que cuando las cosas no salgan como nos gustaría, como creemos que deberían salir, tener la capacidad de adaptarnos y de gestionar esa frustración.»

FUENTE: 20minutos.es

¿Cómo desconectar en vacaciones? Podcast del espacio Paz Mental

¿Cómo hacer para que estos días de vacaciones no sean simplemente días libres y realmente nos sirvan para desconectar?

No dejando que las cosas sucedan sin más, sino trabajando para conseguir incrementar nuestro bienestar emocional en las vacaciones, haciendo todas aquellas cosas que la evidencia científica nos dice que son útiles para incrementar nuestro bienestar emocional.

Se trata de aprender a ser proactivos es decir, de qué forma podemos tomar decisiones que afecten positivamente en nuestra vida, en qué cosas tenemos control para dirigir nuestra vida.

Las vacaciones ayudan y mucho, dado que: los horarios se relajan, ya no somos esclavos del reloj, no hay que poner el despertador… las responsabilidades laborales se relajan… todo eso hace que sea más fácil sentir emociones agradables en vacaciones, sin embargo, si realmente queremos conseguir que esta semana santa nos sirva para desconectar hay que ser proactivos en el cambio y hacer cosas para cada día sentirnos mejor.

Acuérdate que las vacaciones te ofrecen «Un tiempo para cuidarte»

  • No olvides cuidar de tu alimentación pero también puedes darte algún placer con la comida, disfruta de la gastronomía de los sitios que visites.
  • Aprovecha para dormir el tiempo que necesites, también puedes disfrutar de la siesta, intenta descansar sin preocupaciones.
  • Practica algo de ejercicio físico al día, nadar, montar en bici, pasear al aire libre. El ejercicio te reportará salud, energía y vitalidad.

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Aprende a decir No. Nuevo vídeo

Ya hemos hablado en otros programas en esta sección de Paz Mental, de la importancia de ser asertivos, de saber decir que no, pero no siempre es fácil y nos surgen muchas dudas de cómo hacerlo. ¿Es fácil decir que no? ¿Cuál es el o que más nos duele?

“El NO que más nos duele es el que no llegamos a pronunciar”, por eso es importante aprender a decir que NO. En la vida es importante aprender a poner límites a los demás. Cuando decimos que Sí a todo lo que nos piden los demás, sin querer hacerlo, nos estamos diciendo NO a nosotros mismos.

¿Por qué nos cuesta tanto decir NO?         

Proyecto SHIELD. Familias ciberinformadas

¡Apunta la fecha en tu calendario y prepárate para descubrir más sobre cómo podemos acompañar a los y las menores en un uso positivo, responsable y seguro de la tecnología! El jueves, 21 de marzo, te invitamos al evento “Proyecto SHIELD: Familias ciberinformadas“, un encuentro online imprescindible para padres, madres y tutores comprometidos con el bienestar digital de sus hijos e hijas.

A lo largo de este evento, abordaremos temas como:

  • Los riesgos a los que se enfrentan niños y niñas al utilizar la tecnología.
  • Estrategias para que padres y madres acompañen a sus hijos e hijas hacia un uso seguro y responsable de la tecnología.
  • Los controles parentales y su importancia.
  • El papel transformador de la tecnología en la educación.

Este evento es una iniciativa de Fad Juventud y Disney, y cuenta con el apoyo de Google.org,

Síguelo en directo en este enlace:

El síndrome de la madre perfecta

Más maternidad y menos culpa: La culpa de la mamá o por qué la maternidad nos da sentimiento de culpabilidad

Por Fabiola Hernández Pérez, Periodista y editora

Dile adiós al síndrome de la madre perfecta – Más maternidad y menos culpa. ¿Por qué será que la culpa está tatuada a fuego al ser madres? ¿Cuándo dejaremos la culpa de la mamá o por qué la maternidad nos da sentimiento de culpabilidad? Nuestros especialistas Ares González, maestro y formador, Silvia Álava, psicóloga y Lucía Galán, pediatra, te responden y te dan sus mejores tips.

Más maternidad y menos culpa – ¿Qué es el síndrome de la madre perfecta?

El síndrome de la madre perfecta es el que se le exige a las madres y no a los padres. ¿Qué se les exige? que sean perfectas, que lo hagan todo bien, que lo resuelvan todo y que se encarguen de todas las cosas. Y esto genera una carga en la mujer que no le corresponde porque es una carga que tiene una corresponsabilidad con el hombre o con la pareja.

Y entonces, no se habla nunca del síndrome del padre perfecto porque realmente ese papel recae sobre las mujeres. Entonces, ¿eso qué genera en la mujer? Agobio, estrés, malestar y la sensación de cumplir con las exigencias de la gente, lo cual no les permite disfrutar de la crianza, porque si disfrutamos de ella en el día a día entonces vamos a estar bien.

Hazte una pregunta: ¿Qué nos queda si no disfrutamos de nuestros hijos? ¿Qué es lo que los niños realmente necesitan de sus padres? Podemos decirte que son 6 puntos, estos van a determinar cómo está tu hijo o tu hija y no se pueden comprar ni sustituir. 

Aquí esos 6 puntos que son básicos:

  1. La presencia. Esto se relaciona con el tiempo que vas a estar en tu casa, la calidad de ese tiempo que vas a estar con tu hijo o con tu hija y también cómo te vas a relacionar.
  2. Los cuidados. Aquí se engloban claramente el sueño y la alimentación, que son dos temas críticos en el desarrollo de cualquier persona. Aquí hay que invertir, porque un niño que duerme y come bien es un niño que todo lo demás va a estar bien.
  3. La autonomía. Saber cómo vas a desarrollar la autonomía en tu hijo para que el día de mañana sea autosuficiente.
  4. Los límites. Hay que tener una claridad sobre cómo vas a trabajar los límites y por qué son importantes.
  5. Los espacios adecuados. Este es un punto muy importante porque los niños y niñas necesitan que permitamos que puedan ser tal y como son, ya que viven constantemente en un mundo de adultos en el que les exige lo que tienen que hacer: ‘siéntate aquí’, ‘pónte allá’ o ‘no hagas esto o lo otro’. Necesitas crear espacios, tiempos y posibilidades para que los niños y las niñas estén bien.
  6. El bienestar familiar. Es el último punto y que suele ser el más olvidado cuando hablamos de crianza. Una familia tiene diferentes integrantes y para que estemos bien tenemos que estar todos bien o con un umbral de bienestar general, dejando atrás el estrés.

¿Por qué sentir culpa al ser madres o padres?

Lo primero que hay que entender es que esto es un proceso en el que estamos aprendiendo y que los padres se van a equivocar constantemente. Va a ser un proceso de aprendizaje y lo que va a enriquecer que esto sea un proceso maravilloso es que vamos a seguir mejorando poco a poco y vamos a maravillarnos de la persona que tenemos delante y que estamos cuidando y educando.

Justo de ahí viene la culpa: de no ser ‘suficientes’ y si a eso le sumamos que seguimos con una adaptación de la Pandemia, esto supone todo un reto. Incluso la Organización Mundial de la Salud (OMS) determinó que esta ansiedad específica sea llamada ‘fatiga pandémica’, sin embargo, es normal que las madres estén superadas por la situación de la misma Pandemia.

Demandante y cansada

No mentiremos: la crianza es muy muy demandante y también es muy cansada porque entre otras cosas se duerme bastante menos y además las emociones son demasiado intensas. Ahora bien, si en determinado momento tienes esa sensación de que esto te supera o crees que no puedes más, lo primero que tienes que saber es que es completamente normal.

¡Sí! Sentirte rebasada es de lo más normal. A partir de ahí sí que tenemos que analizar y decir: ‘¿qué cosas puedo hacer para mejorar?’, porque quizá lo que podemos hacer es tratarlo más desde el realismo y desde entender que hay una época en la vida que vamos a estar más cansadas. También va tener mucho que ver el cómo nos estamos hablando y cuál es el tipo de discurso que estamos haciendo.

Por ejemplo si ahora estamos en esa fase de ‘es que no puedo más’, ‘esto ya no va conmigo’ o ‘no es como lo imaginé’, hay que pararnos por completo por un momento. Aquí el énfasis es que todo es normal, porque tienes un bebé o porque tienes un trabajo, con lo cual es normal estar cansada, así que hay que ver qué nivel de exigencia tienes puesto en ti misma y en los demás y a partir de ello trabajarlo.

Deja de tratar de ser la madre perfecta porque ¡no existe!

Muchos expertos, la mayoría con casi 20 años de profesión, jamás han visto a una madre perfecta, así que esto forma parte del proceso. La perfección no existe, ni en nosotras como madres, ni en los padres, ni en nuestros propios hijos. Con lo cual desear llegar a esa perfección inexistente no solamente no es real, sino que además no nos sienta bien.

¿Qué hacer con el sentimiento de culpa entonces? Primero, parar a la reflexión, hacer un análisis objetivo de la situación y descubrir el porqué estás cansada. A partir de ahí, debes hacer espacio para tus cosas, quizá tomar un baño relajante o si estás en ese momento de la ducha simplemente pararte y ser consciente de cómo cae el agua y detenerte a disfrutar.

Maravillosamente imperfectas

Todas somos madres maravillosas, maravillosamente imperfectas y aprendemos sobre la marcha, muchas veces de aprender sobre tus errores, va de coleccionar momentos porque al final te das cuenta de que lo que nos llevamos de esta vida: momentos, instantes, personas… Las cosas verdaderamente importantes son muy poquitas y a veces las pasamos por alto.

La vida es cambio, la vida improvisa y nosotros con ella. Por lo que la felicidad en buena parte depende de esa capacidad que tengamos de improvisar. Finalmente, jamás pierdas tu identidad para convertirte en ‘la mamá de…’, porque antes de ser madre eres mujer que busca su bienestar. Solo sigue estas recomendaciones y notarás que las madres no somos perfectas:

  • Tus hijos necesitan verte bien y disfrutar. Y eso se hace cuando no abandonas parte de ti misma. Eres madre y eso es una experiencia maravillosa y lo puedes hacer.
  • Debes conciliar el trabajo y la vida personal. Si solo estás centrada en el trabajo, puede ser que te pierdas momentos con tus hijos. Ningún empleador debe obligarte a estar más allá de lo que estipula tu contrato.
  • Recuperar a la pareja. Porque es quien lo resiente cuando empezamos a centrarnos siempre en los hijos, es importante conciliar las necesidades tanto de unos como de otros. Porque va pasando el tiempo, va pasando el tiempo y no haces nada que realmente se llene más allá de ser madre o padre que es algo que nos llena profundamente.

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