Educación en valores y más tiempo en familia. Intervención en Código Samboal

Intervención en el programa Código Samboal, donde comentamos algunos de los consejos para contrarrestar los acontecimientos de acoso escolar y sexual que están saliendo a la luz en los últimos días.

El aumento del bienestar educativo pasa por una disminución del acoso escolar

Os comparto el artículo de El Economista tras mi participación en la jornada organizada por KiVa y Macmillan Education para exponer técnicas de prevención contra la problemática.

En el marco de su compromiso por luchar contra el Acoso Escolar, Macmillan Education ha celebrado el evento «Familia y escuela, la clave para la prevención del acoso», que tiene como principal objetivo educar a las familias en las más innovadoras técnicas para la prevención del acoso escolar, contribuyendo a una mejora de la convivencia en las aulas españolas.

Este evento ha contado con la participación de expertos de primer nivel, especializados en la prevención de esta problemática, entre los que se encontraba Silvia Álava, doctora en psicología clínica y de la salud, psicóloga sanitaria y educativa, además de especialista en psicoterapia.

La importancia de la confianza y el respeto

Álava ha basado su discurso en la importancia de trabajar la confianza y el respeto entre los más pequeños, así como estar alerta ante algunas señales por las que se puede identificar una situación de acoso por parte de las familias y los centros educativos.

«Poder trabajar en un clima en el que se respire confianza desde que los alumnos son pequeños, ayuda a que puedan expresarse si están involucrados en este tipo de situaciones en el centro educativo o fuera de este», declara Álava.

Este es uno de los pilares en los que se trabaja desde los centros KiVa. Para que el bullying se minimice lo máximo posible es necesario involucrar a todos los agentes intervinientes en el desarrollo cognitivo y comportamental de los alumnos. Es por ello por lo que, el programa sitúa en el centro de sus acciones la colaboración y comunicación constante entre familias y centro escolar.

KiVa logra reducir en más de un 8% los casos de acoso

Según el último informe presentado por Mutua Madrileña y Fundación ANAR, el 15,2% de los estudiantes españoles fue víctima de acoso el pasado año. Los datos que se desprenden del informe elaborado por Macmillan Education, tan solo el 7% de los alumnos matriculados en centros que han implantado el programa KiVa contra el acoso escolar han sufrido esta problemática.

Estas cifras ponen de relieve la eficacia del programa, que consiguió reducir la incidencia del acoso en más de un 8% durante 2021. Desde Macmillan Education apuntan al bullying como uno de los principales problemas del sistema educativo, ya que el 2% de los alumnos encuestados en su estudio reconocieron abiertamente haber acosado a otros más de 2 veces al mes durante ese año.

KiVa, el programa finlandés de prevención del acoso escolar

Para minimizar el número de casos de acoso escolar en las aulas españolas, Macmillan Education trabaja activamente hacia la mejora de la convivencia con el programa de prevención del acoso escolar KiVa, desarrollado en la Universidad de Turku, en Finlandia y que persigue educar y sensibilizar a toda la comunidad educativa de alumnos, familias y docentes sobre la dinámica del acoso escolar y sus diferentes tipos de acoso (verbal, físico, ciberbullying) dando herramientas para detectarlos de manera temprana.

KiVa está ya presente en más de 100 colegios de toda España en castellano, catalán y euskera, trabajando para atajar esta problemática y haciendo hincapié en la importancia de construir una conciencia grupal para todo aquel que forma parte del ecosistema escolar. Con ello, el 96% de los estudiantes de cuarto a sexto de primaria perciben que cuentan con un programa que les apoya en este sentido y un 97% de los que cursan educación secundaria cuentan con nociones acerca del mismo. Estos datos implican un efecto significativo en el bienestar y la convivencia escolar.

El programa ha sido evaluado en un ensayo realizado a 30.000 alumnos y los resultados reflejan que el 98% de las víctimas participantes en conversaciones con los equipos KiVa de las escuelas sintieron que su situación había mejorado, reduciendo así drásticamente los casos de acoso detectados.

Además, este programa ha estado implementado en el 90% de las escuelas finlandesas y ya está presente en países como Suiza, Holanda, Reino Unido, Alemania, Francia, Bélgica, Italia, Suecia o Luxemburgo.

FUENTE: eleconomista.es

15 mayo Día Internacional de las Familias

El Día Internacional de las Familias se celebra el 15 de mayo de cada año, con el fin de concienciar a la población sobre el papel que tiene la familia en la educación y la formación de los hijos desde la primera infancia, así como fomentar los lazos familiares y la unión familiar.

En el año 1994 la Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó este día oficial, tomando en cuenta que la familia es el núcleo central de cualquier sociedad.

Desde entonces, el Día Internacional de las Familias representa una fecha emblemática para resaltar el valor de la familia a nivel mundial. De ella depende que los seres humanos logren integrarse de manera sana y completa en su entorno y de esta manera alcanzar niveles de convivencia, donde se respeten las reglas y normas que rigen a la sociedad.

Naciones Unidas se centra este año en las megatendencias y su impacto en las familias

El trigésimo aniversario del Año Internacional de la Familia, 2024 (AIF+30), se centrará en las megatendencias y su impacto en las familias. Poner el foco en megatendencias como el cambio tecnológico, la migración, la urbanización, una población en crecimiento y el cambio climático, facilitará el análisis de sus repercusiones en la vida familiar y la recomendación de políticas orientadas a la familia para aprovechar los aspectos positivos de estas tendencias y contrarrestar sus efectos negativos.

El impacto del COVID-19 en las familias

La pandemia de COVID-19, que empezó siendo una crisis sanitaria, ha tenido consecuencias inusitadas en la economía, la educación y la nutrición, entre otros ámbitos de la vida, y ha afectado negativamente a la organización de los cuidados, la conciliación de la vida laboral y familiar, la igualdad de género y otros aspectos de la vida familiar.

LEA EL INFORME

Niños enfadados y con dificultades de aprendizaje a causa de la pandemia

La crisis sanitaria y las restricciones han impactado en la salud metal de casi la mitad de los niños españoles.

Por Sefi García

Dos años de pandemia han hecho mella también en la salud mental de nuestros pequeños. Los niños están más tristes (aumento del 31%) y más enfadados (un incremento del 57%). Han vivido en una burbuja cerrada y eso ha provocado que hasta un 33% ha visto empeorada su capacidad para relacionarse con las personas y un 40% ha disminuido su capacidad para controlar sus propias emociones. Eso sí, los datos del estudio realizado por la fundación “crecer jugando” demuestra que les ha hecho mas fuertes.

Nadie ha sido capaz de adaptarse tan bien a los cambios que en nuestra vida produjo la crisis sanitaria como los más pequeños.

Vivieron durante meses compartiendo metros solo con su familia directa, sin salir al parque, sin poder ver a sus amiguitos. La profe era una imagen en una pantalla de ordenador. No hubo quejas. Si acaso algún momento de agobio, alguna rabieta más que justificada por el encierro. No hubo quejas pero sí consecuencias. La pandemia nos ha dejado niños más tristes y más enfadados. Los chiquitines son más agresivos en el cole y hablan peor. Los que ya están en edad de aprender a leer y escribir, van retrasados. Duermen peor y tienen más miedos. Pero ese encierro loe ha ayudado a entender mejor las emociones y los sentimientos. Ahora el foco está en volver a socializar, sobre todo a los más pequeños.

Las alarmas

Sagrario Peña es maestra. Nos cuenta que la vuelta a las aulas supuso una alegría enorme para los pequeños, pero se han encontrado con sorpresas preocupantes. Lleva muchos años de profesión y nunca había detectado ciertos comportamientos. “ Cuando volvieron a las aulas los niños de 3 años, los que se incorporan por primera vez al cole-explica la maestra- tenían conflictos entre ellos más frecuentes que nunca, había manotazos, patadas, mordiscos, que no habíamos visto antes con esa frecuencia, e intensidad”. Están convencidos de que “el hecho de que los niños tuviesen menos interacciones sociales y con un grupo de personas más reducido ha influido en no tener la experiencia de aprender y aplicar los estereotipos sociales para resolver conflictos”. También ha detectado que “el nivel de lenguaje también ha influido, respondían peor para solventar los conflictos porque llegaron con un lenguaje mas simple, por debajo de su edad”.

Otra alarma saltó en las aulas que acogen a niños de 5 y seis años, los que están al final del ciclo infantil y los que empiezan Primaria: la dificultad para aprender a leer y escribir. “ Hemos visto-insiste la maestra- que la lecto-escritura que se aprende con instrucción y en trabajo colaborativo, les costaba mucho más, y hemos tenido que intervenir de forma personalizada e individualizada”.

Los colegios se han puesto las pilar para ayudarles a ponerse al día y a gestionar las emociones, nos cuenta Sagrario Peña. En su centro van a crear una figura específica, van a designar a un profesor con ese cometido.

El 45% de los niños españoles se han visto afectados en su salud mental por la pandemia y las restricciones, según el trabajo que ha hecho la fundación “Crecer Jugando”. Hasta un 40% han crecido las emociones negativas de nuestros pequeños, que están más enfadados (un 57%), más tristes (un 37%) , duermen peor (un tercio) y 4 de cada 10 ha disminuido su capacidad para controlar sus emociones.

Aprender con otros

En los coles están haciendo una labor especifica para ayudarles a gestionar esas emociones negativas. “Tenemos que crear un clima de seguridad en la clase”, afirma la maestra y lo van a conseguir porque “miramos a los niños con los ojos del corazón”.

Los datos del estudio revelan también que los menores han reducido en un 70% el tiempo que pasan con otros niños, y que las actividades extraescolares y de ocio han disminuido un 27%.

Sagrario Peña afirma que “los niños necesitan de sus iguales, porque se aprende haciendo, se aprende haciendo, y se aprende con otro”. Por esta razón recomienda a los padres que “retomen las actividades sociales de sus hijos. En el colegio ya lo estamos haciendo, las excursiones, las extraescolares formativas, porque son muy necesarias”. Entiende la maestra el recelo de los padres pero les pide que “observen la conducta de sus hijos, porque los niños necesitan sentirse cuidados, queridos, y que nos cuenten, que le pongan palabra a eso que les pasa, a lo que sienten”.

Quedémonos con lo bueno

A pesar del terremoto emocional que ha supuesto para los niños, lo que nos ofrecieron las restricciones fue “una gran cantidad de tiempo”, nos cuenta la psicóloga Silvia Alava. “de tiempo de estar en familia, de juegos en familia, de hecho los niños lo echan de menos, pero también para estar solos jugando, dirigiendo su propio juego, reflexionando y pensando sobre su vida”. Es esa parte “de ir más despacio, la que debemos mantener- afirma la psicóloga autora del libro El arte de educar jugando-porque en el momento en el que nuestra vida ha vuelto a lo que era antes, hemos vuelto a las prisas, sin dejar espacios para el juego y la introspección personal”.

De hecho, el estudio realizado por la fundación “crecer jugando” destaca que 4 de cada 10 niños han mejorado su capacidad para entender emociones y sentimientos. Pero todo esto les ha removido y mucho.

Necesidades emocionales

Es momento, explica Silvia Álava, de atender sus necesidades emocionales, “ver lo que puede estar ocurriendo y como les podemos ayudar, porque los niños no tienen completamente adquirida la capacidad de regulación emocional, por eso tenemos que seguir pendientes de cómo están y ayudarles a verbalizar lo que les está ocurriendo”.

Todavía no hay estudios sólidos para determinar como les puede impactar en su futuro adulto la situación que han vivido. “Por eso-asegura la psicóloga- es tiempo de prevención”.

El informe señala como posibles consecuencias la dificultad de relacionarse con amigos y familiares, que puede afectar al 34%, el impacto en el bienestar emocional, que tienen en riesgo el 42%, y la calidad de vida, que puede empeorar para el 38%.

Fuente: cope.es

Cómo sustituir castigos por consecuencias: 6 ejemplos prácticos

Casos en los que se puede sustituir un castigo desproporcionado a los hijos por una consecuencia lógica

Por Alicia Mendoza Martín

Cada vez más, padres y madres apuestan por una crianza sin castigos. Se suele pensar que este tipo de educación está libre de normas, de límites y de consecuencias. No es así. Los actos que cometen tanto los niños como los adultos conllevan ciertas consecuencias.

El objetivo de aplicar consecuencias ante sus actos no es hacerles sentir mal, ni imponer una pena desproporcionada e ilógica como hace el castigo, sino que el objetivo es hacerles entender poco a poco que sus actos siempre tienen consecuencias sobre los demás. Las consecuencias buscan un aprendizaje, los castigos son solo punitivos.PUBLICIDAD

Como ya te contábamos en este artículolas consecuencias pueden diferenciarse en naturales o en lógicas. Las naturales son aquellas que suceden por una causa-efecto natural. Por ejemplo, si nuestro hijo no hace los deberes, la consecuencia natural es que al día siguiente no los va a llevar hechos al cole. En las consecuencias lógicas intervenimos los padres para guiarles y ayudarles a reflexionar sobre sus actos. Para poder aplicarlas, deben cumplir estos puntos:

  • Han de estar relacionadas con la conducta que queremos corregir.
  • Tenemos que haberlas comentado y llegado a un acuerdo antes con el hijo.
  • Han de ser respetuosas con ellos.
  • Han de ser proporcionadas a la conducta que se quiere corregir.

Aunque mediante nuestra intervención los hijos van a ir aprendiendo y asimilando sus conductas, debemos acercarnos a la raíz del problema más allá de aplicar consecuencias lógicas. ¿Por qué nuestro hijo tiene esa emoción? ¿Tiene sus necesidades cubiertas? ¿Por qué expresa su rabia, por ejemplo, contestándonos mal?

Os dejamos con algunos ejemplos prácticos donde podemos sustituir un castigo desproporcionado por una consecuencia lógica.

1. ¿Qué consecuencia lógica podemos aplicar cuando nuestro hijo pequeño da una mala contestación, con mal tono o se enfrenta a nosotros?

Desde la infancia hasta la adolescencia nos encontramos a veces que nuestros hijos nos contestan mal, nos insultan o quieren enfrentarse a nosotros. Puede que quizás se nos venga a la mente que ante esta falta de respeto debemos mandarles directamente a su cuarto castigados. Pero podemos hacerle ver que hay que cambiar esos malos gestos desde las consecuencias lógicas de sus actos.

Silvia Álava, psicóloga infanto-juvenil, nos cuenta que podemos plantear a nuestros hijos que al habernos tratado mal, como consecuencia no nos apetece estar con ellos durante un ratito. “Tienes que entender que ahora mismo y durante un ratito, no me apetece hablar contigo porque me has insultado y no me has tratado con respeto. Entiende que yo necesito un espacio para que se me pase”, nos cuenta Silvia sobre cómo abordarlo con ellos. Es posible que, si nuestro hijo está enfadado, no reaccione ante nuestras palabras. Por eso, debemos darles tiempo también a ellos para que se calmen y puedan entender nuestra perspectiva.

Asimismo, les podemos plantear una comparativa para que entiendan el daño que nos ha hecho al faltarnos al respeto. “Imagínate que un amigo en el colegio te trata mal, te empuja y te pega. Luego te dice: vente a jugar conmigo. ¿Te apetece jugar con él? No, verdad. Necesitas un tiempo hasta que se pase y te pida perdón”, ejemplifica Álava. De esta forma, permitimos que los hijos reflexionen sobre sus actos y como nos dice Álava, que “vayan aprendiendo la dinámica del mundo, las reglas no escritas de la sociedad”.

2. ¿Qué consecuencia lógica podemos aplicar si les digo de hacer algo, lo repito mil veces y no lo hacen? (Si no hacen sus deberes, si no se quieren duchar, si no recogen su habitación…)

Nos habremos encontrado en esta situación. Les decimos a nuestros hijos: “Cariño, ¿puedes recoger tu habitación?” Pasa un tiempo y vemos que no lo ha hecho. O incluso se lo hemos repetido mil veces y no nos ha hecho caso. Si no hacen sus deberes, como consecuencia natural, al día siguiente irán a clase sin haberlos hecho; si no se quieren duchar, no irán limpios al día siguiente; y si no recogen su habitación, la tendrán desordenada y vivirán en un pequeño caos. ¿Cómo podemos actuar los adultos para que vayan aprendiendo que tienen que hacer sus tareas sin imponerles castigos?

Silvia ve que estos escenarios los podemos plantear así: podemos explicarles que, al no haber hecho la tarea que tenían pendiente, se les ha acabado el tiempo para hacer la tarea siguiente que tenían muchas más ganas de hacer (jugar, leer, ver la tele…). “Cuando yo te digo una cosa y no lo haces a la primera, ¿sabes lo que pasa? Que luego no nos queda tiempo para jugar, para poner la tele, para hacer algo juntos. Ahora no da tiempo, porque lo perdimos cuando lo gastaste no recogiendo la habitación, no queriendo ir a la ducha”. De esta manera, Álava explica que no se trata del “como no me has obedecido, te quedas sin la Tablet”, sino que es una consecuencia lógica por usar su tiempo de juego y de diversión en negarse a hacer las tareas: hemos usado todo el tiempo esperando a que recogieras la habitación y hoy no podremos jugar con la Tablet porque es la hora de dormir.

Nos explica la psicóloga que si sabemos que les cuesta realizar estas tareas (recoger, hacer los deberes…), vamos a poner otra más agradable tras ellas, y explicarles “desde la calma y la serenidad” que para hacer estas últimas nos tiene que haber dado tiempo a realizar las más duras antes. “Tiene que saber que tiene que tener los deberes hechos para que haya tiempo para la Tablet, para encender la tele…”. Al fin y al cabo, se trata de haber hablado con ellos antes y haber consensuado que, para que dé tiempo a coger los dispositivos electrónicos, se debe haber hecho las tareas antes.

Álava también señala que podemos usar la emoción de la sorpresa para que ellos vayan entiendo la lógica de sus actos. “¡Aaaaah! Pero si yo pensaba que esto ya no lo querías hacer, como no hiciste los deberes y teníamos muy claro que para hacer esto tenías que tener hecho los deberes…”

Asimismo, Álava remarca que, para que sea efectivo esto, en el día a día tenemos que prestar más atención cuando están haciendo una tarea que cuando no la están haciendo. Es decir, cuando decimos a nuestro hijo que recoja la habitación y lo hace, nosotros nos solemos ir a hacer otra cosa; por el contrario, cuando no quiere recogerla, nos quedamos ahí con él y le decimos “recoge”, “te he dicho que recojas”. Por eso, debemos poner nuestra atención más en positivo (nos quedamos con él cuando recoge su habitación) y no tanto en negativo (cuando no lo hace, no debemos prestarles la misma atención y repetirles mil veces “recógela”).

3. ¿Qué consecuencia podemos aplicar si pega a su hermano u a otro niño? 

Cuando un niño pega a alguien, esa otra persona, ya sea otro niño o un hermano, se va a sentir molesto, triste y dolorido. Lo primero que debemos hacer como padres es separarles y después les hablamos para que entiendan la situación en la que se encuentran. “A nadie nos gusta que nos peguen. ¿A ti te gustan que te peguen? No. Cuando tú pegas, es normal que tu amigo no quiera estar contigo”, ejemplifica Álava.

Es decir, la consecuencia lógica es que nuestro hijo no va a poder estar con su amigo durante un tiempo hasta que a la otra persona se le pase su emoción y pueda perdonarle. Si pega a su hermano, como padres y madres podemos decirle que se va a quedar un rato sin jugar con nosotros porque vamos a estar jugando con su hermano que está dolido y no quiere estar con él durante un tiempo.

Las consecuencias deben ir acompañadas con pedir perdón. “Perdonar implica que yo soy consciente de que te he hecho daño. Que no sea el pedir perdón porque así de esta forma ya te quitas las consecuencias, pedir perdón es para que aprendan cómo aliviamos el malestar de esa persona”, contempla Álava.

No hay que olvidar que los niños pequeños no tienen desarrollado por completo la parte de su cerebro que controla sus impulsos, por lo que es normal en su desarrollo natural que tengan impulsos de pegar o morder tanto a nosotros como padres y madres como a sus pares.

4. En cuanto a las pantallas, ¿cómo cambiar el castigo de “si te pasas de la hora, te quedas sin Tablet” a una consecuencia lógica?

Pongamos en situación que nuestro hijo ha estado con los videojuegos más de la cuenta o se ha quedado viendo la tele más tiempo del que tiene establecido.

Para que esto no vuelva a suceder, Álava señala que debemos explicarles claramente cuál es el horario de uso de las pantallas y su tiempo máximo. Asimismo, podemos avisarles cuando faltan cinco minutos para que estén con preaviso y sepan que deben dejarlo. “Y si se pasan de la hora, ahí sí que podemos decirles: confié en ti, tú me dijiste que lo ibas a apagar”. Es decir, en ese momento les explicamos nuestra emoción de decepción al ver que ha traicionado nuestra confianza. Como consecuencia, les podemos señalar que al día siguiente tendrán la Tablet, pero a su tiempo habitual se les restará el tiempo que estuvieron jugando de más.

5. ¿Y si suspende asignaturas por no haber dado un palo al agua?

Seguro que alguna vez hemos escuchado: hasta que no apruebes las asignaturas te quedas sin salir de casa, no vas a ver a tus amigos. Suena ilógico privar a alguien de necesidades como socializar por haber suspendido.

“No es lo mismo que haya sido un examen más difícil y no pasa nada por suspenderlo, frente al típico ‘bah, ya me lo sé’”, aclara Álava. Por eso, primero debemos averiguar junto a ellos por qué ha suspendido. En el caso de que nuestros hijos no hayan querido estudiar, les explicamos que van a tener que invertir más tiempo en sus estudios frente a lo que lo hacían anteriormente. Esto no significa privarle de hacer excursiones, tener vacaciones o salir con sus amigos, sino que se trata de invertir más tiempo de su día a día en estudiar. “No lo has estudiado cuando tocaba, ahora toca estudiarlo en el tiempo que tenías que hacer otra cosa. Si el hijo quiere coger la tablet, plantearle con lógica y coherencia: ‘no, a ti te toca estudiar más, ahora ese tiempo que estabas con las pantallas, lo tienes que invertir en estudiar’”, explica Álava.

6. Mi hijo se quita el cinturón o mi hijo me suelta la mano al cruzar. ¿Debo aplicar consecuencias o poner un límite?

Hay que hacer una distinción entre diferentes situaciones: las que conllevan peligro para el niño y las que no. Por ejemplo, en los momentos en los que nuestro hijo no quiere montarse en la silla del coche o quiere cruzar sin cogernos de la mano, reaccionamos, le damos la mano o le colocamos en la silla, y después les explicamos por qué es peligroso ir en el coche sin la silla o sin el cinturón. “Cuando tu vida corre peligro primero te salvo, y luego educamos”, señala Álava. Aunque nuestros hijos hagan pataletas y quieran ir libres, hay que establecer un límite muy claro que ellos también deben conocer. Con poca edad, la capacidad de razonamiento de ese niño o niña no está desarrollada, por lo que la explicación tampoco les servirá. Por eso, como sentencia Álava, “ante todo, protegerles ante estos peligros, aunque no les apetezcan darnos la mano”.

FUENTE: información.es

Finaliza la baja maternal. Y, ahora, ¿con quién dejo a mi bebé?

Esta es una de las dudas más frecuentes de las que nos asaltan a las madres y padres. Silvia Álava nos da siete claves para que encontremos la respuesta.

Aunque en los últimos años se han ampliado los permisos de maternidad y paternidad, cuando nuestros hijos cumplen aproximadamente 8 meses, tenemos que reincorporarnos al trabajo. En esta situación tenemos que decidir cuál de las opciones disponibles es mejor para nuestro bebé: si apuntarle a la escuela infantil o dejarle con un familiar o con alguien a quien podamos tener en casa.

Existen muchas dudas sobre qué implica cada una y los beneficios que les pueden aportar a los bebés.

¿Las escuelas infantiles pueden potenciar la socialización y las capacidades psicomotrices de nuestros hijos, o es mejor que estén con cuidados exclusivos con un familiar de confianza o, incluso, si podemos permitírnoslo, con alguien formado que podamos tener en casa?

Estas y otras dudas nos las resolvió la psicóloga Silvia Álava en un webinar en directo en el que, además, nos dio claves a tener en cuenta a la hora de realizar la elección.

CLAVES A TENER EN CUENTA A LA HORA DE TOMAR LA DECISIÓN

«Como todo en la vida, la respuesta a la pregunta si es mejor llevarle a la escuela infantil o dejarle con un familiar o alguien de confianza en casa, dependerá de nuestra situación familiar. No hay una respuesta correcta que valga para todas las familias», comenzaba diciendo Álava. Teniendo claro esto, habrá que tener en cuenta otras claves para tomar la decisión. Las repasamos:

1.Fuera culpa

De un día para otro, pasamos de estar 24 horas con nuestro bebé a tener que irnos al trabajo. «Esto nos genera un sentimiento de culpa tremendo que tenemos que trabajar. Porque si tomamos decisiones desde un sentimiento tan negativo como es la culpa, perdemos la objetividad y no vamos a ser capaces de ver cuál de las opciones que se nos plantean es la más acertada para nuestra familia», nos dice Álava.

«La decisión perfecta no existe. Todas tienen sus puntos fuertes y sus puntos débiles, y esto es algo que tenemos que asumir desde el principio».

Silvia Álava, Psicóloga

2.La decisión perfecta no existe

De la misma forma que Álava nos recordaba que cada familia tendrá que valorar cuál es la mejor opción para ellos concretamente, también nos quiso dejar claro que la decisión perfecta no existe: «Todas tienen sus puntos fuertes y sus puntos débiles, y esto es algo que tenemos que asumir desde el principio».

3.Confianza

Álava nos decía que la persona o las personas que vayan a quedarse con nuestro bebé deben ser de absoluta confianza. «Esto en el caso de dejarle en casa con un familiar es más sencillo, pero en la escuela infantil también tenemos que aspirar a esto». ¿Cómo? Informándonos bien del centro al que vamos a llevar a nuestro bebé. «No podemos dejar a nuestro bebé con alguien que nos genere dudas, porque no va a salir bien».

4.Información

Aunque ya hemos dicho que la decisión perfecta no existe, para tomar la nuestra Álava nos recuerda que «la información es poder». Debemos buscar información, acudir a escuelas infantil y preguntar por sus metodologías. En caso de decidir contratar a una persona para que venga a casa, lo mismo, tener en cuenta su formación, preguntarle cómo actuaría en determinadas situaciones…

«Cuanta más información tengamos, mejores decisiones tomaremos».

Silvia Álava

5.Ofrecimiento voluntario

Una de las opciones a la que más familias recurren es dejar a los niños al cuidado de los abuelos. «Es una opción muy buena, puesto que la confianza existe, ellos ya tienen experiencia en el cuidado y la crianza de niños y, además, aumenta el vínculo entre ellos, pero ojo, y esto es fundamental, tienen que haberse ofrecido ellos», nos dice Álava. Es muy diferente que nosotros se lo pidamos a que ellos se ofrezcan. «La obligación de educar a nuestro hijo es nuestra, no es de los abuelos, por tanto, nunca se les debe imponer, porque la formula no funcionará».

Si aceptan, llega el segundo paso: «entender que no lo van a hacer como nosotros. Que los abuelos, a menudo, no tienen la misma forma de educar que nosotros. Podemos hablar con ellos, explicarles porqué para nosotros esto o lo otro es importante, pero si no llegamos a un entendimiento, tendremos que valorar otras opciones».

6.Los niños necesitan estimulación para desarrollarse

«Los seis primeros años de vida de nuestros hijos son clave para su desarrollo. Por eso debemos tomárnoslo en serio. Un niño, aunque no nos guste a nosotros, necesita parque, jugar al aire libre, ir descubriendo cosas, relacionarse con otros niños…». Esto no nos obliga a llevarlos a la escuela infantil, en absoluto, pero sí a tener claras cuáles son sus necesidades para cubrirlas.

7.Cuidado con los mitos

«Cuidado con esas ideas que nos llevan a pensar que tenemos que llevar a nuestro hijo a la escuela infantil porque, de no hacerlo, cuando llegue al colegio con 6 años lo hará en desigualdad de oportunidades o retrasado respecto a otros niños. Esto en absoluto es así», nos dice Álava.

FUENTE: elperiodico.com

«Los niños necesitan una vacuna emocional porque viven más tristes, más enfadados y juegan menos con otros menores»

Según el estudio «Salud mental en la infancia», los hijos discuten más con sus padres y ven menos a sus abuelos, tíos y primos. «Necesitan recursos para prevenir problemas de salud mental», apuntan los expertos

Laura PeraitaLaura PeraitaSEGUIR

La pandemia y las restricciones han afectado a la salud mental de hasta el 45% de los niños españoles. Así al menos lo asegura el estudio «Salud mental en la infancia» realizado por la Guía de AIJU, el Instituto Tecnológico de Producto Infantil y Ocio, y presentado con motivo del Día del Niño y de la Niña en España. El objetivo de este informe es ofrecer una serie de datos de la radiografía actual de los menores en nuestro país con el propósito de tomar las medidas pertinentes para prevenir el sufrimiento en la infancia. Y es que, tal y como apuntó Pablo Busó, coordinador del área de investigación infantil y pedagogía de AIJU, los estados de ánimo y las emociones de los niños después de la pandemia son hasta en un 40% de los casos más negativos.

Sigue leyendo el artículo en el diario ABC.

¿Qué es el sharenting y por qué deberías tener cuidado con las fotos que publicas de tus hijos?

Subir imágenes de menores a internet de manera indiscriminada entraña una serie de riesgos que es mejor tener en cuenta

IÑIGO FERNÁNDEZ DE LUCIO

¿Quién no ha abierto sus redes sociales y se ha encontrado con la foto de un bebé adorable? Una más de las que esa pareja amiga nuestra sube a Facebook e Instagram día sí, día también. Esa última foto es solamente una de las 1.500 que ese bebé tendrá publicadas en redes sociales antes de que cumpla 5 años. Así lo dice un estudio de realizado por la empresa británica Nominet. Es casi una foto al día.

Pero eso es en los primeros años de vida. Porque hay criaturas que tienen imágenes en las redes desde antes incluso de nacer. Según una encuesta de AVG, en diez países -entre ellos España- los padres de uno de cada cuatro niños publican imágenes de las ecografías durante el embarazo.

Como todos los conceptos relacionados con internet, esta práctica tiene su nombre en inglés: ‘Sharenting’, que viene de ‘share’ (compartir) y ‘parenting’ (paternidad). Y la pregunta es: ¿Es adecuado colgar tantas fotos de nuestros hijos en redes? La psicóloga educativa Silvia Álava advierte de que a menudo «se nos olvida la protección del menor, y eso incluye no estar sobreexpuesto en las redes». Algo que en estos casos no se cumple ni por asomo. Según el citado estudio de AVG, el 81% de los menores está en internet antes de cumplir los seis meses de edad.

«Muchas veces los padres no son conscientes del impacto que esas publicaciones puede tener en los hijos», sostiene Álava. «No saben si les va a gustar cuando crezcan ver que toda su vida ha sido reportada en redes y que todo el mundo sea consciente de cuándo ha estado malo, cuándo le salió su primer diente…». Esto mismo apunta un estudio de la universidad de Michigan, que alerta de que el 56% de los padres sube fotos de sus hijos que en el futuro podrían resultarles vergonzosas.

A juicio de Álava, ese torrente de publicaciones está más bien relacionado con el ego de los padres o, dicho de otro modo, con un «deseo de realización». «Muchas veces detrás hay un deseo de los padres de realización: utilizan a sus hijos para realizarse ellos, para conseguir ‘likes’ y seguidores», expone. «Esto es muy peligroso porque cuelgas a los niños una responsabilidad que no les corresponde».

«Lo que publicas escapa a tu control»

La situación ha llegado a tal punto que incluso la Agencia Española de Protección de Datos llevó a cabo una campaña de concienciación ante lo que advirtió como una banalización del uso que hacemos de nuestras redes sociales. Entre los consejos que ofrecía, el organismo advertía que «lo que publicas escapa a tu control siempre», por lo que «es posible que no seas consciente de cómo se están difundiendo las imágenes». Desde esa perspectiva, señalaba que «existen otras formas más seguras de compartir esas imágenes». Porque no es lo mismo mandar una foto del niño por el grupo de la familia, donde lo único que va a generar es un chorro de emoticonos, que colgarla en Facebook. «Cuando subes la foto dejas de ser el dueño», subraya Álava.

¿Qué hacer? La experta recomienda «responsabilidad» antes de subir un contenido. «Párate y piensa: ¿Es necesario?». «Los niños tienen que construir su propia personalidad, su propia identidad, su grupo… Y lo tienen que hacer en un formato analógico, no a través de las redes sociales». Es decir, como se ha hecho toda la vida. Porque, advierte Álava, «habría que ver qué influencia puede tener que tus padres hayan compartido tu vida desde el minuto 0». A fin de cuentas, son fotos que edulcoran la realidad, «y eso puede influir en el correcto desarrollo de su identidad». Por ello, «muestra tu vida pero sin mostrar la de los niños», zanja.

FUENTE: elcorreo.com

Cómo consigo que mi hijo se porte bien

Los malos comportamientos de nuestros hijos nos preocupan y desgastan, pero a la vez, sentimos que no tenemos herramientas para hacerlos frente.

La mayor parte de las conductas problemáticas se dan en los primeros años de nuestros hijos y lo paradójico es que como madres y padres nos empezamos a preocupar cuando son preadolescentes. Sin embargo, cuando echamos la vista atrás, nos preguntamos por qué hemos acudido a un profesional cuando tienen 12, 14 o 16 años. Sentimos que ya es demasiado tarde y no tenemos herramientas. Para hacer frente a estos primeros momentos de la infancia podemos contar con un diario de conducta, en este caso, de la mano de la psicóloga Silvia Álava.

Descargar: Registro Diario de Conducta

Si te preocupan y desgastan los malos comportamientos de tus hijos, aquí podrás descargar gratuitamente esta herramienta útil para cualquier problema o conducta que desees cambiar.  Puedes descargar el Diario de Conducta haciendo clic sobre la imagen de debajo.

¿Qué es y para qué sirve un registro diario de conducta?

El diario de conducta es un recurso que se suele utilizar tanto en el ámbito de la psicología como en el aula. En definitiva, es una tabla que nos permite observar los comportamientos de nuestro hijo y revisar cómo estamos reaccionando. Silvia Álava, en su libro “Queremos hijos felices”, nos recuerda que los niños aprenden por modelado, es decir, copian a sus figuras de referencia. Además, si tenemos en cuenta las bases de la disciplina positiva, los niños y los adultos buscamos la pertenencia al grupo y para ello, adaptamos nuestro comportamiento en función a nuestras creencias.

Este recurso permite entender el contexto donde se produce el mal comportamiento, a veces no somos conscientes de todo lo que ocurre a nuestro alrededor y lo que decimos. Cuando nuestra hija llora por las mañanas para ir al colegio porque quiere ir al parque de al lado, y aunque tratamos de explicarle que no puede, sigue llorando, quizá no nos paramos a pensar que podemos buscar una ruta alternativa para evitarlo. Como adultos, nos permite recuperar el control de la situación y ofrecernos una disciplina personal para parar, reflexionar y tomar consciencia del problema.

Cuando vivimos un conflicto con nuestro hijo o hija no nos damos cuenta de lo que ocurre, ni antes ni durante, pero cuando nos obligamos a escribir tenemos la posibilidad de revisar y observar. Puede que veamos que con nuestra reacción le estamos dando un matiz más grave al asunto y quizá, solo requiere de más paciencia u otra organización por nuestra parte. Por ejemplo, si hay conflictos durante el desayuno, quizá no nos percatemos de que el tiempo establecido para ese momento del día sea insuficiente para nuestros hijos, que con la edad que tienen les estamos poniendo la ropa, los zapatos o el desayuno, y que para hacerlo autónomamente necesitan levantarse antes. En ocasiones, vemos las cosas desde un punto de vista adultocentrista y no desde las necesidades de los niños.

¿Cómo utilizo el diario de conducta?

La mayoría de las conducta problema pasan inadvertidas o no les damos la suficiente importancia. Por eso importante observar las conductas de nuestros hijos, sus emociones, qué le ha provocado ese malestar. Para ello contamos con esta herramienta: el diario de conducta. ¿Qué necesitamos para utilizarlo?

  1. La observación será nuestra principal herramienta de evaluación en las primeras edades.
  2. La información clara y precisa será crucial en nuestra intervención.
  3. La delimitación de las “conductas problema” será clave.
  4. Realizarlo, mínimo, durante una semana y observar cómo respondemos ante sus conductas. Después de este tiempo, veremos muy claro qué es lo que está ocurriendo. Evaluaremos la situación y nos daremos cuenta de cosas como que siempre terminamos cediendo cuando tiene una rabieta o que repetimos las cosas 17 veces y terminamos haciéndolo por él porque perdemos la paciencia.
  5. Escribirlo en el momento, no dejarlo para después. Si lo dejamos para más tarde es probable que se nos olviden detalles significativos. Cuando son pequeños y nos ven escribiendo es probable que se queden parados y no hagan nada. Se darán cuenta de esta dinámica, pero volverán a lo suyo otra vez. Si nos preguntan, con un escueto “estoy tomando notas”, es suficiente.
  6. Escribir todo lo que ocurre hasta que queda “resuelto” el conflicto. Por ejemplo: si el conflicto es que el niño ha comenzado a no tomar desayuno y llora todos los días, debemos escribir desde que se sienta en la mesa hasta que lo llevamos al colegio y queda extinguida la situación. En el cuadro debe estar incluido todo lo que ha pasado durante ese transcurso de tiempo.

En las edades más tempranas estaremos especialmente atentos a los primeros signos de falta de interiorización de las normas. Un signo crucial será el cambio repentino en la conducta o en el rendimiento escolar que muestra nuestro hijo, ahí nos está diciendo que hay algo que le está influyendo, pueden ser los amigos, algo que ha observado en casa o nuestros comentarios o actitudes hacia él.

Silvia Álava: “Si queremos que nuestro hijo cambie su conducta, el cambio debe empezar en nosotros”

EDUCACIÓN

Silvia Álava: “Si queremos que nuestro hijo cambie su conducta, el cambio debe empezar en nosotros”

Partes del diario de conducta

Cada vez que nuestro hijo o hija tiene un mal comportamiento que queremos cambiar debemos coger este recurso y empezar a escribir. La experta recomienda que seamos muy literales en nuestra redacción, debemos poner con exactitud lo que ocurre, hacemos, decimos, etc.

  1. Día y hora. Debemos poner la fecha y la hora.
  2. Situación.  ¿Dónde estamos, quiénes y qué hacemos? Por ejemplo: Estamos en casa, en el salón y los niños están jugando a la PlayStation. Nosotros estamos leyendo y es hora de hacer la cena y poner la mesa.
  3. Conducta problema. ¿Qué hace o dice el niño? Literalmente. Por ejemplo: “Déjame en paz, no me da la gana”, “¿eres tonta? ¡estaba jugando con mi Play!”.
  4. Respuesta de la madre, padre o persona presente. Literalmente qué hacemos o decimosPor ejemplo: “ya te he dicho que hay que hacerlo”, “me da igual si no quieres dejar la Play, hay que poner la mesa” A continuación, se la quito y volvemos a gritarnos: “¿por qué me lo apagas?”, “Porque te he dicho que ya no se juega más”, “Mamá, por favor, 5 minutos más”, “Te he dicho que no”… Como se ha mencionado anteriormente, hay que volver a redactar todo hasta que la situación queda extinguida.

¿Qué hacer después de una semana?

Tras una semana dejando por escrito lo que ocurre, es momento de sentarnos y leer. Siguiendo el ejemplo, quizá nos demos cuenta que siempre nos retan cuando hay que poner la mesa, que les dejamos jugar justo 10 minutos antes de ponernos a cenar, que no avisamos con el suficiente tiempo, que terminamos poniendo la mesa nosotros o que siempre les gritamos y no les damos opción a hablar. Como se ha mencionado anteriormente, nos da pistas sobre cómo reaccionamos y claves para ver por qué nuestro hijo se comporta así.

Tras este proceso de reflexión es posible buscar otras alternativas como: que necesita que le delimitemos mejor el horario de juego, hacer preavisos, asegurarnos que nos ha entendido o que le quitemos los mandos en silencio y le llevemos hacia la mesa. Sin duda no es un proceso que nos lleve al éxito inmediato, necesitaremos de ensayo y error para ajustar nuestra respuesta a las necesidades de nuestro hijo. Sin embargo, sí nos proporcionará claves para el mayor objetivo como madres y padres: no cometer los mismos errores y actuar cuando sea demasiado tarde.

FUENTE: elperiodico.com

Mi hijo no quiere ir al colegio. Razones que puede haber detrás.

Cuando los niños no quieren ir al colegio necesitamos saber las razones que se esconden detrás para poder ayudarles

Por Silvia Sánchez para Educar Es Todo

Cuando escuchamos a nuestro hijo decir “no quiero ir al cole”, pensamos que es un caso aislado y que se puede deber a la desidia por ir al centro. Cuando ya es algo reiterado y que implica un cambio en su comportamiento, es ahí cuando debemos prestar mucha atención. En este artículo trataremos algunas de las posibles razones que están detrás de la frase “no quiero ir a clase”.

CUÁNDO DEBO PREOCUPARME SI MI HIJO NO QUIERE IR AL COLEGIO

Somos las madres y padres de nuestros hijos, los observamos durante todo el día y convivimos con ellos. Sabemos cuándo están tristes, felices o cuándo ha ido algo mal. Esta es la primera herramienta que debemos utilizar para discriminar información: la observación.

Si nuestro hijo manifiesta que no quiere ir al colegio, pero observamos que está feliz, tranquilo, integrado y disfruta, podemos estar tranquilos, todo fluye con normalidad. Conocemos a nuestro hijo, si es un niño extrovertido que juega y se relaciona con el resto de compañeros, podemos relajarnos. Si por el contrario, es más tímido e introvertido, pero que tiene un grupo más reducido de amistades o que incluso, se acerca a niños cuando desea interactuar con ellos de forma sana, también podemos relajarnos.

Cuando debemos empezar a preocuparnos, o estar más pendientes de ellos, es en el momento en el que lo repiten de forma reiterada y hay un cambio en su comportamiento, por ejemplo, diciendo que se encuentran enfermos, estando más apático o triste.

ALGUNAS RAZONES POR LAS QUE NO QUIERE IR AL COLEGIO

No querer ir al colegio puede ser un tema de preocupación para muchas madres y padres, por lo que tendremos en cuenta algunas situaciones que pueden explicar su rechazo.

No quiere ir al cole, pero está contento

Incluso si se siente bien en el colegio, salir de casa puede suponer un gran esfuerzo. Amaya de Miguel, fundadora de Relájate y educa, nos explica en su libro “Relájate y educa” que esto suele ser algo muy frecuente en los niños. De la misma forma que a muchos de nosotros nos cuesta ir a trabajar cada mañana, a nuestros hijos, igual.PUBLICIDAD

La experta explica que esto puede deberse a la dificultad de separarse de nosotros. Tengan la edad que tengan, en casa se está mucho mejor que desarrollando nuestras responsabilidades. Ella nos aconseja no convencerlos de lo contrario diciendo que ir al colegio es estupendo, su sentimiento no va a cambiar por muchas explicaciones que les demos.

Lo que sí podemos hacer es darle la vuelta a la situación. Cada día, cuando vayamos a recogerlos, les podemos decir: “veo que tienes una gran sonrisa. Me parece que ha sido un buen día para ti, ¿es así o me equivoco?”. Cuando nos despidamos de ellos también les puede ayudar lo siguiente: “Sé que la despedida es difícil, también sé que cuando hoy te recoja vas a estar muy contento”. Amaya de Miguel menciona que a los niños les ayuda mucho contar cada día algo positivo, podemos decirles que cuando vayamos a por ellos nos deben decir algo bueno que les haya ocurrido.

Ella también nos propone dos acciones más:

  1. Llevar un objeto personal nuestra. Cuando les cuesta separarse de nosotros puede ser de gran ayuda que lleven un collar, un llavero o incluso un pañuelo. Así cuando nos echen de menos pueden tocarlo y no se sentirán tan tristes.
  2. Dejar una nota especial. Esta es una técnica que utiliza mucho Lucía, mi pediatra. Consiste en dejar una nota con el almuerzo y que lo lea cuando esté en el recreo o en clase. Puede ser simplemente decirles que les queremos, un chiste o un dibujo, no importa el contenido, para ellos será un regalo especial.

No quiere ir al cole, creo que está sufriendo acoso escolar

Sin duda alguna este es el momento que más tememos como madres y padres. En el curso de la plataforma Educar es todo “cómo mejorar la relación con los profesores“, Carmen Cabestany, fundadora de NACE, nos habla sobre cómo debemos proceder en el caso de que nuestro hijo o hija sufra bullying. Como educadora y experta, menciona que lo primero que tenemos que hacer es acudir al centro y poner la situación en conocimiento del profesorado y el equipo directivo para que pongan solución al problema de manera inmediata.

Natalia de Agustín, autora de “Resistiré” y víctima de acoso, relata que “en el momento en el que el menor regresa del colegio padeciendo episodios que se salen de la normalidad y se repiten. Los padres pueden detectar el acoso teniendo comunicación con el menor y observando su estado de ánimo. Es imprescindible crear un clima de confianza para que el menor pueda expresar lo que le sucede sin sentirse juzgado”. Para ella la clave reside en arropar al menor con ayuda profesional para recomponer el daño que ha sufrido, aquí la ayuda psicológica es necesaria.

Por su parte, la psicóloga Úrsula Perona propone que la prevención es la mejor herramienta contra el bullying. Desde los colegios es fundamental incorporar programas de prevención que incluyan la inteligencia emocional, la resolución de conflictos o las habilidades sociales.

Por supuesto, también tener tolerancia cero con la violencia, tanto desde casa como desde los centros educativos. Para eso es necesario tener unas normas y valores claras sobre la violencia, y saber trasladarlas al alumnado. Demasiadas veces toleramos en niños y adolescentes conductas que jamás toleraríamos en adultos. Por ejemplo: nunca consentiríamos que un compañero de trabajo nos insultara, nos zarandeara o nos gastara bromas pesadas. Tampoco que nos humillara en redes sociales.

Otro aspecto importante es tener protocolos claros de actuación en los colegios ante casos de bullying. Lamentablemente muchas veces los equipos docentes no saben bien cómo deben actuar ante un caso así.

Ha discutido con sus amigos y no quiere ir a clase

Puede que este sea otro de los motivos por los que no quiere ir al centro. No importa si es adolescente o no, a partir de los 7 años los amigos comienzan a ser personas importantes en sus vidas, por lo que una discusión les afecta al ánimo. La psicóloga Silvia Álava en su libro “queremos que crezcan felices”, expone la importancia de que los conflictos entre iguales los resuelvan ellos mismos, no nosotros. Eso sí, hace un apunte, siempre que sean de la misma edad y no mayores. A no ser que sea algo que se produzca de forma repetitiva, las madres y padres no debemos intervenir.

Cosas que podemos hacer madres y padres para enseñar a nuestros hijos a resolver conflictos con sus amigos:

  • Aprender a ceder y a negociar. Algo fundamental para nuestras relaciones sociales es saber que en ocasiones hay que ceder y en otras, negociar. Por ejemplo: “Ahora eliges tú a qué jugamos, pero luego me tocará a mí” o “Cómo antes has elegido tú, ahora me toca a mí elegir el juego”.
  • Aprender a controlar la envidia. La experta resalta este aspecto como algo fundamental para regular sus emociones y por supuesto, para evitarles muchos futuros conflictos. Como siempre, nosotros somos sus referentes. Debemos tener cuidado con quitar el mérito a amigos o terceras personas por sus logros. Lo positivo para ellos es ver cómo nos alegramos por el éxito de los demás.
  • Actuar bajo sus propios valores. Otro buen consejo para nuestro hijo que propone Silvia, es defender los derechos de aquellos niños a los cuales el líder de la clase no deja jugar. Aquí es clave la empatía, hay que hacerle ver que él sabe cómo se siente ese niño al que no le dejan jugar y así, cuando le ocurra a él, también le apoyarán. El role playing es una buena herramienta para trabajar diversas situaciones y buscar soluciones creativas.
  • Ser modelos de comportamiento asertivo. Nuestro hijo o hija debe aprender a decir lo que piensa, siente y quiere, pero sin enfadarse ni imponerlo. De nuevo, somos su referentes, por lo que en casa debe haber climas de confianza y asertividad donde se traten los conflictos y se respete las emociones del otro.

FUENTE: elperiodico.com