«Hijo, este verano no nos vamos de vacaciones». Claves para afrontarlo de forma positiva. Colaboración con el diario ABC

Por motivos económicos, por miedo al contagio, por tener familiares en el hospital… Los expertos explican cómo lograr que no sean unos días «perdidos»

Por Laura Peraita

Este año, las vacaciones van a estar de una u otra forma marcadas por los efectos del Covid-19. Muchas familias se van a enfrentar a la difícil decisión de comunicar a sus hijos que «este verano no nos vamos de vacaciones». Son muchas las razones. En algunos casos, el bolsillo se ha visto gravemente dañado debido a que los padres están en paro o afectados por un Erte, lo que obliga a recortar gastos. En otras ocasiones es el miedo el que invita a quedarse en casa por temor a un posible contagio. Tampoco hay que olvidar a las familias que no tienen ánimo de ir a ninguna parte porque han perdido a un ser querido en duras circunstancias por el coronavirus o por estar pendientes de los que aun están hospitalizados por esta causa.

Sea por el motivo que sea, lo cierto es que Silvia Álava Sordo, doctora en Psicología y autora de «Queremos Hijos Felices. Lo que nunca nos enseñaron», recomienda a los padres no tener miedo a comunicar en casa que este verano no salen fuera. «El problema es que tenemos asumido que estar de vacaciones es igual a viajar. Y si lo pensamos bien, no es así. Es solo una decisión opcional. Es una idea que hay que trabajar con los niños desde pequeños porque las vacaciones suponen mucho más que hacer las maletas».

Romper rutinas

No tener que trabajar o no ir a clase por unas semanas implica tiempo de descanso, de romper con la rutina, con los horarios, poder hacer actividades que normalmente no se pueden realizar debido al estrés diario e, incluso, tener momentos para perder el tiempo y aburrirse. «Lo importante –añade– es hacer cosas fuera de la rutina del resto del año: un picnic en un parque o en el campo, un paseo en bici todos juntos, visitar la propia ciudad en la que se reside con ojos de turista, descubrir un museo… Son muchas las alternativas a un viaje y que permiten disfrutar igualmente de las vacaciones. Lo ideal es ofrecer a los hijos que aporten ideas de lo que les gustaría hacer y negociar actividades. Hay miles de planes por hacer».

Los padres deben explicar a los hijos que no irán a la playa o montaña este verano de manera «serena, sin transmitir ansiedad, preocupación o tristeza», matiza Alicia López de Fez, directora del Centro de Psicología López de Fez. Mi recomendación es hacer una lectura positiva de la situación». De lo contrario, si los progenitores se lo dicen con mal tono, como si fuera un castigo o dando por hecho que es un auténtico fastidio, los niños también lo asumirán así, pero si se les transmite lo cómodos que estarán en casa y se les plantea un amplio abanico de posibilidades por hacer, el panorama será muy diferente.

Nano López, coach experto en adolescentes, asegura que, atendiendo a la edad de los hijos, hay que exponerles la situación con realismo y normalidad. «Necesitan saber el motivo del cambio de destino estas vacaciones porque ellos ven y escuchan muchas noticias, comentarios de personas… y los padres son los que deben exponerles la situación exacta para que no tengan dudas e incertidumbre y conozcan de paso las normas que deben seguir para evitar contagios».

Olvidar ideas limitantes

Asegura este coach que los niños suelen adaptarse mejor que los adultos a las nuevas situaciones. Son más flexibles. «No sufren tanto esa sensación de pérdida de un viaje de veraneo. Suelen ser precisamente los padres los que toleran menos no ver cumplido su deseo por sentir que las alternativas que se plantean no están a la altura de las expectativas. Sienten culpa y remordimiento. Mientras un padre lucha por resignarse a no ir a EuroDisney, un hijo puede estar tan feliz porque se le ofrece la sencilla alternativa de comprar una piscina hinchable para bañarse hasta las rodillas en la terraza de casa. Le parece un planazo y se lo pasará pipa. La clave, por tanto, está en ofrecer a los hijos diversión. Da igual en el lugar que sea –puntualiza–. Hay que ser más abiertos y olvidarse de ideas limitantes como que solo me lo puedo pasar bien en verano si estoy en la playa. Hay que ser más flexibles, lo que es muy útil para cualquier ámbito de la vida».

Adolescentes

Cuando se trata de hijos adolescentes hay que tener en cuenta que prefieren antes su entorno social que el familiar. «Este año –añade Silvia Álava– se dará la circunstancia de que muchos amigos tampoco saldrán de su ciudad, por lo que podrán quedar más a menudo, algo muy motivador cuando a estas edades es habitual que piensen que viajar con los padres es un auténtico rollo. Hay que dejarles su propio espacio. Intentar hacer todos los planes juntos no es una buena opción. Aquí también hay que ser flexibles».

También explica esta doctora en Psicología que es importante escuchar a los hijos y conocer sus sentimientos, cómo se sienten. «Ver truncados sus planes de veraneo es un interesantísimo entrenamiento para la tolerancia a la frustración y para saber valorar lo que tiene cada uno. Hay que ser empáticos y decirles que los adultos también sentimos rabia o tristeza para que vean que es una emoción común y, por eso, juntos podrán hacer lo posible para mejorar la situación con planes divertidos».

Quedarse en casa «es también una oportunidad para todos de aprender el valor de las cosas que habitualmente se tenían y que este año no estarán –concluye López de Fed–. Es una estupenda ocasión para desarrollar aficiones dentro de casa o en el sitio en que esté cada familia. La próxima vez, seguro que las vacaciones se saborearán el doble».

FUENTE: Diario ABC

Mis hijos tienen 4 y 11 años… ¿a qué pueden jugar juntos? Colaboración con El Correo

La psicóloga Silvia Álava nos da ideas de juegos para que niños de edades dispares se entretengan juntos

Por YOLANDA VEIGA

En esta campaña rara que nos está tocando vivir, los más peques, sin alcanzar a comprender las dimensiones de lo que ocurre, están notando las consecuencias como los adultos. No pueden jugar como antes. Nada de partidos de fútbol ni multitudes en las piscinas y los parques. Esta vez toca jugar entre los hermanos, o con los primos, o con los vecinos cercanos. Dos, tres… cuatro niños a la vez. Pero, ¿es fácil que eso suceda cuando tienen edades muy dispares? ¿Pueden jugar juntos dos hermanos de 4 y 11 años? Y, en caso afirmativo, ¿a qué pueden jugar que les entretenga a ambos?

Siempre va a tener que ser el niño mayor el que se tenga que amoldar un poco al pequeño

Silvia Álava, psicóloga especializada en infancia del gabinete Álava Reyes, nos da unas pautas para ayudar a los pequeños que se sacan una o dos cabezas a jugar juntos. Le planteamos varias situaciones, con casos de edades muy distintas. Y al margen de sus recomendaciones, una advertencia inicial: «Siempre va a tener que ser el niño mayor el que se tenga que amoldar un poco al pequeño. Cuando uno pequeño juega con uno mayor a veces no entiende el juego y nos encontramos con chavales que corren detrás de los mayores aunque no entiendan muy bien de qué va la cosa. Pero se lo pasan bien porque les da la sensación de que están participando».

Dos hermanos de 2 y 5 años

A cuidar muñecos

«Ya pueden empezar a compartir el juego. El de 2 años todavía está en una edad en la que va a jugar junto a su hermano, no con su hermano. No es que haya un juego en el que la interacción vaya a ser entre los dos niños, sino que la interacción es triangular, a través del juguete que hayan elegido. Lo más seguro es que el de 2 se sentará al lado del de 5 y tratará de copiar lo que hace el mayor. Éste, a su vez, le puede dirigir un poco el juego. Podrían estar jugando a cuidar muñecas, a profesores».

Amigos de 3, 7 y 8 años

Al ‘pilla pilla’

«Los de 7 y 8 años pueden tener un juego más complejo, con normas claras, desde juegos de mesa a juego simbólico o dinámicas de ejercicio físico tipo ‘pilla pilla’. El de 3 años va a estar a su lado pero estará corriendo y haciendo cosas parecidas, más imitando el juego de los mayores, que sí estarán jugando. Es importante que los mayores entiendan que el pequeño no puede jugar al mismo nivel que ellos y que le asignen alguna tarea sencilla: ‘tú nos sigues’, por ejemplo. Si hay movimiento puede correr detrás de ellos, que le dejen correr, pero que no sea él el que siempre se la queda porque no va a ser capaz de pillar a ninguno».

Una chavala de 12 años con sus padres

Al ‘Cluedo’ o el ‘Monopoly’

«A los 12 años están entrando en la adolescencia y el tipo de procesamiento ya es más parecido al de un adulto. Pueden tener un desarrollo de pensamiento lógico muy bueno, que es útil, sobre todo, para los juegos de mesa que interesen a ambos: cartas, ajedrez, ‘El Cluedo’ para resolver misterios, el ‘Monopoly’… Y si les ponemos a jugar a los videojuegos van a estar encantados todos. Con los chavales de 12 años se pueden tener conversaciones super interesantes y hay que preguntarles cosas para que vayan desarrollando la lógica».

Dos primos de 6 y 9 años

A disfrazarse e inventar películas

«Pueden jugar a muchísimas cosas juntas porque a los 6 ya hay un desarrollo evolutivo que hace que los niños puedan seguir los juegos de normas y de reglas. Desde los tradicionales juegos de mesa de normas hasta el juego simbólico: inventan que son profesores, que viven en el mar de sirenas… Es una edad muy buena y hay un tipo de juego muy rico con una interacción entre ambos que va a ser bastante parecida. Podrían entretenerse bastante bien. Los juegos de mesa les van a venir bien pero el juego simbólico, de roles… que imaginen películas, disfraces… es una edad genial para eso».

Un niño de 4 con su hermana de 11

La mayor le lleva a caballito

«En este caso, con esas edades tan dispares, la interacción ya no es tan rica. La de 11 juega mucho con uno de 4 años pero tiene que entender que está jugando con él básicamente para entretenerle. Debe saber que le va a tener que explicar todo, que el de 4 no va a saber las normas del juego si es que las tiene, así que se las va a tener que ir diciendo por el camino. Estamos pasándonoslo bien pero el juego lo va a tener que dirigir la de 11 años. Podrían hacer carreras, que la mayor le llevara a caballito… Todo lo que sea juego de contacto físico le va a gustar muchísimo al pequeño y a la de 11 le va a gustar sentirse mayor».

FUENTE: Diario El Correo

Este verano, asegúrate de que tus hijos se aburran. Colaboración con El Diario de Córdoba

En los meses de verano, sin extraescolares ni colegio, aumentan las posibilidades de aburrimiento

MARÍA DOTOR
29/06/2020

«Mamá, papá, me aburro». Esta es quizá una de las frases que más miedo nos da escuchar de la boca de nuestros hijos. Y ahora que vienen tres meses de verano, sabemos que la van a pronunciar muchas veces. No tienen colegio, ni extraescolares… Las horas libres abundan y las posibilidades de aburrimiento se multiplican.

Como dice Kim John Payne, de Simplicity Parenting, vivimos que nuestros hijos se aburran como «un fracaso personal», tal vez porque nos encontramos en una sociedad obsesionada por hacer y no parar.

¿Cómo? ¿Qué ya tienes una lista hecha de actividades para anticiparte a este problema? Ni hablar, olvídate de convertirte este verano en animadora sociocultural de tus hijos, porque el aburrimiento, como nos dice Álvaro Bilbao, es «la madre de la creatividad. Hace que el niño se fije, observe… En definitiva, que mate ese aburrimiento tirando de imaginación».

Pero no solo él le otorga cualidades positivas al aburrimiento, muchos otros expertos destacan lo maravilloso que es que nuestros hijos se aburran.

Silvia Álava: «Los niños tienen que tener tiempo para aburrirse»

La psicóloga infantil Silvia Álava lamenta que «en ocasiones carguemos a los niños con tal cantidad de actividades que luego no tienen tiempo libre para disfrutar». Por eso, nos recuerda que «los niños tienen que tener tiempo para estar ellos solos, para aburrirse, para fomentar su creatividad, tiempo sin estar constantemente con un adulto que le esté dirigiendo».

Heike Freire: «El aburrimiento es un momento de creatividad»

La experta en innovación educativa nos propone educar en verde, es decir, en contacto con la naturaleza. Pero es consciente de que en el campo «nuestros hijos se quejan más que nunca de que están aburridos». ¿Nos hemos planteado por qué? Quizá, en el día a día les ofrecemos tantos dispositivos externos para entretenerse que hemos atrofiado su capacidad de inventiva.

Eva Millet: «En esta carrera por lograr el súper-hijo nos cargamos la infancia y el tiempo para aburrrirse»

Nuestro miedo al aburrimiento de nuestros hijos tiene mucho de sobreprotección y de persecución de un ideal de perfección en la educación de nuestros hijos, tal como lo ve la periodista y autora de Hiperpaternidad: «En esta carrera por lograr el súper-hijo nos cargamos la infancia: el tiempo para jugar y para aburrirse y la adquisición de otras habilidades que también son básicas en la vida». Y es que, nos decía Eva, «la educación no solo es la adquisición de conocimientos puros y duros, también es la formación de un carácter para implementarlos (que incluye aprender a tener paciencia, capacidad de esfuerzo, empatía, curiosidad, tolerancia a la frustración…)», y, claro, también aprender a aburrirse.

Bei Muñoz, de Tigriteando: «Nuestros hijos no tienen tiempo de aburrirse y organizar su tiempo»

Cuando le preguntamos a Bei Muñoz cuál podría ser el reto educativo principal de las familias hoy en día, la autora de Tigriteando lo tuvo claro: la falta de tiempo. «No tenemos tiempo, es un ritmo de vida frenético el que llevamos, es prácticamente imposible dedicarnos a observar, simplemente observar, lo que hacen nuestros hijos, muchas veces no tienen si quiera tiempo de aburrirse y organizar su tiempo». Y es que nuestras prisas y «los horarios rígidos chocan con las necesidades de los niños, que realmente son bastante parecidos al primer Homo Sapiens que pisó la Tierra», es decir, que las prisas y el estrés «van en contra de la naturaleza, y cuando luchas contra ella siempre tienes las de perder».

Kim John Payne: «El aburrimiento es un regalo»

Payne es el creador de Simplicity Parenting (Parentalidad Sencilla), un movimiento que aboga por volver a los básicos al educar y evitar la sobreestimulación, la sobreprotección y el exceso de actividades dirigidas. Con la idea de que «menos es más», Payne no duda en afirmar que «el aburrimiento es un regalo, el puente entre no hacer nada y el juego profundamente creativo». Para Payne, los padres deberíamos desear que «nuestros hijos se aburran y así tengan que pensar qué hacer con ese aburrimiento, sin pantallas y sin nuestra ayuda».

Muchos expertos insisten en esta misma idea de Payne: «El precursor de la creatividad es el aburrimiento. Cuando los niños se aburran, hay que evitar las pantallas, en donde ven la creatividad de otras personas». Sin embargo, en una cultura en la que se ensalza el estar continuamente ocupado como un valor, «nos hemos acostumbrado a ver el aburrimiento de nuestros hijos como un fracaso personal».

Alberto Soler: «A veces proyectamos en los niños nuestra intolerancia al aburrimiento»

El conocido psicólogo afirma en una de sus Píldoras de Psicología que «a menudo los padres tenemos miedo al aburrimiento de los niños. Pensamos que si no les damos algo que hacer y les tenemos entretenidos nos la van a liar… ¡y puede que sea verdad! Pero… ¿es bueno evitarles siempre el aburrimiento a los niños?», se pregunta. Y es que «a algunos padres les agobia tanto el aburrimiento de sus hijos que se acaba convirtiendo en un parque de atracciones ambulante: les organizan juegos en el parque, contratan animadores en el cumple…».

Rescatar a nuestros hijos del aburrimiento no es bueno, porque «no les estamos dando la oportunidad de pensar ellos solitos cómo llenar ese vacío. Si nunca pueden decidir qué hacer con su tiempo libre, ¿cómo van a aprender a gestionarlo?». Alberto considera que somos los adultos «los que proyectamos en ellos nuestra intolerancia al aburrimiento. Esa intolerancia se ha agudizado desde que tenemos el telefonito inteligente. Nos ha invadido un horror al vacío en el que no podemos estar más de medio minuto sin estar ocupados en algo», como cuando sacamos el móvil mientras esperamos el autobús, por ejemplo.

Javier Urra: «Nuestros hijos tienen que aprender a aburrirse»

El primer Defensor del Menor advierte de la tendencia de los padres y madres a buscar la felicidad y la alegría de los hijos por encima de todo: «Educar para que mañana los niños sean felices no es real, no es verdad. Las pérdidas y las incomprensiones son parte de la existencia. Nuestros niños tienen que aprender a aburrirse, a manejarse en la soledad. Creo que esta sociedad exige a la vida mucho más de lo que la vida le puede dar».

Claves para gestionar el aburrimiento de nuestros hijos

1. No sacar el salvavidas: nadie muere de aburrimiento y no es muy positivo que les rescates de esa sensación. Y por salvavidas nos referimos a tus dotes de animador sociocultural, tu catálogo de soluciones o incluso las pantallas.

2. Ver el lado positivo del aburrimiento. Si vivimos el aburrimiento como un problema o como una pesadez o tenemos miedo, como dice Alberto, de que nos la líen, tal vez nuestros hijos verán el aburrimiento como un problema difícil de solucionar. Sin embargo, si les transmitimos que el aburrimiento es una oportunidad para pararse y pensar qué quiero y puedo hacer con mi tiempo, seguramente lo verán de otro modo.

3. Transmitir confianza en que podrán encontrar algo interesante que hacer. Muchas veces vivimos el aburrimiento de nuestros hijos como la obligación de sacarlos de ahí y, por lo tanto, los sobreprotegemos. Pero si pensamos que son ellos los que saben, mejor que nadie, qué hacer con ese tiempo y cómo divertirse, si les transmitimos el mensaje de que ellos pueden gestionar su tiempo, seguro que sentiremos menos presión y haremos a nuestros hijos más autónomos.

4. Vivirlo como una oportunidad para conectar y ser creativos. La unión hace la fuerza, y también contra el aburrimiento. Seguro que juntos se os ocurren muchos juegos, muchas actividades que realizar juntos o mucho por inventar.

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FUENTE: diariodecordoba.com

¿Cómo actuar cuando nuestros hijos tienen ansiedad? Colaboración con la Fundación Bertín Osborne

Durante estos meses, muchos niños y niñas han estado más irritables, irascibles y con estrés. ¿Qué podemos hacer para que nuestros hijos e hijas estén lo mejor posible?

Os damos algunas claves, recomendaciones y estrategias para ayudar a calmar esa ansiedad.

Instagram Live con Super Mamás -> lunes 15 a las 18h ¿Cómo lograr que nuestros niños tengan una mejor calidad de sueño después del confinamiento?

¿Cómo lograr que nuestros niños tengan una mejor calidad de sueño después del confinamiento?

Les invitamos a ver nuestra transmisión en vivo este lunes 15 de junio a las 11h00 Ecuador, 18h00 España, junto a una de las mejores profesionales del campo de la psicología en Europa, Silvia Álava Sordo Psicóloga Especialista en Psicología Educativa.

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Efectos del confinamiento en tus hijos (y cómo sobrellevar juntos esta etapa). Colaboración con Consumer

Estudiar, jugar y hacer ejercicio dentro de casa ha podido tener consecuencias negativas en nuestros hijos. Conoce cuáles son, cómo llevar esta situación y qué aprender de ella juntos

Por E. Sánchez 

Adaptarse a un confinamiento como el que hemos tenido que vivir para evitar la expansión del coronavirus ha exigido reorganizar la vida en familia. Para los niños ha resultado y resulta —aún no han vuelto al cole— especialmente difícil: la obligación de estudiar, jugar y hacer ejercicio dentro de casa ha podido desestabilizar la armonía doméstica y tener efectos negativos en el terreno emocional, que analizamos a continuación. Pero de esta inédita circunstancia cabe extraer lecciones que ayuden de cara al futuro, como también lo vemos en estas líneas.

Efectos psicológicos del confinamiento en los niños

En el plano emocional, el confinamiento puede producir estrés causado por un cambio tan fuerte en su entorno, como advertían investigadores chinos en un artículo publicado en The Lancet también en marzo de 2020. Durante el encierro, “es posible que se den alteraciones de sueño, episodios de rebeldía, rabietas, cambios de humor y peleas entre hermanos”, pone de relieve Silvia Álava.

Tras la cuarentena, en estos días pueden manifestarse secuelas: “A nivel emocional, algunos niños pueden experimentar más ansiedad, miedo, trastornos obsesivos o depresivos”, advierte Álava. “En el plano de la conducta pueden volverse retadores, tener pataletas o regresiones: por ejemplo, vuelven a hacerse pis en la cama cuando lo habían superado”. Son indicadores de que alguna pequeña factura les ha pasado. Si vemos que no concilian bien el sueño, tienen miedo, pierden el apetito o tienen un hambre voraz, hacen llamadas de atención… “Quizá es momento de pedir ayuda profesional”.

Cómo establecer rutinas y no caer en los castigos

Estos conflictos derivan en gran medida del caos que ha suscitado la nueva realidad. Álava subraya la importancia de establecer horarios y rutinas en los pequeños, pues “les da seguridad”. También lo afirma Carmen de Andrés, doctora en Ciencias de la Educación y profesora de Facultad de Formación del Profesorado y Educación de la Universidad Autónoma de Madrid: “Todos necesitamos esas rutinas, también los mayores. Es primordial establecerlas, para que los pequeños sepan cuándo es tiempo de estudiar, de jugar, de comer, de hacer ejercicio o de dormir”. Cuanto más organizada esté la jornada como en una situación normal, menos probabilidades habrá de que se produzcan los problemas antes citados.

De cara a lograr la deseable armonía, nunca es tarde para elaborar en familia un cuadro de horarios “donde programemos qué hacemos cara hora”, señala Silvia Álava. “Al hacerles partícipes de la planificación, los niños no la han visto como una imposición, sino resultado de su propia iniciativa, y será más fácil que la cumplan”.

Sofocar insurrecciones es posible sin recurrir a regañinas o castigos, que elevarán la tensión en una atmósfera poco relajada de por sí. “Cuando surgen conductas disruptivas que queremos que desaparezcan, lo mejor es dejar de prestarles atención”, explica la psicóloga. “Por el contrario, debemos premiar y alentar aquellas acciones que queremos perpetuar”. Coincide UNICEF, que recomienda usar lenguaje positivo para decir a los niños lo que deben hacer. “Por favor, recoge tu ropa”, en vez de: “No lo dejes todo hecho un lío”.

El colegio en casa: ¿es home-schooling?

Lee el artículo completo en Consumer.es

Webinar para el Colegio Base: Teletrabajo, telecolegio y ahora… vacaciones ¿Es posible conciliar?

Comparto con vosotros y vosotras este webinar realizado para el Colegio Base en el que hablamos sobre cómo conciliar y mejorar la convivencia en casa, ahora que se acerva el verano y las vacaciones.

¿Cómo podemos enseñar a los niños a ver lo positivo incluso de las situaciones complicadas? Colaboración con GuíaInfantil.com

La vida no es siempre de color rosa, aunque a los padres nos gustaría que así lo fuera para nuestros hijos e hijas. Algunos niños tienen que enfrentarse a situaciones difíciles que, a menudo, son incluso muy difíciles de comprender para los propios adultos. Enfermedades, problemas económicos, conflictos familiares… Pero incluso cuando todo esto es ocurre, siempre hay algo feliz que podemos aprender.

¿Cómo podemos enseñar a los niños a ver lo positivo incluso de las situaciones complicadas?

Más información y vídeos en guiainfantil.com

4 claves para ayudar a los niños a vencer el miedo a salir de casa. Colaboración con Gestionando Hijos

La situación actual ha provocado que los niños hayan recibido información sesgada de la realidad

Ya hace varias semanas que las medidas de confinamiento empezaron a relajarse progresivamente y los niños y niñas españoles pudieron salir a la calle. Sin embargo, en muchos hogares se repite una misma estampa: hay niños que no quieren salir, prefieren quedarse en casa.

Ante esta situación cabe preguntarse: ¿Qué está ocurriendo con estos niños?

Es fundamental averiguar el porqué, dado que no es lo mismo que el motivo sea que están a gusto y cómodos en casa jugando, a que sea porque les da pereza o porque tienen miedo a salir a la calle y contagiarse», dice la psicóloga infantil Silvia Álava.

Lo cierto es que la situación actual ha hecho que los niños y niñas reciban información sesgada de la realidad (lo que escuchan de nosotros, fragmentos de los informativos€). Además, los estímulos que reciben hacen que la sensación de inseguridad e intranquilidad aumente. Por estos motivos, entre otros, nuestros hijos puede que hayan desarrollado cierto miedo a salir a la calle, a contagiarse o simplemente porque perciben el exterior como un lugar inseguro y, por lo tanto, su casa como el espacio donde se mantienen a salvo.

Cómo ayudarles a superar este miedo a salir de casa

  • Ofréceles información: «Los padres deberíamos, de una forma tranquila y transmitiéndole mucha calma, explicarles qué puede pasar si se da esta situación, el contagio. La información debe ser verídica, adaptada a su edad y filtrada» nos aconseja la psicóloga Úrsula Perona, porque si conocen la información (según su edad) e interiorizan las medidas de seguridad que deben llevar a cabo, se sentirán mucho más seguros.
  • Valida sus emociones: «Decirle ‘no tengas miedo’ no es un buen comienzo, no se sentirá comprendido» asegura Silvia Álava . «Un buen inicio para comenzar el acercamiento y abrir un punto de encuentro podría ser: entiendo que tengas miedo. Es normal tener miedo, porque llevamos mucho tiempo escuchando que hay que tener mucho cuidado con el coronavirus y que nos podemos infectar o contagiar a los demás. Sin embargo, si salimos con cuidado, con mascarilla, no tocamos nada€ no nos va a pasar nada», apunta Silvia
  • Ayúdate de recursos. Los cuentos pueden convertirse en nuestros grandes aliados. Ayudan a los niños a comprender mucho mejor la realidad que les rodea. Cristina Gutiérrez, autora de Entrénalo para la vida, nos ofrece un recurso maravilloso por si tenemos esta situación en casa. Se trata del cuento ‘El nuevo virus de la valentía’: Un cuento escrito e ilustrado por ella misma para la vuelta de los niños a la calle. «Probablemente estamos sintiendo, como sociedad, como familia y como persona, más miedos que nunca. Por este motivo necesitamos un nuevo y potente virus, la valentía, para contrarrestarlo» nos dice Cristina. En este enlace os lo podéis descargar en pdf de forma totalmente gratuita.
  • Respeta sus ritmos: «Si un día al fin se decide, ve poco a poco. Al principio solo daremos una vuelta a la manzana» nos recomienda Silvia. Mañana ya serán dos vueltas en vez de una y, en menos de lo que nos esperamos, volverá a pedirnos salir como hacía antes.

Accede al portal Gestionando Hijos y disfruta de más consejos y claves de nuestros expertos.

FUENTE: ElDia.es

Niños y pantallas: 11 pautas sobre educación digital. Colaboración con SerPadres y Empantallados

Os dejamos este vídeo sobre realizado en colaboración con Ser Padres y Empantallados en el que os damos pautas para generar una buena relación con las pantallas.