Jugar: el mejor plan para las vacaciones escolares

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Las vacaciones de verano representan una oportunidad única para el desarrollo infantil, pero en los últimos años hemos ido sustituyendo la magia del juego libre por un ocio digital, controlado y sedentario. Y, con ello, se ha perdido parte del encanto que hace del verano un escenario perfecto para que los niños y niñas crezcan, experimenten y desarrollen su creatividad.

En palabras de la psicóloga infantil Silvia Álava, “hemos sustituido las rodillas peladas por los problemas que ocasiona el abuso de pantallas”. Y es que, si bien como adultos podemos tener la sensación de que, frente a una pantalla, nuestros hijos están más seguros, lo cierto es que el juego al aire libre, espontáneo y no planificado, es insustituible para su bienestar emocional y su desarrollo integral.

¿Por qué es importante jugar?

El juego no es una pérdida de tiempo. No es un capricho ni un lujo. Es una necesidad evolutiva. Como decía María Montessori, “el juego es el trabajo de la infancia”. A través de él, los niños y niñas aprenden a tomar decisiones, a resolver problemas, a cooperar con otros y a entender el mundo que les rodea.

Cuando los más pequeños trepan, corren, se caen y se levantan, no solo están haciendo ejercicio físico: están construyendo habilidades fundamentales como la tolerancia a la frustración, la resiliencia o la gestión del riesgo. Y esto, ningún videojuego, por más educativo que sea, puede replicarlo.

El verano, un regalo para el juego libre

Lejos de la rutina escolar, las extraescolares y los deberes, el verano es un momento ideal para recuperar el juego libre. Disponer de tiempo sin estructurar no es solo beneficioso, es esencial. Es ahí donde surge el “me aburro”, y tras él, el “¿y si…?”. ¿Y si construimos una cabaña con sábanas? ¿Y si organizamos una búsqueda del tesoro? ¿Y si jugamos a inventar un planeta nuevo?

Del aburrimiento nace la creatividad. Por eso, más que planificar actividades cada hora, lo que realmente necesitan los niños en vacaciones es tiempo, espacio y libertad para imaginar, explorar y decidir por sí mismos a qué quieren jugar.

¿Por qué es importante jugar?
El juego no es una pérdida de tiempo.

La realidad: más pantallas, menos juego

Sin embargo, los datos reflejan una realidad preocupante. Según la Alianza por la Infancia, los niños y niñas en España dedican menos de tres horas semanales al juego libre al aire libre. Y a partir de los 10 años, muchos dejan de jugar de forma regular. En el tramo de 10 a 12 años, pasan una media de tan solo 52 minutos al día en espacios exteriores.

Este cambio está relacionado con el aumento del uso de pantallas. A golpe de clic, los más pequeños pueden pasar horas saltando de vídeo en vídeo sin moverse del sofá. Esto no solo reduce su actividad física, sino que limita sus oportunidades de socializar, gestionar emociones o adquirir habilidades sociales clave.

El juego es salud y bienestar emocional

Cuando los niños juegan en libertad, en grupo y en la naturaleza, no solo se divierten: están cultivando su salud mental y emocional. El juego espontáneo les permite regularse emocionalmente, canalizar su energía, fortalecer su autoestima y aprender a interactuar con los demás.

Además, jugar al aire libre favorece la exposición a la luz natural, mejora el sueño, estimula la curiosidad y refuerza el vínculo con el entorno. Todo esto contribuye a una infancia más saludable, equilibrada y feliz.

Como adultos, tenemos un papel clave

Desde el Observatorio del Juego Infantil insisten en que los adultos debemos recuperar el valor del juego como algo esencial, no accesorio. Especialmente en verano, cuando el entorno es más relajado y las condiciones son ideales para el juego espontáneo, es importante que no lo llenemos todo con actividades planificadas o con tecnología.

No se trata de hacer más cosas, sino de dejar espacio. De confiar en que los niños, cuando tienen tiempo, sabrán muy bien qué hacer con él. Y ese “no hacer nada” es, muchas veces, el principio de grandes aprendizajes.

Este verano, menos pantallas y más aventuras

No hace falta un campamento costoso ni un viaje exótico. Una manguera en el jardín, un paseo por el parque, una tarde de escondite o de buscar formas en las nubes pueden ser experiencias ricas, memorables y fundamentales para el desarrollo.

El verano no necesita grandes planes. Necesita juego.

Porque cuando los niños y niñas juegan:

  • Se desarrollan física, emocional y cognitivamente.
  • Aprenden a cooperar, decidir, equivocarse y volver a empezar.
  • Disfrutan de su presente mientras construyen un futuro más fuerte y equilibrado.

“El mejor plan para las vacaciones escolares está al otro lado de la pantalla. Está en salir a jugar”.

FUENTE: entrevista en Sapos y Princesas

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Me llamo Silvia Álava, nací en Valladolid, aunque hace más de veinte años que vivo en Madrid. Soy Doctora y licenciada en Psicología por la Universidad Autónoma en Madrid.

Especialista en Psicología General Sanitaria y en Psicología Educativa estoy acreditada por el Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid como Psicóloga Educativa, y soy Psicólogo acreditado para el ejercicio de actividades sanitarias en el Registro de Centros Sanitarios de la Comunidad de Madrid.