¿Qué es el comportamiento del «espejo retrovisor» que afecta cada vez a más personas?

Cómo la mirada constante hacia el pasado te impide prestar atención al presente

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Por: Noemí Valle 193 publicaciones de Noemí Valle

Nos pasa a menudo, vivimos rumiando ciertos recuerdos del pasado, deformándolos hasta una perfección casi onírica o en su defecto, ensuciándolos hasta la hipérbole. Se entremezclan con el resto de nuestros pensamientos diarios y los eclipsan. Como si de un retrovisor se tratase, mantenemos la mirada fija en ese espejo que nos devuelve la vista de lo que hay detrás y como ocurre en la carretera, no podemos fijar la mirada al frente si seguimos con las pupilas puestas en el pasado.

El comportamiento del espejo retrovisor

Como explica Silvia Álava, Doctora en psicología clínica y de la salud: «no se trata de ningún tipo de trastorno. Los profesionales de la salud mental trabajamos con el manual de los trastornos psiquiátricos (DSM) y en ningún sitio hablamos de este concepto, si bien es cierto que es una conducta que podría hacer que perdamos el bienestar emocional, porque hay personas que viven muy ancladas en el pasado en lugar de vivir en el presente.»

Como indica la psicóloga: «no podemos hablar de un síndrome, sino de un tipo de comportamiento que debemos intentar evitar porque puede poner en compromiso nuestra salud mental.» No solo revivimos y recordamos una y otra vez nuestro pasado, sino que también moldeamos de forma errónea, casi siempre martirizándonos, quienes éramos meses o años atrás, distorsionando en consecuencia quienes somos en la actualidad. «Esto conlleva a veces muchas emociones desagradables como por ejemplo la culpa», advierte Silvia Álava. Difuminamos el potencial de nuestro presente aferrados siempre a las ideas ya vividas, incapaces de pasar página.

Bien es cierto que aunque la frase de que «aquellos que no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo», se aplica a los aprendizajes y tropiezos de las vidas personales, los pensamientos obsesivos pueden llegar a inhabilitarnos. Y es que las personas que sufren este tipo de comportamientos se hallan inmersas en espirales de culpabilidad y presentan una baja autoestima, así como un alto nivel de autocrítica. Un cóctel que influye negativamente y compromete su bienestar emocional.

¿Cómo podemos saber si estamos sufriendo el comportamiento del espejo retrovisor?

Lo primero que debemos hacer es generar un nivel de autoconsciencia, y preguntarnos si generalmente estamos más presentes en el día a día o nuestra cabeza está continuamente recordándonos situaciones del pasado. Es imposible dar marcha atrás al tiempo y cambiar las cosas que sucedieron, por ello es importante reconocer esos pensamientos circulares y reconciliarnos con el pasado para poder decidir cómo va a ser nuestro futuro.

«Puede darse que existan situaciones traumáticas no resueltas, como abusos, acosos o situaciones especialmente complicadas, pero otras veces son pequeñas situaciones del día a día las que no hemos sabido digerir bien, ya que no hemos construido una buena narrativa sobre lo que nos ha ocurrido», advierte  Silvia Álava.

¿Cómo podemos tratar este comportamiento?

Según el último informe del Sistema Nacional de Salud, en España la prevalencia de ansiedad ha aumentado un 34% en los últimos dos años, y es que detrás de los síntomas de este comportamiento del espejo retrovisor pueden encontrarse ciertos casos nos resueltos de ansiedad o depresiones. Como indica la psicóloga: «cuando hablamos de depresión es sobre todo que nos hemos quedado anclados en situaciones del pasado, que en ocasiones no nos han gustado o no hemos sabido muy bien como procesar, mientras que cuando hablamos de ansiedad, muchas veces lo que está pasando es que estamos pensando que el presente va a ir mal.»

Según Silvia Álava: «es muy importante trabajar la capacidad de autoconocimiento y sobre todo el metaconocimiento, es decir, conocernos bien a nosotros mismos, saber muy bien de donde venimos, hacia donde vamos y cómo funcionan nuestras emociones. Esto puede tener un efecto beneficioso para integrar las cosas que nos pasan, establecer una narrativa coherente que nos permita analizar aquello que nos ha pasado, pero siempre con el objetivo de seguir adelante, sobre todo teniendo la mirada puesta en el futuro.»

Ante el continuo traqueteo de los pensamientos girando en bucle en nuestra cabeza, la psicóloga insiste: «tu no puedes juzgar lo que hiciste en el pasado desde el presente porque hoy eres una persona completamente diferente y además tienes un conocimiento que antes no tenías.» Y es que en ocasiones apostamos por decisiones que no son las mejores porque carecemos de la información que tenemos en el presente. Lejos de martirizarnos por esas acciones que llevamos a cabo en el pasado, la clave está en poder aceptarlas.

FUENTE: tendencias.com

Vídeo-Guía #AprenderJugando, descárgala gratis

Los niños pasan mucho tiempo jugando. Jugar no es sólo divertirse, cuando los niños juegan están aprendiendo y se consolidan muchos procesos cognitivos. A través del juego se adquieren conocimientos, valores, además de generarse emociones agradables.

Queremos que los niños y niñas aprendan lo máximo posible, que no se retrasen en el colegio, que sigan el ritmo impuesto por el centro educativo, y en ocasiones se nos olvida que muchos aprendizajes se pueden realizar a través del juego.

La neuropsicología nos muestra que el aprendizaje se consolida mejor a través de las emociones agradables. Pensar que los niños tienen que sufrir o pasarlo mal para aprender no tiene ninguna base científica. Lo que se aprende jugando se retiene y se reproduce mejor.

Seis grandes beneficios del juego infantil:

  1. Cuando los niños juegan, adquieren autonomía, dado que según van creciendo les iremos pidiendo que cada vez se entretengan solos durante más tiempo, que sean ellos quienes decidan a qué jugar y que sean capaces de dirigir su juego.
  2. El juego aumenta la seguridad de los niños y la confianza. Ellos son los que dirigen el juego y conocen las reglas, lo que hace que se sientan líderes y capaces.
  3. El juego también sirve para desarrollar la autoestima, dado que los niños aprenden a conocerse, saber cuáles son sus fortalezas y cómo mejorar sus habilidades.
  4. A través del juego también se desarrollan habilidades sociales, especialmente en las interacciones grupales, ya que hay que aprender a negociar, a ceder, a seguir las reglas… todas ellas habilidades esenciales en la vida adulta.
  5. El juego sirve para desarrollar múltiples procesos intelectuales, como el razonamiento lógico y abstracto, la memoria, la atención, la organización espacial, la función ejecutiva…
  6. Muchas de las competencias emocionales necesarias para tener éxito en la vida se pueden desarrollar a través del juego.

Conociendo los beneficios del juego, ¿a qué esperar para aprender jugando? Descárgate gratis nuestra vídeo-guía #AprenderJugando:

No es sano confundir los deseos con las necesidades.

¿Realmente lo necesito?
No es sano confundir los deseos con las necesidades.
Estos pensamientos hacen referencia al tipo de necesidades que nos imponemos, por eso se llaman «necesidades perturbadoras». Suelen empezar por un «necesito…» y a partir de ahí la lista de cada uno puede llegar a adquirir dimensiones estratosféricas.

No se trata de dejar de luchar por conseguir nuestros deseos, sino de hacerlo teniendo claro que son «deseos», dado que, de esta forma cuando no lo consigamos, sentiremos tristeza y frustración, pero no la ansiedad derivada de no cumplir nuestra necesidad.

Libro: ¿Por qué no soy Feliz?

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Review de mis libros y colaboraciones. Feliz día del libro

Aprovechando la celebración del Día del Libro hoy os traigo una «review» de mis 9 libros y colaboraciones.

Os hago un pequeño resumen de contenido de cada uno de ellos, para quién va dirigido y quiénes son los autores. ¡Nos os lo perdáis!

Claves de la inteligencia emocional en el ámbito familiar

Las Doctoras en Psicología Silvia Álava y Ruth Castillo Gualda explican las claves de la inteligencia emocional en el ámbito familiar.

Por LAURA PERAITA

Inteligencia emocional en familia

‘Inteligencia emocional en familia’ es el nuevo libro que acaban de publicar Silvia Álava, Doctora en psicología Clínica y experta en Psicología Educativa, y Ruth Castillo Gualda, doctora en Psicología, experta en educación emocional y profesora de la Universidad Camilo José Cela. En sus páginas proponen, entre otros muchos asuntos, una serie de pautas para que los padres puedan establecer un vínculo afectivo de seguridad con sus hijos. Lo hacen bajo el acrónimo es C.R.E.A.: Conecta a través de la mirada atenta, flexible y sin juicios hacia el mundo interior de los hijos. Una mirada atenta desde la apertura y la curiosidad hacia sus emociones.

Conductas iceberg

El segundo, ‘Reflexiona sobre las conductas iceberg’. Es decir, lo que sienten y lo que hacen con aquello que sienten, ya que no siempre se alinea y a veces, se asumen emociones que en realidad no experimentan. ‘Empodera’, que consiste en cambiar la mentalidad acerca de las emociones negativas, debido a que en numerosas ocasiones se les hace ver a los niños que sentir determinadas emociones puede ser un signo de debilidad, pero es al contrario: reconocer y expresar con honestidad es un símbolo de fortaleza que les protege de reacciones típicas como negarlas o reprimirlas. Por último, ‘Atiende sus emociones’, poniendo en marcha estrategias útiles e inteligentes como tomar consciencia de las señales físicas y mentales de lo que sienten, conocer sus disparadores o dirigir la atención para re-evaluar la situación, son algunos ejemplos para favorecer un desarrollo emocional saludable.

¿No basta, entonces, con cuidar sus necesidades básicas y mostrarles cariño?

Según apunta a ABC Ruth Castillo Gualda, atender sus necesidades y cuidarles desde el amor es fundamental, «pero ¡estamos hechos de emociones! Les van a acompañar siempre y en muy diversas circunstancias, por lo que saberlas reconocer y manejar contribuirá a que se desarrollen plenamente y gocen de un adecuado equilibrio mental en el futuro. Para ello, podemos enseñarles, desde bien pequeños, a reconocer y comunicar sus necesidades a través de vocabulario emocional y practicar estrategias de regulación sencillas que pueden usarse en cualquier momento, como la respiración consciente o entrenar la toma de distancia en momentos intensos a través del auto-diálogo amable y positivo consigo mismos, que sientan una buena base».

La sobreprotección

Para Silvia Álava, la sobreprotección es uno de los mayores errores que se comete hoy en día en educación. «Muchos padres malentienden el amor maternal, paternal y creen que sus hijos ya serán mayores para sufrir y, por tanto, quieren evitarles cualquier situación incómoda. Pensamientos del tipo: «a mí no me cuesta nada llevarle la mochila al colegio, estar pendiente de sus actividades, de los deberes…» están impidiendo que los menores desarrollen su autonomía y su seguridad personal».

Reconoce que «sabemos que el estilo educativo sobreprotector es un enemigo para el desarrollo de la inteligencia emocional de los niños. Hay muchos padres que directamente no soportan ver a sus hijos pasarlo mal y les evitan cualquier situación complicada para que no tengan que sentir emociones desagradables. Los niños tienen que aprender a convivir con dichas emociones para así poder reconocerlas, aceptarlas y aprender a manejarlas. Los padres deben de estar ahí desde el acompañamiento, no evitándoles dichas emociones porque si no, no van a aprender estas estrategias tan necesarias para proteger su salud mental».

Pautas, vínculo y clima familiar

En este sentido, Ruth Castillo Gualda señala que las pautas educativas recibidas, el tipo de vínculo que se desarrolla o el clima familiar en el que una persona vive los años más influentes de su desarrollo, es fundamental. Explica que si las relaciones y el ambiente son cálidos, amables y previsibles van a tener un efecto más beneficioso en la construcción de su auto-concepto y posterior autoestima. «A partir de la evaluación que recibimos de nuestras figuras de referencia, se construye y desarrolla de manera más o menos saludable nuestra imagen. La confianza que se deposite en nuestras habilidades, los refuerzos recibidos de manera consistente, el establecimiento de objetivos congruentes y acordes por parte de nuestros padres, será clave», puntualiza.

El modelado

Silvia Álava recuerda que los niños aprenden por modelado, es decir, copian a sus adultos de referencia que principalmente son sus padres. Por tanto, «si nosotros no somos un modelo regulado emocionalmente es muy complicado que podamos ayudar a nuestros hijos a co-regular sus emociones. Por eso, muchos de los capítulos del libro están dirigidos a los padres con actividades orientadas a que aprendan a trabajar con sus propias emociones y, de este modo, puedan acompañar a sus hijos y enseñarles las diferentes habilidades de la inteligencia emocional. No podemos olvidar que hay que hacerlo desde la práctica, utilizando las situaciones de la vida cotidiana. De poco sirve darles charlas teóricas sobre las emociones si no lo aterrizamos en cuestiones prácticas del día a día».

Componente mental, físico y expresivo

Y es que, tal y como afirma Ruth Castillo Gualda, las emociones y sentimientos se conforman de tres aspectos diferenciados: un componente mental (ideas o pensamientos más o menos positivos), un componente físico (respiración, activación, cambios fisiológicos) y un componente expresivo (conductas y comportamientos que busca escapar, afrontar, luchar, entre otros). Sin embargo, apunta que identificar estos componentes no es tan sencillo, ni tan evidente. «Expresar las emociones ayuda a equilibrar el desajuste (mental o físico) provocado por las mismas. Lo que ocurre es que si no enseñamos a los niños habilidades para regular o manejar esas experiencias, estas pueden predisponerles a reacciones automáticas, impulsivas, desproporcionadas, tales como, las conductas agresivas, estallidos emocionales, proyección, aislamiento, adicción a la tecnología u otras vías de escape. Es como si esas emociones desagradables ‘secuestraran’ su capacidad de decidir la respuesta más adecuada o provocaran una toma de decisiones menos flexible. Para evitar esto, cuando enseñamos a responder en lugar de a reaccionar, enseñamos formas más reflexivas, acordes y saludables de expresar lo que siente. A través de un vocabulario emocional que les permita compartir y expresar lo que necesitan, aprendiendo a validar las emociones que sienten, manejando la atención, tomando distancia o considerando el objetivo y las personas que se encuentran en la situación».

Clima de confianza

Para que los niños sepan expresar lo que sienten, Silvia Álava conseja crear un clima de confianza, generando un espacio seguro para que sientan que puede expresar sus sentimientos e inquietudes. «Es importante estar presentes en la vida de nuestros hijos y reservar espacios: tiempo y lugar para estar todos juntos y poder conversar, escuchando de forma activa. Por ejemplo, recuperar la cena en familia evitando los dispositivos electrónicos para no solo alimentarnos, sino para favorecer el diálogo. Sin olvidarnos que los primeros que debemos de contarles cómo nos sentimos somos los padres, dado que somos su modelo para seguir. En el segundo capítulo del libro trabajamos cómo crear este clima de confianza, dado que entendemos que si los niños no sienten esa confianza y no ven a sus padres como su lugar seguro, es muy complicado que nos puedan contar como están».

Expresar los sentimientos

Y es que mostrar y expresar lo que se siente es fundamental puesto que los niños y adolescentes que reprimen sus emociones muestran más problemas de depresión y ansiedad, estrés psicológico, auto-lesiones, trastornos de la conducta alimentaria, conductas agresivas, aislamiento y peor funcionamiento social. «Por otro lado, -apunta Silvia Álava-, esta estrategia para cancelar el componente expresivo requiere un esfuerzo mental importante que interfiere en procesos cognitivos, tales como, la memoria, la resolución de problemas, la flexibilidad cognitiva y la organización. Seguro que en alguna ocasión -prosigue- los padres han experimentado cómo su hijo verbalizaba racionalmente que estaba tranquilo, pero los progenitores apreciaban que su comunicación no verbal, su comportamiento o sus pensamientos denotaban nervios o preocupación. A veces, sus palabras pretenden comunicar emociones diferentes a las que su respiración, tensión muscular o pensamientos manifestaban. Confundir una forma de expresión con la emoción en sí misma es bastante común. Algo que repito mucho es que emoción no es igual a comportamiento».

Trabajar el autoconcepto

Silvia Álava insiste, además, en la importancia de trabajar correctamente el autoconcepto de los niños para que sepan cuáles son sus puntos fuertes y débiles, que conozcan los aspectos a mejorar y que sepan cómo potenciar lo que ya hacen bien. «Para eso es fundamental la labor de los padres, que sean capaces de corregir la conducta de sus hijos, pero sin entrar en una minusvaloración de su persona. Siendo asertivos, poniendo el foco en lo que hay que cambiar, explicándoles cómo hacerlo, evitando las etiquetas. No es lo mismo decirles es que tú eres vago, a decirle que hoy no hiciste lo que te tocaba, que eran tus deberes. Cuando utilizamos el verbo ser les estamos diciendo que ellos son así y que no pueden cambiar; sin embargo, cuando ponemos el foco en la conducta explicando lo que hicieron o dejaron de hacer, los niños interpretan que es algo que ellos pueden cambiar o mejorar. Por otro lado, también es importante reforzar sus virtudes y que tengan una mayor atención cuando su conducta es correcta y que sientan que sus padres les aceptan y les valoran por lo que son».

Las habilidades emocionales de los padres también cuentan

Las habilidades emocionales de los padres son muy importantes en todo este proceso educativo, tal y como remarca Ruth Castillo Gualda. «Las emociones que podamos experimentar como padres a lo largo de nuestra vida no las podemos evitar ni predecir, algunas nos resultarán difíciles de gestionar y seguro nos equivocaremos muchas veces en cómo hacerlo. Pero lo que sí podemos mostrar es nuestra capacidad para manejarlas, aplicando en primera persona esas estrategias útiles como el vocabulario emocional para comunicar, la comprensión de nuestros disparadores emocionales, reconocer las emociones del otro, el lenguaje corporal adecuado, dirigir la atención a otros aspectos de la situación o mantener con nosotros mismos una conversación interior útil. Si bien es cierto que, en ocasiones, no lo conseguiremos, en cada reto tenemos una nueva oportunidad para aprender y hacerlo mejor. Esto nos hace más humanos, más cercanos y especialmente mejores referentes para nuestros hijos», concluye.

FUENTE: abc.es/familia

¿Conoces la emoción que más se relaciona con la felicidad?

Para fomentar la felicidad en los más pequeños proponemos un modelo de crianza con menos bienes materiales, más límites y sin sobreprotección.

Flavia Tomaello Para el diadio LA NACION

Se habla de la felicidad con facilidad. Está en el podio de los deseos. Cada vez que se le pregunta a un padre sobre el futuro de los hijos, en todo tipo de crianzas, estratos sociales y edades, emerge: “Que sea feliz”. A este particular punto ha dedicado gran parte de su trabajo Silvia Álava Sordo, doctora y licenciada en Psicología nacida en Valladolid, pero instalada en Madrid hace más de dos décadas. Ha publicado siete libros, y casi como una constante aparecen en ellos una idea que los atraviesa: ¿Por qué no soy feliz?, Queremos que crezcan felices y Queremos hijos felices, son algunos de sus títulos.

Pero suele ser un concepto abstracto y volátil, que se construye individualmente. Álava Sordo, en una charla exclusiva con LA NACION, aporta claridad para entender cómo criar hijos felices.

¿Qué es la felicidad?

Es muy importante que definamos muy bien qué es porque la sociedad ha confundido la emoción de la alegría, que es una sensación que a todos nos gusta sentir, es agradable y en la que sube nuestra energía, con la felicidad, que no es solo sentir esa emoción agradable de gozo. Cuando hablamos de felicidad nos introducimos en un estado en el que cambian todas las emociones. Tanto las agradables como las desagradables. Si para ser feliz hay que estar todo el día sintiendo alegría, haciendo cosas que nos gustan o divertidas, lo que va a pasar es que absolutamente nadie en el planeta va a poder serlo. Por eso es importante que entendamos que la felicidad es un estado donde van a caber emociones amables y no tanto, y que no nos quedemos solamente con la parte hedónica de hacer cosas para el placer y para el disfrute. Cuestión que está muy bien y para la que hay que reservar esos espacios. Sino que también trabajemos desde la perspectiva de la felicidad eudaimónica, más relacionada con el crecimiento personal, con sentir que somos capaces de resolver con éxito esas situaciones de nuestro día a día.

Para ser feliz hay que sentir que se es capaz de resolver con éxito las situaciones del día a día

¿Es compatible la crianza en felicidad con la educación de los niños y los límites?

Pensamos que poner límites no se condiciona con la felicidad. Como psicóloga, trabajo en un centro en Madrid, y me gusta, al terminar la primera sesión en la que se presentan los adultos a cargo, sin los niños, preguntar: ¿Qué es lo que quieres conseguir para tu hijo o para tu hija? La respuesta que más me encuentro siempre es “que sea feliz”. ¿Cuál es el problema? Que muchos en ese pensamiento nos equivocamos. Y, por ejemplo, los inundamos para que tengan un montón de cosas. Cuando no hay ninguna evidencia científica, ningún estudio que nos diga que tener más juguetes los va a hacer más felices. O nos da miedo ponerles límites. Y es todo lo contrario, porque las normas les dan seguridad, les dan confianza, les muestran el camino que tienen que seguir. Y además, cuando evitamos la sobreprotección, también vamos a conseguir que sean más seguros, que se sientan con una mayor capacidad para desenvolver con éxito su día a día. Eso al final va a traducirse en que nuestros hijos sean más felices. No poniendo límites lo más habitual es que sean muchísimo más infelices.

¿Podrías darnos algunas claves para proteger la salud mental familiar puertas adentro de la casa?

Es cierto que parece que ahora hablamos mucho más, sobre todo desde la pandemia. La Asociación Española de Pediatría dice que se han incrementado un 47 por ciento los problemas de salud mental en población infantojuvenil. Las familias e incluso los profesores tienen un papel activo a la hora de criar a los niños y jóvenes con salud mental. Para ello es importante ver qué estamos haciendo, por ejemplo, estamos permitiendo ventilar las emociones, nos estamos convirtiendo en esa figura de referencia a la que nos pueda contar y además nosotros lo validamos, es decir, no juzgándolo, no diciéndole lo que tiene que hacer. Este sería uno de los pasos muy importantes. Necesitan que estemos ahí para darles ese apoyo emocional, para que podamos ser un vínculo de seguridad. Eso son factores de la salud mental. También es muy importante que trabajemos con ellos y que aprendan habilidades de la inteligencia emocional. Que sean conscientes de percibir la emoción que están sintiendo. Tanto de ellos mismos como de los demás. Y ayudarlos a aprender a expresarla de una forma correcta. A mí me gusta mucho Quino y esa frase de Mafalda sobre que la vida es bonita, pero difícil. Los adultos tenemos que dar herramientas y muchas de ellas son de la inteligencia emocional.

«No hay ninguna evidencia científica, ningún estudio que nos diga que tener más juguetes los va a hacer más felices», Silvia Álava Sordo, psicóloga

¿Cuánto de la sociedad hiperconectada afecta nuestra felicidad?

Esto es algo bastante interesante. ¿Realmente nos hacen más felices las pantallas? Los psicólogos decimos que tenemos que tener cuidado para poder utilizar las pantallas correctamente de tal forma que no interfieran en nuestra salud mental. Y que tampoco lo hagan en el bienestar emocional. Estamos observando que ante un problema o una emoción desagradable, recurren a las pantallas, porque tienen mucho miedo de mirar hacia dentro y ver qué pasa. Recurren a algo muy fácil para taparlo: la pantalla o las redes sociales. No es una buena idea, porque al final no estoy mirando lo que me pasa y no estoy afrontando el problema. Además, tienen un efecto que potencian la comparación social que nos hace infelices. Nos da la sensación de que nuestras comidas no son tan ricas como las que pone la gente en las redes o que nuestra vida no es tan interesante. Y muchas veces se nos olvida que las redes están hechas para aparentar, que no son la realidad y que es la vidriera donde cada persona cuelga su mejor versión.

¿Cómo trabajamos la felicidad en nuestros hijos adolescentes?

La felicidad se empieza a trabajar desde bien pequeñito. No se puede pretender no hacer los deberes y presuponer que todo emergerá en la adolescencia porque hay muchas bases que no van a estar bien sentadas. Lo mejor siempre es aportar mucho afecto físico: beso, mimo, caricia, fomentar los vínculos de seguridad. Y con los adolescentes hay que seguir trabajando. Durante la adolescencia el cerebro se reorganiza, se reconfigura. Y ese proceso es superimportante porque permite transformarlo en un órgano más potente para llegar a hacer operaciones y razonamientos tan complicados como los que hace un adulto. El proceso se hace de atrás hacia adelante. La última zona que termina de madurar es el lóbulo prefrontal, la parte de adelante de todo, que es precisamente donde se regulan las emociones. Por eso tengo que entender que al adolescente con el que convivo le puede costar mucho controlarlas y canalizarlas, porque la parte del cerebro que siente las emociones, el sistema mesolímbico, está muy sobreactivado por toda la producción de hormonas y eso hace que todo lo sientan con una intensidad muy alta. Entendiendo esto podemos evitar tomarnos de modo personal ciertas actitudes y entender si es un suceso de una dimensión real o es parte de su proceso madurativo. También es tiempo de fomentar que puedan estar con un grupo de iguales, porque en esta etapa también se configura la personalidad. Ya no se hace solamente a través de la familia, que de todos modos seguirá ahí presente y alerta, sino a través del grupo de iguales. Me refiero a grupos de carne y hueso. Amigos con los que poder salir, dar un paseo, estar en el parque, compartir una actividad.

¿Qué errores crees que cometemos al trabajar la felicidad en la crianza?

Muchos, como la sobreprotección, ese mal entender el amor maternal o paternal y decir: “ay, no me cuesta nada…” Con esa actitud se está generando un niño o niña con escasos recursos, con pocas habilidades. Eso no le va a ayudar a ser más feliz. O hiperestimularlos de tal forma que apenas tengan tiempo libre. Es muy bueno que hagan deporte o que aprendan o toquen instrumentos musicales. Pero no pueden hacer todo a la vez. Necesitan tiempo libre para jugar, porque de esa forma van a desarrollar su función ejecutiva, la capacidad de orientarse hacia las metas, la de dirigir su propia conducta. Hay niños que están tan sobreestimulados, que están siempre en cosas de adultos.

¿Por qué mucha gente dice que no puede ser feliz? ¿Qué nos pasa con la felicidad?

Nos hemos creído muchos de los mitos sobre la felicidad, que significa vivir sin problemas. Ser felices implica que tengo las herramientas para poder solventar con éxito mis situaciones del día a día. Que cuando tengo una complicación, pongo el foco en resolverla. Y que cuando ya no soy capaz porque es un problema de los que no tiene solución, acepto esa situación y en lugar de poner mi energía en intentar cambiar algo que ya no se puede modificar, la uso para regular esas emociones desagradables que me genera esta situación que no puedo cambiar. La felicidad es algo que está dentro de nosotros. Que no hay que buscarla fuera. Que no tiene tanto que ver con las cosas que tenemos o que conseguimos. Y que la emoción que más se relaciona con la felicidad es la serenidad, no tanto la alegría. Y que es muy complicado ser felices si no vivimos alineados con nuestros principios y con nuestros valores.

Algunas personas prefieren la serenidad a la felicidad. ¿Qué opina?

Es que han entendido bien lo que es la felicidad. Tiene más que ver con sentir que mi vida tiene un sentido, que encuentro por qué estoy aquí. Si entendemos así la felicidad, desde luego que la emoción con la que más nos vamos a sentir identificados es con esa calma. Esto no significa que no tengamos que potenciar emociones agradables o que no haya que hacer cosas divertidas. En absoluto es así.

Es difícil pensar en la felicidad cuando las demandas son tantas y debemos cumplir con muchas cosas

Es cierto que es complicado, porque vivimos en una sociedad de consumo que nos insta a tener y mostrar. Es importante poder parar y pensar en lo que creo que es importante para mí. No vivimos en una sociedad en la que, por ejemplo, sea fácil conciliar. Es complicado. Pero el secreto está en ir encontrando pequeñas estrategias para incrementar nuestro bienestar emocional intentando en todo momento cambiar el foco. Con los niños hay que tener cuidado con las expectativas que ponemos en ellos. Se ven muchos papás y mamás que en lugar de realizarse a través de ellos mismos, lo intentan hacer a través de sus hijos. Les colgamos una mochila emocional y una responsabilidad tan grande que no han de ser capaces de gestionarla. Démosles la libertad para que sean como son.

FUENTE: lanacion.com.ar

¿Cuántas emociones agradables necesito sentir para compensar las desagradables?

Las emociones agradables o positivas son el antídoto de las desagradables. Es decir, te ayudan a neutralizar los aspectos negativos de las desagradables.


¿Cuántas emociones agradables necesito sentir para compensar las desagradables?


Si observamos cómo funcionamos, solemos darle más importancia a las situaciones en las que hemos sentido tristeza, enfado, ira o cualquier emoción desagradable que cuando sentimos emociones agradables.


¿Por qué ocurre esto?


Por la «asimetría hedónica», es decir las emociones desagradables duran más tiempo que las agradables y suelen llevar asociadas una mayor intensidad. Es por eso que los principales investigadores sobre emociones positivas (Barbara Fredrikson), aconsejan que aspiremos a experimentar 3 emociones agradables por cada 1 desagradable, para de esa forma neutralizar el efecto de estas últimas.

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El juego es el vehículo perfecto para conectar a padres e hijos y fomentar el apego y el vínculo

La especialista en Psicología Educativa y otros 15 colegas de gabinete Álava Reyes presentan el libro ‘El arte de educar jugando’.

«El juego tiene un papel fundamental en el proceso de aprendizaje de los niños».

«Los niños pasan gran parte de su vida jugando y que cuando juegan se desarrollan muchos procesos, no solamente a nivel cognitivo sino también la seguridad, la autoestima o las habilidades sociales».

¿Qué importancia tiene el juego en la vida de los niños? Sin duda, una importancia máxima. Pero, Qué papel posee el juego en la educación y los procesos de aprendizaje del hoy niño y futuro adulto? ¿Y cómo pueden participar los padres en este proceso? A esta pregunta responde la especialista en Psicología Educativa Silvia Álava y otros 15 compañeros del gabinete Álava Reyes en el libro El arte de educar jugando (JdeJ Editores, 2021).

“No se trata de dar fórmulas mágicas porque las fórmulas mágicas no existen sino de aportar ideas y sugerencias. Es importante saber reconocer que los niños pasan gran parte de su vida jugando y que cuando juegan se desarrollan muchos procesos no solamente a nivel cognitivo – la atención, la concentración, la memoria, el razonamiento lógico…- sino también la seguridad, la autoestima, las habilidades sociales… Muchos padres se preguntan ‘¿qué puede hacer que mi hijo lo aprenda?’. A través del juego es completamente posible educar en valores y enseñarles todas estas competencias emocionales”, dice la coautora.

El arte de educar jugando

El arte de educar jugando aborda temas tan fundamentales en la etapa infantil como la estimulación del cerebro, cómo lograr que presten atención, cómo fomentar su autonomía y su autoestima, o cómo relacionarse con los demás. Pero además, los autores también han querido incluir asuntos más novedosos como el de cómo lograr una buena educación afectivo-sexual, qué pautas debemos seguir para el uso idóneo de las nuevas tecnologías o cómo educar en la igualdad de género.

Para ello, el libro se ha estructurado en 14 capítulos que están escritos por un psicólogo o psicóloga diferente y especialista en cada uno de los temas, tanto desde su experiencia directa trabajando con niños como de investigación. “Se trata de que los padres puedan invertir su tiempo y los recursos que tienen a su alcance en algo que, sin lugar a dudas, es uno de los trabajos más importantes de sus vidas: educar. Y el problema es que para educar nadie nos ha enseñado por lo que se trata también de orientarles desde la evidencia científica, desde las cosas que sabemos que está documentado que funcionan”.

En seis pasos

Cada capítulo está estructurado en seis pasos. El primero de ellos cuenta cuál es la habilidad que se va a trabajar, el segundo explica por qué es tan importante trabajarla y qué nos dice la ciencia al respecto, y luego se pasa al cómo, a las propuestas de juegos y ejercicios para hacer en familia. A su vez estos ejercicios están divididos por edades en franjas de 0 a 3 años, de 3 a 6 años, de 6 a 9 años y de 9 a 12 años. “En cada uno de los juegos explicamos qué vamos a hacer: primero saber para qué sirve en concreto ese juego, luego qué tipo de habilidad o destreza estamos trabajando. Además está muy detallado el cómo, siguiendo unos pasos para que no quede ningún tipo de duda de cómo lo debemos hacer; y luego vendría el cuándo: la sugerencia de en qué momentos se podría utilizar… Y terminamos cada capítulo con un ‘Recuerda’ donde resumimos los principales tips”, explica Álava. El libro está pensado para leer en el orden en que está escrito o bien elegir un capítulo concreto y buscar los ejercicios indicados a la edad de cada niño.

Emociones positivas para aprender mejor

Aroa Caminero, neuropsicóloga infantil experta en inteligencias múltiples y autora del capítulo Estimula su cerebro, explica la importancia del juego para lograr una correcta estimulación del cerebro: “Sabemos que se aprende muchísimo mejor a través de las emociones positivas y que los niños cuando hacemos con ellos actividades lúdicas y de juego están activando áreas cerebrales del placer, de la curiosidad y de la motivación”.

Por su parte, la doctora en psicología clínica Tatiana Fernández, responsable del capítulo Consigue que presten atención habla del papel básico de los progenitores en esta tarea: “¿Podemos dotar de herramientas a los niños para mejorar la atención? La respuesta es que sí. De hecho, muchos de los juegos que han usado los padres con sus hijos durante la pandemia para estar entretenidos también necesitaban ‘de pararse’, por lo que el confinamiento ha sido un escenario muy interesante para desarrollar esta habilidad”.

Enseñarles a pensar por sí mismos

Enseñarle a pensar por sí mismo es el capítulo que insiste en la necesidad de desarrollar el pensamiento crítico a través de juegos que pueden aplicarse en la vida diaria de las familias. “Cuando un niño no ha sido educado en el pensamiento crítico corre el riesgo de ser condicionado por manipuladores emocionales. El pensamiento crítico les obliga a escoger, a no creer todo lo que ven, lo que leen y lo que escuchan, y a formar sus propias conclusiones. Además, también influye en el desarrollo de la creatividad, la resolución de conflictos, la empatía, la adaptación a situaciones nuevas, la autonomía…”, afirma Bárbara Martín, experta en terapia psicológica con niños y adolescentes.

Como importante es que los padres faciliten estrategias para trabajar la autoestima: “Los padres ejercen un papel fundamentan en la valía de sus hijos desde su más tierna infancia. Los mensajes que nos transmiten en la infancia son las voces internas que nos van acompañando en nuestro diálogo interior a lo largo de nuestro futuro. Validarles, dedicarles tiempo en exclusiva, hacer que se sientan importantes es fundamental para reforzar la seguridad en ellos mismos y todo esto puede conseguirse a través del juego”, señala la psicóloga Lucía Boto Pérez.

Figuras de seguridad

El arte de educar jugando incluye también otros interesantes capítulos como Vencer los miedos del día a día. “El objetivo del capítulo es que los padres puedan entender la manifestación de la emoción del miedo que aparece en las distintas etapas del desarrollo de sus hijos. El juego para gestionar el miedo mejora la percepción que tienen de nosotros como figura de seguridad y les ayudamos a conectar con otras emociones como la valentía o el humor”, explica la psicóloga experta en conducta infantil Gema Valenzuela.

Portada del libro 'El arte de educar jugando'
Portada del libro ‘El arte de educar jugando’.

Presentamos el nuevo libro «Educación emocional en familia»

Presentamos el nuevo libro ‘Educación emocional en familia’, escrito con la también psicóloga Ruth Castillo Gualda en la sección ‘Ánimo, profes’. Durante la entrevista con Víctor Núñez, mostramos una visión práctica de la inteligencia emocional, no solo para las familias sino también para su aplicación en los centros educativos.

La importancia de trabajar las emociones con los niños

Las psicólogas Silvia Álava Sordo y Ruth Castillo Gualda publican ‘Inteligencia emocional en familia’, un libro donde hablan de la inteligencia emocional y la educación socioemocional y ofrecen herramientas a los padres y educadores para que sepan entender lo que sienten sus hijos.

Publicado por Ana M. Longo

Las emociones son respuestas involuntarias a estímulos y forman parte de nosotros. Los padres queremos que nuestros hijos sufran lo menos posible, pero las emociones desagradables también están.

Hablamos con las autoras del manual ‘Inteligencia emocional en familia’ (Editorial Síntesis, 2023)Silvia Álava Sordo y Ruth Castillo Gualda, quienes afirman que no hay que tratar de ser unos padres perfectos, sino mediante el ejemplo, mostrar que también se poseen las estrategias para manejar todas las emociones.

4 habilidades

La inteligencia emocional como apunta Silvia Álava Sordo, doctora en Psicología clínica y de la salud, profesora de universidad y divulgadora científica, está compuesta por cuatro habilidades desde el modelo de Mayer y Salovey (psicólogos norteamericanos, que, en 1990, desarrollan la Teoría de la Inteligencia Emocional) que siguen en su obra:

  • La primera es la de la percepción emocional, esto es, ser capaz de reconocer las emociones, primero en uno mismo -y expresarlas adecuadamente- y también, reconocer las que sienten quienes te rodean.
  • La segunda es la facilitación emocional: Somos conscientes de que no hay emociones buenas ni malas, sino que todas son buenas porque nos dan información que aprendemos a leer y que constata que algo sucede.
  • La tercera es la comprensión emocional, es decir, entendemos la causa y la consecuencia de una emoción y también lo descubrimos en los demás. Además, disponemos de un vocabulario para exponer cómo nos estamos sintiendo.
  • La cuarta es la regulación/manejo emocional: Cuando somos conscientes de la emoción, en lugar de actuar en automático, diciendo o haciendo algo de lo que puede que nos arrepintamos o quedándonos colapsados, de forma consciente elegimos cómo vamos a actuar; también implica regular las emociones de los demás, ayudarlos.

Como refiere la psicóloga sanitaria y educativa,

Existe suficiente evidencia científica acerca de la importancia de trabajar la educación emocional en los niños.

Si como progenitores pretendemos evitar constantemente el dolor o la tristeza a nuestros hijos, la escritora destaca que no se les ejercitará en una óptima educación emocional: “No les permitiremos experimentar las emociones menos placenteras ni que aprendan a convivir con ellas; tampoco les proveeremos de las estrategias más acertadas para regularlas”. Y añade que es crucial hacerlo para prevenir determinados trastornos emocionales, como la ansiedad y el estrés.

Ayudar al niño a regularse emocionalmente

Ruth Castillo Gualda, doctora en Psicología, experta en educación emocional, profesora y consultora del Yale Center for Emotional Intelligence, relata que: “La educación socioemocional es un proceso de acompañamiento por parte del adulto, desde el ámbito familiar o educativo, para favorecer las habilidades de reconocimiento, comprensión, expresión y regulación de las emociones”.

Puntos importantes en la educación emocional en una familia

A modo de conclusión, las autoras señalan los siguientes puntos a tener en cuenta las familias en la educación con sus hijos:

  • Educar en inteligencia emocional, pero primero como adultos sería necesario haber aprendido a identificar y regular las propias emociones.
  • Los niños necesitan que sus padres o profesores hagan una labor de corregulación. Al adulto desde la calma le resultará más fácil ayudar al hijo a regularse. Hay que recordar que el cerebro de niños y adolescentes está en un proceso madurativo; la parte que regula y maneja las emociones no termina de madurar hasta los 25 años.
  • Los adultos hemos de estar receptivos y presentes y generar un clima de confianza, un espacio seguro y respetar lo que dicen. Hablar de emociones no es de débiles.
  • Aceptar consiste en no rebelarse contra aquello que experimentamos. Hay que poner el foco en lo que depende de nosotros y en los aspectos que sí podemos controlar de nosotros mismos o de la situación.
  • Para favorecer la comprensión emocional, con el vocabulario emocional favoreceremos en nuestros hijos su autoconocimiento, su conversación interna y su capacidad para empatizar y captar las emociones de los demás.

FUENTE: SERPADRES.ES