Silvia Álava Sordo, doctora en Psicología, escritora y divulgadora, lleva más de dos décadas dedicada a ayudar a familias a construir una vida emocionalmente saludable. A lo largo de su carrera, ha publicado siete libros centrados en el bienestar emocional y la crianza positiva. Títulos como ¿Por qué no soy feliz?, Queremos que crezcan felices y Queremos hijos felices se han convertido en referencias para padres, educadores y profesionales de la salud mental. Su mensaje es claro: la felicidad es una construcción interior, alejada de la idealización superficial.
La felicidad no es alegría constante
Uno de los errores más comunes es confundir la felicidad con la alegría continua. Silvia Álava lo explica con claridad: la felicidad es un estado más profundo y equilibrado, donde también caben emociones desagradables. «Si creemos que ser feliz es estar siempre contento, nadie podrá ser feliz», afirma.
Desde su experiencia clínica y formativa, propone diferenciar entre felicidad hedónica (centrada en el placer) y felicidad eudaimónica (basada en el crecimiento personal y el sentido vital). En este enfoque, la serenidad emerge como la emoción que mejor define el bienestar duradero. Es ese estado de calma que sentimos cuando vivimos en coherencia con nuestros valores, con propósito y equilibrio.
Educar en felicidad también es educar en límites
Uno de los mensajes más potentes de Silvia Álava es que los límites y las normas no están reñidos con la felicidad de los niños. De hecho, son fundamentales para ella. «Las normas les dan seguridad, confianza y les muestran el camino que deben seguir», asegura. La sobreprotección, por el contrario, puede generar inseguridad y dependencia emocional.
Por eso, en consulta, suele preguntar a los padres: «¿Qué es lo que quieres para tu hijo o hija?». La respuesta habitual es «que sea feliz». Sin embargo, para lograrlo, no basta con colmarles de objetos materiales ni evitarles toda frustración. Es necesario ayudarles a desarrollar herramientas emocionales para enfrentarse a la vida.
Salud mental familiar: un objetivo compartido
Desde la pandemia, la salud mental ha cobrado visibilidad, especialmente en la infancia y adolescencia. La Asociación Española de Pediatría alertó de un aumento del 47% en los problemas de salud mental en menores. Silvia Álava señala que la familia tiene un papel activo y crucial en la prevención.
Validar emociones, ofrecer apoyo emocional sin juzgar, y convertirnos en figuras de referencia emocional para nuestros hijos son claves esenciales. También lo es fomentar habilidades de inteligencia emocional: aprender a identificar lo que sentimos, entender cómo afecta a nuestra conducta y expresarlo de forma adecuada.
El impacto de la sociedad hiperconectada
En un mundo hiperconectado, las pantallas se han convertido en válvulas de escape para muchas emociones incómodas. Niños y adolescentes recurren a ellas para evitar mirar hacia dentro. «Esto limita su capacidad de afrontamiento», advierte Álava.
Además, las redes sociales refuerzan la comparación social, uno de los grandes enemigos de la felicidad. Nos hacen sentir que nuestra vida es menos interesante o exitosa. Enseñar a los menores a discernir entre la realidad y la apariencia digital es hoy más necesario que nunca.
La adolescencia: un momento clave
La felicidad no aparece de repente en la adolescencia. Se construye desde la infancia con afecto, vínculos seguros y educación emocional. Durante la adolescencia, el cerebro está en plena reestructuración, especialmente en el área encargada del control emocional.
Comprender este proceso nos permite acompañarlos mejor y evitar interpretar sus reacciones emocionales como ataques personales. También es el momento de fomentar los lazos con grupos de iguales reales, no virtuales, y seguir presentes como adultos de referencia.
Errores frecuentes al educar en felicidad
Álava señala errores frecuentes como la sobreprotección, la hiperestimulación (llenar su agenda de actividades sin dejar tiempo libre), o el proyectar nuestras propias frustraciones en ellos. «Algunos padres intentan realizarse a través de sus hijos. Les cargan con expectativas y mochilas emocionales muy difíciles de gestionar», advierte.
Fomentar el juego libre, el tiempo en familia, la expresión emocional y la construcción de una autoestima sólida son elementos fundamentales para una crianza orientada al bienestar.
La felicidad se cultiva desde dentro
Finalmente, Silvia Álava recuerda que la felicidad no se busca fuera. «Ser feliz es tener herramientas para afrontar con éxito las dificultades, aceptar lo que no podemos cambiar y regular nuestras emociones». En ese proceso, la serenidad se convierte en la mejor aliada.
Vivir desde nuestros principios, con autenticidad y sentido, es la verdadera clave de una vida plena.