#Video ¿Cómo establecer un clima de confianza en el entorno familiar?

¿Cómo establecer un clima de confianza en el entorno familiar? Para la generación de un buen clima de confianza será necesario poner en común ¿Qué es lo que cada miembro de la familia necesitaría para sentirse cómodo a la hora de comunicarse dentro del entorno familiar?

¿Por qué a algunos adolescentes les gustan tanto las películas de terror (y a algunos adultos también)? Colaboración con Bebesymas.com

De tener miedo a lo que hay bajo su cama cuando son niños a encantarles las pelis de terror total unos años después, cuando entran en la adolescencia. ¿Por qué les gusta tanto el miedo a algunos adolescentes? ¿Qué hace que quieran ver películas de terror?

Por qué nos gustan las pelis de miedo

El estudio del miedo y de la fascinación por el mismo lleva interesando a los investigadores desde hace años.

Inicialmente se redujo todo a un “chute de adrenalina”, que es adictivo, pero por sí solo esto no es una explicación satisfatoria para una conducta tan compleja (pasarlo mal a posta). En Bebés y más23 libros de terror y suspense para regalar a tus hijos en la noche de Halloween

Tradicionalmente se manejaban dos hipótesis o explicaciones acerca de por qué nos gusta pasar miedo en el cine:

  • La primera se centra en que esto sucede porque los espectadores de estas películas en realidad no sienten miedo, sino excitación (no sexual, sino a nivel cognitivo y fisiológico).
  • La segunda justificaba que aguantáramos pasarlo mal con esas películas porque después sentíamos un profundo alivio y una -adictiva- euforia.

Sin embargo posteriormente un estudio realizado en la Universidad de Berkeley y publicado en el Journal of consumer research, contradice estas dos propuestas afirmando que no es el alivio o la exitación lo que nos lleva a querer pasar miedo, sino que nos gusta sentirlo.

Otro estudio reciente (tan reciente como que es de este mismo año) explica por qué nos gusta el miedo y por qué repetimos experiencia a pesar de haberlo pasado fatal en la sala en otras ocasiones viendo películas de terror.

Según los autores, la exposición voluntaria a experiencias negativas intensas (como puede ser una película de terror, el pasaje del terror de un parque de atracciones o una montaña rusa con una baja de infarto), mejora nuestro estado de ánimo.

Aquellos participantes que habían indicado que estaban aburridos, cansados o estresados previo a ser expuestos a una experiencia de miedo (una especie de pasaje del terror), señalaron que se encontraban muchísimo mejor después: menos aburridos, más activos y sobre todo menos estresados.

Los autores concluyen entonces que la exposición voluntaria al miedo, por ejemplo, nos ayuda a reducir el estrés.

En el caso de los adolescentes

A muchos les resulta curiosa la fascinación que sienten los adolescentes por el miedo, el terror o lo paranormal. ¿Hay alguna explicación para ello?

Como casi todo en lo que respecta a la conducta humana, no hay una sola causa o explicación de por qué hacemos lo que hacemos.

Veamos algunas variables o circunstancias que puede estar tras esta fascinación:

  • Un estudio de 2014 revela que directamente los adolescentes encuentran excitante la exposición a situaciones o experiencias que evocan el miedo. Muchos adolescentes, de acuerdo con los autores, encuentran lo amenazante, lo peligroso, como gratificante, les gusta.
  • Para ellos puede ser como un reto, un “a ver cuánto miedo aguantamos”, una forma de tomar la medida de hasta donde llegan. En la adolescencia están definiéndose a sí mismos, están buscando quiénes son, y en ese proceso se prueban, se comparan con sus iguales, se llevan al límite en algunas cosas. Y esta puede ser una de ellas.
  • Están desprendiéndose de su yo infantil, “ahora soy mayor, adulto”. Las películas de terror pueden suponer para ellos un rito iniciático de la adolescencia, de la “siguiente etapa”. Dejan atrás los miedos que consideran típicamente infantiles y abrazan esto que para ellos, es adulto: enfrentarse al terror… sin pestañear.
  • Vía para ligar y tontear: ir en una cita a ver una peli de terror es un clásico adolescente, tanto que muchos de nosotros, ahora padres, seguramente habremos pasado por ello. Ver este tipo de películas con la persona que te gusta es la excusa perfecta para acercarse, para abrazarse, para tocarse… O sea, eso que todo adolescente hormonado desea.
  • Socialización de género: a esto anterior se le suma ese componente cultural, ese estereotipo social (que el propio cine ha explotado) de “la chica indefensa y/o sensible y el chico protector”… roles que en un cine, mientras descuartizan a un personaje, convenientemente se activan en pos de lo sexual. En un estudio -prehistórico, lo advierto- publicado en el Journal of personality and social Psychology, los autores encontraron que los chicos disfrutaban más de las pelis de terror cuando estaban en compañía de una chica “nerviosa o asustada” que cuando estaban con una tranquila o que controlaba sus emociones. Por otra parte, las chicas parecían disfrutar más de una sesión de cine de terror cuando iban acompañadas de un chico “que controlaba la situación”, tranquilo, que con uno nervioso o asustado. Pero este estudio es de 1986, y de eso ha llovido mucho.
  • Porque no es real: a pesar de lo explícita, de lo sanguinaria o terrible que pueda ser una película, ellos distinguen entre eso y la realidad, y es el escalón que marca la diferencia. Un estudio publicado en 1993 expuso a universitarios a escenas reales sangrientas. Los participantes mostraron altos niveles de malestar. Sin embargo, cuando después se les preguntó si irían al cine a ver una película de terror sangriento, afirmaron estar dispuestos sin ningún problema. El estudio demostró a su vez que cuanto más realista la película, más efectos negativos causaba en los espectadores jóvenes, por lo que la distancia con la realidad, o que se perciba como “no posible o realista” hace que toleren niveles más altos de miedo o terror sin pasarlo mal.
  • Tradicionalmente en las pelis de terror, ya en los 70 pero en pleno apogeo en los slasher de los 90, se mezclaban terror con violencia y sexo. Y… ¿qué adolescente no se siente lo “suficientemente mayor” como para ya poder ver eso?

Mejor en grupo

Si nos fijamos, los adolescentes tienen una clara preferencia por ver este tipo de películas en grupo. ¿Por qué? Porque supone un contexto seguro en el que experimentar determinadas emociones negativas sin tener que asumir ningún tipo de riesgo en realidad.

Tras una experiencia de este tipo, en grupo, tienen la sensación de haber sobrevivido a algo, y se creen más fuertes, lo que a su vez genera más cohesión de grupo, se sienten más unidos por la experiencia. Y si algo necesitan y buscan los adolescentes es sentirse parte del grupo de amigos.

Por otra parte, ver este tipo de películas con amigos y comentarlas después reduce los niveles de miedo, de acuerdo con un estudio de 2011. ¡Mejor con amigos!

Consejos para padres

Como con todo lo relacionado con nuestros hijos, merece la pena que estemos al tanto de qué ven, cómo lo ven y qué opinan y sienten al respecto.

Por muy mayores que nos parezcan están en pleno desarrollo, y estar a su lado y acompañarles en esta etapa es tan importante como cuando eran unos indefensos bebés.

Aprovecha estas películas, como hacemos los padres con otras tantas cosas, para abrir un diálogo con tu hijo adolescente: para hablar de violencia, de sexo, de estereotipos de género (de las que están bien cargaditas estas películas, especialmente las del siglo pasado).

No hace falta que hagas un cineforum «a lo Garci en La 2», hazlo de manera natural, relajada: ver películas en familia es siempre una buena idea, sean del género que sean.

FUENTE: Bebesymas.com

Aprende a entrenar tus emociones y las de tus hijos. Curso online gratuito del BBVA y El País

Conoce cómo podemos aprender a desarrollar, gestionar y regular nuestras emociones y las de nuestros hijos y alumnos.

La Inteligencia Emocional es la capacidad para percibir las emociones tanto en uno mismo como en los demás, de comprender por qué se han producido y ser capaz de regularlas. Las personas emocionalmente inteligentes extraen lo mejor de sí mismas: alcanzan su máximo potencial, disfrutan de mayor bienestar físico y psicológico, y multiplican sus posibilidades de alcanzar sus objetivos.

Cómo se estructura

Silvia Álava Sordo y Ruth Castillo Gualda, doctoras en Psicología, son las encargadas de dar forma a estos contenidos. Juntas han diseñado las herramientas necesarias para entrenar, paso a paso, las habilidades de la inteligencia emocional.

Recuerda que puedes ver el contenido de forma lineal o saltar de un vídeo a otro centrándote en lo que más te interese.

  1. ¿Qué son las emociones? ¿Qué es una emoción?, ¿Para qué sirve?, ¿Cuál es su relación con nuestras acciones?, ¿Y con nuestros pensamientos?, ¿Existen emociones buenas y emociones malas? Reflexionar sobre estos y otros aspectos será el punto de partida para comprender la importancia que las emociones tienen en nuestra vida.
  2. Se escucha con el cuerpo: Nuestro cuerpo transmite emociones. Los gestos, la mirada y la postura expresan lo que sentimos. Si tomamos conciencia de lo que transmitimos con el cuerpo, mejoraremos nuestra capacidad de comunicación con los demás.
  3. Lo que ves… y lo que no ves: Las emociones tienen dos caras: una visible y otra invisible. Conocerlas ambas y comprender su alcance es uno de los secretos de la Inteligencia emocional.
  4. ¿Cómo te sientes? Medidor emocional: ¿Sabías que las emociones se pueden medir? El medidor emocional sirve para identificar y clasificar las emociones. Porque sólo tomando conciencia de ellas podrás gestionarlas de forma saludable.
  5. Adivina mi emoción: Desarrolla el autoconocimiento y la empatía adivinando las emociones. Analiza qué transmites y tu capacidad de identificar las interpretaciones de los demás.
  6. Quién es quién de las emociones: ¿Cómo se diferencia la motivación de la inspiración? Este es un juego para ampliar tu vocabulario emocional. Dale un nombre a cada emoción y analiza sus matices. Descubrirás lo importante que es profundizar en su significado.
  7. Un cuento muy especial: Las emociones se relacionan entre ellas y se transforman unas en otras. ¿Cuántas emociones puedes sentir en un día? Descubre cómo escribir un cuento sobre la evolución de las emociones.
  8. Diario emocional: ¿Cómo te sentiste? ¿Por qué? ¿Cuál fue tu respuesta? La mejor forma de conocer tus emociones es analizarlas. En este ejercicio, iniciamos un diario para expresarlas a través de la escritura o el dibujo.
  9. Estilos de respuesta: Aprende a sentir, pensar y actuar para solucionar los conflictos desde la empatía y el acuerdo. Sin imponer tu opinión y respetando la de los demás. La asertividad es la respuesta.
  10. El poder de la emoción: Las emociones no son buenas o malas, negativas o positivas. Todas son necesarias, todas son útiles. En este juego de mesa, descubrirás que si utilizas las emociones correctas puedes conseguir todo lo que te propongas.
  11. ¿Reaccionas o respondes? Abrir un refresco después de haberlo agitado no es una buena idea.  Reaccionar de forma impulsiva, darle vueltas a todo o solo culpar a los demás, tampoco. Conoce qué tipo de respuestas automáticas damos y cómo podemos evitarlas.
  12. Estrategias saludables: ¿Qué puedes hacer cuando estás triste? ¿Cómo afrontas una situación emocional complicada? ¿Se puede mantener la alegría? Conoce cómo hacer deporte, escuchar música o hablar con tus amigos te puede ayudar a regular tus emociones.
  13. La respiración diafragmática: ¿Quién no se pone nervioso alguna vez? En este ejercicio practicarás la ‘respiración diafragmática’. Entrena esta técnica para relajarte y consigue mantener la atención siempre que lo necesites.
  14. El rincón de la calma: A veces, en momentos de enfado, nos dejamos llevar por la emoción y hacemos o decimos algo de lo que luego nos arrepentimos. ¿Podemos aprender a controlar nuestras emociones en esos momentos? Sí.

Participación en el programa de debate ¿Quién educa a quién? tras Hit

Os adjunto el vídeo del programa ¿Quién educa a quién? que se emite tras la serie HIT y en el debatimos sobre la educación y la figura clave de los padres y madres:

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El uso de pantallas en niños y adolescentes aumentó un 180 por ciento en el confinamiento

Las pantallas han sido el ocio de los más pequeños esta primavera. Para desconectar los psicólogos recomiendan movimiento y aire libre «El mejor juguete para los niños y adolescentes es que los padres jueguen con ellos», explica la psicóloga Silvia Álava. Detrás de ellas también ha pasado la mitad del curso escolar y ahora desenchufarse cuesta. «Un poquito, estaban acostumbrados a comunicarse con sus amigos a través de las aplicaciones y al principio tenían como miedo escénica», afirma Eva Pastor, madre de Alejandra y Pablo, de 10 y 8 años. Contra la resistencia a la desconexión se recomienda buscar consensos. «Dar al niño la posibilidad de que elija cuándo lo va a utilizar», apunta Silvia Álava. Aunque según la aplicación de control parental Family Time,  el consumo ha aumentado un 180 por ciento en España durante el confinamiento, la tecnología no sustituye al contacto humano.

¿Necesito buscar culpables? Colaboración con Padres Y Colegios

Seguro que todos conocemos personas que cuando no se encuentran bien, cuando las cosas no ocurren como a ellos les gustaría, o incluso, en situaciones extremas como las que vivimos por el confinamiento debido al coronavirus, se obsesionan con buscar a un culpable.

¿Qué ganamos con esta actitud?

La respuesta es contundente: NADA. Incluso es algo nocivo para nuestra salud:

  • Cuando ponemos el foco en buscar quién tiene la culpa estamos generando emociones desagradables, tanto en nosotros, como en los demás.
  • Mi atención se centra en lo que los demás hacen o dejan de hacer,por tanto, en lo que no depende de mí, lo que me deja muy poco margen para la acción y para resolver la situación.
  • Generamos una actitud de victimismo, que es justo la contraria a la necesaria para favorecer la resiliencia, o lo que es lo mismo, crecer ante la adversidad.
  • No nos permite aprender de la situación, porque estamos externalizando cualquier tipo de responsabilidad o acción de enmienda por nuestra parte.
  • Nos impide la posibilidad de crecer como personas,de sacar de la adversidad una mejor versión de nosotros mismos.
  • Cuando nos centramos en criticar a los demás, sin aportar nada constructivo, sin dar un feedback de lo que creemos que se hizo bien, corremos el riesgo de convertirnos en personas tóxicas, dado que generamos emociones desagradables en los demás.
  • Y el problema es cuando, además, enseñamos a los niños a buscar los culpables fuera, en lugar de aprender del error y a reflexionar sobre qué pueden hacer ellos para solventar la situación.

Es cierto que muchas veces la situación es complicada, mucho más de lo que nos gustaría, y que nosotros no somos los que hemos originado el problema, lo que facilita el proceso de búsqueda los culpables, así que…

¿Qué podemos hacer?

1. Reflexiona sobre la situación¿qué puedes hacer tú para mejorarla?

2. Céntrate en tu área de acción.Es decir, en las cosas que dependen el 100% de ti.

3. Aparta todas las cosas que no dependen de ti, las que tienen que ver con la sociedad o con personas que ni siquiera conoces.

4. Si necesitas pedir ayuda, pídela.

5. No fomentes el rencor. Imagina que por cada persona que le guardas rencor por lo que hizo, te dijo, o por lo que te hubiese gustado que hiciera, es una piedra que cargas en tu mochila. ¿Estás dispuesto a cargar con ese peso?

6. Trabaja el perdón, es la mejor fórmula para no buscar culpables y generar rencores.

Todo esto es necesario trabajarlo con los niños

No nos podemos olvidar de que, tal y como hemos comentado varias veces, los niños aprenden por modelado, es decir, copian a sus adultos de referencia, que principalmente son sus progenitores y sus maestros.

Hay muchas situaciones en el día a día para ponerlo en práctica. Por ejemplo, cuando nos cuentan que han discutido con un amigo, o que han tenido un problema en el recreo, o en una conversación online entre amigos… ¿qué podemos hacer en esos casos?

1. Escuchar atentamente a tu hijo su versión, sin interrumpir su discurso.

2. Ponte a su altura. Si hace falta agáchate o siéntate a su lado para que se sienta escuchado.

3. Una vez que nos haya contado lo ocurrido, pregúntale cómo se ha sentido.No te conformes con una respuesta del tipo “bien” o “mal”, sólo nos está diciendo si lo que siente es agradable o desagradable. Pregúntale por la emoción en concreto.

4. Si no sabe decirnos cómo se siente, puedes probar a decirle “yo creo que por lo que me cuentas te sentiste decepcionado, porque tú esperabas que tu amigo te dejase jugar con él, o porque te hubiese gustado que tu amiga te hubiese invitado a su casa el fin de semana…

5. Una vez que ya sabe cómo se siente, es el momento de trabajar la empatía, preguntarle cómo cree que se ha sentido su amigo. En estas situaciones muchas veces los niños piensan que su compañero ha hecho algo adrede para hacerle sentir mal, cuando en absoluto ha sido así.

6. También es importante que les invitemos a reflexionar sobre cómo ellos han hecho sentirse a los demás. No sólo poner el foco en nosotros mismos, y sobre todo ayudarles a entender que estar enfadado con alguien no justifica decirle o hacerle algo que le haga daño, porque podemos hacerle sentir mal.

7. Buscar entre los dos la mejor solución posible, desde pedir perdón, invitarle a volver a jugar con nosotros… Se trata de que los adultos seamos un modelo conciliador, en el que todos hacemos por solventar la situación.

8. Nunca educar en el resentimiento. En ocasiones somos los propios adultos los que llevamos la cuenta de las “faenas” o los “feos” que un determinado niño ha hecho a nuestro hijo y sin querer estamos buscando un culpable y haciéndole a él la víctima. De esta forma no fomentamos que adquiera empatía ni habilidades sociales.

9. Ayudarle a que se capaz de expresar a sus amigos cómo se ha sentido en esa situación en concreto. Utilizando en todo momento fórmulas asertivas, respetando los sentimientos y las opiniones de los demás, pero no quedándose callado.

Se trata de enseñar a los niños a fomentar el pensamiento crítico, pero desde la iniciativa personal y viviendo cada situación como una nueva oportunidad para aprender.

FUENTE: PadresyColegios.com

Claves para ayudar a nuestros hijos a gestionar sus emociones. Colaboración con Gestionando Hijos

Los psicólogos Silvia Álava y Ángel Peralbo nos ayudan a comprender y gestionar la difícil situación que estamos viviendo

Algunos de los grandes retos que presenta la tesitura actual es aprender a gestionar nuestras emociones, ayudar a nuestros hijos a gestionar las suyas, y hacerlo de forma que minimicemos, en la medida de lo posible, las consecuencias psicológicas que se puedan derivar. Pero este no es un objetivo sencillo, requiere de trabajo, consciencia y constancia.

Así pues, hemos entrevistado a Silvia Álava y Ángel Peralbo, psicólogos del equipo de Centro de Psicología Álava Reyes, dirigido por María Jesús Álava, para que nos den claves sobre cómo conllevar esta situación y ayudar también a nuestros hijos a hacerlo.

En estas semanas de confinamiento hemos tenido que hacer frente a una situación desconocida y sin precedentes que ha despertado muchas emociones en nosotros y en nuestros hijos, especialmente relacionadas con el miedo, la incertidumbre, la ansiedad… ¿Qué importancia tiene la gestión emocional en estos momentos?
Ángel Peralbo:
 Ante una situación como la que estamos viviendo de confinamiento, de «parada técnica» impuesta, necesaria y nada previsible porque no existían precedentes, y donde, no nos olvidemos, se pueden estar viviendo problemas de salud, dentro o fuera del ámbito de la familia, lo primero que se genera es un estado de indefensión a partir del cual se va a poner en marcha cierto abanico de emociones, propio del ser humano ante situaciones alarmantes. Es el primer escudo protector que desplegamos las personas ante estímulos que, potencial o realmente, nos pueden desequilibrar. Hay que entender que las emociones tienen el cometido de ayudarnos a adaptarnos, y, por tanto, una de sus principales funciones es activar y generar acciones que reequilibren y devuelvan el ajuste que nuestro cerebro necesita para seguir funcionando con la mayor normalidad posible. Esto solo lo conseguimos gracias a esa gestión emocional que es la que nos va a permitir pasar de los estados de alarma a estados sostenibles, adecuados e incluso positivos, como los más propicios para vivir y disfrutar.

En estos momentos, una adecuada gestión de las emociones va a consistir en:
— Detectar e identificar cómo nos sentimos, cuál es la emoción básica o compleja que predomina, qué indicadores internos aprovecha nuestro cuerpo para que lo podamos notar. Cada persona es muy distinta también en este sentido y, así, hay niños que pueden mostrar más nerviosismo a través de indicadores como el bloqueo o un exceso de movimiento y otros pueden mostrar más preocupación a través de conductas de cierta agresividad o aislamiento.

 Identificar cuál es el motivo por el que se siente o nos sentimos de esta forma concreta, para conocer tanto la etiqueta, el nombre de la emoción, como lo que les lleva o nos lleva a ella. No es lo mismo sentir frustración porque el confinamiento no me permite hacer lo que yo quiero, que miedo a contagiarme o tristeza por pensar que esto va a ser un auténtico desastre.

— Expresar lo que sentimos y buscar la forma de canalizar esas emociones, además de manejarlas para que no nos inunden, no permanezcan en el tiempo y se conviertan en estados habituales y, por el contrario, sirvan de señales que desde la aceptación de la difícil situación, nos permiten poner en marcha estrategias que nos calmen y que nos ayuden a pensar con realismo y optimismo, como claves de superación de esta etapa negativa.

¿Cómo podemos ayudar a nuestros hijos a que gestionen sus emociones cuando muchas veces nosotros mismos no somos capaces de hacerlo?
Ángel Peralbo:
 El primer precepto que debemos tener en cuenta es que las emociones en las personas son las características más experienciales y menos teóricas que existen, lo que quiere decir que no es suficiente con decirle a alguien cómo tiene que regularse, sino que además hay que enseñarle a hacerlo y encargarse de que practique.

Dicho esto, el mecanismo más básico por el que el niño va a aprender es por imitación, lo que, teniendo en cuenta su gran destreza como observadores, va a llevar a los padres a cuidar mucho cómo muestran su miedo, su desesperación, su angustia, etc.

Por tanto, como adultos, los padres empezarán por su propia gestión emocional, de igual modo que en un avión que sufre un episodio de descompresión no se les debe poner la mascarilla primero a los niños. Y lo harán poniendo en marcha esa gestión emocional de la que hablábamos antes.

No obstante, los padres no tienen que mostrar que son perfectos y que nada les afecta; más bien, deben buscar esa calma para que los niños vean y validen como normales en estas circunstancias esas emociones de carácter negativo, y, a partir de ahí, esforzarse por regularlas, paliar sus efectos, ayudando a los niños a expresarlas y a canalizarlas, aportándoles esas estrategias, como las técnicas de relajación, que tanto ayudan en la autorregulación y que, en un momento como el que estamos viviendo, bien puede ser una actividad para hacer juntos, padres e hijos, como una manera más de enseñar que todos buscamos y encontramos esa regulación emocional.

Lo que a los niños les va a permitir regularse será que reciban ayuda para expresar lo que sienten, será ayudarles a entender por qué lo sienten y llevar a cabo juntos estrategias para conseguir que se sientan calmados y tranquilos.

No queremos transmitir nuestros miedos y preocupaciones a nuestros hijos, pero tampoco queremos decirles mentiras y ocultarles la realidad… ¿Qué podemos hacer?
Ángel Peralbo:
 La idea es, como decíamos antes, identificar bien lo que sentimos y expresarlo, explicarlo y conducirlo para aprender a paliarlo y que no acapare todas las respuestas, ni las nuestras como adultos, ni las de los niños.

¿Qué no debemos hacer? Ni negarlo ni excedernos.
— No debemos negarlo ni hacer como si no pasara nada, puesto que nuestros hijos pueden ser simples, por su edad, pero se darán cuenta de que algo no va bien, y, como no sabrán qué, se darán su propia explicación, lo que puede ser aún más contraproducente y preocupante que lo que ocurre en realidad.

— No debemos darles más información que la que por su edad, por su nivel de comprensión y por su capacidad de conocimiento pueden digerir. La información por sí sola no se traduce en conocimiento; por tanto, hay que darles información ajustada, real y acompañada de la seguridad del adulto, que no debe faltar en ningún caso.
Esforzarnos por mantener la calma nos va a permitir escoger bien, en cada momento y en función de cómo están los niños, el recurso adecuado. Si están alterados, la cercanía y la seguridad que les brinda esa presencia tranquila del adulto es lo adecuado; si están tranquilos pero preguntan y tratan de conocer lo que ocurre, la explicación serena y real les ayudará a ir entendiendo.

Oímos mucho que tenemos que resistir y ser fuertes, pero hay veces en las que se hace muy complicado. ¿Podemos elegir cómo sentirnos, está en nuestras manos elegir nuestro estado de ánimo?
Ángel Peralbo:
 En primer lugar, entendemos que no escogemos el dolor, ni siquiera la preocupación, natural en este tipo de circunstancias, ni, en mucho menor grado, las causas que pueden provocarlos, como en este momento el Covid-19. En segundo lugar, sabemos que, de forma natural, esas circunstancias, esas preocupaciones y ese dolor nos van a llevar a todo ese conjunto de emociones no escogidas, viscerales, automáticas, que nuestro bagaje primigenio y heredado nos facilita; pero a pesar de ello, lo que podemos y debemos hacer es ejercer la capacidad que tenemos de regularnos, de reequilibrarnos, de ajustarnos a través de las posibilidades que nos brinda también nuestro cerebro y que con trabajo y esfuerzo personal, siempre nos permite pasar de esos patrones automáticos a respuestas adaptativas, de regulación, que nos llevan a la calma, a la tranquilidad, al afrontamiento de las dificultades aceptadas y que nos encaminan a resistir, a fortalecernos, a ver luz al final del túnel y a sentirnos lo suficientemente fuertes como para acompañar estas vicisitudes con resiliencia e incluso como una inevitable oportunidad para mejorarnos, poniéndonos a prueba y superándonos en alguna medida. Las crisis vitales que se pueden producir ante estas adversidades suelen ser momentos donde nuestro estado de ánimo aterriza para subir, con trabajo personal, más alto que nunca.

Cuando todo esto acabe vamos a tener que hacer un esfuerzo por recuperarnos y volver a la normalidad, levantarnos otra vez y ayudar a nuestros hijos también. Esto se relaciona mucho con el concepto de resiliencia; ¿se puede educar en la resiliencia?
Silvia Álava:
 El término resiliencia procede de la física de los materiales: es la capacidad de un material, mecanismo o sistema para recuperar su estado inicial cuando ha cesado la perturbación a la que había estado sometido. Cuando nos referimos a los humanos, la resiliencia es la capacidad de un ser vivo frente a un agente perturbador o un estado de situación adverso.

No hablamos de resiliencia como una capacidad estática, sino como «procesos resilientes» que abarcan múltiples factores que se pueden entrenar, y que se puede enseñar a los hijos. Se trata de fomentar lo que se llama resiliencia proactiva. Para ello:

— Evita ser sobreprotector con tus hijos. Los niños cuyos padres tienen un estilo educativo sobreprotector, además de desarrollar menos capacidades emocionales, generan menos procesos de resiliencia. Dárselo todo hecho, o evitar que se tengan que esforzar para conseguir sus objetivos, es un impedimento para el desarrollo de la resiliencia.

— No busques culpables. La actitud de víctima es justo la contraria a la de ser resiliente. Se trata de ver qué es lo que cada uno de nosotros puede hacer para solventar o mejorar la situación. Se trata de poner el foco en nosotros, no en los demás.

— Trabaja la responsabilidad. Que cada hijo sea autónomo y responsable de sus cosas ayudará a que sea más resiliente.

— Enséñales a poner el foco en lo positivo de cada situación; por ejemplo, los buenos momentos que estamos viviendo juntos, estar más tiempo con papá y mamá…

— Promueve su autoestima, que se sientan seguros y capaces de resolver las situaciones. No dejes de reconocer sus logros, pero, sobre todo, enséñales a que ellos mismos sean capaces de reconocerlos.

— Trabaja la perseverancia. Es una de las fortalezas del carácter más relacionadas con la motivación de logro y una clave fundamental para conseguir los objetivos.

— Sé realista y no te equivoques: las personas resilientes también sufren. Emociones como la tristeza, el enfado, la frustración… surgen de forma natural en situaciones como las que estamos viviendo en estos momentos y en los eventos traumáticos. Ser resiliente no significa que no sientas emociones negativas, sino que has aprendido a manejar mejor dichas emociones.

Un tema que nos preocupa mucho en estos momentos es cómo superar la muerte de un familiar o un ser querido, sobre todo teniendo en cuenta la imposibilidad de estar cerca y despedirnos en los últimos momentos de su vida. ¿Qué podemos hacer para llevar esto de la mejor manera posible y a la vez ayudar a nuestros hijos a gestionarlo?
Silvia Álava: 
Durante la crisis del coronavirus muchas personas están perdiendo seres queridos, familiares y amigos, con el agravante de no poder acompañarlos en su enfermedad, ni haber podido despedirse de ellos. Estas circunstancias dificultan el duelo y también afectan a los niños. Es importante que tengamos en cuenta también a los niños en esta situación, para que puedan participar en el duelo.

Os recomendamos observar las siguientes recomendaciones:

Los niños se dan cuenta de que algo ocurre. No les mientas y dales la noticia lo antes posible. Para ello, debes transmitirles el mensaje adecuado a su edad. Explícales que el familiar ha muerto y que no podemos ir al entierro, ni al funeral, porque con la cuarentena no se puede salir de casa, dado que además de existir la posibilidad de infectarnos, se podrían infectar también el resto de los familiares. Que entiendan que el abuelo o la abuela o los tíos, también se podrían poner malitos… No es momento de ocultarles la realidad.

— Deja espacio para que ellos asimilen la noticia. Puede que en ese momento no lo entiendan o no sean capaces de asimilarlo. Pero en algún momento preguntarán y debes estar preparado para responder a sus preguntas.

— Explícales que, en esta situación, por el Covid-19, no podemos ir a ver al familiar al hospital cuando está malito, ni tampoco, en caso de fallecimiento, ir al funeral, ni al entierro.

— Cuando son pequeños necesitan buscar un culpable porque no entienden por qué no han podido ir a verlo. Alguien que «haga de malo» o una autoridad superior. Se les puede explicar que no podemos ir a despedirnos porque está prohibido, que no es por nuestra propia decisión.

— Utiliza el contacto físico (siempre y cuando no estés infectado o con síntomas de Covid-19), y dales la mano según se lo explicas, o acarícialos. Un abrazo en estos momentos puede decir más que mil palabras.

— Favorece que puedan despedirse, mediante una carta o un dibujo.

— Fabrica una caja de los recuerdos, donde podamos guardar algún objeto de nuestro familiar, fotografías… que permita que los niños puedan acceder a ello siempre que quieran.

Estando las 24 horas del día con nuestros hijos e hijas y habiéndoles privado de la independencia de la que gozaban anteriormente, ¿cómo podemos evitar caer en la sobreprotección? Sobre todo, teniendo en cuenta que estamos viviendo una situación en la que nos preocupan mucho las consecuencias que se puedan derivar…
Silvia Álava
: La situación de confinamiento es un momento clave para trabajar la autonomía y la responsabilidad de los niños, que, además, es justo lo contrario de la sobreprotección.

— Se trata de trabajar la idea del equipo. En casa vivimos varias personas y todos somos miembros de una familia que funciona como un equipo, y por tanto, habrá que resolver las cosas en equipo. Eso significa: fuera los conceptos de «hay que ayudar a mamá». No, todos vivimos en esta casa, las cosas se hacen entre todos y vamos a distribuir las tareas en función de la edad y de las posibilidades de cada miembro de la familia.

— Además, durante el confinamiento tenemos tiempo; es el momento ideal para que los niños se hagan mucho más autónomos. Que hagan ellos sus cosas, aunque tarden más que los adultos.

 Educa en responsabilidad. Que cada miembro de la familia se haga responsable de sus cosas. En el caso de los niños, de sus deberes, de hacer las tareas escolares, del estudio… Es un momento fantástico para que puedan hacerlo. Se trata de darles más libertad y más espacio para que sean ellos quienes actúen y asuman las consecuencias de hacerlo.

— Se trata de educar para conseguir que nuestros hijos sean más seguros, más autónomos, más responsables, que entiendan la situación que estamos viviendo, tanto su complejidad como los peligros que conlleva, sin pretender asustarlos o meterles miedo.

— Fomentar la higiene y el cuidado, para evitar posibles futuros contagios. Los niños asustados no tienen recursos para afrontar las situaciones peligrosas. Los niños informados y educados en responsabilidad, sí.

Hablando de consecuencias, ¿cuáles son los efectos adversos que podemos tener, tanto nosotros como nuestros hijos, tras pasar por una situación como la actual? ¿Podemos hacer algo para intentar evitarlos?
Silvia Álava:
 Nunca habíamos vivido una situación como la actual, así que a fecha de hoy no existe evidencia científica de cómo puede afectar a los niños esta situación. Sin embargo, podemos llevar a cabo las siguientes acciones para evitar, en la medida de lo posible, los efectos negativos del confinamiento.

Cinco acciones que nos pueden ayudar a evitar las consecuencias negativas del confinamiento:
1. Explica bien a tu hijo lo que está ocurriendo. Los niños son muy buenos detectado que algo ocurre y captan mucha información. Sin embargo, no tienen la experiencia necesaria para interpretar la realidad. Necesitan que sus progenitores decodifiquen el mensaje. Es decir, que se lo expliquen en unos términos adecuados a su edad y a su propio desarrollo.

2. Requieren que sus necesidades tanto fisiológicas como emocionales estén cubiertas. No pongamos sólo el foco en que estén hechos los deberes; debemos dejar un espacio para que puedan expresar sus emociones, para que exterioricen cómo se sienten en esta situación.

3. Valida sus emociones, es normal tener miedo, y los padres deben saber cómo gestionarlo. No tenemos que quitarle importancia, pero sí tranquilizarlos y proporcionarles seguridad.

4. Mantén horarios y rutinas, eso les hará sentirse seguros.

5. Cuida cómo estás tú. Los niños necesitan que sus padres muestren seguridad y que manejen la situación desde la calma y la serenidad.

FUENTE: La Opinión de Murcia

¿Cómo explicar a los niños la pérdida de un ser querido? Colaboración con Funespaña

La muerte es un tema que generalmente no suele abordarse con normalidad ante los niños, hasta que ocurre en un entorno cercano. Es importante estar preparados para explicarles la situación tanto si se trata de una mascota, o la muerte de un ser querido.

Lo más probable es que surjan muchas preguntas y responderles con sinceridad será clave para transmitirles seguridad.

Además, debemos animarlos a expresar sus sentimientos para que sientan nuestro apoyo y gestionarlo de la mejor manera posible.

Siempre será una situación difícil, pero en estos momentos en los que no nos podemos despedir, en los que no habrá velatorios y los funerales tienen que aplazarse, es todavía más complicado.

Consejos para explicarle a los niños la muerte

Díselo según recibes la noticia

Te va a ver triste, llorar, y pasarlo mal. Tenemos que explicarles lo que ha ocurrido.

De lo contrario, les generaremos una incertidumbre, que los niños no van a saber gestionar.

No pasa nada porque te vea llorar

Eres humano y es bueno que vea tus emociones. No tienes que aparentar ser un superhéroe.

Agáchate o siéntate a su lado

Para sentirnos escuchados y atendidos nos gusta que nuestro interlocutor nos mire a los ojos.

Por eso, tus ojos y los de tu hijo deben de estar a la misma altura.

Adapta tu lenguaje en función de su edad

Los niños necesitan que les expliques con un lenguaje adaptado a su edad lo que está ocurriendo. No es momento de ocultarles la realidad.

También son muy buenos recogiendo y captando información. Sin embargo, por su propio desarrollo cognitivo, evolutivo y madurativo, no siempre lo entienden bien.

Sinceridad en las repuestas

Te van a hacer preguntas sobre lo que he pasado y puede que no tengas las respuestas.

En este caso, es mejor decir “no lo sé” a inventarnos las respuestas.

No obstante, una explicación del tipo: “se pusieron muy muy enfermos y que, aunque los médicos intentaron curarles no pudieron”, podría ser adecuada para los más pequeños.

Empatiza con sus emociones

Indícale que entiendes y sabes que está triste porque no va a poder volver a ver a esa persona, o que sabes que está enfadado y rabioso porque ya no está y no pudimos estar con él.

Deja un espacio para que ellos expresen sus emociones

Puede que necesite llorar ahora, o puede que sea en unos días. Vigila cómo se encuentra y tampoco fuerces a que hable del tema, si en un primer momento no le apetece.

Al principio puede que el silencio sea incómodo y que intentemos rellenarlo como sea.

Pierde el miedo al silencio, y deja espacios para que todos y cada uno de los miembros de la familia puedan expresar cómo se sienten.

Pídele que haga una carta o dibujo de despedida

Esto les puede ayudar a tomar conciencia del fallecimiento y ayudará a facilitar el posterior duelo.

Haz una caja de recuerdos del familiar fallecido

Podemos incluir fotos, recuerdos, dibujos, frases que nos decía esa persona. Esto ayudará a canalizar la tristeza y a elaborar el duelo.

Intentar restablecer la rutina

Es algo que tanto a los niños, como a los adultos nos puede ayudar. Sobre todo, a los niños, ver que su rutina sigue intacta, que no se ha visto alterada, dentro de lo que es la rutina en la situación de confinamiento, les dará seguridad y confianza.

No obstante, en absoluto hay que forzar la situación, lo importante es estar con y para el niño no tanto que haga cosas. No pasa nada porque durante algunos días no haga los deberes o no siga el ritmo escolar impuesto.

Lo prioritario en este momento es atender a sus necesidades emocionales, interiorizar la pérdida y hacer el duelo de la forma más sana posible.

Se trata de trasmitirles el mensaje de que va a ser duro, va a ser muy complicado, vamos a estar una temporada tristes, pero aprenderemos a ser felices sin esa persona.

Mantener vivo el recuerdo de esa persona

Otra estrategia que podemos realizar con los más pequeños, que incluso también nos puede ayudar a los adultos, es hacer un listado de las cosas que agradecemos. Por ejemplo, esa excursión que hicimos que fue especialmente divertida. Cosas que nos enseñó, las veces que nos hizo reír, los buenos momentos compartidos.

Se trata de mantenerlo en nuestra memoria, y de mostrar a los niños que, aunque esa persona ya no esté, siempre tendremos los recuerdos y es algo a lo que podemos acudir cuando queramos.

Debemos de respetar la decisión del niño sobre si quiere ir o no al acto de despedida. Si quiere participar en el mismo, será bueno que vaya para poder despedirse y recibir el cariño de los familiares.

No obstante, si no quiere, o es un niño más sensible, o nos dice que no quiere ir, nunca es bueno forzarle a hacerlo.

FUENTE: Funespaña

Mañana lunes 30 responderé vuestras dudas sobre cómo seguir educando a los niños durante el aislamiento en la COPE

Responderé a las preguntas en un consultorio especial que se emitirá a las 12h en COPE.es

La situación de pandemia mundial ha obligado a la ciudadanía a permanecer en casa con el objetivo de frenar la propagación del coronavirus. Más de nueve millones de niños y jóvenes se encuentran en casa sin posibilidad de ir al centro escolar. Una situación anómala y sin precedentes que ha cambiado las rutinas de niños y mayores, la forma de educación y el proceso de convivencia de la familia. 

Y en esta situación muchos padres se preguntan: ¿Qué normas debo establecer en casa? ¿Qué rutinas deben llevar mis hijos? ¿Cómo puedo evitar que pierdan el curso?

Para dar respuesta a estas y otras dudas, COPE.es abre un consultorio de familia enfocado en marcar pautas en estos momentos tan especiales, dar consejos y compartir experiencias que nos ayuden a que los menores comprendan la situación en la que se encuentran. 

Si tienes una pregunta o inquietud, puedes escribirnos a participacion@cope.es y os daremos respuesta en el que consultorio que se emitirá a través de COPE.es y redes sociales de COPE (Facebook y Youtube) el lunes 30 a las 12.00h.