TDAH y Percusión Corporal! Existen evidencias científicas? Colaboración con BAPNE

Os adjunto el vídeo de mi colaboración con Javier Romero, de BAPNE, titulado «TDAH y Percusión Corporal! Existen evidencias científicas?»!, en el que hablamos sobre el TDAH y el vínculo entre el movimiento y el TDAH. Creo que os va a gustar!!

Ventajas e inconvenientes del homeschooling

Ventajas e inconvenientes del homeschooling. Con la pandemia el número de familias que ha optado por que sus hijos no vayan al colegio y educarlos desde casa ha incrementado. Desde marzo de este año han incrementado las consultas en Google sobre el homeschooling, y este septiembre también han vuelto a crecer respecto a los años anteriores. En este podcast te contamos las ventajas e inconvenientes de esta opción.

Puntos destacados:

  • ¿Ha incrementado el interés por la educación desde casa?
  • ¿Qué ventajas ofrece el homeschooling?
  • ¿Por qué los padres eligen esta opción?
  • ¿Qué inconvenientes tiene?
  • ¿Cómo adaptarse a las medidas de prevención de la Covid-19?

Pincha en la imagen para escuchar al podcast:

Ventajas e inconvenientes del homeschooling - jessica-lewis--fP2-cL-6_U-unsplash

Fuente: Internet Seguro

Nerviosismo, tristeza, frustración… Cómo afrontar la crianza cuando tú no estás bien. Colaboración con el diario La Vanguardia

Expresar los estados anímicos negativos ante los hijos puede ayudar en su educación emocional siempre que no se crucen ciertos límites.

ROCÍO NAVARRO MACÍAS

Educar a los hijos nunca es tarea fácil. Y poner el foco en la crianza cuando el bienestar emocional está mermado plantea un gran reto. Nerviosismo, desesperanza, tristeza, frustración son algunos de los sentimientos que circulan actualmente de forma recurrente y que pueden despertar respuestas exageradas ante actuaciones de los hijos. “A todos nos afecta la situación actual de una forma u otra. Debido a ello, pueden producirse reacciones desproporcionadas ante comportamientos normales de los niños”, explica la psicóloga Silvia Álava.

Las emociones desagradables aparecen de forma natural, sobre todo cuando ocurren cambios drásticos en el entorno o situaciones que afectan directamente a la seguridad o al bienestar personal. Pero parece que los progenitores deban mantener estoicamente una calma aparente pese a que su panorama interno se revele desolador. 

Pueden darse reacciones desproporcionadas ante comportamientos normales de los niños». Silvia Álava. Psicóloga

No obstante, puede que expresar abiertamente estados anímicos poco agradables delante de los niños no sea tan mala idea, ya que puede ayudar a educar emocionalmente a los hijos.

Las líneas rojas

Los padres son los responsables

Pero para que esta propuesta sea provechosa los padres deben tener en cuenta algunos aspectos. “Por un lado, han de transmitir que ciertas reacciones son perfectamente normales en determinadas situaciones y que eso no significa que mamá o papá estén completamente descompuestos y sean incapaces de ocuparse de ellos”, comparte Rafael San Román, psicólogo de iFeel.

Sentirse abrumado por la crisis sanitaria, nervioso ante la potencial pérdida de un trabajo o preocupado por una enfermedad son reacciones naturales. El problema se desencadena cuando estos sentimientos se tornan cotidianos. “Si el adulto se ha instalado en esas emociones y se convierten en su estado emocional habitual pueden interponerse en la crianza. Además, transmitirán a sus hijos, sobre todo si son muy pequeños, una sensación de inseguridad o fragilidad superiores a lo que ellos pueden asumir como fragilidad normal”, explica San Román.

Más allá de este escenario, que debe ser tratado por un profesional, que a un adulto le sobrevengan las lágrimas o muestre su tristeza no debe ser motivo de preocupación. “No pasa nada porque los padres lloren delante de los hijos. Lo podemos hacer dentro de la naturalidad del contexto. Pero una cosa es expresar la emoción, decir cómo me siento, y otra muy distinta, compartir las preocupaciones”, comparte Álava.

Los hijos no son confidentes

Esta misma línea es la que mantiene San Román, que invita a los progenitores a tomar ciertas precauciones ante la exposición de emociones delante de los menores: “Debe haber una combinación de apertura y de límites. Los padres pueden admitir con sus hijos que están de mal humor, que hay algo que les preocupa o entristece; los niños pueden tolerar esto. Pero no deben hacerlo buscando la ayuda y el consuelo de los hijos, sobre todo si son muy pequeños”. 

Los padres son los responsables del bienestar de los hijos, y no al revés»

Rafael San Román. Psicólogo

El experto aconseja evitar mostrar reacciones emocionales muy intensas, porque los pequeños no sabrían contextualizarlas. Asimismo, es importante tener en cuenta que la relación paterno-filial es asimétrica, los padres son los responsables del bienestar físico y emocional de los hijos, y no al revés. “No es una relación de ‘hoy por ti, mañana por mí’ como, por ejemplo, ocurre en una amistad”, añade San Román.

Mejorar la inteligencia emocional

Manifestar abiertamente en la familia las emociones es clave para que los hijos desarrollen inteligencia emocional. “Los padres pueden educar emocionalmente hablando de sus propias emociones, y expresándolas dentro de unos límites, pero siempre demostrando que son adultos, cuidadores responsables y que un mal día no implica que papá o mamá dejen de proteger y estar disponibles para los niños”, señala San Román. Lee también

De hecho, el psicólogo incide en que los niños necesitan ver que existen emociones asociadas a unas sensaciones poco placenteras, como el miedo, la rabia, la culpa, la tristeza, la vergüenza. Además, requieren contar con modelos que les indiquen qué se hace en esos casos.

Asimismo, puede ser una herramienta para que los adultos también tomen conciencia de lo que les ocurre. “Muchas veces vamos acelerados y este estado recae sobre nuestros hijos”, indica Álava. Es común que los padres utilicen frases como “vístete que tenemos prisa” o les empujen a comer a un ritmo que no se corresponde con el propio de la edad. Estas reacciones pueden indicar que algo pasa a nivel interno.Lee también

“El problema no es la situación, sino cómo reaccionamos ante ella”, comparte la psicóloga. Se trata de un aspecto especialmente importante ya que los hijos absorben toda la información verbal y no verbal de sus cuidadores. “Los padres deben ser conscientes de que son modelos para sus hijos, y que estos aprenden a regular sus emociones, expresarlas y darles un significado en función de, entre otras cosas, lo que ven en casa”, expone San Román.

Se puede hacer partícipes a los hijos de la gestión emocional. Álava propone pedirles, por ejemplo, un abrazo para sentirnos mejor, o bailar y cantar una canción con ellos, hacer un descanso y luego seguir.

Estrategias de regulación activa

Cuando los padres se sienten desbordados emocionalmente el primer paso es que observen lo que está sucediendo. “Es necesario identificar con honestidad las causas del malestar emocional, para detectar si tienen que ver con la familia, el trabajo u otra faceta. Es la manera de empezar a buscar una solución y también de contener el problema dentro de su esfera, para que no se expanda a otras áreas”, recomienda San Román. Una vez reconocido el estado e identificada la causa, pueden llevar a cabo diferentes acciones para gestionar el estado anímico.

Pedir ayuda. “Muchas personas se sienten frustradas al pedir ayuda. Sin embargo, debe verse como un gesto de valentía. Se trata de reconocer que nuestros conocimientos tienen un límite y hay personas especialistas que nos pueden proporcionar herramientas para gestionar la situación”, explica Álava.

No pretender ser perfectos. La perfección no existe e intentar alcanzarla supone un alto peaje. “Nadie llega a todo durante mucho tiempo sin desgastarse por el camino y sin desatender cada una de las facetas que pretende abarcar. Hay que exigirse y ser autocríticos, porque la crianza de los hijos se tiene que hacer lo mejor posible, pero también saber distinguir un error que cometería cualquiera, de manera puntual, de una negligencia”, recomienda San Román.

Usar estrategias activas para regularnos. Son procesos de recuperación que ayudan a bajar el nivel de ansiedad. Es una herramienta a la que todos acudimos, pero la pandemia ha limitado muchas de las que se tenían integradas.

“Puede que me funcionase quedar con mis amigos, pero debido a la situación actual no podemos hacerlo. Es necesario encontrar técnicas reguladoras que funcionen a nivel personal. Sabemos que las estrategias activas tienen mejor resultado que las pasivas. Por ejemplo, ver una serie sería pasiva, y cocinar o hacer manualidades, activas”, comparte Álava. La psicóloga añade que este tipo de técnicas ayudan a educar mejor y ser un modelo más deseable para los hijos.

Ver una serie sería una técnica pasiva, y cocinar o hacer manualidades, activas»

Silvia Álava. Psicóloga

Cuidar la comunicación entre los progenitores (cuando son dos). “La crianza es cosa de dos y tiene que haber una buena comunicación para que los distintos estilos de crianza que pueden coexistir en una misma familia no generen incoherencias o desorden”, dice San Román. Por otra parte, es fundamental pedir ayuda a la otra parte y sentirse acompañados en la crianza.

Llevar una vida ordenada. Esto no va a evitar los problemas ni hacer que desaparezcan las preocupaciones, pero sí favorece el buen clima. “Evita que los nervios se crispen demasiado rápido. Además, las cosas no se ven igual si se ha dormido bien y la casa está recogida, que si cada pequeña cosa está manga por hombro, en cuyo caso voy a tener siempre una sensación de saturación”, concluye San Román.

FUENTE: diario La Vanguardia

¿Cómo fomentar la lectura en los niños? En Capital Emocional, de Capital Radio

¡Nos toca sección “Educa”!

Y ésto significa que, a partir de este momento, ponemos en valor la educación de los hijos y la calidad del tiempo que los padres emplean en ello: su bienestar es el nuestro y su educación emocional nuestra prioridad inmediata. ¿Cómo fomentar la lectura en los niños?

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La lectura

En el “Capital Emocional” de hoy abordamos uno de nuestros temas de base: la lectura. Los libros y la lectura son, en esencia, uno de los pilares fundamentales del programa y, por ello, desde nuestra sección “Educa” queremos aprovechar la oportunidad para lograr justamente eso: educar, promover, potenciar e incentivar la necesidad de que los niños lean, desarrollen su imaginación y den rienda suelta a su creatividad.

¿Cómo hacer?, conocer cuál es la edad idónea para cada libro, saber hasta qué punto el entorno familiar influye o qué consejos son los más acertados para lograrlo de manera eficaz, son algunos de los temas que trataremos hoy.

Consigue que tus hijos sean felices, seguros y autónomos con nuestro curso on-line.

En el presente curso, seis psicólogos del centro de Psicología Álava Reyes mostramos las claves para conseguir que nuestros hijos sean autónomos, felices, y seguros. De forma amena aprenderemos las claves del éxito en la convivencia familiar con ejemplos prácticos sobre cómo gestionar las principales y típicas disputas que se dan en casa en relación a las quejas, protestas, frustraciones, retos y desobediencias de nuestros hijos e hijas. Además, aprenderemos a manejar los problemas de conducta con soltura, observándolos, clasificándolos y convirtiéndolos en comportamientos adecuados y normalizados; qué alternativas existen al castigo, cómo lidiar con los celos entre hermanos…

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Comprar por 90€Se ha dedicado un apartado a la gestión emocional tanto de los padres, con estrategias dirigidas a no perder la calma, ni los nervios, para educar sin ira, sin gritos, de forma positiva, como de los niños, con ejercicios prácticos sobre cómo hacer tomar conciencia a nuestros hijos de las emociones, el autocontrol, las relaciones sociales, la autoeficacia y motivación, autoestima y empatía, entre otros. Nos muestran como reprimir los sentimientos negativos de nuestros hijos no es el camino para lograr respuestas ajustadas y que les hagan sentirse bien con ellos mismos. También veremos cómo enseñarles a comprender ese sentimiento y canalizar adecuadamente sus frustraciones.

Sin olvidarnos cuestiones del día a día sobre cómo favorecer la correcta autonomía de los niños, cómo y cuándo responder a sus preguntas sobre el sexo y qué contarles según su edad, y algunas estrategias para gestionar mejor su tiempo de estudio y cómo obtener el máximo provecho de sus horas de estudio para mejorar su rendimiento y sus resultados académicos.

Con este curso se pretende favorecer una autoestima positiva y saludable en nuestros hijos, para así potenciar su desarrollo personal, social, familiar y académico. También a dotarles de habilidades básicas que les ayudarán en su día a día y sobre todo en su futuro, cómo enseñarles a mantener conversaciones con los demás, a saber decir “no” y decir lo que se quiere sin sentirse mal ni herir los sentimientos de los demás, así como a solucionar problemas con el grupo de referencia con el objetivo de que tengan experiencias sociales más positivas. En definitiva, aprenderemos cómo desarrollar recursos y estrategias que serán necesarias para nuestros hijos en el futuro. Enseñarles a esforzarse para conseguir sus objetivos, a esperar por las recompensas y ser conscientes de que de los pequeños fracasos también se aprende.

OBJETIVOS DE APRENDIZAJE:

  • Aprende a manejar los problemas de conducta con soltura
  • Identifica y actúa ante el bajo estado de ánimo de los hijos para que vuelvan a sonreír
  • Descubre cómo enseñar a aprender a mantener conversaciones con los demás a los niños
  • Desarrolla recursos y estrategias que serán necesarias para los hijos en el futuro
  • Favorece una autoestima positiva y saludable en los hijos
  • Enseña y guíales para que puedan aprender a comer y a dormir bien y solos

ACERCA DE NOSOTROS: Centro de Psicología Álava Reyes

Equipo multidisciplinar en Madrid de Psicólogos

Uno de los Centros de Psicología más grandes de España, formado por un equipo multidisciplinar de Psicólogos donde se trabaja con un amplio abanico de rangos de edad (niños, adolescentes, jóvenes y adultos) y tipos de terapia.

Los más de 30 años de contrastada experiencia en diferentes campos profesionales, nos aportan gran seguridad y eficacia en los planteamientos de terapias y ayudas psicológicas.

El presente curso será impartido por seis psicólogos de dicho centro:

  • Silvia Álava, coordinadora del curso, directora del área infantil, colaboradora habitual de medios de comunicación y autora de los libros “Queremos Hijos Felices” y Queremos que crezcan felices”.
  • Ángel Peralbo, director del área de adolescentes, colaborador habitual de medios de comunicación y autor de los libros “El adolescente indomable”, “Educar sin ira” y “De niñas a malotas”.
  • Aroa Caminero, forma parte del área infantil del centro. Es experta en psicología educativa, neuropsicología e inteligencias múltiples.
  • Margarita Montes, es colaboradora habitual de los medios y experta del área infanto-juvenil del centro, especialista en intervención en crisis y superación del trauma.
  • Lucía Boto, experta en el área infanto-juvenil, especialista en técnicas proyectivas y profesora de la UNIR.
  • Sara Rios, experta en el área infanto-juvenil y trastornos de conducta en la infancia.

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#Vídeo ¿Cómo validar emociones con los niños?

Somos humanos y tenemos emociones. ¿Cómo validar emociones con los niños?

Sentimos, y en ocasiones es difícil manejar nuestras emociones.

Las emociones están presentes en todas las esferas de nuestra vida, por mucho que nos esforcemos en no demostrar lo que sentimos, es imposible, están ahí, y son buenas porque nos dan información de lo que nos sucede, por eso hay que aprender a identificarlas, escucharlas comprenderlas y para por último regularlas. Y eso es algo es necesario que nos enseñen a hacer.

Los psicólogos insistimos mucho que hay que validar las emociones de los niños. Es un tema complicado porque genera muchas dudas de como hacerlo y en ocasiones no lo hacemos bien.

  • Emoción es lo que sentimos
  • Conducta es lo hacemos
  • Pensamientos en los que pensamos

Y en ocasiones en lugar de validar las emociones nos equivocamos y validamos las conductas.

Por ejemplo, mi hijo o mi hija puede estar enfadado, porque no quería recoger los juguetes y por eso chilla que no lo va a recoger y los tira. O está enfadado con su hermana y la pega. Como adultos debemos validar la emoción, decirles entiendo que estás enfado, pero nunca podremos validar la conducta de agresión. ¿Cómo lo hacemos?

Le diremos entiendo que lo que te pasa es que estás enfadado, probablemente sea porque no querías recoger los juguetes y querías seguir jugando, pero estar enfadado no significa que podamos pegar o gritar o hacer daño a los demás.

Emoción es lo que siento y conducta es lo que hago.

Con los niños se puede hablar y razonar y es bueno que trabajemos la inteligencia emocional para que sepan que es lo sienten, porque, y aprendan a expresarlo de la forma correcta. No obstante, es necesario elegir muy bien el momento y que no sea en medio de un estallido emocional. Mejor cuando ya ha pasado.

Otra cosa que nos puede ayudar es avisarles de lo que va a ocurrir. Por ejemplo, que se te lo estás pasando muy bien jugando o viendo la televisión, youtube… pero en 5 minutos tenemos que recoger para ducharnos, cenar… te aviso que en 5 minutos vuelvo para que recojamos y así ya lo sabes. Le damos la oportunidad de cerrar el juego y de prepararse.

Es importante ir, agacharnos, que nos mire a los ojos y cerciorarnos que nos ha entendido porque a veces lanzamos las órdenes desde la cocina, según vamos andando por la casa y ni nos escucharon.

Se trata de aprender a validar las emociones para que estén presentes en nuestro día a día.

5 cosas que puedes hacer para favorecer un buen desarrollo emocional en la infancia. Colaboración con Padres y Colegios

Los padres y los maestros tenéis un papel fundamental a la hora de favorecer el correcto desarrollo emocional de vuestros hijos y alumnos. Los niños cuando son pequeños necesitan la ayuda de sus adultos de referencia para poder regular tanto su conducta como sus emociones, así, por ejemplo, la lactancia materna, los cuidados y el contacto físico ayudan a que los bebés puedan regularse. Según van creciendo, cada vez serán más autónomos a la hora de saber manejar su conducta y sus emociones, no obstante, es importante que les vayamos mostrando la forma de hacerlo, a la vez que les acompañamos en este proceso.

Las emociones constituyen el primer medio de comunicación, y están presentes en los bebés desde su nacimiento. Por eso es tan importante que los adultos sepamos interpretarlas. Además, el tipo de cuidados que los niños reciben en su día a día, sobre todo en las pequeñas acciones cotidianas marcarán cómo serán sus relaciones en la vida adulta. No obstante, el cerebro es plástico y siempre podemos aprender nuevas formas de relacionarnos. Y es que, nos ocupamos de que los niños aprendan a leer, a escribir, a que sepan matemáticas, idiomas… pero no a manejar, controlar y ser dueños de las emociones.  El estilo educativo de los padres tiene influencia en el desarrollo socioemocional de los niños tanto a corto como a medio y a largo plazo. Es importante conocer los diferentes estilos educativos y sus consecuencias en el desarrollo emocional de los niños para conocer cuál es la mejor opción para educarlos.  

Estilos educativos

Existen cuatro tipos de estilos educativos:

  1. Los padres con estilo democrático intentan dirigir la conducta del niño hacia una madurez, por eso tratan de fomentar su autonomía, favoreciendo el diálogo y la comunicación, sin dejar de imponer su rol de padres. Parten de que tanto el niño como los padres tienen ciertos derechos y responsabilidades con respecto al otro y utilizan la negociación y el razonamiento.
  2. Los padres autoritarios valoran la obediencia, utilizan el castigo como principal medida educativa, no favorecen el diálogo y restringen la autonomía del niño.
  3. Los padres permisivos no siempre son capaces de marcar ciertos límites y evitan el recurso de la autoridad, el castigo y las restricciones. No son exigentes en relación con la responsabilidad en la realización de tareas y en cuanto a las expectativas de madurez y actúan de forma sobreprotectora con ellos, impidiendo que desarrollen su autonomía.
  4. Los padres negligentes no son capaces de resolver las necesidades en ocasiones fisiológicas de sus hijos, y casi nunca las emociones. No están presentes cuando los niños les necesitan.  

Consecuencias del estilo educativo en el desarrollo socioemocional

El estilo educativo de los padres puede llegar a condicionar el desarrollo socioemocional de sus hijos. Así sabemos: Los niños cuyos padres tienen un estilo democrático suelen desarrollar una buena autoestima y autoeficacia, además de buena competencia social. Suelen tener buen rendimiento escolar y tienen una menor incidencia de problemas psicológicos y de conducta. Los niños cuyos padres tienen un estilo autoritario, es cierto que tienen un alto nivel de obediencia e incluso de rendimiento escolar. Sin embargo, desarrollan pocas competencias sociales. Pueden tener problemas de autoestima, sobre todo porque se perciben como menos eficaces. Además, presentan una mayor incidencia de síntomas depresivos y problemas emocionales. Los niños cuyos padres tienen un estilo permisivo, desarrollan buena autoestima y pueden tener una buena competencia social, sin embargo, tiene un rendimiento académico menor y mayor incidencia de problemas de conducta y abuso de sustancias. El estilo educativo negligente, es sin lugar a duda el que más problemas llega a generar en los niños. Con problemas escolares, bajo desarrollo de competencia social. Una mayor incidencia de problemas de ajuste psicológico y mayor incidencia de problemas de conducta y abuso de sustancias.  

¿Qué podemos hacer para favorecer el desarrollo socioemocional de los niños?

La primera escuela donde se enseña a manejar las emociones es la familia, por tanto, es necesario que los padres y maestros sepamos gestionar nuestras propias emociones para que así actúenos como modelos de autoregulación emocional para los niños. Además, podemos trabajar las siguientes acciones con nuestros hijos y alumnos siguiendo las siguientes pautas:

  1. Reconocer Emociones. Es importante enseñar a los niños a reconocer las emociones, ser conscientes del estado emocional en el que nos encontramos, tanto en uno mismo como en los demás.
  2. Favorecer los buenos momentos, y que los niños experimenten bienestar, emociones agradables que les ayuden a contrarrestar las desagradables.
  3. Actitud Positiva. Mostrarles cómo tener una actitud positiva ante la vida, y cómo disfrutar.
  4. Favorecer la autonomía: que hagan las cosas por sí solos.
  5. Prestarles atención, sobre todo cuando hacen bien las cosas, y trasmitirles la idea de tú me importas, tus necesidades me importan, cómo te sientes, me importa.

FUENTE: Padres y Colegios

Vídeo-Guía #AprenderJugando, descárgala gratis

Los niños pasan mucho tiempo jugando. Jugar no es sólo divertirse, cuando los niños juegan están aprendiendo y se consolidan muchos procesos cognitivos. A través del juego se adquieren conocimientos, valores, además de generarse emociones agradables.

Queremos que los niños y niñas aprendan lo máximo posible, que no se retrasen en el colegio, que sigan el ritmo impuesto por el centro educativo, y en ocasiones se nos olvida que muchos aprendizajes se pueden realizar a través del juego.

La neuropsicología nos muestra que el aprendizaje se consolida mejor a través de las emociones agradables. Pensar que los niños tienen que sufrir o pasarlo mal para aprender no tiene ninguna base científica. Lo que se aprende jugando se retiene y se reproduce mejor.

Seis grandes beneficios del juego infantil:

  1. Cuando los niños juegan, adquieren autonomía, dado que según van creciendo les iremos pidiendo que cada vez se entretengan solos durante más tiempo, que sean ellos quienes decidan a qué jugar y que sean capaces de dirigir su juego.
  2. El juego aumenta la seguridad de los niños y la confianza. Ellos son los que dirigen el juego y conocen las reglas, lo que hace que se sientan líderes y capaces.
  3. El juego también sirve para desarrollar la autoestima, dado que los niños aprenden a conocerse, saber cuáles son sus fortalezas y cómo mejorar sus habilidades.
  4. A través del juego también se desarrollan habilidades sociales, especialmente en las interacciones grupales, ya que hay que aprender a negociar, a ceder, a seguir las reglas… todas ellas habilidades esenciales en la vida adulta.
  5. El juego sirve para desarrollar múltiples procesos intelectuales, como el razonamiento lógico y abstracto, la memoria, la atención, la organización espacial, la función ejecutiva…
  6. Muchas de las competencias emocionales necesarias para tener éxito en la vida se pueden desarrollar a través del juego.

Conociendo los beneficios del juego, ¿a qué esperar para aprender jugando? Descárgate gratis nuestra vídeo-guía #AprenderJugando:

#Vídeo ¿Cómo gestionar las emociones de los más pequeños en estas Navidades «atípicas»?

Tenemos que ser conscientes de que emocionalmente, este año no partimos con el contador a cero. Sino que nuestro nivel de ansiedad es más elevado, estamos más cansados por el efecto de la fatiga pandémica, la carga mental es más alta porque a nuestras preocupaciones cotidianas se le suman las propias de la pandemia, como por ejemplo si habrá vacuna, si me contagiaré yo a alguno de mis seres queridos, las dificultades económicas que pueden ir asociadas, los inconvenientes del teletrabajo o las dificultades para conciliar entre otras cosas.

Sin embargo, a los niños las navidades les encantan. Lo asocian con Papá Noel, los Reyes Magos, juguetes y regalos, tiempo para jugar y tiempo de estar en familia, de comer todos juntos… por eso es tan importante que pese a las medidas restrictivas preservemos la Navidad de los más pequeños y ya que estamos, que los adultos también lo pasemos lo mejor posible:

Técnicas para que tus hijos aprendan a relajarse atendiendo a su personalidad y a su edad. Revista Hola

Por ANA CAAVEIRO

Llevamos un ritmo de vida trepidante, por lo que no es extraño que, en estos últimos años, el estrés se haya convertido en nuestro peor compañero, y las técnicas de relajación unas buenas herramientas para intentar combatirlo. Sin embargo, en muchas ocasiones nos olvidamos de que los niños también pueden sufrirlo, y a diferencia de nosotros, los adultos, no suelen contar con los recursos necesarios para controlar sus nervios.

Se trata, al fin y al cabo, de aprender a gestionar sus emociones, y hablamos con la psicóloga Silvia Álava, doctora en Psicóloga Clínica y experta en psicología educativa, de su importancia en la infancia.

Señales que te pueden indicar que tu hijo está estresado

«Los niños suelen tener más estrés de lo que nosotros nos pensamos», nos comenta la psicóloga. Por este mismo motivo, es importante que los padres estén atentos a algunas señales que pueden indicar que el pequeño está más nervioso de lo habitual:

  • Problemas para conciliar el sueño.
  • Cambios en su apetito.
  • Apatíatristezacansancioirritabilidad
  • Bajo rendimiento en el colegio.
  • Se queja con frecuencia de que le duele la tripa, la cabeza… dolores que, tal y como nos explica Silvia Álava, pueden estar provocados por los nervios y por la ansiedad. «Esto no significa que sea un cuento: ese dolor es real, pero la causa no es orgánica».  

¿Por qué los niños están más nerviosos?

No cabe duda de que los más pequeños ven a sus padres comos sus referentes. Sin embargo, «es cierto que en ocasiones, sin darnos cuenta, les estamos sometiendo a un nivel de intesidad de horarios, de rutinas… los adultos les transmitimos ese ritmo de vida frenética a los niños«, detalla la psicóloga. La especialista también apunta a que existe una diferencia clave entre ambos: que los niños, a diferencia de los mayores, no tienen estrategias para poder superarlo.

Para ella, los progenitores son una buena fuente de regulación emocional, y su actitud resulta fundamental. Sobre todo, dadas las circunstancias excepcionales que estamos viviendo. «Hay padres que no es que no estén preocupados por sus hijos, sino que les cuesta asimilar todo lo que está ocurriendo, y no son capaces de atender a sus necesidades emocionales», señala.

A esto se pueden sumar otras causas, tales como:

  • Miedo al contagio.
  • No saber manejar la incertidumbre, ya que no sabemos lo que va a pasar, lo que vamos a poder o no hacer.
  • Pérdida de rutinas.

Aprender a relajarse siempre es bueno

La experta incide en que no hay que esperar a que haya un problema para enseñar a los niños técnicas de relajación.

Gracias a ellas, lo que hacen es regularse emocionalmente. Se trataría, en definitiva, de una habilidad de inteligencia emocional: aprenden a percibir sus emociones, a ser conscientes de lo que sienten ellos y los demás… Al final, «entienden que la emoción no es buena ni mala, sino que les da información de lo que está pasando, y que tienen que prestarle atención, no ignorarla», apunta.

De este modo, dispondrán de técnicas para manejar sus emociones, consiguiendo potenciar las agradables (como la alegría, la calma o la seguridad), regular las desagradables (como la tristeza o el miedo), y bajar la instensidad cuando sea necesario.

Un aprendizaje que les servirá durante la infancia, pero también en su etapa adulta.

Su edad y su personalidad, dos factores a tener en cuenta 

Silvia Álava desvela que, antes de escoger una técnica de relajación, los especialistas tienen en cuenta dos factores:

  • Su edad, puesto que un pequeño de siete años no se relaja de la misma manera que los de 10 a 12, por ejemplo.
  • Su personalidad. La psicóloga detalla que tampoco se puede aplicar la misma técnica en un pequeño más activo que en otro con una personalidad más tranquila. Y es que, probablemente, los primeros experimentarán más dificultades a la hora de concentrarse y fijar su atención.

Para los más tranquilos: estrategias de una mayor duración

Silvia Álava nos revela que con los pequeños cuya personalidad es más calmada, se suelen aplicar las siguientes técnicas, que, advierte, han de ser instruidas por un especialista:

  • Técnica de Koeppen, que consiste en tensar los músculos, poco a poco, muchas veces desde los pies hasta la cabeza, para después destensarlos.
  • Visualizaciones de imégenes mentales. Imaginarse en una playa, en una montaña…
  • Mindfulness, prestando atención a su cuerpo y a la respiración. Gracias a ella, logran crear esa atmósfera de calma que tanto requieren.

Para los más ‘movidos’: mejor las técnicas de corta duración

Principalmente porque, tal y como expresa la psicóloga, hemos de tener en cuenta que les va a costar mantener su atención. Por este mismo motivo, aconseja:

  • Técnica por implosión. Parecida a la expuesta anteriormente, pero, en este caso, deben tensar todo el cuerpo de golpe y después relajarlo.
  • Imágenes mentales que a ellos les sirvan. La experta resalta que, normalmente, sus imágenes distan mucho de lo que nosotros pensamos que puede ser relajante. Por ejemplo, imaginarse haciendo surf, tirándose por una pista de esquí… «A este tipo de niños estas imágenes sí que les relajan», y tenemos que entenderlo.

La respiración diafragmática, la fórmula ‘infalible’

Silvia Álava asegura que existe una técnica casi ‘universal’, que suele funcionar muy bien con todos: la respiración diafragmáticaBásicamente se trata de respirar, no sólo llevando el aire en los pulmones, sino hinchando el diafragma, con la tripa.

El secreto de su éxito, desvela, es que es una técnica muy sencilla y fácil de aprender. De hecho, admite que es la que más enseñan los psicólogos, y se puede utilizar en cualquier situación.

Trucos para lograr que se relajen en casa

Aunque las técnicas de relajación deben ser impartidas por profesionales, esto no significa que no existan métodos para que los padres consigan que los pequeños se relajen en casa:

  • Crear un rincón de la calma. Reservar un espacio de la casa donde el niño irá dejando las cosas que le relajan. La experta recomienda algunos objetos que pueden ayudar a crear ese refugio: unos cojines de colores (para que se tumben o se sienten), unas pelotas blanditas que puedan estrujar, algún libro que les hable de la gestión de emocioneso un ‘pompero‘. Este último, explica, suele ser muy efectivo, puesto que se concentran en cómo se forman las pompas de jabón, y después, en seguir su trayectoria a lo largo de la habitación.
  • Comprarles bolas de nieve/purpurina o hacer tarros de calma. Ejercen un efecto similar al pompero, puesto que van prestando atención a cómo, después de agitar la bola, va cayendo la nieve o la purpurina. «Es una técnica derivada del mindfulness, dado que centran su cuerpo en cómo cae la nieve o la purpurina, y no en lo que les pone nerviosos«, relata. Si no se quiere comprar una, existe la opción de crearla, lo que se conoce como ‘tarro de la calma‘, en el que se incluirán llamativos componentes como la purpurina, champú… ‘ingredientes’ que les fascinen y le transmitan calma.

Fuente: Hola.com