Aprende a entrenar tus emociones y las de tus hijos. Curso online gratuito del BBVA y El País

Conoce cómo podemos aprender a desarrollar, gestionar y regular nuestras emociones y las de nuestros hijos y alumnos.

La Inteligencia Emocional es la capacidad para percibir las emociones tanto en uno mismo como en los demás, de comprender por qué se han producido y ser capaz de regularlas. Las personas emocionalmente inteligentes extraen lo mejor de sí mismas: alcanzan su máximo potencial, disfrutan de mayor bienestar físico y psicológico, y multiplican sus posibilidades de alcanzar sus objetivos.

Cómo se estructura

Silvia Álava Sordo y Ruth Castillo Gualda, doctoras en Psicología, son las encargadas de dar forma a estos contenidos. Juntas han diseñado las herramientas necesarias para entrenar, paso a paso, las habilidades de la inteligencia emocional.

Recuerda que puedes ver el contenido de forma lineal o saltar de un vídeo a otro centrándote en lo que más te interese.

  1. ¿Qué son las emociones? ¿Qué es una emoción?, ¿Para qué sirve?, ¿Cuál es su relación con nuestras acciones?, ¿Y con nuestros pensamientos?, ¿Existen emociones buenas y emociones malas? Reflexionar sobre estos y otros aspectos será el punto de partida para comprender la importancia que las emociones tienen en nuestra vida.
  2. Se escucha con el cuerpo: Nuestro cuerpo transmite emociones. Los gestos, la mirada y la postura expresan lo que sentimos. Si tomamos conciencia de lo que transmitimos con el cuerpo, mejoraremos nuestra capacidad de comunicación con los demás.
  3. Lo que ves… y lo que no ves: Las emociones tienen dos caras: una visible y otra invisible. Conocerlas ambas y comprender su alcance es uno de los secretos de la Inteligencia emocional.
  4. ¿Cómo te sientes? Medidor emocional: ¿Sabías que las emociones se pueden medir? El medidor emocional sirve para identificar y clasificar las emociones. Porque sólo tomando conciencia de ellas podrás gestionarlas de forma saludable.
  5. Adivina mi emoción: Desarrolla el autoconocimiento y la empatía adivinando las emociones. Analiza qué transmites y tu capacidad de identificar las interpretaciones de los demás.
  6. Quién es quién de las emociones: ¿Cómo se diferencia la motivación de la inspiración? Este es un juego para ampliar tu vocabulario emocional. Dale un nombre a cada emoción y analiza sus matices. Descubrirás lo importante que es profundizar en su significado.
  7. Un cuento muy especial: Las emociones se relacionan entre ellas y se transforman unas en otras. ¿Cuántas emociones puedes sentir en un día? Descubre cómo escribir un cuento sobre la evolución de las emociones.
  8. Diario emocional: ¿Cómo te sentiste? ¿Por qué? ¿Cuál fue tu respuesta? La mejor forma de conocer tus emociones es analizarlas. En este ejercicio, iniciamos un diario para expresarlas a través de la escritura o el dibujo.
  9. Estilos de respuesta: Aprende a sentir, pensar y actuar para solucionar los conflictos desde la empatía y el acuerdo. Sin imponer tu opinión y respetando la de los demás. La asertividad es la respuesta.
  10. El poder de la emoción: Las emociones no son buenas o malas, negativas o positivas. Todas son necesarias, todas son útiles. En este juego de mesa, descubrirás que si utilizas las emociones correctas puedes conseguir todo lo que te propongas.
  11. ¿Reaccionas o respondes? Abrir un refresco después de haberlo agitado no es una buena idea.  Reaccionar de forma impulsiva, darle vueltas a todo o solo culpar a los demás, tampoco. Conoce qué tipo de respuestas automáticas damos y cómo podemos evitarlas.
  12. Estrategias saludables: ¿Qué puedes hacer cuando estás triste? ¿Cómo afrontas una situación emocional complicada? ¿Se puede mantener la alegría? Conoce cómo hacer deporte, escuchar música o hablar con tus amigos te puede ayudar a regular tus emociones.
  13. La respiración diafragmática: ¿Quién no se pone nervioso alguna vez? En este ejercicio practicarás la ‘respiración diafragmática’. Entrena esta técnica para relajarte y consigue mantener la atención siempre que lo necesites.
  14. El rincón de la calma: A veces, en momentos de enfado, nos dejamos llevar por la emoción y hacemos o decimos algo de lo que luego nos arrepentimos. ¿Podemos aprender a controlar nuestras emociones en esos momentos? Sí.

¿Cómo mantener a tu hijo entretenido este verano? en Trece Al Día

¿Cómo mantener a tu hijo entretenido este verano? ¿Las pantallas son un recurso didáctico para ellos? ¿Qué juegos podemos realizar este verano? Respondemos a todas estas dudas en ‘TRECE Al Día’.

Haz click en la imagen para ver el vídeo:

Hemos estado en ‘TRECE al día’ para hablar de nuestro último libro «El arte de educar jugando», escrito junto a más de una decena de psicólogos, en el que da las claves para conciliar y mantener entretenidos a los niños en verano ante el cambio de rutinas o el mayor tiempo libre.

Hablamos con La Canastilla de Mamá del juego en los bebés de entre los seis meses a los dos años

Hablamos con La Canastilla de Mamá , sobre del libro «El arte de educar jugando«, sobre la importancia del juego y del desarrollo psicomotor en los bebés de los seis meses a los dos años.

¿Por qué el juego es importante para los niños, ¿Cómo estimular los sentidos de nuestros bebés?, ¿Qué juguetes son los mejores para nuestros hijos?, ¿Qué es el desarrollo psicomotor?, ¿Con qué juegos lo podemos desarrollar? No te pierdas este podcast!

El 98% de los padres considera que el deporte es clave en el desarrollo cognitivo y socioemocional de sus hijos

La mayoría de los padres en España son conscientes de los beneficios del deporte y, por tanto, fomentan su práctica, según un estudio desarrollado por galletas Príncipe y en el que he participado junto a Ipsos

Fiel a su propósito de que los niños vivan su infancia al máximo, la reconocida marca de galletas Príncipe ha presentado hoy las conclusiones de un nuevo estudio, «Estudio sobre la relación entre el deporte y el desarrollo cognitivo, social y emocional de los niños» realizado en colaboración con la psicóloga Silvia Álava e Ipsos, que ayuda a conocer la percepción de los padres españoles respecto a la relación entre el deporte y el desarrollo integral de sus hijos, así como sus beneficios.

En él han participado 1.000 padres y madres (40% padres y 60% madres) de niños de toda España con edades comprendidas entre los 4 y 12 años (505 niños y 495 niñas).

La mayoría de los padres encuestados es consciente de los beneficios del deporte

Los resultados revelan que la mayoría de los padres encuestados es consciente de los beneficios del deporte. Casi la totalidad (98%) considera que es clave en el desarrollo cognitivo y socioemocional de sus hijos y, por tanto, fomentan su práctica.

En España, los niños y niñas dedican más tiempo a practicar alguna actividad física que a las pantallas con fines recreativos (un promedio de 9 horas semanales frente a 7,5). Así, la práctica deportiva es mayor entre los más pequeños (4-6 años) y va disminuyendo con la edad. A partir de los 10 años, se invierte el patrón, y dedican más horas a las pantallas (9,5) que a la actividad física (7,2).

Filipe Salsinha, director de la categoría de galletas para Mondelēz International Iberia, señala «las conclusiones de este estudio complementan la misión de Príncipe, que lleva casi 50 años formando parte de la vida de las familias, fomentando que los niños y las familias disfruten al máximo, animádoles a evitar la vida sedentaria y que practiquen deporte.»

Deportes y desarrollo infantil

En relación con el desarrollo cognitivo de sus hijos, los padres y madres entrevistados consideran que el baloncesto y las artes marciales son los deportes más completos por fomentar la velocidad de reacción, la capacidad de atención y planificación, el control de impulsos, la toma de decisiones y la resolución de problemas. En esta línea, destacan también el atletismo, los deportes de raqueta, el patinaje y la gimnasia artística/rítmica.

Respecto a los deportes minoritarios, opinan que el surf y el esquí ayudan a desarrollar la velocidad de reacción y el golf la capacidad de atención/planificación y el control de impulsos.

Por su parte, en cuanto al desarrollo emocional, son también el baloncesto y las artes marciales los deportes percibidos como más completos por su contribución a desarrollar el reconocimiento de emociones, la experiencia emocional (agradables y desagradables), calmarse ante un enfado y la comprensión emocional. Señalan también natación, atletismo, gimnasia artística/rítmica y ciclismo. Acerca de los minoritarios, consideran que fomentan algunos de estas capacidades: el reconocimiento de emociones (rugby), calmarse ante un enfado (golf) y experiencia emocional (surf, esquí y rugby).

Asimismo, la mayoría destaca también que la práctica del fútbol y del rugby ejercen una gran influencia en el desarrollo de las habilidades sociales de sus hijos.

Todos estos resultados son corroborados por la psicóloga Álava quien explica que «la actividad física y la práctica deportiva cuentan con sobrada evidencia científica de su importancia en el correcto desarrollo infantil. A todos los niveles: social, cognitivo y emocional. Con ellas, trabajan la psicomotricidad, la coordinación, el control de la inhibición, las destrezas finas, la memoria, la toma de decisiones, la resolución de problemas…, capacidades todas fundamentales».

El fútbol, un deporte mayoritario entre los niños españoles

Al preguntar a los padres y madres por el tipo de deporte que practican sus hijos, es el fútbol el mayoritario (44%), con una frecuencia media de 2,6 días a la semana, especialmente entre los niños de entre 7 y 12 años. Le sigue la natación (37%), que suelen practicar 1,8 días por semana.

La mayoría de los padres y madres consultados asocian el fútbol sobre todo con valores relacionados con el trabajo en equipo (76%) y el esfuerzo (61%), también con valores de amistad (54%), cooperación (52%) y disciplina (51%). Destacan que ejerce una gran influencia positiva en el desarrollo de las habilidades sociales y de resolución de problemas, al fomentar la velocidad de reacción y la comprensión emocional. Asimismo, les genera emociones agradables.

En opinión de la psicóloga Álava son «todos ellos, valores necesarios para conseguir el desarrollo integral de los niños y fundamentales tanto para conseguir un correcto equilibrio emocional, como su bienestar, ayudándoles incluso en un futuro a nivel laboral».

Filipe Salsinha añade «muestra de nuestro propósito de que los niños disfruten de su infancia, para lo cual el juego y la actividad física son esenciales al proporcionarles experiencias gratificantes, es nuestro reciente acuerdo con la Real Federación Española de Fútbol. Con ello, queremos seguir impulsando el desarrollo de un deporte que, además de ser clave para las familias y el desarrollo de los más jóvenes como indica este estudio, transmite valores tan necesarios en nuestro día a día como el compañerismo, el trabajo en equipo o el esfuerzo».

Principales entornos para la práctica de la actividad física

Son los amigos, junto a la familia, los principales compañeros de los niños en su actividad física (95% y 82%, respectivamente). Los niños dedican una media de 3,2 días por semana y el 21% la realiza casi a diario con los amigos. Con la familia (82%), la media es de unos 2 días a la semana, disminuyendo esta práctica de forma significativa a medida que van creciendo.

Además, un 56% de niños y niñas suele entrenar en un equipo una media de 2,3 días a la semana. Práctica que, junto a la participación en competiciones deportivas (35%), es más habitual entre los varones y mayores (10-12 años). Destaca también que, sobre todo, los pequeños de 4-6 años realizan actividad física en otros entornos con una media de 2,5 días a la semana (66%).

«Es muy gratificante comprobar que casi la totalidad de los padres y madres de niños de entre 4 y 12 años en España son muy conscientes de los beneficios de la actividad física en su desarrollo y apuestan por ello. Es muestra de que el mensaje ha ido calando en nuestra sociedad. El reto está en seguir trabajando entre to dos para que no se invierta dicha tendencia con la edad», concluye la psicóloga Silvia Álava.

FUENTE: LeónNoticias.com

Consigue que tus hijos sean felices, seguros y autónomos con nuestro curso on-line.

En este curso, seis psicólogos del centro de Psicología Álava Reyes mostramos las claves para conseguir que nuestros hijos sean autónomos, felices, y seguros. De forma amena aprenderemos las claves del éxito en la convivencia familiar con ejemplos prácticos sobre cómo gestionar las principales y típicas disputas que se dan en casa en relación a las quejas, protestas, frustraciones, retos y desobediencias de nuestros hijos e hijas. Además, aprenderemos a manejar los problemas de conducta con soltura, observándolos, clasificándolos y convirtiéndolos en comportamientos adecuados y normalizados; qué alternativas existen al castigo, cómo lidiar con los celos entre hermanos…

Aprovecha la ocasión ahora tienes un 10% de descuento sobre el precio del curso con el código ALAVA10

Comprar por 90€Se ha dedicado un apartado a la gestión emocional tanto de los padres, con estrategias dirigidas a no perder la calma, ni los nervios, para educar sin ira, sin gritos, de forma positiva, como de los niños, con ejercicios prácticos sobre cómo hacer tomar conciencia a nuestros hijos de las emociones, el autocontrol, las relaciones sociales, la autoeficacia y motivación, autoestima y empatía, entre otros. Nos muestran como reprimir los sentimientos negativos de nuestros hijos no es el camino para lograr respuestas ajustadas y que les hagan sentirse bien con ellos mismos. También veremos cómo enseñarles a comprender ese sentimiento y canalizar adecuadamente sus frustraciones.

Sin olvidarnos cuestiones del día a día sobre cómo favorecer la correcta autonomía de los niños, cómo y cuándo responder a sus preguntas sobre el sexo y qué contarles según su edad, y algunas estrategias para gestionar mejor su tiempo de estudio y cómo obtener el máximo provecho de sus horas de estudio para mejorar su rendimiento y sus resultados académicos.

Con este curso se pretende favorecer una autoestima positiva y saludable en nuestros hijos, para así potenciar su desarrollo personal, social, familiar y académico. También a dotarles de habilidades básicas que les ayudarán en su día a día y sobre todo en su futuro, cómo enseñarles a mantener conversaciones con los demás, a saber decir “no” y decir lo que se quiere sin sentirse mal ni herir los sentimientos de los demás, así como a solucionar problemas con el grupo de referencia con el objetivo de que tengan experiencias sociales más positivas. En definitiva, aprenderemos cómo desarrollar recursos y estrategias que serán necesarias para nuestros hijos en el futuro. Enseñarles a esforzarse para conseguir sus objetivos, a esperar por las recompensas y ser conscientes de que de los pequeños fracasos también se aprende.

OBJETIVOS DE APRENDIZAJE:

  • Aprende a manejar los problemas de conducta con soltura
  • Identifica y actúa ante el bajo estado de ánimo de los hijos para que vuelvan a sonreír
  • Descubre cómo enseñar a aprender a mantener conversaciones con los demás a los niños
  • Desarrolla recursos y estrategias que serán necesarias para los hijos en el futuro
  • Favorece una autoestima positiva y saludable en los hijos
  • Enseña y guíales para que puedan aprender a comer y a dormir bien y solos

ACERCA DE NOSOTROS: Centro de Psicología Álava Reyes

Equipo multidisciplinar en Madrid de Psicólogos

Uno de los Centros de Psicología más grandes de España, formado por un equipo multidisciplinar de Psicólogos donde se trabaja con un amplio abanico de rangos de edad (niños, adolescentes, jóvenes y adultos) y tipos de terapia.

Los más de 30 años de contrastada experiencia en diferentes campos profesionales, nos aportan gran seguridad y eficacia en los planteamientos de terapias y ayudas psicológicas.

El presente curso será impartido por seis psicólogos de dicho centro:

  • Silvia Álava, coordinadora del curso, directora del área infantil, colaboradora habitual de medios de comunicación y autora de los libros “Queremos Hijos Felices” y Queremos que crezcan felices”.
  • Ángel Peralbo, director del área de adolescentes, colaborador habitual de medios de comunicación y autor de los libros “El adolescente indomable”, “Educar sin ira” y “De niñas a malotas”.
  • Aroa Caminero, forma parte del área infantil del centro. Es experta en psicología educativa, neuropsicología e inteligencias múltiples.
  • Margarita Montes, es colaboradora habitual de los medios y experta del área infanto-juvenil del centro, especialista en intervención en crisis y superación del trauma.
  • Lucía Boto, experta en el área infanto-juvenil, especialista en técnicas proyectivas y profesora de la UNIR.
  • Sara Rios, experta en el área infanto-juvenil y trastornos de conducta en la infancia.

Pincha en la siguiente imagen para empezar a disfrutar de este curso. Además con el código ALAVA10 tienes un 10% de descuento adicional:

Consigue que tus hijos sean felices

Estos son los motivos por los que la mejor manera de aprender es… jugando

Las actividades lúdicas son un elemento imprescindible para el buen desarrollo cognitivo de los niños

Por Rocío Navarro Macías.


Cuenta el biólogo y activista animal Mark Bekoff que el juego es un entrenamiento para lo inesperado. Pero la adaptación al cambio, no es la única aptitud que los momentos de ocio basados en la diversión fomentan. Enfocar la enseñanza desde el paradigma del juego conlleva numerosos beneficios como que los conocimientos se graban mejor en la memoria. Este tipo de experiencias nutren su imaginación y les dota de aptitudes y herramientas esenciales para la vida.

“A través del juego estamos trabajando procesos cognitivos como la atención, la planificación, la memoria. También la función ejecutiva, que es la capacidad de organizar la conducta y dirigirnos a una meta. Significa que planificamos, organizamos, mantenemos la atención y vamos controlando si obtenemos los objetivos. Algo fundamental en el colegio, pero también en la vida adulta”, comenta Silvia Álava, psicóloga infantil y autora de El Arte de Educar Jugando (J de J Editores, 2021). Repasamos los motivos por los que se aprende mejor jugando.

El Arte de Educar Jugando

Un elemento vital. Pero, ¿qué es el juego?

Puede que el concepto se asocie mentalmente a determinados recursos o dinámicas establecidas, pero no se circunscribe a estos parámetros. Se trata de una actividad lúdica en la que se disfruta. En la emoción que despiertan está la clave de su definición. “El juego es el proceso en el que el niño se está divirtiendo. No tiene por qué estar relacionado con materiales o una actividad concreta. El desencadenante de un juego para un niño puede ser una pelusa o sus propias manos”, comparte Álava.

Son momentos de vital importancia para los menores, a través de los que expanden su imaginación, interactúan con otras personas y desarrollan su espíritu de aventura. “Es un elemento básico en la vida de los niños e imprescindible para su desarrollo. Asimismo, es un valioso instrumento para educar, ya que permite aprender de forma espontánea mientras los niños se divierten, sin sentirse evaluados ni presionados”, comparte Aroa Caminero, neuropsicóloga y especialista en psicología infantil.

La recomendación de las expertas es que cuanto más pequeños sean los niños, más jueguen. “Hasta los 6 años se aconseja que dediquen la mayor parte de su tiempo a actividades lúdicas”, añade. A partir de este momento, es deseable que realicen actividades lúdicas al menos una hora y media diaria.

Todos tienen beneficios. ¿Juego libre o dirigido?

Los padres no deben empeñarse en pautar este tipo de actividades. De hecho, uno de los recursos más valiosos desde este paradigma es el juego libre. “Es imprescindible que permitamos a los niños tiempos mayoritarios de juego libre, en el que de forma espontánea deciden a qué jugar, en qué momento, con qué y con quién. A través del mismo, potencian su personalidad y favorecen procesos cognitivos como la creatividad”, afirma la neuropsicóloga.

No obstante, la modalidad dirigida también tiene su razón de ser. “Favorece la consecución de objetivos concretos como la estimulación de ciertos procesos cognitivos que el menor necesite mejorar. El adulto puede proponer estrategias para mejorar y contribuir a la regulación emocional durante su aprendizaje”, añade. En la práctica, si a un niño le cuesta controlar su conducta, el juego con cartas dirigido por el adulto le ayudará a entrenar el seguimiento de instrucciones, paciencia, atención y planificación en las jugadas. 

También puede aprender a tolerar la frustración y perseverar en la propuesta. “La vida tiene todos los colores y todas las emociones, si lo que hacemos es evitar que sientan las desagradables estamos enseñando un modelo de vida irreal. Esto hace que les sea muy duro afrontar los momentos en los que se sienten mal”, matiza Álava.

Modula el estrés. Emociones positivas para aprender mejor

La ciencia ha demostrado que a través del juego se reducen los niveles de estrés, algo que mejora la adquisición de capacidades. “Las emociones agradables favorecen el aprendizaje y hace que las cosas se memoricen mejor. Con emociones desagradables los niños sufren ansiedad y se bloquean”, indica Álava. En la neurociencia está la explicación a este beneficio. “El juego desarrolla la curiosidad y todo lo que se aprende a través de ella activa las bases cerebrales del placer y libera endorfinas. 

Este proceso permite consolidar mejor los aprendizajes”, expone Caminero. Algo que se ve también favorecido por la motivación inherente al juego, que implica estados de máxima atención y memoria. “Se mejoran desde aptitudes sensoriales y motoras, hasta procesos más complejos como la capacidad de planificación”, continúa la neuropsicóloga

Según su nivel de desarrollo. Un juego para cada etapa

Uno de los aspectos más importantes para maximizar las ventajas de aprender jugando es adaptar las propuestas lúdicas a cada rango de edad. “Un niño pequeño que juegue a algo de mayores se va a frustrar porque no lo va a entender. Y uno mayor se aburrirá con otro indicado para edades inferiores. Aunque sí podría jugar con uno pequeño porque entiende que están jugando juntos”, aconseja Álava. Asimismo, los adultos deben ajustar sus expectativas a la etapa evolutiva en la que se encuentra el niño. “Por ejemplo, los niños de 2 y 3 años atienden uno o dos minutos, no se puede pretender que lo hagan durante más tiempo”, añade la psicóloga.

De 0 a 2 años

Observar el tipo de juego que aparece de forma espontánea en los niños puede dar muchas pistas sobre las capacidades que necesitan desarrollar en cada etapa. “Por ejemplo, desde el nacimiento hasta los dos años, predomina lo que se conoce como juego funcional o de ejercicio. Es algo que consiste en una acción repetitiva por el placer de obtener un resultado inmediato. Puede ser morder, chupar, golpear objetos, arrastrarse, caminar, esconderse, sonreír o tocar a personas. Este tipo de juego beneficia el desarrollo sensorial, la coordinación óculo manual, el desarrollo del equilibrio, …”, sugiere Caminero. De hecho, de estas experiencias motoras y sensoriales depende el desarrollo cerebral de los primeros años de vida y son la base para otros procesos más complejos.

Hasta los seis

A partir de los 3 años, aparece el juego simbólico:“ Es aquel que permite al niño imitar, representar, ensayar, proyectar o fantasear a través de juguetes o conductas. Por ejemplo, jugar a papás y mamás”, comparte Caminero. Son dinámicas mediante las que comprenden el entorno y comienzan el aprendizaje sobre los diferentes roles, lo que favorece el desarrollo del lenguaje y de la memoria. “A partir de los 4 años se inicia la teoría de la mente o la capacidad de entender las opiniones, ideas e intenciones de los demás”, añade.

Un poco más adelante, entre los cinco y los seis adquieren la capacidad de planificación y el control de la conducta. “Aparece en los niños el juego de reglas, que favorece el aprendizaje de la espera de turnos y de seguimiento de normas entre otras cosas”.

Buscar el ‘momentum’. Aprovechar la vida cotidiana

En su libro, Álava y sus colaboradores animan también a integrar el juego en las rutinas de la vida cotidiana y mejorar, a partir de ellas, los procesos cognitivos. “Por ejemplo, utilizar el momento de hacer la compra para fomentar la organización, haciendo la lista. Los más pequeños pueden trabajar la paciencia contribuyendo a buscar los alimentos”, indica Álava. 

Otro beneficio colateral de integrar el juego es mejorar la comunicación entre padres e hijos. “El momento de irse a la cama es muy bueno, ya que se adquiere un estado de relajación en el que los niños están más abiertos a compartir sus vivencias. Por ejemplo, se puede adelantar 15 minutos el momento de ir a dormir para obtener información que en otras circunstancias no se conseguiría”, analiza Álava. Los adultos pueden iniciar este intercambio contándoles alguna experiencia que les haya ocurrido a lo largo del día y, a continuación, dejar que los niños cuenten aquello que les apetezca.

Confiar en la sabiduría popular

Quienes hayan vivido en su propia piel el juego de las sillas habrán experimentado emoción, descarga de estrés y diversión. Pero esta dinámica está también acompañada de beneficios cognitivos. “Entre ellos el proceso de inhibición, que es fundamental para el autocontrol. Le estás diciendo a tu cerebro que la orden que tenías marcada de caminar en círculos hay que desactivarla e iniciar otra que es buscar una silla. En la sabiduría popular hay mucha ciencia”, comenta Álava. Asimismo, las cosquillas también desencadenan procesos deseables en los pequeños. “Regulan las emociones, desestresan y, como implican contacto físico, refuerzan vínculos”, concluye Álava.

FUENTE: LaVanguardia.com

Libro escrito por: Lucía Boto, Aroa Caminero, Carolina Cárcamo, Tatiana Fernández, Manuel Gámez, Bárbara Martín, Estíbaliz Mateos, Margarita Montes, Raquel Prieto, Isabel Quesada, María Rosa del Rincón, Sara Ríos, Nicolás Sánchez, Gema Valenzuela y Silvia Álava.

Los padres y las madres perfectos no existen

Todas las personas somos imperfectas, y cuanto antes lo asumamos, mejor… Y lo mismo ocurre con la paternidad: los padres y las madres perfectos no existen

#Lafrasedeldía

Convertir las rutinas en juego, una alternativa para educar sin estrés

Convertir las rutinas en juego, una alternativa para educar sin estrés. Colaboración con NiusDiario.es

Por Aldara Martitegui

Educar es exigente pero no tiene por qué ser una fuente de estrés

  • Hablamos con la psicóloga infantil Silvia Álava, coautora del libro ‘El arte de educar jugando’
  • Reflexionamos sobre la necesidad cada vez mayor de muchos padres de aprender a educar: solo con amor no basta

Una de las cosas buenas que ha traído la pandemia, especialmente esos primeros meses de confinamiento, ha sido el despertar de conciencia de miles de padres y madres que se encontraron de la noche a la mañana con la terrible sensación de no tener ni idea de cómo gestionar a sus hijos en esa situación.

La pandemia sacó a muchos padres de las inercias, automatismos y rutinas que hasta entonces les habían permitido sobrevivir en el día a día: de casa al cole, del cole a las extraescolares, luego un rato de pantalla en casa, baño, cena y a dormir…Así, un día tras otro, sin un plan de acción ni un propósito concreto; en el mejor de los casos con la única guía de los patrones educativos aprendidos de nuestros propios padres.

Tal vez este boom de publicaciones para padres que estamos viviendo en los últimos meses, responda a esa necesidad de aprender a educar con la que recientemente nos hemos dado de bruces tantos padres. “Estamos viendo publicaciones de todo tipo, explica la psicóloga infantil Silvia Álava, para que cada padre y madre pueda elegir con la que se siente más cómodo y cubra las necesidades que tiene en estos momentos su hogar”.

El esfuerzo que implica educar

Álava acaba de publicar junto a un equipo de 14 psicólogos El arte de educar jugando (JdeJ Editores y Actitud de Comunicación, 2021), una obra que ofrece claves, juegos y ejercicios para mejorar la vida familiar de forma lúdica, a la vez que estimulamos la inteligencia y atención de los niños, fomentamos su autonomía, autoestima, habilidades sociales y regulación emocional.

“Educar implica esfuerzo, implica tiempo, implica dedicación. Por eso, el juego es una de las cosas que hemos querido rescatar en el libro; aprovechar rutinas del día a día para hacerlo. Por ejemplo, vamos a hacer la compra y entonces trabajamos la función ejecutiva y la planificación de que tienes que hacer la lista, de que vas a ser el ayudante; y el momento del sueño para aprender a relajarnos y dormir; y el momento del baño con los bebés para hacer estimulación multisensorial. Hemos querido rescatar mucha rutina para que no sea una mayor carga de trabajo”.

Para que no sea una carga, una fuente de estrés y de frustración.

Tantos años pasando consulta, esta psicóloga infantil sabe lo importante que es para el correcto desarrollo del niño, el estado desde el que educamos los padres; quizás lo hacemos demasiadas veces desde la frustración por nuestro empeño en que los niños sean quienes nosotros queremos que sean y hagan lo que nosotros queremos que hagan.

Por eso es tan importante en todo momento conocer muy bien qué les podemos exigir a cada niño a cada edad (Silvia Álava, psicologa)

“Una cosa muy importante, explica Álava, es saber qué es lo que hacen los niños en cada edad. Tengo que entender que es normal que un niño de primero de infantil tenga una rabieta en la puerta del colegio y que le tengo que acompañar. Pero si es de primero de primaria, ahí tendré que utilizar otro tipo de estrategia. Es muy importante en todo momento saber qué es lo que podemos pedir a los niños en cada edad. Antes de los 3 o 4 años todavía no está madura esa red de control ejecutivo, es decir, el niño no va a saber salir de su rabieta solo, no tiene estrategias de regulación emocional. Necesita que tú, como adulto, le saques. A partir de los 3-4 años, empieza a madurar. ¿Qué es lo que vas a hacer entonces? Acompañarle y darle estrategias. Y según van creciendo, cada vez van a ser ellos más solos, aunque puede que necesiten de nuestra ayuda. Por eso es tan importante en todo momento conocer muy bien qué les podemos exigir a cada niño a cada edad”.

Ajustarnos a la edad del niño

El-arte-de-educar-jugando-Portada

Esta necesidad de ajustarnos en todo momento a la edad del niño para saber qué le podemos pedir y qué no (y que tanto estrés nos puede quitar) nos lleva inevitablemente a otra necesidad: la de aprender.  Porque no debemos caer en esa falacia, insiste Silvia Álava, de decir que con amor todo se puede y todo va a salir siempre bien…

“El amor es imprescindible, porque si no tenemos amor y cariño, tenemos todas, pero todas las papeletas del mundo para que ese niño o esa niña tenga problemas a nivel de salud mental y muchos otros. Pero con amor solamente no basta (…) Por ejemplo, hablamos muchísimo de que no hay que sobreproteger a los niños, ¿por qué? Porque hay mucha investigación detrás que nos dice que los niños cuyos padres tienen un estilo educativo más sobreprotector, es decir son más permisivos, están muy encima, están como ‘¡ay que no le pase nada, ya se lo hago yo, si total, a mí no me cuesta nada’…pues es cierto que les quieren muchísimo, pero están malentendiendo el amor paternal o maternal y, al final, lo que están haciendo es que les están dotando de muchas menos herramientas, de muchos menos recursos. Y cuando esos niños son mayores ¿qué pasa? que desarrollan menos habilidades socioemocionales, que tienen una menor autoestima, que están más inseguros, porque no han aprendido a resolver las cosas por sí solos. Si el mensaje es ‘trae que yo te lo hago porque a mí no me cuesta nada, porque te quiero un montón’, el niño o la niña lo que interpreta es ‘tú puedes, yo no puedo’. Y esto es un mazazo para su autoestima”.

Qué tenemos que aprender los padres

Álava recomienda a los padres aprender técnicas y procedimientos que estén avalados centíficamente; que haya estudios detrás; que haya una evidencia de por qué hay que hacer las cosas de determinada forma. Un buen ejemplo sería el de cómo poner normas y límites hoy en día a los niños.

“Hay que poner límites, pero también hay que explicar las cosas. O sea, cuando hablamos de poner normas y límites ha cambiado el modelo. Podemos decir que a nosotros nos educaban en el ‘hay que hacerlo porque yo lo digo, porque soy tu padre’… bueno, pues esto hoy en día no funciona. Sabemos que funciona mucho mejor el ‘te explico por qué hay que hacerlo, igual que te explico que hay una norma que es por ejemplo que se cruzan los semáforos en verde porque si no viene un coche y te pilla. Te explico que en esta familia nos tratamos con respeto’ ¿por qué? porque nos queremos mucho…En todo momento la norma o límite está claro, pero está explicado, y además está explicado siempre en términos que los niños y las niñas puedan entender”.

Para que una terapia funcione con un niño, niña o adolescente, la variable que va a predecir el éxito es que la familia se implique (Silvia Álava, psicóloga)

Responsabilidad

Otra idea interesante que apunta la psicóloga infantil es que, como padres, debemos tener la humildad de reconocer nuestra responsabilidad si nuestro hijo tiene algún problema por el que necesite ir a terapia. Es muy habitual que los progenitores dejen a sus hijos en la consulta del psicólogo como el que deja el coche en el taller.

“Esto de decir, me traes al niño y ya te lo devuelvo con el cambio de aceite hecho, esto no funciona así. Nosotros siempre trabajamos con la unidad familiar, porque los primeros que necesitan ayuda, por lo general, son los padres. Y si hay un problema y tú sigues haciendo exactamente lo mismo, le podemos enseñar al niño técnicas, le podemos enseñar recursos, pero al final ¿qué es lo que pasa?, que el origen del problema muchas veces no lo vamos a poder trabajar. Entonces, la terapia en el área infantojuvenil, siempre se hace con la familia. Es decir, a los padres se les da pautas (…) Siempre hay una cosa que es fundamental y es que para que una terapia funcione con un niño, niña o adolescente, la variable que va a predecir el éxito es que la familia se implique. Cuando la familia no se implica y tú solamente puedes trabajar con el menor, muchas veces decimos que le ayudamos, pero que es un poco paliativo. Ese niño o niña va a estar mejor porque evidentemente le estamos ayudando, le estamos dando herramientas, de cómo ponerse las tiritas, le estamos diciendo un poco cómo manejarlo. Pero no es lo mismo cuando tú tienes la posibilidad de trabajar con todo el sistema y trabajar con los padres, porque si ellos no cambian, es muy complicado que cambie la situación”.

Juegos y rutinas

No siempre esos cambios tienen que venir de mano de la terapia. No siempre hay que esperar a que nuestro hijo tenga un problema para ponernos manos a la obra y aprender. Muchas veces basta con propuestas -como la que hace Silvia Álava en su último libro- de educar a través del juego, o mejor dicho impregnar de juego las rutinas diarias, con el propósito de educar; con el propósito de canalizar el amor y el cariño hacia donde mejor podamos contribuir al correcto desarrollo de nuestros hijos.

FUENTE: NiusDiario.es

Libro escrito por: Lucía Boto, Aroa Caminero, Carolina Cárcamo, Tatiana Fernández, Manuel Gámez, Bárbara Martín, Estíbaliz Mateos, Margarita Montes, Raquel Prieto, Isabel Quesada, María Rosa del Rincón, Sara Ríos, Nicolás Sánchez, Gema Valenzuela y Silvia Álava.

Aprender jugando, vital para que los niños crezcan felices y seguros de sí mismos

‘El arte de aprender jugando’ es una iniciativa conjunta de 15 psicólogos para favorecer el desarrollo integral de los menores de una manera entretenida y adaptada a cada franja de edad.

Por NACHO MENESES Madrid 

Criar a un hijo de la mejor manera posible, cubriendo sus necesidades y facilitando un desarrollo pleno y feliz, es sin duda un objetivo irrenunciable para cualquier padre o madre. Una carrera de fondo llena de incertidumbres en la que es común cuestionarse si podríamos hacerlo mejor, especialmente cuando la pandemia que vivimos impone desde hace más de un año una carga sin precedentes para grandes y pequeños: estrés, inseguridad, falta de contacto social, trabajo y educación a distancia… “Hay un montón de necesidades emocionales que atender, y eso hace que los niños nos necesiten más que nunca, que estemos presentes en su vida”, afirma Silvia Álava, psicóloga infantil y autora, junto a otros 14 especialistas, del libro El arte de educar jugando (JdeJ, 2021).

No se trata de ofrecer fórmulas mágicas

No se trata de ofrecer fórmulas mágicas, sino de resaltar la importancia del juego como herramienta educativa: “Los menores pasan gran parte de su vida jugando y cuando lo hacen desarrollan muchos procesos, no solamente a nivel cognitivo (la concentración, la atención, la memoria, el razonamiento lógico…), sino también a niveles de seguridad, autoestima o habilidades sociales”, explica Álava. “Podemos conseguir educarles poniendo en valor los juegos o las actividades y la familia, porque al final no es solo el valor educativo de lo que aprenden, sino la cohesión que existe en el hogar, la conexión que conseguimos con ellos y cómo podemos fomentar ese apego, ese vínculo”.

Estimular su cerebro; fomentar el desarrollo de la atención, de las habilidades sociales o de la inteligencia emocional; o desarrollar su autoestima, su seguridad y su pensamiento crítico son algunos de los aspectos que se abordan en esta obra, sin olvidar el educarles en las nuevas tecnologías e igualdad de género y cómo conseguir una correcta educación afectivo-sexual. A través de actividades y juegos en familia, se trabajan áreas que son fundamentales para el desarrollo de los menores, de la mano de psicólogas y psicólogos expertos en cada área. Y se hace aprovechando muchas veces situaciones cotidianas, para que ello no constituya una carga adicional para los padres.

Una habilidad por capítulo

En cada capítulo, se presenta una habilidad, se explica por qué es importante y se proponen juegos y actividades para hacer todos juntos y divididos por edades (de cero a tres, de tres a seis, de seis a nueve y de nueve a 12). “En el de la inteligencia emocional, por ejemplo, explicamos que es esa capacidad que todos tenemos para percibir las emociones en nosotros mismos y en los demás. Todas las emociones son buenas, porque nos dan información para tomar decisiones, comprenderlas y poder regularlas”, cuenta Álava. “Cuando los niños tienen un problema emocional o de autorregulación, el aprendizaje puede verse afectado en un 30 o 40 %”, añade la experta.

Para trabajar el autocontrol con los más pequeños, por ejemplo, hay un juego llamado Esta vez gana el último, que consiste en una carrera de caracoles en la que el objetivo es ir despacito sin llegar a quedarse parados, y que puede alternarse añadiendo otras órdenes para que de repente sean liebres (y vayan deprisa) o ranas (y vayan saltando). “Y en el capítulo de hábitos de vida saludables, introducimos actividades lúdicas para conseguir que los niños aprendan a irse a la cama a su hora, a no protestar y el por qué es necesario ir ralentizando el ritmo de nuestra rutina en las últimas horas de la tarde, proponiendo tareas como leer un cuento”, añade.

La psicóloga Silvia Álava.
La psicóloga Silvia Álava.

Estimular su cerebro y su capacidad de atención

El hecho de que el cerebro de los niños esté en constante evolución hace que las capacidades que tienen a nivel sensorial, motor, cognitivo o socioemocional sean diferentes en cada momento vital. “Por lo tanto, va a ser fundamental que, a la hora de educar, nos ajustemos a esas características y a esas capacidades”, explica Aroa Caminero, neuropsicóloga infantil y coautora del libro. Además, “sabemos que se aprende mucho mejor a través de las emociones positivas y que los niños, cuando hacemos con ellos juegos y otras actividades lúdicas, están activando las áreas cerebrales del placer, de la curiosidad y de la motivación”.

El momento de ir al supermercado es una buena oportunidad para estimular estos procesos cognitivos. “Los papás de niños pequeños pueden llevarlos cuando la compra sea un poco rapidita, y si pueden ponerles en un carrito de su tamaño, mejor, porque estarán entretenidos y además estimularán la parte motora”, explica. “A partir de los seis años, podemos aprovechar para que nos ayuden a hacer la lista de la compra, y que sean los encargados de ver lo que tenemos que coger y lo que no. Y en la última etapa, cerca de los 12 años, nos pueden ayudar no solamente a ahorrar, sino también a hacer un planning de los gastos domésticos para que podamos utilizarlo de manera conjunta y que aprendan también toda la parte de razonamiento matemático, de priorización…”

Capacidad de prestar atención

Otra de las habilidades que se trabajan es la capacidad de prestar atención, una herramienta que dotará a estos niños de constancia y perseverancia para sus actividades diarias, lo que les permitirá a la larga llegar a conseguir mayores éxitos. “Además, prestar atención es una condición necesaria para que puedan aprender conceptos nuevos y memorizarlos”, argumenta Tatiana Fernández, doctora en Psicología Clínica y de la Salud por la Universidad Autónoma de Madrid y coautora de esta obra. Un aspecto que, como con el resto de áreas, se trabaja de diferente manera según la edad del menor.

De cero a seis años, por ejemplo, la atención es principalmente involuntaria, de manera que las actividades se centran en trabajar el autocontrol y la paciencia, para que aprendan a esperar para conseguir aquello que desean (por ejemplo, una pintura). A partir de los tres, pueden practicar encontrando la salida de laberintos con lápiz y papel, o pintando mandalas que deben terminar usando distintos colores; de seis a nueve se puede entrenar la atención selectiva, retándoles a que encuentren cosas; y de nueve a 12, cultivar la atención al detalle a través de, por ejemplo, distintos tipos de manualidades.

La importancia del pensamiento crítico y de la autoestima

El pensamiento crítico se refiere no solo a la capacidad de identificar, evaluar, clasificar e interpretar lo que está a nuestro alrededor, sino que influye también en el desarrollo de la creatividad, la resolución de conflictos, la empatía, la autonomía, la autocrítica y la adaptación a las situaciones nuevas. “Cuando un niño no ha sido educado en el pensamiento crítico, aumenta la posibilidad de que sea arrastrado, por ejemplo, por manipuladores emocionales, el abuso de sustancias o comportamientos delictivos solo por la necesidad de aprobación de sus iguales”, afirma Bárbara Martín, coautora. “Fake news, phishing, viralidad, cultura de la posverdad… Dotar a los niños de pensamiento crítico les ayudará a no creer todo lo que ven, leen y escuchan, y podrán formular sus propias conclusiones para decidir de una manera informada”, explica.

Fomentar un correcto desarrollo de su autoestima es otro de los aspectos fundamentales. “Un niño con una fuerte autoestima es un niño que se siente satisfecho, que se quiere a sí mismo y que es capaz de disfrutar en las diferentes situaciones, encajar en el grupo y aprovechar los recursos de los que dispone. En definitiva, se convierte en una persona feliz, que es lo que evidentemente queremos para nuestros hijos”, explica Lucía Boto, autora de este capítulo. Según mantiene la experta, es necesario validarles, dedicarles tiempo en exclusiva y hacer que se sientan importantes para reforzar su seguridad en sí mismos.

Vencer el miedo y fomentar las habilidades sociales

Para Silvia Álava, resulta fundamental dotar a los niños de estrategias y herramientas para que puedan enfrentarse a situaciones de la vida cotidiana, porque en caso contrario “no se sienten capaces de aprender igual que los demás, o creen que necesitan siempre a sus padres para que les resuelvan las situaciones del día a día”. “Herramientas entre las que no se puede obviar una gestión adecuada del miedo”, prosigue, “ya que esta emoción es parte de su desarrollo evolutivo”. Según mantiene Álava, las actividades del libro tienen como objetivo que los padres y madres comprendan cómo sus hijos pueden manifestar esta emoción, y que los puedan acompañar de forma adecuada a través del juego.

Pero ¿qué pueden hacer los adultos al respecto? “Primero, recordar que cada niño o niña puede manifestar más un miedo que otro, o ser más sensible, y eso no nos tiene en principio que preocupar”, cuenta Gema Valenzuela, especialista en conducta infantil, trauma y apego. “En estas situaciones es importante estar calmados (…) y ofrecerles seguridad para que vayan interiorizando la creencia de que el mundo es un lugar seguro. Y el juego mejora la percepción que tienen de nosotros como figura de seguridad”, incide.

Contacto con los demás

Si hay un aspecto de nuestras vidas que se ha visto mermado a causa de la covid es el contacto que tenemos con los demás. “Y precisamente por eso cobra especial relevancia el que, como padres, se trabaje este aspecto con los niños, porque, al final, no son habilidades innatas, y si no las trabajamos con ellos, no las van a aprender de una manera adecuada”, explica Sara Ríos, psicóloga sanitaria del Instituto Psicoeducativo Elea: “Tanto en lo que respecta a las habilidades sociales básicas (cómo escuchar al otro, iniciar o terminar una conversación sin ser brusco) como complejas (toma de decisiones, el saber decir que no y hacerlo de una manera correcta…)”.

“Aunque de cero a tres años los niños no son socialmente activos, es bueno que le vayamos acostumbrando a que estén con gente. De tres a seis empiezan a tener sus primeras relaciones sociales, y se puede enseñarles a saludar y presentarse a los demás a través de actividades como un teatro de presentaciones”, detalla Ríos. “De seis a nueve, sus relaciones son algo más intensas y van apareciendo conflictos y, según nos acercamos a los 12, las relaciones sociales ya son algo vital, y por eso es bueno que las consolidemos y que las trabajemos con ellos”, termina esta experta.

FUENTE: ElPaís.es

Libro escrito por: Lucía Boto, Aroa Caminero, Carolina Cárcamo, Tatiana Fernández, Manuel Gámez, Bárbara Martín, Estíbaliz Mateos, Margarita Montes, Raquel Prieto, Isabel Quesada, María Rosa del Rincón, Sara Ríos, Nicolás Sánchez, Gema Valenzuela y Silvia Álava.

Presentamos El Arte de Educar Jugando en Mijas Hoy

Os comparto la entrevista realizada para la televisión de Mijas en la que presentamos nuestro último libro: El Arte de Educar Jugando

Libro escrito por: Lucía Boto, Aroa Caminero, Carolina Cárcamo, Tatiana Fernández, Manuel Gámez, Bárbara Martín, Estíbaliz Mateos, Margarita Montes, Raquel Prieto, Isabel Quesada, María Rosa del Rincón, Sara Ríos, Nicolás Sánchez, Gema Valenzuela y Silvia Álava.