Enseña a tus hijos a establecer límites saludables

Para que nuestros hijos aprendan a establecer límites de manera saludable, necesitan:

  • Que les pongamos límites de forma respetuosa
  • Que establezcamos límites con respeto hacia nosotros mismos y hacia los demás

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El bullying sigue siendo la asignatura pendiente

El bullying sigue siendo una lacra que se mantiene en nuestras escuelas e institutos, es más con la generalización de los dispositivos móviles y las redes sociales ha roto las barreras físicas y se extiende prácticamente sin límite…

De ello y de cómo cada uno de nosotros puede poner su granito de arena para contribuir a erradicarlo hablamos en este nuevo programa de #pazmental dentro Las Tardes de RNE.

¡Ayúdanos a luchar contra el bullying!

¿Y si no hubiera redes sociales?

¿Y si….? – ¿Y si no hubiera redes sociales?

¿Qué haríamos sin las redes?

Pues tener más tiempo, entre otras cosas… es una de las conclusiones a las que llegamos en este podcast de RNE del espacio ¿Y Si…?

Y los niños creen que no pasaría nada, ¿o sí?

Escúchalo ahora.

Seis consejos para convertirte en refugio para tus peques.

Publicado por Rubén García Díaz Periodista especializado en parenting, infancia y crianza

 Si deseas, como la gran mayoría de padres y madres preocupadas por la felicidad y el desarrollo de sus hijos e hijas, convertirte en ese lugar seguro para ellos y ellas al que acudir siempre que lo necesiten, hay algunas cosas concretas que se pueden hacer. Algunas son puntuales y otros son hábitos que conviene sostener en el tiempo. La especialista en psicología Silvia Álava Sordo comparte hasta seis consejos como los más importantes a la hora de convertirte en refugio para tus peques.

La psicología es una disciplina esencial en todas las etapas de la vida.

No vamos a descubrir ahora nosotros sus virtudes. Pero sí remarco, y esto lo hago en primera persona porque sé de buena tinta todos los consejos, aprendizajes y trucos que puede enseñar una psicóloga infantil (o psicólogo, es indiferente, pero en nuestro caso es una profesional), lo infravalorada que sigue estando durante la crianza.

El bienestar

Por eso, desde que descubrí en mis propias carnes el poder de la psicología en el bienestar no solo de los niños y niñas sino también, incluso más en algunos casos, en el bienestar de los adultos, padres y madres, trato de no desaprovechar ninguna oportunidad para poner en valor aquellos consejos y experiencias compartidas por profesionales de la psicología que se pueden aplicar a la crianza de los hijos e hijas.

Lo son cualesquiera de los consejos y reflexiones que comparte en sus perfiles públicos la doctora en psicología clínica y de la salud, además de divulgadora, Silvia Álava Sordo. Por ejemplo, los seis hábitos que, en opinión de la psicóloga clínica y educativa, tienen mayor influencia a la hora de conseguir que nuestros peques nos vean como su espacio o lugar seguro.

Los seis consejos de la experta en psicología

La lógica nos lleva a pensar que, por puro instinto, los niños y niñas pequeños vean de forma natural a sus madres como su espacio seguro. Y en cierto modo es así, pero hay que regar ese lugar espacio que somos, cuidarlo, mantenerlo limpio y abierto las 24 horas del día para nuestros hijos e hijas. Y también hay que recordarles que existe y que no tienen más que pasar siempre que quiera. Y algo parecido ocurre con otro progenitor o progenitora, si lo hay. Y por extensión, con abuelos, tíos, etcétera.

«Jardinería emocional»

Para hacer este trabajo de “jardinería emocional” para con nuestros hijos e hijas, Silvia Álava pone el foco en seis hábitos concretos, los que en su opinión tienen mayor impacto a la hora de convertirnos o mantenernos como el lugar seguro para nuestros peques a medida que crecen y van ganando en autonomía.

Los seis consejos de la psicóloga son los siguientes:

  1. Mantenernos emocionalmente disponible para ellos: es a lo que nos referíamos con lo de mantener abierto el jardín las 24 horas del día. No tiene puertas ni vallas.
  2. Demostrarles atención cuando hablan con nosotros: puedes aplicarlo de múltiples formas siempre y cuando se cumpla el objetivo. Puedes mostrar interés de forma activa con repreguntas, compartir con él o ella aquello que desees contarles, y también dejando el móvil cuando te hablan. Esta última es, precisamente uno de los hábitos cotidianos cuyo esfuerzo merece la pena según Álvaro Bilbao.
  3. Participar en sus juegos activamente siempre que sea posible: entronca con el consejo anterior de Silvia Álava, y no necesita más explicación.
  4. Valorar y considerar sus opiniones: si eres lector o lectora habitual de Ser Padres, ya sabrás la de veces que los profesionales de la psicología y la docencia inciden en la importancia de legitimar aquello que sienten nuestros hijos e hijas, que no es lo mismo que validar todas sus conductas.
  5. Establecer conexión visual mientras nos comunicamos: puedes hacerlo poniéndote a su altura cuando queréis hablar o tener un gesto de cariño, el gesto más sencillo y eficaz que puedes hacer para conectar con tus peques.
  6. Ser auténticos, vulnerables y coherentes: compartir emociones, experiencias, sentimientos… y mantener una coherencia en nuestra educación a lo largo del tiempo son cuestiones esenciales, según la psicóloga Silvia Álava, para ser el lugar de seguridad de nuestros hijos e hijas.

En definitiva, concluye la experta en psicología,

“Todo se resume en estar completamente presentes y comprometidos con su mundo infantil para continuar siendo parte de su mundo cuando crezcan y se conviertan en adolescentes y adultos”.

FUENTE: serpadres.es

Los docentes están preocupados por el tiempo que el alumnado pasa ante las pantallas

El 88% de los docentes están preocupados por la cantidad de tiempo que el alumnado pasa frente a las pantallas y sus posibles efectos en el aprendizaje, especialmente en el desarollo de competencias vinculadas a la adquisición de la compresión lectora, escritura y lectura, según se desprende de un estudio de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) y el Instituto Tecnológico de Producto Infantil y Ocio (AUU).

El análisis, presentado este jueves por la Fundación Crecer Jugando, también concluye que los niños prefieren el tiempo libre y el ocio sin pantallas, siendo sus preferencias estar con amigos, en un 78% de los casos, ir al parque a jugar (55%) o hacer manualidades (49%).

La mitad del profesorado encuestado señala que el uso de dispositivos digitales en la escuela resta tiempo al juego y un porcentaje similar sostiene que esta reducción del tiempo de juego perjudica bastante o mucho el aprendizaje y la adquisición de competencias básicas.

En este sentido, los niños manifiestan que son más creativos (76%), organizados (45%), resuelven mejor los problemas en el 55% de casos y memorizan mejor (58%) cuando juegan sin dispositivos digitales, según describe el estudio, en el que participaron 1.896 menores de entre 5 y 12 años y 110 docentes.

Respecto al desarrollo de competencias instrumentales, los docentes entrevistados no perciben que el juego con dispositivos digitales con fines educativos o recreativos favorezca el desarrollo psicomotor (68%), las habilidades lectoescritoras (50%) y la expresión oral (68%).

Pese ello, el 36% de los niños afirman usar los dispositivos digitales en las asignaturas de Lengua Castellana y Literatura y el 43% en Lengua Extranjera. Además, el 46% de los niños indican que prefieren aprender a leer y a escribir a través de juegos sin dispositivos tecnológicos.

El análisis explica que un 40% del profesorado desconfía de que el juego educativo con dispositivos tenga efectos positivos en la memoria y la concentración. Más de la mitad (55%) de los niños manifiestan estar más tranquilos cuando juegan sin pantallas.

Igualmente, casi la mitad de los docentes (47%) piensa que el uso por ocio de juegos con dispositivos digitales perjudica la salud mental de los niños, y el 86% señala que el juego libre de dispositivos dispone de muchos beneficios en el aprendizaje.

TIEMPO Y USO

Los dispositivos digitales más utilizados en el aula por los docentes participantes son la pizarra digital (84%), el ordenador portátil (66%), tablet (34%) y el móvil (17%). Además, el 20% de profesores manifestó utilizar más de tres horas la pizarra digital y el 13% el ordenador portátil. Una cantidad de tiempo que “supera las recomendaciones pediátricas”, según explicaron desde la Fundación Crecer Jugando.

La tendencia de uso de dispositivos digitales en el aula es “pasiva”, indica el informe. El 70% de los docentes afirmó utilizarlo de forma expositiva mediante la visualización de vídeos, mientras que solo el 21% afirmó utilizarlo de forma lúdica.

El 73% manifiestan que su uso expone al alumnado a diversos anuncios con contenidos inapropiados. El 80% de los docentes expresaron bastante preocupación por la sobreexposición a dispositivos digitales dentro y fuera del aula y sus posibles riesgos asociados.

REALIDAD INCONTROLABLE

La profesora de la UCM y miembro del equipo de la investigación Silvia Sánchez-Serrano, durante la presentación del análisis, señaló que la solución a esta situación “no se trata de prohibir o rechazar los dispositivos digitales, el mundo digital es ya un espacio de participación cívica y social, sino que se trata de proteger a la infancia, regulando tanto el tipo de uso, como el contenido y adecuarlo a la edad”.

En esta línea, añadió que “es esencial limitar la exposición a dispositivos digitales y combinarla con otros tiempos y espacios de juego libre, exterior y creativo, junto con juegos de construcción, de mesa, dramáticos, etc. Los niños necesitan tener unos hábitos lúdicos saludables y equilibrados para su bienestar y desarrollo integral, es decir, una dieta lúdica infantil”.

Por su lado, el coordinador del departamento de Investigación Infantil y Pedagogía de AIJU, Pablo Busó, dijo que “hay un cambio de tendencia, en el que tanto las familias como docentes e incluso niños son conscientes que se llegó a un punto en el que el uso de la tecnología y las pantallas es excesivo”. Y, también, recalcó que “las alternativas del aprendizaje a través del juego y el juguete son ventajosas”.

Por otra parte, la psicóloga infantil, Silvia Álava, remarcó que “hay que supervisar el uso de pantallas de los niños y acompañarlos para no se pongan ni nerviosos ni abstraídos, en función del contenido que visualicen”. Por ello, también hizo hincapié en que “los niños tienen que aprender a aburrirse”.

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FUENTE: lavanguardia.com

Es necesario que asumamos la idea de que jugar es tan valioso -y serio- como aprender

CARLOTA FOMINAYA

Los niños de hoy juegan menos por el uso de las pantallas y esto, según advierte el estudio presentado por la Universidad Complutense de Madrid (UCM) y el Instituto Tecnológico de Producto Infantil y Ocio (AIJU), es un grave error.

Este desplazamiento del juego por lo digital, explica la psicóloga Silvia Álava, puede tener «graves efectos en el neurodesarrollo del niño, porque deja de hacer cosas. De hecho el juego, junto a dormir, son las principales tareas que tiene que hacer un niño». Jugar, recalca esta experta, «es la manera del menor de explorar el mundo y mientras se practica, se realizan muchos procesos cerebrales que no queremos que se pierdan».

Un niño que juega es un niño que desarrolla sus procesos cognitivos

Un niño que juega, asegura Álava, «es un menor que está desarrollando un montón de procesos cognitivos: está mejorando sus funciones ejecutivas, la organización, la memoria, la atención, el lenguaje, el razonamiento lógico, la organización espacial… Y también sus habilidades socioemocionales. como la empatía, etc. Nadie quiere comprometer el desarrollo de su hijo y, sin embargo, les damos pantallas demasiado pronto, cuando sabemos que la Academia Americana de Pediatría ya recomienda cero pantallas antes del año e, incluso, por debajo de los tres».

El aprendizaje, corrobora Laura Camas Garrido, profesora de la UCM, y miembro del equipo de investigación del informe, «es inherente al juego. Es necesario que asumamos la idea de que jugar es tan valioso -y serio- como aprender. Hay mucho juego en el aprender, aprender es explorar y descubrir el mundo, implica motivación, emoción y curiosidad, estar dispuesto a cometer errores, equivocarse y volver a empezar. Jugar es todo esto».

Hay mucho aprendizaje en jugar

Y de la misma manera, prosigue Camas Garrido, «hay mucho aprendizaje en el jugar. Cuando jugamos, disfrutamos, nos asombramos, nos divertimos y también nos exponemos a situaciones adversas en las cuales tenemos que empatizar y resolver problemas. Todo esto supone un valioso aprendizaje».

Por tanto, añade esta docente, «jugar y aprender no solo son compatibles, sino que son interdependientes y complementarios. Si bien los niños participantes en el estudio han mostrado su preferencia hacia los juegos no digitales, observamos que sus hábitos de juego lo son cada vez más. La tendencia hacia lo digital se muestra tanto en la escuela como en el hogar y esto está empezando a preocupar a la comunidad educativa».

Preocupación por el tiempo frente a las pantallas

De hecho, un 88 por ciento de los profesores cuestionados durante el estudio han mostrado su preocupación acerca de la cantidad de tiempo que el alumnado pasa frente a las pantallas y sus posibles efectos en el aprendizaje, especialmente en el desarrollo de competencias vinculadas a la adquisición de la comprensión lectora, escritura y lectura.

La mitad de los docentes señalan, además, que el uso de dispositivos digitales en las escuelas está restando tiempo al juego. Y, a su vez, el 50% sostiene que esta reducción del tiempo de juego perjudica bastante o mucho el aprendizaje y la adquisición de competencias básicas.

‘Dieta lúdica’

En cualquier caso, matiza Silvia Sánchez-Serrano, también profesora de la UCM y miembro del equipo de investigación, «no se trata de prohibir o rechazar los dispositivos digitales, el mundo es un espacio de participación cívica y social. Se trata de proteger a la infancia. regulando tanto el tipo de uso, como el contenido y adecuarlo a su edad».

De hecho, añade esta experta, «hemos visto en base al estudio realizado que resulta esencial limitar la exposición a los dispositivos digitales y combinarlo con otros tiempos y espacios de juego libre, exterior y creativo, junto con juegos de construcción, de mesa, dramáticos, etc.. Los niños necesitan tener unos hábitos lúdicos saludables y equilibrados para su bienestar y desarrollo integral. Si en la ‘dieta lúdica infantil’ identificamos un exceso o saturación de juego en dispositivos digitales, es preciso introducir otras formas de juego. Esto lo vamos a conseguir creando conciencia, compromiso y espacios de colaboración entre la familia, los docentes y los propios menores».

Cambio de tendencia

Por fortuna, concluye Pablo Busó, coordinador del departamento de Investigación infantil y Pedagogía de AIJU, «los resultados de esta investigación muestran un cambio de tendencia, en el que tanto las familias como los profesores e incluso los niños son conscientes de que han llegado a un punto en el que el uso de la tecnología y las pantallas es excesivo. Ante esta situación, alternativas de aprendizaje a través del juego y el juguete se ha demostrado ser una alternativa realmente ventajosa». «Estamos a tiempo de compensar estas situaciones y de equilibrar su dieta de ocio», insiste Laura Camas Garrido.

FUENTE: DIARIO ABC

Claves de la inteligencia emocional en el ámbito familiar

Las Doctoras en Psicología Silvia Álava y Ruth Castillo Gualda explican las claves de la inteligencia emocional en el ámbito familiar.

Por LAURA PERAITA

Inteligencia emocional en familia

‘Inteligencia emocional en familia’ es el nuevo libro que acaban de publicar Silvia Álava, Doctora en psicología Clínica y experta en Psicología Educativa, y Ruth Castillo Gualda, doctora en Psicología, experta en educación emocional y profesora de la Universidad Camilo José Cela. En sus páginas proponen, entre otros muchos asuntos, una serie de pautas para que los padres puedan establecer un vínculo afectivo de seguridad con sus hijos. Lo hacen bajo el acrónimo es C.R.E.A.: Conecta a través de la mirada atenta, flexible y sin juicios hacia el mundo interior de los hijos. Una mirada atenta desde la apertura y la curiosidad hacia sus emociones.

Conductas iceberg

El segundo, ‘Reflexiona sobre las conductas iceberg’. Es decir, lo que sienten y lo que hacen con aquello que sienten, ya que no siempre se alinea y a veces, se asumen emociones que en realidad no experimentan. ‘Empodera’, que consiste en cambiar la mentalidad acerca de las emociones negativas, debido a que en numerosas ocasiones se les hace ver a los niños que sentir determinadas emociones puede ser un signo de debilidad, pero es al contrario: reconocer y expresar con honestidad es un símbolo de fortaleza que les protege de reacciones típicas como negarlas o reprimirlas. Por último, ‘Atiende sus emociones’, poniendo en marcha estrategias útiles e inteligentes como tomar consciencia de las señales físicas y mentales de lo que sienten, conocer sus disparadores o dirigir la atención para re-evaluar la situación, son algunos ejemplos para favorecer un desarrollo emocional saludable.

¿No basta, entonces, con cuidar sus necesidades básicas y mostrarles cariño?

Según apunta a ABC Ruth Castillo Gualda, atender sus necesidades y cuidarles desde el amor es fundamental, «pero ¡estamos hechos de emociones! Les van a acompañar siempre y en muy diversas circunstancias, por lo que saberlas reconocer y manejar contribuirá a que se desarrollen plenamente y gocen de un adecuado equilibrio mental en el futuro. Para ello, podemos enseñarles, desde bien pequeños, a reconocer y comunicar sus necesidades a través de vocabulario emocional y practicar estrategias de regulación sencillas que pueden usarse en cualquier momento, como la respiración consciente o entrenar la toma de distancia en momentos intensos a través del auto-diálogo amable y positivo consigo mismos, que sientan una buena base».

La sobreprotección

Para Silvia Álava, la sobreprotección es uno de los mayores errores que se comete hoy en día en educación. «Muchos padres malentienden el amor maternal, paternal y creen que sus hijos ya serán mayores para sufrir y, por tanto, quieren evitarles cualquier situación incómoda. Pensamientos del tipo: «a mí no me cuesta nada llevarle la mochila al colegio, estar pendiente de sus actividades, de los deberes…» están impidiendo que los menores desarrollen su autonomía y su seguridad personal».

Reconoce que «sabemos que el estilo educativo sobreprotector es un enemigo para el desarrollo de la inteligencia emocional de los niños. Hay muchos padres que directamente no soportan ver a sus hijos pasarlo mal y les evitan cualquier situación complicada para que no tengan que sentir emociones desagradables. Los niños tienen que aprender a convivir con dichas emociones para así poder reconocerlas, aceptarlas y aprender a manejarlas. Los padres deben de estar ahí desde el acompañamiento, no evitándoles dichas emociones porque si no, no van a aprender estas estrategias tan necesarias para proteger su salud mental».

Pautas, vínculo y clima familiar

En este sentido, Ruth Castillo Gualda señala que las pautas educativas recibidas, el tipo de vínculo que se desarrolla o el clima familiar en el que una persona vive los años más influentes de su desarrollo, es fundamental. Explica que si las relaciones y el ambiente son cálidos, amables y previsibles van a tener un efecto más beneficioso en la construcción de su auto-concepto y posterior autoestima. «A partir de la evaluación que recibimos de nuestras figuras de referencia, se construye y desarrolla de manera más o menos saludable nuestra imagen. La confianza que se deposite en nuestras habilidades, los refuerzos recibidos de manera consistente, el establecimiento de objetivos congruentes y acordes por parte de nuestros padres, será clave», puntualiza.

El modelado

Silvia Álava recuerda que los niños aprenden por modelado, es decir, copian a sus adultos de referencia que principalmente son sus padres. Por tanto, «si nosotros no somos un modelo regulado emocionalmente es muy complicado que podamos ayudar a nuestros hijos a co-regular sus emociones. Por eso, muchos de los capítulos del libro están dirigidos a los padres con actividades orientadas a que aprendan a trabajar con sus propias emociones y, de este modo, puedan acompañar a sus hijos y enseñarles las diferentes habilidades de la inteligencia emocional. No podemos olvidar que hay que hacerlo desde la práctica, utilizando las situaciones de la vida cotidiana. De poco sirve darles charlas teóricas sobre las emociones si no lo aterrizamos en cuestiones prácticas del día a día».

Componente mental, físico y expresivo

Y es que, tal y como afirma Ruth Castillo Gualda, las emociones y sentimientos se conforman de tres aspectos diferenciados: un componente mental (ideas o pensamientos más o menos positivos), un componente físico (respiración, activación, cambios fisiológicos) y un componente expresivo (conductas y comportamientos que busca escapar, afrontar, luchar, entre otros). Sin embargo, apunta que identificar estos componentes no es tan sencillo, ni tan evidente. «Expresar las emociones ayuda a equilibrar el desajuste (mental o físico) provocado por las mismas. Lo que ocurre es que si no enseñamos a los niños habilidades para regular o manejar esas experiencias, estas pueden predisponerles a reacciones automáticas, impulsivas, desproporcionadas, tales como, las conductas agresivas, estallidos emocionales, proyección, aislamiento, adicción a la tecnología u otras vías de escape. Es como si esas emociones desagradables ‘secuestraran’ su capacidad de decidir la respuesta más adecuada o provocaran una toma de decisiones menos flexible. Para evitar esto, cuando enseñamos a responder en lugar de a reaccionar, enseñamos formas más reflexivas, acordes y saludables de expresar lo que siente. A través de un vocabulario emocional que les permita compartir y expresar lo que necesitan, aprendiendo a validar las emociones que sienten, manejando la atención, tomando distancia o considerando el objetivo y las personas que se encuentran en la situación».

Clima de confianza

Para que los niños sepan expresar lo que sienten, Silvia Álava conseja crear un clima de confianza, generando un espacio seguro para que sientan que puede expresar sus sentimientos e inquietudes. «Es importante estar presentes en la vida de nuestros hijos y reservar espacios: tiempo y lugar para estar todos juntos y poder conversar, escuchando de forma activa. Por ejemplo, recuperar la cena en familia evitando los dispositivos electrónicos para no solo alimentarnos, sino para favorecer el diálogo. Sin olvidarnos que los primeros que debemos de contarles cómo nos sentimos somos los padres, dado que somos su modelo para seguir. En el segundo capítulo del libro trabajamos cómo crear este clima de confianza, dado que entendemos que si los niños no sienten esa confianza y no ven a sus padres como su lugar seguro, es muy complicado que nos puedan contar como están».

Expresar los sentimientos

Y es que mostrar y expresar lo que se siente es fundamental puesto que los niños y adolescentes que reprimen sus emociones muestran más problemas de depresión y ansiedad, estrés psicológico, auto-lesiones, trastornos de la conducta alimentaria, conductas agresivas, aislamiento y peor funcionamiento social. «Por otro lado, -apunta Silvia Álava-, esta estrategia para cancelar el componente expresivo requiere un esfuerzo mental importante que interfiere en procesos cognitivos, tales como, la memoria, la resolución de problemas, la flexibilidad cognitiva y la organización. Seguro que en alguna ocasión -prosigue- los padres han experimentado cómo su hijo verbalizaba racionalmente que estaba tranquilo, pero los progenitores apreciaban que su comunicación no verbal, su comportamiento o sus pensamientos denotaban nervios o preocupación. A veces, sus palabras pretenden comunicar emociones diferentes a las que su respiración, tensión muscular o pensamientos manifestaban. Confundir una forma de expresión con la emoción en sí misma es bastante común. Algo que repito mucho es que emoción no es igual a comportamiento».

Trabajar el autoconcepto

Silvia Álava insiste, además, en la importancia de trabajar correctamente el autoconcepto de los niños para que sepan cuáles son sus puntos fuertes y débiles, que conozcan los aspectos a mejorar y que sepan cómo potenciar lo que ya hacen bien. «Para eso es fundamental la labor de los padres, que sean capaces de corregir la conducta de sus hijos, pero sin entrar en una minusvaloración de su persona. Siendo asertivos, poniendo el foco en lo que hay que cambiar, explicándoles cómo hacerlo, evitando las etiquetas. No es lo mismo decirles es que tú eres vago, a decirle que hoy no hiciste lo que te tocaba, que eran tus deberes. Cuando utilizamos el verbo ser les estamos diciendo que ellos son así y que no pueden cambiar; sin embargo, cuando ponemos el foco en la conducta explicando lo que hicieron o dejaron de hacer, los niños interpretan que es algo que ellos pueden cambiar o mejorar. Por otro lado, también es importante reforzar sus virtudes y que tengan una mayor atención cuando su conducta es correcta y que sientan que sus padres les aceptan y les valoran por lo que son».

Las habilidades emocionales de los padres también cuentan

Las habilidades emocionales de los padres son muy importantes en todo este proceso educativo, tal y como remarca Ruth Castillo Gualda. «Las emociones que podamos experimentar como padres a lo largo de nuestra vida no las podemos evitar ni predecir, algunas nos resultarán difíciles de gestionar y seguro nos equivocaremos muchas veces en cómo hacerlo. Pero lo que sí podemos mostrar es nuestra capacidad para manejarlas, aplicando en primera persona esas estrategias útiles como el vocabulario emocional para comunicar, la comprensión de nuestros disparadores emocionales, reconocer las emociones del otro, el lenguaje corporal adecuado, dirigir la atención a otros aspectos de la situación o mantener con nosotros mismos una conversación interior útil. Si bien es cierto que, en ocasiones, no lo conseguiremos, en cada reto tenemos una nueva oportunidad para aprender y hacerlo mejor. Esto nos hace más humanos, más cercanos y especialmente mejores referentes para nuestros hijos», concluye.

FUENTE: abc.es/familia

¿Cómo podemos trabajar la Inteligencia Emocional en familia?

Cuando nos convertimos en padres o madres, la tarea de educar es la responsabilidad más importante y más desafiante que podamos tener.

Las emociones forman parte de nuestro día a día, pero no siempre sabemos acompañarlas y relacionarnos con ellas.

Si queremos ocuparnos de que nuestros hijos crezcan y se desarrollen saludablemente, debemos tener en mente la importancia de ser adecuados ejemplos para ayudarles a entender y manejar sus sentimientos.

En este video de la entrevista en el programa Las Tardes de RNE os contamos cómo y cuándo podemos trabajar la Inteligencia Emocional en familia.

¿Cómo podemos convertirnos en ese refugio seguro de nuestros hijos?

  1. Manteniéndonos emocionalmente disponibles para ellos
  2. Demostrándoles atención cuando hablan con nosotros
  3. Participando activamente en sus juegos siempre que sea posible
  4. Valorando y considerando sus opiniones
  5. Estableciendo conexión visual mientras nos comunicamos
  6. Siendo auténticos, vulnerables y coherentes

En definitiva, todo se resume en estar completamente presentes y comprometidos con su mundo infantil , para continuar siendo parte de su mundo cuando crezcan y se conviertan en adolescentes y adultos.

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¿Cómo elegir el mejor colegio para tus hijos?

Llega el momento de elegir colegio y muchas familias tienen dudas sobre cómo podemos acertar a la hora de elegir colegio.

¿Cuándo y cómo elegir colegio?

Muchos padres se agobian a la hora de elegir el colegio de sus hijos. El tiempo pasa volando y los niños con tres años ya están edad escolar. Por eso hay que empezar pronto la elección, pero tampoco es necesario hacerlo desde que es un bebé. En el caso del colegio, conviene empezar a mirarlo cuando el niño tiene dos años de edad, pues además de que existen centros donde les admiten con esa edad, hay que tener tiempo para informarse de la línea educativa del colegio, del lugar donde se ubica, de los horarios, de las combinaciones para poder llevar y recoger al niño, las actividades extraescolares que ofrecen… y todo eso sin saltarse los plazos que marca la administración. Plantearse tener el colegio decidido el enero antes de que el niño comience, puede ser un plazo razonable, para poder realizar todos los trámites necesarios sin agobios ni prisas.

Será fundamental poner especial cuidado en la elección de este, pues la etapa escolar es fundamental de la vida del niño, abarca un periodo muy largo de tiempo y conviene que el niño esté feliz, a gusto y con ganas tanto de aprender como de disfrutar de su colegio.

¿Cuál es la clave para acertar?

La clave es saber que: no hay colegios buenos ni malos. Los colegios son buenos o malos, en función de si se adaptan o no a las necesidades específicas de cada niño. No te pierdas todos los consejos en este nuevo vídeo del espacio Paz Mental.

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