Escuela en casa: cómo organizar el tiempo de estudio en cuarentena. Colaboración con Consumer

Con el cierre de los colegios por el coronavirus, recae en los padres la responsabilidad de organizar la jornada lectiva de sus hijos durante el confinamiento. Te contamos cómo llevar esta situación.

Por Miguel Ángel Bargueño

La entrada en vigor del confinamiento para evitar la expansión del coronavirus coincidió con el final del segundo trimestre escolar y abarcará parte del tercero, unos periodos decisivos en el desarrollo del curso de miles de estudiantes de todas las edades. Suspendida la actividad en los centros de enseñanza, recae en los padres la responsabilidad de organizar y supervisar los estudios de sus hijos, lo que supone una implicación mayorque la necesaria en condiciones normales. Y más en el caso de que se haga teletrabajo. Por eso, en las siguientes líneas recogemos varias pautas de expertos que seguro te servirán para llevar adelante esta importante fase educativa en casa.

Los colegios han cerrado, pero el curso académico no se detiene. En estos días de confinamiento por coronavirus, la actividad docente ha pasado de las aulas al domicilio familiar. Sin la disciplina de los centros escolares, recae en los padres la responsabilidad de organizar la jornada lectiva de sus hijos, lo cual genera no pocas dudas. ¿Debe respetarse la rutina del colegio, o la influencia de factores externos (el trabajo de los padres, por ejemplo) justifica cierta flexibilidad? ¿Deben los progenitores ejercer de docentes? Estas cuestiones cobran especial relevancia toda vez que la cuarentena se ha decretado bien entrado el segundo trimestre: una fase decisiva en el curso.

Los horarios, como en el colegio

Establecer rutinas aporta seguridad a los niños; la repetición de tareas refuerza hábitos. Lo asegura la psicóloga infantil Silvia Álava, quien además recomienda hacer partícipes a los hijos de las nuevas reglas de la casa. “Diseñar con ellos una tabla de horarios, en una simple cartulina, les ayudará a ver que han colaborado en su elaboración, y no como algo impuesto. Así, los acatarán más fácilmente”, señala.

Lo idóneo es replicar en casa los horarios del colegio o, lo que es lo mismo, dedicar las mañanas a las obligaciones escolares. “Después de levantarse y desayunar, es momento de ponerse a estudiar”, dice Álava, quien incluso es partidaria de incluir la pausa del recreo para que tengan un rato de esparcimiento. “Pueden comer un tentempié similar al que toman en el colegio”, añade.

En esa idea reincide Carmen de Andrés, doctora en Ciencias de la Educación y profesora de Facultad de Formación del Profesorado y Educación de la Universidad Autónoma de Madrid: “Las rutinas las necesitamos todos, desde los niños a los mayores. Es muy importante mantenerlas, de cara a una mejor organización. Debe haber ratos para estudiar, para jugar, para comer, para hacer ejercicio, para dormir. Con cierta flexibilidad, ya que en casa se dispone de mucho tiempo”. A los hijos, en todo caso, debe quedarles claro que no están de vacaciones.

Sigue leyendo el artículo en Consumer.es

Claves para ayudar a nuestros hijos a gestionar sus emociones. Colaboración con Gestionando Hijos

Los psicólogos Silvia Álava y Ángel Peralbo nos ayudan a comprender y gestionar la difícil situación que estamos viviendo

Algunos de los grandes retos que presenta la tesitura actual es aprender a gestionar nuestras emociones, ayudar a nuestros hijos a gestionar las suyas, y hacerlo de forma que minimicemos, en la medida de lo posible, las consecuencias psicológicas que se puedan derivar. Pero este no es un objetivo sencillo, requiere de trabajo, consciencia y constancia.

Así pues, hemos entrevistado a Silvia Álava y Ángel Peralbo, psicólogos del equipo de Centro de Psicología Álava Reyes, dirigido por María Jesús Álava, para que nos den claves sobre cómo conllevar esta situación y ayudar también a nuestros hijos a hacerlo.

En estas semanas de confinamiento hemos tenido que hacer frente a una situación desconocida y sin precedentes que ha despertado muchas emociones en nosotros y en nuestros hijos, especialmente relacionadas con el miedo, la incertidumbre, la ansiedad… ¿Qué importancia tiene la gestión emocional en estos momentos?
Ángel Peralbo:
 Ante una situación como la que estamos viviendo de confinamiento, de «parada técnica» impuesta, necesaria y nada previsible porque no existían precedentes, y donde, no nos olvidemos, se pueden estar viviendo problemas de salud, dentro o fuera del ámbito de la familia, lo primero que se genera es un estado de indefensión a partir del cual se va a poner en marcha cierto abanico de emociones, propio del ser humano ante situaciones alarmantes. Es el primer escudo protector que desplegamos las personas ante estímulos que, potencial o realmente, nos pueden desequilibrar. Hay que entender que las emociones tienen el cometido de ayudarnos a adaptarnos, y, por tanto, una de sus principales funciones es activar y generar acciones que reequilibren y devuelvan el ajuste que nuestro cerebro necesita para seguir funcionando con la mayor normalidad posible. Esto solo lo conseguimos gracias a esa gestión emocional que es la que nos va a permitir pasar de los estados de alarma a estados sostenibles, adecuados e incluso positivos, como los más propicios para vivir y disfrutar.

En estos momentos, una adecuada gestión de las emociones va a consistir en:
— Detectar e identificar cómo nos sentimos, cuál es la emoción básica o compleja que predomina, qué indicadores internos aprovecha nuestro cuerpo para que lo podamos notar. Cada persona es muy distinta también en este sentido y, así, hay niños que pueden mostrar más nerviosismo a través de indicadores como el bloqueo o un exceso de movimiento y otros pueden mostrar más preocupación a través de conductas de cierta agresividad o aislamiento.

 Identificar cuál es el motivo por el que se siente o nos sentimos de esta forma concreta, para conocer tanto la etiqueta, el nombre de la emoción, como lo que les lleva o nos lleva a ella. No es lo mismo sentir frustración porque el confinamiento no me permite hacer lo que yo quiero, que miedo a contagiarme o tristeza por pensar que esto va a ser un auténtico desastre.

— Expresar lo que sentimos y buscar la forma de canalizar esas emociones, además de manejarlas para que no nos inunden, no permanezcan en el tiempo y se conviertan en estados habituales y, por el contrario, sirvan de señales que desde la aceptación de la difícil situación, nos permiten poner en marcha estrategias que nos calmen y que nos ayuden a pensar con realismo y optimismo, como claves de superación de esta etapa negativa.

¿Cómo podemos ayudar a nuestros hijos a que gestionen sus emociones cuando muchas veces nosotros mismos no somos capaces de hacerlo?
Ángel Peralbo:
 El primer precepto que debemos tener en cuenta es que las emociones en las personas son las características más experienciales y menos teóricas que existen, lo que quiere decir que no es suficiente con decirle a alguien cómo tiene que regularse, sino que además hay que enseñarle a hacerlo y encargarse de que practique.

Dicho esto, el mecanismo más básico por el que el niño va a aprender es por imitación, lo que, teniendo en cuenta su gran destreza como observadores, va a llevar a los padres a cuidar mucho cómo muestran su miedo, su desesperación, su angustia, etc.

Por tanto, como adultos, los padres empezarán por su propia gestión emocional, de igual modo que en un avión que sufre un episodio de descompresión no se les debe poner la mascarilla primero a los niños. Y lo harán poniendo en marcha esa gestión emocional de la que hablábamos antes.

No obstante, los padres no tienen que mostrar que son perfectos y que nada les afecta; más bien, deben buscar esa calma para que los niños vean y validen como normales en estas circunstancias esas emociones de carácter negativo, y, a partir de ahí, esforzarse por regularlas, paliar sus efectos, ayudando a los niños a expresarlas y a canalizarlas, aportándoles esas estrategias, como las técnicas de relajación, que tanto ayudan en la autorregulación y que, en un momento como el que estamos viviendo, bien puede ser una actividad para hacer juntos, padres e hijos, como una manera más de enseñar que todos buscamos y encontramos esa regulación emocional.

Lo que a los niños les va a permitir regularse será que reciban ayuda para expresar lo que sienten, será ayudarles a entender por qué lo sienten y llevar a cabo juntos estrategias para conseguir que se sientan calmados y tranquilos.

No queremos transmitir nuestros miedos y preocupaciones a nuestros hijos, pero tampoco queremos decirles mentiras y ocultarles la realidad… ¿Qué podemos hacer?
Ángel Peralbo:
 La idea es, como decíamos antes, identificar bien lo que sentimos y expresarlo, explicarlo y conducirlo para aprender a paliarlo y que no acapare todas las respuestas, ni las nuestras como adultos, ni las de los niños.

¿Qué no debemos hacer? Ni negarlo ni excedernos.
— No debemos negarlo ni hacer como si no pasara nada, puesto que nuestros hijos pueden ser simples, por su edad, pero se darán cuenta de que algo no va bien, y, como no sabrán qué, se darán su propia explicación, lo que puede ser aún más contraproducente y preocupante que lo que ocurre en realidad.

— No debemos darles más información que la que por su edad, por su nivel de comprensión y por su capacidad de conocimiento pueden digerir. La información por sí sola no se traduce en conocimiento; por tanto, hay que darles información ajustada, real y acompañada de la seguridad del adulto, que no debe faltar en ningún caso.
Esforzarnos por mantener la calma nos va a permitir escoger bien, en cada momento y en función de cómo están los niños, el recurso adecuado. Si están alterados, la cercanía y la seguridad que les brinda esa presencia tranquila del adulto es lo adecuado; si están tranquilos pero preguntan y tratan de conocer lo que ocurre, la explicación serena y real les ayudará a ir entendiendo.

Oímos mucho que tenemos que resistir y ser fuertes, pero hay veces en las que se hace muy complicado. ¿Podemos elegir cómo sentirnos, está en nuestras manos elegir nuestro estado de ánimo?
Ángel Peralbo:
 En primer lugar, entendemos que no escogemos el dolor, ni siquiera la preocupación, natural en este tipo de circunstancias, ni, en mucho menor grado, las causas que pueden provocarlos, como en este momento el Covid-19. En segundo lugar, sabemos que, de forma natural, esas circunstancias, esas preocupaciones y ese dolor nos van a llevar a todo ese conjunto de emociones no escogidas, viscerales, automáticas, que nuestro bagaje primigenio y heredado nos facilita; pero a pesar de ello, lo que podemos y debemos hacer es ejercer la capacidad que tenemos de regularnos, de reequilibrarnos, de ajustarnos a través de las posibilidades que nos brinda también nuestro cerebro y que con trabajo y esfuerzo personal, siempre nos permite pasar de esos patrones automáticos a respuestas adaptativas, de regulación, que nos llevan a la calma, a la tranquilidad, al afrontamiento de las dificultades aceptadas y que nos encaminan a resistir, a fortalecernos, a ver luz al final del túnel y a sentirnos lo suficientemente fuertes como para acompañar estas vicisitudes con resiliencia e incluso como una inevitable oportunidad para mejorarnos, poniéndonos a prueba y superándonos en alguna medida. Las crisis vitales que se pueden producir ante estas adversidades suelen ser momentos donde nuestro estado de ánimo aterriza para subir, con trabajo personal, más alto que nunca.

Cuando todo esto acabe vamos a tener que hacer un esfuerzo por recuperarnos y volver a la normalidad, levantarnos otra vez y ayudar a nuestros hijos también. Esto se relaciona mucho con el concepto de resiliencia; ¿se puede educar en la resiliencia?
Silvia Álava:
 El término resiliencia procede de la física de los materiales: es la capacidad de un material, mecanismo o sistema para recuperar su estado inicial cuando ha cesado la perturbación a la que había estado sometido. Cuando nos referimos a los humanos, la resiliencia es la capacidad de un ser vivo frente a un agente perturbador o un estado de situación adverso.

No hablamos de resiliencia como una capacidad estática, sino como «procesos resilientes» que abarcan múltiples factores que se pueden entrenar, y que se puede enseñar a los hijos. Se trata de fomentar lo que se llama resiliencia proactiva. Para ello:

— Evita ser sobreprotector con tus hijos. Los niños cuyos padres tienen un estilo educativo sobreprotector, además de desarrollar menos capacidades emocionales, generan menos procesos de resiliencia. Dárselo todo hecho, o evitar que se tengan que esforzar para conseguir sus objetivos, es un impedimento para el desarrollo de la resiliencia.

— No busques culpables. La actitud de víctima es justo la contraria a la de ser resiliente. Se trata de ver qué es lo que cada uno de nosotros puede hacer para solventar o mejorar la situación. Se trata de poner el foco en nosotros, no en los demás.

— Trabaja la responsabilidad. Que cada hijo sea autónomo y responsable de sus cosas ayudará a que sea más resiliente.

— Enséñales a poner el foco en lo positivo de cada situación; por ejemplo, los buenos momentos que estamos viviendo juntos, estar más tiempo con papá y mamá…

— Promueve su autoestima, que se sientan seguros y capaces de resolver las situaciones. No dejes de reconocer sus logros, pero, sobre todo, enséñales a que ellos mismos sean capaces de reconocerlos.

— Trabaja la perseverancia. Es una de las fortalezas del carácter más relacionadas con la motivación de logro y una clave fundamental para conseguir los objetivos.

— Sé realista y no te equivoques: las personas resilientes también sufren. Emociones como la tristeza, el enfado, la frustración… surgen de forma natural en situaciones como las que estamos viviendo en estos momentos y en los eventos traumáticos. Ser resiliente no significa que no sientas emociones negativas, sino que has aprendido a manejar mejor dichas emociones.

Un tema que nos preocupa mucho en estos momentos es cómo superar la muerte de un familiar o un ser querido, sobre todo teniendo en cuenta la imposibilidad de estar cerca y despedirnos en los últimos momentos de su vida. ¿Qué podemos hacer para llevar esto de la mejor manera posible y a la vez ayudar a nuestros hijos a gestionarlo?
Silvia Álava: 
Durante la crisis del coronavirus muchas personas están perdiendo seres queridos, familiares y amigos, con el agravante de no poder acompañarlos en su enfermedad, ni haber podido despedirse de ellos. Estas circunstancias dificultan el duelo y también afectan a los niños. Es importante que tengamos en cuenta también a los niños en esta situación, para que puedan participar en el duelo.

Os recomendamos observar las siguientes recomendaciones:

Los niños se dan cuenta de que algo ocurre. No les mientas y dales la noticia lo antes posible. Para ello, debes transmitirles el mensaje adecuado a su edad. Explícales que el familiar ha muerto y que no podemos ir al entierro, ni al funeral, porque con la cuarentena no se puede salir de casa, dado que además de existir la posibilidad de infectarnos, se podrían infectar también el resto de los familiares. Que entiendan que el abuelo o la abuela o los tíos, también se podrían poner malitos… No es momento de ocultarles la realidad.

— Deja espacio para que ellos asimilen la noticia. Puede que en ese momento no lo entiendan o no sean capaces de asimilarlo. Pero en algún momento preguntarán y debes estar preparado para responder a sus preguntas.

— Explícales que, en esta situación, por el Covid-19, no podemos ir a ver al familiar al hospital cuando está malito, ni tampoco, en caso de fallecimiento, ir al funeral, ni al entierro.

— Cuando son pequeños necesitan buscar un culpable porque no entienden por qué no han podido ir a verlo. Alguien que «haga de malo» o una autoridad superior. Se les puede explicar que no podemos ir a despedirnos porque está prohibido, que no es por nuestra propia decisión.

— Utiliza el contacto físico (siempre y cuando no estés infectado o con síntomas de Covid-19), y dales la mano según se lo explicas, o acarícialos. Un abrazo en estos momentos puede decir más que mil palabras.

— Favorece que puedan despedirse, mediante una carta o un dibujo.

— Fabrica una caja de los recuerdos, donde podamos guardar algún objeto de nuestro familiar, fotografías… que permita que los niños puedan acceder a ello siempre que quieran.

Estando las 24 horas del día con nuestros hijos e hijas y habiéndoles privado de la independencia de la que gozaban anteriormente, ¿cómo podemos evitar caer en la sobreprotección? Sobre todo, teniendo en cuenta que estamos viviendo una situación en la que nos preocupan mucho las consecuencias que se puedan derivar…
Silvia Álava
: La situación de confinamiento es un momento clave para trabajar la autonomía y la responsabilidad de los niños, que, además, es justo lo contrario de la sobreprotección.

— Se trata de trabajar la idea del equipo. En casa vivimos varias personas y todos somos miembros de una familia que funciona como un equipo, y por tanto, habrá que resolver las cosas en equipo. Eso significa: fuera los conceptos de «hay que ayudar a mamá». No, todos vivimos en esta casa, las cosas se hacen entre todos y vamos a distribuir las tareas en función de la edad y de las posibilidades de cada miembro de la familia.

— Además, durante el confinamiento tenemos tiempo; es el momento ideal para que los niños se hagan mucho más autónomos. Que hagan ellos sus cosas, aunque tarden más que los adultos.

 Educa en responsabilidad. Que cada miembro de la familia se haga responsable de sus cosas. En el caso de los niños, de sus deberes, de hacer las tareas escolares, del estudio… Es un momento fantástico para que puedan hacerlo. Se trata de darles más libertad y más espacio para que sean ellos quienes actúen y asuman las consecuencias de hacerlo.

— Se trata de educar para conseguir que nuestros hijos sean más seguros, más autónomos, más responsables, que entiendan la situación que estamos viviendo, tanto su complejidad como los peligros que conlleva, sin pretender asustarlos o meterles miedo.

— Fomentar la higiene y el cuidado, para evitar posibles futuros contagios. Los niños asustados no tienen recursos para afrontar las situaciones peligrosas. Los niños informados y educados en responsabilidad, sí.

Hablando de consecuencias, ¿cuáles son los efectos adversos que podemos tener, tanto nosotros como nuestros hijos, tras pasar por una situación como la actual? ¿Podemos hacer algo para intentar evitarlos?
Silvia Álava:
 Nunca habíamos vivido una situación como la actual, así que a fecha de hoy no existe evidencia científica de cómo puede afectar a los niños esta situación. Sin embargo, podemos llevar a cabo las siguientes acciones para evitar, en la medida de lo posible, los efectos negativos del confinamiento.

Cinco acciones que nos pueden ayudar a evitar las consecuencias negativas del confinamiento:
1. Explica bien a tu hijo lo que está ocurriendo. Los niños son muy buenos detectado que algo ocurre y captan mucha información. Sin embargo, no tienen la experiencia necesaria para interpretar la realidad. Necesitan que sus progenitores decodifiquen el mensaje. Es decir, que se lo expliquen en unos términos adecuados a su edad y a su propio desarrollo.

2. Requieren que sus necesidades tanto fisiológicas como emocionales estén cubiertas. No pongamos sólo el foco en que estén hechos los deberes; debemos dejar un espacio para que puedan expresar sus emociones, para que exterioricen cómo se sienten en esta situación.

3. Valida sus emociones, es normal tener miedo, y los padres deben saber cómo gestionarlo. No tenemos que quitarle importancia, pero sí tranquilizarlos y proporcionarles seguridad.

4. Mantén horarios y rutinas, eso les hará sentirse seguros.

5. Cuida cómo estás tú. Los niños necesitan que sus padres muestren seguridad y que manejen la situación desde la calma y la serenidad.

FUENTE: La Opinión de Murcia

#Vídeo ¿Cómo trabajar la atención de los más pequeños? #AprenderJugando

Desde el área de infanto-juvenil del Centro de Psicología Álava Reyes os hemos preparado distintos vídeos para trabajar, jugando, diferentes procesos cognitivos y emocionales!!

Hoy, os enseñamos a trabajar la atención de los más pequeños de la casa.

Haz click aquí para ver todos los vídeos del Centro de Psicología Álava Reyes

#Vídeo. La importancia del juego simbólico

El juego simbólico es algo especialmente importante a partir de los 3 o 4 años. En esos momentos los niños:

  • Están representando una situación imaginaria.
  • Desarrollan sus habilidades sociales, competencias cognitivas y también competencias emocionales.

Los niños y el confinamiento: cómo va a afectarles. XLSemanal

El largo encierro provocado por el estado de alarma y la interrupción de las clases han convertido a los menores de diez años en la primera generación de niños que se enfrenta a una situación semejante. Los más pequeños, auténticas esponjas emocionales, no son además ajenos a la dura situación que están viviendo las familias. Hablamos con varios psicólogos para que nos ayuden a evitar ‘efectos secundarios’ de la cuarentena. Por Raquel Peláez

 Los niños y la cuarentena: la fuerza de la imaginación

Lucía tiene cinco años y siempre había creído a sus padres cuando le decían que los monstruos no existen. Pero algo ha cambiado. Ese bichejo verde está haciendo más daño que los ogros de sus pesadillas. Y, encima, para que no pille a más gente, ni siquiera puede salir de casa. «Estoy harta de estar aquí ‘confitada’», dice a media tarde. «Ay mi niña, ojalá todos los males fueran esos», que diría su abuela a la que, por cierto, no ve desde hace más de un mes.Publicidad

Los más pequeños todavía no diferencian entre realidad y fantasía -señalan las psicólogas-. Y eso les crea mucha confusión. Tienen que saber que esto es real, no imaginado

Estrés, ansiedad, depresión, baja autoestima. Los psicólogos infantiles llevan semanas alertando sobre los posibles efectos de la cuarentena por el coronavirus en los niños. «Estamos impresionados con la cantidad de consultas que nos han llegado por parte de las familias ante las dificultades que han vivido por tener a sus hijos encerrados en casa», asegura Mercedes Bermejo, coordinadora de la Sección Clínica del Colegio Oficial de la Psicología de Madrid . «La presión de teletrabajar, atender el hogar y cumplir con las exigencias académicas de los colegios ha provocado mucha tensión y esto llega a los niños». Para la psicóloga, lo más importante es tener claro que «esta psicosis que se respira en muchas viviendas les va a afectar, pero también que sus efectos van a depender de cómo la gestionen los adultos. Lógicamente, habrá habido momentos en los que todos nos hayamos derrumbado, pero si los niños han visto que sus referentes les transmitían seguridad e información sobre lo que estaba ocurriendo y les han hablado con un lenguaje afectivo, lo podrán gestionar mejor».

Los niños y el confinamiento: cómo va a afectarles

Los expertos, en todo caso, muestran preocupación ante la primera generación infantil en vivir un confinamiento semejante. «Todavía no sabemos bien lo que va a ocurrir porque estamos ante una situación excepcional», aclara la doctora en Psicología, Silvia Álava. «No existen estudios sobre el confinamiento de un país entero durante tantos días, pero sí sabemos que el aislamiento puede tener efectos en la salud emocional y el desarrollo cognitivo. Se ha estudiado a niños que han estado en antiguos internados y se ha visto que la falta de estimulación y cariño tienen consecuencias, pero, en este caso, la mayoría están con sus padres. Por eso no vaticinamos que los efectos vayan a ser dramáticos».

Frente a la falta de antecedentes, dos profesores de la Universidad de Burgos están desarrollando un estudio para entender cómo afectará el encierro a los menores durante la crisis sanitaria. Juan Pablo Pizarro, de la Facultad de Ciencias de la Educación, y Nuria Ordóñez, de Ciencias de la Salud, se plantean establecer estrategias de intervención específicas y de prevención para futuras situaciones de emergencia. «Las consecuencias psicológicas podrían ser variadas y darse a corto o a medio plazo», aseguran. «Podremos encontrar alteraciones emocionales como enfado, irritabilidad, tristeza o ansiedad y conductas oposicionistas o desafiantes. También se darán casos de alteraciones en el sueño o quejas somáticas, entre otras». Sin embargo, los expertos coinciden en evitar el alarmismo, ya que no todos los niños van a experimentar alteraciones a raíz del confinamiento y, de hecho, «se espera que la mayoría no las sufran. Los niños, en general, cuentan con una buena capacidad de adaptación, que puede ser incluso superior a la de los adultos. Por tanto, aunque aparezca algún síntoma, no esperamos que se alargue en el tiempo en la mayoría de ellos», concluyen.

LOS NIÑOS SON ESPONJAS EMOCIONALES

En opinión de la psicóloga Mercedes Bermejo, hay que tener siempre en cuenta que aunque «habrá niños que aparentemente se hayan adaptado a la situación, no dejan de ser esponjas emocionales. Algunos, de hecho, ya han podido desarrollar alguna sintomatología como trastornos del sueño o del estado de ánimo. También nos han llegado casos de conductas regresivas como volver a chuparse el dedo, hablar como un bebé o volver a hacerse pis en la cama».

Los niños y el confinamiento: cómo va a afectarles 1

La psicóloga considera que se tenía que haber pensado más en los niños desde el principio de la crisis. «Es una población muy invisible y, al igual que se ha hecho en Francia, Bélgica o Suiza, se deberían haber tomado medidas desde el primer día para que pudieran salir temporalmente de su confinamiento de forma controlada».

Por su parte, la psicóloga Silvia Álava pone de manifiesto la necesidad de «estar atentos a pequeños cambios, sobre todo si están más irritables, retadores o con más faltas de respeto. También hay que tener cuidado con los niños que suelen desarrollar miedos, porque eso que hasta ahora decían sus padres de «no te preocupes, no va a pasar nada» resulta que está pasando. Esto nos ha hecho más conscientes de la fragilidad del mundo y eso también les ha llegado a ellos». A todos nos va a costar volver a la rutina, pero Álava recomienda «darles un tiempo razonable. Si después de quince días vemos que no recuperan el ritmo, están preocupados o con miedo habrá que pedir ayuda».

QUE NO SUFRAN ES LO MÁS IMPORTANTE

Mercedes Bermejo es la autora del cuento Rosa contra el virus, un manual gratuito y on-line (Editorial Sentir) promovido por el Colegio Oficial de la Psicología de Madrid, donde una intrépida niña explica qué es el virus y cómo combatirlo. Ante todo, Bermejo cree que es fundamental informar a los niños de lo que ha ocurrido de una forma breve, segura y adaptada a su edad. «Los adultos somos sus referentes y tenemos que ofrecerles un lenguaje afectivo y una comunicación adecuada para poder gestionar mejor todo esto». Todavía estamos a tiempo. «Durante el último mes me han llegado dibujos de niños que pintan monstruos aterrizando en naves espaciales», asegura la experta. Es como si se hubiera hecho realidad aquello que veían en las películas. «Muchos niños todavía están en fase de diferenciar la fantasía y la realidad, y hay cierta confusión. Si esto ya está pasando, cuántas otras cosas que también he visto en las películas y que a mí me dan miedo pueden convertirse en realidad? Su mundo es muy sensible y muy frágil y, si no lo cuidamos, todavía se pueden sentir mucho más expuestos».

Los niños son ahora más conscientes de la fragilidad del mundo. Es fundamental informarlos de lo que ha ocurrido de forma breve, afectiva y adecuada a su edad, aconsejan las expertas.”Aún estamos a tiempo”, dicen

«Que no sufran, eso es lo más importante», añade Silvia Álava, «pero tienen que saber que esto es real, no imaginado. Tienen que entender la razón por la que no están asistiendo al colegio, por qué no han bajado al parque o por qué muchos de sus padres van a seguir sin ir a trabajar. Hay que explicarles que en esta situación todos lo hemos pasado mal y que todos hemos tenido miedo, pero lo hicimos lo mejor posible. Es fundamental contarles cómo nos hemos sentido para intentar que la situación sea lo menos traumática posible. Si lo hemos hecho bien, será mucho menos probable que desarrollen problemas a medio o largo plazo».

LA IMAGINACIÓN FRENTE A LA TRAGEDIA

Las imágenes perturbadoras a las que han tenido que asistir y, en algunos casos, su primer contacto con la muerte de algún familiar también es un tema que preocupa a muchos padres. Sin embargo, en opinión de Bermejo, «la tragedia nos afectará más a los adultos, sobre todo porque muchos no han podido asistir a los rituales de despedida que hacemos cuando hay pérdidas. Pero debemos tener en cuenta que esos protocolos están hechos para nosotros». Los psicólogos están de acuerdo en que, en el caso de los menores, el proceso de duelo no tiene por qué ser distinto al que pueda ocurrir en otras circunstancias. «Si el mensaje de la muerte de un familiar se adapta adecuadamente, transmitiendo cariño, seguridad y calma, estoy segura de que los niños llevarán el duelo con las fases correspondientes de rabia, enfado o tristeza, pero será un proceso de despedida sano. Lo que yo propongo es utilizar la imaginación y crear algún homenaje simbólico como escribir una carta, dibujar un mural o inventarse una canción», concluye la psicóloga.

Nuestros lectores, a los que solicitamos su colaboración para ilustrar este reportaje, nos enviaron centenares de dibujos. Muchas gracias a todos.

Los dibujos recibidos podéis verlos en este vídeo y en las galerías de imágenes, aquí

FUENTE: XLSemanal

Cómo aprovechar la cuarentena para reforzar los lazos familiares. Colaboración con Consumer

El confinamiento en casa con los hijos es un momento estupendo para reestructurar la vida hogareña, recuperar hábitos perdidos y conectar con nuestro clan.

Por Miguel Ángel Bargueño

El confinamiento por la COVID-19 presenta una situación nueva para todos: nunca antes, los miembros de una familia habían convivido 24 horas durante tantos días seguidos en un mismo espacio. Lo más parecido son las vacaciones, con dos grandes diferencias: la cuarentena no es voluntaria, sino obligatoria (y carece, por tanto, del optimismo y la ilusión características del periodo de asueto), por lo que se percibe como una pérdida de libertad; y en esta circunstancia no solo hay tiempo de ocio, sino que lo más habitual es que padres e hijos deban compaginar el esparcimiento con quehaceres laborales o académicos desde casa. A esto se unen la incertidumbre económica y la preocupación sanitaria. A priori, y por estos factores, estamos ante una reclusión complicada, pero de la que, pese a todo, pueden extraerse beneficios en lo que al refuerzo de lazos afectivos se refiere. Te contamos cómo:

Conviene asumir que la proximidad entre personas en estas condiciones produce, inevitablemente, roces. Cuanto más larga es la cuarentena, más proliferan los síntomas de estrés y depresión, según un estudio de 2004 realizado por un grupo de psicólogos canadienses que analizó la evolución de familias confinadas en Toronto un año antes por otro coronavirus, el SARS. Los eventos que amenazan la vida llevan a las personas a tomar medidas significativas en sus relaciones cercanas que alteran su curso, tal y como sostiene una investigación de la Universidad de Pensilvania (EE.UU.), que explicó así el aumento de divorcios en Carolina del Sur tras el paso del huracán Hugo en 1989. Y más cercano en el tiempo, en el pasado mes de marzo, en ciudades chinas como Xi’an, las demandas de separación alcanzaron cifras inusitadas que algunos expertos atribuyen el estrés doméstico causado por el encierro.

Ante la rebeldía de los niños, técnicas de refuerzo

Como lo importante es sentirse a gusto, en lugar de vivir en un estado de tensión permanente, se impone gestionar los conflictos para que no se conviertan en una fuente de angustia añadida. Para reforzar los lazos familiares en plena cuarentena, la psicóloga infantil Silvia Álava subraya que, a pesar de que los niños poseen una gran capacidad de adaptación, es normal que puedan responder con rebeldía al aislamiento. Contra este, propone recurrir a técnicas de refuerzo. “Cuando los niños están haciendo cosas que queremos instaurar, debemos prestarles atención y premiarles. Cuando ejercen conductas disruptivas que queremos que desaparezcan, lo mejor es dejar de prestarles atención”, asegura. “No se trata de dejarles sin ver la tele si se portan mal; es que, si se portan mal, no se ganan el derecho a ver la tele”, explica.

Sigue leyendo el artículo pinchando aquí: consumer.es

La enseñanza «online» a examen en 10 preguntas. Colaboración con El Diario Vasco

Los que dan clase y los que estudian ponen nota a esta forma de estudio que nos ha impuesto la cuarentena.

Por Yolanda Vega.

El confinamiento nos está poniendo a prueba de muchas formas. Y la enseñanza ‘online’ que han tenido que improvisar profesores y chavales está suponiendo un reto tecnológico y un pulso a la paciencia. Como va para largo –ya se ha advertido que los colegios serán los últimos que recobren la normalidad– aprovechamos las vacaciones de Semana Santa y estos días ‘sin deberes’ para examinar este sistema de enseñanza puesto en práctica sobre la marcha. Guillermo Bautista, profesor de Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación de la UOC e investigador principal de Smart Classroom Project; Silvia Álava, psicóloga del área Infantil del gabinete Alava Reyes (Madrid); y un puñado de estudiantes ponen nota a esta forma de estudio.

PREGUNTA 1 -> ¿Cuántas horas deben dedicar al estudio en casa?

Silvia Álava: Ojo, no son deberes. Son clases. Pero vamos a ser realistas, no van a poder estar tanto tiempo como en el colegio. Hasta los 8 años con que dediquen 20 minutos a cada asignatura sería suficiente, hora y media en total sin contar descansos. Y solo por la mañana. A partir de esa edad podrían llegar a 40 minutos por materia.

PREGUNTA 2 -> ¿Qué asignatura es más complicada de enseñar online?

Guillermo Bautista: Las que requieren manipulación física, trabajo de campo o contacto con la realidad. En Infantil y Primaria las que requieran equipamiento de laboratorio o las relacionadas con el arte, la música, etc. Especialmente puede ser complicado para algunas especialidades de las enseñanzas profesionales.

PREGUNTA 3 -> ¿Hay que mantener el recreo?

Silvia Álava: Sí, entre asignatura y asignatura hay que dejar un descanso de unos quince minutos, y en mitad de la mañana hacer uno más largo, de media hora, como el que tienen en el colegio. Es buena idea darles algo de almorzar, alguna fruta, para mantener en la medida de lo posible el ritmo habitual y llenar la mañana.

PREGUNTA 4 -> ¿Algunos padres están haciendo de ‘profes’…?

Silvia Álava: Si tu hijo tiene 7 años te quedas a su lado mientras hace el primer ejercicio, pero el segundo lo hace solo. Tampoco hay que ir de perro policía. Nos obsesionamos con la cantidad de materia que meten al cerebro, con que mi hijo llegue al nivel de sus compañeros, pero hay que resolver las necesidades emocionales de los niños.

PREGUNTA 5 -> ¿Qué edades van a acusar más esta ‘pérdida’ de curso?

Guillermo Bautista: Los cursos de la ESO son los más delicados, pero incluso más en clave de rutinas, disciplina, interés por lo que se les plantea en línea, etc. Los más pequeños tienen el juego y el aprendizaje muy vinculado y se puede seguir haciendo en casa. Y los que tienen cerca la Selectividad pueden seguir estudiando en el entorno virtual.

PREGUNTA 6 -> Y la vuelta al colegio…¿cómo se hace?

Silvia Álava: No vale llegar y decir: ‘Abrid el libro por la página 35’. Los chavales necesitan recuperar el ritmo, y va a ser más difícil que en septiembre, porque no es igual llegar relajados del verano que haber vivido una situación de impacto emocional como esta. Hay que hablar de lo que ha pasado, en asambleas, en redacciones, en dibujos…

PREGUNTA 7 -> ¿Cómo se puede recuperar lo perdido?

Guillermo Bautista: No hay que pensar en clave de ‘lo perdido’. No pensar en ‘temario’ y sí en competencias. No sólo se aprende escuchando al profesor, sino planteando buenas actividades de aprendizaje, y en la distancia se puede hacer. También hay situaciones positivas: niños que están muchas horas con sus familias y normalmente no pueden.

PREGUNTA 8 -> ¿Una enseñanza positiva a sacar de todo esto?

Guillermo Bautista: Quizás esta sea una oportunidad de plantearnos más la educación y el aprendizaje. Centrándonos en el que aprende, pensando en clave de qué tenemos que hacer como profesores para provocar el aprendizaje, y no tanto en clave de qué hacemos o decimos los docentes durante la clase para que los niños aprendan

PREGUNTA 9 ->¿Cómo llevan las tareas los más pequeños?

Laura (4 años): Mi hermana Olga me ha enseñado a leer y escribir y me ha puesto notas. Dice que hago todo bien pero que me porto regular. Algunos días hago fichas del cole y la que más me ha gustado es hacer un sol con papelitos de colores y pegamento. También me pone contenta escribir carteles. Uno pone: ‘Estop por pasar’, para que la gente no entre en mi habitación, y he hecho otro que pone ‘Mami la reina’.

Mauro (8 años): Lo que más me gusta es hacer matemáticas. El resto de las tareas las hago pero me cuesta concentrarme porque estoy pensando en jugar a la consola, que es lo mejor de estar encerrado. Estar con mis padres más tiempo también está muy bien, pero no me gusta que me expliquen las cosas de clase. Prefiero preguntar a los profesores.

Martín (10 años): Yo creo que tenemos demasiados deberes. Está bien tener porque si no el siguiente curso se nos hará más difícil, pero a veces me siento agobiado. Lo que más me gusta son los vídeos de gimnasia porque me parecen divertidos y los hago con mi hermana y a veces con mis padres, porque como estamos encerrados nos movemos muy poco. 

Aitor (13 años): Al principio se hace raro ver al profesor por el iPad pero luego te acostumbras. Es mejor la clase real porque puedes preguntar más fácilmente las dudas. Lo peor es que, como parece que no nos van a hacer exámenes, nos ponen más deberes. 

PREGUNTA 10 ->Y los mayores… ¿cómo se apañan estudiando desde casa?

Nora (15 años): No me gustan las clases ‘online’ porque es un lío. Cuesta más entender y seguir las materias y suele haber más interrupciones, muchas veces por problemas con la conexión. Una hora de clase por videollamada es como 30 minutos de clase normal. Hay asignaturas que son más fáciles de seguir pero en otras, por ejemplo matemáticas, se hace muy complicado

Pablo (18 años): Estudio un grado Superior de Automoción. La Formacion Profesional trata de formarte para desempeñar un trabajo, así que las prácticas son muy importantes. Con los estudios ‘online’ avanzamos toda la teoría para que cuando regresemos podamos desarrollar estos conocimientos en el taller. 

Jon (21 años): En Biología nos hemos perdido salidas de campo interesantes. Pero las clases vía telemática se siguen sin problema, y los profesores suelen estar disponibles por correo. Nos preocupa qué va a pasar con los exámenes, cómo nos van a evaluar. Lo que sí me ha supuesto mayor inconveniente es el Trabajo Fin de Grado. Lo hacía en un laboratorio y he tenido que cambiar de tema.

FUENTE: diariovasco.com

Niños y cuarentena: tiempo para juegos infantiles y actividades en familia. Colaboración con Consumer

Lograr un equilibrio entre el entretenimiento infantil y el ocio familiar resulta esencial de cara a aprovechar la situación para educar y estrechar vínculos.

PorMiguel Ángel Bargueño  – Leer el artículo completo en consumer.es

Tiempo para los niños: tareas, juego y videollamadas

La primera parte no solo servirá para que los niños disfruten jugando por su cuenta, sino que, como pone de relieve un documento de UNICEF, dotará a los padres de margen para trabajar o descansar: “Durante este tiempo, sus hijos pueden jugar, leer en silencio o hacer su tarea. Usted, que conoce a su hijo, puede elegir una actividad que le guste (sugiera actividades silenciosas como rompecabezas, bloques, escribir un diario…). Al principio, quizá le resulte difícil, pero puede trabajar en ello día a día, aumentando la cantidad de minutos progresivamente. Los niños, al igual que los padres, necesitan algo de tiempo para relajarse”.

El juego es la actividad más importante para el desarrollo de los niños, y el confinamiento no debe alterar ese precepto. Un estudio realizado por investigadores cubanos y publicado en 2015 en InfoHEM concluye que, mediante el juego, los pequeños “relacionan los conocimientos que ya han adquirido con otros nuevos, formando así procesos de aprendizaje individual. En los primeros años de la vida (…) aporta mucho en el desarrollo cognitivo, social, emocional y en la formación de la personalidad. A través del juego los niños enriquecen su mente, estimulan su fantasía, crean situaciones y les dan solución”.

Las nuevas tecnologías ofrecen hoy en día un amplio abanico de posibilidades de entretenimiento, ya sea a través de juegos virtuales o de series y películas de contenido infantil. Sin embargo, no es bueno que pasen todo el día pegados a las pantallas. De cara a consignar un tiempo de uso óptimo, la Academia Estadounidense de Pediatría propone una hora al día para niños de dos a cinco años. “A medida que tu hijo crece, un enfoque único no funciona tan bien. Tendrás que decidir cuántos medios audiovisuales le permitirás usar a tu hijo cada día y qué es apropiado”, añade esta institución. ¿Cómo lograr que no sobrepasen el límite? “Conviene pactar por escrito el tiempo que van a dedicar a la tableta, al móvil o los videojuegos”, señala la psicóloga Silvia Álava.

Leer el artículo completo en: consumer.es

¿Cómo explicar a los niños la pérdida de un ser querido? Colaboración con Funespaña

La muerte es un tema que generalmente no suele abordarse con normalidad ante los niños, hasta que ocurre en un entorno cercano. Es importante estar preparados para explicarles la situación tanto si se trata de una mascota, o la muerte de un ser querido.

Lo más probable es que surjan muchas preguntas y responderles con sinceridad será clave para transmitirles seguridad.

Además, debemos animarlos a expresar sus sentimientos para que sientan nuestro apoyo y gestionarlo de la mejor manera posible.

Siempre será una situación difícil, pero en estos momentos en los que no nos podemos despedir, en los que no habrá velatorios y los funerales tienen que aplazarse, es todavía más complicado.

Consejos para explicarle a los niños la muerte

Díselo según recibes la noticia

Te va a ver triste, llorar, y pasarlo mal. Tenemos que explicarles lo que ha ocurrido.

De lo contrario, les generaremos una incertidumbre, que los niños no van a saber gestionar.

No pasa nada porque te vea llorar

Eres humano y es bueno que vea tus emociones. No tienes que aparentar ser un superhéroe.

Agáchate o siéntate a su lado

Para sentirnos escuchados y atendidos nos gusta que nuestro interlocutor nos mire a los ojos.

Por eso, tus ojos y los de tu hijo deben de estar a la misma altura.

Adapta tu lenguaje en función de su edad

Los niños necesitan que les expliques con un lenguaje adaptado a su edad lo que está ocurriendo. No es momento de ocultarles la realidad.

También son muy buenos recogiendo y captando información. Sin embargo, por su propio desarrollo cognitivo, evolutivo y madurativo, no siempre lo entienden bien.

Sinceridad en las repuestas

Te van a hacer preguntas sobre lo que he pasado y puede que no tengas las respuestas.

En este caso, es mejor decir “no lo sé” a inventarnos las respuestas.

No obstante, una explicación del tipo: “se pusieron muy muy enfermos y que, aunque los médicos intentaron curarles no pudieron”, podría ser adecuada para los más pequeños.

Empatiza con sus emociones

Indícale que entiendes y sabes que está triste porque no va a poder volver a ver a esa persona, o que sabes que está enfadado y rabioso porque ya no está y no pudimos estar con él.

Deja un espacio para que ellos expresen sus emociones

Puede que necesite llorar ahora, o puede que sea en unos días. Vigila cómo se encuentra y tampoco fuerces a que hable del tema, si en un primer momento no le apetece.

Al principio puede que el silencio sea incómodo y que intentemos rellenarlo como sea.

Pierde el miedo al silencio, y deja espacios para que todos y cada uno de los miembros de la familia puedan expresar cómo se sienten.

Pídele que haga una carta o dibujo de despedida

Esto les puede ayudar a tomar conciencia del fallecimiento y ayudará a facilitar el posterior duelo.

Haz una caja de recuerdos del familiar fallecido

Podemos incluir fotos, recuerdos, dibujos, frases que nos decía esa persona. Esto ayudará a canalizar la tristeza y a elaborar el duelo.

Intentar restablecer la rutina

Es algo que tanto a los niños, como a los adultos nos puede ayudar. Sobre todo, a los niños, ver que su rutina sigue intacta, que no se ha visto alterada, dentro de lo que es la rutina en la situación de confinamiento, les dará seguridad y confianza.

No obstante, en absoluto hay que forzar la situación, lo importante es estar con y para el niño no tanto que haga cosas. No pasa nada porque durante algunos días no haga los deberes o no siga el ritmo escolar impuesto.

Lo prioritario en este momento es atender a sus necesidades emocionales, interiorizar la pérdida y hacer el duelo de la forma más sana posible.

Se trata de trasmitirles el mensaje de que va a ser duro, va a ser muy complicado, vamos a estar una temporada tristes, pero aprenderemos a ser felices sin esa persona.

Mantener vivo el recuerdo de esa persona

Otra estrategia que podemos realizar con los más pequeños, que incluso también nos puede ayudar a los adultos, es hacer un listado de las cosas que agradecemos. Por ejemplo, esa excursión que hicimos que fue especialmente divertida. Cosas que nos enseñó, las veces que nos hizo reír, los buenos momentos compartidos.

Se trata de mantenerlo en nuestra memoria, y de mostrar a los niños que, aunque esa persona ya no esté, siempre tendremos los recuerdos y es algo a lo que podemos acudir cuando queramos.

Debemos de respetar la decisión del niño sobre si quiere ir o no al acto de despedida. Si quiere participar en el mismo, será bueno que vaya para poder despedirse y recibir el cariño de los familiares.

No obstante, si no quiere, o es un niño más sensible, o nos dice que no quiere ir, nunca es bueno forzarle a hacerlo.

FUENTE: Funespaña

El hambre emocional que esconde la obesidad infantil. Colaboración con La Tribuna de Albacete

Por Ana Soteras (EFE) 

El sobrepeso y la obesidad afecta al 43 por ciento de los niños españoles. Atajarlo con dieta y un aumento de la actividad física en la mayoría de los casos no es suficiente. Detrás se esconde el hambre emocional, una forma de comer desequilibrada e impulsiva, que requiere tratar psicológicamente al menor y a su familia.


En las XXIV Jornadas Internacionales de Nutrición Práctica, celebradas este mes en la Fundación Pablo VI de Madrid por la Sociedad Española de Dietética y Ciencias de la Alimentación (Sedca), el programa Entren y la educación emocional fueron algunos de los asuntos tratados.


La psicóloga Silvia Álava destacó la importancia de la educación emocional como base de una alimentación sana y subrayó que, cuando se aborda la obesidad en niños, hay que evaluar también a la familia desde el punto de vista emocional y de hábitos que transmiten a sus hijos. «Las estrategias de intervención contra la obesidad deberían estar dirigidas a ingerir una menor cantidad de alimentos y a aumentar la actividad física, pero en muchos casos eso no es efectivo ya que puede haber problemas emocionales detrás», aseguró la especialista en psicología clínica y educativa.

Tristeza o ansiedad suelen ser las emociones más frecuentes que se esconden detrás de comer de forma compulsiva alimentos insanos ricos en grasas o azúcares.

FUENTE: latribunadealbacete.es