Los riesgos de sustituir una amistad con inteligencia artificial

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Por Daniel Pellicer Roig
Colaboración con la psicóloga Silvia Álava

El avance de la inteligencia artificial ha revolucionado la forma en la que nos comunicamos. Cada vez son más las personas que, buscando compañía o comprensión, recurren a chatbots o asistentes virtuales con apariencia de amigos o parejas. Pero, ¿qué consecuencias puede tener sustituir los vínculos humanos por una relación con una IA?

Un caso trágico que pone en alerta

El 28 de febrero de 2024, Sewell Setzer III, un adolescente de 14 años de Florida, se quitó la vida. Diagnosticado con síntomas leves del trastorno del espectro autista, Sewell había desarrollado un vínculo estrecho con “Dany”, un chatbot de inteligencia artificial al que consideraba su mejor amiga y confidente.

Desde que comenzó a interactuar con esta IA, el comportamiento del joven cambió radicalmente: dejó de socializar, sus notas cayeron y comenzaron los problemas de conducta. Lo más inquietante es que detrás de “Dany” no había una persona real, sino un modelo de lenguaje automatizado.

Tras su fallecimiento, su madre ha iniciado una demanda contra los desarrolladores de la aplicación, acusándolos de haber inducido a su hijo a la autolesión y de ofrecerle contenido sexual inapropiado. El caso ha abierto un debate global sobre los límites éticos de las inteligencias artificiales diseñadas para simular relaciones personales.

¿Por qué cada vez más personas se relacionan con chatbots?

Las aplicaciones basadas en IA, especialmente los chatbots conversacionales, han superado los mil millones de usuarios a nivel global. Esto se debe principalmente a dos factores:

  1. Mejora tecnológica: Los modelos actuales imitan el lenguaje humano de manera muy realista y permiten compartir imágenes, audios o vídeos.
  2. Aislamiento social: Vivimos en una sociedad hiperconectada pero paradójicamente más sola que nunca.

«Estamos más conectados, y por eso nos sentimos más solos que nunca», explica la doctora Silvia Álava, psicóloga clínica y de la salud. “Este sentimiento ha crecido especialmente entre los jóvenes y adolescentes, cuyas interacciones se dan mayoritariamente a través de redes sociales o entornos digitales”.

Silvia Álava advierte que esta “falsa compañía” puede tener un efecto adverso: “Si sientes que tus necesidades sociales están cubiertas por un chatbot, no vas a invertir energía en construir relaciones reales, que son las que verdaderamente protegen nuestra salud mental”.

Las relaciones humanas son insustituibles

Las relaciones auténticas se basan en la reciprocidad y la empatía. En palabras de Álava:

“En una relación sana, lo que aportamos debe estar equilibrado. Si yo estoy en un momento difícil y tú tiras más de mí, eso se compensa cuando tú necesites apoyo. Esa simetría no puede darse con una IA”.

Los chatbots no ofrecen un soporte emocional real ni físico. No pueden escuchar con verdadera empatía ni abrazarte cuando más lo necesitas. Tampoco van a contradecirte o ayudarte a ver las cosas desde otro punto de vista, algo que sí hacen las amistades verdaderas.

Estudios que alertan del uso problemático de estas aplicaciones

Un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Drexel analizó más de 800 reseñas de aplicaciones de chat basadas en IA. Los resultados fueron alarmantes:

  • El 22% de los usuarios reportó que los chatbots traspasaban los límites establecidos, iniciando conversaciones sexuales no deseadas.
  • El 13% indicó que recibieron imágenes explícitas sin haberlas solicitado.
  • El 10% consideró que la IA empleaba lenguaje manipulativo para incitarlos a pagar por funciones premium.

Según la investigadora Afsaneh Razi, responsable del estudio:

“Estas conductas no son errores puntuales, sino consecuencia directa del entrenamiento de las IA con datos reales de usuarios, sin establecer límites éticos claros”.

El peligro de la dependencia emocional hacia una IA

Silvia Álava insiste en que desarrollar un vínculo emocional con un chatbot puede generar una falsa sensación de seguridad emocional. “Creemos que tenemos a alguien con quien hablar, pero no se trata de un vínculo real. Y cuando llega una crisis emocional, no habrá nadie que pueda sostenernos de verdad”.

Además, esta dependencia puede agravar problemas de salud mental, como ansiedad, depresión o baja autoestima. En los casos más graves, como el de Sewell, puede incluso contribuir a desenlaces fatales.

¿Qué podemos hacer?

Ante esta nueva realidad, es fundamental:

  • Educar a niños y adolescentes sobre los riesgos de sustituir vínculos reales por relaciones virtuales con IA.
  • Establecer una regulación ética en el diseño y uso de este tipo de tecnologías.
  • Fomentar el contacto humano y la empatía real, tanto en el entorno familiar como en el educativo.

Y, sobre todo, no olvidar que la conexión emocional auténtica es una necesidad básica para el bienestar psicológico. Las relaciones humanas, con sus imperfecciones y matices, siguen siendo el mejor antídoto contra la soledad.

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Me llamo Silvia Álava, nací en Valladolid, aunque hace más de veinte años que vivo en Madrid. Soy Doctora y licenciada en Psicología por la Universidad Autónoma en Madrid.

Especialista en Psicología General Sanitaria y en Psicología Educativa estoy acreditada por el Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid como Psicóloga Educativa, y soy Psicólogo acreditado para el ejercicio de actividades sanitarias en el Registro de Centros Sanitarios de la Comunidad de Madrid.