Uno de cada tres niños y adolescentes afirma haber recibido comentarios incómodos o molestos por parte de personas adultas. Críticas en público, burlas, frases como “eso son cosas de niños” o “no te pongas así” se repiten con más frecuencia de la que pensamos. Esta es una de las principales conclusiones del informe realizado por la ONG Educo, que ha entrevistado a más de 500 menores de entre 11 y 17 años en toda España. El estudio revela una realidad preocupante: los niños y niñas están expuestos a formas de violencia menos visibles, pero profundamente dañinas, como es la violencia verbal o emocional.
¿Qué entendemos por violencia verbal hacia la infancia?
Aunque socialmente se asocie la violencia con el maltrato físico o el abuso, los expertos advierten que también debemos prestar atención a los comportamientos que minan la autoestima y bienestar emocional de los menores. Según el informe, un 80% de los adolescentes ha escuchado comentarios negativos hacia otros compañeros o ha sentido que los adultos les “pican”, aunque se presente como una broma.
Frases que humillan, ridiculizan o invalidan lo que siente un niño deben considerarse como formas de violencia emocional. No son inofensivas. Como explica Silvia Álava, psicóloga infantil:
“Muchas veces no hay una intención de dañar, pero se habla desde el desconocimiento del desarrollo cognitivo del menor. Nos falta empatía para ponernos en su lugar y entender que no pueden pensar, sentir o actuar como un adulto. Su cerebro aún está en desarrollo”.
La importancia de validar sus emociones
Desde la psicología infantil se insiste en que validar las emociones de los niños y niñas es clave para su desarrollo emocional saludable. Comentarios como “no llores por eso” o “estás exagerando” niegan lo que el niño siente y le hacen desconfiar de sus propias emociones.
Por el contrario, frases como “entiendo que estés frustrado”, “veo que estás triste” o “es normal que te sientas así” ayudan al menor a sentirse comprendido, aceptado y seguro. Tal y como apunta Silvia Álava:
“Los adultos podemos ayudarles a nombrar lo que sienten, y eso crea una conexión emocional muy valiosa”.
Educación respetuosa y acompañamiento emocional
Otro dato relevante del estudio es que el 28% de los niños y niñas afirma sentirse mejor cuando los adultos les dejan tranquilos, pero les apoyan si lo necesitan. Este equilibrio es la base de una educación respetuosa: acompañar sin sobreproteger, confiar sin abandonar. Los menores reclaman más autonomía, menos presión y un entorno en el que puedan expresarse sin miedo al juicio.
Silvia Álava insiste:
“Los niños están diciendo: ‘quiero que me acompañes, pero no que me resuelvas todo ni que me presiones’. Necesitan presencia y apoyo emocional, no fiscalización constante”.
Conocer sus derechos para protegerse
El informe también destaca que tres de cada cuatro menores no conoce bien sus derechos o no recuerda haberlos trabajado en la escuela. Esta falta de información es preocupante, ya que si un niño no conoce sus derechos, difícilmente podrá identificarlos o defenderse si se ven vulnerados.
Desde la psicología y la educación, es urgente promover una cultura del buen trato, en la que los derechos de la infancia no sean solo una materia puntual, sino una base transversal en todos los entornos: la familia, la escuela, los medios y las redes sociales.
El entorno físico también influye en su bienestar
Finalmente, el informe aborda la percepción que tienen los menores sobre sus centros educativos. Muchos consideran que los colegios no están diseñados para favorecer su bienestar emocional. Espacios fríos, grises y poco acogedores impactan directamente en su estado de ánimo y motivación.
Silvia Álava subraya la importancia del entorno:
“Las emociones agradables favorecen el aprendizaje. Hay que repensar los espacios escolares, hacerlos más luminosos, con colores, con ambientes que inviten a aprender y a sentirse bien. Esa idea de que ‘la letra con sangre entra’ no tiene ningún respaldo científico”.
Conclusión
El informe de Educo pone sobre la mesa una cuestión que no podemos ignorar: los comentarios dañinos hacia los niños también son violencia. Acompañar desde la empatía, validar sus emociones y fomentar su autonomía son claves para su bienestar. Como profesionales y como sociedad, debemos comprometernos a crear entornos seguros, respetuosos y emocionalmente saludables.