Ser feliz no implica estar alegre todo el día

Ser feliz no implica estar #alegre todo el día, sino que está más relacionado con entender las #emociones, saber lo que nos ocurre, el porqué y cómo manejarlo, todas ellas, habilidades de la inteligencia emocional

#Libro: #porquénosoyfeliz Encuentra más información sobre el libro en este enlace: https://bit.ly/3uJMUez

Participación en el programa A vivir de cadena Ser: «Las preguntas de Broncano y Burque»

¿Tus amigos te hacen más inteligente?

Nuestras amistades de la infancia nos pueden haber influido mucho. Un estudio publicado por la Universidad Internacional de Florida confirma que la inteligencia de un adolescente de 15 años está correlacionada con la del que era su amigo a los 11. Hablamos con Javier del Pino y Burque, sobre la influencia de las amistades cuando somos más pequeños.

Celebramos el Día Internacional de la Felicidad con 10 Consejos prácticos para ser felices (Importante!! basados en la evidencia científica)

Dicen que la felicidad no se busca, que se encuentra y, sin lugar a duda, uno de nuestros objetivos en la vida es dar con ella. Desde la publicidad, las redes sociales, las revistas, nos instan a conseguirlo, pero no siempre lo que nos proponen está basado en la evidencia científica. Las estanterías de las librerías están repletas de libros de autoayuda y manuales que te ofrecen caminos que se pueden tomar para alcanzar este bien tan preciado, pero dado que no hay un patrón que sirva para todos lo seres humanos, cada individuo debe ir descubriendo qué es lo que le hace feliz.

Silvia Álava, autora de ‘ Por qué no soy feliz’, revela a continuación cuáles son

 las situaciones que más nos hacen felices a las personas, es decir, las que compartimos casi todos los seres humanos. Pese a las circunstancias que estamos viviendo, hemos querido rescatar una serie de consejos que pueden contribuir a incrementar nuestra felicidad y que además cuentan con el respaldo de la investigación científica.

La felicidad existe aún en las situaciones más difíciles. Hoy más que nunca, disfrutemos de las pequeñas cosas que nos proporciona la vida y trabajemos cada día, de forma proactiva, por incrementar nuestra felicidad. Para aumentar nuestra felicidad debemos pasar a la acción, y este 20 de marzo, Día Mundial de la Felicidad, podemos empezar a avanzar en este camino:

1. Pasar tiempo con amigos o familiares.

Todas las personas nos sentimos más felices cuando estamos con otras personas, cuando nos sentimos integrados y sentimos que pertenecemos a un grupo o una familia. Si tuviéramos que traducir toda la literatura científica de las causas de la felicidad humana en una sola palabra sería ‘social’. Somos con diferencia la especie más social de la Tierra. «Si tuviera que predecir tu felicidad y solo pudiera saber una cosa de ti, no me interesaría conocer tu sexo, religión o ingresos. Querría saber sobre tu red social: amigos, compañeros de trabajo, familiares… y la solidez de tus lazos con ellos», confiesa Silvia Álava.

2. Hablar con los amigos y compañeros.

Cuidar las relaciones sociales. Cuidar y quedar con los amigos y hacer nuevas amistades también se relaciona con la felicidad.

3. Llevar un ‘Diario de Gratitud’

Anotar cada día, al menos, tres cosas por las que estamos agradecidos, o aquello que más nos han gustado del día, tomando el tiempo de reflexión necesario para ser conscientes de las cosas buenas. Aumentará nuestra satisfacción general y nos ayudará a dormir con un espíritu más positivo.

4. Trabajar por una causa mayor.

Tener un fin, un objetivo en la vida que nos mantenga con energía, por el que levantarse cada mañana.

5. Realizar actos altruistas.

Ofrecer nuestro tiempo y nuestro dinero es una vía para alcanzar la felicidad, compartir, dar lo que no necesitamos y que para otros puede significar todo un tesoro, es una gran labor que todos podemos realizar.

6. Enviar mensajes positivos. 

«Reforzar los comportamientos positivos de los demás y aprender a enviar mensajes de refuerzo y en positivo, incrementará nuestras emociones positivas y hará que nos sentimos más felices», explica la experta.

7. Hacer como mínimo 30 minutos de ejercicio al día.

Cuando nos movemos segregamos endorfinas que hacen que nos sintamos mejor.

8. Dar las gracias.

La gratitud es uno de los mayores predictores de la felicidad. Cuando agradecemos las cosas que hacen por nosotros las personas que nos rodean, incrementamos nuestra felicidad.

9. Tener ilusión porque llegue algo.

Crear y fomentar nuestras propias ilusiones: las cosas tienen la importancia que nosotros les damos, no hace falta que sean cosas materiales en las que tengamos que gastar dinero, incluso, mejor si el dinero no interviene: dar un paseo, charlar con un amigo, disfrutar de una buena comida…

10. Reforzar nuestras virtudes.

Cada vez que utilizamos una habilidad, sea la que sea, experimentamos un subidón de positivismo. Especialmente cuando ejercitamos una fortaleza de nuestro carácter, un rasgo propio y arraigado en nosotros. Por eso es importante pararnos a observar, saber cuáles son nuestras fortalezas y ser conscientes de que las estamos poniendo en práctica.

La felicidad existe aún en las situaciones más difíciles; Hoy más que nunca, disfrutemos de las pequeñas cosas que nos proporciona la vida y trabajemos cada día, de forma proactiva, por incrementar nuestra felicidad;

¡Para aumentar nuestra felicidad debemos pasar a la acción!

FUENTE: ABC Bienestar

Pocos días del año se habla más sobre felicidad que en este famoso Blue Monday o, supuestamente, el día más triste del año.

Por Elena Santoslun

La psicóloga Silvia Ávila. (Photo: Pablo Blazquez / Harper Collins)
La psicóloga Silvia Ávila. (Photo: Pablo Blazquez / Harper Collins)

Pocos días del año se habla más sobre felicidad que en este famoso Blue Monday o, supuestamente, el día más triste del año. Una etiqueta que no se cree Silvia Álava, doctora en psicología clínica y de la salud y autora de varios libros, entre ellos ¿Por qué no soy feliz?, que acaba de llegar a las estanterías.

Defensora de no denostar la tristeza y de que la felicidad tiene mucho que ver con conocerse a uno mismo y saber regularse, cuenta a El HuffPost qué piensa de todos esos mensajes hiperpositivos de ‘si quieres, puedes’ o cuál es su experiencia en consulta desde que estalló la pandemia.

Este lunes es el llamado Blue Monday, ¿qué opinión te merece este día?

Lo primero que tenemos que saber es que el Blue Monday no existe, no está basado en ningún tipo de evidencia científica, salió de una acción de marketing de una compañía aérea. ‘Es lunes, cuesta de enero, hace frío, no estamos consiguiendo objetivos… en base a eso montamos una campaña publicitaria diciéndole a la gente: ¿Cómo estar mejor en el Blue Monday? ¡Cógete un billete de avión!’.

Vamos a ser serios, eso del Blue Monday no e-xis-te. Cada uno puede sentir tristeza un día del año y, es más, tampoco tendríamos que demonizar la emoción de la tristeza o colgarle ese sambenito de que es una emoción mala. No es mala, es desagradable. A nadie nos gusta sentir tristeza, pero es buena, porque nos da información de que nos ha ocurrido algo y nos permite hacer una labor de introspección para buscar la solución.

A nadie nos gusta sentir tristeza, pero es buena, porque nos da información de que nos ha ocurrido algo y nos permite hacer una labor de introspección para buscar la solución

Otra cosa diferente es cuando no tenemos un día triste, por una cosa puntual que nos esté generando tristeza, sino que estamos con un estado de ánimo muy bajito un día detrás de otro durante meses. Empezamos a sentir que no tenemos fuerza, que no tenemos energía, que nos cuesta mucho experimentar emociones agradables, que nos cuesta la carga del día a día… ahí sí que habría un problema.

Cuando tropezamos con un mal día, no una racha de éstas de las que hablas, ¿qué podemos hacer, qué estrategias hay para remontarlo?

Todos tenemos días buenos y malos, que estar bien las 24 horas del día y los 365 días del año es una falacia. Lo importante es contar con herramientas y estrategias que nos ayuden a entender lo que nos está pasando. Hay pacientes que me dicen ‘Ni yo mismo me entiendo, no sé qué me pasa’. Lo primero es aprender a identificar las emociones para a partir de ahí trabajar en la causa.

Y lo que es más importante, en cómo lo regulo: qué estrategias puedo hacer para que, en un momento determinado, esta emoción a la que he dado importancia, a la que ya he puesto nombre decir ‘oye, la voy a parar un poquito o la voy a poner en stand by, voy a intentar hacer cosas que me eleven el estado de ánimo o, si hace falta, voy a coger una canción y voy a utilizar la música como facilitador emocional para generar otro tipo de emoción…’.

¿Cuál sería tu definición de felicidad?

Por ahí empieza el libro, con qué es ser feliz y qué no es ser feliz. Ser feliz no significa que tenga que estar bien, que todo tenga que ser divertido, fantástico, esos mundos de yupi o el país de la piruleta… Ser feliz implica entender la vida y comprender muy bien cómo me estoy sintiendo, qué es lo que me está pasando, y contar con estrategias y herramientas que me permitan incrementar el bienestar emocional, sentirme mejor o más a gusto.

Portada de '¿Por qué no soy feliz?'. (Photo: HARPER COLLINS)
Portada de ‘¿Por qué no soy feliz?’. (Photo: HARPER COLLINS)

¿Se tiende mucho a creer o a pensar que la felicidad es un destino o un estado que tiene que ser permanente?

Es que hay muchísimos mitos respecto a la felicidad: ‘la felicidad hay que buscarla, ¡sal a encontrarla!‘. No, perdona, ni hay que salir a por ella ni es un destino, más que nada está en ‘vamos a conseguir este bienestar emocional en nuestro día a día’. Sentirnos bien, en calma, en paz, a gusto con nosotros mismos, sintiendo que nuestra vida va más o menos dirigida donde queremos, pero entendiendo que tendremos días malos, que vamos a sentir emociones desagradables y que aunque haya veces que quiero ir a ese sitio que me he propuesto, también a veces iré en dirección contraria. Pero cuando yo ya sé que voy en dirección contraria, ya sé que en un determinado momento tengo que dar marcha atrás.

El problema es muchas veces, muchas personas que vienen a vernos y que te dicen ‘Yo no sé cómo he llegado a esta situación. Cuando me he querido dar cuenta ya estoy donde no quería estar’. Y muchas veces eso es por una ausencia de toma de decisiones, ‘he ido en la vida con el piloto automático puesto donde me ha ido llevando y nunca me he parado a decidir qué es lo que yo quiero hacer’.

Mencionas la palabra calma asociada a felicidad, pero a veces se asocia a grandes hitos de nuestra vida o a grandes momentos, ¿no es contradictorio?

Al final lo que hacemos es reivindicar esas emociones de intensidad baja, de energía baja, como puede ser la calma. Es que no podemos estar todos los días haciendo cosas muy intensas emocionalmente. El truco está en aprender a vivir más desde la calma, desde la serenidad, desde disfrutar las pequeñas cosas del día a día.

El truco está en aprender a vivir más desde la calma, desde la serenidad, desde disfrutar las pequeñas cosas del día a día

Recuperamos por ejemplo uno de los experimentos clásicos de Martin Seligman que decía ‘vas a escribir tres cosas cada día que te han hecho sentir bien’. Y no tiene que ser ¡euforia!, ¡alegría!, a lo mejor es esa paz. Y tal y como tenemos la situación hoy en día con esta crisis que ya va para dos años, vamos a reivindicar esta emoción de la calma y de la serenidad porque nos hacen falta.

El libro lo has escrito durante la pandemia, que ha impactado en la felicidad de todos. ¿Cómo ha sido tu experiencia en consulta en este tiempo?

He notado que la pandemia nos ha pasado una factura de salud mental a todos: niños, adolescentes y adultos. ¿Qué es lo que nos encontramos los psicólogos? No hay más que verlo, las consultas están a reventar. Ya veníamos con una salud mental un poquillo más frágil y la pandemia ha sido ese remate, por así decirlo.

¿Qué nos ha ocurrido? Que antes de la pandemia todos teníamos pequeñas estrategias de regulación emocional de las que no éramos conscientes, que servían para eso de recargar pilas. Podíamos tener días estresantes, pero luego teníamos esas válvulas de escape de ’voy a quedar con mis amigos, me voy a tomar algo, voy a hacer una escapadita…′ y la pandemia nos lo ha cortado.

Antes de la pandemia todos teníamos pequeñas estrategias de regulación emocional de las que no éramos conscientes

¿Qué es lo que tenemos que hacer? Un esfuerzo mucho más real, me tengo que parar a ver qué es lo que me está pasando, porque con todo esto experimento situaciones mucho más desagradables, pero las estrategias que tenían ya no funcionan porque muchas de ellas ya ni las puedo llevar a cabo porque el momento no lo permite. Tengo que aprender estrategias nuevas.

Se ha incrementado mucho el número de consultas en niños, en adolescentes leía el otro día que un 250%. En ellos se han incrementado mucho los trastornos de conducta alimentaria, de ansiedad, muchísmo las ideas autolíticas (de suicidio y autolesiones); en niños hemos visto que se ha incrementado muchísimo la ansiedad, incluso trastorno de estrés postraumático, trastornos del estado de ánimo y depresión. Y en adultos, más de lo mismo. Se ha incrementado mucho tanto en la prevalencia —es decir, la cantidad de casos—, como en la gravedad.

Vaya panorama…

Es el real, en ningún momento en el libro queremos ofrecer una visión edulcorada de ‘¡piensa en positivo y las cosas salen bien!’ Eso no funciona. Pensar que ‘tú puedes’ no funciona, a veces es que nos estamos poniendo una meta que es inalcanzable. Una parte importante es aceptar nuestra realidad y aceptar las cosas como son.

Precisamente quería preguntarte sobre si han hecho daño o han sido contraproducentes todos esos mensajes ultrapositivos, ya veo que sí.

Sí, porque al final nos hemos creído el ‘si piensas en positivo, todo va a ir bien’ y parece que entonces si me va mal es porque no lo he pensado suficientemente en positivo. No, no, es que hay veces que no se puede, lo siento mucho. Una labor fundamental es ‘analízate, conócete a ti mismo’. ¡Esto ya estaba escrito en el Templo Apolo de Delfos en la Antigua Grecia! Si te conoces a ti mismo sabrás que hay cosas que puedes hacer, pero otras que no, por mucho que te digan ‘si quieres, puedes’. Es mejor aceptar en todo momento cuáles son nuestros puntos fuertes, pero también cuáles son nuestras limitaciones para poner el foco en lo que en un determinado momento sí se puede.

El país de la piruleta no existe, a veces se trata de dejar de ser tan terrorista, tan tremendista, tan catastrófico en nuestra forma de ver el mundo. ‘Todo está mal, todo va mal’, ¡no! Hay muchas cosas que son muy complicadas y muy desagradables, y sí que es verdad que hay catástrofes, pero concretas, no todo está mal. Se trata de aprender a ser realista, no idealista tampoco.

Y esto en tiempos de las redes sociales, en las que solo vemos la cara bonita de los demás, también lleva a mucha frustración, ¿no?

Hay un capítulo que lo hemos llamado ¿Quieres ser infeliz? Sigue a tu vecino en redes. Las redes sociales fomentan lo que se llama la comparación social. ¿Qué imagen damos en ellas? Todo es fantástico, estupendo, con fotos superdivertidas, monísimas, con un montón de filtros… No es la realidad, sino la imagen que queremos dar, un escaparate en el que cada uno vende su mejor producto.

Muchas veces en redes sociales vamos viendo a los demás y entramos en esa comparación: ‘Es que mi vida no es tan guay, yo no hago tantas cosas divertidas’. Seguramente esa persona tampoco, pero justamente lo que cuelga es eso. Hay que evitar esa comparación social, no decir que las redes sociales sean malas: no son malas en sí mismas, sino en cómo las estás utilizando.

Vamos a probar a tratarnos como si fuéramos nuestros amigos y no nuestros enemigos

En la misma portada dices ‘Vive y disfruta sin complicarte la vida’. ¿Tendemos a ponernos trampas a nosotros mismos, nos complicamos en exceso?

Muchas veces nuestro peor enemigo somos nosotros mismos. En uno de los capítulos hablamos del director de cine interior, ¡qué películas mentales nos montamos en la cabeza, que además nos creemos como ciertas! Y hablamos mucho de la rumiación, el dar mil vueltas a algo que ya ha ocurrido. Se trata de, la parte que depende de nosotros, ponerla a nuestro favor, no en nuestra contra.

Vamos a caer en la cuenta de cómo nos estamos hablando, si estamos siendo demasiado catastrofistas, negativos, tendiendo a tener todas esas ideas irracionales, y tratándonos con cariño. ¿Has pensado si eso que te está ocurriendo, que estás dándole vueltas en la cabeza, le hubiera pasado a tu amigo, qué le dirías? Seguramente serías tan incisivo, ¿a que serías mucho más amable? Vamos a probar a ser amables con nosotros mismos y a tratarnos como si fuéramos nuestros amigos y no nuestros enemigos.Este contenido no está disponible debido a tus preferencias de privacidad.Actualiza tu configuración aquí para verlo.

Este artículo apareció originalmente en El HuffPost y ha sido actualizado.

Mesa redonda: Todos somos dependientes de las nuevas tecnologías

Comparto hoy el vídeo de la primera mesa redonda de la jornada sobre «Las redes sociales y los jóvenes: peligros y oportunidades» organizada por la Consejería de Juventud de la Comunidad de Madrid y en la que he tenido el placer de participar:

¿Sabías que…? Celebramos el Día Mundial del Cerebro

Celebramos el día mundial del cerebro con estas curiosidades… ¿Sabías que…?

El Bisturí hace un balance general de la crisis sanitaria en la que “todavía seguimos inmersos” en su último monográfico del año

Tres profesionales de la salud cuentan cómo ha afectado esta situación a los diferentes grupos de la población: la doctora Montserrat Esquerdo, del Consejo de Colegios de Médicos de Cataluña; el presidente de la Confederación Salud Mental España, Nel González Zapico; y la psicóloga Silvia Álava.

Noelia Izquierdo Romero | MADRID/EFE/NOELIA IZQUIERDO ROMERO  Fuente: Comisión de Deontología del Consejo de Colegios de Médicos de Cataluña | Confederación Salud Mental España 

La COVID-19 ha detenido el mundo en 2020. Los viajes programados, los planes pendientes, los tratamientos en marcha. Todo se interrumpió para “atender una situación de emergencia”.

Según los expertos, nos hemos topado con una situación desconocida que ha traído consigo emociones de tal intensidad que aún cuesta asimilar.

Y cuanto más intensas han sido, más tiempo nos costará recuperarnos“, expone la doctora Montserrat Esquerdo, presidenta de la Comisión de Deontología del Consejo de Colegios de Médicos de Cataluña.

Pero esto, opina Esquerdo, todavía no ha terminado.

De aquí en adelante

La vida de millones de personas ha cambiado a lo largo de la pandemia, pero los expertos indican que la de los sanitarios lo han hecho de una manera diferente. Mientras la población debía quedarse en casa, ellos debían enfrentarse a una nueva realidad en cuestión de pocos días.

Para los profesionales sanitarios fue asumir retos a los que nunca se habían enfrentado. Fue cambiar radicalmente la forma de trabajar, prácticamente en un fin de semana. No hubo tiempo de preparación“, rememora la doctora Esquerdo.

Uno de los deseos de algunos profesionales de la salud es “volver a tocar suelo firme, tener certeza, poder volver a organizarse mejor y reconstruir la sanidad del futuro que quiere la sociedad”.

De una manera u otra, esta situación ha impuesto sobre estos trabajadores una “sobrecarga cuádruple”, tanto a nivel física y emocional, como ética.

Un conflicto ético grande son las personas que están al final de su vida por otra enfermedad que no es coronavirus y no pueden estar acompañadas por sus familias“, precisa la presidenta de la Comisión de Deontología del Consejo de Colegios de Médicos de Cataluña.

La doctora resalta, sobre todo, la escasez de recursos humanos, que ha llevado a que profesionales que no tenían ninguna formación en cuidados paliativos, dejasen su especialidad para apoyar a este sector.

Las condiciones laborales y salariales, por otra parte, también han sido motivo de controversia durante la pandemia. Esquerdo resalta, por ejemplo, que hemos llegado al siglo XXI con transiciones sanitarias pendientes.

Carencias al descubierto

Ante un confinamiento impuesto y una reducción de la movilidad, Nel González Zapico, presidente de la Confederación Salud Mental España, explica que los trastornos mentales (alimentarios, del sueño, ansiedad o depresión)  se vieron agravados o alentados a resurgir.

Nel González Zapico
Nel González Zapico, presidente Salud Mental España

Este problema se ha visto empeorado, opina, con las carencias que ya existían antes de la llegada del coronavirus.

En Europa hay 18 psicólogos y psicólogas por cada 100.000 habitantes, y en España hay 4. Y esa brecha es la que impide que puedan orientar adecuadamente a las personas en atención primaria“, argumenta González Zapico.

Por esta razón, gran parte de la población ha quedado “devastada con un grandísimo sufrimiento ante situaciones traumáticas, difíciles de canalizar”.

“Las familias perdieron a alguien y no pudieron despedirse ni acompañarlo en sus últimos momentos. Eso es una tragedia humana y deja secuelas. Seguramente el estrés postraumático llegará a mucha gente y se cronifique“.

El Estado, piensa el presidente de la Confederación Salud Mental España, debe proteger la salud mental de la población.

“El 20 % de la carga de morbilidad en la sanidad pública corresponde a los problemas de salud mental. Sin embargo, los recursos económicos que sostienen a la salud mental destinados son del 4 %“, lamenta.

Asimismo, el experto insiste en que la prevención es “esencial”. Una de las medidas en este terreno, defiende, es enseñar a los niños y niñas que “la vida no es de color de rosa, sino que tiene luces y sombras”.

Generalizar no es una opción

Tanto los niños como los jóvenes han sido el centro de atención desde el principio. En una primera instancia, se relajaron las medidas con este grupo de población, pues, según los expertos, no se contagiaban. Más tarde, se consideraron una de las principales amenazas en cuanto a portadores de la enfermedad.

Y estos mensajes “contradictorios” han sido una de las razones por las que hay ciertos jóvenes que tienen una conducta incorrecta y otros no, explica la psicóloga Silvia Álava, quien opina que no se pueden meter a todos los jóvenes en el mismo saco.

Igual que algunos han sido bastante irresponsables y vemos esas imágenes de botellones, también hay otra gente joven que está reaccionando de forma muy positiva, que están siendo voluntarios“, comenta Álava.

Del mismo modo, la psicóloga advierte de que ha habido una gran atención en que la población de riesgo puede tener un desenlace fatal, pero no se ha dado prioridad a los mensajes sobre la conducta.

Se nos ha olvidado lo que son las conductas de riesgo, es decir, qué hace que puedas contagiarte con más facilidad. Eso pone el foco en ti, en lo que tú puedes o dejas de hacer“.

Por ello, Álava aboga por mensajes constructivos y no por apelar al miedo que, a su parecer, no sirve como campaña.

Silvia Álava Psicología
La psicóloga Silvia Álava/Foto cedida

Los niños también han sido uno de los más afectados a nivel mental. La psicóloga habla de que han sufrido cambios en sus comportamientos durante la cuarentena con desinterés, apatía y falta de concentración.

En ellos, también se ha visto un incremento en los casos de ansiedad y estrés, incluso de estrés postraumáticos.

El estrés postraumático, explica la experta, no se da solo en adultos después de haber vivido “un desastre natural o por haber visto en peligro la vida”, sino que viene de una situación que “pasa factura” cuando la persona no puede procesar, integrar o interiorizar esa situación.

Es lo que les pasa a muchos chicos y chicas que siguen teniendo mucho miedo a salir, al contagio y al coronavirus. También depresión, no podemos olvidar se han perdido muchos factores protectores, de quedar con amigos, de salir“, añade Silvia Álava.

FUENTE: EFESalud

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