«El Arte de Educar Jugando» ¡hoy presentamos nuevo libro!

Estamos muy contentos porque hoy se presenta nuestro nuevo libro, «El arte de educar jugando«, dos conceptos, educar y jugar, comentados con ejemplos por 14 especialistas en diversas temáticas dentro de la psicología.

Un viaje apasionante

Ya seas padre, madre o docente, lo importante es que eres consciente de que has iniciado un viaje apasionante y a la vez de gran importancia y responsabilidad: ocuparte de la educación de uno o varios niños. Como habrás oído en multitud de ocasiones, es un proceso precioso, pero no exento de dudas, momentos difíciles y cierta incertidumbre; ¿estoy haciendo lo correcto? ¿hay una forma más fácil de conseguir los resultados esperados? ¿estoy dándole a mis hijos o alumnos lo que necesita?

Es normal sentir inseguridad

Y es bueno admitirlo, ya que es lo que nos anima a buscar respuestas y a mejorar. A lo largo de este libro iremos abordando varias temáticas que entendemos primordiales en la educación de los niños de hoy en día; por ejemplo, ¿Cómo estimular su atención y su inteligencia?; ¿Cómo trabajar la seguridad y la autoestima?; ¿Cómo promover una correcta educación afectivo-sexual?; ¿Cómo enseñarle a cuidar de su cuerpo o qué pautas debemos de seguir para introducir las nuevas tecnologías?, entre otras muchas cuestiones.

Cada capítulo ha sido escrito por un psicólogo diferente, experto en el tema, que nos va sugiriendo cómo hacerlo, con juegos y dinámicas con las que además de pasar un divertido tiempo en familia, trabajaremos áreas que son fundamentales en el correcto desarrollo de los menores. Esperamos que el viaje a lo largo de estas páginas sea de gran ayuda y, sobre todo, muy fructífero.

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El ‘duelo por separación’ y otras claves para saber cómo y cuándo presentar una nueva pareja a tus hijos. Colaboración con ElDiario.es

¿Cuándo es el mejor momento para que se conozcan? ¿Y para iniciar la convivencia? ¿Lo llamo «pareja» o lo llamo «amigo»…? ¿Puedo ponerle normas si no es mi hijo?

Por Patricia Gea @patriciageaa

Cerca de la mitad de los niños españoles van a pasar por una separación de los padres. Los últimos datos anuales del INE, de 2019, recogen que el 45% de las parejas que se divorcian o separan en nuestro país tienen hijos menores de edad. A ojos de los niños y las niñas se derrumba el castillo de naipes que constituye su núcleo familiar, el único que tienen de referencia, y es posible que además vayan a conocer a nuevas parejas de sus progenitores, a convivir con ellos y también con la idea de que su padre y su madre no van a volver a estar juntos. «Esta posibilidad late como una pequeña esperanza en su imaginación fantasiosa hasta que aparece la nueva pareja; entonces, se la carga de un plumazo», cuenta Silvia Álava, doctora en psicología.

Situación de las familias reconstituidas en España

Hace una década, la Unión Nacional de Asociaciones Familiares (UNAF) se unió a la Universidad Complutense en la realización de dos estudios sobre la situación de las familias reconstituidas en España, y «una de las conclusiones es que necesitan una intervención específica», explica Gregorio Gullón, responsable del Área de Familias Reconstituidas de UNAF desde el momento de su creación, en 2015. «Llevábamos cerca de 30 años trabajando diversidad familiar en separación y divorcio, y nos dimos cuenta de que había otro momento crítico: cuando empezaban a aparecer las nuevas parejas del padre y de la madre».Publicidad

¿Hay una forma correcta de hacer las presentaciones? ¿Cuándo es el mejor momento? ¿Y para iniciar la convivencia? ¿Lo llamo «pareja» o lo llamo «amigo»…? ¿Puedo ponerle normas si no es mi hijo? «Está muy claro cuál es el rol de los progenitores, pero hay mucha ambigüedad con las nuevas parejas».   

El momento oportuno

Gullón cuenta que una de las grandes dudas que le plantean en terapia es cuándo introducir a la nueva pareja en la vida del niño o la niña. Blima Fernández, psicóloga especializada en familias, aconseja evaluar primero el nivel de estabilidad que se tiene con la persona con que se ha iniciado la relación. «Es imposible saber si va a salir como esperamos o no, cuánto va a durar, pero no es tan difícil saber si hay un proyecto de futuro en mente».

Si no lo hay, la psicóloga recomienda no hacer las presentaciones, porque «el niño va a construir un vínculo y cuando se rompa va a ser doloroso. Nosotros tenemos estrategias para gestionarlo, pero ellos no». En caso afirmativo, añade Gullón, lo que aconsejan en UNAF es «esperar un año desde la separación para presentárselo». Un año es el tiempo medio necesario para superar el duelo por pérdida, en este caso no por muerte sino por separación. «Les explicamos que el punto de partida de las familias reconstituidas es una pérdida, incidiendo especialmente en la persona que decide separarse». 

Duelo de separación

Sobre todo cuando hay hijos, el miembro de la pareja que anuncia que quiere separarse suele llevar tiempo madurando la idea, evaluando las consecuencias de la decisión y elaborando poco a poco el duelo de separación. «Normalmente cuando se decide a dar el paso ya ha superado ese duelo, ha conocido a otra persona y lo comunica a la pareja y los hijos. Le hacemos entender que para ellos el duelo empieza en ese momento: tú estás pletórico, pero tu pareja y tu hijo necesitan tiempo. Un año es suficiente para esto». Pero superar con éxito esta nueva etapa familiar no depende solo de la destreza en el manejo de los tiempos, hay una barrera también complicada, que varía mucho, explica Gullón, según el género y que ocasiona problemas con los hijos y con la propia pareja: el rol que el recién llegado asume (o se le otorga). 

«En nuestra cultura, y también los niños lo pueden percibir así, hay una creencia de que la aparición de la pareja nueva pone en riesgo el espacio que tú y yo tenemos, tanto con la expareja como con los hijos. Sin embargo no hay que caer en el escenario de competir por el amor de papá o mamá, porque en ningún caso la nueva pareja es un sustituto de nadie.»

No es un amigo, es mi pareja

Carlos, de 38 años, soltero desde hace tres, sentó en el sofá del salón a su hijo para contarle que había encontrado una nueva pareja, una persona que le «hace feliz» y con la que ha «comenzado una relación». Pero acabó hablándole de «una amiga», que «vendría a jugar algunos días con nosotros» y que «tenía que tratarla bien porque era muy amiga de papá». En ese momento, explica, no supo verbalizarlo «por miedo a hacer daño a Diego», que solo tiene cinco años. Es un error muy común, señalan las expertas consultadas, a la hora de tener la primera conversación sobre el asunto.

Ser lo más claro posible

«Lo ideal es ser lo más claro posible, evitar engaños o palabras suaves, y decirlo sin miedo: no es una amiga, es mi pareja y a partir de ahora estará presente en nuestras vidas». Mentirle u ocultarle la realidad son estrategias que no facilitan la construcción de una relación de apego segura. «Va a despertar desconfianza en el niño o la niña y estropearlo todo. Uno de los objetivos de los padres, a lo largo de toda la crianza, es que los hijos confíen en ellos», añade Blima. Se puede trabajar con otros mensajes, como que esa persona no va a sustituir al otro progenitor o que no habrá cambios en la frecuencia de las actividades juntos. «A un adolescente se le puede tratar de forma más adulta y preguntarle, por ejemplo, si quiere conocerle». Es importante, en todos los casos, elegir para contárselo un momento tranquilo, agradable, de buena relación y que permita hablar con calma.

Después de darle a nuestra hija o hijo toda la información y hacer las presentaciones, el vínculo «se va a formar poco a poco», explica Álava, así que la paciencia puede ser una buena aliada. «Al principio es mejor hacer actividades fuera de casa, pasar más tiempo juntos progresivamente, intentando sacar conversaciones de cosas que sepamos que le gustan para que se sienta cómodo… Y no obligarle a darle dar besos o abrazos a la nueva pareja si no nace de ellos». La relación avanza bien, es posible que el próximo dilema de la familia reconstituida sea cómo iniciar la convivencia.

El lastre de los roles de género

Es un momento siempre delicado, pero que se complica especialmente en la adolescencia. Y en concreto en la temprana, sobre los 13, 14 años, explica Gullón a elDiario.es. «Hay que ser cuidadoso e ir echando el freno porque en el contexto evolutivo del adolescente supone una crisis, ya que le pedimos que se desvincule de su padre o su madre y se vincule a una nueva persona adulta que, especialmente cuando es un hombre, suele entrar en la casa intentando poner orden». El paso a la convivencia, añade el experto, suele ser más fácil en la infancia aunque los roles no estén bien marcados porque los niños pequeños responden bien a la autoridad, pero en la adolescencia surge la famosa frase: ‘tú no puedes mandarme porque no eres mi padre’.

Padrastro y Madrastra

Lo que se espera del ‘padrastro’, o más bien el rol que acaba asumiendo, es muy distinto al de la ‘madrastra’ por una cuestión de herencia de roles de género. Gullón incide en que «es un aspecto importantísimo en las familias reconstituidas. «De ella se espera que sea la nueva madre, proveedora afectiva y que se ocupe de las tareas domésticas de la casa. Y de él, la otra cara de la moneda, que sea el sujeto normativo que pone y hace cumplir las normas, además del proveedor económico». Si las nuevas parejas se ajustan a estos roles de género, advierte, se condenan al fracaso.

«Cuando trabajamos con ellos les pedimos que vengan a una consulta con su nueva novia, les preguntamos qué tal se lleva con los hijos, y la respuesta es muchas veces, y con mucha alegría: ‘va perfecto, de hecho se llevan tan bien que cuando están tristes no vienen a mí sino que recurren a ella’. Pero eso no es una buena señal», apunta Gullón. «También es muy común que, cuando es ella la que aporta los hijos a la relación, estos son adolescentes y surgen discusiones, llega el nuevo novio como un caballero andante a decirles que no la pueden tratar así. Esto genera problemas con los hijos y además los traslada a la pareja porque a la madre en el fondo no le gusta que la cuestionen y vengan a rescatarla».

En las familias tradicionales

Normalmente estas personas han llevado el mismo papel en su anterior relación, pero en las familias tradicionales se suele sostener mejor. «La recomendación general es que tienen que abandonar esos roles de género, y que son el padre y la madre quienes se tienen que hacer cargo de sus hijos en todos los aspectos: crianza, afectos, económico…”. Explica Gullón que ven a menudo que «cuando la nueva pareja es un hombre, se genera mucha confusión en cuanto al tema económico, también porque algunos padres biológicos no se hacen cargo de la pensión del menor». Les invitan a hablarlo, y no ignorarlo, porque dar por hecho que va a funcionar como proveedor económico «le hace acumular malestar y explotar de la manera menos apropiada». «Si ellos acuerdan compartir gastos, perfecto, pero hay que abordar este asunto».

Una buena base emocional

Antes de llegar al punto del divorcio, el duelo de separación y la presentación de la nueva pareja, venimos tejiendo un tipo de relación con nuestras hijas e hijos cuyas virtudes pueden cambiarlo todo en un momento de crisis. Es lo que en términos de crianza se conoce como ‘Teoría del apego’: de qué forma establecemos el vínculo con ellos para que se críen en un entorno de seguridad emocional. «Si ha habido una cobertura física y emocional de sus necesidades, en los momentos de cambio, como el de conocer a la nueva pareja de su padre o su madre, esta seguridad funciona como un colchón, un factor protector», dice Blima. Así que, para saber cómo puedo introducir la nueva pareja en la vida que tengo con mi hijo y comprender sus reacciones, primero he de entender qué represento para él en ese momento.

Apego en la niñez media

La psicóloga Kathrynk Kerns hace en su libro ‘Apego en la niñez media’ una diferenciación por etapas en la que afirma que, por ejemplo, en la primera infancia, las figuras paterna y materna son el centro social del menor (su todo), y así es percibido por éste aunque durante un periodo de tiempo quede al cuidado de otras personas. Cuando llegan a la escuela el centro de socialización cambia, pero los progenitores siguen siendo las figuras de apego, dice, insustituibles por amistades y cuidadores. Este vínculo se mantiene incluso en la adolescencia, cuando «el papel de las figuras parentales es estar disponible cuando sea necesario, mientras el adolescente hace excursiones al mundo exterior». Blima explica que «estando presentes en cada momento cuando lo necesitan, escuchándoles y dejando que expresen sus emociones, la sensación que van a tener, aunque aparezca una nueva persona, es que pueden contar con nosotros».

FUENTE: ElDiario.es

Lexatin, orfidal… Todos conocemos a alguien enganchado a estos ansiolíticos pero, cuidado: no son la solución

  • Por PALOMA SANCHO

Orfidal, lexatin, diazepam… están a la orden del día. O bien nosotros mismos o alguien de nuestro círculo cercano, todos tenemos casos de personas que tratan su ansiedad con estos medicamentos. ¿Lo malo? Que no solucionan el problema, generan dependencia y tolerancia. Dos expertos lo confirman.

Parece que le hemos perdido el respeto a eso de tomar ansiolíticos. Todos tenemos en nuestro círculo próximo a conocidos que toman a diario orfidal o lexatin. De hecho, el último informe de la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes revela que España encabeza el consumo mundial lícito de ansiolíticos hipnóticos y sedantes, que en 2020 aumentó un 4,5% y superó las 91 dosis diarias por cada 1.000 habitantes. Con la atención primaria desbordada, parece la solución rápida y fácil cuando tenemos ansiedad u otro tipo de problema relacionado con nuestra salud mental. Pero hay que ser realistas: alivian pero no curan. Bloquean síntomas, pero el problema sigue ahí.

ALIVIAN… PERO NO CURAN

Taquicardia, hiperventilación, tensión muscular, nudo en el estómago… Nadie nos ha enseñado que esto es ansiedad. Tal y como nos explica Silvia Álava, doctora en psicología, psicóloga, profesora de Universidad, conferenciante y escritora, «cuando nos ocurre esto consultamos al médico de atención primaria y, en ocasiones, nos receta ansiolíticos. Pero no nos da estrategias o herramientas para ir al origen del problema, para ayudarnos a ver cómo estamos interpretando la situación, no nos da técnicas para el control de la ansiedad. Por eso se ha aumentado el consumo de psicofármacos». A esto habría que añadir la pandemia de coronavirus, que ha disparado los casos por la incertidumbre en la que vivimos.

También la doctora Rosa Molina, psiquiatra en el Hospital Clínico San Carlos de Madrid, nos comenta que «puede ser que influya la importante presión asistencial en primaria y las listas de espera para llegar a especializada. Esto puede repercutir en que se prescriban con mayor facilidad estos fármacos que permiten un alivio rápido de los síntomas, pero no son el tratamiento adecuado«.

EFECTO RÁPIDO, PERO EN TRATAMIENTOS A LARGO PLAZO

Para que nos quede claro, estamos hablando del grupo de ansiolíticos llamado benzodiacepinas (lorazepam, bromazepam, diacezam, alprazolam, etc), que tal y como nos explica la doctora Molina, «hacen efecto rápido (a los 20-60 minutos) frente a los antidepresivos que son neuromoduladores y cuyo efecto es diferido (tardan hasta semanas en hacer efecto). Esto hace que el paciente siempre prefiera el uso de benzodiacepinas porque son realmente las pastillas cuyo efecto notan». Uno de los mayores problemas que tienen es que «generan dependencia y tolerancia (cada vez necesito más dosis para conseguir el mismo efecto) si se mantienen en el tiempo, lo que las hace potencialmente adictivas si no se usan adecuadamente», advierte la doctora. Y añade que «son un tratamiento de apoyo/sintomático, no un tratamiento principal de ningún trastorno. Es decir, los usamos durante las primeras semanas mientras hacen efecto otros medicamentos principales (ej. antidepresivos), pero nunca trataremos un trastorno de ansiedad generalizada con estos fármacos a largo plazo».

CUANDO NADIE NOS HA ENSEÑADO A MANEJAR LA ANSIEDAD

La psicóloga Silvia Álava insiste en que tomar un orfidal conseguirá que «se bloqueen los síntomas, te ayudará a sentirte mejor, pero no te cura. No van al origen del problema». E insiste en que serían necesarios más psicólogos y más terapias. «Hay un estudio PsicAP (Psicología en Atención Primaria) que confirmó que siete sesiones de tratamiento grupal realizadas por un psicólogo a personas con ansiedad en las que se les enseña técnicas de relajación y se les ayuda a interpretar la situación que están viviendo de forma diferente, les hacía mejorar más que con ansiolíticos», nos cuenta.

Y es que, una vez más, la clave reside en cómo vemos, vivimos e interpretamos la realidad. «Porque cuando la magnificamos es cuando aparece la ansiedad. Por eso es tan importante dar herramientas a la gente», nos cuenta.

PSICOEDUCACIÓN

Rosa Molina insiste en que sería necesaria más «psicoeducación (a través de los colegios, los padres, etc), saber distinguir lo que son emociones normales que tenemos que aprender a manejar, de lo que realmente es un trastorno». Además, bajar el ritmo de vida de una sociedad rápida, lo que se conoce como slow living. «Hay gente que viene a consulta con niveles de estrés muy elevados y dicen «sé que el problema es mío pero no puedo bajar el ritmo». Y aquí no hay pastilla que valga, toca bajar el ritmo, esto es lo más importante».

El lenguaje también nos traiciona. «Intenta no decirte no puedo, es horrible, esto es imposible… La clave es dar con esa interpretación objetiva y decirte esto es difícil pero lo haré poco a poco, y recurrir a técnicas fisiológicas de relajación (respirar de forma conscientemindfulness…)», recomienda Silvia Álava.

No hay que negar o rechazar el uso de los ansiolíticos porque tienen un papel importante, pero «su uso no debería extenderse más de unas semanas», advierte la doctora Álava. Ayudan a aislar la emoción, alivian, pero no curan.

FUENTE: Telva.com

Tras el fin del estado de alarma, debemos mantener la precaución y respetar los tiempos de cada uno.

Primer día sin estado de alarma después de más de seis meses. Muchos han aprovechado que no hay restricciones a la movilidad para salir de su autonomía y hacer turismo o reencontrarse con amigos y familiares. Y en la primera noche hemos visto celebraciones multitudinarias en gran parte del país. Debemos mantener la precaución y respetar los tiempos de cada uno.

De todo ello hablamos en el Telediario de TVE:

Cómo ayudar a tu hijo a ser él mismo y no dejarse influenciar por los demás. Colaboración con La Vanguardia

Que los niños se dejen llevar por los otros depende en gran medida de los padres y de sus pautas educativas.

Por ROCÍO NAVARRO MACÍAS

El ser humano es tremendamente influenciable, solo hay que dirigir la atención al poder que han atesorado los llamados influencers en las redes. Desde la pubertad, o incluso antes, los niños emulan, por ejemplo, los bailes, estilo y forma de hablar de los tiktokers. Pero su permeabilidad ante ellos no depende tanto del entorno o de lo que hagan esas personas como de las figuras que se encargan de su cuidado más directo. El influjo que ejerzan los padres será clave para que los pequeños se dejen influenciar por amigos o personajes o se mantengan firmes ante su propio criterio. Así que si a uno le preocupa que su hijo sea él mismo y no se deje llevar por otros a medida que crezca, tiene mucho margen para actuar en sus manos desde que es pequeño.

“Los niños son tremendamente influenciables porque tienen que aprender la forma de aproximarse al mundo. Cuando nacen, su mente es como una hoja en blanco, y en función de lo que ven, de cómo se comportan los demás y de todos los estímulos que reciben construyen su imagen del mundo”, comparte Silvia Álava, doctora en psicología clínica y de la salud.

Cuanto más pequeños son, más copian a sus figuras de referencia, y el comportamiento de estas determinará si en el futuro los niños serán asertivos con sus propias opiniones o desarrollarán una personalidad manipulable. “Es importante que tengamos presente que el entorno familiar es el que va a ejercer mayor influencia”, advierte Francisco Castaño, profesor de educación secundaria, autor del libro La mejor versión de tu hijo (Plataforma Editorial, 2020) y cofundador del proyecto Aprenderaeducar.org.

La influencia negativa

Muchos progenitores ven replicado su comportamiento en sus hijos. Esto sucede porque los niños son grandes observadores y la influencia es algo que no solo se ejerce con mensajes conscientes, sino también a través del comportamiento cotidiano. “Los padres son el espejo en el que se miran. Pero lo que va a influir, sobre todo, en la personalidad de los más pequeños, con otras personas, con sus iguales, con su pareja cuando sea mayor, con sus futuros hijos… es cómo responden los adultos a las pequeñas interacciones del día a día”, explica Álava.

Por ejemplo, si el niño vive en un entorno en el que se falta al respeto de forma habitual, entenderá que este es un código válido. Esto sería un ejemplo de influencia negativa. “Por ejemplo, si un padre pierde los nervios y grita a su hijo, también perderá legitimidad al decirle que no se debe gritar. El niño probablemente lo hará”, añade la psicóloga. 

Algo en lo que coincide Castaño: “Suelo decir que educamos más con lo que hacemos que con lo que decimos. Si estamos con el móvil en la mesa, ellos también. Si no ordenamos la ropa, ellos tampoco. Hemos de tener presente que si queremos que los hijos actúen de algún modo en concreto, nosotros debemos hacerlo igual”.

Educar a réplicas

Otra forma de influencia negativa es desear que los hijos cumplan las expectativas que sobre ellos tienen los padres. “A veces se pretende que sean iguales a nosotros o, mejor dicho, que actúen de acuerdo a las expectativas que se tienen de ellos. Esto es negativo, ya que lo que se ha de conseguir es que cada hijo llegue a ser su mejor versión, no la que los padres tienen pensado para él”, aclara el educador. 

Por ello, Castaño anima a reconocer a los hijos tal cual son, no intentar modelarlos según un patrón. “Es importante aceptar sus gustos y aficiones. No intentar influenciar en gustos musicales, en modo de vestir o en amigos”, comparte.

No obstante, la influencia no tiene que ver tanto con la persona en sí, sino con el tipo de mensaje que se ofrece. “Si el comportamiento va a conseguir que el niño mejore y crezca, la influencia será positiva”, comparte la psicóloga. 

Estas son algunas pautas para ejercer un influjo que enriquezca a los pequeños:

Fomentar la asertividad. Que sea capaz de decir lo que siente y piensa

Uno de los fundamentos para que los niños puedan desarrollar su propio criterio y no dejarse llevar por opiniones de iguales o personajes virtuales es educarlos en la asertividad. “Es muy importante ejercer un modelo de asertividad que no sea un rasgo de personalidad, sino un estilo de comportamiento. Lograr que sea capaz de decir lo que se quiere y piensa teniendo en cuenta que el interlocutor puede tener una opinión diferente”, sugiere Álava.

Y subraya la importancia de la forma en que estos mensajes se manifiestan. “Hay que hacerlo sin herir los sentimientos del otro y respetando que pueda decir algo distinto”, añade. Por ello anima, por ejemplo, a resolver conflictos de forma asertiva. Por ejemplo, si un niño recibe un empujón es importante indicarle que la respuesta más adecuada es decir: ‘No me gusta que me empujes o que me hables así’. “De esta forma, tendrán habilidades y recursos para desenvolverse con éxito en la vida. También serán menos manipulables”, indica Álava.

Desarrollar el sentido lógico. Establecer límites razonados y dar margen a que decidan

Otra herramienta necesaria para evitar que los niños caigan en influencias poco deseables es favorecer el sentido lógico. “Para favorecer este comportamiento conviene preguntarles qué piensan y qué opinan. Siempre desde un entorno con límites, pero muy razonados y explicados”, matiza Álava. Muchas veces, las normas no se aplican de esta forma, sino recurriendo al poder del adulto y al “porque lo digo yo”. Pero esta actitud puede desencadenar también en una falta de iniciativa. “Si se educa dando órdenes, sin razonar como: ‘Hazte la mochila, recoge la ropa, ve al baño…’, esto repercute en que solo realizarán ciertos quehaceres cuando se les diga. Lo ideal es que ellos tomen decisiones sobre lo que está a su alcance”, aconseja Castaño.

Distinguir entre opiniones y hechos. Enseñar que los mensajes no siempre son verdad

Mantener la influencia de los otros a raya dependerá también del aprendizaje del conocimiento científico que tengan. Gracias a ello, serán capaces de distinguir entre opiniones y hechos. “Muchas personas se dedican a opinar, pero no hablan de hechos objetivos. Desde pequeños deben conocer lo que son las opiniones, y que cada persona puede tener una propia y diferente. Cuando son más mayores y hablamos de redes sociales es importante hacerles ver que los mensajes que se comparten no tienen por qué ser verdad. Cuanto más capaces sean de distinguir qué es un hecho y una opinión, menos influenciables serán”, concluye la psicóloga.

FUENTE: LaVanguardia.com

Vídeo-Guía #AprenderJugando, descárgala gratis

Los niños pasan mucho tiempo jugando. Jugar no es sólo divertirse, cuando los niños juegan están aprendiendo y se consolidan muchos procesos cognitivos. A través del juego se adquieren conocimientos, valores, además de generarse emociones agradables.

Queremos que los niños y niñas aprendan lo máximo posible, que no se retrasen en el colegio, que sigan el ritmo impuesto por el centro educativo, y en ocasiones se nos olvida que muchos aprendizajes se pueden realizar a través del juego.

La neuropsicología nos muestra que el aprendizaje se consolida mejor a través de las emociones agradables. Pensar que los niños tienen que sufrir o pasarlo mal para aprender no tiene ninguna base científica. Lo que se aprende jugando se retiene y se reproduce mejor.

Seis grandes beneficios del juego infantil:

  1. Cuando los niños juegan, adquieren autonomía, dado que según van creciendo les iremos pidiendo que cada vez se entretengan solos durante más tiempo, que sean ellos quienes decidan a qué jugar y que sean capaces de dirigir su juego.
  2. El juego aumenta la seguridad de los niños y la confianza. Ellos son los que dirigen el juego y conocen las reglas, lo que hace que se sientan líderes y capaces.
  3. El juego también sirve para desarrollar la autoestima, dado que los niños aprenden a conocerse, saber cuáles son sus fortalezas y cómo mejorar sus habilidades.
  4. A través del juego también se desarrollan habilidades sociales, especialmente en las interacciones grupales, ya que hay que aprender a negociar, a ceder, a seguir las reglas… todas ellas habilidades esenciales en la vida adulta.
  5. El juego sirve para desarrollar múltiples procesos intelectuales, como el razonamiento lógico y abstracto, la memoria, la atención, la organización espacial, la función ejecutiva…
  6. Muchas de las competencias emocionales necesarias para tener éxito en la vida se pueden desarrollar a través del juego.

Conociendo los beneficios del juego, ¿a qué esperar para aprender jugando? Descárgate gratis nuestra vídeo-guía #AprenderJugando:

«Nos enfadamos mucho con los hijos, somos los padres los que debemos cambiar» Colaboración con ABC

Por Laura Peraita

¿Cuántos padres se sienten en alguna ocasión desesperados porque sus hijos no paran quietos y tienen que estar todo el día regañándoles?

¡Calma! «Los niños no es que sean malos, ¡es que son niños!», al menos así lo asegura la Doctora en Psicología Silvia Álava. «Son niños y, de vez en cuando, tienen algún comportamiento que es incorrecto. Eso no significa que sean malos. Lo primero que hay que hacer es pensar, «esto que está haciendo mi pequeño, ¿es lo que yo espero?». A veces los padres pueden resultar demasiado exigentes y tienen expectativas muy altas. Si yo espero que mi hijo se siente a comer y esté quieto sin moverse ni molestar, lo mismo tengo que bajar mis expectativas porque los niños se mueven y hacen ruido».

Otra cosa diferente, añade, es cuando se observa que actúan con cierta maldad, que insultan, pegan…, que no son capaces de conectar con las emociones ni los sentimientos de las personas que les rodean, no son conscientes del daño que hacen y, además, no se arrepienten ni piden perdón. «Eso es diferente y ahí sí tendríamos que trabajarlo con ellos».

Yo valgo

Lo habitual es que a partir de los dos años entren en una etapa de rabietas porque empiezan a sentirse personitas lo suficientemente mayores como para darse cuenta de que «yo valgo», y es la forma de demostrárselo a sus padres con esa rabia. «Este tipo de comportamiento no implica un problema, pero si cuando supera los cuatro años continua con estos estallidos emocionales tan fuertes con los que se hace daño y hace daño a los demás, entonces los padres sí que deben pararse y observar qué le está pasando, las causas para analizar su comportamiento y cómo le podemos ayudar. Entre otras cosas, habría que sentarse a su lado y hablar sobre lo ocurrido: ¿por qué has hecho eso? ¿Cómo te has sentido? ¿Cómo crees que se han sentido los demás? De esa forma va a ser mucho más productivo que un grito o castigo».

Fomentar el sentido crítico

No obstante, la autora de «Queremos hijos felices» apunta que los niños copian el comportamiento que observan en sus adultos de referencia, sus familiares, profesores y en los compañeros de clase y gente que ven en las redes sociales. «No se trata de prohibirles todo aquello que no sea de nuestro convencimiento para que solo vean el mundo que yo quiero mostrarles, sino fomentar en ellos el sentido crítico de que lo que están viendo, que quizá no es nuestro modelo ideal. En ese caso —matiza— podemos ver con ellos esos vídeos en redes sociales y reflexionar con ellos, plantearles ¿tú que opinas? ¿Qué piensas de lo que hacen? Si se va con otro discurso, con el de «mira qué mal lo están haciendo, qué barbaridad», es una fórmula que no funciona porque, incluso, les estamos transmitiendo cierto atractivo para ellos. Es mejor comentar, saber qué opinan e intentar cambiarles la idea inicial si era equivocada o perjudicial».

Agotados

Lo que ocurre en su opinión es que los adultos están a veces tan agotados que cualquier cosita que haga un niño, por pequeña que sea, les enfada. «Vamos a pararnos y a no poner el foco solo en lo que hace o dice mi hija, sino en lo que yo hago porque, en ocasiones, las primeras personas que deben cambiar somos nosotros. Hay que resetear y ver cómo arreglar la situación para no gritar porque el grito nos suele salir en automático debido a que tengo mucha prisa en que el niño desayune para ir corriendo al cole y no llegar tarde a la oficina. Eso no ayuda a la educación».

Añade que, para conseguirlo, los padres deben estar en sintonía «porque lo del poli bueno y poli malo no funciona. Las normas y los límites siempre tienen que estar marcados por los dos miembros de la pareja. Otra cosa es que como tenemos personalidades diferentes lo gestionemos de forma distinta, pero la norma y el límite tiene que ser siempre el mismo», concluye.

FUENTE: Diario ABC

#Vídeo ¿Qué es la mentalidad de crecimiento y cómo potenciarla?

Seguro que observando a tus hijos e hijas, o a tus alumnos y alumnas, te has dado cuenta de que mientas a algunos les motivan los retos, se crecen ante la adversidad, y les gusta enfrentarse a nuevas tareas, hay otros que no quieren enfrentarse a los desafíos, se bloquean ante los retos y el miedo al fracaso hace que no quieran hacer tareas, a priori, más difíciles, porque creen que pueden fallar y que la gente se dará cuenta de que no son tan inteligentes. ¿Sabes que el tipo de mentalidad que tiene cada uno de ellos podría explicar estas reacciones? por eso hoy nos preguntamos ¿Qué es la mentalidad de crecimiento y cómo potenciarla?

Según la investigadora Carol Dweck, a la hora de enfrentarnos a los retos de la vida podemos tener dos tipos de mentalidades, no te pierdas este vídeo para enterarte de todo:

La cartera de papá y mamá no es infinita, cuanto antes lo sepan mejor

Aunque les cueste entenderlo al principio, para los niños el dinero es un concepto abstracto, la psicóloga Silvia Álava aconseja enseñarles el valor que tiene.

CRISTINA RAPOSO Miércoles, 28 abril 2021, 22:21

Nos guste o no, el dinero es parte de nuestras vidas. Muchos lo consideran el «elixir» de la felicidad del ser humano. ¡Qué disparate! Pensaran. Y tal vez estén en lo cierto, pero es innegable que ayuda. La crisis económica que ha dejado a su paso (y sigue dejando) el omnipresente virus ha abierto una gran brecha en la cartera de miles de personas. Y en una sociedad en la que reina el consumismo, no es tan descabellado asegurar que, al menos, sí que aporta tranquilidad. Quienes no son capaces de llegar a comprenderlo del todo son los pequeños. Y es normal, para ellos el dinero no es más que un concepto abstracto con el que papá y mamá «compran cosas». Habrá quien considere que «ya tendrán tiempo para ser responsables con sus finanzas». Sí, desde luego, pero cuanto antes lo aprendan mejor. No olviden que son pequeñas esponjas que absorben los comportamientos y costumbres de sus mayores. «Aunque les cueste entenderlo al principio, hay que educarles el valor que tiene el dinero. Tienen que ver de primera mano que las cosas cuestan un dinero. Que participen es muy beneficioso, pero también que conozcan de dónde sale», sostiene Silvia Álava, psicóloga del gabinete madrileño Álava Reyes.

La responsabilidad de su propio dinero

Lo que recomiendan los psicólogos es que se les dé una pequeña paga semanal (a partir de los ocho años está bien). De este modo, ellos mismos adquieren la responsabilidad de su propio dinero. «Tienen que aprender que cuando se acaba no hay más. Gestionarlo es el mejor modo para que le den el valor que realmente tiene», apunta la experta. Y reconoce que es «muy bueno» que nos acompañen a hacer las compras, que les hagamos algún encargo relacionado con ellas, o incluso que la revisemos. «Además de practicar y perfeccionar el cálculo matemático, de este modo comprobamos si nos han devuelto bien el cambio, o si podemos comprar algo más con las vueltas. Lo importante es que estén acompañados y que vayan viendo cómo funciona la vida», explica.

Ojo con premiar cualquier acto

Con lo que hay que tener cuidado es con financiarles «a demanda» o con premiarles porque han cumplido «alguna tarea». Deben aprender que una familia coopera y trabaja junta, y premiarles monetariamente por haber recogido la mesa está lejos de ser una buena idea. «No han de ser cantidades muy excesivas. Aunque en la familia no existan problemas económicos, no es bueno que los niños o los adolescentes tengan mucho dinero porque no sabrán valorarlo. Tienen que aprender lo que cuestan las cosas. Tener mucho dinero solo les generará problemas y frustración. Y así no aprenderán a ahorrar porque no les será necesario», subraya Álava.

Es cierto que la vida cada día está más cara. Ahora ir al cine y tomarte un refresco con unas palomitas casi que es un artículo de lujo. Pues más aún para los menores. Pero no sientan lástima. Ojo, que tampoco hay que apartarles de su círculo de amigos y negarles el participar en cualquiera que sea el plan (también nos podemos estirar dándoles una propinilla mayor de vez en cuando). Pero deben aprender o, más bien, experimentar lo que la experta llama «la bienvenida al mundo real». «Muchos padres me dicen que si no les dan mucho dinero no pueden ir al cine y comprarse unas palomitas o quedarse a cenar después. Y sí, es así. Pero en la vida tenemos que aprender a elegir. Puedes entrar a una tienda y que te encanten tres vestidos, pero realmente, solo puedes comprar uno. Se trata de un aprendizaje vital. Si no les enseñamos esto, de mayores estarán frustrados. No se puede hacer todo. Hay que enseñarles que a veces hay que escoger, y que, en ocasiones, hay que coger un trabajo extra», manifiesta la profesional.

La tarjeta «infinita»

Algo crucial también es que nos vean pagar en metálico porque la tarjeta para los niños es como el bolsillo mágico de Doraemon, pide y se te dará. «Conviene que nos vean pagar con dinero porque estamos hablando de una cosa abstracta para ellos y deben ver el billete, en físico. Tienen que ser conscientes de que la tarjeta tiene un límite. Es muy recomendable explicarles que nuestro dinero está en el banco y que cada vez que pagas se descuenta», avanza la psicóloga.

Y si nuestro adolescente de hormonas revueltas nos lanza la posibilidad de querer buscarse un trabajo, calma, que ello no quiere decir que vaya a abandonar los estudios. Ni mucho menos. De hecho, es una gran oportunidad para que comience a familiarizarse con el mundo laboral y el de las finanzas. Sus finanzas. «A veces, ese trabajo se lo podemos dar nosotros mismos. Como pedirle que nos pinte y lije la verja. No hay que ser unos padres autoritarios, hay que dejarles que vayan experimentando la capacidad de decisión. Y, lo más importante, qué es lo prioritario», aconseja.

FUENTE: elcorreo.com

Ansiedad, tristeza o irritabilidad: así afecta al desarrollo de los niños el confinamiento por el Covid 19

  • «Los tres meses que estuvimos encerrados en casa afectan a los niños», deja claro la psicóloga Silvia Álava.
  • La experta insiste en que los niños tienen que jugar al aire libre y con otros niños.
  • Debido al confinamiento, los niños sufren más trastornos en el estado de ánimo.

Coincidiendo con el día del niño, ‘Cuatro al día’ se ha puesto en contacto con Silvia Álava, para saber cómo afecta el confinamiento por la pandemia del coronavirus al desarrollo de los más pequeños. 

«Tenemos que saber que todo lo que hemos vivido, los tres meses que estuvieron metidos en casa confinados y las restricciones que ha habido cuando hemos podido volver a salir, afectan al desarrollo de los niños. Hay más trastornos de ansiedad, de estado de ánimo, más tristes, más irritables, más irascibles… Hay algunos niños que han vivido situaciones de duelo muy complicadas y todo esto hay que tenerlo en cuenta», explica. 

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como afecta el covid a los niñosLa psicóloga Silvia ÁlavaCUATRO.COM

Además, la experta fomenta que los niños jueguen al aire libre y con otros niños. «Los niños necesitan jugar con otros niños, necesitan estar con más niños para cosas fundamentales. Cuando juegan entre varios tienen que ponerse de acuerdo en el juego, van a entrenar habilidades sociales y capacidades de negociación que van a ser muy importantes en su futuro. También van a trabajar la psicomotricidad gruesa, las destrezas finas, un montón de desarrollos cognitivos, como la memoria, la atención, de planificación, habilidades emocionales…». 

«Es importante fomentar que jueguen al aire libre y que jueguen a lo que ellos quieran, que no estén siempre guiados por un adulto o por una máquina, que dejen volar su imaginación«.

FUENTE: Cuatro.com