Cuando el ‘Blue Monday’ no es el único día triste del año: cómo gestionar los momentos de bajón

Partiendo de la base de que el Blue Monday es una teoría inventada con fines comerciales, hay que reconocer que para alguien puede serlo y estas son algunas de las herramientas para afrontar los días ‘grises’

Por Y. Derbyshire

Ya está aquí de nuevo el ‘Blue Monday’,

Y aunque uno quiera huir de él, las infinitas publicaciones en redes y los numerosos titulares en medios sobre ‘el día más triste del año’ complican esta faena. Dicha efeméride tan derrotista justo al iniciar un año nuevo caracterizado propósitos e ilusiones fue ideada por un psicólogo a partir de una fórmula sin ninguna base científica y que en su momento surgió para una campaña publicitaria con fines comerciales, pero ¿el mero hecho de que exista este día nos puede llegar a afectar nuestro ánimo?, ¿nos incita a ‘estar de bajón’ el ‘lunes azul’?, y ¿cómo se pueden gestionar las emociones para que no se apoderen de ti?.

La fórmula ideada por el psicólogo Cliff Arnall 

Está compuesta por varios factores cómo el clima o los propósitos de año nuevo fallidos y puede ser que hayas tenido una recaída en ese enésimo intento de dejar de fumar pero la realidad es que la teoría del Blue Monday simplifica y generaliza los factores que entran en juego en la felicidad de toda la población, ya que presupone que a todas las personas les impactan igual esos factores.

¿Sugestión?

Aunque este concepto sea totalmente subjetivo y generalizado, tal y como nos explica Silvia Álava, psicóloga y escritora de la reciente publicación de ‘¿Por qué no soy feliz? Vive y disfruta de la vida sin complicaciones’, el mero hecho de que existe este día puede acabar sugestionando y convenciendo a determinadas personas de que realmente es el peor día del año.

Existen dos grupos de personas, aquellos que seguirán con su vida de forma totalmente normal y otros que ligarán cualquier desgracia, por muy pequeña que sea, con el ‘Blue Monday’. Álava ese basa en el concepto del sesgo de la confirmación para explicar cómo funciona el proceso mental en aquellas personas que se pueden ver más influenciadas por el ‘lunes azul’. En este sentido, la experta hace hincapié en que es imposible procesar todos los estímulos que se reciben a lo largo del día y subraya que a menudo seleccionamos aquellos que confirman nuestras hipótesis. Ejemplifica con el siguiente caso: ‘Si alguien se levanta pensando que hoy va a ser el peor año del día, y se atasca la cafetera, enseguida lo vinculan con que es porque es el peor día del año». Es decir, cualquier cosa que pueda suceder y que confirme la teoría que tenemos en la cabeza, lo van a procesar y vincular con el ‘Blue Monday’

Cómo gestionar los días ‘blue’

Aunque se reconozca el ‘blue monday’ y se concentre toda la atención en este día, todos somos conocedores de que los días ‘blue’ o tristones pueden suceder en cualquier fecha del año ya sea porque haya sucedido algo puntual o incluso por cambios hormonales, estacionales, etc. Por ello, Álava recuerda que se pueden gestionar estas emociones para evitar que se apoderen de nosotros y que se convierta en una rutina subrayando que «es importante contar con recursos y herramientas para poder canalizar esos momentos malos y no dejarnos arrastrar por esa «miseria»».

En este sentido explica algunas de las claves de su último libro que explica en detalle exactamente eso, cómo disfrutar plenamente de la vida y aceptar que la tristeza es una emoción como cualquier otra, ya que «es normal que la sintamos porque nos da informa de que nos ha pasado algo».

Perder el miedo a sentir

Partiendo de esta base, hace hincapié en varios principios básicos para gestionar bien las emociones. Primero, según Silvia, debemos entender que es ser feliz y ajustar las expectativas y ajustar la realidad y no pretender estar bien en todo momento porque no es una meta realista. Asimismo, perder el miedo a sentir, hacer un análisis de lo que estamos sintiendo y tener herramientas para entender las emociones que estamos atravesando también nos ayudarán a salir del paso. A este respecto, no debemos darle importancia a los días malos por y tampoco interpretarlo como un fracaso y aceptar que vamos a sentir emociones desagradables.

Además de entender nuestras emociones y aceptarlas por lo que son: momentos pasajeros, la experta finalmente apunta que siempre debemos poner el enfoque en todo lo que podemos hacer para hacernos sentir mejor y señala varios factores que puede controlar y desarrollar cada uno:

  • Contar con una red social de amigos rica para desahogarse, distraerse y en los que apoyarse.
  • Cuidar de nuestra familia que es una fuente de emociones y potenciar aquellas positivas.
  • Comunicarnos de manera asertiva y pedir lo que necesitamos y no dar por hecho que si necesitas algo o estás sintiendo algo, tus seres queridos van a saberlo por arte de magia, ya que también puede llegar a generar conflicto. En definitiva, tal y cómo dice Álava «Si necesitas algo, pídelo».
  • Expresar emociones positivas cómo sonreír, puesto que estas actitudes además de contagiarse también son más atractivos hacia fuera
  • Aprender a disfrutar de cada momento y no dar nada por los instantes de felicidad.

¿Y si se convierte en una rutina?

A veces, estos días de bajón se transforman en semanas, meses e incluso años y esto puede ser una indicación a que existe un problema más grave. A día de hoy la salud mental es una cuestión que cada vez está cobrando más importancia y cuándo estos bajones se prolongan en el tiempo e interfieren en nuestro día a día, ya sea porque salir de la cama sea una lucha diaria o una constante falta de motivación, uno debe acudir a un psicólogo y pedir ayuda. En este sentido, Álava explica que existen numerosas señales que pueden indicar que tenemos algún trastorno de salud mental aparte de la tristeza constante, existen varios problemas físicos que también pueden indicar que existe un problema grave de salud mental ya sean erupciones cutáneas, problemas gastrointestinales, alteraciones en el apetito drásticas o problemas de insomnio y ante cualquier duda debemos pedir ayuda.

FUENTE: elconfidencial.com

Pocos días del año se habla más sobre felicidad que en este famoso Blue Monday o, supuestamente, el día más triste del año.

Por Elena Santoslun

La psicóloga Silvia Ávila. (Photo: Pablo Blazquez / Harper Collins)
La psicóloga Silvia Ávila. (Photo: Pablo Blazquez / Harper Collins)

Pocos días del año se habla más sobre felicidad que en este famoso Blue Monday o, supuestamente, el día más triste del año. Una etiqueta que no se cree Silvia Álava, doctora en psicología clínica y de la salud y autora de varios libros, entre ellos ¿Por qué no soy feliz?, que acaba de llegar a las estanterías.

Defensora de no denostar la tristeza y de que la felicidad tiene mucho que ver con conocerse a uno mismo y saber regularse, cuenta a El HuffPost qué piensa de todos esos mensajes hiperpositivos de ‘si quieres, puedes’ o cuál es su experiencia en consulta desde que estalló la pandemia.

Este lunes es el llamado Blue Monday, ¿qué opinión te merece este día?

Lo primero que tenemos que saber es que el Blue Monday no existe, no está basado en ningún tipo de evidencia científica, salió de una acción de marketing de una compañía aérea. ‘Es lunes, cuesta de enero, hace frío, no estamos consiguiendo objetivos… en base a eso montamos una campaña publicitaria diciéndole a la gente: ¿Cómo estar mejor en el Blue Monday? ¡Cógete un billete de avión!’.

Vamos a ser serios, eso del Blue Monday no e-xis-te. Cada uno puede sentir tristeza un día del año y, es más, tampoco tendríamos que demonizar la emoción de la tristeza o colgarle ese sambenito de que es una emoción mala. No es mala, es desagradable. A nadie nos gusta sentir tristeza, pero es buena, porque nos da información de que nos ha ocurrido algo y nos permite hacer una labor de introspección para buscar la solución.

A nadie nos gusta sentir tristeza, pero es buena, porque nos da información de que nos ha ocurrido algo y nos permite hacer una labor de introspección para buscar la solución

Otra cosa diferente es cuando no tenemos un día triste, por una cosa puntual que nos esté generando tristeza, sino que estamos con un estado de ánimo muy bajito un día detrás de otro durante meses. Empezamos a sentir que no tenemos fuerza, que no tenemos energía, que nos cuesta mucho experimentar emociones agradables, que nos cuesta la carga del día a día… ahí sí que habría un problema.

Cuando tropezamos con un mal día, no una racha de éstas de las que hablas, ¿qué podemos hacer, qué estrategias hay para remontarlo?

Todos tenemos días buenos y malos, que estar bien las 24 horas del día y los 365 días del año es una falacia. Lo importante es contar con herramientas y estrategias que nos ayuden a entender lo que nos está pasando. Hay pacientes que me dicen ‘Ni yo mismo me entiendo, no sé qué me pasa’. Lo primero es aprender a identificar las emociones para a partir de ahí trabajar en la causa.

Y lo que es más importante, en cómo lo regulo: qué estrategias puedo hacer para que, en un momento determinado, esta emoción a la que he dado importancia, a la que ya he puesto nombre decir ‘oye, la voy a parar un poquito o la voy a poner en stand by, voy a intentar hacer cosas que me eleven el estado de ánimo o, si hace falta, voy a coger una canción y voy a utilizar la música como facilitador emocional para generar otro tipo de emoción…’.

¿Cuál sería tu definición de felicidad?

Por ahí empieza el libro, con qué es ser feliz y qué no es ser feliz. Ser feliz no significa que tenga que estar bien, que todo tenga que ser divertido, fantástico, esos mundos de yupi o el país de la piruleta… Ser feliz implica entender la vida y comprender muy bien cómo me estoy sintiendo, qué es lo que me está pasando, y contar con estrategias y herramientas que me permitan incrementar el bienestar emocional, sentirme mejor o más a gusto.

Portada de '¿Por qué no soy feliz?'. (Photo: HARPER COLLINS)
Portada de ‘¿Por qué no soy feliz?’. (Photo: HARPER COLLINS)

¿Se tiende mucho a creer o a pensar que la felicidad es un destino o un estado que tiene que ser permanente?

Es que hay muchísimos mitos respecto a la felicidad: ‘la felicidad hay que buscarla, ¡sal a encontrarla!‘. No, perdona, ni hay que salir a por ella ni es un destino, más que nada está en ‘vamos a conseguir este bienestar emocional en nuestro día a día’. Sentirnos bien, en calma, en paz, a gusto con nosotros mismos, sintiendo que nuestra vida va más o menos dirigida donde queremos, pero entendiendo que tendremos días malos, que vamos a sentir emociones desagradables y que aunque haya veces que quiero ir a ese sitio que me he propuesto, también a veces iré en dirección contraria. Pero cuando yo ya sé que voy en dirección contraria, ya sé que en un determinado momento tengo que dar marcha atrás.

El problema es muchas veces, muchas personas que vienen a vernos y que te dicen ‘Yo no sé cómo he llegado a esta situación. Cuando me he querido dar cuenta ya estoy donde no quería estar’. Y muchas veces eso es por una ausencia de toma de decisiones, ‘he ido en la vida con el piloto automático puesto donde me ha ido llevando y nunca me he parado a decidir qué es lo que yo quiero hacer’.

Mencionas la palabra calma asociada a felicidad, pero a veces se asocia a grandes hitos de nuestra vida o a grandes momentos, ¿no es contradictorio?

Al final lo que hacemos es reivindicar esas emociones de intensidad baja, de energía baja, como puede ser la calma. Es que no podemos estar todos los días haciendo cosas muy intensas emocionalmente. El truco está en aprender a vivir más desde la calma, desde la serenidad, desde disfrutar las pequeñas cosas del día a día.

El truco está en aprender a vivir más desde la calma, desde la serenidad, desde disfrutar las pequeñas cosas del día a día

Recuperamos por ejemplo uno de los experimentos clásicos de Martin Seligman que decía ‘vas a escribir tres cosas cada día que te han hecho sentir bien’. Y no tiene que ser ¡euforia!, ¡alegría!, a lo mejor es esa paz. Y tal y como tenemos la situación hoy en día con esta crisis que ya va para dos años, vamos a reivindicar esta emoción de la calma y de la serenidad porque nos hacen falta.

El libro lo has escrito durante la pandemia, que ha impactado en la felicidad de todos. ¿Cómo ha sido tu experiencia en consulta en este tiempo?

He notado que la pandemia nos ha pasado una factura de salud mental a todos: niños, adolescentes y adultos. ¿Qué es lo que nos encontramos los psicólogos? No hay más que verlo, las consultas están a reventar. Ya veníamos con una salud mental un poquillo más frágil y la pandemia ha sido ese remate, por así decirlo.

¿Qué nos ha ocurrido? Que antes de la pandemia todos teníamos pequeñas estrategias de regulación emocional de las que no éramos conscientes, que servían para eso de recargar pilas. Podíamos tener días estresantes, pero luego teníamos esas válvulas de escape de ’voy a quedar con mis amigos, me voy a tomar algo, voy a hacer una escapadita…′ y la pandemia nos lo ha cortado.

Antes de la pandemia todos teníamos pequeñas estrategias de regulación emocional de las que no éramos conscientes

¿Qué es lo que tenemos que hacer? Un esfuerzo mucho más real, me tengo que parar a ver qué es lo que me está pasando, porque con todo esto experimento situaciones mucho más desagradables, pero las estrategias que tenían ya no funcionan porque muchas de ellas ya ni las puedo llevar a cabo porque el momento no lo permite. Tengo que aprender estrategias nuevas.

Se ha incrementado mucho el número de consultas en niños, en adolescentes leía el otro día que un 250%. En ellos se han incrementado mucho los trastornos de conducta alimentaria, de ansiedad, muchísmo las ideas autolíticas (de suicidio y autolesiones); en niños hemos visto que se ha incrementado muchísimo la ansiedad, incluso trastorno de estrés postraumático, trastornos del estado de ánimo y depresión. Y en adultos, más de lo mismo. Se ha incrementado mucho tanto en la prevalencia —es decir, la cantidad de casos—, como en la gravedad.

Vaya panorama…

Es el real, en ningún momento en el libro queremos ofrecer una visión edulcorada de ‘¡piensa en positivo y las cosas salen bien!’ Eso no funciona. Pensar que ‘tú puedes’ no funciona, a veces es que nos estamos poniendo una meta que es inalcanzable. Una parte importante es aceptar nuestra realidad y aceptar las cosas como son.

Precisamente quería preguntarte sobre si han hecho daño o han sido contraproducentes todos esos mensajes ultrapositivos, ya veo que sí.

Sí, porque al final nos hemos creído el ‘si piensas en positivo, todo va a ir bien’ y parece que entonces si me va mal es porque no lo he pensado suficientemente en positivo. No, no, es que hay veces que no se puede, lo siento mucho. Una labor fundamental es ‘analízate, conócete a ti mismo’. ¡Esto ya estaba escrito en el Templo Apolo de Delfos en la Antigua Grecia! Si te conoces a ti mismo sabrás que hay cosas que puedes hacer, pero otras que no, por mucho que te digan ‘si quieres, puedes’. Es mejor aceptar en todo momento cuáles son nuestros puntos fuertes, pero también cuáles son nuestras limitaciones para poner el foco en lo que en un determinado momento sí se puede.

El país de la piruleta no existe, a veces se trata de dejar de ser tan terrorista, tan tremendista, tan catastrófico en nuestra forma de ver el mundo. ‘Todo está mal, todo va mal’, ¡no! Hay muchas cosas que son muy complicadas y muy desagradables, y sí que es verdad que hay catástrofes, pero concretas, no todo está mal. Se trata de aprender a ser realista, no idealista tampoco.

Y esto en tiempos de las redes sociales, en las que solo vemos la cara bonita de los demás, también lleva a mucha frustración, ¿no?

Hay un capítulo que lo hemos llamado ¿Quieres ser infeliz? Sigue a tu vecino en redes. Las redes sociales fomentan lo que se llama la comparación social. ¿Qué imagen damos en ellas? Todo es fantástico, estupendo, con fotos superdivertidas, monísimas, con un montón de filtros… No es la realidad, sino la imagen que queremos dar, un escaparate en el que cada uno vende su mejor producto.

Muchas veces en redes sociales vamos viendo a los demás y entramos en esa comparación: ‘Es que mi vida no es tan guay, yo no hago tantas cosas divertidas’. Seguramente esa persona tampoco, pero justamente lo que cuelga es eso. Hay que evitar esa comparación social, no decir que las redes sociales sean malas: no son malas en sí mismas, sino en cómo las estás utilizando.

Vamos a probar a tratarnos como si fuéramos nuestros amigos y no nuestros enemigos

En la misma portada dices ‘Vive y disfruta sin complicarte la vida’. ¿Tendemos a ponernos trampas a nosotros mismos, nos complicamos en exceso?

Muchas veces nuestro peor enemigo somos nosotros mismos. En uno de los capítulos hablamos del director de cine interior, ¡qué películas mentales nos montamos en la cabeza, que además nos creemos como ciertas! Y hablamos mucho de la rumiación, el dar mil vueltas a algo que ya ha ocurrido. Se trata de, la parte que depende de nosotros, ponerla a nuestro favor, no en nuestra contra.

Vamos a caer en la cuenta de cómo nos estamos hablando, si estamos siendo demasiado catastrofistas, negativos, tendiendo a tener todas esas ideas irracionales, y tratándonos con cariño. ¿Has pensado si eso que te está ocurriendo, que estás dándole vueltas en la cabeza, le hubiera pasado a tu amigo, qué le dirías? Seguramente serías tan incisivo, ¿a que serías mucho más amable? Vamos a probar a ser amables con nosotros mismos y a tratarnos como si fuéramos nuestros amigos y no nuestros enemigos.Este contenido no está disponible debido a tus preferencias de privacidad.Actualiza tu configuración aquí para verlo.

Este artículo apareció originalmente en El HuffPost y ha sido actualizado.

El «Blue Monday» no existe

Durante años nos han hecho creer que el “Blue Monday” es el día más triste del año.

Los argumentos que destacaban es que es lunes y a muchas personas no les gusta ese día de la semana, que estamos en plena cuesta de enero, con las estrecheces económicas que nos ha podido dejar la Navidad y que a esa altura del mes ya empezamos a ver que no vamos a cumplir los objetivos propuestos al inicio del año.

Sin embargo, el “blue Monday” no existe. No hay ningún estudio científico que lo avale. El término se acuñó para una campaña de publicad de “Sky Travel” que vendía billetes de avión para huir de ese lunes triste.

¿En qué momento aceptamos que estar triste es malo? ¿o que no podemos estar triste?

La tristeza es una emoción que surge tras una pérdida, no sólo de una persona, sino de algo que queríamos, por ejemplo, una expectativa o una ilusión. Cuando sentimos tristeza la energía de nuestro cuerpo disminuye con el objetivo de poder hacer una labor de introspección, que muchas veces nos ayuda a encontrar la solución de un problema difícil. Como todas las emociones, es necesaria para nuestro correcto funcionamiento. Aunque no nos guste y sea desagradable, no es malo sentir tristeza. Nos ayuda a bajar la intensidad para reconectar con nosotros mismos, y bien gestionada, nos sirve para valorar lo que realmente importa.

El problema surge cuando no estamos tristes de forma puntual.

Sino que nuestro estado de ánimo es muy bajo, nos cuesta experimentar emociones agradables e interfiere con nuestra vida cotidiana.

Quizás para ti este lunes no sea un día triste, depende de tus circunstancias y de cómo estés interpretándolas. No tiene ningún sentido que nadie, y menos una empresa de Marketing nos diga cuál es el día más triste del año. Cada uno tiene su fecha, y dependerá mucho de lo acaecido en la misma. Quizás un día que te recuerda a una ruptura, la pérdida de un ser querido, una determinada noticia… tómate tu momento para estar triste, para procesar la información, pero no te quedes enganchado en ese sentimiento, procura hacer cosas que te hagan sentir mejor y mirar con una sonrisa a la vida.

Taller «Los primeros pasos para educar para la felicidad»

«Los primeros pasos para educar para la felicidad»

En este taller patrocinado por la Fundación SM, os hablamos de cómo sentar la base de la felicidad en los primeros años de los más pequeños de la casa, promoviendo la autonomía, ofreciendo más atención en positivo que en negativo, educando en valores y disfrutando de los pequeños momentos. https://educarestodo.com

Mi hijo es demasiado tímido, ¿tiene un problema?

Si quieres ayudar a tus hijos a superar la timidez, atención a estas claves.

Por Marina Borràs

   

Hay muchos padres y madres preocupados porque sus hijos son muy tímidos, hasta el punto de preguntarse si esta condición puede llegar a convertirse en patológica. El no saber cómo ayudarles puede generar frustración en los padres y llevar a cabo algunas prácticas que, más que beneficiarles, pueden jugar en su contra.

Por eso, es importante que sepamos qué es la timidez y qué podemos hacer las madres y los padres para ayudarles a superarla sin perjudicarles. Para ello, hemos hablado con la psicóloga Silvia Álava, quien nos ha arrojado luz sobre este tema.

¿TIMIDEZ O INTROVERSIÓN?

Silvia Álava empieza señalando que “es importante distinguir la timidez de la introversión. Cuando hablamos de alguien introvertido, hablamos de un rasgo de personalidad, y esto significa que se sienten cómodos estando solos, estando con ellos mismos, no necesitan estar continuamente con otras personas, son los típicos niños y niñas que con un par de amigos se sienten bien y no necesitan tener grupos grandes de amigos como los niños y niñas extrovertidos”.

Cuando hablamos de timidez, por otro lado, “hablamos de niños que, a lo mejor, en un determinado momento, sí les gustaría acercarse a jugar o tener más amigos, pero no se atreven a hacerlo. Puede que sientan mucha vergüenza, que piensen que se van a reír…, y entonces no se atreven”, apunta la psicóloga.

¿CUÁNDO SE CONVIERTE LA TIMIDEZ EN UN PROBLEMA?

Silvia Álava explica que la timidez se convierte en un problema “cuando vemos que ese niño o niña no hace determinadas cosas por esa falta de atrevimiento. No ocurre como con los niños introvertidos que no necesitan más, no hace falta que se esfuercen, porque para ellos no es necesario. En cambio, un niño tímido estaría deseando ponerse a jugar, por ejemplo, pero no se atreve”.

«La timidez se convierte en un problema cuando el niño no hace determinadas cosas por falta de atrevimiento»

Silvia Álava, Psicóloga

QUÉ DEBEMOS EVITAR ANTE LA TIMIDEZ DE LOS NIÑOS

A veces, las madres y padres tendemos a infravalorar las emociones de nuestros hijos con frases como “venga, si no pasa nada, no tengas vergüenza”, así como también a etiquetarles, “¡qué tímido eres!”, y debemos saber que estas conductas son un error.

“Muchas veces los adultos lo empeoramos”, declara Silvia Álava, “porque lo peor que podemos hacer es colgarles etiquetas, ya que les damos un refugio para actuar en función de la etiqueta que le hemos puesto. También a veces las madres y padres lo que hacen es hablar por ellos, por ejemplo. Por lo tanto, mucho cuidado con estas dos cosas: colgarles etiquetas y hablar por ellos”, advierte la psicóloga.

CÓMO AYUDAR A MI HIJO A SUPERAR LA TIMIDEZ

Silvia Álava nos aconseja esta serie de claves para ayudar a nuestros hijos a trabajar su timidez:

  • Primero, como hemos dicho, etiquetas fuera.
  • Segundo, es muy importante que hablemos con ellos, entendiendo que muchas veces esa timidez está en la cabeza, y que trabajemos la emoción de la vergüenza, porque puede que piense que se van a reír o que no les va a gustar lo que dice o que le van a rechazar.
  • No hablar por ellos e ir poniéndoles pequeños retos. Por ejemplo, en un restaurante, dejando que pida él lo que quiere o en el parque animándole a que hable con los niños para jugar con ellos.
  • Si no se atreve, pues lo podemos entrenar. “Los psicólogos trabajamos mucho con el role playing, que consiste en hacer una especie de teatrillo para entrenar y que vayan cogiendo más seguridad”, explica Silvia Álava.

FUENTE: www.sport.es

Estos son los propósitos más deseados para mejorar como familia en 2022. Colaboración con diario ABC

Por Laura Peraita SEGUIR

Los expertos señalan la importancia de marcar reuniones en las que los hijos también expresen sus deseos para incentivar un mejor clima familiar.

El comienzo del nuevo año supone el mejor punto de partida para marcarse la puesta en marcha de esos propósitos que se suponen que nos pueden ayudar a mejorar como personas, pero también como familia. Una de las mejores maneras de hacerlo es, según Silvia Álava Sordo, Doctora en Psicología, convocar una reunión familiar en la que estén todos sus miembros, no solo los adultos, y que se planteen qué quieren mejorar para que el clima familiar sea más favorable. «Es importante que los padres escuchen los deseos y propuestas de los hijos y reflexionen sobre lo que les dicen porque ayudará, además, a identificar sus necesidades y la situación en la que está la relación familiar en ese momento».

Entre los propósitos más ansiados por las familias destaca, en primer lugar, tener más tiempo juntos.

Así lo señala María Campo, profesora del master en Orientación Familiar de la UNIR, quien añade que los padres tienen una «necesidad imperante» de pasar más tiempo de calidad con sus hijos, para poder mirarles a los ojos, escucharles sin estar haciendo varias cosas al mismo tiempo o pensando en lo siguiente que deben hacer… «Es una lucha constante que les genera mucha frustración no conseguir».

Para lograr esta meta, el primer paso es que los padres consigan una buena organización y planificación de todas sus tareas «de tal manera —matiza— que se eviten las prisas y el estrés de, por ejemplo, los minutos previos de ir al colegio cada mañana para no acabar a gritos y que niños y mayores lleguen alterados a sus respectivos colegios o puestos de trabajo. Es necesario tener paciencia y respetar los ritmos de los más pequeños, dejar que hagan las cosas y no intervenir para que acaben antes, lo que les resta autonomía».

Lograr un ambiente de respeto.

«El respeto debe reinar en todos los hogares con letras mayúsculas —indica Álava Sordo— porque su presencia implica cariño, dulzura en el trato y que evitemos hacernos daño mediante acciones y frases incisivas. Implica también que tenemos en cuenta las emociones de los demás».

Esta Doctora en Psicología reconoce que no siempre es fácil mantener una actitud respetuosa porque en el día a día surgen muchas situaciones, personales y familiares, que nos pueden llevar al límite. Es en esos momentos cuando recomienda expresar nuestros sentimientos de nerviosismo, enfado, frustración o ansiedad y qué es lo que necesitamos para no estallar ante los demás. «No se trata de trasladar nuestros problemas de adultos a los niños, pero sí de compartir emociones para que no sean ajenos a nuestro sentir. Hay que perder el miedo a decir lo que sentimos porque eso nos ayudará a regular las emociones desagradables y a que nuestros hijos aprendan a reconocerlas y saber también cómo afrontarlas».

Hacer realidad el trabajo en equipo y la ayuda colaborativa.

«Los niños desde muy pequeños pueden responsabilizarse de ciertas tareas del hogar. Es importante que los padres eduquen en corresponsabilidad, no se trata de ayudar a mamá, consiste en que contribuyan para el buen funcionamiento de la organización familiar con su aportación».

Para no caer en el incumplimiento de estos propósitos, Silvia Álava Sordo recomienda realizar reuniones familiares esporádicamente para evaluar el seguimiento de estas metas. No deben ser encuentros forzados como, por ejemplo, todos los lunes, sino que los padres deben aprovechar ciertos momentos de relajación para fomentar la comunicación y felicitar por los logros conseguidos o reforzar, en el caso de ser necesario, la constancia en estos propósitos, para que no queden en el olvido.

Espacios para ellos mismos.

María Campo añade que los padres «deben contar también con espacios para ellos mismos; es decir, no abandonar sus aficiones para dedicarse al cien por cien a sus hijos. Deben cuidarse para sentirse bien y poder cuidar a los demás y ofrecer la mejor versión de sí mismos a sus hijos. Esta debe ser la motivación principal para no decaer en los propósitos marcados: pensar que todo lo que se hace es por el bien de los hijos». Y, advierte, «las metas no se pueden afrontar todas a la vez, hay que ir poco a poco para lograr resultados a medio largo plazo, del mismo modo que una persona no se puede plantear al mismo tiempo dejar de fumar, hacer ejercicio, ponerse a dieta y aprender idiomas. Todo lleva sus tiempo».

FUENTE: ABC Familia

Vídeo de presentación del libro ¿Por qué no soy feliz?

¿Por qué no soy feliz?

Me hace especial ilusión presentaros un proyecto en el que llevo mucho tiempo trabajado, han sido meses dedicados a escribirlo con mucho cariño intentando destilar años de formación y experiencias a nivel personal y profesional. Se trata de mi nuevo libro: ¿Por qué no soy feliz?

Es un proyecto muy especial porque me saca de mi zona de confort. Mis anteriores publicaciones estaban dirigidas a padres y madres o directamente a niños en formato de cuentos, sin embargo, este libro ya no es un libro de educación o de pautas para padres, es un libro para todos los públicos.

¿Qué te vas a encontrar en el libro? El libro tiene tres partes:

  • En la primera parte del libro os hablo de lo que es y lo que no es la felicidad.
  • En la segunda parte del libro hablamos de los llamados enemigos de la felicidad.
  • Y terminamos con el método para incrementar nuestro bienestar emocional.

Estoy muy feliz por haber podido realizar este proyecto, doy gracias a todos los que habéis confiando en mí para hacerlo realidad. Espero que te resulte de utilidad cuando lo tengas en tus manos.

¿Te has convertido en un padre o una madre dron?

No debemos abusar del control y supervisión a nuestros hijos que nos permiten los dispositivos electrónicos

Por Alicia Mendoza

Todos conocemos cómo funciona un dron: a través de un control a distancia, este aparato vuela y muestra las imágenes de cualquier lugar en tiempo real. Puede sobrevolar nuestras cabezas e incluso entregar a las personas diferentes objetos. Pero los drones también sirven para controlar y vigilar todo lo que sucede.

Para Eva Millet, periodista experta en educación y crianza y autora del libro ‘Hiperpaternidad’, la función que realiza un dron también se puede aplicar a la paternidad/maternidad, o mejor dicho la hiperpaternidad.

Ser un padre dron, para la experta, consiste en «supervisar cada aspecto de la vida de los hijos», en gran medida por el uso de las tecnologías. Así nos lo contaba en nuestro evento ‘La educación importa’, en el que afirmaba que usamos la gran cantidad de aparatos electrónicos actuales para vigilar y controlar a nuestros hijos e hijas

Este tipo de hiperpaternidad está condicionado por una sobreprotección a nuestros hijos. Adoptamos este tipo de postura por el temor a que los niños “se traumen” y “no sufran”. Y las consecuencias para los niños son negativas. “Les transmiten el mensaje de <<sin mí, sin mi protección y sin mi ayuda, sin mi intervención tú no puedes>>”, a lo que Millet añade que repercute “a su autoestima” ya que hace que los niños sean “menos autónomos, más inseguros, más frágiles, no se atreven a lanzarse a explorar su mundo porque tienen miedo”.

Versión actualizada del padre helicóptero

Antes del uso de la terminología de ‘padre dron’ se usaba el término ‘padre helicóptero‘. La psicóloga Silvia Álava nos contaba en este taller cómo son estos padres helicópteros, padres sobreprotectores que satisfacen necesidades de los niños sin haberlas ellos pedido antes. «Antes de que al niño no le pueda pasar nada, yo ya estoy aquí como un helicóptero encima sobrevolando para que a este niño no le ocurra nada. ¿Cuál es el problema? En ocasiones los niños ni tan siquiera llegan a pedir las cosas, porque antes de que las pidan ya se las hemos dado. No les hemos dado la oportunidad de generar un deseo, ni de ganárselo. Antes de que haya un problema, ya se lo hemos resuelto», contaba.

Los padres dron se convierten así en la la versión del siglo XXI de los padres helicóptero, ya que ahora tenemos más dispositivos electrónicos que “nos permiten actuar cual drones”, como señala Millet, para supervisar cada aspecto de la vida de los hijos. «La esencia es la misma, pero ahora disponen de un arsenal de nuevas tecnologías para sobreproteger y controlar en exceso las vidas de sus hijos”, aclara Millet.

Hacemos uso de todas las apps de control parental y vigilancia en exceso, no nos ponemos límites a la supervisión que hacemos de nuestros hijos, y como dice Eva Millet, nos convertimos así en otra variedad de hiperpadres: los padres-espía. “El debut son las aplicaciones que permiten controlar al bebé, incluso antes de que nazca. El móvil se convierte en una especie de cordón umbilical que no se corta nunca porque luego aparecen los grupos de WhatsApp de la clase, para ejercer de secretarios», explica.

¿Cómo detectar que somos unos padres dron?

  • No fomentamos su autonomía: no permitimos que nuestros hijos aprendan solos, que exploren, que coman solos. Les damos todo masticado para que no encuentre ningún bache en el camino.
  • Traspasamos los límites del control parental: El control parental es una herramienta efectiva para que nuestros hijos puedan relacionarse de forma sana con la tecnología, pero no puede la única herramienta que usemos en su educación digital ni debe usarse para prohibir.
  • Usando apps de vigilancia: En el mercado de apps existen numerosas aplicaciones para vigilar y monitorizar los movimientos de un individuo, en este caso de nuestros hijos. La geolocalización que poseen ciertas apps solo se debe usar en caso de peligro o de incertidumbre, no se puede usar para controlar cada movimiento de los niños
  • Resolviendo cada uno de sus conflictos: Si cuando tienen un problema no dejamos que ellos mismos busquen una solución o no les permitimos negociar, en el futuro no sabrán enfrentarse a otros problemas mayores de la vida.

FUENTE: www.elperiodicodearagon.com

9 juegos tradicionales que NO sabías que benefician tanto a los niños

¿Cuáles son los beneficios del juego que hace que los niños sigan aprendiendo?

Jugando, los niños aprenden más y mejor. A través de los juguetes y las actividades que más les entretienen, nuestros hijos desarrollan habilidades que son esenciales en su desarrollo. Por ello, los niños necesitan jugar todos los días. Los juegos tradicionales (los más sencillos, los juegos de siempre) permiten a los niños poner en marcha procesos cognitivos que potencian sus capacidades. Te sorprenderá ver que los juegos más beneficiosos para los niños son los juegos de siempre.

Índice

  1. Juegos tradicionales que benefician mucho a los niños
  2. Por qué los niños aprenden tanto jugando
  3. Cuáles son los beneficios del juego para los niños
  4. Por qué hay que elegir juguetes adecuados a la edad de tus hijos

Juegos tradicionales que benefician mucho a los niños

A veces, los padres nos desesperamos buscando juguetes o juegos que resulten muy estimulantes y atractivos para nuestros hijos. Sin embargo, nos olvidamos de que son los juegos tradicionales más sencillos los que permiten a los niños poner en marcha estos procesos cognitivos tan importantes. A continuación vamos a ver algunos ejemplos prácticos; vamos a nombrar algunos de los entretenimientos favoritos de los niños para analizar qué área trabaja.

1. Los puzles
Con los puzles o rompecabezas, los niños trabajan la orientación espacial, la memoria de las formas y el razonamiento lógico.

2. El fútbol y otros deportes de pelota
Hablamos de fútbol, baloncesto, hockey, etc. Y los niños trabajan procesos como la motricidad gruesa, la coordinación general, la velocidad de procesamiento, los reflejos y el trabajo en equipo.

3. Los dibujos
Cuando los niños pintan, trabajan la psicomotricidad fina, pero también la creatividad, la paciencia, la tolerancia a la frustración

4. El escondite (las escondidas o las escondidillas)
Este popular juego en el que un niño se esconde y otro le busca, se trabaja la motricidad gruesa, el trabajo en equipo, la tolerancia a la frustración, el cumplimiento de las reglas del juego

5. Los coches o carros de juguete
Este tipo de juguetes son ideales para que los niños practiquen la coordinación óculo-manual y su creatividad.

6. Las muñecas o los bebés de juguete
A través de los juegos que consisten en el cuidado de un muñeco, así como la recreación de diferentes juegos simbólicos, los niños trabajan la psicomotricidad fina, las habilidades socioemocionales, la adquisición de vocabulario, su creatividad y mucho más.

7. Los disfraces
A algunos niños les gusta mucho jugar a disfrazarse o maquillarse. En este caso, se trata de un juego con el que trabajan la psicomotricidad fina, la creatividad y las habilidades socioemocionales.

8. Las manualidades
Sabiendo de los grandes beneficios para los niños de hacer manualidades, son muchos los padres que animan a sus hijos a crear pequeñas obras artísticas. Con esta actividad se trabaja la psicomotricidad fina, la tolerancia a la frustración, la creatividad, la paciencia y funciones ejecutivas.

9. Cantar y bailar
Pon música… ¡y a cantar y bailar! Con este tipo de juegos tradicionales trabajamos la motricidad gruesa, la coordinación gruesa y las habilidades emocionales.

Por qué los niños aprenden tanto jugando

Debemos de rescatar el valor del juego como potenciador del aprendizaje de los niños. La neuropsicología nos muestra que el aprendizaje se consolida mejor a través de las emociones agradables y los niños sienten muchas de estas cuando juegan. Pensar que los niños tienen que sufrir o pasarlo mal para aprender (seguro que has oído en alguna ocasión eso de ‘la letra con sangre entra’) no tiene ninguna base científica. Lo que se aprende jugando se retiene y se reproduce mejor.

De forma lúdica mejoraremos no solo la dinámica familiar, sino que trabajaremos con los niños habilidades que los psicólogos sabemos que son esenciales para el correcto desarrollo de los niños. No se trata de fórmulas mágicas, ni de obligaciones adquiridas, sino de ideas en forma de juegos tradicionales que nos ayudarán a trabajar distintas habilidades de los más pequeños de la casa.

Los niños pasan mucho tiempo de su vida jugando. Y lo más interesante es que jugar no es solo divertirse; cuando los niños juegan están aprendiendo y se consolidan muchos procesos cognitivos. A través del juego se adquieren conocimientos y valores, además de generarse emociones agradables.

Cuáles son los beneficios del juego para los niños

Por lo tanto, si enumeramos algunos de los beneficios que el juego tiene para los niños…

– Cuando los niños juegan, adquieren autonomía
Según van creciendo, les iremos pidiendo a nuestros hijos que cada vez se entretengan solos durante más tiempo, que sean ellos quienes decidan a qué jugar y que sean capaces de dirigir su juego. Es importante que les dejemos esta libertad, pues los niños necesitan ir adquiriendo autonomía.

Es posible que, al principio, nos llamen para que juguemos con ellos. Pero se trata de ir dejando, progresivamente (primero nos vamos 5 minutos, luego 15, a continuación 40 minutos…), que vayan jugando solos.

– El juego aumenta la seguridad de los niños y la confianza en ellos mismos
Los niños son los que dirigen el juego y conocen las reglas, lo que hace que se sientan líderes y capaces. Esto es fundamental para potenciar su autoestima y confianza en ellos mismos.

– El juego también sirve para desarrollar la autoestima
Esto se debe a que, a través del juego, los niños aprenden a conocerse, a saber cuáles son sus fortalezas y cómo mejorar sus habilidades.

– A través del juego también se desarrollan habilidades sociales
Especialmente en las interacciones grupales, ya que los niños necesitan aprender a negociar, a ceder, a seguir las reglas… Todas ellas son habilidades esenciales en la vida adulta.

– El juego sirve para desarrollar múltiples procesos intelectuales
Nos referimos, por ejemplo, al razonamiento lógico y abstracto, la memoria, la atención, la organización espacial, la función ejecutiva…

– Se trabaja la educación emocional
Muchas de las competencias emocionales necesarias para tener éxito en la vida se pueden desarrollar a través del juego.

Por qué hay que elegir juguetes adecuados a la edad de tus hijos

Si bien ya hemos visto que el juego tiene muchísimos beneficios para los niños, debemos tener en cuenta la edad de los pequeños a la hora de escoger qué tipo de actividades les proponemos. A cada edad, un juguete o juego. En caso contrario, el juego no conseguirá causar estas emociones agradables que promueven el aprendizaje, sino que provocarán emociones desagradables como la frustración o la ira.

Los juguetes suelen llevar en su caja un indicador de la edad óptima de uso para el niño, y es verdad que, aunque hay diferencias individuales, es bueno hacer caso a dicha recomendación. Cuando le damos a un niño juguetes orientados para más pequeños, se puede aburrir con ellos; pero cuando el juguete está indicado para más mayores, puede que no lo llegue entender o que no esté preparado para ese juego.

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FUENTE: Guiainfantil.com

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