Ideas de juegos caseros para fomentar la autonomía de los niños de 3 a 8 años

¿Cómo podemos ayudar a nuestros hijos a ser más autónomos? La doctora en psicología Silvia Álava nos propone algunos juegos caseros con los que podemos fomentar la autonomía infantil, de los 3 a los 8 años. ¿Jugamos y aprendemos?

  • Cómo trabajar la autonomía infantil desde la primera infancia (00:09)
  • Enseñar a los niños a responsabilizarse de sus tareas (01:31)
  • La importancia de dar tiempo a los niños para hacer las cosas solos (01:54)
  • Cómo enseñar a los niños a jugar solos (03:00)
  • No hagas por tu hijo lo que él o ella sepa hacer (04:22)

La vuelta al cole en Trece al Día de TreceTV

Os comparto este nuevo vídeo de mi intervención en el programa Trece al Día donde hablamos sobre la vuelta al cole y todo lo que implica para la familia.

También dedicamos un parte de nuestra conversación a hablar sobre el acoso escolar, algo que cada vez necesita mayor atención por parte de todo el entorno escolar.

¿Son beneficiosos los grupos de WhatsApp para padres?

Llega la #VueltaAlCole y con ella los grupos de WhatsApp de padres… partes positivas, partes negativas y límites… de todo ello se habla en esta noticia de Antena 3 TV

¿Qué hacer si creo que mi hijo es víctima de acoso escolar? en el Diario El País

Prevenir y detectar los casos de ‘bullying’ pasa necesariamente por involucrar a toda la comunidad educativa y por cultivar, desde casa, valores tan importantes como la asertividad y el respeto

Por NACHO MENESES

Si hay algo que caracteriza al acoso escolar es que, al margen de las cifras, no se limita ni se detiene en las paredes del centro escolar. El bullying es ya multiplataforma porque, a lo sucedido en sus instalaciones, se suma lo que acontezca después en las redes sociales, fuera del horario lectivo y lejos del alcance de los profesores y, muchas veces, de las familias. La amenaza no es baladí: el aumento en el uso de los dispositivos digitales ha tenido como consecuencia un crecimiento significativo del ciberacoso en redes sociales como WhatsApp, Instagram o Tik Tok, hasta el punto de suponer el 22,6% de este tipo de agresiones. La edad de acceso a estos terminales tampoco ayuda: los menores hacen uso de su propio móvil, de media, a los 12 años y sin apenas supervisión parental, según los datos ofrecidos por el III Informe de Prevención del Acoso Escolar en Centros Educativosde la Fundación Anar y la Fundación Mutua Madrileña.

De la percepción de los estudiantes se deduce que el acoso escolar afecta todavía a un 15,2% de los menores.

Otros porcentajes también son relevantes: uno de cada cinco alumnos admite haber podido participar en algún caso de acoso o ciberacoso sin darse cuenta, mientras que, de los casos detectados, casi la mitad no fueron resueltos, e incluso el 17% de los alumnos piensa que el centro no hizo nada por solucionarlo. Los docentes, por su parte, señalan la falta de recursos (78,8%) y de formación (51%) en el profesorado, así como la dificultad en diferenciar el acoso de otros problemas de convivencia como las barreras más relevantes a la hora de intervenir en los centros.

¿Qué es acoso?

“Lo primero que debemos hacer es distinguir el acoso de lo que no lo es, porque es verdad que los niños se pelean y a veces se hacen daño si juegan a lo bruto, tienen comportamientos indeseados y se faltan el respeto”, afirma la psicóloga infantil Silvia Álava. “Cuando hablamos de acoso, tiene que existir una intención de hacer daño de manera completamente intencionada, deliberada y continuada, y que se dirija siempre al mismo alumno”. Y que exista, además, un desequilibrio de poder entre el acosador y el acosado, que se siente inferior al otro y que ve cómo la situación de acoso afecta seriamente a su autoestima. Los tipos de agresión más frecuentes, según el informe Anar, son los insultos, motes o burlas (86,3%); la difusión de rumores (46,9%); los empujones o collejas (45,3%); el aislamiento (44,9%), los golpes y patadas (38%); y las provocaciones 30,9%).

1. La prevención

Actuar frente al acoso empieza necesariamente con la prevención y, por ello, cualquier acción preventiva ha de abarcar toda la comunidad escolar, desde el clima del aula hasta el de todo el colegio e incluso de las familias. Y hacerlo sin olvidar que hablar de acoso es hablar de la víctima, pero también del acosador y del resto de compañeros, que muchas veces adoptan el rol de testigos mudos frente a la agresión. Por eso, el primer factor que hay que trabajar es el respeto: “Uno de los problemas que tiene el acoso es que no implica únicamente a un niño que acosa a otro; también están los compañeros que lo ven y no dicen nada o que incluso le refuerzan, aplaudiéndole por detrás”, explica Álava. A la primera señal de una falta de respeto en el aula, afirma, es necesario que el alumno o alumna afectados puedan pararlo; que los compañeros también lo puedan frenar; y que, si es necesario, se lo digan al adulto responsable del aula. “Tenemos que pensar que la mayor parte del acoso es encubierto, porque ocurre a espaldas de los adultos”, añade.

Autonomía, asertividad e inteligencia emocional

Pero la prevención es un proceso que ha de empezar en casa, trabajando la autonomía, la asertividad y la inteligencia emocional de los pequeños desde muy temprano, “para que sean capaces de decir qué es lo que quieren, piensan, desean u opinan, pero sin imponerlo; y que tampoco se queden callados o inhibidos”, recomienda Álava. Esto no solo ayudará a que haya menos víctimas; también hará que surjan menos acosadores. Ahora bien, ¿cómo trabajar esa asertividad a nivel familiar? “Lo primero que hay que hacer es crear un clima de confianza, donde los niños se atrevan a compartir lo que está ocurriendo en la escuela. Ellos tienen que sentirse escuchados en casa, y que vean que a su familia le importa lo que está pasando y que los van a escuchar. Y eso implica crear espacios donde conversar”, añade. La experta sugiere usar el tiempo dedicado a la cena familiar: ya que estamos todos juntos en casa, mejor cenar juntos y contarse lo que está sucediendo.

Predicar con el ejemplo

Suele decirse que hay que predicar con el ejemplo, y esto es aquí más cierto que nunca. El modelo que los niños tengan en casa influirá de manera directa en su conducta futura, porque ellos tienden a copiar a sus adultos de referencia: su padre y madre, su profesor o profesora… Y si queremos que sean asertivos, es importante que sus progenitores también lo sean. “Pero si yo soy una persona que tiendo a faltar el respeto, y hablo despectivamente desde que pongo la tele, ¿qué pasa? Que mi hijo o hija pensarán que eso es normal”, explica Álava. Y cuidado con la sobreprotección: los menores criados con un estilo educativo sobreprotector tienen más probabilidades de acabar siendo víctimas de acoso.

¿Cómo actuar respecto a las redes sociales? 

Es importante no caer en el error de repudiarlas, porque el entorno digital es una parte esencial de sus vidas que no podemos pretender ignorar. Pero, para evitar el abuso de las mismas, “lo que sí podemos hacer es, desde pequeños, acompañarlos en su correcto uso. En función de su edad, poner una limitación de tiempo; y al principio nos tendremos que sentar a su lado, ver en qué páginas y redes sociales se mete y qué tipo de comentarios está dejando, para que aprendan que el respeto y la tolerancia también han de estar presentes en internet”.

2. La detección

¿Qué factores pueden indicar la presencia de acoso escolar? Aunque hay muchas diferencias individuales, está claro que el bullying será siempre una situación tremendamente angustiosa y ansiógena para el menor, y eso transpirará en su conducta. “Vamos a ver muchos síntomas de ansiedad: desde que nos digan por la mañana que les duele la cabeza o la tripa (es decir, dolores somáticos), llegando incluso a vomitar, a que experimenten cambios de hábitos, como que no quieran ir al colegio o coger la ruta escolar o que insistan en que los acompañes. O cuando, por ejemplo, hay una excursión con el colegio y ponen excusas para no ir”, argumenta la psicóloga.

Cambios

También pueden producirse cambios de naturaleza muy diversa que abarcan desde el carácter a la alimentación o los hábitos de sueño. “Puede que, por ejemplo, esté más irritable, más retraído, más angustiado o más triste; que de repente tenga ataques de rabia o que se eche a llorar, pero que cuando le preguntes, ponga excusas y diga que no pasa nada”, desgrana Álava. Puede suceder que, por la noche, le cueste conciliar el sueño, y que durante el día haya una excesiva somnolencia; que experimenten alteraciones del apetito, bien debido a una excesiva somnolencia o a que, por el contrario, coman con demasiada ansiedad; o que se muestre más distraído, olvidadizo o con baja seguridad y autoestima. “E incluso podemos llegar a observar comportamientos agresivos en casa con los hermanos más pequeños, donde reproduce ese tipo de comportamiento”, remacha la especialista.

3. Cómo actuar en caso de acoso

Lo primero de todo es no perder tiempo otorgando culpabilidades: ni a ti como padre o madre, ni al niño, niña o adolescente. No es el momento de culpabilizar, sino de escuchar y de tener una comunicación abierta. “Es decir: cuéntame qué es lo que ha ocurrido. Intenta hacer preguntas lo más abiertas posibles; no cerradas, para que te puedan oír y contar. Es el momento de validar sus emociones, no de dar soluciones. Y en ese ‘te escucho’, te escucho y te pregunto cómo te sientes hoy; entiendo que estés frustrado; entiendo que estés enfadado; entiendo que estés triste y que tengas miedo… Lo último que necesita es que le echemos la bronca o que le digamos qué tiene que hacer, porque seguramente no está en disposición de hacer nada”, desgrana Álava. Se trata, en definitiva, de generar un clima de confianza.

Ayuda de los profesionales

El siguiente paso, continúa la psicóloga, sería ponerse en contacto inmediato con la escuela y solicitar la ayuda de los profesores: “Hay que mantener un contacto fluido con el colegio o el instituto, para que nos digan lo que se va a hacer o se está haciendo. Y, en paralelo, sería también bueno pedir ayuda externa para ayudarle a ser más asertivo. Enseñarle a defenderse, pero no desde la agresividad ni desde la violencia, sino desde el ‘yo te paro’ o del ‘soy capaz de decirte que esto no me gusta’, y que incluso pueda, en un momento determinado, ignorar al acosador: ‘Si la agresión está haciendo que tú te enfades y te piques, enséñale a pedir ayuda y hablar con el colegio”. Y, finalmente, intentar que abra su círculo de amigos, o al menos favorecer otros contactos más allá de ese entorno a través de actividades extraescolares, del barrio… “Si no puede ser en la escuela o en el instituto, que al menos sea en otro sitio donde se sienta bien”, concluye Álava.

FUENTE: ElPais.com

¿Cuánto tiempo dejo el móvil a mi hijo?… depende…

En ese vídeo resolvemos las dudas sobre la cantidad de tiempo que los niños pueden tener de acceso a las nuevas tecnologías. Depende de la edad de nuestro hijo y de sus características.

¿A qué edad le dejo el móvil? - Silvia Álava

Recomendamos:

  • Antes de los dos años: cero pantallas 
  • De dos a cinco años: 30 minutos 
  • De seis a doce años: una hora 
  • De 12 a 14 años: 90 minutos 
  • De 14 a 16 años: dos horas 

FUENTE: Internet Seguro

Día de los abuelos

Los abuelos son figuras de referencia, fuente de cariño, ternura, pero también de sabiduría, de esa sabiduría que siempre permanece en tu recuerdo…

¡Gracias por ser un modelo a seguir!

#díadelosabuelos

Educando bajo el régimen del miedo. Mención en el diario La Nación 

La Nación - Consuelo Serrato de Plazas

¡Quién lo creyera! pero la crianza bajo el régimen del miedo orientada a controlar comportamientos y lograr obediencia sigue vigente en los hogares colombianos, pero más grave aún es que se trata de una práctica que continúa arraigada en nuestra sociedad a pesar de las connotaciones negativas que provoca relacionadas con problemas conductuales que interfieren en el desarrollo integral de la población infantil.

Cabe recordar que los estilos de crianza representan la manera en que los padres educan a su descendencia, fenómeno que condiciona de manera importante su crecimiento y normal desarrollo social y emocional desde el marco de un ejercicio educativo saludable propio de un buen manejo de autoridad que posibilita el desarrollo de competencias y habilidades.

De cara a las dinámicas parentales hay quienes perciben tan nocivo patrón conductual como una forma de ganarse el respeto de su prole cuando en realidad lo que desencadena es sensación de rechazo y  animadversión. No en vano la obediencia fomentada desde el miedo priva al niño de forjar un pensamiento crítico ante la vida ya que deberá someterse a la voluntad de otro sin posibilidad de controvertirlo u objetarlo y ello hace que resulte poco o nada saludable.

Por lo que se refiere a las consecuencias que trae aparejada tan inadecuada práctica, se hallan relacionadas con el deterioro de la comunicación entre padre e hijo, debilitamiento del clima de confianza, pérdida de autoestima, aparte de constituirse en predictor de riesgo en términos de salud física y psicológica. Para Silvia Álava, experta en psicóloga infantil: «Cuando ese niño o niña se enfrente a una situación difícil no se va a atrever a contarlo a adultos de referencia. Porque esas personas les evocan miedo. No respeto y confianza».

Si bien es cierto el establecimiento de normas y límites eficaces se constituye en piedra angular dentro del proceso de crianza, no dudes en educar  desde el amor. Desde la cercanía. Desde la amabilidad. Desde el ejemplo. Esa y no otra es la única forma de enseñar pues como lo dijera el madrileño Manuel Andrade Cordero: «Lo afectivo es efectivo».

FUENTE: LaNación.com.co

Deberes en verano, ¿sí o no? Hablan los expertos

Hay madres y padres que opinan que no, que sus hijos deben tener tiempo para divertirse y aburrirse. Otros, en cambio, piensan que sí, que el verano es una buena oportunidad para recuperar lo perdido o afianzar lo aprendido.

Por María Dotor

Cada curso que finaliza se repite el mismo debate: deberes para el verano, ¿sí o no?

Si preguntásemos a diferentes madres/padres, habría disparidad de opiniones. Algunos dirían que sí, que dos meses y medio de vacaciones son muchos. Otros, en cambio, pensarán que no, que el verano es un periodo para desconectar y descansar.

Lo cierto es que el artículo 31 de la Convención sobre los Derechos del Niño reconoce “el derecho del niño al descanso y el esparcimiento, al juego y a las actividades recreativas propias de su edad y a participar libremente en la vida cultural y en las artes”. 

Este artículo 31, a menudo no se respeta durante el curso escolar. La realidad es que las agendas de nuestros hijos están cada vez más cargadas de actividades dirigidas y, en consecuencia, ellos cada vez tienen menos tiempo libre para jugar o elegir en qué emplearlo.

«Vivimos en una sociedad de consumo, de hacer y no parar, lo que nos lleva a sentirnos mal si no estamos haciendo cosas las 24 horas del día los 7 días de la semana. Y este estrés se lo trasladamos a los niños. Cayendo en la tentación de pensar que nuestros hijos no deben estar tanto tiempo sin hacer nada, pero que no hagan deberes no quiere decir que no hagan nada», nos dice la psicóloga Begoña Ibarrola.

«Que los niños no hagan deberes no quiere decir que no hagan nada»

Begoña Ibarrola – Psicóloga

Entonces, en verano: ¿deberes sí o no? ¿Qué dicen los expertos?

¿Qué opinan los expertos de los deberes en verano?

Para conseguir responder a la pregunta de cada verano, hemos hablado con tres expertos: los psicólogos Rafa Guerrero y Silvia Álava y el docente elegido Mejor docente de primaria de España en los premios Abanca 2021 Francesc Nogales.

Ante la pregunta de: Deberes en verano, ¿sí o no?, el psicólogo Rafa Guerrero lo dejaba claro: «No, no soy partidario. Los niños tienen todo el derecho del mundo, después de un curso académico muy exigente, a descansar. Pero no solo el derecho, sino la necesidad».

«No soy partidario de los deberes en verano. Los niños tienen todo el derecho del mundo, después de un curso académico muy exigente, a descansar. Pero no solo el derecho, sino la necesidad».

Rafa Guerrero – Psicólogo

Aunque todos los padres tenemos clarísimo que nuestros hijos merecen descansar, a menudo nos surgen miedos: ¿si no abre un libro en dos meses se le olvidará lo aprendido? ¿estará perdiendo un tiempo maravilloso en el que podría estar aprendiendo cosas? ¿Perderán el hábito de estudio?

«En verano también aprendemos, pero de forma totalmente diferente. Podemos trabajar toda esa serie de procesos que se aprenden en el colegio (razonamiento lógico, atención, concentración, lectoescrituta…), pero en lugar de hacerlo a través de cuadernillos o fichas de deberes, lo podemos hacer a través del juego», asegura Álava.

«En verano también aprendemos, pero de forma totalmente diferente. En vez de con cuadernillo, a través de actividades lúdicas»

Silvia Álava – Psicóloga

Algo similar opina Nogales: «Soy partidario de que los niños sigan aprendiendo, pero con actividades no académicas. Más que deberes, llamaría a estas actividades placeres. Algo así como ver una puesta de sol, ir a un museo, al zoo, hacer una ruta por la montaña, mirar las constelaciones por la noche, mandar una carta a un amigo…».

«En verano vamos a buscar curiosidades, o investigar sobre cosas que les susciten interés porque estén relacionadas con el día a día. Por ejemplo, si vamos a la playa y hemos visto un caballito de mar, luego podemos investigar sobre esto. O con niños más pequeños, podemos trabajar la psicomotricidad escribiendo nombres en la arena de la playa», apunta Guerrero.

Nogales también cree que, a menudo, los que más interés tenemos en que los niños hagan deberes somos los padres: «El motivo es que nos viene bien que los niños sigan teniendo rutinas establecidas. Pero no porque el niño necesite reforzar conocimientos, sino por nuestra dificultad de conciliar«.

¿Sin deberes les costará más volver a la rutina?

Otro de los motivos por el cual algunos padres queremos que nuestros hijos hagan deberes es que pensamos que de no hacerlos, desconectarán tanto de la actividad académica que en septiembre les resultará muy difícil volver a la rutina.

«Personalmente, a mí también me cuesta más volver a la rutina después de las vacaciones. Es decir, esto nos pasa a todos, no solo a los niños. Pero es que es necesario romper con la rutina, hacer cosas totalmente distintas a las que hacemos durante el año», nos cuenta Guerrero.

Y Nogales nos hace una comparación para que reflexionemos: «¿Os imagináis que nuestro jefe nos dijera que nos llevemos trabajo en vacaciones porque de no hacerlo a la vuelta se nos habrá olvidado hacerlo o nos costará más volver a la rutina? Nadie vería esto normal, pues lo mismo pasa con los niños. Necesitan parar, desconectar, olvidarse de las obligaciones».

¿Hay excepciones?

¿Deberes no? ¿Tampoco con niños que han suspendido o que necesitan reforzar porque han aprobado muy justos?

«No soy partidario de que los niños que van flojos aprendan las cosas por imposición y fuera del aula, es decir, si un alumno termina el curso cogido con pinzas, no me parece bien que tenga que ponerse al día haciendo cuadernillos. El aprendizaje debe generarse dentro del aula».

Si un alumno termina el curso cogido con pinzas, no me parece bien que tenga que ponerse al día haciendo cuadernillos. El aprendizaje debe generarse dentro del aula».

Francesc Nogales – Docente

Además, apunta Guerrero: «Los que van «flojitos» en clase porque les cuesta más, seguramente han hecho un esfuerzo más grande que los que han sacado muy buenas notas. Todos merecen descansar, hayan sacado sobresalientes, notables o vayan justos».

Álava sigue insistiendo en el juego como herramienta educativa: «Si tiene dificultades específicas en un área, por ejemplo, cálculo matemático, podemos trabajarlo, pero de una forma diferente a cómo se hace en el colegio. El juego tiene un potencial impresionante de aprendizaje. En verano es una oportunidad maravillosa para utilizarlo. ¿Y si nos acompaña a la compra y va sumando los precios de lo que echamos al carro? Hay muchas formas de hacer cálculo más entretenidas que a través de un cuadernillo».

Amaya de Miguel, fundadora de ‘Relájate y educa’, nos lanza a través de sus redes sociales un reto: «Si los deberes en tu colegio son optativos, sé valiente y deja que tus hijos no los hagan». ¿Qué opinas? ¿Aceptas el reto?

FUENTE: elperiodicodearagon.com

Cómo controlar los nervios y aumentar la confianza los días de la EvAU o selectividad: las pautas de los psicólogos

Os contamos algunos consejos y recomendaciones para tener más confianza en nosotros/as mismos/as y en todo lo que hemos estudiado para estos tres días de exámenes.

Por Beatriz G. Portalatín

Ya están aquí los tres días de EvAU o selectividad y -como es lógico- los nervios estarán a flor de piel. Por ello, es importante tener a mano algunos consejos para relajarlos o controlarlos y sobre todo aumentar la confianza en nosotros/as mismos/as y en todo lo que hemos estudiado. No es fácil hacerlo en estos días, pero si hemos llegado hasta aquí, es por algo.

«La selectividad es una prueba que genera una intensa presión, mientras se estudia y cuando uno se examina. Haber estudiado con regularidad el tiempo suficiente aumentará la confianza», afirma a laSexta.com Laura Palomares, psicóloga del centro Avance Psicólogos.

Sin embargo -añade esta experta- «es importante valorar este estudio no solo con el objetivo de aprobar, sino como la adquisición de unos conocimientos que nos van a enriquecer. Dar un sentido a nuestro estudio más allá de que nos vayan a evaluar, nos ayudará a disminuir la presión de la prueba en sí y fomentará nuestra confianza y motivación».

Y que como decía en este reciente artículo la doctora en Psicología, Silvia Álava, «somos muchos más que una nota«. Que es cierto que la selectividad y la nota final que saquemos, es importante para poder entrar en una carrera, en un ciclo formativo o elegir la formación que nos gustaría tener, pero no podemos olvidar nunca que -como decía Álava- lo que somos no lo define ningún ninguna nota ni ningún número.

Controlar y calmar los nervios

Es una fecha importante y como es lógico, aparecerán los nervios. «En ocasiones ante la ansiedad, aparecen un montón de pensamientos negativos relacionados con miedo al fracaso que se nos pueden echar encima y abrumarnos casi por completo», asegura esta profesional.

Es de gran ayuda, «pensar simplificando y concretando nuestro objetivo, más allá de que nos vayan a evaluar, nos ayudará a coger confianza, por ejemplo: ‘he estudiado y adquirido unos conocimientos; el examen es el momento para transmitirlos y expresarlos lo mejor que pueda», explica Palomares.

También, en los picos de ansiedad «es importante repetirnos que si hemos estudiado, ya hemos hecho nuestra parte. De este modo, estamos asumiendo la incertidumbre sin tratar de controlarla y eso también es bueno». Es decir, yo no puedo controlar lo que me van a preguntar, lo que sí sé es que yo he estudiado y lo afrontaré lo mejor que pueda. Por lo que «asumir hasta dónde puedo controlar y lo que realmente depende de mí, también aumentará nuestra estima y confianza», explica.

No obstante es importante saber que los nervios pueden aparecer y que en un momento así, es normal que suceda. Y eso también nos relajará o al menos nos pillará de improvisto. Como explica Palomares, «cuando nos presentamos a un examen o evaluación es normal que aparezca cierto grado de ansiedad. Y es bueno saber además que cierto nivel de ansiedad, siempre y cuando no sea excesivo, aumenta el rendimiento y favorece la concentración». Insistimos, siempre que la ansiedad o los nervios no sean excesivos.

Por eso -añade- «entender los nervios como una emoción coherente a la situación nos ayudará a relativizarla. Conocer cómo funciona la ansiedad nos ayuda a manejarla. A lo largo de la prueba notaremos cómo esta activación se reduce progresivamente».

Por ejemplo, una de las cosas que nos pueden ayudar justo antes del examen es, según esta profesional, centrarnos en el momento presente. «Podemos describir mentalmente lo que está sucediendo: la gente se empieza a quedar en silencio, los profesores empiezan a repartir los exámenes, han encendido más luces… son formas de centrarnos en el aquí y ahora y rebajar nuestra activación.

También es importante, justo en ese momento, repetirnos mensajes constructivos y amables, como: ‘puedo hacerlo’, ‘soy valiosa y valiente por haber llegado hasta aquí», ‘lo voy a hacer lo mejor que pueda’, ‘soy capaz de transmitir lo que sé porque ya lo he hecho en otros exámenes’…. «Y todos estos pensamientos resultarán muy positivo para rebajar nervios y concentrarnos mejor», afirma.

4 consejos súper prácticos para el momento justo del examen

Desde el Servicio de Orientación Universitaria (SOU) de la Universidad CEU San Pablo ofrecen 4 consejos básicos para aplicar justo en el momento del examen.

1. Conoce bien el tiempo del que dispones para hacer el examen

«Tómate tu tiempo para leer bien las preguntas y, si hay alguna que no entiendes bien, consulta al examinador. Busca la palabra clave que te indica qué hacer: explica, define, calcula, enumera… Después de contestar, lee nuevamente la pregunta y la respuesta, y valora si ésta responde efectivamente a la primera», explica Cristina Peralta, psicóloga y responsable del SOU.

2. Conoce bien el valor de cada una de las preguntas

Es necesario conocer el valor de cada cuestión, pues no se le va a dedicar el mismo tiempo a un tema valorado con tres puntos, que si sólo merece uno. Por ello, «comienza el examen por la pregunta que mejor sepas, así irás consiguiendo puntos y aumentarás tu seguridad, mientras piensas en las respuestas al resto de cuestiones».

3. Haz un pequeño esquema de lo que vas a contestar

Puedes realizar en un folio en blanco un pequeño esquema de los pasos que vas a seguir en la exposición del tema. «Luego sigue ese esquema mientras lo escribes para que no se te olvide ningún detalle. Procura ser claro y breve; hacer bien un examen no consiste en escribir mucho, sino en contestar con precisión a lo que se te pregunta», indica Peralta.

4. Si el primer examen sale mal, pasa página

Puede ser normal que el primer examen salga mal o no tan bien como creíamos. Si es así, es normal que la sensación de inseguridad y los nervios aumenten de cara al resto de las pruebas. Sin embargo, es importante no dejarse llevar para evitar caer en el bucle de negatividad que muchas veces aparece.

«Es fundamental no darle vueltas en exceso a aquellas preguntas que no hemos contestado correctamente. Por otro lado, comentar o contrastar aquellas respuestas que nos han hecho dudar suele aumentar nuestro nivel de ansiedad por lo que sería recomendable evitarlo en la medida de lo posible», concluye Peralta.

FUENTE: lasexta.com

¿Cómo rendir mejor en los exámenes y controlar nuestra ansiedad?

¿Cómo rendir mejor en la #EBAU y controlar nuestra ansiedad? De la mano de @aguasminerales os comparto la grabación de este #Webinar: Hidratación y Rendimiento Cognitivo ante la #EVAU donde os damos trucos y consejos para llegar menos nerviosos a los exámenes: