#Podcast y #Vídeo¿Es bueno ayudar a los niños a hacer los deberes? Colaboración con Aprendemos Juntos

Firmes defensores de la autonomía de los niños, reclamamos el derecho al error en el aprendizaje y la superación de miedos y desafíos. Entre otros temas, explicamos por qué los padres deberían limitar su participación en los deberes de los niños, cómo afrontar la ansiedad ante un examen o evitar la sobreprotección. Además, proporcionamos las claves para que los niños desarrollen relaciones basadas en la confianza y la igualdad, así como el rechazo a conductas machistas.

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“Si queremos que nuestro hijo cambie su conducta, el cambio debe empezar en nosotros” Entrevista para Educar es Todo

 Por María Dotor Periodista + INFO

‘Seis cuentos para educar en disciplina positiva’ es el último libro publicado por el Centro de Psicología Álava Reyes, escrito por una una de sus profesionales, la psicóloga Silvia Álava.

Seis historias protagonizadas por trapecistas, ovejas, piratas y piedras mágicas recorren las páginas de este libro con el fin de enseñar a los más pequeños conceptos como las rutinas, la pertenencia, la persistencia, el perdón, el enfado o la autoestima de un modo sencillo.

Pero, además, es un manual para nosotros, las madres y padres, ya que contiene una guía práctica para enseñarnos a aplicar desde casa esta disciplina positiva para conseguir que nuestros hijos cumplan normas, pidan perdón, gestionen sus emociones, etc…

1. Silvia, seis cuentos para niños, pero también explicaciones para los padres que nos pueden servir en la crianza y educación de nuestros hijos… Un libro que es la herramienta perfecta para toda la familia…

Exacto, es que el cambio está en nosotros, los adultos. Cuando estamos educando, los responsables somos los padres. Incluso, cuando estamos hablando del adolescente, el cambio tiene que empezar en nosotros. Es el adulto el que tiene que actuar de forma diferente para que el niño actúe diferente. Cuando trabajo con familias les pido que hagan un registro, no solo de lo que hace o dice su hijo, sino de lo que le contestan ellos. Y la clave, la mayor parte de las veces, está en nuestra respuesta.

2. La herramienta que propones en este libro para relacionar con nuestros hijos es la disciplina positiva. Cuando hablamos de educar en positivo, hay mucha gente que lo relaciona con el hecho de no poner normas y límites a los niños. ¿Por qué ocurre esto? 

Es cierto que existe un mal entendido y confundimos disciplina positiva con ausencia de normas y límites, pero nada más lejos de la realidad. Cuando hablamos de disciplina positiva, por supuesto que hay normas y límites, lo que pasa es que las normas y los límites se han explicado y anticipado. Es decir, las normas atienden a una lógica y un razonamiento, no se ponen bajo el esquema del “aquí mando yo”.  No podemos olvidar que las normas y los límites no las ponemos para que los niños nos obedezcan porque sí, sino para que los niños y las niñas activen el autocontrol. Por eso, las normas deben estar explicadas, anticipadas, enunciadas en positivo y adaptadas a la edad de los niños. Por otra parte, me gustaría quitar de la cabeza de algunos padres que las normas y los límites anulan la personalidad nuestros hijos. No, para nada, les dan seguridad, confianza y les ayudan a adquirir autocontrol.  

     3. ¿Cómo definirías tú la disciplina positiva? 

Educar desde el respeto. Teniendo en cuenta que el niño debe respetar a los adultos, pero nosotros también al niño. Le tenemos en cuenta, su opinión, sus emociones, sus necesidades. Quizá algo diferencial cuando hablamos de disciplina positiva es que no castigamos. Porque, ¿qué es el castigo? Es una sanción. En disciplina positiva no hay castigo, hay consecuencias. Las consecuencias son lógicas (las hemos anticipado previamente, el niño sabe lo que va a ocurrir) y tienen que ver con la conducta. Es decir, si tu hijo no echa la ropa al cesto de la ropa sucia, un castigo sería no dejarle ir al cine el sábado con sus amigos, algo que no tiene nada que ver con su conducta. La consecuencia sería que no le lavamos la ropa porque no está en el cesto. De esta forma, fomentamos la autonomía de nuestros hijos, y que aprendan a hacer las cosas por sí mismos.  

4. De hecho, la neurociencia nos dice que no hay que sentirse mal para aprender…

No es que no haya que sentirse mal para aprender, es que la neurociencia ha demostrado que las emociones agradables favorecen el aprendizaje, y las desagradables lo entorpecen. Lo que necesitan los niños para aprender es tiempo, calma, paciencia y repetición. Por tanto, vamos a educar sintiéndonos todos bien, sin el grito, sin la amenaza y el castigo. Lo que nos traerá un resultado mucho más beneficioso para el niño, pero también para nosotros, que nos sentiremos mejor. 

Portada del libro ‘Seis cuentos para educar en disciplina positiva’.

5. Cuando hablamos de disciplina positiva, hay muchas madres que argumentan que a ellos no les funciona porque si no le castigan, su hijo no les hace caso…

Cuidado, es que los niños han aprendido que hasta que no les decimos las cosas cinco veces, no nos tienen que hacer caso. Pero es que, además, ellos saben que desde que se lo decimos la primera vez hasta la quinta, les hacemos mucho caso. Y, sin embargo, si lo hacen bien a la primera, nadie le mira. Entonces, el niño, que lo que quiere es tu atención, no lo hace hasta la quinta. Probemos a hacer lo contrario, cuando estás obedeciendo, te presto atención, me quedo a tu lado. Muy importante también es ir avisando de lo que va a ocurrir. Por ejemplo, yo sé que mi hijo no va a querer dejar de jugar para irse a bañar, pues le voy a ir avisando. “Oye, en 5 minutos vamos a recoger los juguetes”. Y, en lugar de castigar, alentar: “Qué bien, porque lo vamos a hacer muy rápido y nos va a sobrar tiempo para leer un cuento juntos”.  

6. Otra frase recurrente suele ser esta: “Está muy bien eso de razonar con el niño, pero es difícil hacerle entrar en razón”. 

Los niños son capaces de razonar perfectamente, pero la clave está cuando tratamos de hacerlo. En medio de una pataleta nadie puede razonar, hagámoslo después, en calma. Lo hablamos después, explicándole con un lenguaje que ellos entiendan porqué tiene que ducharse y dejar de jugar. Y, además, lo hacemos respetando su emoción: “Cariño, entiendo perfectamente que quieras seguir jugando, es lógico, por eso te sientes enfadado, pero sabes que todos los días hay que dedicar un ratito al baño”.  

 7. ¿La disciplina positiva ve la educación como un proceso a largo plazo y el autoritarismo quiere el resultado ya? 

Podría ser una buena definición. A veces queremos conseguir las cosas ya, es lógico, necesitamos el resultado hoy. Lo que ocurre es que el “porque lo digo yo” no suele funcionar. ¿Las madres y padres queremos que nuestro hijo se lave los dientes porque nosotros se lo decimos o que aprenda por qué se tiene que lavar los dientes y lo haga siempre, independientemente de que estemos delante? Yo creo que lo segundo. Se trata de que entiendan en todo momento el porqué de las cosas. Y hay que explicárselo con su lenguaje: hay que lavarse los dientes porque si no vienen los bichitos, por ejemplo. 

8. ¿Cómo será de adulto un niño al que le han educado en la disciplina positiva y cómo será de adulto un niño al que le han educado desde el autoritarismo? 

Está demostrado que los niños cuyos padres son figuras más autoritarias, pueden llegar a funcionar muy bien en el colegio, a nivel de notas, pero pueden ser menos críticos y, a nivel emocional, les costará más reconocer sus emociones y las de los demás. La sobreprotección tampoco ayuda. Las consecuencias serían falta de autonomía, seguridad… 

Educado con disciplina positiva educamos de una forma más democrática, buscando consensos, y conseguimos niños seguros, autónomos, capaces de reconocer y regular sus emociones.

 María DotorPeriodista+ INFO

Funespaña propone tres cuentos para ayudar a los niños a afrontar la muerte en tiempos de pandemia

‘¡Me muero de chicle!’

La primera de ellas se titula ‘¡Me muero de chicle!’, de Laura Arnedo, una obra que transmite con lenguaje sencillo la percepción de la muerte para un niño, consiguiendo hacer una descripción de las emociones.

Funespaña ha puesto a disposición de las familias tres cuentos recomendados por expertos y psicólogos para ayudar a los niños a afrontar la muerte de un ser querido en tiempos de pandemia, y ofrece una serie de consejos como ser sinceros con los menores y adaptar el lenguaje a su madurez.

La doctora en psicología clínica y de la salud colaboradora de Funespaña Silvia Álava Sordo, recomienda «educar desde la edad temprana para establecer unas pautas psicológicas saludables de la relación de los niños con la muerte».

Herramientas docentes

Con el objetivo de establecer herramientas docentes de ayuda para mostrar a los niños la realidad de la muerte como parte del ciclo de la vida, la Revista Adiós Cultural, editada por Funespaña, convoca cada año un concurso de cuentos infantiles. Funespaña ha subido tres de estas obras originales a Internet para ponerlas a disposición de todas las familias que lo deseen, de forma gratuita.

La primera de ellas se titula ‘¡Me muero de chicle!’, de Laura Arnedo, una obra que transmite con lenguaje sencillo la percepción de la muerte para un niño, consiguiendo hacer una descripción de las emociones. La historia está narrada por una niña y subraya la igualdad a través de un lenguaje inclusivo.

‘Pim, pam, pim, pam’

Otra de las obras es ‘Pim, pam, pim, pam’, de Virtudes Olvera, que en su relato intenta «poner de manifiesto esa necesidad de no huir de lo desagradable», y ofrece algunos consejos como dosificar la información dependiendo de su madurez; «tratarles con el respeto que merecen, sin insultar su inteligencia», o educarles «en un amor por la vida» y «en un no olvidar a los que les precedieron».

‘Calimero y mi tía, la de las gallinas’

El tercer libro recomendado se titula ‘Calimero y mi tía, la de las gallinas’, de May Flores Manzano, cuya idea nació de la pérdida del hámster de sus sobrinos quienes, en un principio, aún guardaban la esperanza de que el animal solo estuviera muerto por un corto periodo de tiempo, como ocurre a menudo en los dibujos.

Consejos para ayudar a los niños a afrontar el duelo

Además, desde Funespaña ofrecen algunos consejos para ayudar a los niños a afrontar el duelo. En primer lugar, recomiendan decírselo según se recibe la noticia frente a la creencia generalizada de que es mejor no contárselo para «ahorrarles el sufrimiento». «Verán tristeza, llantos y malos ratos alrededor; hay que explicarles lo ocurrido para no generarles incertidumbre, algo que no van a saber gestionar», explican.

Asimismo, invitan a ponerse a su altura y tratarlo con naturalidad, empatizando con sus emociones, mirándoles a los ojos. «Es bueno que vean las emociones reales, por lo que no hay que aparentar o aguantar el tipo», señalan.

Además, aconsejan adaptar el lenguaje en función de su edad. «Generalmente, los niños son muy buenos recogiendo y captando información, sin embargo, por su propio desarrollo cognitivo, evolutivo y madurativo, no siempre lo entienden bien», explican.

También sugieren ser «sinceros» en las repuestas pues los niños tendrán muchas preguntas sobre lo sucedido. «Puede que no sepas o tengas las respuestas. En ese caso, es mejor decir ‘no lo sé’ a inventarnos las respuestas», señalan.

Igualmente, desde Funespaña recomiendan intentar restablecer la rutina porque «les aportará seguridad y confianza». No obstante, precisan que «lo prioritario en este momento es atender a sus necesidades emocionales, interiorizar la pérdida y hacer el duelo de la forma más sana posible».

«Debemos animarlos a expresar sus sentimientos para que sientan nuestro apoyo y gestionarlo de la mejor manera posible. Siempre será una situación difícil, pero en estos momentos en los que no nos podemos despedir, en los que no habrá velatorios y los funerales tienen que aplazarse, es todavía más complicado», comenta Silvia Álava Sordo.

FUENTE: Heraldo.es

Consejos para abordar el duelo infantil ante la COVID-19.

Afrontar la muerte no es fácil, y en la actual situación de la pandemia de COVID-19, menos aún. Consejos para abordar el duelo infantil ante la COVID-19.

El distanciamiento social y las diferentes limitaciones hacen que el duelo esté siendo especialmente complicado en el último año. Cuando este duelo afecta a los más pequeños, muchas familias no saben cómo hacerle frente. Silvia Álava Sordo, doctora en psicología clínica y de la salud colaboradora de Funespaña, recalca la importancia de contar con recursos y herramientas que puedan ayudar a …

Leer más: https://www.infosalus.com/salud-investigacion/noticia-consejos-abordar-duelo-infantil-covid-19-20210330115147.html

¿Cómo ayudar a hacer los deberes de los niños para que los padres nunca acaben haciéndolos? en Business Insider

Por Óscar F. Civieta

  • Hay unanimidad en que los padres no deben, en ningún caso, hacer los deberes de los niños. Aunque sí ayudarles en un momento puntual, preguntarles por ellos y dialogar antes que controlar.
  • El número total de horas obligatorias de clase en Educación Primaria es para los alumnos españoles ligeramente inferior a la media de la OCDE.

Cuántos padres suspenderían los exámenes que hacen sus hijos en el colegio. Cuántos volvieron a la escuela (en sentido figurado) cuando comprobaron que no sabían hacer los deberes de los niños. Una opción es disimular tus carencias, otra (la más apropiada) tomar medidas para poder ayudar a tus hijos o hijas. 

Está abierto, desde hace tiempo, el debate acerca de la conveniencia o no de mandar deberes a los niños y, en caso de respuesta positiva, respecto al tiempo que deben dedicar a ellos. No hay controversia, sin embargo, en que tan importante como la enseñanza y el aprendizaje es el tiempo libre, el descanso y el esparcimiento. 

En la web Etapa Infantil muestran las horas que deben estudiar los niños según su edad

  • 6 años: “Mantendrá una atención de 10 a 30 minutos, siendo 30 minutos poco probable”.
  • 7 años: “Su capacidad de atención podrá aumentar hasta los 35 minutos”.
  • 8 años: “Con esta edad el tiempo de atención aumenta hasta los 40 minutos”.
  • 9 años: “Puede mantener su atención hasta 45 minutos”.
  • 10 años: “Será capaz de mantener la atención hasta 50 minutos y comenzar a hacer sus tareas de manera autónoma”.
  • Más de 10 años: “A partir de esta edad, el tiempo de estudio ideal seguido es de 1 hora, con su correspondiente descanso de 10 minutos. Las pautas de descanso son esenciales para que la mente recupere la energía”.

En el informe Panorama de la educación – Indicadores de la OCDE 2019, del Ministerio de Educación y Formación Profesional, se apunta que “el número total de horas obligatorias de clase en Educación Primaria es para los alumnos españoles ligeramente inferior a la media de la OCDE. En cambio, en la primera etapa de Educación Secundaria, España supera en más de 130 horas la media de la OCDE. En ambos casos, los alumnos españoles superan la media de la UE23”.

Así puedes ayudar a tus hijos a hacer los deberes

También presenta controversia el hecho de hasta qué punto deben implicarse los padres en la realización de los deberes de los niños. En general, el consejo habitual, como apunta M. Carmen Bouzas Cabello, directora de Remonta Pedagogía, es que “los padres podrán resolver dudas y supervisar el trabajo de los pequeños, pero no sentarse en la silla de al lado para hacerlos con ellos”. En la misma línea opina Jesús Alonso, profesor del IES Arturo Soria de Madrid: “El papel de los padres debe limitarse a proporcionarle a su hijo un espacio adecuado y un tiempo suficiente para que pueda hacer por él mismo los deberes, pero en ningún caso ocuparse directamente de ellos”.

Preocuparse por sus estudios y confiar en ellos

Varias universidades españolas realizaron un estudio que medía el rendimiento académico de estudiantes de Infantil, Primaria y Secundaria. Una de las conclusiones que extrajeron es que los padres han de leer con los niños, preguntarles por las clases y confiar en ellos. Se comprobó que ayudarles directamente en la realización de los deberes no mejora los resultados académicos.

Mejor dialogar que controlar

Con un enfoque muy similar al anterior, el informe La implicación familiar en la educación: una herramienta de cambio, elaborado por diversos profesores de la Universidad de Oviedo para el Observatorio Social de La Caixa, señala que “los hijos de familias más comunicativas muestran mejor desempeño escolar, todo lo contrario que los casos en los que los progenitores adoptan un estilo más controlador”.

No son los deberes de los padres

“Los deberes son responsabilidad de los niños”, la psicóloga educativa Silvia Álava lo deja muy claro en una entrevista en la web de BBVA. Si los deberes los hacen los padres, subraya, “los niños entienden que nos es su responsabilidad. Hay padres que ves que les importa más a ellos la nota que a los propios niños. Se puede ayudar de manera puntual, pero no hacerlos. Y si dicen que no lo entienden, pero resulta que no han hecho nada, no es que no lo entiendan, sino que quieren que se los hagas”.https://www.youtube.com/embed/bCyHwhybIVU?feature=oembed&enablejsapi=1&origin=https%3A%2F%2Fwww.businessinsider.es

Establecer una rutina de trabajo

Los padres han de generar una rutina para hacer los deberes de los niños. Transmitir a sus hijos el mensaje de que el trabajo escolar es una prioridad y establecer reglas básicas, que tengan que ver con un horario y un espacio. Así lo apuntan los expertos de KidsHealth.

Riñas, no; juegos, sí

La pedagoga M. Carmen Bouzas apunta que es conveniente “cambiar las riñas, protestas e insistencias en que hagan los deberes por un tiempo de juego cuando ha terminado de hacerlos”. Además, resalta lo importante que es marcar unos horarios, no sólo en el sentido de estatuir rutinas, sino en el de poner unos límites al tiempo que le dedica a los deberes. Algo que tiene mucho que ver con lo comentado anteriormente acerca de cuánto aguantan los niños concentrados según su edad.

FUENTE: Businessinsider.es

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La vianda escolar, consejos para una alimentación saludable en la escuela

Claudia Guimaré nos propone planificar el menú y la compra, cuestionar las etiquetas, buscar alternativas saludables fuera del super y animarte a lo casero.

A falta de estrés, buenas son las viandas…

Si para muchos padres la alimentación de los chicos en general puede ser un verdadero dolor de cabeza, la comida en la escuela puede agregar un estrés adicional a nuestra dinámica familiar, máxime cuando esta vuelta a clases viene marcada por nuevos protocolos instalados en muchos colegios debido a la pandemia actual.

Asegurarnos de que coma, pero que además coma bien, es decir, combinar lo saludable con lo que a nuestro hijo o hija le guste comer, puede implicar verdaderos malabares a la hora de pensar menúes. Y si además a esto le agregamos la preocupación por cuestiones bromatológicas de que el alimento llegue en perfecto estado al colegio, la cosa puede llegar a tornarse un verdadero rompecabezas.

Por eso en esta nota te dejamos algunos consejos e ideas para que el armado de la vianda no te agobie y que de paso, puedas aprovechar esta instancia para inculcar hábitos de alimentación saludables a tus chicos.

Educar el paladar es clave

Los expertos señalan que la comida preferida en la infancia genera emociones que determinan nuestros gustos alimenticios para el resto de nuestras vidas. Por ende, un chico para el que la ida a McDonald’s es el punto cúlmine de su felicidad semanal, será un adulto mucho más proclive a alimentarse con comida chatarra, buscando inconscientemente recrear esa sensación de placer y felicidad vivida en la infancia. La temprana infancia es el momento para educar el paladar de nuestros hijos y mostrarles que comer sano, no es comer feo o aburrido.

Una buena noticia

Lo primero que debes saber es que, si bien como en todo siempre hay excepciones, por regla general los niños que comen poco o mal en casa se convierten en buenos comedores en la escuela como por arte de magia (ya sea que lleven vianda o que almuercen la comida de la institución), como señala Silvia Álava, psicóloga española especialista en Psicología Educativa y autora de “Queremos hijos felices. Lo que nunca nos enseñaron”. Esto no tiene que ver con la comida en sí, sino más bien con el entorno en que se encuentran.

A diferencia de lo que pasa en casa, cuando están “lejos de la mirada de papá y mamá, la actitud del niño hacia la comida cambia, porque ahora la comida es simplemente un momento más del día” que comparte con amigos de manera distendida” explica. Y por ello, la vianda escolar, ya sea almuerzo o merienda, puede ser la oportunidad para introducir nuevos alimentos y de paso, asegurarnos que la única opción que tenga el niño en ese momento, sea saludable.

La planificación es la clave

Lo primero que podemos hacer para organizar las viandas escolares sin colapsar en el día a día, es planificar bien y con tiempo el menú semanal.

Para esto es ideal empezar por listar aquellas cosas que sabemos a nuestros hijos les encantan y las que no tanto pero a las que no opondrán resistencia y así tener un primer pantallazo de lo que sabemos que si mandamos, van a comer seguro. Y luego listar algunas cosas que tengamos intención de ir incluyéndoles poco a poco.

De esta forma, y con eso a la vista, nos será más fácil no sólo pensar las combinaciones que nos permitan ir “mechando” los alimentos que queremos introducir con los que son un éxito asegurado, sino que además, podremos armar menúes variados y balanceados (tomando en cuenta que contengan proteínas, vitaminas, carbohidratos etc) y de paso también organizar la lista del súper, puesto que las compras de último momento y a las apuradas, son más factibles de terminar incluyendo alimentos procesados o golosinas cargadas de azúcar para salir del paso.

Comprar sabiendo qué compramos: hay que leer la etiqueta

Una vez que tenemos claro qué cosas necesitamos comprar, la segunda clave está en entender cabalmente lo que estamos comprando, lo cual hoy día puede ser una tarea agotadora. Etiquetas diminutas que requieren de una lupa y un listado de componentes de nombres extraños nos llenan de información que más que aclarar nos confunde. Pero no leer la etiqueta implica, en palabras de Soledad Barruti, periodista dedicada a la difusión científica de cuestiones vinculadas a la industria alimenticia y autora de los libros “Malcomidos” y “Mala leche, el supermercado como emboscada”, firmar un cheque en blanco.

Para esta escritora, la enorme mayoría de las etiquetas son “una engañapichanga” que no dicen lo que realmente tienen que decir y dicen muchas otras cosas que nos terminan guiando para mal. Ahí es cuando surgen las preguntas: ¿Qué galletitas son más sanas? ¿Si el colorante es natural entonces es bueno? ¿Si un alimento es fortificado, entonces no contiene sustancias nocivas? ¿Todos los conservantes son malos? ¿Sabor a chocolate implica que tiene chocolate de verdad? ¿Si la patita de pollo dice que es 100% carne de pollo, significa esto que su principal ingrediente es verdaderamente carne de pollo?

Para no volverse loco, conviene empezar por informarse un poco sobre alimentos ultraprocesados y cómo interpretar lo que las etiquetas declaran, para evitar comprar jugos de naranja que de naranja no tienen más que el color del envase o galletitas o cereales que esconden bolsones de azúcar, maíz ultra procesado, harinas malas y aceites baratos, y hacerlo no sólo en pos de darle algo sano a nuestros hijos hoy sino porque el abuso de estos alimentos ultraprocesados moldea el paladar de los chicos para su futuro.

Y como dice Barruti, “luego de comer lo que hoy se entiende por un yogur, una fruta ya no les sabe a nada”. Les recomiendo seguir a Barruti en las redes, así como también a Marina Koppmann, en “Cazabacterias”, toda una referente en la región sobre temas de bromatología, para más información seria del estilo. También puede ser útil para cuando se nos agoten las ideas, seguir instagramers que ofrezcan ideas de menúes saludables para chicos.

Una de mis favoritas es LO QUE LOS KOALAS COMEN. Hay muchas opciones, cuentas de ig y grupos de Facebook. Es sólo cuestión de empezar a bucear de a poco y les aseguro, suma.

Escapar del supermercado

Para muchos de nosotros, que nos criamos a base de chivitos canadienses, tener hijos fue el disparador para comenzar a tomar conciencia de la calidad de lo que comemos en casa. En mi caso por ejemplo, amigarme con una dietética del barrio, fue un gran descubrimiento para empezar a cambiar el chip.

Podemos descubrir budines o galletas sin azúcar, endulzados a base de estevia, o con algarrobo para sustituir al chocolate, jugos de fruta con probióticos, sin colorantes ni conservantes artificiales, frutos secos o frutas disecadas como rodajas de pera, manzana, chips de banana etc o leches chocolatadas a base de soja, maní o almendras.

En todo caso hay mucho para probar sabiendo que es ensayo y error ya que algunas veces encontraremos opciones geniales en sabor y otras que a los ojos (o paladar) de nuestros hijos, no le ganen ni a palos a sus competidoras no saludables.

Algunas opciones para tener en mente

Aunque parezca una tarea difícil, si nos organizamos, podemos lograr una variedad de opciones saludables de merienda con poco esfuerzo. La diferencia en calidad entre unas galletitas caseras y otras industriales es inconmensurable.

Para combatir la pereza de hacerlas en casa, se puede hacer una vez una masa abundante y frizarla en porciones y cada tanto, descongelar una porción y hornear algunas pocas. Hay mil recetas sencillas que no llevan más de 10 minutos de preparación y nos aseguramos que contengan buenos ingredientes, chocolate de verdad, azúcar en la cantidad justa etc. En casa hacemos tipo cookies americanas con chips de chocolate, galletitas de manteca y de limón.

Los budines por ejemplo son otra opción sencilla para hacer en casa y escapar a los del supermercado. Se pueden cortar en rodajas y frizarlas en sobres de nylon por separado y cada noche simplemente sacás una porción para el día siguiente. En casa hacemos de limón con glaseado y pan de banana con miel y dulce de leche, ¡una bomba!

Lo mismo podemos hacer con productos de panadería comprados, como medialunas, muffins, tartas, pan de chocolate etc, congelarlas separadas e ir sacando a diario.

Los cereales (sueltos o en barritas) son de los alimentos más engañosos al punto que hoy, muchos son más una golosina que un cereal propiamente dicho. Por ello conviene escapar de las marcas del super y comprarlos en dietéticas y mercados naturistas. También están las “tutucas” y las almohaditas rellenas de diferentes sabores hechas con muy poca azúcar y manteca.

Snacks o postres

Ya sea como snack o como postre, es ideal enviar siempre algo de fruta a diario. Las más comunes como manzana y banana deben ir idealmente con cáscara para evitar su oxidación y pelarse en el momento. De no ser posible, podemos recurrir a mandarina en gajos o uvas (cortarlas al medio por seguridad para evitar atragantamientos) bien envasadas o también se puede recurrir a fruta deshidratada como rodajitas de banana, pera, manzana, ananá etc que también se venden en las dietéticas y son muy sabrosas.

Bebidas

Escaparle a las gaseosas y las aguas saborizadas es lo primero. Podemos enviar jugo de fruta, si es comprado, siempre que sea en envase tetra cerrados o si tenemos vaso térmico hermético podemos hacer jugos naturales o licuados de fruta o verdura tipo smoothies caseros. Un truco es, si no tenés vaso térmico, congelar una botellita de agua por las noches para que se vaya derritiendo a lo largo del día y asegurarte de que siempre tenga agua fresca.

Comidas

Si de enviar sólo comidas frías se trata, rollitos de jamón y queso o bastoncitos de queso, empanadas de distintos sabores, buñuelos, muffins de queso y verduras, o porciones de tarta nos pueden sacar del apuro.

En el caso de las tartas si son de verdura escurrir bien el relleno y blanquear la masa de la base para que no se humedezcan y desarmen. Comidas como la tortilla o incluso la pizza, también sirven ya que nadie les dice que no aun frías. Rodajitas de choclo hervido y huevos duros, son prácticos, ricos y admiten ir fríos. Pero cuidado con el huevo, la yema debe estar bien cocida.

¿Con qué más hay que tener cuidado? Con los sándwiches porque al contener manteca deben conservar el frío para ser seguros. Por ello deben enviarse siempre en envase cerrado y lonchera térmica únicamente. Con los tomatitos cherry ya que por su diámetro pueden ser peligrosos en atragantamientos, por ello hay que cortarlos siempre en dos o en cuatro.

Por último, debemos evitar las comidas con mayonesa incluida y enviar los aderezos siempre a parte, en sachette o en un envase cerrado a parte y en frío.

Envasado: Loncheras, platos y botellas

A la hora de envasar, por cuestiones bromatológicas es bueno hacerlo todo por separado, sobre todo cuando se manda pollo o pescado e intentar envasar cuando la comida ya está fría, ya que con el calor, muchos alimentos producen bacterias con gran rapidez.

Utilizar platos con separadores no sólo facilita el emplatado para que la comida no se mezcle sino que también colabora para armar comidas más “vistosas” para los niños, separando los alimentos por tipo o incluso color, ya que los niños, al igual que los adultos, también “comen con los ojos”.
La elección de la lonchera es fundamental. Si precisamos que mantenga el frío o el calor, ojo con comprar demasiado económicas.

Hay unos tuppers para loncheras de la marca Joseph Joseph que son realmente geniales y que tienen diversos compartimentos superpuestos pero cerrados de manera independiente para llevar lo fio y caliente o lo salado y lo dulce separados así como también vasos térmicos para las bebidas, contenedor especial para los cubiertos y hasta recipiente pequeño para los condimentos, ideal para quienes no pueden comer la milanesa sin mayonesa por ejemplo!! o para agregarle el aceite de oliva a los cherries.

Si disponemos de botellas o vasos térmicos que cierren herméticos, podremos enviar jugos o licuados naturales de fruta o chocolatadas hechas en casa con cacao auténtico. Y si no tenemos vaso térmico, tenemos el truco de la botella de agua congelada para que se vaya descongelando durante el día y así tengan agua fresca siempre.

En resumen: planifica el menú y la compra, cuestiona las etiquetas, busca alternativas saludables fuera del super y anímate a lo casero organizándote en casa.

Los estudios indican que los niños son quienes en realidad digitan el 75% de las compras de alimentos del hogar, por lo que comenzar a preocuparse por la alimentación de nuestros hijos puede ser el punta pie inicial para revisar algunos de nuestros hábitos alimenticios y que todos salgan ganando.

Claudia Guimaré

Claudia GuimaréLa socióloga uruguaya y especialista en marketing y comunicación es la fundadora de Mamá estimula. En el grupo que administra desde Argentina, comparte materiales educativos y soluciones para padres.

FUENTE: ElPaís.com.uy

Vídeo-Guía #AprenderJugando, descárgala gratis

Los niños pasan mucho tiempo jugando. Jugar no es sólo divertirse, cuando los niños juegan están aprendiendo y se consolidan muchos procesos cognitivos. A través del juego se adquieren conocimientos, valores, además de generarse emociones agradables.

Queremos que los niños y niñas aprendan lo máximo posible, que no se retrasen en el colegio, que sigan el ritmo impuesto por el centro educativo, y en ocasiones se nos olvida que muchos aprendizajes se pueden realizar a través del juego.

La neuropsicología nos muestra que el aprendizaje se consolida mejor a través de las emociones agradables. Pensar que los niños tienen que sufrir o pasarlo mal para aprender no tiene ninguna base científica. Lo que se aprende jugando se retiene y se reproduce mejor.

Seis grandes beneficios del juego infantil:

  1. Cuando los niños juegan, adquieren autonomía, dado que según van creciendo les iremos pidiendo que cada vez se entretengan solos durante más tiempo, que sean ellos quienes decidan a qué jugar y que sean capaces de dirigir su juego.
  2. El juego aumenta la seguridad de los niños y la confianza. Ellos son los que dirigen el juego y conocen las reglas, lo que hace que se sientan líderes y capaces.
  3. El juego también sirve para desarrollar la autoestima, dado que los niños aprenden a conocerse, saber cuáles son sus fortalezas y cómo mejorar sus habilidades.
  4. A través del juego también se desarrollan habilidades sociales, especialmente en las interacciones grupales, ya que hay que aprender a negociar, a ceder, a seguir las reglas… todas ellas habilidades esenciales en la vida adulta.
  5. El juego sirve para desarrollar múltiples procesos intelectuales, como el razonamiento lógico y abstracto, la memoria, la atención, la organización espacial, la función ejecutiva…
  6. Muchas de las competencias emocionales necesarias para tener éxito en la vida se pueden desarrollar a través del juego.

Conociendo los beneficios del juego, ¿a qué esperar para aprender jugando? Descárgate gratis nuestra vídeo-guía #AprenderJugando:

Nerviosismo, tristeza, frustración… Cómo afrontar la crianza cuando tú no estás bien. Colaboración con el diario La Vanguardia

Expresar los estados anímicos negativos ante los hijos puede ayudar en su educación emocional siempre que no se crucen ciertos límites.

ROCÍO NAVARRO MACÍAS

Educar a los hijos nunca es tarea fácil. Y poner el foco en la crianza cuando el bienestar emocional está mermado plantea un gran reto. Nerviosismo, desesperanza, tristeza, frustración son algunos de los sentimientos que circulan actualmente de forma recurrente y que pueden despertar respuestas exageradas ante actuaciones de los hijos. “A todos nos afecta la situación actual de una forma u otra. Debido a ello, pueden producirse reacciones desproporcionadas ante comportamientos normales de los niños”, explica la psicóloga Silvia Álava.

Las emociones desagradables aparecen de forma natural, sobre todo cuando ocurren cambios drásticos en el entorno o situaciones que afectan directamente a la seguridad o al bienestar personal. Pero parece que los progenitores deban mantener estoicamente una calma aparente pese a que su panorama interno se revele desolador. 

Pueden darse reacciones desproporcionadas ante comportamientos normales de los niños». Silvia Álava. Psicóloga

No obstante, puede que expresar abiertamente estados anímicos poco agradables delante de los niños no sea tan mala idea, ya que puede ayudar a educar emocionalmente a los hijos.

Las líneas rojas

Los padres son los responsables

Pero para que esta propuesta sea provechosa los padres deben tener en cuenta algunos aspectos. “Por un lado, han de transmitir que ciertas reacciones son perfectamente normales en determinadas situaciones y que eso no significa que mamá o papá estén completamente descompuestos y sean incapaces de ocuparse de ellos”, comparte Rafael San Román, psicólogo de iFeel.

Sentirse abrumado por la crisis sanitaria, nervioso ante la potencial pérdida de un trabajo o preocupado por una enfermedad son reacciones naturales. El problema se desencadena cuando estos sentimientos se tornan cotidianos. “Si el adulto se ha instalado en esas emociones y se convierten en su estado emocional habitual pueden interponerse en la crianza. Además, transmitirán a sus hijos, sobre todo si son muy pequeños, una sensación de inseguridad o fragilidad superiores a lo que ellos pueden asumir como fragilidad normal”, explica San Román.

Más allá de este escenario, que debe ser tratado por un profesional, que a un adulto le sobrevengan las lágrimas o muestre su tristeza no debe ser motivo de preocupación. “No pasa nada porque los padres lloren delante de los hijos. Lo podemos hacer dentro de la naturalidad del contexto. Pero una cosa es expresar la emoción, decir cómo me siento, y otra muy distinta, compartir las preocupaciones”, comparte Álava.

Los hijos no son confidentes

Esta misma línea es la que mantiene San Román, que invita a los progenitores a tomar ciertas precauciones ante la exposición de emociones delante de los menores: “Debe haber una combinación de apertura y de límites. Los padres pueden admitir con sus hijos que están de mal humor, que hay algo que les preocupa o entristece; los niños pueden tolerar esto. Pero no deben hacerlo buscando la ayuda y el consuelo de los hijos, sobre todo si son muy pequeños”. 

Los padres son los responsables del bienestar de los hijos, y no al revés»

Rafael San Román. Psicólogo

El experto aconseja evitar mostrar reacciones emocionales muy intensas, porque los pequeños no sabrían contextualizarlas. Asimismo, es importante tener en cuenta que la relación paterno-filial es asimétrica, los padres son los responsables del bienestar físico y emocional de los hijos, y no al revés. “No es una relación de ‘hoy por ti, mañana por mí’ como, por ejemplo, ocurre en una amistad”, añade San Román.

Mejorar la inteligencia emocional

Manifestar abiertamente en la familia las emociones es clave para que los hijos desarrollen inteligencia emocional. “Los padres pueden educar emocionalmente hablando de sus propias emociones, y expresándolas dentro de unos límites, pero siempre demostrando que son adultos, cuidadores responsables y que un mal día no implica que papá o mamá dejen de proteger y estar disponibles para los niños”, señala San Román. Lee también

De hecho, el psicólogo incide en que los niños necesitan ver que existen emociones asociadas a unas sensaciones poco placenteras, como el miedo, la rabia, la culpa, la tristeza, la vergüenza. Además, requieren contar con modelos que les indiquen qué se hace en esos casos.

Asimismo, puede ser una herramienta para que los adultos también tomen conciencia de lo que les ocurre. “Muchas veces vamos acelerados y este estado recae sobre nuestros hijos”, indica Álava. Es común que los padres utilicen frases como “vístete que tenemos prisa” o les empujen a comer a un ritmo que no se corresponde con el propio de la edad. Estas reacciones pueden indicar que algo pasa a nivel interno.Lee también

“El problema no es la situación, sino cómo reaccionamos ante ella”, comparte la psicóloga. Se trata de un aspecto especialmente importante ya que los hijos absorben toda la información verbal y no verbal de sus cuidadores. “Los padres deben ser conscientes de que son modelos para sus hijos, y que estos aprenden a regular sus emociones, expresarlas y darles un significado en función de, entre otras cosas, lo que ven en casa”, expone San Román.

Se puede hacer partícipes a los hijos de la gestión emocional. Álava propone pedirles, por ejemplo, un abrazo para sentirnos mejor, o bailar y cantar una canción con ellos, hacer un descanso y luego seguir.

Estrategias de regulación activa

Cuando los padres se sienten desbordados emocionalmente el primer paso es que observen lo que está sucediendo. “Es necesario identificar con honestidad las causas del malestar emocional, para detectar si tienen que ver con la familia, el trabajo u otra faceta. Es la manera de empezar a buscar una solución y también de contener el problema dentro de su esfera, para que no se expanda a otras áreas”, recomienda San Román. Una vez reconocido el estado e identificada la causa, pueden llevar a cabo diferentes acciones para gestionar el estado anímico.

Pedir ayuda. “Muchas personas se sienten frustradas al pedir ayuda. Sin embargo, debe verse como un gesto de valentía. Se trata de reconocer que nuestros conocimientos tienen un límite y hay personas especialistas que nos pueden proporcionar herramientas para gestionar la situación”, explica Álava.

No pretender ser perfectos. La perfección no existe e intentar alcanzarla supone un alto peaje. “Nadie llega a todo durante mucho tiempo sin desgastarse por el camino y sin desatender cada una de las facetas que pretende abarcar. Hay que exigirse y ser autocríticos, porque la crianza de los hijos se tiene que hacer lo mejor posible, pero también saber distinguir un error que cometería cualquiera, de manera puntual, de una negligencia”, recomienda San Román.

Usar estrategias activas para regularnos. Son procesos de recuperación que ayudan a bajar el nivel de ansiedad. Es una herramienta a la que todos acudimos, pero la pandemia ha limitado muchas de las que se tenían integradas.

“Puede que me funcionase quedar con mis amigos, pero debido a la situación actual no podemos hacerlo. Es necesario encontrar técnicas reguladoras que funcionen a nivel personal. Sabemos que las estrategias activas tienen mejor resultado que las pasivas. Por ejemplo, ver una serie sería pasiva, y cocinar o hacer manualidades, activas”, comparte Álava. La psicóloga añade que este tipo de técnicas ayudan a educar mejor y ser un modelo más deseable para los hijos.

Ver una serie sería una técnica pasiva, y cocinar o hacer manualidades, activas»

Silvia Álava. Psicóloga

Cuidar la comunicación entre los progenitores (cuando son dos). “La crianza es cosa de dos y tiene que haber una buena comunicación para que los distintos estilos de crianza que pueden coexistir en una misma familia no generen incoherencias o desorden”, dice San Román. Por otra parte, es fundamental pedir ayuda a la otra parte y sentirse acompañados en la crianza.

Llevar una vida ordenada. Esto no va a evitar los problemas ni hacer que desaparezcan las preocupaciones, pero sí favorece el buen clima. “Evita que los nervios se crispen demasiado rápido. Además, las cosas no se ven igual si se ha dormido bien y la casa está recogida, que si cada pequeña cosa está manga por hombro, en cuyo caso voy a tener siempre una sensación de saturación”, concluye San Román.

FUENTE: diario La Vanguardia

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5 cosas que puedes hacer para favorecer un buen desarrollo emocional en la infancia. Colaboración con Padres y Colegios

Los padres y los maestros tenéis un papel fundamental a la hora de favorecer el correcto desarrollo emocional de vuestros hijos y alumnos. Los niños cuando son pequeños necesitan la ayuda de sus adultos de referencia para poder regular tanto su conducta como sus emociones, así, por ejemplo, la lactancia materna, los cuidados y el contacto físico ayudan a que los bebés puedan regularse. Según van creciendo, cada vez serán más autónomos a la hora de saber manejar su conducta y sus emociones, no obstante, es importante que les vayamos mostrando la forma de hacerlo, a la vez que les acompañamos en este proceso.

Las emociones constituyen el primer medio de comunicación, y están presentes en los bebés desde su nacimiento. Por eso es tan importante que los adultos sepamos interpretarlas. Además, el tipo de cuidados que los niños reciben en su día a día, sobre todo en las pequeñas acciones cotidianas marcarán cómo serán sus relaciones en la vida adulta. No obstante, el cerebro es plástico y siempre podemos aprender nuevas formas de relacionarnos. Y es que, nos ocupamos de que los niños aprendan a leer, a escribir, a que sepan matemáticas, idiomas… pero no a manejar, controlar y ser dueños de las emociones.  El estilo educativo de los padres tiene influencia en el desarrollo socioemocional de los niños tanto a corto como a medio y a largo plazo. Es importante conocer los diferentes estilos educativos y sus consecuencias en el desarrollo emocional de los niños para conocer cuál es la mejor opción para educarlos.  

Estilos educativos

Existen cuatro tipos de estilos educativos:

  1. Los padres con estilo democrático intentan dirigir la conducta del niño hacia una madurez, por eso tratan de fomentar su autonomía, favoreciendo el diálogo y la comunicación, sin dejar de imponer su rol de padres. Parten de que tanto el niño como los padres tienen ciertos derechos y responsabilidades con respecto al otro y utilizan la negociación y el razonamiento.
  2. Los padres autoritarios valoran la obediencia, utilizan el castigo como principal medida educativa, no favorecen el diálogo y restringen la autonomía del niño.
  3. Los padres permisivos no siempre son capaces de marcar ciertos límites y evitan el recurso de la autoridad, el castigo y las restricciones. No son exigentes en relación con la responsabilidad en la realización de tareas y en cuanto a las expectativas de madurez y actúan de forma sobreprotectora con ellos, impidiendo que desarrollen su autonomía.
  4. Los padres negligentes no son capaces de resolver las necesidades en ocasiones fisiológicas de sus hijos, y casi nunca las emociones. No están presentes cuando los niños les necesitan.  

Consecuencias del estilo educativo en el desarrollo socioemocional

El estilo educativo de los padres puede llegar a condicionar el desarrollo socioemocional de sus hijos. Así sabemos: Los niños cuyos padres tienen un estilo democrático suelen desarrollar una buena autoestima y autoeficacia, además de buena competencia social. Suelen tener buen rendimiento escolar y tienen una menor incidencia de problemas psicológicos y de conducta. Los niños cuyos padres tienen un estilo autoritario, es cierto que tienen un alto nivel de obediencia e incluso de rendimiento escolar. Sin embargo, desarrollan pocas competencias sociales. Pueden tener problemas de autoestima, sobre todo porque se perciben como menos eficaces. Además, presentan una mayor incidencia de síntomas depresivos y problemas emocionales. Los niños cuyos padres tienen un estilo permisivo, desarrollan buena autoestima y pueden tener una buena competencia social, sin embargo, tiene un rendimiento académico menor y mayor incidencia de problemas de conducta y abuso de sustancias. El estilo educativo negligente, es sin lugar a duda el que más problemas llega a generar en los niños. Con problemas escolares, bajo desarrollo de competencia social. Una mayor incidencia de problemas de ajuste psicológico y mayor incidencia de problemas de conducta y abuso de sustancias.  

¿Qué podemos hacer para favorecer el desarrollo socioemocional de los niños?

La primera escuela donde se enseña a manejar las emociones es la familia, por tanto, es necesario que los padres y maestros sepamos gestionar nuestras propias emociones para que así actúenos como modelos de autoregulación emocional para los niños. Además, podemos trabajar las siguientes acciones con nuestros hijos y alumnos siguiendo las siguientes pautas:

  1. Reconocer Emociones. Es importante enseñar a los niños a reconocer las emociones, ser conscientes del estado emocional en el que nos encontramos, tanto en uno mismo como en los demás.
  2. Favorecer los buenos momentos, y que los niños experimenten bienestar, emociones agradables que les ayuden a contrarrestar las desagradables.
  3. Actitud Positiva. Mostrarles cómo tener una actitud positiva ante la vida, y cómo disfrutar.
  4. Favorecer la autonomía: que hagan las cosas por sí solos.
  5. Prestarles atención, sobre todo cuando hacen bien las cosas, y trasmitirles la idea de tú me importas, tus necesidades me importan, cómo te sientes, me importa.

FUENTE: Padres y Colegios