¿Qué puedo hacer? Mi hijo muerde

A los 2-3 años, los niños empiezan a morder para hacer daño. La psicóloga Silvia Álava nos da consejos para poner fin a esta situación

Por .María Dotor Periodista + INFO

Los niños, desde que nacen, exploran con la boca. Su modo de conocer el mundo que les rodea es llevándoselo a la boca, lo que explica que muerdan y chupen todo tipo de objetos. Pero es alrededor de los dos o tres años cuando las madres y padres empezamos a notar que nuestros hijos muerden de otra manera: con fuerza y haciendo daño. ¿Es normal este comportamiento? ¿Cómo debemos reaccionar los adultos? ¿Hay alguna estrategia para evitarlo? De esto hablamos con la psicóloga Silvia Álava.

¿Es normal que mi hijo muerda?

Lo primero que tenemos que saber es que es totalmente normal que los niños muerdan. “Hasta que el lenguaje no está completamente desarrollado, los niños no tienen recursos/habilidades para defenderse, para expresarse… y recurren a métodos más rudimentarios, como puede ser morder” nos explica Silvia Álava. Por tanto, “cuando los niños son tan pequeños, no debemos darle tanta importancia al hecho de que muerda”, lo que no significa que no tengamos que enseñarle que morder no está bien. “Aunque sepamos que es algo normal, nosotros no debemos validarlo, y debemos ir explicando al niño que morder no está bien, que morder hace daño a la otra persona”, aclara Álava.

¿Qué hacer si mi hijo muerde?

Ahora que ya sabemos que es totalmente normal que nuestros hijos muerdan como forma de expresar sus emociones, entre ellas el enfado, o para defenderse, también tenemos que tener claro que ,nosotros, los adultos, no debemos validar esta forma de actuar. Por tanto, ¿cómo debemos actuar? Silvia Álava nos da algunas pautas:

  • Estamos hablando de niños muy pequeños, que no dominan en lenguaje, por tanto, hay que evitar discursos muy largos, porque no los van a entender.
  • En cambio, sí podemos utilizar frases cortas, contundentes del tipo: “No, no mordemos”. “Que nos muerdan, duele”. Y acompañar estas palabras con un gesto de dolor, tristeza. Que vean en nuestra cara que no está bien lo que ha hecho.
  • Enfadándonos , regañándoles o castigándoles no conseguiremos nada, pero es que además, le estamos lanzando un mensaje contradictorio: nosotros queremos que ellos tengan habilidades para expresar emociones o pedir las cosas sin recurrir al mordisco, y nosotros le estamos dando un modelo agresivo, así no sirve. Desde la calma les explicamos, de forma sencilla, que morder duele.

Cuando ya empiezan a ser un poquito más mayores (a partir de los 4 años), podemos desarrollar su empatía: “cuando a ti te muerden, te duele. Por tanto, tú no muerdas, porque haces daño”.
Trabajar el lenguaje de nuestros hijos, para que aprendan a pedirnos las cosas, aunque sea con gestos. Porque, cuando puedan expresarse con el lenguaje, como ya no necesitarán recurrir al mordisco, dejarán de morder.

¿Cómo puedo conseguir que mi hijo no muerda si tiene ya 5 años?

¿Qué ocurre si muerde un niño de 5-6 años, que ya tiene completamente desarrollado el lenguaje?

“Esto ya no es tan normal, por tanto, en este caso, los padres debemos ser muy contundentes, con frase tipo: “Me ha dolido mucho el mordico que me has dado, lo siento, pero yo no juego con quién me muerde”. En este caso, estamos hablando de un niño que sí tiene estrategias y recursos para expresarse y, aún así, recurre al mordisco.

Cuando haya pasado un rato, nos dice Álava, “debemos preguntarle por qué mordió y ayudarle a entender que el enfado le ha llevado a morder”. El siguiente paso sería invitarle a “buscar juntos formas de expresar el enfado que no pasen por hacer daño a los demás, porque, recordemos, el niño no puede evitar sentir una emoción, en este caso el enfado, pero sí puede ir aprendiendo a controlar la forma en la que expresa dicha emoción”.

Fuera etiquetas

A menudo, los adultos etiquetamos a los niños en función de sus conductas: “Este niño es un vago, es violento, es competitivo”. En este caso, un niño que muerde, puede ser etiquetado como mordedor. “Las etiquetas tienen dos problemas fundamentales: el primero es que son muy fáciles de poner, pero muy difíciles de quitar. Las ponemos porque forman parte del modo en el que funciona nuestro cerebro, nos vienen muy bien, pero una vez etiquetamos a una persona, ésta tiende a comportarse de acuerdo con la etiqueta que le hemos puesto, lo cual acaba condicionando sus oportunidades y su desarrollo”, nos recuerda el psicólogo Alberto Soler.

Por tanto, evitemos etiquetar a nuestro hijo, simplemente, digámosle que su conducta no está bien. “Cambiar el verbo ‘ ser’ por el verbo ‘estar’ suele funcionar”, nos dice Alberto. En vez de decir que tu hijo es agresivo (porque muerde), decir que está comportándose de forma agresiva. De esta forma, diferenciamos al niño de la conducta

FUENTE: EducarEsTodo.com

5 actos que a nosotros nos facilitan la vida, pero que a nuestros hijos se la dificultan. En Faro de Vigo.

Darles el teléfono móvil cuando tienen emociones desagradables o no promover que ellos se resuelvan sus problemas son algunos de estos actos

Por María Dotor

Muchas de las cosas que hacemos en nuestro día a día van encaminadas a facilitarnos la vida. Es lógico, tenemos que compaginar el trabajo con la vida familiar, con las tareas domésticas, con nuestra vida social, en pareja… No hay horas en el día, y si no desarrollamos estrategias para facilitarnos esa cotidianidad, es imposible que lleguemos a todo, pero… ¿nos hemos parado a pensar en las consecuencias que tienen algunos de esos actos para nuestros hijos? Aunque, a corto plazo, puedan resultar beneficiosos, no lo son en absoluto a la larga. Lo entenderemos mejor viendo ejemplos:

1. Darles de comer, vestirles…

Te voy a proponer que realices un ejercicio utilizando Google imágenes. Se trata de que pongas en el buscador “niños autónomos” y le des a buscar. ¿Qué fotos te muestra? Sí, efectivamente, nos muestra fotos de niños de tan solo cuatro años comiendo perfectamente, sin marcharse o preparando un pastel solos, sin ayuda de sus padres…

También aparecen niños jugando con su tren mientras, al fondo, sus padres leen tranquilamente. Y ahora os pregunto: ¿estas fotos se corresponden con la realidad? El psicólogo Alberto Soler hizo este mismo ejercicio al inicio de una ponencia titulada ‘Educar niños autónomos’. Las risas entre el público no se hicieron esperar.

En realidad, matizaba Alberto, eso “no tiene mucho que ver con la autonomía. La autonomía se parece mucho más a un niño que está hasta arriba de espaguetis con tomate. Ese niño autónomo al que sus padres le han permitido comer solo, con sus manos, ponerse hasta las trancas de salsa de tomate”.

Puedo ver vuestras caras imaginándoos todo el tomate por el suelo. Sus manos, su cara, la mesa…toda la cocina manchada de tomate. Nuestro instinto nos lleva, inmediatamente a pensar: ¿qué necesidad tengo yo de esto? Mañana le doy yo de comer que, además, acabamos antes. ¿Es así? 

Sí, y es porque tenemos la falsa creencia de que la autonomía de los más pequeños implica una mayor comodidad para los padres, que cuando nuestros hijos sean autónomos podremos estar tranquilamente leyendo mientras nuestro hijo prepara bizcochos en la cocina sin manchar nada.

Pensamos que los niños autónomos se levantan solos, se preparan solitos el desayuno, se cepillan los dientes, se visten solos, mientras nosotros hacemos otra cosa. En realidad, aclara Alberto, “fomentar la autonomía de los niños implica lograr prácticamente lo mismo que lograríamos haciendo por ellos las cosas pero invirtiendo mucho más tiempo y esfuerzo”.

Es algo que a corto plazo no parece que nos sea rentable, pero que a medio y largo plazo sale mucho a cuenta. Si estamos dispuestos a fomentar la autonomía de nuestros hijos, al principio tendremos que limpiar mucho tomate. En definitiva, tendremos que dejar a un lado nuestra comodidad de darles nosotros de comer, asegurándonos que no manchan nada.

Lo mismo ocurre con otras actividades como vestirles. Es más fácil que lo hagas tú. En 3 minutos le habrás puesto el pantalón, la camiseta, los zapatos y te habrá sobrado tiempo para peinarle, pero… ¿qué estamos consiguiendo con esto, más allá de facilitarnos a nosotros la existencia? Nuestros hijos no aprender a vestirse si siempre les vestimos nosotros. Si queremos niños autónomos es esencial dejarles hacer.

2. Calmarles con elementos externos

Solo hay que ir a un restaurante a comer un sábado para ver un ejemplo. Niños sentados en la mesa entreteniéndose con un móvil o una tableta que le han dejado sus padres para que les deje comer a ellos tranquilos. Sí, es entendible, necesitamos un rato de paz, de conversación con nuestra pareja o amigos, y nuestro hijo no aguanta dos horas sentado en una silla sin moverse, en la misma posición, lo cual es más lógico aún. Cuando ha llorado ya un par de veces, le damos el móvil, que sabemos que le calma, y todos tranquilos.

El psicólogo Rafa Guerrero, en este sentido, habla de los dispositivos como “chupetes emocionales” para nuestros hijos. Y lo explica así:

“Creemos, de manera bien intencionada e inconscientemente, que dándole a nuestro hijo el móvil para no prolongar más su rabieta o tristeza le estamos haciendo un gran favor. Y desde luego que no es así. Si cada vez que tiene un mal día o siente una emoción desagradable, le doy el móvil o la tableta, le estoy anestesiando emocionalmente. Estamos perdido una gran oportunidad para que conecte con lo desagradable que es sentir miedo o tristeza, o incluso aburrirse y desarrolle elementos internos para calmarse”.

Rafa relaciona la calma que le proporcionamos a nuestros hijos con elementos externos, en este caso los dispositivos, con la adicción. Si nuestros hijos no aprender a calmarse por sí mismos, siempre buscarán la calma fuera, en otros elementos, que en este ejemplo puede ser un dispositivo, pero mañana podrían ser las drogas, la comida…

3. Restringir sus movimientos

¿Recuerdas cuando eras pequeña el parque de juegos en el que te metían tus padres? Era una especie de cuadrilátero del que no podías escaparte. Cuando estábamos allí, nuestros padres estaban tranquilos, podían, incluso, irse a otra habitación a hacer tareas domésticas. Pero ¿qué pasaba contigo? Te estaban restringiendo tu capacidad de movimiento, de explorar.

Bien, dicho esto, es lógico que, a veces, necesitemos dejar a nuestros niños en algún sitio “seguro” mientras nosotros hacemos otras cosas, pero no podemos convertir esto en la norma. Los niños necesitan movimiento para su correcto desarrollo psicomotriz.

Emmi Pikler fue una conocida pediatra nacida en Viena que ejerció en Budapest en los años 30. Creía en la importancia de que el niño fuera lo más autónomo posible y pensaba que era importante dejarles libertad para que resolvieran las situaciones por sí solos.

Una de las cosas que hacía era retirar todos los equipamientos que animaban la pasividad de los bebés, como los asientos o los andadores. “Si el niño está en una trona no puede jugar por su cuenta. Si algo se cae, no puede cogerlo y tiene que depender de que la madre lo rescate. Tiene que pedir ayuda en lugar de aprender cómo resolver un problema. Un niño limitado o confinado se convertirá en un niño pasivo o enfadado”, decía Emmi.

Así, dice su hija, «enseñaba cómo un niño pequeño, movido por su propia iniciativa, es capaz de estar activo, moviéndose continuamente, para explorar. A los padres les animaba a respetar la necesidad de los hijos de espacio y de su propio ritmo: Cada hito del desarrollo motor es alcanzado por la propia iniciativa del bebé como resultado de sus propios esfuerzos”.

4. No pensar en sus “tiempos”

Dejemos atrás el verano, volvamos a la época escolar, cuando teníamos que madrugar para llevar a los niños al cole y luego irnos nosotros al trabajo. Bien, cuando ponías el despertador, ¿cómo calculabas el tiempo que necesitabas para hacer todo y salir a tiempo de casa? La mayoría calculamos el tiempo pensando en lo que tardamos nosotros, los adultos, olvidándonos que el tiempo de los niños es mayor.

No tienen ni la misma destreza del adulto, ni la misma capacidad para hacer las tareas, y, además, los niños se distraen con una gran facilidad, y aunque reciban una orden muy clara, como por ejemplo vístete, basta que se encuentren un juguete o un hilito en la alfombra para ponerse a jugar con él.

Por ello, la psicóloga Silvia Álava nos recomienda “pensar en el tiempo que nuestro hijo necesita para realizar una determinada tarea en función de su edad, de su grado de autonomía y sus características, no lo que nosotros necesitamos, ni el tiempo en el que nosotros creemos que tendría que hacerlo”.

De esta forma, no tendremos que acabar haciendo nosotros tareas para las que ya están preparados ellos, como ducharse o prepararse la mochila y no les llevaremos siempre con prisas. Empezar el día agobiados no le gusta a nadie.

5. Adelantarnos a sus problemas

Decía la experta en talento y liderazgo Noelia López-Cheda en esta ponencia que “si resolvemos todos sus problemas de nuestros hijos, nosotros somos el problema” y nos contaba una anécdota que nos ha pasado a muchos.

Un día, su hija Emma le dijo a la llega del cole: “mamá, se me ha olvidado la hoja de los ejercicios de matemáticas, ¿lo dices en el grupo y que te lo manden?”. Ella, se dispuso a hacerlo mientras «dejaba las llaves en la entrada, soltaba el bolso en la silla, sacaba el teléfono del bolsillo y dejaba la bolsa de la compra en el suelo». Entonces, se dió cuenta. Y pensó: «pero ¿qué narices estoy haciendo? Y así se lo hizo saber a su hija.

  • Emma cariño, no es mi responsabilidad que se te hayan olvidado los deberes, es la tuya, por lo tanto, mañana dices a la profesora que no los llevas porque se te olvidaron y que la próxima no se te olvidarán.
  • Pero ¡¡¡mamá!!!! ¡¡me pondrán mala nota!!!!!
  • No pasa nada, la próxima seguro que ya no te la pone.
  • Y ¿por qué no lo pides al grupo, CON LO FÁCIL QUE ES?
  • Pues precisamente porque ese grupo no está para ser el paralelo de tu agenda sino para cosas urgentes del colegio. Tú no debes confiar en que el móvil de tu madre responda a tus olvidos ya que, es tu responsabilidad traer tu agenda con tus ejercicios. Yo tengo mi agenda y no te pido a ti que me recuerdes si tengo que responder a un cliente, si tengo que preparar un material….así que cada uno debe asumir su parte.

Y como esto, más cosas. Les metemos el bocata en la mochila para que no se les olvide y “pasen hambre” en el recreo, les recordamos que hoy es el último día para llevar el papel de la excursión… Y todo porque no soportamos la idea de que nuestros hijos fracasen, se equivoquen, sufran… y nos adelantamos a sus problemas.

Como dice la psicóloga Begoña Ibarrola “a nuestros hijos no les podemos quitar las piedras del camino para que no tropiecen, les tenemos que enseñar a saltarlas”. No lo olvidemos.

FUENTE: FaroDeVigo.es

El Juego del Calamar ¿apta para los más pequeños de la casa?

En este nuevo vídeo os doy mi opinión sobre lo adecuada o no que es la nueva serie de moda, «El Juego del Calamar» para los más pequeños de la casa.

¿Sabes por qué es tan malo educar desde el miedo?

Por ROCÍO NAVARRO MACÍAS

Para muchos padres palabras como miedo, castigo o amenazas están ligadas con la educación. Tradicionalmente, la manera de criar a los niños se ha asociado con estos factores que, aunque pueden dar resultado en el corto plazo, tienen efectos negativos en los pequeños. Interferir en el desarrollo emocional saludable y anular su capacidad crítica son algunos de los más destacables. “El miedo es una emoción muy primitiva que nos sirve para sobrevivir. Pero también puede ser aprendido. Los padres temerosos y autoritarios hacen a sus hijos temerosos y dependientes o, por el contrario, autoritarios. En este último caso sería solo una forma de hacerse valer, ya que son grandes dependientes con una enorme inseguridad”, comparte el psicólogo infantil Antonio Labanda.

Pero los problemas no acaban aquí. Algunos progenitores relacionan esta forma de educación basada en la autoridad y la amenaza con el respeto. Aunque nada tienen que ver la una con la otra. “Educar desde el respeto, la tolerancia y la empatía son aspectos importantes para que nuestros hijos crezcan con la mayor autonomía, la máxima independencia y con autoconcepto, queriéndose a sí mismos y a los demás”, comenta Labanda. En estos modelos la intimidación y el miedo se sustituye por el diálogo y el establecimiento de normas bien explicadas. “Esto hace que tengamos un camino recorrido para que sean maduros, responsables y capaces de tomar decisiones por ellos mismos”, continúa el psicólogo.

¿Cómo saber si educas desde el miedo?

El miedo siempre lleva implícito una amenaza. En la práctica, se identifica a través de indicaciones como “si te no te comes el plato, te quedarás sin jugar”. Intimidar es una de las características de la educación desde el miedo, también conocida como modelo autoritario. “Este sistema busca la autoridad sin tener en cuenta al otro. Ese planteamiento de normas consigue un efecto de dependencia del niño al adulto o bien hace que se rebele contra la autoridad y provoca un comportamiento agresivo”, explica Labanda.

Por su parte, Silvia Álava, especialista en psicología educativa, lo relaciona con frases como “Me voy a enfadar muchísimo, si…” o “Vas a perder la tablet, si…”. “Es una técnica similar a las utilizadas para adultos en las campañas contra el tabaquismo o el alcohol y sabemos que no funciona”, comparte Álava. En niños, las amenazas pueden provocar un cambio, pero no está motivado por el convencimiento. “Es importante instaurar conductas que sean más saludables desde el convencimiento, no desde el miedo de que me vaya a pasar algo malo. Por ejemplo: “conviene lavarse las manos para no tener virus” o “conviene recoger la habitación porque aporta calma, paz…”, añade.

Las consecuencias de educar desde el miedo

Subestimar los efectos que el aprendizaje a través del miedo produce en los niños, puede alterar el clima de confianza en la familia, provocar faltas de respeto o desarrollar estilos de apego poco recomendables.

– Se diluye el clima de confianza en la familia

Si los niños no pueden expresar su voluntad o pensamientos por miedo a que se les regañe o castigue, cada vez compartirán menos su vivencias en el entorno familiar. “Cuando ese niño o niña se enfrente a una situación difícil no se va a atrever a contarlo a adultos de referencia. Porque esas personas les evocan miedo. No respeto y confianza”, expone Álava. Un comportamiento que seguirán también cuando comentan errores. “Hay que tener mucho cuidado porque se entorpece el clima de confianza y es más probable que en la adolescencia no compartan lo que les ocurre”, añade la psicóloga.

 – Cada vez se necesita más miedo

A medida que el niño evoluciona, las dosis de miedo han de ser mayores para que los resultados que los padres quieren conseguir surtan efecto. Esto se traduce en actos de violencia física o verbal. “No debemos olvidar que los niños nos copian y no podemos pedir respeto y, en otro momento, alzar la voz o agarrarlo con fuerza, porque habré perdido mi credibilidad. Además, los niños copian a sus figuras de referencia por lo que replicarán este tipo de comportamiento”, indica Álava. Por su parte, Labanda recomienda para mantener una buena convivencia familiar las relaciones basadas en tres elementos básicos: “el amor, los límites y la comunicación”.

– Un estilo de apego desaconsejable

Este tipo de educación anula, en muchos aspectos, la voluntad del menor. Algo que se traduce, por ejemplo, en una pérdida de iniciativa. “El niño espera que el adulto le diga lo que tiene o no tiene que hacer”, subraya Labanda.

– Sin empatía

Plantear un estilo de crianza autoritario descuida la educación emocional en aspectos tan importantes para el desarrollo infantil como la empatía. Los padres no se ponen en la piel del menor, ni en las circunstancias que han desencadenado su comportamiento. Álava aconseja reforzar la empatía mediante fórmulas como: “Entiendo que no te apetece recoger tu habitación”, “Sé que te enfadas porque no quieres dejar de jugar. Aún así habíamos quedado en que solamente teníamos media hora”…

– Aprenden menos

Está comprobado que el miedo obstaculiza el aprendizaje. “Los niños no aprenden con miedo, sino en un ambiente de seguridad, respeto, confianza y calma”, advierte Álava. La especialista anima a cambiar la amenaza por el reto: “Venga, sé que lo vas a hacer todo y luego vamos a jugar”, en lugar que “si no lo haces, no jugamos”.

¿Cómo reforzar el respeto en la educación?

Las ventajas de poner en práctica un modelo de educación democrática, basado en el respeto y la tolerancia, son múltiples y dotarán al niño de herramientas fundamentales para su vida adulta. “El estilo educativo democrático es el que da a los niños unas reglas adecuadas a su edad y consensuadas con ellos (lógicamente dependerá de la edad de este). Los límites y las normas deben estar adecuadas a su edad, ya que les ayuda a entender correctamente la realidad y a ir asumiendo cada vez mayor independencia y autonomía”, recomienda Labanda.

Para que funcione este sistema es crucial que las normas estén bien establecidas y no improvisarlas. Las reglas son importantes porque actúan como un sistema de referencia para los niños, que les aporta seguridad y equilibrio emocional. “Las normas deben ser coherentes y claras. Si son pequeños deben ser cortas y muy pocas. Según van avanzando en edad pueden ser más complejas, pero siempre desde el principio de la coherencia entre los adultos y consensuadas. Es decir, haciéndoles partícipes de la norma, ya que desde la imposición es posible que no la vea como suya y no la interiorice”, aclara el psicólogo.

Asimismo, Álava subraya la importancia de hablar sobre qué es el respeto. “Es algo muy abstracto, incluso dos adultos pueden tener diferentes nociones”. En la práctica, la psicóloga aconseja explicar a los más pequeños que está relacionado con no pegar, no tirar las cosas, hablar con buenas formas, decirlas con cariño…”, concluye.

FUENTE: LaVanguardia.com

Taller ¿Cómo promover y disfrutar la autonomía en la infancia? con la Editorial Sentir

Mañana 29 de septiembre a las 18:00h

Aquí te dejo el enlace al eventohttps://fb.me/e/6JeU84lws

  • El taller lo haremos en directo a través de Facebook.
  • En el taller nos acompañará Mercedes Bermejo como directora de la editorial, quien dará inicio al mismo presentándome a mí y al nuevo libro.  
  • El taller durará unos 35 minutos con unos 10 al final de ronda de preguntas. 
  • Dale a «me interesa» o «asistiré» en la página de Facebook de la Editorial Sentir. Sólo tendrás que meterte a la hora de la conferencia en el Facebook Editorial Sentir y abrir el vídeo en directo que estará disponible.
  • Si no puedes verlo en directo, al día siguiente se sube a Youtube para verlo en diferido. 

No te lo pierdas!!

Conferencia ¿Cómo promover y disfrutar la autonomía en la infancia?

La familia y la escuela, claves para educar a los niños en el valor del respeto y la igualdad. En Hola.com

Se trata de un proceso que implica luchar contra un sinfín de estereotipos y mensajes contradictorios, transmitiéndoles que todos tenemos los mismos derechos, fomentando su personalidad y su capacidad crítica para que sepan decidir qué es justo y qué no lo es.

ara conseguir una igualdad real en el futuro, es importante educar en el respeto a las personas desde que son pequeños. Una tarea que es, tanto de la escuela como de la familia. Ambas son clave. En los últimos años, es cierto que hemos intentado avanzar bastante en la igualdad de género, pero ni debemos dejar de hacerlo ni olvidarnos de que la igualdad va mucho más allá de conseguir que la sociedad ofrezca lo mismo a los hombres que a las mujeres. Todos somos diferentes, en muchos aspectos, por lo que es importante enseñar desde la infancia el simple derecho de todos a crecer en igualdad.

Para que este cambio sea profundo, la psicóloga infantil Silvia Álava Sordo, autora de varios libros sobre educación y desarrollo infantil, además de miembro de la mesa de expertos de la iniciativa del Día del Niño y de la Niña impulsado por la Fundación Crecer Jugando, “es vital educar en igualdad durante la infancia, darles ejemplo y prestar atención a cada gesto o palabra, poniendo en práctica una educación con menos estereotipos y discriminación”. Por su parte, Belén Llorente, autora del libro Lo que nos hace únicos (Astronave), nos dice que “educar en igualdad es transmitir a nuestros hijos que todos tenemos los mismos derechos sociales y laborales, aceptando su individualidad, fomentando su personalidad y su capacidad crítica para que puedan decidir qué es justo y qué no lo es”.

Un cambio que, para ambas, “supone tener que pelear contra muchos estereotipos creados y mensajes contradictorios que nuestros hijos reciben tanto de sus diferentes círculos sociales como a través de los medios de comunicación”, nos cuenta Belén Llorente. A las dos les hemos preguntado cómo podemos conseguirlo desde casa y qué debemos pedirle a las escuelas para conseguirlo.

Trabajar en la igualdad desde la Educación Infantil

Todos los estudios e investigación al respecto viene a decirnos lo mismo. Las ideas culturales sobre la desigualdades, en particular, de género, se adquieren a edades muy tempranas y estas nociones estereotipadas afectan a los más pequeños. Silvia Álava nos explica que “ya desde el momento en el que nace, todos los niños y niñas inician el proceso de desarrollo de la identidad de género, algo que les acompañará toda la vida”. Es más, “cuando la madre está embarazada, ya tiene proyecciones diferentes en función de si su bebé es niño o de si es niña”.

Sin darnos cuenta, en casa, “ya les metemos ideas prefijadas, no en nosotros, sino a nivel de la sociedad”, nos dice. De todo esto, “el niño no se da cuenta hasta que, más o menos, cumple unos 5 años”. Sin embargo, “a los 3 o 4 años, él o ella ya empieza a construir activamente su identidad de género y, además, observan cómo los demás están construyendo la suya”. Y eso se lo llevan al colegio.

A nivel académico, esta percepción de la desigualdad aparece cuando llegan a Educación Primaria. A través de los datos, podemos extraer, nos cuenta la psicóloga, “estadísticas significativas de que, muy en general, las niñas puntúan más alto en las pruebas que tienen que ver con el lenguaje, mientras que los niños lo hacen en las de ciencias. Y ellos no siempre puntúan igual de alto que las chicas, pero tienen ya la percepción de que, por algo, son mejores”. No tienen, nos cuenta, “una percepción de que son más inteligentes, simplemente, más brillantes, aunque no sea cierto”.

Un dato, nos recalca, estadístico, al que se suma que las niñas, a esta edad de los 6 o 7 años, “empiezan a tener un menor autoconcepto, es decir, si fallan en un examen, ellas no son listas, no lo llevaban bien preparado y la culpa es suya; tienen un mayor control internos”. Sin embargo, los niños, buscan siempre factores externos, “si he fallado en un examen es porque el profesor me tenía manía o el examen era demasiado difícil”.

Estas cuestiones, como hemos dicho, son intrínsecas y, por eso, estamos obligados a trabajar la igualdad desde la escuela como un pilar básico (el otro es la familia). Y hacerlo desde la Educación Infantil, para prevenir situaciones de discriminación sexista en el futuro, con estrategias y metodologías educativas directas e indirectas, además de apoyarse mucho en la observación. Y poniendo las desigualdades en positivo.

Para ello, es importante que, en el colegio, por ejemplo:

  • “Los niños y niñas sean conscientes de que las desigualdades existen”, pero que tienen su valor.
  • Dar referentes de todo tipo, tanto a ellas como a ellos. Así, debemos dar más visibilidad, por ejemplo, a las mujeres en la ciencia o en carreras más físicas, pero, nos dice la psicóloga, “los niños también tienen que tener otros roles minoritarios que también son para ellos, igual que para ellas, como son las profesiones de enfermería o magisterio”. Si no es así, la percepción seguirá siendo que “ellas tienen que hacer siempre más por conseguir algo”.
  • Educar en la empatía, “en qué le puede estar pasando a mi compañero o compañera si no le valoro, si le discrimino”.

Belén Llorente, por su parte, asegura que también importa el lenguaje que utilizamos para ello, pues “el mensaje debería ser algo diferente”. Y no le damos importancia o no nos damos cuenta de ello. Como nos explica, “no es adecuado transmitir a los niños que todos somos completamente iguales, porque no es cierto. Lo que tenemos que hacer es visibilizar y normalizar todo tipo de cuerpos, todo tipo de talentos, aceptándose y queriéndose, respetando esa diversidad”. Los niños, asegura, “están preparados para trabajar estos conceptos desde bien pequeños”.

Al igual que Silvia Álava, ella opina que “somos los padres los que debemos saber qué mensajes hay que trabajar y “nuestra manera de hablar, tanto de nosotros mismos como de otras personas, tienen su impacto”. Pero no se trata solo de un “lenguaje inclusivo”, en eso coincide con Silvia Álava, “eso es solo la punta del iceberg. Hay que rectificar muchas cosas desde la educación”.

¿Cómo puedo fomentar la igualdad en casa?

La educación y el ejemplo que nuestros hijos reciben en casa va a determinar, tanto su comportamiento, como sus creencias y la forma que tendrán de relacionarse con los demás cuando sean personas adultas. Y, nos cuenta la psicóloga, “los niños aprenden por modelado, copian lo que los padres hacemos en casa”. Por lo que, hablando en términos prácticos:

  • No perpetuar los roles y comportamientos sexistas, ni con actos ni con lenguaje. Para ello, muchas veces, tenemos que desprendernos de algunas cosas que aprendimos en nuestra infancia, como que “mamá siempre hace la comida”.
  • Repartir las tareas del hogar y responsabilidades entre todos los miembros de la familia. Tenemos que dar a los más pequeños deberes en casa, de acuerdo a su edad, sin hacer otra diferencia. La psicóloga habla de “corresponsabilidad de todos, sin distinción, y un trabajo en equipo. Mamá no tiene suerte porque la estamos ayudando. Mamá no cuida de papá, se cuidan mutuamente”.
  • Hay que aceptar también la individualidad de cada niño o niña con sus características particulares, favoreciendo que sean ellos mismos quienes tomen decisiones, apoyando el desarrollo de sus talentos y preferencias.
  • Tenemos que compartir la información, tanto la que reciben ellos del colegio como la que vemos en la televisión y demás medios de comunicación. Tenemos que trabajar el espíritu crítico. La psicóloga los llama “espacios de reflexión en los que exista libertad para hablar”.
  • Los juguetes, sin duda, nada sexistas. Es decir, las muñecas no son solo para las niñas y los camiones para los niños. Los juegos son un medio más de educar en valores. Deben ser elegidos, nos cuenta la psicóloga, “por ellos mismos, al igual que, por ejemplo, la ropa”.

En casa, sobre todo, “lo que nos falta es el conocimiento, el darnos cuenta de lo que estamos haciendo”. Es una herramienta esencial que debemos buscar, además, por supuesto, “de que tienen que existir más políticas generales en pro de esta igualdad y facilitar, de una vez por todas, la conciliación laboral porque, de no ser así, las mujeres siempre van a llevar la carga de la renuncia, de quedarse ellas en casa”. Tenemos que saber que los padres “somos los agentes del cambio”.

FUENTE: Hola.com

La vuelta al cole: webinar realizado de la ANEABE

¿Estamos preparados para la Vuelta al Cole en esta época de pospandemia?

En este webinar os ofrecemos consejos y las claves más importantes para que esa vuelta tras las vacaciones sea lo más agradable posible.

Webinar realizado por ANEABE el pasado 2 de septiembre.

Hablamos del problema de la «Violencia vicaria» en las Noticias de Antena3

Os adjunto el vídeo de la noticia en el que hablamos sobre la violencia vicaria:

Cómo funciona el anidamiento: cuando los niños se quedan en la casa y los padres divorciados se la turnan

Por Aldara Martitegui

Explicamos qué es el anidamiento: una solución para separaciones en la que los padres se turnan para cuidar a los hijos en el domicilio familiar

Los expertos coinciden en la complejidad de esta solución aparentemente fácil y cómoda para padres e hijos

Las psicólogas Silvia Álava y Alicia Navarro comparten sus impresiones sobre esta modalidad que va en aumento

Luis y María anidaron a su hija Carla durante 8 meses, cuando por fin tomaron la decisión de separarse. Tardaron en hacerlo porque los dos tenían miedo a que la separación afectara a la niña. “Cuando ocurrió, explica Luis, cuando dimos el paso de sentarnos a hablar del divorcio como un hecho inevitable, los dos pensamos que anidar a Carla en nuestra casa de siempre iba a ser lo mejor para ella. ¡Es que en la práctica llevábamos tiempo haciéndolo! María y yo ya no compartíamos habitación desde hacía meses. Lo teníamos todo a nuestro favor para anidar: Teníamos espacio en casa para tener una habitación cada uno. Yo me alquilé un estudio para vivir la semana que me tocaba estar fuera de casa y María se instaló en casa de sus padres”.

El anidamiento o Birdnesting, es la fórmula en la que cuando los padres se separan,

Los niños permanecen en el hogar familiar y son los progenitores los que se turnan para pasar tiempo con los hijos. La fórmula va en aumento en los países occidentales, pero dado que es una tendencia bastante nueva, aún no hay datos comparativos sobre el bienestar de los niños y de los padres en este tipo de familias respecto a otras soluciones de custodia compartida.

“Cuando nos separamos, continúa Luis, la niña estaba a las puertas de la adolescencia. El anidamiento nos pareció la solución perfecta para no desestabilizar emocionalmente a nuestra hija. Pero eso sí, los dos teníamos clarísimo que el anidamiento iba a ser una solución temporal, como mucho de un año, para que Carla se adaptara mejor a la nueva situación”.

La solución del anidamiento, que había sido tomada por estos padres como medida supuestamente beneficiosa para su hija, resulta que se convirtió en su peor pesadilla

¿El anidamiento puede ser un obstáculo?

Finalmente, el año de anidamiento que Luis y María habían planificado para Carla, se adelantó a 8 meses cuando la niña empezó a tener problemas digestivos. Estuvo ingresada varias veces por molestias que no tenían explicación médica… Al tercer ingreso, los médicos recomendaron a sus padres llevar a la niña a un psicólogo.

Carla fue un caso claro de fracaso de anidamiento. A pesar de la buena comunicación que había entre Luis y María, la niña no comprendió la nueva relación de sus padres. El anidamiento fue para ella como un obstáculo para aceptar que sus padres se habían divorciado y le hizo vivir en un constante estado de ansiedad, preguntándose si volverían algún día e interpretando incorrectamente señales de que sus padres se estaban reconciliando.

La solución del anidamiento, que había sido tomada por estos padres como medida supuestamente beneficiosa para su hija, resulta que se convirtió en su peor pesadilla. Ahora bien, la pregunta que surge aquí es: ¿Cómo habría respondido Carla a otra fórmula de separación?, ¿habría aceptado antes el divorcio de sus padres y se habría evitado toda esa ansiedad? Es difícil saberlo.

Ni la mejor ni la peor solución: hay que valorar muchos aspectos

La psicóloga Silvia Álava insiste en que en el tema de las separaciones nunca hay una fórmula que sea la buena, nunca hay una fórmula que sea la correcta, “Siempre hay que pararse a hacer un análisis en profundidad de cada caso, de cada familia, de cómo son esos progenitores, de cómo se llevan, de cómo es ese niño y esa niña, de si hay hermanos o no, de cómo es nuestra situación económica para, a partir de ahí, parar y decir, mira: esta es la mejor de las opciones”.

A priori el anidamiento no tiene por qué ser una fórmula peor que otras, recalca la psicóloga y mediadora Alicia Navarro dado que “Una separación es normalmente un proceso doloroso que genera una montaña rusa emocional. Así que, no solo los niños y niñas, sino también los adultos van a tener que lidiar con esos altibajos emocionales, independientemente del modo como decidan terminar su relación. Por eso, no creo que el anidamiento sea más perjudicial para la salud mental de las personas implicadas que cualquier otra manera de separase (…) el anidamiento es un fenómeno muy nuevo y todavía no disponemos de datos suficientes para saber de qué modo puede afectar a los niños y niñas y tampoco a los adultos. No obstante, creo que se trata de una de las muchas opciones que se pueden barajar en una familia a la hora de decidir cómo la pareja va a separarse. Me parece una buena solución si lo que se persigue es minimizar los conflictos y maximizar la estabilidad emocional y psicológica de la familia”.

La estabilidad del niño no la da la vivienda, sino los padres

Silvia Álava insiste en la idea de que la estabilidad del niño no la da la vivienda, sino los padres. “El anidamiento, si lo pensamos fríamente, se puede pensar que quizás para los niños puede ser la mejor opción (…) Porque lo que estamos haciendo es que el niño, la niña o los hermanos son los que se quedan en la misma casa y son los padres los que están cambiando. ¿Esto qué implica? Pues que evitamos a los niños ese cambio de tener que hacer maletas o tener que llevarnos sus cosas o los libros del colegio cada vez que hay que cambiar de un progenitor a otro. Desde el sentido común, pensando en el niño, podríamos decir que parece muy razonable”. Pero el papel lo aguanta todo, insiste Álava…la realidad es que luego en el día a día la situación es mucho más compleja.

El anidamiento; una forma más de convivencia

El anidamiento -esta supuesta fórmula tan beneficiosa para los niños- se puede volver en su contra, como ocurrió en el caso de Carla. Pero puede fracasar por muy diferentes motivos…uno de ellos porque no deja de ser una forma de convivencia.

Por eso, apunta la psicóloga y mediadora Alicia Navarro,” creo que esta opción solo puede tomarse de mutuo acuerdo y en el caso en que ambos miembros de la pareja estén preparados para tolerar mantener cierta relación de convivencia: no olvidemos que van a compartir un espacio aunque sea por turnos y que eso puede generar tensiones si las normas no están muy claras”.

Un detalle importantísimo -esto de no olvidar que el anidamiento sigue siendo una manera de convivencia- con el que coincide Silvia Álava, que insiste en que “muchas veces es una solución poco viable porque a nivel convivencia, aquellas cosas que nos llevaron a la separación porque la convivencia no funcionaba, todavía aún se incrementan mucho más porque el roce sigue estando ahí”.

La importancia de la buena relación de la expareja

Una de las premisas de la que hablan los expertos para que el anidamiento pueda funcionar es por tanto que la relación entra la expareja sea excepcionalmente buena.

“Tiene que ser solo en casos de familias que se lleven excepcionalmente bien y que los dos tengan el mismo grado de responsabilidad respecto a los niños y respecto a la casa para que realmente funcione, porque si no, en la vida real es muy complicado”, recalca Álava.

Para evitar conflictos, la mediadora Alicia Navarro recomienda acudir a un profesional de la salud mental que ayude a la familia a entender sus propias emociones y a un mediador que ayude a la expareja a adoptar los acuerdos necesarios y a poner sobre la mesa normas que regulen la situación; “Normas para temas muy cotidianos como por ejemplo el orden y la limpieza, o qué zonas de la casa o elementos particulares no son compartidos -como ordenadores personales, documentos, algunos armarios con enseres privados etc- o qué personas están autorizadas a entrar en la casa cuando el otro miembro no está”.Si, por ejemplo, es una separación en la que uno de los dos se ha separado pero el otro no quería, pues eso hace que se enganche todavía más a la posibilidad de volver (Silvia Álava, psicóloga)

Las dificultades económicas que vienen aparejadas al anidamiento también pueden afectar indirectamente a la estabilidad emocional de los niños. “Hay familias en las que me lo puedo permitir porque esto implica tener tres casas: una en la que que vive el niño y a la que cada uno vamos cada dos semanas y luego la semana que no estamos, cada uno tiene que tener otra casa u otro sitio donde vivir y las complicaciones económicas, pueden influir luego en la relación con el niño”, resalta Silvia Álava.

Porque los padres tendemos a volcar en nuestros hijos nuestras frustraciones y preocupaciones…

Por eso, en una separación, es importante pensar en el bienestar del niño, pero también en el de los padres. Así está emocionalmente el progenitor, así lo va a proyectar en sus hijos.

“No podemos olvidar que estamos hablando de una pareja en proceso de separación, por lo que, emocional y psicológicamente hablando, se trata de un proceso vital complejo para cada uno de los miembros de esa pareja, incluso cuando se trata de una separación por mutuo acuerdo” explica Alicia Navarro.

Un proceso que se agravaría más aún si uno de los miembros de la expareja no ha terminado de aceptar la separación.“Si, por ejemplo, es una separación en la que uno de los dos se ha separado pero el otro no quería, pues eso hace que se enganche todavía más a la posibilidad de volver, de recuperar a la pareja”, puntualiza Silvia Álava.

La importancia de la estabilidad emocional de los progenitores

Esa situación de incertidumbre, inestabilizará emocionalmente a uno de los progenitores y es muy posible que termine salpicando a los hijos.

Álava recuerda que «los adultos somos los responsables de que ese menor esté bien y hay que procurarle y darle todo lo que necesite, tanto a nivel fisiológico, de darle de comer, de llevarle al colegio, de ayudarle con los deberes, pero también a nivel emocional. Y tenemos que ver si la casa que vamos a compartir, a nivel emocional nos ayuda a nosotros a estar bien en esta situación o no. ¡Cuidado! Porque es que si resulta que yo voy a estar todo el día enfadada porque resulta que mi expareja cada vez que llego lo deja todo manga por hombro y yo lo dejo todo recogido y encima tengo que recoger lo suyo… esto puede que llegue a afectar a cómo estoy yo luego con mi hijo o con mi hija”.

Los plazos

En el caso de que la pareja cumpliera todos los requisitos para que el anidamiento funcione, Navarro incluye una premisa importante a la hora de diseñar u organizar un anidamiento: los plazos.

“Todavía no tenemos estudios al respecto, pero creo que, si la intención de anidamiento es buena, es decir, persigue maximizar el confort y el bienestar de todos, se trata de una decisión compartida por la pareja, consciente, meditada, con unos plazos lo más concretos posibles y no demasiados extensos, entonces, se pueden minimizar las consecuencias negativas a nivel emocional (…) y cuando hablo de plazos consensuados y no demasiado extensos, precisamente estoy contemplando la posibilidad de que algún miembro de la expareja -o ambos- comience una nueva relación. Creo que, en este caso, sería muy complejo mantener el anidamiento demasiado tiempo».

Creo que el anidamiento debería ser un proceso de adaptación y quizás no tanto una solución definitiva (Alicia Navarro, psicóloga y mediadora)

¿Qué solución ayuda a tener una mejor estabilidad emocional?

Ambas psicólogas insisten en que quienes tienen la responsabilidad de procurar una estabilidad emocional a los hijos son siempre los padres y las madres y son ellos quienes tienen que ver qué solución es la que ayuda a tener una mejor estabilidad emocional.

En cualquier caso, insiste Alicia Navarro, por muy bien que se alineen los astros a favor del anidamiento, es preferible tomárselo como una solución con fecha de caducidad. “Creo que un anidamiento temporal puede beneficiar a que la familia asimile poco a poco la nueva situación, quizás de una forma menos traumática, y a que los adultos puedan acordar de qué forma proseguir con su separación. Creo que el anidamiento debería ser un proceso de adaptación y quizás no tanto una solución definitiva. De hecho, su nombre, Birdnesting, recuerda a ese proceso en el que las aves cuidan de sus polluelos en el nido mientras no se valen por sí mismos para volar y alimentarse y son los adultos los que van y vienen. Pero fíjate cómo esa situación es siempre temporal».

FUENTE: NiusDiario.es

Vídeo del #webinar sobre la Gestión emocional ante la incertidumbre de la vuelta al colegio. Realizado por Compartir México

Os adjuntamos el vídeo del #webinar realizado por «Compartir México» donde hablamos sobre la Gestión emocional ante la incertidumbre de la vuelta al colegio.

Haz click en la imagen para verlo:

#psicología #emociones #vueltaalcole