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Solos en casa… con niños. Colaboración con el Diario El Norte de Castilla

Por Carmen Barreiro

No se preocupen. Este reportaje no va de las mil y una manualidades que pueden hacer con sus hijos para entretenerles durante la cuarentena. Primero, porque no hay casa en el mundo –bueno, igual sí– que tenga la cantidad de purpurina, goma eva, globos, pegamentos y papeles de toda clase y textura que aparecen en los tutoriales ‘online’ y, segundo, porque bastante tenemos con trabajar en casa –los que pueden– y al mismo tiempo cuidar a la prole como para sumarle una nueva fuente de estrés. «El objetivo ahora es sobrevivir a estas dos semanas y no perder la cabeza. No es el momento de hacer cursos intensivos de inteligencia emocional. Tenemos que relajarnos y ser prácticos», recomienda la psicóloga educativa Silvia Álava.

Lo primero que recomiendan los expertos para hacer lo más llevadero posible este encierro involuntario es «intentar mantener las rutinas». Las de los niños, pero también las de los mayores. Ahora es cuando usted piensa ‘sí, claro. La teoría nos la sabemos todos muy bien, pero la práctica ya es otra cosa’. Efectivamente, tiene razón. Cuando los psicólogos hablan de mantener las rutinas no se refieren a hacer la misma vida que hacíamos antes de la declaración del estado de alarma –¿se acuerdan?– sino en «adaptarla» manteniendo nuestros hábitos. Si antes de la crisis del coronavirus, los niños no se levantaban entre semana a las diez de la mañana y se pasaban todo el día en pijama, malcomiendo y jugando a la consola, ahora tampoco.

Tenemos que procurar que se levanten a la misma hora de siempre –más o menos–, que desayunen como si fuese día de colegio y que se vistan. Que se vistan, aunque sea con un chándal. No pueden estar en pijama todo el día. Ni ellos, ni los adultos. «No estamos de vacaciones, ni de fin de semana», advierte Mariola Bonillo, psicóloga sanitaria del Centro de Psicología Área Humana de Madrid. Y eso es lo más difícil de entender, sobre todo para los más pequeños. De ahí que debamos intentar «mantener la normalidad» en la medida de lo posible. 

La clave en este caso es la OR-GA-NI-ZA-CIÓN. Hacer un horario de actividades nos ayudará a planificar el día a día «y a los niños les da mucha seguridad saber lo que van a hacer en cada momento. Les tranquiliza», coinciden las psicólogas. No se trata de establecer un régimen militar de horas y actividades, «pero sí de intentar seguir una serie de pautas que nos ayuden a gestionar estos días de encierro», precisa Silvia Álava, doctora en Psicología y directora del área infantil en el gabinete Álava Reyes. El horario se puede colocar en algún lugar de la casa donde todos los miembros de la familia lo puedan consultar, como la puerta del frigorífico, el pasillo o la sala. Y, por supuesto, se puede decorar. Ya tienen una manualidad.

Un consejo de las expertas: tanto el tipo de actividades que figuran en el cuadrante como el tiempo que debe dedicarse a cada una de ellas deben ser «realistas» y adaptadas a la edad de cada niño. «No podemos poner dos horas de juego libre a un bebé de dos años porque sería engañarnos. También debemos evitar la sobrecarga de tareas o elegir aquellas que en realidad no nos apetece hacer», explica Bonillo. Ni tampoco establecer el mismo horario a un niño de cuatro años que a sus hermanos de siete y doce, por ejemplo. 

Y una advertencia. Tenemos que ser lo más prágmaticos que podamos y asumir que nos vamos a desesperar, que vamos a interrumpir nuestro trabajo cada media hora para poner un poco de orden en el caos y a acordarnos doscientas veces de ese perro que en su día no quisimos adoptar y que ahora estaríamos encantados de sacar a pasear catorce veces al día. «Porque va a pasar», admiten las psicólogas. Es una situación «desconocida y muy estresante» para todos los miembros de la familia, por lo que es «fundamental» que establezcamos una normas mínimas de comportamiento basadas en el respeto. «Puede parecer una perogrullada, pero con tantos días de encierro es muy fácil perder los nervios», señala Álava. Lo es.

Otra de las recomendaciones que hacen las psicólogas para estos días de convivencia intensa es intentar que los niños tengan un tiempo dedicado al juego sin pantallas. «No pueden estar todo el día viendo la tele o con la consola. Todos sabemos que es el recurso más fácil para mantenerles entretenidos un rato largo, pero debemos buscar alternativas», admiten. Una muy recomendable es que hagan ejercicio físico dentro de las limitaciones que supone la cuarentena. «Es bueno que los pequeños se muevan y se cansen», señala Bonillo. Ánimo, ya queda menos.

Rosa, nuestra aliada para contarle a los más pequeños lo que está pasando

¿Debemos contar a los niños lo que está pasando? ¿Cómo lo hacemos? ¿A partir de qué edad pueden entender lo que ocurre? ¿Es bueno que vean los informativos? ¿Sí? ¿No? Las dudas que asaltan a los padres estos días son muchas, pero vayamos por partes. 

¿Debemos contárselo? Los expertos son tajantes. Sí. Los niños, incluso lo más pequeños, son perfectamente conscientes de que algo raro está pasando. No van a clase, en algunos casos papá y mamá están en casa… Hay que explicárselo, pero con palabras que puedan entender. Cada edad requiere un tipo de explicación. El aluvión de consultas ha sido tal que el Colegio Oficial de Psicología de Madrid ha decidido editar un cuento digital gratuito para explicar qué son los virus y promover hábitos adecuados para combatir a estos microorganismos. ‘Rosa contra el virus’ «ayuda a conocer, entender y poder transmitir la información adecuadamente a los más pequeños teniendo en cuenta la incertidumbre en cuanto a la evolución del brote», explican en la editorial Sentir. Al final del cuento se incluye un apartado de recomendaciones para adultos adaptadas a niños y niñas de 4 a 10 años.

«A los más pequeños les podemos enseñar las calles vacías y decirles que la Policía ha cerrado los parques. Es necesario que entiendan que la decisión de no salir de casa no es de sus padres», añade Silvia Álava. La psicóloga madrileña es partidaria de que cada día recordemos a los niños por qué estamos en casa. «No hace falta que les saturemos con informativos o noticias del coronavirus, pero es importante que tengan claro el por qué de la situación», aclara. La psicóloga Mariola Bonillo también aconseja «dejarles espacios para que se expresen. Tenemos que ayudarles a comprender y regular sus emociones».

FUENTE: Diario El Norte de Castilla

Cómo evitar que los deberes de los hijos sean para los padres. Colaboración con el diario ABC

Los expertos creen que las tareas escolares las deben hacer los niños para asumir sus propias responsabilidades, pero a la vez animan a fomentar hábitos de estudio y a mostrar interés en el desempeño en el colegio.

Por Teresa Sánchez Vicente

En el término medio está la virtud, los padres deben motivar a los hijos a tener un buen desempeño escolar, pero sin ejercer un control directo y autoritario sobre sus deberes. En una era en la que las nuevas tecnologías facilitan la participación de los progenitores en el día a día del colegio a través de plataformas educativas, correo electrónico o de grupos de chat, gran parte de los expertos consultados así lo atestiguan: las tareas escolares las deben hacer los propios niños con el objetivo de que crezcan en responsabilidad y autonomía. Esta afirmación no excluye la implicación familiar a través de ayudas puntuales o desplegando un estilo comunicativo que transmita interés en su rendimiento diario y a la vez, expectativas sobre su futuro a los niños. «Los padres sí tienen la labor de inculcar el sentido de la responsabilidad mediante la imposición de hábitos y rutinas. Se puede merendar y descansar un rato y después hay que hacer los deberes» (Álava Sordo, doctora en Psicología)

Si lo que perseguimos es que consigan buenas calificaciones, hay que tener en cuenta que los estudiantes con padres que se implican de forma más indirecta obtienen mejores notas que aquellos con familias que ejercen un estilo más controlador, tal y como se extrae del informe «La implicación familiar en la educación: una herramienta de cambio», elaborado por profesores de la Universidad de Oviedo y publicado por la Fundación La Caixa. Los datos de PISA señalan que los niños que afirman recibir ayuda frecuente de cualquier familiar obtienen puntuaciones escolares más bajas que aquellos que hacen los deberes por su cuenta. En el informe tambien se concluye que la implicación familiar es positiva para los alumnos, pero siempre y cuando se lleve a cabo con un estilo comunicativo a través de la participación en el colegio y la implicación en el hogar mediante la dotación de recursos que fomenten el estudio. Por contra, no todas las formas de intervención familiar son adecuadas e incluso pueden llegar a ser perjudiciales para el desempeño escolar, tal y como es el caso de las interacciones que se centran únicamente en el control directo sobre los deberes.

Uno de los autores del estudio mencionado y profesor de la Universidad de Oviedo, Rubén Fernández Alonso, explica que el control excesivo de los padres «correlaciona negativamente con los resultados» por ser una práctica nociva para el desarrollo de la responsabilidad y la autonomía de los hijos. Además, «un perfil invasivo aumenta las probabilidades de conflicto, lo que redunda en una pérdida de la motivación, que es un factor clave para los buenos resultados». «Eso no quiere decir que los padres no deban ofrecer ayuda. Los extremos nunca son buenos en temas educativos. Por supuesto, a una demanda concreta, una consulta o petición de ayuda, los padres pueden y deben ayudar. Pero esta ayuda debe ser puntual y siempre a demanda», añade Fernández Alonso.

«Un perfil invasivo aumenta las probabilidades de conflicto, lo que redunda en una pérdida de la motivación, que es un factor clave para los buenos resultados» (Fernández Alonso, Universidad de Oviedo)

En este sentido, Silvia Álava Sordo, doctora en Psicología y autora de «Queremos hijos felices. Lo que nunca nos enseñaron» deja claro que «los deberes son responsabilidad del niño, no de los padres». «Los padres tienen que tener claro que no es su labor, pueden supervisar lo que están haciendo, pero tienen que dejar que los niños vayan con errores y que se los corrija el profesor porque así aprenden más. Eso no quita que los padres atiendan dudas puntuales», añade Álava Sordo. Al mismo tiempo, los progenitores sí deben enfatizar la utilidad de hacer las tareas y fomentar el estudio. «Los padres sí tienen la labor de inculcar el sentido de la responsabilidad mediante la imposición de hábitos y rutinas. Se puede merendar y descansar un rato y después hay que hacer los deberes. No hay que perseguirlos, pero tampoco dejarles que cojan los juguetes antes de hacer las tareas», aclara Álava Sordo.

Un refuerzo de lo aprendido

Por su parte, el presidente nacional de ANPE (sindicato independiente de profesores), Nicolás Fernández Guisado, destaca que los deberes deben servir para «inculcar hábitos, responsabilidad, planificación y reafirmar el aprendizaje adquirido en el colegio». Por estas razones, Fernández Guisado opina que «los padres no deben hacer los deberes en absoluto» ni tampoco recurrir a clases particulares ya que son un refuerzo de lo enseñado en clase y los niños deben tener las herramientas para saber hacerlos por sí mismos. «Es mejor que el alumno no haga los deberes o que los haga de forma errónea a que se los hagan los padres para que sea el profesor quien les corrija. Ni es bueno despreocuparse, ni tampoco hay que sobreproteger de forma excesiva», sentencia el presidente de ANPE. Por ello, Fernández Guisado sí anima a los progenitores a «inculcar hábitos de estudio y autoestima a los hijos», a la vez que se les transmite que hay «preocupación por su evolución diaria» en el colegio. «El profesor de matemáticas enseña las matemáticas porque conoce a fondo esa materia, el profesor de inglés enseña el inglés por los mismos motivos. Lo que no puede ser es que el colegio ponga deberes a los padres» (L’Ecuyer, autora de «Educar en el asombro»)

La autora de «Educar en el asombro» y «Educar en la realidad», Catherine L’Ecuyer coincide en la idea de que los niños deben aprender las materias en el colegio y no en casa. «Los padres son primeros educadores, pero pueden delegar la instrucción a un colegio cuando no se ven capaces o preparados de asumirla. En ese caso, el colegio lleva a cabo la instrucción por encargo de los padres. Lo que no tendría sentido es que el colegio vuelva a delegar a los padres el encargo que los padres delegaron inicialmente al colegio porque no estaban preparados para llevarlo acabo. El profesor de matemáticas enseña las matemáticas porque conoce a fondo esa materia, el profesor de inglés enseña el inglés por los mismos motivos. Lo que no puede ser es que el colegio ponga deberes a los padres», señala L’Ecuyer.

Asimismo, L’Ecuyer aboga por que los niños tengan más tiempo para jugar y descansar. «Es curioso, porque hay tiempo de ver películas comerciales en las horas lectivas o durante el patio cuando llueve, pero luego los hijos llegan a casa con la mochila cargada de trabajos, y la gran mayoría de los padres sienten la necesidad de apuntar a sus hijos a refuerzo en inglés, en mates, etc. Es el mundo al revés. El tiempo se ha de aprovechar bien, hacer cada cosa cuando toca. En casa, los niños deberían tener más tiempo para jugar, estar tiempo con sus hermanos, conversar en la hora de la cena, etc», indica la experta en educación.

«Tenemos un examen»

Otro tema es el del lenguaje inclusivo y el hablar en plural, una práctica a evitar porque supone asumir las responsabilidades propias del niño. «No se puede decir ‘tenemos un examen’, ya que no lo tiene el padre, sino el niño», indica Álava Sordo. «Si actuamos así, los niños se vuelven comodones porque saben que los padres van a asumir sus responsabilidades. Esto ocurre, por ejemplo, cuando los niños ya no apuntan los deberes en la agenda porque las madres acaban preguntando en el grupo de chat que hay para el día», relata la autora de «Queremos hijos felices. Lo que nunca nos enseñaron».«Es mejor que el alumno no haga los deberes o que los haga de forma errónea a que se los hagan los padres para que sea el profesor quien les corrija» (Fernández Guisado, presidente nacional de ANPE)

Por su parte, el profesor Fernández Alonso aboga por dar de baja los grupos de chat de padres y madres donde se intercambia información sobre los deberes diarios. «Si un día se olvida el libro o no apuntó los deberes en la agenda, lo mejor es que los lleve sin hacer y se enfrente (sin mucho drama) al hecho de olvidar su responsabilidad», concluye.

En conclusión, la clave para motivar residiría en no quitar el protagonismo de su vida (escolar) a nuestros hijos. No obstante, siempre es bueno interaccionar de forma indirecta mediante trucos -que resume el autor del estudio mencionado al principio de este artículo- como predicar con el ejemplo, proveer de medios y recursos necesarios para el estudio y ofrecer oportunidades culturales, así como enfatizar la utilidad de las tareas escolares y por último, reforzar positivamente las conductas responsables a la vez que se debe evitar perder los nervios cuando los hijos actúan de forma negativa.

FUENTE: DiarioABC

Si te interesa el tema puedes ver:

«La isla de las tentaciones» también conquista a niños. Colaboración con el diario ABC

El «reality» ha sido visto, al menos un minuto, por casi dos millones de menores. Los progenitores son los responsables

Por Ana I. Martínez

Los datos son los siguientes: el 28,6% de los niños con edades de entre 4 y 12 años ve «La isla de las tentaciones», un «reality show» que se emite en «primer time» los martes y jueves en Cuatro y Telecinco, respectivamente, según los datos de audiencias facilitados por Barlovento Comunicación. Para quien no conozcan este programa líder para adultos y que empieza sobre las 22:45 horas, se trata de una producción protagonizada por cinco parejas que se someten a una «prueba de amor definitiva» mientras se alojan en dos lujosas villas de República Dominicana. En ellas, conviven por separado los participantes, los chicos por un lado y las chicas por otro. Pero no están solos: comparten su día a día con un grupo de 20 solteros -10 chicas y 10 chicos, respectivamente- que también desean encontrar el amor. Las infidelidades, las dudas o los celos son algunos de los ingredientes infalibles en una trama que mantiene en vilo a millones de espectadores.

Audiencias

Estos han sido los datos de audiencias que se han dado a conocer en las últimas semanas y que han puesto en alerta a la sociedad. Y es que el total de menores que han visto al menos un minuto de este programa en televisión asciende a 1.854.200, de los cuáles 298.000 tienen entre 4-6 años, 250.000 entre 7-9 años y 297.000 entre 10-12 años. Aunque la audiencia media se sitúa en 84.000 menores, los niños apenas protagonizan el 3,3% de la audiencia total del programa. Según los datos facilitados por Barlovento Comunicación, la mayoría de los menores (87%), han visto « La isla de las tentaciones» acompañados de sus familiares. Solo el 17% lo han visto solos.

Análisis de cifras

Pero, ¿cómo se deben interpretar estos datos? ¿Cuál es el papel de las familias? Para Daniel Aranda, Profesor de Estudios de Ciencias de la Información y de la Comunicación de la Universidad Oberta de Cataluña (UOC), estos datos de audiencia deberían ser profundamente analizados. «Se necesita un estudio aparte que vaya más allá de los puros índices de audiencias, cuyas cifras son las únicas que interesan a la cadena porque, cuanto mayor sea el número, mayores serán los ingresos», explica el experto. De hecho, Aranda subraya que «el total niños que hay en España de entre 4 y 12 años es de 1.690.000. Y los datos dicen que son 84.000 los que lo ven. Por tanto, la mayoría está durmiendo».

Por otro lado, destaca que, a pesar de los números puros, convendría averiguar cómo interpreta la audiencia este contenido y saber si se produce o no una resignificación del mismo, tal y como pasó con «Confianza Ciega», un programa emitido en el año 2002, muy similar a «La isla de las tentaciones», del que la audiencia se reía. Es decir, el programa no era visto como un espacio en el que se analizara el amor o las relaciones de pareja sino que era percibido con humor y «se generaban burlas a través de las redes sociales, como está pasando ahora con este ‘reality’».

Valores familiares

Lo que sí está claro es que es responsabilidad de los padres saber qué consumen los niños y cuándo. «Los progenitores son quienes deben encargarse de que el menor duerma las horas que les corresponde», añade el docente. «Deben pensar si un niño de 12 años tiene que estar a las 23:00 horas viendo la televisión –continua–. Los tutores legales, las familias, deben replantearse qué quieren pero se delega mucho. Hay que tomar responsabilidad como adultos y que el consumo vaya en relación con los valores de cada familia».

No hay que olvidar, además, que la televisión no es la plataforma por la que las nuevas generaciones se inclinen. «La percepción de los menores con respecto a la televisión, según los últimos estudios, es que se trata de un medio de comunicación que se consume en grupo y familia y, además, viene determinado por el gusto de los mayores, que se reúnen para verla», recuerda Aranda. «Otra cosa -añade- es debatir sobre la calidad que la televisión ofrece».

El desarrollo del menor

Tampoco se debe olvidar que los menores «de hasta los 6 años, aproximadamente, no distinguen la realidad de la ficción», explica Silvia Álava, psicóloga educativa. Además, cuando se trata de un «reality», la confusión en los menores es mayor «por el propio formato del programa», cuenta Álava. «En un programa de telerrealidad –continua– se vende algo que supuestamente ‘es real’ y eso hace que niños, e incluso algunos adultos, crean que es así». Por eso es más importante que nunca el papel de la familia. «Los menores carecen, además, de sentido crítico», recuerda.

Las investigaciones más actuales sobre la audiencia infantil destacan el papel de los progenitores como máximos responsables a la hora de contextualizar al niño el contenido que ve o consume para evitar un impacto negativo en su desarrollo. «Los padres tienen que pensar en qué tipo de educación y valores quieren dar a sus hijos», insiste la psicóloga, y «analizar si lo que ven en televisión encaja con dichos preceptos».

Porque, además, «La isla de las tentaciones», para Aranda, refleja problemas «muy conservadores». El espacio plasma cómo «un chico y una chica tienen que estar juntos. Todos son heterosexuales y blancos, y no creo que sean representativos de la mayoría de la población española». De hecho, «si no fueran heterosexuales, blancos y muy guapos, no generarían audiencia», subraya el docente de la UOC.

Pero ese tipo de mensajes pueden llegar a ser interiorizados por los menores, ya sea a través de la televisión o de cualquier otra plataforma. Por eso urge más que nunca que las familias controlen su exposición a contenidos inapropiados como la violencia o el sexo.

Para Álava «la educación sexual-afectiva debe empezar desde pequeños, aprovechando las situaciones de la vida cotidiana para comentarlas e ir normalizando la situación». La experta recuerda que la educación sexual no va sola, sino que siempre debe ir acompaña del afecto, porque es necesario incluir los valores en el sexo.

FUENTE: Diario ABC

¿Quieres decirme algo importante? En persona por favor. Colaboración con Padres y Colegios

Nuestra forma de comunicarnos ha cambiado

Desde que aparecieron los llamados smarthphone nuestra forma de comunicarnos ha cambiado. Antes para hablar con alguien sólo había dos posibilidades, quedar con dicha persona o llamarla por teléfono al fijo de su casa y pedir que se pusiera. En esta segunda opción la intimidad en la comunicación era bastante complicada de conseguir, primero porque toda la familia se enteraba de que recibías una llamada, y segundo porque hasta la aparición de los teléfonos inalámbricos el aparato fijo solía estar en lugar común de la casa como el salón, la cocina, el pasillo…

Hoy en día la situación ha cambiado mucho, la mayor parte de las conversaciones las tenemos de forma “virtual” y sin duda la aplicación que más utilizamos para hablar es el WhatsApp, sobre todo entre la gente joven. Hacemos cosas que antes eran impensables, como por ejemplo pedir permiso para llamar, primero escribimos a nuestro interlocutor un WhatsApp preguntado si puede hablar y luego incluso le preguntamos si le podemos llamar. Reconozco que en ocasiones me veo demasiado mayor y sigo a la antigua usanza, yo soy de las que cogen el teléfono y llaman sin haber escrito antes, incluso en el contexto laboral, lo que a veces deja bastante sorprendidos a mis interlocutores, sobre todo a los más jóvenes.

Cada vez tenemos más miedo a tener una conversación sincera

En absoluto vamos a discutir los beneficios que las nuevas tecnologías nos han traído, porque son muchos, pero sí que me gustaría reflexionar sobre lo que hemos perdido por el camino. Nos encanta estar en contacto con los demás, saber de su vida a través de las redes sociales…, y sin embargo cada vez tenemos más miedo a tener una conversación sincera cara a cara. Nos refugiamos en nuestros teléfonos y en ocasiones cuando estamos con una persona, andamos más pendientes de los que no están con nosotros, que de los que sí que están.

Las nuevas tecnologías ofrecen la posibilidad de tener muchos contactos con gente muy diversa y esto aumenta con los adolescentes que están en contacto no solo con los alumnos de su colegio o instituto o con los que comparten ocio o actividades… Pero los vínculos son muy superficiales.

¿Ha bajado nuestro nivel de empatía?

Conocer a una persona y que nos conozcan requiere un tiempo y un esfuerzo, y lamentablemente no siempre estamos dispuestos a emplearlo. La investigadora Sherry Turkle en su libro “En Defensa de la Conversación”, explica cómo en los últimos 20 años, se han encontrado con una caída de un 40% de la empatía entre los estudiantes universitarios, atribuida, en gran parte, a tener un menor contacto directo cara a cara. Así, los chicos y chicas que dedican más tiempo a sus móviles, perdían capacidad para empatizar con los demás, porque no reconocen los matices en la cara de una persona: los sentimientos nos hacen mostrar en el rostro una riqueza de expresiones que algunos adolescentes ya no saben descifrar. La buena noticia es que después de una semana de campamentos sin móviles, recuperaban esta capacidad innata de empatizar.

El nivel de intimidad que conseguimos cuando hablamos con una persona cara a cara no es el mismo que cuando se trata de una conversación escrita. Para trasmitir emociones y sentimientos es mucho más importante el lenguaje no verbal que el verbal. De hecho, según los estudios clásicos de Merabian, a la hora de trasmitir emociones nuestro lenguaje verbal (lo que decimos, el contenido), solo tiene un peso del 7%, influyendo mucho más nuestro lenguaje no verbal (lo que no se registra en el papel), siendo un 37% el lenguaje pareverbal (cómo se pronuncia el mensaje: entonación, volumen, pausas…) y un 56% nuestro lenguaje corporal (lo que se expresa con el cuerpo: posturas, mirada…) lo que explicaría por qué es tan habitual la existencia de malentendidos en conversaciones por escrito.

Para lo importante: Mejor quedar en persona.

Sabiendo esto, todos tendríamos que tener claro, que cuando tenemos pendiente una conversación importante, es mejor quedar en persona y hablarlo. Sin embargo, nuestra experiencia como psicólogos nos muestra que no siempre es así, tenemos miedo a expresar nuestras emociones o tratar temas espinosos cara a cara. Y esto se ve acrecentado entre los adolescentes y la gente joven. No se atreven a tener determinadas conversaciones en persona, porque creen que es demasiado emocional, porque de esta forma no controlan el medio ni sus respuestas ni las del otro. En las conversaciones digitales podemos poner a la otra persona en pausa, podemos reescribir el mensaje, cambiarlo si no nos gusta. Sin embargo, el contacto cara a cara es en directo, no podemos huir ni manipular la conversación, por eso nos da tanto miedo. La conversación cara a cara es mucho más enriquecedora, permite un nivel de intimidad más profundo y por ello permite solucionar cualquier malentendido, porque las emociones van a estar presentes y no las podemos ocultar.

Es importante dar el peso necesario a las conversaciones, a reconocer la importancia de hablar cara a cara y el mayor grado de intimidad que aportan, para que nuestros hijos y nuestros alumnos aprendan que las conversaciones importantes debemos realizarlas en primera persona, que no se pueden evitar con tres mensajes de WhatsApp o refugiándose tras una pantalla. Y como hemos dicho en otras ocasiones, el día a día nos da una gran oportunidad de dar ejemplo, somos nosotros, los adultos los primeros que tenemos que poner en valor “los beneficios de una buena conversación en persona”.

FUENTE: PadresyColegios.com

Decálogo para conseguir que los niños estudien solos desde pequeños. Colaboración con Nosotras.com

Hoy en día un error muy común en los padres es cargarse con la responsabilidad de los deberes de los niños. En el Centro de Psicología Álava Reyes, a menudo vemos a padres que están demasiado preocupados por los deberes de sus hijos, hasta el punto que les afectan más a ellos las notas y los suspensos que a sus hijos. Esto no ayuda a los niños, porque ¿Para qué voy a asumir una responsabilidad, si se que ya la ha asumido mi mamá o mi papá?

Os dejo estos consejos para no permitir que la situación nos supere:

  1. Desde pequeños deben responsabilizarse de sus cosas: que no vean que no es necesario recoger sus juguetes o estar pendientes de ellos porque otros adultos los van recoger o guardar. Gracias a esto, cuando llegue la hora de estudiar o de hacer deberes, entenderán mejor que se trata de su responsabilidad.
  2. Cada cosa tiene un sitio. Establezcamos con el niño dónde vamos a poner cada cosa, y mantengamos su sitio. Mantener el orden exterior, ayuda a la concentración, y amuebla el cerebro.
  3. Trabajemos los hábitos desde bien pequeños, no esperemos a que sean ‘mayores’. Todos los días nos podemos sentar un ratito a trabajar en la mesa de estudio, en el mismo sitio a la misma hora a leer, hacer letras…
  4. Establezcamos tiempos cortos de trabajo y poco a poco vayamos alargándolos según la edad y sus obligaciones. No pretendamos que los niños estén horas trabajando ellos solos. Se pueden fijar periodos de trabajo de 20-25 minutos, y después establecer un descanso de 5 minutos.
  5. Utilicemos un sitio fijo de estudio. No vale hacer cada día los deberes en un lugar diferente. Lo ideal sería poner una mesa en su habitación, que tenga una buena iluminación, con la superficie lisa.
  6. Sobre la mesa de estudio solo  debe de estar el libro a estudiar y el estuche. No debe de haber ningún elemento distractor, como otros libros, ordenador, móvil, juguetes, figuritas…Se trata de evitar distracciones y fomentar la atención plena, tan de moda en estos últimos tiempos.
  7. La televisión siempre debe de estar fuera del cuarto de estudio. Y los móviles, ordenadores, reproductores de música, deben de estar fuera y apagados.
  8. Hay que sentarse todos los días en la mesa de estudio a la hora pactada. -Mismo sitio, misma hora-, siendo puntual a la hora de empezar y terminar de estudiar.
  9. Mantener la postura correcta, sentado en la silla, pies en el suelo y espalda recta. Nada de tumbado sobre la mesa, mal sentado o estudiar en la cama.
  10.  Trabajar la autonomía del niño. Los padres no tienen que estar con los niños haciendo los deberes. Tienen que aprender desde pequeños que los deberes son su responsabilidad, que los tienen que hacer ellos solos. Papá y mamá resuelven las dudas, pero no están sentados a tu lado.
Sílvia-Alava

 Silvia Álava Sordo es directora del Área Infantil Centro de Psicología Álava Reyes y autora del libro “Queremos Hijos Felices. Lo que nunca nos enseñaron” de la Editorial JdJ editores y Actitud de Comunicación.

«No se pueden delegar las necesidades emocionales de los niños. Hay que estar con ellos»

Escribió el Premio Nobel Jose Saramago: “… hijo es un ser que Dios nos prestó para hacer un curso intensivo de cómo amar a alguien más que a nosotros mismos, de cómo cambiar nuestros peores defectos para darles los mejores ejemplos y, de nosotros, aprender a tener coraje. Sí, ¡eso es!; ser madre o padre es el mayor acto de coraje que alguien pueda tener, porque es exponerse a todo tipo de dolor, principalmente de la incertidumbre de estar actuando correctamente y del miedo a perder algo tan amado. ¿Perder?, ¿cómo?, ¿no es nuestro?, fue apenas un préstamo …el más preciado y maravilloso préstamo ya que son nuestros sólo mientras no pueden valerse por si mismos, luego le pertenece a la vida, al destino y a sus propias familias. Dios bendiga siempre a nuestros hijos, pues a nosotros ya nos bendijo con ellos”.

FOTO: Silvia Álava
FOTO: Silvia Álava

Por MARÍA ALMODÓVAR. SANTIAGO

¿Estamos obsesionados con la felicidad, Silvia? ¿Se les transmite a los pequeños de la casa la idea de tener que ser felices todo el rato, cuando eso no es posible?

Eso es así. Y lo que hacen algunos padres es meterlos en una burbuja de sobreprotección para que no se traumaticen. Otros le dan todo lo que a ellos les hubiera gustado tener de pequeños.

Y con eso no nos estamos dando cuenta de que les impedimos que se desarrollen correctamente y aprendan a ser autónomos, a ser eficaces, a resolver las cosas por sí mismos tanto a nivel ejecutivo (niños que no saben atarse los zapatos o que no se duchan solos), pero también un poco a nivel emocional. No hay que frustrar a los niños gratuitamente. Si no saben hacer las cosas, tenemos que quedarnos a su lado y acompañarlos. ¿Pero qué es lo que pasa cuando lo hacemos nosotros? Pues que no los estamos dotando de herramientas ni técnicas ni recursos suficientes para que se puedan valer por sí mismos. Eso, a la larga, les genera una gran infelicidad.

Pero también es cierto que muchos padres pasan mucho tiempo fuera de casa y tienen sentimiento de culpa, frustración… Y les dicen que sí a todo.

Claro, y por eso de esa forma intentan compensar de algún modo comprándoles más cosas. Es necesario trabajar el peso de la culpa para ser capaces de llegar a casa y decir no cuando la situación lo precisa, o cuando hay que hacer otras cosas.

Pero también a veces lo que hay es un mal entendimiento del amor paternal y maternal. Y ahí están los hiperpadres, que quieren estar superpresentes en todo momento.

¿Al final es cierto que los niños lo que piden es tiempo?

Los niños lo que están pidiendo muchas veces es tiempo de estar con sus padres. Para educar hace falta tiempo y también paciencia. Es importante que los niños aprendan por sí solos y para eso se van a equivocar porque nadie nace aprendido. Lo que tenemos que hacer es poner nuestra mejor sonrisa y decirles que no pasa nada y lo volvemos a intentar porque el error es una fuente de aprendizaje.

Pero si demonizamos el error o no le corregimos porque perdemos mucho tiempo, entonces no le permito que se equivoque. Dramatizamos mucho y no les estamos enseñando recursos y fuerzas para enseñar a levantarse, no evitar tanto que se caiga.

¿Crees que la definición de ‘hijo’ que hizo José Saramago deberíamos tenerla presente?

Es muy importante saber qué es lo que está ocurriendo, que hay muchos padres que se están realizando a través de sus hijos en lugar de realizarse por sí mismos. Y tengo la vida de mi hijo totalmente programada y teledirigida hacia donde yo creo que tendría que ir. Nos olvidamos a veces de qué es lo que necesita o lo que quiere ese niño. Porque en la vida va a ser lo que él quiera, no lo que tú has decidido. Está muy bien volcarse, darles todo nuestro amor, pero la educación se basa en potenciar todas sus virtudes y mitigar sus defectos porque queremos que sean la mejor versión de sí mismos. Y yo voy a estar aquí como padre, como madre, para conseguirlo. Pero cuidado cuando pienso que tengo que ser yo el que elija en todo momento o que yo esté siempre en posesión de la verdad. Te diré cuál el camino que creo que es mejor, pero tendré que dejarte libertad, aunque sea simplemente para equivocarte.

Y en ese caso, ¿crees que los padres se dan cuenta de ese comportamiento? Ellos seguramente ven que eso es normal.

Muchas veces es que los padres no se están dando cuenta. Por eso se habla de malentender el amor. Y muchas veces también hay mucho miedo. Y como tengo miedo de que le pueda pasar algo, hoy en día la vida es muy complicada, tengo miedo de que yo no pueda estar ahí. Y entonces, por intentar controlarlo todo al máximo, estoy ­permitiéndole que no desarrolle una serie de competencias, de habilidades, de recursos. ¡Mucho cuidado con el miedo, que no nos deja educar en libertad!

¿Qué le puede ocurrir a un hijo con un progenitor ausente y con el que solo habla por teléfono? ­¿Existen los ‘telepadres’?

Los psicólogos siempre decimos que los niños necesitan la figura de sus padres. Es muy importante pasar tiempo de calidad, no tanto la cantidad, pero hay que estar una mínima cantidad. Es verdad que a veces no la puedes incrementar, pero hay un mínimo. Las necesidades emocionales de los niños no se pueden delegar. Tú puedes delegar si no estás en casa que una persona haga la cena o limpie la casa, pero la necesidad emocional no. Y qué es lo que ocurre. Que hay que estar, aunque no las 24 horas del día.

¿Y si hablamos de padres que ­tienen hijos con alguna ­discapacidad? ¿Cómo son? ¿Cómo tienen tanta fortaleza?

Estos padres merecen una mención aparte porque no tienen muchas veces una capacidad para sobreponerse a las situaciones. Son un ejemplo de admiración, porque no solamente luchan por su hijo, sino por integrarlos en la sociedad y que esta se prepare para ellos. Hoy en día la sociedad ha mejorado muchísimo, cada vez le damos más visibilidad, pero todavía queda muchísimo que hacer. Y al final los que luchan cada día por que esto se consiga son los papás y las mamás con niños con discapacidad. Y deberíamos hacerlo todos. Al final sí que tienen mucha fortaleza porque o lo hacen ellos, o si no, es complicado que otra persona lo pueda hacer. Luchan por sus hijos y por todo el colectivo de niños. Muchas veces la fortaleza la sacan porque saben que para su hijo es necesario.

La comunicación tiene un papel esencial para construir una buena relación. ¿Le damos la importancia que merece?

Yo creo que no. No somos conscientes de la importancia que tiene porque comunicar es más que hablar. Muchas veces comunicamos sobre la marcha, con prisas, de cualquier forma, y no.

¿Cómo hacer una comunicación afectiva efectiva?

Hay que pensar que el valor de la comunicación lo da el que escucha. Si tú piensas que has hablado de forma perfecta, pero la otra persona no lo ha entendido, no sirve. Es fundamental practicar una escucha activa, es decir, que cuando te estoy escuchando, solo estoy pendiente de ti. Y vamos a preguntar todas las dudas que tengamos. A mí me parece también fundamental utilizar el feedback. Hay que tener muy en cuenta la comunicación no verbal (cuáles son nuestros gestos, el tono de voz, nuestra cara, la mirada…). Hay muchas cositas que podemos mejorar.

Otra cosita que se nos olvida es el miedo al silencio. Hay personas que tienen que rellenarlo con muletillas, con frases hechas. A veces el silencio puede decir más que muchas palabras.

Y no nos olvidemos de que la comunicación tiene que ver con los sentimientos. Muchas veces los malentendidos no suelen venir de la parte racional. Y cuando son de ese tipo se resuelven muy rápido, pero cuando van en relación con los sentimientos, es otra cosa.

COMUNICADORA Y ESCRITORA Escribió el Premio Nobel Jose Saramago: “… hijo es un ser que Dios nos prestó para hacer un curso intensivo de cómo amar a alguien más que a nosotros mismos, de cómo cambiar nuestros peores defectos para darles los mejores ejemplos y, de nosotros, aprender a tener coraje. Sí, ¡eso es!; ser madre o padre es el mayor acto de coraje que alguien pueda tener, porque es exponerse a todo tipo de dolor, principalmente de la incertidumbre de estar actuando correctamente y del miedo a perder algo tan amado. ¿Perder?, ¿cómo?, ¿no es nuestro?, fue apenas un préstamo …el más preciado y maravilloso préstamo ya que son nuestros sólo mientras no pueden valerse por si mismos, luego le pertenece a la vida, al destino y a sus propias familias. Dios bendiga siempre a nuestros hijos, pues a nosotros ya nos bendijo con ellos”.

FUENTE: El Correo Gallego

Cuando el sueño del bebé mantiene en vela a la familia. Colaboración con El Correo

¿Es verdad eso de que los niños duermen del tirón? ¿O es más real eso de que se despiertan cuatro o cinco veces? Un pediatra y una psicóloga opinan

Por YOLANDA VEIGA

Se acordarán los talluditos de Cleo, Teté, Maripí, Pelusín, Colitas y Cuquín, los peques de la televisiva familia Telerín. Aquella cuadrillita que en los años 60 se llevaba a los peques a la cama a una hora prudencial. Y en un abrir y cerrar de ojos, nunca mejor dicho, esas criaturas ya estaban dormidas: ‘Zzzzz’… la noche del tirón. Sí, es ficción. Bien lo saben esos padres y madres angustiados porque la niña duerme mal. O se despierta cada poco, o solo se duerme al pecho, o con el chupete, o en la cama con aita… Carlos González ha visto de todo esto y más. Como pediatra y como padre de tres niños. Y la experiencia por ambos lados le ha hecho llegar a una conclusión francamente tranquilizadora: «No sé si tu hijo recogerá los juguetes o aprobará con notable el Bachiller, pero lo que sé seguro es que comerá y dormirá». Ahora bien, cuándo y cómo es lo que trae de cabeza a muchas familias.

El sueño del bebé es algo que estresa mucho a las familias

Lo ve todos los días en su consulta Silvia Álava, del gabinete psicológico Alava Reyes. «El sueño del bebé es algo que estresa mucho a las familias porque una de las funciones del descanso en adultos es poner a cero los niveles de ansiedad. Si no dormimos nos entra nerviosismo y entramos en un círculo en el que la persona que tiene que transmitir calma al bebé le transmite angustia. Y eso lo perciben. «Así que el primer paso es la calma», coinciden ambos especialistas.

Otro punto de partida: a nuestra hija o nuestro hijo no le pasa nada. «Los pades somos víctimas de un engaño. Nos han hecho creer que lo habitual es que los niños duerman del tirón y no lo es. Probablemente con tres meses lo sea, pero a partir de los cuatro muchos empiezan a despertarse cada hora y media». Y es en ese momento cuando «los padres entran en pánico porque creen que no es normal».

Y empiezan los experimentos: le saco de la habitación, le duermo en brazos y luego a la cuna, le canto, le leo, le doy un masaje, le baño después de cenar… «Lo importante es que concretemos una rutina de sueño. El problema es que cada día hacemos una cosa y para que haya aprendizaje tiene que haber repetición», insiste Álava. Y ofrece una pauta que puede ser otra: «Cenar, un baño de agua templada, un masaje y cantar».

El debate de siempre, ¿el bebé en la cama o en la cuna, en la habitación de los padres o en la suya?

Carlos González: La recomendación médica es clarísima, hasta los seis meses el bebé debe estar en la habitación de los padres. Lo de la cama o la cuna ya es más delicado, aunque si la madre o el padre fuman, beben o son obesos, en la cuna. Si no se dan esas circunstancias es indiferente.

¿Y a partir de los seis meses? Silvia Álava apuesta por ir dejándole en su propio cuarto de manera progresiva. «No se puede hacer de un día para otro porque es la hecatombe, pero podemos probar a enseñarle a dormir solito acostándonos con él o con ella en la cama. Le tocamos, le hablamos suave… hasta que se duerma. Cuando hayamos conseguido eso le acompañamos hasta que se quede dormido pero ya no tumbados, sino sentados en una silla, que iremos retirando poco a poco hasta lograr que no sea necesario que estemos con él o con ella».

Carlos González, sin embargo, rechaza los métodos de manual, empezando por ese que defiende que les dejes llorar hasta que se cansen y se duerman. «Yo no digo que no funcione, pero ¿quieres que tú hijo aprendar a dormir así? ¿Quieres enseñar a tu hijo que pese a que llore no vas a ir? Porque yo no quiero. Mi hija pequeña tiene 28 años y yo le he enseñado que en cualquier momentro del día o de la noche me puede llamar e iré. Ahora vive fuera y si me llamara de madrugada cogería un avión al día siguiente. Yo les diría a esas madres y padres preocupados que aprovechen, que es muy poco el tiempo en que los peques nos necesitan tanto y nos quieren con locura. Que dentro de unos años la preocupación será: ‘¿por qué no llama por teléfono más a menudo?’».

¿Y dormirles al pecho? ¿Duermen peor los que maman?

Carlos González: Hay algún pequeño estudio que defiende que los niños nada más destetarse duermen más, pero como norma general darle el pecho no hace que duerma peor.

Silvia Álava: Lo ideal es que no se duerman mientras maman. Tienen que aprender que el pecho es para comer, no es una herramienta para dormir. Ni un biberón.

Carlos González: A mí me hace gracia cuando la gente dice que le da un masaje y funciona. Estupendo, pero ¿cuándo se despierte a las tres de la mañana llorando, qué haces, te levantas y le das el masaje? Sin embargo, cuando una madre dice que la teta es mano de santo no se ve igual. ¡Pero si es más rápido, cómodo y barato!

Lo del masaje es opcional pero lo que genera consenso y no hay atisbo de duda es en la crencia de que al niño hay que proporcionarle un entorno sosegado antes de ir a la cama. «Si antes de acostarse está corriendo, gritando, viendo la tele… su nivel de actividad es importante y no se va a dormir». Así que «luces bajas, tono calmado, cuento o canción suave…».

A la preocupación de que se duerma pronto se suma otra: ¿cuántas horas debe dormir? ¿de cuánto tiene que ser la siesta? A estas preguntas responde Carlos González con un experimento: «Busca fotos en Google de madres con sus hijos. Verás que en casi todas aparecen mujeres sonrientes diciendo algo al bebé. Ahora busca mujeres africanas con bebés y verás que en casi todas aparecen madres con los niños a la espalda haciendo labores mientras les llevan. A esos bebés su madres no les duermen, que solo es algo que solo hacen las madres occidentales y los anestesistas. Dormir es un verbo intransitivo, no dormimos a alguien. La gente se duerme. Y esos bebés africanos se duermen de manera natural mientras su madres hace otra cosa».

En todo caso, hay unos estándares respecto a las horas de sueño que se cumplen casi siempre. Aunque hay algo mejor que los estándares, advierte González. Y es la seguridad de que «cada niño duerme lo que tiene que dormir». Aunque, matiza la psicóloga, «en nuestro país tendemos a dormir poco». Lo que supone un problema más «en la adolescencia que en la infancia».

Si quieres más información o asesoramiento de este u otros temas no dudes en ponerte en contacto conmigo.

FUENTE: Diario El Correo

Curso online: Consigue que tus hijos sean felices, seguros y autónomos. Ahora con un 10% de descuento

En el presente curso, seis psicólogos del centro de Psicología Álava Reyes mostramos las claves para conseguir que nuestros hijos sean autónomos, felices, y seguros. De forma práctica aprenderemos las claves del éxito en la convivencia familiar con ejemplos prácticos sobre cómo gestionar las principales y típicas disputas que se dan en casa en relación a las quejas, protestas, frustraciones, retos y desobediencias de nuestros hijos e hijas. Además, aprenderemos a manejar los problemas de conducta con soltura, observándolos, clasificándolos y convirtiéndolos en comportamientos adecuados y normalizados; qué alternativas existen al castigo, cómo lidiar con los celos entre hermanos…

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Comprar por 90€Se ha dedicado un apartado a la gestión emocional tanto de los padres, con estrategias dirigidas a no perder la calma, ni los nervios, para educar sin ira, sin gritos, de forma positiva, como de los niños, con ejercicios prácticos sobre cómo hacer tomar conciencia a nuestros hijos de las emociones, el autocontrol, las relaciones sociales, la autoeficacia y motivación, autoestima y empatía, entre otros. Nos muestran como reprimir los sentimientos negativos de nuestros hijos no es el camino para lograr respuestas ajustadas y que les hagan sentirse bien con ellos mismos. También veremos cómo enseñarles a comprender ese sentimiento y canalizar adecuadamente sus frustraciones.

Sin olvidarnos cuestiones del día a día sobre cómo favorecer la correcta autonomía de los niños, cómo y cuándo responder a sus preguntas sobre el sexo y qué contarles según su edad, y algunas estrategias para gestionar mejor su tiempo de estudio y cómo obtener el máximo provecho de sus horas de estudio para mejorar su rendimiento y sus resultados académicos.

Con este curso se pretende favorecer una autoestima positiva y saludable en nuestros hijos, para así potenciar su desarrollo personal, social, familiar y académico. También a dotarles de habilidades básicas que les ayudarán en su día a día y sobre todo en su futuro, cómo enseñarles a mantener conversaciones con los demás, a saber decir “no” y decir lo que se quiere sin sentirse mal ni herir los sentimientos de los demás, así como a solucionar problemas con el grupo de referencia con el objetivo de que tengan experiencias sociales más positivas. En definitiva, aprenderemos cómo desarrollar recursos y estrategias que serán necesarias para nuestros hijos en el futuro. Enseñarles a esforzarse para conseguir sus objetivos, a esperar por las recompensas y ser conscientes de que de los pequeños fracasos también se aprende.

OBJETIVOS DE APRENDIZAJE:

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  • Identifica y actúa ante el bajo estado de ánimo de los hijos para que vuelvan a sonreír
  • Descubre cómo enseñar a aprender a mantener conversaciones con los demás a los niños
  • Desarrolla recursos y estrategias que serán necesarias para los hijos en el futuro
  • Favorece una autoestima positiva y saludable en los hijos
  • Enseña y guíales para que puedan aprender a comer y a dormir bien y solos

ACERCA DE NOSOTROS: Centro de Psicología Álava Reyes

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Uno de los Centros de Psicología más grandes de España, formado por un equipo multidisciplinar de Psicólogos donde se trabaja con un amplio abanico de rangos de edad (niños, adolescentes, jóvenes y adultos) y tipos de terapia.

Los más de 30 años de contrastada experiencia en diferentes campos profesionales, nos aportan gran seguridad y eficacia en los planteamientos de terapias y ayudas psicológicas.

El presente curso será impartido por seis psicólogos de dicho centro:

  • Silvia Álava, coordinadora del curso, directora del área infantil, colaboradora habitual de medios de comunicación y autora de los libros “Queremos Hijos Felices” y Queremos que crezcan felices”.
  • Ángel Peralbo, director del área de adolescentes, colaborador habitual de medios de comunicación y autor de los libros “El adolescente indomable”, “Educar sin ira” y “De niñas a malotas”.
  • Aroa Caminero, forma parte del área infantil del centro. Es experta en psicología educativa, neuropsicología e inteligencias múltiples.
  • Margarita Montes, es colaboradora habitual de los medios y experta del área infanto-juvenil del centro, especialista en intervención en crisis y superación del trauma.
  • Lucía Boto, experta en el área infanto-juvenil, especialista en técnicas proyectivas y profesora de la UNIR.
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¿Eres una madre o padre helicóptero? En Cadena Dial

Por Nuria Serena

Lo eres si contestas “” a cualquiera de estas tres preguntas:

  • ¿Estás pendiente de las necesidades de tu hijo de forma constante?
  • ¿Te angustia el futuro de tu hijo?
  • ¿Estas obsesionado con el rendimiento académico de tu hijo?

Pues si has hecho triplete, tu hijo y tú tenéis un problema, eres una madre o padre helicóptero.

Una madre o padre helicóptero es aquella o aquel que sobrevuela constantemente sobre la vida de su hijo:

le acompaña a una entrevista de trabajo, rellena solicitudes y formularios por él, está preocupado por satisfacer a todas horas sus necesidades, sus deseos y le angustia su futuro.

El término es muy popular en EEUU -donde uno de cada 10 estudiantes tiene este tipo de padres- y, como todo, de unos años a esta parte, el “fenómeno” ha llegado también a España.

Buena parte de culpa la tiene la permanente “crisis” que ha inmerso a las familias en una inseguridad por el futuro. La frase “nuestros hijos vivirán peor que sus padres” es un “mantra” que todo el mundo ha interiorizado. Y esto provoca miedo a un crecimiento de las desigualdades sociales, lo que influye en la perspectiva que los progenitores tienen de la educación: más permisiva o más estricta.

Los padres deciden si utilizan un estilo autoritario, persuasivo o permisivo en función de los costes y beneficios que les reporta cada uno. En los años 60 y 70, por ejemplo, se llevaba ser permisivo, entre otras cosas porque los trabajadores poco cualificados ganaban casi tanto como los cualificados y los padres podían permitirse fomentar la imaginación y la independencia de los niños frente a otros valores, como el trabajo puro y duro.

La crisis y la desigualdad económica hacen a los padres más controladores con sus hijos

“Los últimos 30 años, por el contrario, se han caracterizado por una creciente desigualdad que se ha visto acompañada por el aumento de los rendimientos asociados a la educación. Los niños que no logran completar su educación ya no pueden aspirar a una vida de clase media y, en consecuencia, los padres han redoblado sus esfuerzos para asegurar el éxito de sus hijos”, explica Fabrizio Zilibotti, catedrático de Macroeconomía y Economía Política de la Universidad de Zurich.

Y es que la exigencia de los padres no siempre es bien trasladada y, en vez de acompañarles, les sustituye

Por eso, hay cada vez más madres/padres helicóptero, madres/padres apisonadora (que allanan el camino para que su hijo no tenga dificultades) y madres/padres guardaespaldas (que se convierten en la sombra de sus hijos para que nada ni nadie pueda dañarles).

Lo hacen con buena intención y con mucho cariño,

pero, en ese afán por controlarlo todo, acaban anulando la independencia y la autonomía de los críos. Según los expertos, éste es “uno de los mayores errores en la educación de los hijos”.

Los niños con padres sobreprotectores desarrollan menos competencias emocionales y a la larga son más inseguros, advierte la psicóloga Silvia Álava, autora del libro Queremos hijos felices.

En cada momento del crecimiento de la persona, ésta debe pelear por sus propias batallas. Debemos darnos cuenta de que no ayudamos a nuestros hijos dándoles la solución, sino prestándoles el apoyo desde fuera. Si en la adolescencia los chicos no toman decisiones, nunca tomarán la iniciativa y esto producirá disfunciones sociales tremendas en todos los niveles“, sentencia José Antonio Marina.

FUENTE: CadenaDial.com

Vídeo ¿Cómo elegir los juguetes según la edad?

¿Cómo elegir los juguetes según la edad? Colaboración con El Corte Inglés