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Los yonquis de las consolas también sufren mono. Colaboración con El Correo

Un adolescente de 15 años ingresa en un hospital por su adicción a los videojuegos. La ira, la tristeza y el insomnio son síntomas de esta dependencia.

Por antonio Paniagua

Dos meses en un hospital

No hace falta ser un yonqui de cara demacrada y andar errático para estar enganchado. Basta pasar un sinnúmero de horas delante de la consola o el ordenador para padecer el mismo mono que atenaza a un bebedor. Pero a diferencia de los alcohólicos y heroinómanos, en la adicción a los videojuegos no hace falta el concurso de sustancias estimulantes. La droga en este caso es una sucesión de estímulos veloces que sumen al jugador en la ansiedad y un bucle competitivo que se retroalimentan. Es lo que le ha ocurrido a un adolescente de 15 años que ha pasado dos meses en un hospital a causa de su obsesión por el Fortnite, un entretenimiento que registraba 350 millones de cuentas en el mundo.

Fortnite

El videojuego más popular del orbe desarrollado por Epic Games, es todo un fenómeno de masas gracias, entre otras cosas, a que permite jugar gratis. Ese es el señuelo que atrapa al principio a los debutantes, que, al final, pueden acabar echando mano de la tarjeta de crédito de los padres para realizar micropagos y adquirir complementos. Fortnite permite que un máximo de 100 jugadores permanezcan conectados ‘on line’ de forma simultánea. Su éxito es tal que Epic Games ingresó en 2019 unos 3.550 millones de euros, de los que 1.520 millones (casi el 43%) procedían de exclusivamente del Fortnite.about:blankPUBLICIDAD

El caso del chaval ingresado para desintoxicarse de las pantallas marca un antes y un después, por cuanto ha servido para documentar el primer caso clínico de un menor internado en un centro hospitalario por abusar de los videojuegos. El estudio en cuestión ha sido publicado por el Hospital Provincial de Castellón, la Universidad Jaume I y el Hospital General Universitario.

Totalmente aislado para deshabituarse

Durante las primeras semanas de tratamiento, el paciente estuvo totalmente aislado para deshabituarse. «Aunque los primeros días sufriese un malestar emocional interno, fue desapareciendo progresivamente, momento en el que pudimos hacer un repaso de cómo era su día a día», asegura Matías López, psiquiatra del Hospital Provincial de Castellón.

En España, el 21% de los jóvenes entre 10 y 25 años sufre trastornos del comportamiento por culpa de la tecnología, según una encuesta realizada a 4.000 jóvenes para el Plan Nacional sobre Drogas. Por ahora la adicción a las pantallas no está contemplada como una enfermedad, de modo que quedó al margen del DSM5, la clasificación de trastornos mentales elaborada por la Asociación Estadounidense de Psiquiatría, que actualizó el listado en 2013. La ludopatía es el único comportamiento adictivo reconocido en ese manual, que asocia la adicción fundamentalmente a sustancias como el alcohol, el tabaco, los estimulantes, la marihuana y los opiáceos.

Con todo, en 2019, la Organización Mundial de la Salud (OMS) publicó un informe en el que se catalogaba el abuso de los videojuegos como un trastorno. La proporción de personas que se ven afectadas por el uso sin tasa de los videojuegos ‘online’ se sitúa entre el 1% y el 10% en los países occidentales, según Vladimir Poznyak, experto de la OMS.

Horas de sueño

Para la directora técnica de la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD), Eulalia Alemany, la adicción a los videojuegos «no es un problema muy extendido». «Sí que hemos observado, en cambio, que durante la pandemia, los chicos han perdido horas de sueño por estar hiperconectados. En los dormitorios de niños y adolescentes no puede haber tecnología, es la primera regla de prevención»

En ese letargo en que se sume el paciente, lo habitual es que el jugador recalcitrante se desentienda de otros quehaceres y aficiones, baje su rendimiento escolar o laboral y descuide la alimentación. Según la psicóloga y directora del Instituto Valenciano de Ludopatías y Adicciones No Tóxicas, Consuelo Tomás, la persona enganchada se obsesiona no solo con los lances del juego, sino también con lo que acontece en Twitch, una plataforma en la que se retransmiten partidas en directo y el suscriptor puede tener acceso al chat y a hablar con sus ídolos, previo pago de una cantidad de dinero casi siempre. «Cuando se interrumpe el videojuego o la conexión a Twitch, aparece el síndrome de abstinencia. Los micropagos funcionan de manera muy similar a las ludopatías. A veces nos llegan padres con extractos bancarios por pagos que han hecho sus hijos y que reflejan cantidades importantes».

Irritación, ansiedad, tristeza…

De acuerdo con Marta Labrador, psicóloga e investigadora, la irritación, la ansiedad, la tristeza y el fracaso al intentar controlar la dependencia son síntomas que permiten diagnosticar una conducta adictiva. «Los afectados suelen engañar a familiares y al psicólogo sobre el verdadero tiempo que pasan jugando. Se usan los videojuegos para escapar de estados de ánimo negativos».

Para la psicóloga Silvia Álava, los adictos juegan de forma compulsiva y se niegan a reconocer el problema que sufren. Álava aduce que la adicción es más frecuente en los varones que en las mujeres. A su entender, los videojuegos están diseñados para enganchar, como se comprueba en la gran cantidad de estímulos visuales y auditivos que despliegan. A su vez, su estética está ligada a los gustos infantiles, un diseño nada casual, pues pretende para atrapar en su red a chicos de corta edad. A la luz de algunos estudios, la victoria procura un placer que libera dopamina en los núcleos de recompensa del cerebro. «Cuando una persona se hace adicta experimenta una activación de la zona cerebral de la recompensa, lo cual es una reacción muy adictiva», comenta Álava.

FUENTE: ElCorreo.com

Cómo funciona el anidamiento: cuando los niños se quedan en la casa y los padres divorciados se la turnan

Por Aldara Martitegui

Explicamos qué es el anidamiento: una solución para separaciones en la que los padres se turnan para cuidar a los hijos en el domicilio familiar

Los expertos coinciden en la complejidad de esta solución aparentemente fácil y cómoda para padres e hijos

Las psicólogas Silvia Álava y Alicia Navarro comparten sus impresiones sobre esta modalidad que va en aumento

Luis y María anidaron a su hija Carla durante 8 meses, cuando por fin tomaron la decisión de separarse. Tardaron en hacerlo porque los dos tenían miedo a que la separación afectara a la niña. “Cuando ocurrió, explica Luis, cuando dimos el paso de sentarnos a hablar del divorcio como un hecho inevitable, los dos pensamos que anidar a Carla en nuestra casa de siempre iba a ser lo mejor para ella. ¡Es que en la práctica llevábamos tiempo haciéndolo! María y yo ya no compartíamos habitación desde hacía meses. Lo teníamos todo a nuestro favor para anidar: Teníamos espacio en casa para tener una habitación cada uno. Yo me alquilé un estudio para vivir la semana que me tocaba estar fuera de casa y María se instaló en casa de sus padres”.

El anidamiento o Birdnesting, es la fórmula en la que cuando los padres se separan,

Los niños permanecen en el hogar familiar y son los progenitores los que se turnan para pasar tiempo con los hijos. La fórmula va en aumento en los países occidentales, pero dado que es una tendencia bastante nueva, aún no hay datos comparativos sobre el bienestar de los niños y de los padres en este tipo de familias respecto a otras soluciones de custodia compartida.

“Cuando nos separamos, continúa Luis, la niña estaba a las puertas de la adolescencia. El anidamiento nos pareció la solución perfecta para no desestabilizar emocionalmente a nuestra hija. Pero eso sí, los dos teníamos clarísimo que el anidamiento iba a ser una solución temporal, como mucho de un año, para que Carla se adaptara mejor a la nueva situación”.

La solución del anidamiento, que había sido tomada por estos padres como medida supuestamente beneficiosa para su hija, resulta que se convirtió en su peor pesadilla

¿El anidamiento puede ser un obstáculo?

Finalmente, el año de anidamiento que Luis y María habían planificado para Carla, se adelantó a 8 meses cuando la niña empezó a tener problemas digestivos. Estuvo ingresada varias veces por molestias que no tenían explicación médica… Al tercer ingreso, los médicos recomendaron a sus padres llevar a la niña a un psicólogo.

Carla fue un caso claro de fracaso de anidamiento. A pesar de la buena comunicación que había entre Luis y María, la niña no comprendió la nueva relación de sus padres. El anidamiento fue para ella como un obstáculo para aceptar que sus padres se habían divorciado y le hizo vivir en un constante estado de ansiedad, preguntándose si volverían algún día e interpretando incorrectamente señales de que sus padres se estaban reconciliando.

La solución del anidamiento, que había sido tomada por estos padres como medida supuestamente beneficiosa para su hija, resulta que se convirtió en su peor pesadilla. Ahora bien, la pregunta que surge aquí es: ¿Cómo habría respondido Carla a otra fórmula de separación?, ¿habría aceptado antes el divorcio de sus padres y se habría evitado toda esa ansiedad? Es difícil saberlo.

Ni la mejor ni la peor solución: hay que valorar muchos aspectos

La psicóloga Silvia Álava insiste en que en el tema de las separaciones nunca hay una fórmula que sea la buena, nunca hay una fórmula que sea la correcta, “Siempre hay que pararse a hacer un análisis en profundidad de cada caso, de cada familia, de cómo son esos progenitores, de cómo se llevan, de cómo es ese niño y esa niña, de si hay hermanos o no, de cómo es nuestra situación económica para, a partir de ahí, parar y decir, mira: esta es la mejor de las opciones”.

A priori el anidamiento no tiene por qué ser una fórmula peor que otras, recalca la psicóloga y mediadora Alicia Navarro dado que “Una separación es normalmente un proceso doloroso que genera una montaña rusa emocional. Así que, no solo los niños y niñas, sino también los adultos van a tener que lidiar con esos altibajos emocionales, independientemente del modo como decidan terminar su relación. Por eso, no creo que el anidamiento sea más perjudicial para la salud mental de las personas implicadas que cualquier otra manera de separase (…) el anidamiento es un fenómeno muy nuevo y todavía no disponemos de datos suficientes para saber de qué modo puede afectar a los niños y niñas y tampoco a los adultos. No obstante, creo que se trata de una de las muchas opciones que se pueden barajar en una familia a la hora de decidir cómo la pareja va a separarse. Me parece una buena solución si lo que se persigue es minimizar los conflictos y maximizar la estabilidad emocional y psicológica de la familia”.

La estabilidad del niño no la da la vivienda, sino los padres

Silvia Álava insiste en la idea de que la estabilidad del niño no la da la vivienda, sino los padres. “El anidamiento, si lo pensamos fríamente, se puede pensar que quizás para los niños puede ser la mejor opción (…) Porque lo que estamos haciendo es que el niño, la niña o los hermanos son los que se quedan en la misma casa y son los padres los que están cambiando. ¿Esto qué implica? Pues que evitamos a los niños ese cambio de tener que hacer maletas o tener que llevarnos sus cosas o los libros del colegio cada vez que hay que cambiar de un progenitor a otro. Desde el sentido común, pensando en el niño, podríamos decir que parece muy razonable”. Pero el papel lo aguanta todo, insiste Álava…la realidad es que luego en el día a día la situación es mucho más compleja.

El anidamiento; una forma más de convivencia

El anidamiento -esta supuesta fórmula tan beneficiosa para los niños- se puede volver en su contra, como ocurrió en el caso de Carla. Pero puede fracasar por muy diferentes motivos…uno de ellos porque no deja de ser una forma de convivencia.

Por eso, apunta la psicóloga y mediadora Alicia Navarro,” creo que esta opción solo puede tomarse de mutuo acuerdo y en el caso en que ambos miembros de la pareja estén preparados para tolerar mantener cierta relación de convivencia: no olvidemos que van a compartir un espacio aunque sea por turnos y que eso puede generar tensiones si las normas no están muy claras”.

Un detalle importantísimo -esto de no olvidar que el anidamiento sigue siendo una manera de convivencia- con el que coincide Silvia Álava, que insiste en que “muchas veces es una solución poco viable porque a nivel convivencia, aquellas cosas que nos llevaron a la separación porque la convivencia no funcionaba, todavía aún se incrementan mucho más porque el roce sigue estando ahí”.

La importancia de la buena relación de la expareja

Una de las premisas de la que hablan los expertos para que el anidamiento pueda funcionar es por tanto que la relación entra la expareja sea excepcionalmente buena.

“Tiene que ser solo en casos de familias que se lleven excepcionalmente bien y que los dos tengan el mismo grado de responsabilidad respecto a los niños y respecto a la casa para que realmente funcione, porque si no, en la vida real es muy complicado”, recalca Álava.

Para evitar conflictos, la mediadora Alicia Navarro recomienda acudir a un profesional de la salud mental que ayude a la familia a entender sus propias emociones y a un mediador que ayude a la expareja a adoptar los acuerdos necesarios y a poner sobre la mesa normas que regulen la situación; “Normas para temas muy cotidianos como por ejemplo el orden y la limpieza, o qué zonas de la casa o elementos particulares no son compartidos -como ordenadores personales, documentos, algunos armarios con enseres privados etc- o qué personas están autorizadas a entrar en la casa cuando el otro miembro no está”.Si, por ejemplo, es una separación en la que uno de los dos se ha separado pero el otro no quería, pues eso hace que se enganche todavía más a la posibilidad de volver (Silvia Álava, psicóloga)

Las dificultades económicas que vienen aparejadas al anidamiento también pueden afectar indirectamente a la estabilidad emocional de los niños. “Hay familias en las que me lo puedo permitir porque esto implica tener tres casas: una en la que que vive el niño y a la que cada uno vamos cada dos semanas y luego la semana que no estamos, cada uno tiene que tener otra casa u otro sitio donde vivir y las complicaciones económicas, pueden influir luego en la relación con el niño”, resalta Silvia Álava.

Porque los padres tendemos a volcar en nuestros hijos nuestras frustraciones y preocupaciones…

Por eso, en una separación, es importante pensar en el bienestar del niño, pero también en el de los padres. Así está emocionalmente el progenitor, así lo va a proyectar en sus hijos.

“No podemos olvidar que estamos hablando de una pareja en proceso de separación, por lo que, emocional y psicológicamente hablando, se trata de un proceso vital complejo para cada uno de los miembros de esa pareja, incluso cuando se trata de una separación por mutuo acuerdo” explica Alicia Navarro.

Un proceso que se agravaría más aún si uno de los miembros de la expareja no ha terminado de aceptar la separación.“Si, por ejemplo, es una separación en la que uno de los dos se ha separado pero el otro no quería, pues eso hace que se enganche todavía más a la posibilidad de volver, de recuperar a la pareja”, puntualiza Silvia Álava.

La importancia de la estabilidad emocional de los progenitores

Esa situación de incertidumbre, inestabilizará emocionalmente a uno de los progenitores y es muy posible que termine salpicando a los hijos.

Álava recuerda que «los adultos somos los responsables de que ese menor esté bien y hay que procurarle y darle todo lo que necesite, tanto a nivel fisiológico, de darle de comer, de llevarle al colegio, de ayudarle con los deberes, pero también a nivel emocional. Y tenemos que ver si la casa que vamos a compartir, a nivel emocional nos ayuda a nosotros a estar bien en esta situación o no. ¡Cuidado! Porque es que si resulta que yo voy a estar todo el día enfadada porque resulta que mi expareja cada vez que llego lo deja todo manga por hombro y yo lo dejo todo recogido y encima tengo que recoger lo suyo… esto puede que llegue a afectar a cómo estoy yo luego con mi hijo o con mi hija”.

Los plazos

En el caso de que la pareja cumpliera todos los requisitos para que el anidamiento funcione, Navarro incluye una premisa importante a la hora de diseñar u organizar un anidamiento: los plazos.

“Todavía no tenemos estudios al respecto, pero creo que, si la intención de anidamiento es buena, es decir, persigue maximizar el confort y el bienestar de todos, se trata de una decisión compartida por la pareja, consciente, meditada, con unos plazos lo más concretos posibles y no demasiados extensos, entonces, se pueden minimizar las consecuencias negativas a nivel emocional (…) y cuando hablo de plazos consensuados y no demasiado extensos, precisamente estoy contemplando la posibilidad de que algún miembro de la expareja -o ambos- comience una nueva relación. Creo que, en este caso, sería muy complejo mantener el anidamiento demasiado tiempo».

Creo que el anidamiento debería ser un proceso de adaptación y quizás no tanto una solución definitiva (Alicia Navarro, psicóloga y mediadora)

¿Qué solución ayuda a tener una mejor estabilidad emocional?

Ambas psicólogas insisten en que quienes tienen la responsabilidad de procurar una estabilidad emocional a los hijos son siempre los padres y las madres y son ellos quienes tienen que ver qué solución es la que ayuda a tener una mejor estabilidad emocional.

En cualquier caso, insiste Alicia Navarro, por muy bien que se alineen los astros a favor del anidamiento, es preferible tomárselo como una solución con fecha de caducidad. “Creo que un anidamiento temporal puede beneficiar a que la familia asimile poco a poco la nueva situación, quizás de una forma menos traumática, y a que los adultos puedan acordar de qué forma proseguir con su separación. Creo que el anidamiento debería ser un proceso de adaptación y quizás no tanto una solución definitiva. De hecho, su nombre, Birdnesting, recuerda a ese proceso en el que las aves cuidan de sus polluelos en el nido mientras no se valen por sí mismos para volar y alimentarse y son los adultos los que van y vienen. Pero fíjate cómo esa situación es siempre temporal».

FUENTE: NiusDiario.es

Trabajadores sin desconexión en vacaciones: «Sus cuerpos están en la playa pero sus mentes, en la oficina»

Dejar de consultar el correo o de atender el móvil de empresa ha sido, para muchas personas, una misión imposible

Los psicólogos afirman que la pandemia y el teletrabajo han podido aumentar el llamado estrés vacacional 

Por JESSICA MARTÍN

Desconectar por completo en vacaciones: ¿a quién no le suena bien esa frase? 

Carla, subdirectora de una agencia de marketing, asegura que le encantaría ponerla alguna vez en práctica, pero la responsabilidad ligada al cargo que ostenta y su personalidad “autoexigente” le han impedido apartarse varios días del teléfono de empresa o del correo electrónico este verano.

“Yo no he desconectado totalmente jamás. La única forma en la que puedo conseguirlo un poco es yéndome de vacaciones a un sitio con cambio de horario donde haya ocho horas de diferencia con España, porque así, cuando allí es de día, están durmiendo aquí y sé que no me están llegando correos ni tengo la tensión de saber que están pasando cosas. Pero cuando estoy de vacaciones en España, con el mismo horario, al final estoy pendiente todo el día. Es inevitable”, cuenta Carla en una conversación con RTVE.es.

Sin escapatoria

Desde el pasado año, debido a la pandemia, las posibilidades de hacer viajes internacionales se han reducido, así que no ha tenido «escapatoria». Ya asumió en junio que este verano su mente no estaría alejada de la responsabilidad laboral en ningún momento.

“Hay veces en que sí me agobia. Una dice: ‘Estoy todo el año trabajando y no puedo estar una o dos semanas de desconexión total’, pero es cierto que también es culpa mía porque yo tampoco sé desconectar y porque no dejo pasar una (…) Cuando veo el correo de un compañero o percibo que algo se está haciendo mal, al final me resulta imposible quedarme con los brazos cruzados. No puedo irme de vacaciones y olvidarme del correo. Imposible. Por más que quiera, no puedo”, admite Carla.

Un problema extendido que ha podido empeorar con la pandemia

Su caso, aseguran distintos psicólogos, responde a un problema “muy extendido” entre la sociedad. La última encuesta de Adecco sobre Desconectar del Trabajo en Vacaciones ya señalaba en 2019 que el 39,3 % de los españoles no logra ese descanso mental, pero la situación podría haber empeorado desde la irrupción de la COVID-19.

La pandemia no solo ha elevado los niveles de ansiedad en buena parte de la ciudadanía, sino que además ha intensificado en muchos casos el ritmo laboral y ha “difuminado” los límites entre la vida personal y la laboral, como consecuencia del teletrabajo.

Nos hemos acostumbrado

“Nos hemos acostumbrado a que el trabajo no siempre sea un ‘voy a la oficina y cuando salgo desconecto’. Ahora muchos estamos trabajando en casa y en cualquier sitio donde se tenga un mínimo acceso a internet. Esto hace más difícil desconectar cuando llega la hora de hacerlo”, afirma la psicóloga Silvia Álava.

Lo más grave del asunto, avanza esta misma psicóloga, es que, justo este año, “necesitamos desconectar más que nunca”.

“La mayoría de personas llegan a estas vacaciones más irritables y con menos energía que nunca“

“La mayoría de personas llegan a estas vacaciones más irritables y con menos energía que nunca. El año pasado la situación era distinta porque, aunque veníamos de varios meses metidos en casa, vislumbrábamos el fin. En aquel momento llegamos a las vacaciones con una ilusión, porque parecía que íbamos a recuperar la normalidad, pero esta vez llevamos un año y medio sin ver el final. El cerebro está agotado y anímicamente estamos más flojos”, explica.

Cuando es la empresa la que no permite desconectar

A la hora de analizar las causas del llamado estrés vacacional los expertos puntualizan que hay que distinguir entre distintos orígenes o factores que lo favorecen. El primero tiene que ver con la exigencia del puesto de trabajo y de la empresa; el segundo está relacionado con el funcionamiento del cerebro y la dificultad para adaptarse rápido al periodo de calma tras haber vivido una situación de estrés; y un tercero parte de un tipo de personalidad específica.

Respecto al primer punto, Alberto Alemany, director de intervención y psicólogo del equipo profesional de Mentevita, afirma que todavía son demasiadas las compañías que “no respetan” el descanso de sus trabajadores: “Esto habla de una mala planificación estratégica, de una mala gestión de los recursos humanos, y de poca comprensión sobre cómo funciona el rendimiento laboral de los profesionales”.

Lo afirma, además, basándose en su experiencia diaria, ya que el centro en el que trabaja está especializado en estrés y ansiedad laboral, e imparte cursos de formación para mejorar la salud psicológica dentro de las empresas.

Responsabilidad compartida

La mayoría de pacientes a los que Alemany atiende en una situación de estrés laboral trabaja en compañías que durante los periodos de descanso siguen demandando que sus profesionales trabajen sin comprender, dice, que no solo va en perjuicio del trabajador sino también de la empresa. No obstante, el psicólogo puntualiza que, en algunos casos, la responsabilidad es compartida: “Hay profesionales que no son capaces de decirle a su jefe: ‘estoy de vacaciones’”.

Esto último puede provocar ansiedad, rabia y malestar, según apunta también la psicóloga Lina Romillo, quien sostiene que “no saber poner límites a los demás, sea en el ámbito que sea», genera también «mucha inseguridad”.

Situación distinta es la de las personas que tienen una pequeña empresa o la de trabajadores autónomos, por ejemplo. En este caso, resulta más difícil desvincularse por completo durante un tiempo de las tareas y a menudo ocurre que el “cuidado” de la empresa queda por encima del cuidado de la propia salud mental.

Dificultad de la mente para «salir de la oficina»

El segundo factor que aumenta la probabilidad de que una persona tenga dificultades para desconectar del trabajo tiene que ver con el funcionamiento del cerebro y con la capacidad de adaptarse al cambio.

“Normalmente, durante el año estamos sometiendo a nuestro cuerpo a unos niveles de ansiedad elevados y mantenidos en el tiempo. Cuando llegan las vacaciones los estímulos que generan esa angustia desaparecen, pero nuestro cuerpo no aprende tan rápido esta cuestión (…) el cuerpo sigue pendiente de seguir trabajando. Se necesita un tiempo más largo para entender que esa situación (la que genera el estrés) no está presente”, explica Alemany.

Romillo precisa que muchas personas necesitan “3 o 4 días” para que su mente “se dé cuenta” de que está de vacaciones: “Los últimos 2 o 3 días antes de volver al trabajo suelen volver a pensar en el trabajo, así que, si se van 15 días de vacaciones, casi la mitad las ‘gastan’ no estando de vacaciones. Sus cuerpos están en la playa; sus mentes, en la oficina”

“Sus cuerpos están en la playa; sus mentes, en la oficina“

Alemany apunta que factores como la edad y el sexo también influyen en la aparición de lo que también se conoce como “depresión de la tumbona”: “Cuanto más jóvenes, más nos cuesta desconectar. Y a las mujeres les resulta menos difícil desconectar que a los hombres”, sostiene.

Rasgos de la personalidad que influyen: autoexigencia e inseguridad

Por último, los psicólogos coinciden en que la personalidad es un factor determinante y detallan cómo es el perfil de quienes padecen este estrés vacacional.

“Normalmente son personas muy autoexigentes que buscan la perfección en cada cosa que hacen. En cierta manera tienen miedo de fallar y viven sus trabajos como si fueran imprescindibles, pero nadie lo somos”, dice Romillo.

Álava menciona también que, en algunos casos, quienes sufren estrés vacacional se cargan con una responsabilidad excesiva por temor a que sus jefes dejen de valorarlos o a que sus clientes dejen de confiar en ellos, por ejemplo. También 

“También tiene que ver con la inseguridad. A medida que soy inseguro, soy más inestable y tengo la necesidad permanente de reactualizar mi valía. Esto es un círculo que se retroalimenta: si tengo esa necesidad de decir ‘aquí estoy, la empresa me necesita’, la empresa recibe ese mensaje y seguirá demandando (…) A veces se aprecia también un perfeccionismo elevado y una dificultad para poder delegar. Hay gente que tiene la necesidad de sentirse imprescindible en la organización y eso hace que les resulte difícil desconectar porque, si no tienen todo bajo control, sienten que algo horrible va a pasar”, agrega Alemany.

¿Qué supone no dejar al cerebro descansar?

Convivir con el estrés de manera sostenida y no dejar que el cerebro descanse, ni siquiera en vacaciones, tiene consecuencias negativas tanto para la salud mental como para la salud física.

“El estrés vacacional o la depresión de la tumbona, más allá de ser un nombre, tienen complicaciones. A corto y medio plazo, repercutirán en la esfera personal porque se pueden dar niveles de angustia, de ansiedad o incluso de depresión elevados. También dificultad para conciliar el suelo o trastornos psicosomáticos como migrañas, cefaleas o dolores estomacales. Y, a largo plazo, lo que puede provocar es un desgaste de profesional que va a incidir en su rendimiento laboral”, explica Alemany.

En línea con ese comentario, Álava recalca que “el cerebro es más productivo tras un periodo de descanso” y Romillo sostiene que el agotamiento mental puede provocar también un cansancio físico intenso.

«Después de correr una maratón, serias incapaz de correr otra maratón al día siguiente. Con la mente pasa lo mismo, igual que los músculos, necesita descansar. Si llevamos mucho tiempo trabajando a mucha intensidad entramos en lo que se conoce como fatiga. Dirás ‘estoy cansada, descanso, y sigo cansada’. Esto se acaba notando muchísimo a la hora de mantener la atención y en la productividad», agrega Álava.

Cinco consejos de los expertos

  1. Antes de coger vacaciones, planifica. Dedicar un tiempo previo al periodo vacacional para reunirse con los profesionales que se harán cargo de tu tarea puede ser muy útil. También es conveniente hacer supuestos de los problemas críticos que pueden darse durante ese tiempo y «practicar el ejercicio de delegar durante todo el año», aconseja Alemany. Este psicólogo también recomienda que, antes de coger vacaciones, se active la respuesta automática del correo y, en casos en que sea imprescindible, dejar «una vía de contacto urgente» para situaciones que realmente lo sean.
     
  2. Céntrate en el ‘aquí y ahora’. La mente también puede ser reeducada y hay que empezar por focalizarla en las relaciones personales, en el lugar donde te encuentres, en vivir el momento con conciencia plena. “Si viviéramos conectados a la vida, no necesitaríamos desconectar de nada. Vivir siendo plenamente conscientes en ‘el aquí y ahora’ hace que trabajes de forma mucho más eficaz y eficiente, y vivir una vida en el presente es la única forma de vivir. Cuando la mente está en el pasado o en el futuro se sobrevive, no se vive», subraya Romillo.
     
  3. Dedica tiempo a pequeños placeres. Además de «obligarse a parar» y realizar un ejercicio de autoconsciencia, Álava aconseja dedicar en estas vacaciones más tiempo al autocuidado y realizar actividades para las que habitualmente no hay tanto tiempo durante el resto del año, como echarse una siesta o leer tranquilamente un libro. «Estas vacaciones, en pandemia, son especiales y no tenemos que pensar que para desconectar necesitamos coger un avión y viajar a sitios nuevos. Podemos disfrutar de las pequeñas cosas».
     
  4. Coge, al menos, dos semanas libres seguidas. Tener un mínimo de dos semanas de vacaciones ininterrumpidas, si es posible, ayudará a tener un mayor margen para adaptarse al ritmo que requiere la desconexión, según Alemany.
     
  5. Trata de cortar al máximo el vínculo con lo laboral. Por último, los psicólogos consultados coinciden en que lo más sano para la desconexión es evitar todo lo posible el contacto con las tareas profesionales. Si es necesario hacerlo, lo mejor es fijar un breve tiempo al día para consultar el correo o el móvil de empresa, y comprometerse a no revisarlo fuera de ese horario marcado. 

FUENTE: rtve.es

Webinar ¿Estás preparado para la vuelta al cole? Asiste gratis el 2 de septiembre 18:00h (España)

¿Estás preparado para la vuelta al cole? Descubre de la mano del Instituto de Investigación Agua y salud cómo afrontar la Vuelta al Cole. Veremos las principales recomendaciones para recuperar con menos esfuerzo las rutinas después de las vacaciones, cómo ser más receptivos con las emociones de los más pequeños o cómo afrontar un nuevo curso con medidas COVID, sin olvidarnos del papel de la hidratación para asegurar un regreso a las aulas con todas las garantías.

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Para cualquier consulta puedes escribirnos a comunicacion@aneabe.com

Niños responsables, niños más felices

La responsabilidad se educa, pero se aprende cuando permitimos que los niños verdaderamente interioricen y hagan propias sus obligaciones, y esto, los ayuda a ser más felices.

Por Claudia Guimaré

«¡Qué niño tan responsable y obediente!» decía mi tía Olga cuando veía un niño que para ella era merecedor de su máximo halago. Mi tía había sido maestra toda su vida, y para ella, la obediencia y la responsabilidad eran el summum de las cualidades del ser humano, especialmente en la infancia.

Para ella, ser obediente era ser responsable, porque la responsabilidad era inculcada en casa, por los padres. Y por ello, “los buenos niños” se reconocían rápidamente por obedecer sin chistar las reglas que los hacían ser ordenados, como no ensuciar la túnica, llevar los lápices con punta recién sacada en la cartuchera, no interrumpir a los mayores y hacer siempre los deberes.

Obediencia no es responsabilidad

Sin embargo, si lo pensamos un poco más, obediencia no es responsabilidad. Más aun, es todo lo contrario. Cuando obedecemos, no estamos siguiendo nuestro propio criterio. Estamos aceptando de buena gana el criterio de otro y asumiendo que tiene razón y que lo que nos sugiere debe ser la mejor opción. O en su defecto, estamos aceptando de mala gana esa indicación porque no nos queda más remedio. Pero la responsabilidad surge de la interiorización de un mandato porque nos reconocemos como los principales afectados de las consecuencias de nuestro accionar. Y sabemos por ende, que si hacemos esto, pasará esto otro. Y todos sabemos que a veces no nos basta con que otro nos adelante ese vaticinio para que nosotros lo creamos y adoptemos como propio.

Por ello, sin experimentación, sin decisión propia, sin verdadera conciencia de los resultados de nuestros actos y valorización de sus consecuencias, no podemos decir que hay genuina responsabilidad y es por esto que los niños no necesitan seguir a pie juntillas lo que se les dice. Lo que necesitan es entender de verdad y por motu propio lo que “deben” hacer ante cada situación.

El aprendizaje empieza en casa

Lo complicado es que ese aprendizaje empieza en casa desde la más tierna infancia, cuando todavía no logran imaginar cabalmente las consecuencias de sus actos por falta de experiencia: están aprendiendo. Y por eso los padres nos agarramos la cabeza cuando ante una indicación clara y simple como “no te subas ahí que te vas a caer”, el niño va corriendo a subirse y pum… se cae. Y aunque esto sea a diario para los padres un quemadero de cabeza, en el fondo sabemos bien que sólo una vez que se cayó, aprendió de verdad a que subirse ahí no es buena idea o al menos, conlleva sus riesgos.

Por eso decimos que la responsabilidad comienza en casa. Porque se la empieza a ejercitar en el día a día desde muy pequeños, mucho antes de que lleguen al jardín y sean las maestras también, quienes además de nosotros, les ayuden a desarrollar esa habilidad, ordenado juguetes y cuadernos, cuidando sus útiles y ordenando la fila para salir a jugar.

¿Y por qué los niños terminan más que obedeciendo, interiorizando estas conductas? Pues porque les hace sentir bien. Porque les hace sentir capaces. Porque les hace sentirse “grandes”. Todo lo contrario a cómo se sienten cuando se ven obligados a seguir una regla o cumplir con algo simplemente porque no tienen opción.

Cuando los hacemos responsables, genuinamente responsables, les estamos diciendo que confiamos en ellos plenamente, confiamos en sus capacidades y en su criterio. Y nada nos hace sentir mejor que eso, seamos grandes o pequeños.

Hiperpaternidad

Queremos Hijos Felices - Silvia Álava

Eva Millet, escritora, autora del libro “Hiperpaternidad” (donde habla de las consecuencias de lo que llama los padres “helicóptero), dice que cuando dejamos de hacer algo por nuestros hijos y les dejamos en libertad para hacerlo ellos, les estamos diciendo “tú puedes!” y por ende, siguiendo este silogismo, cuando por el contrario lo hacemos todo por ellos (“porque son chiquitos y no entienden aun lo que les conviene”), les estamos diciendo lo contrario, les estamos diciendo “déjame a mí que lo hago mejor” “no confío en ti para esto”. Y eso, claramente no los hace felices.

Silvia Álava, Psicóloga y autora del libro “Queremos hijos felices”, dice “la felicidad está muy ligada al sentimiento de capacidad” y sostiene que “cuando los niños no saben resolver las cosas por sí mismos, eso va en contra de su propia felicidad”; y a su vez, el psicólogo infanto-juvenil Antonio Ortuño deja claro que “la responsabilidad se lleva muy bien con dos conceptos clave: la felicidad y la inteligencia”.

¿Cómo fomentar la responsabilidad desde pequeños en casa?

Fácil de decir y difícil de hacer, aquí te dejo mis 3 principales recomendaciones para logarlo.

1. Sé el ejemplo.


El primer paso es como siempre decimos, dar el ejemplo. La semana pasada la mamá de una compañera de mi hija de la escuela me contaba que fue a hablar con la Directora para expresarle que en su familia, no eran capaces de levantarse tan temprano por lo cual su hija iba a continuar yendo una hora tarde todos los días como hasta hoy.

Más allá de las problemáticas y dinámicas de cada familia, y de que las mañanas no son fáciles en casi ningún hogar con niños pequeños, queda claro que cuando estamos educando a nuestros hijos, debemos prepararlos para el camino y no el camino a ellos.

Mostrarles desde pequeños que pueden incumplir reglas importantes como el horario de entrada porque no les queda cómodo, permitirles interrumpir la dinámica de la clase que las maestras tanto preparan, llegando a media mañana o pretender que los demás se adapten a nosotros siempre, no puede ser el camino correcto. Si nosotros no valoramos el pertenecer a un grupo y respetar sus reglas y acuerdos básicos, difícilmente nuestros hijos puedan más adelante hacerlo.

2. Permite que se equivoquen.


Hace unos días mi hija de 6 años decidió cortarse sola el cerquillo… El resultado fue una mala imitación del personaje Amelie después de volver de la guerra. Cuando le dije por qué había hecho eso sin pedir ayuda me contestó que simplemente porque ella podía sola. Y cuando le dije “pero es que así te quedó feo”, me miró y me dijo “esa es tu opinión mamá, pero acordate que es mi pelo, y a mí me gusta cómo me quedó”.

Seguramente mi madre o mi tía Olga habrían reaccionado distinto a mí en esa situación, pero la verdad es que yo, no pude más que reírme y decirle “tenés razón”. Porque al fin y al cabo la tiene. O acaso yo le consulto cómo cortarme el pelo a mi vecino de al lado y sigo su consejo aun si no me gusta su opinión? Días más tarde me dijo “en este pedacito la verdad se me fue la mano” y yo entendí que la próxima vez que quiera cortárselo, seguramente me pida ayuda, o no, pero lo haga mejor.

3. Que realmente vivan las consecuencias de sus decisiones u omisiones


Hace 15 años atrás, cuando mis hijastros eran pequeños, tuve que llevarlos un día yo al colegio. Cuando bajamos, me preguntaron dónde estaban sus mochilas puesto que ellos no las agarraban nunca, porque su madre las cargaba por ellos. Yo, en mi inexperiencia de madrastra joven y el apuro de la salida, nunca chequeé que llevasen sus mochilas porque el portafolios lo revisaba yo cada noche en casa y lo cargaba yo a la escuela.

Entonces, recuerdo que les dije “vamos a volver a casa a buscarlas y por ello yo voy a llegar tarde a mi trabajo, pero ustedes van a venir conmigo y llegarán tarde a la escuela porque las mochilas son responsabilidad de ustedes”. Mi intención no era el castigo de la llegada tarde, sino que realmente se hicieran cargo del olvido y sus consecuencias, y puedo asegurar que nunca más se olvidaron de ellas.

En el otro extremo, una amiga me decía entre risas hace poco que como habitualmente se olvidaba de ponerle postre a la hija en la lonchera, ahora su hija, de 6 años, revisa sola su mochila cada mañana antes de salir de casa para cerciorarse de que lo lleva.

El mensaje está muy claro: si sé que realmente me tengo que hacer cargo de la consecuencia de una acción, pongo atención y me encargo de hacerla.
Los niños son esponjas y aprenden a velocidad crucero. Lo que necesitan es adultos disponibles que den buenos ejemplos. Y lo que necesitamos los padres es constancia y paciencia.

CONOCÉ A NUESTRA COLUMNISTA

Claudia Guimaré

Claudia Guimaré
La socióloga uruguaya y especialista en marketing y comunicación es la fundadora de Mamá estimula. En el grupo que administra desde Argentina, comparte materiales educativos y soluciones para padres.

FUENTE: ElPais.com.uy

Cómo preparar a los pequeños para la vuelta al cole (física y emocionalmente): lo mejor es empezar una semana antes

Los niños y niñas necesitan un tiempo para adaptarse a los horarios, por ello en esta última semana antes del comienzo de curso, es aconsejable comenzar a adaptar las rutinas. Es clave hablar de emociones, nervios, miedos…

Por Beatriz G. Portalatín

Estamos a punto de cerrar las vacaciones, a punto de comenzar un nuevo curso escolar, a punto de volver a empezar… La vuelta al cole está a la vuelta de la esquina y los pequeños necesitan su proceso de adaptación en cuanto a horarios, pero también, abordar esos nervios típicos de final del verano y esos nervios por volver a empezar. Más aún en otro año de pandemia por COVID-19.

Con antelación

Lo mejor, dicen los expertos, es comenzar al menos una semana antes del primer día de clase a adaptar rutinas y horarios para que los niños y niñas no se vean agobiados, cansados, irritables o muertos de sueño.

“Tanto los niños como los adultos necesitamos tiempo para poder adaptarnos a los nuevos horarios y rutinas. En vacaciones los horarios se relajan, no tenemos que andar tan pendientes del reloj, vamos más despacio, con más tiempo. Por ello, y sobre todo en los más pequeños, es importante evitar los cambios bruscos”, afirma a laSexta Silvia Álava Sordo, doctora en Psicología, psicóloga en el Centro de Psicología Álava Reyes y miembro de la comunidad Educar es todo.

Tanto los niños como los adultos necesitamos tiempo para poder adaptarnos a los nuevos horarios y rutinas, sobre todo los más pequeños. Por ello, es importante evitar los cambios bruscos

Dra. Silvia Álava Sordo

Debemos saber -explica la experta- que los adultos podemos cambiar la velocidad con la que hacemos las cosas. Por ejemplo, es habitual que en verano dediquemos mucho tiempo a desayunar, vestirnos, etc. Sin embargo, cuando empieza el periodo laboral, aceleramos y somos capaces de reducir estos tiempos y hacerlo todo mucho más deprisa. Pero los niños, sobre todo los más pequeños, no tienen esa capacidad. De ahí la importancia de hacer ese proceso de adaptación y que no haya cambios bruscos de horarios ni tiempos, y que puedan tener tiempo para hacer tareas tan esenciales y rutinarias como desayunar o vestirse.

Horarios de sueño y comidas

Está claro que no es fácil para nadie, adultos incluidos, volver a madrugar y a tener horarios, pero los niños y niñas lo notan mucho más. Por ello, las recomendaciones es la de una semana antes comenzar a acostarlos algo más temprano y comenzar de nuevo a instaurar unas rutinas de comidas.

Según aconseja Álava, podemos acostar a los pequeños a una hora razonable para poder levantarse bien por las mañanas. Y esto es algo que deben de hacer tanto los niños como los adolescentes. “Nos encontramos muchos niños y adolescentes que están muy irascibles, irritables, que incluso les cuesta mantener la atención por periodos largos de tiempo, y la explicación está en que les faltan horas de sueño”.

La semana de antes de volver al colegio, conviene también que el desayuno, la comida y la cena se realicen en el mismo horario que se realizan durante el periodo escolar

Dra. Silvia Álava Sordo

También es importante adaptar el horario de las comidas. “La semana de antes de volver al colegio, conviene que el desayuno, la comida y la cena se realicen en el mismo horario que se realizan durante el periodo escolar”, añade Álava, también autora del reciente libro ‘El arte de educar jugando’.

Igualmente, Pilu Hernández Dopico, maestra, formadora de formadores y Ceo de El Pupitre de Pilu, aconseja además, ir poniendo el despertador para que se vayan acostumbrando de nuevo al sonido. Y con respecto a las comidas sería también muy positivo, además de ir regulando -como hemos comentado- los horarios de comida, también “ ir introduciendo alimentos más saludables o platos más parecidos a los que solemos comer durante el curso. En verano, también relajamos más las comidas o comemos más veces fuera de casa”.

Emociones, nervios… y COVID-19

De forma general, «los pequeños tienen ganas de volver al colegio, de ver a sus amigos, de volver a socializar, tengamos en cuenta que durante el verano muchos niños y niñas están más solos o no están todo el día con niños y niñas de su edad», sostiene Hernández. Sin embargo, es normal que en esa semana antes de comenzar al curso haya un cóctel de emociones normales y esperables.

Es importante crear espacios con los niños en los que hablar sobre todo esto, preguntarles cómo se sienten en la vuelta al colegio, que lo verbalicen, que podamos validar sus emociones

«Las emociones están presentes todos los días de nuestra vida, y al volver al colegio es normal sentir un sinfín de emociones contradictorias: alegría por ver a los amigos, tristeza porque se acabaron las vacaciones, enfado por no querer estudiar, sorpresa por conocer en qué clase o qué profesor les tocará, y este año, al igual que el pasado, también el miedo, porque seguimos en pandemia y hay que seguir cumpliendo las medidas de seguridad. Por eso es importante crear espacios con los niños en los que hablar sobre todo esto, preguntarles cómo se sienten en la vuelta al colegio, que lo verbalicen, que podamos validar sus emociones y decirles que los entendemos, sin dejar de buscar lo positivo de la vuelta al colegio», aconseja Álava.

Con respecto al COVID-19 -tercer curso escolar consecutivo de pandemia- y con respecto a las medidas de prevención que van a seguir instauradas al igual el año pasado en las escuelas, Hernández aconseja que como madres y padres que «las normas sanitarias de los colegios (mascarillas, distancia social, higiene de manos…) se expliquen a los más pequeños de forma positiva y no de manera dramática: “Nada más ajeno y extraño para un niño que la mascarilla – salvo que sea una fiesta de disfraces-, la distancia social – ellos que necesitan el contacto… El juego, en gran medida, se basa en el contacto. Como de momento parece que estas medidas han llegado para quedarse un tiempo, es bueno que no las cuestionemos delante de ellos y se las comuniquemos como parte de un juego”.

Es bueno que como padres y madres no cuestionemos las medidas de prevención en las escuelas delante de ellos y se las comuniquemos como parte de un juego

Pilu Hernández, maestra

En positivo

También, apunta Álava por su parte, es aconsejable que este tema se trate desde un enunciado en positivo. Es decir, tenemos que decirles, informarles o recodarles que de momento las medidas de seguridad van a ser como las del año pasado y que según vaya avanzando el curso escolar, ya se verá si se pueden relajar, pero hacerlo en positivo: ‘El pasado lo hicisteis genial y nos demostrasteis como los niños seguisteis todas las normas y apenas hubo contagios en las escuelas e institutos. Se que no te apetece seguir con la mascarilla, los grupos burbuja… pero sabemos que puedes hacerlo muy bien porque de momento es lo que nos toca’.

«Además es necesario que nuestros hijos vean que los primeros que cumplen todas estas medidas somos los padres y las madres. Que no es algo sólo para hacer el colegio y durante la jornada escolar. Que los adultos debemos dar ejemplo», añade.

No solo con el COVID, también los padres y profesores -figuras de referencia para los pequeños y jóvenes- «debemos evitar transmitir desánimo ante la reincorporación al trabajo, sino que será bueno que nos mostremos con ilusión ante los nuevos proyectos y el inicio del nuevo curso. Marcarnos nuevos objetivos para las próximas semanas que mantengan el espíritu de las vacaciones, con alguna visita dentro de nuestra ciudad o la práctica de actividades deportivas, hará que ese salto desde las vacaciones a los estudios no se vea como un castigo», finaliza Álava.

LaSexta/ Bienestar/ Psicología

FUENTE: LaSexta.com

Consigue que tus hijos sean felices, seguros y autónomos con nuestro curso on-line.

En este curso, seis psicólogos del centro de Psicología Álava Reyes mostramos las claves para conseguir que nuestros hijos sean autónomos, felices, y seguros. De forma amena aprenderemos las claves del éxito en la convivencia familiar con ejemplos prácticos sobre cómo gestionar las principales y típicas disputas que se dan en casa en relación a las quejas, protestas, frustraciones, retos y desobediencias de nuestros hijos e hijas. Además, aprenderemos a manejar los problemas de conducta con soltura, observándolos, clasificándolos y convirtiéndolos en comportamientos adecuados y normalizados; qué alternativas existen al castigo, cómo lidiar con los celos entre hermanos…

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Comprar por 90€Se ha dedicado un apartado a la gestión emocional tanto de los padres, con estrategias dirigidas a no perder la calma, ni los nervios, para educar sin ira, sin gritos, de forma positiva, como de los niños, con ejercicios prácticos sobre cómo hacer tomar conciencia a nuestros hijos de las emociones, el autocontrol, las relaciones sociales, la autoeficacia y motivación, autoestima y empatía, entre otros. Nos muestran como reprimir los sentimientos negativos de nuestros hijos no es el camino para lograr respuestas ajustadas y que les hagan sentirse bien con ellos mismos. También veremos cómo enseñarles a comprender ese sentimiento y canalizar adecuadamente sus frustraciones.

Sin olvidarnos cuestiones del día a día sobre cómo favorecer la correcta autonomía de los niños, cómo y cuándo responder a sus preguntas sobre el sexo y qué contarles según su edad, y algunas estrategias para gestionar mejor su tiempo de estudio y cómo obtener el máximo provecho de sus horas de estudio para mejorar su rendimiento y sus resultados académicos.

Con este curso se pretende favorecer una autoestima positiva y saludable en nuestros hijos, para así potenciar su desarrollo personal, social, familiar y académico. También a dotarles de habilidades básicas que les ayudarán en su día a día y sobre todo en su futuro, cómo enseñarles a mantener conversaciones con los demás, a saber decir “no” y decir lo que se quiere sin sentirse mal ni herir los sentimientos de los demás, así como a solucionar problemas con el grupo de referencia con el objetivo de que tengan experiencias sociales más positivas. En definitiva, aprenderemos cómo desarrollar recursos y estrategias que serán necesarias para nuestros hijos en el futuro. Enseñarles a esforzarse para conseguir sus objetivos, a esperar por las recompensas y ser conscientes de que de los pequeños fracasos también se aprende.

OBJETIVOS DE APRENDIZAJE:

  • Aprende a manejar los problemas de conducta con soltura
  • Identifica y actúa ante el bajo estado de ánimo de los hijos para que vuelvan a sonreír
  • Descubre cómo enseñar a aprender a mantener conversaciones con los demás a los niños
  • Desarrolla recursos y estrategias que serán necesarias para los hijos en el futuro
  • Favorece una autoestima positiva y saludable en los hijos
  • Enseña y guíales para que puedan aprender a comer y a dormir bien y solos

ACERCA DE NOSOTROS: Centro de Psicología Álava Reyes

Equipo multidisciplinar en Madrid de Psicólogos

Uno de los Centros de Psicología más grandes de España, formado por un equipo multidisciplinar de Psicólogos donde se trabaja con un amplio abanico de rangos de edad (niños, adolescentes, jóvenes y adultos) y tipos de terapia.

Los más de 30 años de contrastada experiencia en diferentes campos profesionales, nos aportan gran seguridad y eficacia en los planteamientos de terapias y ayudas psicológicas.

El presente curso será impartido por seis psicólogos de dicho centro:

  • Silvia Álava, coordinadora del curso, directora del área infantil, colaboradora habitual de medios de comunicación y autora de los libros “Queremos Hijos Felices” y Queremos que crezcan felices”.
  • Ángel Peralbo, director del área de adolescentes, colaborador habitual de medios de comunicación y autor de los libros “El adolescente indomable”, “Educar sin ira” y “De niñas a malotas”.
  • Aroa Caminero, forma parte del área infantil del centro. Es experta en psicología educativa, neuropsicología e inteligencias múltiples.
  • Margarita Montes, es colaboradora habitual de los medios y experta del área infanto-juvenil del centro, especialista en intervención en crisis y superación del trauma.
  • Lucía Boto, experta en el área infanto-juvenil, especialista en técnicas proyectivas y profesora de la UNIR.
  • Sara Rios, experta en el área infanto-juvenil y trastornos de conducta en la infancia.

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Consigue que tus hijos sean felices

Adolescentes y vacuna del COVID: cómo ayudarles frente al miedo, la incertidumbre o los nervios por el pinchazo

Los adolescentes están respondiendo muy bien a la llamada de la vacunación, sin embargo también hay miedos y nervios ante los posibles efectos secundarios o incertidumbre por el qué pasará ahora una vez vacunados.

Por Beatriz G. Portalatín

Los adolescentes, mayoritariamente, se han portado muy bien durante toda la pandemia por el COVID-19 y ahora también, están respondiendo muy bien a la llamada de la vacunación. Sin embargo, como es lógico, hay miedo o nervios por el pinchazo que van recibir, por los posibles efectos secundarios, incluso por la incertidumbre del qué pasará ahora que estamos vacunados.

En España se está vacunando a todos los niños mayores de 12 años, una vez cumplidos (personas nacidas en 2009 o antes) con las vacunas de Comirnaty (Pfizer & BioNTech) y Spikevax (Moderna) -vacunas ARNm- las mismas vacunas usadas hasta ahora en los adultos. En cuanto a los efectos secundarios de estas vacunas, según explica el Comité Asesor de Vacunas de la Asociación Española de Pediatría (CAV-AEP), como todos los medicamentos, pueden provocar efectos secundarios. “La mayoría son leves y de corta duración y no todas las personas vacunadas los padecen. Los más comunes son: dolor y sensación de pesadez en el hombro y el brazo donde se ha inyectado la vacuna; sensación de cansancio, malestar general y escalofríos; dolor de cabeza y fiebre de bajo grado”.

La mayoría de los efectos secundarios son leves y de corta duración y no todas las personas vacunadas los padecen. Los más comunes son: dolor y sensación de pesadez en el hombro y el brazo donde se ha inyectado la vacuna, malestar general, dolor de cabeza y fiebre

CAV-AEP

“Es importante minimizar los efectos secundarios de las vacunas que son, como de casi todas las vacunas, realmente leves y pasajeros. Duran uno o dos días como mucho y no afectan de forma general a la vida de los pacientes. Además, para paliarlos, poder tomar analgésicos como el paracetamol”, afirma a la Sexta Ángel Hernández Merino, pediatra y miembro del CAV-AEP.

Vacunarnos es fundamental y en España la respuesta de los adolescentes en general está siendo muy buena, “si la comparamos con otros países cercanos como Francia o como Reino Unido donde no tienen esa respuesta tan buena. En España, la historia y la confianza hacia las vacunas es muy buena”, añade.

No obstante, hay que comprender y ser conscientes de que “la vacuna es un paso importante, pero necesitamos que la vacuna esté extendida por todo el planeta, no sólo en mi ciudad o en mi país, con lo cual hay que tener paciencia y seguir aún con las medidas de prevención, sobre todo con la mascarillas, con la distancia social, y evitar aglomeraciones», sostiene el doctor.

Es fundamental que «los adolescentes no pierdan la paciencia, que no se desengañen con respecto al valor de las vacunas a pesar de que tengamos que seguir aplicando un poco más todavía, as medidas de seguridad. De cara, al curso que viene, los expertos abogan por seguir aplicando de momento, y en el contexto de la variante Delta, mucho más contagiosa que las anteriores, las mismas medidas de prevención que había el curso pasado.

Nunca le digas: «No tengas miedo»

Como padres y madres, es importante que dejemos que los adolescentes expresen su miedo, «que les dejemos verbalizarlo porque sentirlo es licito y nadie puede cuestionar nuestro miedo a vacunarnos, al pinchazo o los efectos secundarios. Otra cosa es que queramos, para tranquilizarles, darles información y evidencia científica y explicarles que no pasa nada, que esos efectos secundarios son normales, y además pasajeros, en todas las vacunas, pero sentir la emoción de miedo es lícita y válida», explica Silvia Álava, doctora en psicología clínica y de la salud, psicóloga en el centro Álava Reyes y autora de varios libros, el más reciente ‘El arte de educar jugando’.

Es importante que no les neguemos su miedo, que les dejemos sentirlo y que lo verbalicen. Que les digamos «entiendo que tengas miedo y es normal tenerlo», y que después le demos información científica sobre la realidad de los efectos secundarios o las vacunas

Silvia Álava, doctora en Psicología

«Como consejo, es mucho más efectivo decirles: ‘entiendo que tengas miedo y es normal, pero ahora, vamos a ser realistas: la formula para que acabe esta pandemia pasa por vacunarnos. Es normal que haya efectos secundarios, pero éstos durarán como mucho dos días. Porque ¿qué son dos días de tu vida?», aconseja la experta.

El miedo, los nervios (y también la alegría por supuesto), es normal. No hay que olvidar que “los adolescentes lo han pasado muy mal durante la pandemia, no solo en el confinamiento sino también con las medidas de restricción. Es cierto que todos estamos ya cansados, que a todos nos afecta el no socializar como antes, pero los adultos tenemos ya formada nuestra identidad, mientras que los adolescentes aún no”, afirma Álava.

En la adolescencia -continúa la experta- esa identidad está en proceso y para ello es fundamental la figura de su grupo de referencia. De su grupo de iguales. Cuando eres niño/a se hace más a través de la familia pero durante la adolescencia, la familia pierde importancia (aunque sigue siendo importante) y pasa a tener más peso el grupo social y de iguales. Es por ello que en este caso, al no tener el contacto de siempre, las emociones se regulan peor.

De hecho, han aumentado en los adolescentes las urgencias psicológicas, los problemas de conducta y de estados de ánimo, también incluso “aquellos que ya tenían rasgos más ansiosos o más obsesivos de personalidad, la pandemia ha hecho que aumenten y que aparezcan trastornos obsesivos por miedo a la enfermedad o al contagio. También, hay otros adolescentes que sin llegar a tener un problema clínico como tal, tienen miedo y una preocupación más acusada al contagio, tanto hacia ellos como a sus familias”, añade la doctora. Además de todo esto, «se les ha dado en muchas ocasiones mensajes contradictorios, incluso se les ha culpabilizado y criminalizado en muchas ocasiones de los contagios«.

Hacerles sentir parte de algo

No hay duda de que «el final de la pandemia pasa por la vacuna», afirma Álava. No sabemos cuándo llegará el final de la pandemia (ojalá lo sepamos) pero lo que está claro que el camino pasa por vacunarnos», afirma Álava. Por eso, es importante que nuestros adolescentes entiendan «que esto es una inversión a medio-largo plazo, que por estar vacunado tu vida inmediata no va a cambiar porque vamos a tener que seguir aplicando las medidas de seguridad seguridad y prevención, pero que amedio-largo plazo, sí será el final de la pandemia. Y nosotros, con la vacuna, habremos contribuido a ello».

Es importante hacerles ver que es un objetivo mundial, que estamos viviendo algo histórico y que todos podemos contribuir

Dr. Ángel Hernández Merino, miembro del CAV-AEP.

Por ello, también es el momento de trabajar la empatía -continúa exponiendo Álava- que nos vacunamos por nosotros mismos y por los demás, que es necesario vacunarnos y que pensemos que los estamos haciendo por todos.

Realmente, afirma por su parte el doctor Hernández Merino, «es importante pensar y hacerles ver a nuestros adolescentes que estamos contribuyendo a una causa muy importante para ellos, para su familia y para el mundo entero. Que es un objetivo mundial y global, que estamos viviendo lago histórico y que todos tenemos que ayudar y empujar. Que ellos -los adolescentes- también forman parte de ese algo».

Y esto en las enfermedades y sobre todo en su erradicación o en manejo clínico, es algo muy relevante. «Todos los adolescentes y jóvenes no están vacunados contra la viruela porque hace 30-40 años atrás, todas las personas se vacunaron para erradicar el virus», concluye el doctor. Y que «ahora nosotros también, en esta pandemia podemos contribuir con nuestro pequeño granito de arena».

FUENTE: LaSexta

El regreso del Tamagotchi: «Los niños de carácter obsesivo pueden verse perjudicados»

El regreso del Tamagotchi: «El ‘bichito’ que demandaba mimos, se deprimía e incluso moría, ha resucitado. Aunque objeto de culto, hay expertos que advierten de los riesgos para la infancia de hoy en día.

Por ELENA G. DIEZ. @elenagdiez

Retroceda 25 años, cuando lo más parecido a una red social era aquella vecina con una oreja en el patio y un guiso en la olla; los móviles tenían las teclas incrustadas y no estaban permanentemente conectados a internet. El juego del Snake era la gran moda tecnológica, lejos de las aplicaciones actuales que nos traen la comida hasta la puerta de casa, nos permiten ligar y alquilar un coche con un solo clic. El mundo de las mascotas también era diferente, las familias convivían con animales tradicionales: periquitos, perros y gatos. Ningún famoso paseaba con el exótico cerdo vietnamita, ni se veían peluquerías o tiendas de ropa caninas.

Aki Maita, una japonesa de 31 años

Fue en ese escenario cuando a Aki Maita, una japonesa de 31 años, se le ocurrió inventar un dispositivo electrónico que funcionaba con pilas y se convirtió en líder de ventas:el Tamagotchi. Se trataba de un animal virtual, que vibraba para solicitar cariño. Pero también tenía su lado oscuro: enfermaba si no recibía suficiente atención, se deprimía e, incluso, moría.

Este juego comenzó a quitar el sueño a padres y profesores debido a la fascinación de los niños, que lo cuidaban como si fuese un ser vivo. «El usuario tiene que estar pendiente todos los días, dedicar a la máquina el número de horas que requiera y si no lo hace recibe un estímulo negativo. Esa demanda continua hace que se genere mucha dependencia», explica Amparo García Méndez, experta en Neuropsicología.

La adicción fue la clave del éxito

La adicción fue la clave del éxito y también de la discutida reputación. Tras años de olvido del tamagotchila marca Bandai lo acaba de resucitar en el 25º aniversario de su nacimiento. Algo que despierta recelos en la comunidad educativa. Muchos de los antiguos consumidores serán los progenitores de la nueva era de aficionados, que se encuentran mucho más familiarizados con las nuevas tecnologías y el mundo de las pantallas. Desde Empantallados, asociación de educación digital para padres, alertan sobre un posible nuevo boom del efecto tamagotchi: «Un apego desordenado hacia algo, en vez de hacia alguien. Una mascota virtual que a priori pudiera parecer generador de empatía se vuelve contraproducente».

Confirma este riesgo Eli Gotchi (nombre de su avatar en redes sociales), coleccionista de más de 60 tamagotchis: «Cuando eres mayor sabes gestionar, a mí me da igual dejar el juego pausado para ir a trabajar e incluso durante semanas» -y añade-: «Pero a un niño de seis años le puede viciar e incluso llegar a frustrarle». Aunque no solo la edad, también la personalidad influirá en la gestión sentimental, según afirma la psicóloga Patricia Díaz Seoane: «Perfiles con carácter obsesivo, rígido o exigente pueden verse perjudicados. Otros más, flexibles o pasotas, jamás se van a ver en esa situación».

No es lo mismo preparar la comida, cepillar o ponerle agua a una mascota real; que hacerlo en una aplicación, que se basa en darle a un botón

Es conveniente que los niños aprendan a distinguir lo que es real de lo que es fantasía

Según los expertos, aunque el cuidado de una mascota genera en los más pequeños hábitos de responsabilidad, es conveniente que aprendan a distinguir lo que es real de lo que es fantasía. «No es lo mismo preparar la comida, cepillar o ponerle agua a una mascota real; que hacerlo en una aplicación, que se basa en darle a un botón. La realidad no tiene emoticonos o instrucciones que te explican cómo funciona el animal», advierte Silvia Álava Sordo, psicóloga experta en educación.

Hace más de 20 años la propia Aki Maita ya advirtió de que el tamagotchi era algo diferente. Para ella, según declaró a EL MUNDO, se trataba de una alternativa para quien, por diversos motivos, no pudiese disfrutar de animales de compañía.

La pandemia ha aumentado la demanda de mascotas, plantas y huertos urbanos

En estos momentos, la pandemia ha aumentado la demanda de mascotas, plantas y huertos urbanos. Todo el mundo quiere cuidar a un ser vivo. ¿Serán estos bichos tecnológicos una manera de implicarse en nuevos retos?

El perfil del usuarios de estos personajes interactivos es de lo más variado. Desde amantes del vintage hasta fanáticos del estilo Kawaii, un movimiento de la cultura japonesa que se asocia con aquello extremadamente tierno e infantil. El regreso del tamagotchi está en marcha y sus clientes serán nativos digitales, pero también mucho nostálgico. Según afirman fuentes de Bandai, la empresa juguetera ha recibido multitud de correos de adultos, que ya acudieron a la preventa. «Tamagotchi es mayor, no a todos los que nos gusta tenemos siete años, muchos somos coleccionistas de juguetes antiguos, yo voy a hacer 39 y no soy de las más mayores. Tenemos chats donde nos avisamos de los nuevos lanzamientos», reconoce Eri Gotchi, quien ya tenía su nuevo modelo reservado desde enero.

FUENTE: Diario El Mundo

Claves para educar a hijos responsables, que serán más felices

¿Cómo podemos fomentar la responsabilidad en nuestros hijos? El psicólogo infanto-juvenil Antonio Ortuño deja claro que “la responsabilidad se lleva muy bien con dos conceptos clave: la felicidad y la inteligencia” y nos ofrece claves para construir esa responsabilidad día a día.

Por Educar es Todo

Seguramente cuando nuestros niños son pequeños y rebeldes desearíamos que fueran más obedientes. Pero si miramos más allá de esta primera infancia, nos daríamos cuenta de que no querríamos que nuestros hijos, el día de mañana, fueran sumisos, sino que tuvieran criterio propio y decidieran conociendo o anticipando las consecuencias de sus actos. En definitiva, seguramente querríamos que nuestros hijos fueran responsables. ¿Cómo podemos fomentar la responsabilidad en nuestros hijos? El psicólogo infanto-juvenil Antonio Ortuño deja claro que “la responsabilidad se lleva muy bien con dos conceptos clave: la felicidad y la inteligencia” y nos ofrece claves para construir esa responsabilidad día a día.

¿Por qué los hijos responsables son más felices?

Si pensamos en hijos a los que les damos todo hecho, que no tienen apenas responsabilidades ni decisiones que tomar, podríamos pensar que les estamos haciendo la vida más fácil y eso les haría felices. Incluso si pensamos en niños a los que les pedimos obediencia a nuestras normas podríamos pensar que también les estamos haciendo la vida más llevadera al dejarles bien claro qué tienen que hacer, cuándo, cómo…

Pero lo cierto es que nuestros hijos quieren ser protagonistas de su propia vida, sentirse capaces, útiles y competentes. Y que, en la medida en que se sienten capaces y protagonistas, tienen una autoestima más alta. Según Eva Millet, cuando nos resistimos al muy habitual gesto de coger a nuestros hijos “les estamos diciendo: tú puedes”. Por esa regla de tres, al no fomentar que nuestros hijos se responsabilicen de su vida les estamos diciendo: “tú no puedes”, “déjame a mí, que yo sé” o “no confío en ti”.

Lo que está claro es que los hijos responsables son capaces de tomar decisiones, de asumir riesgos y de reconocer sus propios errores. En definitiva, son más autónomos. Y, como nos dice Silvia Álava, experta que también participa en nuestra plataforma, “la felicidad está muy ligada al sentimiento de capacidad. Cuando los niños no saben resolver las cosas por sí mismos, eso va en contra de su propia felicidad”.

Hijos que aprenden a tomar decisiones

Nos recuerda Antonio Ortuño que “la responsabilidad se construye de forma progresiva. A diario tenemos multitud de ocasiones para fomentarla”. Y se fomenta la responsabilidad, especialmente, dejando tomar decisiones. Porque lo cierto es que si pretendemos la obediencia (por ejemplo, que nuestro hijo nos haga caso y ordene su habitación) no dejamos al niño margen de decisión y, si no cumple lo que ordenamos, nos enfadaremos, estaremos desbordados emocionalmente… Esta escena tan típica, dice Antonio Ortuño, “es una oportunidad perdida para educar en la responsabilidad”.

¿Cómo podríamos dar la vuelta a esta situación? Podríamos dejar que nuestro hijo decidiera si recoge o no la habitación, pero controlando las consecuencias: si recoge puede ver la tele, si no recoge no podrá verla. Pero Antonio Ortuño deja muy claro que “las emociones deben ser las mismas, decida una cosa o la otra”.

Claves para educar hijos responsables

  1.  Dejar que nuestros hijos tomen decisiones y vivan las consecuencias de sus actos. Por ejemplo, si no ha cogido el almuerzo para el colegio por mucho que se lo hayamos recordado, fomenta más su responsabilidad dejar que viva la consecuencia natural de este olvido (no tiene almuerzo) que volver corriendo a casa a cogerlo y llevárselo al colegio.
  2.  Hablar de las consecuencias que pueden tener sus actos si no cumplen una norma. Por ejemplo, si en casa creemos que no pueden ver la tele hasta que ordenen el cuarto, deberíamos dejarlo claro, explicar esa norma y su consecuencia y dejar que experimenten la consecuencia si no cumplen dicha norma.
  3.  Conversar con nuestros hijos sobre sus responsabilidades y dejarles que se hagan cargo. Educar es extenuante y más aún si tenemos que hacernos cargo de una logística que nuestros hijos pueden asumir. Para liberarnos de tanto peso, podemos decir a nuestros hijos que se deben hacer cargo de preparar la mochila con los materiales y equipación que necesitan para su extraescolar, por ejemplo natación o hockey.
  4.  Permitir que resuelvan sus pequeños problemas, debatiendo con ellos sobre posibles consecuencias o repercusiones que anticipamos para apoyarles a tomar la decisión que ellos creen más acertada. Por ejemplo, si tienen una pelea con un amigo y no saben cómo actuar con el amigo al día siguiente, podríamos hablar con ellos de las posibles alternativas y apoyarles para que elijan la que más les satisfaga.
  5.  Entender que nuestro objetivo educativo ha de ser enseñarles a elegir bien y no obedecer, y menos aún en función de nuestro desborde emocional. Esta idea nos puede ayudar a rebajar la tensión (tal vez así entendamos sus retos como formas de aprender, no como afrentas personales) y a dejar de estar detrás de ellos, porque lo que queremos es que decidan ellos mismos.

FUENTE: El Periódico de Aragón