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Consigue que tus hijos sean felices, seguros y autónomos con nuestro curso on-line.

En el presente curso, seis psicólogos del centro de Psicología Álava Reyes mostramos las claves para conseguir que nuestros hijos sean autónomos, felices, y seguros. De forma amena aprenderemos las claves del éxito en la convivencia familiar con ejemplos prácticos sobre cómo gestionar las principales y típicas disputas que se dan en casa en relación a las quejas, protestas, frustraciones, retos y desobediencias de nuestros hijos e hijas. Además, aprenderemos a manejar los problemas de conducta con soltura, observándolos, clasificándolos y convirtiéndolos en comportamientos adecuados y normalizados; qué alternativas existen al castigo, cómo lidiar con los celos entre hermanos…

Aprovecha la ocasión ahora tienes un 10% de descuento sobre el precio del curso con el código ALAVA10

Comprar por 90€Se ha dedicado un apartado a la gestión emocional tanto de los padres, con estrategias dirigidas a no perder la calma, ni los nervios, para educar sin ira, sin gritos, de forma positiva, como de los niños, con ejercicios prácticos sobre cómo hacer tomar conciencia a nuestros hijos de las emociones, el autocontrol, las relaciones sociales, la autoeficacia y motivación, autoestima y empatía, entre otros. Nos muestran como reprimir los sentimientos negativos de nuestros hijos no es el camino para lograr respuestas ajustadas y que les hagan sentirse bien con ellos mismos. También veremos cómo enseñarles a comprender ese sentimiento y canalizar adecuadamente sus frustraciones.

Sin olvidarnos cuestiones del día a día sobre cómo favorecer la correcta autonomía de los niños, cómo y cuándo responder a sus preguntas sobre el sexo y qué contarles según su edad, y algunas estrategias para gestionar mejor su tiempo de estudio y cómo obtener el máximo provecho de sus horas de estudio para mejorar su rendimiento y sus resultados académicos.

Con este curso se pretende favorecer una autoestima positiva y saludable en nuestros hijos, para así potenciar su desarrollo personal, social, familiar y académico. También a dotarles de habilidades básicas que les ayudarán en su día a día y sobre todo en su futuro, cómo enseñarles a mantener conversaciones con los demás, a saber decir “no” y decir lo que se quiere sin sentirse mal ni herir los sentimientos de los demás, así como a solucionar problemas con el grupo de referencia con el objetivo de que tengan experiencias sociales más positivas. En definitiva, aprenderemos cómo desarrollar recursos y estrategias que serán necesarias para nuestros hijos en el futuro. Enseñarles a esforzarse para conseguir sus objetivos, a esperar por las recompensas y ser conscientes de que de los pequeños fracasos también se aprende.

OBJETIVOS DE APRENDIZAJE:

  • Aprende a manejar los problemas de conducta con soltura
  • Identifica y actúa ante el bajo estado de ánimo de los hijos para que vuelvan a sonreír
  • Descubre cómo enseñar a aprender a mantener conversaciones con los demás a los niños
  • Desarrolla recursos y estrategias que serán necesarias para los hijos en el futuro
  • Favorece una autoestima positiva y saludable en los hijos
  • Enseña y guíales para que puedan aprender a comer y a dormir bien y solos

ACERCA DE NOSOTROS: Centro de Psicología Álava Reyes

Equipo multidisciplinar en Madrid de Psicólogos

Uno de los Centros de Psicología más grandes de España, formado por un equipo multidisciplinar de Psicólogos donde se trabaja con un amplio abanico de rangos de edad (niños, adolescentes, jóvenes y adultos) y tipos de terapia.

Los más de 30 años de contrastada experiencia en diferentes campos profesionales, nos aportan gran seguridad y eficacia en los planteamientos de terapias y ayudas psicológicas.

El presente curso será impartido por seis psicólogos de dicho centro:

  • Silvia Álava, coordinadora del curso, directora del área infantil, colaboradora habitual de medios de comunicación y autora de los libros “Queremos Hijos Felices” y Queremos que crezcan felices”.
  • Ángel Peralbo, director del área de adolescentes, colaborador habitual de medios de comunicación y autor de los libros “El adolescente indomable”, “Educar sin ira” y “De niñas a malotas”.
  • Aroa Caminero, forma parte del área infantil del centro. Es experta en psicología educativa, neuropsicología e inteligencias múltiples.
  • Margarita Montes, es colaboradora habitual de los medios y experta del área infanto-juvenil del centro, especialista en intervención en crisis y superación del trauma.
  • Lucía Boto, experta en el área infanto-juvenil, especialista en técnicas proyectivas y profesora de la UNIR.
  • Sara Rios, experta en el área infanto-juvenil y trastornos de conducta en la infancia.

Pincha en la siguiente imagen para empezar a disfrutar de este curso. Además con el código ALAVA10 tienes un 10% de descuento adicional:

Consigue que tus hijos sean felices

¿Cómo mantener la atención en las clases online? Colaboración con Padres y Colegios

Os adjunto mi colaboración en la edición de enero en la Revista Padres y Colegios: ¿Cómo mantener la atención en las clases online?

El arranque de 2021 nos sigue poniendo a prueba: ¿hasta qué punto somos resilientes? Colaboración con RTVE

Por JESSICA MARTÍN

El arranque de 2021 nos sigue poniendo a prueba: ¿hasta qué punto somos resilientes?

Resistir se ha convertido en un verbo crucial. Quizá, en la palabra más ligada a este nuevo tiempo de “dictadura vírica” en el que nos ha situado la pandemia. Pero, ¿no se agota la capacidad a la que nombra? ¿Hasta qué punto somos resilientes?

A sabiendas de que nadie puede ofrecer una respuesta universal, RTVE.es ha charlado con varios psicólogos para abordar esta cuestión y analizar el punto en el que se encuentra la sociedad tras constatar que el 2021, lejos de permitir una ansiada tabula rasa, continúa en la senda distópica que inició el 2020.

En solo 12 días, la ciudadanía surca la tercera ola de COVID-19 y sufre los efectos de un temporal histórico que, aunque deja imágenes insólitas y de gran belleza, ha obligado a muchos a acatar un nuevo “quédate en casa”. Vuelven numerosos niños a las clases ‘online’, sigue la economía recibiendo latigazos y continúa la pobreza arrasando vidas, mientras la situación epidemiológica empeora y la palabra normalidad suena a chiste.

«Año nuevo con pandemia vieja»

“Lo que nos han enseñado tanto el 2020 como este inicio de 2021 tan accidentado, con nueva ola, el asalto al Capitolio y la llegada de ‘Filomena’, es que tenemos que dejar de poner el foco en lo que está fuera de nosotros para ponerlo en nosotros mismos, en lo que podemos hacer para estar mejor”, recalca la psicóloga Silvia Álava, aludiendo a las expectativas que algunos pudieron depositar sobre el cambio de año.

No eran muy elevadas en cuanto al fin de los problemas, porque ya se sabía que el comienzo del 2021 no iba a ser muy distinto respecto al final del 2020, pero sí había quienes creyeron que estrenar calendario y ver cómo se inyectaban las primeras vacunas les dejaría, al menos, una sensación de liberación.

“Era una fantasía por algo que siempre nos han metido en la cabeza. Lo que tenemos es un año nuevo con pandemia vieja, y la gente ve que las medidas que se han tomado, aunque puedan ser correctas, no están dando el resultado esperado, lo que resulta cada vez más frustrante”, apunta el psicólogo Eduardo Paolini, convencido de que la triple crisis del coronavirus destará un “trauma epidémico social sostenido en el tiempo”.

La resiliencia, una capacidad que necesita ser ejercitada

Los efectos acumulativos y “colaterales” de aquel “año oscuro”, el 2020, no solo se reflejarán en el estado emocional de las personas en este 2021 sino “mucho más allá”, dice. Ante eso, ante una «dictadura vírica» sin derrocar que ha instaurado una “atmósfera depresiva”, solo queda apelar a la resiliencia, una capacidad que no se agota.

“No, no se agota esta capacidad y tenemos muchos ejemplos en la historia. Lo vemos en documentales sobre personas que sobrevivieron a los campos de concentración. La resistencia en sí misma solo se agota con la vida. Hay dos instintos o pulsiones básicas, el instinto de vida y el de la muerte, y ahora es la época del segundo, del ‘tánatos’ (en griego, muerte)”, opina Paolini.

“Yo considero que la resiliencia es una capacidad que hay que ejercitar, pero no es que tenga un cupo o que se termine. Ahora mismo hay que trabajarla constantemente porque vemos que la vida tiene muchas circunstancias complicadas y es importante saber digerirlas”, apunta el psicólogo Íñigo Estaún.

Una capacidad «altamente individual»

Otra profesional de la salud mental, la psicóloga Ana Martín, puntualiza que se trata de una capacidad «altamente individual», ya que no todos tienen facilidad para «manejar situaciones traumáticas» y crecerse ante la adversidad, y agrega que el cúmulo de experiencias vitales extraordinarias, si se enfoca bien, puede ayudar a adquirir cada vez mayor tolerancia.

“Las circunstancias que nos rodean solo tienen un peso del 10% en la felicidad“

Álava, por su parte, saca a relucir el mensaje principal de un libro de la psicóloga y profesora estadounidense Sonja Lyubomirsky titulado La ciencia de la felicidad:

“Lo que viene a decir es que, al final, las circunstancias que nos rodean solo tienen un peso del 10% en la felicidad. El 50% es genético y el otro 40% depende de nuestra actividad, de las cosas que nosotros hacemos o de las interpretaciones que hacemos sobre la situación. Así que, ahora más que nunca, tenemos que tirar de ese 40%”, dice Álava.

Las «válvulas de escape», mejor activas que pasivas

Lo ejemplifica de muchos modos, dejando claro que, en estos días, «necesitaremos un esfuerzo extra» para encontrar nuevas «válvulas de escape», ya que el cansancio mental acumulado siempre dificulta el paso de la necesaria creatividad.

“Tenemos que ser muy, muy activos en esa búsqueda de situaciones que permitan que conectemos con nosotros mismos y que vayan bajando los niveles de ansiedad, y sabemos que para regularnos funcionan mucho mejor las estrategias de ocio activas, como cocinar, hacer manualidades, escribir o bailar, en lugar de otras que son pasivas como ver la televisión o engancharse a las series”, precisa.

Ante todo, es muy importante, señalan los psicólogos, “reconocer las emociones” y verbalizarlas si es necesario porque, incluso las personas más resilientes tienen malos momentos y sienten emociones desagradables que no deben minusvalorar.  

Un esfuerzo consciente

Es más, según Álava, en esta tercera ola de la pandemia el esfuerzo por proteger la salud mental tiene que ser “aún más consciente” para que lo vivido no pase factura.

Sobre todo, teniendo en cuenta las advertencias que hacen desde el Ministerio de Sanidad sobre las “semanas muy complicadas” que están por llegar debido al imparable aumento de contagios, una alerta que, señala Estaún, sirve para «preparar» a la sociedad.

“Cuando nos anticipan verbalmente este tipo de acontecimientos, la gente se lleva menos el susto después. Lo que viene súbito es más difícil de digerir”, dice este mismo experto sobre el «factor sorpresa» que tiene la vida.

“Vamos a tener que hacer un exorcismo psicosocial cuando la pandemia acabe”, bromea Paolini, que considera que los movimientos espontáneos que surgen entre la ciudadanía, como el de aplaudir a los sanitarios desde los balcones, funcionaban así, como una suerte de conjuro frente al mal y una fórmula amable para liberar presión.

Buscar la ilusión, pese a todo

Estas manifestaciones optimistas parecían darse cada vez en menor medida debido al propio hartazgo de la sociedad, pero una nueva situación extrema –la que ha provocado el temporal de nieve en algunos puntos de España— ha vuelto a promover iniciativas de apoyo colectivo.

“En estos momentos difíciles eclosiona la solidaridad. Se ha visto, por ejemplo, con los 4×4 que trasladaban a sanitarios. Una situación estresante, de peligro y ansiedad desemboca en ayuda”, explica Estaún, quien considera que sobrellevar la adversidad depende, en gran medida, de nuestras “estrategias” para fomentar la “ilusión”.

La solución pasa por la ilusión.

«Solo los pensamientos positivos pueden ayudarnos a evolucionar en estos tiempos y a pasarlo de la mejor manera posible. Hay que poner en foco en los proyectos a medio plazo y en lo que nos motiva, sin negar la situación; desviar nuestra atención de lo inmediato, no recrearnos en lo que ha ocurrido o cómo lo he vivido, sino en lo bueno que vendrá”, subraya.

“Cuando no tenemos ilusiones pasamos de vivir a sobrevivir“

Álava también lo ve así: «Es muy difícil vivir sin salud y sin dinero, pero cuando no tenemos ilusiones pasamos de vivir a sobrevivir. Lo que tenemos que hacer es empezar a cuidar de esas ilusiones y, en un determinado momento, transformar la ilusión y readaptarla. No puedo pensar en que no voy a estar ilusionado hasta que no haga el megaviaje que tenía previsto. A lo mejor podemos intentar ilusionarnos con cosas más cotidianas como salir de mi barrio, si no está confinado, a dar un paseíto».

Martín está de acuerdo con ese planteamiento, aunque ella habla más de mantener viva «la esperanza» y «confiar» en que, poco a poco, se irá resolviendo todo. También insiste en la importancia de mantenerse «en actitud activa» durante una espera todavía indefinida.

Paolini, por último, resume su consejo con una frase de autor desconocido que tiene que ver con otro difícil ejercicio, el de aceptar esos “vuelcos” que da la vida: “No todo tiene explicación, no todo tiene respuestas, no todo tiene sentido, no todo es justo, no todo es lógico, y tenemos que aprender a vivir con esto. Esa es la clave, la tolerancia. «La tolerancia es la resiliencia«.

FUENTE: RTVE.es

El Bisturí hace un balance general de la crisis sanitaria en la que “todavía seguimos inmersos” en su último monográfico del año

Tres profesionales de la salud cuentan cómo ha afectado esta situación a los diferentes grupos de la población: la doctora Montserrat Esquerdo, del Consejo de Colegios de Médicos de Cataluña; el presidente de la Confederación Salud Mental España, Nel González Zapico; y la psicóloga Silvia Álava.

Noelia Izquierdo Romero | MADRID/EFE/NOELIA IZQUIERDO ROMERO  Fuente: Comisión de Deontología del Consejo de Colegios de Médicos de Cataluña | Confederación Salud Mental España 

La COVID-19 ha detenido el mundo en 2020. Los viajes programados, los planes pendientes, los tratamientos en marcha. Todo se interrumpió para “atender una situación de emergencia”.

Según los expertos, nos hemos topado con una situación desconocida que ha traído consigo emociones de tal intensidad que aún cuesta asimilar.

Y cuanto más intensas han sido, más tiempo nos costará recuperarnos“, expone la doctora Montserrat Esquerdo, presidenta de la Comisión de Deontología del Consejo de Colegios de Médicos de Cataluña.

Pero esto, opina Esquerdo, todavía no ha terminado.

De aquí en adelante

La vida de millones de personas ha cambiado a lo largo de la pandemia, pero los expertos indican que la de los sanitarios lo han hecho de una manera diferente. Mientras la población debía quedarse en casa, ellos debían enfrentarse a una nueva realidad en cuestión de pocos días.

Para los profesionales sanitarios fue asumir retos a los que nunca se habían enfrentado. Fue cambiar radicalmente la forma de trabajar, prácticamente en un fin de semana. No hubo tiempo de preparación“, rememora la doctora Esquerdo.

Uno de los deseos de algunos profesionales de la salud es “volver a tocar suelo firme, tener certeza, poder volver a organizarse mejor y reconstruir la sanidad del futuro que quiere la sociedad”.

De una manera u otra, esta situación ha impuesto sobre estos trabajadores una “sobrecarga cuádruple”, tanto a nivel física y emocional, como ética.

Un conflicto ético grande son las personas que están al final de su vida por otra enfermedad que no es coronavirus y no pueden estar acompañadas por sus familias“, precisa la presidenta de la Comisión de Deontología del Consejo de Colegios de Médicos de Cataluña.

La doctora resalta, sobre todo, la escasez de recursos humanos, que ha llevado a que profesionales que no tenían ninguna formación en cuidados paliativos, dejasen su especialidad para apoyar a este sector.

Las condiciones laborales y salariales, por otra parte, también han sido motivo de controversia durante la pandemia. Esquerdo resalta, por ejemplo, que hemos llegado al siglo XXI con transiciones sanitarias pendientes.

Carencias al descubierto

Ante un confinamiento impuesto y una reducción de la movilidad, Nel González Zapico, presidente de la Confederación Salud Mental España, explica que los trastornos mentales (alimentarios, del sueño, ansiedad o depresión)  se vieron agravados o alentados a resurgir.

Nel González Zapico
Nel González Zapico, presidente Salud Mental España

Este problema se ha visto empeorado, opina, con las carencias que ya existían antes de la llegada del coronavirus.

En Europa hay 18 psicólogos y psicólogas por cada 100.000 habitantes, y en España hay 4. Y esa brecha es la que impide que puedan orientar adecuadamente a las personas en atención primaria“, argumenta González Zapico.

Por esta razón, gran parte de la población ha quedado “devastada con un grandísimo sufrimiento ante situaciones traumáticas, difíciles de canalizar”.

“Las familias perdieron a alguien y no pudieron despedirse ni acompañarlo en sus últimos momentos. Eso es una tragedia humana y deja secuelas. Seguramente el estrés postraumático llegará a mucha gente y se cronifique“.

El Estado, piensa el presidente de la Confederación Salud Mental España, debe proteger la salud mental de la población.

“El 20 % de la carga de morbilidad en la sanidad pública corresponde a los problemas de salud mental. Sin embargo, los recursos económicos que sostienen a la salud mental destinados son del 4 %“, lamenta.

Asimismo, el experto insiste en que la prevención es “esencial”. Una de las medidas en este terreno, defiende, es enseñar a los niños y niñas que “la vida no es de color de rosa, sino que tiene luces y sombras”.

Generalizar no es una opción

Tanto los niños como los jóvenes han sido el centro de atención desde el principio. En una primera instancia, se relajaron las medidas con este grupo de población, pues, según los expertos, no se contagiaban. Más tarde, se consideraron una de las principales amenazas en cuanto a portadores de la enfermedad.

Y estos mensajes “contradictorios” han sido una de las razones por las que hay ciertos jóvenes que tienen una conducta incorrecta y otros no, explica la psicóloga Silvia Álava, quien opina que no se pueden meter a todos los jóvenes en el mismo saco.

Igual que algunos han sido bastante irresponsables y vemos esas imágenes de botellones, también hay otra gente joven que está reaccionando de forma muy positiva, que están siendo voluntarios“, comenta Álava.

Del mismo modo, la psicóloga advierte de que ha habido una gran atención en que la población de riesgo puede tener un desenlace fatal, pero no se ha dado prioridad a los mensajes sobre la conducta.

Se nos ha olvidado lo que son las conductas de riesgo, es decir, qué hace que puedas contagiarte con más facilidad. Eso pone el foco en ti, en lo que tú puedes o dejas de hacer“.

Por ello, Álava aboga por mensajes constructivos y no por apelar al miedo que, a su parecer, no sirve como campaña.

Silvia Álava Psicología
La psicóloga Silvia Álava/Foto cedida

Los niños también han sido uno de los más afectados a nivel mental. La psicóloga habla de que han sufrido cambios en sus comportamientos durante la cuarentena con desinterés, apatía y falta de concentración.

En ellos, también se ha visto un incremento en los casos de ansiedad y estrés, incluso de estrés postraumáticos.

El estrés postraumático, explica la experta, no se da solo en adultos después de haber vivido “un desastre natural o por haber visto en peligro la vida”, sino que viene de una situación que “pasa factura” cuando la persona no puede procesar, integrar o interiorizar esa situación.

Es lo que les pasa a muchos chicos y chicas que siguen teniendo mucho miedo a salir, al contagio y al coronavirus. También depresión, no podemos olvidar se han perdido muchos factores protectores, de quedar con amigos, de salir“, añade Silvia Álava.

FUENTE: EFESalud

Balance 2020: Lo que hemos aprendido con la pandemia. Para EFE Salud

¿Qué hemos aprendido con la pandemia? En un artículo de balance del año para EFEsalud, la psicóloga Silvia Álava repasa 2020 y el impacto de la pandemia desde el ángulo de aquello que hemos aprendido del brutal y tremendo efecto del coronavirus.

Estamos en diciembre y el año 2020 llega a su fin. Pero este año cuando el reloj de la puerta del sol de las doce campanadas no va a ser como los demás. Ha sido un año diferente, intenso, cargado de incertidumbre y de una dureza poco habitual.

2020 nos ha servido para muchas cosas.

A principio de este siglo hablábamos del horizonte 2020 como el año que cambiarían los paradigmas de la educación, de las empresas, de la digitalización… teníamos grandes expectativas puestas en él.

Es cierto que hemos conseguido grandes cambios, pero con un coste demasiado alto tanto a nivel de vidas humanas como de la sobrecarga emocional añadida.

El objetivo prioritario del año ha cambiado radicalmente: seguir vivos y ganar la batalla al virus.

La famosa pirámide de las necesidades de Maslow vuelve a estar de actualidad, más que nunca, mostrándonos de nuevo, que cuando las necesidades básicas no están cubiertas el resto pierde sentido.

Y dentro de estas necesidades están las emocionales, que tantas veces hemos descuidado por no saber interpretar nuestros sentimientos.

Este año ha servido para poner en jaque nuestro sistema de creencias, de valores, para hacernos conscientes de nuestra debilidad, para reflexionar sobre la necesidad de vivir en paz con la naturaleza, que ha demostrado que nos gana con un simple virus microscópico,y sobre todo, para aprender a estar bien con uno mismo.

¿Qué hemos aprendido?

Han sido demasiadas muertes, demasiados profesionales dándolo todo para que el sistema no se pare… No podemos permitirnos que todo siga igual, quizás es el momento de replantearos qué hemos aprendido, de hacer balance, un balance más profundo que el de otros años, y de plantearnos qué queremos cambiar en nuestra vida.

Hemos aprendido que tenemos un personal sanitario que no siempre nos merecemos. Que están dándolo todo pese a la falta de recursos y de medios. Que con tesón, persistencia y buena disponibilidad no es suficiente. Que hacen falta recursos, medios, planificación y una mejor gestión del sistema de salud, porque no puede recaer todo el peso sobre las personas.

  • Que la figura de los docentes es imprescindible para la educación. Que las nuevas tecnologías son un gran aliado, pero que hace falta un buen maestro o maestra que sepa adaptar y trasferir el conocimiento y despertar la curiosidad en los alumnos y la pasión por aprender.
  • Que en esta sociedad todos somos necesarios y que nadie es más que nadie. El personal de las cadenas de distribución, de la limpieza… es igual de importante que los directivos de las empresas.
  • Que la salud es lo primero, y la salud entendida no como la ausencia de enfermedad, sino como el estado perfecto de bienestar físico, mental y social.

Hemos sido conscientes de la importancia de la salud emocional. El confinamiento y las restricciones de la pandemia nos están pasado factura a nivel emocional a todos. El aislamiento impuesto nos ha obligado a convivir con una persona fundamental en nuestra vida, a la que no siempre tratamos como se merece, nosotros mismos.

Este es el año de firmar la paz y reencontrarnos con nuestra esencia.

Aceptarnos y empezar a ser más autocompasivos.

  • Que nuestra familia y nuestros amigos son importantes, que han bastado tres meses sin poder verlos para que valoremos aún más su presencia y lo que aportan en nuestra vida. Que es importante decirles que les queremos, lo importante que son para nosotros.
  • Que cada día cuenta, que no dejemos para mañana lo que podamos hacer hoy, porque nadie nos garantiza que mañana sea igual que hoy.
  • Que somos más fuertes de lo que pensamos. Si nos llegan a decir en enero de 2020 que íbamos a tener un año así, pensaríamos que no seríamos capaces de aguantarlo y aquí estamos.
  • Que la ciencia es la que nos va a salvar y gracias a la investigación conoceremos cómo vencer al coronavirus. ¿Para cuándo los científicos serán los nuevos futbolistas?
  • Que podemos aprender formas nuevas de trabajar, de seguir estudiando, de relacionarnos… necesitamos tiempo, medios y actitud, pero podemos conseguirlo.
  • Que no somos súper héroes ni súper heroínas, hacemos las cosas lo mejor que podemos y con nuestra mejor voluntad, pero todos tenemos días malos y momentos de bajón, y que no debemos de culpabilizarnos por ello.
  • Que no podemos vivir de espaldas a nuestros mayores, que han sido los grandes olvidados durante la pandemia y que no se puede volver a repetir.

Llegamos muy cansados y agotados emocionalmente al 2021

Pero también con esperanza de que la pandemia remita, de que la situación mejore a todos los niveles económicos, de salud… es el momento de aprovechar todo lo que hemos aprendido este año para que el año próximo no cometamos los mismos errores.

Podemos vivir con poco dinero, con poca salud, pero cuando nos falta la ilusión pasamos de vivir a sobrevivir, por eso mantengamos viva la esperanza de que la pandemia terminará y cuando la situación vuelva a la normalidad no dejemos de agradecer cada pequeña cosa y cada pequeño gesto que hemos echado de menos a lo largo de este 2020. Yo lo primero que haré cuando se pueda… es abrazar a los míos ¿y tú?

FUENTE: EfeSalud.com

#Vídeo ¿Cómo validar emociones con los niños?

Somos humanos y tenemos emociones. ¿Cómo validar emociones con los niños?

Sentimos, y en ocasiones es difícil manejar nuestras emociones.

Las emociones están presentes en todas las esferas de nuestra vida, por mucho que nos esforcemos en no demostrar lo que sentimos, es imposible, están ahí, y son buenas porque nos dan información de lo que nos sucede, por eso hay que aprender a identificarlas, escucharlas comprenderlas y para por último regularlas. Y eso es algo es necesario que nos enseñen a hacer.

Los psicólogos insistimos mucho que hay que validar las emociones de los niños. Es un tema complicado porque genera muchas dudas de como hacerlo y en ocasiones no lo hacemos bien.

  • Emoción es lo que sentimos
  • Conducta es lo hacemos
  • Pensamientos en los que pensamos

Y en ocasiones en lugar de validar las emociones nos equivocamos y validamos las conductas.

Por ejemplo, mi hijo o mi hija puede estar enfadado, porque no quería recoger los juguetes y por eso chilla que no lo va a recoger y los tira. O está enfadado con su hermana y la pega. Como adultos debemos validar la emoción, decirles entiendo que estás enfado, pero nunca podremos validar la conducta de agresión. ¿Cómo lo hacemos?

Le diremos entiendo que lo que te pasa es que estás enfadado, probablemente sea porque no querías recoger los juguetes y querías seguir jugando, pero estar enfadado no significa que podamos pegar o gritar o hacer daño a los demás.

Emoción es lo que siento y conducta es lo que hago.

Con los niños se puede hablar y razonar y es bueno que trabajemos la inteligencia emocional para que sepan que es lo sienten, porque, y aprendan a expresarlo de la forma correcta. No obstante, es necesario elegir muy bien el momento y que no sea en medio de un estallido emocional. Mejor cuando ya ha pasado.

Otra cosa que nos puede ayudar es avisarles de lo que va a ocurrir. Por ejemplo, que se te lo estás pasando muy bien jugando o viendo la televisión, youtube… pero en 5 minutos tenemos que recoger para ducharnos, cenar… te aviso que en 5 minutos vuelvo para que recojamos y así ya lo sabes. Le damos la oportunidad de cerrar el juego y de prepararse.

Es importante ir, agacharnos, que nos mire a los ojos y cerciorarnos que nos ha entendido porque a veces lanzamos las órdenes desde la cocina, según vamos andando por la casa y ni nos escucharon.

Se trata de aprender a validar las emociones para que estén presentes en nuestro día a día.

Navidades confinadas ¿Supondrán un trauma para los niños? Colaboración con CampusFad

El primer trimestre ha finalizado y llegan las ansiadas vacaciones de Navidad. Sin embargo, estas no son como habíamos esperado. La pandemia continúa y la amenaza de una tercera ola está en pie.

Ante esta situación no sólo la movilidad se ha visto reducida y es complicado juntarse en las fiestas, sino que también la dinámica de la escuela ha cambiado y por ejemplo, hemos tenido que prescindir de los tradicionales festivales de Navidad en la que cada clase hacía una actuación o cantaba un villancico.

Muchos padres y madres están muy preocupados y se preguntan si todos estos cambios pasaran factura a sus hijos e incluso si podrían generar un trauma a los más pequeños de la casa. La respuesta como muchas cosas en la vida es… “depende”. Hay muchos factores que debemos de tener en cuenta para evitar que esto ocurra. Así:

Una situación traumática no tiene por que ser un accidente, una catástrofe natural o un evento en el que nuestra vida haya corrido peligro. Un trauma surge cuando no hemos sido capaces de integrar el evento que hemos vivido. Las emociones que se han generado han sido de tal magnitud que nos han bloqueado y se han quedado atrapadas en nuestro “sistema límbico”, que es nuestro cerebro emocional. Sin embargo, cuando somos capaces de verbalizar lo que hemos sentido, por muy mal que lo hayamos pasado, el hecho quedará grabado en nuestra “memoria episódica” y será mucho más difícil que se genere un trauma. Por eso insistimos tanto en dejar espacio para hablar sobre lo que estamos sintiendo a lo largo de la pandemia, y sobre todo en favorecer que los niños y las niñas verbalicen sus emociones y que éstas sean validadas por los adultos, tanto los progenitores, como los docentes.

No existen emociones correctas

De esta forma cuando un niño o una niña nos dice que está triste porque no podrá pasar la Navidad con sus abuelos, o que siente rabia, porque quería ir a jugar con los primos, lo último que deberíamos hacer es decirle: “no pasa nada”, “no es para tanto” o aún peor “es una tontería”, de esta forma el mensaje implícito es: “tu emoción no es la correcta, no te deberías sentir así”. Y sin embargo, no existen las emociones correctas para esta situación.

Cada persona es un mundo diferente y tiene todo el derecho a sentirse como se sienta. Nadie tiene porque juzgar las emociones de los demás, y sin embargo con los menores lo hacemos muy a menudo. Por eso es tan necesario “validar las emociones”. Una fórmula para hacerlo podría ser decirles: “entiendo que estés triste por no poder ir a ver a los abuelos” o “entiendo que estés enfadada porque te apetecía mucho ir a jugar con los primos”. Incluso podemos compartir cómo nos sentimos nosotros, con frases del tipo: “a mí también me da pena”, o ”a mí tampoco me gusta, porque yo también quería ir”. De esta forma además de validar las emociones trabajamos la “percepción emocional” (nombramos la emoción que sienten) y la “comprensión emocional” (la causa de esta).

No nos quedemos enganchados en las emociones desagradables

Sin embargo, tampoco conviene quedarse enganchado en esta emoción desagradable, por lo que podemos darles alguna estrategia para regular esas emociones, como puede ser una explicación de por qué no vamos a ir, como, por ejemplo, “no queremos que los abuelos se puedan contagiar”. Y les damos una alternativa que les ayude a pasarlo mejor, como podría ser, hacer una videollamada, jugar nosotros a algo…

Los niños y las niñas tienen una gran capacidad de observación, y se dan cuenta de que algo pasa, sin embargo, dado su propio desarrollo cognitivo, madurativo, emocional… no siempre saben interpretarlo. Por lo que necesitan que los adultos, los padres y las madres, y los profesores y profesoras, se lo expliquen con un lenguaje adaptado a su edad y a sus circunstancias. Necesitan que les “decodifiquemos” el mensaje, que se lo traduzcamos, para que lo puedan entender. Por ejemplo, podemos explicarles que esta navidad es diferente, que el coronavirus sigue y que por eso no podemos juntarnos, pero que, aunque “Los Reyes Magos” no vayan a pasar a saludar en la cabalgata para evitar contagiarse, seguirán yendo a cada casa, al igual que Papá Noel, pero quizás tengan que traer menos regalos que otros años, dada la situación…

En ocasiones nos preocupa más a nosotros que a los niños

El cómo los adultos les trasmitimos el mensaje también será muy importante. En ocasiones nos preocupa más a nosotros que a los niños, tenemos mucha ansiedad, creemos que lo van a pasar muy mal… y sin querer les estamos condicionando. Por eso debemos explicárselo desde la calma y la serenidad.

Se trata de mostrarles a nuestros hijos y alumnos que estas Navidades son diferentes, pero que pese a ello, podemos pasarlo bien. Dejando espacio para hablar de las emociones, poniendo el foco en lo que sí que se puede hacer y ayudándoles a pasarlo lo mejor posible.

FUENTE: CampusFad

El agradecimiento como uno de los mejores predictores de la felicidad

Como ya hemos comentado en otras ocasiones el agradecimiento es uno de los mayores predictores de la felicidad. Estas Navidades tan atípicas pueden ser un gran momento para ponerlo en marcha.

La Navidad: una «oportunidad» para conectar con los más íntimos y una «liberación» por despedir al 2020. Colaboración con RTVE.es

Tres psicólogas analizan el contexto de estas fiestas y comparten algunas recomendaciones en función de cada vivencia.

Por JESSICA MARTÍN

El periodo navideño llegará en breve y lo hará acompañado de unas expectativas bastante pobres. Las limitaciones que ha impuesto la pandemia de COVID-19 y la atmósfera que se respira en todo el país permiten anticipar que, para una mayoría, estas fiestas no serán ni las más gozosas ni las más alegres, lo cual no impide que, incluso en este contexto, sea posible sacar provecho a la Navidad más atípica.

Lograrlo, no obstante, demanda un importante cambio de enfoque, un último esfuerzo en este año agotador que ha dejado a la sociedad con la energía bajo mínimos.

Tres psicólogas consultadas por RTVE.es analizan a qué nos enfrentamos en estas fechas desde el punto de vista de la salud mental y comparten algunos consejos para disfrutar de ellas o, al menos, para evitar que la carga simbólica de las Navidades haga más profundo el dolor de quienes más han sufrido el azote del coronavirus.

Asumir que será una Navidad «diferente» y cambiar el enfoque

“Tenemos que ser realistas. Van a ser unas Navidades muy complicadas porque aún no hemos superado la pandemia y porque hay personas que lo han pasado muy mal, que han perdido a familiares, o que tienen que vivir en soledad estas fechas. Por eso, lo primero que hay que hacer es escucharnos a nosotros mismos y, después, vivir estos días desde la consciencia personal y la responsabilidad”, apunta la psicóloga Silvia Álava.

Lo que ella propone a las personas que no estén pasando por un momento especialmente duro, pero que se sientan agotadas por todo lo vivido, es aceptar las restricciones como «la mejor solución» y no «banalizar» las emociones que nos provoque esta Navidad «diferente».

“Es normal que nos genere mucha rabia o tristeza no poder celebrar las Navidades como siempre y está bien reconocerlo y saber que esas sensaciones están ahí. Ahora bien, hay que evitar quedarse enganchado en eso. La mejor de las opciones es no vivir las limitaciones como una imposición sino entendiendo que es la mejor solución para protegernos a nosotros y a nuestra familia”, explica Álava.

“La mejor de las opciones es no vivir las limitaciones como una imposición sino entendiendo que es la mejor solución“

La psicóloga Iratxe López también incide en esto y aconseja «abrir las puertas al miedo, a la incertidumbre y al enfado» porque las emociones son adaptativas y negarlas o hacer como si no existieran no ayuda, sino todo lo contrario. 

Vigilar cómo nos estamos hablando

“Algo muy importante también es vigilar cómo nos estamos hablando a nosotros. Debemos dejar de decirnos frases como que este año no hay Navidad y cambiar el discurso negativo por uno que, simplemente, sea objetivo y neutro. Podemos decirnos que no son las Navidades que hubiéramos elegido y poner el foco en lo que sí podemos hacer para pasarlas del mejor modo posible”, añade Álava, que lo considera un buen método para bloquear el pensamiento pesimista y dejar margen a la ilusión y a las emociones agradables.

Para muchos, una oportunidad para estar junto a los más íntimos

Su planteamiento es muy similar al que expone la psicóloga Sonia García, quien considera que esta Navidad ofrecerá a muchos la «oportunidad» de hacer planes “caseros” junto al «núcleo» familiar que, sin duda, serán muy enriquecedores.

“En lugar de centrarnos en lo que nos va a faltar, tenemos que centrarnos en qué podemos hacer este año que otros años no hacíamos. Por ejemplo, las familias que solían irse fuera de vacaciones ahora pueden aprovechar para disfrutar de un maratón de películas navideñas, jugar con los niños o dedicar más tiempo a adornar la casa”, dice García.

López ve posible que, incluso, haya familias que disfruten de estas Navidades «más que otros años»: «Pensemos que la mayoría de las familias apenas se han visto durante el año, con lo cual, las comidas y cenas navideñas cobran un nuevo sentido», apunta.

Familias con niños

En el caso concreto de las familias con niños, lo que estas expertas aconsejan es no trasladarles a ellos la negatividad del mundo adulto mediante un lenguaje demasiado pesimista y transmitirles, por el contrario, mensajes de seguridad para que puedan seguir viviendo con ilusión estas fechas.

“Busquemos soluciones creativas para los más pequeños“

“Es necesario que respondamos a sus preguntas, sin ser alarmistas, trasmitiendo tranquilidad e indicándoles que la pandemia tiene un punto de inicio y también un final. Darle un carácter temporal les ayudará (…) Además, la creatividad es una herramienta muy útil. Busquemos soluciones creativas para los más pequeños. Si este año no podemos ir a la cabalgata, podemos, por ejemplo, simular nuestra propia cabalgata en casa», sugiere López.

En situaciones de soledad, reforzar el contacto a distancia

Disfrutar de la Navidad cuando hay distancia física entre familiares que habitualmente celebran juntos las Navidades requiere de un esfuerzo mayor, admiten las psicólogas. En estos casos lo que proponen es reforzar el contacto telefónico y optar por recursos que fueron cruciales durante el confinamiento de la primera ola, como las videollamadas.

“Lo que hay que intentar es que todos los que estamos lleguemos a las siguientes Navidades“

“Es fundamental que podamos sentirnos acompañados aunque estemos en la distancia”, comenta García, mientras que Álava recalca la importancia de recordarnos a nosotros mismos las prioridades y las razones por las que conviene estar separados: “lo que hay que intentar es que todos los que estamos lleguemos a las siguientes Navidades. Esa es la clave”.

Después de haber vivido un confinamiento tan estricto en los peores meses de la pandemia, una buena práctica, añaden las psicólogas, sería utilizar lo aprendido durante ese periodo de encierro para “conectar con nosotros mismos” y «agradecer lo que tenemos».

Respecto a esto último, Álava, propone realizar un ejercicio que, asegura, tiene un efecto muy positivo en la mente: “Se trata de escribir cartas a nuestros allegados contándoles las cosas por las que estamos agradecidos. Ni siquiera hace falta enviarlas, aunque hacerlo puede ser muy bonito”.

Unas fechas aún más difíciles para quienes han perdido a un ser querido

Esta idea de la carta, precisa la psicóloga, también puede convertirse en una actividad infantil y que sean ellos quienes envíen un mensaje a esos familiares con los que no van a poder celebrar las Navidades, pero sobre todo es una herramienta muy valiosa para las personas que se encuentren en un proceso de duelo y que no pudieron despedirse de un ser querido por las circunstancias sanitarias.

“Las Navidades van a ser especialmente difíciles para quienes hayan perdido a alguien. Sobre todo, para quienes además no hayan podido despedirse porque el proceso de cierre es necesario y en esos casos puede ser muy beneficioso escribir una carta de agradecimiento o de despedida, aprovechar el final del año para hacerles un pequeño homenaje”, añade Álava.

A quienes se encuentren en ese momento de duelo García también les recomienda poner el foco en los momentos vividos y darse “permiso” para sentir emociones como la tristeza. “Estas fechas no siempre son felices para todos”, recuerda esta psicóloga, quien, no obstante, incide que lo más sano desde el punto de vista psicológico siempre es intentar reconducir los pensamientos negativos y recrearse en los momentos que sean más positivos.

El fin de 2020, ¿un acontecimiento «liberador»?

Por otro lado, tanto García como Álava coinciden en que estas Navidades pueden provocar una sensación de “libertad” en numerosas mentes. 

“Cuando el reloj de la Puerta del Sol suene ya no solo indicará que es un nuevo año, como pasa siempre. Esta vez tendrá un efecto liberador porque se acaba el 2020 y se entenderá como un momento de cierre”, señala Álava

En palabras de García, “supone terminar uno de los peores años de nuestra historia para las personas que estamos vivas» y cree que, «del mismo modo en que normalmente nos marcamos propósitos de año nuevo y nos despedimos de los hábitos que no nos gustan, en esta ocasión, simbólicamente, despedirse de un año tan duro es reconfortante, porque entendemos que un día más es un día menos de pandemia”.

Despedirse del año

En cuanto a esto, López hace una puntualización. «Es peligroso dar carpetazo al 2020 sin haberlo integrado y procesado todo, y tenemos mucho que procesar: los planes y objetivos que no hemos podido cumplir, todo a lo que hemos renunciado, la pérdida de la libertad y, en los peores casos, la muerte de un ser querido. Este es un proceso que para cada persona llevará un ritmo diferente, habrá quien este preparado para cerrar ya y personas que necesitarán más tiempo».

Ella considera que es importante que cada persona respete sus propios ritmos y no tiene tan claro que para la mayoría sea muy significativo el cambio de año porque la COVID, lamenta, seguirá ahí en 2021. «Lo que sí puede ser interesante es hacer balance: ¿Qué he perdido en este 2020?, ¿hay algo que he ganado?, ¿he aprendido nuevas habilidades durante la pandemia?, ¿qué estrategias me han sido útiles para lidiar en esta situación?, ¿cuáles no?», propone López.

FUENTE: RTVE.es

5 cosas que puedes hacer para favorecer un buen desarrollo emocional en la infancia. Colaboración con Padres y Colegios

Los padres y los maestros tenéis un papel fundamental a la hora de favorecer el correcto desarrollo emocional de vuestros hijos y alumnos. Los niños cuando son pequeños necesitan la ayuda de sus adultos de referencia para poder regular tanto su conducta como sus emociones, así, por ejemplo, la lactancia materna, los cuidados y el contacto físico ayudan a que los bebés puedan regularse. Según van creciendo, cada vez serán más autónomos a la hora de saber manejar su conducta y sus emociones, no obstante, es importante que les vayamos mostrando la forma de hacerlo, a la vez que les acompañamos en este proceso.

Las emociones constituyen el primer medio de comunicación, y están presentes en los bebés desde su nacimiento. Por eso es tan importante que los adultos sepamos interpretarlas. Además, el tipo de cuidados que los niños reciben en su día a día, sobre todo en las pequeñas acciones cotidianas marcarán cómo serán sus relaciones en la vida adulta. No obstante, el cerebro es plástico y siempre podemos aprender nuevas formas de relacionarnos. Y es que, nos ocupamos de que los niños aprendan a leer, a escribir, a que sepan matemáticas, idiomas… pero no a manejar, controlar y ser dueños de las emociones.  El estilo educativo de los padres tiene influencia en el desarrollo socioemocional de los niños tanto a corto como a medio y a largo plazo. Es importante conocer los diferentes estilos educativos y sus consecuencias en el desarrollo emocional de los niños para conocer cuál es la mejor opción para educarlos.  

Estilos educativos

Existen cuatro tipos de estilos educativos:

  1. Los padres con estilo democrático intentan dirigir la conducta del niño hacia una madurez, por eso tratan de fomentar su autonomía, favoreciendo el diálogo y la comunicación, sin dejar de imponer su rol de padres. Parten de que tanto el niño como los padres tienen ciertos derechos y responsabilidades con respecto al otro y utilizan la negociación y el razonamiento.
  2. Los padres autoritarios valoran la obediencia, utilizan el castigo como principal medida educativa, no favorecen el diálogo y restringen la autonomía del niño.
  3. Los padres permisivos no siempre son capaces de marcar ciertos límites y evitan el recurso de la autoridad, el castigo y las restricciones. No son exigentes en relación con la responsabilidad en la realización de tareas y en cuanto a las expectativas de madurez y actúan de forma sobreprotectora con ellos, impidiendo que desarrollen su autonomía.
  4. Los padres negligentes no son capaces de resolver las necesidades en ocasiones fisiológicas de sus hijos, y casi nunca las emociones. No están presentes cuando los niños les necesitan.  

Consecuencias del estilo educativo en el desarrollo socioemocional

El estilo educativo de los padres puede llegar a condicionar el desarrollo socioemocional de sus hijos. Así sabemos: Los niños cuyos padres tienen un estilo democrático suelen desarrollar una buena autoestima y autoeficacia, además de buena competencia social. Suelen tener buen rendimiento escolar y tienen una menor incidencia de problemas psicológicos y de conducta. Los niños cuyos padres tienen un estilo autoritario, es cierto que tienen un alto nivel de obediencia e incluso de rendimiento escolar. Sin embargo, desarrollan pocas competencias sociales. Pueden tener problemas de autoestima, sobre todo porque se perciben como menos eficaces. Además, presentan una mayor incidencia de síntomas depresivos y problemas emocionales. Los niños cuyos padres tienen un estilo permisivo, desarrollan buena autoestima y pueden tener una buena competencia social, sin embargo, tiene un rendimiento académico menor y mayor incidencia de problemas de conducta y abuso de sustancias. El estilo educativo negligente, es sin lugar a duda el que más problemas llega a generar en los niños. Con problemas escolares, bajo desarrollo de competencia social. Una mayor incidencia de problemas de ajuste psicológico y mayor incidencia de problemas de conducta y abuso de sustancias.  

¿Qué podemos hacer para favorecer el desarrollo socioemocional de los niños?

La primera escuela donde se enseña a manejar las emociones es la familia, por tanto, es necesario que los padres y maestros sepamos gestionar nuestras propias emociones para que así actúenos como modelos de autoregulación emocional para los niños. Además, podemos trabajar las siguientes acciones con nuestros hijos y alumnos siguiendo las siguientes pautas:

  1. Reconocer Emociones. Es importante enseñar a los niños a reconocer las emociones, ser conscientes del estado emocional en el que nos encontramos, tanto en uno mismo como en los demás.
  2. Favorecer los buenos momentos, y que los niños experimenten bienestar, emociones agradables que les ayuden a contrarrestar las desagradables.
  3. Actitud Positiva. Mostrarles cómo tener una actitud positiva ante la vida, y cómo disfrutar.
  4. Favorecer la autonomía: que hagan las cosas por sí solos.
  5. Prestarles atención, sobre todo cuando hacen bien las cosas, y trasmitirles la idea de tú me importas, tus necesidades me importan, cómo te sientes, me importa.

FUENTE: Padres y Colegios