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Deberes en verano, ¿sí o no? Hablan los expertos

Hay madres y padres que opinan que no, que sus hijos deben tener tiempo para divertirse y aburrirse. Otros, en cambio, piensan que sí, que el verano es una buena oportunidad para recuperar lo perdido o afianzar lo aprendido.

Por María Dotor

Cada curso que finaliza se repite el mismo debate: deberes para el verano, ¿sí o no?

Si preguntásemos a diferentes madres/padres, habría disparidad de opiniones. Algunos dirían que sí, que dos meses y medio de vacaciones son muchos. Otros, en cambio, pensarán que no, que el verano es un periodo para desconectar y descansar.

Lo cierto es que el artículo 31 de la Convención sobre los Derechos del Niño reconoce “el derecho del niño al descanso y el esparcimiento, al juego y a las actividades recreativas propias de su edad y a participar libremente en la vida cultural y en las artes”. 

Este artículo 31, a menudo no se respeta durante el curso escolar. La realidad es que las agendas de nuestros hijos están cada vez más cargadas de actividades dirigidas y, en consecuencia, ellos cada vez tienen menos tiempo libre para jugar o elegir en qué emplearlo.

«Vivimos en una sociedad de consumo, de hacer y no parar, lo que nos lleva a sentirnos mal si no estamos haciendo cosas las 24 horas del día los 7 días de la semana. Y este estrés se lo trasladamos a los niños. Cayendo en la tentación de pensar que nuestros hijos no deben estar tanto tiempo sin hacer nada, pero que no hagan deberes no quiere decir que no hagan nada», nos dice la psicóloga Begoña Ibarrola.

«Que los niños no hagan deberes no quiere decir que no hagan nada»

Begoña Ibarrola – Psicóloga

Entonces, en verano: ¿deberes sí o no? ¿Qué dicen los expertos?

¿Qué opinan los expertos de los deberes en verano?

Para conseguir responder a la pregunta de cada verano, hemos hablado con tres expertos: los psicólogos Rafa Guerrero y Silvia Álava y el docente elegido Mejor docente de primaria de España en los premios Abanca 2021 Francesc Nogales.

Ante la pregunta de: Deberes en verano, ¿sí o no?, el psicólogo Rafa Guerrero lo dejaba claro: «No, no soy partidario. Los niños tienen todo el derecho del mundo, después de un curso académico muy exigente, a descansar. Pero no solo el derecho, sino la necesidad».

«No soy partidario de los deberes en verano. Los niños tienen todo el derecho del mundo, después de un curso académico muy exigente, a descansar. Pero no solo el derecho, sino la necesidad».

Rafa Guerrero – Psicólogo

Aunque todos los padres tenemos clarísimo que nuestros hijos merecen descansar, a menudo nos surgen miedos: ¿si no abre un libro en dos meses se le olvidará lo aprendido? ¿estará perdiendo un tiempo maravilloso en el que podría estar aprendiendo cosas? ¿Perderán el hábito de estudio?

«En verano también aprendemos, pero de forma totalmente diferente. Podemos trabajar toda esa serie de procesos que se aprenden en el colegio (razonamiento lógico, atención, concentración, lectoescrituta…), pero en lugar de hacerlo a través de cuadernillos o fichas de deberes, lo podemos hacer a través del juego», asegura Álava.

«En verano también aprendemos, pero de forma totalmente diferente. En vez de con cuadernillo, a través de actividades lúdicas»

Silvia Álava – Psicóloga

Algo similar opina Nogales: «Soy partidario de que los niños sigan aprendiendo, pero con actividades no académicas. Más que deberes, llamaría a estas actividades placeres. Algo así como ver una puesta de sol, ir a un museo, al zoo, hacer una ruta por la montaña, mirar las constelaciones por la noche, mandar una carta a un amigo…».

«En verano vamos a buscar curiosidades, o investigar sobre cosas que les susciten interés porque estén relacionadas con el día a día. Por ejemplo, si vamos a la playa y hemos visto un caballito de mar, luego podemos investigar sobre esto. O con niños más pequeños, podemos trabajar la psicomotricidad escribiendo nombres en la arena de la playa», apunta Guerrero.

Nogales también cree que, a menudo, los que más interés tenemos en que los niños hagan deberes somos los padres: «El motivo es que nos viene bien que los niños sigan teniendo rutinas establecidas. Pero no porque el niño necesite reforzar conocimientos, sino por nuestra dificultad de conciliar«.

¿Sin deberes les costará más volver a la rutina?

Otro de los motivos por el cual algunos padres queremos que nuestros hijos hagan deberes es que pensamos que de no hacerlos, desconectarán tanto de la actividad académica que en septiembre les resultará muy difícil volver a la rutina.

«Personalmente, a mí también me cuesta más volver a la rutina después de las vacaciones. Es decir, esto nos pasa a todos, no solo a los niños. Pero es que es necesario romper con la rutina, hacer cosas totalmente distintas a las que hacemos durante el año», nos cuenta Guerrero.

Y Nogales nos hace una comparación para que reflexionemos: «¿Os imagináis que nuestro jefe nos dijera que nos llevemos trabajo en vacaciones porque de no hacerlo a la vuelta se nos habrá olvidado hacerlo o nos costará más volver a la rutina? Nadie vería esto normal, pues lo mismo pasa con los niños. Necesitan parar, desconectar, olvidarse de las obligaciones».

¿Hay excepciones?

¿Deberes no? ¿Tampoco con niños que han suspendido o que necesitan reforzar porque han aprobado muy justos?

«No soy partidario de que los niños que van flojos aprendan las cosas por imposición y fuera del aula, es decir, si un alumno termina el curso cogido con pinzas, no me parece bien que tenga que ponerse al día haciendo cuadernillos. El aprendizaje debe generarse dentro del aula».

Si un alumno termina el curso cogido con pinzas, no me parece bien que tenga que ponerse al día haciendo cuadernillos. El aprendizaje debe generarse dentro del aula».

Francesc Nogales – Docente

Además, apunta Guerrero: «Los que van «flojitos» en clase porque les cuesta más, seguramente han hecho un esfuerzo más grande que los que han sacado muy buenas notas. Todos merecen descansar, hayan sacado sobresalientes, notables o vayan justos».

Álava sigue insistiendo en el juego como herramienta educativa: «Si tiene dificultades específicas en un área, por ejemplo, cálculo matemático, podemos trabajarlo, pero de una forma diferente a cómo se hace en el colegio. El juego tiene un potencial impresionante de aprendizaje. En verano es una oportunidad maravillosa para utilizarlo. ¿Y si nos acompaña a la compra y va sumando los precios de lo que echamos al carro? Hay muchas formas de hacer cálculo más entretenidas que a través de un cuadernillo».

Amaya de Miguel, fundadora de ‘Relájate y educa’, nos lanza a través de sus redes sociales un reto: «Si los deberes en tu colegio son optativos, sé valiente y deja que tus hijos no los hagan». ¿Qué opinas? ¿Aceptas el reto?

FUENTE: elperiodicodearagon.com

El verano aumenta el estrés por la conciliación: comprueba si sufres el burnout parental

Las dificultades de la crianza sumadas al trabajo llevan al límite a muchas personas, lo que se ha llamado burnout o síndrome de agotamiento parental. La Universidad de Ohio ha formulado un test para ayudar a detectar este problema, un cuestionario que puedes completar a continuación.

Por Verónica Ramírez

Que la crianza implica situaciones de estrés no es ninguna novedad. Va en el cargo, que se suele decir. Cuando sumamos a ellos una jornada laboral, la cosa se complica y entramos en la carambola que trae de cabeza a tantas familias: ¿qué hago con los niños? ¿Cómo compagino los horarios ahora en verano? En muchos casos esta situación de desbordamiento arrastra a muchas personas al límite. Pero no, la maternidad no tiene que desembocar en sufrimiento.

Por eso, si tienes hijos y en tu cabeza resuenan constantemente las frases «no llego», «no puedo más» o «no me da la vida», puede que estés sufriendo lo que se conoce como burnout o síndrome de agotamiento parental.

En la Universidad de Ohio (Estados Unidos) han estudiado este problema y han desarrollado un test para ayudar a los padres y madres a saber de qué manera sufren burnout parental. En la parte superior de este artículo puedes responder a diez rápidas preguntas que, según las investigadoras, facilitan la detección de este problema. Para su mayor utilidad, se recomienda hacerlo en el contexto de una consulta clínica sobre salud mental.

Cada respuesta del test tiene una valoración que se corresponde con la asignada por Kate Gawlik y Bernadette Mazurek Melnyk, las investigadoras, y cuyo resultado aparecerá al final, tal cual aparece en el informe del estudio junto a las recomendaciones indicadas en cada caso.

Qué es el ‘burnout’

El burnout es la manifestación de una serie de síntomas de agotamiento o ansiedad que sufren muchas madres y padres que trabajan y a los que se les hace muy cuesta arriba la conciliación del trabajo con la crianza. Unas sensaciones que vienen acompañadas de pensamientos de «ya no puedo más» o «no me veo capaz».

Esta angustia ha existido siempre, apunta la psicóloga Silvia Álava, pero, como todo lo relacionado con los problemas de salud mental, no nos habíamos atrevido a verbalizarlo como hacemos ahora.

Es frecuente hablar del burnout relacionado con el trabajo, como síndrome del trabajador quemado. En ese caso, se trata de casos en los que las personas se encuentran agotadas, sin fuerzas y con ansiedad en relación con su empleo.

El burnout parental, anota Álava, es una denominación específica que damos a la situación relacionada con los roles de la paternidad. Una logística que se complica aún más en verano, cuando los pequeños comienzan los horarios intensivos y cogen las vacaciones, lo que hace añadir una gestión adicional al Tetris diario de la conciliación.

Esta situación, explica la psicóloga, puede hacer que algunas familias «hagan crac» en esta época del año: «Los padres ya vienen muy al límite», más después de todo lo que llevamos arrastrando tras la pandemia y con la situación económica que vivimos de fuerte inflación.

Porque no todo el mundo se puede permitir un campamento de verano o no tienen abuelos con quien dejar a las criaturas.

6 de cada 10

Conviene evaluar cada personal en un entorno profesional, pero el estudio de la universidad estadounidense apunta a una serie de factores que influyen y que provocan que el 66 % de los padres estudiados manifestaras agotamiento parental: ser mujer, el número de hijos o cuando los pequeños sufren ansiedad u otros trastornos mentales no diagnosticados aumenta las posibilidades de acabar con burnout.

También en esto salen más afectadas las mujeres: el 68% de las participantes en el estudio reportaron agotamiento frente al 42 % de los hombres. Esto tiene que ver con que las madres son las que todavía asumen la mayor parte de las tareas de crianza, lo que supone un coste añadido laboral, personal y emocional para las mujeres, según un estudio realizado por la Asociación Yo No Renuncio, del Club de Malasmadres. En ese estudio, el 64% las madres encuestas afirmaron que llegan cansadas al trabajo todos los días, y el 66% indicó que no ha pedido ayuda psicológica pese a sentirse desbordada y triste.

Por supuesto, esto no queda solo en un malestar para padres y madres, ya que incluye directamente en la relación con sus hijos. «Es importante verbalizar las emociones, implica que pongo nombre y etiqueto la situación para hacerlo más llevadero», explica Silvia Álava. Desahogarnos no solucionará todos nuestros problemas, pero ya es un paso: las investigadoras aseguran que reconocer e intervenir en el agotamiento de los padres mejora los resultados tanto de los padres como de los niños. Reconocer que se necesita ayuda es una fortaleza, no una debilidad.

FUENTE: lasexta.com

María Jesús y Silvia Álava te dan las claves para trabajar tu felicidad, en TRECE

Las psicólogas se han subido a ‘La Azotea’, con Antonio Hueso y María Ruiz, para dar a los espectadores las herramientas para afrontar una vida sin focalizar en el sufrimiento

«La azotea de medianoche» ha abierto sus puertas en TRECE. El ‘late night’ conducido por María Ruiz y Antonio Hueso ha tenido, este miércoles, unas invitadas muy especiales: Silvia Álava y María Jesús Álava. Las psicólogas, tía y sobrina, se han sentado en el plató de TRECE juntas por primera vez en televisión.

¿Cómo podemos ser felices?: “Para que la psicología funcione, la persona tiene que asumir que tiene que conocerse en profundidad”, comienza relatando María Jesús. Silvia apunta que no todo el mundo está dispuesto a encontrar cosas que no le gustan, ya que nadie nos prepara para ello: “Necesitamos herramientas y estas vienen de la mano de la psicología”.

Es complicado encontrar a alguien que se sienta absolutamente feliz y satisfecha consigo mismo. ¿Por qué nos cuesta reconocer las cosas positivas?: “Desde pequeños nos han señalado las cosas que hacemos mal y las que hacemos bien, se supone que las tenemos que hacer así. No nos sabemos tratar bien. Nos llamamos la atención cuando hacemos lago mal y a las personas que son buenas personas les cuesta perdonarse”, apunta María Jesús. “Es imposible ser feliz sin asumir fallos. La clave está en conocer lo que te hace sentir mal y, a partir de ahí, sustituir esos pensamientos por otros más realistas”.

¿Por qué nos cuesta tanto ir al psicólogo? Silvia destaca que, aunque esto está cambiando, todavía hay bastante tabú: “Hay gente que piensa que si va al psicólogo es como reconocer que tiene un problema. La gente más joven ya no tiene miedo de hablar de ello. Antes los adolescentes iban al psicólogo de la oreja por sus padres y ahora ellos mismos son quiénes lo piden”. María Jesús señala un problema que tenemos con las nuevas generaciones y es que se les ha sobreprotegido y, ahora, no tienen recursos para hacer frente a las dificultades.

Antes de la pandemia, el 25% de la población tenía ansiedad o depresión, algo que se ha acentuado estos últimos dos años: “Han incrementado los miedos, las fobias, los trastornos de alimentación… se tarda mucho en venir y llegan con casos ya cronificados”, aclara Silvia. También María Jesús relata cómo pusieron el abierto en sus redes sociales unos vídeos sobre la inutilidad del sufrimiento: “La primera mañana que lo pusimos en Twitter tuvo más de 30.000 visitas. Esto nos indica la necesidad de las personas de obtener recursos para superar ciertos problemas”.

Dale al PLAY para ver la entrevista completa y tomar nota de todos los consejos.

María Jesús Álava y Silvia Álava en La Azotea, de Trece TV

María Jesús y Silvia Álava responden en ‘La Azotea’ de TRECE

En esta sección, el invitado responde a preguntas indiscretas formuladas por personas que los conocen muy bien. En esta ocasión, los espectadores realizaban las preguntas:¿Cómo puedo superar la añoranza del pasado?: “Extrayendo todos los aprendizajes para vivir intensamente el presente. Tendemos a idealizar el pasado y no eras tan feliz como crees. Siempre pensamos que nunca vamos a ser tan felices como antes y también echamos la culpa de lo que nos pasa a lo mal que lo pasamos en el pasado”.

¿Cómo puedo afrontar la inseguridad?: “Nosotros siempre mantenemos un diálogo con nosotros mismos. Si te dices cosas negativas, lo que hay que hacer es decirte cosas positivas u objetivas como “Voy a hacerlo lo mejor que pueda”. Si no eres capaz, también puedes pensar qué le dirías a un amigo en esa misma situación”.

¿Cómo puedo hacerle una crítica a alguien y que no se lo tome mal?: “Las críticas tienen que ser cortas y positivas. Tu actitud no tiene que ser de regañar, hay que empezar diciendo algo positivo y terminar también con algo positivo como “creo que puedes solucionarlo”. También hay que esperar a que el otro esté receptivo y que quiera tu opinión”.

¿Por qué repetimos errores?: “Se desiste de intentar cambiarlos. En estos casos hay que hacerles conscientes de sus errores y ponerle objetivos. Los adultos no funcionamos a través del castigo, es necesario reforzar al otro positivamente y negativamente. Es más útil decirle cosas que ha hecho bien y quitarle algo que le preocupe en su vida, que le vas a ayudar mucho”.

FUENTE: COPE.ES

Estas son las habilidades sociales que debemos entrenar en nuestros hijos desde pequeños

El éxito de sus relaciones personales dependerá de lo desarrolladas que tengan estas habilidades sociales.

Por María Dotor

Los seres humanos somos seres sociales. Desde que nacemos, nos relacionamos con otras personas, y nuestra felicidad depende, en gran medida, de cómo de satisfactorias sean estas relaciones.

Para que nuestros hijos tengan relaciones satisfactorias hace falta que dispongan de buenas habilidades sociales. Estas habilidades no son innatas, sino que se aprenden a través de la observación de los demás, de las enseñanzas de otras personas, de la interacción directa con el medio…etc.

Para que nuestros hijos tengan relaciones satisfactorias hace falta que dispongan de buenas habilidades sociales. Estas habilidades no son innatas, sino que se aprenden.

¿Qué habilidades sociales son las más importantes? ¿Cuáles deberíamos inculcar a nuestros hijos? Las repasamos con la ayuda de la psicóloga Sara Ríos Gil, quien las recoge en un capítulo del libro ‘El arte de educar jugando’, de Silvia Álava.

Habilidades sociales básicas y habilidades sociales complejas

Para Ríos Gil, las habilidades sociales se dividen en dos grupos: las básicas y las complejas.

Habilidades sociales básicas

  • Saber escuchar: aquí es fundamental el lenguaje no verbal: mirar a los ojos, asentir con la cabeza, sonreír cuando sea oportuno… «Esto es algo que tenemos que enseñarles sobre todo con el ejemplo», nos dice Ríos Gil.
  • Iniciar una conversación: es básico saber identificar si es un buen momento para iniciar una conversación o la persona no está disponible.
  • Mantener una conversación: una vez que hayamos iniciado una conversación, hay que saber mantenerla. «Una buena escucha activa es fundamental para que el otro se sienta atendido y eso dé pie a seguir la conversación haciendo nuevas preguntas. También hay que saber cómo introducir un tema nuevo sin interrumpir al otro».
  • Terminar una conversación: «evitando ser bruscos y tratando de no cortar a la otra persona».
  • Presentarse adecuadamente: «podemos ayudar a nuestros hijos a entender qué cosas se dicen en una primera presentación y qué cosas nos guardamos para nosotros».
  • Dar las gracias en las ocasiones correctas: aquí nuestro ejemplo es vital. «Somos modelos de conducta. Si nos ven que somos agradecidos con los demás, les será más fácil serlo a ellos».
  • Hacer un cumplido: los cumplidos nos ayudan a establecer relaciones positivas con los demás, no obstante, nos dice Ríos Gil, «conviene intentar no excedernos en los cumplidos porque puede verse como exagerado y poco natural».

Habilidades sociales complejas

  • Saber decir ‘no’ adecuadamente: no siempre tenemos que estar de acuerdo con lo que nos dicen los demás, ya que cada uno tenemos nuestra forma de pensar, y tenemos derecho a decir ‘no’, pero «teniendo en cuenta no ser bruscos ni ofender a los demás, sino expresar nuestra negativa con respeto».
  • Realizar una petición: sin exigir, de manera adecuada. «Y si la otra persona dice que ‘no’, aceptarlo sin enfadarnos ni alterarnos».
  • Tomar decisiones: nos cuesta mucho tomar decisiones, en cambio, es algo a lo que nos tendremos que enfrentar muchísimas veces a lo largo de nuestra vida. Debemos entrenar a nuestros hijos para ello «ayudándoles a definir las opciones, los pros y contras de cada una de ellas, buscar alternativas o soluciones…».
  • Defenderse correctamente de una crítica: hay diversas maneras de reaccionar ante una crítica. «Hay que enseñar a los niños a defenderse de ellas sin alterarse ni enfadarse».
  • Expresar alguna queja: debemos dejarles claro que no pasa nada por expresar aquello que no les guste, pero «hay que enseñarles a hacerlo correctamente, desde el respeto, explicando bien el por qué no le ha gustado y ofreciendo una alternativa».

¿Cómo entrenamos estas habilidades sociales?

Para entrenar las habilidades sociales de nuestros hijos, Ríos Gil da una serie de claves:

  • Los adultos somos referentes de nuestros hijos; constantemente nos están observando y copiando. Por ese motivo debemos ser un buen ejemplo a nivel social y hacer con los demás las cosas que queremos que hagan ellos.
  • Es fundamental que desde pequeños fomentemos que estén con otras personas de confianza además de nosotros y también con otros niños de su edad.
  • El desarrollo social de un niño tiene lugar poco a poco, y esto hay que tenerlo en cuenta para saber qué pedirle en cada etapa de su vida.
  •  Utilicemos el juego para inculcar estas habilidades. Por ejemplo, podemos hacer un teatro de presentaciones para enseñarles de manera amena y divertida la importancia de presentarse a los demás y cómo hacerlo correctamente. También podemos jugar con una pelota en la mano a respetar los turnos de palabra. Sacaremos un tema, debatiremos sobre él, pero solo podremos hablar cuando tengamos la pelota en la mano.

FUENTE: laopiniondemurcia.es

Conferencia ¿Por qué no soy feliz? con motivo del Día de la Psicología

Este jueves 16 de Junio a las 18h celebraremos en el Centro Cívico Tabacalera en Santander el #díadelapsicología con el Colegio Oficial de Psicología de Cantabria y la conferencia ¿Por qué no soy feliz?

Si no tienes la suerte de estar en #Santander puedes seguirlo en directo desde 👉 https://copcantabria.es/

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«La psicología está en todas las áreas de la actividad humana y tiene cabida en cada una de ellas para incorporar mejoras»

COLEGIO OFICIAL DE PSICOLOGÍA DE CANTABRIA. Un espacio neutral para la ciudadanía

Por PATRICIA DELGADO CALLE Santander

Tradicionalmente la psicología ha estado rodeada de connotaciones negativas, generando cierto rechazo entre la ciudadanía y manteniéndose en la más profunda esfera privada de quienes recurrían a ella. Unos complejos que poco a poco van siendo cosa del pasado, liberando los tabúes en torno a los trastornos mentales y a la necesidad de acudir a un profesional en salud mental.

Punto de inflexión

En este cambio de percepción, que ya venía fraguándose desde hace algún tiempo, la pandemia ha supuesto un punto de inflexión, reconciliando a esta disciplina con el ciudadano. «La sociedad ha reconocido y valorado la psicología como un elemento importante para su desarrollo vital». Y es que ante un episodio de alto impacto como ha sido la crisis del coronavirus, «las personas han encontrado en la psicología una herramienta de utilidad para dar respuesta a sus necesidades o encontrar un espacio de desahogo y gestión de las emociones de una manera profesional». Así lo consideran desde el Colegio Oficial de Psicología de Cantabria, entidad que, durante todo este tiempo, ha estado al pie del cañón para ayudar a la ciudadanía a sobrellevar esta situación.

Ahora, con las aguas sanitarias más calmadas, desde la institución creen que es el momento de retomar ciertas actividades que habían estado detenidas. Es el caso del Día de la Psicología, que se celebra cada año el 24 de febrero en honor del patrón de la profesión, Juan Huarte de San Juan. Y aunque la efeméride ha tenido que posponerse unos meses, el colegio no ha querido dejar pasar el curso sin organizar un evento especial. Conscientes de que la salud mental está en primera línea de la actualidad, desde la institución creen que es el momento perfecto para mostrar todo lo que esta disciplina puede aportar a las personas.

Conferencia abierta

Ahora que el foco de atención apunta hacia la capacidad que tiene la psicología de ayudar a cada persona a alcanzar su bienestar y a saber gestionar sus emociones para estar bien con uno mismo, desde el COP Cantabria quieren reforzar este mensaje, porque «la psicología está en todas las áreas de la actividad humana y no hay parcela en la que esta disciplina no tenga cabida para incorporar mejoras», aseguran desde el colegio.

En esta línea, la institución ha organizado una jornada divulgativa este jueves, 16 de junio, a partir de las 18.00 horas, en el centro cívico Tabacalera de Santander. Bajo el título ‘¿Por qué no soy feliz?’, la psicóloga Silvia Álava impartirá una conferencia abierta a todos los ciudadanos y que podrá seguirse en directo a través de la página web del COP Cantabria.

Desde esta plataforma digital, la institución promueve un espacio abierto y de utilidad tanto para la ciudadanía como para las administraciones. «Es un manantial informativo, con guías sobre cómo tratar determinados problemas, y un entorno neutral donde el ciudadano puede encontrar un listado de profesionales colegiados a los que acudir», exponen los miembros de la junta de gobierno de la institución.

Garantías al usuario

Un aspecto este último, el de la colegiación, que este grupo considera clave. «Implica una actualización constante a nivel de formación y profesional». Además, prosiguen «da garantías al usuario» y es el mecanismo que «avala el buen hacer del colectivo». Por eso, animan a los ciudadanos a interesarse por la formación que tiene la persona que les va a tratar, «queremos así evitar el intrusismo, porque es algo que nos desacredita y quita valor. Está bien que desde otras áreas se tengan ciertas nociones de psicología que ayuden a detectar problemas y derivar a esas personas a profesionales cualificados, pero nunca tratarlos sin tener la competencia adecuada para ello».

Esencial en la Primaria

También para garantizar el adecuado tratamiento a quienes lo necesitan, desde el colegio consideran «esencial» que los psicólogos «estén en la Atención Primaria», en los centros de salud que son la primera capa de atención al ciudadano. Igualmente, «debería haber más personal en el área de salud mental infanto juvenil, porque no se llega al caudal de pacientes que hay».

A modo de dato ejemplarizante del problema, señala este grupo de expertos, «la comparación con Europa es reveladora, 18 psicólogos por cada 100.000 habitantes frente a nuestros 8».

Por ello, reclaman a la administración que revise los medios disponibles y se plantee un aumento de profesionales, ya que «un bloqueo en un punto determinado puede extenderse a otras áreas y al final se crea una gran bola».

Y es que, concluyen, «creemos que la psicología es un derecho y tiene que ser accesible a todo el mundo. Estamos viendo que sin una buena salud mental, el sistema falla».

FUENTE: DiarioMontanes.es

¿Un príncipe caprichoso o un niño normal? Los expertos analizan la conducta del príncipe Luis de Cambridge durante el Jubileo de Isabel II

El pequeño, de cuatro años, sorprendió a todos con su comportamiento espontáneo durante la celebración. Los expertos destacan su corta edad, lo riguroso del protocolo y el papel impecable de su madre, Kate Middleton.

Por CAROLINA GARCÍA

La foto es la siguiente: un niño de cuatro años asiste a la celebración que se organiza para conmemorar los 70 años de vida laboral de su bisabuela, una fiesta que dura un total de cuatro días. Sin duda, para cualquier pequeño, estarse quieto durante los eventos es una proeza de aguante y de buenos modos. Si no, que se lo pregunten a los padres y a las madres con hijos pequeños. Pero si, además, eres el príncipe Luis de Cambridge, hijo de Guillermo, duque de Cambridge, y Kate Middleton, duquesa, y tu bisa es Isabel II, cualquier gesto fuera del protocolo que marca la celebración del Jubileo de Platino de la reina se va a notar. Y así ha sido. ¿Luis actuó como cualquier niño de su edad, o fue caprichoso e irrespetuoso con el protocolo? La polémica está servida.

“Luis tiene cuatro años y ha actuado como un niño de cuatro años”, afirma tajante Silvia Álava, especialista en Psicología General Sanitaria y en Psicología Educativa. “A esta edad”, prosigue, “el pequeño no tiene el suficiente desarrollo madurativo a nivel cognitivo, de pensamiento y de reflexión, para entender que su bisabuela es la reina Isabel II, que lleva 70 años en el trono y que va a asistir a un montón de festejos donde tiene que estar sentadito, calladito y sin moverse. Esto no lo puede comprender por su propio desarrollo evolutivo”.

Estas son las nueve emociones básicas que siente tu hijo

Según explica Álava, al final lo que está haciendo el pequeño es expresar a su manera un “Me aburro”. “Por lo que pone las típicas caras de cansancio, saca la lengua o hace rabiar a su prima. Y, además, para Luis no ha sido solo este acto; lleva un cúmulo de festejos que le han ido dejando agotado”. Al pequeño se le pudo ver el jueves en el balcón de Buckingham, el sábado en un concierto nocturno y el viernes en un desfile de dos horas y media. La psicóloga incide en que el pequeño no deja de ser un niño, por muy príncipe que sea.

La pedagoga Sonia López Iglesias coincide con Álava en que “el comportamiento de Luis fue totalmente normal”. Y agrega un dato: “Es muy difícil que un pequeño de cuatro años pueda mantener la atención más de 20 minutos. Así que él se comportó de forma excepcional en una celebración tan larga. Además, no podemos olvidar que el pequeño príncipe llevaba días fuera de su rutina habitual y eran unos actos con un estricto protocolo de los que él no entendía su significado”.

“Aquí lo más importante es la edad, los cuatro años”, retoma Álava. “No hemos visto a un pequeño con problemas de conducta, sino a un niño cansado, teniendo comportamientos muy normales, de chiquillos. Un ejemplo claro fue cuando su madre Kate le dijo algo y él cogió, se levantó y se sentó en las rodillas de su abuelo Carlos”. En esta ocasión ocurre lo mismo: Luis no se sentó en las rodillas del heredero al trono, se sentó en las de su abuelo: “Decidió irse con otra figura de referencia para él. Y no pensó en protocolos, ni en realezas”.

Un ejemplo claro en el desarrollo evolutivo, propio de su edad, se puede ver en la diferencia de comportamiento con su hermana Carlota, de siete años: “Esto se debe a que en el caso de la pequeña, esta ya tiene bastante desarrollada la función ejecutiva, mientras que él, con cuatro, la está empezando a madurar”. “La pequeña”, prosigue Álava, “ya es capaz de dirigir su conducta; de entender un poco lo que tiene que hacer y de anticiparse a las consecuencias de sus actos. Esto se suele dar a partir de los seis años y no termina de madurar hasta los 28″. En definitiva, “con siete años empiezas a entender un poquito, no del todo. El desarrollo cerebral es muy diferente a los siete que a los cuatro años”.

Por su parte, el psicólogo infantil Rafael Guerrero, autor de varios libros como Educación emocional y apego (2018) y El cerebro infantil y adolescente (2021), comienza citando el problema principal según su criterio: “El niño no debería estar ahí, debería estar en un parque, con sus amigos peleándose, disfrutando en el tobogán. Tiene que estar en otro contexto, no en un acto protocolario. Aun así, el pequeño lo gestionó estupendamente”, subraya. “Yo no le puedo exigir a un niño de cuatro años que se esté quieto”, prosigue Guerrero, “que no se le satisfagan sus necesidades en el momento inmediato y menos que respete un protocolo tan exigente como es el de la Casa Real Británica”.

Los niños no tienen que estar en esta clase de eventos. Es como cuando doy un curso de formación y una madre me pregunta si puede venir su hijo; obviamente no le digo que no, pero sí que le explico que no es un lugar para niños”, añade el psicólogo. Todo esto le lleva a pensar que a lo mejor no es tanto que el niño se esté portando bien o mal, sino que “somos nosotros, los adultos, los que nos estamos portando mal con él. El niño se comportó de maravilla porque actuó como un niño. Y expresó sus emociones libremente”. Según expresa, los pequeños no se portan ni bien ni mal: “Los niños se manifiestan de manera natural, de forma sincera. Si se mueve es porque está inquieto, si está chof, es porque está triste o aburrido. Son transparentes”, argumenta el psicólogo.

El papel de su madre, Kate Middleton

Los expertos también destacan que la madre de Luis, Kate Middleton, actuó muy bien ante el comportamiento de su hijo. Muchos han resaltado la paciencia y empatía con las que trató al pequeño. “Por supuesto que lo hizo bien, ¿por qué deberíamos regañar a un niño de cuatro años que debe participar en una celebración larga y aburrida para él si no está preparado?”, se pregunta López Iglesias. Para la experta, su madre fue muy comprensiva y respetuosa.

“Los adultos debemos ser muy conscientes de las necesidades de nuestros hijos y jamás debemos exigirles un comportamiento para el que no están preparados”. “Kate lo bordó”, incide Álava, “cada vez que el pequeño se dirigía a ella, ella se agachaba; lo miraba y le cogía de la mano”. De esta forma, y según explica la experta, se consigue que los niños se sientan escuchados y atendidos.

“Partiendo de la idea de que el niño no debería estar ahí, Kate lo hizo lo mejor que pudo”, recalca Guerrero. “En las imágenes que he visto creo que trata al pequeño con todo el cariño del mundo; tratando de tranquilizarle y de reconducirle. En definitiva, esta madre lo hizo bastante bien, dadas las presiones, las limitaciones protocolarias, y que había que pasar el trago lo mejor posible. Aunque incido en que el problema de base es que el niño nunca debería haber estado ahí”, insiste Guerrero.

¿Afecta el orden de nacimiento al comportamiento del príncipe Luis?

Para las expertas consultadas, el orden de nacimiento no es determinante. “Los hijos tienen una personalidad distinta que no tiene tanto que ver con el orden en que han nacido, sino un poco con los genes, por así decirlo”, sostiene la psicóloga Silvia Álava. “Esa combinación de genes que nos ha tocado, y también un poco por el ambiente en el que vivimos. Pero al final la personalidad es un compendio de tu parte genética. Es la lotería de genes que te ha tocado. Además, influye el ambiente en el que están viviendo, la forma de educar, de cómo se relacionen sus padres con ellos. Que sí, que es verdad que en determinadas cosas, sí que el orden puede afectar a la personalidad”. Pero, según explica, tiene más que ver con la responsabilidad, que a los primeros hijos se les suele cargar más con ella, por ejemplo.

Por su parte, Sonia López Iglesias, pedagoga, destaca que el orden de nacimiento puede afectar, “pero lo que determina el comportamiento es la personalidad de cada niño y los límites que está acostumbrado a respetar. Él demostró ser un niño muy espontáneo, cariñoso, curioso y expresivo».

FUENTE: elpais.com

Comparación social ¿Nos sentimos culpables?

¿Nos sentimos culpables al ver las imágenes que se comparten en redes sociales? ¿nos sentimos inferiores? de ello hablamos en este reportaje.

Abundan en las revistas de decoración y en redes sociales. A diario vemos esas fotografías de viviendas grandes, luminosas, espaciosas, bien decoradas y, por supuesto, siempre ordenadas.

Imágenes que, según los psicólogos, pueden provocar entre algunas personas un sentimiento de culpa y frustración al no ser capaces de tener hogares tan ordenados, limpios o bonitos. Se llama «comparación social» y la psicóloga Silvia Álava nos da algunos consejos para evitarlo: «Lo que los demás suben, incluso muchas veces lo que subimos nosotros, no es la vida real. Es la vida con filtros. Es mi mejor momento«.

Como indica la psicóloga, son casas «ordenadas para hacer la foto, pero lo que pasa después no nos lo muestran». Y va más allá: «Una casa en la que se vive no está siempre ordenada, y no pasa nada». En definitiva, como aconseja Álava, la clave está en «empezar a confiar mucho más en nuestra propia opinión«. Si quieres ampliar esta información, tienes más detalles en el vídeo que acompaña a esta noticia.

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Depende mucho de la madurez y de lo autónomo que sea el crío, pero los expertos consideran que a partir de los 8 años están preparados para pasar quince días fuera de casa.

Cómo controlar los nervios y aumentar la confianza los días de la EvAU o selectividad: las pautas de los psicólogos

Os contamos algunos consejos y recomendaciones para tener más confianza en nosotros/as mismos/as y en todo lo que hemos estudiado para estos tres días de exámenes.

Por Beatriz G. Portalatín

Ya están aquí los tres días de EvAU o selectividad y -como es lógico- los nervios estarán a flor de piel. Por ello, es importante tener a mano algunos consejos para relajarlos o controlarlos y sobre todo aumentar la confianza en nosotros/as mismos/as y en todo lo que hemos estudiado. No es fácil hacerlo en estos días, pero si hemos llegado hasta aquí, es por algo.

«La selectividad es una prueba que genera una intensa presión, mientras se estudia y cuando uno se examina. Haber estudiado con regularidad el tiempo suficiente aumentará la confianza», afirma a laSexta.com Laura Palomares, psicóloga del centro Avance Psicólogos.

Sin embargo -añade esta experta- «es importante valorar este estudio no solo con el objetivo de aprobar, sino como la adquisición de unos conocimientos que nos van a enriquecer. Dar un sentido a nuestro estudio más allá de que nos vayan a evaluar, nos ayudará a disminuir la presión de la prueba en sí y fomentará nuestra confianza y motivación».

Y que como decía en este reciente artículo la doctora en Psicología, Silvia Álava, «somos muchos más que una nota«. Que es cierto que la selectividad y la nota final que saquemos, es importante para poder entrar en una carrera, en un ciclo formativo o elegir la formación que nos gustaría tener, pero no podemos olvidar nunca que -como decía Álava- lo que somos no lo define ningún ninguna nota ni ningún número.

Controlar y calmar los nervios

Es una fecha importante y como es lógico, aparecerán los nervios. «En ocasiones ante la ansiedad, aparecen un montón de pensamientos negativos relacionados con miedo al fracaso que se nos pueden echar encima y abrumarnos casi por completo», asegura esta profesional.

Es de gran ayuda, «pensar simplificando y concretando nuestro objetivo, más allá de que nos vayan a evaluar, nos ayudará a coger confianza, por ejemplo: ‘he estudiado y adquirido unos conocimientos; el examen es el momento para transmitirlos y expresarlos lo mejor que pueda», explica Palomares.

También, en los picos de ansiedad «es importante repetirnos que si hemos estudiado, ya hemos hecho nuestra parte. De este modo, estamos asumiendo la incertidumbre sin tratar de controlarla y eso también es bueno». Es decir, yo no puedo controlar lo que me van a preguntar, lo que sí sé es que yo he estudiado y lo afrontaré lo mejor que pueda. Por lo que «asumir hasta dónde puedo controlar y lo que realmente depende de mí, también aumentará nuestra estima y confianza», explica.

No obstante es importante saber que los nervios pueden aparecer y que en un momento así, es normal que suceda. Y eso también nos relajará o al menos nos pillará de improvisto. Como explica Palomares, «cuando nos presentamos a un examen o evaluación es normal que aparezca cierto grado de ansiedad. Y es bueno saber además que cierto nivel de ansiedad, siempre y cuando no sea excesivo, aumenta el rendimiento y favorece la concentración». Insistimos, siempre que la ansiedad o los nervios no sean excesivos.

Por eso -añade- «entender los nervios como una emoción coherente a la situación nos ayudará a relativizarla. Conocer cómo funciona la ansiedad nos ayuda a manejarla. A lo largo de la prueba notaremos cómo esta activación se reduce progresivamente».

Por ejemplo, una de las cosas que nos pueden ayudar justo antes del examen es, según esta profesional, centrarnos en el momento presente. «Podemos describir mentalmente lo que está sucediendo: la gente se empieza a quedar en silencio, los profesores empiezan a repartir los exámenes, han encendido más luces… son formas de centrarnos en el aquí y ahora y rebajar nuestra activación.

También es importante, justo en ese momento, repetirnos mensajes constructivos y amables, como: ‘puedo hacerlo’, ‘soy valiosa y valiente por haber llegado hasta aquí», ‘lo voy a hacer lo mejor que pueda’, ‘soy capaz de transmitir lo que sé porque ya lo he hecho en otros exámenes’…. «Y todos estos pensamientos resultarán muy positivo para rebajar nervios y concentrarnos mejor», afirma.

4 consejos súper prácticos para el momento justo del examen

Desde el Servicio de Orientación Universitaria (SOU) de la Universidad CEU San Pablo ofrecen 4 consejos básicos para aplicar justo en el momento del examen.

1. Conoce bien el tiempo del que dispones para hacer el examen

«Tómate tu tiempo para leer bien las preguntas y, si hay alguna que no entiendes bien, consulta al examinador. Busca la palabra clave que te indica qué hacer: explica, define, calcula, enumera… Después de contestar, lee nuevamente la pregunta y la respuesta, y valora si ésta responde efectivamente a la primera», explica Cristina Peralta, psicóloga y responsable del SOU.

2. Conoce bien el valor de cada una de las preguntas

Es necesario conocer el valor de cada cuestión, pues no se le va a dedicar el mismo tiempo a un tema valorado con tres puntos, que si sólo merece uno. Por ello, «comienza el examen por la pregunta que mejor sepas, así irás consiguiendo puntos y aumentarás tu seguridad, mientras piensas en las respuestas al resto de cuestiones».

3. Haz un pequeño esquema de lo que vas a contestar

Puedes realizar en un folio en blanco un pequeño esquema de los pasos que vas a seguir en la exposición del tema. «Luego sigue ese esquema mientras lo escribes para que no se te olvide ningún detalle. Procura ser claro y breve; hacer bien un examen no consiste en escribir mucho, sino en contestar con precisión a lo que se te pregunta», indica Peralta.

4. Si el primer examen sale mal, pasa página

Puede ser normal que el primer examen salga mal o no tan bien como creíamos. Si es así, es normal que la sensación de inseguridad y los nervios aumenten de cara al resto de las pruebas. Sin embargo, es importante no dejarse llevar para evitar caer en el bucle de negatividad que muchas veces aparece.

«Es fundamental no darle vueltas en exceso a aquellas preguntas que no hemos contestado correctamente. Por otro lado, comentar o contrastar aquellas respuestas que nos han hecho dudar suele aumentar nuestro nivel de ansiedad por lo que sería recomendable evitarlo en la medida de lo posible», concluye Peralta.

FUENTE: lasexta.com