Cada vez es más habitual ver a menores en conciertos, terrazas o museos; analizamos si son los lugares más adecuados para acudir con menores y qué condiciones deben tener para serlo
Colaboración con Elena Hornillo para eldiario.es
Hace unos días, el cantante colombiano Maluma interrumpió su concierto en Ciudad de México para reprender a una asistente que había acudido con su bebé de apenas un año y sin protección auditiva. “¿Usted cree que es una buena idea traer un bebé de un año donde los decibelios están en la puta mierda, donde el sonido está durísimo?”, dijo el artista visiblemente molesto. Más allá de la anécdota viral, lo sucedido abre un debate importante: ¿es seguro y recomendable llevar a bebés y niños pequeños a conciertos u otros planes de adultos?
Como explicó Silvia Álava, doctora en psicología clínica y autora de varios libros de referencia sobre infancia y educación, la respuesta es clara: “Aquí le tenemos que dar la razón a Maluma porque un concierto no está pensado para un bebé”.
Riesgos de llevar a un bebé a un concierto

En el caso concreto del bebé en el concierto, hay tres factores de riesgo principales:
- El ruido excesivo
Los conciertos suelen superar los 100 decibelios, una intensidad que puede dañar el sistema auditivo, especialmente sensible en bebés y niños pequeños. La exposición prolongada a niveles tan altos puede provocar pérdida auditiva irreversible. - El horario inadecuado
La mayoría de los conciertos comienzan tarde, como en este caso, a las 20:00 horas. Para un bebé, esa hora coincide con la rutina del descanso nocturno, y romperla genera sobrecansancio, irritabilidad y problemas de sueño. - El zarandeo y la sobreestimulación
Tal y como señaló el propio artista, el bebé estaba siendo meneado, lo que supone un riesgo de síndrome del bebé sacudido. Este tipo de movimientos bruscos pueden causar lesiones neurológicas graves.
Por todo ello, un concierto de adultos nunca es un entorno adecuado para un bebé.
¿Y los niños más mayores?
El debate se amplía cuando pensamos en niños de 4, 6 o 10 años que, en ocasiones, sí acuden a conciertos acompañados de sus padres. Según los expertos, su asistencia solo debería contemplarse en caso de que el evento esté adaptado para público infantil.
Esto significa:
- Volumen moderado y dentro de los límites recomendados.
- Espacios seguros y controlados.
- Uso obligatorio de protección auditiva homologada (cascos o tapones especiales).
De lo contrario, los riesgos de ruido excesivo, sobreestimulación y fatiga siguen siendo muy altos.
Cómo elegir planes de ocio seguros y divertidos para niños
Los conciertos no son la única actividad en la que padres y madres deben reflexionar sobre la idoneidad de llevar a sus hijos. La clave está en escoger planes que tengan en cuenta su edad, su nivel de desarrollo y sus necesidades.
Algunas recomendaciones de los especialistas son:
- Respetar los horarios infantiles
Evitar actividades nocturnas o muy tardías, cuando los niños ya deberían estar descansando. - Priorizar experiencias educativas y creativas
Museos con talleres, conciertos diseñados para niños, actividades al aire libre o visitas culturales adaptadas son buenas opciones. - Evitar la sobreestimulación
Los lugares muy ruidosos, concurridos o con excesivos estímulos pueden provocar estrés, irritabilidad y alteraciones en el comportamiento. - Incluir momentos de juego libre
Llevar cuentos, juegos de mesa sencillos o fomentar la interacción con otros niños en el mismo plan ayuda a que disfruten más. - Dar ejemplo con hábitos saludables
Como recuerda la pediatra Carmen Fidalgo, los niños aprenden observando. Por eso es importante evitar normalizar conductas poco saludables, como la asociación del ocio adulto con el consumo habitual de alcohol delante de ellos.
La importancia de respetar rutinas y ritmos infantiles
Uno de los errores más frecuentes es pensar que los niños deben adaptarse a la vida adulta, cuando en realidad es al revés. Como explica Silvia Álava: “Te tienes que adaptar a los horarios de ese bebé o de los niños porque no están preparados para seguir los horarios del adulto”.
Romper rutinas de sueño, alimentación o descanso puede tener consecuencias visibles:
- Conductas desafiantes.
- Mayor irritabilidad.
- Llanto constante en los más pequeños.
- Alteraciones en el sueño y en el apetito.
Aunque en vacaciones o épocas especiales se puede ser un poco más flexible, el bienestar infantil debe estar siempre por encima de la comodidad de los adultos.
El ocio familiar debe pensarse desde la mirada del niño
Tener hijos es una experiencia enriquecedora y llena de satisfacciones, pero también implica responsabilidades. Una de ellas es planificar los planes de ocio pensando en la seguridad, la salud y el bienestar de los menores.
Los conciertos y actividades de adultos no son espacios adecuados para bebés ni para niños pequeños. En cambio, existen múltiples alternativas —desde espectáculos infantiles hasta actividades al aire libre— que permiten disfrutar en familia sin poner en riesgo su desarrollo.
“Tener hijos no es obligatorio, pero si decides hacerlo, tienes que ser consciente de que el ocio y los planes cambian: no se trata de que los niños se adapten a ti, sino de que tú te adaptes a ellos”.