El miedo es una emoción natural y, en muchos casos, protectora. Sin embargo, cuando se convierte en el eje de la crianza, puede generar efectos negativos en el desarrollo de los niños. La hipervigilancia y la sobreprotección paterna limitan su autonomía y capacidad de decisión, impidiéndoles desarrollar habilidades esenciales para la vida.
El impacto de la sobreprotección
Muchos padres experimentan miedos al criar a sus hijos, lo que es completamente normal. Sin embargo, cuando estos temores paralizan y condicionan la crianza, pueden derivar en sobreprotección.
“Cuando se es progenitor es normal estar asustado y preguntarse: ‘¿Lo estaré haciendo bien?’. Creer que vamos a criar de forma aséptica, sin dudar ni sentir emociones desagradables, no es objetivo”, comparte la psicóloga Silvia Álava Reyes, especializada en infanto-juvenil. Sin embargo, según matiza, cuando el temor bloquea, paraliza e interfiere en la toma de decisiones e, incluso, se expresa de forma inconsciente se convierte en un problema: “Estos miedos hacen caer a los padres en la sobreprotección excesiva al poner remedios a cosas que ni siquiera han ocurrido”.
Un entorno controlado, pero limitante
La psicóloga explica que cuando se cría desde la hipervigilancia se impide que los pequeños desarrollen su propio potencial y recursos necesarios para desenvolverse en la vida: “Los progenitores resuelven, pero el niño no aprende; además se les enseña que el mundo es hostil y peligroso, por lo que lo más probable es que ese menor a la larga desarrolle otro trastorno como la ansiedad o la depresión”. Además, prosigue Álava, se forja en la crianza un control excesivo, por lo que se toman continuamente decisiones por el menor en lugar de darle autonomía, por el miedo de los adultos a que haga elecciones equivocadas.
Alejandra Melús, experta en Atención Temprana, señala que «el miedo es una emoción natural, pero no debe ser la norma en la crianza». Es fundamental que los padres aprendan a gestionar sus propios temores y adopten estrategias que fomenten la seguridad y autonomía de sus hijos.
El papel de los padres en la gestión del miedo
Un estudio de 2023 publicado en ScienceDirect analiza cómo la ansiedad parental impacta en el desarrollo de los hijos, aumentando el riesgo de problemas emocionales y de conducta. En este sentido, se recomienda implementar intervenciones preventivas y sistémicas que involucren a toda la familia, para evitar la transmisión intergeneracional de la ansiedad.
«Cuando los progenitores no se sienten capacitados para afrontar sus miedos, es importante buscar apoyo y herramientas que fortalezcan su capacidad para criar desde la confianza», sostiene Melús.
Criar desde la confianza y el respeto
El pediatra Carlos González, en su podcast Criando sin miedo, destaca la importancia de la educación basada en el respeto y la validación emocional. Silvia Álava refuerza esta idea al señalar que «los niños perciben los temores de sus padres, y aunque en la adolescencia pueden rebelarse contra ellos, las consecuencias ya las han interiorizado». Por ello, es clave permitir que los menores se hagan responsables de sus decisiones y aprendan a gestionar sus emociones.
En definitiva, la mejor herencia que podemos dejar a nuestros hijos no es solo conocimiento o estabilidad económica, sino una mente libre y un corazón en paz. Criar desde la confianza y el respeto les ayudará a crecer con seguridad, autonomía y bienestar emocional.