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Literatura infantil: miedo, brujas, ogros y autocensura. Colaboración con el diario El Mundo

Los autores de libros para niños y adolescentes lamentan la sobreprotección de los niños y el celo de los editores, que les impide escribir con libertad

Dubravka Ugreic contaba en alguna de sus novelas que, en el viejo idioma serbocroata, no se usa «este bebé duerme como un angelito»; se usa «este bebé duerme como si lo hubieran degollado». ¿Aún se dice así? La frase, tan brutal, suena graciosa de lo anacrónica que es ahora que el problema, para muchos, es la sobreprotección de los niños.

El principio de este cuento está en una entrevista con el escritor peruano Santiago Roncagliolo, hace un año, en la época en la que publicó La noche de los alfileres. Aquella era una novela sobre adolescentes dirigida a adultos en la que los críos se comportaban con refinadísima crueldad… Y eso, sin ser mala gente.

En aquella entrevista, Roncagliolo dejó caer una frase: «Ahora, cuando escribo libros para niños, ¡no me dejan poner malos!». Ni brujas, ni ogros, ni bestias… La culpa, explicaba, la tenía el afán de la sociedad por crear una burbuja para los hijos a costa de obligar a los escritores a crear literatura ñoña. Y que conste que lo malo de esa literatura ñoña no es la opinión que nos merezca. Lo malo es que crea lectores ñoños, niños sin nervio ni reflejos morales.

¿Es así? Roncagliolo se reafirma en un correo y recuerda que ha escrito algún artículo al respecto. ¿Más opiniones? Ana Juan, la ilustradora que estos días muestra su obra en el Museo ABC de Madrid, se indigna en cuanto le tocan el tema. «Claro que es cierto. Nos dirigimos a un mundo imposible en el que todo es censura y autocensura. No puedes poner brujas igual que tampoco puedes poner la palabra revolución ni dibujar a un negro en la portada. Y todo por los miedos de los editores».

Marinella Terzi, que es autora de libros para niños y que ha sido editora, también está de acuerdo pero con matices. El problema, en su opinión, no son los villanos. «Hoy se escriben muchísimas brujas porque el género fantástico ha crecido mucho». El problema está en las situaciones concretas, las conductas, los giros del argumento… «Los editores están muy pendientes de los libros que se distribuyen en las escuelas; los libros de prescripción, más que los de consumo. En esos casos van con muchísimo tiento por no contrariar a los profesores, que son los que deciden qué libro se va a leer». No hay censura «antes de» pero sí hay muchos «oye, dale una vuelta al capítulo seis porque es muy bestia».

Sus palabras recuerdan a las noticias que llegan de vez en cuando desde Estados Unidos y que informan de la decisión de retirar del currículo escolar tal o cual clásico porque es demasiado violento o porque se considera que ofende a los creyentes, a los negros, a las enfermos… La penúltima vez fue con Matar a un ruiseñor de Harper Lee. Esas cosas que ocurren en EEUU… ¿O también pasan aquí?

«Éste es un tema que me escandaliza», dice el escritor Jordi Sierra i Fabra. Con su experiencia, saltamos de la literatra para niños a la de adolescentes, en la que es el autor de más éxito de España. «El problema está en los AMPAS de los colegios. Los profesores están muertos de miedo porque, si recomiendan un libro en el que salga una de las palabras prohibidas, gay, lesbiana, orgasmo o aborto, saben que habrá alguna familia que les monte un lío espantoso. De modo que se autocensuran. Y detrás de ellos, las editoriales se autocensuran y los escritores se autocensuran. Yo he visto que me devolvían 600 ejemplares de un libro porque salía la palabra orgasmo. Me quedé sin un premio porque en otra novela aparecía la palabra aborto. Lo gracioso es que no había ningún aborto en la trama. A mí me da igual porque escribo 10 libros al año y los editores saben que no cambio ni una coma. Pero el escritor que hace un libro al año, si no corta, no cobra».

Para qué sirve un malo

Ahora, falta por demostrar la segunda parte de la tesis: las lecturas ñoñas crean lectores ñoños.

«El villano, tradicionalmente, era un personaje que servía para diferenciar el bien y el mal. Lo propio de la literatura infantil es que la representación del mal venía sin aristas, los personajes estaban completamente polarizados», explica Silvia Álava, psicóloga infantil. «Eso tenía un sentido: conseguir que los niños empezaran a ser críticos».

Álava también cree que, en este momento, «el mayor error es la sobreprotección» y que, sin malos, «los niños no aprenden competencias emocionales y tardan más en alcanzar su autonomía moral». Tardan más en ser autocríticos, en saber cuándo se portan bien o se portan mal.

Pero también hay matices que aclarar. Primero: los malos deben existir, pero también «puede ocurrir que sean tan crueles que traumaticen a los lectores». Cuidado con eso. Y segundo: «Tiene que ganar el bueno. Siempre. El descubrimiento de que en la vida, los malos a veces ganan tiene que venir un poco más adelante».

Ese argumento conduce hasta La bruja debe morir (Destino), un ensayo de Sheldon Cashdan que estudia los significados profundos de los cuentos tradicionales. «Eso de la literatura sin malos… Me parece una mala idea. Todas esas brujas y personajes maléficos existen por una razón sencilla: el mundo está lleno de personajes detestables, desde los matones que acosan a sus compañeros en el colegio hasta los tiranos que gobiernan países. La literatura, la infantil y la de adultos siempre han descrito la lucha entre el bien y el mal, ésa ha sido una de sus funciones». Y hay más motivos: «El editor que inste a sus autores a escribir libros sin villanos, historias purificadas, «se va a encontrar con un catálogo de libros planos que no le interesarán a ningún niño. Piense en Harry Potter sin Lord Voldemort».

Vamos a los ejemplos prácticos: «Estoy convencido de que la literatura tiene una función psicológica. En La bruja debe morir muestro que los cuentos de hadas ayuda a que los niños resuelvan sus problemas relacionados con la avaricia, la envidia, la vanidad y otros sentimientos indeseables. Los niños leen estos cuentos y se identifican inconscientemente con los personajes, proyectan lo que hay de bueno en ellos sobre los héroes y, después, proyectan sus malos sentimientos sobre los villanos. De modo que hay una lucha en la que la bruja o el ogro deben morir. De esa manera, se simboliza el triunfo de los valores positivos sobre los negativos. El niño, al final, se sentirá bien consigo mismo».

«Por eso, la madrastra de Blancanieves es un ejemplo de vanidad. Se pasa el día ante el espejo: ‘Espejito, espejito, ¿quién es la más bella?’. Después, planea asesinar a su hijastra… Con el ogro de Las habichuelas mágicas ocurre lo mismo en relación a la codicia. Los dos personajes deben morir para que el niño tome conciencia de sus impulsos de vanidad y codicia». Pero, para morir, tienen que vivir antes.

Última pregunta: entre el niño que duerme como un angelito y el que duerme como si lo hubieran degollado, ¿no hay nada en medio? Un punto justo en el que los malos existan y enseñen pero no sean tan pérfidos como para que los niños se despierten por las noches dando gritos…

Cashdan se acuerda de Wicked: memorias de una bruja mala de Gregory Maguire, un best seller de los años 90 que se basaba en los personajes y los escenarios de El mago de Oz. «En ese libro, Elphaba, la Malvada Bruja del Oeste, se hacía amiga de Dorothy a pesar de que su aspecto y sus maneras coincidían con la imagen tradicional que tenemos de una bruja mala». Y allí, la transgresión salía extrañamente bien. Pero esos matices no son normales en los cuentos infantiles. Cashdan se acuerda entonces del Dr. Jekyll y Mr. Hyde y de El retrato de Dorian Grey, llenos de zonas equívocas. «Pero, claro, eso es literatura para adultos».

Adultos y niños: hoy es el día mundial de la literatura infantil. Que esta noche lean juntos y que los ogros que salgan no les asusten mucho.

 

FUENTE: DIARIO EL MUNDO

Viernes de Podcast: “Cómo fomentar la lectura en los niños” Colaboración con Capital Emocional de Capital Radio

Y ésto significa que, a partir de este momento, ponemos en valor la educación de los hijos y la calidad del tiempo que los padres emplean en ello: su bienestar es el nuestro y su educación emocional nuestra prioridad inmediata:

 

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En el “Capital Emocional” de hoy abordamos uno de nuestros temas de base: la lectura. Los libros y la lectura son, en esencia, uno de los pilares fundamentales del programa y, por ello, desde nuestra sección “Educa” queremos aprovechar la oportunidad para lograr justamente eso: educar, promover, potenciar e incentivar la necesidad de que los niños lean, desarrollen su imaginación y den rienda suelta a su creatividad.

Cómo hacer, conocer cuál es la edad idónea para cada libro, saber hasta qué punto el entorno familiar influye o qué consejos son los más acertados para lograrlo de manera eficaz, son algunos de los temas que trataremos hoy con, nuestra psicóloga de cabecera, Silvia Álava Sordo, psicóloga, conferenciante y escritora. Directora del área infantil del Centro de Psicología Álava Reyes. Y autora de los libros: “Queremos hijos felices. Lo que nunca nos enseñaron. De 0 a 6 años” (2014) y “Queremos que crezcan felices. De la infancia a la adolescencia” (2015).

Normas y límites: ¿Qué deben saber los padres? Colaboración con InfoSalus

Los niños necesitan que los adultos y el entorno les vayan guiando y les digan si se están comportando de forma correcta o no, aprender las normas básicas de educación, el respeto a los demás y la importancia del esfuerzo y la constancia. Pero ¿cuál es la mejor forma de hacerlo sin ser demasiado restrictivos o permisivos?

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Según explica a Infosalus Silvia Álava, psicóloga infantil y autora de ‘Queremos que crezcan felices. De la infancia a la adolescencia’ (JdeJ Editores, 2015), muchos padres tienen miedo a poner normas y límites a sus hijos porque tienen la creencia errónea de que poner normas y límites a los niños sería como vivir en una dictadura militar en la que ellos son los autoritarios y dictadores.

«Sin embargo, esto no es así, los niños deben saber qué se puede hacer y qué no. Las normas y límites son como los carriles de la autopista por los que sabes que debes ir para no tener un accidente de tráfico», apunta la autora, responsable del Área Infantil del Centro de Psicología Álava Reyes.

Estos límites y normas son del tipo no pegar, no faltar al respeto o no montar una pataleta desproporcionada. Los límites y normas se refieren a cosas muy básicas y deben ser solo unas pocas porque si son muchas los niños las olvidan, así que es mejor instaurar una que aglutine a muchas, como por ejemplo ‘se obedece a la primera’.

«Es bueno explicarles que en casa hay normas y límites y para ello, hacer por ejemplo una reunión familiar en la que los padres se presenten como un bloque», apunta la psicóloga que señala que ambos progenitores deben consensuar en privado qué comentar a los hijos.

Pero ¿qué pasa si no se ponen estas normas y límites? Las consecuencias para Álava son que si los niños crecen sin estos límites y normas no las interiorizan y son rechazados por sus iguales: si pega, no trabaja, falta al respeto, puede tener problemas de socialización y los niños, sus iguales, pueden no querer relacionarse con él.

PASOS A SEGUIR PARA INSTAURAR NORMAS Y LÍMITES

  1. La psicóloga infantil indica a Infosalus algunos consejos para que implantar normas y límites saludables en el día a día de los más pequeño sea más fácil y eficaz:

    1. Pensar qué tiene que hacer el niño: para ello los padres se tienen que poner de acuerdo y hacerlo a solas porque si hay incongruencias en la forma de actuar, los niños las detectan y el resultado puede no ser el deseado.
    2. Cómo tiene el niño que realizar aquello que se le pide: según su edad le podremos pedir más o menos, así por ejemplo, con dos años, realizaremos con él la tarea, con cuatro le diremos que lo haga él mientras estamos cerca observándole y con seis debería hacerlo él solo.
    3. Establecer consecuencias: siempre enunciarlas en positivo ya que al final las amenazas y las regañinas hacen que estemos más pendientes de ellos y les dediquemos el tiempo que desean, aunque sea en negativo.
    4. Transmitir firmeza: con ello el niño entenderá que estamos seguros de lo que le pedimos y es importante para ello la constancia y no mostrarnos enfadados, emplear gritos ni amenazas. «Si monta una pataleta y cedemos, agravamos el problema y reforzamos su conducta, por lo que la próxima vez será más difícil que realice la tarea», señala Álava.

    EVITAR COMPARACIONES ENTRE HERMANOS

Hay que observar qué dice y hace el niño y cómo le contestamos y si le prestamos más atención cuando no cumple con las reglas. «Tenemos que tener cuidado porque sin querer podemos prestar más atención al niño que no cumple las normas. Hay que evitar los enfados y castigos», apunta la psicóloga que acentúa la necesidad de transmitir al niño que si se cumplen las normas se les prestará la atención que desean.

«No se trata de comparar entre hermanos, hay que tener especial cuidado con esto ya que resulta contraproducente», en vez de ello, Álava señala que es mejor dirigirles mensajes como ‘estoy con el que cumple las normas’ y no dejar al otro hermano seguir con su actividad sin cumplir con la tarea que le corresponde, en ese caso es mejor retirar el juguete, la tele o la tableta, según el caso.

Otro truco que apunta la psicóloga infantil como ayuda para los padres con los niños más reticentes es incluir una actividad reforzante que dure unos minutos después de la tarea a cumplir que más cuesta para incentivar al pequeño en el cumplimiento de las normas.

Por último, entre las reglas principales para conseguir asentar los límites y normas entre los peques está el «reconocer su logro siempre que hayan obedecido y decirles lo orgullosos que nos sentimos cuando se portan bien», concluye en las páginas del libro dedicadas a este tema la autora.

FUENTE: infosalus.com

Los padres no suelen preocuparse tanto cuando es su hijo quien ejerce el acoso. Colaboración con TodoPapás

La psicóloga Silvia Álava nos habla sobre salud emocional de los padres, sobre el importante papel de las amistades en los niños o sobre qué podemos hacer cuando nuestro hijo es víctima de acoso escolar o cuando lo está ejerciendo.

¿Cómo cambia la forma de educar cuando un niño alcanza la época autónoma en torno a los 8 años? ¿Qué puedo hacer si mi hijo sufre bullying? ¿Y si él/ella es el que lo ejerce? ¿Cómo puedo cuidar mi salud emocional y evitar desgastarme criando a mi hijo? ¿Qué puedo hacer para fomentar amistades en mi hijo?

La psicóloga Silvia Álava, autora de autora de ‘Queremos hijos felices. Lo que nunca nos enseñaron’ y ‘Queremos que crezcan felices. De la infancia a la adolescencia’, que ya nos habló de felicidad sin sobreprotección o de los beneficioso de que los niños se aburran, nos responde.

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Con los 7-8 años de los niños se alcanza una nueva etapa. Aún son niños, pero también su propia autonomía e independencia empiezan a emerger. ¿En qué cambia la manera de ser madre y padre en este periodo? ¿Qué consejos das para poner límites en esta etapa?

A partir de los 7-8 años los niños son mucho más autónomos y cada vez van necesitando menos a sus padres para las cuestiones de autonomía, así, por ejemplo, se duchan solos, se visten solos… pero hay que seguir acompañándoles en el proceso y seguir fomentando que sean responsables, por ejemplo, siendo ellos los que apunten en la agenda los deberes y las tareas a realizar, haciendo los deberes solos…

Cada padre, cada madre, tiene que decidir cuáles son las normas y los límites y ponerse de acuerdo entre ellos. En educación la estrategia “poli bueno, poli malo”, no funciona. A los niños les da mucha más seguridad que sus padres sigan ambos la misma pauta educativa. No obstante, normas como no gritar, no faltar al respeto… es conveniente que sigan presentes a lo largo de toda la convivencia familiar.

Los amigos tienen un importante papel en el desarrollo de los niños. ¿Qué papel podemos tener los padres en este aspecto (potenciando ciertas amistades, intentando evitar otras que creemos negativas…)?

Tener amigos es algo fundamental de la vida, hay una frase que dice que “quien tiene un amigo tiene un tesoro” y es cierto. De hecho, está demostrado que tener relaciones sociales de calidad y buenos amigos es un factor predictor de la felicidad. Por eso conviene fomentar que los niños tengan amigos desde bien pequeños, pero sin forzar las situaciones.

Cuando los niños son muy pequeños juegan junto a otros niños, luego ya empieza a haber un juego compartido. En un primer momento los amigos de los niños son circunstanciales, es decir, sus amigos son los niños que tiene cerca, como pueden ser los niños con lo que va a una actividad, con los que coincide en el parque, los compañeros de clase o los hijos de amigos de sus padres, pero según va creciendo, será el propio niño quien en función de sus intereses elegirá a sus propios amigos.

Los padres pueden hacer muchas cosas para fomentar las amistades en sus hijos, por ejemplo:

  • A través del modelo que todo padre y madre es para su hijo, que los niños vean que sus padres tienen amigos, quedan con ellos, hacen cosas juntos, se ayudan y se respetan.
  • Fomentando que estén con más niños, cuando son pequeños en el parque o apuntándoles a actividades deportivas.
  • Permitiendo que, de vez en cuando, pueda invitar a algún amigo o amiga a jugar a casa.
  • Lo que no suele ser conveniente es forzar la amistad con un determinado niño cuyos padres pueden ser muy amigos nuestros, pero que los niños no congenien, o prohibir ir con determinados niños o niñas.
  • Si no nos gustan los amigos de nuestros hijos, será más beneficioso explicarles las conductas concretas que no nos parecen bien de esos niños, para que el niño o niña lo entienda y se dé cuenta, que prohibirle directamente que sean amigos.

 

En tu libro hablas de algo que a veces se pasa por alto: el desgaste emocional de ser madre o padre. ¿Qué pautas puedes dar para gestionarlo o evitarlo?

Muchos padres nos comentan en la consulta de psicología, que al final consiguen que sus hijos hagan los deberes, se duchen, cenen, salgan de casa a su hora… pero con un gran desgaste emocional. De nuevo, en estos casos les pedimos que observen qué es lo que está pasando, y nos damos cuenta que los niños se han acostumbrado a que estén papá y mamá encima para funcionar. Algunos cambios simples, pero efectivos, son:

  • Prestar más atención a los niños cuando obedecen que cuando no lo hacen.
  • Pedirles las cosas con tiempo, para evitar que las prisas generen una importante carga de estrés tanto en los padres como en los niños. Es mejor acostarles antes por la noche y levantarse por la mañana con tiempo de vestirse, desayunar, lavarse los dientes… que, por dejarles dormir un rato más, luego estemos estresados desde que nos despertamos.
  • Hacer un pacto: obedecemos a la primera y el tiempo que antes empleábamos en regañinas y enfados, lo cambiamos por unos minutos de juego juntos.

 

¿Crees que los padres intentan llegar a más de lo que pueden? ¿Cómo pueden “elegir sus batallas”?

En ocasiones es cierto que los padres se agotan porque no aprenden a distinguir lo que es importante de lo que no lo es y eso les hace participar en un sin fin de batallas diarias. Establecer las normas y los límites puede ayudarnos a valorar en qué cosas entrar y en cuáles no. Por ejemplo, hacer los deberes es algo obligatorio, o ir al colegio, pero no perdamos las fuerzas en conseguir que el niño o la niña realice una actividad extraescolar que no quiere o él no ha elegido.

 

Se estima que más del 50% de los menores y el 30% de los adolescentes sufre algún tipo de acoso ¿Qué papel tienen los padres en estos casos? ¿Cómo recomiendas actuar ante la noticia de que tu hijo puede estar sufriendo bullying?

Es importante fomentar la comunicación con nuestros hijos, para que se sientan libres de contar cualquier cosa que les ocurra en el colegio o donde sea. Que vean que sus comportamientos y sentimientos no van a ser juzgados y, sobre todo, que se puedan sentir comprendidos.

También es fundamental trabajar la autoestima de los niños, para que se sientan seguros, y el comportamiento asertivo, que sepan decir lo que quieren, lo que sienten, sin imponerse a los demás, pero sin callarse. Y por supuesto, no podemos olvidar, que los niños cuyos padres tienen un estilo educativo basado en la sobreprotección, es más probable que sean víctimas de acoso, por eso hay que trabajar con los niños para que desde pequeños sean autónomos, seguros y asertivos y que cuenten con las competencias emocionales para desenvolverse con éxito en la vida.

Por último, ¿qué se puede hacer cuando es tu hijo/a es el que ejerce el acoso?

Los padres suelen preocuparse mucho cuando sus hijos son víctimas de acoso y no tanto cuando son los acosadores. Y esto es algo que debe de cambiar. En un porcentaje muy elevado de los casos con una regañina y una charla se da por cerrada la cuestión, cuando hay que trabajar con estos chicos y chicas.

Hay que enseñarles a ser empáticos y a que se pongan en lugar del otro, a ser asertivos, y que aprendan a sustituir sus comportamientos agresivos por conductas asertivas y, sobre todo, se debe insistir mucho en el trabajo de la inteligencia emocional. Se trata de enseñarles a identificar tanto sus emociones como las de los demás, a facilitar emociones positivas, a comprender las emociones y a regularlas. El trabajo de autocontrol suele ser fundamental en estos casos.

FUENTE: TodoPapas.com

 

El entorno: Un constante educador. Resumen de la Jornada EducAcción: Somos lo que aprendemos. V Encuentro con la Psicología: 5 Problemas 5 Respuestas

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El entorno: Un constante educador

Este es el tema de la “3ª sesión del V5x5 titulado este año “EducAcción: Somos lo que aprendemos” organizado por el Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid, La Casa del Libro y dirigido y presentado por Lecina Fernández.

Para iniciar la tarde se proyectó la película Big Fish  porque el cine es el Arte que nos acompaña en este V Encuentro.

Lecina Fernández abrió la tarde presentando la importancia del entorno en la educación por la interacción constante personas-entorno y viceversa, y la presentación de los ponentes.

Silvia Álava Sordo, psicóloga, nos comentó que la educación es el soporte de una sociedad mejor. Es fundamental pararse a observar, qué hacemos, qué decimos, cómo contestamos a los niños y cuál es el modelo que les ofrecemos, dado que los niños copiarán a sus adultos de referencia: padres y maestros.

somos-lo-que-aprendemos-maria-acasoMaría Acaso, profesora,  expuso la rEDUvolution (la revolución educativa) que apunta a la necesidad de ejecutar una transformación real en los espacios educativos a través de cinco ejes clave: 1)Aceptar que lo que enseñamos no es lo que los estudiantes aprenden. 2)Cambiar las dinámicas de poder. 3)Habitar el aula. 4)Pasar del simulacro a la experiencia y 5)Dejar de evaluar para pasar a investigar.

Animamos a todos a poner en marcha con mucha ilusióntodo lo a-prendido.
¡Gracias a todos!

Podéis leer esto y muchas más cosas muy interesantes en la página web de Lecina Fernández, organizadora de las jornadas: lecina.es

Viernes de podcast: ¿Cómo trabajar la Inteligencia Emocional con los niños? Programa Capital Emocional en Capital Radio

Iniciamos una nueva sección los viernes con los podcast de mis colaboraciones. Pincha en la imagen para escuchar el podcast del programa en la web de Capital Radio:

Capital Emocional 4 de mayo 16- Capital Radio - Silvia Álava

Los 7 errores (con solución) más comunes en la vuelta al cole. Colaboración con MujerHoy

Cuenta atrás. Los niños están de los nervios en los días previos al comienzo de curso, no porque tengan ganas de retomar la actividad escolar, sino porque las largas vacaciones de verano han trastocado sus hábitos.

Digamos que el cuerpo y la mente de los «peques» piden «cole» a gritos o lo que es lo mismo, necesitan rutinas, horarios y disciplina.

vuelta al coleEn esta particular cuenta atrás no son poco los adultos que, en lugar de ayudar a los niños a que la vuelta al cole les resulte más llevadera y «preparatoria», provocan con su forma de hablar y de actuar, que se les haga aún más cuesta arriba. Con la ayuda de la psicóloga infantil Silvia Álava Sordo, autora de ‘Queremos hijos felices’ y ‘Queremos que crezcan felices’, repasamos los siete errores más comunes que suelen cometer los padres en el arranque de septiembre:

1. Exprimir al máximo las vacaciones, pero no en el sentido positivo, sino mostrando demasiada laxitud con los horarios: los niños se acuestan tarde, comen a deshora y comen lo que quieren.

  • Solución: Ajustar los horarios y hábitos de forma paulatina a los que tendrán en la etapa escolar. «No sólo hablamos de los ritmos de vigilia y sueño y las comidas, sino también de aquellas tareas que habitualmente hacían solos como vestirse y que, de alguna manera, se han relajado durante las vacaciones», explica la psicóloga.

2. Transmitir mensajes de apatía, angustia o cansancio. En estos días son comunes por parte de los padres, en cualquier tipo de conversación, frases como: «Ay, qué horror la vuelta al trabajo», «Ya se ha acabado lo bueno» y otras expresiones que hacen que ellos se queden con el mensaje de que lo malo es el colegio y trabajar y lo bueno, las vacaciones. «Los niños nos ganan con creces en capacidad de observación. Se dan cuenta de todo lo que pasa y cuando nos oyen hablar sobre un determinado tema captan los mensajes perfectamente, aunque nos creamos que no», explica.

  • Solución: Los mensajes relacionados con la vuelta al cole y al trabajo han de transmitirse en positivo. Serán útiles frases del tipo: «¡Qué bien que vuelvas pronto al cole porque allí te encontrarás con tus amigos de nuevo, les podrás contar lo bien que lo has pasado en verano. Podrás hacer nuevos amigos y este curso aprenderás un montón de cosas que te van a encantar!». La experta comenta que, no se trata de transmitir «el mundo piruleta», pero sí que es importante que todos los mensajes sean realistas, pero optimistas.

3. Dejar los preparativos escolares para última hora. A los niños les transmite mucha más seguridad y tranquililidad que los libros, el uniforme (si lo llevan), la ropa que van a necesitar y el material escolar básico esté preparado días antes del primer día de colegio.

  • Solución: Preparar con varios días de antelación lo que los niños tienen que llevar en el primer día de colegio. Llevar las cosas preparadas no sólo les da seguridad, sino que además les ayuda a que aprendan a planificarse.

4. No dejar que el niño participe en los preparativos. Eso de «Venga, ahí lo tienes todo para cuando vayas al colegio» es un gran error.

  • Solución: Es importante que el niño acompañe al adulto en alguna de las tareas que forman parte de los preparativos (no es necesario en todas, claro), por ejemplo, a recoger alguno de los libros, o a adquirir parte del material, o puede resultar útil y positivo (además de que supone pasar un «momento único» con ellos) que ayude a poner el nombre en los libros o fichas, o a que participe a la hora de forrar o proteger los libros y cuadernos.

5. No aprovechar los materiales o cosas del año pasado. Hay que mostrar a los niños que las cosas tienen un valor material y que es importantes conservarlas y cuidarlas para poder usarlas durante mucho tiempo. Aunque es cierto que en el arranque de curso se suelen comprar muchas cosas nuevas que se necesitan, otras compras son totalmente accesorias.

  • Solución: Mostrar al niño que si, por ejemplo, la mochila o el estuche están eb buen estado, no es necesario comprar otro. Darles ejemplo en ese sentido les ayuda a valorar las cosas y a entender que el dinero no crece de los árboles.

6. Recordarles los errores del pasado. «Acuérdate de la cantidad de veces que perdiste la agenda», «Este año espero que no te castiguen tanto como el año pasado», «Seguro que tendré que comprar este año más pantalones porque eres un desastre y siempre estás por el suelo» son auténticos mazazos para el niño.

  • Solución: Si nos vienen a la mente esos recuerdos, es importante darles la vuelta para transmitirlos en positivo, mostrando la confianza de que lo que trae este año escolar en una mejora en las capacidades, habilidades, actitudes y comportamientos del niño.

7. Llegar tarde el día de la vuelta al cole. El día en el que arranca de nuevo la etapa escolar lo ideal sería que papá o mamá (o los dos) acompañasen al pequeño al centro. En el caso de que sea posible, es importante llegar con tiempo para que el niño pueda saludar a sus amigos, saber en qué clase le ha tocado, intercambiemos saludos y comentarios con otros padres y con la profesora, si es posible. o importante llegar con tiempo, para que el niño pueda saludar a sus amigos, para que se pueda incorporar, saber en qué clase le ha tocado….

  • Solución: Al igual que en otros puntos citados anteriormente la organización y planificación es algo en lo que los adultos debemos darles ejemplo.

Y por último, pedimos a la experta un consejo extra para los padres que están más nerviosos en estos días, aquellos que llevan a sus hijos por primera vez al colegio. «En este caso es importante que cuiden el modo en el que se despiden del pequeño cuando lo dejan en el colegio. Sabemos que cuesta separarse de él, pero es mejor que le lleven de la mano, en lugar de en brazos, que saluden a la profesora con alegría y tranquilidad y que hagan lo más corta posible la despedida. Los padres suelen tener mucha más angustia ese día que los niños. Deben trabajar su rostro, sus gestos y sus palabras para evitar transmitirles angustia o tristeza. Los niños confían en sus padres y si les ven tristes interpretarán que el lugar en el que les dejan no es lo mejor para ellos», explica.

¿Necesitan los más pequeños un teléfono móvil?

RIESGOS DE INTERNET. LOS NIÑOS NO DEBEN QUEMAR ETAPAS. EL MAL USO DE LA TECNOLOGÍA AL EXPONERSE A CONTENIDOS INADECUADOS PUEDE ARREBATARLES SU INOCENCIA Y EXPONERLOS A PELIGROS MAYORES.

Portada Queremos que Crezcan_felicesA los más pequeños de la casa no les hace falta un teléfono móvil para sobrevivir. Así de claro. No lo digo yo, sino la psicóloga Silvia Álava, que en su libro “Queremos que crezcan felices” da un pequeño tirón de orejas a los padres por nuestra excesiva permisividad con el uso de las tecnologías.

Su teoría es clara: si nos pasamos el día advirtiéndoles de los peligros de la calle, si no les dejamos ir solos ni a la vuelta de la esquina, ¿por qué les permitimos navegar en solitario por Internet?

«Los niños no están preparados para tener un teléfono móvil ni para el uso de las redes sociales. Debemos marcarles unas pautas y cerciorarnos de que las cumplan», asegura Álava en el libro.

Es cierto que estamos ante una generación de nativos digitales y que no podemos permanecer ajenos a las tecnologías, pero creo que en ocasiones las cosas se nos están yendo de las manos. ¿Es normal que bebés de año y medio cuenten ya con su propia tableta? Álava recomienda aguardar hasta los 14 años para empezar a tener móvil, una espera que a muchos se nos antoja larguísima. De hecho, pese a mi radical oposición, logré aguantar hasta que mi hija tuvo 11 años para comprarle el dichoso aparato, lo que dice bastante poco en favor de mi firmeza como madre. Eso sí, pacté unas estrictas condiciones: el teléfono solo se utiliza el fin de semana y no tiene redes sociales ni tarjeta de datos.

Las redes sociales conllevan bastante peligros. Los periodistas sabemos muy bien que una metedura de pata te puede costar la reputación de toda una vida. Si nosotros, adultos con experiencia, pensamos una y tres veces a la hora de escribir un mensaje, ¿tiene la madurez suficiente un niño de nueve años para subir una foto en Facebok? ¿Y si cuelga de manera inocente la foto de su herma- no llorando y éste se convierte en objeto de burlas en el colegio?

Niños e internet

Conozco bastantes problemas provocados por el mal uso de redes sociales. Imágenes inapropiadas, perfiles falsos creados para desacreditar a la gente.

Fue un buen día en el que mi marido cogió la tableta y comprobó estupefacto que el historial estaba repleto de contenidos porno. Mi hija y su amiga se habían dedicado a investigar en Google sobre el término pene y sus derivados y, a sus nueve años, habían visto escenas inapropiadas.

Pensé: ¡Si esto me sucede con nueve, qué es lo que me quedará por ver a los 15! Desde entonces, estoy bastante alerta y procuro que permanezcan el menor tiempo posible delante de la tableta y el móvil.

Sé que pueden ser muy útiles para el entretenimiento y el aprendizaje con juegos y vídeos educativos, pero, en otros aspectos, considero que les roban a nuestros hijos parte de la infancia y de la inocencia.

 

FUENTE: Opinion.com

Un verano sin prisas. Colaboración con la revista MujerHoy

Tras un fin de curso casi agónico,ha llegado el momento de parar. Los niños han acabado agotados. ¿Por qué te empeñas en convertir sus vacaciones en otra carrera? ¿Están acabando los hiperpadres con el verano?

Un verano sin prisas

Así se han pasado los niños españoles los últimos nueve meses: engullendo el desayuno a toda prisa, vistiéndose a matacaballo, saliendo de casa a toda velocidad para no llegar tarde al colegio; encadenando cinco horas de clases con otras dos (como media) de extraescolares, siempre volando de una obligación a otra porque el coche está en doble fila. Y después a casa corriendo porque todavía hay que hacer los deberes, bañarse, cenar… Y así un día tras otro, tras otro, tras otro.

Cumplen con un agenda tan apretada que pondría en serios apuros a muchos adultos. ¿Resultado? Los escolares han llegado a la meta del verano con la lengua fuera. Lo hemos comprobado. Después de un fin de curso casi agónico, con exámenes y tareas un día sí y otro también, Amanda, de 13 años, no encuentra las fuerzas para salir de la cama el primer día de las vacaciones.

Ni rastro de ese entusiasmo lleno de energía que le presuponemos a la recién estrenada libertad. «¿Qué es lo primero que harás ahora que no hay que ir a clase?», preguntamos. «Nada, no quiero hacer nada», es su respuesta mientras deambula, en modo zombie, de la cama directamente al sofá. Su lenguaje verbal y corporal lo está diciendo a gritos. Está agotada.

Los «hiperpadres» están creando un nuevo tipo de niñez, la del «hijo dirigido»

Según la Sociedad Española de Estudios de Ansiedad y Estrés, más del 8% de la población infantil y el 20% de los adolescentes es víctima de estos males, y la cifra sigue aumentando. Las consultas de psicólogos han notado el incremento y eso, advierten, que muchos menores ni siquiera saben que eso que les pasa se llama estrés. Y como no saben verbalizarlo tampoco pueden pedir ayuda.

«Pretendemos que lleven el ritmo de vida de los adultos y no nos damos cuenta de que no están preparados, de que no tienen ni los mecanismos de los mayores, ni sus estrategias para regular el estrés y la ansiedad», advierte la psicóloga Silvia Álava, directora del Área Infantil Centro de Psicología Álava Reyes y autora del libro Queremos que crezcan felices. De la infancia a la adolescencia (JdeJ Editores).

Por eso, cuando soportan una gran carga de presión, es muy habitual que lo somaticen y su malestar acabe manifestándose en forma de irritabilidad, tics, comportamientos regresivos (chuparse el dedo o hacerse pis en la cama) y también de dolor de tripa, de cabeza… En los adolescentes se acentúa ese carácter huraño y esquivo, se cierran (aún más) en sí mismos, se vuelven desafiantes, rehúyen la comunicación y resuenan los portazos. Es su manera de decir: «¡Estoy harto!».

Las causas son muchas veces inevitables: separaciones, mudanzas y cambios de todo tipo (de casa, de ciudad, de colegio, de amigos y hasta las transformaciones físicas que implica crecer) son terreno abonado para el estrés, que no es otra cosa que la manifestación de la dificultad para adaptarse. Pero, sobre todo, hay que buscarlas en la falta de sueño, las prisas y «unos padres con niveles de ansiedad muy altos», señala Álava.

¿Hasta el infinito… y más alla?

Está claro que la preocupación por «el futuro» de nuestros hijos multiplica su nivel de competitividad a edades cada vez más tempranas: se les exigen cada vez más conocimientos, cada vez mayores aptitudes, cada vez mejores resultados.

Carl Honoré, que se hizo célebre por su libro Elogio de la lentitud, escribió también Bajo presión, en el que señala cómo el empeño por sacar lo máximo de los hijos ha llegado a límites exagerados. «Queremos que sean los mejores en todo: que sean artistas, buenos estudiantes y deportistas, y que su vida discurra sin dificultades, dolor ni fracasos».

El tiempo libre es tan escaso que, cuando lo tienen, no saben gestionarlo.

El autor, que también es padre, defiende la tesis de que la infancia ha sido secuestrada por una generación de «hiperpadres», que están creando un nuevo tipo de niñez que califica como la del «niño dirigido»: los pequeños son ahora objeto de mayor preocupación e intervención por parte de los adultos que en cualquier otro momento de la historia, y son educados según un plan maestro en el que el fracaso no está previsto.

Y así las cosas, sentirse incapaces de cumplir con tantas expectativas puede interferir en su correcto desarrollo y provocar frustración y rabia, baja autoestima, dependencia, inseguridad y falta de confianza, pobre asertividad, tristeza, insomnio, bajo rendimiento, miedo, angustia, ansiedad, depresión… ¡STOP! Estamos en vacaciones, el momento de vivir los días en slow motion, de apagar el fuego de esa olla a presión y de volver a poner a cero el contador del estrés.

A Carla, la hermana pequeña de Amanda, le gusta montar a caballo, patinar, sacar a pasear a su perro, nadar… Pero ante la pregunta de a qué quiere dedicar el largo estío, reniega de sus aficiones y responde en la misma dirección que su hermana: «A descansar», dice escueta y clara. Aunque muchas de sus intenciones se estampan contra los planes y las necesidades organizativas de los padres, que van, directamente, en la dirección opuesta: campamentos, deportes, cursillos, idiomas, talleres, viajes, cuadernos de repaso…

Aún no han hecho más que empezar y todas las vacaciones de los niños ya están programadas. Es cierto que, en la mayoría de los casos no queda otra porque hay que hacerlas encajar, sí o sí, con el trabajo de los padres y otras circunstancias. Pero, en la medida de lo posible, conviene no alejarse demasiado de algunos requerimientos mínimos.

Por ejemplo, la elección de actividades debe realizarse de forma conjunta entre padres e hijos, teniendo en cuenta sus gustos, sus preferencias y su carácter. Además, el contenido debe ser eminentemente lúdico y, a ser posible, al aire libre. Otras pautas básicas: respetar el horario de las comidas y los ritmos de sueño de los niños, y proponerles actividades al aire libre y deportes… «Conocemos los beneficios del deporte tanto en la salud como en el estado de ánimo – afirma Álava-, y también es una buena herramienta para liberar el estrés acumulado. Pero no le sobrecargues de actividades, no es necesario ir corriendo de un sitio a otro. Procura que esté siempre con más niños. Recuerda que la risa también ayuda a relajarnos y liberarnos del estrés».

Los niños siguen necesitando sus rutinas, sus límites y sus obligaciones

Las vacaciones, para ellos como para nosotros, son para desconectar de las tareas cotidianas y saltarse algunas normas, pero sin perder de vista que, para sentirse seguros y felices, los niños siguen necesitando sus rutinas, sus límites y sus obligaciones: si se ha comprometido con alguna actividad, tendrá que asistir y también cumplir con las tareas domésticas o responsabilidades que le sean asignadas.

¿Y qué pasa con los famosos cuadernillos de vacaciones y las tareas de repaso? La experta responde: «En vacaciones los niños tienen que descansar del curso, pero eso no significa que el cerebro no siga trabajando o que se tenga que frenar el aprendizaje. Los niños pueden seguir aprendiendo a través de los juegos: con las cartas, por ejemplo, trabajan la atención dividida; los juegos de mesa son muy buenos para trabajar la atención sostenida y el seguimiento de las normas; y el tres en raya para mejorar la planificación y el uso de estrategias…».

Esa es la clave: jugar. Porque jugando se instruyen en valores, entrenan aptitudes y, además, fulminan el estrés. Aunque también hace milagros la opción contraria: el aburrimiento.

Vacaciones reales, no virtuales

Para nadie es un secreto que los niños pasan ya más tiempo navegando en internet que viendo la televisión. Lo realmente alarmante es que el tiempo que pasan diariamente delante de una pantalla llega a una media de cinco horas. Atención: los profesionales advierten que, antes que relajarlos, el abuso de la tecnología puede generar también mucho estrés.

  • Dónde, cuándo y cómo. Ni en la mesa, ni en la cama, ni en clase. Los hábitos se forman en la infancia y perduran para toda la vida. Por eso conviene establecer normas sobre el uso de la tecnología. No prohibir su uso, sino establecer límites.
  • Predicar con el ejemplo. ¿Qué autoridad puede tener un padre que le pide a su hijo que coma verduras si él mismo no las prueba? Con la tecnología pasa igual: los chavales no soltarán el móvil si los padres nos pasamos todo el día enganchados a la pantallita.
  • Tiempo muerto. Las actividades no virtuales, individuales o en familia, tienen que primar en el tiempo de ocio: un deporte, un juego, charlar, cocinar… Se puede, incluso, ver una película, pero sin ningún dispositivo electrónico a mano.
  • Atento a las señales. Si abandona aficiones que antes le encantaban, si se aísla y deja de ver a sus amigos, si pasa mucho tiempo hablando del juego de moda, si se enfada, se pone triste o violento cuando le pides que apague cualquier aparato… ¡Ojo! Estás ante una posible adicción y hay que tomar medidas: poner una clave de acceso a los dispositivos, para controlar su uso; no permitir juegos que no sean aptos para su edad; dejárselos solo cuando haya cumplido su obligaciones; y pactar la hora en que se va a terminar el juego sin derecho a prórroga.

Dolce far niente…

No nos costará mucho rememorar esas laaaaargas tardes de verano de nuestra infancia. La hora de la siesta en la que teníamos la impresión de que los minutos no pasaban nunca y el mundo entero parecía aletargado y sumido en un silencio apenas interrumpido por retazos del Tour de Francia en alguna televisión cercana. Era el momento más tedioso del día. Con demasiado calor para hacer cualquier cosa, los niños dejábamos transcurrir el tiempo viendo pasar las moscas. Literalmente. Calor, moscas y aburrimiento. Hoy, el tiempo libre es para los chavales un bien tan escaso que, cuando lo tienen, acaban por no saber gestionarlo.

Cuando un niño se aburre nos saltan todas las alarmas… Padecemos horror vacui parental. Pero la realidad es que no pasa nada porque se aburran. «La única persona que tenemos garantizado que nos va a acompañar el resto de nuestra vida somos nosotros mismos, así que conviene que ellos aprendan a estar a gusto consigo y a ser autónomos a la hora de entretenerse», recomienda Álava.

Los ratitos de soledad y aburrimiento suponen un descanso necesario para la mente, que, al desconectarse de las tareas impuestas (aunque sean de ocio), puede vagar libremente, soñar, fantasear, improvisar… Y pueden ser enormemente productivos: estimulan la creatividad, la autonomía, la resistencia a la frustración, la capacidad de resolución de problemas y la motivación. Cualidades, todas ellas, por cierto, muy valoradas en cualquier MBA ejecutivo. Por si a algún padre le parece que su hijo está perdiendo un tiempo precioso y necesita justificar su aburrimiento.

 

FUENTE: Revista MujerHoy

Lo que hay que hacer y lo que NO hay que hacer en caso de rabietas infantiles. Colaboración con Papás e Hijos

Duda de un lector a Silvia Álava, psicóloga Directora del Área Infantil del Centro de Psicología Álava Reyes. Además de la autora del libro: “Queremos Hijos Felices. Lo que nunca nos enseñaron”.

Hola Doctora, le escribo para hacer una consulta.

Tengo un niño de 2 años de edad, desde hace una semana se esta despertando en la noche y comienza a hacer rabietas, comienza a llorar y llorar, tira la cabeza hacia atrás, tira patadas, le hemos pegado pero creo que eso no es la manera correcta.

Algunas veces este cuadro también lo hace en el día.

Que puedo hacer, como puedo actuar.

De que forma le puedo ayudar.

Le agradezco su repuesta.

Saludos

Atentamente

Julio

rabietas-infantiles-que-hacer

En estos casos lo primero que tenemos que hacer es valorar exactamente que es lo que puede estar ocurriendo. ¿A qué hora sucede esto? ¿el niño se llega a despertar? En torno a los dos años suelen ser habitual que los niños tengan terrores nocturnos. En estos casos a pesar de que el niño puede llorar, gritar o incorporarse, sigue dormido y cuesta despertarle. En estos casos el niño no recordará lo que ha soñado y suelen producirse en la primera mitad de la noche. Ante esta situación no es necesario que los padres lo despierten, basta con que le tranquilicen y vigilen que no se haga daño.

La situación difiere si es durante el día, o el niño está completamente despierto. Evolutivamente, en torno a los dos años de vida los pequeños pasan por una fase de autoafirmación personal, en la que parece que su respuesta favorita es “no”; quieren probar al adulto y quieren verse como “seres independientes que tienen una voluntad propia”, no obstante, pese a que su apariencia es de ser ya mayores, todavía son inmaduros; se muestran muy dependientes de sus padres y controlan poco los impulsos. A esta edad, las rabietas son normales. Pero lo que no podemos permitir es que una fase por la que todos los niños pasan se convierta en un problema.

Lo que hay que hacer en caso de rabietas *:

  • La actuación de los padres debe ser inmediata, no ceder, mantenerse en su decisión, y “extinguir” el comportamiento del niño. Es decir, dejarle muy claro que cuando se comporte así no le vamos a hacer caso. Muchas veces, aunque no consiguen su objetivo, han acaparado la atención del adulto, y esto puede ser para ellos mucho más valioso que aquello por lo que lloraban.

Lo que NO hay que hacer en caso de rabietas:

  • Muchos padres se desesperan intentando que sus hijos entiendan la situación con grandes charlas y explicaciones sobre el porqué de las cosas, de su orden… No se dan cuenta de que de esa forma sólo están consiguiendo que el niño obtenga atención, y que, además, el pequeño no atiende al “discurso” porque su propio desarrollo evolutivo se lo impide, se le queda muy grande y ha “desconectado” de él.

Estos temas están ampliamente desarrollados en el libro: “Queremos Hijos Felices. Lo que nunca nos enseñaron”. Ed. JdeJ editores.

 

 

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*Extraído del libro: “Queremos Hijos Felices. Lo que nunca nos enseñaron”. Ed. JdeJ editores