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Cómo ser más feliz, según la ciencia: 10 acciones sencillas que te ayudan a lograrlo

Escrito por: María Palmero@MariaPalmero_mp@theobjective.com

Alcanzar la felicidad se ha convertido en uno de los deseos principales del primer mundo. Pero ¿cómo conseguirlo? ¿Cómo se siente uno mejor cuando tiene todas las necesidades cubiertas? ¿Qué nos hace falta para alcanzar esa meta o al menos acercarnos a ella?

Desde la publicidad, las redes sociales, las revistas, nos instan a conseguirlo, pero no siempre lo que nos proponen está basado en la evidencia científica, por eso Silvia Álava, doctora en Psicología clínica y de la salud, ofrece una serie de consejos en su libro ¿Por qué no soy feliz? (HarperCollins) que pueden contribuir a incrementar nuestra felicidad y que además cuentan con el respaldo de la investigación científica.

Diez acciones que te hacen más feliz, según la ciencia

La felicidad existe aún en las situaciones más difíciles. Así lo asegura Álava, quien ejerce como psicóloga sanitaria y educativa, especializada en Psicoterapia, profesora universitaria y divulgadora científica: «Hoy más que nunca, disfrutemos de las pequeñas cosas que nos proporciona la vida y trabajemos cada día, de forma proactiva, por incrementar nuestra felicidad. Para aumentar nuestra felicidad debemos pasar a la acción». ¿Cómo? Con estos diez consejos:

1. Pasar tiempo con amigos o familiares

Todas las personas nos sentimos más felices cuando estamos con otras personas, cuando nos sentimos integrados y sentimos que pertenecemos a un grupo o una familia.

«Si tuviéramos que traducir toda la literatura científica de las causas de la felicidad humana en una sola palabra sería ‘social’. Somos con diferencia la especie más social de la Tierra. Si tuviera que predecir tu felicidad y solo pudiera saber una cosa de ti, no me interesaría conocer tu sexo, religión o ingresos. Querría saber sobre tu red social: amigos, compañeros de trabajo, familiares… y la solidez de tus lazos con ellos», afirma la experta.

2. Hablar con los amigos y compañeros

«Cuidar las relaciones sociales. Cuidar y quedar con los amigos y hacer nuevas amistades también se relaciona con la felicidad».

3. Llevar un ‘diario de gratitud’

Álava nos insta a anotar cada día, al menos, tres cosas por las que estamos agradecidos, o aquello que más nos han gustado del día, tomando el tiempo de reflexión necesario para ser conscientes de las cosas buenas. Hacerlo «aumentará nuestra satisfacción general y nos ayudará a dormir con un espíritu más positivo».

4. Trabajar por una causa mayor

Tener un fin, un objetivo en la vida que nos mantenga con energía y que nos haga levantarnos cada mañana.

5. Realizar actos altruistas

Ofrecer nuestro tiempo y/o nuestro dinero es una vía para alcanzar la felicidad, compartir, dar lo que no necesitamos y que para otros puede significar todo un tesoro. «Es una gran labor que todos podemos realizar».

6. Enviar mensajes positivos

Reforzar los comportamientos positivos de los demás y aprender a enviar mensajes de refuerzo y en positivo, incrementará nuestras emociones positivas y hará que nos sentimos más felices.

7. Hacer 30 minutos de ejercicio al día

Cuando nos movemos segregamos endorfinas que hacen que nos sintamos mejor. Al respecto, numerosos estudios científicos han demostrado que el ejercicio regular está asociado con una disminución del riesgo de desarrollar depresión y otros trastornos del estado de ánimo.

8. Dar las gracias

La gratitud es uno de los mayores predictores de la felicidad. Cuando agradecemos las cosas que hacen por nosotros las personas que nos rodean, incrementamos nuestra felicidad.

9. Tener ilusiones

«Crear y fomentar nuestras propias ilusiones: las cosas tienen la importancia que nosotros les damos, no hace falta que sean cosas materiales en las que tengamos que gastar dinero, incluso mejor si el dinero no interviene: dar un paseo, charlar con un amigo, disfrutar de una buena comida…», afirma la experta.

10. Reforzar nuestras virtudes

Cada vez que utilizamos una habilidad, sea la que sea, «experimentamos un subidón de positivismo. Especialmente cuando ejercitamos una fortaleza de nuestro carácter, un rasgo propio y arraigado en nosotros. Por eso es importante pararnos a observar, saber cuáles son nuestras fortalezas y ser conscientes de que las estamos poniendo en práctica».

Review de mis libros y colaboraciones. Feliz día del libro

Aprovechando la celebración del Día del Libro hoy os traigo una «review» de mis 9 libros y colaboraciones.

Os hago un pequeño resumen de contenido de cada uno de ellos, para quién va dirigido y quiénes son los autores. ¡Nos os lo perdáis!

Claves de la inteligencia emocional en el ámbito familiar

Las Doctoras en Psicología Silvia Álava y Ruth Castillo Gualda explican las claves de la inteligencia emocional en el ámbito familiar.

Por LAURA PERAITA

Inteligencia emocional en familia

‘Inteligencia emocional en familia’ es el nuevo libro que acaban de publicar Silvia Álava, Doctora en psicología Clínica y experta en Psicología Educativa, y Ruth Castillo Gualda, doctora en Psicología, experta en educación emocional y profesora de la Universidad Camilo José Cela. En sus páginas proponen, entre otros muchos asuntos, una serie de pautas para que los padres puedan establecer un vínculo afectivo de seguridad con sus hijos. Lo hacen bajo el acrónimo es C.R.E.A.: Conecta a través de la mirada atenta, flexible y sin juicios hacia el mundo interior de los hijos. Una mirada atenta desde la apertura y la curiosidad hacia sus emociones.

Conductas iceberg

El segundo, ‘Reflexiona sobre las conductas iceberg’. Es decir, lo que sienten y lo que hacen con aquello que sienten, ya que no siempre se alinea y a veces, se asumen emociones que en realidad no experimentan. ‘Empodera’, que consiste en cambiar la mentalidad acerca de las emociones negativas, debido a que en numerosas ocasiones se les hace ver a los niños que sentir determinadas emociones puede ser un signo de debilidad, pero es al contrario: reconocer y expresar con honestidad es un símbolo de fortaleza que les protege de reacciones típicas como negarlas o reprimirlas. Por último, ‘Atiende sus emociones’, poniendo en marcha estrategias útiles e inteligentes como tomar consciencia de las señales físicas y mentales de lo que sienten, conocer sus disparadores o dirigir la atención para re-evaluar la situación, son algunos ejemplos para favorecer un desarrollo emocional saludable.

¿No basta, entonces, con cuidar sus necesidades básicas y mostrarles cariño?

Según apunta a ABC Ruth Castillo Gualda, atender sus necesidades y cuidarles desde el amor es fundamental, «pero ¡estamos hechos de emociones! Les van a acompañar siempre y en muy diversas circunstancias, por lo que saberlas reconocer y manejar contribuirá a que se desarrollen plenamente y gocen de un adecuado equilibrio mental en el futuro. Para ello, podemos enseñarles, desde bien pequeños, a reconocer y comunicar sus necesidades a través de vocabulario emocional y practicar estrategias de regulación sencillas que pueden usarse en cualquier momento, como la respiración consciente o entrenar la toma de distancia en momentos intensos a través del auto-diálogo amable y positivo consigo mismos, que sientan una buena base».

La sobreprotección

Para Silvia Álava, la sobreprotección es uno de los mayores errores que se comete hoy en día en educación. «Muchos padres malentienden el amor maternal, paternal y creen que sus hijos ya serán mayores para sufrir y, por tanto, quieren evitarles cualquier situación incómoda. Pensamientos del tipo: «a mí no me cuesta nada llevarle la mochila al colegio, estar pendiente de sus actividades, de los deberes…» están impidiendo que los menores desarrollen su autonomía y su seguridad personal».

Reconoce que «sabemos que el estilo educativo sobreprotector es un enemigo para el desarrollo de la inteligencia emocional de los niños. Hay muchos padres que directamente no soportan ver a sus hijos pasarlo mal y les evitan cualquier situación complicada para que no tengan que sentir emociones desagradables. Los niños tienen que aprender a convivir con dichas emociones para así poder reconocerlas, aceptarlas y aprender a manejarlas. Los padres deben de estar ahí desde el acompañamiento, no evitándoles dichas emociones porque si no, no van a aprender estas estrategias tan necesarias para proteger su salud mental».

Pautas, vínculo y clima familiar

En este sentido, Ruth Castillo Gualda señala que las pautas educativas recibidas, el tipo de vínculo que se desarrolla o el clima familiar en el que una persona vive los años más influentes de su desarrollo, es fundamental. Explica que si las relaciones y el ambiente son cálidos, amables y previsibles van a tener un efecto más beneficioso en la construcción de su auto-concepto y posterior autoestima. «A partir de la evaluación que recibimos de nuestras figuras de referencia, se construye y desarrolla de manera más o menos saludable nuestra imagen. La confianza que se deposite en nuestras habilidades, los refuerzos recibidos de manera consistente, el establecimiento de objetivos congruentes y acordes por parte de nuestros padres, será clave», puntualiza.

El modelado

Silvia Álava recuerda que los niños aprenden por modelado, es decir, copian a sus adultos de referencia que principalmente son sus padres. Por tanto, «si nosotros no somos un modelo regulado emocionalmente es muy complicado que podamos ayudar a nuestros hijos a co-regular sus emociones. Por eso, muchos de los capítulos del libro están dirigidos a los padres con actividades orientadas a que aprendan a trabajar con sus propias emociones y, de este modo, puedan acompañar a sus hijos y enseñarles las diferentes habilidades de la inteligencia emocional. No podemos olvidar que hay que hacerlo desde la práctica, utilizando las situaciones de la vida cotidiana. De poco sirve darles charlas teóricas sobre las emociones si no lo aterrizamos en cuestiones prácticas del día a día».

Componente mental, físico y expresivo

Y es que, tal y como afirma Ruth Castillo Gualda, las emociones y sentimientos se conforman de tres aspectos diferenciados: un componente mental (ideas o pensamientos más o menos positivos), un componente físico (respiración, activación, cambios fisiológicos) y un componente expresivo (conductas y comportamientos que busca escapar, afrontar, luchar, entre otros). Sin embargo, apunta que identificar estos componentes no es tan sencillo, ni tan evidente. «Expresar las emociones ayuda a equilibrar el desajuste (mental o físico) provocado por las mismas. Lo que ocurre es que si no enseñamos a los niños habilidades para regular o manejar esas experiencias, estas pueden predisponerles a reacciones automáticas, impulsivas, desproporcionadas, tales como, las conductas agresivas, estallidos emocionales, proyección, aislamiento, adicción a la tecnología u otras vías de escape. Es como si esas emociones desagradables ‘secuestraran’ su capacidad de decidir la respuesta más adecuada o provocaran una toma de decisiones menos flexible. Para evitar esto, cuando enseñamos a responder en lugar de a reaccionar, enseñamos formas más reflexivas, acordes y saludables de expresar lo que siente. A través de un vocabulario emocional que les permita compartir y expresar lo que necesitan, aprendiendo a validar las emociones que sienten, manejando la atención, tomando distancia o considerando el objetivo y las personas que se encuentran en la situación».

Clima de confianza

Para que los niños sepan expresar lo que sienten, Silvia Álava conseja crear un clima de confianza, generando un espacio seguro para que sientan que puede expresar sus sentimientos e inquietudes. «Es importante estar presentes en la vida de nuestros hijos y reservar espacios: tiempo y lugar para estar todos juntos y poder conversar, escuchando de forma activa. Por ejemplo, recuperar la cena en familia evitando los dispositivos electrónicos para no solo alimentarnos, sino para favorecer el diálogo. Sin olvidarnos que los primeros que debemos de contarles cómo nos sentimos somos los padres, dado que somos su modelo para seguir. En el segundo capítulo del libro trabajamos cómo crear este clima de confianza, dado que entendemos que si los niños no sienten esa confianza y no ven a sus padres como su lugar seguro, es muy complicado que nos puedan contar como están».

Expresar los sentimientos

Y es que mostrar y expresar lo que se siente es fundamental puesto que los niños y adolescentes que reprimen sus emociones muestran más problemas de depresión y ansiedad, estrés psicológico, auto-lesiones, trastornos de la conducta alimentaria, conductas agresivas, aislamiento y peor funcionamiento social. «Por otro lado, -apunta Silvia Álava-, esta estrategia para cancelar el componente expresivo requiere un esfuerzo mental importante que interfiere en procesos cognitivos, tales como, la memoria, la resolución de problemas, la flexibilidad cognitiva y la organización. Seguro que en alguna ocasión -prosigue- los padres han experimentado cómo su hijo verbalizaba racionalmente que estaba tranquilo, pero los progenitores apreciaban que su comunicación no verbal, su comportamiento o sus pensamientos denotaban nervios o preocupación. A veces, sus palabras pretenden comunicar emociones diferentes a las que su respiración, tensión muscular o pensamientos manifestaban. Confundir una forma de expresión con la emoción en sí misma es bastante común. Algo que repito mucho es que emoción no es igual a comportamiento».

Trabajar el autoconcepto

Silvia Álava insiste, además, en la importancia de trabajar correctamente el autoconcepto de los niños para que sepan cuáles son sus puntos fuertes y débiles, que conozcan los aspectos a mejorar y que sepan cómo potenciar lo que ya hacen bien. «Para eso es fundamental la labor de los padres, que sean capaces de corregir la conducta de sus hijos, pero sin entrar en una minusvaloración de su persona. Siendo asertivos, poniendo el foco en lo que hay que cambiar, explicándoles cómo hacerlo, evitando las etiquetas. No es lo mismo decirles es que tú eres vago, a decirle que hoy no hiciste lo que te tocaba, que eran tus deberes. Cuando utilizamos el verbo ser les estamos diciendo que ellos son así y que no pueden cambiar; sin embargo, cuando ponemos el foco en la conducta explicando lo que hicieron o dejaron de hacer, los niños interpretan que es algo que ellos pueden cambiar o mejorar. Por otro lado, también es importante reforzar sus virtudes y que tengan una mayor atención cuando su conducta es correcta y que sientan que sus padres les aceptan y les valoran por lo que son».

Las habilidades emocionales de los padres también cuentan

Las habilidades emocionales de los padres son muy importantes en todo este proceso educativo, tal y como remarca Ruth Castillo Gualda. «Las emociones que podamos experimentar como padres a lo largo de nuestra vida no las podemos evitar ni predecir, algunas nos resultarán difíciles de gestionar y seguro nos equivocaremos muchas veces en cómo hacerlo. Pero lo que sí podemos mostrar es nuestra capacidad para manejarlas, aplicando en primera persona esas estrategias útiles como el vocabulario emocional para comunicar, la comprensión de nuestros disparadores emocionales, reconocer las emociones del otro, el lenguaje corporal adecuado, dirigir la atención a otros aspectos de la situación o mantener con nosotros mismos una conversación interior útil. Si bien es cierto que, en ocasiones, no lo conseguiremos, en cada reto tenemos una nueva oportunidad para aprender y hacerlo mejor. Esto nos hace más humanos, más cercanos y especialmente mejores referentes para nuestros hijos», concluye.

FUENTE: abc.es/familia

¿Cómo podemos trabajar la Inteligencia Emocional en familia?

Cuando nos convertimos en padres o madres, la tarea de educar es la responsabilidad más importante y más desafiante que podamos tener.

Las emociones forman parte de nuestro día a día, pero no siempre sabemos acompañarlas y relacionarnos con ellas.

Si queremos ocuparnos de que nuestros hijos crezcan y se desarrollen saludablemente, debemos tener en mente la importancia de ser adecuados ejemplos para ayudarles a entender y manejar sus sentimientos.

En este video de la entrevista en el programa Las Tardes de RNE os contamos cómo y cuándo podemos trabajar la Inteligencia Emocional en familia.

¿Cuántas emociones agradables necesito sentir para compensar las desagradables?

Las emociones agradables o positivas son el antídoto de las desagradables. Es decir, te ayudan a neutralizar los aspectos negativos de las desagradables.


¿Cuántas emociones agradables necesito sentir para compensar las desagradables?


Si observamos cómo funcionamos, solemos darle más importancia a las situaciones en las que hemos sentido tristeza, enfado, ira o cualquier emoción desagradable que cuando sentimos emociones agradables.


¿Por qué ocurre esto?


Por la «asimetría hedónica», es decir las emociones desagradables duran más tiempo que las agradables y suelen llevar asociadas una mayor intensidad. Es por eso que los principales investigadores sobre emociones positivas (Barbara Fredrikson), aconsejan que aspiremos a experimentar 3 emociones agradables por cada 1 desagradable, para de esa forma neutralizar el efecto de estas últimas.

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Presentamos el nuevo libro «Educación emocional en familia»

Presentamos el nuevo libro ‘Educación emocional en familia’, escrito con la también psicóloga Ruth Castillo Gualda en la sección ‘Ánimo, profes’. Durante la entrevista con Víctor Núñez, mostramos una visión práctica de la inteligencia emocional, no solo para las familias sino también para su aplicación en los centros educativos.

Decálogo para educar con inteligencia emocional en familia

Las emociones son un integrante más de la familia y a pesar de que deberíamos hablar más de ellas, muchas veces es complicado manejar la conversación para que los niños aprendan sobre ellas. El papel de las familias en el desarrollo emocional de los hijos es fundamental y por eso las psicólogas Ruth Castillo Gualda y Silvia Álava Sordo, han preparado el libro ‘Inteligencia emocional en familia’ un manual para trabajar las emociones con los más pequeños.

La inteligencia emocional es un conjunto de destrezas y conocimientos relacionados con el procesamiento de todo aquello que sentimos. Desde pequeños, es muy importante trabajar en este campo desde la familia, el colegio, la calle… para que los niños aprendan a percibir, comprender y regular sus propias emociones.

De hecho, la educación socioemocional es el proceso de formación y conocimiento de las habilidades que permiten expresar, comprender y regular las emociones. El objetivo de esta educación es optimizar y promover el autoconocimiento, la toma de decisiones o la empatía.

‘Inteligencia emocional en familia’ (Ed. Síntesis) es un libro en el que las psicólogas Ruth Castillo Gualda y Silvia Álava Sordo profundizan en la inteligencia emocional y en la educación socioemocional para ofrecer un guía sobre el trabajo de las emociones con los niños.

En una entrevista para EFEsalud, la coautora del libro Silvia Álava nos explica y ofrece diez consejos fundamentales para educar con inteligencia emocional y trabajar en familia los sentimientos y mejores maneras de relacionarnos con nuestras emociones.

Son diez consejos que figuran en el libro a modo de conclusión.

“Las emociones son algo que no se puede reprimir”, afirma Silvia Álava.

1. Las emociones son un signo de fortaleza

Lo primero que debemos reconocer es que las emociones son un rasgo de fortaleza y no una debilidad como creen muchas personas. A lo largo de nuestra vida nos enfrentamos a situaciones complicadas en las que saber gestionar nuestras emociones será un punto a favor.

Además, la emociones son una fuente de información muy valiosa y según explica la psicóloga, no podemos reprimirlas porque representan todo aquello en lo que creemos o sentimos.

2. Todos podemos mejorar nuestra inteligencia emocional

Todos podemos mejorar nuestra inteligencia emocional y, por eso, es muy importante la educación de los niños desde pequeños.

“Cambiar nuestra mentalidad sobre la inteligencia emocional es clave para entender que independientemente de nuestra edad o características personales, todos podemos mejorarla”, destacan en el libro sus autoras.

3. Aceptar para poder manejar

Todas las emociones surgen por un motivo en particular. Para manejarlas de forma inteligente, debemos aceptar que forman parte de nosotros. En ocasiones ocultamos las emociones que nos hacen sentir incómodos o indefensos. En los casos donde la solución no es fácil o no existe lo mejor es aceptarlo y empezar a manejar desde ahí las emociones que estamos experimentando.

“Al final somos nosotros los que les tenemos que enseñar a los niños a entender sus emociones y para ello es importante que lo primero que tengamos claro es que nosotros también aceptamos y manejamos nuestras emociones buenas y malas”, explica la psicóloga Silvia Álava.

4. Expresar honestamente lo que sentimos

La expresión adecuada de nuestros sentimientos requiere buscar una respuesta equilibrada y acorde a nuestros objetivos.

“Tenemos la creencia de que nuestros hijos tendrán inteligencia emocional cuando sean capaces de no enfadarse, pero eso no es así porque siempre habrá situaciones en las que sus emociones les lleven al enfado y es normal “, explica Álava.

La experta afirma: “Tenemos que esforzarnos porque conozcan las emociones, saber cuáles son, ponerles una etiqueta, entender por qué las estamos siguiendo y aprender a convivir con ellas”.

“Son algo que no se puede reprimir, porque cuanto más las reprimimos o las negamos pueden incluso aparecer o transformarse en enfermedad de tipo psicosomática“, sostiene.

5. Identificar nuestros disparadores

A lo largo del libro, se explica que existen dos tipos de disparadores, por un lado los disparadores externos, que son aquellas cosas que suceden a nuestro alrededor como un cambio de planes, una noticia negativa o un comportamiento agresivo.

Por otro lado, los disparadores internos que pueden ser independientes de la situación que estemos viviendo y tienen que ver con nuestras creencias y nuestros pensamientos.

Debemos identificarlos para trabajar en ellos y, sobre todo, la especialista Silvia Álava resalta la importancia de distinguir entre las emociones y los comportamientos.

6. El lenguaje, nuestro mejor aliado

Las expertas están de acuerdo en que siempre deberíamos pedir permiso sutilmente a los niños para hablar de sus emociones.

En este sentido, hay que tener cuidado porque no le puedo preguntar al niño qué le pasa y pretender que me lo cuente al instante. Por ello, la psicóloga prefiere utilizar otro tipo de lenguaje y formular preguntas como: ¿Oye, quieres hablar de lo que te pasa? o ¿Te apetece hablar?

“Tenemos que pedir a los pequeños poco a poco permiso para entrar en su corazoncito”, añade.

Al comunicar sobre todo algo que sabemos que al niño no le va a gustar, es importante utilizar el lenguaje correcto.

“En español tenemos dos verbos muy importantes que son ser y estar y debemos usarlos correctamente. Es decir, si en un determinado momento el niño o la niña ha hecho algo mal, por supuesto hay que corregirlo, pero hay que hacerlo utilizando el verbo estar y no el verbo ser. El ejemplo sería: Oye, ahora en este momento no lo estás haciendo bien, o en este momento estás gritando a mamá“, explica Silvia Álava.

7. Estrategias para manejar lo que sentimos

La regulación emocional es la habilidad más compleja. Entre las técnicas que podemos enseñar a nuestros hijos destaca la de manejar el foco de la atención dirigiéndolo hacia aquellos aspectos de la situación que interesan y aprendiendo a reinterpretar el evento desde una mirada alternativa.

8. Potenciar un ambiente óptimo en familia

Compartir emociones no es fácil y por eso, es importante que los niños se sientan en un clima de confianza plena en el que desenvolverse mejor.

“Hay que crear un espacio para hablar, un espacio en el que nuestros hijos se sientan seguros. Muchas familias viven con prisas y el único momento que tienen para hablar es cuando están en el coche de camino al colegio o de vuelta a casa y esto hace que muchos niños no paren ni se sientan cómodos para hablar”, explica la psicóloga.

Una de las cosas que suelen recomendar los psicólogos y que las especialistas recogen en su libro, es defender las cenas en familia, donde podemos dedicar un tiempo para hablar sobre nuestras emociones y vamos a generar un dialogo tranquilo basado en la inteligencia emocional.

“Para crear un clima cálido y de confianza lo primero es saber qué espacio les da seguridad a nuestros hijos, cuándo es el mejor momento y en tercer lugar, proponer temas de conversación pero no forzarlos, ni convertirlos en un interrogatorio”, expone la experta.

9. Fomentar el vínculo con nuestros hijos

En el libro, las especialistas recomiendan:

  • Conectar, desde la mirada respetuosa, con el mundo interior de los niños.
  • Reflexionar a través de la comunicación.
  • Empoderar haciéndoles confiar en sus propias habilidades.
  • Atender permitiendo sus emociones y necesidades.

10. Somos el ejemplo

“Educar con inteligencia emocional es un reto que debe de estar presente en la familia. Para poder enseñar a los niños a manejar sus propias emociones, tienen que sentir que predicamos con el ejemplo y que como adultos nosotros también sabemos como controlar lo que sentimos” concluye Silvia Álava.

FUENTE: fsalud.com

Libro recomendado: “9 reglas para una educación consciente”

Ayer se presentó en Madrid, en la sede de la editorial Toro Mítico, una de las obras corales más recomendables de este curso: “9 reglas para una educación consciente” con la presencia de su coordinadora, la psicólogas Úrsula Perona, sus colegas, Begoña IbarrolaSilvia Álava Diana Jiménez, y el fundador de Educar es TodoLeo Farache. El libro supone un compendio revelador que explora la esencia de la educación consciente y su impacto fundamental en el desarrollo de los niños. El libro, además, de los ya citados ha contado con la colaboración de destacados otros destacados autores como Rafa Guerrero, Marina Marroquí, Pedro García Aguado y Gabriel García del Oro, quienes aportan su experiencia en campos como la psicología infantil, la crianza, la educación y la divulgación.

El texto se presenta como una guía accesible y profunda que introduce al lector en las nueve reglas fundamentales de la educación consciente. Con un tono ágil y sencillo, pero respaldado por el peso teórico de sus colaboradores, el libro aborda temas cruciales, desde la importancia de cultivar una mentalidad abierta y curiosa hasta la necesidad de fomentar la empatía y el respeto hacia los demás.

Tal y como explicó Úrsula Perona en la presentación, el libro surge inspirado por el libro ’12 reglas para vivir del psicólogo’ Jordan B. Peterson, y se enfoca en un aspecto específico de la crianza consciente, ofreciendo conceptos, claves y resolviendo dudas. El enfoque va desde el amor y la felicidad hasta habilidades sociales, emociones, igualdad, educación positiva, prevención y pensamiento crítico. Esto proporciona a los lectores una visión completa y detallada de cómo implementar una educación consciente en la vida diaria.

El libro está dirigido principalmente a padres de niños hasta los 12 años, pero su relevancia se extiende a educadores y cualquier persona interesada en mejorar la forma en que enseñamos y aprendemos. Las herramientas prácticas y efectivas presentadas a lo largo del libro ofrecen estrategias probadas mediante anécdotas y ejemplos, permitiendo a los padres y educadores crear un entorno de aprendizaje más satisfactorio, enriquecedor y emocionante para todos.

Comprar el libro ‘9 reglas para una educación consciente’

FUENTE: exitoeducativo.net

Presentación de la colección de libros «Crecicuentos»

El 4 de octubre a las 18:00h tendrá lugar la presentación, por parte de la Editorial Sentir, de la colección completa de los cuentos de Dani: los «crecicuentos».

Podrás verlo en directo a través de este enlace de Youtube, comparto contigo la escaleta del evento:

18:00 – Breve presentación a cargo de Mercedes Bermejo (5 minutos)

18:05 – Mónica Gonzalo (5 minutos)

18:10 – Javier Urra (5 minutos)

18:15 – Mar Romera (5 minutos)

18:20 – Begoña Ibarrola (5 minutos)

18:25 – Silvia Álava (5 minutos)

18:30 – Ronda de preguntas (5 minutos)

¿Quizás sea hora de dejar de perseguir la felicidad?

Quizá sea hora de dejar de perseguir la felicidad para disfrutar de lo que ya tienes y sentir que estás en paz contigo mismo/a.