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Día internacional del beso ¿Conoces los beneficios de besarse?

El Día Internacional del Beso se celebra el 13 de abril de cada año, una fecha que surgió gracias al beso más largo de la historia, que duró 58 horas y que fue protagonizado por una pareja tailandesa durante un certamen. La pareja, de esta forma, rompía su propio récord de 46 horas consecutivas, logrado el 13 de abril del año anterior.

La idea detrás del Día Internacional del Beso es recordar a las personas las emociones asociadas con el beso.  El besarse puede ser una experiencia gozosa y placentera por sí misma. En sí es una expresión de la intimidad y cercanía.

Cuando nos besamos segregamos una serie de hormonas que nos hacen sentir mejor:

  • Oxitocina: lo que hace que nos vinculemos con las personas
  • Serotonina y dopamina: hacen que nos sintamos bien, y lo asociamos a emociones agradables y bienestar.

Además cuando nos besamos solemos cerrar los ojos, lo que nos sirve para que se agudicen el resto de los sentidos, lo que hace que se potencie el estar presente y que disfrutemos de ese aquí y ahora.

¡No dejes pasar un día sin dar un beso a una persona querida!

¿Cómo podemos convertirnos en ese refugio seguro de nuestros hijos?

  1. Manteniéndonos emocionalmente disponibles para ellos
  2. Demostrándoles atención cuando hablan con nosotros
  3. Participando activamente en sus juegos siempre que sea posible
  4. Valorando y considerando sus opiniones
  5. Estableciendo conexión visual mientras nos comunicamos
  6. Siendo auténticos, vulnerables y coherentes

En definitiva, todo se resume en estar completamente presentes y comprometidos con su mundo infantil , para continuar siendo parte de su mundo cuando crezcan y se conviertan en adolescentes y adultos.

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¿Conoces la emoción que más se relaciona con la felicidad?

Para fomentar la felicidad en los más pequeños proponemos un modelo de crianza con menos bienes materiales, más límites y sin sobreprotección.

Flavia Tomaello Para el diadio LA NACION

Se habla de la felicidad con facilidad. Está en el podio de los deseos. Cada vez que se le pregunta a un padre sobre el futuro de los hijos, en todo tipo de crianzas, estratos sociales y edades, emerge: “Que sea feliz”. A este particular punto ha dedicado gran parte de su trabajo Silvia Álava Sordo, doctora y licenciada en Psicología nacida en Valladolid, pero instalada en Madrid hace más de dos décadas. Ha publicado siete libros, y casi como una constante aparecen en ellos una idea que los atraviesa: ¿Por qué no soy feliz?, Queremos que crezcan felices y Queremos hijos felices, son algunos de sus títulos.

Pero suele ser un concepto abstracto y volátil, que se construye individualmente. Álava Sordo, en una charla exclusiva con LA NACION, aporta claridad para entender cómo criar hijos felices.

¿Qué es la felicidad?

Es muy importante que definamos muy bien qué es porque la sociedad ha confundido la emoción de la alegría, que es una sensación que a todos nos gusta sentir, es agradable y en la que sube nuestra energía, con la felicidad, que no es solo sentir esa emoción agradable de gozo. Cuando hablamos de felicidad nos introducimos en un estado en el que cambian todas las emociones. Tanto las agradables como las desagradables. Si para ser feliz hay que estar todo el día sintiendo alegría, haciendo cosas que nos gustan o divertidas, lo que va a pasar es que absolutamente nadie en el planeta va a poder serlo. Por eso es importante que entendamos que la felicidad es un estado donde van a caber emociones amables y no tanto, y que no nos quedemos solamente con la parte hedónica de hacer cosas para el placer y para el disfrute. Cuestión que está muy bien y para la que hay que reservar esos espacios. Sino que también trabajemos desde la perspectiva de la felicidad eudaimónica, más relacionada con el crecimiento personal, con sentir que somos capaces de resolver con éxito esas situaciones de nuestro día a día.

Para ser feliz hay que sentir que se es capaz de resolver con éxito las situaciones del día a día

¿Es compatible la crianza en felicidad con la educación de los niños y los límites?

Pensamos que poner límites no se condiciona con la felicidad. Como psicóloga, trabajo en un centro en Madrid, y me gusta, al terminar la primera sesión en la que se presentan los adultos a cargo, sin los niños, preguntar: ¿Qué es lo que quieres conseguir para tu hijo o para tu hija? La respuesta que más me encuentro siempre es “que sea feliz”. ¿Cuál es el problema? Que muchos en ese pensamiento nos equivocamos. Y, por ejemplo, los inundamos para que tengan un montón de cosas. Cuando no hay ninguna evidencia científica, ningún estudio que nos diga que tener más juguetes los va a hacer más felices. O nos da miedo ponerles límites. Y es todo lo contrario, porque las normas les dan seguridad, les dan confianza, les muestran el camino que tienen que seguir. Y además, cuando evitamos la sobreprotección, también vamos a conseguir que sean más seguros, que se sientan con una mayor capacidad para desenvolver con éxito su día a día. Eso al final va a traducirse en que nuestros hijos sean más felices. No poniendo límites lo más habitual es que sean muchísimo más infelices.

¿Podrías darnos algunas claves para proteger la salud mental familiar puertas adentro de la casa?

Es cierto que parece que ahora hablamos mucho más, sobre todo desde la pandemia. La Asociación Española de Pediatría dice que se han incrementado un 47 por ciento los problemas de salud mental en población infantojuvenil. Las familias e incluso los profesores tienen un papel activo a la hora de criar a los niños y jóvenes con salud mental. Para ello es importante ver qué estamos haciendo, por ejemplo, estamos permitiendo ventilar las emociones, nos estamos convirtiendo en esa figura de referencia a la que nos pueda contar y además nosotros lo validamos, es decir, no juzgándolo, no diciéndole lo que tiene que hacer. Este sería uno de los pasos muy importantes. Necesitan que estemos ahí para darles ese apoyo emocional, para que podamos ser un vínculo de seguridad. Eso son factores de la salud mental. También es muy importante que trabajemos con ellos y que aprendan habilidades de la inteligencia emocional. Que sean conscientes de percibir la emoción que están sintiendo. Tanto de ellos mismos como de los demás. Y ayudarlos a aprender a expresarla de una forma correcta. A mí me gusta mucho Quino y esa frase de Mafalda sobre que la vida es bonita, pero difícil. Los adultos tenemos que dar herramientas y muchas de ellas son de la inteligencia emocional.

«No hay ninguna evidencia científica, ningún estudio que nos diga que tener más juguetes los va a hacer más felices», Silvia Álava Sordo, psicóloga

¿Cuánto de la sociedad hiperconectada afecta nuestra felicidad?

Esto es algo bastante interesante. ¿Realmente nos hacen más felices las pantallas? Los psicólogos decimos que tenemos que tener cuidado para poder utilizar las pantallas correctamente de tal forma que no interfieran en nuestra salud mental. Y que tampoco lo hagan en el bienestar emocional. Estamos observando que ante un problema o una emoción desagradable, recurren a las pantallas, porque tienen mucho miedo de mirar hacia dentro y ver qué pasa. Recurren a algo muy fácil para taparlo: la pantalla o las redes sociales. No es una buena idea, porque al final no estoy mirando lo que me pasa y no estoy afrontando el problema. Además, tienen un efecto que potencian la comparación social que nos hace infelices. Nos da la sensación de que nuestras comidas no son tan ricas como las que pone la gente en las redes o que nuestra vida no es tan interesante. Y muchas veces se nos olvida que las redes están hechas para aparentar, que no son la realidad y que es la vidriera donde cada persona cuelga su mejor versión.

¿Cómo trabajamos la felicidad en nuestros hijos adolescentes?

La felicidad se empieza a trabajar desde bien pequeñito. No se puede pretender no hacer los deberes y presuponer que todo emergerá en la adolescencia porque hay muchas bases que no van a estar bien sentadas. Lo mejor siempre es aportar mucho afecto físico: beso, mimo, caricia, fomentar los vínculos de seguridad. Y con los adolescentes hay que seguir trabajando. Durante la adolescencia el cerebro se reorganiza, se reconfigura. Y ese proceso es superimportante porque permite transformarlo en un órgano más potente para llegar a hacer operaciones y razonamientos tan complicados como los que hace un adulto. El proceso se hace de atrás hacia adelante. La última zona que termina de madurar es el lóbulo prefrontal, la parte de adelante de todo, que es precisamente donde se regulan las emociones. Por eso tengo que entender que al adolescente con el que convivo le puede costar mucho controlarlas y canalizarlas, porque la parte del cerebro que siente las emociones, el sistema mesolímbico, está muy sobreactivado por toda la producción de hormonas y eso hace que todo lo sientan con una intensidad muy alta. Entendiendo esto podemos evitar tomarnos de modo personal ciertas actitudes y entender si es un suceso de una dimensión real o es parte de su proceso madurativo. También es tiempo de fomentar que puedan estar con un grupo de iguales, porque en esta etapa también se configura la personalidad. Ya no se hace solamente a través de la familia, que de todos modos seguirá ahí presente y alerta, sino a través del grupo de iguales. Me refiero a grupos de carne y hueso. Amigos con los que poder salir, dar un paseo, estar en el parque, compartir una actividad.

¿Qué errores crees que cometemos al trabajar la felicidad en la crianza?

Muchos, como la sobreprotección, ese mal entender el amor maternal o paternal y decir: “ay, no me cuesta nada…” Con esa actitud se está generando un niño o niña con escasos recursos, con pocas habilidades. Eso no le va a ayudar a ser más feliz. O hiperestimularlos de tal forma que apenas tengan tiempo libre. Es muy bueno que hagan deporte o que aprendan o toquen instrumentos musicales. Pero no pueden hacer todo a la vez. Necesitan tiempo libre para jugar, porque de esa forma van a desarrollar su función ejecutiva, la capacidad de orientarse hacia las metas, la de dirigir su propia conducta. Hay niños que están tan sobreestimulados, que están siempre en cosas de adultos.

¿Por qué mucha gente dice que no puede ser feliz? ¿Qué nos pasa con la felicidad?

Nos hemos creído muchos de los mitos sobre la felicidad, que significa vivir sin problemas. Ser felices implica que tengo las herramientas para poder solventar con éxito mis situaciones del día a día. Que cuando tengo una complicación, pongo el foco en resolverla. Y que cuando ya no soy capaz porque es un problema de los que no tiene solución, acepto esa situación y en lugar de poner mi energía en intentar cambiar algo que ya no se puede modificar, la uso para regular esas emociones desagradables que me genera esta situación que no puedo cambiar. La felicidad es algo que está dentro de nosotros. Que no hay que buscarla fuera. Que no tiene tanto que ver con las cosas que tenemos o que conseguimos. Y que la emoción que más se relaciona con la felicidad es la serenidad, no tanto la alegría. Y que es muy complicado ser felices si no vivimos alineados con nuestros principios y con nuestros valores.

Algunas personas prefieren la serenidad a la felicidad. ¿Qué opina?

Es que han entendido bien lo que es la felicidad. Tiene más que ver con sentir que mi vida tiene un sentido, que encuentro por qué estoy aquí. Si entendemos así la felicidad, desde luego que la emoción con la que más nos vamos a sentir identificados es con esa calma. Esto no significa que no tengamos que potenciar emociones agradables o que no haya que hacer cosas divertidas. En absoluto es así.

Es difícil pensar en la felicidad cuando las demandas son tantas y debemos cumplir con muchas cosas

Es cierto que es complicado, porque vivimos en una sociedad de consumo que nos insta a tener y mostrar. Es importante poder parar y pensar en lo que creo que es importante para mí. No vivimos en una sociedad en la que, por ejemplo, sea fácil conciliar. Es complicado. Pero el secreto está en ir encontrando pequeñas estrategias para incrementar nuestro bienestar emocional intentando en todo momento cambiar el foco. Con los niños hay que tener cuidado con las expectativas que ponemos en ellos. Se ven muchos papás y mamás que en lugar de realizarse a través de ellos mismos, lo intentan hacer a través de sus hijos. Les colgamos una mochila emocional y una responsabilidad tan grande que no han de ser capaces de gestionarla. Démosles la libertad para que sean como son.

FUENTE: lanacion.com.ar

¿Cómo dejar de sentir culpa en la maternidad?

Sentir culpa cuando eres madre es muy común, a las mamás se les exige más en la sociedad para cumplir metas que sin ayuda o un círculo cercano de personas serían imposibles satisfacer. Aquí te compartimos una guía sobre este tema donde hablaremos cómo superar ese sentimiento.

¡Lo estás haciendo bien mamá!

https://youtu.be/8HkChal_Kz4?si=8syNqpX-6EesR8Be

¿Conoces los principales factores protectores de nuestra salud mental?

Hoy es el Día Mundial de la Salud, y sabemos que no hay salud, sin Salud Mental. La salud no es solo ausencia de enfermedad, sino un completo bienestar a nivel físico, social y mental, por eso es tan importante que pongamos en los factores protectores de la Salud Mental, así que ¿Qué es lo que podemos hacer para cuidar nuestra salud mental?

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¿Cómo superar los golpes de la vida?

La resiliencia es un término que viene de la física de los materiales: es la capacidad de un material mecanismo o sistema para recuperar su estado inicial cuando ha cesado la perturbación a la que había estado sometido. Cuando nos referimos a los humanos, la resiliencia es la capacidad de un ser vivo frente a un agente perturbador o un estado de situación adversos.

Sabemos que hay personas que, ante situaciones adversas, ante los golpes de la vida, adoptan una actitud de víctimas, buscan los culpables y no hacen por salir de la situación. Sin embargo, otras optan por una postura más resiliente, es decir, buscan la forma de crecer ante la adversidad e incluso sacan lo mejor de sí mismas. Lo interesante es que se han estudiado los mecanismos de resiliencia y podemos a enseñar a las personas a crecer y a superarse ante la adversidad. Y sabemos que el victimismo es enemigo de la resiliencia.

No te pierdas este podcast del espacio Paz Mental para saber cómo hacernos más resilientes.

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¿Cómo superar una traición? 5 claves para pasar página

Muchas veces no se supera, sino que se acepta y se integra en nuestra vida, es decir buscamos una narrativa que nos ayude a integrar lo que ha ocurrido.

  1. Analiza las circunstancias: Analizar la situación desde diferentes puntos de vista puede que nos ayude a entender mejor los porqués de la situación.
  2. No guardes rencor: No vale la pena guardar cosas innecesarias, nos resta energía que podemos dedicar a las personas que sí merecen la pena.
  3. Acepta la situación: Desde la aceptación podemos superar con más éxito situaciones vitales complicadas y avanzar en nuestro crecimiento personal.
  4. Sé sincero/a: Empezar a reconocer tus pensamientos y sentimientos puede ayudarte a convertirte en una persona más auténtica.
  5. Evalúa el tipo de relación que quieres mantener con esa persona: Las relaciones sanas se basan en el respeto, la confianza y la amistad, si ya no las tienes puede ser el momento de pasar página.

¿Cuántas emociones agradables necesito sentir para compensar las desagradables?

Las emociones agradables o positivas son el antídoto de las desagradables. Es decir, te ayudan a neutralizar los aspectos negativos de las desagradables.


¿Cuántas emociones agradables necesito sentir para compensar las desagradables?


Si observamos cómo funcionamos, solemos darle más importancia a las situaciones en las que hemos sentido tristeza, enfado, ira o cualquier emoción desagradable que cuando sentimos emociones agradables.


¿Por qué ocurre esto?


Por la «asimetría hedónica», es decir las emociones desagradables duran más tiempo que las agradables y suelen llevar asociadas una mayor intensidad. Es por eso que los principales investigadores sobre emociones positivas (Barbara Fredrikson), aconsejan que aspiremos a experimentar 3 emociones agradables por cada 1 desagradable, para de esa forma neutralizar el efecto de estas últimas.

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¿Qué es el Síndrome del «Momento Perfecto»?

Las mujeres somos más propensas a la comparación social, lo que provoca que disfrutemos menos de lo que tenemos y nos fijemos más en lo que muestran los demás, esta sensación tiene un nombre.

A poco que se pasen unos minutos viendo Instagram o TikTok, aparecen en la pantalla del móvil familias felices haciendo viajes inolvidables con hijos sonrientes (a veces incluso adolescentes); personas cocinando sin que se les pase la cebolla; grupos de amigas, siempre guapas y vestidas muy a la moda, riéndose a carcajadas y cenando en restaurantes monísimos; parejas de novios que se demuestran acaramelados su mutuo amor, fiestas de cumpleaños con una maravillosa decoración…. Se trata de escaparates difíciles de superar… y fáciles de comparar con la vida que uno realmente tiene.

Un persistente estado de insatisfacción

Pues bien, pasar tiempo comprobando que los demás, aparentemente, son más felices que quienes escrutan la pantalla con tanto interés es una labor de la que no todo el mundo sale indemne. Hay personas a quienes afecta hasta el punto de provocarles lo que se ha dado en llamar síndrome del ‘Momento Perfecto’ y que les supone un persistente estado de insatisfacción.

Aunque lo primero que hay que dejar claro es que no está incluido en el manual de trastornos psiquiátricos (DSM 5), y que apenas hay estudios sobre ello, los expertos sí han observado un aumento de este tipo de expectativas de lo que significa ser feliz. Lo que Pilar Conde, psicóloga y directora técnica de Clínicas Origen, denomina «creencias vinculadas a las expectativas asociadas a los ideales de la felicidad por alcanzar». Es decir, las personas piensan que van a encontrar la felicidad cuando vivan esos momentos perfectos que contemplan en redes sociales.

Ansiedad, frustración, tristeza…

La realidad es que, continúa Conde, «esas expectativas creadas distan de la realidad cotidiana de las personas». Lo que provoca «altos niveles de frustración» al tiempo que «se pierde el disfrute de las experiencias reales que sí vivimos». Silvia Álava, doctora en Psicología y experta en salud y educación, incide en este último asunto: «En lugar de fijarnos en lo que sí tenemos, estamos fijándonos en lo que no tenemos, y eso nos impide disfrutar del momento. Esto sucede a pesar de que sabemos que el bienestar emocional está muy ligado a disfrutar de las pequeñas cosas del día a día, y no a los grandes acontecimientos que se salen de lo cotidiano. Esta es la razón de que el síndrome del momento perfecto pueda generar emociones desagradables de ansiedad, frustración y tristeza».

La psicóloga Silvia Álava, autora del libro '¿Por qué no soy feliz?'

Cierto que este tipo de emociones, lo que se llama comparación social, ha existido siempre. Pero con la llegada de las redes se ha incrementado en cantidad e intensidad porque «nos pone esa comparación social en bandeja. A través de Instagram o TikTok nos están mostrando continuamente lo que tienen y hacen los demás. Con el agravante de que no muestran la realidad, muestran lo que el dueño del perfil quiere proyectar. Vende el escaparate de su vida, su mejor producto y su mejor versión», afirma Silvia Álava. «Tú tienes toda la información de tu vida, los momentos buenos, los malos y los regulares. Sin embargo de la vida de los demás solo tienes la información que ellos quieren transmitir y que es siempre positiva»: el momento perfecto, ese que ellos tienen y tú no.

Adolescentes y jóvenes

Hay dos perfiles especialmente vulnerables a caer en esa continua insatisfacción. Por un lado los adolescentes y los jóvenes «debido al momento evolutivo en el que se encuentran, en el que tienen que construir su propia identidad personal, tomar conciencia de sus capacidades, sus fortalezas y sentirse seguros con ellas. Y la exposición de los ideales a la que se ven sometidos es un factor de riesgo», asegura Pilar Conde. Pero también lo son las mujeres, por varias razones: «Nos encontramos en un momento social en el que a la mujer se le exige éxito laboral, belleza, maternidad… Todo eso ejerce un sistema de presión significativo si no se gestiona de manera adecuada». 

En este sentido, Silvia Álava añade: «Las mujeres somos más sensibles a la comparación social. No solo nos comparamos más, sino porque tenemos una mayor presión por hacerlo todo bien, lucir perfectas, tener un buen cuerpo, no envejecer… Todo esto nos hace pensar que lo que tenemos no es todo lo perfecto que nos gustaría».

Sí, esta insatisfacción se puede prevenir

Seamos sinceras, hoy en día es complicado no caer en la trampa de mirar (en realidad cotillear, pero con permiso) lo que hacen los y las demás a través de Instagram. A pesar de ello, las expertas recomiendan controlar el tiempo que se le dedica y, sobre todo, «reducir la exposición a vidas idílicas», dice Pilar Conde. «Vivir el presente experimentando lo que nos va sucediendo, sin juzgarlo, simplemente viviéndolo de manera consciente. Abandonando los deberías y las auto exigencias», concluye la directora técnica de Clínicas Origen.

Silvia Álava insiste en la importancia de «poner el foco en lo que sí tenemos y agradecerlo, porque está demostrado que es uno de los mejores proyectores de la felicidad y que nos ayuda a mejorar nuestro bienestar emocional. Tratar de valorar lo que tenemos, de ser auto referentes. Es decir, ser conscientes de que no me hace falta lo que tienen los demás porque yo soy consciente de lo que yo tengo, de lo que yo valgo. No se puede vincular el estado emocional ni la felicidad a lo que se tiene». Y añade: «También es clave trabajar la flexibilidad para que cuando las cosas no salgan como nos gustaría, como creemos que deberían salir, tener la capacidad de adaptarnos y de gestionar esa frustración.»

FUENTE: 20minutos.es

¿Cómo desconectar en vacaciones? Podcast del espacio Paz Mental

¿Cómo hacer para que estos días de vacaciones no sean simplemente días libres y realmente nos sirvan para desconectar?

No dejando que las cosas sucedan sin más, sino trabajando para conseguir incrementar nuestro bienestar emocional en las vacaciones, haciendo todas aquellas cosas que la evidencia científica nos dice que son útiles para incrementar nuestro bienestar emocional.

Se trata de aprender a ser proactivos es decir, de qué forma podemos tomar decisiones que afecten positivamente en nuestra vida, en qué cosas tenemos control para dirigir nuestra vida.

Las vacaciones ayudan y mucho, dado que: los horarios se relajan, ya no somos esclavos del reloj, no hay que poner el despertador… las responsabilidades laborales se relajan… todo eso hace que sea más fácil sentir emociones agradables en vacaciones, sin embargo, si realmente queremos conseguir que esta semana santa nos sirva para desconectar hay que ser proactivos en el cambio y hacer cosas para cada día sentirnos mejor.

Acuérdate que las vacaciones te ofrecen «Un tiempo para cuidarte»

  • No olvides cuidar de tu alimentación pero también puedes darte algún placer con la comida, disfruta de la gastronomía de los sitios que visites.
  • Aprovecha para dormir el tiempo que necesites, también puedes disfrutar de la siesta, intenta descansar sin preocupaciones.
  • Practica algo de ejercicio físico al día, nadar, montar en bici, pasear al aire libre. El ejercicio te reportará salud, energía y vitalidad.

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