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Entrevista en EduFórum, congreso de educación

Os comparto esta entrevista realizada por ACADE en el congreso #Eduforum en la que hablamos de #emociones en el aula y en el hogar #inteligenciaemocional #educación #alumnos #profesores #psicología… y mucho más!

Igualmente aquí tenéis el link a la revista ACADE 82 con información sobre el Congreso y

Nuevo trabajo y hogar, los cambios vitales que desean realizar los españoles

Este 2023, un 65,3% de los españoles desean llevar a cabo un cambio vital, relacionado con el ámbito laboral (39,5%) y el hogar (33,7%).

Cerca de siete de cada 10 españoles confirma su deseo para este 2023 de realizar un cambio relevante en su vida, relacionado con el ámbito laboral (39,5%) y el hogar (33,7%). También siete de cada 10 opina que lo conseguirá. 

Son datos de un estudio realizado por Ikea, SigmaDos y la doctora en psicología Silvia Álava para analizar las emociones que suscitan los cambios vitales; cuáles son las principales barreras para llevarlos a cabo y cuáles son las previsiones para 2023. 

Un 65,3% de encuestados afirma que este año le gustaría realizar un cambio relevante en su vida, siendo los más mencionados los relacionados con el ámbito laboral (39,5%), seguidos por los del hogar (33,7%). Por franjas de edad, este deseo es más elevado en la población joven, de 18 a 29 años, con un 78,6%. 

La percepción ante la consecución del cambio es optimista: siete de cada 10 cree que lo conseguirá. De nuevo, este porcentaje es mayor en la franja más joven, con un 77,4%. La seguridad económica (42,7%) y la seguridad personal y el bienestar emocional (39%) son los aspectos que ayudan a los españoles a realizar los cambios. 

El informe también analiza los cambios vitales llevados a cabo en 2022. Un año en el que cuatro de cada 10 asegura haber hecho un cambio relevante en su vida, habiendo sido exitoso para un 83,5%. También los jóvenes de entre 18 y 29 años han sido los que más se han atrevido a realizarlos (54,4%). 

Para un 46,9%, los factores económicos han supuesto un freno a la hora de realizar un cambio durante el pasado año, aunque la seguridad personal y el bienestar emocional (41,4%), y el apoyo familiar (38,2%) ha incentivado el atreverse. 

“Es decir, el factor económico puede llegar a bloquear el cambio, pero sin una buena seguridad personal, sin un buen bienestar emocional, es más complicado que pese a tener estabilidad económica, se lleven a cabo los planes”, ha asegurado la doctora en psicología, Silvia Álava. 

Emociones asociados a los cambios

De acuerdo con el estudio, las emociones que se asocian de manera más frecuente al cambio son la esperanza (20,8%) y la inseguridad (20,6%). Le siguen el interés (12,1%), la alegría (11,4%) y el miedo (10,8%). 

En el caso de los jóvenes entre 18 y 29 años, la emoción más predominante es la inseguridad que sube hasta el 28%, seguido por miedo para el 17,5%. Por el contrario, los mayores de 65 años son los que más asocian la esperanza a los cambios vitales (26,1%). 

La muestra también revela que, de cara a los cambios venideros, las emociones agradables actúan como facilitadoras del cambio en este orden: esperanza 51,9%; calma 38,7%; interés 35,7%; inspiración 31,3%; alegría 28,2%. Sin embargo, es importante gestionar las emociones desagradables dado que la segunda emoción que más se siente ante los cambios es la inseguridad (20,6%) y en menor medida el miedo (10,8%).

En cuanto a barreras, 7 de cada 10 encuestados afirma no haberse atrevido a realizar un cambio relevante en su vida pese a quererlo. Los motivos económicos son los que más pesan como barrera (48,6%) seguido de familiares (38,1%) y emocionales (27,9%).

FUENTE: IPMARK.COM

Mesa redonda “Miradas sobre la pospandemia: impacto en el aprendizaje y el bienestar socioemocional”

El próximo 25 de enero de 2023, a las 18:30h (hora España peninsular), tendrá lugar la mesa redonda online “Miradas sobre la pospandemia: impacto en el aprendizaje y el bienestar socioemocional”. Inscripción necesaria. Recibirás el mismo día del evento un enlace para acceder a la sesión online. 

El cierre de los centros educativos fue uno de las primeras medidas preventivas que se dictaminaron a partir de la pandemia por el COVID 19, con una gran repercusión en todos los niveles educativos y con diversidad de consecuencias según países y sistemas educativos.

El Instituto Vasco de Evaluación e Investigación Educativa (ISEI-IVEI) ha aportado datos de evaluaciones en un estudio dónde se presentan la primeras estimaciones de pérdida de aprendizaje por la pandemia en España (en Euskadi principalmente).

Las diferencias en la pérdida de aprendizaje por competencias son importantes, y señalan a las matemáticas, junto con el bienestar socioemocional de los alumnos, como las dos dimensiones a las que las políticas educativas deben prestar atención en el futuro.

¿Qué efecto tuvo el cierre de los centros educativos en 2020 sobre el aprendizaje? ¿Qué consecuencias sociales, económicas y estructurales se generaron tras la pandemia? ¿Afectó a toda la comunidad educativa de la misma manera? ¿Fue el bienestar socioemocional el más perjudicado? ¿Cómo puede abordar la comunidad educativa los nuevos escenarios pospandemia? ¿Qué conocimientos, habilidades o competencias son necesario desarrollar en los profesores para abordarlos adecuadamente?

A todas estas preguntas daremos respuestas en esta jornada.

Ponentes: 

  • Francisco Corbí. Director General del Grupo British School Alzira-Xativa-Gandia. Vicepresidente y Tesorero de NABSS (Asociación Nacional de Colegios Británicos en España).
  • Dra. Silvia Álava Sordo. Doctora en Psicología Clínica y de la Salud. Conferenciante y escritora. Psicóloga Sanitaria y Educativa. Profesora universitaria. Divulgadora científica.
  • Valentín Martínez García. Profesor Universitario en VIU. Profesor de Educación Secundaria.
  • Dr. Jorge Martínez Pérez. Director de Escuela Primaria en Castilla y León. Doctor en Educación, docente e investigador en la Universidad Internacional de Valencia (VIU). 

Modera: 

  • Dra. Ana Rodríguez.  Vicedecana de Grados de la Facultad de Ciencias de la Educación en VIU.

Más información e inscripción en universidadviu.com

“El Grinch roba la Navidad”: el trend viral de TikTok en el que los adultos se disfrazan y roban regalos que puede dejar “una huella psicológica” en los más pequeños

Imagínate que una noche, sin esperarlo, el famoso Grinch aparece en tu casa dispuesto a robarte la Navidad y todos los regalos. Esto es algo que han experimentado algunos niños en Estados Unidos después de que el trend o tendencia de TikTok ‘El Grinch roba la Navidad’ –en el que uno de los padres se disfraza del personaje y asusta a los niños– se haya viralizado.

Más allá de las reacciones que entienden esta tendencia como una broma, en Maldita.es hemos consultado a dos psicólogas para saber qué impacto tienen estas acciones sobre los niños y si pueden acabar afectando a su desarrollo o generando un trauma.

‘El Grinch roba la Navidad’, un ‘trend’ viral

Esta tendencia viral está centrada en el famoso personaje infantil conocido como ‘El Grinch’. Creado por Theodor Seuss Geisel en 1957, se trata de una figura que trata de amargar las Navidades a los niños de todo el mundo. El trend consiste en que uno de los padres o familiares de los más pequeños se disfracen de este personaje e irrumpan en la casa durante la noche para llevarse los regalos y asustar a los niños.

La situación acaba en la mayoría de los casos con los pequeños gritando, llorando y corriendo de miedo, mientras los padres los graban y se ríen detrás de la cámara. Hay niños que, incluso, han tratado de defenderse y agredir al elfo que, al final, siempre acaba llevándose algunos de los regalos.

Algunos de los vídeos del trend publicados en TikTok.

Estos vídeos acumulan millones de reproducciones en redes sociales y han dado la vuelta al mundo, pero muchos usuarios critican este trend. Muchos usuarios culpan a los padres de hacer sufrir a los más pequeños y de poder causarles un trauma en el futuro, además, aseguran ellos “nunca harían eso a sus hijos”. Otros, sin embargo, comentan “que se apuntan la broma” para las próximas Navidades.

Comentarios en uno de los vídeos publicados en la plataforma. 

Los niños viven estas experiencias “de manera muy real”

La psicoterapeuta Carolina Cáceres explica que los niños viven este tipo de eventos de manera muy real: “Lo que para el adulto puede ser una sencilla broma, el niño lo asume como una realidad irrefutable”. De ahí viene, resalta, “el pavor” que se ve en sus caras durante el vídeo, la “frustración” por perder sus juguetes, los gritos. “A estas emociones se suma, además, la extrañeza de ver a adultos riendo cuando algo muy malo está pasando”, añade.

Silvia Álava, doctora en Psicología Clínica y de la Salud, señala que a la rabia y al miedo se une una segunda parte: “La figura que les tiene que proteger, que son mamá y papá, en vez de protegerlos y frenar al Grinch y echarle, les están grabando. Esto lo único que hace es incrementar el malestar del menor”.

Algunas de las reacciones de los pequeños al ver al supuesto Grinch. 

Para Cáceres es importante resaltar la edad de los pequeños que aparecen en los vídeos: “Tienen seis años o menos. Eso significa que están en una etapa en la que el pensamiento mágico está todavía presente en ellos. Es decir, entienden el lenguaje de manera literal, de forma que si tú le dices que el hada de los dientes vendrá a dejarle algo a cambio de llevarse sus dientes, te van a creer. Eso hace que los niños elaboren el mundo que les rodea desde la fantasía”. Álava insiste en que el niño “no es consciente” de que es una broma: “No son conscientes en ningún momento. Ellos creen que el verdadero Grinch está yendo a su casa a robar la Navidad”. “Están aterrados porque viven esos hechos como reales”, explica Cáceres.

Los padres, dice la experta, desconocen el impacto que puede tener someter a sus hijos a este tipo de experiencias. “El rol de los cuidadores primarios –es decir, el de los padres– es dotarlos de seguridad y hacerlos sentir cuidados y protegidos para que los niños puedan enfrentar las adversidades de manera exitosa”, explica.

Con este tipo de situaciones, dice Álava, rompen el vínculo de seguridad que los niños tienen con ellos, porque los progenitores tienen que ser las figuras que les protejan: “Como psicóloga, quiero pensar que estos padres no están calibrando el daño que les hacen a sus hijos”.

Estas experiencias podrían dejar “una huella psicológica” en los pequeños, según los expertos consultados por ‘Maldita.es’

Muchos usuarios han respondido indignados a estos vídeos asegurando que este tipo de vivencias puede causar traumas en los más pequeños. Ante eso, Cáceres recuerda la definición de ‘trauma’, que se recoge como “cualquier evento que se vive de manera inesperada, involuntaria y que amenaza directamente tu seguridad, tu vida e integridad dejando una huella psicológica”. La experta señala que, si bien en términos reales estos eventos no amenazan la vida real de los pequeños, “los síntomas que podrían experimentar posteriormente sí pueden ser muy similares a los de un estrés postraumático: como flashbacks, llantos repentinos o episodios de ansiedad, entre otros”.

Dependerá mucho del niño o la niña, dice Álava: “Habrá niños que lo olviden cuando sepan que es una broma, pero habrá otros para los que sí sea un pequeño trauma. Hay que tener cuidado porque, se lo genere o no, el malestar del niño no vale la pena y menos por conseguir un puñado de likes”.

Cáceres recuerda que los eventos son percibidos de una manera muy particular por cada persona y aunque el evento en sí no es traumático, “la forma en la que los niños lo procesen y perciban sí puede constituir un evento traumático para ellos”. Incluso, resalta la experta, este acontecimiento podría marcar la concepción que el niño tenga a partir de ahora de la Navidad: “Puede guardarla en la memoria como un evento muy desagradable, puede incluso generar sentimientos de rechazo y aversión a la Navidad por temor a que este evento tan intenso se vuelva a repetir”. Álava coincide: “Habrá que ver qué pasa después. Puede que cuando se entere que el Grinch era alguno de sus padres empiece a cuestionárselo todo”.

La exposición de los pequeños en estos vídeos fomentan su vulnerabilidad

Cáceres explica que al exponer sus emociones de esta manera, acompañadas de risas o burlas que invalidan sus sentimientos de miedo, “los pequeños se vuelven más vulnerables”. Además, resalta que estos vídeos “normalizan” conductas poco empáticas como la burla frente al llanto del otro: “Esto genera un desequilibrio de poder, donde el que se burla del otro es el más fuerte o el más guay. De esta forma, los niños pueden aprender a relacionarse ejerciendo este poder sobre sus compañeros al trasladarlo al ámbito social”.

Hemos subido el vídeo a la red social, dice Álava, y hemos dejado al menor completamente expuesto: “De alguna manera hemos vulnerado su derecho a la protección de la infancia. El resto de personas del mundo no tienen porque verlos llorando y pasándolo mal. Más cuando el vídeo se puede volver viral”. La experta insiste en que estos vídeos perduran en redes y que, en un futuro, cuando los niños crezcan puede no gustarles y acabar enfrentándose a sus padres para saber por qué decidieron colgarlos. “Los vídeos en los que hay menores no tendrían que estar en la red por el daño que les podemos hacer con ellos”, zanja.

FUENTE: maldita.es

El «Blue Monday» no existe

Durante años nos han hecho creer que el “Blue Monday” es el día más triste del año.

Los argumentos que destacaban es que es lunes y a muchas personas no les gusta ese día de la semana, que estamos en plena cuesta de enero, con las estrecheces económicas que nos ha podido dejar la Navidad y que a esa altura del mes ya empezamos a ver que no vamos a cumplir los objetivos propuestos al inicio del año.

Sin embargo, el “blue Monday” no existe. No hay ningún estudio científico que lo avale. El término se acuñó para una campaña de publicad de “Sky Travel” que vendía billetes de avión para huir de ese lunes triste.

¿En qué momento aceptamos que estar triste es malo? ¿o que no podemos estar triste?

La tristeza es una emoción que surge tras una pérdida, no sólo de una persona, sino de algo que queríamos, por ejemplo, una expectativa o una ilusión. Cuando sentimos tristeza la energía de nuestro cuerpo disminuye con el objetivo de poder hacer una labor de introspección, que muchas veces nos ayuda a encontrar la solución de un problema difícil. Como todas las emociones, es necesaria para nuestro correcto funcionamiento. Aunque no nos guste y sea desagradable, no es malo sentir tristeza. Nos ayuda a bajar la intensidad para reconectar con nosotros mismos, y bien gestionada, nos sirve para valorar lo que realmente importa.

El problema surge cuando no estamos tristes de forma puntual.

Sino que nuestro estado de ánimo es muy bajo, nos cuesta experimentar emociones agradables e interfiere con nuestra vida cotidiana.

Quizás para ti este lunes no sea un día triste, depende de tus circunstancias y de cómo estés interpretándolas. No tiene ningún sentido que nadie, y menos una empresa de Marketing nos diga cuál es el día más triste del año. Cada uno tiene su fecha, y dependerá mucho de lo acaecido en la misma. Quizás un día que te recuerda a una ruptura, la pérdida de un ser querido, una determinada noticia… tómate tu momento para estar triste, para procesar la información, pero no te quedes enganchado en ese sentimiento, procura hacer cosas que te hagan sentir mejor y mirar con una sonrisa a la vida.

Qué hacer para que los niños no sufran en los divorcios: «Que no reciban las balas de la guerra de sus padres»

Sí, con una buena gestión del divorcio o de la separación de los padres, es posible que los niños no sufran o no tengan problemas psicológicos por la ruptura. La psicóloga Silvia Álava nos cuenta todas las claves a tener en cuenta.

Por Beatriz G. Portalatín

Cuando se produce una ruptura sentimental en una pareja con hijos, ésta deja de serlo pero ninguno de los dos dejan de ser padres o madres. Por eso, y según los expertos es importante que haya un buen divorcio y una buena gestión de la separación para que los niños/as sufran lo menos posible.

Y clara-mente mucho se está hablando de todo esto durante las últimas 48 horas, por la famosa canción queShakira ha dedicado a Piqué, pero sin hacer valoraciones sobre este caso (que bastantes cosas hay ya) y extrapolándolo a lo mundano y cotidiano de nuestro entorno, expliquemos las claves para tener un buen divorcio.

Porque sí, es posible que los niños no sufran con las rupturas de sus progenitores, siempre y cuando haya una buena gestión de la separación, que sabemos que no son nada fáciles y que como ya explicamos en este artículo, también deben atravesar su duelo. Y ese duelo siempre lleva consigo una fase de dolor muy importante.

«La evidencia nos dice que, si sabemos separarnos cuando tenemos hijos pequeños, no tendría por qué haber problemas con los niños/as», afirma a laSexta.com Silvia Álava (@silviaalava), doctora en Psicología y directora del área de psicología infantil del Centro Álava Reyes (Madrid).

Sin embargo, «cuando no hay una buena gestión de la separación, los estamos utilizando para hacer daño al otro progenitor o están los niños recibiendo las balas perdidas de la guerra de sus padres, las probabilidades de que desarrollen problemas psicológicos se incrementan mucho más», asegura esta experta, autora de Queremos hijos felices (donde precisamente hay un capítulo dedicado a esto).

Y es que al final, muchas veces, «son los hijos los que se quedan en medio de la guerra que tienen sus padres y ellos tienen que estar a otra cosa, y sobre todo tienen que estar protegidos por sus propios padres. No tienen ellos que recibir esas balas».

Claves para gestionar un buen divorcio cuando hay niños

Fundamentalmente, podemos decir que, según Silvia Álava, existen 4 claves básicas que debemos tener en cuenta cuando tenemos hijos pequeños, sean niños o adolescentes (no olvidemos que los adolescentes no son adultos) y nos estamos separando o divorciando de nuestra pareja.

1. Explicarle bien a los niños que sus padres se van a separar

Esto es fundamental. Contarles bien a los pequeños que sus padres/madres se van a separar pero que ellos no tienen culpa ninguna y que les van a seguir queriendo igual. De hecho, «muchas veces con los más pequeñitos funciona muy bien la palabra novios: vamos a dejar de ser novios, vamos a vivir en casa separadas, pero te vamos a querer igual… Con los más mayores, sí podemos decir pareja», señala Álava.

Pero es muy importante insistir en que «son cosas de pareja y que nada tienen que ver los niños«; y esto hay que dejarlo claro porque a veces tienden a pensar que es por su culpa y no es así, debemos decirles que las cosas de pareja son precisamente eso, cosas que pertenecen solo a dos personas».

2. Explicarles a los niños cómo va a ser su vida a partir de ahora

Algo fundamental para los pequeños es que, una vez les contamos que sus padres/madres van a separarse, les expliquemos muy bien cómo va a ser su vida a partir de ahora: en qué casa van a vivir, quién los va a llevar ahora al colegio… Todo lo que necesitan saber para su día a día, todas esas cosas prácticas. Y además es importante que les involucren en esto. Por ejemplo, «si van a tener un segundo dormitorio en casa del otro progenitor, que sean ellos quienes vayan a elegir la decoración y que se sientan parte de su nuevo hogar».

Y así lo explicaban también aquí varias expertas en psicología y mediación: es importante «formular la separación procurando que sus hábitos cambien lo menos posible y que sigan en relación con las respectivas familias (abuelos, tíos, primos…)». La estrategia común que tenga en esto la pareja es fundamental, es decir, tal como aseguraban las expertas, para que los hijos/as sufran lo menos posible, la pareja tiene que llegar a un buen acuerdo en la forma en que se van a separar y a una buena planificación y organización de cómo será ahora la vida de sus hijos/as.

3. Nunca contarles los motivos de la ruptura (son cosas de pareja)

«No, nunca debemos contarles a los niños los motivos de la ruptura», asegura Álava. «Nunca tenemos que contar el porqué se ha roto la pareja, los niños/as no tienen que tener más información de la que les atañe a ellos mismos», insiste la experta. Y es que «hay muchos adultos que están dolidos porque su ex ha tomado la decisión de terminar y cuando se lo cuentan a sus hijos/as no son capaces de discernir con claridad y tienen que darse cuenta de que esto es un tema de adultos».

Porque por mucho que deje de ser tu pareja, «no va a dejar de ser el padre/madre de tus hijos y necesitamos que la relación sea lo mejor posible. Necesitamos una relación buena y sana, por ello en ningún momento podemos descalificar a la expareja, porque al final ese niño/a se va a quedar con los dos», señala.

4. Que no haya o que no sigan las faltas de respeto

Normalmente, antes de que la pareja se separe, hay malos momentos, probablemente palabras duras, faltas de respeto… pero cuando la pareja decide romper, «no tiene que haber ya esas faltas de respeto hacia el otro/a delante de los hijos, porque la pareja ya no existe, para algo nos hemos separado».

Y esto es importante porque «la mala relación con nuestra expareja puede afectar al vínculo de seguridad y de apego que queremos que nuestros hijos desarrollen con los dos progenitores. Por eso es importante dejar siempre a los niños al margen», asegura Álava. Al margen del dolor y de todo lo que podamos sentir nosotros, como pareja, con la ruptura y la separación.

FUENTE: lasexta.com

La última canción de Shakira, analizada por varios psicólogos: «Los que sufren son los hijos»

Los expertos coinciden en que expresar y compartir los sentimientos ayuda a superar una ruptura, pero que hay que tener cuidado cuando hay menores involucrados

Shakira lanza su bomba nuclear a Piqué en su tema con Bizarrap

Por MARÍA LOZANO

La última canción de Shakira, que ha visto la luz este jueves, ha sembrado polémica sobre la forma que ha tenido la cantante de superar la ruptura con Piqué. La colombiana es bastante explícita y la letra desvela detalles sobre el estado de la relación entre ambos. Varios psicólogos analizan en ABC los últimos versos de Shakira.

Tanto Silvia Álava, doctora en psicología y autora del libro ‘¿Por qué no soy feliz?‘, como Guillermo Fouce, doctor en psicología, profesor en la Universidad Complutense, presidente de la fundación Psicología sin fronteras, coinciden en que expresar las emociones y compartirlas ayuda, pero que hacerlo público cuando hay hijos en la pareja es perjudicial para ellos.

«Sacar la rabia y el dolor es positivo, lo que es controvertido es hacerlo canción. La canción tiene vida propia, todo el mundo habla de ella y eso va a transformar el contexto en el que vivan los niños. Son los que más sufren«, señala Fouce, que opina que el último ‘hit’ de Shakira es »el traslado de una guerra de quién es el bueno y quién es el malo a la opinión pública«.

Álava insiste en que estamos hablando de «dos niños de 7 y 9 años y no conviene que reciban información sobre las cosas que han podido pasar en la pareja. A los niños siempre hay que dejarles fuera«. Es preferible que queden al margen porque aunque la relación entre los progenitores haya terminado, los hijos mantienen la relación con ambos, asegura la psicóloga.

«Predisponer en negativo puede provocar que lo pasen mal cuando tengan que estar juntos», indica la especialista. Esto se puede aplicar también a la nueva pareja de uno de los progenitores. En este caso, Shakira menciona de forma evidente a Clara, la novia de Piqué y la persona con la que supuestamente le fue infiel a la cantante. «Una de las cosas más desafortunadas es introducir a una tercera persona», coincide Fouce.

Consecuencias en su estabilidad emocional

Al final, cuanta más información negativa reciban los niños sobre lo que ha ocurrido en la pareja y el porqué de la ruptura es peor. «Cuando se meten en procesos de separación en los que tienen tantos detalles, puede haber consecuencias a nivel de su estabilidad emocional. Los que sufren son los menores», señala Álava.

Todo esto sería diferente, aseguran, si no hubiera menores de por medio. «Si no tiene hijos, tú puedes sentirte en la libertad de expresar lo que estás sintiendo, pero esto es completamente diferente», afirma la especialista. Al margen de esto, Fouce concluye que la canción es «una forma de intentar superar ese rencor» y celebra el empoderamiento que ha generado.

FUENTE: abc.es

Generación sándwich: cuido a mis hijos, cuido a mis padres, trabajo fuera de casa…

Una singular ecuación demográfico-cultural-económica ha hecho que muchas mujeres adultas se vean hoy cuidando de sus hijos y también de sus progenitores. Ellas se quejan y los expertos advierten: la de la cuidadora 360º es una especie en peligro de extinción.

  • Por MARÍA CORISCO

levo seis meses intentando estar en varios sitios a la vez: en mi trabajo, en las sesiones de quimio de mi madre, al pie de la cama de mis hijos cuando tienen anginas… Si antes ya hacía la ruta de polideportivos, escuela de danza y academia de inglés, ahora, además, tengo el problema de la enfermedad de mi madre: ella era quien atendía a mi padre, que desde que tuvo un ictus tiene medio cuerpo paralizado…». Carmen, de 50, se lamenta y a su alrededor lo hace también el coro de amigas, vecinas y compañeras. «Mi madre se rompió la pelvis justo cuando los mellizos empezaban la semana blanca», dice Yolanda, de 48, y Chus cuenta lo suyo: «Cada tres meses viene mi suegra a casa, 92 años, apenas se puede mover. Y yo tengo un hijo de 16 con discapacidad, y un trabajo, y una madre en una residencia…». Todas coinciden: «Estamos atrapadas».

Atrapadas entre la lendrera y el sonotone, entre el monopatín y el andador. Pertenecen a la generación sándwich, un concepto ideado en 1981 por la trabajadora social Dorothy Miller para definir a ese grupo de mujeres estadounidenses de entre 30 y 40 años que se sentían como si estuvieran en medio de dos rebanadas de pan, una integrada por sus hijos y otra por sus padres, que demandaban su atención. No se trata, por tanto, de un fenómeno nuevo, me digo. De hecho, miro hacia atrás y recuerdo a mis abuelos, él con patologías múltiples y ella con Alzheimer, rotando cada mes de la casa de un hijo a la de otro… y en todas había chiquillería.

España en el pasado y en la actualidad

En esos años, pienso, por aquí nadie habría entendido eso del sándwich, y menos aún en la España rural. Al fin y al cabo, dice Begoña Elizalde-San Miguel, profesora de Sociología y Trabajo Social de la Universidad Pública de Navarra, «nuestro modelo de bienestar ha sido tradicionalmente familista: el cuidado de las personas, tanto mayores como menores, estaba garantizado dentro de las familias, sin que el Estado hubiera de asignar recursos específicos para estos cuidados». Pero hoy sí que se entiende la metáfora del sándwich, y la trampa de los cuidados también.

La clave está en que en las últimas décadas se ha producido una transformación del modelo familiar español. El tinglado, aun siendo el mismo, tiene otros mimbres: por una parte, la mujer -cuidadora por tradición, que no necesariamente por vocación- se ha incorporado al mercado laboral de pleno derecho; por otra, se ha producido un claro aumento de la edad de maternidad: según el INE, la media a la que las españolas empiezan a tener hijos ronda los 32 años (lo dice el INE y así será, pero miro a mi alrededor y las que van con el carrito del bebé están más próximas a los 40 que a los 30…). «Es una edad que va en ascenso constante, una tendencia sin vuelta atrás», continúa Elizalde-San Miguel, «y esa fase coincide, y cada vez lo hará más, con que tus padres son mayores». Para seguir completando el cuadro, los padres viven mucho: somos el cuarto país con mayor esperanza de vida (después de Japón, Suiza y Singapur, dice la OMS) y esta conquista tiene también sus servidumbres.

La tormenta perfecta

A eso podemos sumarle otros cambios sociales que no es que sean buenos ni malos, pero que tampoco ayudan. «De niña, llegaba del colegio, cogía el bocata y a la calle. Hoy mis hijos no salen solos y tienen sus extraescolares», me dice Meli, de 47 años, con tres hijos de entre 12 y seis, y una madre de 78 con glaucoma avanzado. Y añade: «Hasta hace poco me ayudaba mi madre con ellos, hoy soy yo la que tiene que estar pendiente de ella».

Porque, dentro de ese modelo familista, cuando los abuelos están bien les encasquetamos a los niños, y no es solo una cuestión de egoísmo puro: pensemos que el número de peques entre cero y tres años que tienen una plaza en una escuela infantil pública es, a nivel estatal, de un mezquino 20%; otro 20% más se puede permitir dejarlos en guarderías privadas. ¿El resto? Madres que no trabajan fuera de casa… y los benditos abuelos. Esto puede ser así hasta que aparecen patologías en los ancianos, el equilibrio se resquebraja y nos toca cuidarlos.

¿Qué podemos hacer?

Todos esos factores en la coctelera nos ayudan a entender por qué esa generación sándwich está hoy más acogotada que ayer. «Se nos ha juntado todo: mis padres me necesitan, pero aún no puedo dejar a mis hijos solos», explica la doctora en Psicología Silvia Álava, del Centro de Psicología Álava Reyes, «es el momento de la corresponsabilidad y de ser capaces de pedir ayuda, porque no es una carga que debamos llevar nosotras solas».

Y abrimos así otro melón. El de nuestro rol de cuidadoras, un rol que parecería grabado a fuego en nuestro sentido del deber. Mientras hablo con Elizalde-San Miguel, me oigo decir que cómo no voy a cuidar de mi madre, «si es que está en mi ADN…». El coscorrón es inmediato: «No está en nuestro ADN, es una construcción, un mandato de género en el que seguimos siendo socializadas. Las expectativas de cuidados están generizadas, es una creencia colectiva que cuesta muchísimo romper». Entono el mea culpa y lo hablo con Silvia Álava, quien dice que «se nos ha inculcado. Si no ejercemos el rol de cuidadora aparece la culpa. Tenemos un nivel más alto de autoexigencia, de hija estupenda que cuida a los padres en el momento en el que hay un problema».

La importancia de la corresponsabilidad

En el cuidado infantil, aun cuando las mujeres son, en un 80%, quienes solicitan las reducciones de jornada por hijos a cargo, sí vamos viendo una progresiva involucración de los hombres. Mi ejemplo, con un marido permanentemente atento a los hijos, era excepcional 20 años atrás; hoy lo va siendo menos. Pero el tema de los mayores parece ir más despacio. Mamen, de 51, lo resume así: «Yo estoy pendiente de mi madre, voy a verla, hablo con ella todos los días… Y él se desentiende de la suya. Le tengo que estar recordando que la llame, pero se queda tan pancho porque sabe que su hermana está ahí».

Ah, cierto: en lo que toca a los mayores, el conflicto de género no se da solo en la pareja, sino entre hermanos. Me lo cuenta así Vanesa: «Somos seis hijos; dos chicas y cuatro chicos. Pero somos nosotras quienes los acompañamos al médico, buscamos alguien para que los ayude en casa, estamos atentas al día a día, a que no les falte de nada…».

¿Una cuestión de educación?

«Suele suceder que los padres, cuando se hacen mayores y se sienten vulnerables, tienden a tirar más de las hijas. Ahí está el tema de las diferencias en la educación en niños y niñas. Es el momento de atajarlo», dice Silvia Álava, y con ella coincide Elizalde-San Miguel, que añade que hay una cuestión de fondo, que preocupa a demógrafos y sociólogos y que nosotras apenas atisbamos desde nuestro sándwich, que es la crisis de los cuidados, el modelo de dependencia, el quién cuida de quién: «La Ley de Dependencia se ha traducido en buena parte en una prestación por cuidado familiar; seguimos sin profesionalizar los cuidados».

Además, no nos engañemos: el valor simbólico del buen cuidado está muy vinculado a lo emocional, al cariño: queremos que nos cuide quien nos quiere, no un extraño. Para Silvia Álava, «estamos en una fase de transición y hay un desajuste: las expectativas de los mayores siguen vinculando su cuidado a la familia y, dentro de esta, a las mujeres. Pero ellas, cada vez más, trabajan fuera de casa. Es la excusa perfecta para el conflicto», señala Silvia Álava.

Las expectativas

Pero el futuro se antoja más difícil aún, lamento decirlo. Porque no es ya solo que la edad de maternidad se siga retrasando y que los abuelos vayan a vivir cada vez más años… Es que también batimos récords en descenso de natalidad. De forma que esas peleas entre hermanos acerca de quién cuida a mamá van a dejar de existir…, porque no va a haber hermanos con los que repartir la carga de los cuidados. Antes, por cada mayor de 75 años había tres personas entre 40 y 55 años. Ahora, el grupo poblacional que debe cuidar de los padres es más pequeño y seguirá descendiendo.

No hay una solución colectiva fácil, especialmente en lo concerniente al cuidado de los más ancianos. «¿Qué pasará mañana? Quien se lo pueda permitir contratará a un cuidador, ¿y el resto?, ¿querrán nuestros hijos cuidarnos?», se pregunta Begoña Elizalde-San Miguel. Porque es posible que nuestras hijas o nietas sean capaces de quitarse la rebanada de pan de encima, de convertirse más en generación tosta, si se me permite la frivolidad, que en generación sándwich. Es algo que debemos tener en cuenta, y el Estado también, concluye la experta, porque «pensar que va a seguir funcionando el modelo, dejarlo al albur de que haya algún familiar dispuesto a cuidarnos, nos pone en el riesgo de la desatención».

FUENTE: Revista Yodona

Elegir regalos: Por qué nos cuesta tanto

¿Por qué nos cuesta tanto elegir los regalos?

Hoy es el «Día de Reyes» tradicional día de dar y recibir regalos, pero ¿por qué nos cuesta tanto elegirlos?

De ello hablamos en este vídeo, extracto de la entrevista realizada para el programa «Ya Es Mediodía».