Entradas

Ausencia paterna: el impacto legal y psicológico en los hijos

Expertos opinan sobre las repercusiones de la ausencia paterna y por qué es esencial comprender los efectos tanto legales como psicológicos.

Sumergirse en el complejo mundo de las repercusiones de la ausencia paterna es esencial para comprender los efectos tanto legales como psicológicos que esta situación puede tener en los hijos.

En este sentido, la abogada Sandra Hoyos y la psicoterapeuta Mariana Bermúdez ofrecen una visión profunda desde sus respectivos campos, arrojando luz sobre las implicaciones que este fenómeno puede acarrear.

Es algo muy drástico. Tiene que pasar por un proceso de terapia. Va a depender de la edad que tenga el menor, porque si es un niño que ya tiene 9 años y que ya se conoce él mismo, las Cortes no están inclinadas a permitir un cambio de nombre porque le estás quitando al niño su identidad»

«Llegar hasta ese extraño implica que hubo una relación que no funcionó, que el hijo ya trae esas secuelas. Quitarle el apellido representa quitarle la identidad. Lo que refleja para un niño la identidad es sentirse acogido y aceptado por los padres», comentó Mariana.

Proteger el bienestar de los hijos tras un divorcio

En el libro “Queremos hijos felices. Lo que nunca nos enseñaron”, (JdJ Editores), la psicóloga Silvia Álava provee consejos y técnicas para solventar los principales problemas que pueden surgir en el día a día de padres e hijos, en orden cronológico, desde el nacimiento hasta alcanzar los seis años de edad combinados con casos prácticos que ejemplifican las distintas situaciones.

Silvia Álava asesora de forma clara y concisa sobre el bienestar de los hijos desde su experiencia profesional como directora del área infantil en el Centro de Psicología Álava Reyes; los derechos de autor serán donados a la Asociación Nuevo Futuro.

Desde la educación de los niños al establecimiento de normas, pasando por cómo dirigirse a ellos, todo para mejorar la calidad de vida de las familias. La psicóloga recalca que para educar a los hijos es esencial usar el sentido común y que saber actuar ante determinadas situaciones requiere pararse a observar qué sucede y analizar tanto la forma de actuar del niño, como la de los padres.

En la segunda sección del libro, se desarrollan las cuestiones principales hasta los dos años como los hábitos de sueño, higiene, alimentación hasta cómo estimular su inteligencia; en la tercera trata cuestiones como la adaptación al colegio, miedos, celos o desobediencia; el libro cierra con un capítulo dedicado a los distintos tipos familias y un epílogo sobre la importancia de transmitir valores a los niños.

Entre los obstáculos que se pueden presentar, se encuentran las separaciones, una realidad en la que muchas veces los hijos son los principales perjudicado; la psicóloga Silvia Álava da pautas para que los niños convivan con el divorcio de sus padres de la mejor manera posible.

Algunos errores habituales

Silvia Álava apunta que 

“muchos padres consiguen salvar sus diferencias individuales por el bien de sus hijos”;

esto no implica que arreglen su matrimonio, pero sí que mantengan el objetivo principal: el bienestar del hijo. Estos son algunos de los errores a evitar para lograrlo.

  • Involucrar directamente al niño en la separaciónCompartir los motivos de la separación con el niño es uno de los errores en los que más se incide. La psicóloga advierte que cuando el niño es pequeño no hay que contárselo porque no tiene el suficiente desarrollo madurativo para entenderlo, pero incluso cuando es mayor, tampoco le corresponde porque es un tema de pareja.
  • Descalificar a la pareja. Cuando se descalifica a la ex-pareja delante del niño o lo utilizamos de mensajero para decir cosas, lo estamos perjudicando, haciendo inseguro y sometiendo a tensiones porque “su principal fuente de seguridad son los padres, ya que son sus adultos de referencia”. No hay que olvidar que “por muy mal que nos haya ido con nuestra ex-pareja, no deja de ser el padre o la madre de nuestro hijo.”
  • Marcar tiempos para la asimilación. No hay un límite establecido para que el niño asimile la situación, cada caso va a necesitar un tiempo distinto. Los padres tienden a fijar tiempos en los periodos de adaptación que no se corresponden con la realidad del niño, que por su propio desarrollo cognitivo no tiene las estrategias que tienen los adultos.
  • Intentar comprar al niño. Es posible caer en el error de pensar que el niño va estar más feliz o que va a querer estar más con nosotros si lo colmamos de cosas materiales pero en realidad ocurre todo lo contrario; “los niños necesitan que les digan por dónde tienen que ir, les trasmitan seguridad, firmeza y mucho cariño”.

La clave: una línea educativa común

Cuando se produce un divorcio, las vidas de los miembros de la pareja toman rumbos distintos; sin embargo, no debe suceder igual con la educación de los hijos. Álava afirma que cuando se trata de educar, los padres han de estar de acuerdo en los aspectos esenciales porque “los niños son sensibles a las incongruencias educativas”.

La psicóloga sostiene que si cada padre actúa de una manera diferente y los niños son pequeños “se pierden, ya que desconocen qué es lo que realmente se espera de ellos y se preguntan: ¿por qué con mamá es de una manera y con papá de otra?”

Asimismo, si hay más de una línea educativa y los niños son mayores, “su capacidad de observación hace que usen estas incongruencias para su propio beneficio; aprenden qué cosas pedir a mamá y qué cosas a papá.”

Para evitar estas situaciones y facilitar que los padres vayan en la misma dirección educativa, la experta aconseja “establecer con claridad las normas y consecuencias tanto si el comportamiento del niño es bueno como si no”.

Nuevas parejas, nuevos roles

La psicóloga indica que con frecuencia los niños tienen la fantasía de que sus padres van a arreglar su matrimonio y el hecho de que el padre o la madre comiencen una nueva relación les supone tener que asumir que la separación es definitiva.

Según la especialista, la otra persona tiene que asumir bien el rol que le corresponde: el de pareja de la madre o del padre, “nunca el de padre o madre, porque el niño ya los tiene”.

Silvia Álava insiste en la importancia de que se establezcan estos roles porque la pareja del padre o de la madre, no deja de ser un adulto de referencia. “Si conviven juntos, van a ser quien marque las normas y que no sean sus padres no implica que no les tengan que obedecer”.

Por mucho que se quiera que los niños se adapten, “no hay que forzar las situaciones y hay que darles tiempo, con la convivencia se establecerán buenos lazos afectivos”.

Normalizar la situación

Álava hace hincapié en la importancia de que todos los adultos de referencia del niño conozcan cuál es su realidad, entre ellos, profesores y cuidadores. La meta de comunicar la situación del menor no es que se le etiquete y reciba un trato distinto, sino normalizar la situación lo máximo posible.

Pero, cuidado, la psicóloga advierte que el hecho de todas las personas que están en contacto conozcan su realidad, “no significa que les tengamos que contar nuestra vida”.

FUENTE: telemundo.com

¿Y si no hubiera redes sociales?

¿Y si….? – ¿Y si no hubiera redes sociales?

¿Qué haríamos sin las redes?

Pues tener más tiempo, entre otras cosas… es una de las conclusiones a las que llegamos en este podcast de RNE del espacio ¿Y Si…?

Y los niños creen que no pasaría nada, ¿o sí?

Escúchalo ahora.

Seis consejos para convertirte en refugio para tus peques.

Publicado por Rubén García Díaz Periodista especializado en parenting, infancia y crianza

 Si deseas, como la gran mayoría de padres y madres preocupadas por la felicidad y el desarrollo de sus hijos e hijas, convertirte en ese lugar seguro para ellos y ellas al que acudir siempre que lo necesiten, hay algunas cosas concretas que se pueden hacer. Algunas son puntuales y otros son hábitos que conviene sostener en el tiempo. La especialista en psicología Silvia Álava Sordo comparte hasta seis consejos como los más importantes a la hora de convertirte en refugio para tus peques.

La psicología es una disciplina esencial en todas las etapas de la vida.

No vamos a descubrir ahora nosotros sus virtudes. Pero sí remarco, y esto lo hago en primera persona porque sé de buena tinta todos los consejos, aprendizajes y trucos que puede enseñar una psicóloga infantil (o psicólogo, es indiferente, pero en nuestro caso es una profesional), lo infravalorada que sigue estando durante la crianza.

El bienestar

Por eso, desde que descubrí en mis propias carnes el poder de la psicología en el bienestar no solo de los niños y niñas sino también, incluso más en algunos casos, en el bienestar de los adultos, padres y madres, trato de no desaprovechar ninguna oportunidad para poner en valor aquellos consejos y experiencias compartidas por profesionales de la psicología que se pueden aplicar a la crianza de los hijos e hijas.

Lo son cualesquiera de los consejos y reflexiones que comparte en sus perfiles públicos la doctora en psicología clínica y de la salud, además de divulgadora, Silvia Álava Sordo. Por ejemplo, los seis hábitos que, en opinión de la psicóloga clínica y educativa, tienen mayor influencia a la hora de conseguir que nuestros peques nos vean como su espacio o lugar seguro.

Los seis consejos de la experta en psicología

La lógica nos lleva a pensar que, por puro instinto, los niños y niñas pequeños vean de forma natural a sus madres como su espacio seguro. Y en cierto modo es así, pero hay que regar ese lugar espacio que somos, cuidarlo, mantenerlo limpio y abierto las 24 horas del día para nuestros hijos e hijas. Y también hay que recordarles que existe y que no tienen más que pasar siempre que quiera. Y algo parecido ocurre con otro progenitor o progenitora, si lo hay. Y por extensión, con abuelos, tíos, etcétera.

«Jardinería emocional»

Para hacer este trabajo de “jardinería emocional” para con nuestros hijos e hijas, Silvia Álava pone el foco en seis hábitos concretos, los que en su opinión tienen mayor impacto a la hora de convertirnos o mantenernos como el lugar seguro para nuestros peques a medida que crecen y van ganando en autonomía.

Los seis consejos de la psicóloga son los siguientes:

  1. Mantenernos emocionalmente disponible para ellos: es a lo que nos referíamos con lo de mantener abierto el jardín las 24 horas del día. No tiene puertas ni vallas.
  2. Demostrarles atención cuando hablan con nosotros: puedes aplicarlo de múltiples formas siempre y cuando se cumpla el objetivo. Puedes mostrar interés de forma activa con repreguntas, compartir con él o ella aquello que desees contarles, y también dejando el móvil cuando te hablan. Esta última es, precisamente uno de los hábitos cotidianos cuyo esfuerzo merece la pena según Álvaro Bilbao.
  3. Participar en sus juegos activamente siempre que sea posible: entronca con el consejo anterior de Silvia Álava, y no necesita más explicación.
  4. Valorar y considerar sus opiniones: si eres lector o lectora habitual de Ser Padres, ya sabrás la de veces que los profesionales de la psicología y la docencia inciden en la importancia de legitimar aquello que sienten nuestros hijos e hijas, que no es lo mismo que validar todas sus conductas.
  5. Establecer conexión visual mientras nos comunicamos: puedes hacerlo poniéndote a su altura cuando queréis hablar o tener un gesto de cariño, el gesto más sencillo y eficaz que puedes hacer para conectar con tus peques.
  6. Ser auténticos, vulnerables y coherentes: compartir emociones, experiencias, sentimientos… y mantener una coherencia en nuestra educación a lo largo del tiempo son cuestiones esenciales, según la psicóloga Silvia Álava, para ser el lugar de seguridad de nuestros hijos e hijas.

En definitiva, concluye la experta en psicología,

“Todo se resume en estar completamente presentes y comprometidos con su mundo infantil para continuar siendo parte de su mundo cuando crezcan y se conviertan en adolescentes y adultos”.

FUENTE: serpadres.es

Los niños prefieren pasar su tiempo libre con amigos que usando pantallas

Las preferencias de ocio y tiempo libre de los niños no son digitales, ya que el 78% prefiere estar con amigos, el 55% ir al parque a jugar, el 50% hacer deporte y el 49% hacer manualidades.

En este sentido, la mitad del profesorado señala que el uso de dispositivos digitales en las escuelas está restando tiempo al jugo algo que, a juicio de los docentes, perjudica bastante o mucho el aprendizaje y la adquisición de competencias básicas.

Así lo refleja un estudio dirigido por investigadores de la Universidad Complutense de Madrid y el Instituto Tecnológico de Producto Infantil y Ocio (AIJU), en el que han participado más de 1.800 niños de 5 a 12 años y 110 docentes.

El 88% de los docentes han mostrado su preocupación acerca de la cantidad de tiempo que el alumnado pasa frente a las pantallas y sus posibles efectos en el aprendizaje especialmente en el desarrollo de competencias vinculadas a la adquisición de la comprensión lectora, escritura y lectura.

Esta investigación, refuerza la hipótesis de la creciente desconfianza que han expresado países como Suecia al vincular un retroceso en la comprensión lectora con el tipo de uso de los dispositivos digitales en los centros educativos.

Los más utilizados

Según este estudio, los dispositivos digitales más utilizados por los docentes que han participado en el estudio son la Pizarra digital (84%), el ordenador portátil (66%), Tablet (34%) y el móvil (17%).

Además, destaca que el 20% de los docentes manifestó utilizar más de 3 horas la pizarra digital y el 13% el ordenador portátil, una cantidad de tiempo que supera las recomendaciones pediátricas.

La investigación revela que la tendencia de uso de dispositivos digitales en el aula es pasiva, ya que el 70% de los docentes afirma utilizarlo de forma expositiva mediante la visualización de vídeos, mientras que solo el 21% asegura utilizarlo de forma lúdica.

El 73% manifiestan que su uso expone al alumnado a diversos anuncios con contenidos inapropiados; el 80% de los docentes indican bastante preocupación por la sobreexposición a dispositivos digitales dentro y fuera del aula (móvil, ordenador, pizarra digital, tablets etc.) y sus posibles riesgos asociados; y el 65% señala que las familias están poco sensibilizadas con los riesgos asociados al uso de dispositivos.

Confianza en el uso educativo

En cuanto al juego con dispositivos digitales, el estudio revela mayor confianza docente en el uso educativo que en su uso recreativo para el desarrollo de las funciones ejecutivas. Un 40% desconfía que el juego educativo con dispositivos digitales tenga efectos positivos en la memoria y la concentración.

En las habilidades de planificación y organización, creatividad y resolución de problemas se presentan resultados con mayor variedad de opiniones. La desconfianza aumenta en todas las anteriores si se pregunta por el uso recreativo de dispositivos digitales.

En contraposición, los niños han manifestado que son más creativos (76%), organizados (45%), resuelven mejor los problemas (55%) y memorizan mejor (58%) cuando juegan sin dispositivos digitales.

Con respecto al desarrollo de competencias instrumentales, los docentes entrevistados no perciben que el juego con dispositivos digitales -ya sea con fines educativos o recreativos-, favorezca el desarrollo psicomotor (68%), las habilidades lectoescritoras (50%) y la expresión oral (68%).

Pese ello, el 36% de los niños afirman usar los dispositivos digitales en las asignaturas de Lengua Castellana y Literatura (36%) y Lengua Extranjera (43%). Asimismo, el 46% de los niños han indicado que prefieren aprender a leer y a escribir a través de juegos sin dispositivos digitales.

En cuanto a la valoración de las actitudes de aprendizaje, aunque el 65% de los docentes valora el uso de dispositivos digitales como una herramienta clave para la motivación del aprendizaje, se reconoce que esa exposición sobre estimula bastante o mucho al alumnado (70% si el uso es recreativo y 41% si es educativo).

A su vez, el 53% de los docentes han manifestado que su uso meramente recreativo podría generar dificultades de aprendizaje. Por el contrario, los niños sostienen sentirse más tranquilos cuando juegan sin dispositivos digitales (55%).

Promueve poco o nada la socialización

En cuanto a las habilidades socioemocionales, más del 50% del profesorado asegura que el juego con dispositivos digitales -sea educativo o recreativo-, promueve nada o poco la socialización y el 75% desconfía que promueva el desarrollo socioemocional infantil.

Por su parte, los niños afirman que son capaces de empatizar bastante y mucho más cuando juegan sin dispositivos digitales (61%). Además, los docentes han indicado que el uso recreativo de juegos con dispositivos digitales podría perjudicar a la salud mental (47%), porcentaje que contrasta con el 46% que indica que su uso educativo no perjudica a la salud mental.

FUENTE: cordobabn.com

Los docentes están preocupados por el tiempo que el alumnado pasa ante las pantallas

El 88% de los docentes están preocupados por la cantidad de tiempo que el alumnado pasa frente a las pantallas y sus posibles efectos en el aprendizaje, especialmente en el desarollo de competencias vinculadas a la adquisición de la compresión lectora, escritura y lectura, según se desprende de un estudio de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) y el Instituto Tecnológico de Producto Infantil y Ocio (AUU).

El análisis, presentado este jueves por la Fundación Crecer Jugando, también concluye que los niños prefieren el tiempo libre y el ocio sin pantallas, siendo sus preferencias estar con amigos, en un 78% de los casos, ir al parque a jugar (55%) o hacer manualidades (49%).

La mitad del profesorado encuestado señala que el uso de dispositivos digitales en la escuela resta tiempo al juego y un porcentaje similar sostiene que esta reducción del tiempo de juego perjudica bastante o mucho el aprendizaje y la adquisición de competencias básicas.

En este sentido, los niños manifiestan que son más creativos (76%), organizados (45%), resuelven mejor los problemas en el 55% de casos y memorizan mejor (58%) cuando juegan sin dispositivos digitales, según describe el estudio, en el que participaron 1.896 menores de entre 5 y 12 años y 110 docentes.

Respecto al desarrollo de competencias instrumentales, los docentes entrevistados no perciben que el juego con dispositivos digitales con fines educativos o recreativos favorezca el desarrollo psicomotor (68%), las habilidades lectoescritoras (50%) y la expresión oral (68%).

Pese ello, el 36% de los niños afirman usar los dispositivos digitales en las asignaturas de Lengua Castellana y Literatura y el 43% en Lengua Extranjera. Además, el 46% de los niños indican que prefieren aprender a leer y a escribir a través de juegos sin dispositivos tecnológicos.

El análisis explica que un 40% del profesorado desconfía de que el juego educativo con dispositivos tenga efectos positivos en la memoria y la concentración. Más de la mitad (55%) de los niños manifiestan estar más tranquilos cuando juegan sin pantallas.

Igualmente, casi la mitad de los docentes (47%) piensa que el uso por ocio de juegos con dispositivos digitales perjudica la salud mental de los niños, y el 86% señala que el juego libre de dispositivos dispone de muchos beneficios en el aprendizaje.

TIEMPO Y USO

Los dispositivos digitales más utilizados en el aula por los docentes participantes son la pizarra digital (84%), el ordenador portátil (66%), tablet (34%) y el móvil (17%). Además, el 20% de profesores manifestó utilizar más de tres horas la pizarra digital y el 13% el ordenador portátil. Una cantidad de tiempo que “supera las recomendaciones pediátricas”, según explicaron desde la Fundación Crecer Jugando.

La tendencia de uso de dispositivos digitales en el aula es “pasiva”, indica el informe. El 70% de los docentes afirmó utilizarlo de forma expositiva mediante la visualización de vídeos, mientras que solo el 21% afirmó utilizarlo de forma lúdica.

El 73% manifiestan que su uso expone al alumnado a diversos anuncios con contenidos inapropiados. El 80% de los docentes expresaron bastante preocupación por la sobreexposición a dispositivos digitales dentro y fuera del aula y sus posibles riesgos asociados.

REALIDAD INCONTROLABLE

La profesora de la UCM y miembro del equipo de la investigación Silvia Sánchez-Serrano, durante la presentación del análisis, señaló que la solución a esta situación “no se trata de prohibir o rechazar los dispositivos digitales, el mundo digital es ya un espacio de participación cívica y social, sino que se trata de proteger a la infancia, regulando tanto el tipo de uso, como el contenido y adecuarlo a la edad”.

En esta línea, añadió que “es esencial limitar la exposición a dispositivos digitales y combinarla con otros tiempos y espacios de juego libre, exterior y creativo, junto con juegos de construcción, de mesa, dramáticos, etc. Los niños necesitan tener unos hábitos lúdicos saludables y equilibrados para su bienestar y desarrollo integral, es decir, una dieta lúdica infantil”.

Por su lado, el coordinador del departamento de Investigación Infantil y Pedagogía de AIJU, Pablo Busó, dijo que “hay un cambio de tendencia, en el que tanto las familias como docentes e incluso niños son conscientes que se llegó a un punto en el que el uso de la tecnología y las pantallas es excesivo”. Y, también, recalcó que “las alternativas del aprendizaje a través del juego y el juguete son ventajosas”.

Por otra parte, la psicóloga infantil, Silvia Álava, remarcó que “hay que supervisar el uso de pantallas de los niños y acompañarlos para no se pongan ni nerviosos ni abstraídos, en función del contenido que visualicen”. Por ello, también hizo hincapié en que “los niños tienen que aprender a aburrirse”.

(C) SERVIMEDIA. Esta información es propiedad de Servimedia. Sólo puede ser difundida por los clientes de esta agencia de noticias citando a Servimedia como autor o fuente. Todos los derechos reservados. Queda prohibida la distribución y la comunicación pública por terceros mediante cualquier vía o soporte.

FUENTE: lavanguardia.com

Es necesario que asumamos la idea de que jugar es tan valioso -y serio- como aprender

CARLOTA FOMINAYA

Los niños de hoy juegan menos por el uso de las pantallas y esto, según advierte el estudio presentado por la Universidad Complutense de Madrid (UCM) y el Instituto Tecnológico de Producto Infantil y Ocio (AIJU), es un grave error.

Este desplazamiento del juego por lo digital, explica la psicóloga Silvia Álava, puede tener «graves efectos en el neurodesarrollo del niño, porque deja de hacer cosas. De hecho el juego, junto a dormir, son las principales tareas que tiene que hacer un niño». Jugar, recalca esta experta, «es la manera del menor de explorar el mundo y mientras se practica, se realizan muchos procesos cerebrales que no queremos que se pierdan».

Un niño que juega es un niño que desarrolla sus procesos cognitivos

Un niño que juega, asegura Álava, «es un menor que está desarrollando un montón de procesos cognitivos: está mejorando sus funciones ejecutivas, la organización, la memoria, la atención, el lenguaje, el razonamiento lógico, la organización espacial… Y también sus habilidades socioemocionales. como la empatía, etc. Nadie quiere comprometer el desarrollo de su hijo y, sin embargo, les damos pantallas demasiado pronto, cuando sabemos que la Academia Americana de Pediatría ya recomienda cero pantallas antes del año e, incluso, por debajo de los tres».

El aprendizaje, corrobora Laura Camas Garrido, profesora de la UCM, y miembro del equipo de investigación del informe, «es inherente al juego. Es necesario que asumamos la idea de que jugar es tan valioso -y serio- como aprender. Hay mucho juego en el aprender, aprender es explorar y descubrir el mundo, implica motivación, emoción y curiosidad, estar dispuesto a cometer errores, equivocarse y volver a empezar. Jugar es todo esto».

Hay mucho aprendizaje en jugar

Y de la misma manera, prosigue Camas Garrido, «hay mucho aprendizaje en el jugar. Cuando jugamos, disfrutamos, nos asombramos, nos divertimos y también nos exponemos a situaciones adversas en las cuales tenemos que empatizar y resolver problemas. Todo esto supone un valioso aprendizaje».

Por tanto, añade esta docente, «jugar y aprender no solo son compatibles, sino que son interdependientes y complementarios. Si bien los niños participantes en el estudio han mostrado su preferencia hacia los juegos no digitales, observamos que sus hábitos de juego lo son cada vez más. La tendencia hacia lo digital se muestra tanto en la escuela como en el hogar y esto está empezando a preocupar a la comunidad educativa».

Preocupación por el tiempo frente a las pantallas

De hecho, un 88 por ciento de los profesores cuestionados durante el estudio han mostrado su preocupación acerca de la cantidad de tiempo que el alumnado pasa frente a las pantallas y sus posibles efectos en el aprendizaje, especialmente en el desarrollo de competencias vinculadas a la adquisición de la comprensión lectora, escritura y lectura.

La mitad de los docentes señalan, además, que el uso de dispositivos digitales en las escuelas está restando tiempo al juego. Y, a su vez, el 50% sostiene que esta reducción del tiempo de juego perjudica bastante o mucho el aprendizaje y la adquisición de competencias básicas.

‘Dieta lúdica’

En cualquier caso, matiza Silvia Sánchez-Serrano, también profesora de la UCM y miembro del equipo de investigación, «no se trata de prohibir o rechazar los dispositivos digitales, el mundo es un espacio de participación cívica y social. Se trata de proteger a la infancia. regulando tanto el tipo de uso, como el contenido y adecuarlo a su edad».

De hecho, añade esta experta, «hemos visto en base al estudio realizado que resulta esencial limitar la exposición a los dispositivos digitales y combinarlo con otros tiempos y espacios de juego libre, exterior y creativo, junto con juegos de construcción, de mesa, dramáticos, etc.. Los niños necesitan tener unos hábitos lúdicos saludables y equilibrados para su bienestar y desarrollo integral. Si en la ‘dieta lúdica infantil’ identificamos un exceso o saturación de juego en dispositivos digitales, es preciso introducir otras formas de juego. Esto lo vamos a conseguir creando conciencia, compromiso y espacios de colaboración entre la familia, los docentes y los propios menores».

Cambio de tendencia

Por fortuna, concluye Pablo Busó, coordinador del departamento de Investigación infantil y Pedagogía de AIJU, «los resultados de esta investigación muestran un cambio de tendencia, en el que tanto las familias como los profesores e incluso los niños son conscientes de que han llegado a un punto en el que el uso de la tecnología y las pantallas es excesivo. Ante esta situación, alternativas de aprendizaje a través del juego y el juguete se ha demostrado ser una alternativa realmente ventajosa». «Estamos a tiempo de compensar estas situaciones y de equilibrar su dieta de ocio», insiste Laura Camas Garrido.

FUENTE: DIARIO ABC

Claves de la inteligencia emocional en el ámbito familiar

Las Doctoras en Psicología Silvia Álava y Ruth Castillo Gualda explican las claves de la inteligencia emocional en el ámbito familiar.

Por LAURA PERAITA

Inteligencia emocional en familia

‘Inteligencia emocional en familia’ es el nuevo libro que acaban de publicar Silvia Álava, Doctora en psicología Clínica y experta en Psicología Educativa, y Ruth Castillo Gualda, doctora en Psicología, experta en educación emocional y profesora de la Universidad Camilo José Cela. En sus páginas proponen, entre otros muchos asuntos, una serie de pautas para que los padres puedan establecer un vínculo afectivo de seguridad con sus hijos. Lo hacen bajo el acrónimo es C.R.E.A.: Conecta a través de la mirada atenta, flexible y sin juicios hacia el mundo interior de los hijos. Una mirada atenta desde la apertura y la curiosidad hacia sus emociones.

Conductas iceberg

El segundo, ‘Reflexiona sobre las conductas iceberg’. Es decir, lo que sienten y lo que hacen con aquello que sienten, ya que no siempre se alinea y a veces, se asumen emociones que en realidad no experimentan. ‘Empodera’, que consiste en cambiar la mentalidad acerca de las emociones negativas, debido a que en numerosas ocasiones se les hace ver a los niños que sentir determinadas emociones puede ser un signo de debilidad, pero es al contrario: reconocer y expresar con honestidad es un símbolo de fortaleza que les protege de reacciones típicas como negarlas o reprimirlas. Por último, ‘Atiende sus emociones’, poniendo en marcha estrategias útiles e inteligentes como tomar consciencia de las señales físicas y mentales de lo que sienten, conocer sus disparadores o dirigir la atención para re-evaluar la situación, son algunos ejemplos para favorecer un desarrollo emocional saludable.

¿No basta, entonces, con cuidar sus necesidades básicas y mostrarles cariño?

Según apunta a ABC Ruth Castillo Gualda, atender sus necesidades y cuidarles desde el amor es fundamental, «pero ¡estamos hechos de emociones! Les van a acompañar siempre y en muy diversas circunstancias, por lo que saberlas reconocer y manejar contribuirá a que se desarrollen plenamente y gocen de un adecuado equilibrio mental en el futuro. Para ello, podemos enseñarles, desde bien pequeños, a reconocer y comunicar sus necesidades a través de vocabulario emocional y practicar estrategias de regulación sencillas que pueden usarse en cualquier momento, como la respiración consciente o entrenar la toma de distancia en momentos intensos a través del auto-diálogo amable y positivo consigo mismos, que sientan una buena base».

La sobreprotección

Para Silvia Álava, la sobreprotección es uno de los mayores errores que se comete hoy en día en educación. «Muchos padres malentienden el amor maternal, paternal y creen que sus hijos ya serán mayores para sufrir y, por tanto, quieren evitarles cualquier situación incómoda. Pensamientos del tipo: «a mí no me cuesta nada llevarle la mochila al colegio, estar pendiente de sus actividades, de los deberes…» están impidiendo que los menores desarrollen su autonomía y su seguridad personal».

Reconoce que «sabemos que el estilo educativo sobreprotector es un enemigo para el desarrollo de la inteligencia emocional de los niños. Hay muchos padres que directamente no soportan ver a sus hijos pasarlo mal y les evitan cualquier situación complicada para que no tengan que sentir emociones desagradables. Los niños tienen que aprender a convivir con dichas emociones para así poder reconocerlas, aceptarlas y aprender a manejarlas. Los padres deben de estar ahí desde el acompañamiento, no evitándoles dichas emociones porque si no, no van a aprender estas estrategias tan necesarias para proteger su salud mental».

Pautas, vínculo y clima familiar

En este sentido, Ruth Castillo Gualda señala que las pautas educativas recibidas, el tipo de vínculo que se desarrolla o el clima familiar en el que una persona vive los años más influentes de su desarrollo, es fundamental. Explica que si las relaciones y el ambiente son cálidos, amables y previsibles van a tener un efecto más beneficioso en la construcción de su auto-concepto y posterior autoestima. «A partir de la evaluación que recibimos de nuestras figuras de referencia, se construye y desarrolla de manera más o menos saludable nuestra imagen. La confianza que se deposite en nuestras habilidades, los refuerzos recibidos de manera consistente, el establecimiento de objetivos congruentes y acordes por parte de nuestros padres, será clave», puntualiza.

El modelado

Silvia Álava recuerda que los niños aprenden por modelado, es decir, copian a sus adultos de referencia que principalmente son sus padres. Por tanto, «si nosotros no somos un modelo regulado emocionalmente es muy complicado que podamos ayudar a nuestros hijos a co-regular sus emociones. Por eso, muchos de los capítulos del libro están dirigidos a los padres con actividades orientadas a que aprendan a trabajar con sus propias emociones y, de este modo, puedan acompañar a sus hijos y enseñarles las diferentes habilidades de la inteligencia emocional. No podemos olvidar que hay que hacerlo desde la práctica, utilizando las situaciones de la vida cotidiana. De poco sirve darles charlas teóricas sobre las emociones si no lo aterrizamos en cuestiones prácticas del día a día».

Componente mental, físico y expresivo

Y es que, tal y como afirma Ruth Castillo Gualda, las emociones y sentimientos se conforman de tres aspectos diferenciados: un componente mental (ideas o pensamientos más o menos positivos), un componente físico (respiración, activación, cambios fisiológicos) y un componente expresivo (conductas y comportamientos que busca escapar, afrontar, luchar, entre otros). Sin embargo, apunta que identificar estos componentes no es tan sencillo, ni tan evidente. «Expresar las emociones ayuda a equilibrar el desajuste (mental o físico) provocado por las mismas. Lo que ocurre es que si no enseñamos a los niños habilidades para regular o manejar esas experiencias, estas pueden predisponerles a reacciones automáticas, impulsivas, desproporcionadas, tales como, las conductas agresivas, estallidos emocionales, proyección, aislamiento, adicción a la tecnología u otras vías de escape. Es como si esas emociones desagradables ‘secuestraran’ su capacidad de decidir la respuesta más adecuada o provocaran una toma de decisiones menos flexible. Para evitar esto, cuando enseñamos a responder en lugar de a reaccionar, enseñamos formas más reflexivas, acordes y saludables de expresar lo que siente. A través de un vocabulario emocional que les permita compartir y expresar lo que necesitan, aprendiendo a validar las emociones que sienten, manejando la atención, tomando distancia o considerando el objetivo y las personas que se encuentran en la situación».

Clima de confianza

Para que los niños sepan expresar lo que sienten, Silvia Álava conseja crear un clima de confianza, generando un espacio seguro para que sientan que puede expresar sus sentimientos e inquietudes. «Es importante estar presentes en la vida de nuestros hijos y reservar espacios: tiempo y lugar para estar todos juntos y poder conversar, escuchando de forma activa. Por ejemplo, recuperar la cena en familia evitando los dispositivos electrónicos para no solo alimentarnos, sino para favorecer el diálogo. Sin olvidarnos que los primeros que debemos de contarles cómo nos sentimos somos los padres, dado que somos su modelo para seguir. En el segundo capítulo del libro trabajamos cómo crear este clima de confianza, dado que entendemos que si los niños no sienten esa confianza y no ven a sus padres como su lugar seguro, es muy complicado que nos puedan contar como están».

Expresar los sentimientos

Y es que mostrar y expresar lo que se siente es fundamental puesto que los niños y adolescentes que reprimen sus emociones muestran más problemas de depresión y ansiedad, estrés psicológico, auto-lesiones, trastornos de la conducta alimentaria, conductas agresivas, aislamiento y peor funcionamiento social. «Por otro lado, -apunta Silvia Álava-, esta estrategia para cancelar el componente expresivo requiere un esfuerzo mental importante que interfiere en procesos cognitivos, tales como, la memoria, la resolución de problemas, la flexibilidad cognitiva y la organización. Seguro que en alguna ocasión -prosigue- los padres han experimentado cómo su hijo verbalizaba racionalmente que estaba tranquilo, pero los progenitores apreciaban que su comunicación no verbal, su comportamiento o sus pensamientos denotaban nervios o preocupación. A veces, sus palabras pretenden comunicar emociones diferentes a las que su respiración, tensión muscular o pensamientos manifestaban. Confundir una forma de expresión con la emoción en sí misma es bastante común. Algo que repito mucho es que emoción no es igual a comportamiento».

Trabajar el autoconcepto

Silvia Álava insiste, además, en la importancia de trabajar correctamente el autoconcepto de los niños para que sepan cuáles son sus puntos fuertes y débiles, que conozcan los aspectos a mejorar y que sepan cómo potenciar lo que ya hacen bien. «Para eso es fundamental la labor de los padres, que sean capaces de corregir la conducta de sus hijos, pero sin entrar en una minusvaloración de su persona. Siendo asertivos, poniendo el foco en lo que hay que cambiar, explicándoles cómo hacerlo, evitando las etiquetas. No es lo mismo decirles es que tú eres vago, a decirle que hoy no hiciste lo que te tocaba, que eran tus deberes. Cuando utilizamos el verbo ser les estamos diciendo que ellos son así y que no pueden cambiar; sin embargo, cuando ponemos el foco en la conducta explicando lo que hicieron o dejaron de hacer, los niños interpretan que es algo que ellos pueden cambiar o mejorar. Por otro lado, también es importante reforzar sus virtudes y que tengan una mayor atención cuando su conducta es correcta y que sientan que sus padres les aceptan y les valoran por lo que son».

Las habilidades emocionales de los padres también cuentan

Las habilidades emocionales de los padres son muy importantes en todo este proceso educativo, tal y como remarca Ruth Castillo Gualda. «Las emociones que podamos experimentar como padres a lo largo de nuestra vida no las podemos evitar ni predecir, algunas nos resultarán difíciles de gestionar y seguro nos equivocaremos muchas veces en cómo hacerlo. Pero lo que sí podemos mostrar es nuestra capacidad para manejarlas, aplicando en primera persona esas estrategias útiles como el vocabulario emocional para comunicar, la comprensión de nuestros disparadores emocionales, reconocer las emociones del otro, el lenguaje corporal adecuado, dirigir la atención a otros aspectos de la situación o mantener con nosotros mismos una conversación interior útil. Si bien es cierto que, en ocasiones, no lo conseguiremos, en cada reto tenemos una nueva oportunidad para aprender y hacerlo mejor. Esto nos hace más humanos, más cercanos y especialmente mejores referentes para nuestros hijos», concluye.

FUENTE: abc.es/familia

¿Conoces la emoción que más se relaciona con la felicidad?

Para fomentar la felicidad en los más pequeños proponemos un modelo de crianza con menos bienes materiales, más límites y sin sobreprotección.

Flavia Tomaello Para el diadio LA NACION

Se habla de la felicidad con facilidad. Está en el podio de los deseos. Cada vez que se le pregunta a un padre sobre el futuro de los hijos, en todo tipo de crianzas, estratos sociales y edades, emerge: “Que sea feliz”. A este particular punto ha dedicado gran parte de su trabajo Silvia Álava Sordo, doctora y licenciada en Psicología nacida en Valladolid, pero instalada en Madrid hace más de dos décadas. Ha publicado siete libros, y casi como una constante aparecen en ellos una idea que los atraviesa: ¿Por qué no soy feliz?, Queremos que crezcan felices y Queremos hijos felices, son algunos de sus títulos.

Pero suele ser un concepto abstracto y volátil, que se construye individualmente. Álava Sordo, en una charla exclusiva con LA NACION, aporta claridad para entender cómo criar hijos felices.

¿Qué es la felicidad?

Es muy importante que definamos muy bien qué es porque la sociedad ha confundido la emoción de la alegría, que es una sensación que a todos nos gusta sentir, es agradable y en la que sube nuestra energía, con la felicidad, que no es solo sentir esa emoción agradable de gozo. Cuando hablamos de felicidad nos introducimos en un estado en el que cambian todas las emociones. Tanto las agradables como las desagradables. Si para ser feliz hay que estar todo el día sintiendo alegría, haciendo cosas que nos gustan o divertidas, lo que va a pasar es que absolutamente nadie en el planeta va a poder serlo. Por eso es importante que entendamos que la felicidad es un estado donde van a caber emociones amables y no tanto, y que no nos quedemos solamente con la parte hedónica de hacer cosas para el placer y para el disfrute. Cuestión que está muy bien y para la que hay que reservar esos espacios. Sino que también trabajemos desde la perspectiva de la felicidad eudaimónica, más relacionada con el crecimiento personal, con sentir que somos capaces de resolver con éxito esas situaciones de nuestro día a día.

Para ser feliz hay que sentir que se es capaz de resolver con éxito las situaciones del día a día

¿Es compatible la crianza en felicidad con la educación de los niños y los límites?

Pensamos que poner límites no se condiciona con la felicidad. Como psicóloga, trabajo en un centro en Madrid, y me gusta, al terminar la primera sesión en la que se presentan los adultos a cargo, sin los niños, preguntar: ¿Qué es lo que quieres conseguir para tu hijo o para tu hija? La respuesta que más me encuentro siempre es “que sea feliz”. ¿Cuál es el problema? Que muchos en ese pensamiento nos equivocamos. Y, por ejemplo, los inundamos para que tengan un montón de cosas. Cuando no hay ninguna evidencia científica, ningún estudio que nos diga que tener más juguetes los va a hacer más felices. O nos da miedo ponerles límites. Y es todo lo contrario, porque las normas les dan seguridad, les dan confianza, les muestran el camino que tienen que seguir. Y además, cuando evitamos la sobreprotección, también vamos a conseguir que sean más seguros, que se sientan con una mayor capacidad para desenvolver con éxito su día a día. Eso al final va a traducirse en que nuestros hijos sean más felices. No poniendo límites lo más habitual es que sean muchísimo más infelices.

¿Podrías darnos algunas claves para proteger la salud mental familiar puertas adentro de la casa?

Es cierto que parece que ahora hablamos mucho más, sobre todo desde la pandemia. La Asociación Española de Pediatría dice que se han incrementado un 47 por ciento los problemas de salud mental en población infantojuvenil. Las familias e incluso los profesores tienen un papel activo a la hora de criar a los niños y jóvenes con salud mental. Para ello es importante ver qué estamos haciendo, por ejemplo, estamos permitiendo ventilar las emociones, nos estamos convirtiendo en esa figura de referencia a la que nos pueda contar y además nosotros lo validamos, es decir, no juzgándolo, no diciéndole lo que tiene que hacer. Este sería uno de los pasos muy importantes. Necesitan que estemos ahí para darles ese apoyo emocional, para que podamos ser un vínculo de seguridad. Eso son factores de la salud mental. También es muy importante que trabajemos con ellos y que aprendan habilidades de la inteligencia emocional. Que sean conscientes de percibir la emoción que están sintiendo. Tanto de ellos mismos como de los demás. Y ayudarlos a aprender a expresarla de una forma correcta. A mí me gusta mucho Quino y esa frase de Mafalda sobre que la vida es bonita, pero difícil. Los adultos tenemos que dar herramientas y muchas de ellas son de la inteligencia emocional.

«No hay ninguna evidencia científica, ningún estudio que nos diga que tener más juguetes los va a hacer más felices», Silvia Álava Sordo, psicóloga

¿Cuánto de la sociedad hiperconectada afecta nuestra felicidad?

Esto es algo bastante interesante. ¿Realmente nos hacen más felices las pantallas? Los psicólogos decimos que tenemos que tener cuidado para poder utilizar las pantallas correctamente de tal forma que no interfieran en nuestra salud mental. Y que tampoco lo hagan en el bienestar emocional. Estamos observando que ante un problema o una emoción desagradable, recurren a las pantallas, porque tienen mucho miedo de mirar hacia dentro y ver qué pasa. Recurren a algo muy fácil para taparlo: la pantalla o las redes sociales. No es una buena idea, porque al final no estoy mirando lo que me pasa y no estoy afrontando el problema. Además, tienen un efecto que potencian la comparación social que nos hace infelices. Nos da la sensación de que nuestras comidas no son tan ricas como las que pone la gente en las redes o que nuestra vida no es tan interesante. Y muchas veces se nos olvida que las redes están hechas para aparentar, que no son la realidad y que es la vidriera donde cada persona cuelga su mejor versión.

¿Cómo trabajamos la felicidad en nuestros hijos adolescentes?

La felicidad se empieza a trabajar desde bien pequeñito. No se puede pretender no hacer los deberes y presuponer que todo emergerá en la adolescencia porque hay muchas bases que no van a estar bien sentadas. Lo mejor siempre es aportar mucho afecto físico: beso, mimo, caricia, fomentar los vínculos de seguridad. Y con los adolescentes hay que seguir trabajando. Durante la adolescencia el cerebro se reorganiza, se reconfigura. Y ese proceso es superimportante porque permite transformarlo en un órgano más potente para llegar a hacer operaciones y razonamientos tan complicados como los que hace un adulto. El proceso se hace de atrás hacia adelante. La última zona que termina de madurar es el lóbulo prefrontal, la parte de adelante de todo, que es precisamente donde se regulan las emociones. Por eso tengo que entender que al adolescente con el que convivo le puede costar mucho controlarlas y canalizarlas, porque la parte del cerebro que siente las emociones, el sistema mesolímbico, está muy sobreactivado por toda la producción de hormonas y eso hace que todo lo sientan con una intensidad muy alta. Entendiendo esto podemos evitar tomarnos de modo personal ciertas actitudes y entender si es un suceso de una dimensión real o es parte de su proceso madurativo. También es tiempo de fomentar que puedan estar con un grupo de iguales, porque en esta etapa también se configura la personalidad. Ya no se hace solamente a través de la familia, que de todos modos seguirá ahí presente y alerta, sino a través del grupo de iguales. Me refiero a grupos de carne y hueso. Amigos con los que poder salir, dar un paseo, estar en el parque, compartir una actividad.

¿Qué errores crees que cometemos al trabajar la felicidad en la crianza?

Muchos, como la sobreprotección, ese mal entender el amor maternal o paternal y decir: “ay, no me cuesta nada…” Con esa actitud se está generando un niño o niña con escasos recursos, con pocas habilidades. Eso no le va a ayudar a ser más feliz. O hiperestimularlos de tal forma que apenas tengan tiempo libre. Es muy bueno que hagan deporte o que aprendan o toquen instrumentos musicales. Pero no pueden hacer todo a la vez. Necesitan tiempo libre para jugar, porque de esa forma van a desarrollar su función ejecutiva, la capacidad de orientarse hacia las metas, la de dirigir su propia conducta. Hay niños que están tan sobreestimulados, que están siempre en cosas de adultos.

¿Por qué mucha gente dice que no puede ser feliz? ¿Qué nos pasa con la felicidad?

Nos hemos creído muchos de los mitos sobre la felicidad, que significa vivir sin problemas. Ser felices implica que tengo las herramientas para poder solventar con éxito mis situaciones del día a día. Que cuando tengo una complicación, pongo el foco en resolverla. Y que cuando ya no soy capaz porque es un problema de los que no tiene solución, acepto esa situación y en lugar de poner mi energía en intentar cambiar algo que ya no se puede modificar, la uso para regular esas emociones desagradables que me genera esta situación que no puedo cambiar. La felicidad es algo que está dentro de nosotros. Que no hay que buscarla fuera. Que no tiene tanto que ver con las cosas que tenemos o que conseguimos. Y que la emoción que más se relaciona con la felicidad es la serenidad, no tanto la alegría. Y que es muy complicado ser felices si no vivimos alineados con nuestros principios y con nuestros valores.

Algunas personas prefieren la serenidad a la felicidad. ¿Qué opina?

Es que han entendido bien lo que es la felicidad. Tiene más que ver con sentir que mi vida tiene un sentido, que encuentro por qué estoy aquí. Si entendemos así la felicidad, desde luego que la emoción con la que más nos vamos a sentir identificados es con esa calma. Esto no significa que no tengamos que potenciar emociones agradables o que no haya que hacer cosas divertidas. En absoluto es así.

Es difícil pensar en la felicidad cuando las demandas son tantas y debemos cumplir con muchas cosas

Es cierto que es complicado, porque vivimos en una sociedad de consumo que nos insta a tener y mostrar. Es importante poder parar y pensar en lo que creo que es importante para mí. No vivimos en una sociedad en la que, por ejemplo, sea fácil conciliar. Es complicado. Pero el secreto está en ir encontrando pequeñas estrategias para incrementar nuestro bienestar emocional intentando en todo momento cambiar el foco. Con los niños hay que tener cuidado con las expectativas que ponemos en ellos. Se ven muchos papás y mamás que en lugar de realizarse a través de ellos mismos, lo intentan hacer a través de sus hijos. Les colgamos una mochila emocional y una responsabilidad tan grande que no han de ser capaces de gestionarla. Démosles la libertad para que sean como son.

FUENTE: lanacion.com.ar

¿Cómo dejar de sentir culpa en la maternidad?

Sentir culpa cuando eres madre es muy común, a las mamás se les exige más en la sociedad para cumplir metas que sin ayuda o un círculo cercano de personas serían imposibles satisfacer. Aquí te compartimos una guía sobre este tema donde hablaremos cómo superar ese sentimiento.

¡Lo estás haciendo bien mamá!

https://youtu.be/8HkChal_Kz4?si=8syNqpX-6EesR8Be

Psicología en las aulas: puntos a tener en cuenta en las distintas edades del alumnado

La escuela es un buen espacio para cuidar la salud mental de los estudiantes y detectar problemas.

Por A. V.

En noviembre de 2023, la VI Convención del Consejo General de la Psicología dedicó una de sus jornadas a la psicología educativa, con la prevención como factor esencial en esta disciplina, que atiende a una etapa decisiva en el desarrollo de la salud mental de las personas. De hecho, la institución prepara el proyecto PSICE para avisar sobre la importancia de este desempeño.

En el caso de la OCDE, su informe ‘Un nuevo punto de referencia para los sistemas de salud mental. Abordar los costes sociales y económicos de los problemas de salud mental’ indica cómo «los niños y los jóvenes son un objetivo diana en la promoción de la buena salud mental y la prevención de los problemas de salud mental. Países como Finlandia e Islandia se han centrado en la enseñanza de habilidades socioemocionales en las escuelas, mientras que otros como Australia, Noruega y Holanda cuentan programas online para apoyar la salud mental de los jóvenes».

Alumnado, profesorado y familias

Forman los eslabones de una cadena -en ocasiones frágil- en los que hay que estar alerta desde el principio… y hasta bien superada la adolescencia, como señala Silvia Álava, psicóloga sanitaria y educativa y autora de libros como ‘El arte de educar jugando’, ‘¿Por qué no soy feliz? Vive y disfruta sin complicarte la vida’, etc.: «Tenemos que tener en cuenta que tratamos con cerebros que están en formación, que no terminan de hacerlo como tal hasta los 25 años. El reto es coordinar los procesos cognitivos y emocionales durante todo el desarrollo». Un camino aún más difícil en tiempos de pospandemia, de excesos de la ‘cultura del móvil’, etc.

Las edades del alumnado

Como repaso a las ‘edades del alumnado’, Álava destaca la importancia de «trabajar en Infantil con la autonomía y la función ejecutiva, introduciendo la ‘inteligencia emocional’. Ya en el paso de Infantil a Primaria -cambio que se suele acusar-, hay que insistir en fomentar esa capacidad ejecutiva y hay que ayudar a regular las emociones». Una combinación de conocimientos y emociones que, en el caso de la ESO y más allá «se debe cuidar especialmente la inteligencia emocional para potenciar el pensamiento crítico sin descuidar el respeto a los demás».

Ámbito educativo y relaciones sociales

En este entorno descrito por la especialista, trastornos como el TDAH (Trastorno por déficit de atención con hiperactividad) o el TDA (sin hiperactividad), no sólo incumben al ámbito educativo, también a las relaciones sociales. Como destaca Pilar Gil Díaz, directora del Gabinete de Psicología ‘Terapia y emoción’, es esencial afrontar «un tratamiento multidisciplinar, ya que el TDAH no solamente abarca el sistema escolar, sino también el social, familiar, individual de la propia persona etc., y hay que poner el foco en cuidar de la autoestima».

Díaz añade la importancia (en esta y otras incidencias que ‘vigila’ la psicología educativa) de aunar terapia individual y familiar «con actividades como deporte, contacto con la naturaleza, talleres de habilidades sociales, etc.». Y destaca la importancia de la coordinación entre los profesionales académicos y los de la psicología -en el propio centro o externos- «y en aplicar adaptaciones en el día a día, como en el caso de los sistemas de evaluación, así como en ponernos todos los implicados en la piel de la persona».

De lo particular a lo general, las especialistas coinciden en subrayar la importancia de que lo que ya se está percibiendo en los centros educativos a la hora de contar con profesionales de la psicología educativa -más allá de los centros de orientación o del sentido común y buenas intenciones del profesorado- sea una tendencia al alza. Con más oportunidades para vidas más felices, preparadas para afrontar los desafíos cotidianos.

La psicóloga Silvia Álava aporta algunas claves en el proceso de formación personal:

Para familias y profesionales: Hay que pararse y observar, para reforzar la actuación en positivo. Mayor atención, mejores resultados.

  • En su justa medida: Sobreproteger implica #el peligro de educar a personas con riesgo de ser más infelices y, por lo tanto, menos protegidas.
  • Educar jugando: La ‘gamificación’ sirve para trabajar la memoria, la planificación, para fomentar la curiosidad… sin descuidar la cultura del esfuerzo.
  • No bajar la guardia: Para las familias y profesionales: hay que pararse y observar para reforzar la actuación en positivo. mayor atención, mejores resultados.
  • Psicología para profes: El 38,4% de los docentes cumple criterios diagnósticos de depresión (Estudio de Éxito educativo, Educar es todo y Udima).

FUENTE: ABC.es