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Mis hijos tienen 4 y 11 años… ¿a qué pueden jugar juntos? Colaboración con El Correo

La psicóloga Silvia Álava nos da ideas de juegos para que niños de edades dispares se entretengan juntos

Por YOLANDA VEIGA

En esta campaña rara que nos está tocando vivir, los más peques, sin alcanzar a comprender las dimensiones de lo que ocurre, están notando las consecuencias como los adultos. No pueden jugar como antes. Nada de partidos de fútbol ni multitudes en las piscinas y los parques. Esta vez toca jugar entre los hermanos, o con los primos, o con los vecinos cercanos. Dos, tres… cuatro niños a la vez. Pero, ¿es fácil que eso suceda cuando tienen edades muy dispares? ¿Pueden jugar juntos dos hermanos de 4 y 11 años? Y, en caso afirmativo, ¿a qué pueden jugar que les entretenga a ambos?

Siempre va a tener que ser el niño mayor el que se tenga que amoldar un poco al pequeño

Silvia Álava, psicóloga especializada en infancia del gabinete Álava Reyes, nos da unas pautas para ayudar a los pequeños que se sacan una o dos cabezas a jugar juntos. Le planteamos varias situaciones, con casos de edades muy distintas. Y al margen de sus recomendaciones, una advertencia inicial: «Siempre va a tener que ser el niño mayor el que se tenga que amoldar un poco al pequeño. Cuando uno pequeño juega con uno mayor a veces no entiende el juego y nos encontramos con chavales que corren detrás de los mayores aunque no entiendan muy bien de qué va la cosa. Pero se lo pasan bien porque les da la sensación de que están participando».

Dos hermanos de 2 y 5 años

A cuidar muñecos

«Ya pueden empezar a compartir el juego. El de 2 años todavía está en una edad en la que va a jugar junto a su hermano, no con su hermano. No es que haya un juego en el que la interacción vaya a ser entre los dos niños, sino que la interacción es triangular, a través del juguete que hayan elegido. Lo más seguro es que el de 2 se sentará al lado del de 5 y tratará de copiar lo que hace el mayor. Éste, a su vez, le puede dirigir un poco el juego. Podrían estar jugando a cuidar muñecas, a profesores».

Amigos de 3, 7 y 8 años

Al ‘pilla pilla’

«Los de 7 y 8 años pueden tener un juego más complejo, con normas claras, desde juegos de mesa a juego simbólico o dinámicas de ejercicio físico tipo ‘pilla pilla’. El de 3 años va a estar a su lado pero estará corriendo y haciendo cosas parecidas, más imitando el juego de los mayores, que sí estarán jugando. Es importante que los mayores entiendan que el pequeño no puede jugar al mismo nivel que ellos y que le asignen alguna tarea sencilla: ‘tú nos sigues’, por ejemplo. Si hay movimiento puede correr detrás de ellos, que le dejen correr, pero que no sea él el que siempre se la queda porque no va a ser capaz de pillar a ninguno».

Una chavala de 12 años con sus padres

Al ‘Cluedo’ o el ‘Monopoly’

«A los 12 años están entrando en la adolescencia y el tipo de procesamiento ya es más parecido al de un adulto. Pueden tener un desarrollo de pensamiento lógico muy bueno, que es útil, sobre todo, para los juegos de mesa que interesen a ambos: cartas, ajedrez, ‘El Cluedo’ para resolver misterios, el ‘Monopoly’… Y si les ponemos a jugar a los videojuegos van a estar encantados todos. Con los chavales de 12 años se pueden tener conversaciones super interesantes y hay que preguntarles cosas para que vayan desarrollando la lógica».

Dos primos de 6 y 9 años

A disfrazarse e inventar películas

«Pueden jugar a muchísimas cosas juntas porque a los 6 ya hay un desarrollo evolutivo que hace que los niños puedan seguir los juegos de normas y de reglas. Desde los tradicionales juegos de mesa de normas hasta el juego simbólico: inventan que son profesores, que viven en el mar de sirenas… Es una edad muy buena y hay un tipo de juego muy rico con una interacción entre ambos que va a ser bastante parecida. Podrían entretenerse bastante bien. Los juegos de mesa les van a venir bien pero el juego simbólico, de roles… que imaginen películas, disfraces… es una edad genial para eso».

Un niño de 4 con su hermana de 11

La mayor le lleva a caballito

«En este caso, con esas edades tan dispares, la interacción ya no es tan rica. La de 11 juega mucho con uno de 4 años pero tiene que entender que está jugando con él básicamente para entretenerle. Debe saber que le va a tener que explicar todo, que el de 4 no va a saber las normas del juego si es que las tiene, así que se las va a tener que ir diciendo por el camino. Estamos pasándonoslo bien pero el juego lo va a tener que dirigir la de 11 años. Podrían hacer carreras, que la mayor le llevara a caballito… Todo lo que sea juego de contacto físico le va a gustar muchísimo al pequeño y a la de 11 le va a gustar sentirse mayor».

FUENTE: Diario El Correo

El foco de los expertos, sobre jóvenes y reuniones de amigos: «Es absurdo, creen que el virus no puede venir del familiar» Colaboración con 20minutos

Por LOLITA BELENGUER

Imagen de una terraza llena de jóvenes en Madrid, en la fase 2 de la desescalada.
Imagen de una terraza llena de jóvenes en Madrid, en la fase 2 de la desescalada.

«La nueva normalidad no tiene nada de normalidad», asegura el epidemiólogo Salvador Macip, que advierte de que estamos «en un momento muy frágil». Tanto es así que el segundo día de la llamada ‘nueva normalidad’ tres comarcas oscenses han retrocedido a la fase 2 de la desescalada por los brotes de Covid originados en la provincia, donde este lunes se registraron 33 nuevos contagios.Un botellón juvenil podría ser el origen de los contagios del nuevo brote de coronavirus en Huesca

Los focos se ubican en las localidades de Zaidín, Fraga, Monzón y Binéfar. El alcalde de Zaidín, Marcos Ibarz, ha señalado en COPE que el brote detectado en su localidad, vinculado a una empresa hortofrutícola, podría venir de un botellón al que acudieron varios trabajadores agrícolas

Durante el estado de alarma, las fiestas privadas en domicilios y las reuniones en parques para ingerir alcohol fueron objeto de multitud de sanciones -400 intervenciones y 97 multas solo en Madrid durante el primer fin de semana que se permitieron las salidas a los adultos-. Una vez iniciada la desescaladaen las terrazas se comenzó a observar relajación en las medidas de prevención contra el coronavirus, sobre todo entre la juventud«Es sin duda el sector de la población que toma menos medidas. A muchos les vemos en la calle abrazados, sin mascarilla y fumando», afirma el profesor de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) y psicoanalista, José Ramón Ubieto. 

Esta actitud frente al virus y la menor percepción del riesgo tiene una explicación. Ubieto, que pide «no caer en la criminalización de la juventud», explica que esta etapa vital se caracteriza por una sensación de «invulnerabilidad» y «omnipotencia» que lleva a los jóvenes a «transgredir como forma de autoafirmación«. «Las conductas de riesgo están muy presentes en la adolescencia, tienen que ver con ponerse a prueba, para ver si damos o no la talla» ante el grupo de amistades.

El profesor de Psicología expone además otro factor: «Los jóvenes necesitan mucho el contacto con el otro, su identidad y estilo de vida depende mucho de la continua reafirmación del otro, y eso pasa por el contacto físico porque el cuerpo es un elemento fundamental del adolescente».

«Los jóvenes necesitan mucho el contacto con el otro, su identidad y estilo de vida depende mucho de la continua reafirmación del otro»

La doctora en psicología del Centro Álava Reyes, Silvia Álava, añade que si los jóvenes perciben un menor riesgo frente a la Covid-19 es porque «la zona del cerebro que evalúa el peligro -el lóbulo frontal- no termina de madurar hasta los 25 años«.

Además, «son mucho más sensibles a la presión grupal porque no han madurado la función ejecutiva caliente, que es la que regula las emociones. Esto significa que cuando van solos son tan cautos como un adulto, pero en grupo adoptan muchas más conductas de riesgo», abunda Álava. 

Aviso sobre las reuniones familiares

Ubieto apunta también como «elemento colateral», mensajes públicos que restan peligro a la pandemia como las «ideas negacionistas del virus» difundidas por mandatarios como el presidente de EE UUDonald Trump, o de BrasilJair Bolsonaro, los dos países más afectados por el virus a nivel mundial. 

El experto señala asimismo la idea «irracional» pero presente en el ser humano de que «lo familiar está preservado del virus». Ubieto advierte de la relajación de las medidas de distancia social y mascarilla entre familiares y amigos. «El «pensamiento inconsciente es que el virus no podría venir de un familiar y eso es absurdo, pero es que el humano no es racional».

La gente «se confía», se reúne con la familia «porque no ha habido ningún caso», pero una celebración puede favorecer los contagios

A este respecto, el presidente del Colegio Oficial de Médicos de la provincia de Huesca, José Borrel, apeló este martes a la responsabilidad ciudadana para evitar contagios del SARS-CoV-2 y alertó de que «el gran problema son las concentraciones de personas». 

Borrel indicó que se están realizando celebraciones familiares porque los ciudadanos «se confían», se reúnen con la familia «porque no ha habido ningún caso», pero advirtió de que una celebración puede favorecer los contagios. En su opinión, «la gente está teniendo mucha prisa por juntarse y celebrar» y «las medidas de protección brillan por su ausencia», indicando que «no hay que tener tanta prisa».

«Momento muy frágil»

Por su parte, el epidemiólogo Salvador Macip, autor de Las grandes epidemias modernas: La lucha de la humanidad contra los enemigos invisibles (Destino, 2020), indica que «el problema con la gente joven es que piensan que este virus no les afecta. Lo cierto es que los casos más graves se han dado mayoritariamente en mayores, pero también ha habido algunos jóvenes». Y, añade, al llegar a sus casas pueden contagiar a los familiares más edad como padres o abuelos.

En opinión de Macip, «esto se junta con lo mal que se está explicando esta etapa, la ‘nueva normalidad‘ no tienen nada de normalidad. La normalidad significa que vamos a tener que seguir con precauciones».

El médico recalca que esta etapa de la pandemia es «un momento muy frágil» en el que además detecta un «efecto rebote» del confinamiento, que en España se ha cumplido, dice, muy bien. A ello, también «se suma que estamos en verano«.

«Vamos a correr riesgos para intentar salvar la economía, hay que ser más conscientes que nunca»

Con todo, Macip concluye que «no se ha explicado bien que este momento es muy frágil y que si se están relajando las medidas de control es por motivos económicos, por que si no no se abrirían las fronteras, vamos a correr riesgos para intentar salvar la economía, que depende en gran medida del turismo, y por tanto hay que ser conscientes de que hay riesgos, de que vamos a aumentar las situaciones de peligro y hay que ser más conscientes que nunca», avisa.

Macip recuerda que, aunque lo peor ya haya pasado en Europa, la pandemia está «en el momento más alto en América» y recalca que «si abrimos la movilidad, el virus va a volver, igual que le ha pasado a China y a Nueva Zelanda«, que han tenido que volver a adoptar medidas de contención tras detectar casos importados. «Así funciona una pandemia. La pandemia es un problema global, no nacional», zanja.

FUENTE: 20minutos.es

Cómo escapar del secuestro emocional y poner a sus autores en el lugar que merecen. Colaboración con Buena Vida, de El País

Por si no te suena, las emociones sin control no sirven de nada

Por MANUELA SANOJA

¿Reprimir tus emociones no va contigo? ¿Tampoco negarte a lidiar con ellas? ¿Nunca las has empujado disimuladamente debajo de la alfombra, como si así fueran a desaparecer? ¿No? Admítelo, tú también lo has hecho. Sigues haciéndolo. Y hay malas noticias: no desaparecerán. Aún peores: un día vendrán a por ti, como si la alfombra te explotara en la cara. Pero aún hay esperanza. Aprende a gestionarlas y te ahorrarás un sinfín de disgustos, desde bochornosas pérdidas de control hasta serios problemas de salud, y no solo mental. Respira. Y recibe la buena noticia: existen técnicas científicamente respaldadas para conseguirlo.

Pero antes de convertirte en un maestro zen del dominio emocional, vale la pena describir el terreno en el que se librará la batalla. Hay que saber que todo lo que nos ocurre genera emociones y que, en muchas ocasiones, ellas mismas se autorregulan. El combate no va a ser tan frenético. Pero no siempre es así. Es entonces cuando hay que pararse a pensar, respirar y darnos un poco de tiempo para entenderlas. Hazlo o arriésgate a sufrir lo que el psicólogo estadounidense Daniel Goleman denominó “el secuestro de la amígdala” en su superventas La Inteligencia Emocional: ¿Por qué puede importar más que el IQ? La amígdala es una zona región central del cerebro que funciona como un núcleo de control de todas nuestras emociones y sentimientos, y que también se hace responsable de cómo respondemos a ellos. “Cuando sentimos algo muy fuertemente, se activa demasiado e impide que el cerebro funcione y puedas razonar más allá”, explica la psicóloga Silvia Álava.

En ese momento se produce el nefasto rapto de una de las tres dimensiones fundamentales de un ser humano, el pensamiento. Es como si un robo en el banco central de nuestro ser nos dejase únicamente dos opciones: sentir y actuar. Y, en estas condiciones, las actuaciones no suelen estar entre las más memorables… Según Álava, el secuestro suele ocurrir porque solemos tener una educación emocional nefasta: “No sabemos identificar, expresar ni gestionar las emociones. Se ve claramente cuando nos preguntan cómo estamos y respondemos con un ‘bien’ o ‘mal’. Es un uso completamente vacío y superficial del lenguaje, que no quiere decir nada”, explica su colega Elena Dapra. Que tire la primera piedra el que no se haya salido de sus casillas con un enfado, no se haya paralizado por el miedo a algo o no haya llorado desconsoladamente y sin poder parar durante horas después de una ruptura. ¡Guarda esa china!

Aprender a identificar las emociones conlleva conseguir expresarlas mejor. Y, como en toda buena comunicación, la clave está en la asertividad.

Para reconocerlas “debemos pararnos y ver dónde las sentimos en el cuerpo, observar si es agradable o desagradable y si tenemos una energía alta o baja”, aclara Álava. La alegría, por ejemplo, se refleja en nuestra cara a través de una sonrisa y sus consecuentes patas de gallo en los ojos; con el enfado fruncimos el ceño, se tensan nuestros músculos y aumenta nuestra energía; y el asco nos revuelve la tripa. Todas se expresan físicamente y a todas se les puede, se les debe, poner un nombre. ¿Que no logras discernir la emoción original? “Hay que buscar la clave del asunto. Para ello debemos retroceder hasta el último momento en el que nos sentimos a gusto y, a partir de ahí, ir hacia adelante, analizando paso a paso lo que ha ido ocurriendo hasta llegar al momento en el que estamos”, explica González. Olvídate de encontrar una respuesta espectacular, esto no es CSI y tú no eres Gil Grissom: la avalancha de emociones se puede haber generado de algo tan simple como haber visto una película que te haya puesto de bajón.

Al final, todo se resume en aprender a escucharnos a nosotros mismos, dicen las expertas. “Las emociones son información sobre lo que nos ocurre”, aclara Álava. Una vez las sentimos toca reflexionar sobre ellas y la situación que las ha generado, preguntarnos qué nos estamos diciendo a nosotros mismos y cómo interpretamos cada una de esas emociones. Para esto también hay técnicas.

Aprender a identificar las emociones conlleva conseguir expresarlas mejor. Y, como en toda buena comunicación, la clave está en la asertividad. Es la historia de siempre: no poner la culpa en el otro, sino hablar desde uno mismo. “No decir ‘me estás cabreando’ porque la otra persona no es la que te enfada, sino ‘yo me siento enfadado por…’. Y si en determinado momento no queremos o podemos hablarlo, también es válido. Toca dar un paso atrás y reflexionar sobre lo que ocurre.

Y a pesar de todo el esfuerzo, fracasarás. Tranquilidad, le ocurre hasta a las expertas: “A todos se nos va la olla a veces”, asegura Dapra, quien añade que no por ello hay que tirar la toalla. Al contrario, es necesario seguir haciéndolo para evitar que ocurra y acabemos gritándole barbaridades a nuestra pareja, a un amigo, a un compañero de trabajo o a la jefa. Quizá ellos no serán tan comprensivos como las especialistas…

PUEDES LEER EL ARTÍCULO COMPLETO EN: elPais.com

«Madrileños, go home», el grito de guerra de los territorios libres de virus en la desescalada. Colaboración con ABC

Érika Montañés

«Hemos cambiado de fase. Es lo que en Psicología Social se llama abandonar la meta común de grupo, superordenada (o en el sentido de clan), dejarla aparte y volver a la lucha individual de cada uno». En el caso de la pandemia, tras la explosión de casos y su embestida más que importante en territorios como Madrid y Cataluña, el salto ha sido de «sobrevivir» en comunión, deshaciéndonos en balcones y aplausos, al «desmembramiento» por comunidades autónomas o zonas, la división entre infectados y no infectados, de una forma paralela al avance que ha tenido cada una de ellas en el plan de la desescalada aprobado por el Gobierno.

Este análisis social parte de psicólogos como Silvia Álava y Enrique García Huete. Ambos certifican «el sentido de estigmatización» que abunda en ciertos lugares de España a los recién llegados de zonas donde la pandemia ha golpeado con mayor contundencia. Sean turistas, o nacidos en el pueblo que regresan por alguno de los cinco motivos que permite el actual estado de alarma (laboral, o sanitario, entre otros), la recepción no es una ovación cerrada. De hecho, es tal la profusión de estas acciones de cuestionado civismo que, a comienzos del pasado mes de abril, el Defensor del Pueblo emitió un comunicado en el que se constataba que tenía conocimiento de «que algunas autoridades locales han autorizado nuevas restricciones a las ya impuestas por el decreto que establece el estado de alarma», por lo que la institución, tal y como recuerdan fuentes de la misma a ABC, insta a esas entidades locales y corporaciones municipales a eliminar cualquier bando o comunicado en el que se recojan mayores limitaciones a la libertad y movilidad de las personas a las ya contempladas en el Real Decreto para garantizar la igualdad de trato a la ciudadanía en todo el territorio nacional.

Pero lo que se ha dado en llamar «cañifobia» o «madrileñofobia» (sobre todo por la mayor acumulación de contagios de Covid-19 en Madrid), aunque asalta ya a otros territorios como La Rioja y Cataluña, se sigue produciendo en diversas zonas de España, tal y como ha podido comprobar este diario. Sigue siendo un grito de guerra en pleno desconfinamiento, tras un encierro prolongado que muchos no quieren ver peligrar ahora por la llegada de «exiliados».

Son muestras de esta ola de fobia una pintada de «Madrileños, go home» en un pueblo de Murcia; un bando municipal en la Mariña lucense a cargo de un regidor que pide a sus vecinos «que denuncien (¡Denunciade!)» si se acerca algún ciudadano proveniente de los epicentros del coronavirus en España; un pregón que circula entre los WhatsApp de los vecinos de municipios de Teruel aislados del virus y en el que no se impone, pero se «ruega» a turistas y descendientes del pueblo que se «mantengan en cuarentena» 14 días después de llegar a su segunda residencia, si es el caso, un extremo que Pedro Sánchez tanteó para los turistas internacionales que llegasen del extranjero al país a partir de julio y que luego, visto el resultado y el desagrado que cundió entre los países remitentes de ese turismo, levantó sin restricciones. En otros lugares, se «llama» a la población a «avisar» si llega un madrileño, una recreación de la «vieja del visillo» pos-coronavirus.

«Son medidas incívicas, indignantes y absurdas. Hay que abundar en la generalización de la incidencia en todo el país y en que todos somos población con riesgo de contagio y de contagiar, así que hay que mantener las medidas de distancia social y el resto de peticiones que nos recomiendan las autoridades sanitarias, pero respecto a todos, no solo a unos cuantos, o por barrios», dice García Huete, director de Quality Psicólogos. «Peligro y duda dan como resultado el rechazo, por ejemplo, la madrileñofobia. Se cae en la exclusión y el estereotipo, como, salvando las distancias, ocurría cuando se marcaba con un punto rojo a los drogodependientes o personas con VIH», equipara el también profesor de la Universidad Cardenal Cisneros de Madrid.

Algunos barrios y vecindarios se convierten en verdaderas fuentes de «rastreo» de contagiadores, algo que, según Álava, da vida a lo «peor de esta pandemia». «Ya hemos vivido lo mejor, con unión, acciones de solidaridad y remar juntos para salir, pero aunque no hayamos salido», en este momento en que parece diluido el embate y el virus está más controlado, «ya no somos una piña y habría que empatizar con las circunstancias de esa persona que vuelve al pueblo donde nació, por qué lo hace, si tiene unos motivos médicos o emocionales para hacerlo», por ejemplo, añade.

Empujados por el miedo

Por su parte, para el profesor de la Universidad Autónoma de Madrid, Miguel Hierro, no hay riesgo de «guerracivilismo» o división en dos Españas, entre los infectados o con riesgo, y las zonas «libres de virus». «Este tipo de reacciones y mensajes no son extraños en este tipo de circunstancias. Surgen desde el miedo y la necesidad de reaccionar para protegernos de un riesgo. Lo que sucede es que el riesgo tiene un componente subjetivo muy elevado, de manera que la percepción de cada persona no tiene por qué obedecer a información objetiva». Arguye: «Cuando nos sentimos amenazados, la necesidad de sentirnos parte de un grupo que nos ofrezca protección aumenta. Todo esto genera esas reacciones adversas, con mensajes, como “los madrileños traen la infección: no les dejemos venir” nos sentimos más seguros teniéndoles lejos», completa este especialista en Salud Mental en HM Hospitales. «A esto podemos añadir que la comunicación dentro del grupo de referencia se vuelve muy sesgada (como todos hablan de que la infección viene de Madrid y nadie se plantea si, quizás, eso no es exacto, la información que se comparte, crece y se fortalece es que la infección viene de Madrid)».

Con todo, dice Hierro, se comete un «flaco favor a la oportunidad de colaboración y generosidad» que ha facilitado el coronavirus para que las personas queramos ayudarnos y no alejarnos. Un poco más.

«Son tan responsables los que van como los que los reciben»

Hasta la «nueva normalidad», tras la fase 3, el Ministerio de Sanidad recuerda que no se recuperarán los viajes interprovinciales. Así que, para los psicólogos, en ese cruce de fobias y reacciones, «tendríamos que buscar responsabilidades en ambos lados: la persona que vuelve a un lugar y la persona que lo recibe, porque lo que se demanda en este momento es responsabilidad en los desplazamientos» para evitar la propagación sin sentido de virus y entre territorios.

Eso sí, completa Silvia Álava, del centro Álava Reyes, «no se debe nunca caer en discursos que fomentan el odio, hay que pararse, analizar y no dejar de autorregularnos. Ciertos comentarios, como esos bandos municipales que desacreditan al que llega son lesivos, hieren los sentimientos de los demás, y buscan lo que se ha hecho mal en una persona externa, cuando esto es cosa de todos. No hay que meter a todo el mundo en el mismo saco, aunque el ideal sería que no se viajase». Los psicólogos tampoco desdeñan el componente de irratibilidad que ha provocado el encierro dilatado. «Estamos irascibles, a la que salta, pero no hay que olvidar otro elemento: los sistemas de salud están dimensionados para la población que abarcan, tampoco es muy responsable saturarlos con la llegada masiva de olas de turistas. Se debe ser más responsable que nunca», añaden.

FUENTE: Diario ABC

¿Vuelve a hacerse pipí? ¿No come solo? ¿Habla como un bebé? Cómo actuar ante una regresión infantil. Colaboración con La Vanguardia

El retroceso en los comportamientos es una forma de somatizar el estrés, indica que sucede algo que el niño no sabe gestionar.

Por ROCÍO NAVARRO MACÍAS 

Durante el confinamiento, algunos padres son testigos de cómo sus hijos retoman rabietas que ya estaban superadas. Otros observan cómo sus pequeños pierden ciertos niveles de autonomía o incluso vuelven a mojar la cama. Todos estos síntomas responden a una regresión infantil, un retroceso en los comportamientos ya adquiridos que está provocado, entre otros factores, por el estrés. El confinamiento está afectando a la salud mental de los niños.

“Se desprenden de algo que ellos ya tenían automatizado. Es una forma de somatizar la ansiedad que les está causando la situación, dan un paso hacia atrás”, explica la especialista en psicología educativa Silvia Álava. Aunque no podemos hablar de una relación causa-efecto entre el confinamiento y las regresiones, sí que es una manifestación de que sucede algo que el niño no sabe gestionar. Por ejemplo, vivir casi dos meses entre cuatro paredes, estar privado del contacto con sus amigos o con sus abuelos, haber experimentado una absoluta transformación en sus rutinas.

“Evidentemente esta situación excepcional puede provocar que conductas que creíamos desaparecidas vuelvan a manifestarse. Unas de ellas son las regresivas, que corresponden a una etapa madurativa inferior a su edad cronológica. La regresión es un mecanismo de defensa ante la ansiedad, el miedo, …”, confirma el psicólogo educativo Antonio Labanda Díaz.

¿Qué provoca la regresión?

Los niños son grandes observadores y captan mensajes que a los adultos les pueden pasar desapercibidos. Algo que escuchan en las noticias, la propia ansiedad de los progenitores a través de sus gestos o emociones, la rabia contenida por ver limitadas sus actividades… “Son situaciones que emocionalmente no saben cómo integrar, y el confinamiento es una de ellas”, sugiere la psicóloga. Todo ello desencadena un cuadro emocional que los menores todavía no manejan.

“Unos padres con un nivel de ansiedad alto, relacionado por un problema exógeno como la pérdida del empleo, el fallecimiento de un familiar, etcétera, pueden provocar unos niveles altos de ansiedad, inseguridad y miedo en los niños. Ante esa circunstancia puede aparecer una conducta regresiva que los sitúe en momentos evolutivos más seguros y tranquilos”, explica Labanda.

“Ante algo que les crea miedo puede aparecer una conducta que los sitúe en momentos evolutivos más seguros y tranquilos”

ANTONIO LABANDA Psicólogo educativo

La incapacidad para pedir ayuda ante situaciones dominadas por la rabia o la frustración o el miedo también contribuye a la aparición de estas conductas. “Es un síntoma de que algo no va bien. Porque los niños no tienen la suficiente madurez, ni el desarrollo evolutivo y emocional para plantear lo que está ocurriendo. Es algo que ocurre en determinadas áreas o aspectos, no algo que suceda de forma general”, comparte Álava.

¿Cómo se manifiesta?

Sigmund Freud acuñó este término para definir los mecanismos de defensa ante situaciones que se nos escapan. Básicamente puede manifestarse a través de cualquier estadio de comportamiento previo al actual, algo que sucede, sobre todo, en menores de seis años. “Lógicamente depende de cada niño, de su edad y del contexto en el que vive. Podría aparecer enuresis –es decir, hacerse pis por la noche–, lenguaje infantil, querer dormir en la cama de los padres, miedos o terrores nocturnos, querer alimentarse con papillas, biberones, no querer vestirse solo, reducir su nivel de autonomía, …”, expone Labanda.

La buena noticia es que cuando se resuelve el problema o aprenden a gestionar sus sentimientos, retoman su comportamiento habitual. “No es una vuelta atrás, sino que cuando la situación se calma, se interviene, o el niño aprende ciertas habilidades, lo recuperan”, tranquiliza la experta.

¿Cómo solucionar el problema?

Ante estas llamadas de atención es esencial mejorar la observación del pequeño. “Muchas veces nos quedamos en que quiere atención. Pero ¡cuidado! ¿Cuál es el motivo de que la solicite? Es algo que hay que valorar, porque puede que la situación se le quede grande, que no la lleve bien o no sepa cómo digerirla”, comenta Álava.

La psicóloga recomienda encontrar momentos en los que los niños puedan manifestar lo que les ocurre, siempre dentro de un clima de confianza. “A través del dibujo pueden expresar episodios que les cuesta manifestar con palabras. Igual ocurre con el juego simbólico. Hay que observar las cosas que verbalizan a través del mismo”, añade. Proyectar la tristeza en sus muñecos o roles, o incluso hablar de la enfermedad y el virus son señales unívocas de lo que les preocupa.

“Muchas veces nos quedaos en que quiere atención; pero ¿cuál es el motivo? Eso es lo que debemos valorar”

SILVIA ÁLAVA Psicóloga

Los especialistas aseguran que poniendo en práctica algunas recomendaciones se puede contribuir a que los menores tengan herramientas para analizar y superar la situación.

1. Reconocer las emociones

Estos episodios son una oportunidad para que los niños descubran que existe un amplio abanico de emociones y aprendan a reconocerlas. Es el primer paso para conseguir gestionarlas. Para ello hay que mostrar una actitud empática.

“Debemos abordar la emoción que experimenta. Por ejemplo, si empieza a utilizar un lenguaje de enfado infantil, podemos decirle: Veo que estás muy enfadado. A continuación, no prestarle atención, y luego hablar con él o con ella sobre ese momento”, indica Labanda.

Después, es recomendable reforzar el clima de confianza con palabras de cariño y preguntar directamente qué es lo que le enfadaba. Para que entiendan mejor la situación, se aconseja buscar ejemplos o contar cuentos relacionados con esa experiencia. Asimismo, el especialista anima a trabajar las emociones desde la curiosidad, incentivando a los pequeños a investigar, preguntar y participar en actividades relacionadas con ellas.

2. Usar un lenguaje correcto

Que el niño muestre una regresión no significa que haya quedado anclado en una etapa anterior de desarrollo. Por ello, es importante no reforzarla. “Hay que utilizar un lenguaje correcto y adecuado a su edad cronológica. No utilizar palabras más infantiles”, recomienda el psicólogo.

3. Ser empático

Los padres deben comprender el hecho que lleva a los niños a actuar de esta manera: Su inmadurez para procesar ciertas circunstancias. A ello favorece el apego seguro, que vea a sus progenitores como personas sensibles y atentos a sus necesidades, ya que favorecerá que el menor exprese sus emociones y mejorará el clima de confianza.

En ningún momento hay que regañarle por estos comportamientos, reírse o decirle que parece un bebé”, comenta Labanda, que recomienda dedicar más tiempo a los hijos, para que los sientan cerca.

4. Controlar la ansiedad parental

La situación que estamos viviendo eleva los niveles de estrés de toda la familia, pero los padres deben mantener la situación bajo control. “Tenemos que analizar también nuestras emociones y fomentar las que sean agradables. Lógicamente las desagradables van a aparecer y tienen que hacerlo, pero no podemos anclarnos en ellas, ya que desde ahí no es posible disminuir el nivel de ansiedad de nuestro hijo o hija”, concluye el psicólogo.

FUENTE: La Vanguardia

El confinamiento hace mella en los niños

Por Carmen Ansótegui 

Los problemas para conciliar el sueño, la falta de apetito y la irritabilidad son algunos de los síntomas que afrontan tras una etapa de encierro.

Los más pequeños de la casa se han comportado durante la crisis como auténticos héroes. Muchos padres temían cómo iban a reaccionar sus hijos al encierro y, en términos generales, se puede decir que los chavales lo están llevando bastante bien. Algunos expertos explican que las primeras semanas han podido ser más llevaderas porque habitualmente no pasamos suficiente tiempo en familia pero pasar cerca de mes y medio sin pisar la calle, ausentarse de la guardería y el colegio y las limitaciones que tienen ahora para disfrutar de tiempo al aire libre hacen estragos en algunos niños.

Ya hay a quienes les cuesta conciliar el sueño, tienen falta de apetito, están más irritables o vuelven a hacerse sus necesidades en la cama. Y es que, permanecer en casa tiene consecuencias para los pequeños, porque ellos también echan en falta su rutina, estar entre iguales o disfrutar de tiempo libre en los parques. La doctora en psicología, Silvia Álava, recomienda estar alerta a cambios de comportamiento que puedan indicar que el pequeño no está afrontando bien el confinamiento: “hay que vigilar que no tenga más rabietas de las habituales, que coma peor o le cueste dormir”.

En este sentido, María Sánchez Corrales, psicóloga sanitaria de Creciendo Psicólogos Madrid, explica que “la comida tiene un componente muy emocional”, ya que a veces el apetito puede estar relacionado con algún tipo de angustia emocional. Así que si se observa que el problema persiste conviene hablar con el pediatra para atajarlo.

No obstante, de forma mayoritaria están atendiendo a menores con otro tipo de problemas como irritabilidad, algún tipo de regresión como hacerse pis por la noche, pesadillas y pequeños que se autolesionan tirándose del pelo, haciéndose arañazos o mordiéndose los dedos.

Ambas expertas coinciden en que lo que más está influyendo en los menores es el estado emocional de los padres. Es comprensible que muchos se sientan agobiados por la falta de libertad, los problemas de salud o los problemas económicos que puedan tener en estos momentos, pero es importante tener en cuenta que por mucho que se intente disimular los nervios se transmiten, de manera que hay hacer lo posible por mantener la calma para ayudar a los niños a sobrellevar este estado de alarma.

Otro problema que están advirtiendo los psicólogos en las consultas es que los pequeños tienen mucha presión con el tema de las tareas. Sienten que tienen que seguir dando el callo cuando generalmente no son autosuficientes para hacer los deberes por su cuenta, ni tienen quién les ayude a hacerlos porque sus padres, todavía tienen que trabajar, aunque sea en casa. Ante esta situación, la doctora Álava recomienda “ser más razonables” con la cantidad de tarea que se les pone para evitar generarles más ansiedad.

Clima de diálogo 

Para favorecer que los chavales estén bien anímicamente conviene crear un clima de confianza que les permita expresarse con libertad. Para Álava es esencial validar sus sentimientos, es decir, hay que cambiar frases como “no tengas miedo” por “entiendo que estés preocupado”. Una vez se sienten comprendidos hay que explicarles que lo importante es que se están tomando medidas para parar el virus.

De manera que, sí es positivo dialogar con ellos y contarles lo que está sucediendo, sin caer en estar todo el día hablando de la crisis. No hace falta que vean imágenes duras, pero sí se les puede mostrar fotos de calles y parques vacíos para que entiendan que hay que seguir restringiendo las salidas.

Otros temas peliagudos son cómo actuar cuando se portan mal para llamar la atención o hasta qué punto hay que tener manga ancha dada la situación. Los especialistas apuestan por reforzar las conductas positivas y evitar los castigos “porque no suelen ser efectivos”. Además, poco puede ayudar en estos momentos dejar al niño sin televisión o sin tablet, cuando son algunas de las escasas distracciones de las que disponen.

En el caso de los bebés el enfoque tiene que ser distinto, porque ellos no comprenden lo que está sucediendo. De manera que los expertos recomiendan el piel con piel, baños con los padres para calmarlos o masajes relajantes. En ningún caso recomiendan dejar que el niño llore hasta que se quede dormido porque puede generarle mucho estrés.

Duelo en confinamiento

Uno de los problemas más difíciles que se está dando durante el confinamiento es la muerte de un ser querido. Se trata de un episodio siempre difícil pero más aún cuando uno no puede despedirse, ni tiene muchas formas de desconectar. Tampoco está siendo fácil para los niños. Los expertos aconsejan no mentir, porque ellos van a notar lo que está sucediendo. De hecho, María Sánchez Corrales, recomienda no disimular el dolor frente a un niño, porque es bueno que entiendan que “el duelo duele, y es sano que sea así”.

Si por el contrario escondemos nuestros sentimientos, le estamos transmitiendo que expresar la tristeza lógica por la pérdida de un ser querido es algo malo o vergonzoso y el pequeño optará por no hacer visibles sus propias emociones con naturalidad. Esta experta recomienda, por tanto, hablar de los recuerdos con la persona que ha fallecido, mirar fotos y llorar juntos, aunque sin forzar, porque insiste en que “cada uno tiene su ritmo a la hora de hablar de su tristeza y es importante dejar abierta la puerta para poder expresarlo sin censura”. Por su parte, Silvia Álava aconseja dejar que se despidan a través de una carta, un dibujo o incluso llenando una caja con objetos que le recuerden la relación con esa persona que acaba de fallecer.

Esta crisis está siendo muy distinta en función de la situación que atraviesa cada familia. Hay quienes están pudiendo disfrutar de la compañía y quienes están sufriendo mucho estrés por distintas razones. Los expertos reconocen que va a ser un episodio que va a dejar huella en los más pequeños de la casa, aunque confían en que pueda ser menos traumático de lo esperado, ya que se están llevando estudios en adultos en los que se está viendo que el impacto en los mayores no está siendo tan negativo y confían en que con los niños ocurra lo mismo. Para contribuir a que sea así, insisten en mantener rutinas, escuchar lo que sienten, pasar juntos tiempos de calidad e intentar transmitirles tranquilidad y seguridad.

FUENTE: LaTribunadeCiudadReal.es

Sugieren atender problemas del comportamiento para combatir la COVID-19. En Cambio16

Por Mariela León

Investigadores de la Universidad de Princeton y el Sunnybrook Research Institute revisaron el comportamiento humano frente a la crisis sanitaria. Detectaron ocho dificultades que desafían el buen juicio que debe imperar en estos momentos para combatir la COVID-19.

Entre los problemas que exploraron se encuentran los rasgos humanos comunes: temor a lo desconocido, vergüenza personal y sesgo retrospectivo, entre otros. La investigación y sus recomendaciones las ofrecieron a la revista especializada The Lancet.

Los coautores sugieren que la conciencia de estas dificultades podría ayudar a mantener los cambios de comportamiento necesarios para combatir la pandemia de la COVID-19.The Lancet@TheLancet · 

NEW—A real-time dashboard of clinical trials for #COVID19

«An urgent need exists to track clinical trials, avoid unnecessary duplication of efforts, & understand what trials are being done & where»

Correspondence @LancetDigitalH from K Thorlund et al https://hubs.ly/H0pTtMk0 

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The Lancet@TheLancet

NEW Podcast 🎧: Senior Editor Diana Samuel spoke to Dr Louis Dron, McMaster University, about his work on an interactive website which tracks #COVID19 clinical trials from 8 international clinical trial registers, covering all continents https://hubs.ly/H0pVqPx0 

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“Después de las fuertes reacciones iniciales ante un momento tan desafiante y difícil, la conciencia de las dificultades de juicio podría ayudar a mantener las cosas en el camino correcto”, señala Eldar Shafir, según Europa Press. Él es profesor en Ciencia del Comportamiento y Política Pública en la Escuela Woodrow Wilson de Asuntos Públicos e Internacionales de Princeton. Y coautor del artículo con el doctor Donald Redelmeier, científico principal del Sunnybrook Research Institute.

Problemas del comportamiento

La crisis de la enfermedad por COVID-19 desafía la biología humana, la capacidad de los hospitales, la recuperación económica y la red de comunicación entre personas.

Las estrategias para reducir la transmisión han incluido lavarse las manos repetidamente, distanciarse físicamente y el autoaislamiento. Estas estrategias preventivas son asequibles y efectivas.

Sin embargo, señalan los investigadores, un desafío importante es la necesidad de mantener la adherencia. El propósito de esta investigación  es revisar ocho dificultades de comportamiento reportadas por la psicología, que son relevantes para actuar con buen juicio bajo incertidumbre.

Identificar problemas y buscar soluciones

Sugieren que la conciencia de estas dificultades podría ayudar a mantener el cambio de comportamiento para combatir la crisis COVID-19. Estas son:

1.- Miedo a lo desconocido. Las amenazas son misteriosas porque son desconocidas. Pero el misterio inicial pronto se desvanece. Los recordatorios repetidos vinculados a la situación son importantes para evitar la complacencia.

2.- Vergüenza personal. Para reducir la propagación de la enfermedad, se ha animado a las personas a no tocarse la cara, pero lo hacen reflexivamente. Algunos pueden ver los fallos como un fracaso personal.Colegio Oficial de la Psicología de Madrid@CopMadrid

Recomendaciones para la salida del confinamiento con los niños, niñas y adolescentes.

La situación actual abre ya la posibilidad de q niños, niñas y adolescentes puedan salir en unas condiciones específicas.
Detalles de la guía en el siguiente enlacehttps://www.copmadrid.org/web/comunicacion/noticias/1514/recomendaciones-la-salida-confinamiento-los-ninos-ninas-adolescentes …

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Los líderes de opinión pueden destacar a una de las muchas celebridades que han dado positivo como una forma de mitigar el estigma. Las autoridades también deben advertir que los lapsos momentáneos son naturales y deben ser seguidos volviendo a los mejores comportamientos.

3.- Descuido de los riesgos competitivos. Muchos están tan consumidos por la COVID-19, que pueden descuidar el sueño, el ejercicio o la compañía humana. Por lo tanto, los médicos deben aconsejar a sus pacientes que promuevan la seguridad contra otros daños.

4.- Enfermedades invisibles. El distanciamiento social y el aislamiento podrían exacerbar el trastorno psiquiátrico crónico. Se justifica un mayor cuidado de la salud mental y comunicación de apoyo de un ambiente hogareño saludable.

Mentalidad colectiva es útil

El equipo de investigadores detecta otros comportamientos comunes en esta emergencia sanitarias.

5.-No hay información clara. Los retrasos de tiempo asociados con la COVID-19 (período de incubación, intervención y resultados de las pruebas) causan emociones y sentimientos desconcertantes. Las autoridades deben instar a la precaución de no actuar en informes diarios de epidemia.

6.- El status quo abunda. La gente quiere mantener la normalidad durante una crisis, pero una sacudida temporal de su status quo es una oportunidad para reenfocarse y mirar las cosas de nuevo. Una vez que disminuye la urgencia inicial, los hospitales podrían reconsiderar cómo los médicos se adaptan a las nuevas formas de telemedicina.Colegio Oficial de la Psicología de Madrid @CopMadrid

Confinamiento y emociones en las familias:

Silvia Álava. (Psicóloga Educativa) @silviaalava

Durante la cuarentena además de realizar otras actividades esenciales es importante atender las necesidades
emocionales de nuestros hijos y nuestras hijas. https://www.youtube.com/playlist?list=PLlJsbJFGKZG1ZpVqaXK-ECqTHp3G5XGsv …

Silvia Álava - Colegio de Psicólogos de Madrid

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7.- Normas sociales arraigadas. El comportamiento humano está conformado por normas como darse la mano, abrazarse y otras formas de contacto humano, y estas normas no son fáciles de cambiar. Los lemas, las imágenes y otros recordatorios podrían ayudar a facilitar el cambio necesario.

8.- Sesgo retrospectivo. Una vez que la COVID-19 disminuya, el sesgo retrospectivo conducirá a castigar a las autoridades médicas que podrían haber reaccionado de forma exagerada o insuficiente.

Una mentalidad colectiva de que todos estamos juntos en esto puede resultar difícil pero muy útil, dijeron.

Lee también: El confinamiento tiene efectos colaterales en la salud mental 

FUENTE: cambio16.com

Primera batalla ganada. Colaboración con ElDíadeValladolid.com

Los niños vencen el pulso al confinamiento y reciben el permiso del Gobierno para salir a la calle, aunque sujetos a estrictas limitaciones

Por Maricruz Sánchez (SPC)

Tras más de un mes de encierro por la pandemia de coronavirus, los más pequeños de la casa han ganado su primera batalla a la enfermedad. Han soportado la presión del confinamiento para llegar a la recompensa: a partir del domingo, de 09,00 a 21,00 horas, y durante 60 minutos como máximo al día, les permitirá dar paseos controlados en la compañía de un adulto.

Un alivio en la cuarentena

Un alivio en su cuarentena que afecta, finalmente, a los menores de entre 0 y 13 años, puesto que los de 14 en adelante quedan excluidos de esta nueva disposición normativa. Así, podrán salir acompañados por un adulto (hasta tres críos de la misma familia simultáneamente), con sus juguetes y en un radio de un kilómetro de su domicilio, eso sí, sin usar los parques públicos y manteniendo las distancias de seguridad y las medidas de higiene.
Esta fue una de las modificaciones principales de la nueva prórroga del estado de alarma en España, la tercera, que durará hasta el 10 de mayo. Una medida muy demandada por los padres y que tuvo que pasar por varias aclaraciones por parte del Ejecutivo, que en un primer momento solo contempló las salidas a supermercados y bancos y que, más adelante, amplió y matizó tras un aluvión de críticas ciudadanas, con la inclusión del permiso para hacer recados similares a los de los adultos a los chicos de entre 14 y 18 años.

Ventajas


La iniciativa busca dar respuesta a una demanda generalizada de alivio del confinamiento para este colectivo tan vulnerable que venían haciendo desde hace días progenitores y expertos, y que se basa en las ventajas que tiene el levantamiento del encierro estricto en los niños y adolescentes.
La psicóloga Silvia Álava, directora del Área Infantil del centro de psicología Álava Reyes, explica que estar metidos en casa tanto tiempo sin poder salir tiene un impacto muy importante para ellos, aunque hasta ahora fuera lo más seguro. «Evidentemente tiene unos efectos muy negativos para la salud mental de los pequeños, aunque haya sido lo más acertado en esta primera fase para evitar la propagación del virus; siempre hay que mirar cuál es el mal menor», asegura esta experta.

Es fundamental que los críos entiendan que no van a encontrar la normalidad

Como expone Álava, es fundamental que los críos entiendan que no van a encontrar la normalidad que están buscando y hay que recordárselo antes de cada salida para evitar que se frustren si no se cumplen sus expectativas. «Deben comprender que se va a dar un paseo. No hace falta que lleven muchos juguetes, que habrá que desinfectar después, y no van a poder quedar con sus amigos; si se los encuentran, les verán en la distancia, les saludarán y seguirán con el paseo junto al adulto», apunta.
Grave impacto. Mientras, el pediatra y expresidente de la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria, Venancio Martínez Suárez, indica que ya se estaba empezando a constatar la existencia de problemas psicológicos en niños derivados del confinamiento y de la sobreexposición a la información sobre la COVID-19. «Hay niños que no duermen de noche por miedo a morirse por el coronavirus», afirma Martínez, que actualmente ejerce en el Centro de Salud del Llano, en Gijón, sobre llamadas que ha registrado en su consulta de familias recientemente.
De hecho, recibe entre 30 y 40 llamadas al día de progenitores inquietos por el estado de ansiedad de sus hijos. «Es normal que estén preocupados», reconoce, al tiempo que aconseja que los pequeños deberían recibir información sobre la pandemia solo en los aspectos de prevención de la infección.

FUENTE: eldiariodevalladolid.com

El encierro alejado de mis hijos. Colaboración con El Diario Vasco

«Sus habituales gritos y peleas, sus constantes preguntas… son ahora un silencio artificial que asusta»

Por YOLANDA VEIGA 

Cada mañana, Alberto (48 años) se acerca a su casa y, desde la ventana, observa la nueva cotidianeidad que la cuarentena ha impuesto a los suyos: a su mujer y a sus hijos de 9 y 11 años. Un día a día extraño que lo es más porque él no está con ellos. El 14 de marzo, cuando el Gobierno decretó el estado de alarma, Alberto tomó una decisión difícil y generosa. Pasaría esos quince días que van ya para mes y medio fuera de casa. Por dos razones poderosas. La primera, que su mujer sufre de asma y bronquitis aguda, de manera que pertenece al colectivo de población de riesgo y entrar y salir todos los días, como le obliga su trabajo, implica un riesgo al que no quiere exponer a nadie más que a él mismo. La segunda, que trabaja en un centro de acogida a personas en situación de vulnerabilidad en el País Vasco y allí se necesita personal día y noche. «Entre la plantilla había miedo y uno tiene que dar ejemplo para estar legitimado a la hora de pedir implicación al resto». El peaje de su ejemplo: lleva cinco semanas sin poder abrazar a sus hijos. 

Es uno de tantos padres o madres que, por razones laborales, de enfermedad o por estar divorciados e interrumpir las visitas, están pasando el confinamiento alejados de los pequeños. Lo que se traduce en «un estrés que afecta a la salud emocional», advierte Guillermo Fouce, presidente de Psicología sin Fronteras. «Estar lejos de los hijos afecta, sin duda. No poder tocarles, abrazarles… Es difícil, nadie nos ha entrenado para esto».

Alberto acorta esa distancia asomándose cada mañana a la ventana de su casa un ratito: «Hablo con ellos, les animo a hacer las tareas escolares, les digo que lean… Les veo pero no les puedo abrazar, estamos separados por una barrera invisible». Y cinco semanas «no son dos, como al principio». Es un tiempo más que suficiente para hacer mella en el estado anímico, si es que el físico aguanta y uno no ha enfermado, claro. «Estamos acostumbrados a estar con nuestros hijos a diario, especialmente si son muy pequeños, así que ahora esos padres se encuentran en una situación del todo ilógica. Una situación vital estresante que se puede traducir en ansiedad, desesperación e incluso ira o no aceptación. Y que puede llevar a un aislamiento todavía mayor, a decir: ‘Voy a tratar de dormir todo el rato porque no tengo ganas de nada y quizá así pase el tiempo más rápido’. Eso lo agrava todavía más», advierte Fouce.

Alberto tiene tanto que hacer en el centro de acogida que apenas le da tiempo para pensar. Pero en el momento en que cesa la actividad… «Cuando estoy solo siento que falta algo. Esos gritos, esas peleas, esas preguntas constantes que en una situación normalizada terminan por sacarte de quicio son ahora un silencio tan artificial que asusta», reconoce.

Le entiende sin conocerle Raquel (42 años), fisioterapeuta en el Hospital de Getafe, que está pasando por una situación francamente dramática. Se infectó de coronavirus después de que su madre diera ‘positivo’ tras someterse a principios de marzo a una operación de columna. «El jueves 12 de marzo mi madre ingresó en UCI muy grave. Estoy separada y los jueves mis hijas, de 14 y casi 10 años, están con su padre. Le pedí a mi expareja que se quedara con ellas esa noche, pero al día siguiente empecé yo con fiebre, lo que me obligó a hacer la cuarentena aislada y a que mis niñas se quedaran con su padre por una cuestión de prevención».

Han estado veinte días separadas, casi tres semanas angustiosas. «Ha sido muy duro. Mi madre falleció y lo peor ha sido tener que darles la noticia por una videollamada para evitar que la mayor se enterara de algo tan duro por el mensaje de condolencia de cualquier conocido. Ha sido terrible no poder arropar, acompañar, contener su dolor ni compartir el mío propio…». Ahora están juntas y las tres intentan «elaborar este duelo ambiguo y sin duda postpuesto».

«Darle un sentido»

Tanto en el caso de Alberto como en el de Raquel la separación de sus hijos e hijas ha sido una elección personal, lo que le ha dado «un sentido» que es la clave. «Si el padre o la madre que no puede estar estas semanas con los hijos le da un sentido a esa distancia, lo va a llevar mejor. Y darle sentido es darse cuenta de que, si uno está enfermo, puede contagiarles. De manera que con esa distancia le estás protegiendo. En ese caso es algo fácil de asumir».

Pero hace falta algo más para aliviar esa distancia que se antoja abismal. Y eso lo están consiguiendo las videollamadas, sustitutas de los abrazos. «Es lo que te permite reconectar con tu vida de antes. Lo que te da energía para afrontar otro día separado de ellos. De hecho, muchos de esos padres o madres que están solos planifican su rutina en torno a esa llamada de la tarde que les va a permitir hablar y ver a los niños. Y está bien que sea así», indica Guillermo Fouce.

Por el adulto, y también por el niño o la niña: «Tienen que saber que su padre o su madre están bien y que no les han abandonado, que no se han ido a ningún lado sin despedirse. La recomendación es hacer las videollamadas que se puedan, porque solucionan mucho. O, aunque se haga una sola al día, que los niños sepan que en cualquier momento pueden ver a sus padres, aunque sea a través de la pantalla del teléfono», orienta Silvia Álava, directora del área infantil del gabinete Álava Reyes de Madrid. Alberto hace la videollamada al atardecer: «Me gusta saber de su día a día, de sus preocupaciones, que aunque sean niños también las tienen. Nos deseamos buenas noches y nos mandamos besos virtuales».

Eso sí, con que los niños entiendan que hay un razón para que el padre o la madre no estén, basta. «No hay que darles más información de la que necesitan. Y necesitan menos de la que los adultos pensamos. Conviene no mentir, no le vas a decir a la niña que papá se ha marchado de vacaciones porque lo va a sentir como un abandono, pero si está ingresado en el hospital no les tenemos que transmitir nuestra preocupaciones, que bastante cara larga nos van a ver».

–¿Llega a entender un niño por qué su padre no está?

–Depende de la edad. Si son muy pequeños, no van a entender que papá tiene un virus. A partir de los 6 años ya hay más madurez y pueden entenderlo, pero les va a costar, porque es una situación artificial y porque el vínculo de los niños pequeños con sus padres suele ser muy estrecho y muy físico. Cuando se trata de mayores, el vínculo es más de conversación. Y pueden entender que el padre o la madre falte durante dos meses, sí. Otra cosa es que sean capaces de digerirlo a nivel emocional, porque es algo muy gordo –advierte Silvia Álava.

Los hijos de Alberto entienden que su padre tiene un trabajo que le obliga a estar separados por el bien de todos. Pero no ven la hora de volver a estar juntos…

–¿Qué harás el día que puedas reencontrarte con ellos?

–No tengo ganas de hacer nada especial, porque cualquier cosa cotidiana me parecerá increíble. Si algo nos ha demostrado este maldito virus es que el día a día está lleno de momentos maravillosos. Poder llevarles a hacer deporte, jugar con ellos, pasear por la playa, subir al monte, meterlos a la cama y dormirlos inventando una historia… Lo habitual, precisamente lo que me falta en estos momentos.

Y los niños, ¿cómo se sienten?

Si el padre/madre está en el hospital: «La emoción del niño va a ser la tristeza. Como no le puede ver ni siquiera a través de una videollamada en muchos casos, se va a preguntar dónde está su padre o su madre. Va a echarle de menos e incluso le puede asaltar un sentimiento de enfado porque no se ha despedido», explica Silvia Álava, directora del área infantil del gabinete psicológico madrileño Álava Reyes.

Si está en casa pero aislado en una habitación:«El contacto basado en hablarse a través de la pared, de una habitación a otra, genera en el menor un sentimiento de frustración. Y en el adulto, una tristeza infinita».

Si están separados y el padre o la madre están en otra casa:«El niño puede sentir preocupación por no verle durante tantos días, y rabia porque no entiende por qué no le puede abrazar».

FUENTE: El Diario Vasco

Esto es lo que pasa por la cabeza de un niño cuando rompemos sus esquemas de lo que es salir a la calle. Colaboración con el diario ABC


Por Laura Peraita

Presumiblemente los niños podrán salir a la calle este domingo de 9 a 21 horas acompañados de un adulto. Eso sí, los padres deben explicarles bien que no pueden ir a parques, que si se encuentran con algún amigo no pueden salir corriendo a abrazarle, besarle o juntarse a él, tampoco podrán jugar juntos, tocar lo que hay en la calle y, si llevan mascarilla, no podrán quitársela.

Debemos explicarles las nuevas consignas

Este esquema es muy diferente al que tenían los niños la última vez que salieron a la calle. Por este motivo, es importante que los padres empiecen desde ya mismo a explicarles y concienciarles de las nuevas consignas para que los pequeños vayan asumiéndolas. «La mejor manera de hacerlo —explica  Silvia Álava Sordo, doctora en Psicología y autora de «Queremos Hijos Felices. Lo que nunca nos enseñaron»— es utilizando frases positivas: «como ya eres mayor ya vas a poder salir a la calle, pero tenemos que tener cuidado para no contagiarnos del virus», «como sé que eres responsable y no vas a tocar cosas, ni abrazar a tus amigos podremos salir este domingo a la calle a dar un paseo»… Lo mejor no es plantearle un panorama aterrador fuera ni amenazarle si se le ocurre tocar algo porque lo único que le generaremos es temor y ansiedad por salir a la calle».

No obstante, esta experta explica que es normal que puedan sentir miedo porque llevan mucho tiempo, cada día, escuchando que hay una cifra muy elevada de muertos y que el virus es muy peligroso. «Por eso es tan importante no esperar al momento antes de salir para darles las pautas, sino hacerlo poco a poco y cuanto antes. No pasa nada por ser pesados y repetírselo o, de vez en cuando, preguntarles «¿qué haremos cuando salgamos y veamos a un amiguito?». Lo importante es que lo tengan claro».

Evitar la frustración 

Desde luego que es una situación anómala para ellos, «y, por ello, por su cabeza pueden pasar ideas desde temor a frustración. Saldrán a la calle y se darán cuenta de que no pueden hacer lo que quieren, como estar en un parque y montar en los columpios, lo que les generará rabia. Es lógico —apunta Silvia Álava Sordo—. Su cabeza necesita asimilar también la nueva situación y ver que sus expectativas de salir a la calle son diferentes a las que había imaginado». 

Para esta doctora en Psicología es importante también que los padres no les trasmitan a sus hijos miedo. «Por las circustancias, a los ojos de los pequeños muchos adultos salen a la calle como si fueran «a la guerra» por precaución de no contiagarse —guantes, gorros, mascarillas— y eso ya les asombra, lo que es normal».

Vivir el presente

Recomienda Silvia Álava que se aproveche el paseo para «vivir el presente. Es decir, que no piensen en lo que no pueden hacer, sino en sentir el sol, la brisa del aire, escuchar a los pájaros, observar algunas cosas que están igual que antes y cómo han cambiado otras. Es una gran oportunidad para centrarse en el presente y olvidar los problemas».

De vuelta a casa, además de seguir con las medidas de higiene recomendadas, «resulta muy conveniente reflexionar con los hijos y preguntarles cómo se han sentido, si están contentos, si no lo están, si tienen ganas de salir otra vez… con el objetivo de que expresen sus emociones, las compartan, se liberen y sepan los padres cómo se sienten sus hijos», concluye Silvia Álava.

FUENTE: Diario ABC