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Ante el curso de sus vidas

Expertos en educación reclaman devolver el protagonismo de la vuelta al cole a los niños «para atender primero sus necesidades emocionales». Todos defienden a ultranza la presencialidad: «Una pantalla no es una escuela»

Por ICIAR OCHOA DE OLANO

La Vuelta a las aulas

Aquellos septiembres que no volverán llegaban repentinos y sin invitación, con olor a imprenta y al aroma sintético del final del verano. Se mezclaban en las pituitarias con la química de la loción antiparasitaria y con el tímido frescor del uniforme recién planchado. Entre la pereza y la excitación, enfrentábamos la liturgia de plastificar los libros de texto aún rígidos e inexplorados, y de engordar el estuche con gomas, sacapuntas, bolígrafos y un arcoíris de pinturas. En algún lugar entre el diafragma y la clavícula, resuena aún el eco de aquella chispeante agitación que producía la perspectiva de reencontrarnos con compañeros y profesores, y la de embarcarnos en la aventura de un nuevo curso. Cerca de 8,2 millones de niños y adolescentes de nuestro país encaran la próxima semana el adiós a un estío de profilaxis y contención para abrazar una vuelta a más de 28.534 escuelas e institutos bajo el síndrome de la Covid. Toneladas de ilusión que chocan contra el estado de incertidumbre, preocupación y alarma que genera entre los padres y madres, la comunidad educativa y la sanitaria el regreso masivo a las aulas en medio de la escalada descontrolada del virus.

Más allá de estrategias organizativas

Protocolos de limpieza, malabarismo de horarios, grupos burbuja, mascarillas a discreción y recreos escalonados, pedagogos, psicólogos, profesores y filósofos ponen el acento en las necesidades emocionales y educativas de los escolares tras seis meses alejados de las aulas, un confinamiento, medio curso en remoto y una pandemia que también ha lacerado sus vidas. Para la psicóloga especialista en infancia Silvia Álava, la prioridad, por encima de nuevas lecciones, es «escuchar a los niños». «Hay que abrir espacios y crear un clima de confianza para que hablen de lo que les ha pasado, de lo que han sentido, de lo que les preocupa, de sus miedos. Habrá escolares que lleguen con sus necesidades emocionales cubiertas, porque sus padres han sabido contarles lo que ocurre, pero otros no. Incluso habrá quien ha perdido a familiares. Una crisis de esta magnitud no se puede gestionar solo con buena voluntad. Hay que tratar de paliar los efectos psicológicos y, en este sentido, resulta fundamental que se verbalice lo vivido y que se escuchen entre ellos mismos, porque eso les ayudará a crear un vínculo social. Luego ya vendrá lo académico».javascript:falsePUBLICIDAD 

«Hay que estimular su capacidad natural de aprendizaje. Ellos van construyendo y nosotros les guiamos»DAVID BUENO | PROFESOR DE LA UB E INVESTIGADOR

«Desde el punto de vista formativo conviene desdramatizar la pérdida de algún mes de educación presencial reglada»

JAVIER GOMÁ | FILÓSOFO Y ENSAYISTA

Conductas de seguridad y riesgo

La experta, autora del libro ‘Queremos niños felices’, recomienda que, en paralelo, se trabajen las conductas de seguridad y de riesgo. «Los niños necesitan que les expliquemos las cosas. No basta con que les digamos que no pueden acercarse unos a otros. Hay que hacer lo que los psicólogos llamamos decodificar. Los niños son muy buenos observadores y extraen mucha información, pero les cuesta entenderla e interiorizarla. Necesitan que un adulto decodifique el mensaje, lo adapte a su edad e instaure las conductas que se deben normalizar. En lugar de no puedo abrazar a mis amigos, porque les quiero un montón no les abrazo. La comunicación es clave para hacer frente al miedo».

Mar Romera, maestra, licenciada en pedagogia y en psicopedagogía y especialista en inteligencia emocional, comparte este punto de partida. «El primer mes se debe dedicar a proporcionar herramientas y no contenidos». Esa es una de las consignas que ha propugnado durante los seminarios virtuales de preparación para la vuelta al cole del coronavirus que ha promovido durante este verano y que han seguido más de 17.000 profesores de toda España. «Para ello, hemos propuesto que durante las dos primera semanas los niños se escolaricen en el mismo curso en el que estaban cuando se decretó el confinamiento, en las mismas aulas y con los mismos profesores. En la vida es muy importante cerrar los círculos, expresar las emociones vividas y despedirnos. Esto no se puede dejar al azar».

Lo que realmente constituye educación

Romera, una de las grandes y más autorizadas voces españolas para el cambio educativo, apuesta por aprovechar las exigencias de la difícil coyuntura para impulsar esa transformación, a la «educación con los niños y no para los niños», sintetiza. «Durante el confinamiento se han visto las miserias de nuestro sistema académico, que ha respondido enviándoles tareas repetitivas y reproductivas para mantenerles entretenidos. Lo que realmente constituye educación son aquellos procesos que implican madurez, reestructuración neurológica y desarrollo de un pensamiento crítico. Y para que eso suceda necesitamos utilizar los contenidos, no integrarlos. Me explico. Hay que involucrar a toda la comunidad en el proceso educativo, desde los ayuntamientos a las empresas, los servicios, las comisarías o los mercados, para convertir las ciudades en laboratorios»; rebajar la rigidez en los horarios y desarrollar proyectos educativos propios, expone esta maestra, presidenta de la Asociación Pedagógica Francesco Tonucci (el ideólogo de La ciudad de los niños) y autora de ‘La escuela que quiero’, donde recoge las esencias de esa revolución. «La rutina de una clase tras otra cada 45 minutos no funciona. Ni de manera presencial ni ‘online’. La educación es otra cosa. Si nos centramos únicamente en evitar que no haya rebrotes vamos a llegar a una estructura escolar como la de Tailandia, con los niños en cubículos de plástico», advierte.

«El encierro ha mostrado las miserias de nuestro sistema, a base de mandarles tareas repetitivas»

MIGUEL ÁNGEL SANTOS GUERRA | DOCTOR EN CIENCIAS DE LA EDUCACIÓN

Donde se aprende a convivir

Desde Málaga, Miguel Ángel Santos Guerra, doctor en Ciencias de la Educación y catedrático emérito de Didáctica y Organización Escolar en la Universidad de esa ciudad, contempla con resignación cómo crecen cada día las probabilidades de que se acabe instaurando un modelo de clases híbrido (en vivo y digital). Y no se resiste a reivindicar la presencialidad. «Una pantalla no es la escuela. A distancia no hay educación. Lo que puede haber es instrucción. Desde la soledad y el aislamiento social no existe socialización. La educación exige comunicación y encuentro. El mundo virtual no nos permite relacionarnos intensamente, no nos enseña a convivir y empobrece el contenido relacionado con el mundo emocional. El aprendizaje de la ciudadanía no se puede hacer a través de la pantalla porque a convivir se aprende conviviendo. La escuela es la gran mezcladora social».

Cuando la asistencia no sea del todo posible por imperativo del virus, Santos Guerra prescribe altas dosis de «creatividad». David Bueno, profesor e investigador en la sección de Genética Biomédica Evolutiva del Desarrollo de la Universidad de Barcelona y Premio Magisterio en 2018 por su contribución a la neuroeducación, tiró de ella durante el encierro con buenos resultados. «Hicimos pedagogía inversa. Los alumnos se convierten en sus propios profesores. No tiene sentido conectarse con 78 estudiantes cuyas caras son sellos en el ordenador. Yo antes daba tres clases teóricas y una cuarta para debatir y solucionar casos. Decidí darle la vuelta. Les di apuntes, unos capítulos para leer del libro que estábamos viendo, y les animé a montar foros de discusión de entre cuatro y diez alumnos. Nos conectábamos una hora o dos cada diez días y entonces los debatían conmigo. Este sistema, que voy aplicar también en las clases presenciales, es perfectamente trasladable a los escolares. Estimula nuestra capacidad natural de autoaprendizaje. Ellos van construyendo y nosotros les guiamos en ese proceso».

Arranque del curso con «serenidad

Sin edulcorar las dificultades de la grave situación sanitaria y económica que atravesamos, Bueno opta por afrontar el arranque del curso con «serenidad» y como una «oportunidad para hacer cosas nuevas, jamás como un curso perdido. Cuando educamos nos centramos en el qué transmitimos y no en el cómo. Si tienen una buena actitud ya lo aprenderán cuando les haga falta».

«Lo prioritario es abrir espacios para que los niños hablen de cómo se han sentido y para que se escuchen»

SILVIA ÁLAVA | PSICÓLOGA EDUCATIVA Y ASESORA

Encaramado a la «perplejidad» que, dice, le provoca «la complejidad de los intereses, a veces contrapuestos, que hay en juego» en esta vuelta al colé, el filósofo y ensayista Javier Gomá aboga por «desdramatizar la importancia de la pérdida de unas semanas o incluso algún mes de educación presencial reglada desde un punto de vista estrictamente formativo. Los grandes de la cultura occidental no siguieron esa educación presencial reglada y muchos, ninguna clase de educación colectiva y presencial».

FUENTE: Diario Vasco

«Hijo, aléjate de Pablo que dio positivo en Covid-19» Colaboración con ABC

¿Algunos niños podrían quedar «señalados» por sus compañeros tras pasar el coronavirus?

Laura Peraita Por Laura Peraita

«Hijo, tu no te acerques a Pablito en el cole que fue positivo en Covid-19». La incertidumbre y el miedo está provocando que algunas familias –sobre todo aquellas que se han visto afectadas seriamente por el coronavirus o que conviven con personas mayores o vulnerables–, alienten a sus hijos a alejarse de aquellos compañeros que han pasado el Covid. «Acabamos de empezar las clases y todavía es pronto, pero en cuanto haya un niño que dé positivo y vuelva a clase, somos conscientes de que habrá padres que “obliguen” a sus hijos a que no se junten con él», asegura Andrés Cebrián, presidente del Sindicato Independiente de Enseñanza Anpe.

Precisamente, hace tan solo unos días, el Consejo General de Enfermería ha advertido de la posibilidad de que el contagio por Covid-19 traiga consigo «un estigma para los niños infectados e, incluso, para los que han pasado la enfermedad», por lo que ha pedido a los centros educativos que estén preparados y tomen medidas.

Salud emocional

El presidente de Anpe señala que es un problema «del que somos conscientes y del que ya hablamos en el mes de julio con la Consejería de Educación». Explica que la salud emocional de los alumnos es muy importante, pero el problema es que los profesores están «relativamente preparados» para dar respuesta a estas nuevas situaciones porque ahora mismo «tienen una sobrecarga de trabajo enorme al tener que hacer de maestros, sanitarios, psicólogos… Un docente no va a saber qué hacer si se encuentra con niños solos porque sus compañeros no quieren estar con él por haber pasado el Covid-19».

Pedro José Caballero, presidente de Concapa, asegura que cuando haya un positivo en una clase, el coordinador Covid del colegio será el encargado de llevárselo a una habitación especialmente habilitada para ello. Este coordinador avisará a los padres para que vayan a recoger a su hijo y llamará al centro de salud para que indique los pasos a seguir. Al avisar al resto de familias de escolares de su clases, en ningún caso se facilitará el nombre del niño afectado por protección de datos pero, al final, como ocurre en otros casos –como cuando un niño es el que tiene piojos–, todo se sabe y el nombre sale a relucir, lo que puede ser un problema para el afectado».

Reconoce Caballero que ese alumno puede quedar marcado «y no es un problema baladí». «Los psicólogos del colegio –prosigue– deberán mediar para que su regreso sea lo más óptimo posible. Hay que trabajar, no obstante, con todos los alumnos porque llevamos meses diciéndoles que no se acerquen a otras personas porque hay un bicho muy malo que mata cuando ahora se ven metidos en un aula con sus compañeros. Hay que transmitir seguridad sin restar importancia a la situación. Es una contexto nuevo para todos y la Administración también debe ofrecer respuestas adecuadas a este problema».

Sin malas intenciones

Para la doctora en Psicóloga Silvia Álava Sordo, las familias también tienen un papel importante. «Es esencial que cuenten a sus hijos que no hay mala intención por parte de un compañero que ha tenido Covid, sino que es mala suerte. Se puede aprovechar para enseñarles a empatizar, a ponerse en el lugar del niño afectado y saber cómo se siente si nadie quiere estar con él. Y, muy importante, hacerle saber que mañana puede ser él el que tenga Covid y pase por esa misma situación. Los padres, no obstante, deben tener cuidado con lo que dicen delante de sus hijos porque están muy atentos y actuarán o dirán lo que escuchan a los adultos».

En la misma línea se manifiesta Rocío Ramos- Paul, directora de Ramos- Paul Psicólogos, al hablar de la necesidad de empatizar con los demás. «La labor se tiene que realizar conjuntamente desde casa y el colegio. La solución es parecida a una situación de acoso. Los niños necesitan que les demos herramientas y explicarles que es verdad que su amigo ha pasado el Covid, pero que es suficiente con tomar medidas de distanciamiento, lavado de manos… para evitar contagios. No hay que bajar la guardia, pero tampoco estigmatizar a nadie».

FUENTE: Diario ABC

Cómo ayudar a que los niños aprendan mejor: más deporte. En el diario AS

El juego y la actividad física pueden contribuir positivamente en el aprendizaje de los niños ya que éste se consolida mejor a través de las emociones agradables.

Por Laura Martin Sanjuan @laura_publisher

Para que los niños aprendan mejor, es necesario que mientras consiguen fijar contenidos, se diviertan. Así lo afirma el I Estudio sobre los beneficios del juego y la actividad física en niños, llevado a cabo por las galletas Príncipe junto a la psicóloga infantil Silvia Álava y a través de IPSOS y en el que han participado más de 1.000 padres, ha puesto de manifiesto precisamente que los juegos tradicionales y el deporte son las actividades que mejor contribuyen a la disposición al estudio.

“Queremos que nuestros hijos aprendan lo máximo posible, que no se queden atrás en el colegio, que sigan el ritmo impuesto por el centro educativo y, en ocasiones, se nos olvida que muchos aprendizajes se pueden realizar a través del juego. De hecho, la neuropsicología nos muestra que el aprendizaje se consolida mejor a través de las emociones agradables”, como ha especificado Álava.

El nuevo curso escolar: emociones variadas

Y es que a la emoción por volver a empezar un nuevo curso escolar, se suman las medidas seguridad y distanciamento social necesarias ante la pandemia. Asimismo, el entusiasmo de los padres porque sus hijos vuelvan a la normalidad va a tener un papel clave en esta reincoporación.

En este sentido, una de las máximas preocupaciones de los progenitores es cómo sus hijos van a volver a coger la rutina de estudio tras tantas semanas jugando solos e interactuando con una pantalla. Y es que, tal y como ha demostrado este estudio de Príncipe, el 52% de los padres encuestados considera que el uso recreativo de pantallas altera la disposición al estudio.

“Vivimos en un mundo totalmente tecnológico. Gracias a ellas nos comunicamos, tenemos acceso a la información del conocimiento, nos han permitido que la educación de los niños continúe… pero no debemos permitir que ocupen todo el tiempo de ocio de nuestros menores, dado que los juegos tradicionales tienen un efectos en el desarrollo cognitivo y socioemocional en los niños que las pantllas no tienen”, ha señalado la psicóloga Álava.

Cómo serán los recreos

Si finalmente hay clases presenciales, los recreos van a ser diferentes pero esto no quiere decir que ya no puedan jugar, si no al contrario. “En la medida de lo posible, debemos fomentar que los niños jueguen al aire libre, a juegos que impliquen movimiento y que puedan practicar deporte, dado que está demostrado que tienen un efecto positivo en el aprendizaje y en el desarrollo cognitivo y emocional de los más pequeños”, ha explicado Álava .

Por otro lado, tal y como ha destacado la psicóloga, “para el 90% de los padres el deporte contribuye positivamente en sus hijos ayudándoles a aprender por lo que, siguiendo, por supuesto, todas las recomendaciones sanitarias acerca del coronavirus, el deporte y la actividad física son una asignatura más en esta vuelta al cole”.

Juego y aprendizaje, una pareja perfecta 

Jugar y realizar actividad física y deporte no implica solo diversión, si no que cuando los niños realizan estas actividades están aprendiendo y se consolidan muchos procesos intelectuales. De hecho, el 99,5 de los padres entrevistados considera que el juego es clave en el desarrollo de los niños.

“Desde Príncipe, creemos firmemente en que todos los niños deben tener la oportunidad de disfrutar lo máximo posible de su infancia. A través del juego y la actividad física, los más pequeños de la familia pueden ser más felices en su día a día”, director de la categoría de galletas en Mondelēz International en España. “Por esta razón, desde Príncipe nos queremos comprometer y participar en proyectos que a través de la promoción de la actividad física buscan que cada niño sea más feliz.”

La importancia de las actividades deportivas en los niños

FUENTE: Diario AS

Vuelta al cole: Una hidratación adecuada ayuda a rebajar el nivel de ansiedad

Uno de los síntomas de la ansiedad es la sensación de boca seca y beber agua se convierte en una herramienta para ayudar calmar ese estado de intranquilidad, aseguró la psicóloga Silvia Álava en una conferencia sobre la importancia del agua para el desarrollo cognitivo pronunciada en las XX Jornadas de Nutrición Práctica.

Pero, además, con la deshidratación aumenta la circulación de las hormonas del estrés, el cortisol, y se ponen en marcha unos procesos fisiológicos similares a cuando el cuerpo está en una situación de peligro o de inquietud.

Diferentes estudios demuestran que el estrés repercute en el rendimiento intelectual, afecta a la lentitud de pensamiento, a los reflejos y provoca errores en la resolución de conflictos.

“A los estudiantes les recomiendo que estudien con una botellita de agua que les ayude a mantener la atención y la concentración y que también la lleven a los exámenes para bajar esos niveles y controlar la ansiedad”, señaló la especialista en las jornadas que se celebraron en la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid.

Hay estudios que indican que una deshidratación del 2,7% puede hacer que tengamos una mayor sensación de esfuerzo para hacer las tareas unido a tristeza, cansancio y decaimiento.

“Bien hidratados mantendremos un buen estado de ánimo”, apunta Silvia Álava.

Deshidratación y función cognitiva

Si la deshidratación afecta a nuestra forma de sentirnos, mucho más lo hace sobre el funcionamiento de nuestro cerebro.

La evidencia científica ha constatado que ya con un 1% o un 2% de deshidratación empieza a resentirse la memoria a corto plazo, las tareas de atención selectiva visual, la concentración y el tiempo de reacción.

Pero en general la deshidratación produce una disminución significativa en la percepción, atención, memoria, pensamiento, lenguaje y rendimiento psicomotriz. En resumen, de la función cognitiva en su conjunto, además de las repercusiones físicas.

Por eso, Silivia Álava considera esencial educar desde la infancia en el hábito regular de beber agua para que se acostumbren a pedirla y a beberla.

“Los niños no llegan al colegio bien hidratados y eso repercute en su falta de atención, en el cansancio e incluso en la irritabilidad. Y eso se agrava si encima llegan sin desayunar”, advierte.

El consumo de líquidos, en especial el agua, es vital para el funcionamiento del organismo humano en todas las edades, pero además de los niños, otro grupo de riesgo es el de los ancianos que sufren alteración del mecanismo de la sed y pueden pasar horas sin beber agua, algo que les afecta especialmente física y cognitivamente.

Por eso la psicóloga anima a las instituciones a fomentar la educación para una correcta ingesta de agua y otros líquidos que según las autoridades sanitarias internacionales debe ser de 2 litros en el caso de las mujeres y de 2,5 de los hombres.

FUENTE: El Informador

Así contribuyen los juegos tradicionales y el deporte al estudio en los niños

El 52% de los padres encuestados considera que el uso recreativo de pantallas altera la disposición al estudio.

La pandemia del coronavirus ha supuesto un antes y un después en nuestras vidas. En el caso de los niños, la irrupción de la COVID-19 supuso que sus rutinas cambiaran drásticamente ya que dejaron de asistir de forma presencial al colegio y de tener contacto físico con sus compañeros.

Ahora, llega el mes septiembre con la vuelta al cole llena incertidumbre e interrogantes entre los padres. Tras meses en casa, llega el momento del reencuentro con la rutina del aprendizaje y libros. Sin embargo, tal y como especifica la psicóloga Silvia Álava, «el aprendizaje o la disposición al estudio no sólo es a través de los libros, mediante el juego también podemos contribuir a él».

El I Estudio sobre los beneficios del juego y la actividad física en niños

Llevado a cabo por las galletas Príncipe junto a la psicóloga infantil Silvia Álava y a través de IPSOS y en el que han participado más de 1.000 padres, ha puesto de manifiesto precisamente que los juegos tradicionales y el deporte son las actividades que mejor contribuyen a la disposición al estudio.

Tal y como ha especificado Álava «queremos que nuestros hijos aprendan lo máximo posible, que no se queden atrás en el colegio, que sigan el ritmo impuesto por el centro educativo y, en ocasiones, se nos olvida que muchos aprendizajes se pueden realizar a través del juego. De hecho, la neuropsicología nos muestra que el aprendizaje se consolida mejor a través de las emociones agradables».

El papel de las pantallas en el aprendizaje

Este año el regreso a las aulas va a ser muy diferente. Y es que a la emoción por volver a empezar un nuevo curso escolar, se suman las medidas seguridad y distanciamento social necesarias ante la pandemia. Asimismo, el entusiasmo de los padres porque sus hijos vuelvan a la normalidad va a tener un papel clave en esta reincoporación.

En este sentido, una de las máximas preocupaciones de los progenitores es cómo sus hijos van a volver a coger la rutina de estudio tras tantas semanas jugando solos e interactuando con una pantalla. Y es que, tal y como ha demostrado este estudio, el 52% de los padres encuestados considera que el uso recreativo de pantallas altera la disposción al estudio.

«Vivimos en un mundo totalmente tecnológico. Gracias a ellas nos comunicamos, tenemos acceso a la información del conocimiento, nos han permitido que la educación de los niños continúe…, pero no debemos permitir que ocupen todo el tiempo de ocio de nuestros menores, dado que los juegos tradicionales tienen un efectos en el desarrollo cognitivo y socioemocional en los niños que las pantllas no tienen», ha señalado la psicóloga Silvia Álava.

Jugar de forma diferente

Las medidas de prevención y seguridad del coronavirus van a impactar directamente en la forma de jugar que tienen los niños. Si finalmente hay clases presenciales, los recreos van a ser diferentes pero esto no quiere decir que ya no puedan jugar, si no al contrario. «En la medida de lo posible, debemos fomentar que los niños juegen al aire libre, a juegos que impliquen movimiento y que puedan practiar deporte, dado que está demostrado que tienen un efecto positivo en el aprendizaje y en el desarrollo cognitivo y emocional de los más pequeños», ha explicado Álava.

Por otro lado, tal y como ha destacado Silvia Álava, «este estudio ha puesto de manifiesto que para el 90% de los padres el deporte contribuye positivamente en sus hijos ayudándoles a aprender por lo que, siguiendo, por supuesto, todas las recomendaciones sanitarias acerca del coronavirus, el deporte y la actividad física son una asignatura más en esta vuelta al cole».

Los resultados que han arrojado esta investigación, también han mostrado que 9 de cada 10 padres creen que, para el desarrollo de las habilidades de percepción, comprensión y regulación emocional, tanto el deporte como el ejercicio físico, seguido de los juegos tradicionales, son claves. «Puede que nuestros hijos hayan pasado momentos de estrés que podrían afectar a su correcto desarrollo emocional. La vuelta al cole va a suponer todo un revulsivo para los más pequeños por eso es tan importante que sigamos fomentando, de forma segura, el juego junto sus compañeros», ha argumentado la psicóloga.

El juego como método de aprendizaje

En definitiva, una de las grandes revelaciones de este estudio es que jugar y realizar actividad física y deporte no implica solo diversión, si no que cuando los niños realizan estas actividades están aprendiendo y se consolidan muchos procesos intelectuales. De hecho, el 99,5 de los padres entrevistados considera que el juego es clave en el desarrollo de los niños.

«Creemos firmemente en que todos los niños deben tener la oportunidad de disfrutar lo máximo posible de su infancia. A través del juego y la actividad física, los más pequeños de la familia pueden ser más felices en su día a día», director de la categoría de galletas Príncipe en Mondelēz International en España. «Por esta razón, nos queremos comprometer y participar en proyectos que a través de la promoción de la actividad física buscan que cada niño sea más feliz».

FUENTE: Diario ABC

6 cosas que hemos aprendido viajando al cerebro de nuestros hijos.

Entenderíamos mejor los comportamientos de los niños si supiéramos cómo funciona su cerebro.

Colaboración con Gestionando Hijos

«Es muy importante educar con el cerebro en mente» nos decía el neuropsicólogo Álvaro Bilbao. «Tener unas nociones básicas acerca de cómo funciona el cerebro del niño es una gran ventaja para aquellos padres que quieran aprovecharla. En el cerebro del niño están todas las claves para una p/maternidad satisfactoria».

Y es que entenderíamos mucho mejor algunos de los comportamientos de nuestros hijos si supiéramos cómo funciona su cerebro, aún en desarrollo. Por ejemplo, entenderíamos que, a causa de que su corteza prefrontal es aún muy inmadura, es lógico que con tres años tenga rabietas, puesto que, sin el correcto desarrollo de esta zona del cerebro, es difícil que pueda controlar sus emociones.

Pero hay más aprendizajes importantes. Hoy rescatamos seis:

1. Las emociones son protagonistas del cerebro de nuestros hijos (y del nuestro)

Álvaro Bilbao nos presenta la estructura del cerebro: «El cerebro racional se desarrolla sobre otros cerebros que son el cerebro primitivo (el que nos pide que comamos, que durmamos) y sobre el cerebro emocional (que busca afecto). Solo cuando ese cerebro emocional ha recibido el cariño que necesita, puede tener una capacidad intelectual plena». Pero Álvaro nos lanza una advertencia: «Es muy importante que no confundáis el afecto con la sobreprotección».

La pediatra Lucía Galán nos recuerda que el cerebro de un niño está dominado por la parte inferior, de las emociones, los impulsos y los instintos. «Los niños hacen cosas de niños, no necesitan la casa ordenada, no necesitan llegar a tiempo…». Sus necesidades y las nuestras difieren. Pero para conectar la parte del cerebro inferior (dominada por emociones e impulsos) y la superior (dominada por el razonamiento lógico), lo único que hace falta es un chispazo. Y el mejor, nos cuenta Lucía, es el contacto físico: «Cuando no sepáis qué hacer, antes de gritar, apostad por el contacto físico».

Las emociones son incluso protagonistas en la toma de decisiones, nos dice Álvaro Bilbao: «El cerebro escucha e integra todas las partes del cerebro (primitivo, emocional y racional) para tomar decisiones acertadas. Incluso en la decisiones más simples, también influye la emoción».

2. Nuestro cerebro quiere marcha

«El cerebro es un gran consumidor de oxígeno. Con tan solo un 2% del peso corporal consume el 33% del oxígeno que está en nuestros pulmones. Ese oxígeno llega al cerebro gracias a un corazón que debe estar bien entrenado. Y la mejor manera de conseguirlo es implantar el ejercicio físico desde que somos pequeños«, nos dice Álvaro Bilbao.

Heike Freire, experta en innovación educativa, nos recuerda que «a lo largo de la evolución de nuestra especie, el movimiento ha estado muy relacionado con el desarrollo del cerebro y todas sus capacidades».

Es por este motivo por el que es tan importante el porteo. Si, mientras nosotros hacemos cosas en casa, nuestro bebé, en lugar de estar tumbado en la cuna, se mueve con nosotros, estaremos ayudando a su cerebro a desarrollarse.

3. El cerebro necesita naturaleza y aire libre

Nos decía siempre la experta en talento y liderazgo Noelia López Cheda que «se nos ha olvidado que el contacto con la naturaleza es una de las mejores cosas para que los niños se calmen y aprecien las pequeñas cosas además de que se desarrolle su curiosidad de manera natural. Y para los tiempos que corren tan tecnológicos, es una medicina para el cerebro infantil».

4. Para el cerebro, es mejor educar sin etiquetas

Álvaro Bilbao nos dice que «hoy en día sabemos que si un niño escucha de sus padres que es un desobediente, su cerebro le dirá que desobedezca». Los mensajes que emitimos sobre nuestros hijos se quedan grabados a fuego en su cerebro, que se ve obligado a ‘obedecer’ a nuestros mensajes. Y no olvidemos que hasta los 6 años la autoestima no es auto, sino que depende de lo que piensen los demás de nosotros. Si continuamente le estamos diciendo a nuestro hijo que es desobediente, no le estamos ayudando a que construya una autoestima sana.

5. La sobreprotección y el darles todo hecho es un freno al buen desarrollo del cerebro

«Si queremos tener hijos felices en lugar de hacer que el viento siempre sople a su favor hay que enseñarles también a navegar en tempestades», nos dice Álvaro Bilbao. Álvaro subrayó que enseñarles autocontrol no significa encorsetar a nuestros hijos. Antes al contrario: «El lóbulo frontal es una zona realmente versátil y va a permitir a vuestros hijos tener la mejor respuesta en función de cada situación», autocontrolarse cuando sea necesario y divertirse o relajarse en otras ocasiones. Álvaro nos confesó que «me gusta mi labor de mal padre, en esos momentos en que les digo a mis hijos que eso no lo puede hacer, que tienen que esperar un poco, porque aunque sé que muchas veces mis hijos se enfadan, sé que es una labor tan amorosa como darles un beso de buenas noches. Cuando les digo que no o que tienen que esperar, estoy dándoles un regalo importantísimo para su cerebro».

6. Los primeros años de vida son fundamentales

La psicóloga Silvia Álava nos dice que «el cerebro del niño es muy plástico. Cuando nace el bebé el cerebro pesa ya 350 gr y en los dos primeros años de vida ha alcanzado el 75% del desarrollo que tendrá en la edad adulta y con 5 años de edad hasta el 90% del desarrollo cerebral. Los primeros años de vida son fundamentales y en ellos se van a anclar y sentar las bases del aprendizaje. Muchas veces pensamos «que el niño es muy pequeño», pero es fundamental lo que hacemos cuando son pequeños. Hay que estimularles correctamente (a nivel intelectual, a nivel cognitivo…) y es una edad fundamental para crear un buen vínculo emocional con los padres, un vínculo que les aporte seguridad, no dependencia».

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FUENTE: eldia.es

La importancia de las actividades deportivas en los niños. Diario As

La importancia de las actividades deportivas en los niños. Según una encuesta, el 50% de los padres afirman que los juegos que implican ejercicio físico son el tipo de juego con el que sus hijos son más felices.

Laura Martin Sanjuan @laura_publisher

Puede que este año las actividades deportivas extra escolares no sean las más idóneas, pese a las ganas de los niños, pero el beneficio para la salud mental y física de los niños es extraordinario. Y esta vuelta al cole, más que nunca. 

Según el “I Estudio sobre los beneficios del juego y la actividad física en niños” desarrollado por Príncipe junto a la psicóloga Silvia Álava y realizado con Ipsos, para 9 de cada 10 padres, tanto la actividad física como el deporte son claves para el desarrollo emocional y de las habilidades de percepción y compresión de sus hijos.

La importancia del juego para aprender

El juego y la actividad física son fundamentales para los niños, ya que no solo disfrutan realizando este tipo de actividades, si no que también favorecen su aprendizaje. En este sentido, tal y como señala la psicóloga Silvia Álava, “hay una gran cantidad de trabajos científicos que han demostrado que a través del juego se potencian las funciones ejecutivas, se ayuda a mejorar el rendimiento matemático, el desarrollo lingüístico, la inteligencia fluída, la memoria de trabajo y el procesamiento de los niños, entre otras materias”.

Y es que los niños necesitan jugar y hacer ejercicio para desarrollarse con plenitud. Además, el juego promueve las relaciones entre iguales, desarrollan lazos de amistad con otros niños, competencias emocionales, habilidades sociales…

Juegos de siempre, juegos para todos

En este caso, los padres encuestados (más de mil) consideran que los juegos tradicionales, los juegos que implican ejercicio físico y el deporte son las categorías que más contribuyen al desarrollo cognitivo de sus hijos, ayudándoles a tomar decisiones, a resolver problemas y a entender el mundo.

“Estos resultados están en consonancia con la evidencia científica existente, que ha demostrado que, en la infancia, el desarrollo cognitivo se ve potenciado gracias a los juegos de reglas, juegos interactivos y juegos motores o de actividad física”, ha señalado Álava, quién ha destacado que “además, el juego hace que desarrollen su creatividad y fantasía y les ayuda a comprender el mundo real”. 

Por otro lado, los resultados muestran que 9 de cada 10 padres creen que, para el desarrollo de las habilidades de percepción, comprensión y la regulación emocional, tanto el deporte como el ejercicio físico son claves, seguido de los juegos tradicionales. En el caso de los niños más pequeños (4 a 6 años), los progenitores creen que son los juegos tradicionales los que más ayudan al desarrollo emocional de sus hijos.

¿Qué juegos hacen más felices a los niños?

Aunque 4 de cada 10 padres afirman que las pantallas son la principal fuente de disfrute de sus hijosel 50% de los encuestados declara que el ejercicio físico es el tipo de juego que más feliz hace a los niños. “1 de cada 2 niños juega con pantallas a diario y el 31% lo hace durante 2 horas o más. Son cifras que no nos sorprenden ya que vivimos en un mundo totalmente tecnológico”, ha destacado Filipe Salsinha, quien ha explicado que “sin embargo, los padres tienen claro que sus hijos son más felices cuando practican actividad físicas o deportes”.

Como indica el estudio, la felicidad está más relacionada con saber disfrutar de cada momento y dotar de herramientas y recursos a nuestros hijos para que sean seguros y autónomos. Por este motivo, “debemos fomentar que los niños jueguen al aire libre, a juegos que impliquen movimiento y que puedan practicar deporte, dado que está demostrado que el deporte y los juegos al aire libre tienen un efecto positivo en el aprendizaje y en el desarrollo cognitivo y emocional de los más pequeños”, argumenta Álava.

FUENTE: Diario As

La importancia del juego en los procesos cognitivos de los niños. Colaboración con el diario El País

En esta colaboración con Nacho Meneses explicamos para el diario El País la mejor manera de gestionar el tiempo libre y la salud emocional de los menores en el verano del coronavirus.

El verano de 2020 está arrojando unas vacaciones sin duda diferentes. Las medidas de prevención adoptadas debido a la pandemia hacen que gestionar el tiempo libre y de ocio de los más pequeños se convierta en todo un quebradero de cabeza para muchas familias, que deben equilibrar ahora las necesidades físicas, sociales y emocionales de sus hijos con la necesaria protección de su salud. De ello hablamos con Silvia Álava, psicóloga infantil y autora de la Videoguía para aprender jugando, un trabajo que realizó durante el confinamiento para, a través de los juegos, explicar cómo trabajar los procesos cognitivos de los niños.

PREGUNTA. ¿Cómo debe ser un ocio infantil saludable y de calidad?

RESPUESTA. Es muy importante dejar a los niños tiempo libre para que jueguen, ya sea solos o con sus hermanos o amigos. Cuando juegan solos, trabajan todos los procesos de función ejecutiva: decidiendo a qué juegan, con qué juegan, cuáles son las normas… Va a ser además un juego mucho más creativo, porque están fomentando ellos solos su creatividad, y la curiosidad que tienen por aprender, y además les estamos enseñando a tolerar la frustración del “¡papá, mamá, me aburro!”.

Como el día es muy largo, tenemos que intentar que haya un rato donde ellos jueguen solos a lo que quieran: a ser posible, sin una pantalla, porque esos juegos están tremendamente dirigidos, y el proceso de atención sostenida te lo hace el mismo juego. Se trata de estímulos que cambian muy rápido a nivel visual y auditivo.

P. ¿Es el juego igualmente importante en todas las edades?

R. A menudo se nos olvida que los niños aprenden muchas cosas a través del juego. Primero, porque estamos transmitiéndoles una serie de valores, pero además porque se fomentan muchos procesos a nivel cognitivo, como la memoria o la velocidad de procesamiento, con la que somos capaces de pensar y generar ideas; también el razonamiento lógico y abstracto; la riqueza y fluidez del vocabulario; o la inteligencia emocional.

El juego tiene beneficios diferentes en cada edad, pero es verdad que cuanto más pequeños son, más importante resulta. Cuando un bebé está jugando colocando unos cubos delante de otros, está trabajando la coordinación visomanual, las destrezas finas, la organización espacial… Siempre hablamos de que los seis primeros años de vida son fundamentales, pero es que, de esos, los dos primeros son los más importantes.

P. Tras el estado de alarma, será necesario recuperar de alguna manera el tiempo perdido.

R. Es fundamental que, cumpliendo todas las medidas de seguridad, haya juegos al aire libre y en los que se fomente la actividad física y el deporte, cuyos beneficios sobre el desarrollo cognitivo, social y emocional de los niños están muy estudiados. Se trabaja mucho la psicomotricidad, tanto a nivel grueso como fino, y el autocontrol, porque al controlar el cuerpo también voy a controlar mi conducta. Es muy importante que corran y se muevan, porque este año, tras los meses de confinamiento, tenemos déficit en ese sentido.

En la medida de lo posible, también es bueno dejar que jueguen con otros niños. Y que lo hagan sin un adulto que funcione como monitor de tiempo libre. Que aprendan, lo primero de todo, a negociar a lo que van a jugar; a saber las normas que van a seguir; y a consensuar y resolver esos conflictos entre iguales.

Silvia Álava, explica la mejor manera de gestionar el tiempo libre con los niños.

P. ¿Cómo animarles a jugar con otros niños en el contexto del coronavirus?

R. Creo que, en estos momentos, es mejor pecar de pesados y recordárselo una y otra vez: si quieren jugar con sus amigos, de acuerdo, pero con la condición de llevar siempre la mascarilla y jugar a juegos que no impliquen contacto físico. También hay que hablar de las emociones que esto genera en los niños, porque les puede no gustar, poner tristes e incluso frustrar. Y para ello, lo primero que hay que hacer es validar sus emociones: entiendo que te sientas así, que no te guste, que te parezca un rollo. Y luego ya trabajamos esa emoción juntos, para que entiendan que este verano, debido al coronavirus, a lo mejor no es posible estar en la piscina haciendo todo lo que queremos, y que hay que jugar con mascarilla, porque si no, nos podemos contagiar, contagiar a los demás e incluso tener que volver a quedarnos en casa. A los niños hay que explicarles mucho lo que está pasando, adaptando el mensaje a cada edad.

P. ¿Deberían evitarse las pantallas este verano?

R. Yo creo que no podemos demonizarlas; máxime cuando venimos de una sobreexposición a las pantallas del 180 %, porque no había otra forma de comunicarse para hablar con los amigos o hacer los deberes. No se trata de proponer un apagón digital; pero sí de poner un límite de uso de tiempo. Que cada familia decida cuál es, y lleguen a un consenso con los niños y adolescentes sobre los minutos que tienen, para que los gestionen como quieran, y sobre las mejores horas para usarlos. Siempre evitando, eso sí, las horas de las comidas, y que nunca se lleven una pantalla a la cama, porque puede interferir en la calidad del sueño.

Todavía hay un riesgo de abuso de las pantallas porque, para empezar, ya nos hemos acostumbrado, y tenemos mucha más inercia a usarlas que antes del confinamiento; y porque las posibilidades de ocio no son las mismas. Antes de los dos años, no deberían tener tiempo de pantalla, y los niños de Infantil no deberían superar la media hora.

P. ¿Es importante que los padres se involucren en el juego de los niños?

R. Es fundamental, porque al final, lo que más les gusta a los niños es que sus papás jueguen con ellos. Si podemos reservar un tiempo para el juego libre en familia, sería maravilloso. Con una simple baraja de cartas trabajas una gran cantidad de procesos cognitivos: la atención sostenida, porque tengo que andar pendiente del juego; la atención selectiva, para ver qué cartas salen y cuáles no; la planificación, la estrategia… Te vas a la playa y te puedes meter unas cartas, que no ocupan espacio, y jugar a juegos de toda la vida, como la escoba, en la que practican el razonamiento numérico; como el burro, con el que usas planificación, estrategia y reflejos… Pero es importante que el adulto también juegue, para sostener el tiempo de juego aún más.

En vídeo, la psicóloga infantil, Silvia Álava, habla sobre la gestión del tiempo libre de los niños durante el verano y su salud emocional.

P. ¿Influye la situación de confinamiento por la que hemos pasado en la gestión que hagamos ahora del tiempo de ocio de los niños?

R. Es muy importante. Por ejemplo, este no es el verano de estar haciendo deberes y deberes. Durante el confinamiento, como no había colegios y el aprendizaje se trasladó a las casas, los niños han estado continuamente intentando hacer esos trabajos con papá, con mamá, a través de la pantalla… Es importante parar y leer o escribir un poquito; podemos trabajar la lectura, pero que sea con una lectura divertida; escribir cartas, o un diario de lo que hacemos en vacaciones.

Hay muchos padres que a lo mejor están un tanto agobiados, porque piensan que sus niños no han aprendido todo lo que necesitaban. Pero si el aprendizaje se ha resentido un poco, ya se tendrá en cuenta cuando empecemos el nuevo curso escolar. Otra cosa importante es que uno de los efectos psicológicos del confinamiento es un aumento de los trastornos de ansiedad o del estrés postraumático, porque para algunos niños puede haber sido una vivencia traumática. A través del juego libre, pueden simbolizar muchas cosas. Por ejemplo, niños que están jugando con muñecos para que no se pongan malos, y que el coronavirus no esté por allí… Es el momento de ver si, a nivel emocional, hay algo que haya podido quedar pendiente de gestionar, debido al confinamiento o porque hayan sufrido alguna pérdida familiar, como la de un abuelo.

P. Tampoco es necesario llenar el día de actividades, ¿verdad?

R. En absoluto. Los niños necesitan tiempo para aburrirse, porque el aburrimiento fomenta la creatividad y la curiosidad, y nos ayuda a tolerar la frustración. También hace que nos conozcamos mejor y que aprendamos a estar a gusto con nosotros mismos, sin tenerlo todo lleno de actividades. Y luego, hay que tener en cuenta que en verano se relaja el horario, pero no la rutina. No hace falta poner el despertador a las siete si no hay que ir al cole o asistir a una clase online, ni que se acuesten a las nueve, cuando aún hay sol, pero tampoco es necesario que a las 12 o una estén aún por la calle. Hay que respetar los horarios de sueño y comidas, aunque se relajen un poco.

FUENTE: Diario El País

«Hijo, este verano no nos vamos de vacaciones». Claves para afrontarlo de forma positiva. Colaboración con el diario ABC

Por motivos económicos, por miedo al contagio, por tener familiares en el hospital… Los expertos explican cómo lograr que no sean unos días «perdidos»

Por Laura Peraita

Este año, las vacaciones van a estar de una u otra forma marcadas por los efectos del Covid-19. Muchas familias se van a enfrentar a la difícil decisión de comunicar a sus hijos que «este verano no nos vamos de vacaciones». Son muchas las razones. En algunos casos, el bolsillo se ha visto gravemente dañado debido a que los padres están en paro o afectados por un Erte, lo que obliga a recortar gastos. En otras ocasiones es el miedo el que invita a quedarse en casa por temor a un posible contagio. Tampoco hay que olvidar a las familias que no tienen ánimo de ir a ninguna parte porque han perdido a un ser querido en duras circunstancias por el coronavirus o por estar pendientes de los que aun están hospitalizados por esta causa.

Sea por el motivo que sea, lo cierto es que Silvia Álava Sordo, doctora en Psicología y autora de «Queremos Hijos Felices. Lo que nunca nos enseñaron», recomienda a los padres no tener miedo a comunicar en casa que este verano no salen fuera. «El problema es que tenemos asumido que estar de vacaciones es igual a viajar. Y si lo pensamos bien, no es así. Es solo una decisión opcional. Es una idea que hay que trabajar con los niños desde pequeños porque las vacaciones suponen mucho más que hacer las maletas».

Romper rutinas

No tener que trabajar o no ir a clase por unas semanas implica tiempo de descanso, de romper con la rutina, con los horarios, poder hacer actividades que normalmente no se pueden realizar debido al estrés diario e, incluso, tener momentos para perder el tiempo y aburrirse. «Lo importante –añade– es hacer cosas fuera de la rutina del resto del año: un picnic en un parque o en el campo, un paseo en bici todos juntos, visitar la propia ciudad en la que se reside con ojos de turista, descubrir un museo… Son muchas las alternativas a un viaje y que permiten disfrutar igualmente de las vacaciones. Lo ideal es ofrecer a los hijos que aporten ideas de lo que les gustaría hacer y negociar actividades. Hay miles de planes por hacer».

Los padres deben explicar a los hijos que no irán a la playa o montaña este verano de manera «serena, sin transmitir ansiedad, preocupación o tristeza», matiza Alicia López de Fez, directora del Centro de Psicología López de Fez. Mi recomendación es hacer una lectura positiva de la situación». De lo contrario, si los progenitores se lo dicen con mal tono, como si fuera un castigo o dando por hecho que es un auténtico fastidio, los niños también lo asumirán así, pero si se les transmite lo cómodos que estarán en casa y se les plantea un amplio abanico de posibilidades por hacer, el panorama será muy diferente.

Nano López, coach experto en adolescentes, asegura que, atendiendo a la edad de los hijos, hay que exponerles la situación con realismo y normalidad. «Necesitan saber el motivo del cambio de destino estas vacaciones porque ellos ven y escuchan muchas noticias, comentarios de personas… y los padres son los que deben exponerles la situación exacta para que no tengan dudas e incertidumbre y conozcan de paso las normas que deben seguir para evitar contagios».

Olvidar ideas limitantes

Asegura este coach que los niños suelen adaptarse mejor que los adultos a las nuevas situaciones. Son más flexibles. «No sufren tanto esa sensación de pérdida de un viaje de veraneo. Suelen ser precisamente los padres los que toleran menos no ver cumplido su deseo por sentir que las alternativas que se plantean no están a la altura de las expectativas. Sienten culpa y remordimiento. Mientras un padre lucha por resignarse a no ir a EuroDisney, un hijo puede estar tan feliz porque se le ofrece la sencilla alternativa de comprar una piscina hinchable para bañarse hasta las rodillas en la terraza de casa. Le parece un planazo y se lo pasará pipa. La clave, por tanto, está en ofrecer a los hijos diversión. Da igual en el lugar que sea –puntualiza–. Hay que ser más abiertos y olvidarse de ideas limitantes como que solo me lo puedo pasar bien en verano si estoy en la playa. Hay que ser más flexibles, lo que es muy útil para cualquier ámbito de la vida».

Adolescentes

Cuando se trata de hijos adolescentes hay que tener en cuenta que prefieren antes su entorno social que el familiar. «Este año –añade Silvia Álava– se dará la circunstancia de que muchos amigos tampoco saldrán de su ciudad, por lo que podrán quedar más a menudo, algo muy motivador cuando a estas edades es habitual que piensen que viajar con los padres es un auténtico rollo. Hay que dejarles su propio espacio. Intentar hacer todos los planes juntos no es una buena opción. Aquí también hay que ser flexibles».

También explica esta doctora en Psicología que es importante escuchar a los hijos y conocer sus sentimientos, cómo se sienten. «Ver truncados sus planes de veraneo es un interesantísimo entrenamiento para la tolerancia a la frustración y para saber valorar lo que tiene cada uno. Hay que ser empáticos y decirles que los adultos también sentimos rabia o tristeza para que vean que es una emoción común y, por eso, juntos podrán hacer lo posible para mejorar la situación con planes divertidos».

Quedarse en casa «es también una oportunidad para todos de aprender el valor de las cosas que habitualmente se tenían y que este año no estarán –concluye López de Fed–. Es una estupenda ocasión para desarrollar aficiones dentro de casa o en el sitio en que esté cada familia. La próxima vez, seguro que las vacaciones se saborearán el doble».

FUENTE: Diario ABC

Mis hijos tienen 4 y 11 años… ¿a qué pueden jugar juntos? Colaboración con El Correo

La psicóloga Silvia Álava nos da ideas de juegos para que niños de edades dispares se entretengan juntos

Por YOLANDA VEIGA

En esta campaña rara que nos está tocando vivir, los más peques, sin alcanzar a comprender las dimensiones de lo que ocurre, están notando las consecuencias como los adultos. No pueden jugar como antes. Nada de partidos de fútbol ni multitudes en las piscinas y los parques. Esta vez toca jugar entre los hermanos, o con los primos, o con los vecinos cercanos. Dos, tres… cuatro niños a la vez. Pero, ¿es fácil que eso suceda cuando tienen edades muy dispares? ¿Pueden jugar juntos dos hermanos de 4 y 11 años? Y, en caso afirmativo, ¿a qué pueden jugar que les entretenga a ambos?

Siempre va a tener que ser el niño mayor el que se tenga que amoldar un poco al pequeño

Silvia Álava, psicóloga especializada en infancia del gabinete Álava Reyes, nos da unas pautas para ayudar a los pequeños que se sacan una o dos cabezas a jugar juntos. Le planteamos varias situaciones, con casos de edades muy distintas. Y al margen de sus recomendaciones, una advertencia inicial: «Siempre va a tener que ser el niño mayor el que se tenga que amoldar un poco al pequeño. Cuando uno pequeño juega con uno mayor a veces no entiende el juego y nos encontramos con chavales que corren detrás de los mayores aunque no entiendan muy bien de qué va la cosa. Pero se lo pasan bien porque les da la sensación de que están participando».

Dos hermanos de 2 y 5 años

A cuidar muñecos

«Ya pueden empezar a compartir el juego. El de 2 años todavía está en una edad en la que va a jugar junto a su hermano, no con su hermano. No es que haya un juego en el que la interacción vaya a ser entre los dos niños, sino que la interacción es triangular, a través del juguete que hayan elegido. Lo más seguro es que el de 2 se sentará al lado del de 5 y tratará de copiar lo que hace el mayor. Éste, a su vez, le puede dirigir un poco el juego. Podrían estar jugando a cuidar muñecas, a profesores».

Amigos de 3, 7 y 8 años

Al ‘pilla pilla’

«Los de 7 y 8 años pueden tener un juego más complejo, con normas claras, desde juegos de mesa a juego simbólico o dinámicas de ejercicio físico tipo ‘pilla pilla’. El de 3 años va a estar a su lado pero estará corriendo y haciendo cosas parecidas, más imitando el juego de los mayores, que sí estarán jugando. Es importante que los mayores entiendan que el pequeño no puede jugar al mismo nivel que ellos y que le asignen alguna tarea sencilla: ‘tú nos sigues’, por ejemplo. Si hay movimiento puede correr detrás de ellos, que le dejen correr, pero que no sea él el que siempre se la queda porque no va a ser capaz de pillar a ninguno».

Una chavala de 12 años con sus padres

Al ‘Cluedo’ o el ‘Monopoly’

«A los 12 años están entrando en la adolescencia y el tipo de procesamiento ya es más parecido al de un adulto. Pueden tener un desarrollo de pensamiento lógico muy bueno, que es útil, sobre todo, para los juegos de mesa que interesen a ambos: cartas, ajedrez, ‘El Cluedo’ para resolver misterios, el ‘Monopoly’… Y si les ponemos a jugar a los videojuegos van a estar encantados todos. Con los chavales de 12 años se pueden tener conversaciones super interesantes y hay que preguntarles cosas para que vayan desarrollando la lógica».

Dos primos de 6 y 9 años

A disfrazarse e inventar películas

«Pueden jugar a muchísimas cosas juntas porque a los 6 ya hay un desarrollo evolutivo que hace que los niños puedan seguir los juegos de normas y de reglas. Desde los tradicionales juegos de mesa de normas hasta el juego simbólico: inventan que son profesores, que viven en el mar de sirenas… Es una edad muy buena y hay un tipo de juego muy rico con una interacción entre ambos que va a ser bastante parecida. Podrían entretenerse bastante bien. Los juegos de mesa les van a venir bien pero el juego simbólico, de roles… que imaginen películas, disfraces… es una edad genial para eso».

Un niño de 4 con su hermana de 11

La mayor le lleva a caballito

«En este caso, con esas edades tan dispares, la interacción ya no es tan rica. La de 11 juega mucho con uno de 4 años pero tiene que entender que está jugando con él básicamente para entretenerle. Debe saber que le va a tener que explicar todo, que el de 4 no va a saber las normas del juego si es que las tiene, así que se las va a tener que ir diciendo por el camino. Estamos pasándonoslo bien pero el juego lo va a tener que dirigir la de 11 años. Podrían hacer carreras, que la mayor le llevara a caballito… Todo lo que sea juego de contacto físico le va a gustar muchísimo al pequeño y a la de 11 le va a gustar sentirse mayor».

FUENTE: Diario El Correo