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Características del insomnio infantil por hábitos incorrectos

Hay múltiples factores, pero algunos de ellos son:

  • Dificultad para dormirse solos.
  • Múltiples despertares nocturnos. Entre 3 y 15 veces, no siendo capaces de volverse a dormir de forma espontánea ellos solos.
  • Sueño superficial, cualquier ruido les despierta.
  • Dormir menos horas de lo habitual para su edad.

Si queréis más información, os recomiendo el siguiente libro: “Duérmete, niño. Como solucionar el problema del Insomnio Infantil”. Del Dr. Estivill.

La siesta es una buena costumbre, ¿hasta cuándo debemos mantenerla? ¿Es mejor evitarla cuando el niño duerme mal de noche?

Dependerá de la edad del niño. La siesta de después del desayuno desaparecerá a partir de los 15 meses, pero la siesta después de comer es necesaria cuando son pequeños y no es recomendable sustituirla hasta los cuatro años de vida aunque el niño duerma mal de noche.

Lo que sí que debemos controlar es la duración de la misma, y si se alarga en exceso es bueno despertar al niño para no romper el ritmo del sueño.

Hay que tener en cuenta, que a los niños les cuesta ponerse en marcha y pueden necesitar entre 15 y 30 minutos para volver a su actividad normal.

¿Cuántas horas necesita dormir un bebé? ¿y cuántas son necesarias a partir del año de nacimiento?

Depende de la edad. Los recién nacidos suelen dormir entre 16-17 horas diarias repartidas en periodos que pueden variar de 2 a 6 horas.

A partir del tercer mes podemos ayudarles para ir adoptando el ciclo sueño-vigilia, durmiendo entre 3 ó 4 siestas durante el día y el sueño nocturno ya es más largo, entre 5 y 9 horas. (15 horas)

A los 6 ó 7 meses un bebé duerme entre 10 ó 12 horas de sueño nocturno y dos siestas. (14 horas)

De los 12 a los 24 meses, se suprime la siesta de la mañana y por la noche siguen durmiendo entre 12 ó 13 horas.

Hasta los cuatro años no se debería suprimir la siesta de después de comer, y las horas de descanso, serían en  torno a 11 horas y media.

 

Hoy en La Mañana de la 1 de TVE

Hoy participaré en el programa de TVE La Mañana de la 1 para hablar sobre la idoneidad de las fotos aparecidas en la edición diciembre – enero de Vogue Cadeux Francia en las que niñas de 7 años aparecen vestidas, maquilladas y con posados de modelos adultas.

¿Qué consecuencias tienen para los niños la falta de sueño?

Depende de la edad del niño, en los niños más pequeños puede provocar llanto fácil, irratibilidad, falta de atención, dependencia emocional del cuidador e incluso problemas en el crecimiento. En  los niños en edad escolar, puede ocasionar fracaso escolar, inseguridad, timidez, mal carácter…

Dentro de las funciones del sueño, están:

  • Fijar los conocimientos, es por eso que si un niño tiene problemas con el sueño pueden surgir problemas de rendimiento escolar.
  • Reducir los niveles de ansiedad. Cuando no dormimos bien nos levantamos mucho más irritables, tanto los niños como los adultos, estamos de peor humor, nos enfadamos con más facilidad… la falta de sueño dispara los niveles de estrés en el niño, lo que hace que bajen sus defensas, estén más inquietos, lloran con más facilidad,  los adultos tienen que estar más pendientes de ellos y esto puede hacer que el niño se vuelva más tímido e inseguro.
  • La hormona del crecimiento (GH) se segrega sobre todo durante las primeras horas después de haberse iniciado el sueño. En los niños con problemas de sueño la secreción de la “somatotropa” se puede ver alterada y su crecimiento puede verse perjudicado.

 

¿Cómo podemos resolver los problemas de sueño de un bebé de menos de un año?

El ritmo biológico del recién nacido se repite cada 3 ó 4 horas, y a partir del tercer o cuarto mes de vida los bebés empiezan a hacer cambios en su ritmo biológico para abandonar progresivamente estos ciclos de 3-4 horas al ritmo biológico del adulto (24 horas). Para que el bebé pueda ajustar ese reloj biológico necesita unos estímulos externos, que serán precisamente los que los padres tendrán que aprender a manejar. Estos son:

Luz-oscuridad, ruido-silencio. Es por eso que cuando los bebés duermen durante el día, no debemos hacer nada por mitigar el ruido de la habitación, es bueno que dejemos que entre la luz solar, sin embargo, por la noche sí que se aconseja acostarlo en la cunita sin luz y sin ruidos, y procurando que esté lo más cómodo posible, con el pañal cambiado, los gases expulsados… Esto es fundamental para que puedan distinguir entre sueño y vigilia.

Nos ayudará el establecer una rutina, con horarios fijos para la comida, el baño y la hora de irse a la cama. El baño antes de dormir  ayudará a relajar al niño.

Pero también es fundamental enseñar a los bebés desde pequeños a adquirir unos correctos hábitos de sueño, permitirles que se duerman ellos solos en su cunita, pueden tener un muñeco, el chupete…, que les ayude a asociar que ha llegado el momento de dormir… pero que el adulto no se quede cantándole o meciéndole hasta que se quede dormido.  Para favorecer este aprendizaje, debemos establecer una rutina y hacer todos los días lo mismo, y sobre todo los adultos deben de estar  muy tranquilos para que sean capaces de trasmitir seguridad y tranquilidad al niño. Si estamos inseguros se lo trasmitimos al niño, quien por supuesto lo nota, se inquieta y eso le dificulta conciliar el sueño. Los adultos deben de transmitir seguridad al niño, para que entienda que quedarse solo es normal y que no le va a pasar nada. Si nos vamos con dudas o con sentimiento de culpabilidad por dejarlo solo, el niño se dará cuenta, se pondrá nervioso y le costará mucho más dormirse.

A partir del medio año de vida los niños son capaces de dormirse solos, a oscuras en su cuarto, y dormir toda la noche de un tirón, lo que ocurre muchas veces es que no les hemos dejado la oportunidad de que aprendan a dormirse solos. Si les enseñamos hábitos correctos, conseguiremos prevenir en gran parte los problemas de sueño en el niño.

Los niños que a los 5 años no han superado los problemas de sueño tienen más posibilidades de padecerlos a lo largo de su vida, que otros que duerman bien.

 

¿A partir de qué edad puede aparecer este tipo de trastorno?

En el Centro de Psicología Álava Reyes cada vez vemos a padres de niños más pequeños. Padres con niños de seis meses de edad, ya nos han pedido ayuda, porque veían que su hijo apenas dormía y estaban literalmente agotados. A mayor edad del niño, mayor irritabilidad tanto en los padres como en los hijos.

Trastornos como las “parasomnias” (fenómenos que ocurren durante el sueño, como pueden ser el “sonambulismo”, el “bruxismo”, -rechinar los dientes-, la “somniloquia” -hablar durmiendo-)  tienen la mayor incidencia entre los tres y seis años. Los terrores nocturnos y las pesadillas suelen aparecer alrededor de los dos – tres años; los movimientos de “automecimiento”, se suelen iniciar hacia los 9 meses hasta los dos años. Aunque durante la infancia no suelen ser graves, en ocasiones puedan perturbar la vida familiar.

 

¿Cuáles son las causas más frecuentes del trastorno de sueño infantil?

En la mayoría de los casos, (en torno al 98%) suele deberse a malos hábitos establecidos. No son niños que padezcan una enfermedad, ni tienen problemas psicológicos, si no que no les hemos dejado que aprendan a dormir solos. Si estamos con ellos hasta que se queden dormidos, es habitual que si se despiertan extrañen al adulto y le llamen, y que no quieran quedarse solos hasta que se duerman. Éste es un hábito que tienen que aprender, y para el que están preparados desde antes de lo que nos imaginamos.

Las pesadillas, muchas veces vienen provocados por alguna película que han podido ver, una historia que les han contado, el miedo a que venga un monstruo o un ladrón… es muy habitual que los niños pasen por fases de miedo, pero en estos casos al permitir que el niño duerma con el adulto, sin quererlo estamos reforzando ese miedo, pues la ganancia secundaria del niño que duerme en la cama con papá y mamá hace que el miedo se enquiste y no desparezca. De todas formas en ocasiones el miedo del niño es de tal intensidad que se hace necesario entrenarle en estrategias de autocontrol y relajación para poder superarlo.

 

Consejos para educar en la felicidad

¿Cómo pueden los padres ayudar a la felicidad actual de sus hijos y lograr que sean unos adultos felices?

¡Por supuesto que lo padres pueden ayudar a incrementar la felicidad actual de sus hijos y lograr que sean unos adultos felices!

Aquí tenemos algunas pautas a seguir:

–       Enseñemos a los niños a no dar nada por supuesto y a que aprendan a decir GRACIAS. La gratitud es uno de los mayores predictores de la felicidad. Si aprendemos a ser agradecidos incrementaremos nuestra felicidad.

–       Ser amables. Realizar cosas por los demás es otro de los factores que se ha estudiado como precursor de la felicidad. Para que esto nos funcione, todo lo que hagamos por los demás hay que hacerlo sin esperar nada a cambio, y sin vivirlo como una obligación.

–       Centrándonos en lo positivo. Aunque es necesario corregir los errores de hijos, eso no implica machacar innecesariamente la autoestima. Por eso siempre debemos decirles lo que hicieron bien.

–       No etiquetar: No cometamos el error de “etiquetar” a los niños, por ejemplo “eres malo” como si el ser malo fuese algo inherente en el niño y que no se puede cambiar, de esta forma sólo conseguiremos que el niño se habitúe al adjetivo y que lo viva como “yo soy así, y por tanto no lo voy a cambiar”. Podemos establecer como alternativa: Te estás portando mal, porque no estás obedeciendo, estás gritando… se trata de focalizar más hacia lo que está haciendo mal el niño, no caer en generalidades ni etiquetas.

–       No dramatizar: cuanto antes comencemos a educar a los niños para que le den a las cosas su justo valor, mejor diferenciarán y aprenderán a distinguir las cosas  realmente importantes de la vida y evitaremos que sufran inútilmente.

–       No sobreprotejamos a los niños, si favorecemos su correcto desarrollo y autonomía, incrementaremos su seguridad y su  felicidad. Los niños se sienten bien y les gusta poder “hacer cosas de mayores”, y ganarse las cosas por ellos mismos.

–       Enseñemos a los niños a que aprendan a controlar y a regular sus emociones, favorezcamos el correcto desarrollo de su Inteligencia Emocional.

 

Batalla en la mesa (y VI)

Si tenemos dos hijos y uno come bien pero el otro se porta mal, ¿cómo deben actuar los padres? ¿Se puede comparar a los niños?

Tenemos que pararnos a observar a ambos hijos y sobre todo pensar ¿quién es el que tiene más atención? Lo habitual es que, precisamente el que peor se porta es el que acapara la atención del adulto con frases del tipo «come…pórtate bien…» y al hermano que está comiendo correctamente es al que no hacemos caso.

Se trata de dar la vuelta a la situación, vamos a atender y hacer caso al que se porta bien. Eso no implica el entrar a comparar a ambos, si no, dejarles muy claro que vamos a hacer caso al que se porte bien (y además tenemos que especificar ¿qué es eso de portarse bien en la mesa?), y que con el que no esté comiendo, se esté distrayendo, o se dedique a jugar en la comida no queremos estar. De esta forma reforzaremos al hermano que se porta bien, pero sin entrar en comparaciones entre ambos.