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«Nos enfadamos mucho con los hijos, somos los padres los que debemos cambiar» Colaboración con ABC

Por Laura Peraita

¿Cuántos padres se sienten en alguna ocasión desesperados porque sus hijos no paran quietos y tienen que estar todo el día regañándoles?

¡Calma! «Los niños no es que sean malos, ¡es que son niños!», al menos así lo asegura la Doctora en Psicología Silvia Álava. «Son niños y, de vez en cuando, tienen algún comportamiento que es incorrecto. Eso no significa que sean malos. Lo primero que hay que hacer es pensar, «esto que está haciendo mi pequeño, ¿es lo que yo espero?». A veces los padres pueden resultar demasiado exigentes y tienen expectativas muy altas. Si yo espero que mi hijo se siente a comer y esté quieto sin moverse ni molestar, lo mismo tengo que bajar mis expectativas porque los niños se mueven y hacen ruido».

Otra cosa diferente, añade, es cuando se observa que actúan con cierta maldad, que insultan, pegan…, que no son capaces de conectar con las emociones ni los sentimientos de las personas que les rodean, no son conscientes del daño que hacen y, además, no se arrepienten ni piden perdón. «Eso es diferente y ahí sí tendríamos que trabajarlo con ellos».

Yo valgo

Lo habitual es que a partir de los dos años entren en una etapa de rabietas porque empiezan a sentirse personitas lo suficientemente mayores como para darse cuenta de que «yo valgo», y es la forma de demostrárselo a sus padres con esa rabia. «Este tipo de comportamiento no implica un problema, pero si cuando supera los cuatro años continua con estos estallidos emocionales tan fuertes con los que se hace daño y hace daño a los demás, entonces los padres sí que deben pararse y observar qué le está pasando, las causas para analizar su comportamiento y cómo le podemos ayudar. Entre otras cosas, habría que sentarse a su lado y hablar sobre lo ocurrido: ¿por qué has hecho eso? ¿Cómo te has sentido? ¿Cómo crees que se han sentido los demás? De esa forma va a ser mucho más productivo que un grito o castigo».

Fomentar el sentido crítico

No obstante, la autora de «Queremos hijos felices» apunta que los niños copian el comportamiento que observan en sus adultos de referencia, sus familiares, profesores y en los compañeros de clase y gente que ven en las redes sociales. «No se trata de prohibirles todo aquello que no sea de nuestro convencimiento para que solo vean el mundo que yo quiero mostrarles, sino fomentar en ellos el sentido crítico de que lo que están viendo, que quizá no es nuestro modelo ideal. En ese caso —matiza— podemos ver con ellos esos vídeos en redes sociales y reflexionar con ellos, plantearles ¿tú que opinas? ¿Qué piensas de lo que hacen? Si se va con otro discurso, con el de «mira qué mal lo están haciendo, qué barbaridad», es una fórmula que no funciona porque, incluso, les estamos transmitiendo cierto atractivo para ellos. Es mejor comentar, saber qué opinan e intentar cambiarles la idea inicial si era equivocada o perjudicial».

Agotados

Lo que ocurre en su opinión es que los adultos están a veces tan agotados que cualquier cosita que haga un niño, por pequeña que sea, les enfada. «Vamos a pararnos y a no poner el foco solo en lo que hace o dice mi hija, sino en lo que yo hago porque, en ocasiones, las primeras personas que deben cambiar somos nosotros. Hay que resetear y ver cómo arreglar la situación para no gritar porque el grito nos suele salir en automático debido a que tengo mucha prisa en que el niño desayune para ir corriendo al cole y no llegar tarde a la oficina. Eso no ayuda a la educación».

Añade que, para conseguirlo, los padres deben estar en sintonía «porque lo del poli bueno y poli malo no funciona. Las normas y los límites siempre tienen que estar marcados por los dos miembros de la pareja. Otra cosa es que como tenemos personalidades diferentes lo gestionemos de forma distinta, pero la norma y el límite tiene que ser siempre el mismo», concluye.

FUENTE: Diario ABC

«¿Pero qué te pasa?». El error de preguntar en plena rabieta

Por Laura Peraita

Muchos padres esperan una explicación cuando deberían ser ellos los que aclaren a sus pequeños la razón por la que están actuando así

Silvia Álavadoctora en Psicología y autora de «Queremos Hijos Felices. Lo que nunca nos enseñaron», considera que es habitual que los padres se preocupen por las necesidades fisiológicas de sus hijos, pero no tanto de las emocionales. «Es verdad que lo primero de todo es que estén bien atendidos en su alimentación, pero la pandemia ha dejado patente que la salud mental en la infancia también es muy importante». Y lo es, según explica, porque todo lo que ocurre en la primera etapa de la vida determina el desarrollo del niño y su forma de ser en la vida adulta, en sus relaciones de pareja, con sus futuros hijos, el entorno…

«La cuestión es que las necesidades emocionales de los niños no están cubiertas. No tiene capacidad de manejarlas y necesitan que un adulto de referencia (ya sea padres o docentes) les atienda en para entender qué les pasa en ciertos momentos cuando están enfadados, tristes…, y así poder actuar en consecuencia con una respuesta adecuada».

Esperar

Sin embargo, lo habitual es que, por ejemplo, cuando un niño tiene una rabieta, los padres le pregunten «¿qué te pasa?», cuando, en realidad deberían ser los padres los que le explicaran al pequeño lo que le ocurre para que pueda entenderlo. «En este caso, es mejor esperar a que la rabieta haya pasado para que los adultos expliquen al menor las razones de su sentimiento de rabia para que sepan qué es, porqué se siente así y qué pueden hacer para gestionarla con el objetivo de que la próxima vez, ante una situación parecida, no esté desconcertado, no sufra y sepa salir airoso. El problema, no obstante —matiza esta experta— es que en muchas ocasiones, son los padres los que no tienen herramientas para saber argumentar a sus hijos lo que les ha ocurrido».

Calmar la situación

Si es así, Álava recomienda que en pleno enfado se intente pensar en otra cosa para calmar la situación. También aconseja respirar y relajarse y no reprochar nada en el momento. Una vez que hay una vuelta a la tranquilidad, lo mejor es reflexionar juntos qué ha pasado y los motivos que han llevado al pequeño a reaccionar de esa manera tan desmesurada. Para los que tengan dudas sobre cómo manejar estas emociones con los hijos, esta psicóloga les invita a que lean libros sobre tema siempre que tengan evidencia científica, «y que no se dejen llevar por lo que le ha ido bien a una vecina. También pueden acudir a profesionales de la salud mental para aclarar sus ideas y conocer los pasos a seguir. No hay duda de que la pandemia nos ha ayudado a que los padres sean conscientes de las necesidades emocionales de sus hijos y a darse cuenta de su fragilidad y vulnerabilidad. Es un primer paso para tomarse en serio este asunto que tanto influirá en su bienestar emocional futuro».

FUENTE: Diario ABC

Todo lo que no pensabas que puedes conseguir si lees con tus hijos. Colaboración con el diario ABC

Varios expertos indican los grandes beneficios de la lectura en familia.

Laura PeraitaLaura Peraita

La lectura aporta riqueza. Nadie lo discute.

Esta es una de las razones por las que los padres deben fomentarla en familia desde que sus hijos son bien pequeños. Para ello, lo primero que deben hacer es «ser referentes de un modelo de satisfacción; es decir, que los niños vean que los adultos cuando leen es por placer, porque les ofrece un tiempo de serenidad, descanso y disfrute», asegura Fernando Alberca, profesor y autor de «Pequeños grandes lectores».

También es importante que, después de la lectura, comenten al pequeño lo emocionante que ha sido conocer a un determinado personaje, cómo ha logrado su hazaña, las aventuras que ha tenido que superar, descubrir cómo se vivía en épocas pasadas… «con lo que se contagia y se amplifica ese entusiasmo por lo que ofrecen las páginas de un libro», asegura este profesor.

Leer ayuda a los más pequeños a que aprendan a comunicarse.

Insiste, además, en que leer ayuda a los más pequeños a que aprendan a comunicarse, a que sientan emociones y sepan transmitir sus propios pensamientos. «A través de los personajes «viven» en otros tiempos, se ponen en su piel y sienten miedo, ira, alegría, frustración…, gracias a su imaginación. Estas experiencias —prosigue Alberca— les dota de herramientas fundamentales para que, el día de mañana, cuando tengan que enfrentarse a una situación que les genere estos sentimientos puedan identificarlos y sepan cómo salir de ella. Es una aportación muy interesante, sobre todo porque la infancia actual se enfrenta a mayores riesgos —desafecto, acoso escolar…—, que los niños de generaciones anteriores». Asegura este profesor que «si los padres fueran verdaderamente conscientes de todos estos valores añadidos de la lectura se empeñarían más en leer en familia y no en pensar que es una labor que se debe cubrir solo desde el ámbito escolar».

Tiempo de lectura

De la misma opinión es la doctora en Psicología Silvia Álava Sordo, quien considera que al igual que en los hogares hay momentos de ocio para ver la televisión, conectarse a internet o jugar, «debe establecerse un tiempo de lectura que, dependiendo de la edad de los hijos, se realice de manera más o menos distendida».

Conectar con adolescentes.

Cuando son muy pequeños, lo ideal es sentarse a su lado y leerles el libro o cuento con diferentes entonaciones, dando viveza a la narración, mostrándoles y analizando los dibujos y, después, comentar lo que se ha leído para que disfruten doblemente. «Según van creciendo y aprenden a leer con algo de soltura, se puede jugar a que cada uno lea una página en alto y, posteriormente, reflexionar sobre el personaje, los valores que como padres nos interese destacar de la historia para que los asimile, etc. Lo que no se debe hacer —continúa Álava Sordo— es corregirles en la entonación o puntuación cuando se trata de un momento de disfrute porque pueden perder el interés».

Lectura para establecer un mayor vínculo.

Cuando ya rozan la adolescencia, esta psicóloga considera que la lectura es también una herramienta estupenda para fomentar la comunicación con ellos. «Hay padres que optan por leerse el mismo libro que ha seleccionado su hijo para, después, ir comentando personajes, acontecimientos, intrigas, desenlaces… En definitiva, para acercarse a sus hijos, conocer más cómo piensan y establecer mayor vínculo».

La lectura, a cualquier edad, ayuda también a relajar una situación conflictiva, «sobre todo cuando son niños pequeños y tienen un berrinche, ya que suelen responder muy positivamente si se les ofrece leer un libro juntos. Por todo ello, los padres no deben escatimar a la hora de ofrecerles este tipo de ocio calmado y relajante», concluye Silvia Álava Sordo.

FUENTE: Diario ABC

Por qué es importante «proteger» a los menores de los «influencers» Colaboración con el diario ABC

La CNMC (Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia) cree que se debe obligar a los creadores de contenido en plataformas de vídeos cortos a cumplir con las obligaciones específicas de protección del menor y del consumidor.

Por Helena Cortés

Quizás el Rubius, Ibai Llanos, Auronplay, The Grefg, Twin Melody, Dulceida o Las Ratitas no les suenen demasiado, pero son algunos de los perfiles digitales con más seguidores de Youtube, Tik Tok, Instagram y Twitch, y, por tanto, personajes casi omnipresentes en la vida de niños y adolescentes. Aunque en los últimos días están bajo la lupa por cuestiones fiscales, no es el único frente que tienen abierto estas estrellas de Internet. Consciente de la importancia de estos nuevos formatos -los vídeos cortos son el contenido más demandado por los internautas (54,9%), según datos de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC)-, el regulador del sector ha recomendado incluir en la nueva Ley Audiovisual artículos que…

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Del «buenismo» al drama en los spots para jóvenes: «La campaña perfecta es como un antibiótico» Colaboración con el diario ABC

Las campañas dirigidas a los jóvenes para frenar la expansión del virus han ido evolucionado con la pandemia y están «llevando al límite» los mensajes publicitarios.

Beatriz L. Echazarreta

Una chica ojerosa y con atuendo de funeral mira directamente a cámara y, lacónica, revela: «El otro día contagié a mi abuela y la hemos enterrado hoy». La Comunidad de Madrid lanzaba la semana pasada una de las campañas de concienciación frente al Covid-19 más crudas que hemos visto en los meses que llevamos de pandemia. Isabel Díaz-Ayuso ha invertido tres millones de euros en esta acción publicitaria, que ya empapela la capital. El mayor número de contagios de la comunidad se concentra entre los 15 y los 29 años y los mensajes a este sector de población se han intensificado en tono y difusión. Sin embargo, Madrid no es la única que apuesta por esta línea «dramática» en la campañas. Hace dos semanas, Canarias causaba un gran impacto en redes sociales con un anuncio similar: una llamada de teléfono interrumpía unas copas entre amigos: «¿Qué pasa, mamá?». «Tu abuela tiene Covid. De esta noche no pasa».

El sofá como trinchera

Los alemanes han encarado este problema desde un ángulo muy distinto, la ironía. En el último plan de concienciación impulsado por el gobierno de Merkel nos habla un jubilado ficticio desde el futuro y echa la vista atrás: «Corría el invierno de 2020 y todas las miradas estaban puestas en nosotros». Relata a cámara, imitando el formato de los reportajes sobre guerras pasadas, que los jóvenes fueron los héroes de aquella batalla y ¿Cuál fue su hazaña?. Quedarse en el sofá, que se convirtió en trinchera.

Xavier Olazábal, CEO de Publicis España, asemeja este tipo de campañas a las de la DGT (Dirección General de Tráfico), que esperan llevar al límite los mensajes publicitarios, pues cuando la problemática social es grave y el resultado es la muerte, la tendencia es dramatizar. Olazábal apunta una falla importante en este tipo de estrategias de concienciación, ya que en publicidad es necesario «cierto grado de repetición» y cuando el mensaje es tan «agresivo y desagradable», preferimos evitar la campaña y no volver a verla. Según este experto en publicidad, con una sociedad tan tensionada por la crisis del coronavirus, un mensaje más positivo e involucrativo sería más eficaz, sin perder un ápice de notoriedad. El tono «agorero» de las mencionadas campañas buscan, en su opinión, una notoriedad de cara a la galería que puede no ser la mejor estrategia. «El joven entiende muchos otros tonos de comunicación».

Coincide con él la publicista Silvia Álava, psicóloga sanitaria y experta en psicología educativa, que sostiene que «la apelación al miedo no suele funcionar bien. Sino, la gente no fumaría». En opinión de esta psicóloga, lo que sí ayudan son gestos como el del niño de Logroño de hace unas semanas. Ese joven de 16 años, hijo de una barrendera empezó a movilizar a su grupo de amigos a través de redes sociales para demostar que «no todos los jóvenes son iguales», tras ver los disturbios en su ciudad.

Mensajes contradictorios a los jóvenes

Según Álava, la acción tuvo éxito porque los jóvenes percibieron el gesto casi heróico «de un igual». Los mensajes que se han lanzado a los jóvenes desde el inicio de la pandemia no han sido claros, y con el paso de los meses y el avance del virus han ido mutando. Al principio, la idea que más se trasladó fue que «eran inmunes». Silvia sentencia que se han ido dando palos de ciego y el «realismo» no ha estado presente en estas campañas de conciación.

José Antonio Luengo, especialista en Psicología Educativa y Sanitaria y Secretario de la Junta de Gobierno del Colegio de Psicólogos de Madrid, explica que cualquier campaña que afecta a una amplia franja de edad tienen un impacto en gran parte de esa población pero siempre se nos escapa un porcentaje de ese colectivo.

A la pregunta de por qué hay algunos jóvenes que no hacen el más mínimo caso, sentencia que desde el principio, hemos tratado a los jóvenes en su conjunto como descerebrados, criminalizándolos y la condición de irresponsables es más personal. Joven se es hasta los 30 años, «los que fallaban eran una horquilla muy amplia».

Luengo planeta una interesante línea cronológica sobre la evolución que han experimentado las campañas dirigidas a los jóvenes en la pandemia.

Primera tanda: buenismo e «influencers»

La primera tanda de iniciativas intentaron llamar la atención de los jóvenes a través de los «influencers», los «ídolos de la juventud» y también se recurrió a las campañas más «buenistas» que aspiraban a una «sociedad idílica», como la lanzada al inicio de la desescalada por la Comunidad de Madrid, cuyo eslogan era «Protégete. Protégenos».

José Antonio Luengo apunta un factor a tener muy en cuenta, pues «los jóvenes tienen una percepción del riesgo mucho menor». A las personas jóvenes les importa poco la salud, se sienten «inexpugnables». Fernando Simón hizo una sonada llamada a estos «influencers» para que compartieran mensajes de conciación del Covid en redes.

Sin embargo, en opinión de Luengo y en la línea de Silvia Álava, «una cosa es seguir a alguien y otra es identificarte con él». Los influencers que se erigen como adalides de la buena conducta frente al Covid y se han pasado el verano recorriendo Ibiza en barco no terminan de cuajar, como es normal. Esta experta en psicología educativa aduce que los mensajes han de lanzarse desde «la empatía» para que el receptor no sospeche que el busto parlante que le habla con moralina es un impostor. A los jóvenes les importa poco su salud. Se sienten inexpugnables José Antonio Luengo , especialista en Psicología Educativa y Sanitaria y Secretario de la Junta de Gobierno del Colegio de Psicólogos de Madrid

La salud de la familia y la propia

En la segunda fase de las campañas, se intentó concienciar sobre el contagio a las familias, a los seres queridos. «A lo mejor a ti no te afecta. Pero sí a tus familiares». Según Luengo se empieza a tocar una fibra intacta en la primera tanda publicitaria.

El siguiente escalón fue apelar a la siguiente idea: «Joven, a ti también te puede pasar esto». La campaña de la Comunidad de Madrid en la que salían celebridades del mundo de la moda como Pelayo Díaz, toreros como Fran Rivera, o futbolistas como Roberto Carlos, culminaba con esta idea. El vídeo cerraba con Oscar Riballo, un joven farmacéutico y aficionado al boxeo, al que el coronavirus ha estado a punto de arrebatarle la vida. Este tipo de comunicación, en palabras de Luengo, «va sumando gente».

La última vía: la salud del bolsillo

La cuarta y última tipología de acciones publicitarias dirigidas a la juventud, superaría el «esto es lo que te va a pasar», para centrarse en «esto es lo que te va a costar». Luengo opina que si no se está llegando a los jovenes por las consecuencias que el Covid deja en la salud y como último recurso, se debería llamar la atención sobre la «salud del bolsillo».

Este psicólogo menciona la existencia del «colectivo de los indeseables», que hará caso omiso al primer nivel, y también al segundo. Hablamos de un grupo al que le importa poco su salud y la de su familia. Se guían por el «carpe diem» como valor supremo.

Luengo considera que no existe la campaña perfecta y que, con cada nivel, «se va rascando» en la conciencia de los adolescentes. Opina que se ha estigmatizado al joven y que cometemos el error de tratarle como «un indeseable». Sin embargo, puntualiza que «antes del indeseable, está el joven inconsciente». Como un antibiótico, para que una campaña sea efectiva, ha de ser específica, por lo que este psicólogo apuesta por mandar varios mensajes a la vez, pero cada uno dirigido a un perfil de joven en concreto.

Así, se evitaría el reduccionismo y que, por hartazgo, un joven que se sienta culpable se rebele contra una campaña que busca el efecto opuesto. Ya solo queda una cosa. Preguntarse qué la campaña plantearía Don Draper, el publicista con más puntería de la ficción.

FUENTE: Diario ABC

«HIT», «Atypical» y «Sex Education»: series para debatir conflictos con los jóvenes «empantallados» Colaboración con el diario ABC

¿Son estas producciones son herramientas útiles para abordar ciertos temas espinosos con los jóvenes? Eso sí, siempre desde el debate y no desde la imposición.

Por Helena Cortés

La educación es un tema que preocupa a todos, pero por el que pasamos de puntillas en demasiadas ocasiones. De la inquietud del cineasta Joaquín Oristrell como padre nació la serie «HIT» (TVE), que retrata la lucha de un profesor nada convencional para acabar con los comportamientos más nocivos de un grupo de adolescentes conflictivos. «Es una serie familiar del siglo XXI, pensada para generar debate», reivindica el creador de la ficción que cierra este lunes su primera temporada.

Voluntad de debatir y rebatir

«Se dice que los adolescentes hablan poco, pero si te acercas a ellos desde una perspectiva de trabajo, como hemos hecho nosotros con los actores de la serie, hablándoles de sus gustos e intereses, sí se abren. Necesitan mucha comunicación. Aunque estén «enpantallados» tienen la voluntad de debatir y rebatir, no son ostras», reconoce el guionista, que admite que le costó encontrar un tono creíble para padres e hijos que mezclase el «puro entretenimiento» con el mensaje que querían transmitir. Su mayor reto fue abordar asuntos complicados propios de la edad (autolesiones, abusos, tensión sexual…) sin caer en la moralina, tratando siempre de entender la raíz del problema y la causa de su dolor.

Aleccionamiento adulto

Huir de ese aleccionamiento adulto que cree tener siempre la respuesta correcta es, según la psicóloga Silvia Álava, la manera idónea para abordar en casa los asuntos complejos, espinosos y delicados que tratan en muchas producciones juveniles. «Algunas series visibilizan ciertos problemas que pueden quedar escondidos (abusos, violencia, sexo…) y nos ayudan a debatirlos con los adolescentes y fomentar su sentido crítico. Eso sí, hay que preguntarles siempre desde su visión cómo ven ciertas conductas y situaciones, porque si no perdemos la posibilidad de dialogar», subraya esta experta, que cree que «HIT», por ejemplo, es un ejemplo constructivo. En muchas ocasiones, además, pone de manifiesto la importancia de pedir ayuda. «Esos comportamientos existen en muchos centros, pero no se dan todos a la vez en un mismo aula como ocurre en la serie», resalta.

Carmen Arrufat, una de las protagonistas de «HIT», que sigue aún en el instituto, reconoce entre risas que su clase es «más tranquilita». «Al principio no fue consciente de todos los temas que tocamos. Pero en la lectura conjunta con el director sí percibí que hablamos de cosas necesarias. Muchos amigos de mis padres llaman para darnos las gracias porque dicen que muchos temas que contamos les animan a hablar con sus hijos de sexo, drogas… Por redes sociales también hay muchos chicos que nos cuentan su experiencia con el acoso», señala la joven. «Al final, creo que mola ver historias de gente de tu edad, porque las cosas han cambiado mucho desde que nuestros padres eran jóvenes, y el hecho de que todo sea ten diferente y poder contar los problemas de hoy es muy interesante», añade.

Cara B

«La parte negativa es que algunas series de televisión normalizan ciertas patologías. Parece que consumir drogas o utilizar el sexo para conseguir algo a cambio es lo normal, por lo que podemos generar el efecto contrario, que los jóvenes piensen que sus padres deben estar orgullosos porque no beben o se drogan», advierte Álava, que insiste en la importancia de enfocar adecuadamente los temas que se plantean.

En su opinión, también series como «Atypical» y «Sex Education», ambas de Netflix, son ejemplos positivos para ver en familia. La primera cuenta la historia de un adolescente con autismo que busca ser más independiente y encontrar el amor. La segunda se centra en las aventuras de un tímido adolescentes que acaba abriendo una consulta sobre sexo en el instituto gracias a lo que ha aprendido de su madre, una desinhibida terapeuta sexual. «Hoy en día, con la cantidad de dispositivos en los que vemos la televisión, se ha perdido la costumbre de ver series y programas en familia, todos juntos, y se pierde la oportunidad de sacar ciertas conversaciones muy interesantes», concluye Álava.

FUENTE: Diario ABC

¿Me salto el confinamiento y llevo a mi madre al cementerio o enseño a mis hijos que hay que cumplir normas? Colaboración con el diario ABC

Por Laura Peraita

Alberto está hecho un lío. Vive en Madrid y su madre no para de suplicarle que le lleve el Día de Todos los Santos al cementerio en un pueblo cercano a El Escorial. Ella ha acudido toda su vida religiosamente a llevar flores y orar a sus muertos. No ha faltado ni un año, «y este no va a ser menos», apunta esta madre.

Sin embargo, su hijo no lo tiene tan claro. Alberto es padre de familia y lleva toda la pandemia insistiendo a sus hijos, ya adolescentes, la importancia de respetar la distancia de seguridad, no quedar con amigos en sus casas, llevar mascarilla… «Sí, entiendo perfectamente a mi madre, pero llevo mucho tiempo educando también a mis hijos para que sean respetuosos con las nuevas normas que nos vienen impuestas y que, a pesar de que no nos gustan a nadie y nos fastidian nuestro día a día, hay que cumplirlas. ¿Qué hago ahora? —se pregunta angustiado este padre—. ¿Cojo el coche, me voy al pueblo y les doy a entender a mis hijos que no voy a cumplir con el confinamiento, o me quedo en casa respetando normas, cumpliendo como padre, mientras mi madre me llora al teléfono?».

Como Alberto, muchas personas se encuentran en este difícil dilema, en un pulso entre lo que les dicta la razón y el corazón. De nuevo, sentimientos encontrados en las familias en tiempos de pandemia.

En este sentido, Silvia Álava Sordo, doctora en Psicología, explica que la situación es sumamente complicada porque «no existe la opción acertada. Hay que partir de esa base y decidir en función de los valores, creencias y circunstancias de cada uno», asegura.

Reconoce que para muchas personas es muy importante acudir al cementerio en Día de todos Los Santos, pero aún así, recomienda, aunque resulte doloroso, «comunicarles ante tanta insistencia que también hay posibilidad de ir en otra fecha si las medidas restrictivas lo permiten. Es una decisión que, lógicamente, genera tristeza, enfado, rabia… Es importante reconocer esa emoción para poder reflexionar y buscar otras opciones alternativas, aunque no nos gusten tanto. También puede servir para ir al cementerio en otros días, cuando a uno de verdad le apetezca acudir».

En este sentido, propone que en casa ese día se puedan colocar unas flores o encender una vela en la memoria de los familiares fallecidos e, incluso, colocarlas al lado de una foto de recuerdo. «Las decisiones deben ser flexibles y hay que pensar que, en esta ocasión, es algo excepcional. La espiritualidad y el recuerdo que yo siento no tiene que ser de menor categoría por esta circunstancia creada por la pandemia», concluye esta doctora en Psicología.

Fuente: Diario ABC

«Hijo, aléjate de Pablo que dio positivo en Covid-19» Colaboración con ABC

¿Algunos niños podrían quedar «señalados» por sus compañeros tras pasar el coronavirus?

Laura Peraita Por Laura Peraita

«Hijo, tu no te acerques a Pablito en el cole que fue positivo en Covid-19». La incertidumbre y el miedo está provocando que algunas familias –sobre todo aquellas que se han visto afectadas seriamente por el coronavirus o que conviven con personas mayores o vulnerables–, alienten a sus hijos a alejarse de aquellos compañeros que han pasado el Covid. «Acabamos de empezar las clases y todavía es pronto, pero en cuanto haya un niño que dé positivo y vuelva a clase, somos conscientes de que habrá padres que “obliguen” a sus hijos a que no se junten con él», asegura Andrés Cebrián, presidente del Sindicato Independiente de Enseñanza Anpe.

Precisamente, hace tan solo unos días, el Consejo General de Enfermería ha advertido de la posibilidad de que el contagio por Covid-19 traiga consigo «un estigma para los niños infectados e, incluso, para los que han pasado la enfermedad», por lo que ha pedido a los centros educativos que estén preparados y tomen medidas.

Salud emocional

El presidente de Anpe señala que es un problema «del que somos conscientes y del que ya hablamos en el mes de julio con la Consejería de Educación». Explica que la salud emocional de los alumnos es muy importante, pero el problema es que los profesores están «relativamente preparados» para dar respuesta a estas nuevas situaciones porque ahora mismo «tienen una sobrecarga de trabajo enorme al tener que hacer de maestros, sanitarios, psicólogos… Un docente no va a saber qué hacer si se encuentra con niños solos porque sus compañeros no quieren estar con él por haber pasado el Covid-19».

Pedro José Caballero, presidente de Concapa, asegura que cuando haya un positivo en una clase, el coordinador Covid del colegio será el encargado de llevárselo a una habitación especialmente habilitada para ello. Este coordinador avisará a los padres para que vayan a recoger a su hijo y llamará al centro de salud para que indique los pasos a seguir. Al avisar al resto de familias de escolares de su clases, en ningún caso se facilitará el nombre del niño afectado por protección de datos pero, al final, como ocurre en otros casos –como cuando un niño es el que tiene piojos–, todo se sabe y el nombre sale a relucir, lo que puede ser un problema para el afectado».

Reconoce Caballero que ese alumno puede quedar marcado «y no es un problema baladí». «Los psicólogos del colegio –prosigue– deberán mediar para que su regreso sea lo más óptimo posible. Hay que trabajar, no obstante, con todos los alumnos porque llevamos meses diciéndoles que no se acerquen a otras personas porque hay un bicho muy malo que mata cuando ahora se ven metidos en un aula con sus compañeros. Hay que transmitir seguridad sin restar importancia a la situación. Es una contexto nuevo para todos y la Administración también debe ofrecer respuestas adecuadas a este problema».

Sin malas intenciones

Para la doctora en Psicóloga Silvia Álava Sordo, las familias también tienen un papel importante. «Es esencial que cuenten a sus hijos que no hay mala intención por parte de un compañero que ha tenido Covid, sino que es mala suerte. Se puede aprovechar para enseñarles a empatizar, a ponerse en el lugar del niño afectado y saber cómo se siente si nadie quiere estar con él. Y, muy importante, hacerle saber que mañana puede ser él el que tenga Covid y pase por esa misma situación. Los padres, no obstante, deben tener cuidado con lo que dicen delante de sus hijos porque están muy atentos y actuarán o dirán lo que escuchan a los adultos».

En la misma línea se manifiesta Rocío Ramos- Paul, directora de Ramos- Paul Psicólogos, al hablar de la necesidad de empatizar con los demás. «La labor se tiene que realizar conjuntamente desde casa y el colegio. La solución es parecida a una situación de acoso. Los niños necesitan que les demos herramientas y explicarles que es verdad que su amigo ha pasado el Covid, pero que es suficiente con tomar medidas de distanciamiento, lavado de manos… para evitar contagios. No hay que bajar la guardia, pero tampoco estigmatizar a nadie».

FUENTE: Diario ABC

Así contribuyen los juegos tradicionales y el deporte al estudio en los niños

El 52% de los padres encuestados considera que el uso recreativo de pantallas altera la disposición al estudio.

La pandemia del coronavirus ha supuesto un antes y un después en nuestras vidas. En el caso de los niños, la irrupción de la COVID-19 supuso que sus rutinas cambiaran drásticamente ya que dejaron de asistir de forma presencial al colegio y de tener contacto físico con sus compañeros.

Ahora, llega el mes septiembre con la vuelta al cole llena incertidumbre e interrogantes entre los padres. Tras meses en casa, llega el momento del reencuentro con la rutina del aprendizaje y libros. Sin embargo, tal y como especifica la psicóloga Silvia Álava, «el aprendizaje o la disposición al estudio no sólo es a través de los libros, mediante el juego también podemos contribuir a él».

El I Estudio sobre los beneficios del juego y la actividad física en niños

Llevado a cabo por las galletas Príncipe junto a la psicóloga infantil Silvia Álava y a través de IPSOS y en el que han participado más de 1.000 padres, ha puesto de manifiesto precisamente que los juegos tradicionales y el deporte son las actividades que mejor contribuyen a la disposición al estudio.

Tal y como ha especificado Álava «queremos que nuestros hijos aprendan lo máximo posible, que no se queden atrás en el colegio, que sigan el ritmo impuesto por el centro educativo y, en ocasiones, se nos olvida que muchos aprendizajes se pueden realizar a través del juego. De hecho, la neuropsicología nos muestra que el aprendizaje se consolida mejor a través de las emociones agradables».

El papel de las pantallas en el aprendizaje

Este año el regreso a las aulas va a ser muy diferente. Y es que a la emoción por volver a empezar un nuevo curso escolar, se suman las medidas seguridad y distanciamento social necesarias ante la pandemia. Asimismo, el entusiasmo de los padres porque sus hijos vuelvan a la normalidad va a tener un papel clave en esta reincoporación.

En este sentido, una de las máximas preocupaciones de los progenitores es cómo sus hijos van a volver a coger la rutina de estudio tras tantas semanas jugando solos e interactuando con una pantalla. Y es que, tal y como ha demostrado este estudio, el 52% de los padres encuestados considera que el uso recreativo de pantallas altera la disposción al estudio.

«Vivimos en un mundo totalmente tecnológico. Gracias a ellas nos comunicamos, tenemos acceso a la información del conocimiento, nos han permitido que la educación de los niños continúe…, pero no debemos permitir que ocupen todo el tiempo de ocio de nuestros menores, dado que los juegos tradicionales tienen un efectos en el desarrollo cognitivo y socioemocional en los niños que las pantllas no tienen», ha señalado la psicóloga Silvia Álava.

Jugar de forma diferente

Las medidas de prevención y seguridad del coronavirus van a impactar directamente en la forma de jugar que tienen los niños. Si finalmente hay clases presenciales, los recreos van a ser diferentes pero esto no quiere decir que ya no puedan jugar, si no al contrario. «En la medida de lo posible, debemos fomentar que los niños juegen al aire libre, a juegos que impliquen movimiento y que puedan practiar deporte, dado que está demostrado que tienen un efecto positivo en el aprendizaje y en el desarrollo cognitivo y emocional de los más pequeños», ha explicado Álava.

Por otro lado, tal y como ha destacado Silvia Álava, «este estudio ha puesto de manifiesto que para el 90% de los padres el deporte contribuye positivamente en sus hijos ayudándoles a aprender por lo que, siguiendo, por supuesto, todas las recomendaciones sanitarias acerca del coronavirus, el deporte y la actividad física son una asignatura más en esta vuelta al cole».

Los resultados que han arrojado esta investigación, también han mostrado que 9 de cada 10 padres creen que, para el desarrollo de las habilidades de percepción, comprensión y regulación emocional, tanto el deporte como el ejercicio físico, seguido de los juegos tradicionales, son claves. «Puede que nuestros hijos hayan pasado momentos de estrés que podrían afectar a su correcto desarrollo emocional. La vuelta al cole va a suponer todo un revulsivo para los más pequeños por eso es tan importante que sigamos fomentando, de forma segura, el juego junto sus compañeros», ha argumentado la psicóloga.

El juego como método de aprendizaje

En definitiva, una de las grandes revelaciones de este estudio es que jugar y realizar actividad física y deporte no implica solo diversión, si no que cuando los niños realizan estas actividades están aprendiendo y se consolidan muchos procesos intelectuales. De hecho, el 99,5 de los padres entrevistados considera que el juego es clave en el desarrollo de los niños.

«Creemos firmemente en que todos los niños deben tener la oportunidad de disfrutar lo máximo posible de su infancia. A través del juego y la actividad física, los más pequeños de la familia pueden ser más felices en su día a día», director de la categoría de galletas Príncipe en Mondelēz International en España. «Por esta razón, nos queremos comprometer y participar en proyectos que a través de la promoción de la actividad física buscan que cada niño sea más feliz».

FUENTE: Diario ABC