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¿Cómo hacer que nuestros hijos sean felices?

Si nos preguntaran qué queremos para nuestros hijos, la mayoría de los padres y madres responderían “que sean felices”. ¿Verdad?

Pero hemos de saber que la felicidad constante y permanente no existe. Que la vida es una sucesión de circunstancias y acontecimientos que nos provocan diferentes emociones.

Hemos de aprender a manejar y a experimentar todas ellas, tanto las que nos son más agradables como las que nos son más desagradables, porque todas ellas son útiles.

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¿Cómo hacer que nuestros hijos sean felices? «Educar es todo», vuelve a Madrid

Educar es todo es el mayor evento de educación de nuestro país.  

En él, expertos de reconocido prestigio, a través de ponencias de 20 minutos de duración, nos ayudan a reflexionar y resolver esas dudas que nos surgen a la hora de educar a nuestros hijos. ¿Te apuntas? 

5 horas, 8 expertos, 7 ponencias. Haz click en la imagen para comprar las entradas:

 “Hemos vendido a nuestros hijos una idea de la felicidad que no es cierta”

La psicóloga Silvia Álava estará en nuestro gran evento del 25 de noviembre y nos hablará sobre los mitos de la felicidad y de cómo podemos enseñar a nuestros hijos a ser felices.

Como ya sabéis, el sábado 25 de noviembre vuelve nuestro evento: Educar es todo, el evento‘, al Teatro Lope de Vega de Madrid con 7 ponencias de 8 grandes expertos, entre ellos, la psicóloga Silvia Álava, que estará junto al psicólogo Rafa Guerrero, y en su ponencia nos hablarán sobre los mitos de la felicidad, de qué cosas hemos creído que harían felices a nuestros hijos que no tienen ninguna evidencia y de lo que la ciencia nos ha demostrado que sí que funciona para incrementar el bienestar emocional y la felicidad en nuestros hijos.

En esta entrevista, la experta Silvia Álava nos ha adelantado multitud de detalles que no dejarán indiferente a ningún asistente.

– Silvia, actualmente, da la impresión de que la sociedad está obsesionada con la felicidad y con ser felices. ¿Es contraproducente este afán por alcanzarla?

– Así es. Vivimos en un mundo en el que nos han vendido una idea de la felicidad que no es cierta, y por ende a nuestros hijos. Estamos confundiendo la emoción de la alegría, que es una emoción agradable, en la que nuestra energía incrementa y que a todos nos encanta sentir, con la felicidad, y la felicidad no es una emoción. La felicidad es un estado donde caben todas las emociones, tanto las agradables como las desagradables. Por tanto, si lo que pretendemos es que para ser felices solamente experimentemos emociones agradables y, a ser posible, de alta intensidad, es una falacia. Vamos a comprar todas las papeletas para ser infelices y, además, para que nuestros hijos también lo sean.

En la vida, las emociones desagradables igualmente forman parte de nuestra existencia, teniendo que lidiar con situaciones que no nos van a gustar y que nos van a provocar tristeza, enfado, frustración… Por lo cual, la felicidad tiene más que ver con entender todas las emociones y con tener las herramientas adecuadas para manejar aquellas situaciones que pueden ser desagradables o que no nos gustan, porque sabemos que nos van a acompañar en nuestra vida.

– Y, ¿qué pasa si realmente no somos felices? ¿Cómo podemos aprender a ser felices para poder así educar hijos felices?

– Muchas veces lo que me encuentro en la consulta son papás y mamás, que no solamente es que no sean felices, sino que tienen bastantes problemas para regular sus emociones. Es decir, cuando sienten emociones desagradables, cuando experimentan, por ejemplo, ansiedad, tristeza, rabia, ira… no son capaces de regularlas. Por tanto, si no saben controlar sus propias emociones, será muy poco probable que sepan cómo gestionar las de sus hijos.

La capacidad de los niños para aprender a regular sus emociones empieza en torno a los tres/cuatro añitos, que es cuando madura lo que se llama la ‘red de control ejecutivo‘, pero antes las tienen que regular sus padres por ellos. A partir de esa edad, empieza una fase que se llama ‘corregulación‘, es decir, cuando los padres tienen que estar al lado de sus hijos acompañándoles y enseñándoles estrategias para que sepan cuándo sienten algo que es desagradable, cuándo están enfadados, tristes, frustrados… Y este proceso no termina de madurar hasta entorno a los 25 años, por lo que esa parte de la corregulación la vamos a tener que hacer durante bastante tiempo.

Entonces, si nos encontramos con un papá o con una mamá que está desregulado y que no tiene estrategias para regular sus emociones, ¿cómo vamos a conseguir que sean capaces de hacerlo con sus hijos? Los niños necesitan tener una figura de referencia a la que copiar. Por eso es muy importante que primero aprendamos nosotros a regular nuestras emociones y seamos capaces de entender lo que sentimos para poder trabajarlo con nuestros hijos.

– ¿Podrías aconsejarnos algunos hábitos que nos ayudan a sentirnos felices?

– Vamos a empezar por lo más básico y por el principio de todo, lo que llamamos “los pilares de nuestro edificio”, que es algo tan básico como, por ejemplo, dormir. Sabemos que, si no dormimos lo suficiente, es un factor de predicción para desarrollar problemas tanto a nivel físico como a nivel de salud mental.

Cuando dormimos, el cerebro se tiene que regenerar porque de todas las conexiones sinápticas que vamos haciendo a lo largo del día, se segregan unas sustancias que son tóxicas para el propio cerebro. Y como este no tiene esa parte del sistema linfático que le vaya limpiando, se tiene que limpiar y autoregenerar él mismo por la noche durante las fases del sueño. Por lo que, si no dormimos lo suficiente, al día siguiente mi cerebro no va a aprender correctamente, no va a ser capaz de concentrarse ni de mantener la atención. Asimismo, estaremos muy irritables y muy irascibles. Esto es lo que ocurre en un cerebro de un adulto. Pero, ¿qué pasa en el de los niños?

En el caso de los niños, la capacidad de aprendizaje es especialmente importante porque están en periodo escolar, entonces, si no están durmiendo lo necesario, muchas veces no son capaces de atender ni de concentrarse porque les faltan horas de sueño. Del mismo modo, están muy irritables y muy irascibles. Por si esto fuera poco, durante esa fase REM, que es la fase del sueño profundo, se segrega la hormona del crecimiento. En definitiva, si tanto los adultos como los niños no estamos durmiendo las horas necesarias, estamos comprando todas las papeletas para desarrollar problemas a nivel de salud física y de salud mental. Así que, lo primero de todo, los niños a su hora correspondiente en la cama para dormir y, por supuesto, evitando las pantallas por la noche, siempre se deben de quedar fuera de las habitaciones.

“Si no dormimos lo suficiente, nuestro cerebro no puede aprender correctamente, no puede ser capaz de concentrarse ni de mantener la atención”, Silvia Álava

En segundo lugar, algo que también es fundamental es la alimentación. Tenemos que comer de manera sana y equilibrada, intentando evitar los azúcares y las comidas procesadas. Lo que no significa que los niños no puedan comer galletas, por supuesto que pueden, pero una o dos, no alimentarse solo a base de galletas.

Otro hábito imprescindible es hacer deporte, ya que nos ayuda en la regulación emocional. Y, por último, también es primordial trabajar la inteligencia emocional, es decir, ser conscientes de cuál es la emoción que estamos sintiendo y aprender a etiquetarla correctamente.

Cuando somos capaces de nombrar y mencionar lo que sentimos, estamos preparados para poder manejarlo. Asimismo, trabajaremos en entender que todas las emociones son buenas porque nos están dando información, nos dicen que nos ocurre algo, pero hay que saber interpretarlo. Tenemos que comprender por qué nos sentimos de una determinada manera, cuál es la causa y la consecuencia de esa emoción, y qué es lo que nos ha hecho actuar de ese modo. Cuando todo esto sepamos hacerlo, ya podremos regular nuestras emociones.

Los primeros que tenemos que poner en práctica estos hábitos somos nosotros, los adultos, porque los niños nos copian, somos su modelo. Y, sobre todo, porque si no sabemos hacerlo nosotros, es especialmente complicado que se lo podamos enseñar a nuestros hijos.

– Todos queremos que nuestros hijos sean felices, pero ¿cómo debemos ofrecerles las herramientas correctas para que lo sean?

– Hay varias cosas que podemos hacer, pero lo primero es ver cómo estamos actuando. No hay ningún estudio ni ninguna evidencia que demuestre que si nuestros hijos tienen más juguetes y más cosas materiales van a ser más felices. Por tanto, comprarles muchas cosas pensando que esto les va a ayudar a ser más felices es un error porque, generalmente, los niños valoran más las cosas que les ha costado conseguir. Así que, tratemos de no comprarles muchas cosas para evitar esa hiperestimulación. Tenemos niños que están continuamente corriendo de una actividad a otra, y apenas tienen tiempo libre. Necesitan aprender a aburrirse y a estar a gusto con ellos mismos porque de esa forma, lo que van a madurar es la función ejecutiva, que es la capacidad de orientarnos a una meta, de saber cuál es nuestro objetivo y de ir organizándonos para conseguirlo. Esto está muy relacionado con la felicidad y con sentirnos bien y a gusto con nosotros mismos.

Además, es importante que les enseñemos a esperar, que las cosas no sean del todo inmediatas, porque, al final, en la vida muchas veces hay que esperar para conseguir lo que queremos.

Otro aspecto fundamental es que evitemos la sobreprotección, el hacerles las cosas para las que están preparados y ellos mismos pueden hacerlas por sí solos. Tenemos que trabajar con ellos mucho más la seguridad personal y la autonomía para que sientan que pueden conseguir sus objetivos.

– Como explicaste durante la presentación de tu libro ‘Queremos que crezcan felices’, la autoestima, la tolerancia a la frustración y el autocontrol son los tres pilares básicos para que un niño crezca adecuadamente y sea feliz. ¿Por qué? ¿Cómo podemos trabajarlo con ellos?

– Ayudamos a nuestros hijos a que tengan una buena autoestima, pero lo que hay que trabajar con ellos antes de esto, es el autoconcepto, que es tener en cuenta cuáles son nuestros puntos fuertes y débiles, saber cómo somos como personas. Una vez que tengamos este conocimiento de nuestros hijos, que va a ser de gran ayuda, podremos trabajar con su autoestima. Esta no se trabaja diciéndoles: “qué bien, lo has hecho genial, eres un campeón…”. Tal vez, con un niño de dos años puede estar bien, pero según van creciendo tienen que ser cosas muchísimo más concretas, tenemos que fijarnos en todo aquello que están haciendo bien y también entendiendo cuáles son las cosas que pueden hacer para mejorar. Siempre teniendo en cuenta que todos tenemos puntos fuertes y débiles, y conociendo ambos.

También es muy importante cuidar el lenguaje que utilizamos con ellos y no ponerles etiquetas, porque si les decimos: “es que eres un vago, es que eres malo, es que eres torpe…”, al final ese niño va a actuar en función de la etiqueta que le hemos puesto. Hemos de decirles aquello que no está correctamente hecho y cómo pueden corregirlo.

Por otra parte, el autocontrol tiene mucho que ver con todo esto que hemos hablado de la autorregulación. Implica pararnos, empezar a conocernos a nosotros mismos y así saber cómo reaccionamos para decidir. “¿Quiero reaccionar de esta forma automática ante esta situación o quiero cambiar y hacerlo de manera distinta?”. En el caso de que queramos cambiarlo, tenemos que plantearnos cómo hacerlo para poder empezar a trabajar en ello.

En cuanto a la frustración, muchos padres malentienden el amor paternal. Dicen: “ay,  mi niño, con lo duro que es el mundo, ya tendrá tiempo para frustrarse…”, e intentan, en la medida de lo posible, evitarles cualquier tipo de emoción desagradable. Sin embargo, lo que conseguimos de esta manera es impedir que adquieran un autocontrol y una tolerancia a la frustración, lo que es completamente necesario porque en la vida, por desgracia, nos van a ocurrir situaciones lo suficientemente complicadas en las que necesitaremos esa capacidad de tolerancia a la frustración. Por lo que, es importante trabajarlo con ellos para que estén preparados.

Educar es todo es el mayor evento de educación de nuestro país. En él, expertos de reconocido prestigio, como la Dra. María Velasco, la psicóloga Diana Jiménez, el psicólogo Marc Masip, el pediatra Carlos González, la psicóloga Silvia Álava, el psicólogo Rafa Guerrero, el neurocientífico Mariano Sigman y el docente Manu Velasco, a través de ponencias de 20 minutos de duración, nos ayudan a reflexionar y resolver esas dudas que nos surgen a la hora de educar a nuestros hijos. ¿Te apuntas? 

Recuerda, el sábado 25 de noviembre en el Teatro Lope de Vega de Madrid, desde las 9:00 hasta las 14.00 (hora peninsular española).

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Carlota Arellano Periodista y marketera + INFO

¿Cómo afectan los desencuentros en casa a los hijos? Piqué, Shakira y los reproches a ritmo de Bizarrap

En esta entrevista de COPE RADIO analizamos la canción de Shakira y Bizarrap y cómo les puede afectar a los hijos a nivel general

Por María Ruiz

¡Shakira lo ha vuelto a hacer! La cantante de 45 años ha sacado una nueva canción junto al joven productor argentino Bizarrap de 24 años -también conocido en las redes sociales por Bzrp- que, al escucharla y al analizarla hay pocas dudas de hacia a quién va dirigida. De hecho, en alguna de las frases le nombra de manera sutil.

El tema en sí, que sale al mercado bajo el nombre de BZRP Music Sessions #53, lleva intrínseco varios mensajes que dedica a su pasada relación con Gerard Piqué. A raíz de la polémica con la letra de la canción, y el temazo en general que ha revolucionado las redes y que ya tiene más de dos millones de visualizaciones, en COPE hemos querido saber qué repercusión tiene esto en los propios hijos y de qué manera les afecta la exposición pública a la que se enfrentan a diario.

La canción de Shakira: ¿Cómo afecta a los hijos?

Después de haberse pronunciado de nuevo con otra canción, desde COPE nos hemos puesto en contacto con Silvia Álava, Psicóloga Infantil, ha contado lo que ocurre con los hijos ante esta expresión pública de la cantante sobre su expareja: «Los que siempre peor lo pasan son los niños, son los menores, y hay que protegerles. Hay que protegerles en el sentido de que todos esos problemas que ha podido haber en la pareja, es un tema de la pareja. Es un tema que se tendría que quedar fuera de los menores», explicaba. Ante esto, Silvia lanzaba una advertencia muy importante. «Que los niños puedan escuchar este todo este tipo de acusaciones su peor versión«, «las dabas de campeón«, «no está pa’ tipos como tú«, «mastiques y tragues«, «la deuda en Hacienda«…), porque al final son acusaciones, pero son muy directas porque, al escuchar la canción de Shakira todo el mundo sabe directamente que va dirigida hacia su expareja (…) y los niños no necesitan esta información, porque por mucho que te hayas separado de tu expareja, esta va a seguir siendo el padre o la madre de tus hijos, por eso nunca conviene meterles en el medio», aseguraba.

La experta en psicología infantil ha dicho que «siempre hay que preservar los derechos de la infancia, mantener su privacidad. A lo mejor a este niño no le apetece nada que el resto de niños sepan lo que está pasando con su padre y con su madre», señalaba Silvia, ante la situación que se puede producir en un colegio al acudir los pequeños a clase. Además, ha asegurado que hijos de las familias siempre se acaban enterando de todo, independientemente de la edad que tengan: «Se dan cuenta incluso siendo muy pequeñitos. A veces nos encontramos, prácticamente, bebés, niños de 2 o 3 años (los hijos de Shakira y Gerard Piqué tienen 7 y 9 años), que se están dando cuenta. No son capaces de entender a nivel cognitivo todo lo que está sucediendo, pero sí que el mal clima o el mal ambiente que está pasando, de eso sí se dan cuenta», advertía, añadiendo que, en este caso, es algo que está «en boca de todos«.

Consecuencias y efectos en los más pequeños

A la hora de hablar de las consecuencias que puede tener este tipo de situaciones en los menores, en COPE también hemos hablado con Paloma Alonso, profesora de Psicología de Familia de la Universitat Abat Oliba CEU, que ha explicado los efectos directos que puede tener el mal entendimiento entre el padre y la madre, y los reproches que se puedan dedicar, como ha sido el caso en la letra de Shakira, canción junto a Bizarrap. «Si no restauran esa herida, pueden tener un bloqueo emocional, establecer unas relación con el otro sexo íntimas, y siempre hay que sanar eso. ¿Cómo se sana? Cuando encuentran personas que les quieren de verdad«, contaba, añadiendo que, esa seguridad que tienen en su casa «se ha roto», y algunos menores piensan que «tienen la culpa, otros tienen ese estrés, todos tienen un reproche, incluso hacia ellos mismos».

Consejos para evitar discusiones delante de los hijos

Según datos de la Estadística de Nulidades, Separaciones y Divorcios elaborada por el Instituto Nacional de Estadística, el número de rupturas matrimoniales durante el 2022 aumentó en un 13,2% respecto al año pasado, alcanzando así los 90.582. En este aspecto, Silvia Álava daba unos consejos para aquellos padres que se separen, que no llegue a influir la situación en los más pequeños: «Es fundamental, en el caso de que nos separemos, dejar siempre a los niños fuera. Tú te separas de tu pareja, pero no te vas a separar de tu hijo ni de tu hija, y no vas a hacer de tu expareja deje de ser el padre o la madre de tu hijos. Por tanto, todos los problemas hay que discutirlos en la pareja. Ellos no necesitan la información de por qué un matrimonio ha fracasado», explicaba.

Letra de la canción

Perdón, ya cogí otro avión

Aquí no vuelvo

No quiero otra decepción.

Tanto que te las dabas de campeón

Y cuando te necesitaba,

Diste tu peor versión

Sorry, baby, hace rato

Que yo debí votar ese gato.

Una loba como yo,

No está pa’ novatos.

Una loba como yo

No está pa’ tipos como tú

Pa’ tipos como tú.

A ti te quedé grande,

Y por eso estás

Con una igualita que tú.

Esto es pa’ que te mortifiques

Mastique y tragues, tragues y mastiques

Yo contigo ya no regreso

Ni aunque me llores ni me supliques

Yo entendí que no es culpa mía que te critiquen

Yo solo hago música

Perdón que te sal-pique.

Me dejaste de vecina a la suegra

Con la prensa en la puerta y la deuda en Hacienda

Te creíste que me heriste y me volviste más dura

Las mujeres ya no lloran

Las mujeres facturan.

Tiene nombre de persona buena

Clara-mente no es como suena

Tiene nombre de persona buena

Clara-mente es igualita que tu

Pa’ tipos como tú.

Del amor al odio hay un paso,

Por acá no vuelvas, hazme caso

Cero rencor bebé.

Yo te deseo que: te vaya bien con mi supuesto reemplazo

No sé ni qué es lo que te pasó

Estás tan raro que ni te distingo.

Yo valgo por dos de 22

Cambiaste un Ferrari por un Twingo

Cambiaste un Rolex por un Casio.

Vas acelerado, dale despacio

Mucho gimnasio, pero trabaja el cerebro un poquito también

Fotos por donde me ven,

Aquí me siento un rehén.

Por mi todo bien,

Yo te desocupo mañana

Y si quieres tráetela a ella que venga también.

Tiene nombre de persona buena

Clara-mente no es como suena

Tiene nombre de persona buena

Y una loba como yo no está pa’ tipos como tú.

FUENTE: cope.es

Erradicar el acoso el acoso escolar depende de todo el entorno

Alejandro tenía 10 años cuando se suicidó. Se quitó la vida por el acoso escolar que sufría por parte de algunos compañeros y el maltrato de una profesora. Pasó 3 años de insultos hasta que no lo soportó. Una tarde le pidió a su madre una y otra vez que le permitiera no ir al colegio. «Mamá no quiero ir a clase, por favor. Yo le dije pero ¿ha pasado algo? Me dijo no, nada… Subió la persiana, abrió la ventana y se tiró». Es el relato de su madre, destrozada desde entonces. Su único consuelo es luchar para que se apruebe un Plan Nacional contra el acoso escolar y el maltrato.

«A los niños les pido que por favor, por favor, por favor, les cuenten a sus padres lo que les pasa».

Las asociaciones contra el acoso escolar se quejan de que no exista un protocolo estatal, de que cada comunidad tenga sus propios protocolos, que muchas veces no funcionan.

«Falta formación o miran para otro lado», denuncia Carmen Cabestany, presidenta de la asociación NACE y profesora.

Al final, erradicar el acoso depende de cada centro, de que sus profesores y dirección se vuelquen para eliminarlo, implicando a todos: a los alumnos, a las familias y sobre todo, a las de los agresores. Asegura Silvia Álava, psicóloga infantil.

Los «testigos mudos», esos compañeros que presencian el acoso pero no hacen nada son fundamentales. Hay que implicarlos para que pidan ayuda o denuncien la situación, aunque sea en buzones anónimos colocados en los centros.

Silvia Álava

FUENTE: elcorreo.com

¿Estoy consintiendo demasiado a mi hijo?

Ceder continuamente ante las peticiones y deseos de nuestros hijos puede provocar que les acabemos consintiendo demasiado.

Por Alicia Mendoza

«Mamá, ¿me compras esas chuches?» «Papá, ¿puedo estar un rato más con el móvil?» «¿Me regaláis la última versión del videojuego para la Play?». Todas estas son situaciones que se dan en nuestro día a día con los hijos y en las que a veces no sabemos qué hacer: ¿se lo compro y así para de pedírmelo? ¿Me mantengo firme y no lo hago?. A veces el cansancio nos vence y no tenemos más remedio que permitirles, aunque no queramos, que se queden un ratito más con la consola o cedemos y les compramos lo que nos piden.

Aunque no pasa nada por hacer caso y cumplir los deseos de nuestros hijos, ceder continuamente puede provocar que acabemos consintiendo demasiado a nuestros hijos.

¿CÓMO CONVERTIMOS A NUESTRO HIJO EN UN CONSENTIDO?

  • Les damos todo lo que quieren y desean. Nuestros hijos cuando nacen necesitan que sus progenitores les cuidemos, les alimentemos y les demos amor. Pero a medida que van creciendo, estas necesidades se juntan con los deseos materiales que tienen y, de la noche a la mañana, nuestro hijo se ha convertido en materialista. Debemos enseñarles el valor de las cosas y para ello podemos desde pequeños ir inculcándoles la diferencia entre querer y necesitar.
  • Usamos premios y chantajes. “Las casas en donde más se grita, donde más se castiga, más se premia, más se chantajea y más se amenaza, son las casas en donde se obedece menos”, dice Amaya de Miguel, creadora de Relájate y Educa. Usar los premios y los chantajes hará que nuestro hijo vea el premio como algo a lo que se debe aspirar, pero llegará un momento en el que no habrá compensación ni premio y no querrán acatar la orden o lo que les digamos. Si les premiamos diciendo por ejemplo, “si te comes la verdura, te dejo jugar al ordenador”, cuando no haya recompensa del ordenador, no se querrán comer la verdura.
  • No usamos límites firmes y respetuosos

¿CÓMO ACTUAR CUANDO TENEMOS A UN HIJO CONSENTIDO?

No existe una fórmula secreta para que nuestros hijos pasen de hacer lo que quieren a que nos hagan caso y recuperen la confianza. Se necesitará constancia, paciencia y sobre todo vínculo con nuestro hijo o hija. Para ponerlo en práctica podemos seguir alguna de estas claves

  • Límites fijos. Debemos aplicar en casa, como señala Amaya de Miguel, unos límites que estén muy marcados, para que el día a día no se guíe por la arbitrariedad, sino que los niños y niñas sepan qué cosas tienen permitidas y cuáles no. “Debe haber unos ritmos muy claros, unas normas clarísimas. No se trata de que hoy como emocionalmente estoy bien te dejo mas cosas, y hoy como emocionalmente estoy mal, te dejo menos cosas; Hoy estoy cansado pues ves la tele más porque así yo puedo descansar”, cuenta Amaya de Miguel.
  • Rutinas muy fijas. Si en el día a día de nuestros hijos tenemos unas rutinas muy fijas para hacer las cosas, nuestros hijos sabrán a cada momento que deben de hacer y no querrán evadirse de esas responsabilidades. Por ejemplo, si primero se hacen los deberes durante una hora y tras eso se juega, debemos cumplir con esta rutina e intentar que nuestros hijos no sobrepasen esa hora.
  • Autocuidado y autogestión emocional. Muchas veces consentimos a nuestros hijos porque no podemos gestionar las emociones que nos surgen cuando nuestro hijo no se comporta de una manera adecuada. Por eso debemos cuidarnos, aceptar nuestras emociones, nombrarlas, expresarlas para poder acercarnos a nuestro hijo con nuestras emociones en calma.
  • Dale una paga adecuada a su edad. La paga es una herramienta educativa que permite que nuestros hijos se responsabilicen de sus gastos y se administren el dinero que les demos. Si reciben una paga mensual o semanal, no podrán pedirnos a nosotros que les compremos cosas, serán ellos los que se tengan que administrar para comprarse aquello que desean. Se puede empezar a dar la paga a un hijo cuando este sepa sumar y restar y cuando sea consciente de la necesidad de dinero, es decir, cuando empiece a pedir cosas, como juguetes en el súper o chuches.

3 EJEMPLOS PARA APRENDER A DEJAR DE CONSENTIR A NUESTROS HIJOS

Con estos tres ejemplos podemos poner en práctica cambios para dejar de consentir a nuestros hijos:

Nos pide chuches y cedemos para que deje de gritar

Una escena muy común cuando los niños salen de la escuela es que pidan chucherías a sus padres, y a veces nuestros hijos se ponen muy insistentes para conseguirlas, gritan o tienen una pataleta. Si queremos que deje de pedirnos todos los días chuches, debemos poner un límite claro que siempre debemos cumplir. Por ejemplo, podemos decirles a nuestros hijos que no todos los días va a haber chuches, solo los viernes. Este límite debemos cumplirlo firmemente, aunque nuestro hijo o hija haya tenido una conducta inadecuada debemos darles chuches. De esta forma, nuestro hijo -con el tiempo- irá adecuándose a este límite y sabrá que para las chuches tendrá que esperarse hasta el viernes.

Quiere estar un ratito más en las pantallas

Si llevamos unos horarios fijos con nuestros hijos y saben que tienen solo una hora para jugar al videojuego y siempre les hacemos dejarlo cuando llega la hora, nuestro hijo se irá acostumbrando al tiempo que tiene para jugar. Debemos explicarles claramente cuál es el horario de uso de las pantallas y su tiempo máximo. Asimismo, podemos avisarles cuando faltan cinco minutos para que estén con preaviso y sepan que deben dejarlo. Si no cumplen con el horario prometido, la psicóloga Silvia Álava ya nos comentaba en este artículo que nunca debemos castigarles por ello, pero sí señalarles una consecuencia lógica por no haber cumplido con su promesa: al día siguiente podrán tener la Tablet, pero a su tiempo habitual se les restará el tiempo que estuvieron jugando de más.

Cuando llega la adolescencia, los hijos nos piden cada vez llegar a casa más tarde. Somos nosotros quienes debemos poner el límite de hora y los que debemos establecer una consecuencia. Antes de que esto ocurra, es recomendable hacer un pacto con nuestro hijo para que esté consensuado qué consecuencias se establecen si llega tarde. Pero no debemos apoyarnos continuamente el el uso de las consecuencias. Como nos dice el psicólogo Alberto Soler: «Las consecuencias pueden estar bien como alternativa a los castigos, aunque ya hemos dicho que en realidad no son más que un tipo especial de castigo. Al igual que no arreglaríamos todos los problemas que puedan surgir con castigos, como tampoco un carpintero lo arreglaría todo con un martillo, no podemos pretender solucionarlo todo a golpe de consecuencias». Por eso, si llega tarde a casa recurrentemente, debemos hablar con nuestro hijo para saber cuál es el motivo por el que llega tarde e intentar buscar una solución.

FUENTE: Diario Sport

Cómo funciona el anidamiento: cuando los niños se quedan en la casa y los padres divorciados se la turnan

Por Aldara Martitegui

Explicamos qué es el anidamiento: una solución para separaciones en la que los padres se turnan para cuidar a los hijos en el domicilio familiar

Los expertos coinciden en la complejidad de esta solución aparentemente fácil y cómoda para padres e hijos

Las psicólogas Silvia Álava y Alicia Navarro comparten sus impresiones sobre esta modalidad que va en aumento

Luis y María anidaron a su hija Carla durante 8 meses, cuando por fin tomaron la decisión de separarse. Tardaron en hacerlo porque los dos tenían miedo a que la separación afectara a la niña. “Cuando ocurrió, explica Luis, cuando dimos el paso de sentarnos a hablar del divorcio como un hecho inevitable, los dos pensamos que anidar a Carla en nuestra casa de siempre iba a ser lo mejor para ella. ¡Es que en la práctica llevábamos tiempo haciéndolo! María y yo ya no compartíamos habitación desde hacía meses. Lo teníamos todo a nuestro favor para anidar: Teníamos espacio en casa para tener una habitación cada uno. Yo me alquilé un estudio para vivir la semana que me tocaba estar fuera de casa y María se instaló en casa de sus padres”.

El anidamiento o Birdnesting, es la fórmula en la que cuando los padres se separan,

Los niños permanecen en el hogar familiar y son los progenitores los que se turnan para pasar tiempo con los hijos. La fórmula va en aumento en los países occidentales, pero dado que es una tendencia bastante nueva, aún no hay datos comparativos sobre el bienestar de los niños y de los padres en este tipo de familias respecto a otras soluciones de custodia compartida.

“Cuando nos separamos, continúa Luis, la niña estaba a las puertas de la adolescencia. El anidamiento nos pareció la solución perfecta para no desestabilizar emocionalmente a nuestra hija. Pero eso sí, los dos teníamos clarísimo que el anidamiento iba a ser una solución temporal, como mucho de un año, para que Carla se adaptara mejor a la nueva situación”.

La solución del anidamiento, que había sido tomada por estos padres como medida supuestamente beneficiosa para su hija, resulta que se convirtió en su peor pesadilla

¿El anidamiento puede ser un obstáculo?

Finalmente, el año de anidamiento que Luis y María habían planificado para Carla, se adelantó a 8 meses cuando la niña empezó a tener problemas digestivos. Estuvo ingresada varias veces por molestias que no tenían explicación médica… Al tercer ingreso, los médicos recomendaron a sus padres llevar a la niña a un psicólogo.

Carla fue un caso claro de fracaso de anidamiento. A pesar de la buena comunicación que había entre Luis y María, la niña no comprendió la nueva relación de sus padres. El anidamiento fue para ella como un obstáculo para aceptar que sus padres se habían divorciado y le hizo vivir en un constante estado de ansiedad, preguntándose si volverían algún día e interpretando incorrectamente señales de que sus padres se estaban reconciliando.

La solución del anidamiento, que había sido tomada por estos padres como medida supuestamente beneficiosa para su hija, resulta que se convirtió en su peor pesadilla. Ahora bien, la pregunta que surge aquí es: ¿Cómo habría respondido Carla a otra fórmula de separación?, ¿habría aceptado antes el divorcio de sus padres y se habría evitado toda esa ansiedad? Es difícil saberlo.

Ni la mejor ni la peor solución: hay que valorar muchos aspectos

La psicóloga Silvia Álava insiste en que en el tema de las separaciones nunca hay una fórmula que sea la buena, nunca hay una fórmula que sea la correcta, “Siempre hay que pararse a hacer un análisis en profundidad de cada caso, de cada familia, de cómo son esos progenitores, de cómo se llevan, de cómo es ese niño y esa niña, de si hay hermanos o no, de cómo es nuestra situación económica para, a partir de ahí, parar y decir, mira: esta es la mejor de las opciones”.

A priori el anidamiento no tiene por qué ser una fórmula peor que otras, recalca la psicóloga y mediadora Alicia Navarro dado que “Una separación es normalmente un proceso doloroso que genera una montaña rusa emocional. Así que, no solo los niños y niñas, sino también los adultos van a tener que lidiar con esos altibajos emocionales, independientemente del modo como decidan terminar su relación. Por eso, no creo que el anidamiento sea más perjudicial para la salud mental de las personas implicadas que cualquier otra manera de separase (…) el anidamiento es un fenómeno muy nuevo y todavía no disponemos de datos suficientes para saber de qué modo puede afectar a los niños y niñas y tampoco a los adultos. No obstante, creo que se trata de una de las muchas opciones que se pueden barajar en una familia a la hora de decidir cómo la pareja va a separarse. Me parece una buena solución si lo que se persigue es minimizar los conflictos y maximizar la estabilidad emocional y psicológica de la familia”.

La estabilidad del niño no la da la vivienda, sino los padres

Silvia Álava insiste en la idea de que la estabilidad del niño no la da la vivienda, sino los padres. “El anidamiento, si lo pensamos fríamente, se puede pensar que quizás para los niños puede ser la mejor opción (…) Porque lo que estamos haciendo es que el niño, la niña o los hermanos son los que se quedan en la misma casa y son los padres los que están cambiando. ¿Esto qué implica? Pues que evitamos a los niños ese cambio de tener que hacer maletas o tener que llevarnos sus cosas o los libros del colegio cada vez que hay que cambiar de un progenitor a otro. Desde el sentido común, pensando en el niño, podríamos decir que parece muy razonable”. Pero el papel lo aguanta todo, insiste Álava…la realidad es que luego en el día a día la situación es mucho más compleja.

El anidamiento; una forma más de convivencia

El anidamiento -esta supuesta fórmula tan beneficiosa para los niños- se puede volver en su contra, como ocurrió en el caso de Carla. Pero puede fracasar por muy diferentes motivos…uno de ellos porque no deja de ser una forma de convivencia.

Por eso, apunta la psicóloga y mediadora Alicia Navarro,” creo que esta opción solo puede tomarse de mutuo acuerdo y en el caso en que ambos miembros de la pareja estén preparados para tolerar mantener cierta relación de convivencia: no olvidemos que van a compartir un espacio aunque sea por turnos y que eso puede generar tensiones si las normas no están muy claras”.

Un detalle importantísimo -esto de no olvidar que el anidamiento sigue siendo una manera de convivencia- con el que coincide Silvia Álava, que insiste en que “muchas veces es una solución poco viable porque a nivel convivencia, aquellas cosas que nos llevaron a la separación porque la convivencia no funcionaba, todavía aún se incrementan mucho más porque el roce sigue estando ahí”.

La importancia de la buena relación de la expareja

Una de las premisas de la que hablan los expertos para que el anidamiento pueda funcionar es por tanto que la relación entra la expareja sea excepcionalmente buena.

“Tiene que ser solo en casos de familias que se lleven excepcionalmente bien y que los dos tengan el mismo grado de responsabilidad respecto a los niños y respecto a la casa para que realmente funcione, porque si no, en la vida real es muy complicado”, recalca Álava.

Para evitar conflictos, la mediadora Alicia Navarro recomienda acudir a un profesional de la salud mental que ayude a la familia a entender sus propias emociones y a un mediador que ayude a la expareja a adoptar los acuerdos necesarios y a poner sobre la mesa normas que regulen la situación; “Normas para temas muy cotidianos como por ejemplo el orden y la limpieza, o qué zonas de la casa o elementos particulares no son compartidos -como ordenadores personales, documentos, algunos armarios con enseres privados etc- o qué personas están autorizadas a entrar en la casa cuando el otro miembro no está”.Si, por ejemplo, es una separación en la que uno de los dos se ha separado pero el otro no quería, pues eso hace que se enganche todavía más a la posibilidad de volver (Silvia Álava, psicóloga)

Las dificultades económicas que vienen aparejadas al anidamiento también pueden afectar indirectamente a la estabilidad emocional de los niños. “Hay familias en las que me lo puedo permitir porque esto implica tener tres casas: una en la que que vive el niño y a la que cada uno vamos cada dos semanas y luego la semana que no estamos, cada uno tiene que tener otra casa u otro sitio donde vivir y las complicaciones económicas, pueden influir luego en la relación con el niño”, resalta Silvia Álava.

Porque los padres tendemos a volcar en nuestros hijos nuestras frustraciones y preocupaciones…

Por eso, en una separación, es importante pensar en el bienestar del niño, pero también en el de los padres. Así está emocionalmente el progenitor, así lo va a proyectar en sus hijos.

“No podemos olvidar que estamos hablando de una pareja en proceso de separación, por lo que, emocional y psicológicamente hablando, se trata de un proceso vital complejo para cada uno de los miembros de esa pareja, incluso cuando se trata de una separación por mutuo acuerdo” explica Alicia Navarro.

Un proceso que se agravaría más aún si uno de los miembros de la expareja no ha terminado de aceptar la separación.“Si, por ejemplo, es una separación en la que uno de los dos se ha separado pero el otro no quería, pues eso hace que se enganche todavía más a la posibilidad de volver, de recuperar a la pareja”, puntualiza Silvia Álava.

La importancia de la estabilidad emocional de los progenitores

Esa situación de incertidumbre, inestabilizará emocionalmente a uno de los progenitores y es muy posible que termine salpicando a los hijos.

Álava recuerda que «los adultos somos los responsables de que ese menor esté bien y hay que procurarle y darle todo lo que necesite, tanto a nivel fisiológico, de darle de comer, de llevarle al colegio, de ayudarle con los deberes, pero también a nivel emocional. Y tenemos que ver si la casa que vamos a compartir, a nivel emocional nos ayuda a nosotros a estar bien en esta situación o no. ¡Cuidado! Porque es que si resulta que yo voy a estar todo el día enfadada porque resulta que mi expareja cada vez que llego lo deja todo manga por hombro y yo lo dejo todo recogido y encima tengo que recoger lo suyo… esto puede que llegue a afectar a cómo estoy yo luego con mi hijo o con mi hija”.

Los plazos

En el caso de que la pareja cumpliera todos los requisitos para que el anidamiento funcione, Navarro incluye una premisa importante a la hora de diseñar u organizar un anidamiento: los plazos.

“Todavía no tenemos estudios al respecto, pero creo que, si la intención de anidamiento es buena, es decir, persigue maximizar el confort y el bienestar de todos, se trata de una decisión compartida por la pareja, consciente, meditada, con unos plazos lo más concretos posibles y no demasiados extensos, entonces, se pueden minimizar las consecuencias negativas a nivel emocional (…) y cuando hablo de plazos consensuados y no demasiado extensos, precisamente estoy contemplando la posibilidad de que algún miembro de la expareja -o ambos- comience una nueva relación. Creo que, en este caso, sería muy complejo mantener el anidamiento demasiado tiempo».

Creo que el anidamiento debería ser un proceso de adaptación y quizás no tanto una solución definitiva (Alicia Navarro, psicóloga y mediadora)

¿Qué solución ayuda a tener una mejor estabilidad emocional?

Ambas psicólogas insisten en que quienes tienen la responsabilidad de procurar una estabilidad emocional a los hijos son siempre los padres y las madres y son ellos quienes tienen que ver qué solución es la que ayuda a tener una mejor estabilidad emocional.

En cualquier caso, insiste Alicia Navarro, por muy bien que se alineen los astros a favor del anidamiento, es preferible tomárselo como una solución con fecha de caducidad. “Creo que un anidamiento temporal puede beneficiar a que la familia asimile poco a poco la nueva situación, quizás de una forma menos traumática, y a que los adultos puedan acordar de qué forma proseguir con su separación. Creo que el anidamiento debería ser un proceso de adaptación y quizás no tanto una solución definitiva. De hecho, su nombre, Birdnesting, recuerda a ese proceso en el que las aves cuidan de sus polluelos en el nido mientras no se valen por sí mismos para volar y alimentarse y son los adultos los que van y vienen. Pero fíjate cómo esa situación es siempre temporal».

FUENTE: NiusDiario.es

Niños responsables, niños más felices

La responsabilidad se educa, pero se aprende cuando permitimos que los niños verdaderamente interioricen y hagan propias sus obligaciones, y esto, los ayuda a ser más felices.

Por Claudia Guimaré

«¡Qué niño tan responsable y obediente!» decía mi tía Olga cuando veía un niño que para ella era merecedor de su máximo halago. Mi tía había sido maestra toda su vida, y para ella, la obediencia y la responsabilidad eran el summum de las cualidades del ser humano, especialmente en la infancia.

Para ella, ser obediente era ser responsable, porque la responsabilidad era inculcada en casa, por los padres. Y por ello, “los buenos niños” se reconocían rápidamente por obedecer sin chistar las reglas que los hacían ser ordenados, como no ensuciar la túnica, llevar los lápices con punta recién sacada en la cartuchera, no interrumpir a los mayores y hacer siempre los deberes.

Obediencia no es responsabilidad

Sin embargo, si lo pensamos un poco más, obediencia no es responsabilidad. Más aun, es todo lo contrario. Cuando obedecemos, no estamos siguiendo nuestro propio criterio. Estamos aceptando de buena gana el criterio de otro y asumiendo que tiene razón y que lo que nos sugiere debe ser la mejor opción. O en su defecto, estamos aceptando de mala gana esa indicación porque no nos queda más remedio. Pero la responsabilidad surge de la interiorización de un mandato porque nos reconocemos como los principales afectados de las consecuencias de nuestro accionar. Y sabemos por ende, que si hacemos esto, pasará esto otro. Y todos sabemos que a veces no nos basta con que otro nos adelante ese vaticinio para que nosotros lo creamos y adoptemos como propio.

Por ello, sin experimentación, sin decisión propia, sin verdadera conciencia de los resultados de nuestros actos y valorización de sus consecuencias, no podemos decir que hay genuina responsabilidad y es por esto que los niños no necesitan seguir a pie juntillas lo que se les dice. Lo que necesitan es entender de verdad y por motu propio lo que “deben” hacer ante cada situación.

El aprendizaje empieza en casa

Lo complicado es que ese aprendizaje empieza en casa desde la más tierna infancia, cuando todavía no logran imaginar cabalmente las consecuencias de sus actos por falta de experiencia: están aprendiendo. Y por eso los padres nos agarramos la cabeza cuando ante una indicación clara y simple como “no te subas ahí que te vas a caer”, el niño va corriendo a subirse y pum… se cae. Y aunque esto sea a diario para los padres un quemadero de cabeza, en el fondo sabemos bien que sólo una vez que se cayó, aprendió de verdad a que subirse ahí no es buena idea o al menos, conlleva sus riesgos.

Por eso decimos que la responsabilidad comienza en casa. Porque se la empieza a ejercitar en el día a día desde muy pequeños, mucho antes de que lleguen al jardín y sean las maestras también, quienes además de nosotros, les ayuden a desarrollar esa habilidad, ordenado juguetes y cuadernos, cuidando sus útiles y ordenando la fila para salir a jugar.

¿Y por qué los niños terminan más que obedeciendo, interiorizando estas conductas? Pues porque les hace sentir bien. Porque les hace sentir capaces. Porque les hace sentirse “grandes”. Todo lo contrario a cómo se sienten cuando se ven obligados a seguir una regla o cumplir con algo simplemente porque no tienen opción.

Cuando los hacemos responsables, genuinamente responsables, les estamos diciendo que confiamos en ellos plenamente, confiamos en sus capacidades y en su criterio. Y nada nos hace sentir mejor que eso, seamos grandes o pequeños.

Hiperpaternidad

Queremos Hijos Felices - Silvia Álava

Eva Millet, escritora, autora del libro “Hiperpaternidad” (donde habla de las consecuencias de lo que llama los padres “helicóptero), dice que cuando dejamos de hacer algo por nuestros hijos y les dejamos en libertad para hacerlo ellos, les estamos diciendo “tú puedes!” y por ende, siguiendo este silogismo, cuando por el contrario lo hacemos todo por ellos (“porque son chiquitos y no entienden aun lo que les conviene”), les estamos diciendo lo contrario, les estamos diciendo “déjame a mí que lo hago mejor” “no confío en ti para esto”. Y eso, claramente no los hace felices.

Silvia Álava, Psicóloga y autora del libro “Queremos hijos felices”, dice “la felicidad está muy ligada al sentimiento de capacidad” y sostiene que “cuando los niños no saben resolver las cosas por sí mismos, eso va en contra de su propia felicidad”; y a su vez, el psicólogo infanto-juvenil Antonio Ortuño deja claro que “la responsabilidad se lleva muy bien con dos conceptos clave: la felicidad y la inteligencia”.

¿Cómo fomentar la responsabilidad desde pequeños en casa?

Fácil de decir y difícil de hacer, aquí te dejo mis 3 principales recomendaciones para logarlo.

1. Sé el ejemplo.


El primer paso es como siempre decimos, dar el ejemplo. La semana pasada la mamá de una compañera de mi hija de la escuela me contaba que fue a hablar con la Directora para expresarle que en su familia, no eran capaces de levantarse tan temprano por lo cual su hija iba a continuar yendo una hora tarde todos los días como hasta hoy.

Más allá de las problemáticas y dinámicas de cada familia, y de que las mañanas no son fáciles en casi ningún hogar con niños pequeños, queda claro que cuando estamos educando a nuestros hijos, debemos prepararlos para el camino y no el camino a ellos.

Mostrarles desde pequeños que pueden incumplir reglas importantes como el horario de entrada porque no les queda cómodo, permitirles interrumpir la dinámica de la clase que las maestras tanto preparan, llegando a media mañana o pretender que los demás se adapten a nosotros siempre, no puede ser el camino correcto. Si nosotros no valoramos el pertenecer a un grupo y respetar sus reglas y acuerdos básicos, difícilmente nuestros hijos puedan más adelante hacerlo.

2. Permite que se equivoquen.


Hace unos días mi hija de 6 años decidió cortarse sola el cerquillo… El resultado fue una mala imitación del personaje Amelie después de volver de la guerra. Cuando le dije por qué había hecho eso sin pedir ayuda me contestó que simplemente porque ella podía sola. Y cuando le dije “pero es que así te quedó feo”, me miró y me dijo “esa es tu opinión mamá, pero acordate que es mi pelo, y a mí me gusta cómo me quedó”.

Seguramente mi madre o mi tía Olga habrían reaccionado distinto a mí en esa situación, pero la verdad es que yo, no pude más que reírme y decirle “tenés razón”. Porque al fin y al cabo la tiene. O acaso yo le consulto cómo cortarme el pelo a mi vecino de al lado y sigo su consejo aun si no me gusta su opinión? Días más tarde me dijo “en este pedacito la verdad se me fue la mano” y yo entendí que la próxima vez que quiera cortárselo, seguramente me pida ayuda, o no, pero lo haga mejor.

3. Que realmente vivan las consecuencias de sus decisiones u omisiones


Hace 15 años atrás, cuando mis hijastros eran pequeños, tuve que llevarlos un día yo al colegio. Cuando bajamos, me preguntaron dónde estaban sus mochilas puesto que ellos no las agarraban nunca, porque su madre las cargaba por ellos. Yo, en mi inexperiencia de madrastra joven y el apuro de la salida, nunca chequeé que llevasen sus mochilas porque el portafolios lo revisaba yo cada noche en casa y lo cargaba yo a la escuela.

Entonces, recuerdo que les dije “vamos a volver a casa a buscarlas y por ello yo voy a llegar tarde a mi trabajo, pero ustedes van a venir conmigo y llegarán tarde a la escuela porque las mochilas son responsabilidad de ustedes”. Mi intención no era el castigo de la llegada tarde, sino que realmente se hicieran cargo del olvido y sus consecuencias, y puedo asegurar que nunca más se olvidaron de ellas.

En el otro extremo, una amiga me decía entre risas hace poco que como habitualmente se olvidaba de ponerle postre a la hija en la lonchera, ahora su hija, de 6 años, revisa sola su mochila cada mañana antes de salir de casa para cerciorarse de que lo lleva.

El mensaje está muy claro: si sé que realmente me tengo que hacer cargo de la consecuencia de una acción, pongo atención y me encargo de hacerla.
Los niños son esponjas y aprenden a velocidad crucero. Lo que necesitan es adultos disponibles que den buenos ejemplos. Y lo que necesitamos los padres es constancia y paciencia.

CONOCÉ A NUESTRA COLUMNISTA

Claudia Guimaré

Claudia Guimaré
La socióloga uruguaya y especialista en marketing y comunicación es la fundadora de Mamá estimula. En el grupo que administra desde Argentina, comparte materiales educativos y soluciones para padres.

FUENTE: ElPais.com.uy

Claves para educar a hijos responsables, que serán más felices

¿Cómo podemos fomentar la responsabilidad en nuestros hijos? El psicólogo infanto-juvenil Antonio Ortuño deja claro que “la responsabilidad se lleva muy bien con dos conceptos clave: la felicidad y la inteligencia” y nos ofrece claves para construir esa responsabilidad día a día.

Por Educar es Todo

Seguramente cuando nuestros niños son pequeños y rebeldes desearíamos que fueran más obedientes. Pero si miramos más allá de esta primera infancia, nos daríamos cuenta de que no querríamos que nuestros hijos, el día de mañana, fueran sumisos, sino que tuvieran criterio propio y decidieran conociendo o anticipando las consecuencias de sus actos. En definitiva, seguramente querríamos que nuestros hijos fueran responsables. ¿Cómo podemos fomentar la responsabilidad en nuestros hijos? El psicólogo infanto-juvenil Antonio Ortuño deja claro que “la responsabilidad se lleva muy bien con dos conceptos clave: la felicidad y la inteligencia” y nos ofrece claves para construir esa responsabilidad día a día.

¿Por qué los hijos responsables son más felices?

Si pensamos en hijos a los que les damos todo hecho, que no tienen apenas responsabilidades ni decisiones que tomar, podríamos pensar que les estamos haciendo la vida más fácil y eso les haría felices. Incluso si pensamos en niños a los que les pedimos obediencia a nuestras normas podríamos pensar que también les estamos haciendo la vida más llevadera al dejarles bien claro qué tienen que hacer, cuándo, cómo…

Pero lo cierto es que nuestros hijos quieren ser protagonistas de su propia vida, sentirse capaces, útiles y competentes. Y que, en la medida en que se sienten capaces y protagonistas, tienen una autoestima más alta. Según Eva Millet, cuando nos resistimos al muy habitual gesto de coger a nuestros hijos “les estamos diciendo: tú puedes”. Por esa regla de tres, al no fomentar que nuestros hijos se responsabilicen de su vida les estamos diciendo: “tú no puedes”, “déjame a mí, que yo sé” o “no confío en ti”.

Lo que está claro es que los hijos responsables son capaces de tomar decisiones, de asumir riesgos y de reconocer sus propios errores. En definitiva, son más autónomos. Y, como nos dice Silvia Álava, experta que también participa en nuestra plataforma, “la felicidad está muy ligada al sentimiento de capacidad. Cuando los niños no saben resolver las cosas por sí mismos, eso va en contra de su propia felicidad”.

Hijos que aprenden a tomar decisiones

Nos recuerda Antonio Ortuño que “la responsabilidad se construye de forma progresiva. A diario tenemos multitud de ocasiones para fomentarla”. Y se fomenta la responsabilidad, especialmente, dejando tomar decisiones. Porque lo cierto es que si pretendemos la obediencia (por ejemplo, que nuestro hijo nos haga caso y ordene su habitación) no dejamos al niño margen de decisión y, si no cumple lo que ordenamos, nos enfadaremos, estaremos desbordados emocionalmente… Esta escena tan típica, dice Antonio Ortuño, “es una oportunidad perdida para educar en la responsabilidad”.

¿Cómo podríamos dar la vuelta a esta situación? Podríamos dejar que nuestro hijo decidiera si recoge o no la habitación, pero controlando las consecuencias: si recoge puede ver la tele, si no recoge no podrá verla. Pero Antonio Ortuño deja muy claro que “las emociones deben ser las mismas, decida una cosa o la otra”.

Claves para educar hijos responsables

  1.  Dejar que nuestros hijos tomen decisiones y vivan las consecuencias de sus actos. Por ejemplo, si no ha cogido el almuerzo para el colegio por mucho que se lo hayamos recordado, fomenta más su responsabilidad dejar que viva la consecuencia natural de este olvido (no tiene almuerzo) que volver corriendo a casa a cogerlo y llevárselo al colegio.
  2.  Hablar de las consecuencias que pueden tener sus actos si no cumplen una norma. Por ejemplo, si en casa creemos que no pueden ver la tele hasta que ordenen el cuarto, deberíamos dejarlo claro, explicar esa norma y su consecuencia y dejar que experimenten la consecuencia si no cumplen dicha norma.
  3.  Conversar con nuestros hijos sobre sus responsabilidades y dejarles que se hagan cargo. Educar es extenuante y más aún si tenemos que hacernos cargo de una logística que nuestros hijos pueden asumir. Para liberarnos de tanto peso, podemos decir a nuestros hijos que se deben hacer cargo de preparar la mochila con los materiales y equipación que necesitan para su extraescolar, por ejemplo natación o hockey.
  4.  Permitir que resuelvan sus pequeños problemas, debatiendo con ellos sobre posibles consecuencias o repercusiones que anticipamos para apoyarles a tomar la decisión que ellos creen más acertada. Por ejemplo, si tienen una pelea con un amigo y no saben cómo actuar con el amigo al día siguiente, podríamos hablar con ellos de las posibles alternativas y apoyarles para que elijan la que más les satisfaga.
  5.  Entender que nuestro objetivo educativo ha de ser enseñarles a elegir bien y no obedecer, y menos aún en función de nuestro desborde emocional. Esta idea nos puede ayudar a rebajar la tensión (tal vez así entendamos sus retos como formas de aprender, no como afrentas personales) y a dejar de estar detrás de ellos, porque lo que queremos es que decidan ellos mismos.

FUENTE: El Periódico de Aragón

La frase del día

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#LaFraseDelDía «Tú puedes adaptarte al horario de los niños, pero ellos no están preparados para adaptarse al tuyo» Libro #QueremosHijosFelices