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Cómo funciona el anidamiento: cuando los niños se quedan en la casa y los padres divorciados se la turnan

Por Aldara Martitegui

Explicamos qué es el anidamiento: una solución para separaciones en la que los padres se turnan para cuidar a los hijos en el domicilio familiar

Los expertos coinciden en la complejidad de esta solución aparentemente fácil y cómoda para padres e hijos

Las psicólogas Silvia Álava y Alicia Navarro comparten sus impresiones sobre esta modalidad que va en aumento

Luis y María anidaron a su hija Carla durante 8 meses, cuando por fin tomaron la decisión de separarse. Tardaron en hacerlo porque los dos tenían miedo a que la separación afectara a la niña. “Cuando ocurrió, explica Luis, cuando dimos el paso de sentarnos a hablar del divorcio como un hecho inevitable, los dos pensamos que anidar a Carla en nuestra casa de siempre iba a ser lo mejor para ella. ¡Es que en la práctica llevábamos tiempo haciéndolo! María y yo ya no compartíamos habitación desde hacía meses. Lo teníamos todo a nuestro favor para anidar: Teníamos espacio en casa para tener una habitación cada uno. Yo me alquilé un estudio para vivir la semana que me tocaba estar fuera de casa y María se instaló en casa de sus padres”.

El anidamiento o Birdnesting, es la fórmula en la que cuando los padres se separan,

Los niños permanecen en el hogar familiar y son los progenitores los que se turnan para pasar tiempo con los hijos. La fórmula va en aumento en los países occidentales, pero dado que es una tendencia bastante nueva, aún no hay datos comparativos sobre el bienestar de los niños y de los padres en este tipo de familias respecto a otras soluciones de custodia compartida.

“Cuando nos separamos, continúa Luis, la niña estaba a las puertas de la adolescencia. El anidamiento nos pareció la solución perfecta para no desestabilizar emocionalmente a nuestra hija. Pero eso sí, los dos teníamos clarísimo que el anidamiento iba a ser una solución temporal, como mucho de un año, para que Carla se adaptara mejor a la nueva situación”.

La solución del anidamiento, que había sido tomada por estos padres como medida supuestamente beneficiosa para su hija, resulta que se convirtió en su peor pesadilla

¿El anidamiento puede ser un obstáculo?

Finalmente, el año de anidamiento que Luis y María habían planificado para Carla, se adelantó a 8 meses cuando la niña empezó a tener problemas digestivos. Estuvo ingresada varias veces por molestias que no tenían explicación médica… Al tercer ingreso, los médicos recomendaron a sus padres llevar a la niña a un psicólogo.

Carla fue un caso claro de fracaso de anidamiento. A pesar de la buena comunicación que había entre Luis y María, la niña no comprendió la nueva relación de sus padres. El anidamiento fue para ella como un obstáculo para aceptar que sus padres se habían divorciado y le hizo vivir en un constante estado de ansiedad, preguntándose si volverían algún día e interpretando incorrectamente señales de que sus padres se estaban reconciliando.

La solución del anidamiento, que había sido tomada por estos padres como medida supuestamente beneficiosa para su hija, resulta que se convirtió en su peor pesadilla. Ahora bien, la pregunta que surge aquí es: ¿Cómo habría respondido Carla a otra fórmula de separación?, ¿habría aceptado antes el divorcio de sus padres y se habría evitado toda esa ansiedad? Es difícil saberlo.

Ni la mejor ni la peor solución: hay que valorar muchos aspectos

La psicóloga Silvia Álava insiste en que en el tema de las separaciones nunca hay una fórmula que sea la buena, nunca hay una fórmula que sea la correcta, “Siempre hay que pararse a hacer un análisis en profundidad de cada caso, de cada familia, de cómo son esos progenitores, de cómo se llevan, de cómo es ese niño y esa niña, de si hay hermanos o no, de cómo es nuestra situación económica para, a partir de ahí, parar y decir, mira: esta es la mejor de las opciones”.

A priori el anidamiento no tiene por qué ser una fórmula peor que otras, recalca la psicóloga y mediadora Alicia Navarro dado que “Una separación es normalmente un proceso doloroso que genera una montaña rusa emocional. Así que, no solo los niños y niñas, sino también los adultos van a tener que lidiar con esos altibajos emocionales, independientemente del modo como decidan terminar su relación. Por eso, no creo que el anidamiento sea más perjudicial para la salud mental de las personas implicadas que cualquier otra manera de separase (…) el anidamiento es un fenómeno muy nuevo y todavía no disponemos de datos suficientes para saber de qué modo puede afectar a los niños y niñas y tampoco a los adultos. No obstante, creo que se trata de una de las muchas opciones que se pueden barajar en una familia a la hora de decidir cómo la pareja va a separarse. Me parece una buena solución si lo que se persigue es minimizar los conflictos y maximizar la estabilidad emocional y psicológica de la familia”.

La estabilidad del niño no la da la vivienda, sino los padres

Silvia Álava insiste en la idea de que la estabilidad del niño no la da la vivienda, sino los padres. “El anidamiento, si lo pensamos fríamente, se puede pensar que quizás para los niños puede ser la mejor opción (…) Porque lo que estamos haciendo es que el niño, la niña o los hermanos son los que se quedan en la misma casa y son los padres los que están cambiando. ¿Esto qué implica? Pues que evitamos a los niños ese cambio de tener que hacer maletas o tener que llevarnos sus cosas o los libros del colegio cada vez que hay que cambiar de un progenitor a otro. Desde el sentido común, pensando en el niño, podríamos decir que parece muy razonable”. Pero el papel lo aguanta todo, insiste Álava…la realidad es que luego en el día a día la situación es mucho más compleja.

El anidamiento; una forma más de convivencia

El anidamiento -esta supuesta fórmula tan beneficiosa para los niños- se puede volver en su contra, como ocurrió en el caso de Carla. Pero puede fracasar por muy diferentes motivos…uno de ellos porque no deja de ser una forma de convivencia.

Por eso, apunta la psicóloga y mediadora Alicia Navarro,” creo que esta opción solo puede tomarse de mutuo acuerdo y en el caso en que ambos miembros de la pareja estén preparados para tolerar mantener cierta relación de convivencia: no olvidemos que van a compartir un espacio aunque sea por turnos y que eso puede generar tensiones si las normas no están muy claras”.

Un detalle importantísimo -esto de no olvidar que el anidamiento sigue siendo una manera de convivencia- con el que coincide Silvia Álava, que insiste en que “muchas veces es una solución poco viable porque a nivel convivencia, aquellas cosas que nos llevaron a la separación porque la convivencia no funcionaba, todavía aún se incrementan mucho más porque el roce sigue estando ahí”.

La importancia de la buena relación de la expareja

Una de las premisas de la que hablan los expertos para que el anidamiento pueda funcionar es por tanto que la relación entra la expareja sea excepcionalmente buena.

“Tiene que ser solo en casos de familias que se lleven excepcionalmente bien y que los dos tengan el mismo grado de responsabilidad respecto a los niños y respecto a la casa para que realmente funcione, porque si no, en la vida real es muy complicado”, recalca Álava.

Para evitar conflictos, la mediadora Alicia Navarro recomienda acudir a un profesional de la salud mental que ayude a la familia a entender sus propias emociones y a un mediador que ayude a la expareja a adoptar los acuerdos necesarios y a poner sobre la mesa normas que regulen la situación; “Normas para temas muy cotidianos como por ejemplo el orden y la limpieza, o qué zonas de la casa o elementos particulares no son compartidos -como ordenadores personales, documentos, algunos armarios con enseres privados etc- o qué personas están autorizadas a entrar en la casa cuando el otro miembro no está”.Si, por ejemplo, es una separación en la que uno de los dos se ha separado pero el otro no quería, pues eso hace que se enganche todavía más a la posibilidad de volver (Silvia Álava, psicóloga)

Las dificultades económicas que vienen aparejadas al anidamiento también pueden afectar indirectamente a la estabilidad emocional de los niños. “Hay familias en las que me lo puedo permitir porque esto implica tener tres casas: una en la que que vive el niño y a la que cada uno vamos cada dos semanas y luego la semana que no estamos, cada uno tiene que tener otra casa u otro sitio donde vivir y las complicaciones económicas, pueden influir luego en la relación con el niño”, resalta Silvia Álava.

Porque los padres tendemos a volcar en nuestros hijos nuestras frustraciones y preocupaciones…

Por eso, en una separación, es importante pensar en el bienestar del niño, pero también en el de los padres. Así está emocionalmente el progenitor, así lo va a proyectar en sus hijos.

“No podemos olvidar que estamos hablando de una pareja en proceso de separación, por lo que, emocional y psicológicamente hablando, se trata de un proceso vital complejo para cada uno de los miembros de esa pareja, incluso cuando se trata de una separación por mutuo acuerdo” explica Alicia Navarro.

Un proceso que se agravaría más aún si uno de los miembros de la expareja no ha terminado de aceptar la separación.“Si, por ejemplo, es una separación en la que uno de los dos se ha separado pero el otro no quería, pues eso hace que se enganche todavía más a la posibilidad de volver, de recuperar a la pareja”, puntualiza Silvia Álava.

La importancia de la estabilidad emocional de los progenitores

Esa situación de incertidumbre, inestabilizará emocionalmente a uno de los progenitores y es muy posible que termine salpicando a los hijos.

Álava recuerda que «los adultos somos los responsables de que ese menor esté bien y hay que procurarle y darle todo lo que necesite, tanto a nivel fisiológico, de darle de comer, de llevarle al colegio, de ayudarle con los deberes, pero también a nivel emocional. Y tenemos que ver si la casa que vamos a compartir, a nivel emocional nos ayuda a nosotros a estar bien en esta situación o no. ¡Cuidado! Porque es que si resulta que yo voy a estar todo el día enfadada porque resulta que mi expareja cada vez que llego lo deja todo manga por hombro y yo lo dejo todo recogido y encima tengo que recoger lo suyo… esto puede que llegue a afectar a cómo estoy yo luego con mi hijo o con mi hija”.

Los plazos

En el caso de que la pareja cumpliera todos los requisitos para que el anidamiento funcione, Navarro incluye una premisa importante a la hora de diseñar u organizar un anidamiento: los plazos.

“Todavía no tenemos estudios al respecto, pero creo que, si la intención de anidamiento es buena, es decir, persigue maximizar el confort y el bienestar de todos, se trata de una decisión compartida por la pareja, consciente, meditada, con unos plazos lo más concretos posibles y no demasiados extensos, entonces, se pueden minimizar las consecuencias negativas a nivel emocional (…) y cuando hablo de plazos consensuados y no demasiado extensos, precisamente estoy contemplando la posibilidad de que algún miembro de la expareja -o ambos- comience una nueva relación. Creo que, en este caso, sería muy complejo mantener el anidamiento demasiado tiempo».

Creo que el anidamiento debería ser un proceso de adaptación y quizás no tanto una solución definitiva (Alicia Navarro, psicóloga y mediadora)

¿Qué solución ayuda a tener una mejor estabilidad emocional?

Ambas psicólogas insisten en que quienes tienen la responsabilidad de procurar una estabilidad emocional a los hijos son siempre los padres y las madres y son ellos quienes tienen que ver qué solución es la que ayuda a tener una mejor estabilidad emocional.

En cualquier caso, insiste Alicia Navarro, por muy bien que se alineen los astros a favor del anidamiento, es preferible tomárselo como una solución con fecha de caducidad. “Creo que un anidamiento temporal puede beneficiar a que la familia asimile poco a poco la nueva situación, quizás de una forma menos traumática, y a que los adultos puedan acordar de qué forma proseguir con su separación. Creo que el anidamiento debería ser un proceso de adaptación y quizás no tanto una solución definitiva. De hecho, su nombre, Birdnesting, recuerda a ese proceso en el que las aves cuidan de sus polluelos en el nido mientras no se valen por sí mismos para volar y alimentarse y son los adultos los que van y vienen. Pero fíjate cómo esa situación es siempre temporal».

FUENTE: NiusDiario.es

Niños responsables, niños más felices

La responsabilidad se educa, pero se aprende cuando permitimos que los niños verdaderamente interioricen y hagan propias sus obligaciones, y esto, los ayuda a ser más felices.

Por Claudia Guimaré

«¡Qué niño tan responsable y obediente!» decía mi tía Olga cuando veía un niño que para ella era merecedor de su máximo halago. Mi tía había sido maestra toda su vida, y para ella, la obediencia y la responsabilidad eran el summum de las cualidades del ser humano, especialmente en la infancia.

Para ella, ser obediente era ser responsable, porque la responsabilidad era inculcada en casa, por los padres. Y por ello, “los buenos niños” se reconocían rápidamente por obedecer sin chistar las reglas que los hacían ser ordenados, como no ensuciar la túnica, llevar los lápices con punta recién sacada en la cartuchera, no interrumpir a los mayores y hacer siempre los deberes.

Obediencia no es responsabilidad

Sin embargo, si lo pensamos un poco más, obediencia no es responsabilidad. Más aun, es todo lo contrario. Cuando obedecemos, no estamos siguiendo nuestro propio criterio. Estamos aceptando de buena gana el criterio de otro y asumiendo que tiene razón y que lo que nos sugiere debe ser la mejor opción. O en su defecto, estamos aceptando de mala gana esa indicación porque no nos queda más remedio. Pero la responsabilidad surge de la interiorización de un mandato porque nos reconocemos como los principales afectados de las consecuencias de nuestro accionar. Y sabemos por ende, que si hacemos esto, pasará esto otro. Y todos sabemos que a veces no nos basta con que otro nos adelante ese vaticinio para que nosotros lo creamos y adoptemos como propio.

Por ello, sin experimentación, sin decisión propia, sin verdadera conciencia de los resultados de nuestros actos y valorización de sus consecuencias, no podemos decir que hay genuina responsabilidad y es por esto que los niños no necesitan seguir a pie juntillas lo que se les dice. Lo que necesitan es entender de verdad y por motu propio lo que “deben” hacer ante cada situación.

El aprendizaje empieza en casa

Lo complicado es que ese aprendizaje empieza en casa desde la más tierna infancia, cuando todavía no logran imaginar cabalmente las consecuencias de sus actos por falta de experiencia: están aprendiendo. Y por eso los padres nos agarramos la cabeza cuando ante una indicación clara y simple como “no te subas ahí que te vas a caer”, el niño va corriendo a subirse y pum… se cae. Y aunque esto sea a diario para los padres un quemadero de cabeza, en el fondo sabemos bien que sólo una vez que se cayó, aprendió de verdad a que subirse ahí no es buena idea o al menos, conlleva sus riesgos.

Por eso decimos que la responsabilidad comienza en casa. Porque se la empieza a ejercitar en el día a día desde muy pequeños, mucho antes de que lleguen al jardín y sean las maestras también, quienes además de nosotros, les ayuden a desarrollar esa habilidad, ordenado juguetes y cuadernos, cuidando sus útiles y ordenando la fila para salir a jugar.

¿Y por qué los niños terminan más que obedeciendo, interiorizando estas conductas? Pues porque les hace sentir bien. Porque les hace sentir capaces. Porque les hace sentirse “grandes”. Todo lo contrario a cómo se sienten cuando se ven obligados a seguir una regla o cumplir con algo simplemente porque no tienen opción.

Cuando los hacemos responsables, genuinamente responsables, les estamos diciendo que confiamos en ellos plenamente, confiamos en sus capacidades y en su criterio. Y nada nos hace sentir mejor que eso, seamos grandes o pequeños.

Hiperpaternidad

Queremos Hijos Felices - Silvia Álava

Eva Millet, escritora, autora del libro “Hiperpaternidad” (donde habla de las consecuencias de lo que llama los padres “helicóptero), dice que cuando dejamos de hacer algo por nuestros hijos y les dejamos en libertad para hacerlo ellos, les estamos diciendo “tú puedes!” y por ende, siguiendo este silogismo, cuando por el contrario lo hacemos todo por ellos (“porque son chiquitos y no entienden aun lo que les conviene”), les estamos diciendo lo contrario, les estamos diciendo “déjame a mí que lo hago mejor” “no confío en ti para esto”. Y eso, claramente no los hace felices.

Silvia Álava, Psicóloga y autora del libro “Queremos hijos felices”, dice “la felicidad está muy ligada al sentimiento de capacidad” y sostiene que “cuando los niños no saben resolver las cosas por sí mismos, eso va en contra de su propia felicidad”; y a su vez, el psicólogo infanto-juvenil Antonio Ortuño deja claro que “la responsabilidad se lleva muy bien con dos conceptos clave: la felicidad y la inteligencia”.

¿Cómo fomentar la responsabilidad desde pequeños en casa?

Fácil de decir y difícil de hacer, aquí te dejo mis 3 principales recomendaciones para logarlo.

1. Sé el ejemplo.


El primer paso es como siempre decimos, dar el ejemplo. La semana pasada la mamá de una compañera de mi hija de la escuela me contaba que fue a hablar con la Directora para expresarle que en su familia, no eran capaces de levantarse tan temprano por lo cual su hija iba a continuar yendo una hora tarde todos los días como hasta hoy.

Más allá de las problemáticas y dinámicas de cada familia, y de que las mañanas no son fáciles en casi ningún hogar con niños pequeños, queda claro que cuando estamos educando a nuestros hijos, debemos prepararlos para el camino y no el camino a ellos.

Mostrarles desde pequeños que pueden incumplir reglas importantes como el horario de entrada porque no les queda cómodo, permitirles interrumpir la dinámica de la clase que las maestras tanto preparan, llegando a media mañana o pretender que los demás se adapten a nosotros siempre, no puede ser el camino correcto. Si nosotros no valoramos el pertenecer a un grupo y respetar sus reglas y acuerdos básicos, difícilmente nuestros hijos puedan más adelante hacerlo.

2. Permite que se equivoquen.


Hace unos días mi hija de 6 años decidió cortarse sola el cerquillo… El resultado fue una mala imitación del personaje Amelie después de volver de la guerra. Cuando le dije por qué había hecho eso sin pedir ayuda me contestó que simplemente porque ella podía sola. Y cuando le dije “pero es que así te quedó feo”, me miró y me dijo “esa es tu opinión mamá, pero acordate que es mi pelo, y a mí me gusta cómo me quedó”.

Seguramente mi madre o mi tía Olga habrían reaccionado distinto a mí en esa situación, pero la verdad es que yo, no pude más que reírme y decirle “tenés razón”. Porque al fin y al cabo la tiene. O acaso yo le consulto cómo cortarme el pelo a mi vecino de al lado y sigo su consejo aun si no me gusta su opinión? Días más tarde me dijo “en este pedacito la verdad se me fue la mano” y yo entendí que la próxima vez que quiera cortárselo, seguramente me pida ayuda, o no, pero lo haga mejor.

3. Que realmente vivan las consecuencias de sus decisiones u omisiones


Hace 15 años atrás, cuando mis hijastros eran pequeños, tuve que llevarlos un día yo al colegio. Cuando bajamos, me preguntaron dónde estaban sus mochilas puesto que ellos no las agarraban nunca, porque su madre las cargaba por ellos. Yo, en mi inexperiencia de madrastra joven y el apuro de la salida, nunca chequeé que llevasen sus mochilas porque el portafolios lo revisaba yo cada noche en casa y lo cargaba yo a la escuela.

Entonces, recuerdo que les dije “vamos a volver a casa a buscarlas y por ello yo voy a llegar tarde a mi trabajo, pero ustedes van a venir conmigo y llegarán tarde a la escuela porque las mochilas son responsabilidad de ustedes”. Mi intención no era el castigo de la llegada tarde, sino que realmente se hicieran cargo del olvido y sus consecuencias, y puedo asegurar que nunca más se olvidaron de ellas.

En el otro extremo, una amiga me decía entre risas hace poco que como habitualmente se olvidaba de ponerle postre a la hija en la lonchera, ahora su hija, de 6 años, revisa sola su mochila cada mañana antes de salir de casa para cerciorarse de que lo lleva.

El mensaje está muy claro: si sé que realmente me tengo que hacer cargo de la consecuencia de una acción, pongo atención y me encargo de hacerla.
Los niños son esponjas y aprenden a velocidad crucero. Lo que necesitan es adultos disponibles que den buenos ejemplos. Y lo que necesitamos los padres es constancia y paciencia.

CONOCÉ A NUESTRA COLUMNISTA

Claudia Guimaré

Claudia Guimaré
La socióloga uruguaya y especialista en marketing y comunicación es la fundadora de Mamá estimula. En el grupo que administra desde Argentina, comparte materiales educativos y soluciones para padres.

FUENTE: ElPais.com.uy

Claves para educar a hijos responsables, que serán más felices

¿Cómo podemos fomentar la responsabilidad en nuestros hijos? El psicólogo infanto-juvenil Antonio Ortuño deja claro que “la responsabilidad se lleva muy bien con dos conceptos clave: la felicidad y la inteligencia” y nos ofrece claves para construir esa responsabilidad día a día.

Por Educar es Todo

Seguramente cuando nuestros niños son pequeños y rebeldes desearíamos que fueran más obedientes. Pero si miramos más allá de esta primera infancia, nos daríamos cuenta de que no querríamos que nuestros hijos, el día de mañana, fueran sumisos, sino que tuvieran criterio propio y decidieran conociendo o anticipando las consecuencias de sus actos. En definitiva, seguramente querríamos que nuestros hijos fueran responsables. ¿Cómo podemos fomentar la responsabilidad en nuestros hijos? El psicólogo infanto-juvenil Antonio Ortuño deja claro que “la responsabilidad se lleva muy bien con dos conceptos clave: la felicidad y la inteligencia” y nos ofrece claves para construir esa responsabilidad día a día.

¿Por qué los hijos responsables son más felices?

Si pensamos en hijos a los que les damos todo hecho, que no tienen apenas responsabilidades ni decisiones que tomar, podríamos pensar que les estamos haciendo la vida más fácil y eso les haría felices. Incluso si pensamos en niños a los que les pedimos obediencia a nuestras normas podríamos pensar que también les estamos haciendo la vida más llevadera al dejarles bien claro qué tienen que hacer, cuándo, cómo…

Pero lo cierto es que nuestros hijos quieren ser protagonistas de su propia vida, sentirse capaces, útiles y competentes. Y que, en la medida en que se sienten capaces y protagonistas, tienen una autoestima más alta. Según Eva Millet, cuando nos resistimos al muy habitual gesto de coger a nuestros hijos “les estamos diciendo: tú puedes”. Por esa regla de tres, al no fomentar que nuestros hijos se responsabilicen de su vida les estamos diciendo: “tú no puedes”, “déjame a mí, que yo sé” o “no confío en ti”.

Lo que está claro es que los hijos responsables son capaces de tomar decisiones, de asumir riesgos y de reconocer sus propios errores. En definitiva, son más autónomos. Y, como nos dice Silvia Álava, experta que también participa en nuestra plataforma, “la felicidad está muy ligada al sentimiento de capacidad. Cuando los niños no saben resolver las cosas por sí mismos, eso va en contra de su propia felicidad”.

Hijos que aprenden a tomar decisiones

Nos recuerda Antonio Ortuño que “la responsabilidad se construye de forma progresiva. A diario tenemos multitud de ocasiones para fomentarla”. Y se fomenta la responsabilidad, especialmente, dejando tomar decisiones. Porque lo cierto es que si pretendemos la obediencia (por ejemplo, que nuestro hijo nos haga caso y ordene su habitación) no dejamos al niño margen de decisión y, si no cumple lo que ordenamos, nos enfadaremos, estaremos desbordados emocionalmente… Esta escena tan típica, dice Antonio Ortuño, “es una oportunidad perdida para educar en la responsabilidad”.

¿Cómo podríamos dar la vuelta a esta situación? Podríamos dejar que nuestro hijo decidiera si recoge o no la habitación, pero controlando las consecuencias: si recoge puede ver la tele, si no recoge no podrá verla. Pero Antonio Ortuño deja muy claro que “las emociones deben ser las mismas, decida una cosa o la otra”.

Claves para educar hijos responsables

  1.  Dejar que nuestros hijos tomen decisiones y vivan las consecuencias de sus actos. Por ejemplo, si no ha cogido el almuerzo para el colegio por mucho que se lo hayamos recordado, fomenta más su responsabilidad dejar que viva la consecuencia natural de este olvido (no tiene almuerzo) que volver corriendo a casa a cogerlo y llevárselo al colegio.
  2.  Hablar de las consecuencias que pueden tener sus actos si no cumplen una norma. Por ejemplo, si en casa creemos que no pueden ver la tele hasta que ordenen el cuarto, deberíamos dejarlo claro, explicar esa norma y su consecuencia y dejar que experimenten la consecuencia si no cumplen dicha norma.
  3.  Conversar con nuestros hijos sobre sus responsabilidades y dejarles que se hagan cargo. Educar es extenuante y más aún si tenemos que hacernos cargo de una logística que nuestros hijos pueden asumir. Para liberarnos de tanto peso, podemos decir a nuestros hijos que se deben hacer cargo de preparar la mochila con los materiales y equipación que necesitan para su extraescolar, por ejemplo natación o hockey.
  4.  Permitir que resuelvan sus pequeños problemas, debatiendo con ellos sobre posibles consecuencias o repercusiones que anticipamos para apoyarles a tomar la decisión que ellos creen más acertada. Por ejemplo, si tienen una pelea con un amigo y no saben cómo actuar con el amigo al día siguiente, podríamos hablar con ellos de las posibles alternativas y apoyarles para que elijan la que más les satisfaga.
  5.  Entender que nuestro objetivo educativo ha de ser enseñarles a elegir bien y no obedecer, y menos aún en función de nuestro desborde emocional. Esta idea nos puede ayudar a rebajar la tensión (tal vez así entendamos sus retos como formas de aprender, no como afrentas personales) y a dejar de estar detrás de ellos, porque lo que queremos es que decidan ellos mismos.

FUENTE: El Periódico de Aragón

La frase del día

La frase del día

#LaFraseDelDía «Tú puedes adaptarte al horario de los niños, pero ellos no están preparados para adaptarse al tuyo» Libro #QueremosHijosFelices

Conecta y Educa: vídeo de la entrevista

Os comparto la entrevista que realizamos con Conecta y Observa en esta sesión de Youtube en la que hablamos de niños, padres y educación:

#Vídeo ¿Cómo trabajar la comprensión emocional con los #niños?

¿Cómo trabajar la #inteligenciaemocional con los #niños?

  • Trabajando la comprensión emocional
  • Juguemos a aprender el nombre de las #emociones
  • Contaremos cuándo hemos sentido cada emoción
  • Prueba a utilizar un dado emocional

#Psicologia #educacion

“Si queremos que los niños sean felices tenemos que hacerlos autónomos, seguros y capaces” Colaboración con SerPadres.es

Las pantallas y las tecnologías llegaron a nuestras vidas para quedarse y no solo eso: cada vez tienen más protagonismo en nuestro día a día y en la de nuestros hijos, por eso, utilizarlas de forma saludable es fundamental. Hablamos de estos y otros temas con la psicóloga Silvia Álava.

Por Cristina Cantudo

Que crezcan sanos y felices. Si preguntamos a la mayoría de padres qué quieren para sus hijos, gran parte de las respuestas podrían resumirse en estas dos ideas. Para lograrlo, hábitos como hacer un buen uso de las pantallas y las tecnologías, tener un vínculo de confianza con los hijos y ayudar en el desarrollo emocional de los niños son factores claves. Silvia Álava, especialista en Psicología General Sanitaria y en Psicología Educativa, colaboradora de Empantallados.com y ponente de la sesión «Niños y pantallas: pautas de educación digital en el nuevo curso», en la Parent’s Academy de Empantallados.com y Zona from Facebook, nos da algunas recomendaciones y nos orienta en este camino en el que, como ya sabemos, las curvas están garantizadas. 

¿Cómo pueden hacer los niños un buen uso de las pantallas?

En este sentido, la experta asegura que tenemos que enseñar a los niños a hacer un buen uso de las pantallas y de las tecnologías y, como padres, somos responsables de lograrlo. Para ello es fundamental estar con nuestros hijos, no podemos dejarles con la tablet, el ordenador o el móvil e irnos, porque así no podemos supervisar en qué páginas están entrando ni qué contenidos están viendo. Tenemos que acompañarles en este uso y enseñarles cómo hacerlo.

¿Es un error prohibir que usen las nuevas tecnologías?

Silvia Álava lo tiene claro: “No podemos prohibir que usen las nuevas tecnologías porque ya sabemos que todo lo prohibido se hace más atractivo y además es imposible cumplirlo”. Los niños siempre van a tener acceso a algún móvil o a alguna nueva tecnología, por eso, prohibirlo no tiene sentido, lo que se debe hacer es acompañarles y educarles en el correcto uso de las mismas.

La introducción de las tecnologías en el aula

Son muchos los centros en los que las nuevas tecnologías se han introducido de pleno en las aulas, ya que pueden aportar grandes beneficios para el aprendizaje, por ejemplo, en este aspecto la experta recalca que el proceso de atención sostenida lo hace la pantalla. Además el feedback es inmediato y el niño se hace más responsable de su propio aprendizaje. Eso sí, la figura del maestro sigue siendo fundamental: “El maestro es el encargado de transmitir conocimiento, de fomentar la curiosidad y de incentivar las ganas de los niños de aprender”. Además, Silvia Álava también explica que la figura del profesor es fundamental para enseñar a discernir entre lo que es un hecho y una opinión, ya que Internet está lleno de opiniones y, hoy en día, con las nuevas tecnologías, es fundamental trabajar el sentido crítico, ya que en la red hay información que está muy bien, pero otra mucha que no es veraz.

Límites y normas

Los niños necesitan límites y normas. Hay padres que piensan que poner límites o normas a los niños puede hacer que se anule su personalidad, pero eso es un error, ya que les ayudan a adquirir autonomía. La experta en psicología educativa señala que es clave que los progenitores se junten y se pongan de acuerdo para establecer las normas y poner dónde está el límite. También da algunas pautas para hacerlo: las normas deben ser muy pocas, estar adecuadas a la edad del niño y a sus características y preferiblemente debemos enunciarlas en positivo. “Las normas deben ser pocas, adecuadas a la edad del niño y debemos enunciarlas en positivo”

Preocupación ante el fácil acceso a pornografía…

Actualmente los niños tienen fácil acceso a la pornografía desde edades tempranas y esto es algo que preocupa a muchos padres. Silvia Álava tiene claro que ante esto, el arma fundamental es la educación: “Hay que hacer una educación afectivo-sexual desde que son pequeñitos, porque si en casa ven que no van a tener la respuesta a su inquietud la van a buscar en Internet y se van a encontrar con sexo y pornografía”. Los menores no van a acceder a una educación afectivo-sexual saludable, van a encontrar pornografía, que no suele tener asociada ningún tipo de valores. “Hay que perder el miedo, tenemos que ir haciendo esa educación afectivo-sexual desde que son pequeños, adaptando el contenido a su edad y que vean que en nosotros van a encontrar cualquier respuesta que necesiten, que pueden preguntarnos cualquier cosa”, explica Álava.

Hay muchos riesgos en el consumo temprano de pornografía, pero sobre todo el problema es que cuando llegan a la adolescencia, al momento de mantener esas relaciones afectivo-sexuales con sus iguales, piensan que la pornografía es real: “ Creen que los que sale en las películas porno es lo que les gusta a los hombres o a las mujeres en realidad y esto no suele ser así, porque además, en la pornografía, la mujer es un mero objeto que no disfruta y que está para darle placer al hombre”, lamenta la experta. Por eso es fundamental incidir en esta educación y lanzarles el mensaje de que deben respetar su cuerpo y el de los demás. 

¿Cómo hablar de sexo con los hijos?

“Es la pregunta del millón, lo primero de todo es perder el miedo y darle cierta naturalidad. Un pequeño truco, si nos resulta complicado hablar de ello, podemos hacerlo mientras estamos haciendo otra cosa, por ejemplo, mientras estamos preparando una ensalada o un bizcocho. De este modo, si nos cuesta mantener la mirada, podemos desviarla”. Sin embargo, la experta matiza que este es un truco para aproximarnos al tema, pero que debemos ponerlo sobre la mesa para evitar que lo busquen en Internet y en la pornografía.

¿Cómo crear un vínculo de confianza con nuestros hijos?

Parece que en algunos casos nos entran las “prisas” para crear ese vínculo cuando llega la adolescencia y vemos que es un momento peligroso para nuestros hijos tengan acceso a pornografía, drogas, etc. pero realmente hay que intentar crear ese vínculo desde que son pequeños. “Es importante crear un espacio en el que estemos juntos y nos veamos la cara, los ojos, para analizar la información que nos están dando de lo que están sintiendo los niños”, aconseja Alava. También recomienda reservar un tiempo para poder hablar, como aprovechar el rato de la comida, la cena o el desayuno y dejar los dispositivos electrónicos fuera de este tiempo y de ese espacio. “Somos los adultos los primeros que tenemos que explicar cómo nos sentimos y aportar de nuestra vida”, concluye la experta.

Desarrollo emocional

Los padres tenemos un papel fundamental en el desarrollo emocional de nuestros hijos. En el día a día, en casa, la relación con los padres, con los hermanos y con la familia es fundamental para este desarrollo. A veces los padres somos el mayor enemigo de la inteligencia emocional cuando caemos en un estilo de educación sobreprotector: “Cuando estamos demasiado encima, no les dejamos que hagan las cosas para las que sí están preparados, no les permitimos sentir emociones desagradables ante determinados momentos o que se frustren porque lo van a pasar mal, y con esto, sin querer, estamos impidiendo que se desarrolle correctamente la inteligencia emocional”, argumenta la psicóloga.

Crear hábitos saludables

Los niños necesitan hábitos saludables y nosotros somos el espejo en el que se miran, por eso es tan importante que demos ejemplo: “Los niños nos copian en todo momento, por eso muy difícil que tu hijo o tu hija tenga hábitos saludables si tú no los tienes, eres el primero que tiene que comer sano, no sirve de nada llegar, que haya una comida para los niños con fruta y verdura y luego nosotros comer otra cosa. Tenemos que comer todos de forma sana”, recomienda Álava.

Otro factor muy importante es el ciclo de sueño: muchos niños no duermen las horas necesarias: “En España los niños tienden a dormir poquísimo, muchas menos horas de las que son recomendables. Tienen que estar a su hora en la cama” asegura la experta. También aconseja tratar de prescindir de aquellas actividades que sean secundarias para que no nos sirvan como excusa para que los niños se acuesten más tarde por falta de tiempo. Debemos tener en cuenta que si no duermen lo recomendable, cuesta mucho que se levanten e incluso están más irascibles durante el día.

Cómo criar hijos felices

El mayor deseo de todos los padres es que sus hijos sean felices, todos queremos ser felices, pero debemos tener cuidado porque a veces nos equivocamos: “Crear una burbuja de felicidad en la que tratemos de dárselo todo, comprárselo todo, evitar que sufran en todo momento, va en contra. Si queremos que los niños sean felices tenemos que hacerlos autónomos, tenemos que hacerlos seguros, capaces y tenemos que saber que ellos sienten que ante la mínima dificultad van a saber responder o que pueden acudir al adulto cuando no sepan, pero no hacerles tan “blanditos” de pensar que ante cualquier problema ellos no saben y se arrugan, porque eso va en contra de su felicidad”.

Educando en valores

Es fundamental que los valores estén presentes en la educación, cada familia tiene que pararse a pensar cuáles son los valores que quieren inculcar a sus hijos: “Los valores son las guías, los topes del camino que indican cuándo me estoy saliendo, algo que me dice que eso va en contra de mis valores. Cada uno que piense cuáles son, pero yo sí recomendaría, como psicóloga, que el respeto debe estar presente, porque si conseguimos una sociedad en la que todos nos respetemos con independencia de las opiniones que tengamos, de la religión o de la raza, vamos a conseguir una sociedad mucho más justa y sentirnos todos mucho mejor”, concluye Silvia Álava.

*Parent’s Academy de Empantallados.com y Zona from Facebook: cada mes en Madrid tiene lugar una Masterclass con un experto en educación digital: una sesión con un enfoque muy práctico que poder aplicar en el día a día. Más información sobre próximas sesiones en: empantallados.com/madrid

Para leer el artículo completo y ver el vídeo de la entrevista pincha aquí: serpadres.es

Así conseguirás que tus hijos sean felices. Colaboración con el diario El País

Hablamos sobre la importancia de la educación emocional a raíz del libro de cuentos infantiles publicado por Anna Morató.

Anna Morató resume en cuentos infantiles pautas para potenciar en los niños valores como la autoestima o la tolerancia a la frustración.

Escrito por Celia López

La felicidad se enseña y si se empieza desde la infancia, mucho mejor. Con este objetivo, la escritora Anna Morató ha publicado De mayor quiero ser feliz (Beascoa) en el que trata emociones como el enfado, la empatía y el valor del esfuerzo. Por ejemplo, para explicar la importancia de ponerse en el lugar de otros, una niña se transforma en otra al ponerse sus zapatos y siente todas sus emociones. “Utilizo metáforas visuales para que los niños entiendan conceptos que son complejos. Hay que transmitirles que al final son ellos los que deciden cómo reaccionar ante lo que les pasa en la vida, por eso todos los relatos terminan igual: tú decides”.

Antes de hacerse escritora y tener hijos, Morató trabajó en el sector del marketing y enseñaba a los directivos a manejarse ante la adversidad. «Cuando me quedé embarazada de mi primera hija, me preocupaba mucho cómo transmitirle valores positivos. Quería que estuviera preparada para las dificultades con las que se iba a encontrar en la vida y los cuentos son la mejor herramienta para hacerlo», explica. Así que utilizó su experiencia laboral para hacer «presentaciones» con dibujos para explicarles por qué había que recoger los juguetes o que había que despedirse del parque hasta día siguiente y no estar tristes porque nos íbamos a casa…

En su libro, Morató insiste en enseñar a los niños a tener autoestima y también a obviar los comentarios negativos que otros amigos o compañeros les digan. «Pero también resalto en las historias que, además de no hacer caso a los insultos, tienen que decírselo a sus padres o profesores, para poder poner freno al acoso», explica.

Morató recomienda que docentes y progenitores hablen mucho con los niños y estén muy pendientes de cómo se comportan para detectar si están sufriendo bullying. «Hay veces que los niños están en una situación de vulnerabilidad, pero no saben lo que les pasa y no son capaces de ponerle palabras. Por eso hay que hablar mucho con ellos y estar pendientes de si están desanimados o no tienen ganas de ir a clase», dice. El próximo libro de Morató versará sobre el compañerismo y la forma de evitar el acoso escolar. «Hay que hacer ver a los acosadores que ellos también son perjudicados por las burlas que hacen. Una persona que insulta a otros es porque no se siente bien consigo mismo», afirma. 

El hilo conductor de todos los relatos de Morató es enseñar a los niños que la felicidad no viene dada por los juguetes que tengan ni por las cosas que les sucedan. «En una sociedad materialista y consumista hay que enseñar a nuestros hijos que la felicidad depende de sus decisiones y no de lo material», dice la autora. Morató defiende que hay que enseñar a los niños a esforzarse para conseguir las cosas que están a su alcance y que no deben preocuparse por aquellas que están fuera de su control, por lo que también hay que saber prepararles para la frustración.

La importancia de la educación emocional

La psicóloga infantil Silvia Álava explica que es muy importante potenciar en los menores la educación emocional. “Los beneficios están demostrados científicamente. Los niños que aprenden a controlar sus sentimientos toman mejores decisiones a lo largo de su vida”, afirma. Aunque los padres y la familia representan el entorno más cercano para este tipo de aprendizaje, Álava afirma que es positivo que en los colegios se incluya algún tipo de enseñanza de los sentimientos. “Está comprobado que cuando hay intervenciones en las aulas con profesionales cualificados se reducen los casos de acoso escolar”, explica. La experta también hace hincapié en la importancia de potenciar la autoestima de los niños para favorecer su autonomía. «Nunca debemos exigirles a nuestros hijos cosas que no están a su alcance ni debemos compararlos con otros menores, pero sí hay que transmitirles el valor del esfuerzo», concluye. 

FUENTE: Diario El País: De mámás y Papás

Queremos hijos felices: lo que nunca nos enseñaron de 0 a 6 años

24448_CUB_QueremosHijosFelices_3ed.inddCuando las familias llegan a nuestro centro de psicología, nos dice, con cierta resignación e ironía: “¡Es que los niños no vienen con manual de instrucciones! No sabemos cómo actuar ante muchas situaciones, si lo hacemos bien o mal”, o “Lo hemos probado todo, pero nada funciona”.

Con este libro buscamos mejorar la calidad de vida en el día a día de las familias, que sepan cómo enfocar y resolver los problemas de sus hijos, mediante un asesoramiento claro y concreto, fruto de nuestra experiencia profesional, y que tanto padres como hijos se sientan mejor y sean más felices. Por eso hemos ido recogiendo, en orden cronológico, las situaciones a las que se enfrentarán desde el nacimiento del niño o la niña hasta los seis años, haciendo especial hincapié en trasmitir a los niños valores como la tolerancia, el perdón, el esfuerzo, la compasión, el agradecimiento, el trabajo diario y la constancia… Entonces serán más felices.

Libro Queremos Hijos Felices