Las pantallas están desplazando experiencias importantes para los adolescentes

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Las pantallas están desplazando experiencias importantes para los adolescentes

La salud mental en la adolescencia es una de las grandes preocupaciones actuales de las familias, los centros educativos y los profesionales de la psicología. La ansiedad, el estrés, la soledad y las dificultades para gestionar las emociones forman parte de una realidad que requiere atención, prevención y acompañamiento.

Pero ¿qué está poniendo a prueba el bienestar psicológico de los adolescentes? ¿Qué papel desempeñan las pantallas, las redes sociales, el descanso y las relaciones personales? ¿Cómo podemos ayudarles desde casa?

En una entrevista publicada en Mujeres&Cía, la doctora en Psicología Silvia Álava reflexiona sobre los principales retos que afronta esta generación y advierte de la importancia de mirar más allá de una única causa. Las dificultades de salud mental no pueden explicarse exclusivamente por el uso de la tecnología: es necesario comprender cómo se relacionan los hábitos cotidianos, el entorno social y las necesidades propias de esta etapa del desarrollo.

¿Por qué es tan importante cuidar la salud mental durante la adolescencia?

La adolescencia es una etapa fundamental para la construcción de la identidad personal. Durante estos años, los jóvenes empiezan a preguntarse quiénes son, qué quieren, cómo desean relacionarse con los demás y qué lugar ocupan en su entorno.

También se producen cambios importantes en el desarrollo cerebral, emocional y social. Los adolescentes necesitan ganar autonomía, sentirse parte de un grupo, experimentar y aprender a tomar decisiones. Al mismo tiempo, todavía están desarrollando habilidades relacionadas con la planificación, el control de los impulsos y la regulación emocional.

Esta combinación hace que puedan vivir algunas situaciones con especial intensidad. La aceptación de sus iguales, la imagen que tienen de sí mismos, el rendimiento académico o el miedo a quedarse fuera del grupo pueden adquirir una importancia considerable.

Por eso, cuidar la salud mental adolescente no consiste únicamente en intervenir cuando aparece un problema psicológico. También implica favorecer unas condiciones de vida que permitan a los jóvenes desarrollarse, construir relaciones saludables y adquirir recursos para afrontar las dificultades.

Pantallas y salud mental adolescente: ¿qué relación existe?

Cuando hablamos de salud mental y adolescentes, las pantallas suelen ocupar el centro del debate. Sin embargo, es importante evitar las explicaciones simplistas. Como señala Silvia Álava, encontrar una asociación entre dos fenómenos no significa necesariamente que uno sea la causa directa del otro. La relación entre el uso de dispositivos electrónicos y el bienestar psicológico es compleja y debe analizarse teniendo en cuenta diferentes factores: cuánto tiempo se utilizan, para qué se usan, qué actividades desplazan y cómo afectan a la vida cotidiana.

Más que preguntarnos únicamente cuántas horas pasan los adolescentes delante de una pantalla, conviene observar qué está dejando de ocurrir cuando el uso de la tecnología ocupa demasiado espacio. ¿Están durmiendo lo suficiente? ¿Tienen tiempo para estar con sus amigos en persona? ¿Practican deporte? ¿Pueden aburrirse, reflexionar y descubrir qué les gusta? ¿Disponen de momentos sin estímulos constantes?

Estas preguntas ayudan a entender mejor el impacto que determinados hábitos digitales pueden tener en el desarrollo.

La importancia de proteger el sueño

Uno de los aspectos que merece especial atención es el descanso. Dormir las horas necesarias resulta fundamental para la salud física, el aprendizaje, la memoria y la regulación emocional. Sin embargo, algunos adolescentes retrasan la hora de acostarse para seguir utilizando el móvil, consultar las redes sociales, jugar o responder mensajes. Otros se despiertan durante la noche para mirar las notificaciones.

Cuando el uso de dispositivos reduce las horas de sueño o interfiere en su calidad, puede aumentar la irritabilidad, dificultar la concentración y complicar la gestión de las emociones. Por ello, una de las medidas más útiles para proteger la salud mental adolescente es establecer hábitos de descanso adecuados. Mantener horarios regulares, reducir el uso de pantallas antes de dormir y evitar que el móvil permanezca junto a la cama pueden ayudar a mejorar el descanso. No se trata de imponer normas sin explicación, sino de que los adolescentes comprendan por qué dormir bien es una necesidad y no un premio que pueden sacrificar cuando tienen otras prioridades.

¿Qué experiencias pueden estar desplazando las pantallas?

Las pantallas están desplazando experiencias importantes para los adolescentes

La reflexión de Silvia Álava va más allá del tiempo de exposición a los dispositivos. También invita a pensar en las experiencias que niños y adolescentes necesitan para desarrollarse emocionalmente. Durante la infancia, el juego permite explorar el entorno, expresar emociones, imaginar situaciones y aprender a relacionarse. En la adolescencia, los momentos de conversación, reflexión y convivencia contribuyen a construir la identidad y a elaborar las experiencias vividas. Cuando cada espacio libre se llena de contenido digital, pueden reducirse las oportunidades para desarrollar estas habilidades.

Los adolescentes necesitan tiempo para pensar, hablar, relacionarse y descubrir quiénes son más allá de lo que ven en una pantalla.

Los momentos de tranquilidad también son importantes. No siempre es necesario estar entretenidos, recibir estímulos o consultar el móvil. Aburrirse de vez en cuando puede favorecer la creatividad, la iniciativa y la búsqueda de nuevas actividades. Por eso, resulta recomendable que las familias promuevan alternativas atractivas: practicar deporte, pasear, cocinar juntos, leer, realizar actividades culturales o quedar con amigos sin que toda la experiencia gire alrededor del teléfono. El objetivo no es eliminar la tecnología de sus vidas, sino ayudarles a utilizarla de manera equilibrada, sin que sustituya otras experiencias necesarias para su desarrollo.

Redes sociales, comparación y presión sobre la autoestima

Las redes sociales han ampliado las posibilidades de comunicación, pero también pueden intensificar la comparación social. Durante la adolescencia, la pertenencia al grupo y la aceptación de los iguales tienen un peso importante. Los comentarios, las visualizaciones, los seguidores y los «me gusta» pueden convertirse en indicadores que algunos jóvenes utilizan para valorar su popularidad o su atractivo. Además, las redes muestran con frecuencia versiones seleccionadas de la realidad: fotografías retocadas, experiencias extraordinarias, cuerpos idealizados o momentos felices que no reflejan toda la vida de una persona.

Un adolescente puede comparar su día a día, con sus dudas y dificultades, con la imagen aparentemente perfecta que otra persona comparte en internet. Esa comparación puede alimentar la sensación de no ser suficientemente atractivo, interesante o exitoso. Para ayudarles, es importante trabajar el pensamiento crítico y recordarles que lo que vemos en las redes sociales no representa necesariamente la realidad completa de quienes publican contenido. También conviene hablar abiertamente sobre cómo se sienten después de utilizar determinadas aplicaciones. ¿Se sienten acompañados o más solos? ¿Disfrutan de lo que ven o terminan comparándose? ¿Pueden desconectar o sienten la necesidad de comprobar constantemente qué está pasando? Estas conversaciones permiten detectar hábitos poco saludables y fomentar una relación más consciente con la tecnología.

Si la pantalla lo invade todo y no dejamos esos espacios para la introspección, pues también se puede ver perjudicada la salud mental

Aprender a tolerar la frustración y desarrollar la paciencia

Otro de los retos de la adolescencia es aprender a gestionar la frustración. Esperar, aceptar un límite, afrontar una decepción o asumir que algo no sale como queremos son experiencias que forman parte del desarrollo emocional. La tecnología permite obtener respuestas y estímulos de manera casi inmediata. Cuando esta inmediatez se convierte en la norma, puede resultar más difícil aceptar determinadas esperas o situaciones que no dependen de nosotros. No significa que los adolescentes sean menos capaces de tolerar la frustración por naturaleza, sino que necesitan oportunidades para practicar esta habilidad.

Las familias pueden ayudar evitando resolver inmediatamente todas las dificultades. Si un adolescente se enfrenta a un problema, podemos escucharle, validar cómo se siente y acompañarle en la búsqueda de soluciones, sin asumir automáticamente la responsabilidad de resolverlo por él. También es importante permitir que experimente las consecuencias proporcionadas de sus decisiones. Si se gasta todo el dinero disponible antes de final de mes, si no organiza el tiempo para estudiar o si se compromete con más actividades de las que puede atender, podemos ayudarle a reflexionar sobre lo sucedido y a encontrar alternativas para la próxima ocasión.

Aprender a tolerar la frustración no significa evitar el malestar, sino desarrollar herramientas para afrontarlo sin rendirse ni depender siempre de que otra persona resuelva la situación.

Soledad y relaciones personales: estar conectados no siempre significa sentirse acompañados

Las redes sociales permiten mantener el contacto con otras personas, pero la conexión digital no garantiza que exista una sensación de cercanía o pertenencia. Un adolescente puede tener muchos contactos y, al mismo tiempo, sentirse solo. También puede estar pendiente de las conversaciones de su grupo y experimentar miedo a quedarse fuera de lo que hacen los demás. Las relaciones presenciales ofrecen oportunidades para desarrollar habilidades sociales, interpretar gestos y expresiones, escuchar, negociar, resolver desacuerdos y reparar conflictos. Son experiencias que ayudan a construir vínculos más sólidos y a comprender mejor las emociones propias y ajenas. Por ello, es recomendable facilitar espacios de relación fuera del entorno digital. No basta con preguntar a los adolescentes cuánto tiempo pasan con el móvil; también debemos interesarnos por cómo se encuentran con sus amigos, si se sienten aceptados y si tienen personas de confianza con las que hablar.

En casa, mantener momentos compartidos sin pantallas puede favorecer la comunicación. Comer juntos cuando sea posible, dar un paseo o conversar antes de dormir son oportunidades para estar disponibles y demostrar interés por lo que les ocurre. No siempre hablarán cuando los adultos queremos. En ocasiones necesitarán tiempo. Lo importante es que sepan que pueden acercarse a nosotros sin miedo a ser juzgados.

¿Cómo pueden las familias proteger la salud mental adolescente?

Aunque no podemos controlar todas las circunstancias que afectan a nuestros hijos, sí podemos contribuir a crear un entorno que favorezca su bienestar psicológico. Estas son algunas recomendaciones prácticas:

  1. Priorizar el descanso. Establecer horarios razonables, cuidar las rutinas nocturnas y evitar que las pantallas interrumpan el sueño.
  2. Acordar límites digitales claros. Las normas sobre el uso del móvil funcionan mejor cuando son coherentes, se explican y se adaptan a la edad y las necesidades del adolescente. Los adultos también deben dar ejemplo.
  3. Favorecer las relaciones presenciales. Facilitar que queden con amigos, participen en actividades grupales y compartan tiempo con otras personas de su entorno.
  4. Dejar espacio para el ocio y el aburrimiento. Una agenda constantemente ocupada puede aumentar el estrés y reducir las oportunidades para descansar, jugar o explorar intereses propios.
  5. No sobreproteger. Acompañar no significa evitarles todas las dificultades. Los adolescentes necesitan practicar la toma de decisiones, asumir responsabilidades y comprobar que pueden afrontar determinados problemas.
  6. Hablar de las emociones sin juzgar. En lugar de restar importancia a lo que sienten con frases como «no es para tanto», podemos preguntar qué ha ocurrido, cómo lo están viviendo y qué necesitan.
  7. Estar atentos a los cambios persistentes. Las alteraciones del sueño, el aislamiento, la irritabilidad intensa o la pérdida de interés por actividades habituales merecen atención, especialmente cuando se mantienen en el tiempo o interfieren en la vida cotidiana.

Si el malestar es intenso, persiste o afecta de manera significativa a los estudios, las relaciones o el funcionamiento diario, conviene consultar con un profesional de la salud mental. Pedir ayuda a tiempo es una forma de prevención y cuidado.

Cuidado con la falta de sueño. Cuidado con la falta de vínculos y que se sientan solos. Cuidado con llenarles mucho las agendas y que sientan todo ese estrés de forma crónica

Salud mental adolescente: menos alarmismo y más prevención

La adolescencia es una etapa de cambios y aprendizajes. No todas las dificultades son señales de un trastorno psicológico, pero tampoco debemos minimizar el sufrimiento de los jóvenes ni atribuirlo todo a una supuesta crisis propia de la edad. Como plantea Silvia Álava, es importante comprender los factores que pueden influir en el bienestar adolescente sin buscar una única explicación. El sueño, las relaciones personales, la presión social, el uso de pantallas y las oportunidades para desarrollar autonomía forman parte de un contexto que merece nuestra atención.

Las pantallas no son necesariamente perjudiciales en sí mismas. El reto consiste en evitar que ocupen tanto espacio que desplacen experiencias fundamentales para el desarrollo emocional y social. Proteger la salud mental de los adolescentes significa cuidar sus hábitos, fortalecer los vínculos, favorecer su autonomía y ofrecerles adultos disponibles a los que puedan acudir cuando lo necesiten.

No podemos evitar que nuestros hijos se enfrenten a dificultades, decepciones o frustraciones. Sí podemos ayudarles a desarrollar los recursos necesarios para afrontarlas, aprender de ellas y construir una identidad propia .La prevención empieza mucho antes de que aparezca un problema: en la calidad de las relaciones, en el descanso, en la educación emocional y en las oportunidades que ofrecemos a los adolescentes para aprender a desenvolverse en el mundo real.

Artículo elaborado a partir de las reflexiones de Silvia Álava en su entrevista para Mujeres&Cía sobre salud mental adolescente, pantallas y los retos del bienestar psicológico en esta etapa.

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Me llamo Silvia Álava, nací en Valladolid, aunque hace más de veinte años que vivo en Madrid. Soy Doctora y licenciada en Psicología por la Universidad Autónoma en Madrid.

Especialista en Psicología General Sanitaria y en Psicología Educativa estoy acreditada por el Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid como Psicóloga Educativa, y soy Psicólogo acreditado para el ejercicio de actividades sanitarias en el Registro de Centros Sanitarios de la Comunidad de Madrid.