Ya estamos en octubre: ¿por qué seguimos agotados?

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Ya estamos en octubre: ¿por qué seguimos agotados?

Septiembre suele asociarse a la vuelta a la rutina: recuperar horarios, volver al trabajo, llevar a los niños al colegio, organizar las actividades extraescolares y retomar las obligaciones que durante el verano habíamos dejado en segundo plano.

Es normal que los primeros días nos encontremos más cansados, con menos energía o con cierta dificultad para volver a nuestro ritmo habitual. El cuerpo y la mente necesitan un periodo de adaptación después de un cambio de horarios y rutinas.

Pero llega octubre y seguimos agotados, y entonces aparece la pregunta: ¿por qué sigo cansado si ya debería haberme acostumbrado a la rutina? Si el cansancio persiste, quizá haya que mirar más allá de la vuelta de vacaciones.

No todo el cansancio es “por volver a la rutina”

Cuando retomamos el trabajo después de las vacaciones, podemos sentir fatiga durante un tiempo. Dormimos a horas diferentes, tenemos que volver a madrugar, aumenta la carga de responsabilidades y desaparecen algunos espacios de descanso y desconexión. Sin embargo, no deberíamos asumir automáticamente que cualquier cansancio prolongado se debe a la vuelta al trabajo o al colegio.

Si han pasado varias semanas y seguimos sintiéndonos agotados, sin energía, irritables o con la sensación de que no llegamos a todo, puede ser interesante preguntarnos qué está ocurriendo realmente en nuestra vida cotidiana. Porque quizá el problema no sea septiembre, quizá septiembre simplemente ha puesto de manifiesto un nivel de sobrecarga que ya estaba ahí.

¿Estamos descansando realmente?

Ya estamos en octubre: ¿por qué seguimos agotados?

Una de las primeras preguntas que podemos hacernos es muy sencilla: ¿estamos descansando?

Dormir unas horas no siempre equivale a descansar bien. Podemos acostarnos tarde porque todavía tenemos cosas pendientes, despertarnos durante la noche, dormir menos de lo que necesitamos o levantarnos pensando ya en todo lo que tenemos que hacer. Pero también podemos estar durmiendo aparentemente suficientes horas y pasar el resto del día en un estado de activación constante. Responder mensajes, consultar el correo, resolver problemas, atender a los hijos, organizar la casa, cumplir con el trabajo y estar permanentemente pendientes de lo que queda por hacer dificulta la desconexión.

El descanso no consiste únicamente en parar físicamente. También necesitamos espacios de recuperación mental.

Cuando nuestra agenda no deja espacio para nosotros

Otro factor importante es la cantidad de obligaciones que acumulamos. Después del verano podemos intentar recuperar todo de golpe: trabajo, deporte, actividades de los niños, compromisos sociales, tareas domésticas, objetivos personales… Y nuestra agenda vuelve a llenarse rápidamente. El problema aparece cuando no dejamos ningún espacio vacío.

Necesitamos momentos sin obligaciones, sin productividad y sin tener que conseguir nada. Espacios para pasear, leer, escuchar música, estar con las personas que queremos o simplemente no hacer nada. Descansar no es perder el tiempo. Es una necesidad para que nuestro organismo pueda recuperarse.

La carga mental también agota

En muchas ocasiones, el cansancio no procede únicamente de lo que hacemos, sino de todo aquello que estamos pensando constantemente. Recordar citas, organizar comidas, anticipar necesidades, gestionar horarios, pensar en el trabajo pendiente, recordar que hay que comprar material escolar o planificar la semana… Esta carga mental puede mantenernos en un estado de preocupación y vigilancia continua. Aunque estemos sentados en el sofá, nuestra cabeza puede seguir trabajando. Por eso, para entender por qué estamos agotados, también conviene preguntarnos:

¿Cuánto tiempo llevo sintiendo que tengo demasiadas cosas en la cabeza?

El estrés sostenido también consume recursos

Cuando vivimos durante mucho tiempo con estrés, nuestro organismo permanece preparado para responder a las demandas. Una situación puntual de estrés puede ser adaptativa. El problema aparece cuando la activación se mantiene durante demasiado tiempo y no tenemos suficientes momentos de recuperación. Podemos empezar a notar:

  • Cansancio constante.
  • Irritabilidad.
  • Dificultades para concentrarnos.
  • Menor tolerancia a la frustración.
  • Sensación de estar desbordados.
  • Problemas para desconectar.
  • Alteraciones del sueño.
  • Falta de motivación.
  • Sensación de no disfrutar de las cosas que antes nos gustaban.

No significa necesariamente que tengamos un trastorno psicológico. Son señales que indican que conviene prestar atención a cómo estamos viviendo.

¿Estamos intentando llegar a todo?

Una pregunta especialmente útil es esta: ¿Qué pasaría si dejáramos de intentar hacerlo todo?

A veces el agotamiento se mantiene porque seguimos funcionando con una exigencia muy elevada. Queremos trabajar bien, cuidar de nuestros hijos, mantener la casa organizada, hacer deporte, comer saludable, quedar con amigos, avanzar profesionalmente, tener tiempo para nuestra pareja y, además, encontrar tiempo para nosotros mismos. La cuestión no es renunciar a todo, es entender que no podemos mantener todas las áreas de nuestra vida al máximo de exigencia al mismo tiempo. En determinados momentos tendremos que priorizar, y priorizar también significa aceptar que algunas cosas quedarán para después.

La irritabilidad puede ser una señal de cansancio

Cuando estamos agotados, nuestra capacidad de autorregulación puede disminuir. Tenemos menos recursos para gestionar pequeñas frustraciones y podemos reaccionar con más irritabilidad ante situaciones que normalmente toleraríamos mejor. Por eso, si nos descubrimos contestando mal, perdiendo la paciencia con facilidad o sintiendo que cualquier pequeño problema nos supera, puede ser útil preguntarnos:

“¿Estoy enfadado o estoy agotado?”

A veces necesitamos trabajar la regulación emocional, pero otras veces necesitamos algo mucho más básico: descansar y reducir la sobrecarga.

¿Qué podemos hacer si seguimos agotados en octubre?

No existe una única solución, pero sí podemos revisar algunos aspectos de nuestra rutina.

1. Revisar el sueño

Intentemos mantener horarios regulares y proteger las horas de descanso. Si existen dificultades persistentes para dormir o descansar, conviene consultar con un profesional sanitario.

2. Reducir compromisos

Preguntémonos qué actividades son realmente necesarias y cuáles podemos posponer, delegar o eliminar.

3. Reservar espacios de recuperación

No esperemos a “tener tiempo”. Si no protegemos esos espacios, es probable que desaparezcan.

4. Aprender a delegar

En casa y en el trabajo, no todo tiene que depender de nosotros.

5. Poner límites

Decir “no” a determinadas demandas también puede ser una forma de cuidar nuestra salud.

6. Revisar nuestras expectativas

Quizá estamos intentando recuperar en pocas semanas todo lo que queremos conseguir durante el año. Los objetivos necesitan tiempo.

7. Escuchar las señales de nuestro cuerpo y nuestra mente

El cansancio persistente merece atención, especialmente cuando se acompaña de otros síntomas o interfiere de manera significativa en nuestra vida cotidiana.

¿Cuándo conviene pedir ayuda?

Si el cansancio es intenso, persiste en el tiempo, afecta al sueño, al estado de ánimo, al trabajo o a nuestras relaciones, es importante no normalizarlo automáticamente como “estrés”. También es recomendable consultar con un profesional sanitario para descartar posibles causas físicas cuando el cansancio es persistente o inexplicable.

Y desde el punto de vista psicológico, pedir ayuda puede ser útil cuando sentimos que no estamos pudiendo gestionar la carga que tenemos encima o no encontramos la manera de recuperar nuestro bienestar. No hace falta esperar a estar al límite.

Octubre puede ser un buen momento para revisar, no para aguantar

Quizá septiembre nos ha permitido volver a la rutina, pero octubre puede ofrecernos algo más importante: la oportunidad de observar cómo estamos realmente. Si seguimos agotados, en lugar de repetirnos “ya se me pasará”, podemos preguntarnos:

¿Qué está ocurriendo en mi vida que está haciendo que me sienta así?

¿Estoy durmiendo suficiente?
¿Tengo demasiadas obligaciones?
¿Estoy soportando una carga mental excesiva?
¿Me cuesta desconectar del trabajo?
¿Estoy intentando llegar a todo?
¿Estoy dejando espacio para descansar y disfrutar?
¿Necesito pedir ayuda?

El objetivo no es acostumbrarnos al agotamiento. El cansancio puede ser una señal que nos invita a revisar nuestro ritmo de vida, nuestras prioridades y nuestras necesidades.

Porque quizá no necesitamos esperar a que llegue diciembre para parar. A veces, lo que necesitamos en octubre no es hacer más, es aprender a hacer espacio para recuperarnos.

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Me llamo Silvia Álava, nací en Valladolid, aunque hace más de veinte años que vivo en Madrid. Soy Doctora y licenciada en Psicología por la Universidad Autónoma en Madrid.

Especialista en Psicología General Sanitaria y en Psicología Educativa estoy acreditada por el Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid como Psicóloga Educativa, y soy Psicólogo acreditado para el ejercicio de actividades sanitarias en el Registro de Centros Sanitarios de la Comunidad de Madrid.