Doomscrolling: por qué leer malas noticias sin parar puede aumentar nuestra ansiedad

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Doomscrolling: por qué leer malas noticias sin parar puede aumentar nuestra ansiedad.

Abrir el móvil para consultar una noticia y terminar veinte minutos después deslizando el dedo por una sucesión interminable de titulares, vídeos y publicaciones. Muchas veces sabemos que lo que estamos leyendo nos genera preocupación, tristeza o ansiedad, pero aun así seguimos buscando más información.

Este comportamiento tiene un nombre: doomscrolling. Se utiliza para describir el consumo prolongado y repetitivo de contenidos, especialmente noticias negativas, incluso cuando sabemos que nos están haciendo sentir peor.

Hablamos sobre este fenómeno, que no tiene tanto que ver con una falta de voluntad, como con la propia manera en la que están diseñadas las plataformas digitales y con la forma en que nuestro cerebro procesa la información relacionada con las amenazas.

¿Qué es el doomscrolling y por qué nos engancha?

El doomscrolling consiste en permanecer durante largos periodos de tiempo consumiendo información negativa en internet: guerras, catástrofes, crisis, accidentes, conflictos, problemas económicos o cualquier otro contenido que genere preocupación. El problema no está en informarse. Estar informado y hacer doomscrolling no son lo mismo.

Cuando buscamos conscientemente una información concreta, tenemos un objetivo y, una vez conseguido, podemos cerrar la aplicación. En cambio, el doomscrolling suele ser un consumo automático, rápido y repetitivo. Leemos un titular, encontramos otro, seguimos deslizando y nuestro cerebro recibe continuamente nuevos estímulos.

¿Por qué resulta tan difícil parar?

Porque la información negativa tiene una capacidad especial para captar nuestra atención. Desde una perspectiva evolutiva, nuestro cerebro presta especial atención a aquello que puede representar una amenaza. Necesitamos detectar posibles peligros para poder protegernos.

“las cosas negativas tienen una capacidad especial para captarlo porque nuestro cerebro prioriza esa información como diciendo: ‘Esto es muy importante’”.

El problema aparece cuando esta respuesta, útil ante una amenaza concreta, se mantiene activada durante horas a través del teléfono móvil.

Más información no significa necesariamente más control

Doomscrolling: por qué leer malas noticias sin parar puede aumentar nuestra ansiedad

Uno de los mecanismos psicológicos que pueden mantener el doomscrolling es la búsqueda de control frente a la incertidumbre. Cuando ocurre algo que nos preocupa, podemos pensar que necesitamos saber más para sentirnos tranquilos. Buscamos una noticia, después otra, comprobamos las redes sociales, leemos comentarios y volvemos a actualizar la información.

Durante unos instantes podemos sentir que estamos haciendo algo útil: estamos informándonos, pero la sensación de control dura poco, aparece una nueva duda y necesitamos volver a buscar información. Se genera así un círculo difícil de cerrar:

incertidumbre → búsqueda de información → alivio momentáneo → nueva incertidumbre → más búsqueda.

Muchas informaciones están construidas para captar nuestra atención y generar la sensación de que cuanto más sabemos, mayor será nuestro control. Sin embargo, tener más datos no significa necesariamente tener más control. Aprender a tolerar cierta incertidumbre es, por tanto, una habilidad psicológica importante.

¿Cómo afecta el doomscrolling a nuestra salud mental?

Cuando nuestro consumo de información está formado mayoritariamente por contenidos negativos, podemos terminar construyendo una visión de la realidad más amenazante de lo que realmente es. Esto no significa que las noticias negativas sean falsas ni que debamos ignorar lo que sucede en el mundo. El problema aparece cuando nuestra exposición es constante y no dejamos espacio para desconectar, procesar la información y recuperar la calma.

La exposición continuada a sucesos alarmantes puede mantener al organismo en una respuesta de estrés elevada. Esto puede favorecer irritabilidad, ansiedad, tristeza, sensación de impotencia y rumiación, además de dificultar la concentración y el sueño. También puede afectar a nuestra capacidad para regular las emociones. Si pasamos buena parte del día recibiendo estímulos emocionalmente intensos, nuestro sistema nervioso tiene menos oportunidades para volver a un estado de calma. Por eso, el problema no es únicamente cuánto tiempo pasamos con el móvil, sino qué tipo de información estamos consumiendo y cómo nos está afectando.

¿Hay personas más vulnerables al doomscrolling?

Cualquiera puede desarrollar este hábito, especialmente si utiliza las redes sociales durante mucho tiempo. Sin embargo, hay determinadas circunstancias que pueden aumentar la vulnerabilidad. Las personas que atraviesan momentos de estrés, soledad o incertidumbre pueden utilizar la búsqueda constante de información como una forma de intentar recuperar el control. También pueden tener más dificultades aquellas personas con tendencia a la ansiedad o a la rumiación. La empatía y una elevada sensibilidad también pueden hacer que determinadas noticias se vivan con mayor intensidad. Si no existen límites adecuados, la exposición continua puede tener un mayor coste emocional.

Además, podemos destacar una cuestión especialmente relevante en relación con las madres: la presión por estar informadas, anticipar riesgos y conocer todas las necesidades de los demás puede convertirse en una búsqueda de perfección que termine generando autoexigencia, frustración, agotamiento y culpa.

Cómo saber si estamos haciendo doomscrolling

Una pregunta sencilla puede ayudarnos: ¿estoy buscando información porque necesito saber algo concreto o estoy deslizando sin un objetivo claro? Algunas señales de alerta son:

  • Revisar las noticias repetidamente aunque ya sepamos lo ocurrido.
  • Sentir ansiedad y, aun así, continuar leyendo.
  • Pasar más tiempo del que habíamos previsto con el móvil.
  • Saltar de una noticia negativa a otra.
  • Buscar información para reducir la incertidumbre y sentir que nunca es suficiente.
  • Tener dificultades para desconectar después de consultar las redes.
  • Notar que el consumo de noticias afecta a nuestro sueño, concentración o estado de ánimo.

Reconocer el patrón es el primer paso para poder modificarlo.

¿Cómo podemos reducir el doomscrolling?

No se trata de dejar de informarnos ni de vivir al margen de lo que ocurre. Se trata de recuperar un consumo consciente de la información. Podemos empezar por algunas estrategias sencillas:

1. Preguntarnos para qué estamos entrando

Antes de abrir una red social o una aplicación de noticias, podemos preguntarnos: ¿qué quiero saber? Si no existe un objetivo concreto, quizá simplemente estamos buscando una estimulación rápida o intentando aliviar una sensación de incertidumbre.

2. Establecer momentos concretos para informarnos

En lugar de consultar continuamente las noticias, podemos reservar determinados momentos del día para hacerlo, esto permite mantenernos informados sin permanecer permanentemente conectados.

3. Identificar qué contenidos nos activan

No todas las personas reaccionamos igual ante la misma información. Si determinados contenidos nos generan una elevada ansiedad, podemos limitar nuestra exposición y evitar consumirlos especialmente antes de dormir.

4. Aprender a tolerar la incertidumbre

No siempre vamos a saber qué va a ocurrir. Y seguir buscando información no elimina necesariamente esa incertidumbre. Una parte importante del bienestar psicológico consiste precisamente en aprender a convivir con aquello que no podemos controlar.

5. Recuperar espacios sin pantalla

Caminar, practicar ejercicio, leer, conversar, escuchar música o simplemente descansar sin estímulos digitales son formas de permitir que nuestro cerebro salga del estado de alerta.

6. Recordar que informarse no implica poder solucionarlo todo

Podemos estar informados sobre un problema y, al mismo tiempo, aceptar que no está en nuestras manos resolverlo inmediatamente. La pregunta clave que propone Silvia Álava es especialmente útil: “¿Para qué la consumimos, qué podemos hacer con ellas y cuándo necesitamos poner límites?”

Informarse sí, vivir permanentemente en alerta no

La tecnología nos permite acceder a una cantidad de información que hace unas décadas habría resultado inimaginable. Esto tiene enormes ventajas, pero también requiere desarrollar nuevas habilidades de autorregulación.

El objetivo no es dejar de leer malas noticias. Es aprender a decidir cuándo, cuánto y para qué las consumimos.

Nuestro cerebro necesita información, pero también necesita descanso, seguridad y momentos en los que no tenga que estar buscando continuamente el siguiente estímulo, porque más información no siempre significa más tranquilidad, y conocer todos los detalles de una situación no siempre nos permite controlarla.

A veces, cuidar nuestra salud mental también significa saber cuándo cerrar el móvil.

FUENTE: ELESPANOL.COM

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Me llamo Silvia Álava, nací en Valladolid, aunque hace más de veinte años que vivo en Madrid. Soy Doctora y licenciada en Psicología por la Universidad Autónoma en Madrid.

Especialista en Psicología General Sanitaria y en Psicología Educativa estoy acreditada por el Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid como Psicóloga Educativa, y soy Psicólogo acreditado para el ejercicio de actividades sanitarias en el Registro de Centros Sanitarios de la Comunidad de Madrid.