3 pasos para pensar antes, durante y después de utilizar la IA

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3 pasos para pensar antes, durante y después de utilizar la Inteligencia Artificial.

La inteligencia artificial ha cambiado nuestra relación con la información. Hoy podemos obtener en cuestión de segundos un resumen, una explicación, una lista de ideas o incluso una respuesta elaborada a casi cualquier pregunta. Esta posibilidad tiene enormes ventajas, pero también plantea un reto psicológico importante: ¿Qué ocurre cuando tenemos la posibilidad de delegar cada vez más esfuerzo mental en una herramienta externa?

La cuestión no es estar a favor o en contra de la inteligencia artificial. La IA puede ser una herramienta extraordinariamente útil para aprender, trabajar, organizar información y explorar nuevas perspectivas. El verdadero desafío consiste en aprender a utilizarla sin perder nuestra capacidad de reflexión, pensamiento crítico y toma de decisiones. Porque recibir una respuesta no es lo mismo que pensar.

La velocidad no siempre favorece al pensamiento

Nuestro cerebro está diseñado para ahorrar energía. Cuando puede resolver una situación de manera rápida y sencilla, tiende a hacerlo. Esto es adaptativo: no necesitamos analizar profundamente cada decisión cotidiana. El problema aparece cuando esa búsqueda de la respuesta rápida se convierte en nuestro modo habitual de relacionarnos con la información.

Ante una duda podemos buscar inmediatamente la respuesta. Ante una decisión podemos pedir que alguien (o una inteligencia artificial) nos diga qué hacer. Ante un tema complejo podemos leer un resumen en lugar de profundizar en él.

Y poco a poco podemos pasar de preguntarnos:

“¿Qué pienso yo sobre esto?”

a preguntarnos:

“¿Cuál es la respuesta correcta?”

Son preguntas diferentes. Pensar implica, muchas veces, tolerar la incertidumbre, aceptar que no sabemos algo, comparar diferentes posibilidades y permanecer durante un tiempo con una pregunta sin resolver. No siempre es cómodo y, precisamente por eso, requiere práctica.

La inteligencia artificial puede reducir mucho ese esfuerzo. Y ahí está su enorme utilidad, pero también uno de sus riesgos: que utilicemos la herramienta no para ampliar nuestro pensamiento, sino para evitarlo.

La IA no debería sustituir nuestra capacidad de reflexión

Utilizar inteligencia artificial no significa necesariamente pensar menos. Todo depende de cómo la utilicemos. Podemos pedir a una IA que nos dé una respuesta cerrada y aceptarla sin cuestionarla. O podemos utilizarla para ampliar nuestro análisis, detectar aspectos que no habíamos considerado, plantearnos preguntas nuevas o conocer argumentos diferentes. La diferencia es fundamental.

Una buena utilización de la IA debería ayudarnos a pasar de la posición de consumidores pasivos de información a la de personas activamente implicadas en la construcción de sus propias ideas. Para ello, podemos utilizar una sencilla estrategia de tres pasos.

Tres pasos para pensar antes, durante y después de utilizar la IA

1. ¿Qué pienso yo?

Antes de consultar a una inteligencia artificial sobre una cuestión importante, podemos dedicar unos minutos a pensar por nuestra cuenta. Preguntarnos:

  • ¿Qué opinión tengo sobre este tema?
  • ¿Qué creo que está ocurriendo?
  • ¿Qué información tengo ya?
  • ¿Qué es lo que más me preocupa?
  • ¿Qué considero importante?

No se trata de acertar. Se trata de posicionarnos. Si consultamos primero a la IA, corremos el riesgo de que su respuesta se convierta en nuestro punto de partida. En cambio, si primero elaboramos nuestra propia hipótesis, podremos comparar posteriormente nuestra perspectiva con la información que nos proporciona la herramienta.

2. ¿Qué puedo estar pasando por alto?

Después sí podemos utilizar la IA para ampliar nuestra mirada. Podemos preguntarle, por ejemplo:

  • ¿Qué aspectos no estoy teniendo en cuenta?
  • ¿Qué argumentos podrían defender una posición diferente?
  • ¿Qué errores puede contener mi planteamiento?
  • ¿Qué información sería importante conocer?
  • ¿Qué alternativas existen?

Aquí la inteligencia artificial puede convertirse en una herramienta muy interesante para estimular el pensamiento crítico, en lugar de sustituirlo. Nos permite encontrar perspectivas diferentes y cuestionar nuestras propias conclusiones.

3. ¿Qué pienso ahora?

Finalmente, volvemos a nosotros. Después de haber incorporado nueva información, podemos preguntarnos:

¿Ha cambiado mi opinión? ¿Qué sigo pensando? ¿Qué dudas tengo? ¿Qué conclusión puedo defender y por qué?

Este tercer paso es fundamental porque evita que la IA sea quien tome la decisión por nosotros. La respuesta final no tiene que coincidir necesariamente con lo que nos haya proporcionado la herramienta. De hecho, puede ser diferente. Lo importante es que la conclusión sea nuestra.

Pensamiento crítico e inteligencia artificial: una habilidad cada vez más necesaria

En un entorno en el que cada vez tenemos acceso a más información, saber pensar críticamente es más importante que nunca. No basta con encontrar información. Tenemos que aprender a preguntarnos:

¿Es fiable? ¿De dónde procede? ¿Qué evidencia existe? ¿Qué intereses puede haber detrás? ¿Qué otras explicaciones son posibles?

Esto resulta especialmente relevante en niños y adolescentes. Si desde pequeños acostumbramos a los menores a obtener inmediatamente una respuesta cada vez que aparece una dificultad, podemos estar perdiendo oportunidades para que desarrollen estrategias propias de resolución de problemas. Por eso, cuando un niño pregunta algo, no siempre tenemos que darle inmediatamente la respuesta. En muchas ocasiones puede ser más educativo devolverle una pregunta:

“¿Tú qué crees?” o “¿Cómo podríamos averiguarlo?”

La finalidad no es dificultarles las cosas innecesariamente, sino enseñarles que pensar también es un proceso y que no todas las preguntas necesitan una respuesta inmediata.

La importancia de tolerar el “no sé”

Vivimos en una cultura que valora enormemente la rapidez. Queremos respuestas rápidas, soluciones rápidas y resultados rápidos, sin embargo, aprender a decir “no lo sé todavía” es una habilidad psicológica importante. Pensar requiere tiempo. Algunas decisiones necesitan madurar. Algunas cuestiones son complejas y no tienen una respuesta sencilla.

La inteligencia artificial puede ayudarnos precisamente a explorar esa complejidad, siempre que no la utilicemos para eliminarla, porque una respuesta rápida no siempre es una buena respuesta.

No se trata de rechazar la tecnología

El objetivo no debería ser volver atrás ni renunciar a las herramientas de inteligencia artificial. Eso no sería realista ni necesariamente beneficioso, la cuestión es aprender a convivir con ellas de una forma saludable.

Podemos utilizar la IA para ahorrar tiempo en tareas mecánicas, organizar información, generar alternativas, aprender conceptos nuevos o descubrir perspectivas diferentes. Pero debemos reservar determinados espacios para leer, escribir, conversar, reflexionar y tomar decisiones sin delegar automáticamente el proceso mental.

En definitiva, necesitamos aprender a alternar entre velocidad y pausa, entre pedir ayuda y resolver por nosotros mismos, entre recibir respuestas y formular preguntas.

Pensar también es cuidar nuestra autonomía

Hay una dimensión psicológica especialmente importante en todo esto: pensar por nosotros mismos está relacionado con nuestra sensación de autonomía. Cuando sentimos que nuestras decisiones son propias, que comprendemos por qué pensamos de determinada manera y que podemos revisar nuestras ideas, tenemos una mayor sensación de control sobre nuestra vida. Por eso, en la era de la inteligencia artificial, el reto no consiste únicamente en aprender a utilizar una nueva tecnología. También consiste en proteger nuestra capacidad para decidir, cuestionar, reflexionar y construir nuestro propio criterio. La IA puede ampliar nuestra mente, pero no debería convertirse en un sustituto de ella.

Una pequeña práctica para el día a día

La próxima vez que tengas que tomar una decisión importante o quieras conocer la respuesta a una cuestión compleja, prueba a hacer una pausa antes de consultar a la IA.

Pregúntate:

1. ¿Qué pienso yo?
2. ¿Qué podría estar pasando por alto?
3. Después de informarme, ¿qué pienso ahora?

Son solo tres preguntas, pero pueden ayudarnos a mantener algo esencial en un mundo de respuestas instantáneas: la capacidad de pensar con calma y formar un criterio propio.

Porque utilizar bien la inteligencia artificial no significa dejar de pensar, significa aprender a pensar mejor con ella.

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Me llamo Silvia Álava, nací en Valladolid, aunque hace más de veinte años que vivo en Madrid. Soy Doctora y licenciada en Psicología por la Universidad Autónoma en Madrid.

Especialista en Psicología General Sanitaria y en Psicología Educativa estoy acreditada por el Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid como Psicóloga Educativa, y soy Psicólogo acreditado para el ejercicio de actividades sanitarias en el Registro de Centros Sanitarios de la Comunidad de Madrid.