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¿Cuáles son los principales problemas de salud mental que presentan los profesionales de la Odontología y qué medidas implementar en la clínica para evitarlos?

La salud mental desempeña un papel fundamental dentro de nuestras vidas y por lo tanto también en el ámbito de funcionamientos de la clínica dental, tanto por parte de los profesionales que la integran, como de los propios pacientes. Conscientes de la importancia de este tema hemos charlado con Patricia Merino, redactora de Gaceta Dental, y el Dr. Simón Pardiñas identificando los principales problemas de salud mental que presentan los profesionales de la Odontología, sus síntomas y cómo empezar a detectarlos; las causas por las que surgen y el perfil tipo de profesional más proclive a padecerlos.

Además hemos hablado sobre cómo proceder en caso de tener que tratar a un paciente con problemas dentales o con miedo al dentista…

Silvia Álava es doctora en Psicología Clínica y de la Salud, especialista en Psicología General Sanitaria y en Psicología Educativa. Con más de 20 años de experiencia en el área infanto-juvenil, la Dra. Álava es una reconocida divulgadora y colabora habitualmente con distintos medios de comunicación.

El Dr. Simón Pardiñas, Patricia Merino y la Dra. Silvia Álava.

¿Quieres escuchar un podcast distinto? No te pierdas GDentalk, el nuevo programa de salud bucodental, donde los invitados hablan sobre temas de interés, no solo para los profesionales de la Odontología, sino también para los pacientes.

¿Tienen tus hijos miedo o ansiedad? Podcast de la mano de Padres de Alto Rendimiento

Ansiedad entre niños y jóvenes

Nos enfrentamos a un gran reto en este momento: los datos alarmantes sobre ansiedad en nuestra población. No porque sea una problemática de nueva aparición sino más bien por la prevalencia tan alta y, sobre todo, por la incidencia cada vez mayor en niños y jóvenes.

Claves para ponernos en alerta

La doctora en psicología y escritora Silvia Álava Sordo nos aclara en este capítulo cuáles son las claves para ponernos en alerta si nuestros hijos comienzan a presentar signos que nos hagan pensar en un cuadro de ansiedad. Nos muestra con suma claridad la diferencia entre situaciones que se pueden considerar normales (no patológicas) de aquellas que ya necesitan una ayuda por parte de profesionales de la salud mental, además de insistir en aquellos aspectos que previenen y protegen a la población infantojuvenil de sufrir un problema de ansiedad.

La responsabilidad de los adultos

Una vez más, como se hace referencia en otros episodios, unos adultos sanos, conscientes y responsables, facilitan que los niños y jóvenes que dependen de ellos tengan menos probabilidades de sufrir situaciones de este tipo y, en caso de tenerlas, también cuentan con apoyo antes de que cristalice como trastorno.

A nadie se le escapa que la sociedad que estamos construyendo no ayuda mucho en el crecimiento y desarrollo sano de los menores. A pesar de poner cada vez más la atención en la protección a la infancia, los resultados no son muy alentadores. Aún así, la Dra. Álava nos da alguna pista de cómo podemos minimizar estos efectos en nuestra familia. Tenemos por tanto la responsabilidad de cuidarnos y de cuidarlos, un reto que se impone cada vez más.

Recuerda que puedes enviar tus sugerencias y opiniones a padresdealtorendimiento@gmail.com o por Whatsapp al 630630207.

Música: THOR, DIOS DEL TRUENO Autor: JOAN ALFARAS CALVO Copyright 2021 por EMB-BoileauMusic Violonchelo: SIRA JIMÉNEZ DE LA TORRE Letra: LAURA GONÁLEZ ORTIZ Edición: NELLA SALAS

FUENTE: Padres de Alto Rendimiento

Entrevista en El País: “Somos un poco hipócritas cuando celebramos Halloween y nos disfrazamos, pero no hablamos de la muerte con los niños”

Disfrazarse ayuda a los más pequeños a despertar su imaginación y a ser más creativos y empáticos. Una fiesta en la que también hay que respetar sus gustos y que es buena idea aprovechar para que conozcan por qué se celebra el Día de Todos los Santos.

Por CAROLINA GARCÍA

Halloween está a la vuelta de la esquina

Brujas. Arañas. Fantasmas. Calabazas. Halloween está a la vuelta de la esquina y muchos niños y niñas viven con emoción esta fiesta, porque se van a disfrazar y en el colegio será un día diferente. ¿Pero conocen los niños el verdadero significado de esta celebración importada de Estados Unidos y que ha cogido cada vez más fuerza en los últimos años? ¿Qué ha ocurrido con nuestro Día de Todos los Santos? Silvia Álava Sordo, psicóloga infantil y autora de libros como ¿Por qué no soy feliz? Vive y disfruta sin complicarte la vida o El arte de educar jugando, es de la opinión que se está perdiendo la finalidad de este día: que abuelos, padres e hijos convivan con la nostalgia y la muerte.

“Efectivamente, Halloween es una celebración que no es nuestra, sino importada, y que ha dejado de lado nuestro Día de Todos los Santos, en el que vamos a los cementerios, llevamos flores y encendemos velas por nuestros seres queridos.

 Y creo que somos muy hipócritas, porque celebramos este día y nos disfrazamos, pero no hablamos de la muerte con los niños”.

Álava se refiere al hecho de que muchos padres y madres no hacen partícipes a sus hijos de todo el ritual que conlleva el 1 de noviembre en España. “Parece una broma, pero no sucede solo ese día. Hay progenitores que son incapaces de lidiar con la muerte, que continuamente alejan a sus hijos de los hospitales, de los tanatorios e, incluso, de la enfermedad. Y esto está mal porque la muerte es parte de la vida, y este día puede ser una buena oportunidad para recordar a aquellos que ya no están”, añade.

“Hemos importado toda esa parafernalia del disfraz de Halloween, disfraces de zombis, de brujas, de esqueletos, pero luego se nos ha olvidado toda la parte más emocional”,

incide. Para ella, esa parte emocional es hablar de la muerte con los niños: “Que entiendan que morir forma parte de la vida. Aunque es cierto que hasta los seis años los menores no entienden la idea del no retorno, el que si mueres ya no vuelves —la experta se refiere a la edad en la que el desarrollo cerebral empieza entender que vivimos y morimos―”.

Álava cree que es una buena idea explicarles que, además de la ilusión de disfrazarse en Halloween porque se lo van a pasar fenomenal con sus amigos, existe el 1 de noviembre, un día en el que en España nos acordamos de las personas que ya no están con nosotros: “A lo mejor, es un buen momento, por ejemplo, para acordarse de ese abuelito que falleció este año, viendo todos juntos sus fotos y contándole historias sobre su vida, pero no desde la tristeza, sino desde la nostalgia. Transmitiéndole que, obviamente, le echamos de menos, pero estamos agradecidos del tiempo que hemos pasado con él”. En definitiva, dice, “importar una fiesta extranjera es genial, pero no perdamos la nuestra”.

Halloween ha llegado para quedarse, ¿qué disfraz escojo?

Pero la fiesta de Halloween está claro que ha llegado para quedarse. Según se acerca el 31 de octubre, fecha de su celebración (aunque los colegios ya han empezado a festejarlo estos días), los niños cada vez están más emocionados con que llegue el día para convertirse en vampiro, bruja o momia. En cuanto a los disfraces que deberían elegir, Álava Sordo es tajante en señalar que no se usen máscaras, sobre todo si los niños son pequeños: “No es solo porque no se les ve la cara, sino también porque les puede agobiar y hacer que respiren mal”. Además, hay menores a los que les da miedo ir de vampiros, brujas o esqueletos: “Lo mejor en estas situaciones es explicarles qué es Halloween, la parte más lúdica de la Noche de los Muertos, como son las vestimentas, las calabazas o el truco o trato —ir de casa en casa pidiendo chucherías—, y preguntarles si lo entienden y cómo quieren participar. A lo mejor quieren ir disfrazados de otra cosa. Y también está bien”.

¿Comprar el disfraz o hacerlo en casa?

Durante estos días a menudo también se da el debate entre padres y madres de si es mejor o peor comprar un disfraz o hacerlo en casa. “En mi opinión, es mejor hacerlo”, asegura convencida Álava. Pero no se refiere a que los padres y las madres estén cosiendo por las noches, sino a hacerlo involucrando a los niños, creando un momento de creatividad en familia: “Podemos coger simplemente cartulinas, gomas, las cosas que tenemos por casa, e ir construyéndolo poco a poco todos juntos”. La psicóloga quiere dejar claro que no se trata de ganar un concurso, y que el objetivo es hacer algo divertido, aunque no quede tan espectacular como un superdisfraz comprado. “Además, con este tipo de actividades se aprende a trabajar en equipo, y el menor se va a sentir mucho más implicado”.

Eso sí, Álava incide en que en las clases debe haber consenso a la hora de elegir entre un disfraz comprado o uno hecho: “Obviamente, puede que haya en el aula algún niño o niña que su familia no pueda comprarlo. Conocer la situación individual de cada menor es esencial, para que así el docente pueda alabar el esfuerzo y la creatividad del niño y su familia. Y, sobre todo, no se trata de quién tiene el mejor o el peor disfraz, es un momento de cohesión del grupo, para pasarlo bien, un día en el que hacemos cosas distintas”.

Tener en cuenta los gustos de los niños y niñas

Normalmente, y sobre todo en Educación Infantil, hay una tendencia a que los profesores elijan el tema del disfraz para que todos los niños vayan iguales: todos brujas, todos calabazas, todos arañas, etcétera. En opinión de Álava, es importante que los docentes tengan en cuenta los gustos de sus alumnos y que elijan disfraces que estos puedan entender: “Una buena idea sería que todos vayan de animales, de profesiones que son fáciles de representar y, en este caso, de Halloween, pues de momias o brujas. ¿Qué es lo que un niño no va a entender? Pues que se decida que vayan todos, por ejemplo, de la década de los ochenta o de una película de terror concreta”. Además, y según explica, los profesores deberían ser comprensibles con que un niño acuda a clase con algo diferente, aunque no estuviera previsto: “No pasa nada. Nos divertimos igual”.

“Hay niños a los que les encanta disfrazarse, pero hay otros a los que no”,

prosigue la también escritora. “Y en estas situaciones hay que respetar su opinión, hay que entender que no quiera hacerlo”. En conclusión: no hay que obligarle ni convencerle para que lo haga, a pesar de la presión que pueda ejercer sobre él que el resto de la clase sí lo vaya a hacer. Álava añade que, en estos casos, lo mejor es explicarle bien al menor lo que se va a encontrar cuando llegue al colegio el día que toque disfrazarse: “Hay que avisarle de que todos van a ir caracterizados menos él, y que tal vez tenga que responder preguntas de sus compañeros o de la comunidad escolar. Hay que advertirle también que puede que se sienta un poco raro al ser el único que va diferente”. La psicóloga sugiere que se le puede proponer comprar o hacer un disfraz juntos los días anteriores por si cambia de opinión o, incluso, meterlo en la mochila por si acaso: “Con su permiso, claro. Hay que informarle”.

Los beneficios de disfrazarse

“Los padres y madres deben saber que disfrazarse va más allá de que nuestro hijo se vista de su personaje favorito en Carnavales o Halloween. Cuando un niño lo hace, está interpretando un rol, está jugando. Y no me refiero solo a los atuendos que se compran en las tiendas; el menor lo hace en cualquier época del año, sin excusas y con cualquier cosa. Puede usar papel, trapos, telas o la ropa de mamá o papá. Todo vale”. Y sus beneficios son muchos.

Según explica la experta, este tipo de juego simbólico —actividad espontánea en la que los pequeños utilizan su capacidad mental para recrear un escenario como entretenimiento— fomenta la creatividad, la imaginación y la empatía: “A veces, no es fácil entender los sentimientos de los otros, y los disfraces pueden ayudar a los niños a entender situaciones que no les son conocidas; les ayudan a crear y vivir diferentes personajes y, además, lo hacen pasándoselo bien”.

¿Qué hacer si tu hijo tiene miedo a Halloween?

Halloween es también una fecha que puede asustar a muchos niños, sobre todo a los más pequeños, a los que puede no gustarles una fiesta que se relaciona con brujas, fantasmas, monstruos y villanos. La psicopedagoga Sonia López Iglesias resume lo que se puede hacer en esos casos con estas cinco pautas: 

  1. No hay que obligar a los niños a disfrazarse o a estar en contacto con personas disfrazadas si no lo desean.
  2. Lo primero que se debería hacer es explicarles en qué consiste la fiesta, de dónde proviene y asegurarnos que entienden que todo lo que pasa en ella no es real (por ejemplo, que una persona muerta no puede resucitar).
  3. Se pueden utilizar cuentos que traten la diferencia entre la realidad y la ficción y sobre cómo afrontar el miedo.
  4. No se debe ridiculizarles si muestran miedo; deben sentir que se valida su emoción y la acompañamos con calma y respeto.
  5. Podemos proponerles que nos disfracemos juntos para que sea mucho más divertido, o hacer alguna receta de cocina relacionada con el tema.  

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El 44% de los niños mantiene el miedo a la pandemia tras la eliminación de las mascarillas

Se han incrementando los trastornos de ansiedad, de bajo estado de ánimo y de depresión. También de estrés postraumático.

Carrera y abrazo de mamá. El mejor refugio de Lucas, de quien nos cuentan que sigue temeroso a quitarse la mascarilla, incluso haciendo deporte al aire libre.

Se la baja un poquito para nosotros, pero como el 44% de los niños encuestados, mantiene un miedo de la pandemia. «Miedo a que entre el bichito», confiesa. Por eso, asegura que sigue llevando la mascarilla en clase.

Al 45% de nuestros niños la pandemia les ha tocado la salud mental. Silvia Álava, Psicóloga, asegura que se han incrementando los trastornos de ansiedad, de bajo estado de ánimo y de depresión. También de estrés postraumático. Nerea, alumna, confiesa que estaba un poco preocupada por la gente que se estaba muriendo.

Estos son niños más tristes, el 36% lo está. Así lo recoge la encuesta de la guía AIJU, realizada a 600 niños de entre 3 y 12 años. Más enfadado, como el 53%. En el mismo porcentaje han aumentado los niños que se sienten más ansiosos y más aburridos. Y el 34% ha adquirido un nuevo tono pesimista tan poco propio de ellos. Así lo asegura un padre de familia, quien confiesa que su hijo le soltaba frase como: «No comprendéis los problemas de mi vida».

Ya lo vieron venir los profesores de los más pequeños los primeros días. Sagrario Peña, maestra, explica que hacía mucho tiempo que no veía mordiscos, empujones y manotazos. Al no saber poner palabras a lo que sienten, lo hace a través de su conducta. Es lo que los psicólogos llaman conductas disruptivas, explica Álava. «Me peleo, me chincho con mi hermano, empiezo a protestar…», añade.

En la empatía, la buena terapia. Peña asegura que en cuanto los más pequeños se sienten queridos, sus conductas cambian. También es necesario recuperar las relaciones a través del juego y del trabajo en equipo, pues supone un gran salto para ellos.

Fin de la mascarilla en interiores: «Una parte importante de la población va a sentir miedo»

El fin de las mascarillas tiene fecha: a partir del próximo 19 de abril no será obligatoria. Una liberación para muchos y un temor para otros. La psicóloga Silvia Álava nos explica que la retirada de las mascarillas tendrá un impacto psicológico: «hay gente que ha utilizado la mascarilla como un mecanismo de defensa para tapar complejos. Se han acrecentado las inseguridades, pero es importante que nos mostremos tal y como somos realmente». Álava habla sobre que las mascarillas pueden ser un foco de bullying y generar comportamientos difíciles de gestionar. Para ello, propone fomentar la comunicación y trabajar desde el respeto y la empatía. «Necesitamos tiempo para adaptarnos a la nueva situación y darnos tiempo para validar».

La psicóloga Silvia Álava ha asegurado en el Canal 24 Horas que «una parte importante de la población va a sentir mucho miedo» ante el fin de la mascarilla en interiores, que está previsto para el próximo 20 de abril, y «va a esperar un poco a quitársela, para ver que no sube realmente la incidencia, y cuando vea que se está controlando será cuando se la quiten». Sin embargo, esta especialista ha matizado que muchas otras personas «lo van a vivir como una liberación».

Para estas personas más temerosas, esta especialista recomienda «ir poco a poco», y empezar a quitarse la mascarilla cuando estén en un sitio en el que hay menos gente, o con la ventana abierta… «Pequeños factores que nos pueden dar seguridad para después ir incrementando más el número de tiempo que estamos sin la mascarilla puesta», asegura.

«Nos tenemos que dar tiempo para adaptarnos a la nueva situación y para validar las emociones que nos va a generar esta nueva situación», ha manifestado.

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Hablamos del miedo a quedarnos sin comida en Ya Es Mediodía

Os comparto mi participación en el programa Ya Es Mediodía de Tele5 en el hablamos sobre ese impulso que nuevamente se repite en España y que nos lleva a ver imágenes de supermercados con estanterías vacías.

La vacunación en los niños

Las vacunas en los niños ¿Te da miedo vacunar a tus hijos?

Este año ha sido el año de las vacunas, ahora toca el turno de los más pequeños, y es el momento en el que los padres y las madres tienen que tomar la decisión, y lo primero que tienes que saber es que es normal tener dudas, sentir dudas a la hora de tomar una decisión en la que no controlamos todas las variables… En este vídeo te hablamos de todo ello y de las situaciones que podemos encontrarnos a partir de las diferentes decisiones que tomemos….

¿Sabes por qué es tan malo educar desde el miedo?

Por ROCÍO NAVARRO MACÍAS

Para muchos padres palabras como miedo, castigo o amenazas están ligadas con la educación. Tradicionalmente, la manera de criar a los niños se ha asociado con estos factores que, aunque pueden dar resultado en el corto plazo, tienen efectos negativos en los pequeños. Interferir en el desarrollo emocional saludable y anular su capacidad crítica son algunos de los más destacables. “El miedo es una emoción muy primitiva que nos sirve para sobrevivir. Pero también puede ser aprendido. Los padres temerosos y autoritarios hacen a sus hijos temerosos y dependientes o, por el contrario, autoritarios. En este último caso sería solo una forma de hacerse valer, ya que son grandes dependientes con una enorme inseguridad”, comparte el psicólogo infantil Antonio Labanda.

Pero los problemas no acaban aquí. Algunos progenitores relacionan esta forma de educación basada en la autoridad y la amenaza con el respeto. Aunque nada tienen que ver la una con la otra. “Educar desde el respeto, la tolerancia y la empatía son aspectos importantes para que nuestros hijos crezcan con la mayor autonomía, la máxima independencia y con autoconcepto, queriéndose a sí mismos y a los demás”, comenta Labanda. En estos modelos la intimidación y el miedo se sustituye por el diálogo y el establecimiento de normas bien explicadas. “Esto hace que tengamos un camino recorrido para que sean maduros, responsables y capaces de tomar decisiones por ellos mismos”, continúa el psicólogo.

¿Cómo saber si educas desde el miedo?

El miedo siempre lleva implícito una amenaza. En la práctica, se identifica a través de indicaciones como “si te no te comes el plato, te quedarás sin jugar”. Intimidar es una de las características de la educación desde el miedo, también conocida como modelo autoritario. “Este sistema busca la autoridad sin tener en cuenta al otro. Ese planteamiento de normas consigue un efecto de dependencia del niño al adulto o bien hace que se rebele contra la autoridad y provoca un comportamiento agresivo”, explica Labanda.

Por su parte, Silvia Álava, especialista en psicología educativa, lo relaciona con frases como “Me voy a enfadar muchísimo, si…” o “Vas a perder la tablet, si…”. “Es una técnica similar a las utilizadas para adultos en las campañas contra el tabaquismo o el alcohol y sabemos que no funciona”, comparte Álava. En niños, las amenazas pueden provocar un cambio, pero no está motivado por el convencimiento. “Es importante instaurar conductas que sean más saludables desde el convencimiento, no desde el miedo de que me vaya a pasar algo malo. Por ejemplo: “conviene lavarse las manos para no tener virus” o “conviene recoger la habitación porque aporta calma, paz…”, añade.

Las consecuencias de educar desde el miedo

Subestimar los efectos que el aprendizaje a través del miedo produce en los niños, puede alterar el clima de confianza en la familia, provocar faltas de respeto o desarrollar estilos de apego poco recomendables.

– Se diluye el clima de confianza en la familia

Si los niños no pueden expresar su voluntad o pensamientos por miedo a que se les regañe o castigue, cada vez compartirán menos su vivencias en el entorno familiar. “Cuando ese niño o niña se enfrente a una situación difícil no se va a atrever a contarlo a adultos de referencia. Porque esas personas les evocan miedo. No respeto y confianza”, expone Álava. Un comportamiento que seguirán también cuando comentan errores. “Hay que tener mucho cuidado porque se entorpece el clima de confianza y es más probable que en la adolescencia no compartan lo que les ocurre”, añade la psicóloga.

 – Cada vez se necesita más miedo

A medida que el niño evoluciona, las dosis de miedo han de ser mayores para que los resultados que los padres quieren conseguir surtan efecto. Esto se traduce en actos de violencia física o verbal. “No debemos olvidar que los niños nos copian y no podemos pedir respeto y, en otro momento, alzar la voz o agarrarlo con fuerza, porque habré perdido mi credibilidad. Además, los niños copian a sus figuras de referencia por lo que replicarán este tipo de comportamiento”, indica Álava. Por su parte, Labanda recomienda para mantener una buena convivencia familiar las relaciones basadas en tres elementos básicos: “el amor, los límites y la comunicación”.

– Un estilo de apego desaconsejable

Este tipo de educación anula, en muchos aspectos, la voluntad del menor. Algo que se traduce, por ejemplo, en una pérdida de iniciativa. “El niño espera que el adulto le diga lo que tiene o no tiene que hacer”, subraya Labanda.

– Sin empatía

Plantear un estilo de crianza autoritario descuida la educación emocional en aspectos tan importantes para el desarrollo infantil como la empatía. Los padres no se ponen en la piel del menor, ni en las circunstancias que han desencadenado su comportamiento. Álava aconseja reforzar la empatía mediante fórmulas como: “Entiendo que no te apetece recoger tu habitación”, “Sé que te enfadas porque no quieres dejar de jugar. Aún así habíamos quedado en que solamente teníamos media hora”…

– Aprenden menos

Está comprobado que el miedo obstaculiza el aprendizaje. “Los niños no aprenden con miedo, sino en un ambiente de seguridad, respeto, confianza y calma”, advierte Álava. La especialista anima a cambiar la amenaza por el reto: “Venga, sé que lo vas a hacer todo y luego vamos a jugar”, en lugar que “si no lo haces, no jugamos”.

¿Cómo reforzar el respeto en la educación?

Las ventajas de poner en práctica un modelo de educación democrática, basado en el respeto y la tolerancia, son múltiples y dotarán al niño de herramientas fundamentales para su vida adulta. “El estilo educativo democrático es el que da a los niños unas reglas adecuadas a su edad y consensuadas con ellos (lógicamente dependerá de la edad de este). Los límites y las normas deben estar adecuadas a su edad, ya que les ayuda a entender correctamente la realidad y a ir asumiendo cada vez mayor independencia y autonomía”, recomienda Labanda.

Para que funcione este sistema es crucial que las normas estén bien establecidas y no improvisarlas. Las reglas son importantes porque actúan como un sistema de referencia para los niños, que les aporta seguridad y equilibrio emocional. “Las normas deben ser coherentes y claras. Si son pequeños deben ser cortas y muy pocas. Según van avanzando en edad pueden ser más complejas, pero siempre desde el principio de la coherencia entre los adultos y consensuadas. Es decir, haciéndoles partícipes de la norma, ya que desde la imposición es posible que no la vea como suya y no la interiorice”, aclara el psicólogo.

Asimismo, Álava subraya la importancia de hablar sobre qué es el respeto. “Es algo muy abstracto, incluso dos adultos pueden tener diferentes nociones”. En la práctica, la psicóloga aconseja explicar a los más pequeños que está relacionado con no pegar, no tirar las cosas, hablar con buenas formas, decirlas con cariño…”, concluye.

FUENTE: LaVanguardia.com

Adolescentes y vacuna del COVID: cómo ayudarles frente al miedo, la incertidumbre o los nervios por el pinchazo

Los adolescentes están respondiendo muy bien a la llamada de la vacunación, sin embargo también hay miedos y nervios ante los posibles efectos secundarios o incertidumbre por el qué pasará ahora una vez vacunados.

Por Beatriz G. Portalatín

Los adolescentes, mayoritariamente, se han portado muy bien durante toda la pandemia por el COVID-19 y ahora también, están respondiendo muy bien a la llamada de la vacunación. Sin embargo, como es lógico, hay miedo o nervios por el pinchazo que van recibir, por los posibles efectos secundarios, incluso por la incertidumbre del qué pasará ahora que estamos vacunados.

En España se está vacunando a todos los niños mayores de 12 años, una vez cumplidos (personas nacidas en 2009 o antes) con las vacunas de Comirnaty (Pfizer & BioNTech) y Spikevax (Moderna) -vacunas ARNm- las mismas vacunas usadas hasta ahora en los adultos. En cuanto a los efectos secundarios de estas vacunas, según explica el Comité Asesor de Vacunas de la Asociación Española de Pediatría (CAV-AEP), como todos los medicamentos, pueden provocar efectos secundarios. “La mayoría son leves y de corta duración y no todas las personas vacunadas los padecen. Los más comunes son: dolor y sensación de pesadez en el hombro y el brazo donde se ha inyectado la vacuna; sensación de cansancio, malestar general y escalofríos; dolor de cabeza y fiebre de bajo grado”.

La mayoría de los efectos secundarios son leves y de corta duración y no todas las personas vacunadas los padecen. Los más comunes son: dolor y sensación de pesadez en el hombro y el brazo donde se ha inyectado la vacuna, malestar general, dolor de cabeza y fiebre

CAV-AEP

“Es importante minimizar los efectos secundarios de las vacunas que son, como de casi todas las vacunas, realmente leves y pasajeros. Duran uno o dos días como mucho y no afectan de forma general a la vida de los pacientes. Además, para paliarlos, poder tomar analgésicos como el paracetamol”, afirma a la Sexta Ángel Hernández Merino, pediatra y miembro del CAV-AEP.

Vacunarnos es fundamental y en España la respuesta de los adolescentes en general está siendo muy buena, “si la comparamos con otros países cercanos como Francia o como Reino Unido donde no tienen esa respuesta tan buena. En España, la historia y la confianza hacia las vacunas es muy buena”, añade.

No obstante, hay que comprender y ser conscientes de que “la vacuna es un paso importante, pero necesitamos que la vacuna esté extendida por todo el planeta, no sólo en mi ciudad o en mi país, con lo cual hay que tener paciencia y seguir aún con las medidas de prevención, sobre todo con la mascarillas, con la distancia social, y evitar aglomeraciones», sostiene el doctor.

Es fundamental que «los adolescentes no pierdan la paciencia, que no se desengañen con respecto al valor de las vacunas a pesar de que tengamos que seguir aplicando un poco más todavía, as medidas de seguridad. De cara, al curso que viene, los expertos abogan por seguir aplicando de momento, y en el contexto de la variante Delta, mucho más contagiosa que las anteriores, las mismas medidas de prevención que había el curso pasado.

Nunca le digas: «No tengas miedo»

Como padres y madres, es importante que dejemos que los adolescentes expresen su miedo, «que les dejemos verbalizarlo porque sentirlo es licito y nadie puede cuestionar nuestro miedo a vacunarnos, al pinchazo o los efectos secundarios. Otra cosa es que queramos, para tranquilizarles, darles información y evidencia científica y explicarles que no pasa nada, que esos efectos secundarios son normales, y además pasajeros, en todas las vacunas, pero sentir la emoción de miedo es lícita y válida», explica Silvia Álava, doctora en psicología clínica y de la salud, psicóloga en el centro Álava Reyes y autora de varios libros, el más reciente ‘El arte de educar jugando’.

Es importante que no les neguemos su miedo, que les dejemos sentirlo y que lo verbalicen. Que les digamos «entiendo que tengas miedo y es normal tenerlo», y que después le demos información científica sobre la realidad de los efectos secundarios o las vacunas

Silvia Álava, doctora en Psicología

«Como consejo, es mucho más efectivo decirles: ‘entiendo que tengas miedo y es normal, pero ahora, vamos a ser realistas: la formula para que acabe esta pandemia pasa por vacunarnos. Es normal que haya efectos secundarios, pero éstos durarán como mucho dos días. Porque ¿qué son dos días de tu vida?», aconseja la experta.

El miedo, los nervios (y también la alegría por supuesto), es normal. No hay que olvidar que “los adolescentes lo han pasado muy mal durante la pandemia, no solo en el confinamiento sino también con las medidas de restricción. Es cierto que todos estamos ya cansados, que a todos nos afecta el no socializar como antes, pero los adultos tenemos ya formada nuestra identidad, mientras que los adolescentes aún no”, afirma Álava.

En la adolescencia -continúa la experta- esa identidad está en proceso y para ello es fundamental la figura de su grupo de referencia. De su grupo de iguales. Cuando eres niño/a se hace más a través de la familia pero durante la adolescencia, la familia pierde importancia (aunque sigue siendo importante) y pasa a tener más peso el grupo social y de iguales. Es por ello que en este caso, al no tener el contacto de siempre, las emociones se regulan peor.

De hecho, han aumentado en los adolescentes las urgencias psicológicas, los problemas de conducta y de estados de ánimo, también incluso “aquellos que ya tenían rasgos más ansiosos o más obsesivos de personalidad, la pandemia ha hecho que aumenten y que aparezcan trastornos obsesivos por miedo a la enfermedad o al contagio. También, hay otros adolescentes que sin llegar a tener un problema clínico como tal, tienen miedo y una preocupación más acusada al contagio, tanto hacia ellos como a sus familias”, añade la doctora. Además de todo esto, «se les ha dado en muchas ocasiones mensajes contradictorios, incluso se les ha culpabilizado y criminalizado en muchas ocasiones de los contagios«.

Hacerles sentir parte de algo

No hay duda de que «el final de la pandemia pasa por la vacuna», afirma Álava. No sabemos cuándo llegará el final de la pandemia (ojalá lo sepamos) pero lo que está claro que el camino pasa por vacunarnos», afirma Álava. Por eso, es importante que nuestros adolescentes entiendan «que esto es una inversión a medio-largo plazo, que por estar vacunado tu vida inmediata no va a cambiar porque vamos a tener que seguir aplicando las medidas de seguridad seguridad y prevención, pero que amedio-largo plazo, sí será el final de la pandemia. Y nosotros, con la vacuna, habremos contribuido a ello».

Es importante hacerles ver que es un objetivo mundial, que estamos viviendo algo histórico y que todos podemos contribuir

Dr. Ángel Hernández Merino, miembro del CAV-AEP.

Por ello, también es el momento de trabajar la empatía -continúa exponiendo Álava- que nos vacunamos por nosotros mismos y por los demás, que es necesario vacunarnos y que pensemos que los estamos haciendo por todos.

Realmente, afirma por su parte el doctor Hernández Merino, «es importante pensar y hacerles ver a nuestros adolescentes que estamos contribuyendo a una causa muy importante para ellos, para su familia y para el mundo entero. Que es un objetivo mundial y global, que estamos viviendo lago histórico y que todos tenemos que ayudar y empujar. Que ellos -los adolescentes- también forman parte de ese algo».

Y esto en las enfermedades y sobre todo en su erradicación o en manejo clínico, es algo muy relevante. «Todos los adolescentes y jóvenes no están vacunados contra la viruela porque hace 30-40 años atrás, todas las personas se vacunaron para erradicar el virus», concluye el doctor. Y que «ahora nosotros también, en esta pandemia podemos contribuir con nuestro pequeño granito de arena».

FUENTE: LaSexta

Tengo miedo a salir, mis amigos quedan y yo no ¿Es normal? ¿Qué puedo hacer?

El miedo es una emoción, no es agradable, pero en ocasiones puede ayudarnos a estar alerta y a mantener las medidas de seguridad.

Es bueno aceptar el miedo. Una vez que lo hemos reconocido, podemos ir exponiéndonos poco a poco y marcándonos pequeños objetivos día a día, buscando poner el foco fuera de mi, en lo que pasa a mi alrededor, no en lo que yo pueda estar sintiendo.

También será útil entrenar nuestra asertividad para no sentirnos mal cuando necesitemos decir cosas a los demás.