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¿Sabes por qué es tan malo educar desde el miedo?

Por ROCÍO NAVARRO MACÍAS

Para muchos padres palabras como miedo, castigo o amenazas están ligadas con la educación. Tradicionalmente, la manera de criar a los niños se ha asociado con estos factores que, aunque pueden dar resultado en el corto plazo, tienen efectos negativos en los pequeños. Interferir en el desarrollo emocional saludable y anular su capacidad crítica son algunos de los más destacables. “El miedo es una emoción muy primitiva que nos sirve para sobrevivir. Pero también puede ser aprendido. Los padres temerosos y autoritarios hacen a sus hijos temerosos y dependientes o, por el contrario, autoritarios. En este último caso sería solo una forma de hacerse valer, ya que son grandes dependientes con una enorme inseguridad”, comparte el psicólogo infantil Antonio Labanda.

Pero los problemas no acaban aquí. Algunos progenitores relacionan esta forma de educación basada en la autoridad y la amenaza con el respeto. Aunque nada tienen que ver la una con la otra. “Educar desde el respeto, la tolerancia y la empatía son aspectos importantes para que nuestros hijos crezcan con la mayor autonomía, la máxima independencia y con autoconcepto, queriéndose a sí mismos y a los demás”, comenta Labanda. En estos modelos la intimidación y el miedo se sustituye por el diálogo y el establecimiento de normas bien explicadas. “Esto hace que tengamos un camino recorrido para que sean maduros, responsables y capaces de tomar decisiones por ellos mismos”, continúa el psicólogo.

¿Cómo saber si educas desde el miedo?

El miedo siempre lleva implícito una amenaza. En la práctica, se identifica a través de indicaciones como “si te no te comes el plato, te quedarás sin jugar”. Intimidar es una de las características de la educación desde el miedo, también conocida como modelo autoritario. “Este sistema busca la autoridad sin tener en cuenta al otro. Ese planteamiento de normas consigue un efecto de dependencia del niño al adulto o bien hace que se rebele contra la autoridad y provoca un comportamiento agresivo”, explica Labanda.

Por su parte, Silvia Álava, especialista en psicología educativa, lo relaciona con frases como “Me voy a enfadar muchísimo, si…” o “Vas a perder la tablet, si…”. “Es una técnica similar a las utilizadas para adultos en las campañas contra el tabaquismo o el alcohol y sabemos que no funciona”, comparte Álava. En niños, las amenazas pueden provocar un cambio, pero no está motivado por el convencimiento. “Es importante instaurar conductas que sean más saludables desde el convencimiento, no desde el miedo de que me vaya a pasar algo malo. Por ejemplo: “conviene lavarse las manos para no tener virus” o “conviene recoger la habitación porque aporta calma, paz…”, añade.

Las consecuencias de educar desde el miedo

Subestimar los efectos que el aprendizaje a través del miedo produce en los niños, puede alterar el clima de confianza en la familia, provocar faltas de respeto o desarrollar estilos de apego poco recomendables.

– Se diluye el clima de confianza en la familia

Si los niños no pueden expresar su voluntad o pensamientos por miedo a que se les regañe o castigue, cada vez compartirán menos su vivencias en el entorno familiar. “Cuando ese niño o niña se enfrente a una situación difícil no se va a atrever a contarlo a adultos de referencia. Porque esas personas les evocan miedo. No respeto y confianza”, expone Álava. Un comportamiento que seguirán también cuando comentan errores. “Hay que tener mucho cuidado porque se entorpece el clima de confianza y es más probable que en la adolescencia no compartan lo que les ocurre”, añade la psicóloga.

 – Cada vez se necesita más miedo

A medida que el niño evoluciona, las dosis de miedo han de ser mayores para que los resultados que los padres quieren conseguir surtan efecto. Esto se traduce en actos de violencia física o verbal. “No debemos olvidar que los niños nos copian y no podemos pedir respeto y, en otro momento, alzar la voz o agarrarlo con fuerza, porque habré perdido mi credibilidad. Además, los niños copian a sus figuras de referencia por lo que replicarán este tipo de comportamiento”, indica Álava. Por su parte, Labanda recomienda para mantener una buena convivencia familiar las relaciones basadas en tres elementos básicos: “el amor, los límites y la comunicación”.

– Un estilo de apego desaconsejable

Este tipo de educación anula, en muchos aspectos, la voluntad del menor. Algo que se traduce, por ejemplo, en una pérdida de iniciativa. “El niño espera que el adulto le diga lo que tiene o no tiene que hacer”, subraya Labanda.

– Sin empatía

Plantear un estilo de crianza autoritario descuida la educación emocional en aspectos tan importantes para el desarrollo infantil como la empatía. Los padres no se ponen en la piel del menor, ni en las circunstancias que han desencadenado su comportamiento. Álava aconseja reforzar la empatía mediante fórmulas como: “Entiendo que no te apetece recoger tu habitación”, “Sé que te enfadas porque no quieres dejar de jugar. Aún así habíamos quedado en que solamente teníamos media hora”…

– Aprenden menos

Está comprobado que el miedo obstaculiza el aprendizaje. “Los niños no aprenden con miedo, sino en un ambiente de seguridad, respeto, confianza y calma”, advierte Álava. La especialista anima a cambiar la amenaza por el reto: “Venga, sé que lo vas a hacer todo y luego vamos a jugar”, en lugar que “si no lo haces, no jugamos”.

¿Cómo reforzar el respeto en la educación?

Las ventajas de poner en práctica un modelo de educación democrática, basado en el respeto y la tolerancia, son múltiples y dotarán al niño de herramientas fundamentales para su vida adulta. “El estilo educativo democrático es el que da a los niños unas reglas adecuadas a su edad y consensuadas con ellos (lógicamente dependerá de la edad de este). Los límites y las normas deben estar adecuadas a su edad, ya que les ayuda a entender correctamente la realidad y a ir asumiendo cada vez mayor independencia y autonomía”, recomienda Labanda.

Para que funcione este sistema es crucial que las normas estén bien establecidas y no improvisarlas. Las reglas son importantes porque actúan como un sistema de referencia para los niños, que les aporta seguridad y equilibrio emocional. “Las normas deben ser coherentes y claras. Si son pequeños deben ser cortas y muy pocas. Según van avanzando en edad pueden ser más complejas, pero siempre desde el principio de la coherencia entre los adultos y consensuadas. Es decir, haciéndoles partícipes de la norma, ya que desde la imposición es posible que no la vea como suya y no la interiorice”, aclara el psicólogo.

Asimismo, Álava subraya la importancia de hablar sobre qué es el respeto. “Es algo muy abstracto, incluso dos adultos pueden tener diferentes nociones”. En la práctica, la psicóloga aconseja explicar a los más pequeños que está relacionado con no pegar, no tirar las cosas, hablar con buenas formas, decirlas con cariño…”, concluye.

FUENTE: LaVanguardia.com

Adolescentes y vacuna del COVID: cómo ayudarles frente al miedo, la incertidumbre o los nervios por el pinchazo

Los adolescentes están respondiendo muy bien a la llamada de la vacunación, sin embargo también hay miedos y nervios ante los posibles efectos secundarios o incertidumbre por el qué pasará ahora una vez vacunados.

Por Beatriz G. Portalatín

Los adolescentes, mayoritariamente, se han portado muy bien durante toda la pandemia por el COVID-19 y ahora también, están respondiendo muy bien a la llamada de la vacunación. Sin embargo, como es lógico, hay miedo o nervios por el pinchazo que van recibir, por los posibles efectos secundarios, incluso por la incertidumbre del qué pasará ahora que estamos vacunados.

En España se está vacunando a todos los niños mayores de 12 años, una vez cumplidos (personas nacidas en 2009 o antes) con las vacunas de Comirnaty (Pfizer & BioNTech) y Spikevax (Moderna) -vacunas ARNm- las mismas vacunas usadas hasta ahora en los adultos. En cuanto a los efectos secundarios de estas vacunas, según explica el Comité Asesor de Vacunas de la Asociación Española de Pediatría (CAV-AEP), como todos los medicamentos, pueden provocar efectos secundarios. “La mayoría son leves y de corta duración y no todas las personas vacunadas los padecen. Los más comunes son: dolor y sensación de pesadez en el hombro y el brazo donde se ha inyectado la vacuna; sensación de cansancio, malestar general y escalofríos; dolor de cabeza y fiebre de bajo grado”.

La mayoría de los efectos secundarios son leves y de corta duración y no todas las personas vacunadas los padecen. Los más comunes son: dolor y sensación de pesadez en el hombro y el brazo donde se ha inyectado la vacuna, malestar general, dolor de cabeza y fiebre

CAV-AEP

“Es importante minimizar los efectos secundarios de las vacunas que son, como de casi todas las vacunas, realmente leves y pasajeros. Duran uno o dos días como mucho y no afectan de forma general a la vida de los pacientes. Además, para paliarlos, poder tomar analgésicos como el paracetamol”, afirma a la Sexta Ángel Hernández Merino, pediatra y miembro del CAV-AEP.

Vacunarnos es fundamental y en España la respuesta de los adolescentes en general está siendo muy buena, “si la comparamos con otros países cercanos como Francia o como Reino Unido donde no tienen esa respuesta tan buena. En España, la historia y la confianza hacia las vacunas es muy buena”, añade.

No obstante, hay que comprender y ser conscientes de que “la vacuna es un paso importante, pero necesitamos que la vacuna esté extendida por todo el planeta, no sólo en mi ciudad o en mi país, con lo cual hay que tener paciencia y seguir aún con las medidas de prevención, sobre todo con la mascarillas, con la distancia social, y evitar aglomeraciones», sostiene el doctor.

Es fundamental que «los adolescentes no pierdan la paciencia, que no se desengañen con respecto al valor de las vacunas a pesar de que tengamos que seguir aplicando un poco más todavía, as medidas de seguridad. De cara, al curso que viene, los expertos abogan por seguir aplicando de momento, y en el contexto de la variante Delta, mucho más contagiosa que las anteriores, las mismas medidas de prevención que había el curso pasado.

Nunca le digas: «No tengas miedo»

Como padres y madres, es importante que dejemos que los adolescentes expresen su miedo, «que les dejemos verbalizarlo porque sentirlo es licito y nadie puede cuestionar nuestro miedo a vacunarnos, al pinchazo o los efectos secundarios. Otra cosa es que queramos, para tranquilizarles, darles información y evidencia científica y explicarles que no pasa nada, que esos efectos secundarios son normales, y además pasajeros, en todas las vacunas, pero sentir la emoción de miedo es lícita y válida», explica Silvia Álava, doctora en psicología clínica y de la salud, psicóloga en el centro Álava Reyes y autora de varios libros, el más reciente ‘El arte de educar jugando’.

Es importante que no les neguemos su miedo, que les dejemos sentirlo y que lo verbalicen. Que les digamos «entiendo que tengas miedo y es normal tenerlo», y que después le demos información científica sobre la realidad de los efectos secundarios o las vacunas

Silvia Álava, doctora en Psicología

«Como consejo, es mucho más efectivo decirles: ‘entiendo que tengas miedo y es normal, pero ahora, vamos a ser realistas: la formula para que acabe esta pandemia pasa por vacunarnos. Es normal que haya efectos secundarios, pero éstos durarán como mucho dos días. Porque ¿qué son dos días de tu vida?», aconseja la experta.

El miedo, los nervios (y también la alegría por supuesto), es normal. No hay que olvidar que “los adolescentes lo han pasado muy mal durante la pandemia, no solo en el confinamiento sino también con las medidas de restricción. Es cierto que todos estamos ya cansados, que a todos nos afecta el no socializar como antes, pero los adultos tenemos ya formada nuestra identidad, mientras que los adolescentes aún no”, afirma Álava.

En la adolescencia -continúa la experta- esa identidad está en proceso y para ello es fundamental la figura de su grupo de referencia. De su grupo de iguales. Cuando eres niño/a se hace más a través de la familia pero durante la adolescencia, la familia pierde importancia (aunque sigue siendo importante) y pasa a tener más peso el grupo social y de iguales. Es por ello que en este caso, al no tener el contacto de siempre, las emociones se regulan peor.

De hecho, han aumentado en los adolescentes las urgencias psicológicas, los problemas de conducta y de estados de ánimo, también incluso “aquellos que ya tenían rasgos más ansiosos o más obsesivos de personalidad, la pandemia ha hecho que aumenten y que aparezcan trastornos obsesivos por miedo a la enfermedad o al contagio. También, hay otros adolescentes que sin llegar a tener un problema clínico como tal, tienen miedo y una preocupación más acusada al contagio, tanto hacia ellos como a sus familias”, añade la doctora. Además de todo esto, «se les ha dado en muchas ocasiones mensajes contradictorios, incluso se les ha culpabilizado y criminalizado en muchas ocasiones de los contagios«.

Hacerles sentir parte de algo

No hay duda de que «el final de la pandemia pasa por la vacuna», afirma Álava. No sabemos cuándo llegará el final de la pandemia (ojalá lo sepamos) pero lo que está claro que el camino pasa por vacunarnos», afirma Álava. Por eso, es importante que nuestros adolescentes entiendan «que esto es una inversión a medio-largo plazo, que por estar vacunado tu vida inmediata no va a cambiar porque vamos a tener que seguir aplicando las medidas de seguridad seguridad y prevención, pero que amedio-largo plazo, sí será el final de la pandemia. Y nosotros, con la vacuna, habremos contribuido a ello».

Es importante hacerles ver que es un objetivo mundial, que estamos viviendo algo histórico y que todos podemos contribuir

Dr. Ángel Hernández Merino, miembro del CAV-AEP.

Por ello, también es el momento de trabajar la empatía -continúa exponiendo Álava- que nos vacunamos por nosotros mismos y por los demás, que es necesario vacunarnos y que pensemos que los estamos haciendo por todos.

Realmente, afirma por su parte el doctor Hernández Merino, «es importante pensar y hacerles ver a nuestros adolescentes que estamos contribuyendo a una causa muy importante para ellos, para su familia y para el mundo entero. Que es un objetivo mundial y global, que estamos viviendo lago histórico y que todos tenemos que ayudar y empujar. Que ellos -los adolescentes- también forman parte de ese algo».

Y esto en las enfermedades y sobre todo en su erradicación o en manejo clínico, es algo muy relevante. «Todos los adolescentes y jóvenes no están vacunados contra la viruela porque hace 30-40 años atrás, todas las personas se vacunaron para erradicar el virus», concluye el doctor. Y que «ahora nosotros también, en esta pandemia podemos contribuir con nuestro pequeño granito de arena».

FUENTE: LaSexta

Tengo miedo a salir, mis amigos quedan y yo no ¿Es normal? ¿Qué puedo hacer?

El miedo es una emoción, no es agradable, pero en ocasiones puede ayudarnos a estar alerta y a mantener las medidas de seguridad.

Es bueno aceptar el miedo. Una vez que lo hemos reconocido, podemos ir exponiéndonos poco a poco y marcándonos pequeños objetivos día a día, buscando poner el foco fuera de mi, en lo que pasa a mi alrededor, no en lo que yo pueda estar sintiendo.

También será útil entrenar nuestra asertividad para no sentirnos mal cuando necesitemos decir cosas a los demás.