Entradas

Muy emocionada y agradecida por el Premio Pajarita 2022

Qué contenta y orgullosa de haber recibido el «Premio Pajarita 2022» de la Asociación Española de Fabricantes de Juguetes y la Fundación Crecer Jugando por contribuir a difundir la importancia del juego en el desarrollo cognitivo y emocional de los niños. ¡Qué pena no haber podido ir a recogerlo en persona! Me hace una ilusión enorme cada vez lo veo. Gracias!

María Jesús y Silvia Álava te dan las claves para trabajar tu felicidad, en TRECE

Las psicólogas se han subido a ‘La Azotea’, con Antonio Hueso y María Ruiz, para dar a los espectadores las herramientas para afrontar una vida sin focalizar en el sufrimiento

«La azotea de medianoche» ha abierto sus puertas en TRECE. El ‘late night’ conducido por María Ruiz y Antonio Hueso ha tenido, este miércoles, unas invitadas muy especiales: Silvia Álava y María Jesús Álava. Las psicólogas, tía y sobrina, se han sentado en el plató de TRECE juntas por primera vez en televisión.

¿Cómo podemos ser felices?: “Para que la psicología funcione, la persona tiene que asumir que tiene que conocerse en profundidad”, comienza relatando María Jesús. Silvia apunta que no todo el mundo está dispuesto a encontrar cosas que no le gustan, ya que nadie nos prepara para ello: “Necesitamos herramientas y estas vienen de la mano de la psicología”.

Es complicado encontrar a alguien que se sienta absolutamente feliz y satisfecha consigo mismo. ¿Por qué nos cuesta reconocer las cosas positivas?: “Desde pequeños nos han señalado las cosas que hacemos mal y las que hacemos bien, se supone que las tenemos que hacer así. No nos sabemos tratar bien. Nos llamamos la atención cuando hacemos lago mal y a las personas que son buenas personas les cuesta perdonarse”, apunta María Jesús. “Es imposible ser feliz sin asumir fallos. La clave está en conocer lo que te hace sentir mal y, a partir de ahí, sustituir esos pensamientos por otros más realistas”.

¿Por qué nos cuesta tanto ir al psicólogo? Silvia destaca que, aunque esto está cambiando, todavía hay bastante tabú: “Hay gente que piensa que si va al psicólogo es como reconocer que tiene un problema. La gente más joven ya no tiene miedo de hablar de ello. Antes los adolescentes iban al psicólogo de la oreja por sus padres y ahora ellos mismos son quiénes lo piden”. María Jesús señala un problema que tenemos con las nuevas generaciones y es que se les ha sobreprotegido y, ahora, no tienen recursos para hacer frente a las dificultades.

Antes de la pandemia, el 25% de la población tenía ansiedad o depresión, algo que se ha acentuado estos últimos dos años: “Han incrementado los miedos, las fobias, los trastornos de alimentación… se tarda mucho en venir y llegan con casos ya cronificados”, aclara Silvia. También María Jesús relata cómo pusieron el abierto en sus redes sociales unos vídeos sobre la inutilidad del sufrimiento: “La primera mañana que lo pusimos en Twitter tuvo más de 30.000 visitas. Esto nos indica la necesidad de las personas de obtener recursos para superar ciertos problemas”.

Dale al PLAY para ver la entrevista completa y tomar nota de todos los consejos.

María Jesús Álava y Silvia Álava en La Azotea, de Trece TV

María Jesús y Silvia Álava responden en ‘La Azotea’ de TRECE

En esta sección, el invitado responde a preguntas indiscretas formuladas por personas que los conocen muy bien. En esta ocasión, los espectadores realizaban las preguntas:¿Cómo puedo superar la añoranza del pasado?: “Extrayendo todos los aprendizajes para vivir intensamente el presente. Tendemos a idealizar el pasado y no eras tan feliz como crees. Siempre pensamos que nunca vamos a ser tan felices como antes y también echamos la culpa de lo que nos pasa a lo mal que lo pasamos en el pasado”.

¿Cómo puedo afrontar la inseguridad?: “Nosotros siempre mantenemos un diálogo con nosotros mismos. Si te dices cosas negativas, lo que hay que hacer es decirte cosas positivas u objetivas como “Voy a hacerlo lo mejor que pueda”. Si no eres capaz, también puedes pensar qué le dirías a un amigo en esa misma situación”.

¿Cómo puedo hacerle una crítica a alguien y que no se lo tome mal?: “Las críticas tienen que ser cortas y positivas. Tu actitud no tiene que ser de regañar, hay que empezar diciendo algo positivo y terminar también con algo positivo como “creo que puedes solucionarlo”. También hay que esperar a que el otro esté receptivo y que quiera tu opinión”.

¿Por qué repetimos errores?: “Se desiste de intentar cambiarlos. En estos casos hay que hacerles conscientes de sus errores y ponerle objetivos. Los adultos no funcionamos a través del castigo, es necesario reforzar al otro positivamente y negativamente. Es más útil decirle cosas que ha hecho bien y quitarle algo que le preocupe en su vida, que le vas a ayudar mucho”.

FUENTE: COPE.ES

¿Cuál es la edad ideal para enviar a un niño de campamento? ¿Es recomendable?

Depende mucho de la madurez y de lo autónomo que sea el crío, pero los expertos consideran que a partir de los 8 años están preparados para pasar quince días fuera de casa.

«Se trata más de vivir a gusto, de vivir en paz, de vivir en calma», Silvia Álava, psicóloga

De la mano de la psicóloga Silvia Álava, nos llega el libro ¿Por qué no soy feliz?, un libro que nos ayudará a entender por qué nos encontramos abatidos en muchas ocasiones y cómo podemos revertir ese sentimiento para llegar al equilibrio y bienestar emocional que tanto deseamos. Hablamos con ella de la felicidad, el bienestar emocional y cómo sentirnos mejor en nuestro día a día. 

Actiage: ¿Es realmente necesario ser feliz?

Silvia Álava: Depende de lo que entendamos por felicidad. Si pensamos en la felicidad como un sentimiento de alegría constate y estar haciendo siempre cosas divertidas, no solo no es necesario, sino que es imposible. Si lo que pretende alguien es ser feliz, entendiendo que no puedes tener días malos, que no puedes tener situaciones desagradables, que no puedes sentir cosas que no te gustan, o sentir miedo, tristeza o frustración, eso no es posible.

Nadie puede estar las 24 horas del día con una sonrisa y haciendo cosas divertidas. Por lo tanto, la felicidad entendida como tal no es necesaria siempre ni posible.

Si entendemos la felicidad como bienestar emocional, es decir, saber afrontar lo bueno y lo malo, regular nuestras emociones y disfrutar de lo que tenemos, entonces sí tenemos que aspirar a ese bienestar emocional, un concepto más exacto que felicidad.

Se trata más de vivir a gusto, de vivir en paz, de vivir en calma, de vivir alineados con lo que nosotros somos y con nuestros valores. Vivir desde el realismo.

Actiage: ¿Cómo crees que se declara la mayoría de la gente: feliz o infeliz?

SA: Es una pregunta complicada. Sí es cierto que mucha de la gente que va a la consulta nos dice que, a pesar de que lo tienen todo, no son felices. El problema es que no saben disfrutar y poner en el foco en lo bueno. Hay que saber aprovechar cada momento y disfrutar de lo que tenemos, apreciando todo lo bueno de nuestra vida y sabiendo regular las emociones desagradables.

Actiage: ¿Somos más infelices en este momento de la historia?

SA: El bienestar emocional, es decir, cómo interpretamos la realidad y los recursos que tenemos para ello, depende de cada persona.

No obstante, es cierto que a nivel macro en esta época nos hemos vuelto más irascibles y nuestra ventana de tolerancia, es decir, nuestra tolerancia a la frustración, es más pequeña. Cuando tenemos que enfrentarnos a situaciones novedosas, que no conocemos, a la incertidumbre, sin saber lo que nos va a pasar, estamos más irritables e irascibles, y eso nos ha pasado ahora en estos dos años cargados de malas noticias como la pandemia del COVID19. Filomena, la Guerra de Ucrena, la nueva posible pandemia de la viruela del mono… Tantas noticas malas nos hacen sentir más irascibles porque no vivimos una situación fácil, por lo que es cierto que es una época complicada que puede afectar a nuestro bienestar emocional.

Actiage: ¿Por qué la gente no es feliz, o cree que no lo es?

SA: El ser humano tiene una capacidad de adaptación increíble. Somos capaces de adaptarnos a las perores situaciones, incluso a vivir en condiciones infrahumanas. Y esa capacidad sirve tanto para lo bueno como para lo malo. Es lo que se llama adaptación hedonista. Cuando tenemos algo nuevo nos parece lo mejor: una nueva casa, una nueva pareja, un nuevo amigo… Pero cuando nos adaptamos a eso nuevo dejamos de disfrutarlo y de valorarlo. Si nuestro amigo no nos hace caso un día ya no es tan buen amigo, nuestra casa más grande ya no nos lo arece tanto… Dejamos de valorar eso que nos hacía felices.

Un ejemplo sencillo de esto. Imagina que se te estropea la caldera un día y no tienes agua caliente. Te das una ducha rápida y, cuando vuelves a tener agua caliente valoras lo que tienes y lo agradeces. Pues eso tenemos que hacer todos los días, valorar lo bueno que tenemos.

Tenemos que hacer el ejercicio de ponernos cada día los “ojos de lo nuevo” y recordar cómo te sentiste el día que conociste a ese amigo o a tu pareja y qué es lo que te gustó. Cómo te hizo sentir. Hay que evitar esa adaptación hedonista.

Actiage: ¿Qué más podemos hacer para aumentar nuestra felicidad?

SA: Hay muchas otras cosas que podemos llevar a cabo en nuestro día a día, como ser más agradecidos, ayudar a los demás, participar en voluntariados.

En el último capítulo del libro hablo justo de esto y hago referencia al método para incrementar el bienestar emocional que implica también tomar buenas decisiones. Mucha gente que viene a consulta nos dice que no están dónde querían estar a estas alturas de su vida. Se han dejado arrastrar y no han tomado buenas decisiones. Es importante no vivir en automático, sino vivir en manual. Saber dónde vamos y nuestros objetivos. Habrá veces que tengamos que ir en dirección contraria porque no haya más remedio, porque la carretera está cortada, pero es importante saber que vamos en dirección contraria y cambiaremos de sentido en cuando podamos. No perder nunca nuestras metas.

También debemos invertir en relaciones sociales y en los amigos. Ya se sabe que quien tiene un amigo, tiene un tesoro.

Además, hay que reservar tiempo para nosotros. Debemos llevar una dieta sana, hacer deporte y dormir. La gente duerme mucho menos de lo que debería actualmente y eso hace que nos levantemos no solo cansados, sino también irritables.

Por último, debemos potenciar el sentido humor. Cuando potenciamos el sentido del humor, conseguimos reevaluar la situación y ver los problemas desde otro punto de vista. Como un dron que amplía su campo visual y llega a más sitios. Y eso nos ayuda a ver los problemas desde otra perspectiva y afrontarlos mejor.

Actiage: ¿La felicidad va ligada a la edad o no tiene nada que ver?

SA: Es decir, ¿se es más feliz, en general, de joven que de anciano? Es cierto que los estudios y la ciencia dicen que hay un declive de la felicidad al llegar a la mediana edad. No obstante, hay que tener en cuenta que existen muchas diferencias individuales.

Por ejemplo, tras esta pandemia los problemas mentales en adolescentes han aumentado un 250%. Se exige que los jóvenes estén siempre felices y hagan cosas divertidas, lo que aumenta la presión si no se sienten bien o tienen emociones negativas, como si eso no estuviera bien visto.

Un gran enemigo de la felicidad es la comparación y, actualmente, con las redes sociales y la exposición que hay en ellas, los jóvenes ven fotos de otras personas pasándoselo bien, haciendo cosas divertidas, todos parecen mejores… lo que aumenta el riesgo de depresión y otros problemas mentales. Por lo tanto, también los jóvenes encuentran muchos problemas para ese bienestar emocional necesario.

Actiage: ¿Cómo podemos seguir siendo felices cuando llegamos a la tercera edad, cuando se acabe el trabajo y los objetivos en la vida?

SA: Lo más importante es mantener objetivos vitales: saber por qué y para qué hago las cosas. Hay que aprovechar el tiempo libre para hacer cosas de ocio que antes solo podíamos hacer los fines de semana. Debemos tener objetivos y seguir siendo disciplinados, mantener un horario y hacer cosas que nos gusten. No debemos llenar la agenda solo de las citas del médico, sino que hay que hacer otras cosas que nos gusten, como quedar con amigos, dar un paseo por una calle nueva, ir a un restaurante diferente… Hacer cosas diferentes y llenar nuestra agenda de propósitos y planes.

Es cierto que la pandemia y las restricciones han afectado mucho a la tercera edad porque durante todo este tiempo no podían hacer nada a nivel social, ni excursiones, ni ir a la cafetería a tomar algo o quedar con sus amigos. Han tenido que vivir encerrados sin salir y además con el riesgo de morir si se contagiaban. No podían relacionarse ni ver a sus nietos, lo que ha afectado mucho a su bienestar emocional e incluso a su deterioro cognitivo. Muchos han sufrido un gran bajón del que ahora hay que recuperarse.

Actiage: ¿La felicidad nos ayuda a vivir más? ¿De qué manera?

SA: Todos los estudios confirman que el afecto positivo y las emociones agradables nos proporcionan más salud y longevidad. Así que sí, la felicidad nos ayuda a vivir más.

Esto se debe no solo a la calma mental que nos aporta, sino que la felicidad y el optimismo también nos ayuda a sobrellevar mejor las enfermedades, lo que ayuda a nuestra salud general y nuestra longevidad.

FUENTE: actiage.es

Resumen de la jornada firmas en la Feria del Libro de Madrid

Creo que esta foto refleja la emoción que fue estar ayer en la Feria del Libro de Madrid

Muchas gracias a todas las personas que vinisteis, y lo siento, por las que os quedasteis sin el libro! Éxito total, ¡los agotamos todos!

😊

@MadridDirecto vino a la caseta de @HarperCollinsIB para hablar sobre #PorQueNoSoyFeliz Estuve toda la tarde rodeada de lectores, familiares y amigos. Me siento muy agradecida! Muchas gracias a todos y todas los que pudisteis acercaros y los que no pudísteis y me enviásteis mensajes de ánimo. Gracias!!

¿Podemos ser más felices?

Esta pregunta está en la mente de muchas personas: “¿podría ser más feliz?”. Y la respuesta, como siempre, es que depende.

¿De qué? Principalmente, de la definición que hagamos de la felicidad. Si nuestra idea de ser feliz es estar todo el día alegre, haciendo lo que nos gusta y sin sentir emociones desagradables, la respuesta a la pregunta inicial no solo resulta negativa sino que, además, tu felicidad se convertirá en una meta inalcanzable.

La cantidad de creencias erróneas que albergamos sobre la felicidad y las cosas que creemos que “necesitamos” para conseguir sentirnos bien son dos de las principales barreras hacia la felicidad.

Se puede ser feliz y alcanzar el bienestar emocional pero, al mismo tiempo, experimentar emociones desagradables. Es imposible no tener días malos, incluso esos días nos permiten aprender a gestionar mejor nuestras emociones y a valorar más los días en los que nos sentimos bien; tal y como nos recuerda Anabel González en su libro “Lo bueno de tener un mal día: cómo cuidar de nuestras emociones para estar mejor”.

Evita la “adaptación hedonista”

¿Cuántas personas conocemos que creen que serán felices cuando terminen los estudios? ¿O cuando sean independientes, tengan hijos o se muden a una casa más grande? Lo que piensan así no solo se están olvidando de disfrutar del camino, sino que además, cuando consiguen esos objetivos que parecían tan importantes en su vida, descubren que no traen consigo la ansiada felicidad.

Esto se produce, entre otras cosas, por la llamada “adaptación hedonista”, un concepto que acuñaron los autores S. Frederick y G. Loewenstein en 1999. El ser humano tiene una gran capacidad de adaptación, lo que le permite sobrevivir en condiciones extremadamente difíciles, pero hace que se acomode rápidamente con las cosas buenas.

Piensa, por ejemplo, cuando te mudas a una casa más grande. Al principio estás encantado con el espacio pero, poco a poco, empiezas a darlo por hecho y dejas de valorarlo. Ya no te paras a admirar cómo el sol entra por la ventana y el cuadro que colgaste con tanta ilusión pasa a ser un elemento más.

Por esa razón, es tan importante evitar que la adaptación hedonista se instale en nuestras vidas.

Para conseguirlo, hay que valorar de forma consciente todas aquellas cosas que nos gustan o con las que disfrutamos.

Hay que mirarlas como si fuera la primera vez, con “ojos de estreno”, y recordar los atributos que hicieron que nos sintiéramos atraídos por ellas.

Este ejercicio también lo podemos hacer con nuestra pareja. Debemos fijarnos en todo aquello que nos conquistó y “reenamorarnos” de nuevo. Por ejemplo: si te gustó su sentido del humor, fíjate bien durante una semana cada vez que te hace reír y anótalo (aunque sea mentalmente). O si te encandiló su amabilidad, observa cuántas veces hace algo por los demás. Es una buena fórmula para evitar que la adaptación hedonista también se instale en nuestra vida amorosa.

Date permiso para sentir

Otra de las cosas que nos alejan de nuestra felicidad es el miedo a sentir, producto del desconocimiento que tenemos sobre nuestro mundo emocional. Nadie nos ha enseñado a manejarlo y en ocasiones no nos sentimos preparados para experimentar emociones desagradables.

Todavía hay muchas personas que piensan que existen emociones buenas y malas cuando, en realidad, no es así.

Todas las emociones son positivas porque nos dan información y nos dicen que nos ocurre algo. Algunas son agradables, como la alegría, la calma, el orgullo o la satisfacción. Otras, como la rabia o la frustración, resultan desagradables. A nadie le gusta sentir estas últimas, pero eso no significa que sean malas.

Lo que ocurre con las emociones desagradables es que tememos escucharlas y nadie nos ha proporcionado las herramientas adecuadas para manejarlas. Tal y como dice Marc Brackett, director del Yale Emotional Center, es fundamental que nos demos permiso para sentir, que perdamos el miedo a conectar con nosotros mismos y con nuestros sentimientos.

Trabaja tu inteligencia emocional

Para poder gestionar mejor nuestras emociones y así incrementar nuestro bienestar emocional y sentirnos más felices es necesario trabajar nuestra inteligencia emocional. Porque sí, las habilidades emocionales pueden entrenarse.

Muchas personas piensan que la inteligencia emocional es algo novedoso que se ha puesto “de moda” hace unos años. Si bien es cierto que el best-seller de Daniel Goleman titulado “Inteligencia Emocional” hizo famoso este concepto; desde la Grecia clásica ya Platón y Aristóteles nos decían que: “todo aprendizaje tiene una base emocional”.

Charles Darwin, por su parte, ya hablaba en su “Teoría de la evolución de las especies” de la importancia de las emociones. Para él los individuos que más probabilidades tienen de sobrevivir son los que mejor se adaptan al medio. Decía que “no es la especie más fuerte la que sobrevive, ni la más inteligente, sino la que mejor responde al cambio” y, para eso, las emociones son fundamentales, dado que contienen una información muy valiosa y activan una conducta adaptativa fundamental para la especie.

En el año 1990, Peter Salovey y John Mayer publicaron su teoría sobre la inteligencia emocional, la cual ha servido de fundamento académico de la mayor parte de investigación sobre este constructo. Según ellos, “la inteligencia emocional es la capacidad para percibir con exactitud, evaluar y expresar las emociones; la capacidad para acceder o generar sentimiento cuando estos estimulan el pensamiento; la capacidad de comprender las emociones y el conocimiento emocional y la capacidad para regular las emociones y fomentar el desarrollo emocional e intelectual”.

Es decir, la inteligencia emocional se basa en cuatro habilidades que todos podemos adquirir:

  • La percepción emocional.
  • La facilitación emocional.
  • La comprensión emocional.
  • La regulación emocional.

Aprende a regular tus emociones

No se trata pues de dejar de sentir o no experimentar emociones negativas, sino de aprender a regularlas para ser conscientes del valor adaptativo que tienen en nuestra vida, qué información nos proporcionan y qué función tienen. Y de saber potenciar las emociones positivas o agradables.

Para ello podemos utilizar el “modelo de ampliación y construcción de las emociones positivas” de Bárbara Fredrickson. Esta autora propone un modelo en el que se produce un efecto de bucle que va ampliando las emociones positivas y que funciona en tres pasos:

  1. Las emociones positivas producen un “efecto de ampliación”; es decir, amplían nuestro pensamiento y nuestras acciones, lo que nos hace ver las cosas desde otra perspectiva más realista y nos ayuda a buscar nuevas estrategias de solución.
  2. Esto hace que construyamos nuevos recursos personales para afrontar las situaciones difíciles.
  3. Lo que nos lleva, por último, a la trasformación. Las personas generamos más emociones positivas al vernos capaces y con recursos para solventar las situaciones problemáticas. La capacidad para disfrutar genera a su vez más emociones agradables lo que hace que la espiral crezca de forma ascendente.

En definitiva, no se trata sólo de practicar el pensamiento positivo desde la idealización de la situación, sino de ser realistas. No debemos dejarnos arrastrar por nuestras ideas irracionales, sino que hay que aprender a confiar en nosotros mismos para así entrar en el bucle de la ampliación de las emociones positivas. Profundizar sobre nuestras emociones y pensamientos nos ayudará a conseguirlo.

Si quieres ampliar más información:

  • Álava, S. (2022). ¿Por qué no soy feliz? Vive y disfruta sin complicarte la vida. Madrid: HarperCollins Ibérica
  • Brackett, M. (2020). Permiso para sentir. Barcelona: Diana.
  • Fredrickson, B.L. (1998). What good are positive emotions? Review of General Psychology: Special Issue: New Directions in Research on Emotion, 2: 300-319
  • Fredrickson (2001). The role of positive emotions in positive psychology: The broaden-and-build theory of positive emotions. American Psychologist: Special Issue, 56: 218-226
  • Goleman, D. (2004). Inteligencia Emocional. Barcelona: Kairós
  • Frederick, S., & Loewenstein, G. (1999). 16 Hedonic adaptation. Well-Being. The foundations of Hedonic Psychology/Eds. D. Kahneman, E. Diener, N. Schwarz. NY: Russell Sage, 302-329.
  • Gonzalez, A. (2020). Lo bueno de tener un mal día. Cómo cuidar de nuestras emociones para estar mejor. Planeta.
  • Salovey, P., & Mayer, J. (1990). Emotional intelligence. Imagination, Cognition and Personality, 9, 185-211.
  • Salovey, P., & Mayer, J. (1997). What is emotional intelligence? In P. Salovey y D. Sluytes (Eds.), Emotional development and emotional intelligence: implications for educators (3-31). New York: Basic Books.
  • Salovey, P., Woolery, A., & Mayer, J. D. (2001). Emotional intelligence: Conceptualization and measurement. In G.J.O. Fletcher y M. S. Clark (Eds.). Blackwell handbook of social psychology: Interpersonal processes (279-307). Malden, MA: Blackwell Publishers.

FUENTE: acofarma.com

Niños enfadados y con dificultades de aprendizaje a causa de la pandemia

La crisis sanitaria y las restricciones han impactado en la salud metal de casi la mitad de los niños españoles.

Por Sefi García

Dos años de pandemia han hecho mella también en la salud mental de nuestros pequeños. Los niños están más tristes (aumento del 31%) y más enfadados (un incremento del 57%). Han vivido en una burbuja cerrada y eso ha provocado que hasta un 33% ha visto empeorada su capacidad para relacionarse con las personas y un 40% ha disminuido su capacidad para controlar sus propias emociones. Eso sí, los datos del estudio realizado por la fundación “crecer jugando” demuestra que les ha hecho mas fuertes.

Nadie ha sido capaz de adaptarse tan bien a los cambios que en nuestra vida produjo la crisis sanitaria como los más pequeños.

Vivieron durante meses compartiendo metros solo con su familia directa, sin salir al parque, sin poder ver a sus amiguitos. La profe era una imagen en una pantalla de ordenador. No hubo quejas. Si acaso algún momento de agobio, alguna rabieta más que justificada por el encierro. No hubo quejas pero sí consecuencias. La pandemia nos ha dejado niños más tristes y más enfadados. Los chiquitines son más agresivos en el cole y hablan peor. Los que ya están en edad de aprender a leer y escribir, van retrasados. Duermen peor y tienen más miedos. Pero ese encierro loe ha ayudado a entender mejor las emociones y los sentimientos. Ahora el foco está en volver a socializar, sobre todo a los más pequeños.

Las alarmas

Sagrario Peña es maestra. Nos cuenta que la vuelta a las aulas supuso una alegría enorme para los pequeños, pero se han encontrado con sorpresas preocupantes. Lleva muchos años de profesión y nunca había detectado ciertos comportamientos. “ Cuando volvieron a las aulas los niños de 3 años, los que se incorporan por primera vez al cole-explica la maestra- tenían conflictos entre ellos más frecuentes que nunca, había manotazos, patadas, mordiscos, que no habíamos visto antes con esa frecuencia, e intensidad”. Están convencidos de que “el hecho de que los niños tuviesen menos interacciones sociales y con un grupo de personas más reducido ha influido en no tener la experiencia de aprender y aplicar los estereotipos sociales para resolver conflictos”. También ha detectado que “el nivel de lenguaje también ha influido, respondían peor para solventar los conflictos porque llegaron con un lenguaje mas simple, por debajo de su edad”.

Otra alarma saltó en las aulas que acogen a niños de 5 y seis años, los que están al final del ciclo infantil y los que empiezan Primaria: la dificultad para aprender a leer y escribir. “ Hemos visto-insiste la maestra- que la lecto-escritura que se aprende con instrucción y en trabajo colaborativo, les costaba mucho más, y hemos tenido que intervenir de forma personalizada e individualizada”.

Los colegios se han puesto las pilar para ayudarles a ponerse al día y a gestionar las emociones, nos cuenta Sagrario Peña. En su centro van a crear una figura específica, van a designar a un profesor con ese cometido.

El 45% de los niños españoles se han visto afectados en su salud mental por la pandemia y las restricciones, según el trabajo que ha hecho la fundación “Crecer Jugando”. Hasta un 40% han crecido las emociones negativas de nuestros pequeños, que están más enfadados (un 57%), más tristes (un 37%) , duermen peor (un tercio) y 4 de cada 10 ha disminuido su capacidad para controlar sus emociones.

Aprender con otros

En los coles están haciendo una labor especifica para ayudarles a gestionar esas emociones negativas. “Tenemos que crear un clima de seguridad en la clase”, afirma la maestra y lo van a conseguir porque “miramos a los niños con los ojos del corazón”.

Los datos del estudio revelan también que los menores han reducido en un 70% el tiempo que pasan con otros niños, y que las actividades extraescolares y de ocio han disminuido un 27%.

Sagrario Peña afirma que “los niños necesitan de sus iguales, porque se aprende haciendo, se aprende haciendo, y se aprende con otro”. Por esta razón recomienda a los padres que “retomen las actividades sociales de sus hijos. En el colegio ya lo estamos haciendo, las excursiones, las extraescolares formativas, porque son muy necesarias”. Entiende la maestra el recelo de los padres pero les pide que “observen la conducta de sus hijos, porque los niños necesitan sentirse cuidados, queridos, y que nos cuenten, que le pongan palabra a eso que les pasa, a lo que sienten”.

Quedémonos con lo bueno

A pesar del terremoto emocional que ha supuesto para los niños, lo que nos ofrecieron las restricciones fue “una gran cantidad de tiempo”, nos cuenta la psicóloga Silvia Alava. “de tiempo de estar en familia, de juegos en familia, de hecho los niños lo echan de menos, pero también para estar solos jugando, dirigiendo su propio juego, reflexionando y pensando sobre su vida”. Es esa parte “de ir más despacio, la que debemos mantener- afirma la psicóloga autora del libro El arte de educar jugando-porque en el momento en el que nuestra vida ha vuelto a lo que era antes, hemos vuelto a las prisas, sin dejar espacios para el juego y la introspección personal”.

De hecho, el estudio realizado por la fundación “crecer jugando” destaca que 4 de cada 10 niños han mejorado su capacidad para entender emociones y sentimientos. Pero todo esto les ha removido y mucho.

Necesidades emocionales

Es momento, explica Silvia Álava, de atender sus necesidades emocionales, “ver lo que puede estar ocurriendo y como les podemos ayudar, porque los niños no tienen completamente adquirida la capacidad de regulación emocional, por eso tenemos que seguir pendientes de cómo están y ayudarles a verbalizar lo que les está ocurriendo”.

Todavía no hay estudios sólidos para determinar como les puede impactar en su futuro adulto la situación que han vivido. “Por eso-asegura la psicóloga- es tiempo de prevención”.

El informe señala como posibles consecuencias la dificultad de relacionarse con amigos y familiares, que puede afectar al 34%, el impacto en el bienestar emocional, que tienen en riesgo el 42%, y la calidad de vida, que puede empeorar para el 38%.

Fuente: cope.es

Cómo sustituir castigos por consecuencias: 6 ejemplos prácticos

Casos en los que se puede sustituir un castigo desproporcionado a los hijos por una consecuencia lógica

Por Alicia Mendoza Martín

Cada vez más, padres y madres apuestan por una crianza sin castigos. Se suele pensar que este tipo de educación está libre de normas, de límites y de consecuencias. No es así. Los actos que cometen tanto los niños como los adultos conllevan ciertas consecuencias.

El objetivo de aplicar consecuencias ante sus actos no es hacerles sentir mal, ni imponer una pena desproporcionada e ilógica como hace el castigo, sino que el objetivo es hacerles entender poco a poco que sus actos siempre tienen consecuencias sobre los demás. Las consecuencias buscan un aprendizaje, los castigos son solo punitivos.PUBLICIDAD

Como ya te contábamos en este artículolas consecuencias pueden diferenciarse en naturales o en lógicas. Las naturales son aquellas que suceden por una causa-efecto natural. Por ejemplo, si nuestro hijo no hace los deberes, la consecuencia natural es que al día siguiente no los va a llevar hechos al cole. En las consecuencias lógicas intervenimos los padres para guiarles y ayudarles a reflexionar sobre sus actos. Para poder aplicarlas, deben cumplir estos puntos:

  • Han de estar relacionadas con la conducta que queremos corregir.
  • Tenemos que haberlas comentado y llegado a un acuerdo antes con el hijo.
  • Han de ser respetuosas con ellos.
  • Han de ser proporcionadas a la conducta que se quiere corregir.

Aunque mediante nuestra intervención los hijos van a ir aprendiendo y asimilando sus conductas, debemos acercarnos a la raíz del problema más allá de aplicar consecuencias lógicas. ¿Por qué nuestro hijo tiene esa emoción? ¿Tiene sus necesidades cubiertas? ¿Por qué expresa su rabia, por ejemplo, contestándonos mal?

Os dejamos con algunos ejemplos prácticos donde podemos sustituir un castigo desproporcionado por una consecuencia lógica.

1. ¿Qué consecuencia lógica podemos aplicar cuando nuestro hijo pequeño da una mala contestación, con mal tono o se enfrenta a nosotros?

Desde la infancia hasta la adolescencia nos encontramos a veces que nuestros hijos nos contestan mal, nos insultan o quieren enfrentarse a nosotros. Puede que quizás se nos venga a la mente que ante esta falta de respeto debemos mandarles directamente a su cuarto castigados. Pero podemos hacerle ver que hay que cambiar esos malos gestos desde las consecuencias lógicas de sus actos.

Silvia Álava, psicóloga infanto-juvenil, nos cuenta que podemos plantear a nuestros hijos que al habernos tratado mal, como consecuencia no nos apetece estar con ellos durante un ratito. “Tienes que entender que ahora mismo y durante un ratito, no me apetece hablar contigo porque me has insultado y no me has tratado con respeto. Entiende que yo necesito un espacio para que se me pase”, nos cuenta Silvia sobre cómo abordarlo con ellos. Es posible que, si nuestro hijo está enfadado, no reaccione ante nuestras palabras. Por eso, debemos darles tiempo también a ellos para que se calmen y puedan entender nuestra perspectiva.

Asimismo, les podemos plantear una comparativa para que entiendan el daño que nos ha hecho al faltarnos al respeto. “Imagínate que un amigo en el colegio te trata mal, te empuja y te pega. Luego te dice: vente a jugar conmigo. ¿Te apetece jugar con él? No, verdad. Necesitas un tiempo hasta que se pase y te pida perdón”, ejemplifica Álava. De esta forma, permitimos que los hijos reflexionen sobre sus actos y como nos dice Álava, que “vayan aprendiendo la dinámica del mundo, las reglas no escritas de la sociedad”.

2. ¿Qué consecuencia lógica podemos aplicar si les digo de hacer algo, lo repito mil veces y no lo hacen? (Si no hacen sus deberes, si no se quieren duchar, si no recogen su habitación…)

Nos habremos encontrado en esta situación. Les decimos a nuestros hijos: “Cariño, ¿puedes recoger tu habitación?” Pasa un tiempo y vemos que no lo ha hecho. O incluso se lo hemos repetido mil veces y no nos ha hecho caso. Si no hacen sus deberes, como consecuencia natural, al día siguiente irán a clase sin haberlos hecho; si no se quieren duchar, no irán limpios al día siguiente; y si no recogen su habitación, la tendrán desordenada y vivirán en un pequeño caos. ¿Cómo podemos actuar los adultos para que vayan aprendiendo que tienen que hacer sus tareas sin imponerles castigos?

Silvia ve que estos escenarios los podemos plantear así: podemos explicarles que, al no haber hecho la tarea que tenían pendiente, se les ha acabado el tiempo para hacer la tarea siguiente que tenían muchas más ganas de hacer (jugar, leer, ver la tele…). “Cuando yo te digo una cosa y no lo haces a la primera, ¿sabes lo que pasa? Que luego no nos queda tiempo para jugar, para poner la tele, para hacer algo juntos. Ahora no da tiempo, porque lo perdimos cuando lo gastaste no recogiendo la habitación, no queriendo ir a la ducha”. De esta manera, Álava explica que no se trata del “como no me has obedecido, te quedas sin la Tablet”, sino que es una consecuencia lógica por usar su tiempo de juego y de diversión en negarse a hacer las tareas: hemos usado todo el tiempo esperando a que recogieras la habitación y hoy no podremos jugar con la Tablet porque es la hora de dormir.

Nos explica la psicóloga que si sabemos que les cuesta realizar estas tareas (recoger, hacer los deberes…), vamos a poner otra más agradable tras ellas, y explicarles “desde la calma y la serenidad” que para hacer estas últimas nos tiene que haber dado tiempo a realizar las más duras antes. “Tiene que saber que tiene que tener los deberes hechos para que haya tiempo para la Tablet, para encender la tele…”. Al fin y al cabo, se trata de haber hablado con ellos antes y haber consensuado que, para que dé tiempo a coger los dispositivos electrónicos, se debe haber hecho las tareas antes.

Álava también señala que podemos usar la emoción de la sorpresa para que ellos vayan entiendo la lógica de sus actos. “¡Aaaaah! Pero si yo pensaba que esto ya no lo querías hacer, como no hiciste los deberes y teníamos muy claro que para hacer esto tenías que tener hecho los deberes…”

Asimismo, Álava remarca que, para que sea efectivo esto, en el día a día tenemos que prestar más atención cuando están haciendo una tarea que cuando no la están haciendo. Es decir, cuando decimos a nuestro hijo que recoja la habitación y lo hace, nosotros nos solemos ir a hacer otra cosa; por el contrario, cuando no quiere recogerla, nos quedamos ahí con él y le decimos “recoge”, “te he dicho que recojas”. Por eso, debemos poner nuestra atención más en positivo (nos quedamos con él cuando recoge su habitación) y no tanto en negativo (cuando no lo hace, no debemos prestarles la misma atención y repetirles mil veces “recógela”).

3. ¿Qué consecuencia podemos aplicar si pega a su hermano u a otro niño? 

Cuando un niño pega a alguien, esa otra persona, ya sea otro niño o un hermano, se va a sentir molesto, triste y dolorido. Lo primero que debemos hacer como padres es separarles y después les hablamos para que entiendan la situación en la que se encuentran. “A nadie nos gusta que nos peguen. ¿A ti te gustan que te peguen? No. Cuando tú pegas, es normal que tu amigo no quiera estar contigo”, ejemplifica Álava.

Es decir, la consecuencia lógica es que nuestro hijo no va a poder estar con su amigo durante un tiempo hasta que a la otra persona se le pase su emoción y pueda perdonarle. Si pega a su hermano, como padres y madres podemos decirle que se va a quedar un rato sin jugar con nosotros porque vamos a estar jugando con su hermano que está dolido y no quiere estar con él durante un tiempo.

Las consecuencias deben ir acompañadas con pedir perdón. “Perdonar implica que yo soy consciente de que te he hecho daño. Que no sea el pedir perdón porque así de esta forma ya te quitas las consecuencias, pedir perdón es para que aprendan cómo aliviamos el malestar de esa persona”, contempla Álava.

No hay que olvidar que los niños pequeños no tienen desarrollado por completo la parte de su cerebro que controla sus impulsos, por lo que es normal en su desarrollo natural que tengan impulsos de pegar o morder tanto a nosotros como padres y madres como a sus pares.

4. En cuanto a las pantallas, ¿cómo cambiar el castigo de “si te pasas de la hora, te quedas sin Tablet” a una consecuencia lógica?

Pongamos en situación que nuestro hijo ha estado con los videojuegos más de la cuenta o se ha quedado viendo la tele más tiempo del que tiene establecido.

Para que esto no vuelva a suceder, Álava señala que debemos explicarles claramente cuál es el horario de uso de las pantallas y su tiempo máximo. Asimismo, podemos avisarles cuando faltan cinco minutos para que estén con preaviso y sepan que deben dejarlo. “Y si se pasan de la hora, ahí sí que podemos decirles: confié en ti, tú me dijiste que lo ibas a apagar”. Es decir, en ese momento les explicamos nuestra emoción de decepción al ver que ha traicionado nuestra confianza. Como consecuencia, les podemos señalar que al día siguiente tendrán la Tablet, pero a su tiempo habitual se les restará el tiempo que estuvieron jugando de más.

5. ¿Y si suspende asignaturas por no haber dado un palo al agua?

Seguro que alguna vez hemos escuchado: hasta que no apruebes las asignaturas te quedas sin salir de casa, no vas a ver a tus amigos. Suena ilógico privar a alguien de necesidades como socializar por haber suspendido.

“No es lo mismo que haya sido un examen más difícil y no pasa nada por suspenderlo, frente al típico ‘bah, ya me lo sé’”, aclara Álava. Por eso, primero debemos averiguar junto a ellos por qué ha suspendido. En el caso de que nuestros hijos no hayan querido estudiar, les explicamos que van a tener que invertir más tiempo en sus estudios frente a lo que lo hacían anteriormente. Esto no significa privarle de hacer excursiones, tener vacaciones o salir con sus amigos, sino que se trata de invertir más tiempo de su día a día en estudiar. “No lo has estudiado cuando tocaba, ahora toca estudiarlo en el tiempo que tenías que hacer otra cosa. Si el hijo quiere coger la tablet, plantearle con lógica y coherencia: ‘no, a ti te toca estudiar más, ahora ese tiempo que estabas con las pantallas, lo tienes que invertir en estudiar’”, explica Álava.

6. Mi hijo se quita el cinturón o mi hijo me suelta la mano al cruzar. ¿Debo aplicar consecuencias o poner un límite?

Hay que hacer una distinción entre diferentes situaciones: las que conllevan peligro para el niño y las que no. Por ejemplo, en los momentos en los que nuestro hijo no quiere montarse en la silla del coche o quiere cruzar sin cogernos de la mano, reaccionamos, le damos la mano o le colocamos en la silla, y después les explicamos por qué es peligroso ir en el coche sin la silla o sin el cinturón. “Cuando tu vida corre peligro primero te salvo, y luego educamos”, señala Álava. Aunque nuestros hijos hagan pataletas y quieran ir libres, hay que establecer un límite muy claro que ellos también deben conocer. Con poca edad, la capacidad de razonamiento de ese niño o niña no está desarrollada, por lo que la explicación tampoco les servirá. Por eso, como sentencia Álava, “ante todo, protegerles ante estos peligros, aunque no les apetezcan darnos la mano”.

FUENTE: información.es

¿Por qué no se quitan la mascarilla? El síndrome de la cara vacía en adolescentes. Podcast de cadena SER

¿Han aparecido entre los menores trastornos de ansiedad por el miedo a quitarse la mascarilla? ¿Esto puede enmascarar los problemas propios de la adolescencia o la falta de autoestima y autoconcepto de sí mismo?

Por Paco Auñón pacoaunonmuelas SER Cuenca

En el espacio Escuela de Salud que coordina Beatriz Hernández y que emitimos los jueves cada quince días en Hoy por Hoy Cuenca, hemos abordado el síndrome de la cara vacía tras la restricción del uso de mascarillas en interiores y lo hemos analizado con Silvia Álava Sordo, doctora en psicología clínica y de la salud, psicóloga sanitaria y educativa, especialista en Psicoterapia, escritora y conferenciante, profesora universitaria, divulgadora científica y directora del Centro de Psicología Álava Reyes.

¿Por qué los adolescentes no se quitan la mascarilla?

“No es lo mismo que los adolescentes no se quiten la mascarilla por el efecto del miedo a contagiarse”, explica la doctora Álava, “que, como estamos viendo en muchos de ellos, por vergüenza, cierta inseguridad y complejos. Quizá en el tiempo de la pandemia han cambiado y puede ser que sus dientes no sean perfectos, que tengan granitos u otros complejos que la mascarilla ayudaba a mantenerlo tapados”.

Silvia Álava Sordo para la presentación de su libro ‘¿Por qué no soy feliz?’ el 8 de enero, 2022 en Madrid. / Pablo Blázquez Domínguez

Dos años con media cara tapada

Tras dos años de pandemia y usando mascarilla, los adolescentes, las personas a las que más puede cambiarles su rostro en doce meses debido a su desarrollo, se enfrentan al síndrome de la cara vacía. “Han usado la mascarilla como una especie de protección para no tener que mostrar su verdadero rostro”, explica Silvia Álava. “Tenemos que pensar en los chicos y chicas que entraron en primero de la ESO que no se habían visto casi sin mascarilla. Es muy diferente conocer a alguien con o sin mascarilla”.

¿Recuperar mascarillas?

No es seguro que las mascarillas no vuelvan a nuestros rostros. La evolución de la pandemia del covid y la intensidad de las distintas olas que puedan sucederse marcará si esto ocurre. “Llevamos dos años diciendo que lo bueno para protege es la mascarilla, que no nos la quitemos”, relata la psicóloga. “De repente la situación ha mejorado, ya nos la podemos quitar. Para determinadas personas no deja de ser complicado porque todo esto puede recibirlo como mensajes contradictorios. Ahora sí, ahora no. Por eso hay que ligarlo a la situación epidemiológica”.

Salud mental

“La pandemia ha afectado a la salud mental de niños, adolescentes ya adultos”, explica la doctora Álava. “En los menores se han incrementado los trastornos de ansiedad y otros sobre el estado de ánimo como la depresión. Estamos viendo muchos duelos que no se han realizado correctamente o trastornos de la conducta alimentaria”.

En manos de profesionales

A pesar de que en pandemia ha aumentado la venta de libros de autoayuda, lo recomendable es ponerse en manos de profesionales. “En el momento en el que veamos que la situación se nos puede escarpar de las manos es cuando tenemos que pedir ayuda”, explica Silvia Àlvar. “El psicólogo nos va a ayudar a entendernos mejor, a entender qué le ocurre a nuestro hijo o hija, y siempre en base a la evidencia científica”.

FUENTE: cadenaser.com