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Finaliza la baja maternal. Y, ahora, ¿con quién dejo a mi bebé?

Esta es una de las dudas más frecuentes de las que nos asaltan a las madres y padres. Silvia Álava nos da siete claves para que encontremos la respuesta.

Aunque en los últimos años se han ampliado los permisos de maternidad y paternidad, cuando nuestros hijos cumplen aproximadamente 8 meses, tenemos que reincorporarnos al trabajo. En esta situación tenemos que decidir cuál de las opciones disponibles es mejor para nuestro bebé: si apuntarle a la escuela infantil o dejarle con un familiar o con alguien a quien podamos tener en casa.

Existen muchas dudas sobre qué implica cada una y los beneficios que les pueden aportar a los bebés.

¿Las escuelas infantiles pueden potenciar la socialización y las capacidades psicomotrices de nuestros hijos, o es mejor que estén con cuidados exclusivos con un familiar de confianza o, incluso, si podemos permitírnoslo, con alguien formado que podamos tener en casa?

Estas y otras dudas nos las resolvió la psicóloga Silvia Álava en un webinar en directo en el que, además, nos dio claves a tener en cuenta a la hora de realizar la elección.

CLAVES A TENER EN CUENTA A LA HORA DE TOMAR LA DECISIÓN

«Como todo en la vida, la respuesta a la pregunta si es mejor llevarle a la escuela infantil o dejarle con un familiar o alguien de confianza en casa, dependerá de nuestra situación familiar. No hay una respuesta correcta que valga para todas las familias», comenzaba diciendo Álava. Teniendo claro esto, habrá que tener en cuenta otras claves para tomar la decisión. Las repasamos:

1.Fuera culpa

De un día para otro, pasamos de estar 24 horas con nuestro bebé a tener que irnos al trabajo. «Esto nos genera un sentimiento de culpa tremendo que tenemos que trabajar. Porque si tomamos decisiones desde un sentimiento tan negativo como es la culpa, perdemos la objetividad y no vamos a ser capaces de ver cuál de las opciones que se nos plantean es la más acertada para nuestra familia», nos dice Álava.

«La decisión perfecta no existe. Todas tienen sus puntos fuertes y sus puntos débiles, y esto es algo que tenemos que asumir desde el principio».

Silvia Álava, Psicóloga

2.La decisión perfecta no existe

De la misma forma que Álava nos recordaba que cada familia tendrá que valorar cuál es la mejor opción para ellos concretamente, también nos quiso dejar claro que la decisión perfecta no existe: «Todas tienen sus puntos fuertes y sus puntos débiles, y esto es algo que tenemos que asumir desde el principio».

3.Confianza

Álava nos decía que la persona o las personas que vayan a quedarse con nuestro bebé deben ser de absoluta confianza. «Esto en el caso de dejarle en casa con un familiar es más sencillo, pero en la escuela infantil también tenemos que aspirar a esto». ¿Cómo? Informándonos bien del centro al que vamos a llevar a nuestro bebé. «No podemos dejar a nuestro bebé con alguien que nos genere dudas, porque no va a salir bien».

4.Información

Aunque ya hemos dicho que la decisión perfecta no existe, para tomar la nuestra Álava nos recuerda que «la información es poder». Debemos buscar información, acudir a escuelas infantil y preguntar por sus metodologías. En caso de decidir contratar a una persona para que venga a casa, lo mismo, tener en cuenta su formación, preguntarle cómo actuaría en determinadas situaciones…

«Cuanta más información tengamos, mejores decisiones tomaremos».

Silvia Álava

5.Ofrecimiento voluntario

Una de las opciones a la que más familias recurren es dejar a los niños al cuidado de los abuelos. «Es una opción muy buena, puesto que la confianza existe, ellos ya tienen experiencia en el cuidado y la crianza de niños y, además, aumenta el vínculo entre ellos, pero ojo, y esto es fundamental, tienen que haberse ofrecido ellos», nos dice Álava. Es muy diferente que nosotros se lo pidamos a que ellos se ofrezcan. «La obligación de educar a nuestro hijo es nuestra, no es de los abuelos, por tanto, nunca se les debe imponer, porque la formula no funcionará».

Si aceptan, llega el segundo paso: «entender que no lo van a hacer como nosotros. Que los abuelos, a menudo, no tienen la misma forma de educar que nosotros. Podemos hablar con ellos, explicarles porqué para nosotros esto o lo otro es importante, pero si no llegamos a un entendimiento, tendremos que valorar otras opciones».

6.Los niños necesitan estimulación para desarrollarse

«Los seis primeros años de vida de nuestros hijos son clave para su desarrollo. Por eso debemos tomárnoslo en serio. Un niño, aunque no nos guste a nosotros, necesita parque, jugar al aire libre, ir descubriendo cosas, relacionarse con otros niños…». Esto no nos obliga a llevarlos a la escuela infantil, en absoluto, pero sí a tener claras cuáles son sus necesidades para cubrirlas.

7.Cuidado con los mitos

«Cuidado con esas ideas que nos llevan a pensar que tenemos que llevar a nuestro hijo a la escuela infantil porque, de no hacerlo, cuando llegue al colegio con 6 años lo hará en desigualdad de oportunidades o retrasado respecto a otros niños. Esto en absoluto es así», nos dice Álava.

FUENTE: elperiodico.com

Cómo consigo que mi hijo se porte bien

Los malos comportamientos de nuestros hijos nos preocupan y desgastan, pero a la vez, sentimos que no tenemos herramientas para hacerlos frente.

La mayor parte de las conductas problemáticas se dan en los primeros años de nuestros hijos y lo paradójico es que como madres y padres nos empezamos a preocupar cuando son preadolescentes. Sin embargo, cuando echamos la vista atrás, nos preguntamos por qué hemos acudido a un profesional cuando tienen 12, 14 o 16 años. Sentimos que ya es demasiado tarde y no tenemos herramientas. Para hacer frente a estos primeros momentos de la infancia podemos contar con un diario de conducta, en este caso, de la mano de la psicóloga Silvia Álava.

Descargar: Registro Diario de Conducta

Si te preocupan y desgastan los malos comportamientos de tus hijos, aquí podrás descargar gratuitamente esta herramienta útil para cualquier problema o conducta que desees cambiar.  Puedes descargar el Diario de Conducta haciendo clic sobre la imagen de debajo.

¿Qué es y para qué sirve un registro diario de conducta?

El diario de conducta es un recurso que se suele utilizar tanto en el ámbito de la psicología como en el aula. En definitiva, es una tabla que nos permite observar los comportamientos de nuestro hijo y revisar cómo estamos reaccionando. Silvia Álava, en su libro “Queremos hijos felices”, nos recuerda que los niños aprenden por modelado, es decir, copian a sus figuras de referencia. Además, si tenemos en cuenta las bases de la disciplina positiva, los niños y los adultos buscamos la pertenencia al grupo y para ello, adaptamos nuestro comportamiento en función a nuestras creencias.

Este recurso permite entender el contexto donde se produce el mal comportamiento, a veces no somos conscientes de todo lo que ocurre a nuestro alrededor y lo que decimos. Cuando nuestra hija llora por las mañanas para ir al colegio porque quiere ir al parque de al lado, y aunque tratamos de explicarle que no puede, sigue llorando, quizá no nos paramos a pensar que podemos buscar una ruta alternativa para evitarlo. Como adultos, nos permite recuperar el control de la situación y ofrecernos una disciplina personal para parar, reflexionar y tomar consciencia del problema.

Cuando vivimos un conflicto con nuestro hijo o hija no nos damos cuenta de lo que ocurre, ni antes ni durante, pero cuando nos obligamos a escribir tenemos la posibilidad de revisar y observar. Puede que veamos que con nuestra reacción le estamos dando un matiz más grave al asunto y quizá, solo requiere de más paciencia u otra organización por nuestra parte. Por ejemplo, si hay conflictos durante el desayuno, quizá no nos percatemos de que el tiempo establecido para ese momento del día sea insuficiente para nuestros hijos, que con la edad que tienen les estamos poniendo la ropa, los zapatos o el desayuno, y que para hacerlo autónomamente necesitan levantarse antes. En ocasiones, vemos las cosas desde un punto de vista adultocentrista y no desde las necesidades de los niños.

¿Cómo utilizo el diario de conducta?

La mayoría de las conducta problema pasan inadvertidas o no les damos la suficiente importancia. Por eso importante observar las conductas de nuestros hijos, sus emociones, qué le ha provocado ese malestar. Para ello contamos con esta herramienta: el diario de conducta. ¿Qué necesitamos para utilizarlo?

  1. La observación será nuestra principal herramienta de evaluación en las primeras edades.
  2. La información clara y precisa será crucial en nuestra intervención.
  3. La delimitación de las “conductas problema” será clave.
  4. Realizarlo, mínimo, durante una semana y observar cómo respondemos ante sus conductas. Después de este tiempo, veremos muy claro qué es lo que está ocurriendo. Evaluaremos la situación y nos daremos cuenta de cosas como que siempre terminamos cediendo cuando tiene una rabieta o que repetimos las cosas 17 veces y terminamos haciéndolo por él porque perdemos la paciencia.
  5. Escribirlo en el momento, no dejarlo para después. Si lo dejamos para más tarde es probable que se nos olviden detalles significativos. Cuando son pequeños y nos ven escribiendo es probable que se queden parados y no hagan nada. Se darán cuenta de esta dinámica, pero volverán a lo suyo otra vez. Si nos preguntan, con un escueto “estoy tomando notas”, es suficiente.
  6. Escribir todo lo que ocurre hasta que queda “resuelto” el conflicto. Por ejemplo: si el conflicto es que el niño ha comenzado a no tomar desayuno y llora todos los días, debemos escribir desde que se sienta en la mesa hasta que lo llevamos al colegio y queda extinguida la situación. En el cuadro debe estar incluido todo lo que ha pasado durante ese transcurso de tiempo.

En las edades más tempranas estaremos especialmente atentos a los primeros signos de falta de interiorización de las normas. Un signo crucial será el cambio repentino en la conducta o en el rendimiento escolar que muestra nuestro hijo, ahí nos está diciendo que hay algo que le está influyendo, pueden ser los amigos, algo que ha observado en casa o nuestros comentarios o actitudes hacia él.

Silvia Álava: “Si queremos que nuestro hijo cambie su conducta, el cambio debe empezar en nosotros”

EDUCACIÓN

Silvia Álava: “Si queremos que nuestro hijo cambie su conducta, el cambio debe empezar en nosotros”

Partes del diario de conducta

Cada vez que nuestro hijo o hija tiene un mal comportamiento que queremos cambiar debemos coger este recurso y empezar a escribir. La experta recomienda que seamos muy literales en nuestra redacción, debemos poner con exactitud lo que ocurre, hacemos, decimos, etc.

  1. Día y hora. Debemos poner la fecha y la hora.
  2. Situación.  ¿Dónde estamos, quiénes y qué hacemos? Por ejemplo: Estamos en casa, en el salón y los niños están jugando a la PlayStation. Nosotros estamos leyendo y es hora de hacer la cena y poner la mesa.
  3. Conducta problema. ¿Qué hace o dice el niño? Literalmente. Por ejemplo: “Déjame en paz, no me da la gana”, “¿eres tonta? ¡estaba jugando con mi Play!”.
  4. Respuesta de la madre, padre o persona presente. Literalmente qué hacemos o decimosPor ejemplo: “ya te he dicho que hay que hacerlo”, “me da igual si no quieres dejar la Play, hay que poner la mesa” A continuación, se la quito y volvemos a gritarnos: “¿por qué me lo apagas?”, “Porque te he dicho que ya no se juega más”, “Mamá, por favor, 5 minutos más”, “Te he dicho que no”… Como se ha mencionado anteriormente, hay que volver a redactar todo hasta que la situación queda extinguida.

¿Qué hacer después de una semana?

Tras una semana dejando por escrito lo que ocurre, es momento de sentarnos y leer. Siguiendo el ejemplo, quizá nos demos cuenta que siempre nos retan cuando hay que poner la mesa, que les dejamos jugar justo 10 minutos antes de ponernos a cenar, que no avisamos con el suficiente tiempo, que terminamos poniendo la mesa nosotros o que siempre les gritamos y no les damos opción a hablar. Como se ha mencionado anteriormente, nos da pistas sobre cómo reaccionamos y claves para ver por qué nuestro hijo se comporta así.

Tras este proceso de reflexión es posible buscar otras alternativas como: que necesita que le delimitemos mejor el horario de juego, hacer preavisos, asegurarnos que nos ha entendido o que le quitemos los mandos en silencio y le llevemos hacia la mesa. Sin duda no es un proceso que nos lleve al éxito inmediato, necesitaremos de ensayo y error para ajustar nuestra respuesta a las necesidades de nuestro hijo. Sin embargo, sí nos proporcionará claves para el mayor objetivo como madres y padres: no cometer los mismos errores y actuar cuando sea demasiado tarde.

FUENTE: elperiodico.com

¿Cómo potenciar el sentido del humor en nuestros hijos?

El sentido del humor permite aumentar el optimismo y autoestima de nuestros hijos, nos ayuda en su crianza y en el hogar.

Por Silvia Sánchez de Educar es Todo

El sentido del humor es una excelente herramienta educativa. La risa nos proporciona energía, conexión con los demás, creatividad y optimismo. El humor ayuda a buscar alternativas, a pensar de forma racional y nos proporciona sentimientos positivos de alegría y gozo. En este artículo veremos qué beneficios tiene y cómo fomentarlo en nuestros hijos.

Qué beneficios tiene el sentido del humor en nuestros hijos

El gran Carles Capdevila mencionaba en una de las ponencias de un evento Educar es todo, que “uno de los principales problemas que tenemos los padres hoy en día es que hablamos de la educación de nuestros hijos muy preocupados. Nos lo tomamos muy en serio y eso es muy importante, pero casi preferimos estar angustiados a estar alegres”. Frente a esta actitud, subraya que “cuando eduquemos y cuando hablemos de la paternidad y la maternidad, creo que es importante que intentemos buscar esta sonrisa, esta alegría, la espontaneidad, la naturalidad. Que nos levantemos por la mañana diciendo: “Esto es muy difícil, pero vamos a divertirnos”.

Por su parte, la psicóloga Silvia Álava en su libro “queremos que crezcan felices”, menciona que el sentido del humor es un recurso que se puede trabajar con nuestros hijos desde que son pequeños. Algunos beneficios que propone son:

  • Aprendemos a relativizar los problemas. Cuando utilizamos el humor en los conflictos confrontamos nuestra interpretación de la realidad. Lo importante no es lo que nos pasa, si no la interpretación que hacemos sobre ello. Somos los reporteros y reporteras de nuestras vidas.
  • La risa, y el sentido del humor nos centra en el aquí y el ahora. Es el mindfulness de los niños. Es más, los efectos cerebrales de la meditación y del humor son parecidos, pues se producen altos niveles de ondas gamma, que permiten una mejor sincronización neuronal de distintas áreas cerebrales destinadas a la atención, a la memoria de trabajo, al aprendizaje…”
  • La risa nos conecta con los demás, potencia la proximidad, la amistad y el amor. Y además predispone a la cooperación, al buen ambiente, reduce la agresividad y facilita la comunicación.
  • La risa es fundamental para la salud mental. Reduce la ansiedad, el estrés y la depresión. No se trata de querer estar todo el rato riéndose, pero dejar hueco a la risa en nuestro día a día nos ayuda a vivir la cotidianeidad con más alegría, optimismo y energía.
  • La risa refuerza la autoestima y el autoconcepto. Reírse de uno mismo, de nuestros errores, nos ayuda a aceptarnos mejor, a entender nuestra imperfección sin complejos y a seguir adelante.

Cómo potenciar el sentido del humor

El sentido del humor nos acerca a los otros y reduce las tensiones en los grupos, también en nuestra familia. Silvia Álava nos propone algunas acciones para fomentar este hábito en nuestra familia:

  1.  Generar buen ambiente. Las madres y padres debemos aprender a reírnos de las situaciones cotidianas en lugar de enfadarnos. La confianza es la clave.
  2.  Aprender a reír. Se puede aprender a desarrollar el sentido del humor, ya que este no es una capacidad innata. Para que nuestros hijos lo utilicen es necesario que tengan un buen modelo y ahí nosotros jugamos un papel clave.
  3.  Afrontar los problemas desde el sentido del humor. Silvia nos menciona que necesitamos relajarnos, pensar qué haría otro en nuestro lugar y cómo nos ven los demás. Mostrarle al niño que cuando uno aprende a reírse de sí mismo relativiza el problema y se predispone a solucionarlo de forma positiva.
  4.  No todo vale, tampoco para reírse. Los valores, y especialmente el respeto, son los pilares de la educación. Y la risa también debe sostenerse por esos valores. Es importante enseñarles a reírse de sí mismos y enseñarles a reírse con los demás, pero no de los demás. El respeto hará que no se rían de una estrepitosa caída de la que son testigos, pero les hará capaces de reírse con un amigo cuando este afronte con humor una caída.
  5.  No queramos ser dramáticos con los contratiempos del día a día. Imagina que la deliciosa cena que estabas preparando se quema. Una verdadera pena, sí, pero podemos vivirlo de dos maneras: como un drama que se une a todos los problemas que hemos tenido durante el día y demuestran que “hoy no es nuestro día” o con lógico fastidio pero decidiendo salir de este dramatismo para lamentar que, vaya, “así no me van a aceptar en Masterchef”. En el fondo, todos los pequeños contratiempos son oportunidades para dramatizar o para aprender y reír. Y no podemos elegir qué nos va a pasar durante el día, pero tal vez si podamos decidir con qué actitud vamos a vivir eso que nos pasa.

Será importante promover el humor y la risa durante toda la vida, ya que en ocasiones, esas ganas de bromear y jugar desaparecen con la edad, dando lugar a los reproches y enfados.

FUENTE: elperiodicodearagon.com

Niños felices: claves para fomentar la felicidad en nuestros hijos

Todos queremos que nuestros hijos sean felices, pero ¿les estamos dando las herramientas que les van a permitir alcanzar el tan ansiado bienestar emocional?

Por María Dotor

Si hay que algo que queremos las madres y padres por encima de todo es que nuestros hijos sean felices. Pero ¿Qué es realmente ser feliz? Solo si sabemos lo que se esconde detrás de la felicidad podremos ayudar a nuestros hijos a disfrutar de ella. A averiguarlo nos ayudó la psicóloga Silvia Álava en un IGLIVE con motivo de la publicación de su último libro: ‘¿Por qué no soy feliz?‘.

¿Qué es realmente ser feliz?

«Tenemos una idea equivocada de lo que es la felicidad. Tendemos a pensar que ser felices es no tener problemas, que todo a nuestro alrededor vaya bien, estar alegres 24/7, pero esta idea es la que nos aleja de la felicidad y nos lleva a frustrarnos», nos decía Silvia Álava, según la cual la felicidad «tiene que ver más con encontrarnos bien, a gusto, en calma y en paz con nosotros mismos». Por tanto, el objetivo, «más que la felicidad, es el bienestar emocional, y el bienestar emocional no viene de serie, se trabaja».

Este fue uno de los primeros aprendizajes que nos dejó el encuentro con Silvia Álava: la felicidad no depende tanto de nuestras circunstancias, sino de cómo afrontamos nosotros estas circunstancias, por tanto, es algo en lo que se puede trabajar. «Para ser feliz no necesitamos cambiar las circunstancias de la vida. Necesitamos cambiar la forma de entenderla y de enfrentarnos a ella».

«Para ser feliz no necesitamos cambiar las circunstancias de la vida. Necesitamos cambiar la forma de entenderla y de enfrentarnos a ella».

Silvia Álava – Psicóloga y autora de ‘¿Por qué no soy feliz?’

¿Qué hay del componente genético? ¿Hay algo en nuestro ADN que nos predisponga a la tristeza o a la felicidad? «Sí, se sabe que el 50% de nuestra capacidad para ser felices se debe a nuestra genética. El 10% a las circunstancias que nos rodean y el otro 40% está en nuestra mano. Pongámonos a trabajar sobre este 40%, ahí está la clave», nos dice Silvia.

El origen de la infelicidad de nuestros hijos

Uno de los errores más comunes que cometemos en la educación es sobreproteger a los niños, de tal forma que procuramos evitar que sientan cualquier emoción desagradable. «Algunos padres malinterpretan el amor y piensan que es mejor proteger a sus hijos de cualquier emoción desagradable, o intentan protegerse ellos mismos del dolor que supone verles sufrir».

¿Por qué hacemos esto? «Solemos creer que la vida es muy complicada y que ya tendrán tiempo de sufrir, mientras puedan que disfruten y que sean lo más felices posible. Sin embargo, cuando hacemos esto, no nos damos cuenta de que no estamos permitiendo a nuestros hijos aprender regular esas emociones y cuando aparezcan, estarán desprotegidos, no sabrán qué hacer. Y este es, sin duda, el origen de su infelicidad.»

La sobreprotección es un enemigo de la felicidad. Sobreprotegiendo a nuestros hijos les dejamos sin recursos emocionales para desenvolver en la vida

Silvia nos ponía un ejemplo: «Si mi hijo llega a casa del cole llorando porque ha perdido su pelota y nosotros le decimos que no debe llorar, que no pasa nada, que ahora mismo vamos a comprar otra, lo que estamos haciendo es, en primer lugar, negar su emoción, y en segundo lugar anestesiarle emocionalmente, haciéndole «feliz» otra vez dándole otra pelota». ¿Qué debemos hacer entonces? Silvia nos proponía que «aprovechemos las pequeñas situaciones del día a día para hacer esa educación emocional».

Ante el ejemplo anterior, es conveniente, nos decía, hacer cuatro cosas:

  1.  Nombrar la emoción: «Estás triste».
  2.  Validar la emoción: «Es lógico que estés triste, yo también lo estaría»
  3.  Explicar la causa: «Estás triste porque has perdido tu pelota favorita».
  4.  Buscar una solución juntos: «¿Qué se te ocurre que podemos hacer para arreglarlo?». Podemos darle pistas: «Mañana podemos ir a buscarla a objetos perdidos del cole, y si no está, pediremos una por tu cumple. Mientras podemos jugar con la raqueta».

«No se trata de hacer sufrir a los niños inútilmente, ni de frustrarles de manera gratuita, sino de permitirles sentir sus emociones sin juzgarles, enseñándoles a identificar la causa y la consecuencia de su emoción y enseñarles a regularlas. O lo que es lo mismo, enseñarles habilidades de la inteligencia emocional, tan necesarias en la vida».

Enseñar a nuestros hijos a valorar lo que tienen es un aprendizaje que les acercará a la felicidad 

Los enemigos de la felicidad

Aunque la felicidad, en palabras de la propia Silvia Álava, es algo interno que nadie «nos puede dar y que nadie nos puede quitar», sí que existen personas, circunstancias, cosas que pueden alterar nuestro bienestar emocional y el de nuestros hijos, una de estas cosas es la comparación social. «En ocasiones, dicha comparación viene propiciada por los propios padres y entorno familiar, que nos instan a «ser los mejores» o que preguntan no solo qué nota hemos sacado, sino también la nota que han sacado el resto de compañeros de clase. Sin ser conscientes, este modelo de comparación continua con los demás es otorgar a nuestros hijos una fuente de insatisfacción permanente».

«El modelo de comparación continua con los demás es otorgar a nuestros hijos una fuente de insatisfacción permanente».

Silvia Álava – Psicóloga

Por supuesto que en la vida es aconsejable querer mejorar, alcanzar meta… El problema, dice Silvia, es cuando «el objetivo no es sentirse orgulloso y satisfecho con respecto a lo que haces, sino hacer más que los demás». En este caso, nuestros hijos estarán desarrollando una autoestima externa, que depende de la validación de los otros, y no una autoestima interna, en la que tú te valoras sin tener en cuenta lo que hacen los demás.

El falso «Si quieres, puedes»

Otro gran enemigo de la felicidad es la filosofía del «si quieres, puedes», que transmite la idea de que debemos perseguir nuestros sueños, luchar por ellos y, si no los conseguimos es que somos unos fracasados o no lo hemos intentado con todas nuestras fuerzas. Silvia nos advierte de los riesgos de transmitir esto a nuestros hijos: «Se nos olvida que cada persona es un mundo, con su casuística y sus circunstancias, y que no siempre va a poder conseguir lo que sueña. A veces, porque no es realista en lo que quiere, tiene que ajustar sus expectativas». Por tanto, sería fundamental enseñar a nuestros hijos que, como dijo Ortega y Gasset «Yo soy yo y mis circunstancias», y que estas me condicionan profundamente. De no hacerlo, cuando no llegue a algo, se frustrará.

«Hay que enseñar a nuestros hijos que cada persona es un mundo, con su casuística y sus circunstancias, y que no siempre va a poder conseguir lo que sueña. Este aprendizaje le va a evitar muchas frustraciones»

Silvia Álava – Psicóloga

¿Y qué hay de disfrutar y amar lo que tenemos y dejar de anhelar lo que no tenemos? Silvia Álava recuperó una cita de San Agustín: «La felicidad es seguir deseando todo lo que uno ya posee», por tanto, centrarnos en lo que no tenemos en vez de valorar lo que tenemos puede llevarnos a entrar en un estado de «inconformidad constante».

FUENTE: El Periódico de Aragón

Instagram Live con Educar es Todo

Atentos al próximo #instagramlive que haremos con Educar Es Todo el próximo martes día 1 de febrero a las 21:00h con motivo de mi nuevo libro #porquénosoyfeliz.

No os lo perdáis!!

#psicología#libros#emociones#felicidad#bienestaremocional#live

¿Llegas tarde a casa por trabajo? Qué hacer cuando la conciliación es imposible

La conciliación laboral, familiar y personal sigue siendo un mito para una gran mayoría de madres y padres

Por Marina Borrás

No os contamos nada nuevo si os decimos que la gran mayoría de personas que trabajan sufren una falta de conciliación laboral-familiar-personal que cada vez afecta más a su salud mental. Pero no solo a la suya; si son padres, también afecta a la salud y el desarrollo de sus hijos.

Es muy fácil caer en el mantra de que hay que pasar más tiempo con los niños y niñas, pero también poco realista. Imagino a una madre soltera que hace malabares para compaginar su trabajo, las tareas del hogar, el cuidado de otros familiares y la crianza de sus hijos riéndose (por no llorar) leyendo los consejos sobre priorizar la familia antes que el trabajo. Como si eso fuera tan sencillo. ¡Y encontrar tiempo para ella misma ni te cuento!

Y, entonces, ¿qué hacemos?

Madres, conciliación y carga mental

Los datos del Ministerio de Igualdad del Gobierno de España del último trimestre de 2020 demuestran una realidad desoladora: el 94% de las personas en activo que pidieron reducciones de jornada por cuidado de hijos o mayores fueron mujeres. Las mujeres representaron el 74,37% en el cómputo total de personas empleadas a tiempo parcial y el 89% entre quienes piden una excedencia por cuidado de hijos

Coral Herrera, comunicadora, escritora e investigadora, explica que “mientras los cuidados sigan en recargando nuestros hombros y sigan siendo sostenidos por las mujeres, nuestro mundo no va a cambiar, y necesitamos un cambio. Necesitamos tiempo para vivir, tiempo para criar, tiempo para ser nosotras mismas y necesitamos hacer realidad el mito de la conciliación, que hoy en día no es más que un mito, y además es una trampa que nos hace creer a las mujeres que podemos con todo, un poco a costa de nuestra salud física”.

Las consecuencias de la falta de conciliación en niños y niñas

En cuanto los efectos de esta falta de conciliación en niños y niñas, Iore Molero, responsable de la campaña de Unicef “Por la Conciliación Real”, declara que “la falta de tiempo tiene un impacto tremendo sobre los niños. Lo que hemos visto a través de la campaña es que los niños quieren estar con sus familias, echan de menos a sus padres. La falta de presencia de los padres y madres en el crecimiento de los niños puede desembocar en una peor gestión de las emociones y mayor inseguridad, entre otros problemas futuros”.

El psicólogo Alberto Soler añade que “una vez satisfechas el resto de necesidades básicas, los niños necesitan la presencia y cercanía de sus padres, y que éstos respondan de manera sensible a sus necesidades. Éstos son los ingredientes básicos para el establecimiento de una relación de apego”.

Sobre la trampa del tiempo de calidad

Sin embargo, Alberto Soler hace hincapié en que “los niños no necesitan un poco de ‘tiempo de calidad’, sino que necesitan tiempo, y por supuesto también que al menos parte de este tiempo sea “de calidad”, claro. Pero este concepto es muy tramposo, porque contrapone cantidad y calidad como si fueran incompatibles. Y no lo son; para que el tiempo sea de calidad no es necesario que hagamos nada muy especial, nuestras actividades cotidianas, vivir juntos y compartir tiempo ya tiene mucho valor y es fuente de aprendizajes y bienestar para nuestros hijos: hacer recados, la compra, preparar la cena, leer, ir al supermercado, dar un paseo…”.

“La gran mayoría (si no todos) preferiríamos poder pasar más tiempo con ellos”, admite el psicólogo, “pero muchas veces no podemos porque tenemos otras obligaciones, y parece que nos tenemos que consolar con esto del tiempo de calidad”.

“Sin embargo, creo que tiene más sentido tratar de organizarnos para poder disfrutar todo el tiempo posible con nuestros hijos, que seguir con nuestros ritmos frenéticos, consolándonos con la historia esta del tiempo de calidad; infancia sólo tienen una, estos años pasan muy rápido, y luego los echaremos de menos”.

Organizar el tiempo cuando se trabaja mucho

Como ya hemos dicho, y como el mismo Alberto Soler reconoce, muchas veces organizarse para trabajar, cuidar, encargarse de las tareas cotidianas, descansar y sobrevivir es “una verdadera yincana”.

«Muchos padres y madres tienen que lidiar con el sentimiento de culpa por no llegar a todo»

Silvia Álava – Psicóloga

A esto, la psicóloga Silvia Álava añade que “es muy difícil dedicar un tiempo de calidad a los niños si no pasamos un mínimo de tiempo con ellos, por ejemplo, los momentos importantes de la vida de nuestros hijos son fundamentales”. Cuando son pequeños, “el momento del baño, del masaje, de piel con piel… conviene que se esté haciendo. También intentar todos los días dejar abierto un espacio de confidencias, por ejemplo cuando se van a la cama sabemos que muchos niños es cuando quieren contar las cosas, pues intentar llegar a tiempo para escucharles y que nos cuenten las cosas importantes que han ocurrido en su día”. Organizar nuestro tiempo para no ir con la lengua fueraEducar es Todo

Por lo tanto, tenemos que tener muy claras “qué necesidades de los niños se pueden delegar y las que no, que son sus necesidades emocionales. Entonces, cada madre y cada padre tiene que detectar qué momentos son los que les necesitan, que tienen que estar ahí para escuchar, para saber qué le pasa, que el niño les pueda contar… y hay que crear esos espacios”.

El sentimiento de culpa de las madres y padres

Silvia Álava añade un ingrediente fundamental en todo este tema de la falta de conciliación: la culpa. “Muchos padres y madres tienen que lidiar con el sentimiento de culpa por no llegar a todo, por tener que estar trabajando cuando creen que sus hijos los necesitan… por eso, es muy importante poder trabajar esa culpa para que esos momentos en los que sí que puedan estar sean momentos de atención plena, de estar plenamente disponible para ellos, sin ningún tipo de distracción”.

Por lo tanto, tenemos que intentar que, cuando lleguemos a casa, nuestros hijos sepan que estamos presentes. Marian Rojas Estapé, conocida psiquiatra y escritora, explica que “empiezan a surgir estudios que demuestran que, cuando estamos con nuestros hijos y tenemos el teléfono delante, ellos perciben sensación de abandono. Perciben que no son lo más importante, que hay otra prioridad”.

Por eso, Marian hace hincapié en que “hay pocos piropos en esta vida como el de cuando estás con esa persona, el mundo se para, porque toda su atención la tiene puesta en ti”.

En definitiva, madres y padres debemos intentar, en la medida de lo posible, estar presentes cuando lleguemos a casa del trabajo para atender las necesidades emocionales de nuestros hijos. Sin embargo, somos conscientes de que la responsabilidad de la conciliación (o, más bien, de su falta) no puede recaer en madres y padres. Eso es totalmente injusto. Mientras sigamos sin políticas efectivas que permitan de verdad poder conciliar vida familiar y laboral, ¡y por supuesto personal!, seguiremos con madres y padres sobrecargados y, probablemente, bastante ausentes y llenos de culpa. Y eso, en el año 2022, no se debería permitir.

FUENTE: Levante Diario

Organizar nuestro tiempo para no ir con la lengua fuera

Os contamos junto a la pedagoga Maite Vallet consejos para no ir siempre con prisas.

Nos gustaría disponer de más tiempo, pero eso no está en nuestras manos: tenemos trabajos con horarios extensos, muchos compromisos, las tareas de casa, llevar a los niños al cole, a las extraescolares… y al final vivimos siempre con la sensación de “no me da tiempo a todo, tengo que ir siempre corriendo y con la lengua fuera”.

La psicóloga Silvia Álava propone pararnos a pensar cómo organizamos nuestro tiempo y cómo podemos hacerlo para pasar un tiempo de mayor calidad con nuestros hijos. Para ello, Silvia nos aconseja observar y analizar dónde están las fugas de tiempo: el niño está protestando, le estás mandando más cosas de las que puede hacer a la vez, le estamos sobrecargando de actividades o a lo mejor le estamos pidiendo que haga las cosas más rápido de lo que puede. Porque a la hora de organizar el día a día solemos planificar los tiempos en función de lo que tarda un adulto y, por ejemplo, le dejamos menos tiempo a nuestro hijo para que se vista, no puede hacerlo tan rápido y nos entran las prisas y el estrés.

ESTABLECER RUTINAS Y HORARIOS EN FAMILIA

Maite Vallet, pedagoga y formadora de profesores y padres, propone elaborar un horario en familia de las actividades que deben realizar antes de entrar en el colegio y después de salir de él. Si les ayudamos a reflexionar sobre todas las tareas, nuestros hijos se sienten implicados, respetados y satisfechos cuando cumplen los horarios y conocen las tareas que se deben realizar.

Otra ventaja de elaborar un horario de tareas en casa es que, si lo hemos hecho con su participación, realmente juntos, podrían reducirse las peleas por irse al baño o lavarse los dientes, porque es una tarea marcada en el horario que hemos elaborado juntos.

PLANIFICAR LA AGENDA Y RESPETAR LOS TIEMPOS PACTADOS

Del mismo modo que en el trabajo bloqueamos tiempo para tareas y lo cumplimos, es importante entender que el tiempo que le hemos dicho al niño que vamos a dedicar a alguna actividad es sagrado. Pero Silvia Álava recuerda que es importante dejar tiempo para pequeños imprevistos para tener un pequeño colchón de tiempo que no nos haga ir corriendo si, por ejemplo, no encontramos un calcetín.

GESTIONAR EL TIEMPO DEL NIÑO Y HACÉRSELO SABER

Por ejemplo decirle que ahora no puedo atenderte porque estoy haciendo la cena pero cuando termine me acercaré. Pero hay que cumplirlo, porque si cuando hemos acabado el niño está tranquilo no vale ponerse con otra cosa. Se trata de respetar ese tiempo que le he reservado. Cuando el niño es pequeño, le podemos dejar con una actividad planificada para que rellene ese tiempo.

EDUCAR NIÑOS RESPONSABLES Y AUTÓNOMOS

En realidad ese es el objetivo de la educación, que nuestros hijos sean autónomos. Muchas veces es cierto que no nos da tiempo a todo, pero porque en realidad estamos asumiendo tareas que nuestros hijos podrían hacer por sí solos, como vestirse, ducharse solos o incluso colaborar en la limpieza y el orden en casa. Por eso Silvia nos invita a enseñar a nuestros hijos a asumir sus tareas de manera progresiva, cuando ya estén preparados.

“Si favorecemos su correcta autonomía desde que nuestros hijos son pequeños, será cada vez más fácil porque iremos consiguiendo que cada vez sean más responsables y autónomos, pero hay que darles el tiempo que los niños necesitan”, señala Silvia Álava. Podemos empezar a preparar la mochila con ellos y paulatinamente dejarles que lo hagan y decirles que solo supervisaremos. Cuando yo asumo las responsabilidades de ese hijo o hija al final no aprende, porque piensa: “Si papá o mamá lo van a hacer, ¿para qué lo voy a hacer yo?”, nos indica Silvia.

«Debemos asumir que no llegamos a todo y, a partir de ahí, elegir y priorizar es fundamental para no frustrarnos por no cumplir unas expectativas poco realistas»

Lucía Galán, Pediatra

PRIORIZAR Y DISTINGUIR LO QUE ES IMPORTANTE DE LO QUE NO LO ES

En ocasiones nos gustaría cocinar una cena maravillosa, pero no tenemos el tiempo suficiente, así que eso no va a ser tan importante, se trata de resolver la situación. Lo mismo ocurre con las actividades que planificamos por la tarde con nuestros niños.

“En el momento que estamos viendo que tenemos que meter las actividades extraescolares casi casi con calzador y tenemos que ir corriendo de una a otra, hay que pararse y analizar si realmente tiene sentido que haga tres deportes en la misma tarde”, señala Silvia.

«Asumir que no llegamos a todo», como nos decía Lucía Galán (Lucía, mi pediatra) y, a partir de ahí, «elegir y priorizar» es fundamental para no frustrarnos por no cumplir unas expectativas poco realistas.

«Los niños tienen que aprender a aburrirse, que es muy bueno. Además, todavía ningún niño se ha muerto de aburrimiento”

Silvia Álava, Psicóloga

DEJARLES TIEMPO LIBRE

Como nos dice Silvia Álava, la mayoría del tiempo de nuestros hijos está planificado por un adulto: profesores, padres, monitores de extraescolares… Es importante, afirma Silvia Álava, que nuestros hijos aprendan a “gestionar su tiempo libre, decidir a qué juegan o simplemente aprender a aburrirse, que es muy bueno”, porque, bromea, “todavía ningún niño se ha muerto de aburrimiento”.

Silvia subraya la trascendencia de que nuestros hijos tengan tiempo libre solos porque, señala, “la única persona que nos va a acompañar toda la vida somos nosotros mismos”, así que es importante enseñarles a “estar a gusto con ellos mismos”. 

FUENTE: www.elperiodico.com

Taller «Los primeros pasos para educar para la felicidad»

«Los primeros pasos para educar para la felicidad»

En este taller patrocinado por la Fundación SM, os hablamos de cómo sentar la base de la felicidad en los primeros años de los más pequeños de la casa, promoviendo la autonomía, ofreciendo más atención en positivo que en negativo, educando en valores y disfrutando de los pequeños momentos. https://educarestodo.com

Rutinas en niños: beneficios y cómo crearlas

¿A tu hijo le cuesta seguir una rutina? Atentos a estas claves

Por Alicia Mendoza

A muchos y muchas de nosotros nos sonará esta situación. Despertamos a los niños, pero se quieren quedar más rato en la cama. Cuando ya se levantan, ponen impedimentos para ponerse la ropa para ir al cole. A la hora del desayuno tardan mucho en comer. Por la tarde no respetan la hora de estudio y cogen antes el videojuego…

Y como estas situaciones se dan muchas otras en las que tenemos que poner en práctica nuestra paciencia con los hijos e hijas para que el día a día salga adelante. Aquí es donde entra la importancia de educar y criar a nuestros hijos con unas rutinas fijas. Como nos cuenta Silvia Álava Sordo en este vídeo de la Comunidad Educar es Todo “los niños funcionan muy bien cuando tienen bien marcadas las rutinas […] porque les da mucha seguridad”.

Las rutinas son esenciales para los niños para su día a día: les ayuda a organizarse, les proporciona seguridad y estabilidad. Pero estas rutinas también vienen muy bien para los padres y madres, ya que son el eje que vertebra el núcleo familiar.

BENEFICIOS DE LAS RUTINAS EN NIÑOS

Tanto los niños como las familias se van a beneficiar de la creación de rutinas en su día a día.

Bienestar familiar

Las rutinas permiten crear un ambiente de bienestar familiar, tanto emocional como funcional.

Asimilación de reglas y normas

Esta investigación que aborda cómo las rutinas y rituales repercuten en el día a día de la familia y en la adquisición de habilidades de los niños, señala que “las rutinas contribuyen a la definición no sólo de las reglas internas de la familia sino también de la dimensión del significado del mundo social alrededor de la familia y de las relaciones que la familia instaura con el mismo”.

Se acatan las órdenes y se dejan atrás los gritos

Amaya de Miguel, experta de la comunidad Educar es Todo y creadora de “Relájate y Educa”, cuenta que para que los niños y niñas obedezcan “los días deben ser lo mas parecidos entre sí que se puedan», es decir debe haber rutinas iguales todos los días para los niños. “Todos los días te acuestas y te levantas a la misma hora, la comida es de esta manera, se cumplen los horarios… Todos los días recoges la mesa, también cuando estás cansado. Hay una rutina en todo muy marcada en los niños, también con los dulces y con los extras».

Responsabilidad

Las rutinas y los hábitos les enseñarán a ser responsables, que se deben respetar las dinámicas de la familia. Para ello, debemos dar ejemplo. Si nosotros como padres y madres no nos saltamos unas rutinas, nuestros niños también obedecerán los ritmos que deben llevar.

Ayuda al desarrollo del niño y de su autonomía

Esta investigación explica cómo “al crear un ambiente óptimo tanto en la escuela como en el hogar, el niño aumenta su seguridad emocional, desarrolla su autonomía, capacidad de interactuar y aprendizaje”. Y es que si les damos seguridad y estabilidad en su día a día, nuestros hijos comenzarán a realizar estos hábitos ellos mismos como una forma de ser independientes y autónomos.

TRES PILARES SOBRE LOS QUE IR CREANDO RUTINAS

  • Higiene: Muchos padres y madres se encuentran con la situación de que llegada una edad los niños no les apetece entrar en la ducha, lavarse las manos o cepillarse los dientes. Por eso, desde pequeños debemos educarles en el hábito de la higiene, para que así tengan en cuenta de que ducharse o lavarse las manos es algo beneficioso para su salud, y así no pondrán tantos impedimentos para seguir esta rutina.
  • Alimentación: Debemos intentar al menos comer una vez al día en familia a la misma hora.
  • Sueño: Fijar un horario de fijo no solo le va a permitir tener una rutina de sueño, sino que también va prevenir problemas de sueño como el insomnio.

También podemos establecer rutinas para el estudio, el juego al aire libre, el cuento, el videojuego, etc.

CÓMO CONSEGUIR IMPLANTAR RUTINAS

Os damos algunos consejos para que los niños y niñas acaten sus rutinas.

Mediante el juego

La psicóloga Patricia Ramírez nos contaba cómo jugar desde primera hora puede ayudar a que los niños hagan sus rutinas. “Por la mañana cuando me levanto y preparo el desayuno yo ya empiezo jugando con mis hijos. Mi hijo es un poco perezoso. Entonces pongo mi cronómetro de runner y le digo: Pablo, te estoy cronometrando el tiempo que tardas en salir de la cama. Y el tiempo que tardas en vestirte, y el tiempo que tardas en asearte y bajar a desayunar. Y cuando baja le doy los tiempos y hago como que lo anoto en una libreta para compararlo con otros días”. Esta estrategia de educar jugando permite que los niños hagan sus rutinas a tiempo y que desde por la mañana el día en familia funcione correctamente

Dar ejemplo

¿Cómo nos comportamos delante de nuestros hijos? ¿Nos vamos a dormir cada día a una hora? ¿A veces desayunamos y otros días no? Si queremos que nuestros hijos cumplan las rutinas que les decimos, también nosotros tenemos que cumplir con nuestra parte y no saltarnos aquello que obligamos a nuestros hijos e hijas.Noticias relacionadas

Respetar las rutinas

Relacionado con lo anterior, nosotros mismos tenemos que respetar las rutinas de los niños. Muchas veces tenemos la mentalidad que ejemplifica Silvia Álava Sordo: “no pasa nada si hoy retrasamos un poquito el tiempo de la ducha o el tiempo de la cena, pero cuando nos damos cuenta son las diez y el niño está sin meter en la cama y entonces nos entran las prisas y los agobios, cuando hemos sido nosotros mismos quienes hemos ido posponiendo esa situación”.

FUENTE: elperiodico.com

¿Qué puedo hacer? Mi hijo muerde

A los 2-3 años, los niños empiezan a morder para hacer daño. La psicóloga Silvia Álava nos da consejos para poner fin a esta situación

Por .María Dotor Periodista + INFO

Los niños, desde que nacen, exploran con la boca. Su modo de conocer el mundo que les rodea es llevándoselo a la boca, lo que explica que muerdan y chupen todo tipo de objetos. Pero es alrededor de los dos o tres años cuando las madres y padres empezamos a notar que nuestros hijos muerden de otra manera: con fuerza y haciendo daño. ¿Es normal este comportamiento? ¿Cómo debemos reaccionar los adultos? ¿Hay alguna estrategia para evitarlo? De esto hablamos con la psicóloga Silvia Álava.

¿Es normal que mi hijo muerda?

Lo primero que tenemos que saber es que es totalmente normal que los niños muerdan. “Hasta que el lenguaje no está completamente desarrollado, los niños no tienen recursos/habilidades para defenderse, para expresarse… y recurren a métodos más rudimentarios, como puede ser morder” nos explica Silvia Álava. Por tanto, “cuando los niños son tan pequeños, no debemos darle tanta importancia al hecho de que muerda”, lo que no significa que no tengamos que enseñarle que morder no está bien. “Aunque sepamos que es algo normal, nosotros no debemos validarlo, y debemos ir explicando al niño que morder no está bien, que morder hace daño a la otra persona”, aclara Álava.

¿Qué hacer si mi hijo muerde?

Ahora que ya sabemos que es totalmente normal que nuestros hijos muerdan como forma de expresar sus emociones, entre ellas el enfado, o para defenderse, también tenemos que tener claro que ,nosotros, los adultos, no debemos validar esta forma de actuar. Por tanto, ¿cómo debemos actuar? Silvia Álava nos da algunas pautas:

  • Estamos hablando de niños muy pequeños, que no dominan en lenguaje, por tanto, hay que evitar discursos muy largos, porque no los van a entender.
  • En cambio, sí podemos utilizar frases cortas, contundentes del tipo: “No, no mordemos”. “Que nos muerdan, duele”. Y acompañar estas palabras con un gesto de dolor, tristeza. Que vean en nuestra cara que no está bien lo que ha hecho.
  • Enfadándonos , regañándoles o castigándoles no conseguiremos nada, pero es que además, le estamos lanzando un mensaje contradictorio: nosotros queremos que ellos tengan habilidades para expresar emociones o pedir las cosas sin recurrir al mordisco, y nosotros le estamos dando un modelo agresivo, así no sirve. Desde la calma les explicamos, de forma sencilla, que morder duele.

Cuando ya empiezan a ser un poquito más mayores (a partir de los 4 años), podemos desarrollar su empatía: “cuando a ti te muerden, te duele. Por tanto, tú no muerdas, porque haces daño”.
Trabajar el lenguaje de nuestros hijos, para que aprendan a pedirnos las cosas, aunque sea con gestos. Porque, cuando puedan expresarse con el lenguaje, como ya no necesitarán recurrir al mordisco, dejarán de morder.

¿Cómo puedo conseguir que mi hijo no muerda si tiene ya 5 años?

¿Qué ocurre si muerde un niño de 5-6 años, que ya tiene completamente desarrollado el lenguaje?

“Esto ya no es tan normal, por tanto, en este caso, los padres debemos ser muy contundentes, con frase tipo: “Me ha dolido mucho el mordico que me has dado, lo siento, pero yo no juego con quién me muerde”. En este caso, estamos hablando de un niño que sí tiene estrategias y recursos para expresarse y, aún así, recurre al mordisco.

Cuando haya pasado un rato, nos dice Álava, “debemos preguntarle por qué mordió y ayudarle a entender que el enfado le ha llevado a morder”. El siguiente paso sería invitarle a “buscar juntos formas de expresar el enfado que no pasen por hacer daño a los demás, porque, recordemos, el niño no puede evitar sentir una emoción, en este caso el enfado, pero sí puede ir aprendiendo a controlar la forma en la que expresa dicha emoción”.

Fuera etiquetas

A menudo, los adultos etiquetamos a los niños en función de sus conductas: “Este niño es un vago, es violento, es competitivo”. En este caso, un niño que muerde, puede ser etiquetado como mordedor. “Las etiquetas tienen dos problemas fundamentales: el primero es que son muy fáciles de poner, pero muy difíciles de quitar. Las ponemos porque forman parte del modo en el que funciona nuestro cerebro, nos vienen muy bien, pero una vez etiquetamos a una persona, ésta tiende a comportarse de acuerdo con la etiqueta que le hemos puesto, lo cual acaba condicionando sus oportunidades y su desarrollo”, nos recuerda el psicólogo Alberto Soler.

Por tanto, evitemos etiquetar a nuestro hijo, simplemente, digámosle que su conducta no está bien. “Cambiar el verbo ‘ ser’ por el verbo ‘estar’ suele funcionar”, nos dice Alberto. En vez de decir que tu hijo es agresivo (porque muerde), decir que está comportándose de forma agresiva. De esta forma, diferenciamos al niño de la conducta

FUENTE: EducarEsTodo.com