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¿Conoces la emoción que más se relaciona con la felicidad?

Para fomentar la felicidad en los más pequeños proponemos un modelo de crianza con menos bienes materiales, más límites y sin sobreprotección.

Flavia Tomaello Para el diadio LA NACION

Se habla de la felicidad con facilidad. Está en el podio de los deseos. Cada vez que se le pregunta a un padre sobre el futuro de los hijos, en todo tipo de crianzas, estratos sociales y edades, emerge: “Que sea feliz”. A este particular punto ha dedicado gran parte de su trabajo Silvia Álava Sordo, doctora y licenciada en Psicología nacida en Valladolid, pero instalada en Madrid hace más de dos décadas. Ha publicado siete libros, y casi como una constante aparecen en ellos una idea que los atraviesa: ¿Por qué no soy feliz?, Queremos que crezcan felices y Queremos hijos felices, son algunos de sus títulos.

Pero suele ser un concepto abstracto y volátil, que se construye individualmente. Álava Sordo, en una charla exclusiva con LA NACION, aporta claridad para entender cómo criar hijos felices.

¿Qué es la felicidad?

Es muy importante que definamos muy bien qué es porque la sociedad ha confundido la emoción de la alegría, que es una sensación que a todos nos gusta sentir, es agradable y en la que sube nuestra energía, con la felicidad, que no es solo sentir esa emoción agradable de gozo. Cuando hablamos de felicidad nos introducimos en un estado en el que cambian todas las emociones. Tanto las agradables como las desagradables. Si para ser feliz hay que estar todo el día sintiendo alegría, haciendo cosas que nos gustan o divertidas, lo que va a pasar es que absolutamente nadie en el planeta va a poder serlo. Por eso es importante que entendamos que la felicidad es un estado donde van a caber emociones amables y no tanto, y que no nos quedemos solamente con la parte hedónica de hacer cosas para el placer y para el disfrute. Cuestión que está muy bien y para la que hay que reservar esos espacios. Sino que también trabajemos desde la perspectiva de la felicidad eudaimónica, más relacionada con el crecimiento personal, con sentir que somos capaces de resolver con éxito esas situaciones de nuestro día a día.

Para ser feliz hay que sentir que se es capaz de resolver con éxito las situaciones del día a día

¿Es compatible la crianza en felicidad con la educación de los niños y los límites?

Pensamos que poner límites no se condiciona con la felicidad. Como psicóloga, trabajo en un centro en Madrid, y me gusta, al terminar la primera sesión en la que se presentan los adultos a cargo, sin los niños, preguntar: ¿Qué es lo que quieres conseguir para tu hijo o para tu hija? La respuesta que más me encuentro siempre es “que sea feliz”. ¿Cuál es el problema? Que muchos en ese pensamiento nos equivocamos. Y, por ejemplo, los inundamos para que tengan un montón de cosas. Cuando no hay ninguna evidencia científica, ningún estudio que nos diga que tener más juguetes los va a hacer más felices. O nos da miedo ponerles límites. Y es todo lo contrario, porque las normas les dan seguridad, les dan confianza, les muestran el camino que tienen que seguir. Y además, cuando evitamos la sobreprotección, también vamos a conseguir que sean más seguros, que se sientan con una mayor capacidad para desenvolver con éxito su día a día. Eso al final va a traducirse en que nuestros hijos sean más felices. No poniendo límites lo más habitual es que sean muchísimo más infelices.

¿Podrías darnos algunas claves para proteger la salud mental familiar puertas adentro de la casa?

Es cierto que parece que ahora hablamos mucho más, sobre todo desde la pandemia. La Asociación Española de Pediatría dice que se han incrementado un 47 por ciento los problemas de salud mental en población infantojuvenil. Las familias e incluso los profesores tienen un papel activo a la hora de criar a los niños y jóvenes con salud mental. Para ello es importante ver qué estamos haciendo, por ejemplo, estamos permitiendo ventilar las emociones, nos estamos convirtiendo en esa figura de referencia a la que nos pueda contar y además nosotros lo validamos, es decir, no juzgándolo, no diciéndole lo que tiene que hacer. Este sería uno de los pasos muy importantes. Necesitan que estemos ahí para darles ese apoyo emocional, para que podamos ser un vínculo de seguridad. Eso son factores de la salud mental. También es muy importante que trabajemos con ellos y que aprendan habilidades de la inteligencia emocional. Que sean conscientes de percibir la emoción que están sintiendo. Tanto de ellos mismos como de los demás. Y ayudarlos a aprender a expresarla de una forma correcta. A mí me gusta mucho Quino y esa frase de Mafalda sobre que la vida es bonita, pero difícil. Los adultos tenemos que dar herramientas y muchas de ellas son de la inteligencia emocional.

«No hay ninguna evidencia científica, ningún estudio que nos diga que tener más juguetes los va a hacer más felices», Silvia Álava Sordo, psicóloga

¿Cuánto de la sociedad hiperconectada afecta nuestra felicidad?

Esto es algo bastante interesante. ¿Realmente nos hacen más felices las pantallas? Los psicólogos decimos que tenemos que tener cuidado para poder utilizar las pantallas correctamente de tal forma que no interfieran en nuestra salud mental. Y que tampoco lo hagan en el bienestar emocional. Estamos observando que ante un problema o una emoción desagradable, recurren a las pantallas, porque tienen mucho miedo de mirar hacia dentro y ver qué pasa. Recurren a algo muy fácil para taparlo: la pantalla o las redes sociales. No es una buena idea, porque al final no estoy mirando lo que me pasa y no estoy afrontando el problema. Además, tienen un efecto que potencian la comparación social que nos hace infelices. Nos da la sensación de que nuestras comidas no son tan ricas como las que pone la gente en las redes o que nuestra vida no es tan interesante. Y muchas veces se nos olvida que las redes están hechas para aparentar, que no son la realidad y que es la vidriera donde cada persona cuelga su mejor versión.

¿Cómo trabajamos la felicidad en nuestros hijos adolescentes?

La felicidad se empieza a trabajar desde bien pequeñito. No se puede pretender no hacer los deberes y presuponer que todo emergerá en la adolescencia porque hay muchas bases que no van a estar bien sentadas. Lo mejor siempre es aportar mucho afecto físico: beso, mimo, caricia, fomentar los vínculos de seguridad. Y con los adolescentes hay que seguir trabajando. Durante la adolescencia el cerebro se reorganiza, se reconfigura. Y ese proceso es superimportante porque permite transformarlo en un órgano más potente para llegar a hacer operaciones y razonamientos tan complicados como los que hace un adulto. El proceso se hace de atrás hacia adelante. La última zona que termina de madurar es el lóbulo prefrontal, la parte de adelante de todo, que es precisamente donde se regulan las emociones. Por eso tengo que entender que al adolescente con el que convivo le puede costar mucho controlarlas y canalizarlas, porque la parte del cerebro que siente las emociones, el sistema mesolímbico, está muy sobreactivado por toda la producción de hormonas y eso hace que todo lo sientan con una intensidad muy alta. Entendiendo esto podemos evitar tomarnos de modo personal ciertas actitudes y entender si es un suceso de una dimensión real o es parte de su proceso madurativo. También es tiempo de fomentar que puedan estar con un grupo de iguales, porque en esta etapa también se configura la personalidad. Ya no se hace solamente a través de la familia, que de todos modos seguirá ahí presente y alerta, sino a través del grupo de iguales. Me refiero a grupos de carne y hueso. Amigos con los que poder salir, dar un paseo, estar en el parque, compartir una actividad.

¿Qué errores crees que cometemos al trabajar la felicidad en la crianza?

Muchos, como la sobreprotección, ese mal entender el amor maternal o paternal y decir: “ay, no me cuesta nada…” Con esa actitud se está generando un niño o niña con escasos recursos, con pocas habilidades. Eso no le va a ayudar a ser más feliz. O hiperestimularlos de tal forma que apenas tengan tiempo libre. Es muy bueno que hagan deporte o que aprendan o toquen instrumentos musicales. Pero no pueden hacer todo a la vez. Necesitan tiempo libre para jugar, porque de esa forma van a desarrollar su función ejecutiva, la capacidad de orientarse hacia las metas, la de dirigir su propia conducta. Hay niños que están tan sobreestimulados, que están siempre en cosas de adultos.

¿Por qué mucha gente dice que no puede ser feliz? ¿Qué nos pasa con la felicidad?

Nos hemos creído muchos de los mitos sobre la felicidad, que significa vivir sin problemas. Ser felices implica que tengo las herramientas para poder solventar con éxito mis situaciones del día a día. Que cuando tengo una complicación, pongo el foco en resolverla. Y que cuando ya no soy capaz porque es un problema de los que no tiene solución, acepto esa situación y en lugar de poner mi energía en intentar cambiar algo que ya no se puede modificar, la uso para regular esas emociones desagradables que me genera esta situación que no puedo cambiar. La felicidad es algo que está dentro de nosotros. Que no hay que buscarla fuera. Que no tiene tanto que ver con las cosas que tenemos o que conseguimos. Y que la emoción que más se relaciona con la felicidad es la serenidad, no tanto la alegría. Y que es muy complicado ser felices si no vivimos alineados con nuestros principios y con nuestros valores.

Algunas personas prefieren la serenidad a la felicidad. ¿Qué opina?

Es que han entendido bien lo que es la felicidad. Tiene más que ver con sentir que mi vida tiene un sentido, que encuentro por qué estoy aquí. Si entendemos así la felicidad, desde luego que la emoción con la que más nos vamos a sentir identificados es con esa calma. Esto no significa que no tengamos que potenciar emociones agradables o que no haya que hacer cosas divertidas. En absoluto es así.

Es difícil pensar en la felicidad cuando las demandas son tantas y debemos cumplir con muchas cosas

Es cierto que es complicado, porque vivimos en una sociedad de consumo que nos insta a tener y mostrar. Es importante poder parar y pensar en lo que creo que es importante para mí. No vivimos en una sociedad en la que, por ejemplo, sea fácil conciliar. Es complicado. Pero el secreto está en ir encontrando pequeñas estrategias para incrementar nuestro bienestar emocional intentando en todo momento cambiar el foco. Con los niños hay que tener cuidado con las expectativas que ponemos en ellos. Se ven muchos papás y mamás que en lugar de realizarse a través de ellos mismos, lo intentan hacer a través de sus hijos. Les colgamos una mochila emocional y una responsabilidad tan grande que no han de ser capaces de gestionarla. Démosles la libertad para que sean como son.

FUENTE: lanacion.com.ar

¿Seguir viviendo con tu ex tras la ruptura?

Hay ocasiones en las que pese a la ruptura, las parejas deben seguir viviendo bajo el mismo techo, por necesidad económica, por miedo a la soledad, por la falta de acuerdo…

Cuando llega el momento de la ruptura es porque algo no va bien, con lo que seguir viendo a la persona con la que has compartido tu vida, no suele ser una buena idea.

De ello hablamos en «Juntos» este programa de TeleMadrid.

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Móntate una vida mejor y enfréntate a los cambios de manera positiva

Los cambios en nuestra vida son necesarios y nuestro hogar es el lugar idóneo para reflejarlos.

Dicen que un cambio de look siempre viene acompañado de un cambio de vida. Lo mismo pasa con los cambios de nuestro hogar, que reflejan un giro de etapa o una situación diferente en nuestras vidas. El problema es, que a veces, enfrentarnos al terreno desconocido nos produce miedo y cierto pánico.

Con el contexto tan inestable -y nada positivo- que nos ha tocado vivir (una pandemia, una guerra, la subida de precios…), nuestro hogar se convierte en el lugar idóneo para afrontar un cambio vital que nos inspire a tomar nuevas decisiones. Y es que, cambiar ciertas cosas de nuestra vida nos hace evolucionar y recuperar el control para conseguir lo que realmente queremos y, nuestro hogar es un claro reflejo de ello. 

Dada la situación actual, es más importante que nunca que nuestro hogar sea ese refugio del mundo donde poder tener tiempo para nosotras mismas, desconectar y alcanzar la tranquilidad. Por eso, si uno de tus objetivos de este año es conseguir que tu casa sea un oasis de paz, Ikea te lo pone fácil.

Según un estudio elaborado por IKEA junto con Sigma 2 y la psicóloga Silvia Álava, para el 78,2% de los encuestados es importante que las marcas estén comprometidas con la sociedad para mejorarnos la vida y este es precisamente el objetivo de la compañía. Especialistas en la vida en el hogar nos ofrecen soluciones completas, flexibles y lo más importante asequibles para afrontar los cambios de manera positiva.

Fieles a su misión de crear un mejor día a día para la mayoría de personas, nos ofrecen consejos para desconectar y desestresarnos en casa y para ello es fundamental mantener un orden. Por ejemplo, podemos optar por armarios o cajoneras que nos ayuden a tener nuestro escritorio despejado.

La buena noticia es que con el gigante sueco a nuestro lado es más sencillo entender que los cambios son tan buenos, como necesarios y nos ayudan a crecer como personas. Por ello, la compañía sueca explica que para ello debemos crear un rincón de relax en casa que nos sirva exclusivamente para desconectar y descansar. Por ejemplo, enfrentando nuestros cómodos sillones con una decoración del espacio que nos guste (puede ser una lámpara bonita, un cuadro o un jarrón) y, por su puesto, encendiendo una de las maravillosas velas de Ikea para crear ese ambiente que invite al descanso.

FUENTE: woman.elperiodico.com

¿Qué hacer cuando el caos se apodera de la habitación de tu hijo adolescente? En El País

Algunas pistas: dejar claras las normas de los espacios comunes, consensuar una ley de mínimos y despejar la mesa de estudio de vez en cuando.

Por CRISTINA BISBAL DELGADO

Entrar en la habitación de mi hijo es como ir a Ikea. Voy a echar un vistazo y salgo con seis vasos, dos platos y cuatro toallas”. Este chiste es un buen ejemplo de a lo que muchas madres y padres se enfrentan cada vez que pasan el umbral del dormitorio de sus adolescentes. Otro ejemplo es el tiktok de Oliva sin Hache (@oliva_sinhache) en el que cuenta que la merienda de su hijo de esa tarde va a consistir en el medio yogur con moho encontrado en el cajón de su escritorio y los restos del sándwich de Nocilla que estaba debajo de la cama; eso sí, le despega los pelos, que a él no le gustan, ironiza.

Es cierto que, como dice la psicóloga Silvia Álava, no todos los adolescentes son iguales y los hay ordenados, pero es muy habitual que su espacio sea lo más parecido a una jungla en la que las sillas a duras penas sostienen la ropa sin ordenar de toda la semana; y las prendas limpias sin guardar se juntan con las sucias sin echar a la lavadora… Y es así sin importar género, resultados académicos, que se le den bien las matemáticas o la filosofía. Una de las razones de que así sea es que su tolerancia al desorden es mayor que la de los adultos: “Es a los padres a quienes realmente nos molesta su desorden, entre otras cosas porque nos gustaría aún tener la sensación de control sobre nuestro hijo o hija”, afirma Álava. Algo que se nos va escapando un poco cada día cuando llegan a la pubertad. MÁS INFORMACIÓNCómo actuar frente a la desidia de tu hijo adolescente

Dejadez, rebeldía o prolongación de la infancia

Mientras, a ellos cada vez les importa más “lo que pasa fuera de casa: los amigos, las redes…; y menos lo que les piden sus padres. Así que a veces no recogen por dejadez o incluso por rebeldía”. Pero también, como dice Carmen Guaita, maestra, escritora y tutora de UP!family, puede ser una forma de “reflejar un deseo de prolongar la infancia o de manifestarnos su saturación. Es como si dijeran: ‘Que los demás se ocupen de esto, que yo bastante tengo con la adolescencia, los horarios, los granos, los estudios y los amigos’”.

Es importante tener claro que la desorganización de su espacio es independiente de posibles problemas mentales. “El desorden exterior no tiene por qué reflejar un desorden interior”, aclara Guaita, quien se refiere a desórdenes alimenticios, de sueño, de consumo o de higiene personal. Para distinguirlo aconseja utilizar lo que denomina “indicador del apuro sobre el desorden”. Vamos, si se avergüenza del estado de su habitación. Y pone estos ejemplos: “Si va a recibir amigos, ¿arregla su habitación? Si graba un vídeo para una red social, ¿ordena lo que aparece a su espalda?” Si la respuesta es afirmativa, es que percibe el desorden y lo que debemos hacer es recurrir al comodín del diálogo, siempre ejercido con tranquilidad. “Establecer unos mínimos de orden que afecten a su habitación y a la casa entera. Por supuesto, estos mínimos estarán marcados por nuestro sentido común y priorizarán la salud y la higiene. No es lo mismo una pila de restos de comida podridos que de papeles”, comenta la escritora.

Normas de convivencia para todos

Ambas expertas inciden en la importancia de mantener al margen los lugares ordinarios de la casa. Nada dejar la ropa tirada en el salón; ni zapatillas en la cocina o el cuarto de baño. Ahí juegan especial importancia las normas de convivencia, que deben ser comunes para todos los miembros de la familia. En ese sentido, Guaita recuerda que no deben ampararse en la intimidad, que no es lo mismo que la privacidad: “La intimidad es absolutamente sagrada, pero la privacidad tiene límites cuando se vive en familia. El baño, la despensa, el frigo, el cesto de la ropa, los armarios… no son sitios privados, sino que familiares mientras vivamos juntos”.

Pero no podemos pretender que el amor por el orden les llegue por ciencia infusa, así, de repente. La tutora de Up! Family recuerda que hay que educarles en la colaboración, según su edad, desde pequeños. “A veces sobreprotegemos hasta un punto de no retorno, y de ahí pasamos a una exigencia para la que no tuvieron rodaje. Aun así, nunca es tarde para sentarse un momento y pedirles colaboración para que la vida sea un poco más fácil para todos”. Y añade: “No podemos consentir que nuestros hijos vivan en el caos. De hecho, no debemos llegar al caos, sino marcar pautas familiares lo antes posible, sin dramatizar, sin amenazar, sino mirando bien cuándo se cumplen para agradecerlo y valorarlo”. Guaita apuesta por la comunicación: escucharles y tratar de adecuar nuestras exigencias a sus requerimientos, que los mínimos sean pactados, pero que tengan claro que hay que cumplirlos y valorarlo cuando se cumplan.

Nada de recoger por ellos

Todo ello con una premisa fundamental: si hemos empezado este diálogo, si ya estamos trabajando en ello, deberíamos tener prohibido entrar en su cuarto y ordenarlo nosotros. Y, si lo hacemos, como dice Guaita, no podremos echárselo en cara. Silvia Álava: “Que un padre o una madre de vez en cuando entre en la habitación y ordene no es aconsejable por el mensaje que se le está dando: al final, siempre vienen y me lo hacen”. Entonces, ¿para qué molestarme en hacerlo yo? Es más. Ni siquiera deberíamos llevar la ropa sucia que sabemos que van a necesitar unos días después, a la cesta de la ropa para lavar: “Deben saber las consecuencias de su desorden: su sudadera favorita no tiene patitas, por lo que si no la llevan ellos, no estará limpia el día que se la quieran poner”. Álava apuesta por establecer un día a la semana para poner orden o pasar revista en la habitación.

¿Y si el caos es en la mesa de estudio?

Ahí la cosa cambia. Porque afecta directamente a su nivel de concentración, como cuenta Ana Couto, pedagoga y creadora del programa Estudiar con sentido: “El orden es necesario porque tener muchas cosas a la vista genera distracciones a nivel inconsciente, a modo de ruido visual, que impide que podamos poner todos nuestros recursos en la tarea en la que estamos y ni siquiera nos damos cuenta. Para una buena concentración debemos tener la mesa de trabajo completamente despejada”. Claro que ella misma sabe que no es sencillo que cambien sus hábitos. Más aún si quien lo dice son sus padres.

Aquello de “¡Pero mira cómo tienes la mesa!” no resulta eficaz “solo consigue una habitación más o menos recogida cuando hay alguna amenaza por medio, o un tono un poco más elevado de lo habitual”. Es distinto cuando se lo dicen otros, y más aún cuando comprueban la diferencia. Couto: “En nuestras sesiones les explicamos lo que ocurre en nuestro cerebro cuando estamos ante el desorden; y, con base en esta teoría, les pedimos que prueben a estudiar un día con la mesa completamente limpia y lo comparen con su experiencia anterior. Además, la ventaja que tenemos nosotros es que cuando empiezan a trabajar con nuestro programa están en un momento de cambio, dispuestos a probar cosas nuevas”, y que quien se lo dice no son sus progenitores.

La buena noticia es que este caos no dura siempre. “La etapa en la que están, con cambios continuos, físicos, psíquicos, emocionales, es normal que se manifieste con ese gran desorden exterior. Eso no significa en absoluto que se vayan a quedar así para siempre”. Por eso, la pedagoga cree que no debemos sentirnos culpables si de vez en cuando nos ocupamos de despejar su mesa. “No significa que no vaya a poder hacerlo por sí mismo más adelante”. Solo se necesita algo de tiempo y, como siempre, amplias dosis de paciencia.

FUENTE: elpais.com Puedes seguir De mamas & de papas en FacebookTwitter o apuntarte aquí para recibir nuestra newsletter quincenal.

Mudarse con niños a otro país, pautas para que sea más fácil. Colaboración con Papasehijos.com

Duda de una lectora a Silvia Álava, psicóloga Directora del Área Infantil del Centro de Psicología Álava Reyes. Además de la autora del libro: “Queremos Hijos Felices. Lo que nunca nos enseñaron”.

Hola Silvia,

Tengo tres hijos, una niña de 11, una de 8 y un niño de 6 años y sé que durante el verano tendremos que mudarnos a otro país, por el trabajo de mi marido y no sé cómo debo gestionar el cambio para que mis hijos lo lleven de la mejor forma posible. ¿Cómo debo darle la noticia?

Agradezco cualquier pauta que me puedas dar para mudarse con niños a otro país y que sea más fácil para todos.

Gracias de antemano,

Nuria

Niños - mudarse a otro país

Estimada Nuria, hoy en día cambiar de país por el trabajo de uno de los padres es algo habitual, no obstante, no es lo mismo emigrar siendo uno solo que cuando lo tiene que hacer la familia al completo. Intentaremos ser lo más cuidadosos para que los niños lo lleven lo mejor posible. Te recomiendo seguir las siguientes pautas de actuación para mudarse con niños a otro país, que están recogidas en el libro “Queremos Hijos Felices. Lo que nunca nos enseñaron”, donde podrás consultarlo con más detalle.

  1. Los niños tienen que saber la verdad, no se les puede mentir. Hay que decirles que nos vamos a cambiar o de país, porque es donde papá tiene que trabajar. Si nos preguntan porque no nos quedamos en nuestra casita, habrá que decirles que aunque nos gustaría mucho, no puede ser porque el trabajo de papá está en otro sitio. Pero esto no implica darles más información de la necesaria. Los niños son niños y debemos de proteger su infancia.
  2. No hay que trasmitirles nuestra incertidumbre. Se les dará la información cuando esté todo confirmado; es decir cuando sepamos exactamente dónde vamos y en que condiciones vamos.
  3. Es bueno que uno de los dos progenitores se adelante a agilizar los trámites, buscar la vivienda… para que cuando lleguen los niños, ya tengan claro dónde van a vivir, a qué colegio van a ir… eso les dará confianza.
  4. Intentar restablecer las rutinas habituales lo antes posible en la nueva ciudad. (Qué horarios se va a tener, actividades a realizar…).
  5. En la medida de lo posible, hay que intentar mantener la unidad familiar junta.
  6. En términos generales los niños se suelen adaptar bien a los cambios, pero eso no quiere decir que no lo acusen. Hay que dejarles tiempo para adaptarse y observar muy bien qué es lo que dicen, lo que hacen, por si surgen dificultades atajarlas lo antes posible.
  7. Favorezcamos un clima de confianza y de diálogo donde puedan expresar su emociones. Si nos dicen que echan de menos el cole, los amiguitos… hay que escucharles y animarles, a la par de explicarles que es normal, que incluso no pasa nada si lloran porque están un poco tristes, pero hay que darles un mensaje positivo y esperanzador: “aquí vamos a estar muy bien, vamos a hacer nuevos amigos…”
  8. Otra cosa que podemos hacer, es reservar un ratito al día, en el que vamos a buscar las cosas buenas que encontremos en la nueva ciudad, la nueva casa, el nuevo cole… de esta forma, tanto el niño como el adulto se verán obligados, por lo menos en ese momento a focalizar en los positivo, y puede ser una inyección de ánimo para superar la nueva situación*.

Queremos Hijos Felices - Silvia Álava

 

*extraído del libro “Queremos hijos felices. Lo que nunca nos enseñaron”. Editorial JdeJ editores.

Un saludo,

Silvia Álava

 

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FUENTE: www.papasehijos.com

Violento en casa, sumiso en el cole. Colaboración con la revista Mía

Violento en casa, sumiso en el cole¿Tu hijo es agresivo o grosero en el entorno familiar, pero en la escuela se porta bien (hasta demasiado bien)? Te explicamos cómo detectar las causas y las posibles soluciones con la ayuda de una psicóloga.

Párate a pensar

Observa a tu hijo y las situaciones en las que reacciona con violencia en el entorno familiar. ¿Cuáles son y por qué se producen? Silvia Álava, directora del área infantil del Centro de Psicología Álava Reyes, en Madrid, afirma que en estos casos debemos hacernos ciertas preguntas: “¿Cuál es el problema?, ¿por qué ocurre?, ¿hay una causa concreta que le haga comportarse de este modo?”. Asimismo, habla con su colegio y pide que presten atención a los momentos en que se muestre más retraído en clase, con sus compañeros.

¿Por qué se produce?

La psicóloga infantil reconoce tres razones para este comportamiento: “En ocasiones, los niños se portan mejor en el colegio que en casa porque en el primero están claras las normas y se han establecido las consecuencias para cuando no hacen lo que corresponde; mientras que en casa no es así. Otras veces, prueban a sus padres: quieren saber si pueden salirse con la suya, y a veces lo consiguen. También puede ser que estén haciéndoles una llamada de atención”.

¿Conflicto con el entorno? 

“Los niños tienen una gran capacidad de observación y saben muy bien qué es lo que pueden hacer en cada situación y cómo se tienen que comportar con las diferentes personas y en los distintos contextos”, resalta la experta. Cuando modifican su comportamiento según las circunstancias, puede reflejar un conflicto con el entorno y con quienes se encuentran en dicho ámbito. Y puede ser tanto una prueba para sus padres, ‘reclamar’ límites, como una vía de escape ante una situación estresante en la escuela.

Una llamada de atención

La psicóloga pone el acento en este factor como causa de la agresividad o mal comportamiento de nuestros hijos. “Los padres les regañamos, les damos sermones o les castigamos sin algo que les gusta. Y cuando buscan llamar la atención esto puede reforzar el problema, pues, aunque sea de forma negativa, al final los niños consiguen su objetivo: que sus padres dejen de hacer lo que sea por ir a regañarlos”.

Soluciones en casa…

Dale la vuelta: que reciban más atención en positivo que en negativo. “Trabaja desde el refuerzo. Es decir, en lugar de castigarlos cuando no se porten bien, explícales que cuando griten, peguen o chillen, no les prestarás atención. Y, en cambio, cuando su comportamiento sea el correcto (cuando se olviden de los gritos y demás), vosotros, sus padres, estaréis a su lado y les prestaréis atención”, aconseja Silvia Álava.

… y en la escuela

Aunque en la mayoría de los casos, como dice la psicóloga, el conflicto deriva de un problema de autoridad paterno, “es bueno hablar con el colegio para saber cómo se comporta en el centro escolar, o por si se hubiera detectado algún problema”. Ten en cuenta que las llamadas de atención a veces esconden problemas reales de integración. Si es el caso, acude a un profesional.

 FUENTE: Revista Mía