La Inteligencia Artificial (IA) ha irrumpido en la vida de los adolescentes con una fuerza imparable. Lo que antes eran consultas en internet o conversaciones con amigos, ahora se están transformando en preguntas dirigidas a modelos de IA. Según un estudio reciente, uno de cada tres menores de entre 14 y 17 años acude a estas herramientas para hablar sobre temas personales o decisiones importantes. Pero, ¿Qué impacto tiene esto en su desarrollo emocional y social?
El peligro de sustituir la conexión humana por una máquina
«Tenemos que pensar que en la adolescencia es cuando se desarrolla la personalidad, y se hace en la familia, pero también con el grupo de iguales. Es un momento clave en el que los jóvenes necesitan permitirse una labor de introspección para madurar emocionalmente», explica Silvia Álava, psicóloga sanitaria y educativa.
Si en esta etapa tan crucial los adolescentes sustituyen las interacciones reales por respuestas automáticas de una IA, corren el riesgo de perder habilidades fundamentales para la vida: la empatía, la comunicación efectiva y la resolución de problemas en situaciones sociales. «Para dar información, la IA es buenísima, pero a veces lo que necesitamos más es la conexión emocional», advierte Silvia Álava.
Un motor para la soledad no deseada
En España, tres de cada cuatro jóvenes ya experimentan soledad no deseada, una situación agravada tras la pandemia. La falta de habilidades sociales y el aislamiento emocional pueden hacer que los adolescentes encuentren refugio en la IA, reforzando un círculo vicioso de desconexión con el mundo real.
«Sabemos que uno de los mejores factores de protección de la salud mental es tener una buena red de apoyo. Lo que hace falta es un poco de ese factor humano, que no tiene la IA», explica la psicóloga. El contacto cara a cara, el intercambio de emociones y la comprensión mutua son pilares fundamentales del bienestar psicológico.
Educar en pensamiento crítico y gestión emocional
Ante este panorama, la solución no pasa por demonizar la IA, sino por acompañar a los adolescentes en su uso, dotándolos de herramientas para un pensamiento crítico y una correcta gestión emocional. «Es fundamental enseñarles a cuestionar lo que leen, a diferenciar entre una respuesta automática y un consejo real, y a permitirse sentir emociones, incluso las desagradables», señala Silvia Álava.
La clave está en equilibrar el acceso a la información con el mantenimiento de relaciones humanas significativas. En definitiva, recordar que la IA puede ser una herramienta, pero nunca un sustituto de la conexión y el apoyo emocional que solo pueden brindar las personas.