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Conferencia ¿Por qué no soy feliz? con motivo del Día de la Psicología

Este jueves 16 de Junio a las 18h celebraremos en el Centro Cívico Tabacalera en Santander el #díadelapsicología con el Colegio Oficial de Psicología de Cantabria y la conferencia ¿Por qué no soy feliz?

Si no tienes la suerte de estar en #Santander puedes seguirlo en directo desde 👉 https://copcantabria.es/

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«Se trata más de vivir a gusto, de vivir en paz, de vivir en calma», Silvia Álava, psicóloga

De la mano de la psicóloga Silvia Álava, nos llega el libro ¿Por qué no soy feliz?, un libro que nos ayudará a entender por qué nos encontramos abatidos en muchas ocasiones y cómo podemos revertir ese sentimiento para llegar al equilibrio y bienestar emocional que tanto deseamos. Hablamos con ella de la felicidad, el bienestar emocional y cómo sentirnos mejor en nuestro día a día. 

Actiage: ¿Es realmente necesario ser feliz?

Silvia Álava: Depende de lo que entendamos por felicidad. Si pensamos en la felicidad como un sentimiento de alegría constate y estar haciendo siempre cosas divertidas, no solo no es necesario, sino que es imposible. Si lo que pretende alguien es ser feliz, entendiendo que no puedes tener días malos, que no puedes tener situaciones desagradables, que no puedes sentir cosas que no te gustan, o sentir miedo, tristeza o frustración, eso no es posible.

Nadie puede estar las 24 horas del día con una sonrisa y haciendo cosas divertidas. Por lo tanto, la felicidad entendida como tal no es necesaria siempre ni posible.

Si entendemos la felicidad como bienestar emocional, es decir, saber afrontar lo bueno y lo malo, regular nuestras emociones y disfrutar de lo que tenemos, entonces sí tenemos que aspirar a ese bienestar emocional, un concepto más exacto que felicidad.

Se trata más de vivir a gusto, de vivir en paz, de vivir en calma, de vivir alineados con lo que nosotros somos y con nuestros valores. Vivir desde el realismo.

Actiage: ¿Cómo crees que se declara la mayoría de la gente: feliz o infeliz?

SA: Es una pregunta complicada. Sí es cierto que mucha de la gente que va a la consulta nos dice que, a pesar de que lo tienen todo, no son felices. El problema es que no saben disfrutar y poner en el foco en lo bueno. Hay que saber aprovechar cada momento y disfrutar de lo que tenemos, apreciando todo lo bueno de nuestra vida y sabiendo regular las emociones desagradables.

Actiage: ¿Somos más infelices en este momento de la historia?

SA: El bienestar emocional, es decir, cómo interpretamos la realidad y los recursos que tenemos para ello, depende de cada persona.

No obstante, es cierto que a nivel macro en esta época nos hemos vuelto más irascibles y nuestra ventana de tolerancia, es decir, nuestra tolerancia a la frustración, es más pequeña. Cuando tenemos que enfrentarnos a situaciones novedosas, que no conocemos, a la incertidumbre, sin saber lo que nos va a pasar, estamos más irritables e irascibles, y eso nos ha pasado ahora en estos dos años cargados de malas noticias como la pandemia del COVID19. Filomena, la Guerra de Ucrena, la nueva posible pandemia de la viruela del mono… Tantas noticas malas nos hacen sentir más irascibles porque no vivimos una situación fácil, por lo que es cierto que es una época complicada que puede afectar a nuestro bienestar emocional.

Actiage: ¿Por qué la gente no es feliz, o cree que no lo es?

SA: El ser humano tiene una capacidad de adaptación increíble. Somos capaces de adaptarnos a las perores situaciones, incluso a vivir en condiciones infrahumanas. Y esa capacidad sirve tanto para lo bueno como para lo malo. Es lo que se llama adaptación hedonista. Cuando tenemos algo nuevo nos parece lo mejor: una nueva casa, una nueva pareja, un nuevo amigo… Pero cuando nos adaptamos a eso nuevo dejamos de disfrutarlo y de valorarlo. Si nuestro amigo no nos hace caso un día ya no es tan buen amigo, nuestra casa más grande ya no nos lo arece tanto… Dejamos de valorar eso que nos hacía felices.

Un ejemplo sencillo de esto. Imagina que se te estropea la caldera un día y no tienes agua caliente. Te das una ducha rápida y, cuando vuelves a tener agua caliente valoras lo que tienes y lo agradeces. Pues eso tenemos que hacer todos los días, valorar lo bueno que tenemos.

Tenemos que hacer el ejercicio de ponernos cada día los “ojos de lo nuevo” y recordar cómo te sentiste el día que conociste a ese amigo o a tu pareja y qué es lo que te gustó. Cómo te hizo sentir. Hay que evitar esa adaptación hedonista.

Actiage: ¿Qué más podemos hacer para aumentar nuestra felicidad?

SA: Hay muchas otras cosas que podemos llevar a cabo en nuestro día a día, como ser más agradecidos, ayudar a los demás, participar en voluntariados.

En el último capítulo del libro hablo justo de esto y hago referencia al método para incrementar el bienestar emocional que implica también tomar buenas decisiones. Mucha gente que viene a consulta nos dice que no están dónde querían estar a estas alturas de su vida. Se han dejado arrastrar y no han tomado buenas decisiones. Es importante no vivir en automático, sino vivir en manual. Saber dónde vamos y nuestros objetivos. Habrá veces que tengamos que ir en dirección contraria porque no haya más remedio, porque la carretera está cortada, pero es importante saber que vamos en dirección contraria y cambiaremos de sentido en cuando podamos. No perder nunca nuestras metas.

También debemos invertir en relaciones sociales y en los amigos. Ya se sabe que quien tiene un amigo, tiene un tesoro.

Además, hay que reservar tiempo para nosotros. Debemos llevar una dieta sana, hacer deporte y dormir. La gente duerme mucho menos de lo que debería actualmente y eso hace que nos levantemos no solo cansados, sino también irritables.

Por último, debemos potenciar el sentido humor. Cuando potenciamos el sentido del humor, conseguimos reevaluar la situación y ver los problemas desde otro punto de vista. Como un dron que amplía su campo visual y llega a más sitios. Y eso nos ayuda a ver los problemas desde otra perspectiva y afrontarlos mejor.

Actiage: ¿La felicidad va ligada a la edad o no tiene nada que ver?

SA: Es decir, ¿se es más feliz, en general, de joven que de anciano? Es cierto que los estudios y la ciencia dicen que hay un declive de la felicidad al llegar a la mediana edad. No obstante, hay que tener en cuenta que existen muchas diferencias individuales.

Por ejemplo, tras esta pandemia los problemas mentales en adolescentes han aumentado un 250%. Se exige que los jóvenes estén siempre felices y hagan cosas divertidas, lo que aumenta la presión si no se sienten bien o tienen emociones negativas, como si eso no estuviera bien visto.

Un gran enemigo de la felicidad es la comparación y, actualmente, con las redes sociales y la exposición que hay en ellas, los jóvenes ven fotos de otras personas pasándoselo bien, haciendo cosas divertidas, todos parecen mejores… lo que aumenta el riesgo de depresión y otros problemas mentales. Por lo tanto, también los jóvenes encuentran muchos problemas para ese bienestar emocional necesario.

Actiage: ¿Cómo podemos seguir siendo felices cuando llegamos a la tercera edad, cuando se acabe el trabajo y los objetivos en la vida?

SA: Lo más importante es mantener objetivos vitales: saber por qué y para qué hago las cosas. Hay que aprovechar el tiempo libre para hacer cosas de ocio que antes solo podíamos hacer los fines de semana. Debemos tener objetivos y seguir siendo disciplinados, mantener un horario y hacer cosas que nos gusten. No debemos llenar la agenda solo de las citas del médico, sino que hay que hacer otras cosas que nos gusten, como quedar con amigos, dar un paseo por una calle nueva, ir a un restaurante diferente… Hacer cosas diferentes y llenar nuestra agenda de propósitos y planes.

Es cierto que la pandemia y las restricciones han afectado mucho a la tercera edad porque durante todo este tiempo no podían hacer nada a nivel social, ni excursiones, ni ir a la cafetería a tomar algo o quedar con sus amigos. Han tenido que vivir encerrados sin salir y además con el riesgo de morir si se contagiaban. No podían relacionarse ni ver a sus nietos, lo que ha afectado mucho a su bienestar emocional e incluso a su deterioro cognitivo. Muchos han sufrido un gran bajón del que ahora hay que recuperarse.

Actiage: ¿La felicidad nos ayuda a vivir más? ¿De qué manera?

SA: Todos los estudios confirman que el afecto positivo y las emociones agradables nos proporcionan más salud y longevidad. Así que sí, la felicidad nos ayuda a vivir más.

Esto se debe no solo a la calma mental que nos aporta, sino que la felicidad y el optimismo también nos ayuda a sobrellevar mejor las enfermedades, lo que ayuda a nuestra salud general y nuestra longevidad.

FUENTE: actiage.es

Entrevista en MadridDirecto: Feria del Libro de Madrid

Os comparto esta #Entrevista en el programa #MadridDirecto con motivo de mi participación en la Feria del Libro de Madrid con el libro «¿Por qué no soy feliz? Vive y disfruta sin complicarte la vida»

Resumen de la jornada firmas en la Feria del Libro de Madrid

Creo que esta foto refleja la emoción que fue estar ayer en la Feria del Libro de Madrid

Muchas gracias a todas las personas que vinisteis, y lo siento, por las que os quedasteis sin el libro! Éxito total, ¡los agotamos todos!

😊

@MadridDirecto vino a la caseta de @HarperCollinsIB para hablar sobre #PorQueNoSoyFeliz Estuve toda la tarde rodeada de lectores, familiares y amigos. Me siento muy agradecida! Muchas gracias a todos y todas los que pudisteis acercaros y los que no pudísteis y me enviásteis mensajes de ánimo. Gracias!!

¿Podemos ser más felices?

Esta pregunta está en la mente de muchas personas: “¿podría ser más feliz?”. Y la respuesta, como siempre, es que depende.

¿De qué? Principalmente, de la definición que hagamos de la felicidad. Si nuestra idea de ser feliz es estar todo el día alegre, haciendo lo que nos gusta y sin sentir emociones desagradables, la respuesta a la pregunta inicial no solo resulta negativa sino que, además, tu felicidad se convertirá en una meta inalcanzable.

La cantidad de creencias erróneas que albergamos sobre la felicidad y las cosas que creemos que “necesitamos” para conseguir sentirnos bien son dos de las principales barreras hacia la felicidad.

Se puede ser feliz y alcanzar el bienestar emocional pero, al mismo tiempo, experimentar emociones desagradables. Es imposible no tener días malos, incluso esos días nos permiten aprender a gestionar mejor nuestras emociones y a valorar más los días en los que nos sentimos bien; tal y como nos recuerda Anabel González en su libro “Lo bueno de tener un mal día: cómo cuidar de nuestras emociones para estar mejor”.

Evita la “adaptación hedonista”

¿Cuántas personas conocemos que creen que serán felices cuando terminen los estudios? ¿O cuando sean independientes, tengan hijos o se muden a una casa más grande? Lo que piensan así no solo se están olvidando de disfrutar del camino, sino que además, cuando consiguen esos objetivos que parecían tan importantes en su vida, descubren que no traen consigo la ansiada felicidad.

Esto se produce, entre otras cosas, por la llamada “adaptación hedonista”, un concepto que acuñaron los autores S. Frederick y G. Loewenstein en 1999. El ser humano tiene una gran capacidad de adaptación, lo que le permite sobrevivir en condiciones extremadamente difíciles, pero hace que se acomode rápidamente con las cosas buenas.

Piensa, por ejemplo, cuando te mudas a una casa más grande. Al principio estás encantado con el espacio pero, poco a poco, empiezas a darlo por hecho y dejas de valorarlo. Ya no te paras a admirar cómo el sol entra por la ventana y el cuadro que colgaste con tanta ilusión pasa a ser un elemento más.

Por esa razón, es tan importante evitar que la adaptación hedonista se instale en nuestras vidas.

Para conseguirlo, hay que valorar de forma consciente todas aquellas cosas que nos gustan o con las que disfrutamos.

Hay que mirarlas como si fuera la primera vez, con “ojos de estreno”, y recordar los atributos que hicieron que nos sintiéramos atraídos por ellas.

Este ejercicio también lo podemos hacer con nuestra pareja. Debemos fijarnos en todo aquello que nos conquistó y “reenamorarnos” de nuevo. Por ejemplo: si te gustó su sentido del humor, fíjate bien durante una semana cada vez que te hace reír y anótalo (aunque sea mentalmente). O si te encandiló su amabilidad, observa cuántas veces hace algo por los demás. Es una buena fórmula para evitar que la adaptación hedonista también se instale en nuestra vida amorosa.

Date permiso para sentir

Otra de las cosas que nos alejan de nuestra felicidad es el miedo a sentir, producto del desconocimiento que tenemos sobre nuestro mundo emocional. Nadie nos ha enseñado a manejarlo y en ocasiones no nos sentimos preparados para experimentar emociones desagradables.

Todavía hay muchas personas que piensan que existen emociones buenas y malas cuando, en realidad, no es así.

Todas las emociones son positivas porque nos dan información y nos dicen que nos ocurre algo. Algunas son agradables, como la alegría, la calma, el orgullo o la satisfacción. Otras, como la rabia o la frustración, resultan desagradables. A nadie le gusta sentir estas últimas, pero eso no significa que sean malas.

Lo que ocurre con las emociones desagradables es que tememos escucharlas y nadie nos ha proporcionado las herramientas adecuadas para manejarlas. Tal y como dice Marc Brackett, director del Yale Emotional Center, es fundamental que nos demos permiso para sentir, que perdamos el miedo a conectar con nosotros mismos y con nuestros sentimientos.

Trabaja tu inteligencia emocional

Para poder gestionar mejor nuestras emociones y así incrementar nuestro bienestar emocional y sentirnos más felices es necesario trabajar nuestra inteligencia emocional. Porque sí, las habilidades emocionales pueden entrenarse.

Muchas personas piensan que la inteligencia emocional es algo novedoso que se ha puesto “de moda” hace unos años. Si bien es cierto que el best-seller de Daniel Goleman titulado “Inteligencia Emocional” hizo famoso este concepto; desde la Grecia clásica ya Platón y Aristóteles nos decían que: “todo aprendizaje tiene una base emocional”.

Charles Darwin, por su parte, ya hablaba en su “Teoría de la evolución de las especies” de la importancia de las emociones. Para él los individuos que más probabilidades tienen de sobrevivir son los que mejor se adaptan al medio. Decía que “no es la especie más fuerte la que sobrevive, ni la más inteligente, sino la que mejor responde al cambio” y, para eso, las emociones son fundamentales, dado que contienen una información muy valiosa y activan una conducta adaptativa fundamental para la especie.

En el año 1990, Peter Salovey y John Mayer publicaron su teoría sobre la inteligencia emocional, la cual ha servido de fundamento académico de la mayor parte de investigación sobre este constructo. Según ellos, “la inteligencia emocional es la capacidad para percibir con exactitud, evaluar y expresar las emociones; la capacidad para acceder o generar sentimiento cuando estos estimulan el pensamiento; la capacidad de comprender las emociones y el conocimiento emocional y la capacidad para regular las emociones y fomentar el desarrollo emocional e intelectual”.

Es decir, la inteligencia emocional se basa en cuatro habilidades que todos podemos adquirir:

  • La percepción emocional.
  • La facilitación emocional.
  • La comprensión emocional.
  • La regulación emocional.

Aprende a regular tus emociones

No se trata pues de dejar de sentir o no experimentar emociones negativas, sino de aprender a regularlas para ser conscientes del valor adaptativo que tienen en nuestra vida, qué información nos proporcionan y qué función tienen. Y de saber potenciar las emociones positivas o agradables.

Para ello podemos utilizar el “modelo de ampliación y construcción de las emociones positivas” de Bárbara Fredrickson. Esta autora propone un modelo en el que se produce un efecto de bucle que va ampliando las emociones positivas y que funciona en tres pasos:

  1. Las emociones positivas producen un “efecto de ampliación”; es decir, amplían nuestro pensamiento y nuestras acciones, lo que nos hace ver las cosas desde otra perspectiva más realista y nos ayuda a buscar nuevas estrategias de solución.
  2. Esto hace que construyamos nuevos recursos personales para afrontar las situaciones difíciles.
  3. Lo que nos lleva, por último, a la trasformación. Las personas generamos más emociones positivas al vernos capaces y con recursos para solventar las situaciones problemáticas. La capacidad para disfrutar genera a su vez más emociones agradables lo que hace que la espiral crezca de forma ascendente.

En definitiva, no se trata sólo de practicar el pensamiento positivo desde la idealización de la situación, sino de ser realistas. No debemos dejarnos arrastrar por nuestras ideas irracionales, sino que hay que aprender a confiar en nosotros mismos para así entrar en el bucle de la ampliación de las emociones positivas. Profundizar sobre nuestras emociones y pensamientos nos ayudará a conseguirlo.

Si quieres ampliar más información:

  • Álava, S. (2022). ¿Por qué no soy feliz? Vive y disfruta sin complicarte la vida. Madrid: HarperCollins Ibérica
  • Brackett, M. (2020). Permiso para sentir. Barcelona: Diana.
  • Fredrickson, B.L. (1998). What good are positive emotions? Review of General Psychology: Special Issue: New Directions in Research on Emotion, 2: 300-319
  • Fredrickson (2001). The role of positive emotions in positive psychology: The broaden-and-build theory of positive emotions. American Psychologist: Special Issue, 56: 218-226
  • Goleman, D. (2004). Inteligencia Emocional. Barcelona: Kairós
  • Frederick, S., & Loewenstein, G. (1999). 16 Hedonic adaptation. Well-Being. The foundations of Hedonic Psychology/Eds. D. Kahneman, E. Diener, N. Schwarz. NY: Russell Sage, 302-329.
  • Gonzalez, A. (2020). Lo bueno de tener un mal día. Cómo cuidar de nuestras emociones para estar mejor. Planeta.
  • Salovey, P., & Mayer, J. (1990). Emotional intelligence. Imagination, Cognition and Personality, 9, 185-211.
  • Salovey, P., & Mayer, J. (1997). What is emotional intelligence? In P. Salovey y D. Sluytes (Eds.), Emotional development and emotional intelligence: implications for educators (3-31). New York: Basic Books.
  • Salovey, P., Woolery, A., & Mayer, J. D. (2001). Emotional intelligence: Conceptualization and measurement. In G.J.O. Fletcher y M. S. Clark (Eds.). Blackwell handbook of social psychology: Interpersonal processes (279-307). Malden, MA: Blackwell Publishers.

FUENTE: acofarma.com

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