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Deberes en verano, ¿sí o no? Hablan los expertos

Hay madres y padres que opinan que no, que sus hijos deben tener tiempo para divertirse y aburrirse. Otros, en cambio, piensan que sí, que el verano es una buena oportunidad para recuperar lo perdido o afianzar lo aprendido.

Por María Dotor

Cada curso que finaliza se repite el mismo debate: deberes para el verano, ¿sí o no?

Si preguntásemos a diferentes madres/padres, habría disparidad de opiniones. Algunos dirían que sí, que dos meses y medio de vacaciones son muchos. Otros, en cambio, pensarán que no, que el verano es un periodo para desconectar y descansar.

Lo cierto es que el artículo 31 de la Convención sobre los Derechos del Niño reconoce “el derecho del niño al descanso y el esparcimiento, al juego y a las actividades recreativas propias de su edad y a participar libremente en la vida cultural y en las artes”. 

Este artículo 31, a menudo no se respeta durante el curso escolar. La realidad es que las agendas de nuestros hijos están cada vez más cargadas de actividades dirigidas y, en consecuencia, ellos cada vez tienen menos tiempo libre para jugar o elegir en qué emplearlo.

«Vivimos en una sociedad de consumo, de hacer y no parar, lo que nos lleva a sentirnos mal si no estamos haciendo cosas las 24 horas del día los 7 días de la semana. Y este estrés se lo trasladamos a los niños. Cayendo en la tentación de pensar que nuestros hijos no deben estar tanto tiempo sin hacer nada, pero que no hagan deberes no quiere decir que no hagan nada», nos dice la psicóloga Begoña Ibarrola.

«Que los niños no hagan deberes no quiere decir que no hagan nada»

Begoña Ibarrola – Psicóloga

Entonces, en verano: ¿deberes sí o no? ¿Qué dicen los expertos?

¿Qué opinan los expertos de los deberes en verano?

Para conseguir responder a la pregunta de cada verano, hemos hablado con tres expertos: los psicólogos Rafa Guerrero y Silvia Álava y el docente elegido Mejor docente de primaria de España en los premios Abanca 2021 Francesc Nogales.

Ante la pregunta de: Deberes en verano, ¿sí o no?, el psicólogo Rafa Guerrero lo dejaba claro: «No, no soy partidario. Los niños tienen todo el derecho del mundo, después de un curso académico muy exigente, a descansar. Pero no solo el derecho, sino la necesidad».

«No soy partidario de los deberes en verano. Los niños tienen todo el derecho del mundo, después de un curso académico muy exigente, a descansar. Pero no solo el derecho, sino la necesidad».

Rafa Guerrero – Psicólogo

Aunque todos los padres tenemos clarísimo que nuestros hijos merecen descansar, a menudo nos surgen miedos: ¿si no abre un libro en dos meses se le olvidará lo aprendido? ¿estará perdiendo un tiempo maravilloso en el que podría estar aprendiendo cosas? ¿Perderán el hábito de estudio?

«En verano también aprendemos, pero de forma totalmente diferente. Podemos trabajar toda esa serie de procesos que se aprenden en el colegio (razonamiento lógico, atención, concentración, lectoescrituta…), pero en lugar de hacerlo a través de cuadernillos o fichas de deberes, lo podemos hacer a través del juego», asegura Álava.

«En verano también aprendemos, pero de forma totalmente diferente. En vez de con cuadernillo, a través de actividades lúdicas»

Silvia Álava – Psicóloga

Algo similar opina Nogales: «Soy partidario de que los niños sigan aprendiendo, pero con actividades no académicas. Más que deberes, llamaría a estas actividades placeres. Algo así como ver una puesta de sol, ir a un museo, al zoo, hacer una ruta por la montaña, mirar las constelaciones por la noche, mandar una carta a un amigo…».

«En verano vamos a buscar curiosidades, o investigar sobre cosas que les susciten interés porque estén relacionadas con el día a día. Por ejemplo, si vamos a la playa y hemos visto un caballito de mar, luego podemos investigar sobre esto. O con niños más pequeños, podemos trabajar la psicomotricidad escribiendo nombres en la arena de la playa», apunta Guerrero.

Nogales también cree que, a menudo, los que más interés tenemos en que los niños hagan deberes somos los padres: «El motivo es que nos viene bien que los niños sigan teniendo rutinas establecidas. Pero no porque el niño necesite reforzar conocimientos, sino por nuestra dificultad de conciliar«.

¿Sin deberes les costará más volver a la rutina?

Otro de los motivos por el cual algunos padres queremos que nuestros hijos hagan deberes es que pensamos que de no hacerlos, desconectarán tanto de la actividad académica que en septiembre les resultará muy difícil volver a la rutina.

«Personalmente, a mí también me cuesta más volver a la rutina después de las vacaciones. Es decir, esto nos pasa a todos, no solo a los niños. Pero es que es necesario romper con la rutina, hacer cosas totalmente distintas a las que hacemos durante el año», nos cuenta Guerrero.

Y Nogales nos hace una comparación para que reflexionemos: «¿Os imagináis que nuestro jefe nos dijera que nos llevemos trabajo en vacaciones porque de no hacerlo a la vuelta se nos habrá olvidado hacerlo o nos costará más volver a la rutina? Nadie vería esto normal, pues lo mismo pasa con los niños. Necesitan parar, desconectar, olvidarse de las obligaciones».

¿Hay excepciones?

¿Deberes no? ¿Tampoco con niños que han suspendido o que necesitan reforzar porque han aprobado muy justos?

«No soy partidario de que los niños que van flojos aprendan las cosas por imposición y fuera del aula, es decir, si un alumno termina el curso cogido con pinzas, no me parece bien que tenga que ponerse al día haciendo cuadernillos. El aprendizaje debe generarse dentro del aula».

Si un alumno termina el curso cogido con pinzas, no me parece bien que tenga que ponerse al día haciendo cuadernillos. El aprendizaje debe generarse dentro del aula».

Francesc Nogales – Docente

Además, apunta Guerrero: «Los que van «flojitos» en clase porque les cuesta más, seguramente han hecho un esfuerzo más grande que los que han sacado muy buenas notas. Todos merecen descansar, hayan sacado sobresalientes, notables o vayan justos».

Álava sigue insistiendo en el juego como herramienta educativa: «Si tiene dificultades específicas en un área, por ejemplo, cálculo matemático, podemos trabajarlo, pero de una forma diferente a cómo se hace en el colegio. El juego tiene un potencial impresionante de aprendizaje. En verano es una oportunidad maravillosa para utilizarlo. ¿Y si nos acompaña a la compra y va sumando los precios de lo que echamos al carro? Hay muchas formas de hacer cálculo más entretenidas que a través de un cuadernillo».

Amaya de Miguel, fundadora de ‘Relájate y educa’, nos lanza a través de sus redes sociales un reto: «Si los deberes en tu colegio son optativos, sé valiente y deja que tus hijos no los hagan». ¿Qué opinas? ¿Aceptas el reto?

FUENTE: elperiodicodearagon.com

El verano aumenta el estrés por la conciliación: comprueba si sufres el burnout parental

Las dificultades de la crianza sumadas al trabajo llevan al límite a muchas personas, lo que se ha llamado burnout o síndrome de agotamiento parental. La Universidad de Ohio ha formulado un test para ayudar a detectar este problema, un cuestionario que puedes completar a continuación.

Por Verónica Ramírez

Que la crianza implica situaciones de estrés no es ninguna novedad. Va en el cargo, que se suele decir. Cuando sumamos a ellos una jornada laboral, la cosa se complica y entramos en la carambola que trae de cabeza a tantas familias: ¿qué hago con los niños? ¿Cómo compagino los horarios ahora en verano? En muchos casos esta situación de desbordamiento arrastra a muchas personas al límite. Pero no, la maternidad no tiene que desembocar en sufrimiento.

Por eso, si tienes hijos y en tu cabeza resuenan constantemente las frases «no llego», «no puedo más» o «no me da la vida», puede que estés sufriendo lo que se conoce como burnout o síndrome de agotamiento parental.

En la Universidad de Ohio (Estados Unidos) han estudiado este problema y han desarrollado un test para ayudar a los padres y madres a saber de qué manera sufren burnout parental. En la parte superior de este artículo puedes responder a diez rápidas preguntas que, según las investigadoras, facilitan la detección de este problema. Para su mayor utilidad, se recomienda hacerlo en el contexto de una consulta clínica sobre salud mental.

Cada respuesta del test tiene una valoración que se corresponde con la asignada por Kate Gawlik y Bernadette Mazurek Melnyk, las investigadoras, y cuyo resultado aparecerá al final, tal cual aparece en el informe del estudio junto a las recomendaciones indicadas en cada caso.

Qué es el ‘burnout’

El burnout es la manifestación de una serie de síntomas de agotamiento o ansiedad que sufren muchas madres y padres que trabajan y a los que se les hace muy cuesta arriba la conciliación del trabajo con la crianza. Unas sensaciones que vienen acompañadas de pensamientos de «ya no puedo más» o «no me veo capaz».

Esta angustia ha existido siempre, apunta la psicóloga Silvia Álava, pero, como todo lo relacionado con los problemas de salud mental, no nos habíamos atrevido a verbalizarlo como hacemos ahora.

Es frecuente hablar del burnout relacionado con el trabajo, como síndrome del trabajador quemado. En ese caso, se trata de casos en los que las personas se encuentran agotadas, sin fuerzas y con ansiedad en relación con su empleo.

El burnout parental, anota Álava, es una denominación específica que damos a la situación relacionada con los roles de la paternidad. Una logística que se complica aún más en verano, cuando los pequeños comienzan los horarios intensivos y cogen las vacaciones, lo que hace añadir una gestión adicional al Tetris diario de la conciliación.

Esta situación, explica la psicóloga, puede hacer que algunas familias «hagan crac» en esta época del año: «Los padres ya vienen muy al límite», más después de todo lo que llevamos arrastrando tras la pandemia y con la situación económica que vivimos de fuerte inflación.

Porque no todo el mundo se puede permitir un campamento de verano o no tienen abuelos con quien dejar a las criaturas.

6 de cada 10

Conviene evaluar cada personal en un entorno profesional, pero el estudio de la universidad estadounidense apunta a una serie de factores que influyen y que provocan que el 66 % de los padres estudiados manifestaras agotamiento parental: ser mujer, el número de hijos o cuando los pequeños sufren ansiedad u otros trastornos mentales no diagnosticados aumenta las posibilidades de acabar con burnout.

También en esto salen más afectadas las mujeres: el 68% de las participantes en el estudio reportaron agotamiento frente al 42 % de los hombres. Esto tiene que ver con que las madres son las que todavía asumen la mayor parte de las tareas de crianza, lo que supone un coste añadido laboral, personal y emocional para las mujeres, según un estudio realizado por la Asociación Yo No Renuncio, del Club de Malasmadres. En ese estudio, el 64% las madres encuestas afirmaron que llegan cansadas al trabajo todos los días, y el 66% indicó que no ha pedido ayuda psicológica pese a sentirse desbordada y triste.

Por supuesto, esto no queda solo en un malestar para padres y madres, ya que incluye directamente en la relación con sus hijos. «Es importante verbalizar las emociones, implica que pongo nombre y etiqueto la situación para hacerlo más llevadero», explica Silvia Álava. Desahogarnos no solucionará todos nuestros problemas, pero ya es un paso: las investigadoras aseguran que reconocer e intervenir en el agotamiento de los padres mejora los resultados tanto de los padres como de los niños. Reconocer que se necesita ayuda es una fortaleza, no una debilidad.

FUENTE: lasexta.com

Estas son las habilidades sociales que debemos entrenar en nuestros hijos desde pequeños

El éxito de sus relaciones personales dependerá de lo desarrolladas que tengan estas habilidades sociales.

Por María Dotor

Los seres humanos somos seres sociales. Desde que nacemos, nos relacionamos con otras personas, y nuestra felicidad depende, en gran medida, de cómo de satisfactorias sean estas relaciones.

Para que nuestros hijos tengan relaciones satisfactorias hace falta que dispongan de buenas habilidades sociales. Estas habilidades no son innatas, sino que se aprenden a través de la observación de los demás, de las enseñanzas de otras personas, de la interacción directa con el medio…etc.

Para que nuestros hijos tengan relaciones satisfactorias hace falta que dispongan de buenas habilidades sociales. Estas habilidades no son innatas, sino que se aprenden.

¿Qué habilidades sociales son las más importantes? ¿Cuáles deberíamos inculcar a nuestros hijos? Las repasamos con la ayuda de la psicóloga Sara Ríos Gil, quien las recoge en un capítulo del libro ‘El arte de educar jugando’, de Silvia Álava.

Habilidades sociales básicas y habilidades sociales complejas

Para Ríos Gil, las habilidades sociales se dividen en dos grupos: las básicas y las complejas.

Habilidades sociales básicas

  • Saber escuchar: aquí es fundamental el lenguaje no verbal: mirar a los ojos, asentir con la cabeza, sonreír cuando sea oportuno… «Esto es algo que tenemos que enseñarles sobre todo con el ejemplo», nos dice Ríos Gil.
  • Iniciar una conversación: es básico saber identificar si es un buen momento para iniciar una conversación o la persona no está disponible.
  • Mantener una conversación: una vez que hayamos iniciado una conversación, hay que saber mantenerla. «Una buena escucha activa es fundamental para que el otro se sienta atendido y eso dé pie a seguir la conversación haciendo nuevas preguntas. También hay que saber cómo introducir un tema nuevo sin interrumpir al otro».
  • Terminar una conversación: «evitando ser bruscos y tratando de no cortar a la otra persona».
  • Presentarse adecuadamente: «podemos ayudar a nuestros hijos a entender qué cosas se dicen en una primera presentación y qué cosas nos guardamos para nosotros».
  • Dar las gracias en las ocasiones correctas: aquí nuestro ejemplo es vital. «Somos modelos de conducta. Si nos ven que somos agradecidos con los demás, les será más fácil serlo a ellos».
  • Hacer un cumplido: los cumplidos nos ayudan a establecer relaciones positivas con los demás, no obstante, nos dice Ríos Gil, «conviene intentar no excedernos en los cumplidos porque puede verse como exagerado y poco natural».

Habilidades sociales complejas

  • Saber decir ‘no’ adecuadamente: no siempre tenemos que estar de acuerdo con lo que nos dicen los demás, ya que cada uno tenemos nuestra forma de pensar, y tenemos derecho a decir ‘no’, pero «teniendo en cuenta no ser bruscos ni ofender a los demás, sino expresar nuestra negativa con respeto».
  • Realizar una petición: sin exigir, de manera adecuada. «Y si la otra persona dice que ‘no’, aceptarlo sin enfadarnos ni alterarnos».
  • Tomar decisiones: nos cuesta mucho tomar decisiones, en cambio, es algo a lo que nos tendremos que enfrentar muchísimas veces a lo largo de nuestra vida. Debemos entrenar a nuestros hijos para ello «ayudándoles a definir las opciones, los pros y contras de cada una de ellas, buscar alternativas o soluciones…».
  • Defenderse correctamente de una crítica: hay diversas maneras de reaccionar ante una crítica. «Hay que enseñar a los niños a defenderse de ellas sin alterarse ni enfadarse».
  • Expresar alguna queja: debemos dejarles claro que no pasa nada por expresar aquello que no les guste, pero «hay que enseñarles a hacerlo correctamente, desde el respeto, explicando bien el por qué no le ha gustado y ofreciendo una alternativa».

¿Cómo entrenamos estas habilidades sociales?

Para entrenar las habilidades sociales de nuestros hijos, Ríos Gil da una serie de claves:

  • Los adultos somos referentes de nuestros hijos; constantemente nos están observando y copiando. Por ese motivo debemos ser un buen ejemplo a nivel social y hacer con los demás las cosas que queremos que hagan ellos.
  • Es fundamental que desde pequeños fomentemos que estén con otras personas de confianza además de nosotros y también con otros niños de su edad.
  • El desarrollo social de un niño tiene lugar poco a poco, y esto hay que tenerlo en cuenta para saber qué pedirle en cada etapa de su vida.
  •  Utilicemos el juego para inculcar estas habilidades. Por ejemplo, podemos hacer un teatro de presentaciones para enseñarles de manera amena y divertida la importancia de presentarse a los demás y cómo hacerlo correctamente. También podemos jugar con una pelota en la mano a respetar los turnos de palabra. Sacaremos un tema, debatiremos sobre él, pero solo podremos hablar cuando tengamos la pelota en la mano.

FUENTE: laopiniondemurcia.es

¿Un príncipe caprichoso o un niño normal? Los expertos analizan la conducta del príncipe Luis de Cambridge durante el Jubileo de Isabel II

El pequeño, de cuatro años, sorprendió a todos con su comportamiento espontáneo durante la celebración. Los expertos destacan su corta edad, lo riguroso del protocolo y el papel impecable de su madre, Kate Middleton.

Por CAROLINA GARCÍA

La foto es la siguiente: un niño de cuatro años asiste a la celebración que se organiza para conmemorar los 70 años de vida laboral de su bisabuela, una fiesta que dura un total de cuatro días. Sin duda, para cualquier pequeño, estarse quieto durante los eventos es una proeza de aguante y de buenos modos. Si no, que se lo pregunten a los padres y a las madres con hijos pequeños. Pero si, además, eres el príncipe Luis de Cambridge, hijo de Guillermo, duque de Cambridge, y Kate Middleton, duquesa, y tu bisa es Isabel II, cualquier gesto fuera del protocolo que marca la celebración del Jubileo de Platino de la reina se va a notar. Y así ha sido. ¿Luis actuó como cualquier niño de su edad, o fue caprichoso e irrespetuoso con el protocolo? La polémica está servida.

“Luis tiene cuatro años y ha actuado como un niño de cuatro años”, afirma tajante Silvia Álava, especialista en Psicología General Sanitaria y en Psicología Educativa. “A esta edad”, prosigue, “el pequeño no tiene el suficiente desarrollo madurativo a nivel cognitivo, de pensamiento y de reflexión, para entender que su bisabuela es la reina Isabel II, que lleva 70 años en el trono y que va a asistir a un montón de festejos donde tiene que estar sentadito, calladito y sin moverse. Esto no lo puede comprender por su propio desarrollo evolutivo”.

Estas son las nueve emociones básicas que siente tu hijo

Según explica Álava, al final lo que está haciendo el pequeño es expresar a su manera un “Me aburro”. “Por lo que pone las típicas caras de cansancio, saca la lengua o hace rabiar a su prima. Y, además, para Luis no ha sido solo este acto; lleva un cúmulo de festejos que le han ido dejando agotado”. Al pequeño se le pudo ver el jueves en el balcón de Buckingham, el sábado en un concierto nocturno y el viernes en un desfile de dos horas y media. La psicóloga incide en que el pequeño no deja de ser un niño, por muy príncipe que sea.

La pedagoga Sonia López Iglesias coincide con Álava en que “el comportamiento de Luis fue totalmente normal”. Y agrega un dato: “Es muy difícil que un pequeño de cuatro años pueda mantener la atención más de 20 minutos. Así que él se comportó de forma excepcional en una celebración tan larga. Además, no podemos olvidar que el pequeño príncipe llevaba días fuera de su rutina habitual y eran unos actos con un estricto protocolo de los que él no entendía su significado”.

“Aquí lo más importante es la edad, los cuatro años”, retoma Álava. “No hemos visto a un pequeño con problemas de conducta, sino a un niño cansado, teniendo comportamientos muy normales, de chiquillos. Un ejemplo claro fue cuando su madre Kate le dijo algo y él cogió, se levantó y se sentó en las rodillas de su abuelo Carlos”. En esta ocasión ocurre lo mismo: Luis no se sentó en las rodillas del heredero al trono, se sentó en las de su abuelo: “Decidió irse con otra figura de referencia para él. Y no pensó en protocolos, ni en realezas”.

Un ejemplo claro en el desarrollo evolutivo, propio de su edad, se puede ver en la diferencia de comportamiento con su hermana Carlota, de siete años: “Esto se debe a que en el caso de la pequeña, esta ya tiene bastante desarrollada la función ejecutiva, mientras que él, con cuatro, la está empezando a madurar”. “La pequeña”, prosigue Álava, “ya es capaz de dirigir su conducta; de entender un poco lo que tiene que hacer y de anticiparse a las consecuencias de sus actos. Esto se suele dar a partir de los seis años y no termina de madurar hasta los 28″. En definitiva, “con siete años empiezas a entender un poquito, no del todo. El desarrollo cerebral es muy diferente a los siete que a los cuatro años”.

Por su parte, el psicólogo infantil Rafael Guerrero, autor de varios libros como Educación emocional y apego (2018) y El cerebro infantil y adolescente (2021), comienza citando el problema principal según su criterio: “El niño no debería estar ahí, debería estar en un parque, con sus amigos peleándose, disfrutando en el tobogán. Tiene que estar en otro contexto, no en un acto protocolario. Aun así, el pequeño lo gestionó estupendamente”, subraya. “Yo no le puedo exigir a un niño de cuatro años que se esté quieto”, prosigue Guerrero, “que no se le satisfagan sus necesidades en el momento inmediato y menos que respete un protocolo tan exigente como es el de la Casa Real Británica”.

Los niños no tienen que estar en esta clase de eventos. Es como cuando doy un curso de formación y una madre me pregunta si puede venir su hijo; obviamente no le digo que no, pero sí que le explico que no es un lugar para niños”, añade el psicólogo. Todo esto le lleva a pensar que a lo mejor no es tanto que el niño se esté portando bien o mal, sino que “somos nosotros, los adultos, los que nos estamos portando mal con él. El niño se comportó de maravilla porque actuó como un niño. Y expresó sus emociones libremente”. Según expresa, los pequeños no se portan ni bien ni mal: “Los niños se manifiestan de manera natural, de forma sincera. Si se mueve es porque está inquieto, si está chof, es porque está triste o aburrido. Son transparentes”, argumenta el psicólogo.

El papel de su madre, Kate Middleton

Los expertos también destacan que la madre de Luis, Kate Middleton, actuó muy bien ante el comportamiento de su hijo. Muchos han resaltado la paciencia y empatía con las que trató al pequeño. “Por supuesto que lo hizo bien, ¿por qué deberíamos regañar a un niño de cuatro años que debe participar en una celebración larga y aburrida para él si no está preparado?”, se pregunta López Iglesias. Para la experta, su madre fue muy comprensiva y respetuosa.

“Los adultos debemos ser muy conscientes de las necesidades de nuestros hijos y jamás debemos exigirles un comportamiento para el que no están preparados”. “Kate lo bordó”, incide Álava, “cada vez que el pequeño se dirigía a ella, ella se agachaba; lo miraba y le cogía de la mano”. De esta forma, y según explica la experta, se consigue que los niños se sientan escuchados y atendidos.

“Partiendo de la idea de que el niño no debería estar ahí, Kate lo hizo lo mejor que pudo”, recalca Guerrero. “En las imágenes que he visto creo que trata al pequeño con todo el cariño del mundo; tratando de tranquilizarle y de reconducirle. En definitiva, esta madre lo hizo bastante bien, dadas las presiones, las limitaciones protocolarias, y que había que pasar el trago lo mejor posible. Aunque incido en que el problema de base es que el niño nunca debería haber estado ahí”, insiste Guerrero.

¿Afecta el orden de nacimiento al comportamiento del príncipe Luis?

Para las expertas consultadas, el orden de nacimiento no es determinante. “Los hijos tienen una personalidad distinta que no tiene tanto que ver con el orden en que han nacido, sino un poco con los genes, por así decirlo”, sostiene la psicóloga Silvia Álava. “Esa combinación de genes que nos ha tocado, y también un poco por el ambiente en el que vivimos. Pero al final la personalidad es un compendio de tu parte genética. Es la lotería de genes que te ha tocado. Además, influye el ambiente en el que están viviendo, la forma de educar, de cómo se relacionen sus padres con ellos. Que sí, que es verdad que en determinadas cosas, sí que el orden puede afectar a la personalidad”. Pero, según explica, tiene más que ver con la responsabilidad, que a los primeros hijos se les suele cargar más con ella, por ejemplo.

Por su parte, Sonia López Iglesias, pedagoga, destaca que el orden de nacimiento puede afectar, “pero lo que determina el comportamiento es la personalidad de cada niño y los límites que está acostumbrado a respetar. Él demostró ser un niño muy espontáneo, cariñoso, curioso y expresivo».

FUENTE: elpais.com

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Ayer celebramos con Down Madrid la tercera jornada del Taller Ciclo de la Vida

Ayer celebramos con Down Madrid la tercera jornada y cierre del I Taller Ciclo de la Vida con los alumnos del CEE Carmen Fernández Miranda.

En esta ocasión y, continuando con el objetivo de ayudar en la gestión del duelo a personas con Síndrome de Down u otra discapacidad intelectual, se invitó a acudir a las familias de los propios alumnos, logrando así realizar una sesión participativa en la que se expusieron algunas de las experiencias vividas por cada uno de ellos.

Un precioso proyecto que forma parte de nuestro compromiso con los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas, en concreto con el ODS 10, la reducción de las desigualdades, y que desde Funespaña esperamos poder continuar.

Agradecemos su colaboración al equipo de Centro de Psicología Álava Reyes, quienes han tratado de normalizar al máximo un tema tan evitado en nuestra sociedad como es la muerte.

#SomosFunespaña #FunespañaContigo #ciclidelavida

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Las verdaderas razones por las que los padres lloran en las graduaciones escolares de sus hijos

Varias expertas explican el carrusel de sentimientos que afloran cuando los hijos finalizan una etapa escolar

Por Laura PeraitaSEGUIR

Los padres se lo recomiendan unos a otros por estas fechas: «No os olvidéis los pañuelos para secaros las lágrimas». Y es que, año tras año, los actos de graduación escolar de los hijos se han convertido en todo un evento que en muchos colegios no solo se celebran al acabar los alumnos Bachillerato, sino que abarcan desde las primeras etapas de Infantil y Primaria.

No cabe duda de que este tipo de actos son todo un acontecimiento y un motivo de gran alegría tanto para la comunidad escolar, los alumnos y las familias, pero,

¿Qué emociones sienten exactamente los padres para que a una gran mayoría se les salten las lágrimas en una gala tan alegre?

Patricia Jiménez García-Escribano, directora del Máster en Psicología de la Intervención Social y Comunitaria de la VIU ( Universidad Internacional de Valencia), recuerda que la alegría también va acompañada de llanto, no solo la tristeza. Asegura que para los progenitores ver a sus hijos recogiendo un reconocimiento supone una escenificación que representa la celebración del éxito tras un año de madrugones, de luchar para que hagan los deberes, estudien los exámenes, de convencerles para que vayan a extraescolares, de superar múltiples trifulcas familiares para la organización y optimización del tiempo… «En estos actos afloran muchísimos sentimientos al mismo tiempo, lo que puede resultar a veces desconcertante: orgullo, al ver cumplidos logros y metas propuestos durante el curso; alegría y tranquilidad, por ver superada una etapa; tristeza, al finalizar una fase como es la infancia por hacerse mayores; incertidumbre, ante la duda de cómo se van a desenvolver en la siguiente etapa, sobre todo cuando salen de la Universidad y se enfrentan al mundo laboral; sensación de nido vacío, cuando dejan la etapa escolar y se pierde en cierto modo el control sobre ellos por emprender su vida laboral…

Paso del tiempo

En esta misma línea se manifiesta Silvia Álava Sordo, Doctora en Psicología, cuando añade que el cambio de etapa implica, en primer lugar, ser consciente de que ese bebé que entró no hace demasiado tiempo por la puerta del centro escolar va creciendo y superando cursos. «Esa toma de conciencia del paso del tiempo da, en muchas ocasiones, cierto vértigo porque supone mirar hacia atrás y darnos cuenta de que los años pasan muy rápido, casi se nos escapan, y muchos padres reflexionan sobre su propia maternidad y paternidad, sobre si de verdad han aprovechado bien el tiempo al lado de sus hijos y han disfrutado lo suficiente de su infancia».

Llorar, un acto muy humano

Esta Doctora en Psicología, no obstante, advierte que no hay que sentirse mal o avergonzado por soltar lágrimas en actos de este tipo. «Llorar, emocionarse, es un acto muy humano, lo que ocurre es que nos cuesta expresar emociones y ponerles nombre. Ya es hora de eliminar falsas creencias como la de que llorar y emocionarse es símbolo de debilidad, porque no es así».

Verbalizar lo sentido

Otro de los motivos que justifica este tipo de emociones es la gran satisfacción de los progenitores al ser testigos de un evento en el que se conmemoran los logros de su hijo. «Para ellos supone un gran orgullo ver cómo progresa y que sea motivo de celebración. El problema —señala Álava Sordo— es que no sabemos expresar lo que sentimos con palabras y lo exteriorizamos con lágrimas. Deberíamos perder el miedo y poner palabras a todo lo que sentimos porque todos los días nos pasan cosas. Una forma de empezar a hacerlo es aprovechar momentos, como la cena, para hablar con los hijos sobre lo que hemos hecho y cómo nos hemos sentido durante el día».

«A los profesores también nos cuesta no llorar»

En las graduaciones no solo lloran los padres. Celia Prieto, maestra de Infantil del Colegio Alameda, confiesa que llora igual o más que las familias el día que sus alumnos de 5 años celebran su graduación. «Como profesora paso muchísimos nervios ese gran día. Es un momento en el que reflexionas sobre todo el tiempo que has pasado con ellos, en el que recuerdas el día que atravesaron por primera vez la puerta del colegio con tan solo tres añitos y con el miedo instalado en sus caras por separarse, muchos de ellos, por primera vez de sus padres. Te das cuenta de todo lo que han evolucionado. Desde el inicio han aprendido a ser respetuosos, esperar turno, relacionarse con los demás, adaptarse a nuevas rutinas y hábitos saludables… Les has visto crecer y formarse como personitas».

Una faceta nueva de sus hijos

Para los padres es toda una sorpresa y orgullo ver sobre el escenario cómo se desenvuelven sus pequeños y representan un papel que han aprendido e interpretan con gran ilusión. Descubren una faceta nueva de sus hijos, el culmen de todo lo que han trabajado en el día a día en la escuela. «Si a toda actuación se le añade, además, la proyección de imágenes entrañables de los niños durante el curso y la música, la lágrima está más que asegurada porque la emoción va directa al corazón de padres y docentes», advierte Prieto.

Explosión de emociones

Es más, reconoce que cuando coge el micrófono y dedica unas palabras de agradecimiento a sus pupilos «se me entrecorta la voz y tengo que hacer grandes esfuerzos por no llorar. Siento una explosión de emociones con una mezcla de orgullo, de reconocimiento a su esfuerzo, de gran alegría por el trabajo bien hecho durante tres años y, a la vez, de tristeza porque llega el momento de separarme de ellos, de cerrar una etapa y den el salto a una nueva y, en definitiva, se hagan más mayores. Verbalizar todos estos sentimientos cuando clavan sus ojos en los míos es muy difícil lograrlo sin lágrimas».

FUENTE: ABCEducación

Estado de ánimo y redes sociales

Desde hace ya algunos años convivimos con las redes sociales, han llegado para quedarse y los estímulos que nos ofrecen afectan a nuestras emociones, en ocasiones de forma positiva y otras no tanto.

Es cierto que las redes sociales tienen efectos beneficiosos, porque nos ayudan a relacionarnos, a poder mantener un contacto más continuo con gente que está lejos, incluso a nivel mundial… Nos permiten profundizar en hobbies, aficiones y grupos de interés, compartiendo contenidos, generando sentimientos de pertenencia con nuestra “tribu” e incluso convirtiéndonos en referentes dentro de colectivos que de otra forma sería impensable. Incluso abren las posibilidades de relación a la gente más tímida o con menos habilidades sociales… 

Las redes sociales han democratizado la generación de contenidos e incluso la posibilidad de generar ingresos a personas de forma individual, llegando a competir incluso con empresas y organizaciones.

¿Afectan las redes sociales al estado del ánimo? 

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