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Claves de la inteligencia emocional en el ámbito familiar

Las Doctoras en Psicología Silvia Álava y Ruth Castillo Gualda explican las claves de la inteligencia emocional en el ámbito familiar.

Por LAURA PERAITA

Inteligencia emocional en familia

‘Inteligencia emocional en familia’ es el nuevo libro que acaban de publicar Silvia Álava, Doctora en psicología Clínica y experta en Psicología Educativa, y Ruth Castillo Gualda, doctora en Psicología, experta en educación emocional y profesora de la Universidad Camilo José Cela. En sus páginas proponen, entre otros muchos asuntos, una serie de pautas para que los padres puedan establecer un vínculo afectivo de seguridad con sus hijos. Lo hacen bajo el acrónimo es C.R.E.A.: Conecta a través de la mirada atenta, flexible y sin juicios hacia el mundo interior de los hijos. Una mirada atenta desde la apertura y la curiosidad hacia sus emociones.

Conductas iceberg

El segundo, ‘Reflexiona sobre las conductas iceberg’. Es decir, lo que sienten y lo que hacen con aquello que sienten, ya que no siempre se alinea y a veces, se asumen emociones que en realidad no experimentan. ‘Empodera’, que consiste en cambiar la mentalidad acerca de las emociones negativas, debido a que en numerosas ocasiones se les hace ver a los niños que sentir determinadas emociones puede ser un signo de debilidad, pero es al contrario: reconocer y expresar con honestidad es un símbolo de fortaleza que les protege de reacciones típicas como negarlas o reprimirlas. Por último, ‘Atiende sus emociones’, poniendo en marcha estrategias útiles e inteligentes como tomar consciencia de las señales físicas y mentales de lo que sienten, conocer sus disparadores o dirigir la atención para re-evaluar la situación, son algunos ejemplos para favorecer un desarrollo emocional saludable.

¿No basta, entonces, con cuidar sus necesidades básicas y mostrarles cariño?

Según apunta a ABC Ruth Castillo Gualda, atender sus necesidades y cuidarles desde el amor es fundamental, «pero ¡estamos hechos de emociones! Les van a acompañar siempre y en muy diversas circunstancias, por lo que saberlas reconocer y manejar contribuirá a que se desarrollen plenamente y gocen de un adecuado equilibrio mental en el futuro. Para ello, podemos enseñarles, desde bien pequeños, a reconocer y comunicar sus necesidades a través de vocabulario emocional y practicar estrategias de regulación sencillas que pueden usarse en cualquier momento, como la respiración consciente o entrenar la toma de distancia en momentos intensos a través del auto-diálogo amable y positivo consigo mismos, que sientan una buena base».

La sobreprotección

Para Silvia Álava, la sobreprotección es uno de los mayores errores que se comete hoy en día en educación. «Muchos padres malentienden el amor maternal, paternal y creen que sus hijos ya serán mayores para sufrir y, por tanto, quieren evitarles cualquier situación incómoda. Pensamientos del tipo: «a mí no me cuesta nada llevarle la mochila al colegio, estar pendiente de sus actividades, de los deberes…» están impidiendo que los menores desarrollen su autonomía y su seguridad personal».

Reconoce que «sabemos que el estilo educativo sobreprotector es un enemigo para el desarrollo de la inteligencia emocional de los niños. Hay muchos padres que directamente no soportan ver a sus hijos pasarlo mal y les evitan cualquier situación complicada para que no tengan que sentir emociones desagradables. Los niños tienen que aprender a convivir con dichas emociones para así poder reconocerlas, aceptarlas y aprender a manejarlas. Los padres deben de estar ahí desde el acompañamiento, no evitándoles dichas emociones porque si no, no van a aprender estas estrategias tan necesarias para proteger su salud mental».

Pautas, vínculo y clima familiar

En este sentido, Ruth Castillo Gualda señala que las pautas educativas recibidas, el tipo de vínculo que se desarrolla o el clima familiar en el que una persona vive los años más influentes de su desarrollo, es fundamental. Explica que si las relaciones y el ambiente son cálidos, amables y previsibles van a tener un efecto más beneficioso en la construcción de su auto-concepto y posterior autoestima. «A partir de la evaluación que recibimos de nuestras figuras de referencia, se construye y desarrolla de manera más o menos saludable nuestra imagen. La confianza que se deposite en nuestras habilidades, los refuerzos recibidos de manera consistente, el establecimiento de objetivos congruentes y acordes por parte de nuestros padres, será clave», puntualiza.

El modelado

Silvia Álava recuerda que los niños aprenden por modelado, es decir, copian a sus adultos de referencia que principalmente son sus padres. Por tanto, «si nosotros no somos un modelo regulado emocionalmente es muy complicado que podamos ayudar a nuestros hijos a co-regular sus emociones. Por eso, muchos de los capítulos del libro están dirigidos a los padres con actividades orientadas a que aprendan a trabajar con sus propias emociones y, de este modo, puedan acompañar a sus hijos y enseñarles las diferentes habilidades de la inteligencia emocional. No podemos olvidar que hay que hacerlo desde la práctica, utilizando las situaciones de la vida cotidiana. De poco sirve darles charlas teóricas sobre las emociones si no lo aterrizamos en cuestiones prácticas del día a día».

Componente mental, físico y expresivo

Y es que, tal y como afirma Ruth Castillo Gualda, las emociones y sentimientos se conforman de tres aspectos diferenciados: un componente mental (ideas o pensamientos más o menos positivos), un componente físico (respiración, activación, cambios fisiológicos) y un componente expresivo (conductas y comportamientos que busca escapar, afrontar, luchar, entre otros). Sin embargo, apunta que identificar estos componentes no es tan sencillo, ni tan evidente. «Expresar las emociones ayuda a equilibrar el desajuste (mental o físico) provocado por las mismas. Lo que ocurre es que si no enseñamos a los niños habilidades para regular o manejar esas experiencias, estas pueden predisponerles a reacciones automáticas, impulsivas, desproporcionadas, tales como, las conductas agresivas, estallidos emocionales, proyección, aislamiento, adicción a la tecnología u otras vías de escape. Es como si esas emociones desagradables ‘secuestraran’ su capacidad de decidir la respuesta más adecuada o provocaran una toma de decisiones menos flexible. Para evitar esto, cuando enseñamos a responder en lugar de a reaccionar, enseñamos formas más reflexivas, acordes y saludables de expresar lo que siente. A través de un vocabulario emocional que les permita compartir y expresar lo que necesitan, aprendiendo a validar las emociones que sienten, manejando la atención, tomando distancia o considerando el objetivo y las personas que se encuentran en la situación».

Clima de confianza

Para que los niños sepan expresar lo que sienten, Silvia Álava conseja crear un clima de confianza, generando un espacio seguro para que sientan que puede expresar sus sentimientos e inquietudes. «Es importante estar presentes en la vida de nuestros hijos y reservar espacios: tiempo y lugar para estar todos juntos y poder conversar, escuchando de forma activa. Por ejemplo, recuperar la cena en familia evitando los dispositivos electrónicos para no solo alimentarnos, sino para favorecer el diálogo. Sin olvidarnos que los primeros que debemos de contarles cómo nos sentimos somos los padres, dado que somos su modelo para seguir. En el segundo capítulo del libro trabajamos cómo crear este clima de confianza, dado que entendemos que si los niños no sienten esa confianza y no ven a sus padres como su lugar seguro, es muy complicado que nos puedan contar como están».

Expresar los sentimientos

Y es que mostrar y expresar lo que se siente es fundamental puesto que los niños y adolescentes que reprimen sus emociones muestran más problemas de depresión y ansiedad, estrés psicológico, auto-lesiones, trastornos de la conducta alimentaria, conductas agresivas, aislamiento y peor funcionamiento social. «Por otro lado, -apunta Silvia Álava-, esta estrategia para cancelar el componente expresivo requiere un esfuerzo mental importante que interfiere en procesos cognitivos, tales como, la memoria, la resolución de problemas, la flexibilidad cognitiva y la organización. Seguro que en alguna ocasión -prosigue- los padres han experimentado cómo su hijo verbalizaba racionalmente que estaba tranquilo, pero los progenitores apreciaban que su comunicación no verbal, su comportamiento o sus pensamientos denotaban nervios o preocupación. A veces, sus palabras pretenden comunicar emociones diferentes a las que su respiración, tensión muscular o pensamientos manifestaban. Confundir una forma de expresión con la emoción en sí misma es bastante común. Algo que repito mucho es que emoción no es igual a comportamiento».

Trabajar el autoconcepto

Silvia Álava insiste, además, en la importancia de trabajar correctamente el autoconcepto de los niños para que sepan cuáles son sus puntos fuertes y débiles, que conozcan los aspectos a mejorar y que sepan cómo potenciar lo que ya hacen bien. «Para eso es fundamental la labor de los padres, que sean capaces de corregir la conducta de sus hijos, pero sin entrar en una minusvaloración de su persona. Siendo asertivos, poniendo el foco en lo que hay que cambiar, explicándoles cómo hacerlo, evitando las etiquetas. No es lo mismo decirles es que tú eres vago, a decirle que hoy no hiciste lo que te tocaba, que eran tus deberes. Cuando utilizamos el verbo ser les estamos diciendo que ellos son así y que no pueden cambiar; sin embargo, cuando ponemos el foco en la conducta explicando lo que hicieron o dejaron de hacer, los niños interpretan que es algo que ellos pueden cambiar o mejorar. Por otro lado, también es importante reforzar sus virtudes y que tengan una mayor atención cuando su conducta es correcta y que sientan que sus padres les aceptan y les valoran por lo que son».

Las habilidades emocionales de los padres también cuentan

Las habilidades emocionales de los padres son muy importantes en todo este proceso educativo, tal y como remarca Ruth Castillo Gualda. «Las emociones que podamos experimentar como padres a lo largo de nuestra vida no las podemos evitar ni predecir, algunas nos resultarán difíciles de gestionar y seguro nos equivocaremos muchas veces en cómo hacerlo. Pero lo que sí podemos mostrar es nuestra capacidad para manejarlas, aplicando en primera persona esas estrategias útiles como el vocabulario emocional para comunicar, la comprensión de nuestros disparadores emocionales, reconocer las emociones del otro, el lenguaje corporal adecuado, dirigir la atención a otros aspectos de la situación o mantener con nosotros mismos una conversación interior útil. Si bien es cierto que, en ocasiones, no lo conseguiremos, en cada reto tenemos una nueva oportunidad para aprender y hacerlo mejor. Esto nos hace más humanos, más cercanos y especialmente mejores referentes para nuestros hijos», concluye.

FUENTE: abc.es/familia

¿Cómo podemos trabajar la Inteligencia Emocional en familia?

Cuando nos convertimos en padres o madres, la tarea de educar es la responsabilidad más importante y más desafiante que podamos tener.

Las emociones forman parte de nuestro día a día, pero no siempre sabemos acompañarlas y relacionarnos con ellas.

Si queremos ocuparnos de que nuestros hijos crezcan y se desarrollen saludablemente, debemos tener en mente la importancia de ser adecuados ejemplos para ayudarles a entender y manejar sus sentimientos.

En este video de la entrevista en el programa Las Tardes de RNE os contamos cómo y cuándo podemos trabajar la Inteligencia Emocional en familia.

La importancia de trabajar las emociones con los niños

Las psicólogas Silvia Álava Sordo y Ruth Castillo Gualda publican ‘Inteligencia emocional en familia’, un libro donde hablan de la inteligencia emocional y la educación socioemocional y ofrecen herramientas a los padres y educadores para que sepan entender lo que sienten sus hijos.

Publicado por Ana M. Longo

Las emociones son respuestas involuntarias a estímulos y forman parte de nosotros. Los padres queremos que nuestros hijos sufran lo menos posible, pero las emociones desagradables también están.

Hablamos con las autoras del manual ‘Inteligencia emocional en familia’ (Editorial Síntesis, 2023)Silvia Álava Sordo y Ruth Castillo Gualda, quienes afirman que no hay que tratar de ser unos padres perfectos, sino mediante el ejemplo, mostrar que también se poseen las estrategias para manejar todas las emociones.

4 habilidades

La inteligencia emocional como apunta Silvia Álava Sordo, doctora en Psicología clínica y de la salud, profesora de universidad y divulgadora científica, está compuesta por cuatro habilidades desde el modelo de Mayer y Salovey (psicólogos norteamericanos, que, en 1990, desarrollan la Teoría de la Inteligencia Emocional) que siguen en su obra:

  • La primera es la de la percepción emocional, esto es, ser capaz de reconocer las emociones, primero en uno mismo -y expresarlas adecuadamente- y también, reconocer las que sienten quienes te rodean.
  • La segunda es la facilitación emocional: Somos conscientes de que no hay emociones buenas ni malas, sino que todas son buenas porque nos dan información que aprendemos a leer y que constata que algo sucede.
  • La tercera es la comprensión emocional, es decir, entendemos la causa y la consecuencia de una emoción y también lo descubrimos en los demás. Además, disponemos de un vocabulario para exponer cómo nos estamos sintiendo.
  • La cuarta es la regulación/manejo emocional: Cuando somos conscientes de la emoción, en lugar de actuar en automático, diciendo o haciendo algo de lo que puede que nos arrepintamos o quedándonos colapsados, de forma consciente elegimos cómo vamos a actuar; también implica regular las emociones de los demás, ayudarlos.

Como refiere la psicóloga sanitaria y educativa,

Existe suficiente evidencia científica acerca de la importancia de trabajar la educación emocional en los niños.

Si como progenitores pretendemos evitar constantemente el dolor o la tristeza a nuestros hijos, la escritora destaca que no se les ejercitará en una óptima educación emocional: “No les permitiremos experimentar las emociones menos placenteras ni que aprendan a convivir con ellas; tampoco les proveeremos de las estrategias más acertadas para regularlas”. Y añade que es crucial hacerlo para prevenir determinados trastornos emocionales, como la ansiedad y el estrés.

Ayudar al niño a regularse emocionalmente

Ruth Castillo Gualda, doctora en Psicología, experta en educación emocional, profesora y consultora del Yale Center for Emotional Intelligence, relata que: “La educación socioemocional es un proceso de acompañamiento por parte del adulto, desde el ámbito familiar o educativo, para favorecer las habilidades de reconocimiento, comprensión, expresión y regulación de las emociones”.

Puntos importantes en la educación emocional en una familia

A modo de conclusión, las autoras señalan los siguientes puntos a tener en cuenta las familias en la educación con sus hijos:

  • Educar en inteligencia emocional, pero primero como adultos sería necesario haber aprendido a identificar y regular las propias emociones.
  • Los niños necesitan que sus padres o profesores hagan una labor de corregulación. Al adulto desde la calma le resultará más fácil ayudar al hijo a regularse. Hay que recordar que el cerebro de niños y adolescentes está en un proceso madurativo; la parte que regula y maneja las emociones no termina de madurar hasta los 25 años.
  • Los adultos hemos de estar receptivos y presentes y generar un clima de confianza, un espacio seguro y respetar lo que dicen. Hablar de emociones no es de débiles.
  • Aceptar consiste en no rebelarse contra aquello que experimentamos. Hay que poner el foco en lo que depende de nosotros y en los aspectos que sí podemos controlar de nosotros mismos o de la situación.
  • Para favorecer la comprensión emocional, con el vocabulario emocional favoreceremos en nuestros hijos su autoconocimiento, su conversación interna y su capacidad para empatizar y captar las emociones de los demás.

FUENTE: SERPADRES.ES