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Juego y actividad física, esenciales para el desarrollo emocional de los niños. Colaboración con EFE Salud

La relación existente entre el juego y la felicidad está ampliamente demostrada. Sin embargo, ¿qué tipo de juego es el mejor para el desarrollo de los más pequeños? Para 9 de cada 10 padres, tanto la actividad física como el deporte son claves para el desarrollo emocional y de las habilidades de percepción y compresión de sus hijos, según el “I Estudio sobre los beneficios del juego y la actividad física en niños”, desarrollado por Galletas Príncipe junto a la psicóloga Silvia Álava

Este estudio, realizado por la empresa Ipsos, ha contado con la participación de más de 1.000 padres de todo el país con hijos de edades comprendidas entre 4 y 12 años.

El juego y la actividad física son fundamentales para los niños, ya que no solo disfrutan realizando este tipo de actividades, si no que también favorecen su aprendizaje.

“Hay una gran cantidad de trabajos científicos que han demostrado que a través del juego se potencian las funciones ejecutivas, se ayuda a mejorar el rendimiento matemático, el desarrollo lingüístico, la inteligencia fluída, la memoria de trabajo y el procesamiento, entre otros”, señala la psicóloga Silvia Álava.

Y es que los niños necesitan jugar y hacer ejercicio para desarrollarse con plenitud. Además, el juego promueve las relaciones entre iguales, desarrollan lazos de amistad con otros niños, competencias emocionales, habilidades sociales…

“Los padres son conscientes de esta realidad; de hecho, este estudio ha puesto de manifiesto que el 99,5 % considera que el juego es fundamental para el desarrollo de sus hijos”, señala Filipe Salsinha, director de la categoría de galletas en Mondelēz International en España.

Juego y actividad física, vital para los niños

Silvia Álava
La psicóloga Silvia Álava/ Foto cedida

Por otro lado, los resultados muestran que 9 de cada 10 padres creen que, para el desarrollo de las habilidades de percepción, comprensión y la regulación emocional, tanto el deporte como el ejercicio físico son clavesseguido de los juegos tradicionales.

En el caso de los niños más pequeños (4 a 6 años), los progenitores creen que son los juegos tradicionales los que más ayudan al desarrollo emocional de sus hijos.

“Estos resultados están en consonancia con la evidencia científica existente, que ha demostrado que, en la infancia, el desarrollo cognitivo se ve potenciado gracias a los juegos de reglas, interactivos y motores o de actividad física”, expone Álava, quién destaca que “además, el juego hace que desarrollen su creatividad y fantasía y les ayuda a comprender el mundo real”.

¿Qué juegos hacen más felices a los niños?

Otro de los principales objetivos de este estudio es conocer qué tipo de juegos hace más felices a los niños. Aunque 4 de cada 10 padres afirman que las pantallas son la principal fuente de disfrute de sus hijos, el 50 % de los encuestados declara que el ejercicio físico es el tipo de juego que más feliz hace a los niños.

“Uno de cada dos niños juega con pantallas a diario y el 31 % lo hace durante 2 horas o más. Son cifras que no nos sorprenden ya que vivimos en un mundo totalmente tecnológico”, manifiesta Filipe Salsinha, quien explica que “sin embargo, los padres tienen claro que sus hijos son más felices cuando practican actividad física o deporte”.

Como indica el “I Estudio sobre los beneficios del juego y la actividad física en niños”, la felicidad está más relacionada con saber disfrutar de cada momento y dotar de herramientas y recursos a nuestros hijos para que sean seguros y autónomos.

Por este motivo, “debemos fomentar que los niños jueguen al aire libre, a juegos que impliquen movimiento y que puedan practicar deporte, dado que está demostrado que estos tienen un efecto positivo en el aprendizaje y en el desarrollo cognitivo y emocional”, argumenta Silvia Álava.

Aunque las pantallas también tienen múltiples beneficios, no debemos permitir que ocupen todo el tiempo de ocio de nuestros menores, dado que los juegos tradicionales tienen unos efectos en el desarrollo cognitivo y socioemocional en los niños, que las pantallas no tienen.

De hecho, este estudio ha puesto de manifiesto que el 52 % de los padres consideran que estas herramientas tecnológicas podrían alterar y perjudicar la disposición al estudio.

FUENTE: EFESalud

Niños confinados, ¿que supondrá para ellos poder salir de casa?. Colaboración con EFESalud

Por Sara Mancebo Salazar | MADRID/EFE/SARA MANCEBO/ HENAR FERNÁNDEZ 

Tras más de un mes del confinamiento a causa de la crisis del coronavirus, el Gobierno ha decidido aliviar a los más pequeños permitiendo a los menores de 14 años salir a pasear a partir del próximo domingo, 26 de abril. El Bisturí ha hablado con una psicóloga para saber cómo viven los niños no poder salir de casa y cómo les beneficiará la nueva medida.

Los niños podrán dar paseos controlados y se permitirá que acompañen a los adultos en las salidas autorizadas. Es una de las modificaciones principales de la nueva prórroga del estado de alarma, la tercera, que durará del 26 de abril al 9 de mayo, tal y como ha aprobado el Congreso y hoy ratifica el Consejo de Ministros.

Una medida que ha puesto el foco en los niños y jóvenes y ha abierto el debate sobre cómo afecta a los más pequeños el confinamiento prolongado y qué ventajas tiene este levantamiento del encierro estricto.

El Bisturí ha consultado a la psicóloga Silvia Álava, directora del Área Infantil del centro de psicología Álava Reyes, quien explica que estar metidos en casa tanto tiempo -ya son 5 semanas- sin poder salir al aire libre tiene un impacto muy importante para ellos, aunque, hasta ahora, ha sido lo más seguro.

“Evidentemente tiene unos efectos muy negativos para la salud mental de los niños, pero dejarles en casa ha sido lo más acertado en esta primera fase para evitar la propagación del virus; siempre hay que mirar cuál es el mal menor”, asegura.

Las salidas no serán como antes, importante concienciarles

“Ahora que la situación está algo más controlada es bueno que puedan salir, aunque es muy importante concienciarles de que no va a ser como antes. No podemos permitir que los parques vuelvan a llenarse o que estén todos jugando uno al lado del otro, tocando las cosas, y que vuelvan otra vez a ser vectores de transmisión”, advierte la psicóloga.

Como expone Álava, es fundamental que los pequeños entiendan que no van a encontrar la normalidad que están buscando y hay que recordárselo antes de cada salida para evitar que se frustren si no se cumplen sus expectativas.

“Deben comprender que salimos a dar un paseo, no hace falta que lleven muchos juguetes que habrá que desinfectar después y no van a poder quedar con sus amigos;  si nos los encontramos, les vemos en la distancia, les decimos hola y seguimos con nuestro paseo”, apunta la experta.

Así se enfrentan los más pequeños al confinamiento

Los niños, como expone la psicóloga, van a afrontar el encierro en función de cómo lo estén haciendo sus padres, sus adultos de referencia.

Por eso es importante que estos transmitan calma y serenidad y les expliquen bien la situación para que la entiendan, poniendo el foco en lo que podemos hacer en casa y no en las limitaciones. Y sobre todo, advierte que es fundamental validar las emociones y permitir que los niños las expresen.

“Los niños pueden tener ansiedad y sentir miedo o tristeza. Por eso es fundamental dejar un espacio para las emociones, crear un clima de confianza en el que podamos compartir como nos sentimos”, explica.

Y es que, como subraya la experta en psicología infantil, “quizás en este confinamiento sea más importante atender a sus necesidades emocionales que preocuparnos por si han hecho los deberes”.

niños confinados
María, acompañada por sus familia en el día de su cumpleaños, saluda a la Policía Nacional que le ha felicitado durante el confinamiento en Logroño. EFE/Raquel Manzanares

¿Cómo entender lo que sienten nuestros hijos?

En el caso de los niños a los que les cueste más expresarse y hablar de sus sentimientos, deben ser los adultos quienes den el primer paso y hablen de ello para “romper el hielo”.

Aunque, como señala la psicóloga, eso no significa transmitirle tus preocupaciones de adulto, sino decirles si estás más alegre, más triste, más enfadado, etc.

Si eso no funciona, podemos dejar que lo hagan, por ejemplo, a través de los dibujos o prestando atención a los diálogos que tienen cuando juegan con sus muñecos. La clave está, explica Álava, “en observar muy bien lo que hacen, lo que dicen o lo que dejan de decir”.

En el caso de los adolescentes también es muy importante cuidar este aspecto, ya que aunque nos puede parecer que son muy mayores y rechazan al adulto, la realidad es que te siguen necesitando.

“Es verdad que no hay que estar tan encima como con los niños pequeños, pero sí supervisando y acompañando, aunque sea de reojo”, asegura.

“No podemos permitir que nuestro hijo esté todo el día metido en su habitación haciendo su vida al margen de los demás. Debemos encontrar momentos para estar juntos en familia-por ejemplo en las comidas- y dejar un poco aparte las pantallas para poder hablar”, aconseja la psicóloga.

Aunque esas conversaciones, por supuesto, deben enfocarse desde un punto de vista distinto al que se tiene con un niño, y no forzarlas, sino buscarlas. “Si forzamos lo que vamos a encontrarnos es que se cierran en banda; por eso hay que esperar a que esté receptivo y no hacerlo cuando a nosotros como adultos nos viene bien”, matiza Álava.

Estudiar desde casa

Desde el 16 de marzo, 10 millones de niños y adolescentes en España no van al colegio y están siguiendo sus clases de manera online.

La psicóloga explica que el nivel de exigencia depende mucho del colegio o instituto y el auténtico problema reside en que el acceso que tienen a las tecnologías no es el mismo en todos los casos, algo que habría que considerar para evitar la brecha entre los alumnos.

“Hay familias que no tienen un ordenador o una tablet para cada uno, porque muchos padres además están teletrabajando y necesitan esas herramientas; no todos tienen tantos dispositivos en casa”, advierte Álava.

Asegura que lo primero que habría que ver es con qué medios cuenta cada uno y, ante todo, ser realista y poner el foco donde de verdad es importante.

“Quizá no es el momento de avanzar contenido y seguir almacenando datos en el cerebro, sino de trabajar otro tipo de habilidades o competencias de la inteligencia emocional que son necesarias ahora, pero también para el futuro; el 85 % de las competencias de los líderes de las empresas son emocionales, puede ser un buen momento para trabajarlas”, sugiere.

Y, sobre todo, no centrarnos en si están hechos los deberes, sino en qué dificultades ha tenido para hacerlos. “A lo mejor no dispone de una herramienta electrónica, no lo entiende o no está motivado. No es tanto la cantidad, sino la calidad”, indica la psicóloga.

¿Cómo afectará esto a sus relaciones?

“Muchos adolescentes me dicen que quieren recuperar su vida, ir al instituto y ver a sus amigos, es normal. Lo que deben hacer, en la medida de lo posible, es mantener el contacto con ellos; es importante que sigan teniendo esa sensación de pertenencia al grupo”, explica Álava.

Sin embargo, a los más pequeños no debemos animarles a tener ese contacto ni forzarles si no les apetece porque sus necesidades son muy diferentes.  “A veces con verse o saludarse y decir lo que están haciendo en ese momento es suficiente para ellos y está bien”.

FUENTE: EFESalud

El hambre emocional que esconde la obesidad infantil. Colaboración con EFE Salud

El sobrepeso y la obesidad afecta al 43 % de los niños españoles. Atajarlo con dieta y un aumento de la actividad física en la mayoría de los casos no es suficiente. Detrás se esconde el hambre emocional, una forma de comer desequilibrada e impulsiva, que requiere tratar psicológicamente al menor y a su familia

El hambre emocional que esconde la obesidad infantil

Infografía cedida

Detectar el hambre emocional y tratar de una forma global a los menores es lo que lleva a cabo el programa ENTREN de intervención psico-familiar interdisciplinar En determinados centros de salud y un hospital de la Comunidad de Madrid impulsado por el grupo de investigación ANOBAS de la Universidad Autónoma de Madrid.

En las XXIV Jornadas Internacionales de Nutrición Práctica, celebradas este mes en la Fundación Pablo VI de Madrid por la Sociedad Española de Dietética y Ciencias de la Alimentación (SEDCA), el programa ENTREN y la educación emocional fueron algunos de los asuntos tratados.

La psicóloga Silvia Álava destacó la importancia de la educación emocional como base de una alimentación sana y subrayó que, cuando se aborda la obesidad en niños, hay que evaluar también a la familia desde el punto de vista emocional y de hábitos que transmiten a sus hijos.

“Las estrategias de intervención contra la obesidad deberían estar dirigidas a ingerir una menor cantidad de alimentos y a aumentar la actividad física, pero en muchos casos eso no es efectivo ya que puede haber problemas emocionales detrás”, aseguró la especialista en psicología clínica y educativa.

Hambre emocional por tristeza o ansiedad

Tristeza o ansiedad suelen ser las emociones más frecuentes que se esconden detrás de comer de forma compulsiva alimentos insanos ricos en grasas o azúcares.

“Es el hambre emocional. Mientras comen tapan las emociones, sienten placer, pero cuando terminan, las emociones vuelve a surgir. Y así los niños se meten en un bucle infinito del que no saben salir”, apuntó la experta.

Esa es la razón por la que se debe trabajar la autorregulación emocional en el niño, explicó Silvia Álava, poner el foco en los motivos de tristeza y ansiedad, pero también en los posibles problemas de conducta.

“La educación emocional hay que hacerla también desde las aulas, les enseñamos diferentes disciplinas pero no a reconocer lo que sienten y hacerles dueños de sus emociones, algo que también nos pasa a los adultos”, indica.

Por eso, es necesario educar en inteligencia emocional, en reconocer las diferentes emociones que sentimos y que sienten los demás y poder expresarlas correctamente.

“Las emociones son todas buenas, no hay emociones malas, nos dan información de que está pasando algo y que tengo que escucharme. Es fundamental comprender por qué siento algo, verbalizarlo y regularlo para evitar utilizar la comida”, señaló la psicóloga.

hambre emocional
La psicóloga Silvia Álava. EFE/Ana Soteras

Un tren con destino a la salud

Precisamente ese es uno de los objetivos del programa ENTREN, una metáfora de un viaje en tren cuyo destino es la salud y cuyas paradas representan las estrategias de aprendizaje para mejorar la calidad de vida y el bienestar psicológico, explicó la psicóloga Marta Rojo, integrante del equipo de investigación ANOBAS, en las jornadas.

Este programa multidisciplinar, gratuito, se enfoca en niños de 8 a 12 años con sobrepeso y obesidad con el fin de mejorar su calidad de vida y bienestar psicológico del menor y su familia.

Se desarrolla en dos centros de salud de las localidades madrileñas de Alcobendas y Getafe y en el Hospital Niño Jesús de Madrid durante seis meses y con un seguimiento posterior de dos años.

“La obesidad infantil es un problema complejo y multifactorial. Las cifras de prevalencia son alarmantes. No podemos mirar para otro lado”, concluyó Marta Rojo.

FUENTE: EFESalud

La diferencias de percepción de desigualdad de género en las niñas comienzan a los seis años. Colaboración con EFE Salud

Por Javier Tovar

Entre los 0 y 5 años no hay visos de percepción de desigualdad por género entre niñas y niños. Sin embargo, a partir de los 6 años, comienza a producirse. La psicóloga Silvia Álava subraya esta circunstancia en una entrevista con EFEsalud donde repasa los riesgos de las redes sociales en relación con el feminismo, y alerta sobre el mito del amor romántico y lo que significan los celos.

La psicóloga Silvia Álava, doctora en Psicología por la Universidad Autónoma de Madrid y directora del Área Infantil del Centro de Psicología Álava Reyes, analiza en primer lugar cuando comienza la desigualdad en la percepción de género entre niñas y niños. Se acerca al feminismo desde la psicología.

“La literatura científica y la evidencia científica habla de las diferencias de género, pero también de las similitudes, que son muchas”, inicia su planteamiento.

“No hay diferencias de inteligencia entre mujeres y hombres, pero en el tipo de educación si se observan diferencias, en el papel que desempeñan, por ejemplo, los juguetes, los disfraces, la ropa… la tendencia es el rol de la cuidadora en la mujer, y del abastecedor de la economía familiar, el hombre”, expone.

La frontera de los seis años

Silvia Álava
La psicóloga Silvia Álava/ Foto cedida

La psicóloga se apoya en estudios que demuestran que cuando niñas y niños son pequeños, no se observan diferencias, pero “a partir de los seis años, las niñas muestran un menor autoconcepto de sí mismas, se da una mayor participación de los chicos en tareas vinculadas a la inteligencia, y las chicas dudan de su capacidad. Esto empieza a partir de los 6 años”.

Los resultados de los exámenes no muestran ni mucho menos superioridad de los niños en matemáticas, pero las carreras de Ciencias acaban contabilizando menos chicas.

“Los niños -precisa Silvia Álava para mostrar reacciones diferentes de género- si fallan en un examen culpan al profesor porque les tiene manía, o a la mala suerte, o la dificultad de la prueba, mientras las niñas piensan que quienes fallan son ellas. No se puede generalizar de manera total, ni mucho menos, pero esta es una tendencia general clara”.

En las guarderías y escuelas infantiles hay muchas más profesoras que profesores; en primaria, empieza a haber profesores; en el instituto, se iguala; y en la universidad, solo el 20 por ciento son catedráticas, expone la experta.

Su conclusión es clara: “A medida que se asciende en el nivel de dificultad y responsabilidad establecidos socialmente, la mujer va desapareciendo, y en los niveles considerados más bajos, hay más. Todavía no hemos llegado a un trasvase equitativo de mujeres en roles tradicionales de hombres y de hombres en roles tradicionales de mujeres. Falta muchísimo por andar. Mujeres directivas en el Ibex 35 hay poquísimas”.

Silvia Álava no cree que el machismo se esté rearmando, ni que la igualdad esté retrocediendo, pero si lanza un aviso en relación con informes recientes de este mismo mes de julio: “Es alarmante que en pleno siglo XXI haya adolescentes que, por ejemplo, validen conductas de control sobre su pareja, control del móvil o la ropa. Es un riesgo para la sociedad que jóvenes de 14 o 15 años establezcan estas conductas”.

Informes como el Barómetro Juventud y Género 2019 del Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud, de la Fundación Ayuda contra la Drogadicción (FAD), presentado hace dos semanas, señala que hay más mujeres con conciencia feminista, y también hombres, pero permanecen ideas y patrones machistas, tanto en chicos como en chicas.

Amor romántico, dependencia emocional y celos

Álava no duda en poner de manifiesto con claridad los elementos negativos que tienen tanto el amor romántico como la dependencia emocional y los celos. No ve nada bueno en ello.

“Hay que tener cuidado con el amor romántico. La idea de la media naranja y de que uno es incompleto y tiene que encontrar la otra parte para alcanzar la plenitud es muy peligrosa y perjudicial. Todos somos naranjas completas, todos venimos completos de serie; podemos encontrar una persona con quien estemos especialmente bien, pero no porque seamos incompletos y necesitemos la otra mitad. No, en absoluto”, afirma.

“El tópico dice que el amor lo puede todo, lo cambia todo. El amor es bonito y poderoso, pero ni puede todo ni cura todo”, añade.

La psicóloga prosigue analizando apego, dependencia emocional y celos: “El apego hay que distinguirlo de la dependencia emocional. Las relaciones de dependencia son peligrosas y pueden activar relaciones tóxicas que, a su vez, pueden desembocar en celos”.

celos pasado
Viñeta humorística sobre el comportamiento del celoso retrospectivo/EFE/Cedida por José María Martínez Selva

¿Tienen algo bueno los celos?, preguntamos a la experta.

“No, es el mito a desterrar, más en los adolescentes, cuidado con las conductas de control -insiste- porque se puede llegar a pensar que los celos tienen una parte positiva, aquella de que me quieres mucho, y, en absoluto. Los celos no tienen una parte positiva. El celoso cree tender derecho a algo de la otra persona que no tiene, y se frustra, enfada y siente celos, que no tienen nada ni de positivo, ni de romántico, ni de bueno. En una relación sana y libre, sin dependencias ni toxicidades, los celos no tienen cabida”.

Redes sociales, feminismo y amor

Silvia Álava también opina sobre este asunto: “En las redes sociales están todas las posturas, y muy polarizadas, desde la defensa del feminismo hasta la defensa del machismo. Insisto una vez más con el tema del control desde las redes, su efecto puede resultar muy negativo”.

Y advierte: “Cuidado con las letras de algunas canciones o series televisivas. Hay letras de canciones actuales que cosifican a la mujer, y corremos el riesgo de que se normalicen pautas en la relación que son muy negativas. También en algunas series de televisión se cosifica a la mujer y se legitiman a veces los celos, las relaciones tóxicas y tormentosas, que se muestran para dar continuidad a las tramas, pero que son patológicas, con emociones extremas, tanto cuando se está bien como cuando se está mal”.

La psicóloga defiende fomentar el sentido crítico desde las series, las músicas y sus letras, y también los valores.

FUENTE: EFE Salud

Ser madre ¿es difícil la relación con los hijos? Colaboración con EFE Salud

Por Pilar González Moreno | MADRID/EFE/

Ser madre es una tarea ingente. A algunas mujeres les resulta más fácil y a otras complicadísimo. No hay manual de instrucciones que sirva a la hora de relacionarse con los hijos, porque cada uno somos un mundo. La adolescencia es la etapa más temida, pero hay algunas claves que nos pueden ayudar a sobrellevar o sobrevivir a esta y otras épocas. Conócelas en el marco del Día de la Madre

Con ocasión del Día de la Madre, EFEsalud ha hablado con madres e hijos. Cada uno nos ha contado su personal y breve  punto de vista y estos son sus testimonios, resumidos en vídeo.

Además hemos hablado con la psicóloga Silvia Álava sobre modelos educativos, adolescencia, vínculos y redes sociales y también con la psicóloga Amaya Prado sobre el desgaste emocional.

Según Silvia Álava, en líneas generales cuando los hijos llegan a la adolescencia se produce un salto muy importante.

El hijo deja de ser un niño y es consciente de ello, siente que ya es mayor y lo dice: ” No te necesito y en algunos casos casi me estorbas, no quiero que estés tan metido en mi vida”.

En ocasiones los adolescentes también tienden a provocar a sus padres, y “aquí es muy importante que los padres utilicen técnicas de pasar o darse media vuelta”.

“O en ese tono yo no hablo contigo y cuando estés dispuesto a hablar en un tono más cordial o cortés, por supuesto que lo hablamos” .

Con los adolescentes, defiende la psicóloga Álava, hay que seguir hablando y mucho.

Pero “es fundamental elegir el momento en el que vemos que están receptivos, porque a veces lo que hacemos es escoger el momento en el que al adulto le viene bien y ese momento no tiene nada que ver con que el adolescente este receptivo”.

La edad de comienzo de la adolescencia se sitúa entre los 12/ 13 años, es cuando evolutivamente hablando empiezan los cambios en el cuerpo con la pubertad.

“Pero sabemos que el cerebro no termina de madurar hasta los 25 años, entonces hay que ver hasta que punto estamos hablando de hasta donde llega la adolescencia”.

“Sobre todo la zona del lóbulo prefrontal que es la que regula la conducta; y nuestras emociones no maduran hasta esa edad, pero no se puede decir que hasta los 25 se siga siendo adolescente, porque depende mucho de las personas”.

Pero la relación entre madres e hijos, especialmente a partir de la adolescencia va a a estar muy marcada en función del estilo educativo.

Modelos educativos

En líneas generales se puede hablar de cuatro modelos educativos: permisivo, autoritario, negligente y democrático.

Permisivo

Las normas y límites no están claros, un día una cosa y otro día otro, y cuando llegan a la adolescencia les faltan normas para saber por donde pueden ir y por donde no, y – apunta Álava- se encuentran con grandes problemas porque no saben por donde ir.

“Cuando la madre juega el papel de amiga, el adolescente va buscando a veces provocar más de la cuenta para encontrar esa madre”.

“Hay que pensar que madre no hay más que una y es algo genial. Eso sí, ejercer de madre implica que hay que ser un poco rollo y un poco pesada”.

Autoritario

La norma y el límite está muy claros y marcados, “pero es un poco porque lo digo yo y punto”.

En este estilo, los padres nos están abiertos al diálogo, a conversar sobre como nos sentimos, y cuando llega la adolescencia se produce un efecto rebote que lleva a al hijo a querer saltarse todas las normas impuestas.

Negligente

No se atienden las necesidades emocionales, físicas y educativas de los hijos y cuando llega la adolescencia “pueden surgir bastantes problemas, porque los apegos que se han establecido no son sanos en absoluto”.

Democrático

Este  último modelo es el aconsejado. Las normas y limites están claros, consensuados y pactados, con limites nítidos, pero “abiertos al diálogo y al afecto”.

“Aún así el adolescente intentará saltarse el límite, y decirle a la madre que es una pesada”.

La apertura de un espacio abierto al afecto y a los sentimientos y que se pueda hablar de los mismos “favorece el desarrollo de más habilidades y competencias socioemocionales”.

“Y para hablar de las emociones en familia – incide Álava- hay que hacerlo desde que son pequeños”.

“Lo que no se puede pretender es empezar a hablar de emociones con los hijos solo cuando éstos llegan a la adolescencia”.

El mundo del adolescente se amplia y la familia pasa a un segundo lugar. Lo prioritario son sus amigos, que es con los que hablan de sus cosas.

Opina esta psicóloga que si no se ha generado un espacio en el que hablar sobre emociones y/o preocupaciones a lo largo de la niñez intentar hacerlo en la adolescencia “es un poco utópico”.

“Pero si se ha trabajado bien el apego en la infancia cuando tienen un problema saben que pueden seguir acudiendo a sus padres”.

“Intentar hacerlo de repente en la adolescencia es como muy artificial, hay adolescentes que vienen a consulta y se quejan de que a su padre o madre les ha dado por ser superpadres o madres y preguntarles como están o se sienten cuando no se lo han preguntado en la vida, y justo ahora pues son se lo quieren contar”.

Psicóloga Silvia Álava 

Ser madre: vinculación emocional

Los vínculos emocionales se establecen con las figuras de referencia, el padre y la madre, pero se han estudiado mucho más con las madres, son ellas quienes van a las consultas médicas, las charlas escolares…. Aunque esto está cambiando y cada vez hay más padres implicados.

Y en cuanto a que las relaciones hijas/madres son más tormentosas, opina Álava que depende del carácter de cada una y lo que sucede es que hay choques de personalidades.

“Si bien es verdad que aunque culturalmente vamos cambiando hacia una sociedad mas igualitaria, no se educa igual a un chico que a una chica, y a ellas se las exige más en determinados aspectos”.

“También choca mucho el modelo educativo de las madres, que no es el de las hijas, porque todo ha cambiado, pero lo que hay que entender es que el modelo cambia pero los valores tiene que estar presentes y tienen que ser transversales”. añade Álava.

Redes Sociales

“Y antes no existía un aparato conectado con el mundo que es el móvil y hoy en día en los adolescentes no solo les influye su grupo sino también las redes sociales”

Las redes, refiere Silvia Álava, les hace tener posiciones muy idealistas:

“Se despegan de la realidad, no entienden que es un escaparate, y piensan que ellos son unos pringados”.

Finalmente destaca que actualmente se falla en educar en amabilidad y agradecimiento.

“Agradecer y hacer cosas por los demás sin esperar recompensa es un gran predictor de la felicidad”.

También la educación en persistencia y constancia están super relacionados con el logro, y con conseguir las cosas, porque “si no se educa en constancia y esfuerzo, a la primera dificultad abandonan”.

Desgaste emocional

Para Amaya Prado, la tarea de educar y poner límites conlleva dudas e inquietudes, y sí supone una carga emocional.

En su consulta afirma que ve muchas familias con mucho desgaste emocional, por las dudas de si lo estarán haciendo bien o mal, o porque no tienen claro los límites que deben imponer, por la falta de constancia, y a veces porque hay desacuerdo entre la pareja sobre el estilo educativo.

Considera además que actualmente se reflexiona mucho mas “sobre lo que realizamos y además tratamos de ser más certeros”.

“Eso muchas veces entraña desgaste, sobre todo al no tener la seguridad de que lo hacemos bien”.

También hay ocasiones en la que padres y/o madres no son coherentes y constantes:

”No tienen claro tampoco muy bien la función de la maternidad /paternidad y no ponen un límite claro para evitar problemas con los hijos”.

Estos son a su juicio los mayores errores que se suelen cometer.

Luego están también las familias monoparentales “con una carga emocional importante al no tener con quien compartir dudas o responsabilidad”.

FUENTE: EFE Salud