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Aprender jugando, vital para que los niños crezcan felices y seguros de sí mismos

‘El arte de aprender jugando’ es una iniciativa conjunta de 15 psicólogos para favorecer el desarrollo integral de los menores de una manera entretenida y adaptada a cada franja de edad.

Por NACHO MENESES Madrid 

Criar a un hijo de la mejor manera posible, cubriendo sus necesidades y facilitando un desarrollo pleno y feliz, es sin duda un objetivo irrenunciable para cualquier padre o madre. Una carrera de fondo llena de incertidumbres en la que es común cuestionarse si podríamos hacerlo mejor, especialmente cuando la pandemia que vivimos impone desde hace más de un año una carga sin precedentes para grandes y pequeños: estrés, inseguridad, falta de contacto social, trabajo y educación a distancia… “Hay un montón de necesidades emocionales que atender, y eso hace que los niños nos necesiten más que nunca, que estemos presentes en su vida”, afirma Silvia Álava, psicóloga infantil y autora, junto a otros 14 especialistas, del libro El arte de educar jugando (JdeJ, 2021).

No se trata de ofrecer fórmulas mágicas

No se trata de ofrecer fórmulas mágicas, sino de resaltar la importancia del juego como herramienta educativa: “Los menores pasan gran parte de su vida jugando y cuando lo hacen desarrollan muchos procesos, no solamente a nivel cognitivo (la concentración, la atención, la memoria, el razonamiento lógico…), sino también a niveles de seguridad, autoestima o habilidades sociales”, explica Álava. “Podemos conseguir educarles poniendo en valor los juegos o las actividades y la familia, porque al final no es solo el valor educativo de lo que aprenden, sino la cohesión que existe en el hogar, la conexión que conseguimos con ellos y cómo podemos fomentar ese apego, ese vínculo”.

Estimular su cerebro; fomentar el desarrollo de la atención, de las habilidades sociales o de la inteligencia emocional; o desarrollar su autoestima, su seguridad y su pensamiento crítico son algunos de los aspectos que se abordan en esta obra, sin olvidar el educarles en las nuevas tecnologías e igualdad de género y cómo conseguir una correcta educación afectivo-sexual. A través de actividades y juegos en familia, se trabajan áreas que son fundamentales para el desarrollo de los menores, de la mano de psicólogas y psicólogos expertos en cada área. Y se hace aprovechando muchas veces situaciones cotidianas, para que ello no constituya una carga adicional para los padres.

Una habilidad por capítulo

En cada capítulo, se presenta una habilidad, se explica por qué es importante y se proponen juegos y actividades para hacer todos juntos y divididos por edades (de cero a tres, de tres a seis, de seis a nueve y de nueve a 12). “En el de la inteligencia emocional, por ejemplo, explicamos que es esa capacidad que todos tenemos para percibir las emociones en nosotros mismos y en los demás. Todas las emociones son buenas, porque nos dan información para tomar decisiones, comprenderlas y poder regularlas”, cuenta Álava. “Cuando los niños tienen un problema emocional o de autorregulación, el aprendizaje puede verse afectado en un 30 o 40 %”, añade la experta.

Para trabajar el autocontrol con los más pequeños, por ejemplo, hay un juego llamado Esta vez gana el último, que consiste en una carrera de caracoles en la que el objetivo es ir despacito sin llegar a quedarse parados, y que puede alternarse añadiendo otras órdenes para que de repente sean liebres (y vayan deprisa) o ranas (y vayan saltando). “Y en el capítulo de hábitos de vida saludables, introducimos actividades lúdicas para conseguir que los niños aprendan a irse a la cama a su hora, a no protestar y el por qué es necesario ir ralentizando el ritmo de nuestra rutina en las últimas horas de la tarde, proponiendo tareas como leer un cuento”, añade.

La psicóloga Silvia Álava.
La psicóloga Silvia Álava.

Estimular su cerebro y su capacidad de atención

El hecho de que el cerebro de los niños esté en constante evolución hace que las capacidades que tienen a nivel sensorial, motor, cognitivo o socioemocional sean diferentes en cada momento vital. “Por lo tanto, va a ser fundamental que, a la hora de educar, nos ajustemos a esas características y a esas capacidades”, explica Aroa Caminero, neuropsicóloga infantil y coautora del libro. Además, “sabemos que se aprende mucho mejor a través de las emociones positivas y que los niños, cuando hacemos con ellos juegos y otras actividades lúdicas, están activando las áreas cerebrales del placer, de la curiosidad y de la motivación”.

El momento de ir al supermercado es una buena oportunidad para estimular estos procesos cognitivos. “Los papás de niños pequeños pueden llevarlos cuando la compra sea un poco rapidita, y si pueden ponerles en un carrito de su tamaño, mejor, porque estarán entretenidos y además estimularán la parte motora”, explica. “A partir de los seis años, podemos aprovechar para que nos ayuden a hacer la lista de la compra, y que sean los encargados de ver lo que tenemos que coger y lo que no. Y en la última etapa, cerca de los 12 años, nos pueden ayudar no solamente a ahorrar, sino también a hacer un planning de los gastos domésticos para que podamos utilizarlo de manera conjunta y que aprendan también toda la parte de razonamiento matemático, de priorización…”

Capacidad de prestar atención

Otra de las habilidades que se trabajan es la capacidad de prestar atención, una herramienta que dotará a estos niños de constancia y perseverancia para sus actividades diarias, lo que les permitirá a la larga llegar a conseguir mayores éxitos. “Además, prestar atención es una condición necesaria para que puedan aprender conceptos nuevos y memorizarlos”, argumenta Tatiana Fernández, doctora en Psicología Clínica y de la Salud por la Universidad Autónoma de Madrid y coautora de esta obra. Un aspecto que, como con el resto de áreas, se trabaja de diferente manera según la edad del menor.

De cero a seis años, por ejemplo, la atención es principalmente involuntaria, de manera que las actividades se centran en trabajar el autocontrol y la paciencia, para que aprendan a esperar para conseguir aquello que desean (por ejemplo, una pintura). A partir de los tres, pueden practicar encontrando la salida de laberintos con lápiz y papel, o pintando mandalas que deben terminar usando distintos colores; de seis a nueve se puede entrenar la atención selectiva, retándoles a que encuentren cosas; y de nueve a 12, cultivar la atención al detalle a través de, por ejemplo, distintos tipos de manualidades.

La importancia del pensamiento crítico y de la autoestima

El pensamiento crítico se refiere no solo a la capacidad de identificar, evaluar, clasificar e interpretar lo que está a nuestro alrededor, sino que influye también en el desarrollo de la creatividad, la resolución de conflictos, la empatía, la autonomía, la autocrítica y la adaptación a las situaciones nuevas. “Cuando un niño no ha sido educado en el pensamiento crítico, aumenta la posibilidad de que sea arrastrado, por ejemplo, por manipuladores emocionales, el abuso de sustancias o comportamientos delictivos solo por la necesidad de aprobación de sus iguales”, afirma Bárbara Martín, coautora. “Fake news, phishing, viralidad, cultura de la posverdad… Dotar a los niños de pensamiento crítico les ayudará a no creer todo lo que ven, leen y escuchan, y podrán formular sus propias conclusiones para decidir de una manera informada”, explica.

Fomentar un correcto desarrollo de su autoestima es otro de los aspectos fundamentales. “Un niño con una fuerte autoestima es un niño que se siente satisfecho, que se quiere a sí mismo y que es capaz de disfrutar en las diferentes situaciones, encajar en el grupo y aprovechar los recursos de los que dispone. En definitiva, se convierte en una persona feliz, que es lo que evidentemente queremos para nuestros hijos”, explica Lucía Boto, autora de este capítulo. Según mantiene la experta, es necesario validarles, dedicarles tiempo en exclusiva y hacer que se sientan importantes para reforzar su seguridad en sí mismos.

Vencer el miedo y fomentar las habilidades sociales

Para Silvia Álava, resulta fundamental dotar a los niños de estrategias y herramientas para que puedan enfrentarse a situaciones de la vida cotidiana, porque en caso contrario “no se sienten capaces de aprender igual que los demás, o creen que necesitan siempre a sus padres para que les resuelvan las situaciones del día a día”. “Herramientas entre las que no se puede obviar una gestión adecuada del miedo”, prosigue, “ya que esta emoción es parte de su desarrollo evolutivo”. Según mantiene Álava, las actividades del libro tienen como objetivo que los padres y madres comprendan cómo sus hijos pueden manifestar esta emoción, y que los puedan acompañar de forma adecuada a través del juego.

Pero ¿qué pueden hacer los adultos al respecto? “Primero, recordar que cada niño o niña puede manifestar más un miedo que otro, o ser más sensible, y eso no nos tiene en principio que preocupar”, cuenta Gema Valenzuela, especialista en conducta infantil, trauma y apego. “En estas situaciones es importante estar calmados (…) y ofrecerles seguridad para que vayan interiorizando la creencia de que el mundo es un lugar seguro. Y el juego mejora la percepción que tienen de nosotros como figura de seguridad”, incide.

Contacto con los demás

Si hay un aspecto de nuestras vidas que se ha visto mermado a causa de la covid es el contacto que tenemos con los demás. “Y precisamente por eso cobra especial relevancia el que, como padres, se trabaje este aspecto con los niños, porque, al final, no son habilidades innatas, y si no las trabajamos con ellos, no las van a aprender de una manera adecuada”, explica Sara Ríos, psicóloga sanitaria del Instituto Psicoeducativo Elea: “Tanto en lo que respecta a las habilidades sociales básicas (cómo escuchar al otro, iniciar o terminar una conversación sin ser brusco) como complejas (toma de decisiones, el saber decir que no y hacerlo de una manera correcta…)”.

“Aunque de cero a tres años los niños no son socialmente activos, es bueno que le vayamos acostumbrando a que estén con gente. De tres a seis empiezan a tener sus primeras relaciones sociales, y se puede enseñarles a saludar y presentarse a los demás a través de actividades como un teatro de presentaciones”, detalla Ríos. “De seis a nueve, sus relaciones son algo más intensas y van apareciendo conflictos y, según nos acercamos a los 12, las relaciones sociales ya son algo vital, y por eso es bueno que las consolidemos y que las trabajemos con ellos”, termina esta experta.

FUENTE: ElPaís.es

Libro escrito por: Lucía Boto, Aroa Caminero, Carolina Cárcamo, Tatiana Fernández, Manuel Gámez, Bárbara Martín, Estíbaliz Mateos, Margarita Montes, Raquel Prieto, Isabel Quesada, María Rosa del Rincón, Sara Ríos, Nicolás Sánchez, Gema Valenzuela y Silvia Álava.

«El aburrimiento es clave y fundamental para el correcto desarrollo de los niños» Entrevista en elconfidencial.com

La psicóloga infantil, junto a 14 especialistas, acaba de publicar ‘El arte de educar jugando’. Charlamos con la experta sobre niños criados entre algodones, la sobreestimulación de los niños y otras cuestiones.

Por Fran Sánchez Becerril

¿Estoy educando bien a mi hijo?; ¿estoy dándole todo lo que necesita? Estas son algunas de las muchas preguntas que todo padre y madre se ha hecho en algún momento a lo largo de su vida. Unas dudas que son completamente normales, ya que los niños no vienen con una manual de instrucciones.

Para dar respuesta a estas y otras muchas cuestiones, un total de 15 psicólogos, coordinados por la psicóloga infantil Silvia Álava, han escrito el libro ‘El arte de educar jugando’ (JdeJ, 2021). Se trata de una obra en la que se abordarán varias temáticas primordiales en la educación de los niños de hoy en día como, por ejemplo, cómo estimular su atención y su inteligencia; cómo trabajar la seguridad y la autoestima; cómo promover una correcta educación afectivo-sexual; cómo enseñarle a cuidar de su cuerpo o qué pautas hay que seguir para introducir las nuevas tecnologías, entre otras muchas cuestiones.

Cada capítulo ha sido escrito por un especialista diferente, experto en cada materia, que va sugiriendo una metodología, con juegos y dinámicas con las que, además de pasar un divertido tiempo en familia, se trabajan otras áreas fundamentales en el correcto desarrollo de los menores.

Charlamos con la coordinadora del libro sobre la importancia de los juegos en la educación, los hijos criados ‘entre algodones’, la sobreestimulación de los niños y la autonomía de los más pequeños, entre otras cuestiones.

PREGUNTA. ¿Los padres tienen alguna forma de saber si están educando bien a sus hijos?

RESPUESTA. Si se están planteando si están educándoles bien o no, eso significa que van por el buen camino. Si somos capaces de pararnos a reflexionar y pensar si hay otro tipo de educación posible, o si hago lo que mi hijo necesita, significa que tenemos el foco puesto en hacerlo bien.

Eso sí, no hay que quedarse solamente en el planteamiento. Tenemos muchísima información, así que vamos a preocuparnos de hacer lo correcto para uno de los trabajos más importantes de nuestra vida, criar a nuestros hijos. Igual que para nuestro entorno laboral hacemos un montón de máster y cursos; para la educación de los pequeños hay que leer, estar informados y, sobre todo, saber que lo que estamos haciendo sigue una evidencia científica.

P. ¿Cómo de necesarios son los juegos en la educación?

R. En este libro hemos querido destacar el valor potencial que tiene el juego como herramienta de aprendizaje. No somos conscientes de que cuando los niños están jugando no solo se divierten, también están trabajando muchísimos procesos de aprendizaje, como puede ser la planificación, la organización, la memoria, la velocidad con la que procesan la información, temas emocionales, entrenar las habilidades sociales, fomentan la creatividad…

Hemos querido rescatar todo este potencial que el juego tiene en el aprendizaje y también más allá del aprendizaje. Podemos utilizar también los juegos para educar a los niños en determinados valores, como la importancia del perdón o a cuidar su cuerpo.

Contra la idea antigua de que ‘la letra es que sangre entra’, la evidencia científica y la neurociencia señalan todo lo contrario. Las emociones negativas bloquean el aprendizaje, incluso se puede llegar a dar una indefensión aprendida, que provoque que el niño se bloquee tanto que no llega aprender. Y, sin embargo, las emociones agradables potencian los aprendizajes.

P. ¿Hay alguna forma de saber cuánto tiempo y recursos debemos invertir en la educación de los niños?

R. Tenemos que pensar que no existen fórmulas mágicas, ni consejos que valgan para todos los niños por igual. Lo primero que hay que hacer es pararse y analizar muy bien qué es lo que necesita tu hijo, porque dos niños pueden necesitar dos cosas diferentes.

«No existen fórmulas mágicas, ni consejos que valgan para todos los niños por igual»

Se trata de dejar ir de en automático, que es lo que solemos hacer por las prisas del día a día. Debemos educar desde la conciencia y utilizando la rutina a nuestro favor, trabajando una serie de procesos de aprendizaje. Pero también debemos utilizar el juego y hacerlo desde la conciencia. Es tan importante que me pare a observar muy bien qué hace y dice mi hijo, como qué no hace y no dice. Tendemos a darles más atención en negativo, cuando no obedecen, que cuando sí que están haciendo lo correcto.

P. ¿Cómo de importante es estimular el cerebro de los niños independientemente de la edad que tengan?

R. Es fundamental tener una estimulación constante. Para que los niños crezcan sanos, felices y se desarrollen correctamente es necesaria esta estimulación, que muchas veces los padres no saben que pueden hacer con juegos en las rutinas cotidianas. Por ejemplo, cuando son bebés lo que más necesitan es la estimulación multisensorial. En este caso, podemos aprovechar el tiempo del masajito después del baño para hacer toda esta estimulación. Según van creciendo podemos utilizar otro tipo de juegos en las rutinas.

Es fundamental caer en la cuenta de que nosotros vamos estimulando los procesos de aprendizaje de los niños y esto no significa que tengamos que hacer de profesor. No somos el maestro, somos sus padres, y debemos entender que a través del juego muchos de los procesos se van a consolidar. El niño necesita explorar, llevarse cosas a la boca cuando es bebé, luego hacer torres con las que va trabajando la coordinación, trabajar la memoria haciendo puzles… No se trata tanto de enseñar conceptos teóricos, sino utilizar esos juegos para trabajar aprendizajes básicos.

También hay que entender muy bien, como mostramos en el libro, que no tiene nada que ver el cerebro de un niño de 2 años y cómo se estimula, con el de uno de 10. Siempre tenemos que entender el proceso madurativo que está siguiendo cada niño y qué podemos exigir en cada momento.

P. ¿Cómo podemos conseguir que los hijos presten atención?

R. Las fórmulas mágicas no existen. Lo único que es fundamental es entender muy bien qué podemos pedir en cada edad. Que un niño de dos años nos preste atención un minuto es una maravilla y eso hay que reforzarlo. Se trata de ir pidiéndole con cada edad lo que pueden hacer e irlo fomentando.

«En el tema de atención es fundamental evitar elementos de distracción»

En el tema de atención hay una cosa que es fundamental: evitar elementos de distracción. Hay ocasiones en las que pedimos que nos presten atención con la televisión encendida, la música puesta y mientras enredan con la ‘tablet’; y, claro, tienen tantos estímulos que tienen que aprender a centrarse en uno solo para prestar atención.

P. ¿Y qué hacemos con esta cantidad de estímulos que pueden tener y qué hacen que les cueste prestar atención?

R. No se trata de quitarles los estímulos, pero sí de ir buscando determinados momentos en los que no estén sobreestimulados para captar su atención. Tenemos el problema de que intentamos constantemente que no se aburran, pero no pasa nada porque en un determinado momento se aburran y aprendan a entrenarse ellos solitos. Por ejemplo, pueden jugar por ellos mismos o hacer ciertas actividades para trabajar la lógica.

P. ¿Debemos reclamar la importancia del aburrimiento en el aprendizaje?

R. El aburrimiento es clave y fundamental para el correcto desarrollo de los niños. Es muy típico lo de escuchar la frase de “papá, mamá, me aburro”, que dé un miedo espantoso y rápidamente tratar de entretenerle. No hay documentada todavía ninguna muerte por aburrimiento. No pasa nada porque los niños se aburran. De hecho, es muy bueno. De este modo aprenden a desarrollar la creatividad, entretenerse por ellos mismos y, sobre todo, es fundamental aprender a estar solo con ellos mismos, sin necesidad que una persona o una cosa (una pantalla) les entretenga.

«Los niños tienen que estar a gusto consigo mismos y ser capaces de quererse solos»

Hay algo que es fundamental, la única persona que tenemos garantizada que nos va a acompañar durante toda nuestra vida somos nosotros mismos. Si no somos capaces de estar a gusto con nosotros mismos, en el momento que fallan los estímulos y necesitamos alguien, tenemos un problema, uno grave. Tenemos que enseñar a los niños en función de la edad, desde que son pequeños, a que tienen que estar a gusto consigo mismos y que tienen que ser capaces de quererse solos.

P. ¿Qué consejos darías a los padres para que sus hijos desarrollen la inteligencia emocional y el autocontrol?

R. Le damos mucha importancia a los aprendizajes formales y no nos damos cuenta de que cuando los niños no tienen una buena capacidad de regulación emocional, interfiere en el aprendizaje. También es una de las cosas fundamentales para tener una buena salud mental y equilibrio emocional.

Lo primero que tenemos que hacer es poner las emociones sobre la mesa. Vamos a hablar de emociones, qué es lo que estamos sintiendo y qué es lo que están sintiendo. Lo primero que tenemos que tener claro es que somos los adultos de referencia y lo que hacemos les sirve de modelo.

«Hay que enseñarles estrategias para que puedan ir regulando sus emociones»

También debemos enseñarle un vocabulario emocional básico. Por ejemplo, saber responder al “¿cómo estás?”, no solo de modo políticamente correcto. Entender las emociones, empezado por las básicas y después siguiendo con las complejas, comprendiendo para qué sirve cada emoción. Sobre todo, hay que enseñarles las estrategias para que puedan ir regulando sus emociones. Les vamos a tener que acompañar, porque hasta los 3-4 años no madura ese control ejecutivo que regula las emociones. Hasta entonces le acompañas y vas dando pequeñas herramientas, como pueden ser estrategias de relajación.

P. ¿Cómo de importante es fomentar la autonomía de los hijos?

R. Es fundamental. Queremos que los niños sean felices, pero si no son autónomos va a ser muy complicado. Será difícil que te sientas feliz y seguro si no eres capaz de resolver las cosas por ti mismo. Debemos irles acompañando para que ellos aprendan a hacer las cosas solitos.

En este sentido, podemos utilizar la metáfora de enseñar a un niño a montar en bicicleta. Primero le das un triciclo, luego una bici con ruedines, después le quitas uno, luego el otro y todo este proceso le acompañas y supervisas hasta que lo sepa hacer solo. Habría que actuar así con casi todo. Aunque sea más cómodo vestirle cada mañana, lo mejor es levantarle a una hora adecuada para que lo pueda hacer él mismo y aprenda.

«El mayor error que cometemos hoy en día en educación es la sobreprotección»

P. ¿Están criando cada vez más padres a sus hijos ‘entre algodones’?

R. El mayor error que cometemos hoy en día en educación es la sobreprotección. Malentendemos el amor paterno y materno y sobreprotegemos a los niños. Un ejemplo son los padres que dicen aquello de “es que no me cuesta nada prepararle la mochila y llevársela”. Pero en esta situación tenemos que analizar dos cosas: la primera es que no aprende y la segunda es que interfiere en su autoestima. Cuando el niño ve que ese “ya lo hago yo” y que le tienen entre algodones, el mensaje con el que se queda es “tú no puedes hacer esto, pero yo sí”; y esto es tremendo para el desarrollo de su autoconcepto y su autoestima. Tener a un hijo entre algodones es uno de los mayores errores que se cometen en educación.

P. ¿Un padre puede llegar a hacer ‘inútil’ a su hijo?

R. En nuestro centro de psicología vemos en algunas ocasiones niños que vienen porque aparentemente tienen un problema de aprendizaje o de otro tipo. Pero al final observamos que en realidad no son problemas de aprendizaje, sino que no le han enseñado cómo hacer las cosas. No le han dotado de estrategias, ni herramientas para que pueda desenvolverse por él mismo. Hay que tener mucho cuidado, porque a veces hacemos a los hijos inútiles funcionales. Si no se enseña, el niño no aprende.

P. En esta sociedad tan polarizada, ¿cómo de importante es fomentar que los niños tengan un pensamiento crítico, en lugar adoctrinarlos con los pensamientos de sus padres?

R. Tenemos que fomentar el pensamiento crítico con preguntas como “¿Tú que crees, qué piensas?”. Ese, “tienes que pensar como yo” es tremendamente nocivo. La pandemia es un buen ejemplo. Es necesario el pensamiento crítico para saber diferenciar un hecho de una opinión. Además, deben aprender a tomar decisiones, desde las más pequeñitas a las grandes. Tenemos que enseñarlos a que lo hagan, porque si decidimos por ellos, vamos a tener una sociedad de niños y niñas tremendamente manipulables. Lo que queremos es que tengan su propia voz y un pensamiento crítico atendiendo a lo que ellos opinan; sabiendo hacer algo que es fundamental, diferenciar un hecho de una opinión.

P. Entonces, si fomentamos este pensamiento crítico en los más pequeños, tendremos una sociedad más rica intelectualmente hablando…

R. Más inteligente y, sobre todo, menos manipulable, que es lo más importante. E, incluso, mucho más justa.

P. ¿Cómo de importante de realizar educación afectivo-sexual con los hijos?

R. Es tremendamente importante. En primer lugar porque los niños son curiosos por naturaleza y van a ir a buscar la información a otros sitios. Tienen a su disposición aparatos electrónicos, donde van a buscar preguntas y no van a recibir educación afectivo-sexual; sino que reciben las respuestas directamente del porno, con la falta de valores y ética que tiene. Además de no verse en ningún momento una parte efectiva y no ser real.

Es importante que los niños vean que hablamos con cierta normalidad de los temas afectivo-sexuales. Que entiendan que los padres y las madres se quieren, se cuidan y que eso forma parte de valores.

Pero, sobre todo, hay que trasmitir la importancia del respeto al propio cuerpo y al de los demás. Hago lo que yo quiero y el otro también. Y no dejo que me fuercen, fuerzo o hago lo que no quiero por los demás. Además, si los niños están correctamente informados es mucho menos probable que sean víctimas de un abuso sexual, porque en cuanto vean algo raro, van a ser capaces, por lo menos, de decirlo.

P. ¿Cómo hablamos a los niños de la existencia del abuso como prevención, pero sin asustarlos?

R. Por ejemplo, podemos utilizar la diferencia de “secreto bueno o secreto malo”. Los buenos son decirle “es el cumpleaños de un amigo y vamos a comprarle un regalo. Es secreto, no se lo puedes decir porque queremos sorprenderle y es algo bueno para él”. Pero los secretos malos se producen cuando alguien le dice que “no le digas a nadie el secreto”, que además es negativo para él. Por ejemplo, un acosador que toque a un niño o si alguien hace algo no le está gustando y le dicen que no lo cuenten o le amenazan.

Esta educación afectivo-sexual debe darse desde que son pequeños, ajustada siempre a la edad. No empezamos directamente con la prevención del abuso, sino que vamos educando y explicándoles.

P. ¿Por qué es tan importante fomentar hábitos de vida saludable en los más pequeños?

R. Es fundamental. Solamente tenemos un cuerpo, pero cuando eres pequeño y adolescente, no te das cuenta de la importancia que tiene el cuidado del cuerpo. Hay que ir concienciando a los niños desde pequeños de que solo tienen un cuerpo y hay que cuidarlo; igual que cuando tienen un juguete nuevo, que quieren cuidar para que dure. Pues con el cuerpo igual, cómo no van a cuidar del cuerpo con el que van a vivir el resto de nuestros días. Tú te vas a apagar porque tu cuerpo se va a apagar.

Desde que somos pequeñitos necesitamos conocer aspectos básicos como la higiene, pero no solo el lavado de manos y cepillado de dientes por estar limpios, también por las bacterias. Y el covid lo ha dejado más que claro. Tenemos que ir proponiendo actividades que sean rutinas y explicar el porqué de estas, concienciando de que están cuidando su cuerpo. Igualmente es importante trabajar una alimentación equilibrada y la importancia que tienen el sueño, porque uno de los males de los adolescentes niños es que se duerme poquísimo, lo que les puede hacer más irascibles y ponerles más difícil atender en clase.

FUENTE: elconfidencial.com

Libro escrito por: Lucía Boto, Aroa Caminero, Carolina Cárcamo, Tatiana Fernández, Manuel Gámez, Bárbara Martín, Estíbaliz Mateos, Margarita Montes, Raquel Prieto, Isabel Quesada, María Rosa del Rincón, Sara Ríos, Nicolás Sánchez, Gema Valenzuela y Silvia Álava.

Videoguía de Inteligencia Emocional para padres y docentes

Salud Emocional

En estos días estamos recibiendo mucha información sobre qué hacer con los niños en casa. Los padres nos hemos convertido en profesores, monitores de tiempo libre, entrenadores…; además de amos y amas de casa.Y todo ello, sin olvidar que, por supuesto, seguimos trabajando desde casa. Nos espera un gran reto, del que seguro todos vamos a salir muy reforzados, y del que vamos a sacar un gran aprendizaje.

En toda esta vorágine de tareas se nos está olvidando algo fundamental: ¿estamos cuidando la salud emocional de nuestros hijos e hijas?

En esta situación es normal sentir miedo, sentir rabia, sentir frustración; los adultos lo sentimos y los niños lo notan, y por supuesto los niños también sienten miedo, rabia, tristeza y frustración.

Por eso es importante reservar espacios para hablar de lo que sentimos y ayudarles a verbalizarlo, porque ellos no siempre sabrán cómo hacerlo.

En estos días, os invitamos a trabajar la Inteligencia Emocional con vuestros hijos, y, ya de paso, con nosotros mismos.

La Inteligencia Emocional es la capacidad para identificar lo que sentimos en primera persona y también lo que sienten los demás, comprender por qué nos sentimos así, cuál es la causa y la consecuencia de mi emoción, y cómo las emociones van cambiando a lo largo del día. Saber nombrar con precisión lo que sentimos, utilizar la información de las emociones para poder hacer una buena toma de decisiones y ser capaces de manejar y regular nuestras emociones, así como responder de forma premeditada en lugar de reaccionar en automático.

Todo esto son habilidades de la inteligencia emocional, y como tales, se pueden trabajar. En esta guía os proponemos una serie de videos y ejercicios agrupados en 5 pasos para que sepáis cómo hacerlo.

Descárgate la Guía de Inteligencia Emocional para padres y Docentes en el siguiente enlace:

«La salud mental de la sociedad está muy tocada» Colaboración con OKDiario

Silvia Álava
Silvia Álava, psicóloga. @SilviaÁlava

Psicóloga sanitaria y educativa. Silvia Álava (Valladolid, 1979) asegura que, a pesar de haber mejorado mínimamente la percepción social de patologías como la ansiedad o la depresión, aún hay estigma alrededor de la salud mental. “Por desgracia, hay un sector de la sociedad o hay determinadas personas que creen que este tipo de enfermedades son un síntoma de debilidad o que es algo que te has buscado y en absoluto es así”, añade.

Álava, que opta a estar entre el Top 100 de Mujeres Líderes de España por su amplia labor de divulgación de su especialidad psicológica relacionada con la educación, relata también que la pandemia ha dejado una sociedad “muy tocada” y muy divorciada. “Hemos observado más separaciones, el confinamiento ha sido lo mismo que unas vacaciones muy largas y muchas parejas se han dado cuenta de que su matrimonio no funcionaba”, aclara.

¿Sigue siendo la salud mental un tema a esconder?

Hemos mejorado bastante y nos atrevemos cada vez más a decir si nos pasa algo o tenemos algún problema a nivel de salud mental, pero lo cierto es que aún no lo hemos normalizado. Sí que decimos si tenemos una gripe, pero aún no nos atrevemos a comentar que tenemos un trastorno de ansiedad, del estado del animo o depresión. Está ahí ese estigma porque, por desgracia, hay un sector de la sociedad o hay determinadas personas que creen que este tipo de enfermedades son un síntoma de debilidad o que es algo que te has buscado y en absoluto es así.

La otra parte, además de la poca normalización de la que hablas, es el altísimo repunte del consumo de ansiolíticos y antidepresivos. ¿Muchos fármacos y pocos psicólogos?

El problema es que tenemos un modelo muy medicalizado. ¿Y qué pasa? Que los que están absorbiendo los problemas de salud mental son los profesionales de la Medicina Primaria y ésta no puede hacer una terapia psicológica, y tampoco se remiten todos los casos a Salud Mental. Entonces, lo que están haciendo es recetar ansiolíticos y antidepresivos que, ojo –advierte–, en algunas ocasiones son necesarios, no vamos a decir que no; pero, claro, también tenemos que hacer una terapia que nos ayude con técnicas de control de la ansiedad, el manejo de las emociones o con herramientas que nos ayuden a comprender qué es lo que nos pasa, por qué nos sentimos así y, sobre todo, cómo manejarlo.

¿Entonces?

Al final la medicación, por decirlo así, hace que me pueda sentir un poco mejor, pero no me enseña técnicas que me permitan regular mis emociones cuando tengo una crisis de ansiedad, un ataque de ira o un trastorno del estado de ánimo. Y me refiero sobre todo a estas patologías de salud mental porque en estos momentos están disparadas, es lo que más estamos viendo con la pandemia, aunque habría más, claro.

¿Hay repunte de visitas a las terapias psicológicas a raíz de la pandemia?

Creo que todos los que trabajamos en salud mental te vamos a decir lo mismo. En este momento, de verdad, la salud mental de la sociedad está muy tocada, el equilibrio emocional tras un año de pandemia no se ha recuperado porque no hemos vuelto a hacer lo que hacíamos, no lo hemos dejado olvidado en un cajón. Hemos regresado a una realidad en la que el virus sigue en la calle y con un montón de medidas restrictivas, por eso, las estrategias que teníamos y que nos ayudaban a regularnos emocionalmente las hemos perdido.

Pasamos a los niños. No sé, la verdad, si es más sencillo parirlos o educarlos, Silvia.

(Reímos)

¡Ambas cosas son complicadas! Pero, la educación comienza en el minuto cero y termina al final de nuestra vida. Es un proceso muy constante en el que, además, hay que intentar hacerlo de una forma correcta y ¡hacerlo siempre!

Ahora que hay tantos tipos de educación, ¿Cómo saben los padres que la que eligen es la correcta y no están perjudicando al niño? La educación de antes no es la de ahora.

Lo más importante siempre es observar a los niños, María. Ver qué hacen, cómo reaccionan, ver qué pasa en casa para saber lo que tu hijo necesita. No hay modelos buenos y malos, sino que debemos atender a las necesidades de los niños. A las fisiológicas, por supuesto no se las podemos negar, aunque últimamente con la crisis sanitaria hay algunos niños que no lo están pasando bien. Pero, sobre todo, debemos atender a las necesidades emocionales porque, a lo mejor, no sé, tienes dos hijos y cada uno de ellos tiene necesidades diferentes. Por eso, aunque tú te puedas empeñar en que te gusta este o el otro sistema de educación, a tus hijos puede que nos les valga o no les vaya bien y debemos hacer adaptaciones.

«Haz lo que yo diga y no lo que yo haga», la típica frase de padres cuando te mandan algo y les reprochas que ellos sí lo hacen. Supongo que el modelo de observación en casa también es importante, ¿no?

¡Fundamental! Es fundamental. Ellos observan lo que tú haces, así que muchas veces las respuestas a los problemas las vamos a tener en la actuación que están teniendo los padres. Muchas veces, sin quererlo, pensamos que lo estamos haciendo muy bien y en absoluto es así. Quizá, insisto que sin querer, estamos reforzando cosas que no debemos o ciertos comportamientos que creemos que son una llamada de atención de los niños, pero hay un mensaje detrás que debemos leer.

Con respecto a la disciplina positiva, que se basa, entre otras cosas, en la comunicación y el razonamiento con los niños. Vamos a ver, ¿es posible eso? Pregunto.

Claro que sí. Con los niños hay que razonar muchísimo, el caso es que debemos saber el momento en el que debemos hacerlo. Es decir, ¿debemos hacerlo en el momento álgido de la pataleta? No, claro que no. Todos debemos calmarnos, los niños y los adultos, pero cuando todo ha pasado debemos hablarlo y explicar qué ha pasado y las razones por las que se ha armado. Hay que razonar mucho, la clave es elegir muy bien momento. Cuando hay estallido emocional, mejor no hacerlo porque sufrimos un secuestro emocional y vamos a decir algo de lo que después nos arrepentiremos.

Otra consecuencia de esta pandemia, además de los problemas económicos y la ansiedad, que en muchas ocasiones son dos conceptos indisolubles, han sido los divorcios. ¿También percibís aumento de separaciones?

Claro, es que esta pandemia ha sido como unas vacaciones largas en las que muchas parejas se han dado cuenta de que su matrimonio no funciona y ha habido un ascenso de las separaciones. Y, además, también observamos que muchas parejas no se separan porque económicamente no pueden mantener dos casas, así que siguen viviendo juntos pero no están bien y los niños lo ven. En este sentido, el principal problema que observamos es que los niños viven en un ambiente de hostilidad, de agresividad, en un ambiente donde se falta al respeto.

Y entonces, ¿qué les decís?

Les aconsejamos que es mucho mejor que los padres se separen antes de seguir en ese ambiente. Aunque, claro, el problema es que también se dan algunos casos en los que la hostilidad sigue a pesar de la separación donde, además, se usa a los niños para herir al otro.

¿Y los niños cómo gestionan esto?

A ver, vemos un poco de todo, pero algunos tienen trastornos del estado de ánimo, están un poco tristes o también muestran estados disruptivos, es decir, se empiezan a portar mal como llamada de SOS diciendo: “Estoy en un ambiente que no quiero, que no me gusta”. A veces el niño te monta el numerito, pero hay que pensar que el niño no sabe decirte que no está bien.

Los niños miran el modelo que tienen en casa, en definitiva.

Claro, si tú lees, ellos leerán; si tú gritas, ellos gritarán. Unos padres totalmente sobrepasados no pueden ayudar a sus hijos a regular sus emociones, eso es así. No es que no quieren atender las emociones de sus hijos, es que muchos padres no están atendiendo ni las suyas propias.

¿Qué pasa si tu hijo varón te ve que te pintas las uñas y te pide que se las pintes a él? Seguro que hay padres que les dicen que eso es cosa de niñas, ¿o no?

Claro, no pasa nada por pintarles las uñas. Pero, ojo, hay que prepararles también para la sociedad en la que vivimos. Me explico: si en un momento dado el niño quiere ir con las uñas pintadas, tendré que explicarle y darle herramientas para que en un momento dado, si alguien le dice algo, sea lo suficientemente seguro para que no se hunda. Hay que trabajar por la igualdad, por supuesto, pero también debemos dotar a los niños de la seguridad para que vayan en contra de lo que socialmente es lo típico.

Al final, hablando contigo me doy cuenta de que lo más importante…

¡Es el sentido común! Y de esto andamos últimamente un poco justos. Continuamente se nos olvida que esto es lo más importante y esto es el problema, no nos damos cuenta de que hay cosas que no podemos hacer.

¿Estamos criando a niños seguros, pero también pequeños Napoleones?

¡Claro! Es que, cuidado, podemos fomentar su seguridad, pero insistiendo en lo importante que es no imponer. Puedo decir qué quiero y qué pienso, pero respetar siempre. Todos tendemos a provocar emociones en los demás, si provoco emociones negativas lo más probable es que no quieran hacer nada conmigo. Sentido común una vez más.

@MaríaVillardón

FUENTE: OkDiario.com

Ventajas e inconvenientes del homeschooling

Ventajas e inconvenientes del homeschooling. Con la pandemia el número de familias que ha optado por que sus hijos no vayan al colegio y educarlos desde casa ha incrementado. Desde marzo de este año han incrementado las consultas en Google sobre el homeschooling, y este septiembre también han vuelto a crecer respecto a los años anteriores. En este podcast te contamos las ventajas e inconvenientes de esta opción.

Puntos destacados:

  • ¿Ha incrementado el interés por la educación desde casa?
  • ¿Qué ventajas ofrece el homeschooling?
  • ¿Por qué los padres eligen esta opción?
  • ¿Qué inconvenientes tiene?
  • ¿Cómo adaptarse a las medidas de prevención de la Covid-19?

Pincha en la imagen para escuchar al podcast:

Ventajas e inconvenientes del homeschooling - jessica-lewis--fP2-cL-6_U-unsplash

Fuente: Internet Seguro

Entrevistada por Tiching.com “Tenemos que utilizar las emociones siempre a favor del aprendizaje, nunca en contra”

¿Cómo funciona el cerebro de un adolescente? 
Lo que ocurre en el cerebro del adolescente es que hay un gran cambio. Sabemos que cuando los niños son pequeños (1-2 años) es el momento en el que el cerebro más crece y cuando llega a la adolescencia es cuando el cerebro se re-configura. Se da un proceso que se llama poda sináptica, es decir, todas aquellas conexiones nerviosas que hemos hecho a lo largo de la niñez, cuando llega la adolescencia, se van podando para que desaparezcan las que son menos importantes y se queden las más importantes para que, luego, el cerebro pueda procesar la información a la velocidad adecuada y pueda obtener un razonamiento más parecido al cerebro adulto.

¿Qué ocurre en el cerebro adolescente durante este proceso?
En este proceso de poda sináptica, que va desde la parte de atrás del cerebro hacia adelante, hace que la última región de todas, que es el lóbulo pre-frontal y que es con el que se regulan las emociones, donde está el autocontrol, donde se activa el peligro, como es lo último en madurar, muchas veces a los adolescentes les cuesta anticipar el peligro, regular las emociones y podemos ver que son más reactivos a nivel emocional. Y además, ocurre otra cosa en el cerebro adolescente y es que todo el sistema mesolímbico está tremendamente influenciado por una mayor carga hormonal y eso hace que toda la parte emocional sea más difícil de controlar para un adolescente que para un niño o un adulto.

Teniendo en cuenta esto, ¿cómo debemos abordar la educación emocional con adolescentes dentro del aula?
Sabiendo todo esto, lo primero que tenemos que entender es que los adolescentes van a ser más reactivos a nivel emocional, mucho más irritables, pero no significa que no puedan hacer un buen procesamiento de las emociones o que no las puedan entender bien. Lo que tenemos que hacer es permitir que las emociones entren en el aula.

Y para eso, ¿que podemos hacer?
Hay programas específicos en los que se trabaja la inteligencia emocional con los adolescentes que funcionan especialmente bien. Cuando, además, lo estamos trabajando en un aula, que se hace en grupo, es todavía mucho más enriquecedor. Estos programas van dirigidos a que el adolescente perciba correctamente las emociones en el mismo y en los demás, comprender el porqué de esa emoción, ponerle nombre y expresarlo correctamente, utilizar la información de la emoción para hacer una buena toma de decisiones y, por último, saber regularlas.

¿Hay tiempo para trabajar las emociones en el aula?
Hay muchos profesores que dicen que bastante ajustado está el temario como para poder dedicar tiempo a las emociones. Por eso, cuando se hacen este tipo de programas, se tiene en cuenta que la educación emocional se pueda integrar lo máximo posible en los contenidos que marca el currículum aprovechando esas situaciones que se dan en el día a día en las aulas. 

En esta etapa biológica, los jóvenes tienen más interés por sus amistades, su tiempo de ocio, la ropa, etc. que por el aprendizaje. ¿Cómo hacemos para promover la curiosidad por aprender?
Yo creo que es muy importante trabajar la motivación. Hay dos tipos de motivación: la motivación extrínseca o externa, que es lo que me viene de fuera; y la motivación intrínseca o interna, que es por lo que yo quiero seguir aprendiendo. Con los adolescentes hay que trabajar un compendio de las dos.

¿Cómo trabajamos la motivación intrínseca?
Para trabajar la motivación intrínseca, hay una emoción que está muy relacionada con el aprendizaje: la curiosidad. El adolescente muchas veces quiere aprender, por eso debemos ser capaces de fomentar esa curiosidad en el adolescente. Además, los adolescentes tienen un desarrollo en el pensamiento lógico, sobre todo, en la capacidad de pensamiento abstracto muy fuerte. ¿Por qué no lo utilizamos? ¿Por qué no utilizamos esa combinación de la curiosidad con ese desarrollo de la lógica? Por ejemplo podemos hacer un debate, o potenciar una participación mucho más activa en el aprendizaje. 
Se trata, sobre todo, de utilizar esa emoción de la curiosidad y aprovechar lo que sabemos sobre cómo ha evolucionado el cerebro, para ponerlo a favor del aprendizaje.

Muchos alumnos sufren nervios o ansiedad delante de una evaluación ya sea oral o escrita. ¿Qué técnicas podemos enseñarles desde la escuela para canalizar esas emociones y que puedan afrontar cualquier reto similar?
Yo a los adolescentes siempre les digo dos cosas: una cosa es que se este poniendo nervioso porque duda de lo que he estudiado: “sé que me lo sé pero, ¿y si me equivoco?”. Pero otra cosa es cuando les da un ataque de realidad porque no han estudiado o porque saben que con lo que han estudiado no podrán aprobar.

Cuando el alumno sabe que se lo ha estudiado pero aún así tiene ansiedad, ¿qué hacemos?
Una vez que el alumno sabe que se lo ha estudiado y se lo sabe, se pueden utilizar técnicas para controlar la ansiedad. Hay dos tipos de técnica: por un lado controlar el pensamiento, ya que a veces los alumnos empiezan a tener una cadena de pensamientos negativos que les produce taquicardia, opresión en el pecho, tensión… síntomas que interfieren en la correcta realización del examen. Tenemos que enseñar a sustituir esos pensamientos negativos por unos objetivos. Por ejemplo, pensar que si me lo he estudiado me va a salir bien.

¿Alguna otra técnica?
También va bien entrenar con los estudiantes alguna técnica a nivel fisiológico para reducir las taquicardia, la opresión en el pecho o la tensión muscular como puede ser una respiración diafragmática que consiste en coger aire por la nariz despacio haciendo que se hinchen, no solo los pulmones, sino también la tripa y luego sacarlo poco a poco.
Combinar los dos tipos de técnica, la parte cognitiva qué es lo que estoy pensando con alguna técnica de relajación de tipo fisiológico para controlar mejor los nervios, es fundamental. 

¿Realizar Mindfulness en las aulas es una buena técnica para relajar a los alumnos? ¿Por qué?
Las técnicas Mindfulness son muy parecidas a las respiraciones diafragmáticas. Lo importante es que el alumno conozca técnicas de relajación. 
Existen estudios donde se confirma que el Mindfulness es una técnica que les va especialmente bien a los alumnos. A veces emplear unos minutos en el aula para hacer Mindfulness, para conectar con uno mismo, ser consciente de dónde estás, cómo está tu cuerpo, de qué necesidades tienes y empezar a controlarlo, puede ser especialmente positivo.

Los docentes muchas veces se ven desbordados ante las conductas disruptivas de los alumnos y alumnas. ¿Qué deben hacer en estos casos los docentes?
Aquí no podemos decir que haya una ley universal que diga “siempre que tu alumno haga esto, tienes que hacer esta técnica” porque lo primero que tenemos que ver es cuál es la causa de esa conducta disruptiva. No es lo mismo un alumno que en un determinado momento está teniendo un estallido emocional, porque ha sentido algo que no sabe gestionar, que no sabe cómo verbalizar. En este caso tenemos que trabajar la emoción que ha sentido, por qué y cómo expresarlo de una forma más correcta. O cuando un alumno se siente frustrado porque le estamos pidiendo algo que no sabe realizarlo, que no está en su zona de desarrollo próximo y por mucho que se esfuerce no va a llegar. En este caso, el docente tendrá que ver si necesita parcelar la tarea o rebajar un poco el nivel, ofrecerle un poco de ayuda para que luego sea autónomo y lo pueda hacer.

¿Y cuando es simplemente una llamada de atención?
Es diferente cuando el alumno quiere llamar la atención. Entonces, no debemos hacerle caso. Debemos reforzar más los comportamientos en positivo que en negativo y, sobre todo, evitar que se salga con la suya.

¿Podemos lograr que los alumnos sean felices en las escuelas? 
Sí, pero lo que tenemos que ver es cuál es la definición de felicidad. Si creemos que la felicidad es estar todo el día alegre y contento, es inviable ir feliz a la escuela, al trabajo o a ningún sitio, porque es una absoluta falacia. 

Entonces, ¿qué es la felicidad?
La felicidad no es una emoción sino un estado en el que una persona puede ser feliz a pesar de saber que habrá momentos en los que sentirá emociones desagradables que sabe que serán pasajeras y entenderá que en la vida hay otras muchas cosas positivas. 
Lo que no podemos pretender es que el alumno piense que el instituto es un lugar donde solamente se experimentan emociones de alegría. Si se está haciendo un buen entrenamiento de la inteligencia emocional y hacemos entender a los alumnos que se puede ser muy feliz aunque un día esté muy triste porque ha suspendido un examen, o está frustrado porque el profesor le ha echado una pequeña bronca, entonces sí que conseguiremos que vayan a la escuela felices.

¿Un niño feliz es más propenso a tener mejores resultados académicos?
Sabemos que las emociones potencian el aprendizaje, sobre todo, las emociones agradables como por ejemplo la curiosidad o la calma. En cambio, una emoción desagradable, como la ansiedad, dificulta que el proceso de aprendizaje se produzca. Tenemos que utilizar las emociones siempre a favor del aprendizaje, nunca en contra. 

¿Cómo puede conseguir un docente que los alumnos vayan felices al aula?
Una de las funciones del profesor es motivar a los alumnos de tal forma que vayan todos felices y contentos a clase. Y, aunque, el profesor va a intentar hacer la clase lo más atractiva posible, fomentando la curiosidad, potenciando esa motivación intrínseca… lo que no podemos pretender es se tenga que poner una nariz de payaso y estar todo el día contando chistes. Hay que ser realistas y si bien es cierto que hay que crear un ambiente lo más agradable y propicio posible para el aprendizaje, también habrá cosas que no les guste a los alumnos, como los exámenes o algunas tareas, que van a tener que hacer. 

¿La escuela está preparada para personalizar el aprendizaje de todo su alumnado?
Es muy complicado personalizar un aprendizaje. Es verdad que es hacia donde tenemos que ir y que el aprendizaje sea lo más personalizado posible, que el alumno se sienta un ser único. La mayor parte de los profesores está poniendo mucho empeño en ello y con esta situación del confinamiento lo estamos viendo, están trabajando desde casa, dedicando más horas que nunca, lo están haciendo lo mejor posible con muy pocos recursos… Pero no nos podemos olvidar de una cosa y es que para personalizar el aprendizaje necesitamos recursos y formación. Bastante bien se está haciendo para los medios que tenemos. Lo que no podemos es incrementar más el nivel de exigencia si no se da formación a los docentes.

Hay que formar a los docentes…
La evidencia científica lo que nos dice es que si queremos aplicar la inteligencia emocional en el aula, la primera persona que tiene que tener una alta inteligencia emocional es el docente, porque no se puede enseñar aquello que no se sabe. Por lo que primero hay que invertir en formar a los profesores para dotarlos de herramientas y recursos para que ellos luego puedan trasladarlo a sus alumnos.

Hablando de formación… ¿Los docentes tienen la suficiente formación para detectar problemas de aprendizaje en el aula?
No podemos pensar que todos los docentes están preparados para detectar los problemas de aprendizaje ni que ninguno lo está. Es muy importante, cuando hablamos de un problema de aprendizaje, darnos cuenta que el síntoma no es que el alumno suspenda, sino que hay muchos otros indicadores. No podemos esperar a valorar a un niño y detectar un problema del aprendizaje cuando ya haya un fracaso escolar claro. Cuando un alumno empieza a tener problemas en la lectoescritura, en la lateralidad, que le cuesta la organización temporal, que es muy movido o que tiene problemas de concentración, es la hora de empezar a evaluar, a observar y valorar los síntomas que presenta el alumno, no vamos a esperar a que tenga que repetir un curso para empezar a detectarlo.

¿Qué datos tenemos acerca de las dificultades o trastornos del aprendizaje en España?
Aproximadamente un 20% de los niños tienen dificultades a nivel escolar, es decir, les cuesta más aprender que al resto de sus compañeros. Entorno a un 5-6% tienen un trastorno del aprendizaje (dislexia, TDAH, discalculia…). Es un porcentaje muy alto, porque sabemos que si hay 25 niños por aula, habrá al menos un alumno por clase con problemas o trastornos en el aprendizaje.

¿Qué deben tener en cuenta los docentes a la hora de detectar un problema de aprendizaje?
Sobre todo no deben fijarse solamente en la nota. Hay niños que a pesar de tener un trastorno del aprendizaje, tienen tal apoyo en sus casas, que llegan al mínimo requerido. Sin embargo, los docentes no se deben fijar solo en la nota, sino que es necesario que observen los procesos de aprendizaje del niño o la niña, si tiene problemas en el pensamiento lógico o en razonamiento abstracto, cómo se expresa verbalmente, si se le da la información de forma visual la procesa mejor que de forma oral, si atiende o se despista con facilidad… y, sobre todo, saber cómo se está sintiendo.

¿Puede un problema emocional derivar en un problema de aprendizaje?
Sí. Nos encontramos con alumnos que tienen problemas emocionales y eso se traduce en problemas en el aprendizaje. O sea que, de entrada, el diagnóstico no es un problema de aprendizaje sino un problema emocional.

¿Cómo podemos diferenciar un niño movido de un niño con TDAH?

El Trastorno de la Atención con o sin Hiperactividad es un trastorno neurobiológico. Lo que está demostrado es que en los niños con TDAH, el lóbulo pre-frontal del cerebro no trabaja a las mismas revoluciones que en el resto de los niños. Entonces, no son solo niños que se mueven mucho más, porque ese es uno de los síntomas de la hiperactividad o la hipercinesia, sino que fallan en la función ejecutiva. Un ejemplo muy clarificador es imaginar que la función ejecutiva es un director de orquesta, que la zona del cerebro que organiza, planifica, supervisa que el resto de los músicos, que serían el resto de las áreas cerebrales, están haciendo bien su trabajo.

¿Qué es lo que ocurre con los niños que tienen TDAH?
Pues que el problema está en el director de orquesta, en la función ejecutiva, a la hora de planificar lo que tienen que hacer, a la hora de ir supervisando y manteniendo la atención en lo que tienen que hacer tanto en la cantidad como en la calidad de tiempo de una tarea. Todo esto es en lo que falla. Por eso, no solamente debemos fijarnos en esa hipercinesia, que sería la parte de la hiperactividad, sino en todo lo que es la función ejecutiva.
Por eso cuando se hace una evaluación, lo que se tiene que observar es que hay una diferencia entre todo lo que sería la capacidad de planificación, de atención, de organización, de supervisión del niño y el resto de áreas, es decir, el razonamiento lógico, abstracto, la comprensión, la memoria…

¿Qué consejo le daría a un docente que tiene un niño con trastorno de aprendizaje o TDAH en el aula?
Lo primero es que hay que ser realista. Los docentes tienen muchos alumnos en el aula y lo que tenemos que hacer es detectar bien los problemas o dificultades en el aprendizaje, porque sino es muy difícil que el docente pueda hacer las adaptaciones curriculares necesarias. 
Pero algunas cosas fundamentales a tener en cuenta con alumnos con TDAH, es que tiene que estar sentado al principio de la clase, como se despista mucho más que el resto se tienen que fragmentar la tarea, que no sean actividades muy monótonas ni muy cargadas, evaluarle no solo por lo que contesta en el examen sino también en las preguntas que de forma oral que le vamos haciendo en el día a día. Hay una serie de protocolos que pueden ayudar mucho a llevar a cabo esa intervención de los niños con TDAH.

¿Por ejemplo?
Por ejemplo, cuando hay un caso de TDAH combinado que no se puede mantener quieto en el sitio, pues a veces nos puede venir bien, dejar que se mueva por el aula de tal forma que es el propio docente es que se lo está permitiendo. Si lo que estamos haciendo son clases virtuales, entender que no va a estar pegado a la pantalla todo el tiempo que va a necesitar tiempo para entrar, para salir, para moverse, que las sesiones no sean especialmente largas. Tenemos que intentar adaptar en todo momento el contenido y la metodología para que ese niño o niña pueda aprender de la mejor forma posible.

FUENTE: Tiching.com

6 cosas que hemos aprendido viajando al cerebro de nuestros hijos.

Entenderíamos mejor los comportamientos de los niños si supiéramos cómo funciona su cerebro.

Colaboración con Gestionando Hijos

«Es muy importante educar con el cerebro en mente» nos decía el neuropsicólogo Álvaro Bilbao. «Tener unas nociones básicas acerca de cómo funciona el cerebro del niño es una gran ventaja para aquellos padres que quieran aprovecharla. En el cerebro del niño están todas las claves para una p/maternidad satisfactoria».

Y es que entenderíamos mucho mejor algunos de los comportamientos de nuestros hijos si supiéramos cómo funciona su cerebro, aún en desarrollo. Por ejemplo, entenderíamos que, a causa de que su corteza prefrontal es aún muy inmadura, es lógico que con tres años tenga rabietas, puesto que, sin el correcto desarrollo de esta zona del cerebro, es difícil que pueda controlar sus emociones.

Pero hay más aprendizajes importantes. Hoy rescatamos seis:

1. Las emociones son protagonistas del cerebro de nuestros hijos (y del nuestro)

Álvaro Bilbao nos presenta la estructura del cerebro: «El cerebro racional se desarrolla sobre otros cerebros que son el cerebro primitivo (el que nos pide que comamos, que durmamos) y sobre el cerebro emocional (que busca afecto). Solo cuando ese cerebro emocional ha recibido el cariño que necesita, puede tener una capacidad intelectual plena». Pero Álvaro nos lanza una advertencia: «Es muy importante que no confundáis el afecto con la sobreprotección».

La pediatra Lucía Galán nos recuerda que el cerebro de un niño está dominado por la parte inferior, de las emociones, los impulsos y los instintos. «Los niños hacen cosas de niños, no necesitan la casa ordenada, no necesitan llegar a tiempo…». Sus necesidades y las nuestras difieren. Pero para conectar la parte del cerebro inferior (dominada por emociones e impulsos) y la superior (dominada por el razonamiento lógico), lo único que hace falta es un chispazo. Y el mejor, nos cuenta Lucía, es el contacto físico: «Cuando no sepáis qué hacer, antes de gritar, apostad por el contacto físico».

Las emociones son incluso protagonistas en la toma de decisiones, nos dice Álvaro Bilbao: «El cerebro escucha e integra todas las partes del cerebro (primitivo, emocional y racional) para tomar decisiones acertadas. Incluso en la decisiones más simples, también influye la emoción».

2. Nuestro cerebro quiere marcha

«El cerebro es un gran consumidor de oxígeno. Con tan solo un 2% del peso corporal consume el 33% del oxígeno que está en nuestros pulmones. Ese oxígeno llega al cerebro gracias a un corazón que debe estar bien entrenado. Y la mejor manera de conseguirlo es implantar el ejercicio físico desde que somos pequeños«, nos dice Álvaro Bilbao.

Heike Freire, experta en innovación educativa, nos recuerda que «a lo largo de la evolución de nuestra especie, el movimiento ha estado muy relacionado con el desarrollo del cerebro y todas sus capacidades».

Es por este motivo por el que es tan importante el porteo. Si, mientras nosotros hacemos cosas en casa, nuestro bebé, en lugar de estar tumbado en la cuna, se mueve con nosotros, estaremos ayudando a su cerebro a desarrollarse.

3. El cerebro necesita naturaleza y aire libre

Nos decía siempre la experta en talento y liderazgo Noelia López Cheda que «se nos ha olvidado que el contacto con la naturaleza es una de las mejores cosas para que los niños se calmen y aprecien las pequeñas cosas además de que se desarrolle su curiosidad de manera natural. Y para los tiempos que corren tan tecnológicos, es una medicina para el cerebro infantil».

4. Para el cerebro, es mejor educar sin etiquetas

Álvaro Bilbao nos dice que «hoy en día sabemos que si un niño escucha de sus padres que es un desobediente, su cerebro le dirá que desobedezca». Los mensajes que emitimos sobre nuestros hijos se quedan grabados a fuego en su cerebro, que se ve obligado a ‘obedecer’ a nuestros mensajes. Y no olvidemos que hasta los 6 años la autoestima no es auto, sino que depende de lo que piensen los demás de nosotros. Si continuamente le estamos diciendo a nuestro hijo que es desobediente, no le estamos ayudando a que construya una autoestima sana.

5. La sobreprotección y el darles todo hecho es un freno al buen desarrollo del cerebro

«Si queremos tener hijos felices en lugar de hacer que el viento siempre sople a su favor hay que enseñarles también a navegar en tempestades», nos dice Álvaro Bilbao. Álvaro subrayó que enseñarles autocontrol no significa encorsetar a nuestros hijos. Antes al contrario: «El lóbulo frontal es una zona realmente versátil y va a permitir a vuestros hijos tener la mejor respuesta en función de cada situación», autocontrolarse cuando sea necesario y divertirse o relajarse en otras ocasiones. Álvaro nos confesó que «me gusta mi labor de mal padre, en esos momentos en que les digo a mis hijos que eso no lo puede hacer, que tienen que esperar un poco, porque aunque sé que muchas veces mis hijos se enfadan, sé que es una labor tan amorosa como darles un beso de buenas noches. Cuando les digo que no o que tienen que esperar, estoy dándoles un regalo importantísimo para su cerebro».

6. Los primeros años de vida son fundamentales

La psicóloga Silvia Álava nos dice que «el cerebro del niño es muy plástico. Cuando nace el bebé el cerebro pesa ya 350 gr y en los dos primeros años de vida ha alcanzado el 75% del desarrollo que tendrá en la edad adulta y con 5 años de edad hasta el 90% del desarrollo cerebral. Los primeros años de vida son fundamentales y en ellos se van a anclar y sentar las bases del aprendizaje. Muchas veces pensamos «que el niño es muy pequeño», pero es fundamental lo que hacemos cuando son pequeños. Hay que estimularles correctamente (a nivel intelectual, a nivel cognitivo…) y es una edad fundamental para crear un buen vínculo emocional con los padres, un vínculo que les aporte seguridad, no dependencia».

Accede al portal Gestionando Hijos y disfruta de más consejos y claves de nuestros expertos.

FUENTE: eldia.es

Ya está en pre-venta nuestro libro ilustrado «6 Cuentos para educar en disciplina positiva» Disponible a partir del 3 de septiembre

Ya está en pre-venta nuestro libro ilustrado «6 Cuentos para educar en disciplina positiva» que estará disponible a partir de 3 de septiembre

El equipo de psicólogos infantiles de la prestigiosa clínica Álava Reyes presenta un libro ilustrado para toda la familia sobre la disciplina positiva.

Seis cuentos de disciplina positiva para toda la familia.

Educar «en positivo» está de moda, pero no todos los padres tienen claro que es lo que implica en terminos prácticos. La disciplina positiva no es la ausencia de límites, ni tampoco la imposición de nuestra voluntad. Se trata de compartir con nuestros hijos la lógica que hay tras nuestras normas, de escucharlos y, en ocasiones, de negociar con ellos.

Cada cuento de este libro ilustra un concepto clave de la disciplina positiva: la importancia de las rutinas, la utilidad del pensamiento positivo o la necesidad de aprender de nuestros errores para progresar. Estas seis tiernas y emocionantes historias protagonizadas por jóvenes trapecistas, ovejas parlantes y piedras mágicas están pensadas para los más pequeños. Para sus padres, el libro incluye además material adicional con explicaciones teóricas que pueden convertirse en una útil herramienta en la crianza de sus hijos.

Podéis la reserva en vuestra librería favorita o mediante internet en los siguientes enlaces el libros que estará a la venta a partir del 3 de septiembre:

-> En La Casa del Libro

-> En La Fnac

-> En Amazon:

https://www.amazon.es/cuentos-educar-disciplina-positiva-ilustrado/dp/842045334X

Escuela en casa: cómo organizar el tiempo de estudio en cuarentena. Colaboración con Consumer

Con el cierre de los colegios por el coronavirus, recae en los padres la responsabilidad de organizar la jornada lectiva de sus hijos durante el confinamiento. Te contamos cómo llevar esta situación.

Por Miguel Ángel Bargueño

La entrada en vigor del confinamiento para evitar la expansión del coronavirus coincidió con el final del segundo trimestre escolar y abarcará parte del tercero, unos periodos decisivos en el desarrollo del curso de miles de estudiantes de todas las edades. Suspendida la actividad en los centros de enseñanza, recae en los padres la responsabilidad de organizar y supervisar los estudios de sus hijos, lo que supone una implicación mayorque la necesaria en condiciones normales. Y más en el caso de que se haga teletrabajo. Por eso, en las siguientes líneas recogemos varias pautas de expertos que seguro te servirán para llevar adelante esta importante fase educativa en casa.

Los colegios han cerrado, pero el curso académico no se detiene. En estos días de confinamiento por coronavirus, la actividad docente ha pasado de las aulas al domicilio familiar. Sin la disciplina de los centros escolares, recae en los padres la responsabilidad de organizar la jornada lectiva de sus hijos, lo cual genera no pocas dudas. ¿Debe respetarse la rutina del colegio, o la influencia de factores externos (el trabajo de los padres, por ejemplo) justifica cierta flexibilidad? ¿Deben los progenitores ejercer de docentes? Estas cuestiones cobran especial relevancia toda vez que la cuarentena se ha decretado bien entrado el segundo trimestre: una fase decisiva en el curso.

Los horarios, como en el colegio

Establecer rutinas aporta seguridad a los niños; la repetición de tareas refuerza hábitos. Lo asegura la psicóloga infantil Silvia Álava, quien además recomienda hacer partícipes a los hijos de las nuevas reglas de la casa. “Diseñar con ellos una tabla de horarios, en una simple cartulina, les ayudará a ver que han colaborado en su elaboración, y no como algo impuesto. Así, los acatarán más fácilmente”, señala.

Lo idóneo es replicar en casa los horarios del colegio o, lo que es lo mismo, dedicar las mañanas a las obligaciones escolares. “Después de levantarse y desayunar, es momento de ponerse a estudiar”, dice Álava, quien incluso es partidaria de incluir la pausa del recreo para que tengan un rato de esparcimiento. “Pueden comer un tentempié similar al que toman en el colegio”, añade.

En esa idea reincide Carmen de Andrés, doctora en Ciencias de la Educación y profesora de Facultad de Formación del Profesorado y Educación de la Universidad Autónoma de Madrid: “Las rutinas las necesitamos todos, desde los niños a los mayores. Es muy importante mantenerlas, de cara a una mejor organización. Debe haber ratos para estudiar, para jugar, para comer, para hacer ejercicio, para dormir. Con cierta flexibilidad, ya que en casa se dispone de mucho tiempo”. A los hijos, en todo caso, debe quedarles claro que no están de vacaciones.

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Cómo aprovechar la cuarentena para reforzar los lazos familiares. Colaboración con Consumer

El confinamiento en casa con los hijos es un momento estupendo para reestructurar la vida hogareña, recuperar hábitos perdidos y conectar con nuestro clan.

Por Miguel Ángel Bargueño

El confinamiento por la COVID-19 presenta una situación nueva para todos: nunca antes, los miembros de una familia habían convivido 24 horas durante tantos días seguidos en un mismo espacio. Lo más parecido son las vacaciones, con dos grandes diferencias: la cuarentena no es voluntaria, sino obligatoria (y carece, por tanto, del optimismo y la ilusión características del periodo de asueto), por lo que se percibe como una pérdida de libertad; y en esta circunstancia no solo hay tiempo de ocio, sino que lo más habitual es que padres e hijos deban compaginar el esparcimiento con quehaceres laborales o académicos desde casa. A esto se unen la incertidumbre económica y la preocupación sanitaria. A priori, y por estos factores, estamos ante una reclusión complicada, pero de la que, pese a todo, pueden extraerse beneficios en lo que al refuerzo de lazos afectivos se refiere. Te contamos cómo:

Conviene asumir que la proximidad entre personas en estas condiciones produce, inevitablemente, roces. Cuanto más larga es la cuarentena, más proliferan los síntomas de estrés y depresión, según un estudio de 2004 realizado por un grupo de psicólogos canadienses que analizó la evolución de familias confinadas en Toronto un año antes por otro coronavirus, el SARS. Los eventos que amenazan la vida llevan a las personas a tomar medidas significativas en sus relaciones cercanas que alteran su curso, tal y como sostiene una investigación de la Universidad de Pensilvania (EE.UU.), que explicó así el aumento de divorcios en Carolina del Sur tras el paso del huracán Hugo en 1989. Y más cercano en el tiempo, en el pasado mes de marzo, en ciudades chinas como Xi’an, las demandas de separación alcanzaron cifras inusitadas que algunos expertos atribuyen el estrés doméstico causado por el encierro.

Ante la rebeldía de los niños, técnicas de refuerzo

Como lo importante es sentirse a gusto, en lugar de vivir en un estado de tensión permanente, se impone gestionar los conflictos para que no se conviertan en una fuente de angustia añadida. Para reforzar los lazos familiares en plena cuarentena, la psicóloga infantil Silvia Álava subraya que, a pesar de que los niños poseen una gran capacidad de adaptación, es normal que puedan responder con rebeldía al aislamiento. Contra este, propone recurrir a técnicas de refuerzo. “Cuando los niños están haciendo cosas que queremos instaurar, debemos prestarles atención y premiarles. Cuando ejercen conductas disruptivas que queremos que desaparezcan, lo mejor es dejar de prestarles atención”, asegura. “No se trata de dejarles sin ver la tele si se portan mal; es que, si se portan mal, no se ganan el derecho a ver la tele”, explica.

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