Deberes: Si le dices a tu hijo, ‘tenemos examen’, lo que tenemos es un problema

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Deberes: Si le dices a tu hijo, ‘tenemos examen’, lo que tenemos es un problema.

Los progenitores no son profesores. Los críos tienen que estudiar solos y el papel de los adultos se debe limitar a la supervisión y al apoyo emocional, según los expertos.

¿Le ayudo con los deberes o dejo que se apañe solo?» Esta es una de las preguntas que más inquietud genera en las familias. Especialmente cuando llegan las evaluaciones, aparecen dificultades académicas o las tardes en casa terminan convirtiéndose en una batalla.

En una entrevista realizada para el diario El Correo, reflexionamos sobre una cuestión fundamental: el verdadero objetivo no es que nuestros hijos terminen los deberes, sino que aprendan a estudiar, a organizarse y a asumir progresivamente su responsabilidad académica.

Y aunque pueda parecer contradictorio, ayudar demasiado puede acabar perjudicando precisamente aquello que queremos conseguir: que nuestros hijos sean autónomos y desarrollen confianza en sus propias capacidades.

Los deberes son responsabilidad de los hijos, no de los padres

Uno de los errores más frecuentes es asumir que el éxito escolar depende directamente de la implicación constante de los padres en las tareas diarias.

Muchos adultos acaban recordando deberes, organizando mochilas, resolviendo ejercicios o incluso corrigiendo trabajos. Lo hacen desde el cariño y la preocupación, pero sin darse cuenta de que están transmitiendo un mensaje peligroso:

«Tu responsabilidad es, en realidad, mía.»

Deberes: Si le dices a tu hijo, 'tenemos examen', lo que tenemos es un problema

Cuando los padres se convierten en supervisores permanentes, los niños tienen menos oportunidades para desarrollar habilidades esenciales como:

  • La planificación.
  • La organización del tiempo.
  • La tolerancia a la frustración.
  • La perseverancia.
  • La capacidad para resolver problemas.
  • La autonomía.

El objetivo educativo no consiste en que nuestros hijos nunca se equivoquen, sino en que aprendan a gestionar sus propios retos.

Ayudar no significa sustituir

Esto no implica abandonar a los niños a su suerte.

Especialmente durante los primeros años, necesitan acompañamiento. Pero acompañar es muy diferente a sustituir.

Los padres pueden:

  • Facilitar un entorno adecuado para el estudio.
  • Ayudarles a establecer rutinas.
  • Enseñarles estrategias de organización.
  • Resolver dudas puntuales.
  • Ofrecer apoyo emocional cuando se frustran.

Sin embargo, no deberían convertirse en profesores particulares permanentes.

La pregunta clave es: «¿Estoy ayudando a que mi hijo aprenda o estoy haciendo por él lo que podría aprender a hacer solo?»

Saber estudiar es mucho más que hacer los deberes

Completar una ficha o terminar unos ejercicios no garantiza que exista aprendizaje.

Aprender a estudiar implica adquirir herramientas que acompañarán al niño durante toda su vida académica:

Organización

Planificar qué tareas hacer primero y cuánto tiempo dedicar a cada una.

Gestión del tiempo

Entender que estudiar requiere constancia y evitar dejarlo todo para el último momento.

Técnicas de estudio

Resumir, subrayar, hacer esquemas o autoevaluarse.

Capacidad de esfuerzo

Persistir incluso cuando algo resulta difícil.

Autorregulación emocional

Aprender a tolerar errores, bloqueos o momentos de frustración.

Estas competencias son tan importantes como los propios contenidos escolares.

El error también educa

A muchos padres les cuesta tolerar que sus hijos olviden un deber, suspendan un examen o no entreguen un trabajo perfecto.

Sin embargo, equivocarse forma parte del aprendizaje.

Cuando evitamos sistemáticamente que nuestros hijos experimenten las consecuencias naturales de sus actos, les privamos de desarrollar recursos internos para afrontar futuras dificultades.

No se trata de dejarles fracasar sin apoyo, sino de permitirles aprender de sus errores en un entorno seguro.

Porque la vida adulta está llena de situaciones en las que nadie resolverá los problemas por nosotros.

Cómo ayudar sin generar dependencia

Algunas pautas prácticas pueden marcar una gran diferencia:

  • Establece una rutina estable para estudiar.
  • Evita sentarte a hacer los deberes junto a ellos cada día.
  • Pregunta: «¿Cómo lo harías tú?» antes de ofrecer soluciones.
  • Divide las tareas complejas en pequeños pasos.
  • Refuerza el esfuerzo más que el resultado.
  • Valida su frustración sin resolver inmediatamente el problema.
  • Mantén una comunicación fluida con el colegio cuando existan dificultades reales.

El mensaje debe ser claro:

«Confío en que eres capaz. Estoy aquí para ayudarte si lo necesitas, pero eres tú quien puede hacerlo.»

Educar para la autonomía es educar para la vida

A veces pensamos que proteger es allanar el camino. Sin embargo, la verdadera protección consiste en proporcionar herramientas para recorrerlo.

Los niños que aprenden a organizarse, asumir responsabilidades y afrontar pequeños desafíos desarrollan una mayor sensación de competencia y autoestima.

Porque el objetivo no es criar hijos que dependan siempre de nosotros para resolver sus dificultades, sino jóvenes capaces de enfrentarse al mundo con confianza, recursos y resiliencia.

Y quizá esa sea una de las enseñanzas más importantes que podemos ofrecerles: creer en su capacidad para aprender, equivocarse, mejorar y seguir adelante.

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Me llamo Silvia Álava, nací en Valladolid, aunque hace más de veinte años que vivo en Madrid. Soy Doctora y licenciada en Psicología por la Universidad Autónoma en Madrid.

Especialista en Psicología General Sanitaria y en Psicología Educativa estoy acreditada por el Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid como Psicóloga Educativa, y soy Psicólogo acreditado para el ejercicio de actividades sanitarias en el Registro de Centros Sanitarios de la Comunidad de Madrid.