El divorcio es un proceso complejo que afecta no solo a la pareja, sino también a sus hijos
Especialmente cuando la separación se produce en un contexto de alta exposición mediática. En estos casos, el bienestar emocional de los menores puede verse comprometido, y es fundamental que los progenitores gestionen adecuadamente sus emociones para no trasladarles una carga que no les corresponde.
Silvia Álava, psicóloga infantil y experta en educación emocional, ha señalado en diversas ocasiones la importancia de que los padres mantengan su rol y no conviertan a sus hijos en su apoyo emocional. «Hay una inversión de los roles y son los hijos los que ayudan emocionalmente a sus padres. Pero no están preparados para ello, sobre todo cuando son pequeños. Son los padres los que ayudan a regular las emociones y no a la inversa», explica Álava.
Parentalización’ o ‘incesto emocional
Este fenómeno, conocido como ‘parentalización’ o ‘incesto emocional’ en su término más extremo, puede generar en los hijos una gran responsabilidad emocional que no les corresponde y que puede afectar a su desarrollo psicológico. Álava recomienda a los padres crear un ambiente de comunicación abierto en casa, pero sin convertir a los hijos en confidentes de sus preocupaciones adultas. «Es fundamental que los niños se sientan seguros y comprendidos, pero sin asumir un rol que no les corresponde», advierte.
El equilibrio entre apoyo y sobrecarga emocional es delicado. Los hijos pueden ser un gran soporte afectivo en momentos difíciles, pero siempre desde su papel de hijos, no de consejeros o figuras de sostén emocional para sus padres. La ayuda profesional puede ser clave para manejar estas situaciones de manera saludable, favoreciendo el bienestar de toda la familia.
Resiliencia
La clave está en fomentar la resiliencia en los menores, permitiéndoles expresar sus emociones sin que se sientan responsables del bienestar de sus padres. Con el apoyo adecuado, el proceso de divorcio puede ser menos traumático y convertirse en una oportunidad para fortalecer la autonomía y la inteligencia emocional de los hijos.