¿Me salto el confinamiento y llevo a mi madre al cementerio o enseño a mis hijos que hay que cumplir normas? Colaboración con el diario ABC

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Por Laura Peraita

Alberto está hecho un lío. Vive en Madrid y su madre no para de suplicarle que le lleve el Día de Todos los Santos al cementerio en un pueblo cercano a El Escorial. Ella ha acudido toda su vida religiosamente a llevar flores y orar a sus muertos. No ha faltado ni un año, «y este no va a ser menos», apunta esta madre.

Sin embargo, su hijo no lo tiene tan claro. Alberto es padre de familia y lleva toda la pandemia insistiendo a sus hijos, ya adolescentes, la importancia de respetar la distancia de seguridad, no quedar con amigos en sus casas, llevar mascarilla… «Sí, entiendo perfectamente a mi madre, pero llevo mucho tiempo educando también a mis hijos para que sean respetuosos con las nuevas normas que nos vienen impuestas y que, a pesar de que no nos gustan a nadie y nos fastidian nuestro día a día, hay que cumplirlas. ¿Qué hago ahora? —se pregunta angustiado este padre—. ¿Cojo el coche, me voy al pueblo y les doy a entender a mis hijos que no voy a cumplir con el confinamiento, o me quedo en casa respetando normas, cumpliendo como padre, mientras mi madre me llora al teléfono?».

Como Alberto, muchas personas se encuentran en este difícil dilema, en un pulso entre lo que les dicta la razón y el corazón. De nuevo, sentimientos encontrados en las familias en tiempos de pandemia.

En este sentido, Silvia Álava Sordo, doctora en Psicología, explica que la situación es sumamente complicada porque «no existe la opción acertada. Hay que partir de esa base y decidir en función de los valores, creencias y circunstancias de cada uno», asegura.

Reconoce que para muchas personas es muy importante acudir al cementerio en Día de todos Los Santos, pero aún así, recomienda, aunque resulte doloroso, «comunicarles ante tanta insistencia que también hay posibilidad de ir en otra fecha si las medidas restrictivas lo permiten. Es una decisión que, lógicamente, genera tristeza, enfado, rabia… Es importante reconocer esa emoción para poder reflexionar y buscar otras opciones alternativas, aunque no nos gusten tanto. También puede servir para ir al cementerio en otros días, cuando a uno de verdad le apetezca acudir».

En este sentido, propone que en casa ese día se puedan colocar unas flores o encender una vela en la memoria de los familiares fallecidos e, incluso, colocarlas al lado de una foto de recuerdo. «Las decisiones deben ser flexibles y hay que pensar que, en esta ocasión, es algo excepcional. La espiritualidad y el recuerdo que yo siento no tiene que ser de menor categoría por esta circunstancia creada por la pandemia», concluye esta doctora en Psicología.

Fuente: Diario ABC

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Me llamo Silvia Álava, nací en Valladolid, aunque hace más de veinte años que vivo en Madrid. Soy Doctora y licenciada en Psicología por la Universidad Autónoma en Madrid.

Especialista en Psicología General Sanitaria y en Psicología Educativa estoy acreditada por el Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid como Psicóloga Educativa, y soy Psicólogo acreditado para el ejercicio de actividades sanitarias en el Registro de Centros Sanitarios de la Comunidad de Madrid.