#Vídeo ¡Llega una rabieta! ¿Y ahora qué hacemos?

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Esta es una duda que nos preguntan muy frecuentemente en consulta. ¿Qué hacemos ante una rabieta de nuestra hija o hijo?

La respuesta: «depende»… porque nuestra actuación no será la misma si es un niño de dos años, de cuatro o de seis. También dependerá de las circunstancias y del tipo de rabieta que sea.

Pasos para seguir en la gestión de las rabietas:

  1. Antes de tomar cualquier decisión, observa detenidamente. Pero no solo lo que hace o deja de hacer tu hijo, sino lo que tú y el resto del entorno hacéis.
  2. Muchas veces la respuesta la vamos a encontrar en lo que nosotros hacemos, no tanto en lo que hace o dice nuestro hijo.
  3. ¿Qué edad tiene?      
    • Hasta los 3-4 años los niños utilizan los que se llama la red de control atencional, es decir, van guiando su conducta y sus actuaciones por los estímulos novedosos que se presentan, y todavía no tienen desarrollada la capacidad de autocontrol.
    • A partir de los 4 años se empieza a desarrollar la red de control ejecutivo, el niño empieza a ser capaz de autocontrolar su conducta. No obstante, el proceso es muy rudimentario y todavía necesitará nuestra ayuda para salir de la rabieta
    • Si tu hijo tiene menos de cuatro años, prueba a calmarle, a distraerle, pero sin dejar de mencionar lo que ha ocurrido y explicándole a posteriori la emoción que ha sentido.
    • Si tiene más de cuatro años ya podemos empezar a pedirle que se intente controlar. Sin embargo, en muchas ocasiones todavía no sabrá salir de su enfado y puede que necesite nuestra ayuda.
  4. ¿Por qué ha ocurrido la rabieta?
    • ¿Se trata de una llamada de atención o por el contrario es porque el niño no sabe resolver algo y necesita nuestra ayuda?

Un ejemplo:

La mamá de Ana, que tiene 5 años, me contaba que Ana en cuanto algo no salía como ella quería o tenía que esforzarse o pedir algo, en lugar de pedir ayuda o decirlo con un tono de voz normal se dedicaba a lloriquear con el objetivo de que se lo hiciesen. Por eso, una las pautas que pusimos fue explicarle a Ana que con el lloriqueo no la entendían y que tenía que decirlo sin llorar.

¿Cuál fue la respuesta de Ana? Al principio lloriqueaba y gimoteaba más alto, y sus padres le decían Ana, así no te entiendo. En cuanto lo repetía con un tono de voz normal, entonces Ana recibía toda la atención y la ayuda.

La estrategia funcionaba muy bien. Sin embargo, un día a Ana se le cayó un helado recién comprado y se echo a llorar. La estrategia no funcionó ¿porqué? Por que en este caso Ana no lloriqueaba como estrategia de llamada de atención o de bajo control de la frustración, lloraba por su helado y porque no tenía estrategias para solventarlo. En este caso, tendremos que consolar a Ana y si fuese necesario incluso se podría valorar comprar otro helado.

No es lo mismo llorar que lloriquear. Nunca le diremos a un niño NO llores, porque detrás puede haber una emoción que el niño necesita que le ayudemos a gestionar.

5. ¿Qué hacemos después?

Cuidado porque sin queremos muchas veces con nuestra actuación reforzamos conductas inapropiadas en lugar de las que queremos instaurar. Recordar que los niños siempre tienen que tener más atención en positivo que en negativo.

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Me llamo Silvia Álava, nací en Valladolid, aunque hace más de veinte años que vivo en Madrid. Soy Doctora y licenciada en Psicología por la Universidad Autónoma en Madrid.

Especialista en Psicología General Sanitaria y en Psicología Educativa estoy acreditada por el Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid como Psicóloga Educativa, y soy Psicólogo acreditado para el ejercicio de actividades sanitarias en el Registro de Centros Sanitarios de la Comunidad de Madrid.