Vacaciones escolares: ¿Qué podemos hacer para que las vacaciones sean beneficiosas para los niños?

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Vacaciones escolares: ¿Qué podemos hacer para que las vacaciones sean beneficiosas para los niños?

Las vacaciones escolares son uno de los grandes retos de conciliación para las familias. Cuando llega el verano, muchos niños hacen las maletas una y otra vez: unos días con mamá, otros con papá, una semana en un campamento, unos días con los abuelos, después de nuevo a casa y, quizá, unos días de vacaciones en familia. Para muchos hogares, organizar el verano supone hacer verdaderos malabarismos para conseguir compatibilizar el trabajo de los adultos con el largo periodo sin colegio.

Pero, desde el punto de vista psicológico, cabe hacerse una pregunta: ¿es beneficioso para los niños vivir un verano dividido en tantas etapas y con tantos cambios?

La respuesta no es sencilla. Los campamentos, las estancias con los abuelos o las vacaciones con cada progenitor pueden ser experiencias muy positivas. El problema aparece cuando el verano se convierte en una sucesión constante de cambios, desplazamientos, actividades y horarios diferentes, sin apenas tiempo para descansar, jugar libremente y simplemente estar.

¿Necesitan los niños tantas actividades durante las vacaciones?

Durante el curso escolar, los niños mantienen una estructura muy marcada: madrugan, van al colegio, realizan actividades extraescolares, hacen deberes, tienen horarios de comidas y de sueño y cumplen numerosas obligaciones. Por eso, las vacaciones deberían permitir cierto cambio de ritmo.

Descansar no significa que los niños tengan que estar todo el día tumbados o utilizando pantallas. Significa reducir la presión, disponer de más tiempo libre y recuperar actividades que durante el curso quedan relegadas a un segundo plano.

El juego libre es especialmente importante. Cuando un niño puede decidir a qué jugar, con quién, cómo organizarse y cuánto tiempo dedicar a una actividad, está desarrollando habilidades de planificación, creatividad, negociación, resolución de problemas y regulación emocional.

Por eso, no es necesario llenar cada día del verano con propuestas educativas. Las vacaciones no tienen que convertirse en una extensión del curso escolar.

Esto tampoco significa que todas las actividades sean negativas. Un campamento puede aportar autonomía, habilidades sociales, experiencias nuevas y diversión. Pasar unos días con los abuelos puede fortalecer el vínculo familiar y proporcionar experiencias intergeneracionales muy valiosas. Viajar permite descubrir otros lugares y adaptarse a situaciones nuevas.

La clave está en el equilibrio y en el ritmo.

Vacaciones escolares: ¿Qué podemos hacer para que las vacaciones sean beneficiosas para los niños?

¿Es malo que los niños pasen el verano de un sitio a otro?

No necesariamente. Cada familia tiene unas circunstancias y no existe un único modelo de vacaciones adecuado para todos los niños.

Sin embargo, conviene observar cómo está viviendo el menor esa organización. Hay niños que disfrutan enormemente de los cambios y otros que necesitan más estabilidad y anticipación. También influye la edad, el temperamento, la relación entre los adultos responsables y la calidad de los vínculos que mantienen con las distintas personas que les cuidan.

Cuando un niño pasa continuamente de una casa a otra, puede necesitar tiempo para adaptarse a cada nuevo espacio, normas, horarios y rutinas. Cuantos más cambios haya, más importante resulta anticiparlos y mantener algunos elementos estables. Por ejemplo, podemos intentar conservar horarios razonablemente parecidos para dormir y comer, llevar algún objeto que le resulte familiar y explicar con antelación dónde estará y cuándo volverá a ver a las personas importantes para él.

En el caso de familias separadas, además, es especialmente importante que el menor no sienta que tiene que elegir entre sus progenitores ni que las vacaciones son una competición. Lo saludable es que pueda disfrutar del tiempo con cada uno de ellos sin cargar con conflictos adultos.

¿Deberíamos aumentar los días lectivos o repartir mejor las vacaciones?

Esta es una cuestión educativa y social compleja. En España existe un periodo de vacaciones escolares de verano relativamente largo, pero no es correcto asumir que la solución pasa simplemente por aumentar los días lectivos.

Los datos de la OCDE muestran que la duración y distribución de las vacaciones varían mucho entre países. De media, los estudiantes de primaria de la OCDE tienen alrededor de 14 semanas de vacaciones al año. En España, las vacaciones escolares totales en primaria alcanzan las 13,8 semanas, frente a las 13,5 semanas de media de la OCDE. Es decir, la diferencia global no es tan grande como a veces puede parecer.

Además, la OCDE señala que la cantidad de tiempo de instrucción no está estrechamente relacionada con el rendimiento académico. La calidad de la enseñanza y otros factores también tienen un papel fundamental. Por tanto, no podemos concluir que alargar el calendario escolar vaya a mejorar automáticamente el aprendizaje.

La cuestión quizá debería plantearse desde una perspectiva más amplia: ¿cómo diseñamos un calendario escolar que tenga en cuenta las necesidades de aprendizaje de los niños, su descanso y, al mismo tiempo, las necesidades de conciliación de las familias?

No se trata únicamente de decidir si hay que tener más o menos días de colegio, sino de cómo distribuirlos y qué necesitan los niños durante los periodos de descanso.

¿Qué ocurre en otros países europeos?

Los calendarios escolares europeos son muy diferentes. Algunos países concentran más las vacaciones en verano, mientras que otros distribuyen mejor los periodos de descanso durante el curso. La OCDE recoge diferencias importantes: el conjunto de las vacaciones escolares puede ir desde menos de 11 semanas en algunos sistemas hasta 17 semanas en otros.

También varía el número de días de clase y la manera de repartirlos. En el conjunto de países de la OCDE, el alumnado recibe de media unas 38 semanas de enseñanza al año, aunque existen diferencias considerables entre sistemas educativos.

Por tanto, no existe un único modelo europeo que podamos importar directamente a España. Cualquier reforma debería tener en cuenta tanto la evidencia educativa como las necesidades de descanso infantil y la realidad de las familias.

Actividades que conviene evitar durante las vacaciones

Hay algunas prácticas que pueden hacer que el verano deje de ser realmente un periodo de descanso:

  • Sobrecargar la agenda con campamentos, clases, actividades y extraescolares todos los días.
  • Convertir las vacaciones en una competición de experiencias: “tenemos que aprovechar el verano”.
  • Mantener una exigencia académica excesiva cuando el niño necesita desconectar.
  • Sustituir buena parte del tiempo libre por pantallas.
  • Impedir que exista tiempo para aburrirse. El aburrimiento, en dosis razonables, también permite que aparezca el juego espontáneo y la creatividad.
  • Hacer cambios constantes sin anticiparlos ni explicar al niño qué va a ocurrir.
  • Mantener unos horarios completamente desorganizados durante todo el verano y pretender recuperar las rutinas de un día para otro al comenzar el colegio.

¿Qué podemos hacer para que las vacaciones sean beneficiosas?

Un buen verano no tiene que ser el que acumula más actividades, viajes o experiencias. Puede ser, sencillamente, aquel en el que los niños tienen tiempo para descansar, jugar, relacionarse y disfrutar de sus figuras de referencia. Es recomendable mantener unas rutinas básicas, especialmente en sueño, alimentación e higiene, aunque sean más flexibles que durante el curso. También conviene reservar espacios de juego libre, actividades al aire libre y momentos de convivencia familiar.

Y, sobre todo, debemos recordar que los niños no necesitan un verano perfecto. Necesitan adultos disponibles emocionalmente, seguridad, afecto, límites adecuados y oportunidades para desarrollar autonomía.

Las vacaciones escolares también son una oportunidad educativa, aunque no necesariamente a través de fichas o ejercicios. Aprender a organizar el tiempo, preparar una mochila, ayudar en casa, convivir con los abuelos, resolver un pequeño conflicto con un amigo, aburrirse y buscar una actividad o esperar a que llegue el momento de hacer algo también son aprendizajes.

Quizá el objetivo no debería ser conseguir que nuestros hijos tengan un verano lleno de planes, sino que puedan volver al colegio en septiembre descansados, emocionalmente regulados y con la sensación de haber disfrutado de su tiempo libre, porque descansar también forma parte del desarrollo.

Y en una sociedad en la que el tiempo familiar y la conciliación siguen siendo un reto, la conversación sobre las vacaciones escolares no debería limitarse a cuántos días de colegio hay. También deberíamos preguntarnos qué necesitan realmente los niños para crecer, aprender y estar bien.

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Me llamo Silvia Álava, nací en Valladolid, aunque hace más de veinte años que vivo en Madrid. Soy Doctora y licenciada en Psicología por la Universidad Autónoma en Madrid.

Especialista en Psicología General Sanitaria y en Psicología Educativa estoy acreditada por el Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid como Psicóloga Educativa, y soy Psicólogo acreditado para el ejercicio de actividades sanitarias en el Registro de Centros Sanitarios de la Comunidad de Madrid.