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Jóvenes preparados académicamente… pero con pocas herramientas emocionales: el origen de un malestar creciente

En los últimos años se ha intensificado el debate sobre la salud mental de los jóvenes. Cada vez es más frecuente escuchar que las nuevas generaciones presentan niveles elevados de ansiedad, estrés o sensación de incertidumbre. Sin embargo, el análisis psicológico revela una paradoja interesante: muchos jóvenes están muy bien preparados académicamente, pero no siempre cuentan con las herramientas emocionales necesarias para gestionar las dificultades de la vida.

En una entrevista en el programa de TRECE TV, reflexionamos sobre este fenómeno y explicamos por qué el malestar emocional entre los jóvenes está aumentando en un contexto social y laboral especialmente complejo.


Una generación muy preparada académicamente

Las nuevas generaciones han crecido en un entorno donde la formación académica se ha convertido en un elemento clave para el futuro profesional. Es habitual encontrar jóvenes con carreras universitarias, másteres y una alta cualificación.

Sin embargo, esta preparación intelectual no siempre va acompañada de un aprendizaje equivalente en el ámbito emocional.

Como explica Silvia Álava, muchos jóvenes han aprendido a estudiar, rendir académicamente y alcanzar objetivos formativos, pero nadie les ha enseñado realmente a comprender lo que sienten, gestionar la frustración o afrontar la incertidumbre.

Esto genera un desequilibrio importante entre las exigencias del entorno y los recursos personales disponibles para afrontarlas.

Falta de herramientas de inteligencia emocional

La inteligencia emocional incluye habilidades fundamentales como:

  • Identificar y comprender las propias emociones
  • Regular el estrés y la ansiedad
  • Tolerar la frustración
  • Manejar la incertidumbre
  • Resolver conflictos interpersonales

Estas competencias no siempre se enseñan de forma explícita ni en el sistema educativo ni en muchos contextos familiares.

El resultado es que muchos jóvenes llegan a la vida adulta con una excelente formación técnica o académica, pero con pocos recursos para gestionar su mundo interior.

Cuando aparecen dificultades —fracaso laboral, presión social, rupturas afectivas o incertidumbre económica— pueden sentirse desbordados porque nadie les ha enseñado a interpretar y manejar esas emociones.

Un contexto social y laboral cada vez más complejo

A esta falta de herramientas emocionales se suma otro factor clave: el entorno actual es especialmente exigente para los jóvenes.

En muchos países, el acceso al empleo estable o a la vivienda resulta cada vez más difícil. La precariedad laboral, la incertidumbre económica o la dificultad para planificar el futuro generan un contexto de inestabilidad que impacta directamente en el bienestar psicológico.

Este escenario produce una sensación frecuente entre muchos jóvenes: han hecho todo lo que se esperaba de ellos —estudiar, formarse, esforzarse— pero aun así el futuro parece incierto.

Cuando esa percepción se combina con una baja tolerancia a la frustración o con escasas herramientas emocionales, el resultado puede ser un aumento del malestar psicológico.

Jóvenes muy preparados… pero con pocas herramientas emocionales: el origen de un malestar creciente

El riesgo de esperar a “romperse” para pedir ayuda

Otro aspecto que destaca Silvia Álava es que todavía existe una tendencia a buscar ayuda psicológica únicamente cuando el malestar ya es muy intenso.

Sin embargo, la psicología no debería entenderse solo como una herramienta para intervenir cuando aparece un problema grave. También puede ser una herramienta preventiva, que permita desarrollar recursos emocionales antes de que las dificultades se conviertan en crisis.

Aprender a reconocer lo que sentimos, gestionar las preocupaciones o relativizar los problemas forma parte del entrenamiento emocional necesario para la vida adulta.

La importancia de educar también las emociones

Si queremos mejorar el bienestar psicológico de las nuevas generaciones, es fundamental que la educación no se limite únicamente al desarrollo académico.

La educación emocional debería ocupar un papel más relevante tanto en el ámbito familiar como en el educativo.

Esto implica enseñar a los jóvenes a:

  • Comprender sus emociones
  • Tolerar la frustración
  • Manejar el error como parte del aprendizaje
  • Desarrollar resiliencia
  • Construir una autoestima sólida

Estas habilidades no solo ayudan a afrontar las dificultades personales, sino que también son claves para el desarrollo profesional y social.

Preparar para la vida, no solo para los exámenes

El gran reto de nuestra sociedad no es únicamente formar jóvenes brillantes desde el punto de vista académico, sino preparar personas capaces de gestionar la vida con equilibrio emocional.

La formación intelectual es imprescindible, pero resulta insuficiente si no se acompaña de herramientas para afrontar la incertidumbre, el estrés o las dificultades personales.

El objetivo no es eliminar los problemas (porque forman parte inevitable de la vida) sino aprender a afrontarlos con recursos emocionales suficientes.

Porque, al final, tan importante como saber mucho es saber gestionar lo que sentimos cuando las cosas no salen como esperábamos.

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Me llamo Silvia Álava, nací en Valladolid, aunque hace más de veinte años que vivo en Madrid. Soy Doctora y licenciada en Psicología por la Universidad Autónoma en Madrid.

Especialista en Psicología General Sanitaria y en Psicología Educativa estoy acreditada por el Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid como Psicóloga Educativa, y soy Psicólogo acreditado para el ejercicio de actividades sanitarias en el Registro de Centros Sanitarios de la Comunidad de Madrid.