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¿Y ahora qué hago? La gran pregunta cuando llega la hora de jubilarse

La jubilación puede suponer en ocasiones un desafío si no sabemos gestionar nuestro tiempo libre. «Tener demasiado tiempo libre puedo abrumar»

Por Miguel Salazar

Un informe de la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) acaba de publicar el listado de las ciudades más cómodas de nuestro país para pasar la etapa de la jubilación. El ranking no lo lidera, como pensarás, ni Benidorm ni Málaga. La ciudad gallega de Vigo es, según el análisis, el sitio idóneo para vivir cuando te retires de la vida profesional. Le siguen Zaragoza, Bilbao, Alicante, Las Palmas de Gran Canaria, Málaga, Madrid, Sevilla, Valencia y Gijón, que cierra el ‘top 10’.

Pero detrás de estos datos, la situación del jubilado esconde una ‘cara b‘: el aislamiento.

Antonio ejerció como notario durante más de 40 años. Al dejar de trabajar, su vida cambió y se encontró frustrado porque apenas se había preparado para la jubilación. Hacía algo de deporte, pero su nivel de actividad bajó considerablemente y eso provocó en él un deterioro importante a nivel mental. Antena 3 Noticias ha contactado con dos psicólogos para entender qué sucede cuando una persona llega a la jubilación y apenas sabe aprovechar todo el tiempo libre del que dispone.

«Cuando llega el momento de jubilarnos, podemos encontrar muchas ventajas pero no hemos previsto tener la capacidad de gestionar todo nuestro tiempo y también hay un cambio en nuestros ingresos económicos», explica Rafael San Román. El psicólogo cree que «fantaseamos» con el momento de jubilarnos porque tenemos más disponibilidad para hacer todo aquello que no hemos podido realizar en la etapa profesional. Pero, según él, puede «resultar abrumador» y «podemos tener una sensación de aprovechar menos el tiempo». En cualquier caso, lo que el especialista define como «un hito evolutivo de nuestro ciclo vital» puede alertarnos de que «la vejez ya está llegando». Eso, tal y como explica San Román, puede ser en ocasiones «agobiante«.

Por su parte, la doctora en psicología Silvia Álava, habla de otra cuestión clave en la etapa. «El principal problema puede ser el aislamiento», dice. Pone de ejemplo algún profesional que haya vivido con mucha actividad y mucha interacción social durante años. «De repente eso para y hay personas que se pueden quedar muy metidas en casa», explica. La vida de Antonio, desde que dejó de trabajar, consiste en una rutina que afecta negativamente a su salud: apenas socializa, lee algo el periódico y pasa muchas horas descansando, algo que no necesita porque apenas pierde energía. Por ello, Álava recuerda que es muy «importante» mantener un estilo de vida saludable.

¿Cuál es el mejor momento para jubilarse?

Además, la especialista habla en concreto de aquellas personas que han tenido una vida laboral muy intensa, de los que han tenido un cargo con mucha responsabilidad y «están acostumbrados a una capacidad de decisión alta». Lo primero que destaca en este asunto es si el trabajador está convencido de que desea realmente jubilarse.

«Hay un problema de edadismo«, lamenta al añadir que a veces la sociedad da por hecho que una persona de una determinada edad no va a realizar correctamente su trabajo. Por eso muchas veces cuesta elegir el momento de la vida en el que sea oportuno retirarnos. Dice el refrán que una retirada a tiempo, es un victoria. Y así puede ser porque, según Rafael San Román, esta decisión se debe tomar cuando uno sienta que «llega el fin de nuestra faceta profesional«. De hecho, lo considera un «duelo» porque es esencial que el trabajador no deje ninguna meta pendiente en su vida profesional.

En 2024, para elegir la jubilación anticipada voluntaria a los 63 años y recibir el 100% de la pensión, es necesario haber cotizado como mínimo 36 años y 6 meses. En Francia la edad a la que debe jubilarse el trabajador ha sido objeto de debate tras la reforma que aprobó el Ejecutivo de Macron por la que se prolongaba dos años más, pasando de los 62 a los 64 años.

«Hay que escuchar a la persona, porque cuando llega la edad de jubilarse está perfectamente, a lo mejor quiere seguir», señala Silvia Álava.

Consejos para sacar provecho de la jubilación

Ante toda esta problemática, muy ligada a la salud mental, los expertos proponen una serie de pautas para sacar el máximo rendimiento de la etapa. Una podría ser un cambio de ciudad, como analiza la OCU en su informe publicado recientemente. Quizás más de uno podría plantearse pasar el resto de su vida en Vigo, en Zaragoza o en Bilbao… pero lo que está claro es que es esencial que la persona se haya preparado para la etapa vital. «Es importante darnos tiempo para decidir cómo queremos utilizar nuestro tiempo, esto lo podemos haber hecho antes de jubilarnos», comenta Rafael San Román.

Considera clave desarrollar una «mentalidad creativa y tener estímulos» para que el pesimismo se apodere de nosotros. «Debemos hacer una transición de una manera que sea saludable», recomienda. Por su parte, la doctora en psicología Silvia Álava aconseja hacer deporte, estar con más personas y buscar aquellos hobbies que la persona ya jubilada no ha podido hacer antes «por falta de tiempo». «Si nuestra vida se reduce a las visitas al médico, puede haber un bajón importante«, concluye.

FUENTE: antena3.com

Premiar a los niños con tiempo de pantalla es tan malo como darles chucherías. Colaboración con el diario El País

Un estudio canadiense recalca que el castigo tampoco es eficaz, ya que cuanto más deseamos algo, más lo hacemos. El ejemplo paterno es lo mejor para el buen uso de la tecnología.

Por Carolina García  Twitter

Usar los aparatos electrónicos como castigo o como recompensa con nuestros hijos no es lo más recomendable. Así lo concluye un estudio elaborado por la Universidad de Guelph en Canadá y publicado en la revista BMC Obesity. Es más, los investigadores añaden que utilizar esto como método correctivo hace que los menores pasen más tiempo usando su tableta o smartphone o viendo la televisión, que aquellos niños a los que sus padres no reprenden o premian con estos dispositivos.

“Es lo mismo que premiar o castigar a los más pequeños con chucherías, ya que lo que conseguimos es que aumente su deseo de comerlas, de tenerlas, lo que podría tener un efecto en su estado de salud”, asegura Jess Haines, una de las autoras en un comunicado. “Lo que consigues es que prefieran un pastel a una zanahoria. Pues lo mismo ocurre con el uso de la tecnología y el deseo de pasar más tiempo frente a una pantalla. Si se lo prohíbo, cuando lo tenga, querrá más. Si le recompenso con tiempo de pantalla, estará más tiempo y se podría volver más sedentario”, añade la experta.

Con una muestra de 62 niños entre 18 meses y cinco años y 68 padres y madres, “queríamos investigar el impacto de las prácticas paternas con los dispositivos electrónicos y su efecto en los pequeños preescolares”, sostiene la autora de la investigación canadiense. De esta forma, preguntaron a los progenitores varias cosas, como cómo vigilaban el uso de dispositivos de sus hijos; cuándo les dejaban utilizarlos y si ellos mismos lo hacían delante de sus retoños. “Era importante estudiarlo, ya que a esta edad es cuando los niños comienzan a establecer hábitos y rutinas que continuarán a lo largo de su vida. Además, ha aumentado el uso de estos dispositivos en estas edades en los últimos años”, prosigue Haines.

Los resultados concluyen que de media los niños pasaban casi una hora y media delante de una pantalla durante los días de la semana y un poco más de dos horas, los fines de semana. Por su parte, los padres pasan una media de dos horas los días laborables y hasta dos y media los sábados y domingos. La Asociación Americana de Pediatría recomienda, por ejemplo, que los niños de menos de 18 meses no deberían usar nunca ningún tipo de pantalla. Y según explica la investigadora en el texto, en Canadá “solo un 15% de los preescolares cumplen el protocolo tecnológico de este país, que indica que estos deben pasar menos de una hora al día frente a estos dispositivos”.

Entre los factores que influyen en el uso de los dispositivos está cuando los padres lo usan como premio o reprimenda. “Este comportamiento correctivo o de recompensa hace que los niños pasen 20 minutos más al día frente a una pantalla”, continúa la experta en el texto. “Y este aumenta un poco más los fines de semana y creemos que se debe a que los progenitores pasan más tiempo con sus hijos y también más tiempo con sus dispositivos”. Según sus resultados, si los padres ven la tele con sus hijos, estos ven más tele, por ejemplo. “Esto es algo que ocurre menos cuanto más pequeños son los hijos, ya que los progenitores suelen aprovechar para ver la tele o usar sus dispositivos cuando estos, por ejemplo, están durmiendo la siesta”, subraya Haines.

Además, los autores del estudio son contundentes: no se deben usar pantallas durante las comidas, “sino que tiene que ser un tiempo para aprovechar en familia”. Hacer que los hijos pasen el menor tiempo posible frente a una pantalla es bueno para la salud de los niños, “recordemos que tener una vida sedentaria está vinculada con un mayor riesgo de padecer obesidad, con un menor rendimiento escolar y con habilidades sociales más pobres”. Cabe recordar que la obesidad infantil ha sido reconocida por la Organización Mundial de la Salud, como una creciente epidemia. Es más la prevalencia, según explica esta misma organización, está estimada en 41 millones de niños con sobrepeso u obesos en el mundo.

Y añaden que usar estos dispositivos también les aleja de tener relaciones satisfactorias con sus iguales. “Nuestra esperanza es que estos resultados hagan que los padres sean cautelosos ante de los dispositivos y en cómo educan a sus hijos a este respecto”, concluye Haines.

Consultada en relación a este estudio, la psicóloga infantil Silvia Álava asegura que «efectivamente, es peligroso o inadecuado relacionar el uso de dispositivos con un castigo o un premio. En el primer caso, los psicólogos estamos en contra del castigo, ya que el niño no aprende, no sabe cuál o cómo se corrige la conducta por la que ha sido reprendido. No es un buen uso. Si le prohíbo el uso de pantallas, en cuanto se las ponga delante se volverá loco. Fomentaré su deseo, las ganas. Cuando hace algo mal, es mejor explicarle las cosas, que aprenda a hacerlas bien o cómo tiene que hacerlas, paso a paso, lo que haga falta». «En cuanto a los premios es distinto. Está bien premiar a los más pequeños, que se recompense una tarea que han hecho bien o que les ha ocasionado cierto esfuerzo. Pero hay que premiar de forma coherente, con algo que desee el pequeño. Pero siempre debe ser algo vigilado y con control paterno, no aumentando el tiempo de pantallas, por ejemplo, que hace que el niño no interactúe con otros o que no juegue de forma activa, ambos comportamientos ideales para pequeños preescolares y más mayores», añade la autora de Queremos hijos felices, entre otros títulos.

«Los padres tienen que ser cautelosos con el uso de los dispositivos. Si los usan mucho, el niño percibe que pueden usarlo y que no pasa nada. Dejemos el móvil a un lado cuando estemos con nuestros hijos. El tiempo libre no es para estar más conectados, sino para disfrutar todos juntos y cuando son pequeños por qué no apostar por el juego guiado, por ejemplo», incide la psicóloga.

FUENTE: Diario El País