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¿Necesito buscar culpables? Colaboración con Padres Y Colegios

Seguro que todos conocemos personas que cuando no se encuentran bien, cuando las cosas no ocurren como a ellos les gustaría, o incluso, en situaciones extremas como las que vivimos por el confinamiento debido al coronavirus, se obsesionan con buscar a un culpable.

¿Qué ganamos con esta actitud?

La respuesta es contundente: NADA. Incluso es algo nocivo para nuestra salud:

  • Cuando ponemos el foco en buscar quién tiene la culpa estamos generando emociones desagradables, tanto en nosotros, como en los demás.
  • Mi atención se centra en lo que los demás hacen o dejan de hacer,por tanto, en lo que no depende de mí, lo que me deja muy poco margen para la acción y para resolver la situación.
  • Generamos una actitud de victimismo, que es justo la contraria a la necesaria para favorecer la resiliencia, o lo que es lo mismo, crecer ante la adversidad.
  • No nos permite aprender de la situación, porque estamos externalizando cualquier tipo de responsabilidad o acción de enmienda por nuestra parte.
  • Nos impide la posibilidad de crecer como personas,de sacar de la adversidad una mejor versión de nosotros mismos.
  • Cuando nos centramos en criticar a los demás, sin aportar nada constructivo, sin dar un feedback de lo que creemos que se hizo bien, corremos el riesgo de convertirnos en personas tóxicas, dado que generamos emociones desagradables en los demás.
  • Y el problema es cuando, además, enseñamos a los niños a buscar los culpables fuera, en lugar de aprender del error y a reflexionar sobre qué pueden hacer ellos para solventar la situación.

Es cierto que muchas veces la situación es complicada, mucho más de lo que nos gustaría, y que nosotros no somos los que hemos originado el problema, lo que facilita el proceso de búsqueda los culpables, así que…

¿Qué podemos hacer?

1. Reflexiona sobre la situación¿qué puedes hacer tú para mejorarla?

2. Céntrate en tu área de acción.Es decir, en las cosas que dependen el 100% de ti.

3. Aparta todas las cosas que no dependen de ti, las que tienen que ver con la sociedad o con personas que ni siquiera conoces.

4. Si necesitas pedir ayuda, pídela.

5. No fomentes el rencor. Imagina que por cada persona que le guardas rencor por lo que hizo, te dijo, o por lo que te hubiese gustado que hiciera, es una piedra que cargas en tu mochila. ¿Estás dispuesto a cargar con ese peso?

6. Trabaja el perdón, es la mejor fórmula para no buscar culpables y generar rencores.

Todo esto es necesario trabajarlo con los niños

No nos podemos olvidar de que, tal y como hemos comentado varias veces, los niños aprenden por modelado, es decir, copian a sus adultos de referencia, que principalmente son sus progenitores y sus maestros.

Hay muchas situaciones en el día a día para ponerlo en práctica. Por ejemplo, cuando nos cuentan que han discutido con un amigo, o que han tenido un problema en el recreo, o en una conversación online entre amigos… ¿qué podemos hacer en esos casos?

1. Escuchar atentamente a tu hijo su versión, sin interrumpir su discurso.

2. Ponte a su altura. Si hace falta agáchate o siéntate a su lado para que se sienta escuchado.

3. Una vez que nos haya contado lo ocurrido, pregúntale cómo se ha sentido.No te conformes con una respuesta del tipo “bien” o “mal”, sólo nos está diciendo si lo que siente es agradable o desagradable. Pregúntale por la emoción en concreto.

4. Si no sabe decirnos cómo se siente, puedes probar a decirle “yo creo que por lo que me cuentas te sentiste decepcionado, porque tú esperabas que tu amigo te dejase jugar con él, o porque te hubiese gustado que tu amiga te hubiese invitado a su casa el fin de semana…

5. Una vez que ya sabe cómo se siente, es el momento de trabajar la empatía, preguntarle cómo cree que se ha sentido su amigo. En estas situaciones muchas veces los niños piensan que su compañero ha hecho algo adrede para hacerle sentir mal, cuando en absoluto ha sido así.

6. También es importante que les invitemos a reflexionar sobre cómo ellos han hecho sentirse a los demás. No sólo poner el foco en nosotros mismos, y sobre todo ayudarles a entender que estar enfadado con alguien no justifica decirle o hacerle algo que le haga daño, porque podemos hacerle sentir mal.

7. Buscar entre los dos la mejor solución posible, desde pedir perdón, invitarle a volver a jugar con nosotros… Se trata de que los adultos seamos un modelo conciliador, en el que todos hacemos por solventar la situación.

8. Nunca educar en el resentimiento. En ocasiones somos los propios adultos los que llevamos la cuenta de las “faenas” o los “feos” que un determinado niño ha hecho a nuestro hijo y sin querer estamos buscando un culpable y haciéndole a él la víctima. De esta forma no fomentamos que adquiera empatía ni habilidades sociales.

9. Ayudarle a que se capaz de expresar a sus amigos cómo se ha sentido en esa situación en concreto. Utilizando en todo momento fórmulas asertivas, respetando los sentimientos y las opiniones de los demás, pero no quedándose callado.

Se trata de enseñar a los niños a fomentar el pensamiento crítico, pero desde la iniciativa personal y viviendo cada situación como una nueva oportunidad para aprender.

FUENTE: PadresyColegios.com

Para promover una alimentación sana es necesario trabajar la educación emocional. Colaboración con Padres y Colegios

Estar informados no es suficiente

Casi todos los días recibimos noticias alarmantes sobre la relación entre la obesidad y enfermedades como la diabetes, el cáncer… Con los niños y niñas este problema es, si cabe, todavía más alarmante. La obesidad infantil está considerada como uno de los mayores retos a nivel mundial y un problema de salud pública de primer orden por las complicaciones de salud asociadas. A nivel nacional, según el Estudio Aladino, un 43% de los niños españoles entre 6 y 9 años presenta exceso de peso. El sobrepeso tiende a mantenerse e incluso agravarse en la vida adulta y existe una alta prevalencia de problemas a nivel psicológico y social en los niños y niñas con obesidad infantil. Por todo ello es fundamental fomentar unos correctos hábitos de alimentación saludables tanto en la familia como en la escuela, siendo necesario inculcar a los menores los cuidados básicos del cuerpo.

Un 43% de los niños españoles entre 6 y 9 años presenta exceso de peso.

El hambre emocional

Las causas de la obesidad infantil son múltiples y sería necesario hacer un análisis en profundidad de cada caso. Sin embargo, muchas veces, detrás de una ingesta compulsiva y atracones, está el hambre emocional, que hace que sigamos comiendo pese a estar saciados, porque se trata de una mala regulación de las emociones. En estos casos, las personas suelen elegir alimentos ricos en grasas o azúcares. Al comer este tipo de alimentos, se experimenta una intensa sensación de placer a causa de la liberación de endorfinas y dopaminas en el cerebro. Sin embargo, la comida no sirve para regular las emociones, dado que en cuanto acabe el placer momentáneo de comer, las emociones que desencadenaron las ganas de comer permanecerán. Por eso, es necesario trabajar desde el origen del problema, el déficit en la regulación emocional.

Las emociones se educan en la familia y en la escuela

Y muchas veces se hace sin mucha planificación. Dada la importancia que sabemos que tiene el correcto manejo de las emociones a la hora de mantener una buena pauta alimentaria, es necesario establecer una metodología que ayude a mejorarlas ya desde niños. Para ello, es conveniente realizar una intervención planificada, e introducir un buen Programa de Educación Emocional.

Programa de Educación Emocional

La inteligencia emocional es la habilidad para percibir, valorar y expresar la emoción adecuada y adaptativamente; comprender la emoción y el conocimiento emocional; acceder y/o generar sentimientos que faciliten las actividades cognitivas y la acción adaptativa y regular las emociones en uno mismo y en otros (Salovey y Mayer, 1990).

La percepción emocional

La primera habilidad de la inteligencia emocional es la percepción emocional. Se trata de enseñar tanto a nuestros hijos como a nuestros alumnos, qué es lo que están sintiendo, que aprendan a identificar y expresar correctamente su emoción. Si esta primera habilidad falla será muy complicado regular la emoción. Cuando hablamos de sobrepeso, muchas personas tienen problemas para identificar correctamente lo que sienten, no son conscientes de ello, sólo saben que se sienten mal, y que ingiriendo alimentos ricos en grasas y azúcares conseguirán de forma momentánea sentirse mejor por la liberación de endorfinas y dopaminas. Pero dicha mejoría tiene un efecto muy corto, solo dura mientras comen, por eso aparece un círculo vicioso en el que no pueden parar de comer. Por ello, insistimos tanto en la correcta expresión de las emociones. Saber que estoy experimentando una emoción desagradable y que comer no es la solución es el primer paso para regular las emociones y evitar el atracón.

La facilitación emocional

La segunda habilidad es la facilitación emocional, utilizar la información que nos proporcionan las emociones para poder hacer una buena toma de decisiones, saber que, si me siento así, es por algo, no obviarlo ni intentar taparlo con la comida. Indagar en esa información, utilizarla para conocerme mejor y poder mejorar mi relación con el entorno.

La comprensión emocional

La tercera habilidad es la comprensión emocional, entender por qué me siento de una determinada forma, cuál es la causa de emoción, y también las consecuencias de esta. Saber qué me pasa y cuál es la causa, ayuda a regular correctamente las emociones, porque podemos pensar una mejor solución. Cuando conocemos por qué se ha originado una determinada emoción, sabemos que comiendo no vamos a encontrar la solución a nuestro problema, incluso puede que se agrave porque estamos perjudicando aún más nuestra salud.

La regulación emocional

La última habilidad de la inteligencia emocional, la más compleja y la que tiene una relación más directa con la obesidad, es la regulación emocional. Solo cuando sabemos exactamente qué emoción sentimos, conocemos cómo nombrarla y cómo expresarla correctamente, las causas y las consecuencias de esta, y la hemos aceptado, es cuando podemos regular la emoción utilizando estrategias más sanas y saludables que comer de forma compulsiva para tapar las emociones desagradables que sentimos en nuestro día a día.

Todo este aprendizaje es necesario trasladarlo a los más pequeños.

FUENTE: PadresyColegios.com

10 Consejos para ayudar a los niños a superar el miedo. Colaboración con Padres y Colegios

Todos, tanto los niños como los adultos en alguna ocasión tenemos miedo. Y es algo que a veces nos cuesta expresar y asimilar. Nuestros hijos e hijas y nuestros alumnos y alumnas muchas veces tienen miedo y no saben reconocerlo, ni expresarlo, ni gestionarlo. El miedo no es malo, es una emoción, que además tiene un valor fundamental para nuestra especie.

¿Para qué sirve el miedo?

El miedo ha tenido y tiene un valor fundamental para la supervivencia. Es una alarma psicológica, que sirve para avisarnos de que una situación es peligrosa. Hace que se facilite la respuesta de escape. El miedo prepara al organismo para salir corriendo. Por eso cuando sentimos miedo el corazón late más deprisa, hiperventilamos, los músculos, principalmente de las piernas, se tensan… todo ello facilita la huida en una situación potencialmente peligrosa.

Cuando tenemos miedo, la atención se redirige y prestamos una atención exclusiva al estímulo temido. Nuestro cuerpo y nuestra mente actúa así, porque quieren tener bajo control algo que consideran potencialmente peligroso. Por eso, si tienes miedo a un bicho que ha entrado en la habitación donde estás, no puedes dejar de seguirlo con la mirada y eres incapaz de seguir con tu tarea.

El miedo nos prepara para poder reaccionar de forma rápida e instintiva a los estímulos potencialmente peligrosos. Si no sintiésemos miedo, tendríamos problemas para reaccionar de forma correcta ante el peligro y no tomaríamos precaución a la hora de enfrentarnos a situaciones peligrosas. Por ejemplo, el miedo ayuda a cruzar con cuidado una calle. Si enseñamos a los niños y niñas que pueden ser atropellados por un coche, serán más precavidos y cruzarán la calle con más cuidado.

El problema es cuando tenemos miedo a cosas o situaciones que a priori no son peligrosas. En el caso de los niños existen miedos de tipo evolutivo que es importante conocer.

¿Por qué es importante conocer los miedos de nuestros hijos y alumnos?

Frases como “sentir miedo es de débiles”, “el miedo es opcional”, “no tengas miedo”… no ayudan a conocer ni a gestionar esta emoción correctamente. Conocer los miedos que pueden tener los niños a las diferentes edades y cómo actuar ante ellos ayudará a que los menores los superen y no se queden enquistados.

Los niños experimentan miedos muy diferentes a lo largo de su desarrollo, muchos de ellos, son normales evolutivamente hablando y desparecerán con el tiempo.

Así, los niños de hasta 3 años pueden tener miedo a la separación de los padres, y los ruidos fuertes o sobresaltos inesperados es fácil que les asunten.

A partir de los 3 años el desarrollo cognitivo del niño es mayor y por eso pueden experimentar miedo ante seres imaginarios como fantasmas o monstruos. También en esta etapa pueden sentir miedo a los animales y a dormir solos.

De los 6 a los 9 años, los miedos ya no son tanto a seres imaginarios, sino que se vuelven más realistas y específicos. A esta edad puede aparecer el miedo a la propia muerte o a la de un familiar, a la sangre, agujas…

En la preadolescencia suelen reducirse los miedos a los animales y se incrementan el miedo a la crítica, al fracaso o a suspender.

Al llegar a la adolescencia decrecen los miedos relacionados con la muerte y el peligro y aparecen los miedos relacionados con la sexualidad.

10 consejos para ayudar a los niños a superar su miedo:

1.Observa tu comportamiento. No olvides que los niños copian a sus adultos de referencia, que son sus padres. Los padres son el modelo a seguir. Unos padres asustadizos y con miedo están enseñando a sus hijos a tener miedo.

2.Mantén la calma. Si tu hijo o un alumno te ve asustado interpretará que su miedo es real y cada vez lo experimentará con una mayor intensidad.

3.No muestres al niño una excesiva preocupación por su miedo.

4.Debemos transmitir firmeza y seguridad, no miedo y angustia.

5.Utiliza el sentido del humor; esto ayudará a que el niño se relaje y pueda relativizar sus miedos. Pero no te equivoques: no se trata de reírnos de él, tal actitud, además de agravar el problema, puede afectar a su seguridad y a su autoestima.

6.Controla los dibujos y las películas que ven los niños.Aunque sean aptos para su edad, puede que muestren determinados personajes o situaciones que les den miedo.

7.Haz aproximaciones sucesivas. Que poco a poco se vaya enfrentado con éxito a los miedos, empezando siempre por los temores más bajos e ir de forma gradual incrementando la exposición a lo que más miedo le da.

8.La clave es acompañar. No le dejes solo, pero tampoco lo resuelvas por él. Que sepa que estarás a su lado pero que tiene que enfrentarse él.

9.Prueba a ridiculizar los miedos. Como por ejemplo pintar el monstruo o fantasma que lo asusta y tacharlo, o ponerle lazos para que provoque risa en lugar de miedo.

10.Practica con él alguna técnica de relajación como la respiración diafragmática o abdominal.

Es importante distinguir entre los miedos evolutivos y el miedo patológico. Si vemos que el miedo interfiere en el día a día de nuestros hijos o alumnos, que lo pasan mal o que incluso les coarta de realizar algunas actividades, no dudes en pedir ayuda profesional.

FUENTE: PadresyColegios

¿Quieres decirme algo importante? En persona por favor. Colaboración con Padres y Colegios

Nuestra forma de comunicarnos ha cambiado

Desde que aparecieron los llamados smarthphone nuestra forma de comunicarnos ha cambiado. Antes para hablar con alguien sólo había dos posibilidades, quedar con dicha persona o llamarla por teléfono al fijo de su casa y pedir que se pusiera. En esta segunda opción la intimidad en la comunicación era bastante complicada de conseguir, primero porque toda la familia se enteraba de que recibías una llamada, y segundo porque hasta la aparición de los teléfonos inalámbricos el aparato fijo solía estar en lugar común de la casa como el salón, la cocina, el pasillo…

Hoy en día la situación ha cambiado mucho, la mayor parte de las conversaciones las tenemos de forma “virtual” y sin duda la aplicación que más utilizamos para hablar es el WhatsApp, sobre todo entre la gente joven. Hacemos cosas que antes eran impensables, como por ejemplo pedir permiso para llamar, primero escribimos a nuestro interlocutor un WhatsApp preguntado si puede hablar y luego incluso le preguntamos si le podemos llamar. Reconozco que en ocasiones me veo demasiado mayor y sigo a la antigua usanza, yo soy de las que cogen el teléfono y llaman sin haber escrito antes, incluso en el contexto laboral, lo que a veces deja bastante sorprendidos a mis interlocutores, sobre todo a los más jóvenes.

Cada vez tenemos más miedo a tener una conversación sincera

En absoluto vamos a discutir los beneficios que las nuevas tecnologías nos han traído, porque son muchos, pero sí que me gustaría reflexionar sobre lo que hemos perdido por el camino. Nos encanta estar en contacto con los demás, saber de su vida a través de las redes sociales…, y sin embargo cada vez tenemos más miedo a tener una conversación sincera cara a cara. Nos refugiamos en nuestros teléfonos y en ocasiones cuando estamos con una persona, andamos más pendientes de los que no están con nosotros, que de los que sí que están.

Las nuevas tecnologías ofrecen la posibilidad de tener muchos contactos con gente muy diversa y esto aumenta con los adolescentes que están en contacto no solo con los alumnos de su colegio o instituto o con los que comparten ocio o actividades… Pero los vínculos son muy superficiales.

¿Ha bajado nuestro nivel de empatía?

Conocer a una persona y que nos conozcan requiere un tiempo y un esfuerzo, y lamentablemente no siempre estamos dispuestos a emplearlo. La investigadora Sherry Turkle en su libro “En Defensa de la Conversación”, explica cómo en los últimos 20 años, se han encontrado con una caída de un 40% de la empatía entre los estudiantes universitarios, atribuida, en gran parte, a tener un menor contacto directo cara a cara. Así, los chicos y chicas que dedican más tiempo a sus móviles, perdían capacidad para empatizar con los demás, porque no reconocen los matices en la cara de una persona: los sentimientos nos hacen mostrar en el rostro una riqueza de expresiones que algunos adolescentes ya no saben descifrar. La buena noticia es que después de una semana de campamentos sin móviles, recuperaban esta capacidad innata de empatizar.

El nivel de intimidad que conseguimos cuando hablamos con una persona cara a cara no es el mismo que cuando se trata de una conversación escrita. Para trasmitir emociones y sentimientos es mucho más importante el lenguaje no verbal que el verbal. De hecho, según los estudios clásicos de Merabian, a la hora de trasmitir emociones nuestro lenguaje verbal (lo que decimos, el contenido), solo tiene un peso del 7%, influyendo mucho más nuestro lenguaje no verbal (lo que no se registra en el papel), siendo un 37% el lenguaje pareverbal (cómo se pronuncia el mensaje: entonación, volumen, pausas…) y un 56% nuestro lenguaje corporal (lo que se expresa con el cuerpo: posturas, mirada…) lo que explicaría por qué es tan habitual la existencia de malentendidos en conversaciones por escrito.

Para lo importante: Mejor quedar en persona.

Sabiendo esto, todos tendríamos que tener claro, que cuando tenemos pendiente una conversación importante, es mejor quedar en persona y hablarlo. Sin embargo, nuestra experiencia como psicólogos nos muestra que no siempre es así, tenemos miedo a expresar nuestras emociones o tratar temas espinosos cara a cara. Y esto se ve acrecentado entre los adolescentes y la gente joven. No se atreven a tener determinadas conversaciones en persona, porque creen que es demasiado emocional, porque de esta forma no controlan el medio ni sus respuestas ni las del otro. En las conversaciones digitales podemos poner a la otra persona en pausa, podemos reescribir el mensaje, cambiarlo si no nos gusta. Sin embargo, el contacto cara a cara es en directo, no podemos huir ni manipular la conversación, por eso nos da tanto miedo. La conversación cara a cara es mucho más enriquecedora, permite un nivel de intimidad más profundo y por ello permite solucionar cualquier malentendido, porque las emociones van a estar presentes y no las podemos ocultar.

Es importante dar el peso necesario a las conversaciones, a reconocer la importancia de hablar cara a cara y el mayor grado de intimidad que aportan, para que nuestros hijos y nuestros alumnos aprendan que las conversaciones importantes debemos realizarlas en primera persona, que no se pueden evitar con tres mensajes de WhatsApp o refugiándose tras una pantalla. Y como hemos dicho en otras ocasiones, el día a día nos da una gran oportunidad de dar ejemplo, somos nosotros, los adultos los primeros que tenemos que poner en valor “los beneficios de una buena conversación en persona”.

FUENTE: PadresyColegios.com

Las Navidades como oportunidad de aprendizaje. Colaboración con Padres y Colegios

Estamos en Navidades con todo lo que ello implica: decoración extrema con luces, árboles, belenes… tanto en las calles como en las casas. Es época de regalar y recibir regalos, de compartir tiempo en familia y con amigos… pero las Navidades también puede ser un tiempo estupendo para aprender y enseñar tanto a los niños como a los adolescentes, valores básicos, como la gratitud, el esfuerzo, la generosidad, la compasión…, y entrenar fortalezas del carácter que serán necesarias, como la perseverancia, o el compromiso.

En la Navidad tanto los niños como los adultos se muestran expectantes. Son días de ajetreo y movimiento. Para muchos niños y niñas, Navidad se asocia a la llegada de los Reyes Magos y Papá Noel. Los adultos debemos de pensar ¿es ese el mensaje principal de la Navidad que queremos trasmitir a nuestros hijos? Cada padre, madre y maestro debe de pensar cuál es el valor fundamental que quiere trasmitir en su familia y a sus alumnos y alumnas.

Así, en Navidades es habitual que la familia se reúna. Podemos aprovechar para:

-Trabajar los vínculos con los familiares que no están tan presentes en el día a día, como los abuelos, los tíos, primos… O para conocer más sobre su vida. Que no todo se centre en el niño o en la niña, que se sientan parte de un sistema mayor como es la familia, donde cada uno tiene su lugar y su función.

-Fomentar el trabajo en equipo. Las comidas familiares de muchos miembros suponen una importante carga de trabajo. Es el momento ideal para establecer equipos de trabajo en el que cada uno es responsable de una parte, como por ejemplo cocinar, poner la mesa, decorar la casa, recoger… .

-Trabajar la autonomía. Pidiendo que cada uno contribuya con lo que puede hacer en función de la edad o de sus posibilidades, adecuando la tarea a los más pequeños. De esa forma todos se sentirán parte del equipo y también aumentará su seguridad y autoestima. Los niños y niñas que participan de la tareas familiares se sienten más considerados en la familia.

-Podemos aprovechar las sobremesas para introducir juegos grupales en las que todos participen. Que no se queden siempre los adultos a conversar y los pequeños corran hacia las consolas. Juegos de mesa donde además de pasar un buen rato, se sigan las normas, se aprenda a tolerar la frustración… porque unas veces se gana y otras se pierde.

Además, la Navidad es época de regalos, vienen los Reyes Magos, Papá Noel… podemos aprovechar esta circunstancia para continuar trabajando los siguientes aspectos:

-Aprender a decidir. Si fuera por los niños, pedirían una infinidad de juguetes y no pondrían límite en la carta de regalos. Los Reyes Magos o Papá Noel, no pueden traer todos los juguetes que se piden. Por eso podemos utilizar esta circunstancia para que elijan aquello que más les gusta y aprendan a tomar decisiones. Que cada padre y cada madre decida el número máximo de regalos a pedir en la carta, teniendo en cuenta que muchas veces también se reciben presentes en casa de los tíos y de los abuelos. La evidencia científica nos dice que los niños no van a ser más felices por tener más juguetes. Debemos enseñarles en todo momento a valorar lo que tienen.

-Compartir. Seguro que hay muchos juguetes que han quedado relegados por otros que se utilizan más, o que están aparcados en la estantería o en el trastero. Esta fecha es estupenda para hacer una selección y donar a ONGs o parroquias todos aquellos juguetes o ropa que está en buen estado y ya no se utilizan.

-La generosidad. Se trata de compartir no solo aquellos juguetes que no se utilicen, sino nuestro tiempo, que puedan participar en actividades sociales organizadas en el barrio o en la comunidad, como visitar residencias de mayores, participar en recogidas de alimentos… que aprendan la importancia del compromiso y les permitamos sentirse bien haciendo cosas por los demás.

-Tolerar la frustración. Las cosas no siempre son y ocurren como a nosotros nos gustaría. Se trata de aprender a gestionar las emociones desagradables que manifestamos cuando algo no sale como uno espera y no quedarse secuestrado por las mismas, aprendiendo a ser flexible y siendo capaz de cambiar de plan o de opinión. La Navidad es un buen periodo para trabajarlo.

-Saber esperar. Esta época del año es especialmente propicia para trabajar la paciencia. Los niños saben que van a recibir regalos, que se van a juntar con los familiares, podemos aprovechar para trabajar con ellos la paciencia y que aprendan a esperar.

Y no nos olvidemos de mantener la ilusión y valorar tanto lo recibido a nivel material (los regalos), pero sobre todo las experiencias, el compartir los buenos ratos con la familia y amigos. Es algo que podemos y debemos hacer todo el año.

FUENTE: padresycolegios,com

Los beneficios del perdón. Colaboración con Padres y Colegios

Sabemos los múltiples beneficios que tiene la Educación en valores. Dentro de ellos, los psicólogos y educadores recomendamos trabajar el perdón, por la liberación que en muchos casos supone. Incluso hay terapias basadas en el perdón, tanto hacia los demás, como hacía uno mismo.

El perdón sirve para liberarnos. Para liberar la carga de la ofensa, pero también para aceptar la situación. Cuando alguien nos hace algo que no nos gusta, tenemos dos opciones:

1- Aceptar que todos somos humanos y que, como tales, nos equivocamos, y que esa persona merece nuestro perdón.

2- O, por el contrario, considerar, que la ofensa es muy grave y que lo que se nos hizo no merece que volvamos a compartir nada con dicha persona, entonces no somos capaces de perdonar.

Perdonar no implica olvidar, pero sí aceptar lo ocurrido, hablarlo tanto con la persona que nos hizo sufrir, como con nosotros mismos y lo más importante, liberarnos de la carga de la ofensa. Cuando somos rencorosos es como si cada uno de los agravios que recibimos fuese una piedra, cargáramos con ellas en nuestra mochila emocional. La vida está llena de situaciones complicadas, así que es bastante probable, que, con esa actitud, en poco tiempo, esa mochila de la que hablábamos esté tan llena, que no podamos con su peso, o que limite nuestra libertad de movimientos. Sin embargo, cuando somos capaces de perdonar dejamos de transportar esas piedras y vamos más ligeros de equipaje.

Existe un perdón que todavía nos cuesta mucho más pronunciar, el perdón hacia nosotros mismos. Cuando fallamos a alguien o nos equivocamos nos cuesta mucho reconocerlo y sobre todo dejar de fustigarnos por ello. Sin embargo, cuando somos capaces de perdonarnos, somos capaces de expresar y aceptar tanto nuestros sentimientos, como nuestros actos, evitando que las emociones se queden enquistadas e impidan nuestro correcto funcionamiento psicológico en el día a día. Perdonar nos permite deshacernos de pensamientos y de sentimientos negativos que nos hacen mucho daño. Por eso, debemos de buscar la fórmula para, no solo hacerlo bien, sino ser capaces de enseñárselo a nuestros hijos e hijas y a los alumnos y alumnas. No se trata de pedir perdón sólo usando la palabra. Se trata de encontrar ese desahogo, esa calma y esa liberación. Será entonces cuando podremos encontrar los beneficios que hemos comentado.

Cuando hemos herido a alguien, surge en nosotros el sentimiento de arrepentimiento. Ese sentimiento nos será de gran utilidad, y debemos aprender a reconocerlo con los niños y niñas, ya que sirve para darnos cuenta de nuestro error, darnos cuenta de que estábamos equivocados, y si lo identificamos correctamente nos induce a solventar la situación. Sabemos que hemos hecho daño a alguien y que la forma de repararlo para que se sienta mejor es pedir perdón. Esta idea es fundamental trabajarla con los más pequeños. Que no se queden sólo en la formula cortés de “decir perdón”, sino que entiendan las emociones que hay detrás de dicho acto.

Los beneficios del perdón

  • Mejora la calidad de nuestras relaciones sociales. Cuando somos capaces de perdonar, todos salimos ganando. Conservamos las amistades, pero también hacemos saber qué es lo que nos ha molestado y nos deja la oportunidad de enmendar la situación y actuar de forma diferente la próxima vez.
  • Se libera la carga emocional. A todos nos ha ocurrido que cuando hemos herido a alguien sentimos la necesidad de pedirle perdón. Es nuestra forma de intentar reparar lo que hicimos y que se sienta mejor. Sin olvidar que nosotros también nos sentiremos mejor porque sabemos que hemos hecho lo correcto. Lo más probable es que el sentimiento de alivio reemplace al de angustia.
  • Nos hace mejores personas. Cuando pedimos perdón y perdonamos no solo nos sentimos mejor con nosotros mismos, sino que damos al otro la oportunidad de redimir su error y de seguir siendo amigos. Es una fórmula para conseguir ser una mejor versión de nosotros mismos.
  • Nos permite hacer una labor de introspección y autovaloración. Para poder pedir perdón y perdonar tenemos que habernos parado a observar qué ha ocurrido, el por qué, qué nos hizo reaccionar de esa forma, darnos cuenta de nuestro error y valorar la forma de solventarlo. También estamos favoreciendo el pensamiento crítico.
  • Mejora la convivencia. Al perdonar desarrollamos habilidades sociales, ya que demostramos a los demás que somos comprensivos, que somos empáticos, que entendemos su error y que le damos la oportunidad o que nos la damos a nosotros mismos para cambiar y mejorar.

Otro de los beneficios del perdón es que nos hace más valientes. Implica enfrentarnos a la situación, evaluarla, hablarla, poner en práctica comportamientos asertivos y liberarnos de una carga emocional negativa. Inculcar a los niños y niñas el ser rencorosos fomentando la idea de que pedir perdón es humillarse, o que nos hace tontos, ingenuos, o que es no darse a valer, es algo de lo que nos podemos arrepentir. El perdón tiene múltiples efectos positivos que no tiene el sentimiento de rencor.

FUENTE: PadresyColegios,com

¿Estamos enseñando a los niños a disfrutar de la vida? Colaboración con PadresyColegios.com

Vivimos en una sociedad en la que se impone no sólo ser feliz, sino demostrar a los demás que lo somos. Hoy en día estamos bajo “la tiranía” de internet y de las redes sociales. No basta con divertirse, hay que demostrar al mundo que lo estamos pasando bien subiendo nuestra foto a Twitter, Instagram o Facebook.

En alguna comida, me he encontrado incluso que un comensal me ha pedido que no empecerá mi plato porque quería hacer una foto para subirla a sus RRSS. ¿En serio es necesario esta sobreexposición de nuestra vida? ¿cuál es el objetivo?, ¿compartir?, ¿gustar?, ¿“generar envidia”?

En ocasiones parece que estamos más pendientes de mostrar nuestra vida, que de vivirla y disfrutarla, cuando lo importante es aprender a ser conscientes y a disfrutar de lo que estamos haciendo, de lo que estamos sintiendo, de experimentar nuestras emociones, y por supuesto, de compartirlas con nuestro entorno. No favorecemos esta introspección cuando queremos mostrar sólo una parte y venderlo en el escaparate de las RRSS, sobreexponiendo nuestra vida y en ocasiones la de menores. Los adultos, puede que tengamos más criterio, ¿pero qué ocurre con los niños y adolescentes? Les falta experiencia vital y creen que lo que se sube en las RRSS es una realidad continua. Además, en ellas, se fomenta la comparación, ¿Por qué los demás nunca se aburren? ¿Por qué no están nunca tristes? Lo que les hace cuestionar su propia existencia en base a unas premisas que no son ciertas.

No nos permitimos sentir emociones desagradables y mucho menos mostrarlas

En mi trabajo como psicóloga, tengo la posibilidad de ayudar a mucha gente de todas las edades. A la vuelta de vacaciones, la emociones que proyectaban algunos de mis clientes en sus fotografías y mensajes no siempre correspondían a la realidad. Algunos me decían, no estoy bien, pero no quiero que nadie lo sepa; quiero ser como los demás y quiero proyectar esa imagen de felicidad, aunque sea falso.

No es sano negar las emociones

¿Realmente es necesario? Sabemos que negar nuestras emociones, además de no funcionar, no es sano, ya que volverán aún con más fuerza, generando una especie de efecto rebote. Fingir emociones que no sentimos, puede, incluso, llegar a afectar a nuestra salud mental si lo llevamos al extremo de vivir una vida imaginaria paralela. En ocasiones estamos tristes e incluso necesitamos llorar. Sentir tristeza es algo completamente normal, es más, podríamos decir que es bueno permitirnos experimentarla, indagar sobre su causa y valorar qué nos está ocurriendo. No digo que sea necesario subirlo a las RRSS, en absoluto, pero sí aceptar las emociones desagradables, saber que forman parte de nuestra vida, y sobre todo ser críticos con la imposición que en ocasiones nos crea la sociedad sobre el deber de estar alegre el 100% del tiempo. Esto, además de ser un objetivo imposible, no es sano.

Enseñemos a los más pequeños a reconocer sus emociones

En ocasiones, por evitar que sufran, por evitar que lo pasen mal, no les dejamos que experimenten emociones negativas. Por ejemplo, a un niño que ha perdido una pelota en el colegio, le decimos no estés triste, no pasa nada, y enseguida le compramos otra. De esta forma, estamos invalidando la emoción del niño, no le permitimos sentirla, le quitamos importancia y no le enseñamos cómo regularla y cómo resolver la situación. En este caso sería mucho más apropiado aprovechar para generar un diálogo del tipo: “Has perdido tu pelota, es normal estar triste. ¿Qué se te ocurre que podemos hacer? Quizás esté en el patio o en objetos perdidos, mañana puedes ir a buscarla y sino aparece pedir otra por tu cumpleaños…” De esta otra forma estamos permitiendo al niño que experimente la emoción, y le ayudamos a pensar la mejor forma de solventar el problema. Resulta más fácil hacerlo con las emociones agradables. Es importante que los adultos validen dichas emociones y ayuden a los niños a etiquetarlas, además de ayudarles a comprenderlas, en este caso el mensaje podría ser: “Estás alegre porque hemos ido al parque a jugar con tus amigos y lo has pasado muy bien, ¿Qué más cosas te hacen sentir alegría?” Y pedir al niño que piense y busque aquellas situaciones que le hacen sentir alegre y feliz, para que entienda, que es algo que depende de él mismo, no de los demás, lo que ayudará a evitar la posterior dependencia de la opinión de los demás en la etapa adolescente y la de los “likes” de las RRSS.

La inteligencia Emocional le ayudará con las RRSS

Cuando educamos a los niños para que sean capaces de reconocer sus emociones, para que pierdan el miedo a sentir emociones desagradables, sepan cómo regularlas, y a no compararse con los demás, estamos trabajando su inteligencia emocional, y además, les enseñamos que su vida es intensa, plena y que hay que disfrutar de cada momento.

FUENTE: PadresyColegios.com

Más información:

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Silvia Álava Sordo

Colegiado M-16238

Directora del Área Infantil Centro de Psicología Álava Reyes

Madrid 2 de mayo de 2016

Blog: silviaalava.com

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El techo eres Tú. Colaboración con ICAImujer

Os adjunto la invitación a esta interesante convocatoria organizada por ICAImujer y que tiene lugar esta tarde.

Os dejo también este artículo relacionado:

Educación en Igualdad: ¿Deben las niñas y adolescentes estudiar carreras STEM? Colaboración con Padres y Colegios

Vivimos en una sociedad donde las mujeres están demostrando que pueden hacer todo lo que se propongan y donde se ha mejorado mucho su visibilidad, su incorporación al mercado laboral y las medidas de igualdad. De hecho, sólo hace un siglo que las mujeres podemos estudiar en la universidad, hasta los años 70 no había mujeres juezas, hasta 1981 no hubo una mujer ministra y las mujeres nos incorporamos al cuerpo militar en los años 80. Pero todavía nos queda mucho por hacer. A nivel laboral nosotras cobramos menos que los hombres, y nuestra presencia va disminuyendo en porcentaje según sube el escalafón laboral, así:

  • A nivel operario el 40% somos mujeres.
  • Si tenemos en cuenta el técnico, disminuye al 24%.
  • Tan solo el 20% de los puestos de mandos intermedios son ocupados por mujeres.
  • Si hablamos de directivos somos el 11% y n Sólo hay una mujer CEO de una compañía del IBEX.

A las mujeres les cuesta mucho más acceder a los puestos directivos de las empresas pese a tener la misma o incluso mejor preparación que sus compañeros varones. La pregunta es, ¿qué podemos hacer para revertir esta situación?

Educar en Igualdad

Si analizamos las causas de por qué las mujeres estudian menos carreras STEM (acrónimo de las palabras en inglés Ciencia- Science, Tecnología-Technology, Ingeniería- Engineering y Matemáticas-Mathematics) y de por qué acceden a menos puestos directivos, encontramos que, en un gran porcentaje, está en los estereotipos de genero que seguimos manteniendo e inculcando a los niños y niñas desde que son pequeños, y seguro que de muchos de ellos ni siquiera somos conscientes.

Las diferencias en la primera infancia empiezan vistiendo a los niños de azul y a las niñas de rosa. Quedarnos solo con los colores es anecdótico, lo importante es lo que hay detrás.

Así, por ejemplo, el tipo de juguetes con los que en ocasiones juegan niños y niñas es diferente, así los niños juegan más con coches, motos, juegos de construcción…, que fomentan las destrezas y las habilidades visoespaciales y las niñas con muñecas, cocinitas…, donde juegan a reproducir el modelo del cuidado del bebé, del cuidado del hogar… incluso cuando juegan con muñecas, a vestirlas, desvestirlas, inventar historias… hay una parte implícita que es el aprender a gustar a los demás.

Pero no solo son juguetes, el niño o a la niña llega a la escuela infantil y ¿qué ve? Casi todas las educadoras infantiles son mujeres, al igual que en la etapa infantil del colegio, incluso cuando pasa a primaria la mayor parte de los docentes son mujeres. El porcentaje se empieza a igualar en la Educación secundaria, y cuando hablamos de docencia universitaria hay más hombres que mujeres. En la cúspide de la pirámide formativa, solo el 20% de los catedráticos de universidad son mujeres. Es decir, cuando los niños son pequeños, parece que se asume que el cuidado lo lleva a cabo la mujer, pero según va incrementado la edad, las mujeres van “desapareciendo del mapa”.

¿Qué modelo estamos enseñando a los más jóvenes?

¿Y qué pasa cuando vamos al pediatra? Si bien es verdad que el número de médicos y médicas está muy equiparado, cuando hablamos de los profesionales de la enfermería, el mayor porcentaje son mujeres. Es por eso que, los menores desde que son pequeños están viendo que el lugar “habitual” de la mujer es el de profesiones donde se fomenta el cuidado de los demás. Personalmente creo que la labor de un docente, o de los profesionales de la salud, donde hay más mujeres que hombres es igual o incluso más importante que las ya mencionadas carreras STEM. Es cierto que se debe impulsar a que las mujeres, cada vez más, opten por estas carreras, pero no debemos de olvidar fomentar que los hombres también estudien carreras tradicionalmente consideradas femeninas, como Educación, ciencias de la salud, humanidades… porque la Educación en igualdad debe de ir en esa doble dirección. Además, si no lo hacemos parece que el mensaje implícito puede ser: los hombres eligen mejor porque estas carreras son “mejores”, y no tiene por qué ser así. Son diferentes, ni mejores ni peores, dan acceso a diferentes puestos en el mercado laboral.

Por tanto, las diferencias pueden estar en el modelo que se le ofrecen a los niños y niñas desde que son pequeños, donde sigue prevaleciendo que las mujeres se dedican al cuidado. La Educación en igualdad debe de ir en las dos direcciones, tanto que las niñas puedan elegir carreras STEM, desmontando ese estereotipo sobre su supuesta menor competencia para las ciencias, como que los niños estudien magisterio, enfermería, … carreras donde hay más mujeres.

FUENTE: PadresyColegios.com

La Inteligencia Emocional como aliado del aprendizaje. Colaboración con Padres y Colegios

Nos preocupamos mucho porque nuestros hijos y alumnos aprendan y salgan lo más preparados posibles de las escuelas y de los institutos, que adquieran muchos conocimientos, que saquen buenas notas. Y en ocasiones se nos olvida que la inteligencia emocional es un gran aliado del aprendizaje y en ocasiones un mejor predictor de los resultados académicos que el Cociente de Inteligencia Total. Por tanto, no podemos dejar la educación de las emociones a la suerte, debemos activarla de forma sistemática, y basándonos en programas que hayan demostrado su validez de forma empírica.

¿Por qué es tan importante la Inteligencia Emocional en los niños?

Seguro que muchos de los lectores recordarán el famoso experimento de Walter Mischael, más conocido como “el test de la golosina”. En este test, se les pedía a niños y niñas de 4 años de edad que pasaran al que los investigadores llamaban <<el cuarto de las sorpresas>>. En la habitación había una mesa y una silla, además de un espejo a través del cual se podía ver la reacción de los niños. La investigadora le pide al niño o la niña que se siente y le ofrece una golosina, que pone delante en un plato. La psicóloga le dice que tiene que salir un momento, y que si quiere puede comerse la golosina ahora mismo, pero si espera a que ella vuelva le dará otra y podrá comerse dos. También añadía que si quiere comerse la golosina mientras ella está fuera, también puede hacerlo, pero perderá la segunda. ¿Qué hicieron los niños de este experimento? Ante esta situación podían ocurrir tres cosas:

  • Un tercio de los niños se comió la golosina nada más salir la investigadora.
  • Un tercio logra esperar unos minutos, aunque finalmente se comió la golosina.
  • Un tercio fue capaz de esperar a que volviera la psicóloga entre 15 y 20 minutos.

El objetivo inicial de la investigación era conocer las estrategias que permitían posponer la gratificación de los niños, y no esperaban encontrar relación entre el tiempo que el niño en edad infantil tardaba en comerse la golosina y su comportamiento futuro en la vida real. Sin embargo, cuando se hizo un seguimiento longitudinal de los niños el estudio mostró que los niños y niñas que supieron esperar en la adolescencia eran más independientes y tenían una mayor capacidad de autocontrol, más confianza en sí mismos y una mayor tolerancia al estrés y los que se comían inmediatamente la golosina soportaban peor la frustración, eran más indecisos y socialmente menos hábiles, incluso tenían, de promedio, unas notas más bajas en las pruebas de acceso a la universidad.

Cuando los niños y niñas que participan en el estudio eran adultos (entre los 25 y los 30 años) también se encontraron diferencia entre los que habían sabido esperar y lo que no. Así los primeros tenían un menor consumo de drogas, menos índice de masa corporal, mayor autoestima, mayor nivel educativo, más tolerancia al estrés y la frustración y mejores relaciones sociales. En un tercer momento, cuando los sujetos ya contaban con 40 años se realizó un seguimiento con técnicas de resonancia magnética. Los resultados mostraron que los que habían sido capaces de resistir la tentación a los cuatro años presentaban una mayor actividad en la corteza prefrontal derecha, una zona relacionada con el control de la conducta y la toma de decisiones. Mientras que el grupo que se comió la golosina mostraron una mayor activación en el estriado ventral, que es la región cerebral donde se procesan las recompensas positivas y está vinculado a los circuitos del placer y de las adicciones.

Otras investigaciones longitudinales, como la realizada en Dunedin, Nueva Zelanda, muestran que un buen autocontrol durante la infancia influye en la salud, la riqueza y la seguridad en la edad adulta. Por tanto, la capacidad para gestionar nuestras emociones, si se aprende durante la infancia, tendrá también una gran influencia en la edad adulta. Si sabemos todo esto ¿Por qué no introducimos la educación emocional en la escuela y en las familias?

La capacidad para gestionar nuestras emociones, si se aprende durante la infancia, tendrá también una gran influencia en la edad adulta.

La evidencia científica nos muestra que los programas de intervención en educación emocional son efectivos, tanto a corto como a largo plazo en variables como el rendimiento académico, la relación alumno-maestro, se reducen los problemas de conducta, de bullying y ciberbullying, la ansiedad y el consumo de sustancias. Mejorando tanto la salud física como emocional de los participantes, de los alumnos y de los profesores.

Si su hijo o su alumno se comió la golosina, tampoco hay que dramatizar, pero sí ocuparse en hacer una buena educación socioemocional y para ello será necesario tener unas pautas educativas claras, con normas y límites, instrucciones sencillas, ser consistentes y coherentes, y contar con programas de entrenamiento emocional que estén basados en la evidencia científica y administrados por profesionales cualificados.

FUENTE: PadresyColegios.com

Cómo enseñar a los niños los golpes de la vida: trabaja la resiliencia proactiva. Colaboración con Padres y Colegios

Seguro que todos conocemos a personas que han vivido una situación adversa, o incluso traumática y que en lugar de hundirse han salido más fortalecidos de la misma. Eso es lo que se llama Resiliencia.

La resiliencia es un término que viene de la física de los materiales: es la capacidad de un material mecanismo o sistema para recuperar su estado inicial cuando ha cesado la perturbación a la que había estado sometido. Cuando nos referimos a los humanos, la resiliencia es la capacidad de un ser vivo frente a un agente perturbador o un estado de situación adversos. Lo interesante es que se han estudiado los mecanismos de resiliencia y podemos enseñar a las personas a crecer y a superarse ante la adversidad y además es algo que podemos hacer desde que los niños son pequeños. No hablamos de resiliencia como una capacidad estática, sino como “procesos resilientes” que abarcan múltiples factores, que se pueden entrenar.

¿Cuándo se empieza a desarrollar la capacidad de resiliencia?

La resiliencia es una capacidad que se empieza a desarrollar desde la más tierna infancia. Y para ello es necesario que los padres fomenten un apego seguro en los niños. Es decir, los niños tienen que haberse sentido queridos, valorados, amados… siendo sus padres sus figuras de referencia y de seguridad, pero fomentando en todo momento la autonomía y la seguridad personal. Los apegos inseguros que se basan en vínculos de dependencia son enemigos del correcto desarrollo de las capacidades de resiliencia.

La sobreprotección, como hemos comentado en otras ocasiones, también es un enemigo del correcto desarrollo de los procesos resilientes. Cuando el niño apenas se tiene que esforzar para conseguir sus objetivos, cuando están “súper papá” y “súper mamá” pendientes de todo y a la mínima contradicción resuelven el problema, o no les decimos que no para evitar que se frustren, estamos impidiendo que desarrollen resiliencia. Hay que enseñar a los niños a ser autónomos y seguros, a que cuando tienen un problema, o una situación adversa intenten primero resolverla ellos, y solo, si no pueden, pedir ayuda. Siempre desde el acompañamiento el amor y la ternura, pero sin caer en la sobreprotección.

Consejos para fomentar la resiliencia en los niños

  • Promueve su autoestima. Tener una autoestima positiva ayudará a tener una mayor confianza y seguridad a la hora de enfrentarnos a los golpes de la vida.
  • Fomenta las relaciones personales que generen seguridad y reconocimiento. Sabemos la importancia de las amistadas para mitigar los efectos negativos de la adversidad. Tener amigos con los que desahogarse, y ventilar nuestras emociones, que nos escuchen de forma activa, sin juzgarnos y sin decirnos lo que tenemos que hacer.
  • No busques culpables a sus problemas. Céntrate en ayudarles a encontrar de forma conjunta la solución. El victimismo es el mayor enemigo de la resiliencia.
  • Enseñarles técnicas de control de la ansiedad y el estrés también es necesario. De esta forma, tendrán recursos para poder sobrellevar situaciones desagradables del día a día, o los golpes de la vida.
  • Los estresores, las situaciones adversas de la vida se pueden interpretar como amenazantes o como motivadores. Muchas veces estamos interpretando situaciones estresantes de la vida cotidiana como amenazantes lo que genera una emoción de miedo y una respuesta de ansiedad. Se trata de aprender a utilizar la energía de dicha emoción para superar la situación, no para quedarnos bloqueados en la misma.
  • Fomenta un “locus de control interno”, esto significa: pon le foco en lo que tú puedes hacer, no en lo que los demás hacen o dejan de hacer. Se trata de que los niños comprendan que son ellos quienes deciden y quienes dirigen su vida.
  • Fomenta la responsabilidad. No asumas sus responsabilidades. Hay que enseñar a los niños a ser responsables y para ello hay que estar a su lado acompañando para enseñarles a hacerlo, no para resolverles las situaciones. Además, tienen que aprender a asumir las consecuencias de sus actos, tanto las positivas como las negativas.

FUENTE: PadresyColegios.com