Entradas

Quiero que mis hijos y alumnos evolucionen. 10 Consejos para que consigan una mejor versión sí mismos

El ser humano tiene una gran capacidad de adaptación y sobre todo de evolución. A lo largo de nuestra vida tenemos la capacidad de mejorar, a todos los niveles.  Sin embargo, este proceso de mejoría no siempre es fácil y requiere un esfuerzo por nuestra parte. En el caso de los menores, en ocasiones necesitan la ayuda de un adulto para poder hacerlo. Y los que más influencia tienen en ellos, su padre, madre o su maestro o maestra son una gran ayuda para conseguirlo.

No siempre es fácil, y muchas veces queremos hacerlo, pero no sabemos cómo. Por eso en este artículo os propongo seguir diez pasos para facilitar el proceso y saber cómo hacerlo.

  1. Empezaremos por hacer consciente a nuestro hijo o alumno de dónde está, cuál es su punto de partida. Se trata de aprender a observarnos a nosotros mismos, saber cuáles son nuestros puntos fuertes y nuestros puntos débiles, que, además, es algo fundamental para trabajar el auto concepto. Se trata de tomar la línea base sobre la cual partimos.
  2. Como la primera tarea en ocasiones puede ser muy complicada, quizás podemos conseguir el mismo objetivo invitando a los menores a hacer balance sobre lo que han conseguido. No hace falta que sea el último año o el presente curso escolar. Cada persona puede decidir el periodo sobre el cual quiere centrarse. Definiremos el periodo, para a partir de ahí, saber decirles dónde tienen que poner el foco de atención. Por ejemplo, a lo largo del 2020 he visto que has colaborado mucho más en casa. O desde que ha empezado este curso escolar te noto más responsable, no hay que decirte que te pongas a estudiar y lo haces tú sola/o.
  3. Buscar las cosas en las que hemos mejorado, o en las que estamos en proceso de mejoría. Es fundamental atender a lo que vamos consiguiendo, dado que lo más habitual es centrarnos en todo lo que falta. Y esto con los alumnos y los hijos es aún más importante. Los chicos y las chicas hacen un gran esfuerzo por mejorar, pero no siempre lo consiguen. Cuando observan que los adultos que les rodean, tanto sus padres como sus profesores sólo se fijan en lo que les falta por conseguir, sienten que nunca lo van a lograr, que su esfuerzo no vale, porque no consiguen el resultado y es mucho más fácil que se desanimen e incluso que entren en una especie de “indefensión aprendida”, con pensamientos del tipo “para que lo voy a intentar, si nunca lo voy a conseguir”; lo que hace que la motivación caiga en picado y que dejen de intentarlo. Por tanto, reforcemos cada pequeño intento que veamos que realizan. Por ejemplo, si un alumno pasa de no entregar nunca los deberes a hacerlo de manera intermitente, el día que sí que los hace, deberíamos hacerle notar que nos hemos dado cuenta, con mensajes del tipo vas por buen camino, y no solo recordarle todos los ejercicios que todavía tiene pendiente.
  4. Una vez que veamos lo que hemos conseguido, será el momento de pensar que es lo que todavía podemos mejorar. Los niños y los adolescentes pueden necesitar ayuda en este proceso. No obstante, es importante dejarles espacio y que ellos mismos opinen. De esta forma aprenderán a conocerse mejor y seguiremos trabajando su autoconcepto.
  5. Es el momento de coger un lápiz y un papel para apuntar todo aquello que desean mejorar. Es importante que quede escrito, dado que todos tenemos un millón de pensamientos cada día, y los más pequeños también, y lo más habitual es que se nos olvide. Además de esta forma aumentarán el compromiso con el objetivo y les permitirá revisar si lo van consiguiendo o no.
  6. Puede ser interesante que cada uno elija dónde va a colocar dicho listado para así poder ir revisando si lo va cumpliendo o no. Puede ser el corcho de la habitación, la carpeta donde lleva las cosas del colegio… que esté a la vista para que sirva de motivación y también de recordatorio.
  7. Una vez que tienen claro lo que quieren mejorar, será el momento de establecer un plan de acción. Es decir, qué acciones concretas van a hacer para conseguirlo. Por ejemplo, si uno de sus objetivos es ser más responsable, como plan de acción podemos poner:
    • Escribir en la agenda cada día los deberes.
    • Apuntar los exámenes y el contenido que entra en cada uno de ellos.
    • Preparar la mochila por la noche o dejar los materiales preparados para la clase online.
    • Revisar que están hechos los ejercicios de cada asignatura.
    • Cada día, leer lo que se ha dado en clase y hacer un esquema.
  8. Establece momentos de supervisión, en los que podáis hablar de cómo lleva sus objetivos, dónde creen que más han avanzado, lo que más les cuesta… que se sientan arropados por nosotros en su proceso de mejoría.
  9. No dejes de preguntarle cémo se siente. Que identifique las emociones agradables asociadas al proceso. Sabemos que cuando nos esforzarnos y hacemos las cosas lo mejor posible aparecen emociones como el orgullo y la satisfacción.
  10. Utiliza las emociones como facilitador emocional y que nos sirvan para potenciar la motivación intrínseca. El mensaje para trasmitir podría ser: me esfuerzo por mejorar porque me hacer sentir mejor.

FUENTE: Revista Padres y Colegios

¿Cómo mantener la atención en las clases online? Colaboración con Padres y Colegios

Os adjunto mi colaboración en la edición de enero en la Revista Padres y Colegios: ¿Cómo mantener la atención en las clases online?

5 cosas que puedes hacer para favorecer un buen desarrollo emocional en la infancia. Colaboración con Padres y Colegios

Los padres y los maestros tenéis un papel fundamental a la hora de favorecer el correcto desarrollo emocional de vuestros hijos y alumnos. Los niños cuando son pequeños necesitan la ayuda de sus adultos de referencia para poder regular tanto su conducta como sus emociones, así, por ejemplo, la lactancia materna, los cuidados y el contacto físico ayudan a que los bebés puedan regularse. Según van creciendo, cada vez serán más autónomos a la hora de saber manejar su conducta y sus emociones, no obstante, es importante que les vayamos mostrando la forma de hacerlo, a la vez que les acompañamos en este proceso.

Las emociones constituyen el primer medio de comunicación, y están presentes en los bebés desde su nacimiento. Por eso es tan importante que los adultos sepamos interpretarlas. Además, el tipo de cuidados que los niños reciben en su día a día, sobre todo en las pequeñas acciones cotidianas marcarán cómo serán sus relaciones en la vida adulta. No obstante, el cerebro es plástico y siempre podemos aprender nuevas formas de relacionarnos. Y es que, nos ocupamos de que los niños aprendan a leer, a escribir, a que sepan matemáticas, idiomas… pero no a manejar, controlar y ser dueños de las emociones.  El estilo educativo de los padres tiene influencia en el desarrollo socioemocional de los niños tanto a corto como a medio y a largo plazo. Es importante conocer los diferentes estilos educativos y sus consecuencias en el desarrollo emocional de los niños para conocer cuál es la mejor opción para educarlos.  

Estilos educativos

Existen cuatro tipos de estilos educativos:

  1. Los padres con estilo democrático intentan dirigir la conducta del niño hacia una madurez, por eso tratan de fomentar su autonomía, favoreciendo el diálogo y la comunicación, sin dejar de imponer su rol de padres. Parten de que tanto el niño como los padres tienen ciertos derechos y responsabilidades con respecto al otro y utilizan la negociación y el razonamiento.
  2. Los padres autoritarios valoran la obediencia, utilizan el castigo como principal medida educativa, no favorecen el diálogo y restringen la autonomía del niño.
  3. Los padres permisivos no siempre son capaces de marcar ciertos límites y evitan el recurso de la autoridad, el castigo y las restricciones. No son exigentes en relación con la responsabilidad en la realización de tareas y en cuanto a las expectativas de madurez y actúan de forma sobreprotectora con ellos, impidiendo que desarrollen su autonomía.
  4. Los padres negligentes no son capaces de resolver las necesidades en ocasiones fisiológicas de sus hijos, y casi nunca las emociones. No están presentes cuando los niños les necesitan.  

Consecuencias del estilo educativo en el desarrollo socioemocional

El estilo educativo de los padres puede llegar a condicionar el desarrollo socioemocional de sus hijos. Así sabemos: Los niños cuyos padres tienen un estilo democrático suelen desarrollar una buena autoestima y autoeficacia, además de buena competencia social. Suelen tener buen rendimiento escolar y tienen una menor incidencia de problemas psicológicos y de conducta. Los niños cuyos padres tienen un estilo autoritario, es cierto que tienen un alto nivel de obediencia e incluso de rendimiento escolar. Sin embargo, desarrollan pocas competencias sociales. Pueden tener problemas de autoestima, sobre todo porque se perciben como menos eficaces. Además, presentan una mayor incidencia de síntomas depresivos y problemas emocionales. Los niños cuyos padres tienen un estilo permisivo, desarrollan buena autoestima y pueden tener una buena competencia social, sin embargo, tiene un rendimiento académico menor y mayor incidencia de problemas de conducta y abuso de sustancias. El estilo educativo negligente, es sin lugar a duda el que más problemas llega a generar en los niños. Con problemas escolares, bajo desarrollo de competencia social. Una mayor incidencia de problemas de ajuste psicológico y mayor incidencia de problemas de conducta y abuso de sustancias.  

¿Qué podemos hacer para favorecer el desarrollo socioemocional de los niños?

La primera escuela donde se enseña a manejar las emociones es la familia, por tanto, es necesario que los padres y maestros sepamos gestionar nuestras propias emociones para que así actúenos como modelos de autoregulación emocional para los niños. Además, podemos trabajar las siguientes acciones con nuestros hijos y alumnos siguiendo las siguientes pautas:

  1. Reconocer Emociones. Es importante enseñar a los niños a reconocer las emociones, ser conscientes del estado emocional en el que nos encontramos, tanto en uno mismo como en los demás.
  2. Favorecer los buenos momentos, y que los niños experimenten bienestar, emociones agradables que les ayuden a contrarrestar las desagradables.
  3. Actitud Positiva. Mostrarles cómo tener una actitud positiva ante la vida, y cómo disfrutar.
  4. Favorecer la autonomía: que hagan las cosas por sí solos.
  5. Prestarles atención, sobre todo cuando hacen bien las cosas, y trasmitirles la idea de tú me importas, tus necesidades me importan, cómo te sientes, me importa.

FUENTE: Padres y Colegios

¿Hemos perdido la ilusión? Colaboración con Padres y Colegios

Afrontábamos el nuevo curso escolar como un gran reto, una oportunidad para recuperar el tiempo perdido tanto a nivel curricular como con los amigos, y sin embargo, según van pasando los días y la situación se vuelve a complicar, parece que vamos perdiendo la ilusión. Las cosas no son como nos las habíamos imaginado y la incertidumbre ha llegado para quedarse.

Los niños, de nuevo nos están dando una gran lección. Si bien es cierto que muchos de ellos se encuentran muy frustrados e incluso cargados de una rabia, que no saben gestionar y la trasforman en conductas disruptivas; otros muchos nos demuestran que pueden aprender a ser felices y a mantener sus ilusiones pese a que no les guste la situación provocada por la pandemia. Sin embargo, a los adultos nos cuesta más y pese a que sabemos que tenemos que ser un modelo de resiliencia para nuestros hijos y alumnos, en ocasiones nos resulta difícil mantener vivas nuestras ilusiones. Y es que,

“…podemos vivir sin apenas dinero, con poca salud, pero no podemos vivir sin ilusiones”

María Jesús Álava Reyes

Os dejo el enlace al artículo y a la revista:

¿Hemos aprendido algo de la crisis por Covid-19 en la educación? Colaboración con Padres y Colegios

Os adjunto mi última colaboración con la revista Padres y Colegios, la revista digital para familias con hijos en edad escolar centra en la educación desde los 5 años hasta la mayoría de edad.

¿Hemos aprendido algo de la crisis por Covid-19 en la educación?

Pincha en la portada de este número de octubre para leer gratis toda la revista:

¿Qué nos espera en esta vuelta al colegio?Colaboración con Padres y Colegios

Empieza un curso escolar lleno de incógnitas en el que nadie sabe qué va a ocurrir. Sin lugar a duda este curso tendremos que ser más resilientes que nunca y aprender a gestionar la incertidumbre, porque pretender que el curso pueda seguir con normalidad no es realista.

En este inicio de curso escolar, una parte extra del trabajo como profesor será dar soporte emocional a los alumnos, comprender cómo se están sintiendo y detectar si puede haber alguna situación de vulnerabilidad o problemas emocionales. En absoluto se puede exigir a los docentes que hagan terapia con los alumnos, pero sí es importante conocer síntomas que podrían ser indicadores de un problema que haga necesario pedir ayuda, aunque no lo podremos llevar a cabo sin contar con más formación, medios y recursos. Es el año de invertir en educación. Será necesario aumentar las plantillas de los centros. Y los primeros que tendrán que recibir ese soporte emocional serán los propios docentes. De nada vale que les pidamos que cuiden la salud emocional de sus alumnos, si sienten que están desamparados y que nadie cuida por la suya.

¿Qué nos espera en esta vuelta al colegio?

Las emociones están a flor de piel, estamos mucho más irascibles, tanto los adultos como los niños y nos cuesta más regular las emociones.

  1. Nos enfrentamos a una vuelta al colegio llena de incertidumbre. No sabemos qué es lo que va a ocurrir, cómo van a ser las aulas, la entrada y recogida de los alumnos, los servicios de comedor, las actividades extraescolares… Todo esto hace que a las familias les sea imposible planificar y organizarse. Lo que genera una gran frustración y un gran problema de conciliación.
  2. Las familias tienen mucho miedo al contagio, a si la gestión desde los colegios será correcta… pero también los docentes tienen miedo. Ese miedo es lícito, cuando vemos que se sigue incrementando el número de casos, que llega una llamada “segunda ola”… Hay que aceptar la emoción del miedo, saber que es normal, que incluso nos puede ayudar a cumplir mejor las medidas de seguridad, pero necesitamos una buena comunicación sobre qué se va a hacer desde las escuelas para poder gestionarlo correctamente.
  3. El aprendizaje se ve comprometido. No es lo mismo el aprendizaje presencial que el online. Además, pensar que se han podido impartir los mismos contenidos en formato on line que presencial, no es realista. Por ello será fundamental adecuar las expectativas, tanto de los padres como las de los alumnos y las de los maestros.
  4. Este año, más que nunca, es más necesario atender a las necesidades emocionales de los alumnos. Todo ello requiere más que el esfuerzo individual y que aludir a la responsabilidad individual, necesitamos medios, formación, recursos… por supuesto un plan de vuelta a las aulas y sobre todo COMUNICACIÓN. La labor no puede recaer únicamente sobre los docentes. Durante el confinamiento se ha hecho lo que se ha podido, pero con interés y buena voluntad no basta, es necesario el apoyo por parte de las instituciones.

Puede sonar redundante, pero para hacer una vuelta segura a los colegios necesitamos inversión y formación.

  • Formación de los docentes en temas de gestión de las medidas de seguridad.
  • Formación en las competencias emocionales necesarias.

Y adaptarnos y adaptar la enseñanza:

  • Es necesario adaptar la enseñanza, quizás hay que estar más tiempo al aire libre, en el patio…
  • No valen las medidas universales, hay que estudiar cada centro en concreto. No es lo mismo una escuela rural que un gran colegio de una ciudad, No es lo mismo tener un gran patio donde poder salir y dar clases al aire libre que no disponer de él…

¿Volvemos a la enseñanza on line?

La enseñanza on line ha sido “un parche”, era el menor de los males en una situación de emergencia sanitaria, y nos pilló desprevenidos y sin recursos. A fecha de hoy podemos afirmar que los niños necesitan volver a la escuela, necesitan a su profesor, una persona que guíe, que explique, que acompañe en el proceso de aprendizaje. Además, en la escuela los niños socializan, se relacionan con otros niños, adquieren habilidades socioemocionales…

La escuela es un medio para conseguir la igualdad de las familias. El confinamiento y el traslado del colegio a cada casa ha aumentado más, si cabe, la brecha educativa. Se estima que la brecha digital afecta a un millón de alumnos de enseñanzas no universitarias, que por problemas socioeconómicos no tienen dispositivos adecuados o no tienen conectividad a Internet en casa. Otra pieza clave de la enseñanza en casa es que no todos los padres tienen la formación suficiente para dar apoyo a sus hijos en casa, para ayudarles con las tareas escolares e incluso no todas las familias son capaces de satisfacer las necesidades de sus hijos.

Evidentemente la vuelta a las aulas debe de hacerse cumpliendo medidas para que el virus no se propague, pero no nos podemos olvidar de que “la salud no es sólo la ausencia de enfermedad”. La salud es un estado completo de bienestar físico y social, por tanto, los niños no sólo necesitan mantener su salud física libres de virus, sino también cubrir sus necesidades afectivas y sociales. Y a ello también se contribuye desde la escuela.

FUENTE: Revista Padres y Colegios

¿Necesito buscar culpables? Colaboración con Padres Y Colegios

Seguro que todos conocemos personas que cuando no se encuentran bien, cuando las cosas no ocurren como a ellos les gustaría, o incluso, en situaciones extremas como las que vivimos por el confinamiento debido al coronavirus, se obsesionan con buscar a un culpable.

¿Qué ganamos con esta actitud?

La respuesta es contundente: NADA. Incluso es algo nocivo para nuestra salud:

  • Cuando ponemos el foco en buscar quién tiene la culpa estamos generando emociones desagradables, tanto en nosotros, como en los demás.
  • Mi atención se centra en lo que los demás hacen o dejan de hacer,por tanto, en lo que no depende de mí, lo que me deja muy poco margen para la acción y para resolver la situación.
  • Generamos una actitud de victimismo, que es justo la contraria a la necesaria para favorecer la resiliencia, o lo que es lo mismo, crecer ante la adversidad.
  • No nos permite aprender de la situación, porque estamos externalizando cualquier tipo de responsabilidad o acción de enmienda por nuestra parte.
  • Nos impide la posibilidad de crecer como personas,de sacar de la adversidad una mejor versión de nosotros mismos.
  • Cuando nos centramos en criticar a los demás, sin aportar nada constructivo, sin dar un feedback de lo que creemos que se hizo bien, corremos el riesgo de convertirnos en personas tóxicas, dado que generamos emociones desagradables en los demás.
  • Y el problema es cuando, además, enseñamos a los niños a buscar los culpables fuera, en lugar de aprender del error y a reflexionar sobre qué pueden hacer ellos para solventar la situación.

Es cierto que muchas veces la situación es complicada, mucho más de lo que nos gustaría, y que nosotros no somos los que hemos originado el problema, lo que facilita el proceso de búsqueda los culpables, así que…

¿Qué podemos hacer?

1. Reflexiona sobre la situación¿qué puedes hacer tú para mejorarla?

2. Céntrate en tu área de acción.Es decir, en las cosas que dependen el 100% de ti.

3. Aparta todas las cosas que no dependen de ti, las que tienen que ver con la sociedad o con personas que ni siquiera conoces.

4. Si necesitas pedir ayuda, pídela.

5. No fomentes el rencor. Imagina que por cada persona que le guardas rencor por lo que hizo, te dijo, o por lo que te hubiese gustado que hiciera, es una piedra que cargas en tu mochila. ¿Estás dispuesto a cargar con ese peso?

6. Trabaja el perdón, es la mejor fórmula para no buscar culpables y generar rencores.

Todo esto es necesario trabajarlo con los niños

No nos podemos olvidar de que, tal y como hemos comentado varias veces, los niños aprenden por modelado, es decir, copian a sus adultos de referencia, que principalmente son sus progenitores y sus maestros.

Hay muchas situaciones en el día a día para ponerlo en práctica. Por ejemplo, cuando nos cuentan que han discutido con un amigo, o que han tenido un problema en el recreo, o en una conversación online entre amigos… ¿qué podemos hacer en esos casos?

1. Escuchar atentamente a tu hijo su versión, sin interrumpir su discurso.

2. Ponte a su altura. Si hace falta agáchate o siéntate a su lado para que se sienta escuchado.

3. Una vez que nos haya contado lo ocurrido, pregúntale cómo se ha sentido.No te conformes con una respuesta del tipo “bien” o “mal”, sólo nos está diciendo si lo que siente es agradable o desagradable. Pregúntale por la emoción en concreto.

4. Si no sabe decirnos cómo se siente, puedes probar a decirle “yo creo que por lo que me cuentas te sentiste decepcionado, porque tú esperabas que tu amigo te dejase jugar con él, o porque te hubiese gustado que tu amiga te hubiese invitado a su casa el fin de semana…

5. Una vez que ya sabe cómo se siente, es el momento de trabajar la empatía, preguntarle cómo cree que se ha sentido su amigo. En estas situaciones muchas veces los niños piensan que su compañero ha hecho algo adrede para hacerle sentir mal, cuando en absoluto ha sido así.

6. También es importante que les invitemos a reflexionar sobre cómo ellos han hecho sentirse a los demás. No sólo poner el foco en nosotros mismos, y sobre todo ayudarles a entender que estar enfadado con alguien no justifica decirle o hacerle algo que le haga daño, porque podemos hacerle sentir mal.

7. Buscar entre los dos la mejor solución posible, desde pedir perdón, invitarle a volver a jugar con nosotros… Se trata de que los adultos seamos un modelo conciliador, en el que todos hacemos por solventar la situación.

8. Nunca educar en el resentimiento. En ocasiones somos los propios adultos los que llevamos la cuenta de las “faenas” o los “feos” que un determinado niño ha hecho a nuestro hijo y sin querer estamos buscando un culpable y haciéndole a él la víctima. De esta forma no fomentamos que adquiera empatía ni habilidades sociales.

9. Ayudarle a que se capaz de expresar a sus amigos cómo se ha sentido en esa situación en concreto. Utilizando en todo momento fórmulas asertivas, respetando los sentimientos y las opiniones de los demás, pero no quedándose callado.

Se trata de enseñar a los niños a fomentar el pensamiento crítico, pero desde la iniciativa personal y viviendo cada situación como una nueva oportunidad para aprender.

FUENTE: PadresyColegios.com

Para promover una alimentación sana es necesario trabajar la educación emocional. Colaboración con Padres y Colegios

Estar informados no es suficiente

Casi todos los días recibimos noticias alarmantes sobre la relación entre la obesidad y enfermedades como la diabetes, el cáncer… Con los niños y niñas este problema es, si cabe, todavía más alarmante. La obesidad infantil está considerada como uno de los mayores retos a nivel mundial y un problema de salud pública de primer orden por las complicaciones de salud asociadas. A nivel nacional, según el Estudio Aladino, un 43% de los niños españoles entre 6 y 9 años presenta exceso de peso. El sobrepeso tiende a mantenerse e incluso agravarse en la vida adulta y existe una alta prevalencia de problemas a nivel psicológico y social en los niños y niñas con obesidad infantil. Por todo ello es fundamental fomentar unos correctos hábitos de alimentación saludables tanto en la familia como en la escuela, siendo necesario inculcar a los menores los cuidados básicos del cuerpo.

Un 43% de los niños españoles entre 6 y 9 años presenta exceso de peso.

El hambre emocional

Las causas de la obesidad infantil son múltiples y sería necesario hacer un análisis en profundidad de cada caso. Sin embargo, muchas veces, detrás de una ingesta compulsiva y atracones, está el hambre emocional, que hace que sigamos comiendo pese a estar saciados, porque se trata de una mala regulación de las emociones. En estos casos, las personas suelen elegir alimentos ricos en grasas o azúcares. Al comer este tipo de alimentos, se experimenta una intensa sensación de placer a causa de la liberación de endorfinas y dopaminas en el cerebro. Sin embargo, la comida no sirve para regular las emociones, dado que en cuanto acabe el placer momentáneo de comer, las emociones que desencadenaron las ganas de comer permanecerán. Por eso, es necesario trabajar desde el origen del problema, el déficit en la regulación emocional.

Las emociones se educan en la familia y en la escuela

Y muchas veces se hace sin mucha planificación. Dada la importancia que sabemos que tiene el correcto manejo de las emociones a la hora de mantener una buena pauta alimentaria, es necesario establecer una metodología que ayude a mejorarlas ya desde niños. Para ello, es conveniente realizar una intervención planificada, e introducir un buen Programa de Educación Emocional.

Programa de Educación Emocional

La inteligencia emocional es la habilidad para percibir, valorar y expresar la emoción adecuada y adaptativamente; comprender la emoción y el conocimiento emocional; acceder y/o generar sentimientos que faciliten las actividades cognitivas y la acción adaptativa y regular las emociones en uno mismo y en otros (Salovey y Mayer, 1990).

La percepción emocional

La primera habilidad de la inteligencia emocional es la percepción emocional. Se trata de enseñar tanto a nuestros hijos como a nuestros alumnos, qué es lo que están sintiendo, que aprendan a identificar y expresar correctamente su emoción. Si esta primera habilidad falla será muy complicado regular la emoción. Cuando hablamos de sobrepeso, muchas personas tienen problemas para identificar correctamente lo que sienten, no son conscientes de ello, sólo saben que se sienten mal, y que ingiriendo alimentos ricos en grasas y azúcares conseguirán de forma momentánea sentirse mejor por la liberación de endorfinas y dopaminas. Pero dicha mejoría tiene un efecto muy corto, solo dura mientras comen, por eso aparece un círculo vicioso en el que no pueden parar de comer. Por ello, insistimos tanto en la correcta expresión de las emociones. Saber que estoy experimentando una emoción desagradable y que comer no es la solución es el primer paso para regular las emociones y evitar el atracón.

La facilitación emocional

La segunda habilidad es la facilitación emocional, utilizar la información que nos proporcionan las emociones para poder hacer una buena toma de decisiones, saber que, si me siento así, es por algo, no obviarlo ni intentar taparlo con la comida. Indagar en esa información, utilizarla para conocerme mejor y poder mejorar mi relación con el entorno.

La comprensión emocional

La tercera habilidad es la comprensión emocional, entender por qué me siento de una determinada forma, cuál es la causa de emoción, y también las consecuencias de esta. Saber qué me pasa y cuál es la causa, ayuda a regular correctamente las emociones, porque podemos pensar una mejor solución. Cuando conocemos por qué se ha originado una determinada emoción, sabemos que comiendo no vamos a encontrar la solución a nuestro problema, incluso puede que se agrave porque estamos perjudicando aún más nuestra salud.

La regulación emocional

La última habilidad de la inteligencia emocional, la más compleja y la que tiene una relación más directa con la obesidad, es la regulación emocional. Solo cuando sabemos exactamente qué emoción sentimos, conocemos cómo nombrarla y cómo expresarla correctamente, las causas y las consecuencias de esta, y la hemos aceptado, es cuando podemos regular la emoción utilizando estrategias más sanas y saludables que comer de forma compulsiva para tapar las emociones desagradables que sentimos en nuestro día a día.

Todo este aprendizaje es necesario trasladarlo a los más pequeños.

FUENTE: PadresyColegios.com

10 Consejos para ayudar a los niños a superar el miedo. Colaboración con Padres y Colegios

Todos, tanto los niños como los adultos en alguna ocasión tenemos miedo. Y es algo que a veces nos cuesta expresar y asimilar. Nuestros hijos e hijas y nuestros alumnos y alumnas muchas veces tienen miedo y no saben reconocerlo, ni expresarlo, ni gestionarlo. El miedo no es malo, es una emoción, que además tiene un valor fundamental para nuestra especie.

¿Para qué sirve el miedo?

El miedo ha tenido y tiene un valor fundamental para la supervivencia. Es una alarma psicológica, que sirve para avisarnos de que una situación es peligrosa. Hace que se facilite la respuesta de escape. El miedo prepara al organismo para salir corriendo. Por eso cuando sentimos miedo el corazón late más deprisa, hiperventilamos, los músculos, principalmente de las piernas, se tensan… todo ello facilita la huida en una situación potencialmente peligrosa.

Cuando tenemos miedo, la atención se redirige y prestamos una atención exclusiva al estímulo temido. Nuestro cuerpo y nuestra mente actúa así, porque quieren tener bajo control algo que consideran potencialmente peligroso. Por eso, si tienes miedo a un bicho que ha entrado en la habitación donde estás, no puedes dejar de seguirlo con la mirada y eres incapaz de seguir con tu tarea.

El miedo nos prepara para poder reaccionar de forma rápida e instintiva a los estímulos potencialmente peligrosos. Si no sintiésemos miedo, tendríamos problemas para reaccionar de forma correcta ante el peligro y no tomaríamos precaución a la hora de enfrentarnos a situaciones peligrosas. Por ejemplo, el miedo ayuda a cruzar con cuidado una calle. Si enseñamos a los niños y niñas que pueden ser atropellados por un coche, serán más precavidos y cruzarán la calle con más cuidado.

El problema es cuando tenemos miedo a cosas o situaciones que a priori no son peligrosas. En el caso de los niños existen miedos de tipo evolutivo que es importante conocer.

¿Por qué es importante conocer los miedos de nuestros hijos y alumnos?

Frases como “sentir miedo es de débiles”, “el miedo es opcional”, “no tengas miedo”… no ayudan a conocer ni a gestionar esta emoción correctamente. Conocer los miedos que pueden tener los niños a las diferentes edades y cómo actuar ante ellos ayudará a que los menores los superen y no se queden enquistados.

Los niños experimentan miedos muy diferentes a lo largo de su desarrollo, muchos de ellos, son normales evolutivamente hablando y desparecerán con el tiempo.

Así, los niños de hasta 3 años pueden tener miedo a la separación de los padres, y los ruidos fuertes o sobresaltos inesperados es fácil que les asunten.

A partir de los 3 años el desarrollo cognitivo del niño es mayor y por eso pueden experimentar miedo ante seres imaginarios como fantasmas o monstruos. También en esta etapa pueden sentir miedo a los animales y a dormir solos.

De los 6 a los 9 años, los miedos ya no son tanto a seres imaginarios, sino que se vuelven más realistas y específicos. A esta edad puede aparecer el miedo a la propia muerte o a la de un familiar, a la sangre, agujas…

En la preadolescencia suelen reducirse los miedos a los animales y se incrementan el miedo a la crítica, al fracaso o a suspender.

Al llegar a la adolescencia decrecen los miedos relacionados con la muerte y el peligro y aparecen los miedos relacionados con la sexualidad.

10 consejos para ayudar a los niños a superar su miedo:

1.Observa tu comportamiento. No olvides que los niños copian a sus adultos de referencia, que son sus padres. Los padres son el modelo a seguir. Unos padres asustadizos y con miedo están enseñando a sus hijos a tener miedo.

2.Mantén la calma. Si tu hijo o un alumno te ve asustado interpretará que su miedo es real y cada vez lo experimentará con una mayor intensidad.

3.No muestres al niño una excesiva preocupación por su miedo.

4.Debemos transmitir firmeza y seguridad, no miedo y angustia.

5.Utiliza el sentido del humor; esto ayudará a que el niño se relaje y pueda relativizar sus miedos. Pero no te equivoques: no se trata de reírnos de él, tal actitud, además de agravar el problema, puede afectar a su seguridad y a su autoestima.

6.Controla los dibujos y las películas que ven los niños.Aunque sean aptos para su edad, puede que muestren determinados personajes o situaciones que les den miedo.

7.Haz aproximaciones sucesivas. Que poco a poco se vaya enfrentado con éxito a los miedos, empezando siempre por los temores más bajos e ir de forma gradual incrementando la exposición a lo que más miedo le da.

8.La clave es acompañar. No le dejes solo, pero tampoco lo resuelvas por él. Que sepa que estarás a su lado pero que tiene que enfrentarse él.

9.Prueba a ridiculizar los miedos. Como por ejemplo pintar el monstruo o fantasma que lo asusta y tacharlo, o ponerle lazos para que provoque risa en lugar de miedo.

10.Practica con él alguna técnica de relajación como la respiración diafragmática o abdominal.

Es importante distinguir entre los miedos evolutivos y el miedo patológico. Si vemos que el miedo interfiere en el día a día de nuestros hijos o alumnos, que lo pasan mal o que incluso les coarta de realizar algunas actividades, no dudes en pedir ayuda profesional.

FUENTE: PadresyColegios

¿Quieres decirme algo importante? En persona por favor. Colaboración con Padres y Colegios

Nuestra forma de comunicarnos ha cambiado

Desde que aparecieron los llamados smarthphone nuestra forma de comunicarnos ha cambiado. Antes para hablar con alguien sólo había dos posibilidades, quedar con dicha persona o llamarla por teléfono al fijo de su casa y pedir que se pusiera. En esta segunda opción la intimidad en la comunicación era bastante complicada de conseguir, primero porque toda la familia se enteraba de que recibías una llamada, y segundo porque hasta la aparición de los teléfonos inalámbricos el aparato fijo solía estar en lugar común de la casa como el salón, la cocina, el pasillo…

Hoy en día la situación ha cambiado mucho, la mayor parte de las conversaciones las tenemos de forma “virtual” y sin duda la aplicación que más utilizamos para hablar es el WhatsApp, sobre todo entre la gente joven. Hacemos cosas que antes eran impensables, como por ejemplo pedir permiso para llamar, primero escribimos a nuestro interlocutor un WhatsApp preguntado si puede hablar y luego incluso le preguntamos si le podemos llamar. Reconozco que en ocasiones me veo demasiado mayor y sigo a la antigua usanza, yo soy de las que cogen el teléfono y llaman sin haber escrito antes, incluso en el contexto laboral, lo que a veces deja bastante sorprendidos a mis interlocutores, sobre todo a los más jóvenes.

Cada vez tenemos más miedo a tener una conversación sincera

En absoluto vamos a discutir los beneficios que las nuevas tecnologías nos han traído, porque son muchos, pero sí que me gustaría reflexionar sobre lo que hemos perdido por el camino. Nos encanta estar en contacto con los demás, saber de su vida a través de las redes sociales…, y sin embargo cada vez tenemos más miedo a tener una conversación sincera cara a cara. Nos refugiamos en nuestros teléfonos y en ocasiones cuando estamos con una persona, andamos más pendientes de los que no están con nosotros, que de los que sí que están.

Las nuevas tecnologías ofrecen la posibilidad de tener muchos contactos con gente muy diversa y esto aumenta con los adolescentes que están en contacto no solo con los alumnos de su colegio o instituto o con los que comparten ocio o actividades… Pero los vínculos son muy superficiales.

¿Ha bajado nuestro nivel de empatía?

Conocer a una persona y que nos conozcan requiere un tiempo y un esfuerzo, y lamentablemente no siempre estamos dispuestos a emplearlo. La investigadora Sherry Turkle en su libro “En Defensa de la Conversación”, explica cómo en los últimos 20 años, se han encontrado con una caída de un 40% de la empatía entre los estudiantes universitarios, atribuida, en gran parte, a tener un menor contacto directo cara a cara. Así, los chicos y chicas que dedican más tiempo a sus móviles, perdían capacidad para empatizar con los demás, porque no reconocen los matices en la cara de una persona: los sentimientos nos hacen mostrar en el rostro una riqueza de expresiones que algunos adolescentes ya no saben descifrar. La buena noticia es que después de una semana de campamentos sin móviles, recuperaban esta capacidad innata de empatizar.

El nivel de intimidad que conseguimos cuando hablamos con una persona cara a cara no es el mismo que cuando se trata de una conversación escrita. Para trasmitir emociones y sentimientos es mucho más importante el lenguaje no verbal que el verbal. De hecho, según los estudios clásicos de Merabian, a la hora de trasmitir emociones nuestro lenguaje verbal (lo que decimos, el contenido), solo tiene un peso del 7%, influyendo mucho más nuestro lenguaje no verbal (lo que no se registra en el papel), siendo un 37% el lenguaje pareverbal (cómo se pronuncia el mensaje: entonación, volumen, pausas…) y un 56% nuestro lenguaje corporal (lo que se expresa con el cuerpo: posturas, mirada…) lo que explicaría por qué es tan habitual la existencia de malentendidos en conversaciones por escrito.

Para lo importante: Mejor quedar en persona.

Sabiendo esto, todos tendríamos que tener claro, que cuando tenemos pendiente una conversación importante, es mejor quedar en persona y hablarlo. Sin embargo, nuestra experiencia como psicólogos nos muestra que no siempre es así, tenemos miedo a expresar nuestras emociones o tratar temas espinosos cara a cara. Y esto se ve acrecentado entre los adolescentes y la gente joven. No se atreven a tener determinadas conversaciones en persona, porque creen que es demasiado emocional, porque de esta forma no controlan el medio ni sus respuestas ni las del otro. En las conversaciones digitales podemos poner a la otra persona en pausa, podemos reescribir el mensaje, cambiarlo si no nos gusta. Sin embargo, el contacto cara a cara es en directo, no podemos huir ni manipular la conversación, por eso nos da tanto miedo. La conversación cara a cara es mucho más enriquecedora, permite un nivel de intimidad más profundo y por ello permite solucionar cualquier malentendido, porque las emociones van a estar presentes y no las podemos ocultar.

Es importante dar el peso necesario a las conversaciones, a reconocer la importancia de hablar cara a cara y el mayor grado de intimidad que aportan, para que nuestros hijos y nuestros alumnos aprendan que las conversaciones importantes debemos realizarlas en primera persona, que no se pueden evitar con tres mensajes de WhatsApp o refugiándose tras una pantalla. Y como hemos dicho en otras ocasiones, el día a día nos da una gran oportunidad de dar ejemplo, somos nosotros, los adultos los primeros que tenemos que poner en valor “los beneficios de una buena conversación en persona”.

FUENTE: PadresyColegios.com